Idea · La Violencia
Bandolerismo
El bandolerismo fue la forma que tomó la violencia rural colombiana entre 1958 y 1965, cuando dejó de ser guerra civil bipartidista y todavía no era insurgencia revolucionaria, floreciendo en las vertientes cafeteras de la cordillera Central como expresión de cuadrillas armadas que combinaban filiación partidista heredada, venganza personal, servicio al gamonal y depredación económica.
Trayectoria de una idea
- 1946
Inicio del ciclo de La Violencia bipartidista
- 1953
Amnistía de Rojas Pinilla y fractura del campo armado
- 1958
Frente Nacional y política de rehabilitación fallida
- 1960
Auge del bandolerismo en las zonas cafeteras
- 1964
Transición hacia la insurgencia revolucionaria
La lectura
El bandolerismo colombiano no fue simple delincuencia rural ni guerrilla propiamente dicha: ocupó la zona ambigua entre la guerra bipartidista que se apagaba y la insurgencia revolucionaria que aún no encendía, habitada por hombres jóvenes cuya politización previa se había descompuesto en venganza, servicio al gamonal y depredación económica. Su geografía fue la de las vertientes cafeteras donde décadas de conflicto agrario habían dejado un tejido social en tensión: el mismo Tolima, el viejo Caldas y el norte del Valle que habían sido escenario de las luchas entre hacendados y colonos en los años veinte y treinta. Las dos palancas de su economía —el boleteo y el secuestro, intensificados en épocas de cosecha— revelaron que La Violencia tardía tenía un carácter visiblemente económico, inseparable del despojo de cerca de 393.648 parcelas que el Frente Nacional dejó intacto. Su extinción no fue una victoria del orden: fue el umbral desde el cual, sobre el mismo sustrato agrario no resuelto, se levantaron las guerrillas revolucionarias que definirían el conflicto colombiano durante el medio siglo siguiente.
El bandolerismo en Colombia
El bandolerismo fue la forma que tomó la violencia rural colombiana cuando dejó de ser guerra civil y todavía no era insurgencia revolucionaria. Entre 1958 y 1965, en las vertientes cafeteras de la cordillera Central —Tolima, viejo Caldas, norte del Valle, Quindío—, cuadrillas comandadas por hombres jóvenes con apodos que se volvieron leyenda —Chispas, Desquite, Sangrenegra, Efraín González, Pedro Brincos— sostuvieron una economía de boleteo, secuestro y asalto en las épocas de cosecha, cobrándose miles de muertes en los mismos departamentos donde La Violencia bipartidista había sido más cruda. No fueron bandidos comunes ni guerrilleros propiamente dichos: ocuparon una zona ambigua donde la filiación partidista heredada, la venganza personal, el servicio al gamonal y la depredación económica se confundían. Su historia importa porque explica el tránsito, nunca lineal, entre la guerra bipartidista de los años cuarenta y el conflicto insurgente que se instala en 1964; y porque muestra cómo el pacto del Frente Nacional resolvió el reparto del poder sin tocar las causas agrarias que habían encendido el país.
Qué fue el bandolerismo: una definición en disputa
Bandolerismo, en el vocabulario colombiano, no designa un delito común sino una modalidad específica de violencia que floreció en los intersticios del forcejeo entre poderes locales durante los años sesenta. Su rasgo distintivo fue haberse gestado en la disolución de las estructuras que habían integrado los grupos armados campesinos a proyectos partidistas nacionales: cuando esa correa de transmisión entre gamonales, jefes políticos y hombres armados se rompió —o cambió de forma bajo el Frente Nacional—, los combatientes que no se desmovilizaron ni se sumaron a las autodefensas comunistas quedaron reducidos a cuadrillas cuya sobrevivencia dependía del boleteo y el secuestro. Fueron esas dos modalidades las que le dieron a la fase tardía de La Violencia su carácter visiblemente económico.
Conviene distinguir el bandolerismo político —agrupaciones violentas que reivindicaron una filiación partidista y usaron las armas en la aniquilación del adversario— de otras variantes menos ideologizadas. Los Pájaros, brazo paramilitar conservador de finales de los cuarenta y los cincuenta, son el caso arquetípico de bandolerismo político, aunque su naturaleza revela la zona de superposición que atraviesa todo el fenómeno: fueron a la vez cuadrilla criminal, aparato paraestatal y milicia partidista. La Violencia colombiana, considerada en conjunto, combinó lucha partidista endémica, bandidaje, guerrillas y protesta social rural en un mismo tejido, y el bandolero fue precisamente el actor que habitó los pliegues entre esos registros.
La comparación con otras tradiciones latinoamericanas ilumina una tesis social: en los llanos venezolanos coloniales, el bandidaje —el abigeato, la fuga— fue expresión de los excluidos frente a las oligarquías dominantes, sin carácter propiamente político. Esa lectura cabe solo parcialmente en el caso colombiano. Aquí el bandolero no encarnó una protesta social nítida contra el orden agrario: fue, más bien, el producto tardío de una politización previa que se descompuso.
Las raíces largas: café, guerras civiles y despojo agrario
El terreno donde germinó el bandolerismo se venía preparando desde el siglo XIX. Las guerras civiles del último tercio decimonónico centralizaron represivamente las regiones, derrotaron los proyectos liberales federales y sentaron las bases de un mercado nacional al igualar los regímenes jurídicos, comerciales y tributarios de los antiguos Estados soberanos. En esas guerras se ensayaron ya prácticas que la Violencia del siglo XX heredaría: el reclutamiento forzoso de campesinos arrendatarios de las haciendas, la promesa incumplida —por parte de los latifundistas— de proteger a sus dependientes de esa leva, la utilización electoral y militar de la clientela rural.
Sobre ese sustrato se levantó la economía cafetera. Desde las últimas décadas del siglo XIX, el café se asentó en un régimen de haciendas en el occidente de Cundinamarca, los Santanderes, Antioquia y en menor medida el Valle del Cauca. A comienzos del siglo XX la frontera avanzó hacia el sur de Antioquia, el viejo Caldas, el norte del Valle y el Tolima, pero allí adoptó otra forma: la colonización antioqueña generó predominantemente pequeñas y medianas unidades productivas. Las haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima, en cambio, fueron escenario de las luchas agrarias de los años veinte y treinta —conflictos entre arrendatarios, aparceros, colonos y hacendados—, y su descomposición aceleró el desplazamiento del centro de gravedad cafetero hacia el occidente.
La Violencia fue más cruda precisamente allí: en el centro y norte del Tolima y en el antiguo Caldas, donde décadas de conflicto agrario habían dejado un tejido social en tensión. Esas fueron también las regiones de mayor despojo. Durante La Violencia se produjeron ventas forzadas de tierras, robos de cultivos y animales, y un patrón inconfundible: los desplazamientos y las muertes se intensificaban en épocas de cosecha. Notarios, especuladores y compradores de tierra jugaron un papel fundamental; los grupos armados creados en las zonas cafeteras funcionaron, entre otras cosas, como palanca para transferir propiedades. En total, la Violencia despojó cerca de 393.648 parcelas, sobre todo en Valle del Cauca, Cundinamarca, Tolima, Antiguo Caldas y Norte de Santander.
