Agustín Nieto Caballero
Regeneración
1889–1975
La biografía
Agustín Nieto Caballero (Bogotá, 1889 – Bogotá, 1975) fue el pedagogo que introdujo la escuela activa europea en Colombia y el fundador, en 1914, del Gimnasio Moderno de Bogotá. Educado en París y expuesto a las corrientes reformistas de Decroly, Montessori y Dewey, convirtió un colegio privado en el borde norte de la capital en el laboratorio donde una porción de la élite liberal ensayó, durante la hegemonía conservadora, una alternativa a la pedagogía católica de memorización, obediencia y catecismo. Su obra pertenece a un momento preciso: el intervalo en que el liberalismo, expulsado del poder desde la Regeneración, hizo de la enseñanza su vía paciente de recuperación. Nieto Caballero fue el rostro más visible de esa "vocación docente del liberalismo", y por eso su biografía se lee mejor no como la de un pedagogo aislado, sino como la de un reformador de élite que negoció con el orden clerical-conservador desde el nicho privado que ese orden, por descuido o conveniencia, dejaba abierto.
Línea de vida
- 1906
Cofundación de la revista Trofeos
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El 15 de septiembre de 1906, con diecisiete años, figuró entre los fundadores de Trofeos, editada en la imprenta Samper Matiz Cía. de Bogotá y dirigida por Víctor M. Londoño e Ismael López. La nómina fundadora incluía a Luis López de Mesa, Eduardo Castillo, Julio Garavito y otros intelectuales que conformarían la generación del Centenario. El editorial inaugural proclamaba 'tolerancia intelectual', un gesto cargado de significado en la Bogotá clerical-conservadora de la época.
- 1910
Formación en París y contacto con la Escuela Nueva
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Completó su formación en París y se expuso a las corrientes pedagógicas de Ovidio Decroly, María Montessori y John Dewey. La pedagogía activa que absorbió proponía sustituir la memorización por el descubrimiento, el castigo por la motivación intrínseca y el pupitre fijo por el juego, la excursión y el laboratorio, en contraposición directa al modelo de autoridad, memorización y miedo asociado a la educación confesional colombiana.
- 1914
Fundación del Gimnasio Moderno de Bogotá
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Abrió el Gimnasio Moderno en el borde norte de Bogotá como institución privada donde la escuela activa pudiera existir sin las cortapisas del Concordato de 1887. El nombre mismo era una declaración de intenciones: no era un colegio bajo advocación de un santo, sino un plantel definido por su época. Fue señalado como el ejemplo más destacado de la 'vocación docente del liberalismo' en los niveles elementales y medios de enseñanza.
- 1916
El Gimnasio Moderno como eje de la estrategia liberal
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El plan de labores del Partido Liberal de 1916 formalizó la 'vocación docente del liberalismo', reiterada en la plataforma de 1917 y en la convención de Ibagué de 1932. El Gimnasio Moderno fue reconocido como el instrumento más eficaz de esa estrategia: formar generaciones de la élite fuera del control eclesiástico equivalía, a largo plazo, a rehacer la clase dirigente en un contexto donde la burocracia y las elecciones estaban cerradas para los liberales.
- 1919
Construcción del edificio del Gimnasio Moderno
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El arquitecto Francis Farrington diseñó y construyó el edificio del colegio en 1919, señalado como uno de los tres mejores ejemplos de arquitectura escolar bogotana del período. El emplazamiento en el norte de Bogotá, hacia donde crecían los barrios de la élite liberal, reflejaba el carácter de clase del proyecto: un colegio para familias anglófilas y europeizantes que rechazaban la educación confesional.
- 1932
Vigencia de su proyecto en el umbral de la República Liberal
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La convención liberal de Ibagué de 1932 reiteró la 'vocación docente del liberalismo', confirmando la relevancia duradera del modelo que Nieto Caballero había encarnado. Con el inicio de los gobiernos liberales desde 1930, el Estado comenzó a recuperar prerrogativas educativas que el Concordato había cedido a la Iglesia, abriendo el espacio institucional que el Gimnasio Moderno había anticipado desde el nicho privado.
Una infancia bogotana bajo la Regeneración
Nació tres años después de la Constitución de 1886 y dos después del Concordato que Rafael Núñez firmó con la Santa Sede. Vino al mundo, entonces, en el momento exacto en que Colombia consolidaba el pacto que amarraría la educación pública a la Iglesia católica durante más de cuatro décadas. El artículo 41 de la Constitución establecía que la educación pública se organizaría "en concordancia con la Religión Católica"; el artículo 12 del Concordato reiteraba que universidades, colegios y escuelas debían enseñarse conforme a los dogmas y la moral católica. Su infancia transcurrió en un país donde ese marco no era abstracción jurídica: era el aire respirable de cualquier aula.
La Bogotá en la que creció apenas alcanzaba los servicios modernos. El tranvía había llegado a fines del siglo XIX, los primeros automóviles circularon en 1910, y la ciudad seguía aislada del exterior por una geografía que hacía de cada viaje a Europa una empresa. Era una capital pequeña, gobernada por un grupo reducido de familias cuyos apellidos venían de la Conquista, en la que linaje, cargos y dinero se entrelazaban sin conflicto. Los Nieto pertenecían a ese entramado: el apellido y las redes familiares situaron al joven Agustín en la franja de la élite letrada bogotana desde el comienzo, con acceso a París y a los círculos donde se leían Rodó, Taine, Anatole France y la generación española del 98.
Esa cuna importa. Nieto Caballero no fue un maestro de escuela que ascendió por mérito hasta la reforma; fue un heredero cultural que decidió emplear su capital simbólico en un proyecto pedagógico. La distancia entre él y el magisterio provincial —nombrado por gobernadores conservadores según fidelidad partidista, alimentado por catecismos del padre Astete y manuales jesuitas de José Félix de Restrepo, Faustino Segura y José María Ruano— no era solo ideológica: era de clase.
