Ensayo · Transversal · —
Los cuatro relatos del siglo XIX colombiano
La esclavitud caucana 'benigna', la desamortización transformadora, el Santander demócrata y la colonización antioqueña igualitaria son los cuatro grandes relatos que organizan la memoria socioeconómica del XIX colombiano. Confrontados con el archivo documental, cada uno revela una distancia significativa entre la narrativa consolidada y la evidencia.
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La respuesta en breve
Los cuatro relatos operan sobre procesos reales pero los distorsionan sistemáticamente en favor de las élites que los produjeron o heredaron. La esclavitud caucana fue un sistema minero-hacendario integrado de explotación forzada, no una convivencia patriarcal; la desamortización de 1861 afectó sobre todo propiedad urbana y benefició a sectores acaudalados, mientras el despojo agrario estructural se procesó por la vía silenciosa de los baldíos y las adjudicaciones. La disolución de resguardos fue un proceso largo, desigual y disputado —no un acto estatal fundacional—, y el 'Santander democrático' fue una genealogía política fabricada por el liberalismo decimonónico para naturalizar como tradición lo que era un proyecto contemporáneo y contradictorio.
La tensión central enfrenta a quienes leen estas narrativas como simplificaciones comprensibles de procesos complejos —con base real aunque selectiva— frente a quienes las interpretan como construcciones ideológicas deliberadas que ocultaron despojo, violencia y desigualdad. En el caso de la desamortización, Jaramillo y Meisel la leen principalmente como arbitrio fiscal con efectos distributivos limitados, mientras otras lecturas subrayan que los remates en forma indivisa concentraron la propiedad en manos de comerciantes liberales y excluyeron a los campesinos pobres. Sobre los resguardos, el debate opone la imagen de una legislación liberal destructiva y homogénea a la evidencia de un proceso secular, desigual y resistido, donde la Ley 89 de 1890 del gobierno conservador frenó la disolución y la Ley 55 de 1905 la relanzó. Respecto a la colonización antioqueña, la historiografía regional construyó un relato de democracia rural que investigadoras como Catherine LeGrand desmontan mostrando el despojo de baldíos y tierras indígenas detrás de la 'epopeya' colonizadora.
Ensayo completo
La lectura
Los cuatro relatos del siglo XIX colombiano: ¿qué queda cuando se los confronta con el archivo?
Cuatro grandes historias organizan la memoria socioeconómica del siglo XIX colombiano: la de una esclavitud caucana suave, casi doméstica, en las haciendas de los Arboleda y los Mosquera; la de una desamortización y abolición de resguardos que habrían transformado de raíz la propiedad de la tierra; la de un Santander demócrata y legalista, padre fundador de la tradición liberal; y la de una colonización antioqueña igualitaria, epopeya de hacheros con ruana avanzando sobre la selva. Ninguna nació al mismo tiempo que los hechos que narra. Todas se cristalizaron después: en la prensa liberal de mediados de siglo, en las academias regionales fundadas hacia 1911, en trabajos universitarios de mediados del XX, en los manuales escolares que las repitieron durante generaciones. Confrontadas con protocolos notariales de Popayán, expedientes de baldíos, cuadrillas censadas del Chocó, actas de remate y correspondencia de hacienda, se resquebrajan. No se derrumban del todo: operan sobre procesos reales, y los subalternos que borran o embellecen —esclavos del Cauca, paeces de Tierradentro, artesanos bogotanos, colonos de Salamina— tuvieron una agencia propia que ninguna simplificación posterior alcanza a contener. Pero la distancia entre lo que estos relatos afirman y lo que aparece en la documentación es lo bastante amplia como para exigir una lectura crítica del edificio historiográfico entero.
¿Por qué pesan estos cuatro relatos?
El siglo XIX colombiano fue el periodo en que se decidieron las cuestiones estructurales del país: quién sería libre y quién no, quién sería dueño de la tierra, qué región marcaría el patrón del progreso, qué tradición política reclamaría la herencia de la Independencia. Sobre cada una de esas decisiones se levantó, décadas después, una narrativa consoladora que las presentó como benignas, inevitables o gloriosas. El Cauca esclavista fue recordado como una sociedad patriarcal donde el amo cuidaba al esclavo. La desamortización de 1861 y las leyes contra los resguardos fueron celebradas o denunciadas como el golpe que rehizo la estructura agraria. Santander fue elevado a fundador de la democracia colombiana. Y Antioquia se contó a sí misma como una excepción moral, una república en pequeño donde no hubo señores porque todos trabajaban.
La pregunta —hasta qué punto estos relatos son construcciones ideológicas que el archivo desmiente— no es un asunto de erudición. En cada uno se juega la interpretación de una desigualdad presente: la del Cauca donde los descendientes de los esclavos siguen habitando las tierras de los Arboleda; la de un país donde la concentración de la tierra es más antigua y más callada que la desamortización; la de una tradición liberal que se reclama demócrata desde su origen; la de una región cuyo mito igualitario sirvió para naturalizar su dominio económico. Desmontar el relato no es reescribir la historia por gusto revisionista: es devolverle a la evidencia el peso que la memoria le quitó.
¿Fue benigna la esclavitud caucana?
Las cuadrillas de esclavos del distrito de Popayán y del Chocó durante el siglo XVIII y comienzos del XIX no vivieron en un mundo pastoral. Se trataba de un sistema minero-hacendario integrado, con movilidad forzada de la mano de obra entre regiones y crisis periódicas de abastecimiento. Las minas de Jelima, de la Compañía de Jesús, funcionaban articuladas con las haciendas de Japio y Llanogrande, que las abastecían de comida y ganado; las minas de la familia Arboleda estaban unidas a las haciendas de La Bolsa y Novirao; las de Zabaletas y Dominguillo tenían sus propias bases territoriales. Cuando las cuadrillas del Chocó entraron en crisis, parte de ellas fue trasladada hacia Caloto y el distrito de Popayán, donde la integración con las haciendas permitía sostenerlas mejor. Una máquina económica que movía cuerpos africanos entre laboreo aurífero y trabajo agrícola según la conveniencia de sus propietarios.
