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Ensayo · La Violencia · 1946–1957

La Violencia (1946-1965)

El debate central de la historiografía colombiana sobre La Violencia enfrenta la tesis de la 'revolución social frustrada' —formulada por Guzmán, Fals Borda y Umaña Luna en 1962 y radicalizada por Camilo Torres y lectores marxistas— con la evidencia empírica de la resiliencia clientelar rural y con la crítica que lee la propia 'violentología' como artefacto ideológico de la desilusión letrada de los sesenta.

15 min de lectura3.244 palabras42 documentos64 fragmentos
La Violencia (1946-1965)
Actualizado 28 de julio de 2026
01

Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La Violencia no fue una revolución social frustrada en el sentido que Torres, Hobsbawm o Gilhodes postularon: no existió un campesinado con conciencia de clase autónoma cuya insurrección haya sido abortada por el pacto bipartidista del Frente Nacional. La reincorporación del voto bipartidista en las zonas masacradas, el fracaso sin resistencia de los tribunales de conciliación y la reabsorción de los guerrilleros liberales en el gamonalismo del Frente Nacional son hechos difíciles de reconciliar con esa tesis. Sin embargo, tampoco fue solo una guerra civil partidista al estilo del siglo XIX: el despojo de cientos de miles de parcelas en zonas de frontera agrícola cafetera —ejecutado con lógica de acumulación bajo cobertura bipartidista— revela dos niveles simultáneos: un enfrentamiento partidista y uno clasista, anidados y no alternativos, en que el clientelismo bipartidista fue el vehículo institucional del despojo agrario.

La tensión

El paradigma fundacional de Guzmán, Fals Borda y Umaña Luna (1962), promovido desde la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, caracterizó La Violencia como fenómeno generalizado con ramificaciones estructurales y acuñó categorías propias —tanatomanía, agrietamiento, etapa telética— que desplazaron a la historia oficial partidista. Camilo Torres radicalizó esa lectura al interpretar el conflicto como el cambio socio-cultural más importante en el campo colombiano desde la Conquista, generador de una subcultura rural con conciencia de clase revolucionaria. Frente a ello, la crítica empírica posterior —Bergquist, Pécaut, Sánchez, Palacios— mostró que el campesinado reconstruyó la propiedad privada, reprodujo el voto bipartidista y reintegró a sus jefes guerrilleros al gamonalismo del Frente Nacional, sin que se registrara la presión de base que una conciencia revolucionaria autónoma habría generado. Una tercera línea, más reciente, lee la propia 'violentología' como objeto histórico: el paradigma de la revolución frustrada habría sido menos un diagnóstico neutral que un dispositivo ideológico de la Guerra Fría y del durkheimianismo, producido por académicos marxistas defraudados por el Frente Nacional que proyectaron sobre el campesinado una conciencia que este no tuvo, clausurando con un veredicto de fracaso nacional lo que en el campo se vivió como continuidad clientelar bajo cobertura sanguinaria. La disputa se agudiza en torno a las cifras: el conteo de Guzmán et al. arrojó 134.820 muertos directos (ampliado a cerca de 200.000 incluyendo heridos y desplazados), mientras que un estudio econométrico de 2019 estimó entre 39.142 y 57.737 víctimas mortales para 1949-1958; una brecha de uno a cinco que no es técnica sino interpretativa, pues de ella depende cuán excepcional y cuán merecedora del veredicto de fracaso nacional fue La Violencia.

Temas
Violentología y sociología comprometida en ColombiaReforma agraria y despojo rural cafeteroFrente Nacional y gamonalismo bipartidistaGuerrillas colombianas y origen de las FARCMemoria histórica y periodización del conflicto colombiano
02

Ensayo completo

La lectura

¿Qué tipo de hecho fue La Violencia?

Pocas categorías han modelado tanto la conciencia histórica colombiana como La Violencia, ese bloque temporal acotado entre 1946 y 1965 que dejó, según la cifra más citada, cerca de doscientos mil muertos, más de dos millones de desplazados y una geografía del despojo que redibujó el campo cafetero. La pregunta que atraviesa medio siglo de debate es más difícil que la carnicería misma: ¿qué tipo de hecho fue eso? ¿Una revolución social frustrada, abortada por la coalición bipartidista del Frente Nacional? ¿Un colapso parcial del Estado con agrietamiento estructural y anomia campesina? ¿O un proceso heterogéneo cuyo sentido emancipatorio fue, en buena medida, una proyección de los intelectuales letrados de los años sesenta —marxistas defraudados, sociólogos durkheimianos, sacerdotes en tránsito— que necesitaban un pasado a la altura de su desilusión? La respuesta importa porque de ella dependen tres cosas: quién es víctima, quién es victimario, y cuándo empieza y termina el período que Colombia se obliga a recordar.

¿Qué se juega en la pregunta?

Nombrar es periodizar, y periodizar es atribuir responsabilidades. Que el conflicto de mediados del siglo XX se llame La Violencia, con mayúsculas y artículo definido, no es un accidente lingüístico: es el resultado de una operación intelectual fechada, ocurrida durante la primera década del Frente Nacional (1958-1968), en la que intelectuales, políticos y publicistas del país letrado construyeron el fenómeno como período cerrado. Antes de esa construcción existían las masacres, los boleteos, los desplazamientos, los cadáveres flotando por el Cauca; después existió La Violencia como objeto pensable, imputable, susceptible de tesis doctorales y de comisiones de rehabilitación.