La formación centenarista y la revista Trofeos
En 1906, con diecisiete años, figuró entre los fundadores de Trofeos, editada el 15 de septiembre en la imprenta Samper Matiz Cía. de Bogotá. La dirigían Víctor M. Londoño e Ismael López, y en la nómina fundadora aparecían nombres que después serían decisivos en la cultura colombiana: Luis López de Mesa, Eduardo Castillo, Eduardo Posada, Julio Garavito, Diego Uribe, Alberto Aparicio, Alberto Carradine, Alfonso Palau, Pacho Valencia. El editorial inaugural prometía "tolerancia intelectual" y la congregación de "buenos espíritus"; un programa modesto en la letra y ambicioso en el gesto, porque instalar la palabra tolerancia en la Bogotá de 1906 tenía cargas que hoy cuesta calibrar.
Trofeos fue una de las publicaciones donde se gestó la sensibilidad de la llamada generación del Centenario. Los centenaristas irrumpieron en el escenario público alrededor de 1910, cuando Colombia celebraba el primer siglo de su independencia, y dominaron el panorama intelectual durante toda esa década. Los había moldeado un trauma compartido: la Guerra de los Mil Días (1899-1902), que dejó al país exangüe; la pérdida de Panamá en 1903, herida cuya humillación no cerró; y la dictadura de Rafael Reyes, cuya salida en 1909 abrió una tregua institucional. De esos tres golpes salieron con tres convicciones: rechazo al sectarismo que había desangrado al país, nacionalismo adolorido por Panamá y pasión por la libertad frente a los excesos autoritarios. Difundieron sus ideas sobre todo por la prensa; en ese circuito, Nieto Caballero se movería el resto de su vida.
No conviene, sin embargo, situar demasiado rápido al joven Agustín en el rol de portavoz. Era uno más de un grupo denso donde ya destacaban figuras de mayor peso público, y su gran contribución generacional no vendría del ensayo ni del periodismo político, sino del aula. Mientras Enrique Olaya Herrera, López de Mesa o Eduardo Santos labraban carrera en la política y el periodismo, Nieto Caballero encontró su terreno propio en una intuición que aún estaba por ensayarse: que el país podía transformarse educando a sus élites de otra manera.
París, Decroly y la escuela activa
En los años que siguieron a Trofeos, completó su formación en París y entró en contacto con las corrientes de la Escuela Nueva europea. Ovidio Decroly en Bruselas, María Montessori en Italia, John Dewey en Estados Unidos: tres nombres que a comienzos del siglo XX estaban reescribiendo el aula. La pedagogía activa proponía sustituir la memorización por el descubrimiento, el castigo por la motivación intrínseca, el pupitre fijo por el juego, la excursión y el laboratorio. Situaba al niño en el centro y organizaba la enseñanza en torno a sus intereses y su desarrollo.
Para un colombiano formado en la Bogotá clerical, aquello no era ajuste técnico sino inversión total. En Colombia, la educación bajo influencia eclesiástica se caracterizaba, según sus críticos, por la autoridad, la memorización y el miedo. El Ministerio de Instrucción Pública repartió en 1921 diecinueve mil ochocientos noventa y nueve catecismos del padre Astete: la cifra basta para imaginar el peso de esa maquinaria. La pedagogía activa desmontaba pieza por pieza ese edificio: donde había obediencia, proponía autonomía; donde había latín y catecismo, proponía naturaleza y ciencia; donde había miedo, proponía juego.
Regresó a Bogotá con esa formación y con un plan. No aspiraba a reformar la educación pública —ese terreno estaba constitucionalmente cerrado— sino a fundar una institución privada donde la escuela activa pudiera existir sin cortapisas. En 1914 abrió el Gimnasio Moderno.
El Gimnasio Moderno como proyecto
El nombre lo decía casi todo. Gimnasio remitía a la tradición del Gymnasium europeo, pero también al cuerpo, a la educación física, al higienismo que caracterizaría a la institución. Moderno era, en la Bogotá de 1914, una declaración de intenciones: no era el enésimo colegio bajo advocación de un santo, sino un plantel definido por su época y no por su tradición.
El proyecto se materializó plenamente en 1919, cuando el arquitecto Francis Farrington diseñó y construyó el edificio del colegio. Fue uno de los tres grandes ejemplos de arquitectura escolar bogotana del período, junto con la remodelación del Colegio Nacional de San Bartolomé emprendida por Carlos Camargo desde ese mismo año. El emplazamiento importaba: el Gimnasio se instaló en el borde norte de Bogotá, en la dirección hacia la que crecían El Chicó y La Cabrera, los barrios donde la élite bogotana levantaba casas modernas con jardín y encargaba ropa hecha en Londres. Era, físicamente, un colegio de su público: la élite liberal ilustrada, anglófila en sus hábitos, europeizante en sus lecturas.
La pedagogía del Gimnasio combinó varios registros. La educación física ocupó un lugar central: gimnasia, juegos, excursiones. Un decreto educativo anterior a 1925 ya prescribía ejercicios gimnásticos después de cada lección, calistenia en todas las escuelas y paseos higiénicos cada dos semanas —en las de varones se añadían "evoluciones militares"—, pero la aplicación real de esas normas en el sistema público era irregular. En el Gimnasio, en cambio, la educación física se ejecutó con recursos, cuerpo docente propio y una filosofía articulada. Pedagogos como Gabriel Anzola y el médico Miguel Jiménez López defendían que juegos, gimnasia y excursiones significarían una evolución para la pedagogía colombiana; el Gimnasio Moderno lo demostró en la práctica.
Detrás de esa apuesta física convivían dos discursos. Uno era el del higienismo racial y sanitario propio de la época: la educación física servía al "mejoramiento de la higiene y la raza", al "moldeamiento hacia modelos de civismo y urbanidad". Otro era el de la formación del carácter: el discurso pedagógico en instituciones como el Gimnasio Moderno buscaba generar comportamientos, disciplina y valores —masculinidad, entereza— junto a la formación corporal. Ambos discursos coexistían con las críticas modernizadoras al "desprecio de los colombianos clericales" por el deporte y la cultura física, un desprecio que la corriente representada por el Gimnasio se propuso desmontar.