La escala de las unidades productivas basta para desmentir la imagen doméstica. La hacienda jesuita de Llanogrande pasó de 36 esclavos antes de 1668 a 69 en 1717 y más de un centenar en 1747, con 12.000 reses, 2.000 yeguas, un trapiche y una lógica productiva claramente comercial. La hacienda Coconuco de Tomás Cipriano de Mosquera, ya entrado el siglo XIX, abarcaba unas 30.000 hectáreas y contenía dos minas de oro dentro de sus confines: parte de los esclavos trabajaba en el laboreo minero y parte en oficios especializados —curtidores, molineros, queseros— dentro de la misma unidad. No era paternalismo: era una división técnica del trabajo esclavo, ajustada a las necesidades de una empresa aurífera-agrícola combinada.
El corazón demográfico del sistema estuvo en el Chocó, donde la población negra esclavizada llegó a dominar el paisaje humano tras la importación masiva de africanos para reemplazar a los indígenas diezmados por la explotación colonial. Ese dato basta para entender qué tipo de sociedad producía la riqueza que sostenía a las familias Mosquera, Arboleda y Arroyo, la aristocracia payanesa que dominó el virreinato y conservó su poder durante la Independencia y buena parte del siglo XIX. La benignidad del relato posterior fue una invención de esa misma élite en su fase de declive: cuando Julio Arboleda —dueño de esclavos y poeta— y Sergio Arboleda escribieron sobre el pasado familiar, ya lo hacían con la vista puesta en un mundo que se les escapaba de las manos.
La política republicana confirma la fuerza del interés esclavista. Las presiones de los propietarios y el pacto con sectores realistas impidieron, tras la Independencia, ir más allá de una tímida manumisión de vientres: la ley de 1821 decretó la libertad de los hijos de esclavas nacidos después de ese año, pero los obligó a esperar dieciocho años para obtenerla en la práctica, con compensaciones a los amos. La abolición definitiva llegó apenas en 1851, tres décadas después de la Independencia, y no porque la conciencia de las élites hubiera madurado sino porque las fuerzas económicas liberales necesitaban mano de obra libre disponible para el mercado. Santiago Pérez, que recorrió el país en esos años, dejó constancia de que los negros libres seguían sumidos en la pobreza, sin educación y sin interés de los blancos por integrarlos. La libertad formal no fue asimilación.
Y sin embargo, la crisis vino de todas formas. La caída de la producción minera, la manumisión y las guerras civiles de la segunda mitad del siglo hundieron a la economía señorial caucana. La aristocracia sobrevivió apoyándose en las tierras y el trabajo de los indígenas: el despojo de resguardos y la formación del sistema de terrajeros no fueron la ejecución de un programa liberal coherente, sino la respuesta desesperada de una élite en declive que buscaba sustituir las rentas que le habían quitado los esclavos libertos. El mito de la esclavitud benigna se construyó justamente en ese momento de pérdida, como consuelo retroactivo y como legitimación del nuevo despojo que lo reemplazaba.
¿Rehizo la desamortización la propiedad de la tierra?
El decreto de desamortización de bienes de manos muertas expedido por Tomás Cipriano de Mosquera el 9 de septiembre de 1861, en su calidad de Presidente Provisorio de los Estados Unidos de Nueva Granada, ha sido leído por más de un siglo como el golpe fundacional del liberalismo económico colombiano: el momento en que el Estado arrancó a la Iglesia sus propiedades y las lanzó al mercado. El propio Mosquera lo justificó invocando los antecedentes de Luis XIV, la España de 1837 y México, y proclamando la necesidad de liberar la propiedad de las trabas del pasado para darle libre circulación. La motivación fiscal, sin embargo, pesó tanto o más que la doctrinaria: el erario estaba agobiado por la deuda pública y los gastos de las guerras civiles, y los bienes eclesiásticos ofrecían un arbitrio inmediato.
Lo decisivo, más allá del gesto, es el alcance real de la operación, mucho menor de lo que la memoria conservadora denunció y la memoria liberal celebró. Cerca del 40% de los bienes desamortizados se concentraba dentro de la ciudad de Bogotá; se trató sobre todo de propiedad urbana, no de latifundios rurales. Las extensiones territoriales eclesiásticas en el campo se habían exagerado en el debate público; pocas estaban en tierras aptas para el café, entonces en ascenso, y en regiones enteras —como La Mesa, en el Tequendama— no se remató una sola propiedad. El impacto varió por región y por gobierno estatal: en los estados con administración liberal y mayor presencia eclesiástica la operación fue intensa; en Antioquia, gobernada por conservadores durante buena parte del periodo, apenas se ejecutó.
Los remates favorecieron a sectores acaudalados —comerciantes liberales, sobre todo, en las regiones con más propiedad eclesiástica—, pero el resultado no fue la sustitución mecánica de un latifundio clerical por un latifundio laico, entre otras cosas porque el primero, en el campo, era mucho menor de lo supuesto. Los perdedores netos, sin ambigüedad, fueron los campesinos pobres, que no accedieron a la subasta ni tuvieron con qué pagar los bonos. Pero el drama fundamental de la propiedad rural colombiana del XIX no estaba ahí.
