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Ensayo · Transversal · —

La violentología colombiana

Desde 1962, las ciencias sociales colombianas construyeron sucesivamente el campo de la 'violentología': sus paradigmas dominantes —sociologismo dramático, estructuralismo marxista, institucionalismo tecnocrático y giro memorial— reflejan tanto el clima ideológico internacional y las asimetrías regionales del saber como los hechos que pretendían explicar.

14 min de lectura3.033 palabras52 documentos59 fragmentos
La violentología colombiana
Actualizado 28 de julio de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La violentología colombiana no descubrió un objeto preexistente sino que lo construyó sucesivamente en cuatro marcos: el sociologismo dramático del libro fundacional de Guzmán, Fals Borda y Umaña Luna (1962), el estructuralismo marxista de los sesenta y setenta, el institucionalismo tecnocrático inaugurado con el informe coordinado por Gonzalo Sánchez en 1987 y el giro memorial consolidado con la Ley 1448 de 2011. Cada transición respondió tanto a presiones internas del campo como al clima ideológico internacional —el Consenso de Washington en los noventa, la agenda de justicia transicional en los dos mil— y a una geografía académica andinocéntrica que situó los centros de investigación en Bogotá y Medellín mientras los muertos se acumulaban en Urabá, el Magdalena Medio, el Pacífico y los Llanos. El paradigma greed-grievance de Collier-Hoeffler fracasó al aterrizar en Colombia porque las guerrillas fueron simultáneamente políticas y depredadoras, y la desmovilización de las FARC resulta inexplicable desde la lógica del cartel puro; el enfoque sistémico de Richani y el de construcción estatal diferencial de González ofrecieron alternativas más robustas, aunque igualmente parciales.

La tensión

La tensión central no es entre explicaciones correctas e incorrectas sino entre condicionantes del saber: el giro de explicaciones socioeconómicas a institucionales en los noventa puede leerse como adecuación al Consenso de Washington —Montenegro, Posada, Rubio midiendo la violencia como distorsión de mercados— o como respuesta legítima al agotamiento del estructuralismo marxista ante la fragmentación del conflicto; la equivalencia pobreza-violencia funcionó como dispositivo que despolitizó el conflicto y desvió la atención de la redistribución, pero también capturó una correlación empírica real. El giro memorial posterior a Justicia y Paz desplazó la víctima al centro y ganó en reconocimiento del daño, pero perdió capacidad explicativa estructural al privilegiar el testimonio individual sobre las preguntas de clase y modernización. La marginalidad académica del Pacífico, San Andrés y las periferias andinas no es ausencia neutra de investigadores sino efecto de una asimetría institucional que privilegió Antioquia y silenció trayectorias del Cauca, Santander y el Caribe; el predominio del 'mito paisa' en la narrativa de la modernización colombiana descansa más en esa asimetría que en evidencia concluyente. Finalmente, el estatocentrismo skocpoliano y el marxismo clásico quedan igualmente suspendidos ante un Estado que nunca alcanzó monopolio pleno de la violencia y cuya precariedad territorial produjo coexistencia con órdenes armados regionales antes que colapso revolucionario.

Temas
Sociología del conocimiento y campo académicoViolencia bipartidista y La ViolenciaMemoria histórica y justicia transicionalGeografía del conflicto y asimetrías regionalesInstitucionalismo tecnocrático y Consenso de WashingtonGreed vs. grievance y economía política del conflictoConstrucción del Estado y presencia diferencial del territorioFrente Nacional y exclusión política
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Ensayo completo

La lectura

En 1962, cuando la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional publicó como Monografía N° 12 el primer tomo de La violencia en Colombia, firmado por Monseñor Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, no se inauguraba solo un libro: se inventaba un objeto. La violencia bipartidista de los años cincuenta, narrada hasta entonces desde el partido, la memoria o la denuncia, pasó a ser materia de ciencia social. De ese gesto —clasificar muertos, mapear municipios, entrevistar campesinos, nombrar el fenómeno con mayúscula— derivó medio siglo después un campo entero: la violentología, con sus revistas, sus comisiones estatales, sus centros de memoria y sus disputas paradigmáticas. Queda por ver cómo leer ese campo sin repetir sus propios reflejos.

¿Y si preguntamos por el saber antes que por la violencia?

La primera tentación es preguntar qué causó la violencia colombiana. La segunda, más productiva, es preguntar cómo se produjo el saber que llamamos causal sobre ella: qué instituciones lo financiaron, qué categorías importó del clima intelectual internacional, qué regiones puso bajo el microscopio, cuáles dejó fuera del foco. Cuatro marcos organizan la respuesta provisional: el sociologismo dramático de la Comisión de 1958, el estructuralismo marxista de los sesenta y setenta, el institucionalismo tecnocrático inaugurado en 1987 y el giro memorial posterior a la Ley de Justicia y Paz. Cada uno respondió al clima ideológico internacional y a la geografía académica andinocéntrica del país tanto como a los hechos que decía procesar.

Los diagnósticos académicos no fueron ejercicios contemplativos: alimentaron políticas de seguridad, procesos de paz, leyes de víctimas, currículos escolares y sentencias de tribunales. Cuando el ministro del Interior Fernando Cepeda encargó en 1987 a diez investigadores un diagnóstico de los factores de violencia, el informe Colombia: violencia y democracia, coordinado por Gonzalo Sánchez y publicado por el IEPRI de la Universidad Nacional, no describió simplemente un fenómeno: legitimó una manera de intervenirlo. Cuando la Ley 1448 de 2011 fijó las funciones misionales del Centro Nacional de Memoria Histórica, un aparato estatal quedó habilitado para producir verdad histórica con consecuencias reparativas. Un campo así no puede leerse sin sociología del conocimiento: sus paradigmas son a la vez lentes analíticas y dispositivos institucionales.

