Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Biografía

Diego Montaña Cuéllar

Frente Nacional

1910–1988

19 min de lectura44 documentos
Nacimiento1910
Fallecimiento1988
RolesRepresentante a la Cámara (izquierda liberal, Revolución en Marcha) · Jurista y ensayista político
Lugar principalColombia
Período históricoFrente Nacional1958–1974
03

La biografía

Diego Montaña Cuéllar (1910–1988) hizo del Frente Nacional su blanco analítico más constante. Jurista, parlamentario, dirigente comunista tardío y presidente de la Unión Patriótica en sus años más letales, encarnó una trayectoria poco común: la del liberal radical que atravesó la Revolución en Marcha, se declaró marxista sin abandonar del todo el temple de la vieja izquierda democrática, y desde esa posición de bisagra nombró con autoridad transversal el vicio de origen del pacto bipartidista de 1957. Cuando murió en 1988, el país había entrado en la fase más brutal del exterminio de la Unión Patriótica, y él mismo había firmado durante casi treinta años una crítica al régimen cerrado —el "partido único" que denunció López Michelsen, la maquinaria de estado de sitio y clientelismo que ahogó las reformas prometidas— a la que la violencia contra la izquierda terminaría dándole la razón.

02

Línea de vida

  1. 1934

    Parlamentario de la izquierda liberal durante la Revolución en Marcha

    Leer contexto

    Montaña Cuéllar actuó en la Cámara de Representantes como parte de la izquierda liberal que respaldaba las reformas más ambiciosas de Alfonso López Pumarejo, junto a figuras como Moisés Prieto y Jorge Eliécer Gaitán, siendo uno de los impulsores del bloque reformista que sostuvo la reforma constitucional de 1936.

  2. 1936

    Desengaño con la 'pausa' de López Pumarejo

    Leer contexto

    La proclamación de la 'pausa' reformista por López Pumarejo a fines de 1936 marcó un punto de inflexión en su trayectoria: la cooptación de intelectuales de izquierda mediante cargos burocráticos y la domesticación del movimiento inconforme agotaron el horizonte transformador dentro del liberalismo, iniciando su desplazamiento hacia posiciones marxistas.

  3. 1948

    El asesinato de Gaitán y el vaciamiento del reformismo liberal

    Leer contexto

    El Bogotazo del 9 de abril de 1948 cerró definitivamente el ciclo reformista dentro del liberalismo. La muerte de Gaitán, sumada al golpe de Pasto de 1944 y al segundo gobierno interrumpido de López Pumarejo, empujó a Montaña Cuéllar hacia una radicalización acumulada que lo llevaría al marxismo.

  4. 1958

    Inicio del Frente Nacional y comienzo de su crítica sistemática al pacto bipartidista

    Leer contexto

    Con la formalización del Frente Nacional —basado en la alternancia presidencial y la paridad bipartidista pactada desde Benidorm (1956) y Sitges (1957)— Montaña Cuéllar inició una crítica sostenida al régimen como sistema de exclusión formal de terceras fuerzas, clientelismo institucionalizado y represión del conflicto social mediante el estado de sitio.

  5. 1963

    Ingreso pleno al Partido Comunista Colombiano tras la ruptura del MRL

    Leer contexto

    Tras la convención de Ibagué de diciembre de 1963, en que López Michelsen tomó distancia de la Revolución cubana y del PCC y se reintegró al liberalismo frentenacionalista, Montaña Cuéllar consolidó su militancia en el Partido Comunista Colombiano dirigido por Gilberto Vieira, aportando credenciales parlamentarias y jurídicas que ningún otro dirigente comunista poseía.

  6. 1972

    Representación institucional de la izquierda a través de la Unión Nacional de Oposición

    Leer contexto

    La UNO, frente electoral construido con participación del PCC a comienzos de los setenta, alcanzó 120 concejales y 9 diputados en 1972, y 179 concejales y 12 diputados en 1976. Montaña Cuéllar defendió esta apuesta institucional como alternativa a la marginalidad guerrillera, en contraste con la imagen de una izquierda legal completamente aplastada durante el Frente Nacional.

  7. 1985

    Presidencia de la Unión Patriótica en sus años más letales

    Leer contexto

    Montaña Cuéllar presidió la Unión Patriótica durante el período en que el exterminio sistemático de sus militantes y dirigentes se intensificó, convirtiendo su figura en símbolo de la contradicción entre la apuesta por la vía institucional y la violencia que el sistema político colombiano desplegó contra la izquierda legal.

Un liberal de la Cámara joven

Montaña Cuéllar llegó a la vida pública por la puerta del liberalismo reformista. Nacido en 1910 —la generación que se hizo adulta con la caída de la hegemonía conservadora en 1930—, se formó en un país donde la Universidad Nacional era todavía escenario en construcción y donde el debate sobre la modernización del Estado se libraba entre juristas jóvenes que leían al mismo tiempo a los radicales del siglo XIX y a los teóricos europeos del socialismo. Cuando Alfonso López Pumarejo puso en marcha la Revolución en Marcha (1934–1938), Montaña Cuéllar ya estaba en la Cámara de Representantes como una de las voces de la izquierda liberal, ese sector que respaldaba las reformas más ambiciosas del gobierno y que en el recinto convivía con Moisés Prieto, con Jorge Eliécer Gaitán y con figuras como Carlos Lleras Restrepo y Gerardo Molina —este último desde el Senado— que sostenían el bloque reformista desde matices distintos.