Estaba en los baldíos. Entre 1850 y 1930, la suma de hectáreas apropiadas por particulares mediante los sistemas de adjudicación de tierras públicas fue muchas veces superior a la cantidad que pasó a manos privadas por la desamortización entre 1861 y 1877. El Congreso otorgó, entre 1847 y 1914, concesiones —por lo regular de 12.000 hectáreas— a más de veintinueve poblaciones en Caldas y Tolima. Comerciantes de Bogotá recibieron concesiones en las laderas del Sumapaz y la cordillera de El Subia a mediados de siglo para explotar quina; muchas veces las abandonaron y luego las reclamaron a fines del XIX, y de allí surgieron conflictos sociales que estallarían en los años treinta del siglo siguiente. Ya en el XX, entre 1962 y 1987, las adjudicaciones registradas por el INCORA llegaron a exceder las 65.000 hectáreas en un solo acto a favor de personas naturales. El tema ha despertado mucho menos interés que la desamortización, a pesar de haber sido cuantitativamente mucho más importante.
¿Y los resguardos indígenas?
Ocurre algo similar: la memoria liberal sobrestima la eficacia de las leyes de disolución, y la memoria conservadora sobrestima su carácter destructivo homogéneo. La legislación republicana apuntó desde la Independencia a disolver el sistema de resguardos, pero las élites estaban divididas, y sectores conservadores frenaron el proceso en distintos momentos. En las provincias de Popayán y Pasto, con alta población indígena y aislamiento geográfico, los resguardos tuvieron tregua. Los paeces del alto Cauca combinaron protestas violentas, dilaciones legales, resistencia pasiva y alianzas con líderes regionales del liberalismo para conservar sus tierras: no fueron objetos pasivos de la ley. A partir de 1842, en el macizo colombiano, se vuelven raras las discordias internas entre indígenas, mientras aparecen peticiones conjuntas de los mandones de los principales resguardos —una comunidad que se cierra defensivamente ante la presión legal.
La Ley 89 de 1890, sancionada por el gobierno conservador de la Regeneración, frenó buena parte del proceso disolutorio y permitió que muchos resguardos —sobre todo los caucanos— sobrevivieran, y luego serviría, en el siglo XX, como herramienta para defender derechos indígenas fundamentales. En el otro extremo, la Ley 55 de 1905 permitió al Estado adjudicar como baldíos territorios de resguardo a terceros, y a mediados del siglo XX la disolución en Nariño produjo minifundios antieconómicos: el resguardo de Anganoy fue extinguido en 1948. Proceso largo, desigual, disputado, cuyo motor principal no fue el decreto liberal de mediados del XIX sino una acumulación silenciosa de leyes, sentencias y ocupaciones de facto que se extendió hasta bien entrado el siglo XX. No un acto estatal fundacional, sino un despojo continuo.
¿Fue Santander el padre de la democracia colombiana?
Francisco de Paula Santander recibió, en vida y sobre todo póstumamente, el título de organizador de la nueva nación colombiana y adalid de las leyes. Sus admiradores construyeron una imagen de legalista incorruptible, contrapuesta al bonapartismo bolivariano, y sobre ella se erigió la genealogía del liberalismo colombiano. La imagen no era del todo falsa —Santander se apegó al texto de la Constitución de 1821 durante la pugna con Bolívar en la Convención de Ocaña de 1828, y aceptó al final de su mandato la derrota de su candidato preferido entregando la presidencia a José Ignacio de Márquez en 1837—, pero fue selectivamente construida por sus seguidores como tradición política, cuando en realidad se trataba de un proyecto liberal contemporáneo, contradictorio y fracturado.
La distancia entre el mito y la práctica se vuelve nítida. Santander y Márquez mantuvieron tarifas aduaneras altas durante sus gobiernos: fue Florentino González, antiguo santanderista convertido en ministro de Hacienda de Mosquera en 1847, quien introdujo el libre cambio con una reducción brusca de aranceles, política que el propio Santander no compartía. El liberalismo económico que la tradición atribuye retroactivamente a la corriente santanderista fue obra de una generación posterior, formada bajo el impacto de la revolución francesa de 1848, cuya noticia dio fuerza inesperada al impulso reformista en la Nueva Granada, particularmente entre la juventud universitaria y los artesanos de la capital.
La fractura interna del santanderismo fue aún más reveladora. Cuando Santander se opuso a Márquez por los gestos conciliadores de este hacia la facción bolivariana, y estalló la rebelión de los Supremos entre 1840 y 1842, Santander se negó a apoyarla; pero la mayoría de sus seguidores personales y los liberales más intransigentes sí respaldaron el levantamiento. El "hombre de las leyes" quedó a un lado de sus propios discípulos, que preferían la insurrección al pacto. Esa fractura —entre un legalismo formal y una radicalización creciente— es el verdadero rostro del santanderismo de los años cuarenta, y prefigura la generación que llevó al poder a José Hilario López en 1849.
Bajo López se ejecutó la agenda que la tradición terminaría atribuyendo retroactivamente al padre fundador: división de resguardos indígenas, expulsión de los jesuitas en mayo de 1850, abolición completa de la esclavitud en 1851. Ninguna de estas medidas había sido programa explícito de Santander; todas correspondían al reformismo radical de mediados de siglo, impulsado por sectores económicos liberales que buscaban mano de obra libre, ampliación del mercado interno y reducción del poder eclesiástico. La invención del Santander demócrata sirvió para dotar a ese programa de una genealogía prestigiosa, presentándolo como continuación natural de la Independencia y no como lo que era: un proyecto de clase contemporáneo, respondiendo a intereses económicos precisos y a la onda internacional de 1848. Periódicos como La Bandera Nacional, que en 1838 vinculó al propio Santander con Florentino González y Lorenzo María Lleras, muestran esa construcción en marcha desde muy temprano: la corriente organizaba su memoria mientras hacía política.
¿Colonización antioqueña igualitaria o despojo con mito?