Sin esa historia agraria previa —haciendas cafeteras en descomposición, colonización con títulos precarios, gamonalismo bipartidista— el bandolerismo posterior no habría tenido geografía ni materia humana. Los bandoleros no cayeron del cielo: fueron los hijos de esa larga desposesión.
La Violencia bipartidista: chulavitas, Pájaros y el terror estatal
El detonante inmediato fue el ciclo abierto en 1946 con el retorno conservador al poder y radicalizado tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948. La primera fase del ciclo, entre 1946 y 1959, se caracterizó por el exterminio de los sectores que luchaban por un cambio social, empezando por el movimiento gaitanista. Se trataba de una guerra desde el Estado y desde los aparatos armados privados de un partido contra el otro, en la que la maquinaria oficial y las bandas partidistas se confundieron deliberadamente.
Dos figuras nombran esa maquinaria. Los chulavitas —matones adscritos a la policía y al ejército bajo el gobierno conservador, cuyo nombre venía de la vereda Chulavita, en el municipio de Boavita, norte de Boyacá— persiguieron a liberales y librepensadores desde la derrota liberal de 1946 hasta el golpe del general Rojas Pinilla en junio de 1953. Los Pájaros, grupo paramilitar conservador comandado por León María Lozano, alias El Cóndor, operaron como mercenarios volantes —"aves de paso"— que se desplazaban entre centros urbanos para cometer asesinatos selectivos, los llamados "trabajitos". Sus acciones clandestinas empezaron antes de 1950 y su control territorial abarcó el norte del Valle del Cauca, el noroccidente de Risaralda, Caldas y varios municipios del Quindío. Los Pájaros contaron con la complicidad de jueces que los absolvían aun ante pruebas fehacientes y ejercieron una presión judicial sostenida contra sectores liberales y comunistas.
El terror no fue solo paraestatal. Las fuerzas oficiales —comisiones mixtas de policía y ejército— perpetraron masacres de gran escala: en noviembre de 1950 incendiaron chozas indígenas en Ortega y Natagaima; en 1952 arrasaron casi totalmente Yacopí, en Cundinamarca; en abril de ese mismo año dejaron alrededor de 1.500 cadáveres en Las Rocas, jurisdicción de El Líbano, en el norte del Tolima; a comienzos de 1953 fusilaron a 140 campesinos en Villarrica. La sevicia sobre los cuerpos —mutilaciones, violencia sexual sobre los cadáveres, modalidades como el llamado "corte corbata"— fue componente sistemático de las operaciones de intimidación territorial, asociada sobre todo, aunque no de manera exclusiva, a las fuerzas conservadoras y policiales.
Como reacción a ese terror surgieron las guerrillas liberales, conformadas principalmente por jóvenes hijos de jornaleros y campesinos perseguidos. Guadalupe Salcedo levantó en los Llanos Orientales una fuerza que llegó a ser la más numerosa y disciplinada del país; Pabón la comandó en Urrao, Antioquia, desde comienzos de la década de 1950. La guerrilla del Llano se componía de campesinos desplazados de sus parcelas, familiares de víctimas del terror oficial, aparceros, peones, vaqueros y caporales; los hacendados liberales la patrocinaban solo en la medida en que actuara como guardián de sus hatos. Cuando la guerrilla empezó a imponer contribuciones forzosas a los ganaderos, ese respaldo se enfrió, y la puerta hacia la desmovilización quedó abierta.
La amnistía de Rojas y la fractura del campo armado
El golpe de Rojas Pinilla el 13 de junio de 1953 y su ofrecimiento de amnistía produjeron la primera gran fractura del campo insurgente. Una parte significativa de los guerrilleros liberales se desmovilizó: Guadalupe Salcedo y la mayoría de los mandos de los Llanos entregaron las armas. Pero los combatientes comunistas rechazaron acogerse: entregar las armas conquistadas les parecía traición, y su lectura del conflicto no cabía dentro del marco bipartidista que Rojas ofrecía restaurar.
Esa bifurcación de 1953 es clave para entender lo que vendría. De un lado, los excombatientes liberales que se reintegraron —muchos de ellos, con el tiempo, convertidos en agentes de los gamonales locales— quedaron disponibles para funciones ambiguas: unos volvieron al trabajo agrario, otros terminaron en la nómina informal de los caciques regionales, otros derivaron hacia el bandolerismo. Del otro lado, los núcleos comunistas —principalmente en el sur del Tolima, el Sumapaz y las zonas de colonización del Cauca y el Huila— mantuvieron sus armas y su estructura organizativa, adoptando una política que oscilaría cíclicamente entre autodefensa y guerrilla móvil según los cambios de la coyuntura nacional. Esa autonomía organizativa comunista, sostenida entre 1949 y 1964, sería el sustrato desde el cual, más tarde, se levantarían las FARC.
El Frente Nacional y la rehabilitación fallida
El Frente Nacional —pacto bipartidista entre liberales y conservadores iniciado con la Declaración de Benidorm en julio de 1956, formalizado en el Pacto de Sitges en 1957, y vigente entre 1958 y 1974— resolvió la guerra por arriba: alternancia presidencial cada cuatro años y distribución paritaria de cargos públicos. Pero por debajo, en el campo, la violencia no cesó. Entre 1958 y 1966 se registraron 18.481 víctimas computadas, y tres de cada cuatro se concentraron en Cauca, Huila, Tolima, Valle del Cauca y Viejo Caldas: los mismos departamentos donde la Violencia bipartidista había sido más cruda, ahora escenario de lo que se llamó la "segunda Violencia".
El primer gobierno del Frente Nacional, encabezado por Alberto Lleras Camargo, impulsó una política de rehabilitación que sobre el papel prometía integrar a los excombatientes y llevar Estado a las zonas devastadas. El Decreto 0328 suspendió la acción penal a condición de la reincorporación a la vida civil, la sujeción a la Constitución y la observancia de buena conducta. En septiembre de 1958, el Decreto 1718 creó la Comisión Especial de Rehabilitación, integrada por los ministros de Gobierno, Justicia, Guerra, Salud Pública, Educación, Obras Públicas y Agricultura, con José Gómez Pinzón como coordinador.
El plan funcionó a medias. Benefició a algunos jefes guerrilleros liberales, conservadores y comunistas —a quienes se ofrecieron obras, cargos, canonjías— y llevó infraestructura a determinadas comunidades. Pero los recursos fueron con frecuencia capturados por los gamonales locales, y los sectores más pobres —los aparceros sin tierra, los jornaleros desplazados, los hijos de las víctimas— quedaron por fuera. La rehabilitación se convirtió, en la práctica, en un mecanismo de reubicación y consolidación del gamonalismo bipartidista. En el sur del Tolima, la desmovilización de los guerrilleros liberales —los llamados "limpios"— fue conducida por Rafael Parga Cortés, alias Lord Parga, que persuadió a jefes como Leopoldo García, General Peligro, de deponer las armas. El resultado fue paradójico: esos jefes desmovilizados se convirtieron en agentes al servicio de los gamonales de la región, y sus antiguos hombres, muchos de ellos aparceros y arrendatarios de las haciendas liberales, quedaron disponibles para servir con armas en las disputas locales.