Ese grupo parlamentario fue el sostén político de la reforma constitucional de 1936, la pieza mayor de López Pumarejo: la que introdujo la función social de la propiedad, la intervención del Estado en la economía y una noción moderna del trabajo como fuente de derecho. La izquierda liberal a la que pertenecía Montaña Cuéllar era heredera del pensamiento democrático radical del siglo XIX y miraba con interés los movimientos agrarios que en esos años sacudían el Tolima, el Sumapaz y las tierras cafeteras. No era comunista, no era gaitanista, no era uneirista: era la corriente que creía posible transformar el país desde adentro del liberalismo, apostando por una modernización jurídica y social que no rompiera del todo con las estructuras heredadas pero las obligara a admitir la existencia de un pueblo trabajador con derechos exigibles.

El desengaño llegó pronto. A fines de 1936, el propio López Pumarejo proclamó la "pausa": la Revolución en Marcha se detenía ante la polarización política que sus reformas habían provocado. El gobierno había atraído a jóvenes intelectuales de izquierda ofreciéndoles cargos burocráticos con la condición tácita de no abandonar el lenguaje socializante —una operación que en la memoria de la izquierda colombiana quedó registrada como la "domesticación del movimiento inconforme"—. La reglamentación sindical de 1931, las asesorías estatales a las organizaciones obreras y el impulso oficial a la sindicalización habían absorbido buena parte del empuje popular hacia el dominio liberal. Cuando el Partido Comunista respaldó ciertos tramos del gobierno liberal, se cerró un ciclo: la izquierda quedó replegada, cooptada o marginada.

Montaña Cuéllar hizo parte de la generación que salió de esa experiencia con las manos vacías. La pausa de 1936, el segundo gobierno de López Pumarejo interrumpido por el golpe de Pasto de 1944 y el asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948 agotaron el horizonte reformista dentro del liberalismo. Fue en ese vaciamiento donde su itinerario ideológico empezó a desplazarse hacia posiciones marxistas, un tránsito que compartió con parte de aquella generación y que no fue ruptura súbita sino radicalización acumulada, empujada tanto por la evidencia de que el liberalismo oficial no cumpliría sus promesas como por la lectura sostenida de una tradición doctrinaria que en Colombia todavía carecía de arraigo institucional.

La UNIR, el gaitanismo y la línea marxista

Antes de esa pausa, en septiembre de 1933, un episodio menor pero significativo había prefigurado los debates que marcarían a la izquierda colombiana durante las siguientes cuatro décadas: un grupo de estudiantes marxistas abandonó la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR), que Gaitán había fundado ese mismo año. El hecho, registrado por El Espectador del 6 de septiembre, no fue una escisión doctrinaria fría: los estudiantes habían promovido dentro de la UNIR el estudio de la realidad nacional desde perspectiva marxista, habían impulsado la participación directa de obreros y campesinos en la orientación política de la organización y habían convertido a la UNIR en un centro de agitación de ideas socialistas. La ruptura señaló que el gaitanismo, con su fuerza emocional y su idealismo político, no tenía una doctrina socialista definida que pudiera contener a los cuadros marxistas.

Ese pulso entre fuerza populista y doctrina marxista atravesó la trayectoria de Montaña Cuéllar durante décadas. La imagen de un Gaitán reducido a orador populista sin profundidad teórica, tan extendida en la historiografía posterior, la desmiente su propia tesis de grado, Las ideas socialistas en Colombia, que revela una formación filosófica sistemática. Pero la UNIR mostró que el pensamiento gaitanista, incluso cuando conocía a los clásicos, no producía la disciplina organizativa ni la lectura de clase que los marxistas exigían. Montaña Cuéllar, que había militado en la izquierda liberal más cercana a Gaitán en la Cámara, terminaría abrazando esa exigencia doctrinaria sin renunciar del todo al lenguaje reformista de sus años lopistas. La convicción de que la historia del país solo podía entenderse desde la trama de sus conflictos sociales la heredó de una tradición mayor, la que en esos años redactaba desde el exilio Ignacio Torres Giraldo —Los inconformes, las Cinco cuestiones colombianas, la Síntesis de historia política de Colombia, la biografía de María Cano—, obra pionera del estudio historiográfico de las luchas sociales colombianas. En las décadas siguientes, Montaña Cuéllar produciría ensayos y análisis que buscaban dar a la izquierda colombiana un archivo intelectual propio en esa misma dirección.

La pinza del Frente Nacional

En julio de 1956, en Benidorm, Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez firmaron la declaración que abrió el camino al Frente Nacional. En 1957, el pacto de Sitges precisó el acuerdo: alternancia presidencial y distribución paritaria de los principales cargos públicos entre liberales y conservadores, como respuesta al gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla. López Pumarejo había propuesto años antes un esquema de poder compartido bipartidista, pero fue la coyuntura del régimen militar lo que le dio urgencia. En diciembre de 1957, un plebiscito nacional ratificó el acuerdo e inauguró de paso el voto femenino en Colombia. En 1958 se formalizó la alternancia presidencial cada cuatro años. El pacto rigió hasta 1974 en su versión plena, y la reforma constitucional de 1968 prolongó la paridad bipartidista en los cargos públicos hasta 1978.

Montaña Cuéllar leyó el Frente Nacional a lo largo de más de dos décadas —desde su producción ensayística, desde el Congreso, desde las columnas y desde el Partido Comunista— como un diagnóstico estructural sostenido. El régimen había estabilizado el conflicto entre las élites bipartidistas al precio de inhibir la expresión del conflicto social y excluir a las clases subordinadas de la política. Los partidos Liberal y Conservador eran los únicos legalmente reconocidos para competir por la presidencia y los cargos públicos: una exclusión formal de cualquier tercera fuerza. El propio Alfonso López Michelsen, desde el liberalismo, caracterizó al régimen como una especie de "partido único", sin oposición real, donde era impensable cualquier propuesta sin consenso bipartidista.