Este relato ocupa un lugar singular entre los cuatro, porque su fabricación historiográfica está documentada casi con precisión de acta. El Centro de Historia de Manizales, fundado en 1911, promovió activamente la exaltación del carácter igualitario y democrático de la colonización como parte de la construcción de una identidad regional; la revista Antioquia Histórica del Centro de Historia de Santa Fe de Antioquia hizo lo propio; la Academia Antioqueña de Historia, integrada por Camilo Botero Guerra, Gabriel Arango Mejía, Fidel Cano, Carlos E. Restrepo, Marco Fidel Suárez, Rafael Uribe Uribe y el sacerdote Ulpiano Ramírez, consagró bajo apariencia de historia regional a los grupos dirigentes locales. Décadas después, la investigación universitaria estadounidense de mediados del siglo XX canonizó el modelo de excepcionalidad antioqueña, y esa versión —campesinos y artesanos sin tierra abriendo la montaña con hacha— pasó a los manuales.
El antioqueñismo no fue un fenómeno natural sino una creación intelectual de las élites, apoyada en el mito de que la geografía montañosa había impedido las influencias foráneas —pese al contacto real, permanente, de esas mismas élites con el exterior—. Las diferencias entre las sociedades culturales de Bogotá y Medellín reflejaron dos proyectos identitarios distintos, uno anclado en la herencia hidalga y otro en la afirmación del progreso material.
Los expedientes de baldíos dicen otra cosa. La colonización que avanzó desde mediados del siglo XIX sobre las laderas de la cordillera Central estuvo dirigida —o al menos codirigida, y financiada— por comerciantes y especuladores territoriales que usaron el movimiento colonizador para valorizar sus propiedades y controlar el procesamiento y mercadeo del café producido por los pequeños propietarios. Empresas colonizadoras organizaron desplazamientos con el fin de legalizar reclamos sobre baldíos y apropiarse de la valorización generada por el trabajo de los colonos. La Concesión Burila, encabezada por la familia Caicedo y basada en una merced real de 1641, reclamó cerca de 130.000 hectáreas que cubrían la mitad del sur del Quindío y parte del norte del Valle del Cauca, y generó conflictos prolongados con los colonos que trabajaban esas tierras. Las concesiones congresionales de 12.000 hectáreas repartidas entre 1847 y 1914 operaron sobre un tejido de reclamos coloniales previos y produjeron litigios permanentes.
Existió un ethos más igualitario en las fases tempranas del proceso, cuando el combate colectivo contra la selva y la guaquería configuraron formas de sociabilidad menos jerárquicas, y la colonización del Quindío se aproximó más al patrón igualitario que la del centro de Caldas. Pero desde etapas tempranas estuvieron presentes comerciantes y empresarios con orientación capitalista, que controlaban tierras, crédito y mercados, y la estructura agraria tradicional no desapareció. El igualitarismo inicial fue parcial y convivió con jerarquías persistentes.
Lo decisivo es que la colonización antioqueña no fue un episodio aislado sino parte de un proceso mucho más amplio de apropiación de baldíos y despojo de tierras indígenas y de campesinos previos, que atraviesa toda la geografía colombiana de fines del XIX y comienzos del XX. Presentarla como epopeya igualitaria cumple una función precisa: naturaliza la posición dominante de la élite comercial antioqueña en el mapa económico del país presentándola como fruto del mérito colectivo, y desvía la atención del mecanismo estructural —la adjudicación desigual de tierras públicas— que operó en toda Colombia y benefició a especuladores en muchas otras regiones sin que esas otras regiones se dotaran de un mito comparable.
¿Qué sostiene el archivo, entonces?
Los cuatro relatos, confrontados con la evidencia, comparten un patrón: naturalizan como tradición, esencia o proceso benigno lo que fue conflicto, programa contemporáneo o despojo, y desplazan la atención hacia actos estatales espectaculares —la abolición, la desamortización, el decreto de disolución de resguardos— para ocultar procesos estructurales más lentos, silenciosos y decisivos, entre los cuales el trato con los baldíos es el más importante y el peor estudiado. La esclavitud caucana no fue benigna: fue un sistema minero-hacendario integrado, con movilidad forzada entre regiones, que produjo la riqueza de las familias que después lo idealizaron. La desamortización tuvo un alcance rural modesto y funcionó sobre todo como arbitrio fiscal, mientras la verdadera transformación de la propiedad de la tierra ocurría por otra vía. El santanderismo fue una corriente fracturada, cuyo mito democrático se elaboró retroactivamente para dotar de genealogía a un programa liberal de mediados de siglo que su epónimo no habría suscrito enteramente. La colonización antioqueña combinó campesinos reales y especuladores decisivos, y su imagen igualitaria fue fabricada por academias regionales fundadas después de 1911.
Pero el archivo también pone límites al gesto desmitificador. Las élites del XIX no fueron un bloque coherente que impuso su programa desde arriba: estuvieron divididas, cambiaron de posición, negociaron. Los actores subalternos —esclavos que compraron su libertad antes de 1851, paeces que aliaron con liberales para conservar resguardos, artesanos bogotanos que radicalizaron a los liberales moderados en 1848, colonos del Quindío que resistieron las concesiones— tuvieron una agencia que las simplificaciones ideológicas borran tanto como borran el conflicto. La eficacia de los mitos dependió, en cada caso, de que operaran sobre procesos reales de negociación y resistencia, no de que inventaran realidades desde cero.