Un grupo de excombatientes emitió, hacia septiembre de 1958, un manifiesto declarando su disposición a colaborar con la pacificación de Lleras Camargo y afirmando que su comando no autorizaba ni patrocinaba ninguna acción armada. Al margen de ese proceso quedaron los núcleos comunistas: informes militares de septiembre de 1958 señalaban ya que Fermín Charry Rincón, alias Charro Negro, contaba con el respaldo del Partido Comunista y planeaba acciones armadas. La distancia entre la firma del manifiesto y la organización paralela era, desde el principio, un anuncio.
Sobre todo esto pesaba una omisión estructural: el problema agrario. El despojo de las 393.648 parcelas ocurrido durante la Violencia quedó intacto. Los notarios, especuladores y compradores que se habían beneficiado del terror conservaron sus adquisiciones. La reforma agraria no formó parte efectiva del programa del Frente Nacional en términos que alteraran esa estructura, y los campesinos despojados o desplazados se convirtieron en migrantes hacia zonas de colonización espontánea, engrosaron el ejército de desempleados urbanos o se incorporaron a filas armadas. De ese sedimento agrario no resuelto brotaron tanto las cuadrillas de bandoleros como las colonias comunistas que darían origen a las FARC.
Perfiles de los bandoleros: Chispas, Desquite, Efraín González
Las cuadrillas del bandolerismo tardío tuvieron rostros y nombres propios, y su biografía condensa la lógica del fenómeno.
Teófilo Rojas, alias Chispas, empezó su carrera armada como subalterno de Leonidas Borja, alias El Lobo. Cuando Borja aceptó la amnistía de Rojas Pinilla en 1953, Chispas rechazó la desmovilización y se trasladó al sur del Quindío para continuar la lucha. A comienzos de 1956 su cuadrilla contaba ya con ochenta integrantes, casi todos hijos de jornaleros. En 1962 operaba en la zona de Tenerife, jurisdicción de El Cerrito, con unos treinta efectivos y armamento que incluía subametralladoras, carabinas, fusiles, escopetas, pistolas, revólveres y granadas. Ese mismo año escribió una carta célebre a la reina de belleza Olga Lucía Botero declarando que su lucha sería en adelante "de pobres contra millonarios, de oprimidos contra opresores": un giro retórico notable, desde el anticomunismo militante de sus años iniciales hacia un lenguaje con acentos de conflicto de clase. Ese desplazamiento discursivo tardío no logró, sin embargo, construirle una base social estable: Chispas seguía viviendo del boleteo.
William Ángel Aranguren, Desquite, era hijo de campesinos de clase media-alta de Rovira, Tolima. Se hizo violento a mediados de los años cincuenta, tras el asesinato de su padre a manos de un conservador. Ganó notoriedad en 1957 al participar en una emboscada a un camión de la Compañía Colombiana de Tabaco: cuatro ocupantes muertos y una nómina de 20.000 pesos robada. Fue capturado y llevado a juicio junto con ocho cómplices. Tras recuperar la libertad, volvió a las armas y consolidó una cuadrilla en el norte del Tolima, en un corredor que iba de Rovira hacia Roncesvalles, Santa Isabel y la vertiente cordillerana. Su nombre quedó asociado a asaltos en carreteras, boleteo a caficultores y comerciantes, y a episodios de sevicia que la prensa amplificó hasta convertirlo en emblema del bandolero temible. Como Chispas, operó en la frontera móvil entre la lealtad partidista heredada, la venganza personal y la depredación económica, sin lograr articular una base social que trascendiera la coerción sobre los propietarios y campesinos de la zona. Fue dado de baja en 1964, y su cadáver, exhibido públicamente, se convirtió en una de las imágenes con las que el Estado ritualizó la clausura del ciclo. La combinación en Desquite —origen relativamente acomodado, relato de venganza filial, brutalidad económica, mitología popular— fue común entre los bandoleros célebres.
Efraín González fue la excepción conservadora en un panorama predominantemente liberal. Operó en Boyacá, con base en Chiquinquirá, y en Santander, y hacia 1963 contaba con unos treinta efectivos. Su muerte, en 1965, fue una operación desproporcionada: más de mil soldados y policías rodearon el área donde se refugiaba mientras unos dos mil curiosos presenciaban el operativo, que se prolongó por varias horas al anochecer y dejó cuatro soldados muertos y diez heridos. En el conjunto de la operación se dispararon entre 65.000 y 71.000 cartuchos, se utilizó un cañón antiaéreo de 40 milímetros y más de 150 granadas de fragmentación y gases. Un soldado le disparó a quemarropa después de que González saliera de la casa —una ejecución extrajudicial, en rigor—. La sobreactuación del despliegue no era gratuita: era el modo en que el Estado exhibía, ritualmente, el fin de una época.
Sobre todos ellos pesaba un rasgo psicológico común: el fatalismo. Los bandoleros sabían que serían muertos, y esa certeza los empujaba a causar el mayor daño posible a quienes consideraban enemigos. La colocación de precios sobre sus cabezas acrecentaba esa disposición. La lógica predatoria —boleteo, secuestro, asalto en cosechas— no era, para ellos, una elección: era la forma en que la sobrevivencia se acoplaba con la certeza de la muerte próxima.
La economía del bandolerismo: café, cosechas y territorio
El bandolerismo tuvo geografía y calendario. Se concentró en las zonas cafeteras de la cordillera Central —centro y norte del Tolima, antiguo Caldas, norte del Valle, Quindío, noroccidente de Risaralda— y sus acciones se intensificaban en las épocas de cosecha. Esa concordancia no era casual: la cosecha cafetera movía dinero en efectivo, jornales, transporte de sacos, presencia de compradores, y todo eso era materia para el boleteo —extorsión sistemática a propietarios y comerciantes— y para el asalto en carreteras.
En las zonas cafeteras, durante la fase aguda de la Violencia, se habían creado grupos armados conservadores y liberales cuya actividad estaba enredada con las ventas forzadas de tierras, los robos de cultivos y animales, y las presiones de desplazamiento. Notarios, especuladores y compradores jugaron un papel fundamental en la transferencia de propiedades. El bandolerismo tardío heredó parte de esa infraestructura: las cuadrillas de los años sesenta operaron sobre un territorio donde ya existían redes locales dispuestas a comprar tierras baratas, a proteger a los compradores, a intimidar a los reticentes.
La composición social de las cuadrillas fue consistente: los bandoleros llamados "limpios" —los de filiación liberal— eran principalmente aparceros, arrendatarios y jornaleros de haciendas de gamonales liberales, a quienes servían con armas. Esa relación no era de mera cooptación desde arriba: los gamonales usaban a las cuadrillas como instrumento de control electoral y económico, y las cuadrillas usaban a los gamonales como fuente de protección política y de información. Cuando el Frente Nacional integró a esas élites en un nuevo pacto de reparto, la utilidad política de las cuadrillas empezó a disminuir, y sus antiguos patronos comenzaron a mirarlas como problema en lugar de recurso. La criminalización posterior fue también, en parte, ese momento en que las élites locales descartaron un instrumento que había dejado de serles útil.
