Germán Guzmán Campos
Frente Nacional
1908–1988
La biografía
Germán Guzmán Campos (c.1908–1988) fue un sacerdote tolimense, párroco rural, sociólogo autodidacta y coautor del libro que le devolvió a Colombia, en 1962, la imagen documentada de su propia devastación. Monseñor por el título eclesiástico y "clérigo rojo" por el epíteto de sus adversarios, integró la Comisión Investigadora de las Causas Actuales de la Violencia creada por Alberto Lleras Camargo en 1958, y de esa experiencia —cientos de entrevistas, documentos capturados, recorridos por los municipios arrasados— salió La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social, coescrito con Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna. El libro convirtió a Guzmán, que había sido pieza de legitimidad moral del Frente Nacional, en el enemigo interior del pacto bipartidista: un cura al que la prensa conservadora bautizó "Monstruo Guzmán" por haberle dado voz de archivo a los bandoleros, guerrilleros y campesinos desplazados que el régimen quería sepultar bajo la promesa de reconciliación. Su trayectoria es la de un mediador entre dos mundos —el clerical rural y el sociológico urbano— cuya posición de bisagra explica tanto la potencia de su obra como el precio que pagó por ella.
Línea de vida
- 1958
Integra la Comisión Investigadora de las Causas Actuales de la Violencia
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Alberto Lleras Camargo lo nombró miembro de la Comisión al inicio del primer gobierno del Frente Nacional. Como único integrante con conocimiento directo de los municipios afectados, Guzmán recorrió veredas, entrevistó a víctimas, victimarios y testigos, y acumuló un archivo de documentos capturados a los frentes armados —incluida la Ley del Llano de 1953— que ningún académico urbano habría podido reunir por sus propios medios. Los hallazgos de la Comisión quedaron clasificados por mandato de su estatuto fundacional.
- 1962
Publicación del Tomo I de La violencia en Colombia
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Ediciones Tercer Mundo publicó en Bogotá la Monografía No. 12 de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, coautoría de Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna. La primera edición constó de mil ejemplares numerados distribuidos entre altos dirigentes e instituciones. La demanda fue tan intensa que los propietarios organizaron turnos de lectura y circularon rumores infundados de que el gobierno había prohibido la edición. Entre septiembre y octubre de 1962, la prensa conservadora El Siglo y La República atacaron a Guzmán con epítetos como 'sacerdote renegado', 'clérigo rojo' y 'Monstruo Guzmán'.
- 1962
Viaje de campo al Sumapaz con Orlando Fals Borda
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Guzmán acompañó a Fals Borda en un viaje formativo al Sumapaz, actuando como intermediario, traductor y garante entre el mundo académico urbano y las zonas rurales marcadas por la violencia. Este rol de bisagra fue decisivo para la construcción del libro y evidenció su posición única dentro del equipo coautor.
- 1962
Exilio como consecuencia de su actividad pastoral, académica y social
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Según el testimonio de un sacerdote recogido en las fuentes, Guzmán habría salido al exilio como consecuencia de la hostilidad generada por su trabajo pastoral, investigativo y social. Esta interpretación causal es la de un tercero y no puede verificarse de forma independiente con los materiales disponibles.
- 1964
Publicación del Tomo II de La violencia en Colombia
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En junio de 1964, Ediciones Tercer Mundo publicó el segundo tomo, centrado en el análisis jurídico y en las leyes proclamadas por los frentes guerrilleros, con la Ley del Llano de 1953 como pieza documental central. Una segunda edición apareció en septiembre del mismo año. El proyecto consolidó la obra como el estudio pionero sobre La Violencia en Colombia.
El párroco del Tolima
De la infancia y la formación temprana de Guzmán queda menos rastro que del rol público que asumió a los cincuenta años. Nació hacia 1908 y ejerció como párroco en el Tolima, el departamento que se convertiría en el epicentro geográfico y estadístico de La Violencia: al menos 16.219 muertos entre 1949 y 1957 sin contar los enfrentamientos con el Ejército ni las masacres colectivas, el 42,6 % de la población desplazada —321.621 personas— y el 42,82 % de las propiedades rurales abandonadas —40.176 predios—. Guzmán no llegó a la investigación desde el gabinete: la investigación ya vivía en su parroquia. La Colombia de los corredores veredales incendiados, de las capillas profanadas en Praga y Órganos del Huila, de los cadáveres con la lengua cortada por la garganta y las camisas rojas como sentencia, era el paisaje de su ministerio antes de ser objeto de su escritura.
Ese doble estatus —clerical y territorial— fue la clave de todo lo que vendría. Guzmán conocía a los curas de aldea que en zonas de conflicto seguían siendo la única autoridad reconocida por unos y otros; conocía a los caporales, a las viudas, a los niños huérfanos de guerrilleros; y, sobre todo, conocía las gramáticas locales de la sevicia. Cuando más adelante escribiera, en el libro coautoral, que los combatientes en zonas de violencia pedían como primera petición el envío de sacerdotes "que los ayudaran y comprendieran", no formulaba una hipótesis: describía correspondencia recibida. La religiosidad popular seguía intacta entre quienes disparaban y entre quienes huían, y él lo sabía porque de esa fe era, todavía, ministro.
Se integró con facilidad, además, al ambiente intelectual universitario. No era ajeno a la sociología —una disciplina en formación en la Colombia de finales de los cincuenta— y ese cruce inusual, cura llanero con vocabulario académico, lo hizo un interlocutor natural para los jóvenes profesores de la Universidad Nacional que empezaban a mirar el país con herramientas nuevas. Entre ellos, Camilo Torres Restrepo.