Los cuatro relatos siguen circulando, adaptados, en la memoria escolar y en el debate público. Su vigencia no depende de que sean falsos —ninguno lo es del todo—, sino de que ofrecen versiones simplificadas y consoladoras de un proceso que fue más largo, más disputado y más desigual de lo que admiten. Reponer las cifras de baldíos, los nombres de las concesiones, las fechas de las academias que fabricaron los mitos y las fracturas internas de cada corriente política no destruye esa historia: la restituye en su espesor real, con los conflictos que la memoria escolar aún no ha aprendido a nombrar.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
52 documentos · 68 fragmentos de referencia01Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 91, 1732 fragmentos
[1]las declara- ciones disminuyen de nuevo. Entre 1755y1765 hubo una cierta estabilidad y a partir de 1770 una nueva recuperación. Durante el resto del siglo, Caloto y el resto del distrito de Popayán hi- cieron declaraciones más cuantiosas que Nóvita. Este crecimiento debe atribuirse a la multiplicación de las…
p. 173
[3]escasos y mas con mgen es». Finalmente, según el fiscal Moreno y Escandón,... las carnes, aves, menestras y comestibles, como que no se cμltivan ni crían en el Chocó para su abasto, entran de fuera a excesivos p_r_ecios pues la conducción a hombros de cargueros es muy costosa y los caminos que se transitan de los más…
p. 91
02La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 391 fragmento
[2]HÉROES DEL CHOCÓ 39 Las condiciones geográficas y climáticas se articulan con dinámicas pro- ductivas que han configurado las formas de poblamiento del Chocó. Desde el periodo colonial, se ha percibido al departamento como una despensa de recursos extractivos como el platino y el oro. Desde esta visión, se han ex-…
p. 39
03Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 106, 1152 fragmentos
[4]La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…
p. 106
[11]más importante durante la Colonia y la primera parte de la República, marcó el curso de los pueblos indígenas. Es- tos debieron soportar en buena medida el peso del hundimiento 172 Cieza de León, Pedro. Crónica del Perú, Primera parte, p. 173. 173 González, Margarita (1979). El resguardo en el Nuevo Reino de Granada.…
p. 115
04Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 98, 114, 1544 fragmentos
[5]los patriarcas esclavistas, la aristocracia sin título de 'los Mosquera, Arboleda, Arroyo y sus parientes", opuestos al "partido de la canalla" que "abu- san de la libertad de prensa" colocando amigos en influencias en el gobierno. Las citas son de la correspondencia de Bolívar. (Halperín Donghi, op. cit., p. 64 a…
p. 98
[6]los patriarcas esclavistas, la aristocracia sin título de 'los Mosquera, Arboleda, Arroyo y sus parientes", opuestos al "partido de la canalla" que "abu- san de la libertad de prensa" colocando amigos en influencias en el gobierno. Las citas son de la correspondencia de Bolívar. (Halperín Donghi, op. cit., p. 64 a…
p. 98
[8](p. 199), o sea, el ge- neral cuidaba un poco más su capital esclavista, representado en vientres, que a los propios esclavos. Es interesante anotar que como la región se encuentra relativamente aislada de los circui- tos comerciales mundiales, el trabajo necesario es ejecutado por los mismos esclavos en sus lotes de…
p. 154
[52]apropiación de la tierra por parte de nuevos terratenientes se iba haciendo relativamente más moderada, como sucedió en las regiones de Caldas y Quindío, con excepción del valle de Risa- ralda que es también ocupado en grandes extensiones. Uno de los enfrentamientos más espectaculares entre los colo- nos y los grandes…
p. 114
05Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 26, 292 fragmentos
[7]Faja Oriental>>permiten apreciar la comple- jidad interna de la s cuatro r eg iones. Por ejemplo, el Gran Cauca era extremadamente di verso por su base racial, sus tradiciones e idiosincrasias, sus ecosistemas y sus bases productivas. En el s ur, los altiplanos agrícolas de Past o, Túquerres e lpiales, pr esentaban…
p. 29
[68]ion es y par - tid os. Algunos trazos de este cuadro cambiaron pau sada mente co n la ca - fi cultura. C once ntrada prime ro en la, Cordill era Oriental, se desplaz ó al occide nte del país, e impul só el capital ism o c omercial y / as co loni- zaciones. Las oscila c iones de precios internacionales traje ron ciclos…
p. 26
06Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 1721 fragmento
[9]hubieran nacido después de 1821. Normalmente los amos habían practicado desde la Colonia el sistema de manumitir esclavos por decisión personal, pero en escala reducida. En la Colonia, por otra parte, los esclavos trabajaban en sus charcas o cascajeros de oro, con cuyos ingresos podían acumular el valor de su…
p. 172
07Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 881 fragmento
[10]desde antemano, y muy rudimentariamente, para la especialización en la caña de azúcar en este territorio. Arboleda (1956) considera que “el número de trapiches existentes en el territorio comprendido entre los ríos Bolo y Tuluá era de 126” (pp. 78-79). También se sabe, por los estudios realizados por Vásquez (1995, p.…
p. 88
08Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 991 fragmento
[12]y a los disturbios propios de esta época, que en el Valle del Cauca alcanzaron niveles muy agudos. Para el siglo XIX, además de las fuentes notariales, los fondos de manumisión del Archi- vo General de la Nación, el Archivo Histórico de Antioquia, el Archivo Central del Cauca y otros archivos de carácter regional, la…
p. 99
09Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4181 fragmento
[13]adoro la libertad, dice el poeta que seguidamente se esfuerza por librarse de su sentimiento de culpa añadiendo /n o basta a mi conciencia no ser yo quien te niega ese tesoro. En los escritos de la Comisión Corográfica lo que quedó inscrito (Restrepo, 1984) fue una visión de la situación social del negro poco después…
p. 418
10¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 491 fragmento
[14]por la cual se les dejó libres. Esa condición de esclavos libres, de cimarrones al azar buscando horizonte, les permitió establecerse en este territorio inmenso donde hallaron un entorno suficientemente parecido al de su África nativa, es decir, una zona tropical húmeda con gran pluviosidad, que aunque no era de mucha…
