Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Biografía

Fidel Cano

Regeneración

1854–1919

18 min de lectura32 documentos
Nacimiento1854
Fallecimiento1919
RolesPeriodista · Director y fundador de El Espectador
Lugar principalMedellín
Período históricoRegeneración1886–1929
03

La biografía

Fidel Cano fundó El Espectador y, con ese acto reiterado a lo largo de treinta y dos años, se contó entre los constructores del periodismo liberal moderno en Colombia. Nacido en 1854 y muerto en 1919, condujo desde Medellín un periódico que aparecía y desaparecía al ritmo de las clausuras, los destierros y las guerras civiles del régimen conservador. Su centralidad histórica no reside en la brillantez doctrinaria ni en un pensamiento original: reside en la persistencia. En un país donde la Regeneración cerró casi todos los cauces institucionales de la oposición liberal, Cano convirtió la mera reaparición de su bisemanario —número tras número, silencio tras silencio— en el argumento político más elocuente de una generación que había perdido el gobierno, el Congreso y las universidades, pero no la imprenta.

02

Línea de vida

  1. 1887

    Fundación de El Espectador

    Leer contexto

    El 22 de marzo de 1887 Cano sacó en Medellín el primer número del bisemanario tabloide El Espectador, con ediciones los martes y viernes, en plena consolidación del régimen de la Regeneración y un año después de promulgada la Constitución centralista de 1886.

  2. 1897

    Número 312 bajo la Ley de los Caballos

    Leer contexto

    El 24 de abril de 1897 circuló el número 312, evidencia de una regularidad sostenida durante diez años a pesar de la Ley 61 de 1888 y la censura de prensa impuesta por Miguel Antonio Caro, que había clausurado periódicos liberales como el Relator (1893) y perseguido a opositores.

  3. 1899

    Silencio forzoso por la Guerra de los Mil Días

    Leer contexto

    El número 505 del 19 de octubre de 1899 fue el último antes de un silencio de casi cuatro años impuesto por el estallido de la Guerra de los Mil Días; el periódico reapareció el 16 de octubre de 1903 con el número 506, retomando la numeración exacta donde había quedado interrumpida.

  4. 1904

    Clausura por el gobierno de Rafael Reyes

    Leer contexto

    El número 845 del 17 de diciembre de 1904 fue el último antes de una nueva suspensión ordenada por el general Rafael Reyes, cuya censura se prolongó hasta 1909 e incluyó el encarcelamiento de opositores políticos.

  5. 1913

    Reaparición como diario de formato universal

    Leer contexto

    El 2 de enero de 1913 reapareció el número 846 bajo la dirección conjunta de Fidel Cano y su hijo Gabriel Cano, transformando el antiguo bisemanario tabloide en un diario de formato universal; el 5 de julio de 1913 alcanzó el número 1.000, impreso íntegramente en Medellín.

  6. 1915

    Expansión a Bogotá

    Leer contexto

    La edición bogotana de El Espectador comenzó a publicarse como diario vespertino desde 1915, en paralelo a la edición matinal de Medellín que continuó hasta 1923, consolidando la proyección nacional del periódico fundado por Cano.

Un antioqueño entre dos siglos

Fidel Cano Gutiérrez perteneció a una generación antioqueña que llegó a la vida adulta en el ocaso del liberalismo radical y ejerció su oficio bajo el régimen que lo sepultó. Nació en 1854, en pleno apogeo del proyecto federal que había reorganizado el país tras la Constitución de Rionegro, y murió en 1919, cuando la hegemonía conservadora entraba en su tramo final. Entre esas dos fechas se despliega una biografía que solo puede leerse contra el fondo del ciclo político largo que va de 1850 —cuando el liberalismo radical dominaba el escenario— a 1930, cuando el conservadurismo perdería finalmente el poder tras cuarenta y cinco años de hegemonía ininterrumpida.

Cano fue, en sentido estricto, un hombre de Antioquia. Su formación intelectual y su oficio periodístico se hicieron en Medellín, en un ambiente cultural que a partir de las décadas de 1860 y 1870 mostraba signos incipientes de crecimiento literario, con autores regionales y poetas que empezaban a construir una voz propia. La ciudad, sin embargo, aún carecía de muchas de las instituciones que definen una vida cultural moderna: no había teatros consolidados, ni museos, ni bibliotecas públicas de importancia. La vida intelectual se hacía en tertulias, imprentas y periódicos, y ahí encontró Cano su lugar. Alrededor de figuras como Carlos E. Restrepo se congregaban escritores como Tomás Carrasquilla y Francisco de Paula Rendón, junto con hombres de ciencia como Manuel Uribe Ángel, Camilo Botero Guerra, Pedro Nel Ospina y Efe Gómez. Ese ecosistema —de crítica literaria, lecturas compartidas y ambición por una estética regional de alcance universal— fue el humus del que salió el proyecto de El Espectador.