El pacto que necesitaba testigos
Para entender la Comisión que Guzmán integraría en 1958, hay que ver el diseño político que la produjo. El Pacto de Benidorm, firmado el 24 de julio de 1956 entre Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez en la localidad española del mismo nombre, había abierto la conversación entre los dos jefes máximos del bipartidismo con un objetivo inmediato: sacar del poder al general Gustavo Rojas Pinilla y regresar el país a la normalidad jurídica. Un año después, el 20 de julio de 1957, el Pacto de Sitges precisó los términos: alternancia presidencial cada cuatro años, paridad milimétrica en los cargos públicos, y plebiscito para blindar todo el arreglo. Rojas Pinilla dejó el poder el 10 de mayo de 1957 y una Junta Militar de Gobierno gestionó la transición hasta que el plebiscito del 1 de diciembre de 1957 aprobó el Frente Nacional —el mismo plebiscito que estrenó el voto femenino en Colombia— y las urnas del 4 de mayo de 1958 eligieron a Lleras Camargo con cerca de 2.482.948 votos frente al conservador disidente Jorge Leiva.
El Frente Nacional se propuso durar dieciséis años y duró: gobernó de 1958 a 1974. Pero desde el principio arrastró una tensión irresuelta. Por fuera del reparto quedaban los comunistas y todos los que no aceptaran registrarse bajo una de las dos etiquetas tradicionales, y esa exclusión fue leída pronto —el propio Alfonso López Michelsen lo diría con acidez— como un régimen de partido único disfrazado de dos. La promesa central del pacto era, sin embargo, pacificadora: cerrar los años de sangre que habían dejado alrededor de 200.000 muertos.
Para hacer creíble esa promesa, Lleras necesitaba dos cosas simultáneas: información y símbolo. Información sobre lo que había pasado en 302 municipios de 13 de los 17 departamentos afectados —dimensión que solo entonces se estaba empezando a medir—; y un símbolo público de que la reconciliación era programa serio, no consigna. La Comisión Investigadora de las Causas Actuales de la Violencia, creada al inicio del gobierno, respondía a ambas necesidades. Pero su estatuto fundacional contenía una cláusula reveladora: los hallazgos serían mantenidos clasificados, a menos que el gobierno determinara que su publicación parcial o total era "aconsejable para los intereses del país y la paz pública". Se ordenaba investigar, no publicar. El silencio era la política por defecto.
La Comisión
La Comisión debía respetar la paridad bipartidista que era el nervio del pacto, pero varios candidatos conservadores rechazaron sus nombramientos y el organismo terminó con un solo conservador frente a dos liberales. Se completaba con dos sacerdotes párrocos —uno de ellos Guzmán— y dos oficiales militares. Esa composición no era casual: glorificaba la coalición del 10 de mayo que había derrocado a Rojas —civiles, militares y clero unidos— y buscaba blindar los futuros informes con una legitimidad transversal. Los sacerdotes aportaban la dimensión moral; los militares, el aval del orden; los políticos, la representación de los partidos. Guzmán, párroco del Tolima, era el único de los seis que conocía los municipios desde adentro.
La Comisión operó como parte de un conjunto más amplio de medidas que Lleras concibió como el paquete de pacificación: un Plan Nacional de Rehabilitación para las zonas de conflicto, una amnistía para los alzados en armas, y el impulso —siempre demorado— a una reforma social agraria. En paralelo, y contra el mismo horizonte simbólico, el primer gobierno del Frente Nacional sometió a Rojas Pinilla a juicio ante el Congreso a partir de enero de 1959, en un proceso mediatizado que tenía entre sus objetivos desacreditar al general y sacarlo del juego político. La coreografía era clara: cerrar el pasado, tanto el de la dictadura como el de la sangre partidista, para inaugurar el futuro concertado.
Guzmán trabajó en la Comisión con una intensidad que iba más allá del mandato. Recorrió veredas, entrevistó a víctimas, victimarios y testigos, recogió documentos capturados a los frentes armados —incluida la llamada Ley del Llano proclamada por las guerrillas liberales de los Llanos Orientales en 1953—, cartografió la geografía del horror. Acumuló, en cuestión de meses, un archivo que ningún académico universitario habría podido reunir por sus propios medios: los letrados de la Nacional, formados en Bogotá y Europa, apenas empezaban a acceder a esa Colombia rural. Guzmán no accedía: la habitaba.
Los resultados inmediatos de las políticas asociadas fueron ambiguos. La amnistía funcionó parcialmente: la mayoría de las guerrillas liberales y conservadoras se desmovilizaron en 1958, pero varios grupos la rechazaron porque habían aprendido, en experiencias anteriores, a desconfiar de los pactos que el Estado no cumplía. Las guerrillas comunistas —cuyos dirigentes habían sido excluidos del reparto bipartidista— permanecieron armadas. Y los programas de rehabilitación, tras un despliegue inicial en que muchos campesinos trabajaron como líderes de obras públicas, se fueron desdibujando por la persecución a las colonias agrícolas comunistas. La violencia disminuyó en volumen, pero cambió de forma: entre 1958 y 1966 se registraron 18.481 víctimas computadas, y tres cuartas partes se concentraron en Cauca, Huila, Tolima, Valle del Cauca y el Viejo Caldas —la geografía persistente que la primera Violencia había dibujado.
Del expediente al libro
La Comisión terminó su trabajo, entregó sus informes y —cumpliendo el diseño oficial— sus hallazgos quedaron clasificados. Aquí es donde la biografía institucional se rompe y comienza la biografía intelectual. Los materiales que Guzmán había acumulado no cabían en un archivo cerrado, y él tampoco tenía intención de dejarlos allí. Ya durante la Comisión había estrechado vínculos con el círculo emergente de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, fundada en 1959 y liderada por Fals Borda con Camilo Torres como capellán y colaborador.