p. 49
11Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2851 fragmento
[15]memoria con la relación de sus diversos errores con que disipó bienes que hubieran sido bastantes al sostén de su familia, con los más que al verificar su casamiento le e n t r e g u é ". Ya en la década de 1840, la República de la Nueva Granada daba un vuelco definitivo en su economía y cultura para alejarse del…
p. 285
12La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 401 fragmento
[16]pero desplazó una gran masa de campesinos hacia las tierras de vertiente. En la segunda mitad del siglo XIX las fuerzas económicas en ascenso coincidían en la necesidad de ampliar el mercado nacional como la primera con dición de un mejor bienestar. Esta premisa llevó a obtener la libertad de los esclavos y la…
p. 40
1330 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 941 fragmento
[17]desde 1863 hasta la expedición de la Constitución de 1886. Fue elegido para el primer periodo, que terminó en abril de 1864. De acuerdo con la Constitución, la presidencia debía durar dos años. Fue elegido por cuarta vez para el periodo 1866 al 1868. Murió en su Hacienda Coconuco. Este es el texto de la ley de manos…
p. 94
14Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2241 fragmento
[18]Ho: Fras, que en su concepto obstaculiza- ban la prosperidad de la mación La ley de junio 15 de 1853, llamada Ley deSeparación Absoluta de la Igle- el Estado, introdujo algunas dis- posiciones sobre los bienes de las en- tidades religiosas. Por ejemplo, esta- bleció que los templos católicos, así como sus bienes y…
p. 224
15Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 881 fragmento
[19]la desamortización no fue una medida de persecución religiosa, sino más bien un arbitrio fiscal para aliviar las penurias económicas del fisco, agobiado por las cargas de la deuda pública y los gastos de las continuas guerras civiles (Díaz; Mendoza; Jaramillo y Meisel). Como la medida fue tomada en medio de una guerra…
p. 88
16El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 268, 2842 fragmentos
[20]años después de la expedición del decreto de Desamortización de Bienes de Manos Muertas, no había en la región del Tequendama ninguna propiedad con vinculación pendiente y debe añadirse que en el distrito de La Mesa no se remató ninguna propiedad en aplicación del decreto. La Iglesia tuvo allí un papel muy reducido…
p. 268
[49]en un medio natural pobre, de tierras yermas, penosas para trabajar por lo abruptas y erosionadas. Así fueron llegando a los nuevos parajes pioneros y aventureros con sus ilusiones, su pobreza y su coraje para buscar y desenterrar guacas, explotar los bosques sacando cau- cho y sembrar cacao en pequeñas parcelas…
p. 284
17Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 841 fragmento
[21]sal, y señala la implementación de la desamortización de bienes, que hace perder dinero a la ciudad de Bogotá, debido a que sus ciudadanos deben pagar al Estado los bienes que les fueron expropiados; los bienes desamortizados se concentran en un 40% dentro de la ciudad de Bogotá. La crítica a las reformas de 1863 y al…
p. 84
18Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 257, 2692 fragmentos
[22]el período colonial en Antioquia, por ejemplo, como la Iglesia “era dependiente de las diócesis de Popayán y Cartagena, a donde fluían hasta el fin del período colonial los diezmos percibidos en la Provincia se dificultó el florecimiento de los latifundios eclesiásticos”.²²⁷ Desde el momento en que los bienes…
p. 269
[37]declaraban que el resguardo de indígenas dejaba de existir por carecer de titulación necesaria, es decir, por ser imposible encontrarla en las notarías; por lo mismo, las tierras se consideraban como baldías y los indígenas como simples ocupantes o colonos a quienes se les podía reconocer lo que tuviesen cultivado y…
p. 257
19Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 144, 1902 fragmentos
[23]de intereses de clase, excepción hecha del clero, un grupo elitista que se halló en abierta oposición a sus semejantes. Por otra parte, la actitud de los terratenien- tes conservadores era heterogénea a causa de su profundo catolicismo. Ahora bien: corno se indicará en el capítulo VI, muy poco se sabe sobre quién…
p. 144
[28]de la Ley 90 de 1889. No hemos encontrado el Decreto del 30 de enero de 1863 aquí citado. Puede verse Adolfo Triana Antorveza (comp.), Le- gislación indígena nacional: leyes, decretos, resoluciones, jurisprudencia y doctrina, Bogotá: Librería y Editorial América Latina, 1980; y Fabián Díaz Aristizábal, El resguardo…
p. 190
20Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 2931 fragmento
[24]constitution, however, also allowed for quite a bit of autonomy for each of the sovereign states that made up the United States of Colombia. This maneuvering room meant that despite the fact that Liberals dominated the national government, Conservatives quickly asserted control of political offices in states dominated…
p. 293
21La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 791 fragmento
[25]de más del triple en un 15 ACC, 1801: Sig. 67 13 [Col-C II 19t]. 16 ACC, 1807 Sig. 67 13 [Col-C II 19t]. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:26:42 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 80 L a g e n t e d e G u a m b i a período de 76…
p. 79
22Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 2331 fragmento
[26]r ístasóe ld te ogpanóge ml Cntniuge en la cual no existe la propiedad individual territorial, y sí la posesión colectiva de las tierras. Está íntimamente unida a la economía familiar agrícola. Los resguardos cultiva- ban en régimen de indivisión de la propiedad, las tierras que constituyeran su respectivo territorio.…
p. 233
23Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 501 fragmento
[27]1810, the system became, if anything, more repressive: legislation and judicial rulings autho - rizing the sale of resguardo lands legitimized their expropriation by outsiders, often achieved through violence. 5 A great deal of land was lost in this way. The dominant ideology of the era, enacted into law, facilitated…
p. 50
24Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 52 fragmentos
[29]provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…