Antioquia importaba, además, por una razón material. La prensa colombiana era, hasta bien entrado el siglo XX, un asunto local. Las distancias, los costos del transporte y las dificultades técnicas impedían la circulación nacional de los diarios. Fundar un periódico en Medellín significaba dirigirse a un público antioqueño, con sus lecturas, sus rivalidades y sus lealtades políticas. Cano hizo virtud de esa limitación: convirtió a El Espectador en la voz liberal antioqueña por excelencia, un contrapeso regional frente a la prensa conservadora bogotana que dominaba el debate desde la capital. La distancia geográfica protegía. El correo y el telégrafo tardaban; lo dicho en Medellín llegaba a Bogotá con retraso, y en ese retraso cabían márgenes de maniobra impensables en la capital.

La fundación de El Espectador

El 22 de marzo de 1887, Fidel Cano sacó a la calle en Medellín el primer número de El Espectador. La fecha no es un dato inocente. Un año antes, en 1886, la coalición encabezada por Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro había promulgado la nueva Constitución que enterraba el régimen federal, restablecía el centralismo, entregaba a la Iglesia católica la dirección de la educación pública y excluía al liberalismo radical del gobierno. El concordato con la Santa Sede, firmado en 1887, selló esa reorientación: catolicismo como religión oficial, devolución de las propiedades confiscadas por las reformas liberales del medio siglo, abolición del divorcio civil. Fundar un periódico liberal en ese momento no era un acto neutral. Era tomar posición.

El Espectador apareció como bisemanario en formato tabloide, con dos ediciones a la semana, martes y viernes. Un formato modesto, adecuado a una empresa pequeña y a un público reducido, pero suficiente para intervenir en el debate público con regularidad. La orientación editorial fue, desde el comienzo, marcadamente liberal, en un país donde la militancia partidaria no era una desviación del periodismo sino su forma normal de existir. El periodismo colombiano del período de la Regeneración y de la hegemonía conservadora fue estructuralmente combativo, extremadamente politizado, y sus periódicos funcionaban como armas en las luchas políticas de la época. El Espectador no fue una excepción: fue una de sus expresiones más duraderas.

La fundación de 1887 marca el inicio del periodismo colombiano moderno. No porque Cano introdujera innovaciones técnicas revolucionarias —el tabloide bisemanal era una forma extendida—, sino porque el periódico que fundó iba a demostrar, a lo largo de las décadas siguientes, una capacidad de supervivencia institucional inusitada. Otros diarios liberales de la época tuvieron vidas más cortas y trayectorias más discontinuas. El Espectador aprendió a existir en los intersticios, a callarse cuando el gobierno lo silenciaba y a reaparecer con la numeración exacta interrumpida, como quien retoma una conversación donde la dejó.

Bajo la Ley de los Caballos

Los primeros diez años de El Espectador transcurrieron bajo el signo de la Regeneración plena. Miguel Antonio Caro, el principal pensador conservador del período y exponente de su ala más reaccionaria, ejerció el poder con instrumentos que hicieron del disenso una empresa peligrosa. La Ley 61 de 1888, conocida como Ley de los Caballos, otorgó al presidente amplios poderes para reprimir las supuestas amenazas al orden público: confinamiento, expulsión del territorio, prisión, pérdida de derechos políticos. En paralelo, el artículo transitorio K de la Constitución de 1886, que establecía la censura de prensa, fue convertido en permanente y utilizado por el gobierno para dictar decretos arbitrarios contra los "abusos de la prensa" con fines abiertamente persecutorios.

El resultado fue un régimen de intimidación sistemática sobre la prensa disidente. Caro aplicó la Ley de los Caballos contra opositores políticos, especialmente liberales, mediante destierros, encarcelamientos y clausuras. Por decreto número 1227 del 14 de agosto de 1893, desterró al jefe del Partido Liberal, Santiago Pérez. El caricaturista Greñas fue encarcelado en el Panóptico de Bogotá, trasladado luego a las bóvedas de Cartagena y finalmente desterrado, todo ello por la aplicación de la Ley K contra su periódico El Barbero. El Relator, uno de los principales diarios liberales de oposición, fue clausurado en 1893. La Crónica alcanzó a publicarse apenas entre 1897 y 1899. El Autonomista, órgano de Rafael Uribe Uribe y de los liberales que propugnaban la rebelión armada como única vía para recuperar los derechos del liberalismo, fue perseguido sistemáticamente.