Esa lectura no era exclusiva de Montaña Cuéllar, pero él le dio densidad histórica y consistencia analítica. Insistió en que el clientelismo era el resultado más tangible del pacto: los cargos se repartían entre familiares y subalternos políticos, la calidad de la administración se deterioró y la venalidad se volvió práctica corriente. La paridad obligatoria entre liberales y conservadores en la burocracia intensificó ese vicio y sostuvo una tendencia adaptativa que limó los ímpetus reformistas del liberalismo, hasta el punto de que las reformas agraria, social y educativa prometidas nunca se concretaron plenamente. A esa parálisis se sumaba el uso creciente del estado de sitio y la militarización como instrumentos de gobierno: las protestas de trabajadores, estudiantes, indígenas y campesinos fueron tratadas como alteraciones del orden público que justificaban la restricción de la libertad personal, de circulación, de prensa y de reunión, en un marco de anticomunismo doctrinario que orientó las respuestas estatales. El país entraba en una lógica de tratamiento militar de la disidencia mientras el sistema político se cerraba sobre sí mismo.

La consecuencia de fondo era una abulia política que se expresaba en altos niveles de abstención electoral: los partidos, homogeneizados por el pacto, se desconectaban de la población. El inconformismo ciudadano empezó a expresarse cada vez más fuera de los mecanismos institucionales. En ese diagnóstico —élites reconciliadas, clases subordinadas excluidas, reformas incumplidas, protesta criminalizada, oposición extralegal en crecimiento— Montaña Cuéllar identificó tempranamente el mecanismo que explicaría la violencia colombiana de las décadas siguientes: no una anomalía del sistema, sino su producto.

De la crítica liberal al Partido Comunista

El itinerario que llevó a Montaña Cuéllar hasta la dirigencia del Partido Comunista Colombiano no fue lineal. En los años sesenta, la Revolución cubana operó como catalizador para toda la izquierda del continente. En menos de treinta meses, Cuba realizó una reforma agraria, expropió empresas norteamericanas, incorporó a América Latina al campo soviético y se proclamó socialista, entrando en colisión frontal con Estados Unidos. Ese acontecimiento reordenó las lealtades: sectores de la izquierda colombiana que habían mantenido durante años una relación tibia con el marxismo se radicalizaron; otros, como López Michelsen, tomaron distancia.

El Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), fundado por López Michelsen como oposición al Frente Nacional desde dentro del liberalismo, concentró durante un tiempo esa tensión. El Partido Comunista Colombiano, dirigido por Gilberto Vieira, apoyó electoralmente al MRL como táctica de oposición: dado que solo liberales y conservadores podían competir legalmente, el PCC se albergó en la maquinaria mérrelista para conservar presencia electoral. En las presidenciales de 1962, López Michelsen obtuvo cerca de 625.000 votos —un 24% del total— pero los sufragios fueron anulados por inconstitucionales: el turno correspondía a un conservador.

En diciembre de 1963, en la convención de Ibagué, López Michelsen tomó distancia de la Revolución cubana y del Partido Comunista, y poco después se reintegró al Partido Liberal frentenacionalista. Tres meses antes, las Juventudes del MRL, dirigidas por Luis Villar Borda, se habían proclamado marxistas-leninistas, habían adoptado la bandera roja y negra y la consigna "¡Ni un paso atrás!" —que después heredaría el ELN— y habían formado una organización clandestina urbana vinculada al Ejército de Liberación Nacional, que en 1965 disolvió a las propias JMRL. La izquierda del MRL se rompió entre quienes se sentían más liberales y quienes se sentían más revolucionarios, y ese quiebre fracturó el movimiento a nivel nacional y regional.

Fue entonces cuando Montaña Cuéllar consolidó su ingreso pleno al Partido Comunista. Su trayectoria previa —izquierda liberal, cercanía con Gaitán, Cámara reformista, crítica al Frente Nacional— le daba credenciales que ningún otro dirigente comunista poseía. No venía de la formación clandestina de los cuadros ni de las guerras sindicales de los años treinta; venía del Congreso, del Derecho, del liberalismo radical. Esa singularidad lo hacía particularmente útil al PCC de Vieira, que a comienzos de los setenta preparaba su retorno con nombre propio a las lides electorales.

La Unión Nacional de Oposición y la representación institucional

La estrategia del PCC durante el Frente Nacional fue de doble filo: participación electoral bajo denominaciones alternativas, construcción de frentes amplios y trabajo campesino sostenido. La Unión Nacional de Oposición (UNO), constituida a comienzos de los setenta, fue la expresión más lograda de esa línea. A través de la UNO y del movimiento campesino, el partido alcanzó una representación local y regional considerable: 120 concejales y 9 diputados en 1972, 179 concejales y 12 diputados en 1976.

Estas cifras contradicen la imagen —extendida por la historiografía del conflicto armado— de una izquierda legal completamente aplastada durante el Frente Nacional. La marginalidad relativa de la lucha guerrillera en esos años contrasta con la presencia social y política significativa de la izquierda electoral, aunque una no fuera causa directa de la otra. Montaña Cuéllar defendió esa apuesta institucional con convicción y con un argumento poco habitual entre los partidos comunistas del continente: algunos secretarios generales del PCC ocuparon cargos de elección popular —Vieira como congresista y concejal durante su ejercicio del cargo, Hernández Rodríguez tras su retiro—, algo que contrastaba con la tradición de no participación electoral de los secretarios generales en partidos comunistas de otras latitudes.

La vida política del Frente Nacional funcionaba en torno a cuatro "familias políticas" —los Lleras y los López en el liberalismo, los Ospina y los Gómez en el conservatismo— y alrededor de ellas operaban al menos cinco grandes maquinarias en las elecciones intermedias: la Dirección Nacional Liberal, el Directorio Conservador Unionista, la Dirección Conservadora Independiente, la ANAPO y el MRL, este último albergando al Partido Comunista. En ese sistema predecible de enfrentamientos y alianzas entre élites partidistas, Montaña Cuéllar defendió que el terreno electoral no debía cederse: era la única vía para que la izquierda mantuviera visibilidad pública y para que las reivindicaciones campesinas y obreras tuvieran voz institucional, por precaria que fuera.