¿Dónde estaban los muertos y dónde los sociólogos?

Entre 1965 y 2013, las incursiones guerrilleras se concentraron en Antioquia, Caquetá, Arauca, Chocó, Nariño, Putumayo y Meta, es decir, en la periferia. Entre 1980 y 1988, las tres regiones de mayor expulsión de desplazados fueron Urabá, Magdalena Medio y Alto Sinú-San Jorge, coincidentes con el boom del narcotráfico y la génesis paramilitar. Hacia 1990, sin embargo, el 65% de la población colombiana vivía en el núcleo andino y apenas el 2,8% en los Llanos y la Amazonía. La geografía humana del conflicto y la de sus intérpretes no coincidieron: los muertos estaban en las periferias, los sociólogos en Bogotá y Medellín. Esa asimetría estructural, más que cualquier mala fe individual, moldeó lo que se pudo pensar.

¿Qué se pensó en 1958 y qué quedó impensado?

El primer marco, el de la Comisión y su libro fundacional, fue un sociologismo dramático: la Violencia entendida como catástrofe humana —muertos, mutilaciones, destrucción de bienes— documentada con detalle etnográfico pero sin adentrarse en sus determinantes estructurales. Fue concebida, bajo el Frente Nacional, para auscultar las entrañas del campesinado, tratando a población, Estado, partidos e Iglesia como entes separados y dejando en segundo plano la responsabilidad de estos últimos. Esa arquitectura conceptual —el campesinado como paciente, las instituciones como observadoras externas— no fue neutral: hacía pensable el diagnóstico bajo la condición de no interrogar la coalición bipartidista que había pacificado el país repartiéndoselo.

Contra ese marco reaccionaron, desde mediados de los sesenta, los jóvenes académicos formados en el clima marxista y defraudados por el Frente Nacional. Usaron el trabajo científico como instrumento para conocer un país al que ya no consideraban gobernable por sus élites. Los primeros ensayos, como el de Diego Montaña Cuéllar, se quedaron todavía en el registro descriptivo de masacres y resistencia campesina; fue Francisco Posada, en el último capítulo de su síntesis histórica, quien inauguró propiamente el tratamiento estructural, ligando la Violencia al atraso social, económico y político y al subdesarrollo. Los grandes temas de la generación —el problema agrario, el papel del bipartidismo, las posibilidades del desarrollo económico— fijaron la agenda del campo por casi dos décadas. El Pledes de la Universidad Nacional entre 1965 y 1969, con su interés en proyectos desarrollistas regionales, encarnó institucionalmente ese momento.

El paradigma de una generación tecnocrática

El tercer marco cristalizó en la Comisión de Estudios sobre la Violencia de 1987. El giro no fue solo intelectual: fue sociológico. Rafael Pardo, economista con estudios en los Países Bajos y profesor de los Andes, fue nombrado en 1986 consejero del presidente Barco sin capital político previo. Su trayectoria ilustra el ascenso de una élite tecnocrática cuya legitimidad se apoyaba en la experticia académica. Un mismo director podía ocupar sucesivamente Fedesarrollo, el CEDE, una cátedra en los Andes, el Ministerio de Minas, Planeación Nacional y la subgerencia del Banco de la República: la circulación entre centros de investigación económica y aparato estatal fijó los límites de lo pensable.

En este clima, la violencia dejó de ser síntoma de estructuras injustas y se convirtió en falla institucional: incapacidad del Estado para regular comportamientos sociales, pobre legitimidad del sistema político, cultura de tolerancia con la ilegalidad. Armando Montenegro, Carlos Esteban Posada y Mauricio Rubio dieron en los noventa la versión más neoliberal del marco, midiendo la violencia como distorsión de mercados y desviación institucional. ¿Descubrimiento empírico o adecuación al Consenso de Washington? Ambas cosas, y esa ambigüedad es el problema.

¿Qué se gana y qué se pierde con el giro memorial?

El cuarto marco se inauguró con la Ley de Justicia y Paz de 2005 y se consolidó con la Ley 1448 de 2011. El Grupo de Memoria Histórica adscrito a la CNRR comenzó documentando casos emblemáticos —Trujillo en 2008, El Salado en 2009, Bojayá, La Rochela y Bahía Portete en 2010, La tierra en disputa en 2011—; el Centro Nacional de Memoria Histórica extendió la metodología hacia sujetos victimizados con denominadores comunes de vulnerabilidad: mujeres, indígenas, comunidades LGBTI. La Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas publicó en 2015 sus doce ensayos bajo el título Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, y la Comisión de la Verdad estructuró después su análisis territorial en once unidades regionales con temporalidades diferenciales. Aquí el eje ya no es explicar sino reconocer: la víctima desplaza al desmovilizado, el testimonio compite con la estructura, la reparación simbólica se vuelve la moneda del campo.

