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Institución · La Violencia

Chulavitas

Los chulavitas fueron la fuerza parapolicial del gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, reclutada desde 1947 en veredas boyacenses de fanatismo conservador y desplegada para exterminar y desplazar al liberalismo rural colombiano entre 1948 y 1953. Su nombre proviene de la vereda Chulavita, en Boavita, Boyacá, y su acción fue matriz directa de las guerrillas y el conflicto armado de larga duración.

3.441 palabras32 documentos44 fragmentos citados
Chulavitas

Trayectoria de una idea

  1. 1946

    Antecedente: derrota liberal y herencia de una policía enemiga

  2. 1947

    Inicio de la conservatización policial

  3. 1948

    El Bogotazo y la institucionalización de los chulavitas

  4. 1949

    Campaña de Laureano Gómez y arrebato masivo de cédulas

  5. 1950

    Incendio del resguardo indígena de Ortega y Natagaima

  6. 1952

    Arrasamiento de Yacopí y fosas en Boyacá

  7. 1953

    Fin del período chulavita con el golpe de Rojas Pinilla

03

La lectura

Los chulavitas no fueron una anomalía del sectarismo rural sino una decisión de Estado: campesinos boyacenses de fanatismo conservador convertidos en policías y enviados a imponer por el terror una geografía política homogénea en regiones que nunca habían conocido. Su modus operandi era reconocible en todo el país: llegaban como ciclones a pueblos inermes, establecían líneas de demarcación cuya transgresión se pagaba con la muerte, dejaban amenazas escritas en pencas de fique con plazos para huir, y arrojaban los cadáveres a ríos y precipicios para borrar la evidencia. La lógica era absoluta: no se admitían neutrales, y quien no se declaraba conservador era aplanchado o exterminado. Su legado fue doble y contradictorio: produjeron el mayor desplazamiento forzado que Colombia había conocido hasta entonces, pero también fabricaron, contra su propia intención, la insurgencia armada que combatiría al Estado durante el medio siglo siguiente.

Los chulavitas

Los chulavitas fueron la fuerza parapolicial que el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez desplegó contra el liberalismo colombiano entre 1948 y 1953. No fueron una banda espontánea ni una expresión marginal del sectarismo rural: fueron agentes de policía reclutados por decisión oficial, uniformados por el Estado, pagados con recursos públicos y enviados a ejecutar una política deliberada de homogenización partidista del territorio. Su nombre proviene de una vereda del norte de Boyacá —Chulavita, en el municipio de Boavita— de donde procedía el grueso inicial de sus efectivos, campesinos de un sectarismo conservador tan enraizado que las identidades partidistas allí funcionaban, para sus contemporáneos, como si fueran étnicas. En su nombre se cifra toda su naturaleza: la conversión de un fanatismo local en política nacional. Entre el Bogotazo y el golpe de Rojas Pinilla, los chulavitas ejecutaron masacres, quemaron pueblos, arrojaron cadáveres a los ríos, arrebataron cédulas electorales, obligaron a huir a decenas de miles de campesinos liberales y forzaron el surgimiento de las guerrillas que darían origen, más tarde, al conflicto armado de larga duración. Fueron el brazo armado del régimen godo y, a la vez, la matriz de la que emergió una parte sustancial de la resistencia insurgente colombiana.

La vereda y el fanatismo

Chulavita es una vereda del municipio de Boavita, en el norte de Boyacá, una comarca de páramo y minifundio anclada en la falda occidental de la cordillera Oriental, cerca de El Cocuy y La Uvita. Sus habitantes eran conservadores sin fisura: la fidelidad partidista se transmitía como se transmite la lengua o el apellido, y las divergencias internas no eran vistas como debate político sino como traición comunitaria. Esa densidad ideológica hizo de la zona un laboratorio precoz del sectarismo godo. En una Colombia donde las identidades liberal y conservadora se comportaban como pertenencias casi étnicas —afiliaciones heredadas que definían con quién se comerciaba, con quién se casaban las hijas, en qué iglesia se rezaba—, Boavita representaba el extremo puro del polo azul.

La región vivió, durante la primera ola de la Violencia, ciclos de retaliación entre poblaciones vecinas de distinta filiación. En el corredor de El Cocuy, La Uvita y Boavita los ataques mutuos generaron una homogenización partidista forzada: las minorías políticas de cada pueblo fueron expulsadas o exterminadas hasta dejar territorios de un solo color. Ese aprendizaje veredal —la limpieza como método— sería después exportado al resto del país por los hombres que el gobierno reclutó allí.

Que el nombre "chulavita" haya circulado también en la forma "chulativa" indica su origen popular y despectivo. Fueron los liberales quienes primero lo usaron para designar a esa policía que llegaba desde el norte de Boyacá; los guerrilleros del Llano lo alternaron con otros apelativos —chulavos, chunchullo, guates, paisanitos, chatos, patones, indios— que revelan a la vez desprecio, distancia regional y la percepción de esos policías como cuerpo extraño enviado a doblegarlos. Un topónimo minúsculo terminó nombrando a toda una fuerza represiva nacional.