p. 5
[30]provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…
p. 5
25El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 199, 2092 fragmentos
[31]haberle quitado una posesión en que no tenía ni apariencia de derecho», etcétera. Poco a poco, bajo la influencia de las adversas leyes de la Nueva Granada y del inminente peligro que conte- nían en sí las disposiciones legales sobre el reparto de los resguardos, y debido a las primeras, aunque infructuosas,…
p. 209
[35]perito, costeadas por la Nación. Por falta de fondos para pagar tales comisiones se expide la Ley 111 de 1931, por medio de la cual se permite que el 200 Jínd Ficere repartimiento se haga por la vía de procedimiento ordi- nario judicial, administrativo o policivo, sin necesidad de intervención de las comisiones. (Se…
p. 199
26Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2051 fragmento
[32]vez refrendado por el Senado, el proyecto se convirtió en la ley 89 de 1890, sancionada el 25 de noviembre por el presidente encargado, Carlos Holguín y el ministro de gobierno encargado, Antonio Roldan. Esta ley, REITERACIÓN: LOS RÍANOS SE REPLIEGAN 117 vigente aún, permitió que muchos resguardos —especialmente los…
p. 205
27A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 112 fragmentos
[33]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
[34]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
28Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1531 fragmento
[36]histórico, logró la constitución y el reconocimiento de resguardos de origen colonial y republicano, principalmente en las regiones Caribe y Andina. Si bien los pueblos indígenas contaban con estos títulos, casi en su totalidad fueron ocupados por hacendados y colonos. Esto también sucedió en territorios que no…
p. 153
29Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2671 fragmento
[38]48 años. En su testamento consignó: “Ojalá hubiera querido a Dios tanto como quise a mi patria”.Y en efecto, fue el gran organizador, ejecutor y administrador de la nueva Nación; compuso la economía, manejó con transparencia el erario público y le dio prioridad al desarrollo de la educación. Impulsó la industria y la…
p. 267
30Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · p. 1991 fragmento
[39]desaparición privó a la patria del prohombre civil que habría represen- tado en el Norte de América del Sur el sentimiento cívico y la supremacía de ideas que en las afortunadas regiones del Plata tuvo su culminación en la personalidad de Riva- davia. Concedió el hado al argentino lo que al colom- biano negara, y de…
p. 199
31Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 131, 1422 fragmentos
[40]bolivarianos La Constitución de Cúcuta, de 1821, que incluía a Venezuela y Quito, instauró un régimen centra- Camilo Torres, líder fede- ralista. Centralismo y fe- deralismo fueron el origen de los partidos políticos. lista que, sin embargo, no encontró mayor oposición ni generó bandos definidos hasta 1826, cuando el…
p. 142
[67]explotación empezó en Pacho, con la ferrería de Corradine, a través de concesio- nes a empresas francesas e inglesas. Además, tam- bién en el campo minero, se auspició el estudio de los recursos a través de la misión Boussingault, a cuya cabeza se encontraba el mineralogista del mismo apellido, Juan Bautista, quien…
p. 131
32Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1191 fragmento
[41]of his term, Santander gave evidence of his legalistic bent by accepting the defeat of his chosen candidate and turning the presidency over to Jose Ignacio de Marquez Barreto (president, 1837^11), a former col- laborator whom he now opposed. Most of their differences were minor, but Santander objected to Marquez 's…
p. 119
33Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1301 fragmento
[42]í a llevado al poder, pero pon í an el acento en el cambio y' el progreso m á s que en el mantenimiento del orden y la tradici ó n. El cambio m á s brusco de este gobierno fue la adopci ó n ines perada del liberalismo econ ó mico internacional. Aunque é ste hab í a sido un deseo de casi todos los dirigentes, rebajar…
p. 130
34El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 2781 fragmento
[43]vencedor» 184. Los años comprendidos entre 1850 y 1870, que verán surgir en la Nueva Granada una frondosa literatura política de carácter radical romántico y utópico, están marcados por 184 En Ángel y Rufino J. Cuervo, Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época, ed. cit., vol. i, pág. 54. 279 Eí ndicersdita…
p. 278
35The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 2371 fragmento
[44]Gómez, “Biografía de Francisco Urdaneta,” in Gaceta Oficial de la Confederación Granadina, April 6, 1861. 65. At the same time as he published Reminicencias, Murray requested (with immediate success) his full salary as a retired officer. See Murray to Ciudadano Presidente, Bogotá, May 29, 1851, in AGNC, HDS, Vol. 57,…
p. 237
36Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 591 fragmento
[45]'m l l ipáut»»; ptra ao podrá toafeaeda porga ifr- de sMUaona.” ao qin pao#do 40 di»»«ornado· dcidoaMafe-. Por el Ciodtdiaofretidaoia da la Rapábiiaa. i. porqot má toen·i 310 no» baflamo»«a la BSnmiuria. Psradm tmtUiv*. A ^ft MlUfllf «I «ItsUtflifliÍMttA n Facsímiles da "L A BANDERA NACIO NAL", periódico del Genera!…
p. 59
37Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 591 fragmento
[46]«Problemas generales de la colonización amazónica en Colombia», Enfoques colombianos, 5 (1975), p. 40, e Instituto Colombiano de la Reforma Agraria e Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas, La Colonización en Colombia: evaluación de un proceso, 2 vol. (Bogotá, 1974). COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN…
p. 59
38Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 8, 273 fragmentos
[47]regional buscaron levantar la autoestima de cada región a partir de la redención y justificación de pasados abolengos. Cada una de las regiones colombianas debía tener su prócer o sus héroes, o a lo menos un grupo de “patricios” prestantes que demostraban su contribución a la formación de la República, lo que…
p. 8
[61]a la corrección de los detalles la posibilidad de una labor crítica de su empresa historiográfica […]. Aun para sus contradictores, la de José Manuel Restrepo ha constituido hasta ahora un repertorio fijo e Historia inalterable de los hechos, susceptible solo de reacomodarse en una interpretación diferente. Esta es…