Aterrizajes forzosos: los préstamos internacionales

El paradigma greed versus grievance de Paul Collier y Anke Hoeffler llegó como oferta explicativa importada, y llegó acompañado. Nazih Richani propuso en 2002, con Systems of Violence: The Political Economy of War and Peace in Colombia, un análisis sistémico donde la política operaba como continuación de la guerra por otros medios; a su alrededor circularon los trabajos sobre microdinámica de guerras civiles de Stathis Kalyvas, Jeremy Weinstein y Zachariah Mampilly. Marco Palacios, en 2000 y 2001, leyó la violencia colombiana como efecto de la ausencia de populismo y de las inclusiones factuales y simbólicas que este promueve, comparando el país con Venezuela; Fernán González, en 2014, la articuló con el proceso conflictivo de construcción del Estado en el largo plazo. Desde otras latitudes teóricas, la necropolítica de Achille Mbembe y el estatocentrismo de Theda Skocpol operaron como categorías tensionadas por los hechos colombianos.

Pocos sobrevivieron intactos al aterrizaje. El paradigma Collier-Hoeffler mostró sus costuras rápido: las guerrillas revolucionarias fueron codiciosas, algunas bandas del narcotráfico expresaron agravios sociales y demandas políticas, y con la persistencia de la guerra la insurgencia se criminalizó mientras los criminales imitaron formas políticas. La desmovilización de las FARC concentra la tensión: la organización no podía reducirse a un cartel narco puro —pues su desmovilización misma resultaría inexplicable desde esa lógica—, pero tampoco encarnaba una guerra altruista, dado que las guerrillas fueron simultáneamente políticas y depredadoras. Las versiones más finas de la economía política del conflicto terminaron admitiendo que una organización subversiva que busca el poder valora los beneficios económicos futuros del control político, y por eso invierte recursos de depredación en acciones ofensivas para mejorar su posición: racionalidad estratégica de largo plazo antes que codicia o credo. Richani, en ese trayecto, no fue solo importador sino traductor: su enfoque sistémico funcionó como tercera vía entre el culturalismo violentológico y el economicismo del Banco Mundial.

Con el estatocentrismo la tensión es semejante. El marco de Skocpol interpreta el Estado como institución potencialmente autónoma respecto al capitalismo y hace del colapso estatal la condición de la revolución. Colombia exhibe algo distinto: un Estado que nunca alcanzó monopolio pleno de la violencia, cuya precariedad territorial no produjo colapso sino coexistencia con órdenes armados regionales, y cuyas guerrillas prosperaron precisamente en las zonas donde el Estado había llegado tarde y mal. La disyuntiva entre la lectura marxista clásica —Estado ligado intrínsecamente a la clase dominante— y el estructuralismo skocpoliano queda suspendida: ni Estado meramente instrumental ni Estado autónomo, sino Estado en construcción con presencia diferencial en el tiempo y el espacio.

¿Por qué el Pacífico casi no aparece?

Los estudios académicos sobre poblaciones negras se concentraron en el Pacífico colombiano, dejando a San Andrés y Providencia sistemáticamente subrepresentadas. El Pacífico sur está separado del sector andino del Cauca por la cordillera occidental y una espesa selva, condiciones que produjeron aislamiento geográfico, baja gobernabilidad y, correlativamente, subrepresentación epistémica. La violencia se concentró en Antioquia, Caquetá, Arauca, Chocó, Nariño, Putumayo, Meta; los centros de investigación se concentraron en Bogotá, Medellín y Cali.

El patrón centro-periferia tuvo además carácter fractal: dentro de Medellín, la violencia y la pobreza se concentraron en barrios periféricos como Manrique, Popular, San Javier y Santo Domingo, replicando a escala intraurbana la asimetría nacional. La corrección tardía —el CNMH produciendo informes sobre Bajo Putumayo, Tibú-Catatumbo, Buenaventura, El Castillo, Arauca; la CEV desplegando 28 Casas de la Verdad en Quibdó, Florencia, Puerto Asís, Mocoa, Villavicencio, Tumaco— confirma retroactivamente cuánto había quedado fuera del foco durante décadas.

El caso del Eje cafetero es sintomático de la selectividad del campo. Caldas, Quindío y Risaralda experimentaron hechos de conflicto armado documentados por la Comisión de la Verdad en su tomo territorial; sus violencias merecían atención específica que la academia no siempre les prestó, atrapada en una imagen de la región que no coincidía con su experiencia real. Y la centralidad del mito paisa en la interpretación de la modernización colombiana —Antioquia como motor emprendedor, industrial, cultural— no descansa solo en su papel económico sino en una asimetría institucional que privilegió a sus universidades, sus centros de investigación y sus intelectuales frente a las trayectorias del Cauca, Santander o el Caribe, cuyas modernidades quedaron narradas más como excepciones o retrasos que como caminos alternativos.

¿Qué silencios produjo el propio giro memorial?

La Ley 1448 desplazó el énfasis del desmovilizado hacia la víctima, permitiendo reconocer el daño con mayor independencia del proceso penal. El CNMH afirmó su autonomía académica y operativa. Sostuvo, en informes como Justicia y Paz: ¿Verdad judicial o verdad histórica? de 2012, que ambas verdades jamás se identifican plenamente, que el uso de categorías de justicia ordinaria en procesos de Justicia y Paz produjo relatos históricos limitados por marcos jurídicos inadecuados, y que la fragmentación entre reconstrucción histórica, recolección testimonial e investigación criminal relegó el testimonio de la víctima a mero ejemplo moralizante sin validez epistemológica. Y sin embargo el giro reprodujo sus propios silencios: al desplazar la explicación causal hacia el reconocimiento del daño, la memoria como marco privilegió el testimonio individual sobre la estructura, y las preguntas de clase, redistribución y modernización quedaron —de nuevo, aunque por otras razones— fuera del foco central.

¿Qué se sigue de todo esto?