La tensión, sin embargo, estaba ya en el interior del proyecto. Tomás Rueda Vargas, cercano a Nieto Caballero, le escribió preocupado por que la contratación de un profesor extranjero de educación física pudiera "sentar las bases de la creación de un deportista profesional en Colombia", cayendo en el extremo opuesto a la tradición de formar intelectuales. Era la vieja duda de la élite letrada: cuánto cuerpo sin sacrificar el espíritu, cuánta modernización sin traicionar la vocación humanista. Esa carta ilustra la conversación permanente en la que el Gimnasio se hacía.
La vocación docente del liberalismo
El Gimnasio Moderno no fue una iniciativa aislada ni una excentricidad de un pedagogo ilustrado. Fue el brazo más visible de una estrategia política deliberada. Excluido en buena parte de la burocracia y del Parlamento durante la hegemonía conservadora —desde 1886 el sistema funcionaba por nombramientos en cascada, con presidentes conservadores que designaban gobernadores, gobernadores que designaban alcaldes y alcaldes que colocaban al magisterio según fidelidad partidista—, el liberalismo colombiano adoptó como línea programática lo que llamó "la vocación docente del liberalismo". La expresión se formalizó en el plan de labores del partido en 1916, en su plataforma de 1917, y aún se reiteraría en la convención de Ibagué de 1932.
La lógica era simple. Si la burocracia estaba cerrada y las elecciones amañadas contra ellos, los liberales encontrarían en la educación un espacio de influencia social a largo plazo. Formar generaciones enteras de jóvenes de la élite fuera del control eclesiástico equivalía, con el tiempo, a rehacer la clase dirigente. Los educadores liberales abrieron instituciones privadas de secundaria para las familias que no querían educación confesional; y en un país donde la secundaria estaba mayoritariamente en manos de colegios religiosos, esa apertura tenía consecuencias.
El Gimnasio Moderno fue señalado como el ejemplo más destacado de esa vocación docente en los niveles elementales y medios; la Universidad Libre, fundada en 1923, sería su equivalente en la educación superior. Nieto Caballero se movió, por tanto, en el interior de una estrategia partidista que le daba sentido y respaldo. No era un pedagogo apolítico tolerado por casualidad: era el agente más eficaz de un proyecto de recuperación liberal cuyo horizonte último era el poder.
Esta constatación matiza cualquier retrato beato. La moderación táctica —no confrontar directamente el monopolio eclesiástico sobre la escuela pública, operar en el nicho privado— no debe confundirse con ambigüedad ideológica. Nieto Caballero sabía lo que hacía y para qué lo hacía. La cuestión es que, en la Colombia del Concordato, hacerlo desde la escuela pública era imposible; hacerlo desde una escuela privada en el norte de Bogotá, en cambio, resultaba viable.
El límite del reformador y el nicho privado
La condición de posibilidad del Gimnasio Moderno fue, en cierto modo, un descuido estratégico de la Iglesia. Al descansar sobre el control del sistema educativo oficial —garantizado por el artículo 41 de la Constitución y por los artículos 12 y 13 del Concordato—, la Iglesia colombiana no desarrolló un aparato propio de evangelización ni una labor intelectual robusta de defensa de la fe. Se apoyó en el monopolio público y en la enseñanza confesional de las órdenes religiosas, pero dejó a los reformadores laicos un margen en la secundaria privada de élite que los liberales pudieron ocupar sin provocar una confrontación abierta.
Vale la pena recordar cómo terminaron las confrontaciones abiertas anteriores. En 1876, cuando el liberalismo radical contrató una misión pedagógica alemana para crear escuelas primarias laicas en toda la federación, el Partido Conservador y la Iglesia respondieron con una guerra civil. Ese precedente pesaba. Nieto Caballero, formado en la generación centenarista que aborrecía el sectarismo, y trabajando en un país donde la retórica antiliberal desde el púlpito —especialmente intensa en Antioquia, donde se equiparaba el liberalismo con la herejía— no había desaparecido, entendió que la vía era el ejemplo silencioso, el colegio que funciona, el egresado que triunfa. No la ley que se impone.
Esta lectura obliga a reconocer también un componente incómodo: la reforma de Nieto Caballero fue estructuralmente un proyecto de distinción de clase. La pedagogía activa, la arquitectura de Farrington, el higienismo europeo, la educación física servían para formar a los hijos de la élite liberal bogotana —apellidos de la Conquista, barrios del norte, sastres londinenses— en un ethos moderno que los diferenciara de la masa escolarizada bajo los catecismos del padre Astete y los manuales jesuitas. La democratización educativa no era, ni podía ser, su objetivo primario mientras la Constitución del 86 rigiera. Fue, en cambio, la construcción de una élite alternativa: laica, europeizante, higiénica, competente en idiomas y deportes, destinada a reemplazar a la élite conservadora en la conducción del país cuando el ciclo político girase.
Ese giro ocurrió en 1930.
La red: prensa, colegios, cargos
Antes de llegar a 1930, conviene mapear la red donde Nieto Caballero se movía, porque ninguna reforma pedagógica prospera sola. El nodo central era la generación centenarista y sus continuadores. Tomás Rueda Vargas, militante liberal, ejerció una influencia cultural extendida: fue rector del Colegio Mayor de San Bartolomé y del Gimnasio Moderno, dirigió El Tiempo y la Biblioteca Nacional, y sus conferencias sobre La sabana tuvieron múltiples reediciones. Eduardo Santos, desde El Tiempo, controvertía sistemáticamente con el conservatismo e impulsaría la campaña de Enrique Olaya Herrera hasta la transición de 1930. Luis López de Mesa, cofundador de Trofeos con Nieto Caballero, se convertiría en una figura intelectual de primera línea.