La conservatización de la policía

Los chulavitas como institución nacieron de un problema político concreto que enfrentó el conservadurismo tras recuperar el poder en 1946: la policía que había heredado era mayoritariamente liberal. Durante los dieciséis años de hegemonía liberal que terminaron con la elección de Ospina Pérez, los cuerpos de seguridad se habían llenado de agentes afines al partido de gobierno, y el nuevo régimen los recibía con desconfianza. Laureano Gómez lo formuló en una frase que resume la doctrina: habían recibido, dijo a Ospina, la herencia de una policía enemiga del nuevo régimen.

La conservatización de los cuerpos armados comenzó de manera gradual desde 1947, en paralelo al recrudecimiento de la violencia partidista en Boyacá, Santander y los Santanderes cafeteros. Pero fue el 9 de abril de 1948 —el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y la revuelta popular que siguió— el que convirtió la depuración en política de urgencia. Durante el Bogotazo, buena parte de la policía capitalina se sumó a la multitud enardecida, entregó armas a los insurrectos o simplemente desertó. La imagen de agentes uniformados marchando junto a los amotinados aterrorizó al gobierno conservador y confirmó su temor más profundo: que la revuelta social contase con complicidad institucional.

La respuesta fue reorganizar la policía desde sus cimientos. En una ciudad todavía humeante —El Tiempo tituló "Bogotá está semidestruida" y las estimaciones hablaban de más de cinco mil muertos en una capital de seiscientos mil habitantes—, Ospina Pérez decretó el estado de sitio en varias regiones e inició la sustitución sistemática de agentes liberales por campesinos reclutados en veredas conservadoras. Chulavita fue la principal cantera, pero no la única: todo el norte de Boyacá se convirtió en fuente de reemplazos. Los criterios de selección invertían los principios de un cuerpo profesional: no se buscaba imparcialidad ni formación, sino filiación partidista comprobada y disposición a la violencia contra el adversario.

Los nuevos policías fueron reclutados, según el lenguaje del propio gobierno, para "salvar al presidente Ospina". La consigna informal era más brutal y más precisa: matar campesinos liberales. Esa doble misión —protección del régimen y exterminio del enemigo político— definió su función durante los cinco años siguientes.

El despliegue nacional

La geografía de la Violencia coincide, punto por punto, con la geografía del despliegue chulavita. Desde los bastiones conservadores de Boyacá, Nariño y Antioquia, las comisiones armadas avanzaron hacia Tolima, Valle del Cauca y el Viejo Caldas. En esas regiones receptoras, los campesinos no hablaban de "cuándo empezó la Violencia" sino de "cuándo llegó la Violencia", y esa llegada tenía nombre y uniforme. La distinción es reveladora: en Boyacá y Nariño la violencia era endógena, producto de tensiones sectarias locales; en el Tolima, en el Valle, en Caldas y en Cundinamarca era importada, transportada por camiones de policía y ejecutada por hombres que hablaban con acento boyacense y no conocían el terreno donde mataban.

En el sur del Tolima, las comisiones desembarcaron desde 1948 en las regiones de Santiago Pérez, Planadas, Gaitania y Chaparral, zonas de colonización liberal reciente donde los colonos habían roturado montaña y sembrado café en tierras que los grandes propietarios conservadores reclamaban. El gran operativo contra los colonos liberales combinó masacres, quema de casas, robo de semovientes y expulsión sistemática. Yacopí, en el noroeste de Cundinamarca, fue arrasado casi por completo en 1952. En noviembre de 1950, el resguardo indígena de Ortega y Natagaima, poblado por descendientes pijaos históricamente liberales, fue incendiado y sus habitantes expulsados.

El modus operandi tenía una arquitectura reconocible. Las comisiones —unidades mixtas de policía uniformada y civiles armados, a menudo con apoyo del ejército— llegaban a pueblos y veredas inermes con la súbita brutalidad de un ciclón. Establecían líneas de demarcación política cuya transgresión se pagaba con la muerte. La violencia incluía formas atroces de mutilación y violencia sexual concebidas para transmitir un mensaje: quien no se declarara conservador o no huyera moriría de manera ejemplar. Las amenazas escritas se dejaban sobre pencas de mata de fique, con plazos exactos para abandonar el territorio. El fanatismo religioso, alimentado desde el clero local, envolvía el terror en un ropaje moral: matar liberales era, en muchas parroquias, un deber espiritual.

La disposición de los cuerpos revela la escala del exterminio y la voluntad de borrarlo. Los cadáveres se cargaban en volquetas y se arrojaban desde el puente natural de Pandi al río Sumapaz, o al vacío en los precipicios del sector de Profundos, entre Villarrica y Cunday, en el Tolima. En Boyacá, el alto de Buenavista, sobre la vía Miraflores–Páez, se convirtió en fosa a cielo abierto. La lógica era absoluta: no se admitían neutrales. Al opositor se lo "aplanchaba" —golpes, torturas, flagelación, suspensión por los brazos— hasta dejarlo exánime, y luego se lo remataba.