p. 8
[62]actividades de la Academia, pero también puso sobre el tapete las intolerancias sobre las cuales emergían las nuevas escrituras de la historia. Una vuelta a la tradición EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:28:03 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…
p. 27
39A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 2181 fragmento
[48]explained this Antioqueño exceptionality? This is precisely the question that James J. Parsons asked in his dissertation. Parson’s book is divided into 12 chapters. The first six relate to the region’s geography and the colonial period. In Chapter six, he refers to Antioqueño colonization. The narrative centerpiece of…
p. 218
40Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4871 fragmento
[50](1995), pp. 21 - 75; Betancourt y García. (1990), pp. 23 - 55; Betancourt y García (1994), pp. 12 1 - 149; Campo (1980), pp. 17 - 54. 4 Palacio (1983); L ópez Toro (1970); M achado (1988). C hristie (1986), p. 36, discute la hi pótesis de Parsons sobre la colon ización antioqueña, pero considera q u e sus planteam…
p. 487
41Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 761 fragmento
[51]las pautas so- cioeconémicas y politicas conocidas en la fase de poblamiento que termina en las fundaciones de Neira y Manizales. Aqui intervinieron tres factores que combinaban aspectos econdémicos sociales y politicos: a) La dotacién de recursos para las faenas del desmonte y el poblamiento inicial, consistentes en…
p. 76
42La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1311 fragmento
[53]la presión refor- mista del grupo de comerciantes medellinenses establecidos en compañías colonizadoras y constructoras de caminos, como los que en 1835 eran dueños del extenso territorio de Caramanta (J. Parsons, 1949, pp. 85-95). A estos comer- ciantes, empr e sarios y contratistas les interesaba el fomento de…
p. 131
43"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 411 fragmento
[54]vertiente occidental recibió la mayor in fl uencia antioqueña durante el siglo XIX con un poblamiento disperso en la zona de ladera, que evitó el choque con los propietarios de la zona plana. Sin embargo, la colonización no estuvo exenta de con fl ictos entre colonos y propietarios. En esta región fue famoso el con fl…
p. 41
44Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 74, 1802 fragmentos
[55]/ Aranzazu La Dorada.f r N • ••••/ Manzanares -'pL./ac (. - • - C A L D A S,-.Pavas H o n d a ^ J ' N e i r a. • • • • • j MAN IZ ALES /.'/.Chinchina O T A "->?• A. P E R E I R A..•) Filandia # "•••/ Toro f Quimbaya. m.Salento / O b La Union / V A L/L E • Circasia / _ n andoiARMENIA / ' U • " •Calarca JQUINDIO/'. • •…
p. 180
[59]had not been originally intended to promote coffee- growing. However, the favourable effects which resulted from the policy were not felt before the early years of the twentieth century. There is clear evidence that in the middle of the nineteenth century many merchants in Bogota had received concessions of public…
p. 74
45La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 131 fragmento
[56]antioqueñas aun más allá de Popayán, en las tierras volcá- nicas de Moscopán en el Huila y en los declives de la cordillera de Bogotá. La colonización más reciente se ha realizado en las franjas septentrionales del territorio antioqueño, hacia el Chocó, las tierras del Sinú y el valle del río Nus; pero la región…
p. 13
46Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2001 fragmento
[57]Central, en donde se encontraron con las grandes migraciones rumbo al corredor antioqueño que ya llevaba en proceso más de cien años. La movilización de los antioqueños se había iniciado muchas décadas antes de la Independencia, huyendo de la hambruna, las sequías y la sobrepoblación de las zonas montañosas de los…
p. 200
47El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 2701 fragmento
[58]privada de las tierras públicas- salieron del patrimonio estatal por lo menos tres millones de hectáreas ubicadas en las regiones que estos movimientos colonizadores ganaban a la civilización, entonces el tema merece el esfuerzo de desbrozar de entre la enmarañada legislación y las estadísticas confusas y de poco…
p. 270
48Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 1551 fragmento
[60]estudio de la adjudicación de baldíos 156 Tierras y conflictos rurales Historia, políticas agrarias y protagonistas entre 1931 y 1971, basado en información del INCORA, que no solo confirma los datos de la Tabla 19, sino que además da los nombres de los adjudicatarios e indica su oficio (Diot, 1976). Tabla 19.…
p. 155
49Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2671 fragmento
[63]de Historia. Soon afterwards they were joined by Camilo Botero Guerra, Gabriel Arango Mejía, Januario Henao, Fidel Cano, Carlos E. Restrepo, Carlos Molina, Marco Fidel Suárez, Leocadio Arango, Rufino Gutiérrez, Rafael Uribe Uribe, and the priest Ulpiano Ramírez. 170 In a Centro de Historia was established in…
p. 267
50Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2671 fragmento
[64]de Historia. Soon afterwards they were joined by Camilo Botero Guerra, Gabriel Arango Mejía, Januario Henao, Fidel Cano, Carlos E. Restrepo, Carlos Molina, Marco Fidel Suárez, Leocadio Arango, Rufino Gutiérrez, Rafael Uribe Uribe, and the priest Ulpiano Ramírez. 170 In a Centro de Historia was established in…
p. 267
51Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1521 fragmento
[65]¿no es ahora también irreal el acendrado regionalismo antioqueño a la luz del mundo globaliza- do? ¿De qué verdad hablaba Carrasquilla? ¿A qué se refería con “cargar la herramienta”? ¿A que el escritor antioqueño o colombiano debía ser a la vez un campesino jornalero? Pero, ¿nos imaginamos a Carrasquilla arrean- do…
p. 152
52La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 3831 fragmento
[66]lograr apoyo económico y político a sus pro- yectos, mantenían estrechas relaciones con los concejos municipales de sus respectivas ciudades y con las autoridades estatales. Por la alta posición social de sus miembros y la vinculación de muchos de ellos a la política, ambas instituciones lograron una notable…
p. 383