Ese entramado —colegios de élite, periódicos liberales, biblioteca nacional, cargos culturales— funcionaba como un sistema. Un joven formado en el Gimnasio Moderno leía El Tiempo, después estudiaba con profesores conectados con la red, y en su momento asumía posiciones institucionales. La reforma pedagógica no era solo un método de enseñanza: era un circuito de reproducción social alternativo al que ofrecía el eje conservador-eclesiástico. Finalizando los años diez, ese circuito ya era denso; y cuando la generación centenarista comenzó a ser cuestionada, hacia el final de la década, por jóvenes irreverentes que reclamaban relevo, Nieto Caballero era ya un actor consolidado, con institución propia y prestigio pedagógico ganado.
1930 y el paso a la reforma pública
En 1930, un candidato presidencial liberal, Enrique Olaya Herrera, venció a un campo conservador dividido y devolvió al Partido Liberal al poder por primera vez en casi medio siglo. La transición se logró sin ruptura violenta: la reforma de 1910 había atraído a buena parte del liberalismo al camino de la legalidad constitucional, y en 1930 ese camino rindió su fruto. Historiadores posteriores han tendido a subestimar el gobierno de Olaya, sugiriendo que "nada ocurrió" entre 1930 y 1934 salvo la transferencia del poder de un conservador dividido a un liberal moderado. Es una lectura injusta: fue en ese gobierno cuando la educación nacional recobró atención estatal, con propuestas como una campaña nacional de alfabetización, y cuando figuras como Nieto Caballero pasaron a ocupar posiciones desde las cuales podían empezar a rehacer, ya no solo el nicho privado, sino el sistema público.
El salto cualitativo llegó con Alfonso López Pumarejo (1934-1938) y su "Revolución en Marcha". López buscó transformar pacífica pero radicalmente la sociedad colombiana mediante reforma tributaria, reforma agraria y democratización de la educación. Formó un primer gabinete de jóvenes intelectuales menores de treinta y ocho años —Alberto Lleras con veintiocho, Plinio Mendoza Neira, Antonio Rocha, Jorge Soto del Corral, Darío Echandía— e impulsó las transformaciones que el país había aplazado desde el 86.
Dos gestos fueron decisivos para el mundo de Nieto Caballero. Primero, la dotación de la Universidad Nacional con un campus moderno —la Ciudad Universitaria—, la apertura a la mujer, la creación de nuevas facultades e institutos de investigación y la consagración de la libertad de cátedra. Segundo, la reforma constitucional de 1936, que suprimió el artículo que establecía la protección estatal a la Religión Católica como elemento esencial del orden social. La reforma no eliminó la confesionalidad —consagró la libertad de conciencia y cultos, pero mantuvo la restricción de que las prácticas no fueran contrarias a la moral católica ni a las leyes—, pero era la primera fisura seria al pacto de 1886.
En ese marco, Nieto Caballero pasó a integrar el circuito estatal de la reforma pedagógica. La misión de pedagogos alemanes que había llegado a Colombia en 1924, respaldada por el ministro de Instrucción Pública, se había desplegado en un contexto ambiguo: las reformas económicas y administrativas —la misión Kemmerer, por ejemplo— habían contado con mayor respaldo gubernamental que las educativas, y la misión pedagógica había enfrentado las ambigüedades del gobierno conservador de Pedro Nel Ospina. Con los liberales en el poder, esa ambigüedad se disolvió. El proyecto de una escuela activa, científica, higiénica, laica dejó de ser una excentricidad del Gimnasio Moderno para convertirse en política oficial.
Ese salto tuvo un precio inmediato: el conflicto abierto con la jerarquía eclesiástica. El liberalismo fue condenado por defender la escuela laica, el monopolio del Estado en educación, el matrimonio civil y el divorcio vincular, la libertad de cultos y la separación de Iglesia y Estado. Esa condena, vigente aún en 1955, marcó el resto del siglo. El concordato negociado por Darío Echandía en el Vaticano y suscrito el 22 de abril de 1942 bajo el gobierno de Eduardo Santos —un intento moderado de renegociar los términos de 1887— nunca entró en vigor: el conservatismo, mediante su bancada, impidió el canje de notas de ratificación. Cuando El Siglo atacó el nombramiento de Echandía como embajador ante el Vaticano alegando su pertenencia a la masonería —y luego rectificó dos días después—, quedó claro que la cuestión religiosa seguía siendo el punto neurálgico del conflicto partidista.
Nieto Caballero atravesó esos años en el interior del proyecto liberal, ocupando cargos, asesorando, escribiendo. No es en él, sin embargo, en quien la Revolución en Marcha se identifica: los grandes nombres visibles son los de López, Lleras Camargo, Echandía. Su papel fue de otra escala: el pedagogo respetado, la figura tutelar, el hombre que había demostrado en el Gimnasio, veinte años antes, que la escuela activa funcionaba.
La domesticación y los límites
Un rasgo poco elogiado de la República Liberal permite entender también los límites del propio Nieto Caballero. López Pumarejo entregó puestos burocráticos a jóvenes intelectuales que se decían de izquierda o habían militado en ella, pidiéndoles no abandonar el lenguaje socializante. La estrategia condujo a lo que se ha denominado "la domesticación del movimiento inconforme": la izquierda intelectual fue absorbida por el aparato liberal, y su radicalidad se atenuó hasta perder filo.
Ese patrón se repitió en el ámbito educativo. La reforma pedagógica que Nieto Caballero había ensayado con éxito en el nicho privado —una escuela activa, laica, higiénica, moderna— fue asumida por el liberalismo oficial en clave moderada. Se abrieron facultades, se secularizaron parcialmente los planes, se rompió el monopolio absoluto de la Iglesia, pero el sistema educativo público no fue rehecho desde sus cimientos ni alcanzó a democratizarse en la escala que habría exigido una nación mayoritariamente analfabeta. La reforma se detuvo en el punto en que empezaba a amenazar el orden social profundo, y ese punto se alcanzó pronto.