El Estado, la contrainsurgencia y las repúblicas independientes
El gobierno de Guillermo León Valencia (1962-1966) respondió a la violencia persistente con una alianza estrecha con Estados Unidos y el despliegue de un poderío militar considerable. Es en su período cuando cristaliza la estrategia contrainsurgente que marcaría el conflicto colombiano por décadas. El Plan Lazo articuló operaciones cívico-militares con guerra psicológica según la fórmula clásica: "El guerrillero es como pez en el agua; hay que quitarle el agua". Las reformas militares del período —el paso de puestos fijos a bases de patrullaje móvil, la extensión del servicio militar obligatorio a dos años, la Cátedra de Filosofía Militar como esfuerzo por elevar la formación política e intelectual de los cuadros— configuraban un aparato armado orientado a un enemigo interno.
La inteligencia militar, a través del Batallón de Inteligencia y Contrainteligencia y la Vigésima Brigada, desarrolló estrategias de eliminación de líderes guerrilleros o de quienes se presumían tales. Esas estrategias tomaron forma concreta en operaciones sucesivas: el Plan Ariete de 1961-1962, la Operación Soberanía o Cabezas contra Marquetalia entre 1962 y 1964, y la eliminación de Efraín González en 1965. En paralelo, durante el Frente Nacional se creó una batería de instrumentos legales que permitían la formación de autodefensas privadas conducidas por civiles y coordinadas por diferentes agencias de seguridad: un diseño institucional que sería fundamental para el desarrollo posterior del paramilitarismo. La alianza entre terratenientes y agencias de seguridad se consolidó como estructura permanente: los propietarios rurales colaboraban brindando información para localizar grupos armados, ofreciendo sus haciendas como base para las tropas, ayudando a levantar censos.
El senador conservador Álvaro Gómez Hurtado formuló en el Senado una denuncia que resultaría decisiva: la existencia de "repúblicas independientes" —territorios donde el Partido Comunista había establecido colonias agrícolas y autodefensas campesinas—. Marquetalia, en el sur del Tolima; Riochiquito, en el Cauca; El Pato, entre Huila y Caquetá; Guayabero. Que Gómez Hurtado transmitía en sus intervenciones quejas de latifundistas y sectores del clero era un dato conocido, pero la denominación cuajó y sirvió de justificación política para la ofensiva militar.
La Operación Marquetalia se inició el 27 de mayo de 1964, bajo el gobierno de Valencia, con participación del Ejército y la Fuerza Aérea. Manuel Marulanda Vélez y la mayoría de sus hombres lograron escapar del cerco. El 20 de julio de ese año redactaron su Programa Agrario y se constituyeron como Bloque Sur, comprometido con el derrocamiento del gobierno nacional. En 1966, en la Segunda Conferencia Guerrillera, el Bloque Sur se transformó formalmente en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Ese mismo año, un grupo de estudiantes colombianos que había recibido entrenamiento en Cuba en 1962 —bajo el impacto de la Revolución de enero de 1959— fundaba el Ejército de Liberación Nacional.
La respuesta estatal, en ese punto, no distinguía nítidamente entre bandolerismo y autodefensa comunista, y esa indiferenciación fue tanto militar como narrativa. Chispas, Sangrenegra, Desquite y Marulanda fueron tratados por el gobierno y por buena parte de la prensa como variedades de un mismo problema de orden público. La distinción, sin embargo, era estructural: las autodefensas comunistas tenían una trayectoria organizativa autónoma —la política cíclica del PCC, las colonias agrícolas, el Programa Agrario— claramente diferenciada de las cuadrillas de los bandoleros célebres. Lo que ocurrió entre 1964 y 1966 no fue la prolongación orgánica del bandolerismo en guerrilla revolucionaria, sino una convergencia contingente entre la miseria agraria no resuelta, la autonomía organizativa comunista y la decisión estatal de militarizar indiscriminadamente ambos fenómenos.
Huella y disputa: cómo se recuerda el bandolerismo
Hacia mediados de los años sesenta el bandolerismo, como fenómeno de masa, estaba liquidado militarmente. Chispas cayó en 1963, Desquite en 1964, Sangrenegra poco después, Efraín González en 1965. Los cadáveres, fotografiados y exhibidos, circularon como trofeos: la del Estado colombiano era una pedagogía visual del cierre de época, calcada del modo en que se había exhibido a Guadalupe Salcedo asesinado en Bogotá en 1957. Esa iconografía —el bandolero abatido, tendido sobre una manta, rodeado de soldados— es una de las primeras piezas del archivo popular en el que el fenómeno sobrevivió a su liquidación.
La memoria oral fue más ambivalente que la oficial. En las veredas del Tolima y el Quindío, los bandoleros circularon durante décadas como personajes de anécdota: el que perdonó a un arriero, el que fusiló a un mayordomo cobrador, el que dejó una viuda en cada pueblo. Los corridos y las coplas conservaron esa doble faz —el terror y la fascinación— sin resolverla en un juicio único. A diferencia del bandido social clásico —el que castiga al patrón abusivo, reparte entre los pobres, se convierte en héroe local—, el bandolero colombiano rara vez fue idealizado como redentor: la memoria popular lo recordó más como fuerza natural y calamitosa que como vengador de los humillados. Cuando hubo idealización, se concentró en figuras singulares —Efraín González entre los conservadores boyacenses y santandereanos, sobre todo, con su culto devocional en Chiquinquirá— y no en el fenómeno como conjunto.
La escritura le llegó pronto. La Violencia en Colombia, publicada en 1962 por Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, catalogó por primera vez la geografía, la sevicia y las cuadrillas del ciclo, y fijó una parte del vocabulario con el que después se hablaría del asunto. En narrativa, Gustavo Álvarez Gardeazábal levantó con Cóndores no entierran todos los días, de 1972, la figura del pajaro conservador León María Lozano —figura anterior y matriz del bandolerismo político posterior—; Pedro Gómez Valderrama, Manuel Mejía Vallejo y Arturo Alape trabajaron, en registros distintos, la materia del Tolima y el Quindío armados. El cine llegó después: la adaptación de Cóndores dirigida por Francisco Norden en 1984, y años más tarde El río de las tumbas, de Julio Luzardo, condensaron una imagen del país cafetero atravesado por la violencia que, más allá del rigor histórico particular de cada obra, cristalizó en la conciencia urbana lo que en el campo se recordaba en primera persona. Ese trayecto —de la crónica periodística de los cincuenta al catálogo sociológico de Guzmán, Fals Borda y Umaña, y de ahí a la novela y al cine— convirtió al bandolero en material literario nacional al mismo tiempo que lo alejaba de sus condiciones de posibilidad.