Frente a esa maquinaria represiva, El Espectador fue una voz entre varias, no la única, pero sí una de las más constantes. El número 312 salió el 24 de abril de 1897, señal de que durante los diez primeros años el bisemanario había logrado mantener una regularidad razonable, con las interrupciones y multas propias del oficio pero sin una clausura definitiva. Cano navegó con oficio la línea que separaba la crítica tolerada de la insolencia punible. Su periódico era liberal —eso nunca lo disimuló—, pero era también, comparado con el ala rebelde encarnada por Uribe Uribe, una voz más contenida, más doctrinaria que insurreccional. Esa contención táctica fue probablemente una de las claves de su supervivencia. Núñez y Caro, escudados en el principio de "responsabilidad de la prensa", cerraron a quienes disentían con éxito variable, reemplazando el ultra-individualismo liberal por valores autoritarios que no toleraban la libre discusión. El Espectador aprendió a resistir sin provocar el golpe definitivo.

La represión no fue solo ideológica. Fue estructural. Durante la Regeneración el liberalismo tuvo una representación parlamentaria mínima: un único representante en la Cámara y ninguno en el Senado. Los canales institucionales de la oposición estaban prácticamente clausurados. La prensa, con todas sus limitaciones y sus persecuciones, era el único espacio institucional donde el liberalismo excluido podía seguir hablando. La centralidad de El Espectador no fue, así, una elección soberana de Cano: fue la consecuencia lógica de un sistema que había cerrado todos los demás cauces. La agencia estaba, tanto como en el individuo, en la estructura que lo empujaba hacia la imprenta.

La Guerra de los Mil Días y el primer silencio

El 19 de octubre de 1899 estalló la Guerra de los Mil Días. Ese mismo día, o casi, salió el número 505 de El Espectador. Sería el último por casi cuatro años. La guerra, iniciada como rebelión de la facción liberal radical encabezada por Rafael Uribe Uribe contra el gobierno conservador de Manuel Antonio Sanclemente, devastó no solo la vida política sino también la infraestructura material del país. Los contendores destruyeron redes telegráficas y líneas telefónicas en todo el territorio. La prensa liberal quedó atrapada en la lógica de la guerra: publicar era imposible y, en cierto sentido, innecesario cuando el debate se había trasladado a los campos de batalla.

El silencio de El Espectador durante la Guerra de los Mil Días fue forzoso en un doble sentido. Materialmente, la guerra hacía inviable la operación de un bisemanario liberal. Políticamente, la posición del periódico —crítico del gobierno conservador pero no adherido al ala insurreccional del liberalismo— quedaba sin espacio propio. Cano esperó. La espera duró lo que duró la guerra, y algo más: los meses de reacomodo tras la firma de la paz, el retorno lento a una vida civil que había quedado desangrada por casi cien mil muertos y una economía en ruinas.

El 16 de octubre de 1903, con la guerra terminada, El Espectador reapareció con el número 506. La numeración retomaba exactamente donde había quedado interrumpida cuatro años antes, como si el silencio no hubiera existido. Ese detalle tipográfico —trivial en apariencia— condensaba una idea política: el periódico no había muerto, solo había callado. La conversación se retomaba.

El cierre por Rafael Reyes y la travesía del desierto

La reaparición duró poco. Rafael Reyes, quien asumió la presidencia en 1904 con un régimen que endureció aún más la censura de prensa, no toleró la voz liberal antioqueña. El Espectador siguió publicándose hasta el número 845, del 17 de diciembre de 1904, cuando fue suspendido por disposiciones directas del gobierno del general Reyes. La censura del quinquenio Reyes se prolongó hasta 1909 e incluyó también el encarcelamiento de opositores políticos, en una radicalización del aparato represivo heredado de la Regeneración.

Los años que siguieron fueron los más largos de silencio en la trayectoria del periódico. Cano no tenía a su disposición ni el ambiente político ni las condiciones legales para reabrir. Existe cierta discrepancia sobre la fecha exacta de la reapertura: algunas referencias señalan 1911 como el año del reinicio de actividades, mientras que la reconstrucción más precisa fija el 2 de enero de 1913 como la fecha en que reapareció el número 846, ahora ya no como bisemanario tabloide sino como diario de formato universal, bajo la dirección conjunta de Fidel Cano y su hijo Gabriel Cano.

Ese salto del bisemanario tabloide al diario de formato universal fue, en términos empresariales y periodísticos, un cambio de escala. El Espectador dejaba de ser una hoja de opinión regional para intentar convertirse en un diario moderno, con la periodicidad y el formato que las capitales de América Latina empezaban a exigir. El 5 de julio de 1913 alcanzó el número 1.000, todavía impreso íntegramente en Medellín. La ambición nacional estaba, sin embargo, en marcha: la edición bogotana del periódico comenzó a publicarse como diario vespertino desde 1915, en una operación paralela a la edición matinal que continuó saliendo en Medellín hasta 1923, cuatro años después de la muerte del fundador. Ese doble asentamiento, simultáneo en dos ciudades separadas por días de camino, exigía una organización empresarial nueva: talleres duplicados, redacciones distintas, corresponsales que cruzaran información entre una sede y otra. La empresa familiar se transformaba, casi sin proponérselo, en una estructura mediana con las complicaciones logísticas de la prensa moderna.