Nieto Caballero, en ese sentido, no fue un revolucionario frustrado sino un reformador coherente: había construido una alternativa para las élites y ese proyecto, en la escala en que fue concebido, se cumplió. Lo que no ocurrió fue la extensión masiva de su modelo al sistema público, y esa limitación fue, en parte, estructural —la Iglesia mantuvo un peso considerable incluso después de 1936— y en parte elección política del liberalismo, que prefirió pactar con el conservatismo antes que forzar un enfrentamiento como el de 1876.
El Frente Nacional y la trayectoria tardía
La Violencia que estalló hacia finales de los años cuarenta y desangró al país durante más de una década no produjo, contra lo que su magnitud haría esperar, reformas económicas o sociales estructurales. Produjo, en cambio, un acuerdo entre los líderes de los dos partidos tradicionales para compartir el poder político nacional: el Frente Nacional, que rigió desde 1958. Nieto Caballero llegó a esa etapa como una figura tutelar, respetada por ambos partidos, símbolo de un liberalismo pedagógico ya sin dientes.
El Frente Nacional fue duramente criticado por sus disidentes. Alfonso López Michelsen —hijo del artífice de la Revolución en Marcha— fundó a finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta el Movimiento Revolucionario Liberal, MRL, la disidencia rebelde del liberalismo, y desde su periódico La Calle se convirtió en el más elocuente crítico del pacto bipartidista, asociado por el MRL con las "tinieblas del bipartidismo". Aquella crítica apuntaba a un problema real: los partidos que habían sido formados un siglo antes como expresiones de intereses opuestos de las clases dominantes se habían fusionado, en la práctica, en una alternancia pactada que congelaba la vida política.
Nieto Caballero no fue el crítico de esa alternancia. Fue, en cierto modo, uno de sus beneficiarios simbólicos: la generación que él había educado, y el modelo pedagógico que había defendido, se habían impuesto como sentido común de la clase dirigente. El Gimnasio Moderno seguía funcionando; sus egresados ocupaban ministerios, embajadas, direcciones de diarios, cátedras universitarias. La reforma silenciosa iniciada en 1914 había producido, cincuenta años después, la élite que gobernaba el país.
Murió en Bogotá en 1975, a los ochenta y seis años. Había visto pasar la Regeneración tardía, la caída de la hegemonía conservadora, la Revolución en Marcha, la Violencia, el Frente Nacional. Había educado, directa o indirectamente, a buena parte de quienes tomaron decisiones en cada una de esas etapas.
Huella y disputa
La huella de Nieto Caballero se mide en dos escalas distintas y a veces incompatibles.
En la escala institucional, es incontestable. El Gimnasio Moderno sigue siendo, más de un siglo después de su fundación, uno de los colegios más prestigiosos del país. La pedagogía activa, la educación física, el higienismo, la formación integral que él introdujo son hoy lugares comunes de la educación colombiana, hasta el punto de que cuesta imaginar que alguna vez fueron subversivos. El paso del catecismo memorizado a la excursión, del castigo al proyecto, de la disciplina exterior a la motivación interna: esa transformación tiene, en Colombia, uno de sus nombres propios en Nieto Caballero.
En la escala crítica, sin embargo, su obra invita a preguntas más incómodas. ¿Democratizó la educación colombiana o refinó la formación de una élite alternativa? ¿Fue un reformador cuya moderación era estratégica o un pedagogo cuyo horizonte social nunca desbordó los límites del liberalismo censitario en el que se formó? ¿Cuánto de la persistencia de la desigualdad educativa colombiana —esa distancia abismal entre los colegios del norte de Bogotá y las escuelas rurales del país— tiene que ver con que la mejor pedagogía colombiana del siglo XX se pensó, se ensayó y se consolidó como pedagogía para una fracción?
La respuesta honesta reconoce ambas caras. Nieto Caballero hizo lo que era posible en su tiempo y en su clase, y lo hizo con una consistencia que pocos reformadores colombianos han igualado. Introdujo Decroly, Montessori y Dewey en un país gobernado desde el púlpito, y lo hizo sin provocar una nueva guerra civil. Es un logro considerable. Pero la reforma que él encarnó nunca llegó, en la escala en que él la ensayó, al niño de la escuela rural bajo el catecismo del padre Astete. Ese niño esperó otros procesos, más lentos y menos elegantes, para llegar a una educación que se le pareciera al Gimnasio Moderno. Y en muchos casos, sigue esperando.