La ANAPO, el 19 de abril y la aparición del M-19

La otra gran fuerza de oposición al Frente Nacional fue la Alianza Nacional Popular (ANAPO), fundada y liderada por Gustavo Rojas Pinilla, que César Ayala caracterizó como un "Frente Nacional de las clases bajas". En las presidenciales del 19 de abril de 1970, Rojas Pinilla estuvo a punto de ganarle a Misael Pastrana Borrero, y el triunfo oficial de Pastrana se dio en medio de acusaciones sostenidas de fraude. De la frustración de ese sector radical de la ANAPO —estudiantes universitarios y obreros que decidieron integrar un grupo armado para intentar tomar el poder por la fuerza— nacería el M-19, fundado a comienzos de los setenta por Jaime Bateman, Ariel Otero, Álvaro Fayad e Iván Marino Ospina a partir de combatientes rasos que abandonaron las FARC y activistas influidos por el movimiento estudiantil.

Montaña Cuéllar observó el proceso desde una posición de doble incomodidad. El fraude confirmaba su diagnóstico sobre el cierre democrático del Frente Nacional, pero la aparición del M-19 —y la persistencia y expansión de las FARC de Manuel Marulanda Vélez y del ELN— revelaba que la crítica intelectual al régimen no bastaba: sectores enteros de la sociedad estaban optando por la vía armada, y con ellos se le escurría a la izquierda legal el argumento de que el terreno institucional seguía siendo el único fértil. La fragmentación se le imponía como problema práctico: pequeñas agrupaciones marxistas-leninistas aceptaban verbalmente la lucha armada como "forma superior" sin lograr sostener acciones efectivas, mientras el M-19 conquistaba una visibilidad simbólica que ni las FARC ni el PCC electoral alcanzaban a disputarle en las ciudades. Montaña Cuéllar tenía que defender la vía legal justo cuando una parte creciente de las bases juveniles concluía que esa vía estaba clausurada. La incomodidad no era solo intelectual: comprometía la representatividad misma del proyecto comunista, y anticipaba las tensiones que años después atravesarían a la UP entre la matriz insurgente de sus fundadores y la apuesta electoral de sus dirigentes.

Prolongaciones del pacto y clientelismo de largo plazo

El Frente Nacional terminó formalmente en 1974, pero sus efectos se prolongaron. La reforma de 1968 extendió la paridad bipartidista en los cargos hasta 1978. Y en la práctica, arreglos regionales replicaron la lógica del pacto durante mucho más tiempo: la Coalición Barcoyepista, alianza entre el senador liberal Víctor Renán Barco y el senador conservador Omar Yepes, dominó políticamente el departamento de Caldas desde 1978 hasta entrado el siglo XXI, con una distribución milimétrica del poder y los cargos burocráticos entre los dos partidos y con exclusión efectiva de las demás fuerzas.

Montaña Cuéllar analizó esas prolongaciones como evidencia de que el Frente Nacional no había sido un paréntesis sino la instalación de un modo de gobierno. El bipartidismo con reparto milimétrico, el clientelismo como forma de administración, la homogeneización de los partidos y la desconexión de la población sobrevivieron al fin formal del pacto y se enquistaron como cultura política. El país arrastraba fallas estructurales que ningún gobierno frentenacionalista había resuelto, y la salida de 1974 no las corrigió.

Fue en ese diagnóstico prolongado donde la vejez política de Montaña Cuéllar se volvió inseparable de su función como puente. La crítica al Frente Nacional lo unía a fuerzas heterogéneas: al gaitanismo residual que aún encarnaban algunos viejos liberales; al PCC de Vieira que operaba en la legalidad; a los sectores del MRL que no habían regresado al oficialismo; a la ANAPO popular; a los cuadros que pasaban del combate a la política; a los movimientos campesinos y sindicales. Ninguna disciplina partidaria podía conferir esa autoridad transversal: la conferían sus credenciales de origen —liberal reformista, marxista tardío, jurista, congresista— y la consistencia de casi tres décadas nombrando la exclusión sistémica del régimen.

La Unión Patriótica y el exterminio

En 1984, el gobierno de Belisario Betancur firmó con las FARC los acuerdos de La Uribe, en Meta. De esos acuerdos surgió, en 1985, la Unión Patriótica: una apuesta política por la incorporación de la guerrilla a la vida civil mediante un partido legal. La UP obtuvo un éxito electoral notable en los comicios de 1986: dos senadores propios, tres representantes a la Cámara, 29 diputados, además de una presencia significativa a nivel municipal. Diego Montaña Cuéllar la presidió en esos años decisivos.

La función de puente que había ejercido durante décadas se materializó en la UP. El proyecto reunía al PCC, a sectores de las FARC, a militantes provenientes de otras izquierdas, a intelectuales y sindicalistas que veían en el partido la oportunidad histórica de romper el cerrojo del bipartidismo. Montaña Cuéllar aportaba la legitimidad de su trayectoria: nadie podía acusarlo de aventurerismo, nadie podía reducirlo a comisario del PCC, nadie podía negar que había estado en la Cámara cuando López Pumarejo cambiaba la Constitución. Presidir la UP fue, para él, el punto de convergencia de todo lo anterior: el liberal radical de 1936, el crítico del pacto de 1957, el comunista tardío de los sesenta, el defensor de la vía electoral en los setenta, encontraba en 1985 una plataforma legal en la que confluían por primera vez esas capas biográficas.