Que la categoría sea construida no la vuelve falsa: los muertos son muertos. Pero obliga a preguntar por qué se fabricó justo en ese momento, con esos rasgos, y qué hizo posible o imposible pensar más tarde. La tesis del proceso revolucionario frustrado —dominante entre 1962 y mediados de los setenta— fijó una lectura que orientó la política de memoria, la sociología rural, la formación de las guerrillas y, por reacción, la crítica revisionista posterior. Discutir La Violencia hoy es discutir simultáneamente lo que pasó en Tolima, Valle y Viejo Caldas entre 1946 y 1965, y lo que Bogotá pensó de ese pasado entre 1958 y 1975. Ambos planos son inseparables, y ninguno agota al otro.

El paradigma fundacional y sus antagonistas

En 1962 apareció, bajo el sello de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional y con el patrocinio de la Fundación de la Paz, el libro La Violencia en Colombia, firmado por monseñor Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna. El texto se propuso lo que ninguna institución oficial había hecho: contar los muertos, cartografiar las masacres, tipificar la crueldad. Su conteo directo dio 134.820 muertos entre 1948 y 1958; añadiendo heridos fallecidos y desplazados, la cifra ampliada rozó los doscientos mil. Álvaro Tirado Mejía, por otra vía, llegó a un orden de magnitud comparable.

La recepción fue una batalla. El Siglo llamó a Guzmán sacerdote renegado y Monstruo Guzmán; La República tildó a Umaña Luna de abogado liberal incompetente; varios órganos aludieron a la condición protestante de Fals Borda para desacreditar la obra. La ofensiva conservadora reveló lo que estaba en juego: quien nombrara y contara los muertos definiría también quién los había matado. La sociología comprometida que estos autores encarnaban desplazaba a la historia oficial partidista con un lenguaje nuevo: tanatomanía para la compulsión de matar, agrietamiento para la fractura estructural, etapa telética para la fase 1930-1932 y 1948-1950 en que la violencia era medio racional de partidos en el poder, conflicto pleno o de aniquilación para la fase 1950-1953 y 1956 en adelante, en que el proceso se desbordó de su orientación política inicial.

Sobre esa base se montaron dos lecturas más ambiciosas. Camilo Torres Restrepo interpretó La Violencia como el cambio socio-cultural más importante en las áreas campesinas colombianas desde la Conquista española, un proceso que, según su propio análisis positivo, había incorporado a las comunidades rurales en una urbanización sociológica acelerada y había producido una subcultura rural con conciencia de clase revolucionaria. Lectores posteriores caracterizaron ese análisis como marxista; el propio Torres prefirió llamarlo positivo, encuadrándolo en una perspectiva que veía el conflicto como agente de transformación. Poco después, su ingreso al campamento del ELN en las selvas del Opón convirtió la tesis en biografía: la revolución que había diagnosticado en el campesinado terminó reclamándolo también a él.

Contra ese paradigma se levantó, con dos décadas de retraso, una crítica empírica. Las investigaciones sobre las regiones cafeteras, el sur del Tolima, el Sumapaz y el Valle del Cauca mostraron un campesinado que, lejos de haber roto con el sistema, había reconstruido meticulosamente la propiedad privada donde la había perdido, había vuelto a votar por los mismos partidos que lo habían masacrado, y había reincorporado a sus antiguos jefes guerrilleros al gamonalismo del Frente Nacional. Charles Bergquist argumentó que La Violencia había sido principalmente —aunque no exclusivamente— un fenómeno social vinculado a la dinámica exclusivista, partidista y clientelista del sistema político, con epicentro en las regiones cafeteras. Esa lectura desmontaba la épica: donde Torres veía conciencia de clase, Bergquist veía competencia bipartidista por recursos y lealtades locales.

Entre ambos polos operó una tercera línea, la que leyó La Violencia misma —el concepto, el libro, la sociología comprometida— como objeto histórico. Si la categoría había sido construida en la primera década del Frente Nacional por letrados defraudados, entonces el paradigma de la revolución frustrada no era diagnóstico neutral sino síntoma: la desilusión sesentera proyectando sobre el campesinado una conciencia que este no había tenido, y clausurando con un veredicto de fracaso nacional lo que aparecía en el campo como continuidad clientelar bajo cobertura sanguinaria.

¿Hubo insurrección?

La tesis de la revolución frustrada se apoyó en hechos verificables. Las guerrillas comunistas y liberales de La Violencia constituyen el antecedente directo de las FARC, fundadas en 1964 tras la Operación Marquetalia. El Partido Comunista Colombiano desarrolló entre 1949 y 1964 una política cíclica de autodefensa y guerrilla móvil, con asentamientos en Tequendama, Sumapaz y el sur del Tolima. En agosto de 1952, la I Conferencia Nacional Guerrillera —la Conferencia de Boyacá— planteó por primera vez la posibilidad de una alianza entre guerrillas liberales y comunistas, aunque tropezó con el escepticismo de la élite liberal y con la creciente autonomía de las guerrillas liberales en distintas zonas. Pedro Antonio Marín, futuro Manuel Marulanda Vélez, operaba en las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, aliado con jefes liberales como Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Había armas, había organización, había continuidad. Hubo, en un sentido preciso, insurrección campesina.

Y hubo también el despojo agrario. Paul Oquist calculó cerca de cuatrocientas mil parcelas despojadas durante La Violencia, principalmente en Valle del Cauca, Cundinamarca, Tolima, Antiguo Caldas y Norte de Santander. Las ventas forzadas se concentraron en épocas de cosecha de café; las amenazas y los incendios obligaban a vender a cualquier precio; notarios, especuladores, vendedores y compradores fraudulentos fueron actores fundamentales del despojo. En el Valle, la violencia se concentró en la frontera agrícola —Tuluá, Sevilla, Caicedonia— y no en los valles ribereños de haciendas establecidas: miles de colonos fueron asesinados o expulsados. En el oriente del Tolima y en el Sumapaz, las luchas agrarias de los años veinte y treinta —conflictos entre hacendados y colonos que la Ley 100 de 1944 había resuelto en favor de los grandes propietarios— continuaron con modalidades armadas. Hubo despojo sistemático, con lógica de acumulación, ejecutado bajo etiqueta partidista.