La violentología colombiana no descubrió un objeto preexistente: lo construyó sucesivamente, en diálogo tenso entre determinaciones externas y presiones internas. Sus paradigmas dominantes son síntomas ideológicos y respuestas parcialmente legítimas a problemas reales; sus silencios no son accidentes sino efectos estructurales de una geografía académica andinocéntrica y de una economía política del saber experto que privilegió la interlocución con el Estado sobre la escucha de las márgenes.

El giro institucionalista de los noventa fue reflejo del clima neoliberal —eso es innegable cuando se observa la circulación entre Fedesarrollo, los Andes y el Banco de la República, o la formación holandesa de Pardo en economía del desarrollo—, pero también fue respuesta a un problema real: el marxismo estructural de los setenta había explicado insuficientemente la persistencia y mutación del conflicto, la aparición del narcotráfico, la formación paramilitar y la fragmentación regional del poder armado. El institucionalismo aportó capacidad explicativa nueva. Su límite fue haber operado, con frecuencia, como ideología que naturaliza la inserción transnacional y el papel del capital extranjero, tratando la debilidad estatal como si fuera un dato geológico y no un producto histórico de decisiones sobre distribución.

La equivalencia pobreza-violencia despolitizó el conflicto al desplazar el problema de la exclusión hacia el de la carencia. La corriente que vincula la violencia colombiana con la exclusión social ha sido probablemente la lectura dominante del régimen colombiano, pero al operar sobre variables agregadas —pobreza, desigualdad, país socialmente cerrado— tendió a producir un lector que ya no preguntaba por redistribución sino por asistencia. La consecuencia política favoreció a élites que evitaban discutir reforma agraria o reforma tributaria y aceptaban discutir focalización del gasto social. El lugar común de que nada ha cambiado, presente desde Fals Borda, operó como efecto simétrico y compensatorio: si nada ha cambiado, todo intento reformista es cosmético, y la lucha armada conserva su horizonte de sentido. Ambos dispositivos —el asistencialismo despolitizado y el todo-o-nada revolucionario— empobrecieron el debate.

El giro memorial responde a algo más que a moda internacional o presión de víctimas: responde a una guerra que dejó de ser legible en clave macroestructural. La fragmentación territorial del conflicto —once unidades regionales con temporalidades propias, actores armados que aparecen y desaparecen según la integración de cada región en la vida económica nacional, patrones fractales de violencia intraurbana— desbordó los marcos globales. Cuando la explicación macro deja de funcionar, la reparación micro se convierte en política pública viable. El giro memorial no es rendición epistémica: es adecuación del saber a un objeto que se fragmentó realmente. Pero conserva un flanco: al hacer del testimonio la unidad epistémica privilegiada, redistribuye visibilidad hacia sujetos hasta entonces invisibles y, al mismo tiempo, hace más difícil sostener preguntas de clase y estructura que requieren agregación.

Los préstamos teóricos funcionaron, en el mejor de los casos, como el fracaso productivo de Collier-Hoeffler ante Colombia: los paradigmas importados fueron tensionados, mostrados en sus límites, y devolvieron al debate global una crítica empírica que el propio Norte tardó en incorporar. La necropolítica de Mbembe ilumina aspectos del conflicto —zonas donde la soberanía se ejerce como potestad de matar— pero opaca especificidades que la sociología colombiana capturó mejor con categorías como soberanías en disputa, órdenes armados regionales o Estado en construcción. La cuestión no es elegir entre importación y producción local sino reconocer que el campo colombiano fue laboratorio de refutación y traducción, no simple receptor.

La asimetría regional no se explica por falta neutra de investigadores. La marginalidad académica del Pacífico —y análogamente la de otras periferias— es resultado acumulativo de decisiones institucionales: dónde se abrieron universidades con recursos de investigación, qué idiomas indígenas y afro se enseñaron o no se enseñaron, qué proyectos financiaron los organismos internacionales, qué comisiones estatales convocaron a qué expertos. Es un racismo epistémico en sentido preciso: el silencio sobre el Pacífico no fue silencio sobre datos, fue silencio estructural sobre poblaciones. El predominio del mito paisa —Antioquia como matriz interpretativa privilegiada de lo colombiano— es su cara complementaria: asimetría institucional acumulada más que evidencia concluyente.

¿Qué preguntas quedan?

¿Hasta dónde puede el giro memorial sostenerse sin colapsar sobre el testimonio? La distinción entre verdad judicial y verdad histórica, formulada con lucidez por el CNMH, es más fácil de enunciar que de operar. Cuando los exhortos de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá instruyen investigaciones de memoria, y cuando la ley fija funciones misionales al aparato memorial, la autonomía académica declarada convive con presiones institucionales cuyo poso futuro no está decidido. La verdad histórica producida bajo mandato estatal no es menos legítima, pero tampoco es idéntica a la que produciría una academia sin ese contrato.

¿Qué otras historias de la modernidad colombiana quedaron postergadas? Que un país se pensara a sí mismo predominantemente a través de su violencia durante seis décadas tuvo un costo: la modernización industrial, la urbanización acelerada, la formación de una clase media, las transformaciones del trabajo y del género quedaron subrepresentadas en la narración académica. Recuperar esas historias no significa negar la violencia sino situarla junto a procesos con los que convivió y a los que a veces facilitó, a veces obstaculizó. La violentología, hipertrofiada, ocultó tanto como iluminó.