Torres es, en la trayectoria de Guzmán, la figura clave. Sacerdote y sociólogo, formado en Europa y América antes de regresar a Bogotá, combinaba magnetismo personal, compromiso pastoral radical y rigor académico. Guzmán quedó impresionado por esa síntesis —el Evangelio vivido como servicio desinteresado sin renunciar al aparato conceptual de las ciencias sociales— y encontró en Torres a un interlocutor que no le exigía elegir entre sotana y sociología. Torres, por su parte, fue reconocido explícitamente por Guzmán en los agradecimientos del libro como "fraternal impulsador de todas las horas" del proyecto. La Facultad de Sociología promovió la investigación; la Fundación de la Paz aportó el patrocinio económico. El resultado, publicado en 1962 por Ediciones Tercer Mundo, fue la Monografía No. 12 de la Facultad.
La coautoría reunió tres formaciones distintas: Guzmán, el sacerdote-investigador con acceso al campo; Fals Borda, el sociólogo protestante formado en Estados Unidos, decano de la Facultad; y Umaña Luna, jurista liberal encargado del análisis normativo. La primera edición tuvo mil ejemplares numerados, distribuidos exclusivamente entre altos dirigentes e instituciones nacionales. Fue un lanzamiento restringido, casi cauteloso, quizás porque los propios autores intuían que el libro iba a desatar exactamente lo que desató.
Guzmán aportó los materiales que había recogido —entrevistas, correspondencia, documentos capturados, listados de víctimas—, pero también algo menos visible y más decisivo: acompañó a Fals Borda al Sumapaz en 1962, en un viaje de campo formativo. El sociólogo urbano necesitaba al cura rural para entrar en un territorio que no era el suyo. Guzmán actuó como intermediario, traductor, garante. En esa función residía su valor específico dentro del equipo y también, en última instancia, su vulnerabilidad posterior: no había otro Monseñor dispuesto a hacer lo mismo, y por lo tanto no había cómo compartir el costo del escándalo.
Lo que el libro decía
La violencia en Colombia no era una denuncia panfletaria ni una historia unilateral. Su tesis central, articulada por Guzmán, era de responsabilidad colectiva: todos los colombianos compartían una falla en "el alma de la nación" y, por tanto, todos tenían la obligación moral de contribuir a la "recuperación nacional". Colombia venía sufriendo, escribió Guzmán, "una dura prueba desde 1930, agudizada desde 1948", inscribiendo la violencia en un arco largo que no empezaba con el asesinato de Gaitán ni se agotaba en el enfrentamiento bipartidista.
El libro documentó, con nombres, fechas y cifras, la morfología del horror: incendios de viviendas por parte de las fuerzas regulares —Policía y Ejército— en episodios como el del Resguardo de Ortega y Natagaima en 1950 o Yacopí en 1952; mutilaciones y sevicia sobre cadáveres; violencia sexual; señales de demarcación cuya transgresión era fatal —una corbata, una camisa, una puerta del color equivocado—; profanación de capillas católicas en zonas de influencia comunista; asesinato de sacerdotes. Nombró a los actores armados —las guerrillas liberales de los Llanos, con Elíseo Velásquez alzado en armas contra la persecución conservadora, entre otros— y los situó en su condición social: campesinos desplazados, familiares de víctimas, trabajadores agrícolas, caporales.
También apuntó a las causas económicas menos visibles: la Violencia había servido como escenario para que algunos terratenientes recuperaran las tierras que en los años treinta los pequeños propietarios habían ganado en las luchas agrarias. El conflicto ideológico bipartidista funcionaba, en muchas regiones, como cobertura para una contrarreforma agraria de facto.
El Tomo II, publicado en junio de 1964 —con segunda edición en septiembre del mismo año—, se centró en el análisis jurídico y en las leyes proclamadas por los frentes guerrilleros, con la Ley del Llano de 1953 como pieza documental central. Umaña Luna aportó allí el peso mayor. Pero el impacto público del proyecto se jugó ya en el primer tomo, y en un debate que duró meses.
"Monstruo Guzmán"
La sensación fue inmediata. Los mil ejemplares numerados circularon con tanta demanda que sus propietarios organizaron turnos de lectura, y pronto corrieron rumores —infundados— de que el gobierno había recogido y prohibido la primera edición. Los rumores mismos multiplicaron el deseo. El libro se convirtió, en semanas, en el hecho editorial y político del año.
La reacción conservadora fue frontal y personal. Entre septiembre y octubre de 1962, El Siglo y La República dedicaron a Guzmán una batería de epítetos que revelan mejor que cualquier análisis lo que estaba en juego: "sacerdote renegado", "expárroco de pueblo tolimense", "clérigo suelto", "párroco en receso", "clérigo rojo", "Monstruo Guzmán". El vocabulario no era casual. Al negarle la parroquia —"expárroco", "en receso"— se le disputaba el título con el que había firmado y el que le daba autoridad para escuchar a los combatientes que pedían curas. Al llamarlo "renegado" y "suelto" se sugería una traición a la Iglesia y, por extensión, al orden que la Iglesia bendecía. "Monstruo" era ya el registro del exorcismo.
Umaña Luna recibió el ataque paralelo: "abogado liberal incompetente", "librepensador extremista", "abogado volteriano y enciclopedista", en La República, El Siglo y La Patria de Manizales, en septiembre de 1962. Contra Fals Borda se activó el resorte confesional: El Siglo, en septiembre de 1962, denunció "la mano protestante" en el supuesto mal uso de las fuentes, especialmente en el empleo de declaraciones de bandoleros y guerrilleros. Que un sociólogo protestante hubiera dado voz de archivo a los alzados en armas era, para la prensa conservadora, más que un problema metodológico: era un escándalo eclesial. Que un Monseñor católico hubiera avalado esa operación era el escándalo mayor.