¿Y por qué no cuajó una revolución?

Contra la lectura revolucionaria empujó otro cuerpo de hechos. Los tribunales de conciliación creados para revertir las transacciones inmobiliarias hechas bajo coacción en los cinco departamentos declarados zona de Violencia —Caldas, Cauca, Huila, Tolima y Valle— desaparecieron al año de instalarse sin cumplir su cometido, paralizados porque cuando comenzaban a operar los inmuebles ya estaban en manos de terceros adquirentes, y porque carecían de capacidad coactiva. No hubo movilización campesina masiva contra ese fracaso: no hubo tomas de notarías, no hubo huelga de restitución, no hubo el tipo de presión de base que un campesinado con conciencia revolucionaria habría desplegado sobre los tribunales que le devolvían nominalmente lo suyo. El Decreto 0328 suspendió la acción penal a condición de reincorporación a la vida civil, y la campaña de rehabilitación derivó en el reposicionamiento del gamonalismo liberal y conservador. Benefició a algunos jefes guerrilleros liberales, conservadores y comunistas; los recursos fueron capturados por políticos locales que los administraron de forma antitécnica y deshonesta; los sectores más pobres quedaron excluidos.

Del lado electoral, la evidencia empuja en la misma dirección. El voto bipartidista se reprodujo con notable estabilidad en las zonas más golpeadas. Los combatientes desmovilizados, salvo los núcleos del Partido Comunista que mantuvieron autodefensa en zonas de frontera, reintegraron las redes clientelares de sus partidos originales. L. A. Costa Pinto, el sociólogo brasileño, teorizó que las élites conservadora y liberal formaban en realidad un superpartido que coalescía para defender sus intereses de clase cuando eran amenazados: la observación es útil, pero funciona en dos direcciones. Si arriba las élites operaban como bloque bajo apariencia bipartidista, abajo los campesinos operaban como bloque bajo la misma apariencia. La conciencia revolucionaria autónoma que Torres postulaba no aparece con nitidez.

Está, por último, la dispersión de las cifras, que no es un problema técnico sino político. El conteo directo de Guzmán, Fals Borda y Umaña dio 134.820 muertos; Tirado Mejía y otros ampliaron esa cifra sumando heridos que murieron tras emigrar, hasta rozar los doscientos mil. Un estudio econométrico de 2019, basado en censos y tasas de natalidad, la redujo a poco menos de 58.000 víctimas mortales entre 1949 y 1958, y a menos de 40.000 en un escenario conservador que solo atribuye a la violencia política los homicidios claramente vinculados a represión o conflicto partidista. La brecha —una relación de uno a cinco entre los extremos— no es un ajuste marginal: es una discusión sobre qué contamos como muerte de La Violencia, y por tanto sobre cuán excepcional fue el fenómeno, cuán generalizado, cuán merecedor del veredicto de fracaso nacional que la sociología fundacional le imprimió. Cifras menores dificultan sostener la imagen de una revolución de masas abortada; cifras mayores la refuerzan. Elegir es interpretar.

Entonces, ¿qué tipo de hecho fue?

Ninguna de las dos posiciones extremas resiste el conjunto de la evidencia. No fue una revolución social frustrada en el sentido en que Torres, Hobsbawm o Gilhodes la pensaron: no hubo un campesinado con conciencia de clase autónoma cuya insurrección haya sido abortada por el pacto bipartidista de 1958. La reincorporación del voto conservador y liberal en las zonas masacradas, el fracaso sin resistencia de los tribunales de conciliación, la reabsorción de los guerrilleros liberales en el gamonalismo del Frente Nacional y la reconstrucción sistemática de la propiedad privada en las zonas de despojo son hechos difíciles de reconciliar con la tesis de la revolución abortada. Lo que en el paradigma fundacional aparece como conciencia frustrada fue, en la práctica rural, competencia bipartidista por tierras, empleos, rentas y protecciones locales, ejecutada con violencia extrema pero enmarcada institucionalmente en el sistema, no contra él.

Pero tampoco fue solo una guerra civil partidista al viejo estilo del siglo XIX. La escala del despojo, con cientos de miles de parcelas transferidas, ventas forzadas en épocas de cosecha cafetera, notarios y especuladores como agentes, y concentración territorial de la muerte en las zonas de frontera agrícola del Valle y en las cordilleras cafeteras, muestra una lógica de acumulación de tierras que no se explica por el odio sectario ni por el cálculo electoral. Hubo intereses de clase rural operando bajo cobertura bipartidista, y ese es el punto que la sociología fundacional acertó al identificar aunque erró al bautizar. Lo que Guzmán y sus colegas llamaron agrietamiento estructural fue en parte real: el sistema no colapsó, pero permitió que redes locales de terratenientes, comerciantes de café y políticos municipales ejecutaran una transferencia patrimonial masiva bajo garantía de impunidad partidista. Las directivas nacionales conservadoras no emitían llamados explícitos a la movilización armada, pero tenían fuertes incentivos para apoyarse en esas redes y respaldarlas con los diseños institucionales existentes.