¿Cómo pensar la reproducción endógena del conflicto? La dicotomía avaricia-injusticia empobreció el debate al obviar el marco institucional y las trayectorias que hacen que un conflicto, una vez desatado, produzca las condiciones de su propia continuación: economías de guerra que benefician a facciones específicas, instituciones jurídicas y de seguridad que se adaptan al conflicto en lugar de terminarlo, culturas políticas moldeadas por décadas de armamento. Una teoría de la reproducción endógena, que integre economía política y análisis institucional sin reducirse a ninguno de los dos, apenas está siendo formulada.

Desde los años dos mil, la pluralidad de puntos de vista se ha ampliado: el campo ya no depende de una sola matriz. Jorge Giraldo Ramírez, en Las ideas en la guerra de 2015, declaró preocuparse más por el futuro que por el pasado, orientado hacia las condiciones de una paz estable. Pero pluralidad no equivale a autonomía: mientras la financiación, las comisiones estatales y las agendas internacionales sigan definiendo qué preguntas son formulables, el campo seguirá siendo, en parte, tributario de su tiempo. Reconocerlo no lo invalida. Lo obliga a aplicarse a sí mismo la clase de sospecha metódica que, en sus mejores momentos, supo aplicar a su objeto.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

52 documentos · 59 fragmentos de referencia
01La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 11 fragmento
[1]

?! 1*71 Vil CI MIIUL VtíllüLlU EL SIGLO' llm Errw fcTT^ Secu lentos soore la nrtín Xyueva PRENSA aWL - < ucercl Estudio de un Proceso Social lm Lacha coatí Armados SEGUNDA EDICION Mons. GERMAN GUZMAN ORLANDO FALS BORDA EDUARDO UMAÑA LUNA Va 0 alCrimi F2278 * a¿ Gánese la.G99 V. | os ém^mmí' Gritaban- n; n „ nh v -…

p. 1
02La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 21 fragmento
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La violencia en Colombia Estudio de un proceso social-Tomo II Monseñor Germán Guzmán Orlando Fals Borda Eduardo Umaña Luna Ediciones LAVP www.luisvillamarin.com La violencia en Colombia Estudio de un proceso social Tomo II © Monseñor Germán Guzmán, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna Colección Actores de la…

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03Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1921 fragmento
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en u11 centenar de poblaciones'. A la búsqueda de la Violencia Al llegar en 1958 el FN, la llamada <cgeneración de mayo)>, sur- gida de las jornadas contra la dictadura militar, era marginal en el personal político, extraído del mismo fondo de jefes, subjefes y lugartenientes que venían actuado desde las décadas…

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04When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 163 fragmentos
[4]

ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…

p. 16
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ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…

p. 16
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ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…

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05Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 4011 fragmento
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a los 33 años de edad, en 1952. 32 Germán Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, La violencia en Colombia: estudio de un proceso social. Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1962. 33 Guzmán, Fals Borda y Umaña, La Violencia en Colombia, 23. 34 Palacios, Entre la legitimidad y la violencia, 290. 35 Alma…

p. 401
06El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 2321 fragmento
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y seminarios. Los primeros estudios, cl á sicos, como el de Germ á n Guzm á n, resultaron afectados indudable mente por los aspectos humanos m á s dram á ticos del proceso: muertos, mutilaciones, destrucci ó n de bienes, etc. Estos temas impactaron igualmente a uno de los primeros autores marxistas que pretendi ó un…

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07Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 272 fragmentos
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editoriales de opinión de los periódicos y las páginas de las revistas políticas de opinión. Estos escritos tenían la calidad 10 Gonzalo Sánchez, ed. Colombia: Violencia y democracia. Informe presentado al Ministerio de Gobierno (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Instituto de Estudios Políticos y Re- laciones…

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08Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1591 fragmento
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fue la organización de una comisión de estudios sobre la violencia. Así, el ministro del Interior, Fernando Cepeda, encargó a un grupo de diez investigadores para que efectuaran un diagnóstico de los factores de violencia en la sociedad colombiana y los lineamientos de una nueva política de seguridad. La introducción…

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09Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 131 fragmento
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Jaime Arocha Rodríguez Bogotá, 1945. Antropólogo Cultural Ph.D., Columbia University, Nueva York. Profesor del Departamento de Antropología, Universidad Nacional de Colombia. Presidente de la Sociedad Antro- pológica de Colombia. Miembro de la Junta Directiva, Corporación para el Fomento de las Ciencias Sociales en…

p. 13
10Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 41 fragmento
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4 Colección VITRAL Nuestra guerra sin nombre Transformaciones del conflicto en Colombia FRANCISCO GUTIÉRREZ Coordinador académico MARÍA EMMA WILLS GONZALO SÁNCHEZ GÓMEZ Coordinadores editoriales 5 Universidad Nacional de Colombia (Bogotá). Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales Nuestra guerra sin…

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11The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 261 fragmento
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the movement, was started in 1979. By mid-1981 this research had become an integral part of a broader project on popular participation in Colombia, a project sponsored by the United Nations Research Institute for Social Development (UNRISD) and conducted in the country by the Research and Popular Education Center…

p. 26
12Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 91 fragmento
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micas y el sector p ú blico. Actualmente es director de FEDESARROLLO, ha sido director del CEDE, profesor en la Universidad de los Andes, ministro de Minas y Energ í a, director de Planeaci ó n Nacional, subgerente de! Banco de la Rep ú blica y asesor de la Junta' Monetaria. Sus principales publica ciones son: Libros:…

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13Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1351 fragmento
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sociólogos, antropólogos y compañía no estaban motivados únicamente por darle mayor rigor a sus respectivos quehaceres. Igualmente importante, para todos ellos, era utilizar el trabajo científico como un instrumento para conocer mejor la realidad del país, una realidad bastante sombría que planteaba todo tipo de…