Hacia 1914, un viajero norteamericano de apellido Lèvine, autor de un estudio de conjunto sobre Colombia publicado en Nueva York en aquellos años, anotó que El Espectador y La Prensa eran los periódicos que se leían en Medellín. Hacia mediados de la segunda década del siglo XX, el diario de Cano estaba asentado ya como una de las dos referencias de lectura en su ciudad. La prensa capitalina de esos años configuraba un panorama fuertemente partidista: El Nuevo Tiempo, controlado por conservadores nacionalistas y el periódico más antiguo de Bogotá; La Unión, editada por Laureano Gómez como voz de los conservadores históricos; El Liberal, editado por Uribe Uribe como órgano del partido; El Republicano y El Tiempo. En ese mapa, El Espectador representaba la voz liberal desde Antioquia, con creciente proyección hacia la capital. Cada periódico colombiano tenía su política partidista definida, pero los diarios trataban cuestiones de administración, ideas religiosas y costumbres con una libertad y un atrevimiento que sugerían un periodismo de combate con cierta independencia crítica.

Un liberalismo republicano

La orientación política de El Espectador bajo Fidel Cano fue liberal, pero fue un liberalismo específico, distinto del ala más radical y beligerante que encarnaba Uribe Uribe. La distinción se hace visible en el episodio de la Unión Republicana. Cuando Carlos E. Restrepo —inspirador del republicanismo en Colombia— fue elegido presidente para el período 1910-1914 por mayoría en la Asamblea Constituyente, El Espectador lo elogió llamándolo "un presidente incoloro". La expresión, que hoy podría leerse como reproche, era en el contexto un elogio deliberado: significaba que Restrepo gobernaba sin la partidización rabiosa que había definido a la Regeneración, sin el sectarismo que hacía imposible la convivencia entre liberales y conservadores.

La posición del periódico en ese momento contrasta con la de los diarios más católicos, como La Unidad, que denostaron el gobierno republicano. Y coincide con el sector del liberalismo que —bajo la orientación de Benjamín Herrera, Eduardo Santos y Luis Cano, hijo también de Fidel— apoyó a Restrepo y contribuyó a su elección en la Asamblea Constituyente, junto con conservadores históricos como Pedro Nel Ospina. El republicanismo se posicionó ideológicamente entre el liberalismo del general Uribe y los núcleos duros del conservatismo: rechazaba los radicalismos extremos y promovía el entendimiento político.

Ese posicionamiento define el liberalismo particular de Fidel Cano. No fue el del ala rebelde que había llevado a la Guerra de los Mil Días. Fue un liberalismo doctrinario pero pragmático, más interesado en construir un espacio público de debate civilizado que en la confrontación armada. Esa fue otra de las claves de su supervivencia: El Espectador no fue el órgano de la insurrección, y por eso pudo seguir apareciendo cuando El Autonomista de Uribe Uribe era clausurado y sus editores encarcelados. La contención táctica de Cano —que algunos verían como tibieza y otros como inteligencia estratégica— fue la que permitió que existiera algo así como una voz liberal permanente durante la hegemonía conservadora.

Las relaciones de Restrepo con la prensa fueron "agridulces": denostado por los periódicos católicos y reconocido por la prensa liberal, ilustraba las tensiones que rodearon al proyecto republicano. El Espectador estaba, en ese debate, del lado de quienes creían que el país necesitaba salir de la lógica de suma cero entre liberales y conservadores. Esa posición sería la que heredarían Luis y Gabriel Cano, los hijos que continuaron el periódico tras la muerte del padre.

La red antioqueña

Fidel Cano no operó solo. El Espectador se sostenía sobre una red de vínculos personales, familiares e intelectuales anclada en Medellín. La dirección compartida con su hijo Gabriel desde 1913 marca la conversión del proyecto en una empresa familiar, transmisible generacionalmente. Luis Cano, otro hijo, aparecería años después como uno de los referentes del liberalismo republicano al lado de Eduardo Santos y Benjamín Herrera. El apellido Cano se convirtió, en la historia del periodismo colombiano, en sinónimo de una tradición de opinión liberal antioqueña con proyección nacional.