La lectura más honesta reconoce dos niveles simultáneos que Kalmanovitz identificó con precisión: un enfrentamiento partidista, expresado en matanzas en distritos con empate o mayoría liberal, y un enfrentamiento clasista, con represión de organizaciones populares y sindicales. Los dos niveles no son alternativos, son consecutivos y anidados: el clientelismo bipartidista fue el vehículo institucional a través del cual se ejecutó y legitimó el despojo agrario, lo que hace inseparables ambas dimensiones. Reducir el fenómeno al sectarismo lo despolitiza estructuralmente; reducirlo a la lucha de clases lo desancla de sus modalidades reales de operación.

Queda, por encima de esas dos capas, la operación intelectual que fabricó La Violencia como concepto. Que los jóvenes académicos colombianos de los sesenta, cercanos al marxismo y defraudados por el Frente Nacional, hayan proyectado sobre el campesinado una conciencia revolucionaria que este no exhibía en las urnas ni en las notarías no es un detalle secundario. Fue la operación que convirtió el proceso —heterogéneo, regional, ambiguo— en bloque cerrado con veredicto nacional. La categoría La Violencia fue, en ese sentido, tanto un logro analítico como un dispositivo ideológico: permitió por primera vez pensar el fenómeno como totalidad, y al hacerlo lo cerró prematuramente en una interpretación que sirvió a la desilusión de sus autores más que a la evidencia disponible. El marco durkheimiano de anomia y agrietamiento y el marco marxista de conciencia de clase se superpusieron en un diagnóstico común de revolución imposible o frustrada, cuando en el campo el fenómeno era más rutinario y más siniestro: una acumulación por despojo canalizada por el clientelismo bipartidista, con la que el propio campesinado, una vez concluida la fase más aguda, aprendió a convivir.

¿Qué ocultó la categoría?

Cerrar el fenómeno en un bloque temporal —1946-1958, o 1948-1958, o 1946-1965 según la cronología que se adopte— produjo una periodización que después convino a todos los actores institucionales. Al Frente Nacional le convino porque le permitió declarar terminada la violencia justo cuando su pacto entraba en vigor, y presentar los años posteriores como restauración y no como continuidad. A la sociología comprometida le convino porque le dio un objeto acotado sobre el cual desplegar el veredicto de fracaso nacional. A la historiografía posterior le convino porque le permitió tratar la violencia posterior —las guerrillas de los sesenta y setenta, el paramilitarismo, el narcotráfico— como fenómenos nuevos y no como transformaciones del mismo proceso.

La cronología, sin embargo, no cierra tan limpiamente. La tasa de muertes violentas comenzó a descender en 1959 pero nunca retornó a los niveles previos a 1945-1947. Entre 1958 y 1966 se registraron más de 18.000 víctimas computadas, tres de cada cuatro en Cauca, Huila, Tolima, Valle del Cauca y Viejo Caldas: los mismos departamentos del ciclo anterior, con desplazamiento relativo del epicentro desde Caldas y Antioquia hacia Tolima y Valle. Los bandoleros de los sesenta, con boleteo y secuestro, dieron al proceso un carácter económico visible que muchos analistas leyeron como degeneración y que puede leerse mejor como continuidad: la misma violencia sobre las mismas zonas cafeteras, con los mismos jefes locales, con distinto lenguaje.

Y las guerrillas mismas fueron continuidad. Las autodefensas comunistas que resistieron la Operación Marquetalia en 1964, convertidas luego en guerrillas móviles y finalmente en FARC, provinieron directamente de las comunidades campesinas influenciadas por el Partido Comunista en el sur del Tolima durante La Violencia. Los combatientes que no se desmovilizaron, transformados por su propia lucha y por la influencia de la Revolución Cubana, dieron origen a nuevos frentes guerrilleros —con base social urbana ampliada— que sin embargo conservaron el sectarismo heredado de las guerras partidistas. La reconceptualización que en los años dos mil postuló una década de paz entre 1965 y 1975 para externalizar la violencia posterior en el narcotráfico funcionó políticamente pero mal históricamente: hubo descenso relativo de la mortalidad, no ausencia de conflicto, y el tratamiento meramente militar de los reductos campesinos —en lugar de una solución política integral— contribuyó de manera directa a la formación de la guerrilla en el período del Frente Nacional. La categoría La Violencia, cerrada en su bloque, ocultó que el Estado había resuelto la violencia visible perpetuando la impunidad estructural que la había producido.

¿Qué queda por resolver?

Tres flancos permanecen abiertos, y ninguno admite atajos. El primero es cuantitativo. La brecha entre las estimaciones más bajas —cercanas a 40.000 víctimas mortales directas— y las más altas —doscientos mil, incluyendo desplazados y heridos fallecidos posteriormente— no es reconciliable con las metodologías disponibles, y cada lectura del fenómeno depende de dónde se ubique en ese rango. Los estudios demográficos recientes obligan a revisar la excepcionalidad del proceso: si la mortalidad directa fue un tercio de la cifra canónica, la imagen de catástrofe nacional se atenúa, aunque no desaparece. Pero tampoco invalidan las estimaciones anteriores en la medida en que estas incluían categorías legítimas —desplazamiento, muerte tardía por heridas— si el objeto es el impacto total y no solo la mortalidad directa. La discusión no es sobre precisión estadística sino sobre qué se cuenta y por qué.

El segundo es interpretativo, y es donde el revisionismo empírico se topa con sus propios límites. La relación exacta entre las dos capas identificadas —enfrentamiento partidista y enfrentamiento clasista— no admite ponderación general. Que ambas coexistieron es claro; que fueron inseparables en la práctica también; pero el peso relativo de cada una varía por región, por período y por método, hasta el punto de que Sumapaz no es Urabá, Chaparral no es Sevilla, y el Valle cafetero no es el Cauca. En el sur del Tolima, la influencia comunista y la trayectoria hacia las FARC dan a la capa clasista un peso mayor; en el Viejo Caldas, la mecánica del despojo cafetero bajo etiqueta bipartidista domina; en el Valle, la lógica de frontera agrícola introduce una variable que no reproduce ni el modelo tolimense ni el caldense. Cualquier síntesis nacional traiciona la heterogeneidad regional, y esa traición es constitutiva del objeto: La Violencia como totalidad fue una construcción sesentera precisamente porque en el terreno el fenómeno era plural.