El ataque revela lo que amenazaba realmente el libro. No era solo la contabilidad del horror —esa, a estas alturas, todos la sabían—, sino la ruptura de la jerarquía sobre quién tiene derecho a producir verdad sobre la violencia. Al hacer hablar a los guerrilleros, a los bandoleros y a los campesinos desplazados en el registro del documento, y al firmarlos con el título de Monseñor y la Monografía No. 12 de la Universidad Nacional, Guzmán y sus coautores estaban desplazando la autoridad narrativa desde el editorial partidista hacia el testimonio situado. Eso era lo intolerable.
En los primeros meses de circulación pareció, incluso, que el mensaje de responsabilidad colectiva sería recogido como plataforma común. "Pareció por un momento" haber sido comprendido, dirían después los mismos autores. Pero el debate se politizó pronto y el diálogo se interrumpió: cada bando extrajo del libro los pasajes útiles a su causa y descartó los incómodos. La operación pacificadora que Lleras había querido cerrar con la Comisión clasificada se veía ahora desbordada por el mismo material que la Comisión había producido.
Torres, el ELN y el precio
Mientras el libro se debatía, la trayectoria de Camilo Torres se aceleraba en una dirección que arrastraría también a Guzmán. Torres interpretó la Violencia, en el Primer Congreso Nacional de Sociología en 1963, como "el cambio socio-cultural más importante en las áreas campesinas colombianas desde la Conquista española": a través de ella, las comunidades rurales se habían integrado por vías no previstas —violentas, forzadas— en un proceso de urbanización sociológica. Esa lectura estructural, que Guzmán compartía en lo esencial, pronto empujó a Torres más allá del análisis. Fundó el periódico Frente Unido e intentó articular a los grupos revolucionarios en una plataforma que trascendiera las ideologías; luego abandonó el sacerdocio para hacer política revolucionaria; y a finales de 1965, declarando que "las vías legales estaban cerradas" para el cambio en Colombia, se sumó a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional. Murió en combate contra el Ejército en febrero de 1966, en la acción de Patio Cemento.
La muerte de Torres marcó a Guzmán en más de un sentido. Perdió al amigo intelectual que había impulsado el libro y al modelo de sacerdote-sociólogo que le había mostrado que las dos vocaciones podían convivir. Pero también quedó, ante los ojos de la prensa conservadora, asociado por proximidad al camino que Torres había tomado —aunque él nunca lo tomó—. La ecuación que se le impuso en la lectura pública fue simplificadora y eficaz: si Torres había terminado en la guerrilla, y Guzmán había sido su coautor moral, entonces el libro era la antesala del ELN. Nada de lo que Guzmán había escrito autorizaba esa cadena, pero la cadena se instaló.
El corolario personal fue el exilio. Guzmán salió del país como consecuencia de la hostilidad que su trabajo pastoral, académico y social despertaba en lo que se llamó entonces "la oligarquía colombiana". Se estableció en Cuernavaca, México, ciudad que en esos años se había vuelto polo de la reflexión católica renovadora latinoamericana. Desde allí siguió escribiendo y siguió, hasta donde pudo, acompañando el itinerario de la sociología crítica colombiana que había ayudado a inaugurar.
El lugar en la disciplina
Más allá del escándalo, La violencia en Colombia fue el estudio pionero sobre el tema y una pieza fundacional de la sociología colombiana. En los años que siguieron a su publicación, el estudio de la Violencia se consolidó como una de las líneas centrales de las ciencias sociales del país, junto con el tema agrario, el bipartidismo y el desarrollo económico. El clima intelectual de la época —marcado por la decepción con el Frente Nacional y por el interés de una generación joven, cercana al marxismo, en analizar científicamente los grandes problemas nacionales— encontró en el libro tanto un punto de partida documental como un modelo metodológico.
Lo que Guzmán aportó a esa tradición no fue solo material bruto. Fue una manera de hacer investigación que combinaba la escucha pastoral —el sacerdote que oye confesiones sin traicionar quién habla— con la sistematización sociológica. Ese cruce, que Fals Borda desarrollaría después en la Investigación Acción Participativa y que Torres había esbozado en su ensayo del Congreso de Sociología de 1963, tiene en Guzmán un antecedente concreto: alguien que no llegó al campo desde la teoría, sino que llegó a la teoría desde el campo.
Su lugar en la genealogía de la teología de la liberación colombiana es más discutido. Hay quien lo ha considerado precursor de esa corriente y del pensamiento de comunidades de base, señalando su combinación de vocación pastoral, investigación social y acompañamiento a campesinos e indígenas en el Tolima. Es una lectura plausible, aunque no consensuada. Guzmán no dejó una elaboración teológica sistemática al modo de los teólogos de la liberación posteriores. Lo que sí dejó fue una práctica: la de un cura que documentó a los suyos sin traicionarlos ni idealizarlos, y que pagó por ese acto de escritura el precio del destierro.
La estela
El Frente Nacional que había creado la Comisión terminó su ciclo en 1974, sin haber resuelto las causas estructurales que Guzmán y sus coautores habían identificado. Las guerrillas comunistas se consolidaron en las FARC, alimentadas por la persecución a las colonias agrícolas y por el cierre político del pacto bipartidista; el ELN, en cuyas filas había muerto Torres, se afianzó con influencia de la Revolución cubana de 1959; el bandolerismo residual siguió activo en las zonas de la segunda Violencia. La política reconciliadora de Lleras Camargo, cuyo instrumento simbólico había sido la Comisión de la que Guzmán formó parte, mostró sus límites en las cifras que el propio libro había ayudado a establecer.