La disputa académica ha sido paralela. Una tradición, cercana a la sociología rural de los años sesenta y setenta, leyó el bandolerismo como forma degradada de protesta campesina, próxima al bandido social. Otra, más atenta a las estructuras clientelares, subrayó el papel del gamonal y la lógica del servicio armado a las élites locales, restándole al fenómeno cualquier lectura redentora. Una tercera —la que la investigación reciente sobre el despojo agrario ha consolidado— lo sitúa en el circuito de transferencia de tierras del que se beneficiaron notarios, comerciantes y compradores urbanos. Las tres lecturas describen fragmentos verdaderos del mismo objeto, y su coexistencia explica por qué el bandolerismo colombiano no cabe en las categorías comparadas del bandidaje latinoamericano sin dejar restos por fuera.
Los bandoleros colombianos no fueron, en su mayoría, expresiones de una protesta social articulada: fueron el residuo de una politización partidista previa que se descompuso, atrapados entre la lealtad heredada a un gamonal, la venganza personal y una economía predatoria que los cortaba de cualquier base social duradera de legitimidad. Su condena militar por el Frente Nacional fue el desenlace previsible de un fenómeno que había perdido, por su propia lógica, los apoyos que alguna vez lo sostuvieron.
Pero la disolución del bandolerismo no fue la disolución de sus causas. Quedaron en pie el despojo agrario, la estructura latifundista y la incapacidad del régimen bipartidista para integrar políticamente al campesinado. La institucionalidad de las autodefensas privadas coordinadas con agencias de seguridad, montada durante el Frente Nacional, se ramificó en los años siguientes. Las FARC, nacidas del cerco de Marquetalia, se consolidaron. El bandolerismo fue liquidado; el conflicto agrario que lo había hecho posible pasó a otras formas, con otros nombres y otras banderas, sobre la misma cordillera y las mismas veredas donde Chispas y Desquite habían cobrado sus cosechas.
En el archivo
2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01La Violencia1946–19571
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01La Violencia bipartidista (1946-1959): contexto de origen y sustrato político del bandolerismo
- 02Frente Nacional: pacto que resolvió el reparto del poder sin tocar las causas agrarias que alimentaron el bandolerismo
- 03Hacienda cafetera y despojo agrario: base económica y territorial sobre la que operaron las cuadrillas bandoleras
- 04Pájaros y chulavitas: expresiones del bandolerismo político conservador que precedieron y convivieron con el bandolerismo de los años sesenta
- 05Autodefensas campesinas y FARC: actores que se diferenciaron del bandolerismo al mantener un proyecto político organizado
- 06Gamonalismo y clientelismo armado: estructuras que integraron y luego disolvieron a los grupos armados, produciendo el bandolero como figura residual
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
59 documentos · 80 fragmentos
01Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 172, 2142 citas
[1]poder. En estas últimas resultaba casi imposible hacer tabla rasa del pasado. Ni siquiera se podría afirmar que la Violencia perteneciera al reino del pa- Un ejemplo característico de amenaza y boleteo, firmado por Efraín González. "Las bandas apelaron a formas que le dieron a la Violencia un carácter visiblemente…
p. 172
[2]en la lucha contra la represión, o garantizaban sus derechos de colo- nos frente al terrateniente. Los factores políticos e ideológicos mencionados se sumaban a los de ca- rácter sociológico. La llegada de una segunda generación de campesinos guerrilleros a las armas, golpeados desde su infancia por el espectro de las…
p. 214
02Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 52, 552 citas
[3]civiles conservadores contra los liberales. Esas aplanchadas eran hechas por los futuros Pájaros» 68. Si bien existen varias tipologías del denominado «bandolerismo», se asocia el bandolerismo político 69 con las agrupaciones violentas que reivindicaron una filiación política y usaron las armas en la aniquilación del…
p. 52
[23]violaban a las mujeres, haciéndoles todo lo que se les antojaba, y sin poder chistar palabra para evitar mayores tormentos [...] y yo entonces tenía sino escasos trece años, a mí me daba mucho miedo y me dolía todo lo que hacían, fue como me resolví a largarme de cerca de esas gentes tan malas, a ver si evitaba morir…
p. 55
03Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 29, 832 citas
[4]las intervenciones extranjeras del siglo XIX y quizás por eso pudo definir en el XX los perfiles de una revolución social (Knight, 1992, pp. 124-125). La Violencia en Colombia, entendida como una combinación de lucha partidista endémica, bandidaje, 5 Un buen punto de partida del problema se encuentra, por ejemplo, en…
p. 29
[43]labor patriótica de reconstruc ción moral y material de la nación, empeñado en desarrollar la campaña de paci ficación de la República, declaramos como compatriotas que luchamos en los años anteriores al 10 de mayo de 1957 contra las dictaduras despóticas que sem braron de ruina los campos y ciudades; no estamos…
p. 83
04Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1371 cita
[5]correrías de cuatreros. En- vuelto en un proceso de cuatrerismo, lo condenaron a cinco años de cárcel. Al recobrar la libertad, se encontró re- chazado de todas partes. Después se fue a Chillán con ánimo de estable- cerse definitivamente. Y allí la fatali- dad le salió al encuentro en un día de carreras, durante la…
p. 137
05Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 81 cita
[6]que se han adoptado aquí para la subdivisión cronológica del tema. De hecho, en sus comienzos en las últimas décadas del siglo XIX, la expan- sión cafetera se asentó sobre un régimen de haciendas, principalmente en el occi- dente de Cundinamarca, los Santande- res, Antioquia y en menor medida el Valle del Cauca. Sin…
p. 8
06El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 601 cita
[7]la caficultura conectó apartados intersticios de los Andes al Mar Caribe por el Río Magdalena y por ferrocarril al Océano Pacífico. Trescientos años después de la ocupación española, la colonización de ex- tensas vertientes de tierra templada, el hábitat natural del cafeto, anudó para siempre las tierras frías con las…
p. 60
07La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 342, 3462 citas
[8]manera de acceder a la propiedad, aunque significara una confrontación con los grandes propietarios y con el Estado. Pero fue a través de la fabricación de productos de exportación como se llevó a cabo la inserción de la economía al comercio internacional y a la modernización, primero, con la producción de tabaco y,…
p. 342
[35](2004) en: GMH, op. cit. (2013, 112) 565 Paul Oquist, Violencia y conflicto y política en Colombia, 322, en GMH, ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Informe General, 115. 347 A N EX O por el Partido Comunista, y las autodefensas del Sumapaz se negaron a aceptar la amnistía, con lo cual se expusieron a…
p. 346
08Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1342 citas
[9]la capacidad de las haciendas para reclutar arrendatarios bajo las 75 Alvaro Tirado Mejía, Aspectos sociales de las guerras civiles en Colombia, Biblio- teca Básica Colombiana, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1976, pp. 37 y ss. 138 ECONOMÍA Y NACIÓN muchas veces fallida garantía de que los latifundistas…
p. 134
[14]la capacidad de las haciendas para reclutar arrendatarios bajo las 75 Alvaro Tirado Mejía, Aspectos sociales de las guerras civiles en Colombia, Biblio- teca Básica Colombiana, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1976, pp. 37 y ss. 138 ECONOMÍA Y NACIÓN muchas veces fallida garantía de que los latifundistas…
p. 134
09Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 421 cita
[10]regiones como el centro y norte del Tolima y el antiguo Caldas. Fueron las zonas cafeteras en regiones centrales del país –aquellas donde se habían concentrado los conflictos entre hacendados y campesinos colonos en las décadas del veinte y treinta– donde fue más cruda la violencia, y donde se produjeron con más…