La UP fue exterminada. Entre 1984 y 2000, la campaña de exterminio contra el partido —adelantada por narcoparamilitares con complicidad de agentes del Estado— dejó por lo menos 4.153 personas asesinadas o desaparecidas, sin contar víctimas de violencia no letal, según la Comisión de la Verdad; otras instituciones han documentado cifras superiores. Las secciones de inteligencia militar B-2 y S-2 de brigadas y batallones participaron en la coordinación de crímenes contra la izquierda, articulándose con paramilitares para recabar información y coordinar acciones armadas. En los llanos orientales, Gonzalo Rodríguez Gacha, en complicidad con la Brigada VII y el Batallón 21 Vargas, desató a través del grupo "Los Masetos" una persecución que, aunque originada en la ruptura de una alianza con las FARC en torno al pago de impuestos sobre cultivos ilícitos, no distinguió en la práctica entre guerrilleros y militantes de la UP.

El exterminio golpeó a la UP en todos los frentes: alcaldes y concejales de municipios pequeños, sindicalistas urbanos, dirigentes campesinos, cuadros medios sin figuración nacional, además de los magnicidios de mayor visibilidad. En algunas regiones —Urabá, el Magdalena Medio, el piedemonte llanero— desaparecieron listas enteras de candidatos entre una elección y la siguiente. La violencia no fue un accidente ni un exceso local: fue una operación sostenida en el tiempo, con actores identificables, dirigida a suprimir la posibilidad misma de una izquierda legal en el escenario electoral.

Montaña Cuéllar murió en 1988, en plena escalada del exterminio. Vio caer a compañeros, vio asesinar a candidatos, vio confirmarse en la práctica más brutal el diagnóstico que había sostenido durante treinta años: el régimen colombiano no toleraba la oposición organizada por fuera del bipartidismo. Los magnicidios de Jaime Pardo Leal en 1987 y de Bernardo Jaramillo Ossa en 1990 —el primero en vida de Montaña Cuéllar, el segundo poco después de su muerte— fueron las expresiones más visibles de una violencia sistemática que buscaba borrar del mapa la experiencia de la UP.

En diciembre de 2012, dentro del proceso de Justicia y Paz contra Éver Veloza, alias HH, los jueces reconocieron que el exterminio de la UP constituye un genocidio político. En septiembre de 2016, en un acto en la Casa de Nariño, el presidente Juan Manuel Santos reconoció públicamente la responsabilidad del Estado en el exterminio, admitiendo que jamás debió haber ocurrido y que el Estado no tomó medidas suficientes para impedir los asesinatos. Ese reconocimiento tardío confirmó, con la voz oficial, lo que Montaña Cuéllar había sostenido en vida: que la exclusión del Frente Nacional no fue una anomalía superada en 1974, sino la matriz de una violencia política que continuaría durante décadas.

Una obra dispersa, una autoridad transversal

La obra escrita de Montaña Cuéllar quedó dispersa entre ensayos, discursos parlamentarios, columnas y libros de análisis histórico y político. No dejó una gran obra unitaria comparable a Los inconformes de Torres Giraldo, pero sí un archivo de intervenciones que hilvanó una lectura consistente del país: el Frente Nacional como pacto de élites excluyente, el clientelismo como modo de gobierno, la militarización de la protesta social como respuesta estatal recurrente, la fragmentación de la izquierda como consecuencia estructural del cierre democrático, y la violencia contra la oposición como confirmación empírica de todos los diagnósticos anteriores.

Su función histórica fue menos la del teórico original que la del articulador legítimo, y ese lugar de puente fue tanto biografía como estructura. En un país donde la izquierda se fragmentaba entre PCC, FARC, ELN, EPL, M-19, ADO, MOIR y decenas de organizaciones menores, el diseño mismo del Frente Nacional —al excluir a las terceras fuerzas y consolidar el clientelismo— produjo un vacío que la crítica sistemática al pacto vino a llenar como único terreno común disponible para gaitanistas tardíos, comunistas legales, izquierdas armadas y militantes populares. Que Montaña Cuéllar ocupara ese lugar mejor que ningún otro se explica por sus credenciales acumuladas: haber sido diputado durante la Revolución en Marcha, haber compartido bancada con Gaitán, haber recorrido el itinerario del liberalismo radical al marxismo, haber presidido la UP en su fundación. Cada hito le sumó una autoridad que ninguna disciplina partidaria podía otorgar.

Los 4.153 muertos y desaparecidos de la UP son el costo humano del argumento que Montaña Cuéllar había empezado a formular en los años cincuenta y que no alcanzó a ver confirmado por los tribunales ni por el Estado: un régimen que cierra los cauces institucionales a la oposición termina produciendo, como consecuencia previsible y no como accidente, la eliminación física de quienes intentan abrirlos. La ironía amarga de su biografía es que su diagnóstico se demostró correcto justamente sobre los cuerpos de los militantes que él mismo había convocado a la política legal. Su muerte en 1988 lo eximió de ver el desenlace más completo del exterminio, pero no de intuirlo: los primeros años de la campaña, los primeros nombres sobre las lápidas, la primera evidencia de que el Estado no iba a proteger a los suyos, todo eso ocurrió mientras presidía el partido. La tragedia personal y la validación intelectual coincidieron en el mismo gesto, y esa coincidencia define la posición que Montaña Cuéllar ocupa en la historia política colombiana: la del hombre que anticipó durante treinta años lo que después habría de padecer en carne de sus compañeros.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

44 documentos · 56 fragmentos
01Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 3431 cita
[1]

mas que estaba adelantando. Existía otro sector que podría denominarse de centro, en el que acampaban perso- najes conocidos como Eduardo Santos o Luis Cano, quienes tanto en la pren- sa como en el Parlamento apoyaban los cambios pero ejercían ciertos fre- nos en nombre del pragmatismo. Es- pecialmente en la Cámara de…

p. 343
02El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Página 3831 cita
[2]