Guzmán murió en 1988, en un país donde la palabra "violencia" ya no designaba un capítulo cerrado sino una condición permanente. El libro que había coescrito seguía reeditándose, discutiéndose, citándose. La expresión "Monstruo Guzmán" había perdido su carga y sobrevivía como pieza de archivo periodístico, testimonio menor de la ferocidad con que el pacto bipartidista defendió su versión oficial de la pacificación. Fals Borda, en la reedición de 2008 de La subversión en Colombia, dedicaría el libro a la memoria de Torres, "fundador del Socialismo Raizal e impulsor de los primeros esfuerzos para alcanzarlo en Colombia", inscribiendo a su viejo amigo y a la tradición que compartió con Guzmán en un linaje más amplio de sociología comprometida.
La figura de Guzmán resiste las asimilaciones fáciles. No fue un cura revolucionario al modo de Torres, ni un académico puro al modo de Fals, ni un jurista de partido al modo de Umaña. Fue un mediador —entre el clero rural y la universidad, entre el mandato oficial y el compromiso pastoral, entre el archivo clasificado y el libro publicado— cuya posición de bisagra produjo un objeto que ni el Frente Nacional ni sus críticos podían controlar del todo. La contradicción productiva de su trayectoria es la del pacto mismo: para legitimar la promesa pacificadora, el régimen necesitaba testigos con credibilidad moral y acceso territorial; pero esos testigos, por su ubicación en el campo, acumulaban una evidencia que devolvía al régimen, con nombres y cifras, la imagen exacta de lo que aspiraba a enterrar. Guzmán fue el testigo que el Frente Nacional convocó y no supo qué hacer con lo que trajo de vuelta. El libro que escribió con Fals Borda y Umaña Luna es, en ese sentido, uno de los productos más honestos del pacto bipartidista: el que muestra por qué el pacto, en sus propios términos, no podía cumplir su promesa.
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
43 documentos · 68 fragmentos01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 48, 602 citas
[1]acuerdo político fue la reorganización del país luego del período presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo mandato se había convertido en un tercer partido capaz de desplazar a los dos tradicionales. Este hecho, unido al deseo de terminar con el periodo conflictivo de la Violencia, generada por la…
p. 60
[44]que llegaban hasta en pencas de mata de fique y daban plazos para abandonar los territorios. Estas acciones fueron resultado de una combinación de miedo, ánimo de venganza y fanatismo religioso, que fueron instrumentalizados desde la dirección del Partido Conservador. Bajo esta lógica de violencia, varios lugares en…
p. 48
02Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Páginas 181, 1912 citas
[2]decisión de Rojas de conformar y consolidar una alternativa a los partidos tradicionales lo acompañaría hasta la tumba. A tres años de iniciado su gobierno, el divorcio con las jerarquías liberal y conservadora era total. C AÍDA DE R OJAS, F RENTE N ACIONAL, VIOLENCIA Y BANDOLERISMO Al frente de la oposición al…
p. 181
[14]teniente Alberto Cendales Campuzano, lograron apresar a cuatro de los Quíntuples y a Lleras Camargo, en vísperas de su elección. Antes del mediodía siguiente, los golpistas fueron derrotados en su intención, muchos detenidos, y algunos lograron el refugio en las sedes diplomáticas de El Salvador, Guatemala, Paraguay y…
p. 191
03Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Página 781 cita
[3]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…
p. 78
04Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2271 cita
[4]con el exiliado dirigente conservador Laureano Gómez. Con él firma, el 24 de julio de 1956, aniversario del natalicio del Libertador, el Pacto de Benidorm que ase- guró la unión de los dos partidos en contra de la administración militar imperante, que sería el primer paso que cristalizaría la no muy larga lucha al…
p. 227
05Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Páginas 70, 72, 763 citas
[5]dad institucional que, a su vez, permitié un notable desarrollo econémico y social. Al margen de las necesidades practicas de res- taurar la convivencia bipartidista y de librarse de la dictadura cada dia mas autocratica del general Gus- tavo Rojas Pinilla, habia, desde luego, algo mas: el reconocimiento filos6fico de…
p. 70
[49]por el papado progresista de Juan XXiIll y la convocato- tia del Concilio Vaticano Il, y particularmente en América Latina por la reunién de la Conferen- cia Episcopal Latinoamericana de Medellin, en 1965. Camilo Torres, socidlogo y capellan de la Universidad Nacional, colgé los habitos para hacer politica…
p. 76
[64]tan 1747 importante papel habia tenido en la violencia bipar- tidista, en calidad de brazo armado del partido con- servador, fue despolitizada y militarizada. Pero las verdaderas causas de la violencia politica y social fueron tratadas de una manera totalmente superfi- cial, lo cual condujo a que algunos sectores de…
p. 72
06Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · Página 2001 cita
[6]representative and democratic” systems, countries such as Colombia.18 The National Front, 1958–1960 Colombia’s democratic revival coincided with the remaking of U.S. policy toward Latin America. During the early 1950s, former president Alfonso López proposed a bipartisan power-sharing arrangement as a solution to the…
p. 200
07El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 1021 cita
[7]la ingobernabilidad. Pero, por otro lado, Rojas siguió con el proyecto constituyente autoritario que había ya inicia do Gómez, y que en esencia excluía al Partido Liberal. A medida que las críticas contra su gobierno fueron arreciando se lanzó a una represión abierta, aunque no muy sistemática, que incluía cierres…
p. 102
08El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 852 citas
[8]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
[9]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
09Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · Página 2401 cita
[10]salido de control en las regiones, y que luego le devolviera el poder a los sectores moderados de las élites políticas liberales y conservadoras. Sin embargo, el plan no salió como lo esperaban. El proceso de pacificación arrojaba resultados más bien pobres y, más grave aún, Rojas no daba señales de querer devolver el…