p. 42
10Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4301 cita
[11]la Violencia. Durante esta fase el ejército colombiano ·hizo frente a fieras organizaciones de bandidos en las zonas cafeteras centrales y, apoyado por grupos de contramsurgencia de Esta dos UnidoS, emprendió una ofensiva contra las comunidades rurales de orientación marxista en ciertas regiones aisladas y…
p. 430
11Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 441 cita
[12]años treinta denunciada por parte de los conservadores (Guzmán, Fals Borda y Umaña, 1962). Como consecuencia de lo anterior, la arremetida latifundista tuvo, entre otros efectos, un despojo de tie- rras que el analista Paul Oquist calculó en 393.648 parcelas, princi- palmente en departamentos como Valle del Cauca,…
p. 44
12"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 231 cita
[13]en Colombia a. e jecuciones como expresión de “L a v io L encia ” y L a d octrina de s eguridad n aciona L, 1946-1988 El año de 1946 ha sido definido por parte de los historiadores modernos como el año en que se origina en Colombia un conflicto violento ininterrumpido hasta el día de hoy, en el que la violencia contra…
p. 23
13Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1691 cita
[15]por las élites de la costa. 184 En 1791, los mayores propietarios de ganado de El Pao son, en su orden, el conde Tovar, el padre Antonio Tovar y Fernando Ascanio, 185 conde de la Granja, grandes patricios de Caracas. El bandolerismo que reina allí constituye la reserva de los excluidos del sistema colonial; pero la…
p. 169
14Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1691 cita
[16]por las élites de la costa. 184 En 1791, los mayores propietarios de ganado de El Pao son, en su orden, el conde Tovar, el padre Antonio Tovar y Fernando Ascanio, 185 conde de la Granja, grandes patricios de Caracas. El bandolerismo que reina allí constituye la reserva de los excluidos del sistema colonial; pero la…
p. 169
15Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 173, 2582 citas
[17]vereda, establecían estrictas líneas de demarcación política cuya transgresión tenía consecuencias fatales. Una corbata, una camisa o una puerta roja eran una invitación a la muerte; como también cargar una cédula de identidad que llevara el registro de determinadas elecciones. Y formas atroces de mutilación, de…
p. 173
[42]en la Presidencia de la República al doctor Alberto Lleras Camargo, ilustre figura del Frente Nacional, a quien le ha correspondido la magna labor patriótica de reconstrucción material y moral de la Nación y empeñado en desarrollar la campaña de pacificación de la República, Declaramos: 1. Como patriotas, que luchamos…
p. 258
16Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3911 cita
[18]caracterizaron por estar fundamentadas en la consideración de que las protestas y manifestaciones de traba - jadores, estudiantes, indígenas y campesinos eran alteraciones del orden público que requerían medidas de excepción 739. La respuesta a estas reivindicaciones fueron las medidas autoritarias dirigidas,…
p. 391
17La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 66, 672 citas
[19]habían sacrificado su vida y las armas conquistadas al precio de la sangre de muchos combatientes caídos era una traición en la cual no se incurría. Esto hacía la situa- ción de este sector de combatientes guerrilleros extre- madamente difícil. El análisis político que se hacía, a la luz de orientaciones centrales era…
p. 66
[20]Pero la entrega de los hombres que habían sacrificado su vida y las armas conquistadas al precio de la sangre de muchos combatientes caídos era una traición en la cual no se incurría. Esto hacía la situa- ción de este sector de combatientes guerrilleros extre- madamente difícil. El análisis político que se hacía, a la…
p. 67
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 511 cita
[21]par- tidista, electoral e ideológica, buscando, sobre todo, ejercer presión mediante el terror, no sólo contra liberales, sino contra todo aquello que a los ojos de los dirigentes conservadores, estaba en contra del orden, las instituciones, la nación y la Iglesia». Betancourt y García, Matones y Cuadrilleros. Origen…
p. 51
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 471 cita
[22]veces asumió la violencia, justificada en «la necesidad de moralidad y control» 67. Uno de los epicentros de la Violencia bipartidista en Antioquia fue el municipio de Urrao, ubicado entre el Suroeste y el Occidente antioqueños y en límites con el Chocó. Allí se conformaron las guerrillas de Pabón, comandadas por el…
p. 47
20Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 652 citas
[24]despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…
p. 65
[25]despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…
p. 65
21Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 240, 2442 citas
[26]salido de control en las regiones, y que luego le devolviera el poder a los sectores moderados de las élites políticas liberales y conservadoras. Sin embargo, el plan no salió como lo esperaban. El proceso de pacificación arrojaba resultados más bien pobres y, más grave aún, Rojas no daba señales de querer devolver el…
p. 240
[66]el propósito de convertir las autodefensas campesinas en la guerrilla del partido dentro de la estrategia de combinación de todas las formas de lucha (Pizarro, 1991). Uno de estos asentamientos campesinos, Marquetalia, se constituyó en la esencia del mito fundacional de las FARC. Se trataba de una comunidad campesina…
p. 244
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 601 cita
[27]acuerdo político fue la reorganización del país luego del período presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo mandato se había convertido en un tercer partido capaz de desplazar a los dos tradicionales. Este hecho, unido al deseo de terminar con el periodo conflictivo de la Violencia, generada por la…
p. 60
23Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 781 cita
[28]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…
p. 78
24Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 70, 722 citas
[29]dad institucional que, a su vez, permitié un notable desarrollo econémico y social. Al margen de las necesidades practicas de res- taurar la convivencia bipartidista y de librarse de la dictadura cada dia mas autocratica del general Gus- tavo Rojas Pinilla, habia, desde luego, algo mas: el reconocimiento filos6fico de…
p. 70
[34]tan 1747 importante papel habia tenido en la violencia bipar- tidista, en calidad de brazo armado del partido con- servador, fue despolitizada y militarizada. Pero las verdaderas causas de la violencia politica y social fueron tratadas de una manera totalmente superfi- cial, lo cual condujo a que algunos sectores de…
p. 72
25Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 196, 2652 citas
[30]La Violencia. Muchos de los recursos destinados para estos fines terminaron siendo presa de los apetitos de los políticos locales, quienes, en forma antitécnica, y no pocas veces deshonesta, malograron una adecuada inversión en favor de las comunidades. En síntesis, la rehabilitación funcionó a medias: benefició a…
p. 196
[51]de las tropas especializadas del Ejército y la Policía participaron directamente en la acción y otros mil aseguraron el área. Más de dos mil curiosos, como testigos mudos del inusitado despliegue de artillería pesada y vehículos blindados, se apostaron en las esquinas o en las bocacalles durante toda la tarde a…
p. 265
26Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 26, 312 citas
[31]que llevaron a cabo los gobiernos, sobre todo de Lleras Camargo, y de su sucesor, el conservador Guillermo León Valencia (1962-1966), rápidamente experimentaron el desvanecimiento del efecto “luna de miel” sobre la gestión de una violencia que, si bien controlada entre 1959 y 1964, nuevamente presentaba exacerbados…
p. 26