El marco político

Los chulavitas no operaron por su cuenta. Fueron el instrumento de una estrategia política diseñada, ejecutada y defendida desde la cúpula del Partido Conservador. Mariano Ospina Pérez, presidente desde 1946, autorizó su conformación como respuesta al miedo a la revolución social que el 9 de abril había hecho carne. Laureano Gómez, tras su regreso de Madrid a fines de 1948, dio a la política represiva su lenguaje y su intensidad. Su campaña acusando al Partido Liberal de poseer 1.800.000 cédulas falsas y de estar dominado por los comunistas convirtió al adversario en enemigo interior y legitimó, de facto, cualquier método para combatirlo. El efecto fue inmediato: en 1949, alcaldes conservadores, policía politizada y comisiones chulavitas procedieron en todo el país a arrebatar por la fuerza las cédulas electorales a los ciudadanos liberales, cerrándoles el acceso a las urnas antes de las elecciones presidenciales.

La instrumentalización no fue casual. La chulavita cumplía funciones que el aparato militar formal no podía o no quería asumir. El ejército, en la fase inicial de la Violencia, mantuvo una relativa distancia respecto a la persecución partidista: era percibido con menos hostilidad por sectores liberales y gaitanistas, y hubo tensiones institucionales entre el mando militar y la manipulación laureanista de los cuerpos de seguridad. Esa asimetría entre ejército y policía —uno todavía leal a una idea de institucionalidad, la otra convertida en brazo partidista— explica por qué la represión adoptó la forma de fuerza policial y no de operativo militar convencional. También explica que, cuando la crisis se hizo insostenible, fuera el ejército y no la policía el que resolviese el problema con el golpe de 1953.

Junto a los chulavitas surgió otro fenómeno emparentado: los pájaros, escuadrones de asesinos que operaron principalmente en el occidente del país, con lógica más civil que policial y con vínculos con hacendados y jefes conservadores locales. Chulavitas y pájaros eran ramas distintas del mismo árbol represivo, y en la memoria popular sus acciones a menudo se confunden porque las víctimas eran las mismas y el propósito era idéntico: quemar casas, tender emboscadas, perseguir a liberales, comunistas y sindicalistas, imponer por el terror una geografía política homogénea.

El terror y la huida

El resultado sobre el terreno fue un colapso masivo de la vida rural liberal. Campesinos que dormían en el monte, escondidos donde podían; cosechas destruidas para que la hambruna hiciera el trabajo que las balas no alcanzaban; familias enteras huyendo a pie hacia regiones que se creían más seguras. La violencia chulavita no solo mataba: desalojaba. Y ese desalojo tenía un objetivo económico además de político: liberar tierras para su apropiación por los vencedores.

El desplazamiento reorganizó el mapa social colombiano. Los liberales del Tolima, Cundinamarca y Boyacá que sobrevivieron a las comisiones huyeron hacia los Llanos OrientalesMeta y Casanare—, donde se unieron a las guerrillas incipientes o buscaron el olvido de la distancia. El movimiento repetía, casi cien años más tarde, el patrón de los patriotas criollos durante la Reconquista española de 1816: el Llano como refugio de resistencia frente a la represión originada en el altiplano. En San Martín, en el Meta, Guadalupe Salcedo y Dumar Aljure, con apoyo de hacendados liberales, contuvieron el intento chulavita de conservatizar la región, obligando a los conservadores a atrincherarse en Restrepo, Acacías, Guamal y Cubarral. El Llano se convirtió así en el gran teatro donde la lógica del terror encontró resistencia armada organizada.

En el Eje Cafetero, la conexión entre acción chulavita y bandolerismo posterior queda documentada en trayectorias individuales. Teófilo Rojas, alias "Chispas", el bandolero que hacia 1956 comandaba una cuadrilla de unos ochenta hombres en el sur del Quindío, inició su actividad armada tras haber sufrido directamente la violencia de la policía chulavita en Rovira, Tolima. Su itinerario ilustra un patrón más amplio: la acción policial en el Tolima expulsó a sobrevivientes hacia el Quindío y Caldas, donde el conflicto se replicó bajo nuevas formas. De esa misma expulsión —de las familias arrinconadas en el monte, de las autodefensas que se armaron para no morir— surgiría la insurgencia que combatiría al Estado colombiano durante el medio siglo siguiente.

La chispa de la resistencia

La Violencia oficial creó, contra su propia intención, la insurgencia que combatiría a sus sucesores durante medio siglo. Ante las incursiones de chulavitas y pájaros, campesinos liberales sin formación política previa comenzaron a armarse con escopetas y a agruparse para defenderse. La autodefensa, primero puramente reactiva, se transformó en organización guerrillera cuando el Partido Comunista, a fines de 1949 y ante el intento de Ospina Pérez de imponer la ley marcial, ordenó a sus miembros alzarse en armas. Los líderes liberales imitaron la decisión, y en pocos meses ambos grupos tenían miles de seguidores armados. Antes del golpe de 1953, las guerrillas liberales de los Llanos Orientales dirigidas por Guadalupe Salcedo, apoyadas por grandes terratenientes liberales, contaban con entre dos mil y tres mil hombres.