p. 240
10Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 1111 cita
[11]people in the rural areas realize that the government could not respond and would not respond, so poor people took political matters into their own hands in the manner that was most functional to them. They destroyed their enemies, their neighbors, through visceral, brutal violence, and it took years for the nation’s…
p. 111
11Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Páginas 119, 1352 citas
[12]entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…
p. 119
[54]sociólogos, antropólogos y compañía no estaban motivados únicamente por darle mayor rigor a sus respectivos quehaceres. Igualmente importante, para todos ellos, era utilizar el trabajo científico como un instrumento para conocer mejor la realidad del país, una realidad bastante sombría que planteaba todo tipo de…
p. 135
12Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · Páginas 94, 2732 citas
[13]built in safeguards: according to the commission’s founding statute, the commission’s fi ndings would be kept “classi fi ed” unless the government determined that their “partial or full” publication was “advisable for the interests of the country and the public peace.” 29 However, this stipulation represented insu ffi…
p. 94
[16]feat aided by Guzmán’s easy integration into the lettered city. The priest was no stranger to the discipline of sociology, as the National Investigatory Commission’s contemplation of such enquiry attested, but now he had the luxury of reading alongside the country’s best practitioners. He was particularly struck by…
p. 273
13Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2341 cita
[15]ir í a de 1958 a 1974. De este modo la alianza se volvi ó de hierro y el Frente Nacional se convirti ó, como lo se ñ al ó el liberal Alfonso L ó pez Michelsen, en una especie de r é gimen de partido ú nico, sin oposici ó n, que volv í a impensable cualquier pro puesta que no contara con el consenso general. REFORMISMO…
p. 234
14Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · Página 941 cita
[17]de resolver que tuvo que enfrentar el primer presidente del Frente Nacio- nal, Alberto Lleras Camargo, fue cómo llevar a cabo y en qué orden de prioridades, dados los escasos recursos del Estado, la atención a las personas damnificadas y la reparación mate- rial de los estragos que la violencia política había…
p. 94
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 601 cita
[18]Lleras Camargo (1958- 1962) sugería que el Frente Nacional inaugurado con su juramento significó el regreso al poder de los gobiernos civiles, pero no la conquista de la paz. Tras una década de desgarradora crueldad y cinco años de dictadura militar, la violencia política persistía –aunque en menor escala– por lo cual…
p. 60
16La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · Páginas 2, 20, 263 citas
[19]de El Siglo (agosto 11). Pero con el correr de los días y la exacerbación de los ánimos, y posiblemente debido a que los autores no respondieron, la agresión verbal fue en aumento. Monseñor Guzmán fue calificado de "sacerdote renegado " (El Siglo, septiembre 15, 1962); "expárroco de pueblo tolimense" (La República,…
p. 26
[29]La violencia en Colombia Estudio de un proceso social-Tomo II Monseñor Germán Guzmán Orlando Fals Borda Eduardo Umaña Luna Ediciones LAVP www.luisvillamarin.com La violencia en Colombia Estudio de un proceso social Tomo II © Monseñor Germán Guzmán, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna Colección Actores de la…
p. 2
[35]15 y 21 de julio y 15 de agosto, respectivamente, reproducían largos apartes de la obra para información del público que esperaba la salida de la segunda edición. Los mil ejemplares numerados de la primera se habían repartido exclusivamente entre altos dirigentes e instituciones nacionales; pero el interés y la…
p. 20
17La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · Páginas 1, 21, 2733 citas
[20]al Presbítero Camilo Torres Restrepo, fraternal im- pulsador de todas las horas; a la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional que promovió la idea de la investi- gación; a la Fundación de la Paz con cuyo patrocinio fue posible realizar la labor; a don René Camargo, generoso auxiliar; al doctor Andrew Pearse…
p. 21
[22]neo- presbítero. Jaime Castillo, destrozado en San Juan de Urabá el 30 de julio de 1950; y al anciano padre Teodoro Sánchez en la Tolda, municipio de Roncesvalles, Tolima. En algunos sitios esas mismas gentes salvaron las imágenes, pero en otros, profanaron templos y capillas y aun cometieron sacrilegios como el de…
p. 273
[24]?! 1*71 Vil CI MIIUL VtíllüLlU EL SIGLO' llm Errw fcTT^ Secu lentos soore la nrtín Xyueva PRENSA aWL - < ucercl Estudio de un Proceso Social lm Lacha coatí Armados SEGUNDA EDICION Mons. GERMAN GUZMAN ORLANDO FALS BORDA EDUARDO UMAÑA LUNA Va 0 alCrimi F2278 * a¿ Gánese la.G99 V. | os ém^mmí' Gritaban- n; n „ nh v -…
p. 1
18La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1941 cita
[21]paz, fundamentalmente en el Tolima, acompañando a los campesinos, a los indígenas. Yo creo que él fue un precursor de la teología de la liberación y del nuevo pensamiento al interior de la Iglesia católica a partir de las comunidades de base. Asumió esa responsabilidad por convicción y combinaba la actividad pastoral…
p. 194
19When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · Páginas 16, 297, 3429 citas
[23]en Colombia": Analisis de un libro. Bogota: Centro de Estudios Colombianos, 1962. Gatt, Richard. Guerrilla Movements in Latin America. New York: Doubleday, 1972. Groot, Jose Manuel. Histo ria eclesiastica y civil de Nueva Granada. Vol. II. Bogota: Editorial ABC, 1953. GueITa, Jose Joaquin. Estudios hist6ricos. 4 vols.…
p. 342
[25]en Colombia": Analisis de un libro. Bogota: Centro de Estudios Colombianos, 1962. Gatt, Richard. Guerrilla Movements in Latin America. New York: Doubleday, 1972. Groot, Jose Manuel. Histo ria eclesiastica y civil de Nueva Granada. Vol. II. Bogota: Editorial ABC, 1953. GueITa, Jose Joaquin. Estudios hist6ricos. 4 vols.…
p. 342