Muchos de los hombres que animaban las tertulias antioqueñas se cruzaban con la imprenta de Cano: colaboraban con notas ocasionales, discutían editoriales, recomendaban lecturas, aportaban traducciones. La redacción de un bisemanario en una ciudad de aquel tamaño no era un despacho cerrado sino una prolongación de la tertulia, y la tertulia una prolongación de la redacción. Fidel Cano fue, dentro de esa trama, el periodista, el hombre de la imprenta cotidiana. No fue el gran ensayista ni el gran novelista de su generación. Fue algo más discreto pero no menos importante: quien mantuvo abierta la plataforma donde otros podían escribir, donde las ideas liberales podían seguir circulando, donde la crítica al régimen conservador podía formularse con la regularidad de dos veces por semana. En un país donde la prensa contribuyó a avivar violencias al exacerbar odios e ideologizar tensiones sociales, El Espectador representó, a su modo antioqueño, la apuesta por un debate más contenido, más doctrinario, menos incendiario.

La dimensión familiar merece un párrafo aparte. Gabriel Cano entró a la dirección en 1913, cuando el proyecto se reconvirtió en diario; Luis Cano se proyectó como figura política liberal desde la generación siguiente. La transmisión del oficio dentro de la misma casa no fue solo herencia patrimonial: fue una manera de asegurar continuidad editorial en un régimen que había liquidado a tantos periódicos rivales al desaparecer o encarcelarse a sus directores. El apellido operaba como garantía interna de línea: mientras hubiera un Cano en la mesa de redacción, había Espectador. Ese mecanismo, corriente en las empresas de prensa latinoamericanas del período, adquirió aquí una densidad particular por el número de años y de crisis que la familia atravesó al frente del mismo periódico.

Los límites de la figura

Fidel Cano fue una figura importante, pero fue una figura entre varias en un periodismo colombiano que tenía la militancia como norma general del oficio. La represión que sufrió no fue exclusiva ni excepcional: fue la regla del período. El Relator, La Crónica, El Autonomista y muchas otras publicaciones liberales fueron clausurados, sus editores desterrados o encarcelados. Los caricaturistas iban a las bóvedas de Cartagena. Los jefes del partido eran expulsados del país por decreto presidencial. La persecución contra El Espectador fue, así, una manifestación de un patrón sistémico, no un caso singular de heroísmo individual.

Lo que hace específica la figura de Cano no es entonces la intensidad de la represión que sufrió —hubo represiones peores— sino la persistencia con la que reabrió el periódico después de cada silencio. Cuatro suspensiones o interrupciones importantes —una en 1899 por la guerra, otra en 1904 por Reyes, y las tensiones menores del período de Caro— no consiguieron liquidar el proyecto. El Espectador aprendió a existir como institución, no solo como iniciativa personal. Aprendió a transmitirse generacionalmente, a cambiar de formato cuando el mercado lo exigía, a expandirse geográficamente cuando las condiciones lo permitían. El bisemanario tabloide de 1887 se convirtió, hacia 1915, en un diario con ediciones en Medellín y en Bogotá.

También hay que corregir la imagen del contrapoder combativo. El Espectador bajo Cano no fue la voz de la rebelión liberal armada. No fue El Autonomista de Uribe Uribe. Su liberalismo fue más doctrinario que insurreccional, más pragmático que radical. El elogio a Restrepo como "presidente incoloro" y el apoyo al proyecto republicano indican una vocación de centro, de integración, de superación del sectarismo. Esa vocación tenía costos: probablemente le restaba fervor a la militancia, quizá lo hacía menos apasionado que otros. Pero tenía también virtudes: le permitía sobrevivir donde otros no sobrevivían, y ofrecía al país una imagen de la política liberal distinta de la del alzamiento armado.

Hay zonas grises. Los vínculos de Cano con la vida cultural más amplia de Medellín —la posible coincidencia de nombres entre las tertulias literarias antioqueñas y su entorno editorial— quedan sugeridos pero no completamente documentados. La relación del apellido Cano en el periodismo con la tradición pictórica antioqueña que representó Francisco Antonio Cano tampoco está establecida como vínculo familiar directo. La figura pública está fijada; la trastienda del oficio —las lecturas privadas del fundador, sus corresponsales, las finanzas cotidianas de la empresa— permanece en penumbra.

Muerte, herencia y modelo

Fidel Cano murió en 1919, todavía dentro del período de la hegemonía conservadora que había marcado toda su carrera adulta. No alcanzó a ver la caída del régimen en 1930 ni el ascenso liberal de la República Liberal. Pero dejó El Espectador funcionando como diario en dos ciudades —Medellín y Bogotá—, dirigido ya por sus hijos, con una tradición editorial consolidada y una identidad política reconocible. La edición matinal de Medellín continuaría publicándose hasta 1923; la edición bogotana, iniciada en 1915, se convertiría con el tiempo en el periódico principal, y El Espectador terminaría por trasladar su centro de gravedad a la capital.