Esa es la doble condición de Nieto Caballero: reformador auténtico de un liberalismo que quiso modernizar Colombia sin romperla, y precisamente por eso, reformador cuyo modelo se detuvo en las fronteras de su clase. Fundador de una institución que cambió el modo en que las élites colombianas se piensan a sí mismas, y por lo mismo, autor involuntario de una brecha educativa que ninguna reforma posterior ha cerrado del todo. La historia de la educación colombiana en el siglo XX no se puede contar sin él, pero tampoco se puede contar solo con él. Su biografía, entendida en esos dos registros, deja al lector no un héroe ni un culpable, sino un caso ejemplar de cómo se reforma en Colombia: por los bordes, desde arriba, con paciencia, y con costos que apenas ahora empezamos a medir.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
39 documentos · 56 fragmentos01Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 2291 cita
[1]de 1906 está circulando la "REVISTA NACIONAL DE AGRI CULTURA" como "órgano de la Sociedad de Agricultores de Colombia". Lleva edita dos más de 88 0 números. La dirige el secretario general de la SAC. Su contenido trata sobre abonos y fertilizantes, ganados, avicultura, desarrollo agrícola e información sobre las…
p. 229
02Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · Páginas 27, 442 citas
[2]post he retained until 1930. 3 Olaya's career has been recounted in detail because it is representative of a generation of Colombian academicians, politicians, and intellectuals who shaped national events in the 1920s and 1930s. 4 Calling themselves the Centenarios (Centenarists) because their actions came 100 years…
p. 27
[38]ó, San Andr é s, and Guajira, a trip that initiated the extraordinary labors that he would continue during the L ó pez Pumarejo administration to promote and develop the territories. 61 Conclusion Overshadowed by the "Revolution on March" program of reforms embraced by L ó pez Pumarejo, the impact of Olaya Herrera's…
p. 44
03Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Páginas 28, 522 citas
[3]dando en el país suscitaron profundos debates en el campo intelectual de la época. A través de la prensa, de la cátedra, de la política, los intelectuales desempeñaron un papel de primer orden, pues sus intervenciones contribuyeron en muy buena medida a reconfigurar la sociedad colombiana. A finales de los años diez,…
p. 28
[23]dirección de un joven profesor de Princeton, Edwin Walter Kemmerer, experto en 60. Kalmanovitz, Salomón, López Enciso, Enrique, La agricultura colombiana en el siglo XX, Bogotá, Fondo de Cultura Económica, Banco de la República, 2006, p. 73. historia de colombia contemporánea (1920-2010) 52 cuestiones económicas y en…
p. 52
04Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · Página 191 cita
[4]relation to the connection with the world beyond geographical borders; the twen - tieth century opened the doors of the territory, thanks to coffee, in a process that brought rapid changes in social organization. The conditions for entering the new century were unfavorable for the country in the midst of the last…
p. 19
05Cuatro ensayos sobre historia social y política de Colombia en el siglo XXMaría del Pilar Zuluaga, Rodrigo Hernán Torrejano, Susana Inés Ojeda, Franz Flórez · 2007 · Página 131 cita
[5]estaba conformado por el tranvía, que se había puesto al servicio a fines del siglo xix. Sólo en 1910 empezaron a aparecer los primeros automóviles en la ciudad, aunque eran bastante escasos debido a su alto costo. Para mediados del siglo xix, Bogotá se encontraba en un aislamiento al que la so - metía su ubicación…
p. 13
06Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Páginas 120, 1242 citas
[6]ejemplo de lo que llegó a generar estos desacuerdos fue la guerra civil de 1876: se gestó, entre otras razones, por el desacuerdo manifiesto del Partido Conservador y la Iglesia católica con las reformas educativas introducidas desde 1870 por el liberalismo radical en el poder, que impuso la enseñanza laica, la…
p. 124
[47]los limitó a solo aquellos que no fueran contrarios a la moral cristiana y a las leyes (Artículo 40), y en su Artículo 38 estableció con claridad lo que será dominante durante los siguientes cincuenta años: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que…
p. 120
07Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Páginas 270, 2742 citas
[7]la Santa Sede en 1887, dar í an a la Iglesia Cat ó lica el control completo de la educaci ó n por lo menos hasta 1930, é poca en que los gobiernos liberales iniciaron una recupera ci ó n de las prerrogativas del Estado en materias educativas a. MANUAL DE HISTORIA III 279 5 ¡ 1 art í culo 41 de la Constituci ó n de…
p. 270
[22]p á g. 148. H.. HWM/W'O DE LA ESCUELA NUEVA El per í odo de gobierno del general Pedro Nel Ospina (1922. 1926) ha sido considerado como punto de partida del moderno proceso de industrializaci ó n de Colombia y como una etapa da notables cambios en la vida social y pol í tica del pa í s. É ste recibe la indemnizaci ó n…
p. 274
08De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 41, 692 citas
[8]tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…
p. 41
[12]se le permite al clero que participe en esta cia. e de política, sino que es de su estricta obli- gación el hacerlo/? Aquí, pues. vemos el argumento no ólo contra el liberalismo (nada nuevo se ofrece realmente en este año), sino también el argumento para involucrarse en la políti- ca: el arzobispo definió la política…
p. 69
09De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 41, 692 citas
[9]papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…
p. 41
[13]buenas costumbres. no sólo se le permite al clero que participe en esta cia. e de política, sino que es de su estricta obli- gación el hacerlo/? Aquí, pues. vemos el argumento no ólo contra el liberalismo (nada nuevo se ofrece realmente en este año), sino también el argumento para involucrarse en la políti- ca: el…
p. 69
10Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 162, 1682 citas
[10]cordato de 1887: “En las universidades y en los colegios, en las escuelas y en los demás centros de enseñanza, la educación e instrucción pública se organizará y dirigirá en conformidad con los dogmas y la moral de la Religión Católica” (tomado de José David Cortés Guerrero, “Regeneración, intransigencia y régimen de…
p. 162
[34]Ángel Osorio, Ricardo Arenales, etcétera) iba registrando el horror de varios regímenes políticos de Centroamérica y los desastres originados por huracanes o terremotos que se despachaban comunidades enteras. 16 Véase de David Jiménez, Poesía y canon: los poetas como críticos en la formación del canon de la poesía…
p. 168
11Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Páginas 333, 3542 citas
[11]V que pertenecían a la derecha del par- tido de la derecha. Es decir, que esa división expresaba la antigua pugna conservadora entre históricos y nacio- nalistas, los problemas generacionales del partido y, por supuesto, las diver- gencias ideológicas. Los enfrentamientos con la Iglesia En las relaciones entre la…
p. 333