[26]en Colombia": Analisis de un libro. Bogota: Centro de Estudios Colombianos, 1962. Gatt, Richard. Guerrilla Movements in Latin America. New York: Doubleday, 1972. Groot, Jose Manuel. Histo ria eclesiastica y civil de Nueva Granada. Vol. II. Bogota: Editorial ABC, 1953. GueITa, Jose Joaquin. Estudios hist6ricos. 4 vols.…
p. 342
[32]Ibid.} p. 31. 20. Miguel Angel Gonzalez} ((La violencia en Colombian: AnAlisis de un libro (Bogota: Centro de Estudios Colombianos} 1962). Notes to Introduction 285 21. Gennan Guzman} La violencia, II} pp. 410-17. 22. Camilo TOITes Restrepo} HSocial Change and Rural Violence in Colom- bia/' in lIVing Louis Horowitz}…
p. 297
[33]Ibid.} p. 31. 20. Miguel Angel Gonzalez} ((La violencia en Colombian: AnAlisis de un libro (Bogota: Centro de Estudios Colombianos} 1962). Notes to Introduction 285 21. Gennan Guzman} La violencia, II} pp. 410-17. 22. Camilo TOITes Restrepo} HSocial Change and Rural Violence in Colom- bia/' in lIVing Louis Horowitz}…
p. 297
[34]Ibid.} p. 31. 20. Miguel Angel Gonzalez} ((La violencia en Colombian: AnAlisis de un libro (Bogota: Centro de Estudios Colombianos} 1962). Notes to Introduction 285 21. Gennan Guzman} La violencia, II} pp. 410-17. 22. Camilo TOITes Restrepo} HSocial Change and Rural Violence in Colom- bia/' in lIVing Louis Horowitz}…
p. 297
[39]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…
p. 16
[40]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…
p. 16
[41]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…
p. 16
20Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Página 4591 cita
[27]en la Colombia Contemporánea". Huellas, No. 18, 1986, 41-46. Gómez, Anita. Medellín en los Años Locos. Medellín: Universidad Bolivariana, 1985. ESTRELLA ROJA khalil.rojo.col@gmail.com 459 Gómez, Antonio. Bogotá. Bogotá: Ediciones ABC, 1938. Gómez, Fernando. Biografía Económica de las Industrias de Antioquia. Medellín:…
p. 459
21Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 4011 cita
[28]a los 33 años de edad, en 1952. 32 Germán Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, La violencia en Colombia: estudio de un proceso social. Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1962. 33 Guzmán, Fals Borda y Umaña, La Violencia en Colombia, 23. 34 Palacios, Entre la legitimidad y la violencia, 290. 35 Alma…
p. 401
22Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 3781 cita
[30]el9 de abril en provincia, Bogotá, 1983. Sobre el sindi ca li s mo, además de las obra s ya mencionadas, pueden consultar se E dgar Caicedo, Historia de l as lu c ltas si11dicales en Colombia, Bogotá, 1977; Almario Salazar, Hist oria de los t rab ajad ores petrol eros, Bogotá, 1984. La v iolen cia pr op iamente dicha…
p. 378
23The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Páginas 371, 3812 citas
[31]church and greeted León María, yet during the entire mass they could not stop thinking about the strange manner in which the two drunk men were lying on the road. As they headed out, they mentioned this to Father Legui, who was coming in from the street. He only managed to answer them with a smile. Don Pacho Montalvo…
p. 371
[45]out that indeed a battle had not taken place, but that it had been a simple ambush in which the poor victims were made out to behave like frightened animals. One of the more “politically aware” comrades, a man described as affectionate, fraternal, and even kind-hearted, told me he shot a policeman and later finished…
p. 381
24No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 6231 cita
[36]Gutiérrez, Francisco. El orangután con sacoleva. Cien años de democracia y represión en Colombia (1990-2010). Bogotá: IEPRI y Debate, 2014. Gutiérrez, Francisco. La destrucción de una República. Bogotá: Taurus: Universidad Externado de Colombia, 2017. Gutiérrez, Francisco, Wills, María y Sánchez, Gonzalo. Nuestra…
p. 623
25Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 1401 cita
[37]las calles a tempranas horas de la madrugada, cargada de las víctimas de la noche anterior. En este ambiente, en esta subcul- tura de la Violencia, que estaba trans- formando las conductas sociales, el lenguaje y los esquemas de valoración de muchas regiones, estaba creciendo toda una generación en la cual se in-…
p. 140
26When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · Página 41 cita
[38]and his colleagues was a gener- alized phenomenon that ravaged a major part of the nation from the year 1948 and left in its wake 200}000 dead as well as untold physical destruction. It was defined as an occurrence unique to Colombia whose ramifications were political} economic} and cultural and whose EBSCOhost: eBook…
p. 4
27¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Páginas 70, 722 citas
[42]de la Gobernación del Tolima, La Violencia en el Tolima (Ibagué: Gobernación del Tolima, 1959). humano” que dejó La Violencia. En primer lugar, estimaron “16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin incluir los muertos habidos con fuer- zas regulares del Ejército, ni en masacres colectivas, que generalmente eran abandonados…
p. 70
[63]Ejército contra las denomi- nadas “repúblicas independientes” (1964 y 1966). Según otras versiones, el regreso de los grupos comunistas a la lucha armada tuvo inicio, por un lado, en el asesinato de uno de sus jefes principales, Jacobo Prías Alape, alias Charro Negro, por parte de las guerrillas liberales; y, por otro…
p. 72
28Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Páginas 173, 2582 citas
[43]vereda, establecían estrictas líneas de demarcación política cuya transgresión tenía consecuencias fatales. Una corbata, una camisa o una puerta roja eran una invitación a la muerte; como también cargar una cédula de identidad que llevara el registro de determinadas elecciones. Y formas atroces de mutilación, de…
p. 173
[62]en la Presidencia de la República al doctor Alberto Lleras Camargo, ilustre figura del Frente Nacional, a quien le ha correspondido la magna labor patriótica de reconstrucción material y moral de la Nación y empeñado en desarrollar la campaña de pacificación de la República, Declaramos: 1. Como patriotas, que luchamos…
p. 258
29Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 261 cita