La herencia de Fidel Cano puede leerse en tres planos. En el empresarial, dejó un periódico convertido en institución familiar, capaz de reproducirse generacionalmente y de sobrevivir a cambios de régimen, de formato y de sede. Muy pocos proyectos periodísticos de fines del siglo XIX colombiano lograron esa continuidad. En el político, dejó un modelo de liberalismo de prensa: doctrinario pero pragmático, crítico del sectarismo, capaz de dialogar con proyectos como el republicanismo sin renunciar a su identidad partidaria. Ese modelo sería el que continuarían Luis Cano y Gabriel Cano, y que a través de ellos se proyectaría sobre buena parte del periodismo liberal colombiano del siglo XX. En el simbólico, dejó una imagen: la del periodista que reabre el periódico después de cada silencio, que retoma la numeración interrumpida, que hace de la continuidad misma su acto político.

Bajo la Regeneración y la hegemonía conservadora, cuando el liberalismo no tenía representación parlamentaria significativa, ni gobierno, ni universidades —la Universidad Nacional fue cerrada, las obras de intelectuales liberales censuradas o silenciadas—, el simple hecho de que un periódico liberal siguiera saliendo dos veces por semana en Medellín era, en sí mismo, una afirmación política. No hacía falta que cada editorial fuera incendiario. Bastaba con que el periódico existiera, con que reapareciera, con que el número 506 saliera cuatro años después del 505.

La centralidad histórica de Fidel Cano se juega en ese detalle. No fue el pensador liberal más brillante de su generación —Salvador Camacho Roldán, entre otros, tuvo más peso doctrinario—. No fue el militante más aguerrido —Rafael Uribe Uribe encarnaba mejor esa figura—. No fue el político más influyente —Marceliano Vélez y otros ocuparon posiciones más visibles en el partido—. Lo que Cano fue, y lo fue de manera sostenida durante treinta y dos años, fue el hombre de la imprenta que no dejó morir el periódico. En un país donde la represión del disenso fue estructural durante casi medio siglo, esa persistencia bastó para convertirlo en una figura central del liberalismo colombiano y del periodismo moderno del país.

El Espectador sobrevivió a su fundador. Sobrevivió, con transformaciones sucesivas, a la hegemonía conservadora, a la República Liberal, al Frente Nacional, a los ciclos de violencia del siglo XX, hasta convertirse en uno de los periódicos más longevos de América Latina. Que un bisemanario liberal fundado en 1887 en una capital regional, bajo un régimen decidido a silenciarlo, haya llegado al siglo XXI todavía en circulación es, en última instancia, el veredicto histórico sobre el oficio de su fundador.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

32 documentos · 40 fragmentos
01Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Páginas 110, 1142 citas
[1]

febrero de 1791 con la aparición del Papel Periódico de la Ciudad de Santa Fe de Bogotá, que fundó y dirigió Ma- nuel del Socorro Rodríguez. Don Ma- nuel, nacido en La Habana, Cuba, ha- bía llegado dos años antes al Nuevo Reino de Granada en calidad de ami- Primera página del "Papel periódico de la Ciudad de Santafé…

p. 110
[6]

pro- liferaron en la época, se podría inten- tar una síntesis diciendo que el perio- dismo de este período se destacó por su militancia, combatividad y extrema politización. Todas esas publicaciones contribuyeron a radicalizar posiciones y a exacerbar los ánimos de unos par- tidos que buscaron los campos de ba- talla…

p. 114
02Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 3131 cita
[2]

don Fidel, quien hizo circular el 24 de abril de 1897, el No. 3 1 2 El 19 de octubre de 1899 salió el No. 505 y ese día estalló la Guerra de los Mil días. Un nuevo silencio for zoso cobijó al bisemanario de los Cano. El 16 de octubre de 1903 tornó a la palestra, bajo el No. 506. Continuó hasta el No. 845, del 17 de…

p. 313
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 1071 cita
[3]

el se- dico de tendencia li- Alejandro Galvis Galvis. manario Voz (inicial- beral y fuertemente dl TU ou mente Voz de la De- atacado por la Iglesia mocracía y luego Voz católica en tiempos de la Violencia política, al Proletaria); sin embargo han existido diferen- punto de que en 1949 los obispos de Santan- tes…

p. 107
04Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 251 cita
[4]

were published with virtually no limits on freedom of expression. The oldest paper in Bogotá was El Nuevo Tiempo controlled by Nationalist Conservatives. La Unión edited by Laureano Gómez was the principal voice for the Histori- cal Conservatives, while El Liberal edited by Uribe Uribe was the organ of the Liberal…

p. 25
05Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 111 cita
[5]

expression. The oldest paper in Bogotá was El Nuevo Tiempo controlled by Nationalist Conservatives. La Unión edited by Laureano Gómez was the principal voice for the Histori- cal Conservatives, while El Liberal edited by Uribe Uribe was the organ of the Liberal party. Other newspapers in the capital included El…