En el sur del Tolima, la resistencia adoptó formas específicas. Pedro Antonio Marín —el joven campesino que años más tarde sería conocido como Manuel Marulanda Vélez, o Tirofijo— operó en las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, aliado con Leopoldo García, "Peligro", y Efraín Valencia, "el general Arboleda". En El Davis, en el municipio de Rioblanco, se formó un núcleo guerrillero mixto que hacia finales de 1951 se dividió en dos sectores: los "Comunes", comunistas mandados por Isauro Yosa —"Mayor Lister"— y Luis Alfonso Castañeda —"Richard"—, y los "Limpios", liberales al mando de don Gerardo Loaiza. La ruptura definitiva entre ambos grupos se produjo cuando los comunistas adoptaron el programa aprobado por la Conferencia del Movimiento Popular de Liberación Nacional —conocida como Conferencia Boyacá— reunida el 15 de agosto de 1952, con delegados de las guerrillas del Llano, Santander, Antioquia y Sumapaz.

Esa "primera guerra" consistió en la persecución oficial contra campesinos de zonas comunistas y liberales y su desplazamiento sistemático fuera del alcance de los pájaros y la policía. De las familias refugiadas emergieron los campesinos armados del sur del Tolima que constituirían el núcleo fundacional de la insurgencia comunista colombiana. Las autodefensas del Alto Sumapaz, del Oriente y del Sur del Tolima —unas orientadas por el Partido Liberal, otras por el Partido Comunista— derivaron en las guerrillas que darían origen, más de una década después, a las FARC. La chulavita, sin proponérselo, fue partera de esa genealogía.

El desmonte y sus grietas

El golpe militar del 13 de junio de 1953 llevó al general Gustavo Rojas Pinilla al poder con el apoyo de líderes tanto conservadores como liberales en Bogotá, que veían en la intervención castrense la única salida a una espiral que amenazaba con destruir el país. El derrocamiento del gobierno Gómez–Urdaneta cerró oficialmente el ciclo chulavita: la policía dejó de ser instrumento de exterminio partidista y volvió, al menos nominalmente, a funciones institucionales. La amnistía ofrecida por Rojas a los guerrilleros fue aceptada por la mayor parte de los combatientes liberales, en particular por los del Llano bajo Salcedo. Otros jefes se acogieron individualmente, como Leonidas Borja, "El Lobo".

Pero el desmonte fue incompleto y desigual. Algunos comandantes rechazaron la entrega, considerándola una traición a los caídos. "Chispas" salió al sur del Quindío a continuar su actividad. Los guerrilleros comunistas, cuyo análisis político sostenía que la dictadura militar no resolvía los problemas del pueblo, quedaron en una situación extremadamente difícil: entregar las armas conquistadas al precio de la sangre de sus muertos les resultó inaceptable, y permanecieron en armas o replegados en regiones remotas. El balance de largo plazo del ciclo llanero fue amargo: los campesinos que apoyaron la lucha no obtuvieron beneficios concretos, mientras los grandes terratenientes, con apoyo militar, retuvieron el control de la región. La entrega de armas no fue la construcción de una paz sino el aplazamiento de un conflicto que reaparecería con otros nombres.

El Frente Nacional, en 1958, cerró formalmente la etapa bipartidista de la Violencia mediante el pacto de alternancia entre liberales y conservadores. La mayor parte de las guerrillas liberales se desmovilizaron. Las guerrillas comunistas, excluidas del poder compartido, permanecieron armadas, y a inicios de los sesenta vivían en comunas agrícolas en regiones remotas —Marquetalia, Riochiquito, El Pato, Guayabero, Sumapaz—, las llamadas "repúblicas independientes" cuya ofensiva militar en 1964 daría nacimiento formal a las FARC. La línea que une la vereda Chulavita con Marquetalia es larga, pero es continua.

La memoria y su disputa

Los chulavitas ocupan en la memoria colombiana un lugar peculiar: son, a la vez, hipervisibles y borrosos. Cualquier campesino del Tolima, del Sumapaz o del norte de Boyacá que viviera aquellos años supo qué eran y quiénes eran, y sus descendientes heredaron esa memoria en forma de miedo, de silencios familiares o de odios que atravesaron generaciones. En algunas familias, el odio del padre hacia la policía chulavita se anudó a la muerte de Gaitán, a los ataques que dejaron víctimas en la casa y al desplazamiento posterior: una cadena de dolor que muestra cómo la violencia partidista de mediados del siglo XX se prolongó en las trayectorias de desarraigo de las décadas siguientes.