[43]mente las labores y con injerencia en los cuerpos de dirección de los dife- rentes estamentos universitarios: la Universidad abrió sus puertas a la mu- jer. Pero además, López dedicó todos sus esfuerzos a dotar a la Universidad de un campus, de una sede espaciosa que le permitiera futuros desarrollos. De allí la…
p. 354
12Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3521 cita
[14]aumentando equi- tativamente cuando mejore la situa- ción fiscal. Esta renta se destinará al auxilio de diócesis, cabildos, semina- rios, misiones y otras obras eclesiásti- cas. En resumen, la Iglesia hace conce- siones sobre sus derechos económicos a cambio del monopolio en el aparato educativo; esto significó un…
p. 352
13Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Páginas 58, 2162 citas
[15]and so paved the way for the era of bloodshed and disaster that devastated the country in our days. He later adds In a land like Antioquia, where the Masonic tradition is completely unknown, the clergy raged about it every day, painting it in the most hateful colours and declaring that masonry and liberalism were one…
p. 58
[29]equivalent to a secondary education certificate. From the Brothers had govern- ment authorization to award the Bachiller en Ciencias and the Bachiller en Filosofía y Letras high-school degrees. The San José School became famous for its Natural History Museum, opened in by Brother Nicéforo María. By the time…
p. 216
14Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Páginas 58, 2162 citas
[16]and so paved the way for the era of bloodshed and disaster that devastated the country in our days. He later adds In a land like Antioquia, where the Masonic tradition is completely unknown, the clergy raged about it every day, painting it in the most hateful colours and declaring that masonry and liberalism were one…
p. 58
[30]equivalent to a secondary education certificate. From the Brothers had govern- ment authorization to award the Bachiller en Ciencias and the Bachiller en Filosofía y Letras high-school degrees. The San José School became famous for its Natural History Museum, opened in by Brother Nicéforo María. By the time…
p. 216
15Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 861 cita
[17]partido opuesto al de gobierno; sin embargo, desde 1886 un rasgo dominante del sistema político colombiano fue la homogeneidad de la burocracia: apoyados en el centralismo extremo, los presidentes conservadores nombraban gobernadores, que, a su vez, nombraban alcaldes, que nombraban todos los empleados operativos del…
p. 86
16El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 1261 cita
[18]perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…
p. 126
17Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Páginas 76, 832 citas
[19]el camino con los es- fuerzos docentes del liberalismo, que excluido en buena parte de la buro- cracia y el Parlamento, había tenido que descubrir como estrategia de re- cuperación del poder, lo que se ha lla- mado «la vocación docente del libe- ralismo», anunciada ya en el plan de labores de 1916, en la plataforma de…
p. 83
[24]y el bordado para las mujeres, grupo de conoci- mientos que tiene un parecido asom- broso con lo que fue usual en las es- cuelas de primeras letras durante el si- glo XVIII en la sociedad colonial. Por su parte el programa de estudios en las escuelas urbanas, medio en el que tan sólo habitaba un 18 % de la población…
p. 76
18Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1841 cita
[20]las ciudades la asistencia era de nueve a ñ os. La secundaria, en ciudades intermedias y grandes, qued ó en manos de colegios privados, usualmente religiosos, aunque edu cadores liberales abrieron instituciones privadas para los que no quer í an educaci ó n confesional. En Bogot á, Medell í n, Cali y otras ciudades,…
p. 184
19La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · Página 371 cita
[21]élite colombiana. Tomás Barrero 38 El modelo que ataca el republicanismo es el escolástico, funda- mentado en la autoridad y la memorización; es decir, el modelo en el que se educó Suárez. El nuevo sistema educativo se opone a la vieja rutina del miedo y la autoridad, pero, recuérdese, esa rutina ha estado…
p. 37
20Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Páginas 189, 3522 citas
[25]Nueva Historia de Colombia. Vol. VI 188 Hogar Escuela de San Antonio, Bogotá, construido a comienzos de siglo por Julián Lombana. Las construcciones para la educa- ción y la salud tuvieron un impulso se- mejante al de los edificios públicos. En Bogotá se edificaron sedes para al- gunas dependencias de la Universidad…
p. 189
[32]condiciones, dando aviso por es- crito a los padres respectivos. »Artículo 61. — Los maestros de- ben habituar a sus discípulos a que guarden posición natural y correcta durante las lecciones. Después de cada una de éstas es necesario que los niños ejecuten algunos ejercicios gim- násticos: flexiones y extensiones de…
p. 352
21Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Páginas 205, 2132 citas
[26]estudio, por lo que a inicios del siglo xx en Colombia esta comenzó a ser vista como la etapa más importante del desarrollo humano. En este caso, algunos pedagogos como Gabriel Anzola y el médico Miguel Jiménez López propusieron que la implementación de una pe - dagogía activa (juegos, gimnasia y excursiones) podría…
p. 205
[28]la precaución que tenía Tomás Rueda Vargas con la idea de contratar a un profesor de educación física extranjero, debido a que se podrían sentar las bases de la creación de un deportista profesional en la sociedad colombiana. Mi querido Agustín: […] La parte referente a educación física la leí a los muchachos [...] He…
p. 213
22Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 2971 cita
[27]por lo tanto, invertido directamente en el reparto y el juego de las fuerzas... poder que no está ligado al desconocimiento sino que, al contrario, sólo puede funcionar gracias a la formación de un saber, que es para él tanto un efecto como una condición de su ejercicio (Foucault, 2000a; 55-59). Una genealogía del…
p. 297
23Viaje a pieFernando González · 2016 · Página 361 cita
[31]verifica por sus ritmos; es porque unidos son importantísimos para la economía del universo. Por el ritmo podrían calificarse los hombres… Respirábamos el aire de la mañana como buenos pro- fesores de gimnasia sueca. Esas inspiraciones hondas nos traían las mismas emociones que producen en todos los que han gastado…
p. 36
24Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 81 cita
[33]pasado idílico que se respira en casi todas sus páginas, que encuentra un momento de síntesis en “Todo tiempo pasado fue mejor” (1918) y en “A través de la vidriera” (1938). La difusión y aceptación de este tipo de interpretaciones a través de la autoridad escolar que constituía la presencia de Rueda Vargas en las…
p. 8
25La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Páginas 49, 532 citas
[35]Resuelto a colocarse por encima de quienes habían ensangrentado el territorio nacional con una violencia de que estaba harto el país”. 99 Ejercía una enorme influencia a través de su periódico El Tiempo, el cual utilizó para controvertir con el Partido Conservador e impulsar la campaña y posterior victoria de Enrique…