p. 11
06La palabra y el silencio. La violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015)Germán Rey, Camilo Vallejo Giraldo, María Angélica Nieto Uribe, Álvaro Fernando Núñez Zúñiga, Andrea Torres · 2015 · Página 341 cita
[7]

y la determinación de la agenda informativa que se mimetizaba con la agenda de las hegemonías políticas y económicas del país y particularmente con sus propios y más directos intereses. Desde La Colonia el periodismo colombiano estuvo asociado o en con- 34 La palabra y el silencio tradicción con el poder dominante. El…

p. 34
07La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · Página 251 cita
[8]

contribuir a la labor repu- blicana de Gobierno, como órganos necesarios de la opinión pública. Aspiro a que el Gobierno se sobreponga a las pasiones exageradas de esa misma opinión, y respetándola, sea juez imparcial donde toda aspiración legítima tenga amparo. Tal vez así se consagre a los deberes de la…

p. 25
08Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 1721 cita
[9]

The written press and especially the daily newspaper were possible in Colombia only after several factors converged. First, news from other places needed to be known and consumed instantaneously; second, news needed to be transmitted with equal velocity through the printed papers; and third, the printed papers needed,…

p. 172
09Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 561 cita
[10]

as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…

p. 56
10Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Páginas 30, 1002 citas
[11]

borado y prefirié gobernar con un estatuto dema- siado represivo, la ley 61 de 1888, mejor conocida con el nombre de «ley de los caballos», que tantos males causé al pais, pues seguin ella gobernaron las administraciones «regeneradoras» hasta 1904. A tal grado lIlegé la animosidad de don Miguel Antonio Caro contra el…

p. 30
[14]

aplicaba a los liberales por motivos politicos. Con funda- mento en la autorizacién dada por el articulo «K» del Capitulo de Disposiciones Transitorias, el Go- bierno dictaba a su arbitrio decretos para «reprimir los abusos de la prensa», también con fines per- secutorios. Por decreto numero 1227 del 14 de agosto de…

p. 100
1130 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 1511 cita
[12]

división entre los conservadores, los históricos y los nacionalistas. Carlos Martínez Silva quedó a la cabeza de los conservadores históricos y Miguel Antonio Caro de los nacionalistas. Los históricos propugnaban por darles participación a los liberales y abolir la llamada Ley de Caballos, que incluía fuertes…

p. 151
12A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Página 981 cita
[13]

tensions between legal and 80 Claudia Milena Pico et al. legitimate, between what was cultural and what was political, between public and private, between the state and the population, and between morality and legislation. The Ley de Caballo s (Law 61, 1888), one of the most important criminal regulations of the time,…

p. 98
13Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 3701 cita
[15]

que Mosquera, Murillo, Zaldúa, los Pérez… y otros muchos personajes, que por lo menos valían tanto como nosotros, no escaparon a la travesura del lápiz, sin que les acome- tiese el menor acceso de gota […]» 297. 296 Se refiere a la marca del aguardiente «Tres Puentes». 297 El Barbero, n. o 5, Bogotá, 24 de abril de…

p. 370
14Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Páginas 114, 1282 citas
[16]

amenazaran con abandonar la República. 129 Bfiíní dicerfiis ítraópits uí Crlrpois Gráfica 18 Fuente: Kalmanovitz, 2012. La República tuvo también una regla de sucesión clara pero sesgada del partido en el poder, con serios proble- mas en los derechos de la oposición, como los vetos a la participación liberal en el…

p. 128
[30]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
15Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Páginas 26, 1212 citas
[17]

Radical José María Rojas Garrido, al prociamar la unión liberal y lanzar la candidatura presidencial de Francisco Javier Zaldúa, en abril de 1881: «El partido conservador es el cancer de la República y es preciso extirparlo Ll I-fingnmas unjurmmento solemne: antes que permitir el triunfo conser vador, que no quede…

p. 121
[21]

Constitución de 1886 El liberalismo radical fue exciirido del gobrerao y duramente per ido, Proviamento a la elaboración de Ea Constitación.el Consejo Nacional de Delegatariós expidió un “acuendo so- bre reforma constitucional”, quese sometió a La aprobación de Los conve jos municipales, cuyos miembros provedean —…

p. 26
16Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1151 cita
[18]

no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…

p. 115
17Arrogant Diplomacy: U.S. Policy Toward Colombia, 1903-1922Richard L. Lael · 1987 · Página 1571 cita
[19]

that he sought to transform Colombia into a dictatorship. Measures severely hampering Reyes's political opponents also disturbed many Colombians. By the end of his first year in office, the president not only had consolidated power and established his own legislative body but also had begun imprisoning political…

p. 157
18Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 1921 cita
[20]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
19De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 44, 472 citas
[22]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
[23]