La movilidad geográfica y ocupacional ahondó las líneas de estratificación vertical dentro del campesina- do y reforzó las tendencias individualistas. La fragmentación geográfica y política de estos movimientos y la pluralidad y especificidad local de las demandas facilitó a las clases domi- nantes enfrentar la…

p. 383
03El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 492 citas
[3]

pretendió renovar las estructuras de un Estado anquilosado, con rezagos colonialistas, excluyente y violento. Quiso intentar su “New deal”. Pragmático y dogmático, ningún otro presidente en la historia colombiana ha sido tan controvertido. Llamando a su gobierno la “Revolución en Marcha”, buscó la armonía social…

p. 49
[4]

pretendió renovar las estructuras de un Estado anquilosado, con rezagos colonialistas, excluyente y violento. Quiso intentar su “New deal”. Pragmático y dogmático, ningún otro presidente en la historia colombiana ha sido tan controvertido. Llamando a su gobierno la “Revolución en Marcha”, buscó la armonía social…

p. 49
04Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 181 cita
[5]

las dificultades que tuvieron para actuar en el ámbito político colombiano; aunque, participaron de la “crisis del sistema conservador”, como lo demostró la creciente actividad huelguística en los años veinte y treinta. 50 El incipiente peso de los movimientos políticos de izquierda permitió que estos se replegaran al…

p. 18
05El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · Página 1711 cita
[6]

poder y prestigio personales que constituyeron la base de su posterior carrera pol í tica. 13 Gerardo Molina, “ La Revoluci ó n Marxista ”, en El Espectador, Bogot á, Septiembre 6 de 1.934, p.5. Para una visi ó n de conjunto de la UNIR, ver J. Cordell Roblnson, El movimiento galtanlsta en Colombia (Bogot á: Tercer…

p. 171
06Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 1741 cita
[7]

generaciones de ideología revolucionaria, sino en las ma nos de la élite burguesa de la Generación del Centenario” (García, 1983: 221). Algunos dirigentes buscaban un cambio revolucionario, pero ni el partido uni- rista ni el comunista estuvieron a la altura de la coyuntura, para impulsar una ideología liberal…

p. 174
07Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 2561 cita
[8]

que tocaban los privilegios eclesiásticos. Algunos sectores terratenientes tradi- cionales no vieron con buenos ojos la ley de tierras. Incluso sectores empre- sariales, urbanos y rurales, agrupados en la APEN (Acción Patriótica Eco- nómica Nacional), que agrupaba con- servadores y liberales, se opuso tam- bién a la…

p. 256
08Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 234, 2412 citas
[9]

ir í a de 1958 a 1974. De este modo la alianza se volvi ó de hierro y el Frente Nacional se convirti ó, como lo se ñ al ó el liberal Alfonso L ó pez Michelsen, en una especie de r é gimen de partido ú nico, sin oposici ó n, que volv í a impensable cualquier pro puesta que no contara con el consenso general. REFORMISMO…

p. 234
[33]

los electores conservadores se inclinaron m á s bien por los ospinistas. En el liberalismo la divisi ó n inicial fue entre el “ oficialismo ” y el mrl, que enfrent ó con hostilidad a Alberto I leras Camargo, principal asesor del presidente Alfonso L ó pez, y al hijo de é ste, Alfonso L ó pez Michelsen. Para Lleras, L…

p. 241
09Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Página 781 cita
[10]

ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…

p. 78
10Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1191 cita
[11]

entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…

p. 119
11Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 1391 cita
[12]

(1957). Citado por Álvaro Delgado, “Anotaciones a la Política del Partido Comunista” Controversia, n.° 190 (2008). 94 En una decisión posterior, en 1958, se añadió la norma que obligaba a que los presidentes fueran alternativamente liberales y conservadores, y se amplió la duración del Frente Nacional con su…

p. 139
12Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · Página 422 citas
[13]

planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…

p. 42
[14]

planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…

p. 42
13Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · Página 2401 cita
[15]

salido de control en las regiones, y que luego le devolviera el poder a los sectores moderados de las élites políticas liberales y conservadoras. Sin embargo, el plan no salió como lo esperaban. El proceso de pacificación arrojaba resultados más bien pobres y, más grave aún, Rojas no daba señales de querer devolver el…

p. 240
14Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 362 citas
[16]

5 Los colombianos tienen la capacidad de dejar atrás rápidamente la violencia civil, y eso fue lo que hicieron con la Violencia. Con cada día que desaparecía de la memoria, las deficiencias del acuerdo de poder compartido resultaban más evidentes. El sistema político colombiano adolecía de muchos defectos, y el Frente…

p. 36
[17]

5 Los colombianos tienen la capacidad de dejar atrás rápidamente la violencia civil, y eso fue lo que hicieron con la Violencia. Con cada día que desaparecía de la memoria, las deficiencias del acuerdo de poder compartido resultaban más evidentes. El sistema político colombiano adolecía de muchos defectos, y el Frente…

p. 36
15Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · Página 2001 cita
[18]

representative and democratic” systems, countries such as Colombia.18 The National Front, 1958–1960 Colombia’s democratic revival coincided with the remaking of U.S. policy toward Latin America. During the early 1950s, former president Alfonso López proposed a bipartisan power-sharing arrangement as a solution to the…

p. 200
16Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · Página 281 cita
[19]

de corto alcance, como la que se dio en el primer n1andato de López Pumarejo. Durante el Frente Nacional, el Estado inhibió toda expre- sión del conflicto social y excluyó de la política a las clases subordina- das. Otra consecuencia de la guerra civil fue que bloqueó el camino al populismo en Colombia con la…

p. 28
17No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 77, 1372 citas
[20]

cerveza, decía: “es que a nosotros en la escuela de guerra nos enseñan que el comunismo hay que atacarlo porque es una plaga”» 385. El Frente Nacional produjo una abulia política manifestada en la abstención. Los partidos se fueron homogeneizando a tal punto que coloquialmente se decía que la diferencia entre…