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14Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 351 fragmento
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very close ones, such as social work. As articulat - ing axis, it was insisted on the need to develop a science that would allow the comprehension and promotion of social change, conceived in a similar way as it was oriented from state planning (Memoirs of the first national congress of sociology) (Escalante, 1963).…

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15El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 701 fragmento
[18]

trabajos, y se guramente constituya la corriente dominante de interpretación de nuestro régimen. Más recientemente, Palacios (2000 y 2001) y otros han sugerido que la violencia colombiana se debe a la ausencia de populismo, y por tanto de las inclusiones factuales y simbólicas pro movidas por este. Palacios, por…

p. 70
16Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 191 fragmento
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(1999), Deas (1995), González (1989, 1998), Leal Bui- trago (1984), Melo (1992, 1998), Oquist (1978), Palacios (2003), Pécaut (1978), Rubio (1999), Safford y Palacios (2002), Thoumi (1995), Gu - tiérrez (2007), Romero (2003), Gutiérrez (2002), Leal y Dávila (1990), Posada-Carbó (2006). 2 Cada vez es más frecuente la…

p. 19
17Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 3051 fragmento
[20]

de análisis para tratar de comprender la dinámica de los conflictos civiles. Skaperdas y Syropoulos (1996) estudian el efecto que tienen las activi - dades depredadoras en el tiempo, pues ellas suponen un incentivo negativo para las actividades productivas. Existe la posibilidad de que una de las partes valore mucho…

p. 305
18La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 411 fragmento
[21]

a fin de eliminar a sus competidores y asegurar para sí el liderazgo exclusivo, frecuentemente deriva en violencia que los líderes aprovechan para intentar "fusionar- se" con sus bases de apoyo. Una vez logrado este propósito, en tanto pueda contar con tropas, dinero, subsistencia, legitimidad y protección…

p. 41
19Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 181 fragmento
[22]

o del momento estático del sandinismo. Los actos atroces de las guerrillas parecían cancelarse —como en un libro contable— con los de los paramilitares y el Estado, dejándoles a aquellas, todavía, el saldo a favor de una causa justa. Este tipo de simplezas ocultaba un componente definitivo de los agentes del conflicto…

p. 18
20¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 481 fragmento
[23]

las de ellos mismos— para conseguirlo 24. Lo siguieron haciendo hasta su desmovilización. Nadie fue tan tonto en su momento como para esperar que abandonaran la lucha por el poder para dedicarse a sus negocios, lo que es una suerte de prueba de fuego que en Colombia arroja un resultado contundente. Además, la…

p. 48
21Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 171 fragmento
[24]

de largo plazo, lejana a enfoques normativos y teleológicos, González propone ver la violencia en relación con el conflictivo proceso de construcción del Estado. Esto, desde un enfoque que combina la necesidad de considerar los problemas estructurales de la vida colombiana y sus transfor- maciones en el tiempo y en el…

p. 17
22Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 561 fragmento
[25]

The significance of Skocpol’s work has been its direct challenge to the 150-year canon that revolutions are the product of contradictions related to the social relations of production. She challenged that revolutions “have not conformed to Marx’s theoretical expectations” but are a consequence of state crisis (see…

p. 56
23Limpieza social. Una violencia mal nombradaCarlos Mario Perea Restrepo · 2015 · p. 2271 fragmento
[26]

despejando incluso áreas de territorio (El Caguán entre 1998 y 2002); entregas sin condiciones, como las reinserciones del M-19 y otros grupos; la Asamblea Nacional Constituyente; reformas políticas; una guerra sin cuartel (la seguridad democrática). 228 Limpieza social Una violencia mal nombrada Bolívar, 2009) 209.…

p. 227
24¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 241 fragmento
[27]

con sacoleva (Gutiérrez Sanín, 2014) y de los informes de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas (cHcV, 2015). Este trabajo se concentra más bien en entender lo que se ha ensayado para negociar la paz y construir Estado en las regiones en los últimos treinta años. Este libro hace seis aportes sobre nuestra…

p. 24
25Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 111 fragmento
[28]

Tierras. En abier- to contraste con las regulaciones anteriores del conflicto, esta nor- ma pretendió ofrecer mecanismos e instituciones para identificar 12 Género y memoria histórica Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico y reparar todos los daños derivados de los “hechos ocurridos a partir…

p. 11
26El modelo paramilitar de San Juan Bosco de La Verde y ChucuríÁlvaro Villarraga Sarmiento, Camilo Ernesto Villamizar Hernández · 2019 · p. 92 fragmentos
[29]

amor eficaz --------------------------------------- 10.5. La Casa de la Memoria de San Vicente -------------------------------- 10.6. Otras iniciativas de memoria, paz y reconciliación ------------------ CONCLUSIONES --------------------------------------------------------------- REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA…

p. 9
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amor eficaz --------------------------------------- 10.5. La Casa de la Memoria de San Vicente -------------------------------- 10.6. Otras iniciativas de memoria, paz y reconciliación ------------------ CONCLUSIONES --------------------------------------------------------------- REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA…

p. 9
27Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · p. 321 fragmento
[31]

una orientación a valorar el estado de fragilidad, en el trato que se da a la vida de los otros. Los informes del CNRR-GMH comenzaron documentando, a partir de procesos de reconstrucción de la memoria, casos em- blemáticos. En 2008-2010 se publicaron las investigaciones sobre los hechos ocurridos en los municipios de…