El tercero es metahistórico, y es el más difícil. Si la propia categoría La Violencia es un artefacto sesentero, queda por elaborar qué la reemplaza sin recaer en la crónica dispersa. Los revisionismos han criticado con eficacia el paradigma fundacional —han desmontado la tesis de la conciencia de clase, han cuantificado el clientelismo persistente, han rastreado la reconstrucción de la propiedad— pero no han producido todavía un marco alternativo que sostenga la totalidad del fenómeno. La Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, en el marco de las negociaciones con las FARC, produjo ensayos con narrativas divergentes que reflejan esa polarización sin resolverla. A esto se suma una dificultad estructural: la violencia colombiana tiene impacto predominantemente local y regional, con escasa resonancia nacional, y esa habituación al conflicto limita la movilización ciudadana que sostendría una memoria histórica compartida. La pregunta por La Violencia sigue abierta porque los procesos que le dieron forma —el despojo canalizado por clientelismo, la impunidad partidista, la conversión de reductos campesinos en guerrillas— continúan operando bajo nombres nuevos, y porque el país todavía no ha decidido si quiere una categoría que los abarque a todos o una serie de categorías que los distingan. Esa indecisión es la forma actual de la pregunta.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

42 documentos · 64 fragmentos de referencia
01La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 1, 212 fragmentos
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al Presbítero Camilo Torres Restrepo, fraternal im- pulsador de todas las horas; a la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional que promovió la idea de la investi- gación; a la Fundación de la Paz con cuyo patrocinio fue posible realizar la labor; a don René Camargo, generoso auxiliar; al doctor Andrew Pearse…

p. 21
[3]

?! 1*71 Vil CI MIIUL VtíllüLlU EL SIGLO' llm Errw fcTT^ Secu lentos soore la nrtín Xyueva PRENSA aWL - < ucercl Estudio de un Proceso Social lm Lacha coatí Armados SEGUNDA EDICION Mons. GERMAN GUZMAN ORLANDO FALS BORDA EDUARDO UMAÑA LUNA Va 0 alCrimi F2278 * a¿ Gánese la.G99 V. | os ém^mmí' Gritaban- n; n „ nh v -…

p. 1
02La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 2, 262 fragmentos
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La violencia en Colombia Estudio de un proceso social-Tomo II Monseñor Germán Guzmán Orlando Fals Borda Eduardo Umaña Luna Ediciones LAVP www.luisvillamarin.com La violencia en Colombia Estudio de un proceso social Tomo II © Monseñor Germán Guzmán, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna Colección Actores de la…

p. 2
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de El Siglo (agosto 11). Pero con el correr de los días y la exacerbación de los ánimos, y posiblemente debido a que los autores no respondieron, la agresión verbal fue en aumento. Monseñor Guzmán fue calificado de "sacerdote renegado " (El Siglo, septiembre 15, 1962); "expárroco de pueblo tolimense" (La República,…

p. 26
03When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 16, 206 fragmentos
[4]

ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…

p. 16
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ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…

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ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…

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control in the campo, or countryside) the Violencia was a major force for social change in rural Colombia. 22 \Vh.en peasants formed guenilla groups for their self-defense they began acquiring a sense oftigroup solidarity" leading to true class-con- sciousness. The sectarianism used so successfully by the dominant…

p. 20
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control in the campo, or countryside) the Violencia was a major force for social change in rural Colombia. 22 \Vh.en peasants formed guenilla groups for their self-defense they began acquiring a sense oftigroup solidarity" leading to true class-con- sciousness. The sectarianism used so successfully by the dominant…

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control in the campo, or countryside) the Violencia was a major force for social change in rural Colombia. 22 \Vh.en peasants formed guenilla groups for their self-defense they began acquiring a sense oftigroup solidarity" leading to true class-con- sciousness. The sectarianism used so successfully by the dominant…

p. 20
04When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 1, 42 fragmentos
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and his colleagues was a gener- alized phenomenon that ravaged a major part of the nation from the year 1948 and left in its wake 200}000 dead as well as untold physical destruction. It was defined as an occurrence unique to Colombia whose ramifications were political} economic} and cultural and whose EBSCOhost: eBook…

p. 4
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Introduction The Violencia and Its Literature On the fourth of June 1949} the registrar of voters of Santa Isabel} Tolima} picked up a pistol and fired a bullet through his brain. The news caused a ripple of interest in the village} and for several days people mused on his untimely passing. A newspaper in the nearby…

p. 1
05El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 215, 2322 fragmentos
[9]

y seminarios. Los primeros estudios, cl á sicos, como el de Germ á n Guzm á n, resultaron afectados indudable mente por los aspectos humanos m á s dram á ticos del proceso: muertos, mutilaciones, destrucci ó n de bienes, etc. Estos temas impactaron igualmente a uno de los primeros autores marxistas que pretendi ó un…

p. 232
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lisis concreto para cada una de las situaciones, que no lo habla en el caso colombiano. El enfrentamiento en estos t é rminos totalmente era est é ril. Procedimiento utilizado no s ó lo en los problemas eminentemente pol í ticos, sino extensivo a los dem á s campos; se cre í a que con una cita del Capital o del 18 de…

p. 215
06Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 23, 262 fragmentos
[10]