p. 137
[34]

de matrices ideológicas que abogaban por cambios radicales y violentos del sistema. El inicio del Frente Nacional estuvo marcado por la violencia que se sostuvo durante finales de los años cincuenta en el sur del Tolima, Cauca, Huila y Valle, y que provenían tanto de actores ilegales (cuadrillas de «bandoleros»,…

p. 77
18The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · Página 581 cita
[21]

readiness to lay down arms indicated that there was a deep popular desire for the reestablishment of peace, which must have enabled the Liberal and Conservative parties to recover at least part of their lost ideological ground when they presented themselves as peacemakers with the National Front agreement. Moreover,…

p. 58
19Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 4102 citas
[22]

de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…

p. 410
[23]

de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…

p. 410
20Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · Página 721 cita
[24]

de Pereira y ex di rector de Coldeportes, fue mi compañero de luchas en esa época. Entonces el PC apoyaba al Movimiento Revolucionario Liberal de Alfonso López Michelsen. Unidos luchamos contra el Frente Na cional. Fueron varias las veces que me metieron a la cárcel y que me garrotearon por poner avisos de propaganda…

p. 72
21Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · Página 2881 cita
[25]

Comunista fue legalizado y actuó electoralmente bajo otras denominaciones. Para la elección intermedia funcionaron al menos cinco grandes maquinarias políticas: La Dirección Nacional Liberal, el Directorio Conservador Unionista, la Dirección Conservadora Independiente, la Alianza Nacional Popular y el MRL, el cual…

p. 288
22Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · Página 2511 cita
[26]

to Guillermo Valencia, the constitutionally guaranteed winner. (“Liberals won’t vote for a Conservative, even if that Conservative were the Holy Spirit,” sni ff ed one regional MRL leader.) 94 It would be the MRL ’s high-water mark. The movement would never manage to overcome the implication of its 1960 shift from…

p. 251
23Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 51, 62, 683 citas
[27]

rodeó el regreso de Rojas Pinilla al país y su juicio en el Congreso, los dirigentes del Frente Nacio- nal (FN) podían estar optimistas porque, en lo fundamental, el reparto biparti- dista estaba funcionando bien. La izquierda liberal era una minoría creciente y respetable. En 1962 la candidatura presidencial de López…

p. 68
[28]

de las masas que no se someten a las autoridades y piden cambio político, (Lenin, 1978, vol. 22, p. 310). 70 G U E R R A F R ÍA Y R E V O L U C IÓ N que, en diciembre, en una convención en íbagué, su jefe y fundador López Michelsen, puso tierra de por medio con la Revolución cubana y con el PCC (al poco tiempo habría…

p. 62
[37]

de protesta social fue recibida con recelo, desconfianza, miedo y, como al final de la década de 1920, las respuestas primordiales volvieron a ser poli- civas, penales, militares. En un país cuyas clases dirigentes se precian de legalistas y civilistas, las situaciones extremas de la época de la Violencia pusieron en…

p. 51
24Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · Página 722 citas
[29]

del país. Cuando el Partido Comunista empezaba a preparar su retorno con nombre propio a las lides electorales a principios de la década de 1970, un grupo de combatientes rasos de las FARC dejó la organización como resultado de la crisis de una guerrilla que no marchaba y la identificación con una alternativa…

p. 72
[30]

del país. Cuando el Partido Comunista empezaba a preparar su retorno con nombre propio a las lides electorales a principios de la década de 1970, un grupo de combatientes rasos de las FARC dejó la organización como resultado de la crisis de una guerrilla que no marchaba y la identificación con una alternativa…

p. 72
25¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 811 cita
[31]

bipartidismo y de los canales institucionales diseñados para ello, poniendo incluso en riesgo la fórmula de alternación en el poder en la reñida competencia electoral por la Presidencia de la República entre el candidato oficialista y el de la Alianza Nacional Popular, ANAPO, en 1970. Por su parte, la ampliación…

p. 81
26Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Páginas 147, 1512 citas
[32]

su ejercicio resulta significativa, toda vez que la tradición de los partidos comunistas en contextos de elecciones competitivas era la no participación electoral de sus secre - tarios generales. Para nuestro caso, estos ocuparon cargos de elección popular durante su ejercicio del cargo: Torres Giraldo —concejal de…

p. 151
[40]

la familia de María Cano en Medellín y posteriormente en Palmira. Durante este, redactó una prolífica obra de análisis político-social, gran parte aún inédita, que incluye Los inconformes (Torres Giraldo, 1978) —estudio historiográfi - co pionero sobre las luchas sociales en Colombia—, las Cinco cuestio - nes…

p. 147
27Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 851 cita
[35]

electoral, campo en el que fueron devorados por una abstencién cada vez mayor. En elecciones posteriores, al término formal del Frente Nacional, tanto liberales como conservadores se vieron obli- gados a recurrir a los viejos temas del sectarismo y de los odios heredados para combatir esa absten- cién. Ese doble…

p. 85
28Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 3911 cita
[36]

caracterizaron por estar fundamentadas en la consideración de que las protestas y manifestaciones de traba - jadores, estudiantes, indígenas y campesinos eran alteraciones del orden público que requerían medidas de excepción 739. La respuesta a estas reivindicaciones fueron las medidas autoritarias dirigidas,…

p. 391
29Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 4281 cita
[38]

fortalecer el poder presidencial; incluir la emergencia económica como una situación de excepción, que el Presidente de la República pudiera de - cretar; prolongar por cuatro años el período de los representantes al Congreso; prolongar la paridad de liberales y conservadores cuatro años más después de acabado el…

p. 428
30Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 2171 cita
[39]

pen- samiento radical, confluyen para crear un ambiente de confrontación con el establecimiento, que se traduce en in- numerables actos de protesta contra el gobierno de Alberto Lleras, quien res- ponde en varias ocasiones utilizando medidas coercitivas. El divorcio entre el sistema de la coalición bipartidista y las…