p. 32
28Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1521 fragmento
[32]

y tan variados territorios a través de 50 años. 153 Bibliografía Centro Nacional de Memoria Histórica - CNMH (2012). El Placer. Mujeres, coca y guerra en el Bajo Putumayo. Bogotá: CNMH. Centro Nacional de Memoria Histórica – CNMH (2014). Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia, 1982 - 1997. Segunda…

p. 152
29Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 201 fragmento
[33]

que han sido víctimas producto del conflicto” (Wiesner, Héctor, 2017, página 3). El Informe del CNMH enfatiza en este tema porque los postulados de todas las normativas en derechos humanos ya enunciadas son totalmente excluyentes a la amalgama de beneficios y exenciones que la Ley 975 de 2005 ofrecía en pro de los…

p. 20
30Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 131 fragmento
[34]

posi- ble. Por esta razón, hemos procurado cruzar el análisis de los usos de las categorías jurídicas con el análisis de los relatos históricos producidos por el sistema (relatos que son simultáneamente estra- tegias pedagógicas) $. En el cruce de estos análisis exploramos los límites y las relaciones entre “verdad…

p. 13
31¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1761 fragmento
[35]

ca- rácter transicional. En consecuencia, la única respuesta que ofrecieron al desbordante trabajo que se les imponía fue ordinarizar el proceso acudiendo a los Códigos de Procedimiento Penal vigentes en justicia ordinaria que tenían a la mano. Esta tendencia presenta varias dificul- tades. La primera de ellas es que…

p. 176
32La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5071 fragmento
[36]

del anonimato. Una antropología de la moderni- dad. Barcelona: Gedisa, 2004 Benedetti, Mario. «El «desexilio»». Acceso el 20 de abril de 2022. https://elpais.com/ diario/1983/04/18/opinion/419464807_850215.html la colombia fuera de colombia 508 Centro de Memoria Histórica (Colombia), Myriam Hernández Sabogal, Catalina…

p. 507
33Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 1752 fragmentos
[37]

la palabra de la v í ctima y la fuente documental toma una dimensión particular. A futuro, como lo he planteado hace poco en un ensayo sobre el prospecto de una comi - sión de verdad, cualquier iniciativa de esclarecimiento histórico a la colombia - na debe unificar estas dos perspectivas (Castillejo, 2015a). En estos…

p. 175
[38]

la palabra de la v í ctima y la fuente documental toma una dimensión particular. A futuro, como lo he planteado hace poco en un ensayo sobre el prospecto de una comi - sión de verdad, cualquier iniciativa de esclarecimiento histórico a la colombia - na debe unificar estas dos perspectivas (Castillejo, 2015a). En estos…

p. 175
34Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 231 fragmento
[39]

Martha Rendón, Jesús Balbín, Lucía Carva- jal, Luz María Franco y Rosa Ramírez su colaboración en el desarro- llo de la investigación. Asimismo, a Isabelita Mercado y Laura Ángel por el apoyo brindado desde su pasantía de investigación con la Uni- versidad del Rosario. También expresa su gratitud e incondicional apoyo…

p. 23
35Makers of Democracy: A Transnational History of the Middle Classes in ColombiaA. Ricardo López · 2019 · p. 3321 fragmento
[40]

para arder: La Liga Marxista Leninista de Colombia, 1971–1982.” Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 44, no. 2 (2017): 137. Moncayo, Víctor Manuel. El leviatán derrotado: Reflexiones sobre teoría del estado y el caso colombiano. Bogotá: Grupo Editorial Norma, 2004. 326 Bibliography Moncayo, Víctor…

p. 332
36No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 301 fragmento
[41]

financiación y las redes de coope- rantes, así como de milicias y redes clandestinas. Hubo una fuerte internacionalización del conflicto con la plena implementación del Plan Colombia y con la creación de un bloque latinoamericano de izquierdas, que respaldó una salida política a la guerra. Las guerrillas instalaron…

p. 30
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 311 fragmento
[42]

particularidades corresponden a las lógicas propias de la región en la que están ubicadas y, por supuesto, hacen también parte del relato de todos los territorios estudiados. En todos los textos, los flujos y relaciones entre las ciudades y las zonas rurales vecinas forman parte del análisis. Los textos regiona- les…

p. 31
38Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3481 fragmento
[43]

elementos de la economía política tienen un efecto espejo entre los actores armados, en el sentido de que fenómenos como el narcotráfico, por ejemplo, cuentan con la participación de todos los actores, lo que hace que el comportamiento de unos sea el reflejo especular de otros. El caso de la economía del narcotráfico…

p. 348
39Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 1281 fragmento
[44]

han estado muy anclados al Pacífico colombiano. Esto ha marcado de tal forma esta elaboración que sobre San Andrés y Providencia no hay alusión alguna. Se pudiera argüir que es un respeto frente a su legítimo derecho de no ser considerados unilateralmente parte de Colombia y a la imposición cultural asociada con el…

p. 128
40La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 91 fragmento
[45]

la periferia es mucho más violenta. Allí se muestra información a nivel municipal sobre la 4 La naturaleza fractal del centro y la periferia no termina a nivel departamental. Si miramos dentro de Bogotá y Medellín encontramos el mismo fenómeno. En Medellín, por ejemplo, hay vecindarios muy pobres como Manrique,…

p. 9
41Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 641 fragmento
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guerrilleras por departamento en el periodo 1965-2013. 18 Los muertos y heridos de la guerrilla no fueron contabilizados debido a que los grupos guerrilleros los retiran de los escenarios de la confrontación. 65 2 Incursiones guerrilleras en cabeceras municipales y centros poblados (1965-2013): dimensión…

p. 64
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 311 fragmento
[47]

el escritor argentino Tomás Eloy Martínez –y bien lo sabemos todos–, la guerra en Colombia se ha librado sobre el cuerpo de los campesinos. Como se mencionó, cada uno de estos relatos tiene hilos conductores que en general coinciden con característi- cas, problemáticas, conflictos e incluso violencias que anteceden al…

p. 31
43Representaciones y epistemes locales sobre la naturaleza en el Pacífico sur de ColombiaCarlos Enrique Osorio Garcés · 2018 · p. 501 fragmento
[48]