En la historiografía académica, los chulavitas aparecieron con nombre propio por primera vez en la obra de Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, cuya circulación restringida generó rumores infundados de supresión gubernamental. Sus autores describieron la Violencia como fenómeno generalizado iniciado hacia 1948, con aproximadamente doscientos mil muertos y caracterizado por la extrema crueldad con que los violentos despachaban a sus víctimas, en su mayoría campesinos. Guzmán sostuvo, en particular, que todos los colombianos compartían responsabilidad moral por lo ocurrido, concebido como una falla en "el alma de la nación". El diagnóstico fue recibido con favor solo momentáneamente; muy pronto la responsabilidad conjunta se diluyó en recriminaciones partidistas, y luego en el olvido negociado que el Frente Nacional necesitaba para funcionar.

Ese olvido tuvo consecuencias historiográficas y políticas duraderas. Al pactar la paz sin verdad ni justicia, los partidos condenaron a la Violencia a un tratamiento oblicuo: se la reconocía como catástrofe pasada, pero se evitaba nombrar responsabilidades concretas, cadenas de mando, autores materiales. Los chulavitas quedaron así en una zona gris de la memoria oficial: demasiado documentados para negarlos, demasiado incómodos para procesarlos. Los relatos posteriores fueron precisando su papel, insertándolos en marcos analíticos que subrayaban la dinámica exclusivista, partidista y clientelista del sistema político colombiano como sustrato estructural del fenómeno.

Qué fueron, qué dejaron

Los chulavitas fueron, en primer término, una decisión de Estado. La conservatización de la policía entre 1947 y 1948 no ocurrió por deriva espontánea sino por acto deliberado de un gobierno que decidió convertir un cuerpo institucional en herramienta partidista. Reducirlos a "banda" o a "grupo de fanáticos" es una operación política que sirve para exonerar al aparato que los creó, los uniformó y los envió a matar. Fueron policía, y esa condición institucional es lo primero que hay que decir sobre ellos.

Fueron también más que una decisión de Estado. Su eficacia dependió del sectarismo preexistente y autónomo de las comunidades boyacenses que aportaron el recurso humano, del clero local que legitimó sus acciones desde el púlpito, de los alcaldes conservadores que les abrieron paso en los territorios de destino, de los hacendados que se beneficiaron económicamente de los desplazamientos. El régimen no fabricó el odio: lo encontró disponible en veredas donde llevaba generaciones cultivándose, lo institucionalizó, lo armó, lo pagó y lo proyectó nacionalmente. Dejaron entre cien mil y doscientos mil muertos —las cifras siempre serán aproximadas—, un desplazamiento masivo que reorganizó el poblamiento del país, municipios enteros convertidos en homogéneamente conservadores, regiones vaciadas de liberales, tierras cambiadas de manos por la vía del terror. Y dejaron, en el mediano plazo, la insurgencia armada: las guerrillas liberales del Llano, las autodefensas comunistas del sur del Tolima, la trayectoria de Marulanda desde Génova hasta Marquetalia.

Dejaron, sobre todo, un modelo. La fórmula chulavita —cuerpos formalmente estatales o tolerados por el Estado, reclutados según criterio de sectarismo, desplegados con misión de exterminio contra población civil identificada por su filiación política, con negación oficial de la cadena de mando— es la matriz de la que emergerán después otras experiencias del paramilitarismo colombiano en las décadas finales del siglo XX. No hay continuidad orgánica, pero sí genealogía política: los chulavitas mostraron que un Estado podía delegar la violencia en cuerpos de negación plausible, y esa lección se aprendió. Nombrarlos hoy con precisión —policía chulavita, fuerza parapolicial del gobierno de Ospina Pérez y Laureano Gómez, brazo armado del conservadurismo entre 1948 y 1953— es una operación historiográfica, pero también política. La vereda Chulavita sigue existiendo en el norte de Boyacá, pequeña y remota, y sus habitantes de hoy no cargan la responsabilidad de lo que hicieron unos policías que llevaron su nombre por el país hace tres cuartos de siglo. Pero el nombre quedó adherido a un episodio en el que el Estado colombiano uniformó una identidad partidista, la armó y la envió a matar. Ese es el hecho que la palabra sigue nombrando.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Mariano Ospina Pérez — presidente que autorizó y dirigió la conservatización policial y el reclutamiento chulavita
  2. 02Laureano Gómez — ideólogo que formuló la doctrina de la policía enemiga y cuya campaña anticomunista intensificó la represión chulavita
  3. 03Jorge Eliécer Gaitán — su asesinato el 9 de abril de 1948 fue el detonante de la institucionalización acelerada de los chulavitas
  4. 04Guadalupe Salcedo — líder guerrillero liberal de los Llanos Orientales cuya resistencia armada fue respuesta directa al avance chulavita
  5. 05Boyacá — región de origen del grueso de los reclutas chulavitas, especialmente la vereda Chulavita en el municipio de Boavita
  6. 06Tolima — principal escenario del despliegue chulavita, con masacres documentadas en Santiago Pérez, Planadas, Gaitania y Chaparral
  7. 07Violencia bipartidista — marco histórico en el que los chulavitas fueron el instrumento estatal más característico de la persecución conservadora
  8. 08Autodefensa campesina — respuesta directa a la acción chulavita; las guerrillas liberales y comunistas surgieron en parte como reacción de sobrevivencia ante las comisiones
  9. 09Paramilitarismo — los chulavitas son considerados antecedente estructural del paramilitarismo colombiano posterior
  10. 10Pájaros — fenómeno paralelo y emparentado que operó principalmente en el occidente del país con lógica más civil que policial
06