[46]que llevaron a cabo los gobiernos, sobre todo de Lleras Camargo, y de su sucesor, el conservador Guillermo León Valencia (1962-1966), rápidamente experimentaron el desvanecimiento del efecto “luna de miel” sobre la gestión de una violencia que, si bien controlada entre 1959 y 1964, nuevamente presentaba exacerbados…
p. 26
30Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · Página 141 cita
[47]Violencia, ya que esta se venía gestando desde antes de 1946. Argumenta que, desde esta fecha, las clases dominantes querían quitar la intervención excesiva de la economía por parte del Estado, y a que estas deseaban un modelo liberal o economía de mercado abierto y el Estado liberal imponía trabas. También el autor…
p. 14
31Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 3221 cita
[48]m b ia La guerrilla de los Llanos se conformó a comienzos de los cincuenta, cuando el liberal Elíseo Velásquez se alzó en armas para defenderse de la per secución del régimen conservador. En los Llanos se integraron las guerrillas liberales con una heterogénea composición social: campesinos desplazados de sus…
p. 322
32Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 26, 32, 683 citas
[50]futuro de una Colombia transformada. Se tiene un ejemplo en la interpretación del sacerdote y sociólogo Camilo To- rres Restrepo, personaje muy cercano a la elaboración del libro La Violencia pez Pumarejo en carta del 25 de agosto de 1952 al expresidente Ospina Pérez; citada en Franco Isaza, (1959, p. 290). 9 Una…
p. 32
[52]y de nuevo cuño, y, consecuente, se preci pitó al campamento madre del eln en las selvas del Opón? Según Camilo, La Violencia ha constituido para Colombia el cambio socio-cultural más impor tante en las áreas campesinas desde la Conquista efectuada por los españoles. Por conducto de ella las comunidades rurales se han…
p. 26
[67]rodeó el regreso de Rojas Pinilla al país y su juicio en el Congreso, los dirigentes del Frente Nacio- nal (FN) podían estar optimistas porque, en lo fundamental, el reparto biparti- dista estaba funcionando bien. La izquierda liberal era una minoría creciente y respetable. En 1962 la candidatura presidencial de López…
p. 68
33Camilo TorresGerman Guzman · 1969 · Página 11 cita
[51]GERMAN GUZMAN CAMILO TORRES has achieved a place among those martyrs to radical social reform who symbolize the aspirations of many of today’s most vital social leaders, especially among the young. The scion of an influential middle class family, he chose to work as a priest for the oppressed majority of his fellow…
p. 1
34La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 11 cita
[53]D e la subversión y la finali D a D histórica Orlando Fals Borda Bogotá, D. C., 2008 Colección 2 l a s ubversión en c olombia 1º Edición española, 1967 Universidad Nacional de Colombia/ Tercer Mundo Bogotá, Colombia. 2º Edición Española, 1968. Idem. 3º Edición Inglesa, 1969. Columbia Univesity Press, New York 4º…
p. 1
35Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · Página 351 cita
[55]very close ones, such as social work. As articulat - ing axis, it was insisted on the need to develop a science that would allow the comprehension and promotion of social change, conceived in a similar way as it was oriented from state planning (Memoirs of the first national congress of sociology) (Escalante, 1963).…
p. 35
36Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · Página 451 cita
[56]asserts that those who bear these signs have the right to abuse and take advantage of those who do not. The inter - action between these classes of values is paradoxical, as it promotes the M. ZULETA 9 idea that the resolution of conflict is achieved through permanent war, in which the strongest side, which are…
p. 45
37Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 1001 cita
[57]historia del país y de su economía. Faltaba pre- paración y había que adquirirla sobre la marcha. Darío Mesa había publicado en Mito (1957) Treinta años de historia de Colombia 1925-1955. Este ensayo he- cho con la óptica del marxismo seguía paso a paso el proceso económico y las contradicciones políticas del país.…
p. 100
38Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2471 cita
[58]doso, el de la paridad entre los dos partidos, y buscó afianzar el poder civil, restringiendo el que tenían las fuerzas militares. Contó con la oposición de sectores disidentes de ambos parti- dos: el Unionismo de Ospina Pérez y Alzate Avendaño y el Movimiento Revolucionario Li- beral (MRL) de Alfonso López Michelsen.…
p. 247
39La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · Página 3461 cita
[59](2004) en: GMH, op. cit. (2013, 112) 565 Paul Oquist, Violencia y conflicto y política en Colombia, 322, en GMH, ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Informe General, 115. 347 A N EX O por el Partido Comunista, y las autodefensas del Sumapaz se negaron a aceptar la amnistía, con lo cual se expusieron a…
p. 346
40Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 2322 citas
[60]inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…
p. 232
[61]inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…
p. 232
41Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 2521 cita
[65]the crisis spawned by ANAPO's electoral successthese peasants undertook the popular path to agrarian reform under the direction of the National Peasant Association (ANUC). They reminded the nation that the National Front had left unresolved one of the fundamental components of the Violence, the agrarian problem. The…
p. 252
42The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · Página 581 cita
[66]readiness to lay down arms indicated that there was a deep popular desire for the reestablishment of peace, which must have enabled the Liberal and Conservative parties to recover at least part of their lost ideological ground when they presented themselves as peacemakers with the National Front agreement. Moreover,…
p. 58
43Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 751 cita
[68]exclusivamente en los lugares donde hasta mediados de la década de los sesenta persistía la acción de los bandoleros, sobre todo durante las cosechas cafeteras, y en las zonas de colonización donde el campesinado comunista había establecido colonias agrícolas. En estos primeros años del pacto bipartidista también hubo…
p. 75