2011:16). Regiones que se constituyen en fronteras internas y presentan una baja gobernabilidad y presencia del estado central. El Pacífico sur es un ejemplo claro de estos fenómenos, separado del resto de la antigua gobernación de Popayán y hoy del sector andino del departamento del Cauca por la codillera occidental,…

p. 50
44Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1501 fragmento
[49]

afectando el 60 por ciento de los mu- nicipios del territorio nacional (ver Mapa 4). Al analizar la magnitud del desplazamiento a nivel regional, tres regiones sobresalen como las mayores expulsoras y represen- tan más de la mitad de los éxodos registrados en este periodo: Urabá; Magdalena Medio; y Alto Sinú y San…

p. 150
45Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 51 fragmento
[50]

these percentages had changed little: of a total of EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:30 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Page 7 Map 1. Colombia: intendancies and comisar í as, 1931 – 1946 Source: Vila, Nueva Geograf í a de…

p. 5
46Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 231 fragmento
[51]

investigación ubicados en Aguachica, Apartadó, Arauca, Barrancabermeja, Bogotá, Bucaramanga, Buenaventura, Cali, Cúcuta, Cundinamarca-Boyacá, Florencia, Ibagué, La Dorada, Medellín, Montería, Neiva, Pasto, Pereira, Popayán, Puerto Asís, Quibdó, San José de Guaviare, Santa Marta, Sincelejo, Tumaco, Valledupar,…

p. 23
47Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 1441 fragmento
[52]

Making ofthe Modern World. Boston: Beacon, 1966. Nasr, Salim. "Lebanon's War: Is the End in Sight?", en MiddleEast Report, enero-febrero de 1990., Negri, Antonio. The Politics of Subversion: A Manifesto for the Twenty-First Century. Cambridge: Polity, 1999. -. Insurgencies: Constituent Power and The Modern State.…

p. 144
48America's Other War: Terrorizing ColombiaDoug Stokes · 2005 · p. 1602 fragmentos
[53]

Interdependence (Athens, GA: University of Georgia Press, 1992). Rempe, Dennis M., ‘Guerrillas, Bandits, and Independent Republics: US Coun- ter-insurgency Efforts in Colombia 1959–1965’, Small Wars and Insurgencies, 6(3), 1995, pp. 304–27. Richani, Nazih, Systems of Violence: The Political Economy of War and Peace in…

p. 160
[54]

Interdependence (Athens, GA: University of Georgia Press, 1992). Rempe, Dennis M., ‘Guerrillas, Bandits, and Independent Republics: US Coun- ter-insurgency Efforts in Colombia 1959–1965’, Small Wars and Insurgencies, 6(3), 1995, pp. 304–27. Richani, Nazih, Systems of Violence: The Political Economy of War and Peace in…

p. 160
49Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 4661 fragmento
[55]

Bogotá. Collier, P.; A. Hoeffler y D. Rohner. 2009. “Beyond greed and grievance: feasibility and civil war”. Oxford Economic Papers. Oxford: Jan 2009. Vol. 61, Oxford University Press: 1-27. ________. 2004. “Greed and grievance in civil war”. Oxford Economic Papers. Oxford: Oct 2004. Vol. 56, Oxford University Press.…

p. 466
50Borderland Battles: Violence, Crime, and Governance at the Edges of Colombia's WarAnnette Idler · 2019 · p. 4041 fragmento
[56]

Das and Deborah Poole (Santa Fe, NM: School for Advanced Research Press; Oxford, 2004), 279– 88. 79. Steven Vertovec, Transnationalism, Key Ideas (New York: Routledge, 2009); Sanjeev Khagram and Peggy Levitt, The Transnational Studies Reader: Intersections and Innovations (New York: Routledge, 2008). 80. Annette Idler…

p. 404
51Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 431 fragmento
[57]

Gaviria, La búsqueda de la democracia, 1960–2010 (Madrid: Taurus, 2015). 25 LaRosa and Mej í a Pavony, Colombia, 218. 26 Antonio García, “Las clases medias y la frustración del Estado representativo en América Latina,” Cuadernos Americanos 1 (January–February 1967): 37–38. See also Palacios, Between Legitimacy and…

p. 43
52Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 192 fragmentos
[58]

probable que alguien encuentre ideas donde yo solo he visto actos existenciales y reactivos. Quiero decir que, aunque este libro puede aparecer en estantes de historia de las ideas o historia contemporánea de Colombia, fue escrito con más interés y preocupación por el futuro que por el pasado. Ya hay demasiada gente…

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probable que alguien encuentre ideas donde yo solo he visto actos existenciales y reactivos. Quiero decir que, aunque este libro puede aparecer en estantes de historia de las ideas o historia contemporánea de Colombia, fue escrito con más interés y preocupación por el futuro que por el pasado. Ya hay demasiada gente…

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