Documentos y fragmentos citados

32 documentos · 44 fragmentos

01Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 38, 452 citas
[1]

su proclividad sectaria, parecían funcionar como si fuesen identidades étnicas. No en vano el mote "chulativa”, con que los grupos libérales desig naban las fuerzas de policía durante la primera ola de la Violencia', ese era el nombre de una vereda conservadora del municipio boyacense de Boavita que desde 1837 había…

p. 38
[2]

gadas de protegerlos. Las identidades partidistas estaban tan enraizadas que, con su proclividad sectaria, parecían funcionar como si fuesen identidades étnicas. No en vano el mote “chulativa”, con que los grupos liberales desig- naban las fuerzas de policía durante la primera ola de la Violencia; ese era el nombre de…

p. 45
02Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 251 cita
[3]

que Gaitan habia recibido dinero de los soviéticos para organizar la revuelta. Y, en con- secuencia, desde el estallido del 9 de abril en ade- lante, la politica del partido conservador, y la del go- bierno, estuvo inspirada por el temor de Ja revolu- cién social y por la necesidad de evitarla a toda costa. Entre las…

p. 25
03Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · p. 233, 2482 citas
[4]

resultas de que el Partido Conservador, sin mali- ciar una jugada, había repartido los puestos importantes entre los liberales. Porque el partido fue muy honesto con los liberales y no los había perseguido, como después hicie- ron con nosotros. Yo recuerdo que en Boavita, para poner un ejemplo, si un liberal, uno de…

p. 233
[15]

de dieciocho años, todos los buenos cristianos, y todos los con- servadores, debían presentarse para defender el Gobierno, para defender la patria, para defender la Iglesia. En medio de aquellas carreras se nombraron comi- siones; una para detener a los liberales del Cocuy, otra para defender el pueblo, otra para…

p. 248
04Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 281 cita
[5]

bien dirigidas, bajo una cuidadosa preparación y se ejecutan con sorpresa, astucia y vio- lencia (Sierra Ochoa, Gustavo, 1954, página 52). Las tomas de poblados tendieron a ser más reiteradas en los primeros años de La Violencia y disminuyeron con la creación del Frente Nacional, que permitió la coexistencia entre los…

p. 28
05Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 2091 cita
[6]

a local judge to take valuable coffee farms through the manipulation of land taxes. Nieto Caballero called it “robbery organized in a legal manner, systematic persecution, the reappearance of a cruel sentiment condensed in the phrase ‘hatred of the godo. ’” 103 While incidents like the Capitanejo gun battle of 1930…

p. 209
06La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 66, 672 citas
[7]

habían sacrificado su vida y las armas conquistadas al precio de la sangre de muchos combatientes caídos era una traición en la cual no se incurría. Esto hacía la situa- ción de este sector de combatientes guerrilleros extre- madamente difícil. El análisis político que se hacía, a la luz de orientaciones centrales era…

p. 66
[8]

Pero la entrega de los hombres que habían sacrificado su vida y las armas conquistadas al precio de la sangre de muchos combatientes caídos era una traición en la cual no se incurría. Esto hacía la situa- ción de este sector de combatientes guerrilleros extre- madamente difícil. El análisis político que se hacía, a la…

p. 67
07Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 161, 1732 citas
[9]

presidencial tenía una mira precisa: la organización de la retaliación; y desde allí habría de apuntalarse una de las medidas más directamente asociadas a la generalización de “La Violencia”: la renovación de la policía liberal y su sustitución por campesinos reclutados en las veredas boyacenses, especialmente en…

p. 161
[18]

vereda, establecían estrictas líneas de demarcación política cuya transgresión tenía consecuencias fatales. Una corbata, una camisa o una puerta roja eran una invitación a la muerte; como también cargar una cédula de identidad que llevara el registro de determinadas elecciones. Y formas atroces de mutilación, de…

p. 173
08Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 228, 3182 citas
[10]

el ambiente de la república” (Henderson, 2006: 392), Ospina reaccionó tratando de convertir a la policía en un cuerpo uniformemente conservador y declaran do el estado de sitio en varias regiones del país. i A partir de 1947 se conservatizaron no solo los organismos de control del orden público, sino también las…

p. 228
[30]

agrario del Alto Su- mapaz y Oriente del Tolima, liderado por Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela, y de las relaciones de ellos con Gaitán, surgieran las guerrillas del Su- mapaz, grupos de autodefensa campesina que enfrentaron la opresión y per secución del régimen conservador y del proyecto de conservatización…

p. 318
09Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1471 cita
[11]