o Argentina- fueron reforzadas por el concordato y por un ULTRAINTOLERANClA 48 régimen conservador, rabiosamente antiliberal, que gobernaría al país desde 1885 hasta 1930. y los conservadores gobernaron de manera muy parecida a como lo habían hecho anteriormente los liberales, llevando a cabo una completa exclusión de…

p. 47
20El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Páginas 126, 1302 citas
[24]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
[26]

fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…

p. 130
21De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 41, 472 citas
[25]

los casos de México o Argentina- fueron reforzadas por el concordato y por un ULTRAINTOLERANClA 48 régimen conservador, rabiosamente antiliberal, que gobernaría al país desde 1885 hasta 1930. y los conservadores gobernaron de manera muy parecida a como lo habían hecho anteriormente los liberales, llevando a cabo una…

p. 47
[28]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
22Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1701 cita
[27]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
23Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Páginas 28, 2752 citas
[29]

de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…

p. 275
[36]

cuyo balance fue aterrador: en 220 combates se enfrentaron 75.000 soldados del Gobierno conservador y otro tanto de liberales, la mayoría constituidos en guerrillas. Estos sufrieron varias derrotas, pero la mayor e irreversible, fue la de la batalla de Palonegro, la más larga y mortífera, que duró 16 días (entre el 11…

p. 28
24Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Página 5281 cita
[31]

sjó v e n e se s c r i t o r e sTomás C a r r a s q u i l l ayF r a n c i s c ode PaulaRendón,a s ícomo a e s c r i t o r e s consagrados y hombres de c i e n c i a como Manuel Uribe Ángel, Camilo Botero Guerra,Pedro Nel Ospina y E f eGómez9. Al r e s p e c t o,e lh i s t o r i a d o rFernando Molina Londoño a s e g u…

p. 528
25Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 2401 cita
[32]

since ‘there is little to talk about in a town where there are no concerts, no theatres, no chronicles...’. 40 In the  s, the hero of Felipe, a story by Gregorio Gutiérrez González, is still deploring the paucity of balls and cultural gatherings in the city. 41 Another decade later Francisco de Paula Muñoz in his…

p. 240
26Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 2401 cita
[33]

since ‘there is little to talk about in a town where there are no concerts, no theatres, no chronicles...’. 40 In the  s, the hero of Felipe, a story by Gregorio Gutiérrez González, is still deploring the paucity of balls and cultural gatherings in the city. 41 Another decade later Francisco de Paula Muñoz in his…

p. 240
27María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · Página 3091 cita
[34]

años de la lucha y masacre en las bananeras. Ciénaga, Magdalena: Alcaldía de Ciénaga, 2008 Posada Duperly, Esteban. Fidel Cano, un hombre de su tiempo. Medellín: Universidad Pontificia Bolivariana, 2007 Pérez Builes, Catalina. Francisco Antono Cano y sus discípulos. Medellín: La Carreta Editores E.U., 2004 Poveda…

p. 309
28Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 291 cita
[35]

de paz para la Nación. Aquí algunos puntos fundamen- tales por lo menos para despertar ese interés en conocer más ampliamente ese hecho. ¿Dónde estalló? Estalló en el departamento de Santander y aunque el llamamiento a las armas era a nivel nacional, el conflicto se centró en su etapa inicial en esta región,…

p. 29
29Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 681 cita
[37]

cuencia ldgica, una inflacién que encarecié las im- portaciones y estimuld la especulacion, factores que complicaron todavia mas el mal estado del pais. En estas circunstancias, el grupo liberal llamado «autonomista», encabezado por el general Rafael Uribe Uribe, promovid la guerra contra los conser- vadores, la cual…

p. 68
30Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Página 421 cita
[38]

del liberalismo del general Rafael Uribe y aquel de los núcleos duros del conservatismo, mientras pregonaba la inutilidad de los radicalismos extremos –guerras y exclusiones– y la obligatoriedad del entendimiento político. Carlos E. Restrepo fue el inspirador del republicanismo. Su denodada lucha política y el apoyo…

p. 42
31Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 281 cita
[39]

dando en el país suscitaron profundos debates en el campo intelectual de la época. A través de la prensa, de la cátedra, de la política, los intelectuales desempeñaron un papel de primer orden, pues sus intervenciones contribuyeron en muy buena medida a reconfigurar la sociedad colombiana. A finales de los años diez,…

p. 28
32Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 3211 cita
[40]

Linotipos de El Espectador.. (1920b) Nuestras razas decaen: Algunos signos de degeneración colectiva en Colombia y en los países similares. Bogotá: Imprenta y Litografía de J u a n Casis.. (1929) LaiiwrágraciónarnarillaalaAmérica. Bogotá: Minerva.. (1933) "Las bases de la reforma educacional en Colombia". Revista…

p. 321