Colombia, se buscó entender la relación del conflicto social “con la aplicación de los medios violentos” (Guzmán, Fals & Umaña, 1963, p. 408). Con el material empírico que disponían, los autores imaginaron "una bola de nieve corriendo cuesta abajo; [...] lo que se inició como una polémica dentro del juego democrático…

p. 23
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y de nuevo cuño, y, consecuente, se preci pitó al campamento madre del eln en las selvas del Opón? Según Camilo, La Violencia ha constituido para Colombia el cambio socio-cultural más impor tante en las áreas campesinas desde la Conquista efectuada por los españoles. Por conducto de ella las comunidades rurales se han…

p. 26
07Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 260, 6012 fragmentos
[15]

until the mid-1970s. Taken together these works constitute the first great analytical effort to explain the phenomenon. Page 300 For Camilo Torres the Violence created the most important socio- cultural change in the peasant areas since the conquest. 4 His hypothesis held that in a society whose channels of social…

p. 601
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the "bandits," a whole era of national history had played itself out, the era of party warfare. However, the announced peace was but a partial one. Even before the old war was over, a new and entirely different war had begun. Many of the combatants of the Violence had shifted ranks, transformed by their straggle as…

p. 260
08Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3532 fragmentos
[16]

México, Siglo Vein- tiuno Editores, 1980, pp. 216 y ss. 360 ECONOMÍA Y NACIÓN ción en la cúpula del poder, Laureano Gómez rechaza con más fuerza todavía la corrupción electoral, por la cual se explica la mayoría liberal en el país. Al confundir al liberalismo y al co- munismo, Laureano Gómez busca el camino para la…

p. 353
[17]

México, Siglo Vein- tiuno Editores, 1980, pp. 216 y ss. 360 ECONOMÍA Y NACIÓN ción en la cúpula del poder, Laureano Gómez rechaza con más fuerza todavía la corrupción electoral, por la cual se explica la mayoría liberal en el país. Al confundir al liberalismo y al co- munismo, Laureano Gómez busca el camino para la…

p. 353
09Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 430, 4362 fragmentos
[18]

la Violencia. Durante esta fase el ejército colombiano ·hizo frente a fieras organizaciones de bandidos en las zonas cafeteras centrales y, apoyado por grupos de contramsurgencia de Esta dos UnidoS, emprendió una ofensiva contra las comunidades rurales de orientación marxista en ciertas regiones aisladas y…

p. 430
[33]

menor de muertes en comparación con los otros grandes productores de café, después de 1958 suposición entre los departamentos que padecían la Violencia esri:xu~ho-;m4saltll. (Ve~'elCuad.ro S.G).Durante este pe riodo la Violencia se limitO étlsi exclusivamente a los departamentos pro ductores de café, los más…

p. 436
10Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1921 fragmento
[19]

en u11 centenar de poblaciones'. A la búsqueda de la Violencia Al llegar en 1958 el FN, la llamada <cgeneración de mayo)>, sur- gida de las jornadas contra la dictadura militar, era marginal en el personal político, extraído del mismo fondo de jefes, subjefes y lugartenientes que venían actuado desde las décadas…

p. 192
11Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1351 fragmento
[20]

sociólogos, antropólogos y compañía no estaban motivados únicamente por darle mayor rigor a sus respectivos quehaceres. Igualmente importante, para todos ellos, era utilizar el trabajo científico como un instrumento para conocer mejor la realidad del país, una realidad bastante sombría que planteaba todo tipo de…

p. 135
12Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 451 fragmento
[21]

asserts that those who bear these signs have the right to abuse and take advantage of those who do not. The inter - action between these classes of values is paradoxical, as it promotes the M. ZULETA 9 idea that the resolution of conflict is achieved through permanent war, in which the strongest side, which are…

p. 45
13Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 140, 1722 fragmentos
[22]

las calles a tempranas horas de la madrugada, cargada de las víctimas de la noche anterior. En este ambiente, en esta subcul- tura de la Violencia, que estaba trans- formando las conductas sociales, el lenguaje y los esquemas de valoración de muchas regiones, estaba creciendo toda una generación en la cual se in-…

p. 140
[55]

poder. En estas últimas resultaba casi imposible hacer tabla rasa del pasado. Ni siquiera se podría afirmar que la Violencia perteneciera al reino del pa- Un ejemplo característico de amenaza y boleteo, firmado por Efraín González. "Las bandas apelaron a formas que le dieron a la Violencia un carácter visiblemente…

p. 172
14Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 971 fragmento
[23]

o para impedir a las autoridades que les quitaran las cédulas. La dictadura conservadora (1950-1953) La elección de Laureano Gómez para el periodo 1950-1954 llevó a la ruptura total entre los dos partidos. Las guerrillas liberales crecieron en varias regiones del país, como los Llanos Orientales, el occidente de…

p. 97
15El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 2791 fragmento
[24]

en la pequeña violencia, aunque sabemos quisiera haber obtenido ese resultado. Las evidencias mín bien sugieren que ni tenía la capacidad ni los incentivos adecuado-i para hacerlo, porque si el desenlace era deseable los costos involu erados en el intento de obtenerlo, podían llegar a ser prohibitiv* > tt, Para lo que…

p. 279
16Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 35, 772 fragmentos
[25]

constructing a critical sociology that stuck its finger on the wound around the relevant issues and, therefore, assigned responsibilities that until now had gone unnoticed. In this period, amid the structuring of intervention policies throughout Latin America generated in the framework of the Cold War, tensions…

p. 77
[36]

very close ones, such as social work. As articulat - ing axis, it was insisted on the need to develop a science that would allow the comprehension and promotion of social change, conceived in a similar way as it was oriented from state planning (Memoirs of the first national congress of sociology) (Escalante, 1963).…

p. 35
17Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 721 fragmento
[26]

tan 1747 importante papel habia tenido en la violencia bipar- tidista, en calidad de brazo armado del partido con- servador, fue despolitizada y militarizada. Pero las verdaderas causas de la violencia politica y social fueron tratadas de una manera totalmente superfi- cial, lo cual condujo a que algunos sectores de…

p. 72
18No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 56, 722 fragmentos
[27]

el libro La Violencia en Colombia 149 se establece que entre 1948 y 1958 murieron 134.820 personas, entre civiles y armados, a causa de este conflicto (la mayoría en el Tolima, Valle, Antioquia y Caldas) y eleva la cifra a 200.000 a partir de una estimación de personas heridas que luego murieron, o que fueron…

p. 72
[31]