Villarreal. Esta fuerza parapolicial, alimentada por el rencor hacia sus contrarios, fue reclutada para “salvar al presidente Ospina” y para matar campesinos liberales. Desde entonces, el gentilicio de los oriundos de Chulavita —los chulavitas— se convirtió en el terror por los métodos y medios criminales que…

p. 147
10Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1841 cita
[12]

aim was to ensure that the provincial masses, who had shown such revolutionary vigor on April 9, would not threaten the pax romana imposed on the urban centers. Stimulated by Gómez's preaching, this task was carried out in the principal Conservative bastions of Boyacá and Nariño as well as in Antioquia. In Antioquia…

p. 184
11Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3832 citas
[13]

bierno de unidad nacional, con la participación del centro libe- ral, que contribuyó a calmar un poco los ánimos. Pero esto no solucionó la violencia, que se fue agravando. Cuando Laureano 38 John D. Martz, Colombia, un estudio de política contemporánea, Bogotá, Uni- versidad Nacional, 1969, p. 75. 39 El Tiempo, 8 de…

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bierno de unidad nacional, con la participación del centro libe- ral, que contribuyó a calmar un poco los ánimos. Pero esto no solucionó la violencia, que se fue agravando. Cuando Laureano 38 John D. Martz, Colombia, un estudio de política contemporánea, Bogotá, Uni- versidad Nacional, 1969, p. 75. 39 El Tiempo, 8 de…

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12A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 16, 214 citas
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candidato a la Alcaldía de Rioblanco—y estaban aliados con otros dos jefes liberales: Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Marín incursionó con sus hombres — varios paisas como Mundoviejo y Llave- seca—por las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, y organizó a sus hombres en la…

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candidato a la Alcaldía de Rioblanco—y estaban aliados con otros dos jefes liberales: Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Marín incursionó con sus hombres — varios paisas como Mundoviejo y Llave- seca—por las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, y organizó a sus hombres en la…

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contra los conservadores y la policía chulavita. Los comunistas, orientados p o r el Partido, tenían u n program a social que reivindicaba los derechos a las tierras baldías y las garantías políticas a la oposición. Hacia finales de 1951 El Davis se dividió en dos sectores: El Davis propiam en te dicho, mandado por…

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contra los conservadores y la policía chulavita. Los comunistas, orientados p o r el Partido, tenían u n program a social que reivindicaba los derechos a las tierras baldías y las garantías políticas a la oposición. Hacia finales de 1951 El Davis se dividió en dos sectores: El Davis propiam en te dicho, mandado por…

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13La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 2601 cita
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punto de negárseles en incontables sitios alojamiento y ali- mentación. Como seres de primitivismo inocultable, apelan ló- gicamente al desquite mediante procedimientos brutales. Solo buscan una reacción para ejercitar la siniestra consigna de "dañarlo todo". Surge el dilema de muerte; se es amigo o enemigo del…

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14Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 481 cita
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que llegaban hasta en pencas de mata de fique y daban plazos para abandonar los territorios. Estas acciones fueron resultado de una combinación de miedo, ánimo de venganza y fanatismo religioso, que fueron instrumentalizados desde la dirección del Partido Conservador. Bajo esta lógica de violencia, varios lugares en…

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15Del Llano llano. Relatos y testimoniosAlfredo Molano · 2008 · p. 251 cita
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noche, y vivía mos en cualquier hueco que se dejara abrir. Fue una humillación muy grande. Ellos se unían como tropa para acabar con la comida que uno había sembrado, y hasta los viejos que habían estado en las guerras les tenían miedo. En una ocasión fueron apareciendo en el patio de la casa los Chaparros, Chucho y…

p. 25
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 691 cita
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una perspectiva de más largo aliento, como parte de un proyecto político y de vida, bien fuese por por una decisión libre y racional, o presos de las circunstancias. Así lo constató ante la Comisión este testimoniante: «Esos eran Pájaros, apoyados por los terratenientes. Ellos no estaban en contra del Estado, ellos…

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17Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 471 cita
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batallones del Ejército. Aunque la operación fue un fracaso militar, desen- cadenó la “rebelión llanera” que se prolongó hasta mediados de 1952 (Molano, 1986). Durante esta rebelión, numerosas victorias en contra de la Poli- cía y el Ejército consagraron a Guadalupe Salcedo, Eduardo Fran- 20 Todas las entrevistas…

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18Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 37, 532 citas
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heartened Liberals fleeing towns in Tolima, Cundinamarca, and Boy- acá. 26 Regarding Velásquez as the chief of the nascent guerrilla movement, they traveled down the roads to Meta and Casanare to join him, setting the stage for the Liberal insurgency that within a few months would engulf the Llanos. On March 17, 1949,…

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differences between those commanders who identified themselves as Communists and those who were fundamentally Liberals. As a result he withdrew from the meeting, leaving Guadalupe, who supported the law, as jefe supremo de los guerrillas liberales del Llano. Where this new compact might have led can never be known,…