p. 53
[40]pago de la deuda externa”. 90 A pesar de lo anterior y teniendo en cuenta las limitaciones del erario públi - co, el Gobierno propuso algunas alternativas para luchar contra el analfabetismo, lo cual estaba directamente vinculado con los aspectos culturales de la nación. La 88 Latorre Rueda, “1930-1934. Olaya Herrera:…
p. 49
26Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 1691 cita
[36]manes, italianos, colombianos...; en su Idola Fori, obra de mucha influen- cia en la Generación del Centenario, la influencia quizás más notable es la del uruguayo Rodó. Carlos Uribe Ce- lis, en su reciente libro Los años veinte en Colombia, ideología y cultura, se- ñala la persistente influencia de Taine y de la…
p. 169
27Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · Página 501 cita
[37]politics. 13 Lleras found Colombia in the midst of monumental changes. Months after his homecoming, the Liberal presidential candidate beat a divided Conservative fi eld, returning the Liberal Party to power for the fi rst time in nearly half a century. To Lleras, this epochal shift paled next to the accelerating pace…
p. 50
28Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 721 cita
[39]crecimiento económico. Con este objeto trajo a su Gobierno un programa completo de reforma social y un nuevo grupo de intelectuales y administradores para que lo ejecutaran. Su primer gabinete no incluía ninguno de los grandes líderes del Partido Liberal. Estaba compuesto de jóvenes in- telectuales como Alberto…
p. 72
29El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 492 citas
[41]pretendió renovar las estructuras de un Estado anquilosado, con rezagos colonialistas, excluyente y violento. Quiso intentar su “New deal”. Pragmático y dogmático, ningún otro presidente en la historia colombiana ha sido tan controvertido. Llamando a su gobierno la “Revolución en Marcha”, buscó la armonía social…
p. 49
[42]pretendió renovar las estructuras de un Estado anquilosado, con rezagos colonialistas, excluyente y violento. Quiso intentar su “New deal”. Pragmático y dogmático, ningún otro presidente en la historia colombiana ha sido tan controvertido. Llamando a su gobierno la “Revolución en Marcha”, buscó la armonía social…
p. 49
30Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 204, 2062 citas
[44]López Pumarejo ante el presidente del Congreso, Laureano Gó- mez. Desde ese momento, López dejó claro su pro- pósito de adelantar la Revolución en Marcha. Senado de la República y sancionada por el presi- dente el día 30 del mismo mes y año, y aparecer en el Diario Oficial del 21 de enero de 1937, sólo empezó a regir…
p. 204
[48]fundar una economía agrícola de granjeros. Dada la división parti- dista, no se generaron más transformaciones en aras de mantener estable al país. Al go- bierno se le acusó de comunista, marxista y socialista, cuando verdaderamente sólo tenía un cariz liberal reformista. campus integrado y moderno, donde además de…
p. 206
31Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 1491 cita
[45]ren dió los sec retos d e la l eng ua en clases particu lares con Miguel Antonio Caro, maes tr o del arte retórica. A las des tr ezas m ov ilizadoras de Ola ya y a la publicidad de sus reformas laborales, J.ú p ez añad ió un a hábil manipula ci ón lexico- 149 150 Marco Paúzcios gráfica de hondo ca lado popul ar. Como…
p. 149
32Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 151 cita
[46]primer presi- dente liberal. Siguié entonces su activa vida politica, ocupando los siguientes cargos: secretario de la de- legaci6n de Colombia en la Conferencia de Mon- tevideo en el afio 1934; secretario de la misién que acompani al presidente electo, doctor Alfonso Lé- pez, en su visita a los Estados Unidos,…
p. 15
33La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · Página 1501 cita
[49]y catolicismo integral en Colombia. La reforma religiosa de López Pumarejo” en Historia crítica. N. 19, enero-junio 2000. pp- 68-106. http://www.lablaa.org/blaa- virtual/letra-r/rhcritica/arias2.htm#_ftn14 235 Conferencias Episcopales de Colombia, t. I (1908-1953), Bogotá, Secretariado Permanente del Epis- copado,…
p. 150
34Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 661 cita
[50]docentes públicos y privados, en orden a procurar el cumplimiento de los fines sociales de la cultura y la mejor formación intelectual, moral y física de los educandos” (art. 14). Las anteriores disposiciones, que tenían que ver con la Iglesia Católica, se desarrollaron luego con la firma del Concordato que negoció en…
p. 66
35Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · Página 3351 cita
[51]LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA Revolución Mexicana de 1910-1917. Empero, a düerencia de aquella otra gran guerra civil de la historia latinoamericana del presente siglo, el con flicto colombiano se resiste a ser comprendido como una revolución so cial. Los colombianos lucharon entre si bajo las banderas de dos…
p. 335
36Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · Página 1501 cita
[52]de la república, se crió en el medio aristocrático bogotano y se educó en ilustres universidades extranjeras. Pocas personas como él llegaron a tener privilegios, y ya en su juventud fue acusado de haber aprovechado la información confidencial que tenía el gobierno para hacer movimientos económicos en su propio…
p. 150
37El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 931 cita
[53]protestado abiertamente contra las ilegalidades de la Hegemonía y su intento de excluir al adversario; en esto no estuvo solo). Y en efecto los nuevos diseños tuvieron al menos dos consecuencias positivas e importantes. Primero, atrajeron al Parti do l iberal al camino de la legalidad. Aquí es necesario ser un poco…
p. 93
38El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · Página 2311 cita
[54]esta la misma ciudad que conoció Schultes cuando llegó por primera vez a Colombia en el otoño de 1941. Su población apenas sobrepasaba los trescientos mil habitantes y la ciudad pertenecía a un puñado de familias cuyos apellidos se remontaban a la Conquista. Vivían en el norte, en los barrios El Chicó y La Cabrera, en…
p. 231
39Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Páginas 79, 1322 citas
[55]Las nuevas élites de la ciudad distan mucho de aquellas que se concentraban alrededor del chocolate. En síntesis, la sociedad bogotana fue evolucionando a medida que sus hábitos de consumo incorporaban nuevas tendencias y modificaban sus formas de socialización. En 1813, se convidaba a tomar una taza de chocolate, en…
p. 79
[56]entre las calles 10ª y 15ª”, combinado con la construcción de “plazas privadas”, orientadas al consumo y disfrute de las élites de la ciudad. Mientras que las populares plazas de mercado continuaron siendo los espacios de consumo de las clases populares. Fuera del centro de la ciudad, el tranvía de “tracción animal”…
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