Quindío, Antioquia, entre otros lugares. La Violencia tuvo dos olas: de 1946 a 1953, durante el gobierno y la dictadura conservadora, y de 1953 a 1957, durante la dictadura militar. En ambas hubo episo- dios de crueldad como masacres, descuartizamientos, quema de pueblos, que dejaron sed de venganza, agravios y…

p. 56
19Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4521 fragmento
[28]

campesinos pobres. En conclusión, las cifras de mortalidad posible causada por la violencia en Colombia entre 1949 y 1958, con base en las pocas fuentes fidedignas disponibles, serían las que se presentan en la tabla 19.3. Tabla 19.3 Cifras de mortalidad posible causada por la violencia en Colombia entre 1949 y 1958…

p. 452
20Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 351 fragmento
[29]

las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…

p. 35
21Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 10, 1232 fragmentos
[32]

de la Violencia; como se manifestaron y cuál fue la posición subordinada, en un entorno regional de ejercicio de Violencia partidista en la sociedad? ¿Cuál fue el centro de las acciones de violencia que sufrió la mujer en el sur del Tolima en ese momento, cómo actuaron y cuáles fueron las consecuencias? Como premisa…

p. 10
[62]

las ciudades y el desplazamiento de campesinos a otras zonas de su misma filiación partidista, hasta llegar a homogeneizar políticamente a veredas y regiones. (Sánchez y colaboradores 1984 p. 38). En esta Violencia clásica del 1950, la mayor parte de los enfrentamientos se llevaron a cabo entre la población civil y…

p. 123
22Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 22, 262 fragmentos
[34]

que llevaron a cabo los gobiernos, sobre todo de Lleras Camargo, y de su sucesor, el conservador Guillermo León Valencia (1962-1966), rápidamente experimentaron el desvanecimiento del efecto “luna de miel” sobre la gestión de una violencia que, si bien controlada entre 1959 y 1964, nuevamente presentaba exacerbados…

p. 26
[52]

el comunismo —aún alejado de la toma del poder político y más focalizado en la noción maoísta de guerra popular prolongada —, se va a afianzar sobre dos escenarios que, con posterioridad, serán claves en la emergencia guerrillera de las FARC, ya en la década de los sesenta: Tequendama y Sumapaz en Cundinamarca y el…

p. 22
23Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2341 fragmento
[37]

ir í a de 1958 a 1974. De este modo la alianza se volvi ó de hierro y el Frente Nacional se convirti ó, como lo se ñ al ó el liberal Alfonso L ó pez Michelsen, en una especie de r é gimen de partido ú nico, sin oposici ó n, que volv í a impensable cualquier pro puesta que no contara con el consenso general. REFORMISMO…

p. 234
24Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 1111 fragmento
[38]

people in the rural areas realize that the government could not respond and would not respond, so poor people took political matters into their own hands in the manner that was most functional to them. They destroyed their enemies, their neighbors, through visceral, brutal violence, and it took years for the nation’s…

p. 111
25Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 411 fragmento
[39]

del sentimiento de pertenencia al partido político, y la capacidad cohesionadora que ello implicaba, motivaron un cambio de estrategia en los partidos. La modorra de las ma- sas fue enfrentada con la proliferación de las viejas prácticas clientelistas. En estas nuevas circunstancias, la burocracia del Estado pasó a…

p. 41
26Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 2671 fragmento
[40]

excesses of political passions. 1 But the Queen of Queens’ invitation, the U.S. Embassy commented, “probably had the opposite e ff ect of inducting new recruits into banditry.” 2 The long process of invention behind “La Violencia” reached a crucial phase in 1962. At the same time that Orlando Fals Borda and his…

p. 267
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 601 fragmento
[41]

Lleras Camargo (1958- 1962) sugería que el Frente Nacional inaugurado con su juramento significó el regreso al poder de los gobiernos civiles, pero no la conquista de la paz. Tras una década de desgarradora crueldad y cinco años de dictadura militar, la violencia política persistía –aunque en menor escala– por lo cual…

p. 60
28Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 941 fragmento
[42]

de resolver que tuvo que enfrentar el primer presidente del Frente Nacio- nal, Alberto Lleras Camargo, fue cómo llevar a cabo y en qué orden de prioridades, dados los escasos recursos del Estado, la atención a las personas damnificadas y la reparación mate- rial de los estragos que la violencia política había…

p. 94
29Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1961 fragmento
[43]