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19Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 4251 cita
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in Bogotá to protest Gaitán's death and call for Ospina's resignation. Having transformed the force into a military arm of the Conservative Party, he used it for the violent repression of Liberals in many areas and their harassment everywhere. 76 Violent incidents between police, paramilitary organizations, and ad hoc…

p. 425
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 401 cita
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entre 1930 y 1950, huían de la persecución conservadora. Algunos de estos liberales conformaron las guerrillas de Guadalupe Salcedo en la década de los cuarenta y los cincuenta 39. Por último, está el piedemonte norte. Villavicencio y Yopal se erigen como las ciu- dades referentes de los llanos orientales, y…

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21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 551 cita
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violaban a las mujeres, haciéndoles todo lo que se les antojaba, y sin poder chistar palabra para evitar mayores tormentos [...] y yo entonces tenía sino escasos trece años, a mí me daba mucho miedo y me dolía todo lo que hacían, fue como me resolví a largarme de cerca de esas gentes tan malas, a ver si evitaba morir…

p. 55
22Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2322 citas
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inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…

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inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…

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23Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 411 cita
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contra el Secretariado de las farc en Casa Verde y de agresión militarista contra el movimiento popular en todo el país” 32. Resulta necesario preguntarse entonces, ¿a qué guerras se están refiriendo las farc, con antelación a su momento de creación? Las “cuatro guerras” que han marcado los orígenes de las farc se…

p. 41
24Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2321 cita
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a las características regionales asumió sus propias modalidades. Sin em- bargo, al igual que en Bogotá, los movimientos carecieron de una or- ganización y dirección adecuadas; los espontáneos líderes se quedaron esperando la decisión radical de las altas esferas del liberalismo aposen- tadas en Bogotá o las…

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25Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 192, 2212 citas
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destajo q ue li q uidaban sel ectivamen te lib eral es des d e J> alm ira hasta A rm enia, y El P aís, más recatado y oligarca. E l au togol pe de Os pina y la decla ratoria de abstención li be ral de fin es de 1949, a br ie ron lo q ue a quí he mo s ll a mad o un a segu n- da eta pa qu e, po r m ome nt os, pareció…

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en u11 centenar de poblaciones'. A la búsqueda de la Violencia Al llegar en 1958 el FN, la llamada <cgeneración de mayo)>, sur- gida de las jornadas contra la dictadura militar, era marginal en el personal político, extraído del mismo fondo de jefes, subjefes y lugartenientes que venían actuado desde las décadas…

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26"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 231 cita
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en Colombia a. e jecuciones como expresión de “L a v io L encia ” y L a d octrina de s eguridad n aciona L, 1946-1988 El año de 1946 ha sido definido por parte de los historiadores modernos como el año en que se origina en Colombia un conflicto violento ininterrumpido hasta el día de hoy, en el que la violencia contra…

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27Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2171 cita
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de los esp í ritus ”. Alfonso L ó pez, con autorizaci ó n del gobierno, que busc ó en varias ocasiones un acuerdo con la guerrilla que llevara a su desarme, se entrevist ó con algunos jefes guerrilleros sin ning ú n resultado. Sin embargo, las guerrillas segu í an aumentando: en los Llanos Orientales, dirigidas por…

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28La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 201 cita
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15 y 21 de julio y 15 de agosto, respectivamente, reproducían largos apartes de la obra para información del público que esperaba la salida de la segunda edición. Los mil ejemplares numerados de la primera se habían repartido exclusivamente entre altos dirigentes e instituciones nacionales; pero el interés y la…

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29When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 41 cita
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and his colleagues was a gener- alized phenomenon that ravaged a major part of the nation from the year 1948 and left in its wake 200}000 dead as well as untold physical destruction. It was defined as an occurrence unique to Colombia whose ramifications were political} economic} and cultural and whose EBSCOhost: eBook…

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30La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 841 cita
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los poderes tradicionales y terratenientes: la Unión Nacional de Oposición [UNO]. Con ellos tuve mi primera amenaza y me tuve que ir del pueblo porque los conservadores donde vivíamos le dijeron a mi padre que “o yo dejaba eso o me mata- ban”. Mi padre era un hombre muy afectado por la muerte de Gaitán, con mucho odio…

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31Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4301 cita
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la Violencia. Durante esta fase el ejército colombiano ·hizo frente a fieras organizaciones de bandidos en las zonas cafeteras centrales y, apoyado por grupos de contramsurgencia de Esta dos UnidoS, emprendió una ofensiva contra las comunidades rurales de orientación marxista en ciertas regiones aisladas y…

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32Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 961 cita
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se fue complicando, complicando, hasta que en lugar de ser un caldo de costilla o de gallina, se convirtió en un sancocho. Así es la violencia colombiana. Eso es la memoria histórica. La memoria histórica es que la violencia colombiana es de origen partidista. Los dos partidos de Colombia, liberal y conservador, son…

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