p. 217
31Las ideas socialistas en ColombiaJorge Eliécer Gaitán · 2017 · Página 151 cita
[41]

técnica riñe con el desarrollo orgánico de un plan de temas. Acercarse a Las ideas socialistas en Colombia es poder ir al texto mismo de lo escrito por Gaitán a los 21 años. Es poder descubrir la forma como estructuraba su pensamiento y el orden del sentido que a sus ideas le daba a través de una formación filosófica…

p. 15
32El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 4141 cita
[42]

impulsaron iniciativas guerrilleras, y que por consiguiente eran duramente calificadas como “reformistas” por sus competidoras, aceptaban verbalmente que la lucha armada era la “forma supe rior”. A esta forma superior entregaron su vida centenares de aeli vistas universitarios y obreros (sobre lo cual hay buenos…

p. 414
33Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Página 841 cita
[43]

esos hechos, le argumentaban a los miembros de la guerrilla que, pues, no tenían cómo pagar, pues ellos no generaban, pues, unas acciones en contra [específicamente] de esas familias. Al parecer, les hacían como un estudio socioeconómico a dichas familias y otras sí se iban desplazadas» 228. El exterminio de la Unión…

p. 84
34Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 1481 cita
[44]

cincuenta de la madrugada hubo un nuevo boletín: Pastrana 1 368 981 y Rojas 1 366 364, que dio lugar a cambios en las siguientes ediciones. Y así siguió la tendencia que dio oficialmente el triunfo a Pastrana. En sus Memorias políticas 96, el expresidente López Michelsen hace un largo relato sobre cómo transcurrió en…

p. 148
35Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 4131 cita
[45]

free primary and secondary educa- tion, economical medical service and free medicines, urban reform, and afford- able housing for the lower and middle classes. Stressing its coalition aspect, that of an “alliance” uniting the poor regardless of traditional party affiliation, ANAPO evolved into what historian César…

p. 413
36Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 2551 cita
[46]

mé tod o aceptado para fijar la base de dicha renta. Bien recibida por la opi- nión pública, para los empresarios era el mal menor frente a la agi- 255 256 Mar co Palacios tación social a lr ed edor de la reform a agraria. Y log rar on desmon- tarla en la legislatura de 1979. La mecánica política del FN Bajo el FN la…

p. 255
37El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · Página 222 citas
[47]

la participación de civiles en las acciones militares para combatir a las guerrillas, además de impulsar nuevas formas y modalidades de represión: la dominación fundamentada en un régimen de excepción se acompaña de un aumento importante de asesinatos extra- judiciales, desapariciones forzadas y masacres, entre otros.…

p. 22
[48]

la participación de civiles en las acciones militares para combatir a las guerrillas, además de impulsar nuevas formas y modalidades de represión: la dominación fundamentada en un régimen de excepción se acompaña de un aumento importante de asesinatos extra- judiciales, desapariciones forzadas y masacres, entre otros.…

p. 22
38Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 7021 cita
[49]

los sobrevivientes nos tocó volarnos de Puerto Berrío– la mayor parte de militantes [...] llegamos aquí a Barrancabermeja huyendo» 2404. La reconstrucción de la violencia contra la UNO presentada a la Comisión permite establecer que ocurrieron violaciones de derechos humanos contra sus integrantes en por lo menos 23…

p. 702
39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1131 cita
[50]

Socialista de los Trabajadores (PST), que se agruparon en torno a la idea de construir una propuesta política extra institucional y en oposición a los métodos que ellos mismos consideraban conciliatorios, como los diálogos de paz. Para mayor información revisar el caso sobre la persecución, estigmatización y…

p. 113
401989María Elvira Samper · 2019 · Página 481 cita
[51]

y desmoralizar a comunidades enteras. Entre 1984 y 2000, la campaña exterminio adelantada por narcoparamilitares con la complicidad de agentes del Estado, deja por lo menos 4.153 personas asesinadas o desaparecidas, sin contar a las víctimas de tipos de violencia no letal. En diciembre de 2012, dentro del proceso de…

p. 48
41El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Página 1952 citas
[52]

la UP. Enumeran una serie de hechos para sustentar la delicada situación de orden público, derivada, según argumentan, de la intención de las FARC por ejercer dominio en la población, para lo cual se sustentarían en el avance político de la UP. La carta es enviada como documento secreto y de manera anónima por “un…

p. 195
[53]

la UP. Enumeran una serie de hechos para sustentar la delicada situación de orden público, derivada, según argumentan, de la intención de las FARC por ejercer dominio en la población, para lo cual se sustentarían en el avance político de la UP. La carta es enviada como documento secreto y de manera anónima por “un…

p. 195
42Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · Página 3631 cita
[54]

escuchar avisos por las emisoras de Granada ofreciendo recompensa por una serie de dirigentes, den- tro de los que estaban Isauro Yosa y Laurentino Perdomo. 363 No obstante, el contexto de los hijos fue diferente al de su pa- dre. Desde finales de la década de los años setenta, en los llanos orientales la conformación…

p. 363
43Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · Página 3631 cita
[55]

que se implementaron en el país en el marco de la Guerra fría. Por las mismas razones económicas, políticas e ideológicas por las que los campesinos que reclamaban mayor equidad en un país de injusticias fueron perseguidos desde mucho antes de la década de los años sesenta del siglo XX, los hijos de don Segundo here-…

p. 363
44Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · Página 3771 cita
[56]

contra la UP, sino también en el impacto social que tiene la falta de respuesta efectiva de la justicia frente a los crímenes. Estas con- diciones dieron lugar a la construcción de referentes sociales que advertían y enseñaban que, en Colombia, los líderes de oposición y de izquierda eran vulnerados sistemáticamente y…

p. 377