La Violencia. Muchos de los recursos destinados para estos fines terminaron siendo presa de los apetitos de los políticos locales, quienes, en forma antitécnica, y no pocas veces deshonesta, malograron una adecuada inversión en favor de las comunidades. En síntesis, la rehabilitación funcionó a medias: benefició a…

p. 196
30Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2091 fragmento
[44]

los cinco departamentos definidos por decreto como zonas de Violencia (Caldas, Cauca, Huila, Tolima y Valle), recibieron la misión de resolver las situaciones de hecho o las lesiones económicas sufridas a raíz de compraventas, permutas, hipotecas y en general las transacciones sobre bienes inmuebles, realizadas bajo…

p. 209
31Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 3601 fragmento
[46]

contagion of timeless practices that had now expanded to the rest of the coast at the pace of marijuana traffickers’ migration, thus threatening the nation. In a country that experienced two of the bloodiest civil wars in Latin America in the twentieth century—the War of a Thousand Days and La Violencia—the trope…

p. 360
32Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 391 fragmento
[47]

que agrupaban a la pobla- ción, la mayoría de ellos familiares, paisanos, compañeros de colonización o expulsados de la violencia. Utilizaban el esquema de autodefensas campesinas como forma de protección contra la persecución del Estado o de miembros de partidos políticos antagonistas. Los habitantes de estas…

p. 39
33Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 53, 592 fragmentos
[48]

campesino. 60 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć quedaba desheredado y que no podía acudir ante las autoridades, me decidí a buscar al Partido Comunista» 113. Es así como la respuesta de algunos campesinos gaitanistas a la violencia generali- zada fue emplear tácticas de autodefensa, apoyados por el PCC. En el partido pronto…

p. 59
[51]

guerras de «limpios», como se conocía a los liberales, y «comunes», como se denominaba a los comunistas. La vio- lencia se atenuó 95 tras el pacto bipartidista que dio origen al Frente Nacional. Algunos autores señalan una tercera ola desde principios de los años sesenta, con la persecución al campesinado comunista…

p. 53
34Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1001 fragmento
[49]

destacamentos embrionarios y los grupos guerrilleros liberales, comandados por Gerardo Loaiza; se creó el Comando del Davis en lo alto del cañón del Cambrín, y se conformó un estado mayor unificado. Entre 1949 y 1964, el PCC, en consonancia con los cambios de la situación política nacional, va a desarrollar una…

p. 100
35Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 3011 fragmento
[50]

matriz de los procesos de conformación de las guerrillas campesinas, unas de origen liberal, otras comunistas; que tendrán un notorio protagonismo en algunas zonas del país. Por ello se hace mención de las guerrillas del Llano y sus dos leyes, que buscaban de alguna manera regular y ordenar los procesos agrarios en…

p. 301
36A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 16, 422 fragmentos
[53]

Regular, que, según testimonio de Guaracas, fue creada “con la misión de estar patrullan do, previendo cualquier peligro para poder trabajar más tranquilos”. N o obstante, Marulanda montó emboscadas contra el Ejército en las carreteras El Carmen y el Alto, donde les quitó varios fusiles a las tropas del Gobierno. La…

p. 42
[54]

candidato a la Alcaldía de Rioblanco—y estaban aliados con otros dos jefes liberales: Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Marín incursionó con sus hombres — varios paisas como Mundoviejo y Llave- seca—por las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, y organizó a sus hombres en la…

p. 16
37Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 44, 612 fragmentos
[56]

años treinta denunciada por parte de los conservadores (Guzmán, Fals Borda y Umaña, 1962). Como consecuencia de lo anterior, la arremetida latifundista tuvo, entre otros efectos, un despojo de tie- rras que el analista Paul Oquist calculó en 393.648 parcelas, princi- palmente en departamentos como Valle del Cauca,…

p. 44
[61]

Adicionalmente, otros criterios fundamentales que guiaron la construcción de esta periodización sobre el desplazamiento forzado están asociados con las políticas adoptadas por los gobiernos nacionales, entre ellas: i) políticas de seguridad nacional; ii) directrices de la política exterior –particularmente en materia…

p. 61
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 421 fragmento
[57]

regiones como el centro y norte del Tolima y el antiguo Caldas. Fueron las zonas cafeteras en regiones centrales del país –aquellas donde se habían concentrado los conflictos entre hacendados y campesinos colonos en las décadas del veinte y treinta– donde fue más cruda la violencia, y donde se produjeron con más…

p. 42
39Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 300, 3032 fragmentos
[58]

Sobre el sur de Tolima, véase Medófilo Medina, <<La resistencia... », p. 249. COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN COLOMBIA (1850-I950) contra pequeños propietarios y colonos. Las amenazas de muerte y los incendios obligaban a muchos campesinos a vender sus tierras a cualquier precio o sen- cillamente a abandonarlas,…

p. 303
[59]

agudos que el Gobierno consideró necesario adoptar ciertas medidas. El segundo estatuto agrario importante adoptado en el curso de ocho años, la Ley 100 de 1944, suministra evidencias que corroboran los procesos descritos atrás. La ley se proponía defender a los terratenientes contra los arrendatarios y aparceros que…

p. 300
40The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 3711 fragmento
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church and greeted León María, yet during the entire mass they could not stop thinking about the strange manner in which the two drunk men were lying on the road. As they headed out, they mentioned this to Father Legui, who was coming in from the street. He only managed to answer them with a smile. Don Pacho Montalvo…

p. 371
41Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 251 fragmento
[63]

las FARC y el Gobierno colombiano, en la que se rea- lizaron 12 ensayos y dos relatorías. 5 Vistos en su conjunto, es claro que estos ensayos produjeron narrativas divergentes sobre el conflicto armado, que refuerzan la polarización existente en torno a orígenes, factores de persis- tencia e impactos del conflicto…

p. 25
42¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 671 fragmento
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acelerada urbanización que no pudo ver o que quizás optó por ver solo lo que le era próximo y más llamativo. En este sentido, la nuestra es una violencia con mucho impacto en lo local y lo regional, pero con muy poca resonancia en lo nacional. A eso quizás se deban la sensación generalizada de habituación al conflicto…

p. 67