[73]de Abril (M-19), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) o la guerrilla indigenista Quintín Lame (QL). APARICIÓN E HISTORIA DE LAS FARC, 1964-1998 Como se explicaba, las FARC toman el ataque sobre la República de Marquetalia del 27 de mayo de 1964 como su mito fundacional, si bien esta denominación no aparece…
p. 31
27Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 291 cita
[32]para el partido liberal y así sucesivamente, durante veinte años, cerrando a la vez la compuerta, a una posible opción de un tercer partido político que pudiera entrar a competir por el poder en igualdad de condiciones. El primer presidente elegido dentro de ese acuerdo frente- nacionalista, fue el liberal Alberto…
p. 29
28Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 291 cita
[33]para el partido liberal y así sucesivamente, durante veinte años, cerrando a la vez la compuerta, a una posible opción de un tercer partido político que pudiera entrar a competir por el poder en igualdad de condiciones. El primer presidente elegido dentro de ese acuerdo frente- nacionalista, fue el liberal Alberto…
p. 29
29Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 2521 cita
[36]the crisis spawned by ANAPO's electoral successthese peasants undertook the popular path to agrarian reform under the direction of the National Peasant Association (ANUC). They reminded the nation that the National Front had left unresolved one of the fundamental components of the Violence, the agrarian problem. The…
p. 252
30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 601 cita
[37]Lleras Camargo (1958- 1962) sugería que el Frente Nacional inaugurado con su juramento significó el regreso al poder de los gobiernos civiles, pero no la conquista de la paz. Tras una década de desgarradora crueldad y cinco años de dictadura militar, la violencia política persistía –aunque en menor escala– por lo cual…
p. 60
31No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 77, 872 citas
[38]de matrices ideológicas que abogaban por cambios radicales y violentos del sistema. El inicio del Frente Nacional estuvo marcado por la violencia que se sostuvo durante finales de los años cincuenta en el sur del Tolima, Cauca, Huila y Valle, y que provenían tanto de actores ilegales (cuadrillas de «bandoleros»,…
p. 77
[55]1958»). 198 Departamento Nacional de Planeación, «Capítulo 8. Indicadores de violencia». 199 Rempe, «United States National Security and low-intensity conflict in Colombia»; Rempe, The past as prologue?, 119. 200 Entrevista 318-PR-02877. Hombre, mayor del Ejército. 201 Sánchez y Meertens, Bandoleros, gamonales y…
p. 87
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 751 cita
[39]exclusivamente en los lugares donde hasta mediados de la década de los sesenta persistía la acción de los bandoleros, sobre todo durante las cosechas cafeteras, y en las zonas de colonización donde el campesinado comunista había establecido colonias agrícolas. En estos primeros años del pacto bipartidista también hubo…
p. 75
33Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 941 cita
[40]de resolver que tuvo que enfrentar el primer presidente del Frente Nacio- nal, Alberto Lleras Camargo, fue cómo llevar a cabo y en qué orden de prioridades, dados los escasos recursos del Estado, la atención a las personas damnificadas y la reparación mate- rial de los estragos que la violencia política había…
p. 94
34De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 581 cita
[41]Pacto de paz en Sitges 24 (Restrepo y Tamayo, s.f., página 8) entre el Partido Liberal y el Partido Conservador, el gobierno de la Junta Militar provisional implementó un nuevo proceso de desmovilización que puso al Tolima, nuevamente, como uno de los escenarios de dejación de armas. En el sur del departamento la…
p. 58
35When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 2293 citas
[44]the son of upper-middle-class cam- pesinos of Rovira. HDesquite" claimed to have become a violento in the mid-1950s after a ConseIVative killed his father by firing through the window of their home. The guerrilla began his career around his patria chica of Rovira. He first gained notoriety in 1957 as part of a gang…
p. 229
[45]the son of upper-middle-class cam- pesinos of Rovira. HDesquite" claimed to have become a violento in the mid-1950s after a ConseIVative killed his father by firing through the window of their home. The guerrilla began his career around his patria chica of Rovira. He first gained notoriety in 1957 as part of a gang…
p. 229
[46]the son of upper-middle-class cam- pesinos of Rovira. HDesquite" claimed to have become a violento in the mid-1950s after a ConseIVative killed his father by firing through the window of their home. The guerrilla began his career around his patria chica of Rovira. He first gained notoriety in 1957 as part of a gang…
p. 229
36Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 4161 cita
[47]ne’er-do-well who when at home slept until noon, smoked marijuana with his cousins, and never 398 | Dangers of Political Inauthenticity, 1932–1965 listened to anyone’s advice. For the latter reason family members nicknamed him “El Orejón” (The Big Ear). 56 Aranguren became obsessed with finding and killing his…
p. 416
37"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 202, 4402 citas
[48]cobren mayor importancia en virtud de la indeterminación de la dirigencia liberal, como de la persecución política o fi cial. 202 “Patrones” y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012) Tabla 22. Cuadrillas de bandoleros que operaron en este departamento durante el año de 1962 Nº de…
p. 202
[53]de antiguas haciendas en empresas capitalistas mediante la introducción del cultivo del azúcar y la mecanización a partir de los ingenios, proceso que se realizó en tres fases: 1) construcción de obras de infraestructura, ferrocarriles, bancos, etc., en el Plan del Valle durante el período comprendido entre 1863 y…
p. 440
38Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 331 cita
[49]los colombianos y signando de desesperanza a la mayoría de las víctimas del horrible flagelo1 6. Hacía tiempo, por otra parte, que el Partido Comunista desarro llaba un dispendioso trabajo político en el campo. La carta que a la 1 6 Eduardo Umaña, La Violencia en Colombia, tomo II, p. 177. INTRODUCCIÓN 35 reina de…
p. 33
39La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 361, 4282 citas
[50]Conservador. Com: Comunista. ** R: Receso. E: Exterminado. A: Activo, 1963. D: Desconocido Región y Zona de Efectivos Tendencia Situación Jefes de Grupo operaciones aproxim. política ANTIOQUIA N.N. Buriticá 20 L. Arteaga Usuga Luis Buriticá 10 C. Ángel Flórez (El Pálido) Salgar 10 L. Bermúdez Jorge Venecia 20 L.…
p. 361
[52]se ha producido una total inversión de valores, una degeneración patológica de la facultad valorativa de modo que odia allí donde debiera amar. Se trata de una estructura mental negativa que justifica la ley psicológica de que el odio crece con el odiar" (6). (6) Eduardo Spranger, Formas de Vida, 6a Edic. " Revista de…
p. 428
40Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 541 cita
[54]El argumento principal de este capítulo es que la firma del pacto de Chicoral en 1972 y el establecimiento for- mal de las FARC (1964-1966) y del ELN (1965) no fueron coinciden- cias. El pacto de Chicoral y los movimientos guerrilleros representan dos respuestas diametrahnente opuestas a la misma crisis institucional…
p. 54
41Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 3221 cita
[56]m b ia La guerrilla de los Llanos se conformó a comienzos de los cincuenta, cuando el liberal Elíseo Velásquez se alzó en armas para defenderse de la per secución del régimen conservador. En los Llanos se integraron las guerrillas liberales con una heterogénea composición social: campesinos desplazados de sus…
p. 322
42Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2322 citas
[57]inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…
p. 232
[58]inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…
p. 232
43Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 100, 2002 citas
[59]destacamentos embrionarios y los grupos guerrilleros liberales, comandados por Gerardo Loaiza; se creó el Comando del Davis en lo alto del cañón del Cambrín, y se conformó un estado mayor unificado. Entre 1949 y 1964, el PCC, en consonancia con los cambios de la situación política nacional, va a desarrollar una…
p. 100
[70]la Segunda Conferencia, en la cual el Bloque Sur se constituye en las FARC y deciden expandir las acciones armadas del grupo a través de una guerra de guerrillas móviles en otras áreas del país. Se constituyen seis nuevos núcleos guerrilleros que cambian su estrategia de reactiva defensiva a una de ofensiva directa,…
p. 200
44Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 221 cita
[60]outside the vicious power struggle of Colombia’s two dominant parties. Timothy P. Wickham-Crowley (1994: 556) affirmed that “there is no doubt that those regions that became safe havens from the violence – the ‘peasant republics’ – historically were mainly rural islands of Communist Party influence in a sea of…
p. 22
45A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 372 citas
[61]f r e d o M o l a n o Perseguidas por tierra y aire por las ff. m m., lograron en seis meses escapar de la ofensiva e instalarse en las regiones altas del macizo de Sumapaz. Otras fueron evacuadas y fun daron colonizaciones en las vertientes del río Guayabero, del Ariari y de El Pato. Toda la vertiente del Orinoco.…
p. 37
[62]f r e d o M o l a n o Perseguidas por tierra y aire por las ff. m m., lograron en seis meses escapar de la ofensiva e instalarse en las regiones altas del macizo de Sumapaz. Otras fueron evacuadas y fun daron colonizaciones en las vertientes del río Guayabero, del Ariari y de El Pato. Toda la vertiente del Orinoco.…
p. 37
46La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 361 cita
[63]Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano Gómez, como “repúblicas independientes” en las que el Estado no ejercía ningún control. Y se convirtieron en un objetivo militar. En mayo de 1964, bajo el gobierno del también conservador Guillermo León Valencia, el Ejército lanzó una operación para acabar con el reducto…
p. 36
47El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 992 citas
[64]como su padre Laureano, durante un discurso en el Senado habló de la existencia de unas regiones conocidas como Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero, situadas en la vertiente de la cordillera Central, al sur del departamento del Tolima. Las trataba de “repúblicas independientes”, al asegurar que quienes…
p. 99
[65]como su padre Laureano, durante un discurso en el Senado habló de la existencia de unas regiones conocidas como Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero, situadas en la vertiente de la cordillera Central, al sur del departamento del Tolima. Las trataba de “repúblicas independientes”, al asegurar que quienes…
p. 99
48Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 471 cita
[67]students, who received train- ing in Cuba in 1962, returned to Colombia and officially began the ELN’s insurgency struggle in 1964. The FARC emerged under the leadership of the Communist Party and operated with the support of peasants who sought refuge from the repression of La Violencia. The FARC was largely made up…
p. 47
49Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3211 cita
[68]conducente a la “toma del poder”. Ese grupo era el sobreviviente de las autodefensas campesinas que se habían organizado a comienzos de 1960, bajo un proyecto de economía campesina colectiva y como resultado de la división que había ocurrido en las filas de los antiguos y amnistiados guerrilleros liberales de los años…
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5030 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 2191 cita
[69]de fundación fueron: ELN, 1962; Farc, 1964; EPL, 1967; M- 19, 1970. El M-19 se desmovilizó en 1990, el EPL en 1991 y las Farc-Ep en 2016. Todos fueron producto de la revolución cubana. Y, con alguna excepción, a partir de los años ochenta encontraron en el narcotráfico su fuente de financiamiento y expansión,…
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51Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 491 cita
[71]Luna; y el sacerdote Camilo Torres, que ofreció una mediación entre los campesinos y las autoridades, por lo que fue tildado por la prensa conservadora como “crip- tocomunista”. El episodio desencadenó protestas por parte del Movimiento Revolucionario Liberal (mrl) y del Partido Comu- nista, y debates en la Cámara de…
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52Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 671 cita
[72]joven de 15 años. (…) me dice: Este muchacho y yo hemos decidido que él se va con ustedes, (…). Recordé en seguida (…) que era hermano de un guerrillero muerto (…), -¿Por qué causa te vas con nosotros? –le pregunté–. La explicación, (…): Quiero ser hombre respetado y querido por todos como mi her- mano. Él sabía…
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53¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 721 cita
[74]Ejército contra las denomi- nadas “repúblicas independientes” (1964 y 1966). Según otras versiones, el regreso de los grupos comunistas a la lucha armada tuvo inicio, por un lado, en el asesinato de uno de sus jefes principales, Jacobo Prías Alape, alias Charro Negro, por parte de las guerrillas liberales; y, por otro…
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54Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 391 cita
[75]que agrupaban a la pobla- ción, la mayoría de ellos familiares, paisanos, compañeros de colonización o expulsados de la violencia. Utilizaban el esquema de autodefensas campesinas como forma de protección contra la persecución del Estado o de miembros de partidos políticos antagonistas. Los habitantes de estas…
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55Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 641 cita
[76]la Escuela Militar de Cadetes a fin de elevar la enseñanza en el ámbito universitario y se fundó la Cátedra de Filosofía Militar, con el fin de explicar el sentido y la misión de las Fuerzas Armadas y dar a conocer el papel de esta institución. También se hizo un esfuerzo por llevar a los cuadros de las Fuerzas…
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56Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 641 cita
[77]defender exclusivamente las fronteras nacionales para empezar a enfrentar a los armados en el país, lo que exigía el abandono del apoliticismo y la neutralidad de la institución castrense. En tanto que se planteaba combatir el comunismo no solo desde una clara estrategia militar, sino también que su freno debía…
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57El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 2451 cita
[78]el que las élites políticas intentaban recapitular y superar su brutal historia de enfrentamientos. Sin embargo, pronto aparecieron dinámicas y diseños que apuntaban a una relocalización de la función de la Po 240 P r i v a t i z a c i ó n d e i. a s e g u r i d a d: u n a m i r a d a p a n o r á m i c a licía, esta…
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58El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 391 cita
[79]colaboraciones concretas al Ejército: brindar información para localizar a los “grupos antisociales y comodida- des para las tropas que acamparan en sus haciendas” y, por otra parte, suministrar ayuda para levantar un censo de los propieta- 139 Oliverio Perry y Cía (Editores). Quién es quién en Colombia. Bogotá:…
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59Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 8651 cita
[80]–se estima que el Ejército gastó entre 65.000 y 71.000 cartuchos de armas pequeñas contra la casa–, se subió un cañón antiaéreo de 40 mm y se dispa- raron andanadas contra la casa a quemarropa. Se lanzaron más de 150 granadas de fragmentación. Se entiende que el Ejército también utilizó granadas CN y DM (gas…
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