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Biografía

Álvaro Fayad

Crisis y narcotráfico

1946–1986

16 min de lectura28 documentos
Nacimiento1946
Fallecimiento13 de marzo de 1986
RolesMilitante de la Juventud Comunista · Combatiente de las FARC
Lugar principalColombia
Período históricoCrisis y narcotráfico1974–1990
03

La biografía

Álvaro Fayad Delgado (Pasto, 1946 – Bogotá, 13 de marzo de 1986) fue uno de los fundadores del Movimiento 19 de Abril (M-19) y su comandante general entre 1983 y 1986, tras la muerte de Jaime Bateman Cayón. Formado en la Juventud Comunista y curtido en las filas de las FARC antes de romper con ellas a comienzos de los años setenta, Fayad encarnó a la generación bisagra de la guerrilla colombiana: la que heredó un movimiento cuya potencia había sido el teatro político y la negociación, y la que lo empujó, en menos de tres años, hacia las decisiones que lo consumieron. Bajo su comandancia, el M-19 negoció la tregua con Belisario Betancur, la vio romperse, resistió en Yarumales y avaló la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985. Cuatro meses después de aquel episodio, agentes del F-2 lo mataron en un apartamento del occidente de Bogotá. Su biografía es inseparable de la del proyecto que ayudó a fundar y que no le sobrevivió intacto.

02

Línea de vida

  1. 1946

    Nacimiento en Pasto

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    Nació en Pasto, Nariño, en el contexto del bipartidismo colombiano de posguerra. Se trasladó a Bogotá para estudios universitarios, donde la Universidad Nacional lo introdujo al activismo político.

  2. 1964

    Militancia en la Juventud Comunista y las FARC

    Leer contexto

    Siguió la trayectoria clásica de los cuadros urbanos de su generación: militó primero en la Juventud Comunista y luego ingresó a las FARC, donde compartió filas con Jaime Bateman, Iván Marino Ospina, Ariel Otero y Carlos Pizarro.

  3. 1972

    Cofundación del M-19

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    Tras la ruptura con las FARC a comienzos de los años setenta, participó en la organización del Movimiento 19 de Abril, fundado en 1972 como respuesta al fraude electoral del 19 de abril de 1970 y orientado hacia la lucha urbana y la clase media ilustrada.

  4. 1974

    Robo de la espada de Bolívar

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    El 17 de enero de 1974, el M-19 sustrajo la espada de Bolívar de la Quinta de Bolívar, acción con la que el movimiento se dio a conocer públicamente. Fayad participó en la organización de esta etapa inicial junto a Bateman y los demás fundadores.

  5. 1978

    Operación Cantón Norte

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    El M-19 sustrajo más de cinco mil armas de las instalaciones militares del Cantón Norte en Bogotá. La represalia del Ejército bajo el Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala incluyó la detención y tortura de centenares de militantes, marcando la trayectoria de todos los cuadros del movimiento.

  6. 1983

    Asunción de la comandancia general

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    Tras la muerte de Jaime Bateman en un accidente aéreo en Panamá en abril de 1983, Fayad asumió la comandancia general del M-19, heredando una organización dividida entre la apertura política y la continuación de la lucha armada.

  7. 1984

    Tregua con Betancur y combates de Yarumales

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    Encabezó al M-19 en los acuerdos de tregua con el presidente Belisario Betancur. En diciembre de 1984, el Ejército atacó posiciones del M-19 en Yarumales (norte del Cauca); los combates duraron 26 días e incluyeron bombardeos. Fayad interpretó la resistencia como aval de una estrategia de combate regular.

  8. 1985

    Aval a la toma del Palacio de Justicia

    Leer contexto

    Como comandante general, avaló la decisión de tomar el Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985, operación planeada por Luis Otero Cifuentes y Andrés Almarales. El asalto militar del Estado provocó el incendio del edificio y la muerte de magistrados y guerrilleros.

  9. 1986

    Muerte a manos del F-2

    Leer contexto

    El 13 de marzo de 1986, cuatro meses después de la toma del Palacio de Justicia, agentes del F-2 lo mataron en un apartamento del occidente de Bogotá.

La formación de un cuadro

Fayad nació en Pasto en 1946, en el Nariño andino de posguerra bipartidista, y se trasladó a Bogotá para hacer estudios universitarios. La Universidad Nacional de los años sesenta —cruzada por el existencialismo, por la literatura del boom latinoamericano y por el ascenso de un movimiento estudiantil que se leía como parte de la ola global de rebeldía juvenil— fue el ambiente en el que jóvenes de clase media ilustrada como él pasaron de la inquietud intelectual a la conciencia política sobre América Latina. En ese trayecto, Fayad militó primero en la Juventud Comunista, cantera clásica del marxismo colombiano ligado al Partido Comunista.

De la JUCO pasó a las FARC, la guerrilla campesina fundada en 1964 bajo la sombra del PC. Allí compartió filas con otros cuadros urbanos que llegaban al monte convencidos de que la lucha armada rural era la vía: Jaime Bateman Cayón, Iván Marino Ospina, Ariel Otero y, en algunas reconstrucciones, Carlos Pizarro Leongómez. Ese grupo, formado en la ciudad y llegado al campo por convicción, empezó a rozar con la dirección farista a comienzos de los setenta. Bateman argumentaba que el escenario decisivo de la revolución colombiana no era la selva sino la ciudad, y presionaba por trasladar allí el esfuerzo guerrillero. La respuesta fue la expulsión, o la salida forzada, de un puñado de combatientes rasos que abandonaron la organización arrastrados por la crisis interna de una guerrilla que —a su juicio— "no marchaba", y atraídos por una alternativa revolucionaria fresca que venía del sur del continente.

Fayad fue uno de esos hombres. A comienzos de los setenta tenía poco más de veinticinco años, una formación política ya trabajada en dos organizaciones distintas y la convicción de que había que empezar algo nuevo, urbano y capaz de hablarle a la clase media que Bogotá empezaba a ser.

La fundación del M-19 y el fraude del 19 de abril

El 19 de abril de 1970, el Frente Nacional proclamó a Misael Pastrana Borrero presidente de la República sobre Gustavo Rojas Pinilla, candidato de la Alianza Nacional Popular (Anapo). Las circunstancias del conteo —el súbito apagón de las radios en la noche electoral, la reversión del resultado durante la madrugada— dejaron en amplios sectores de la opinión pública la certeza de que había habido fraude. Ese episodio se convirtió en la piedra angular de un argumento: el sistema político colombiano, blindado por el pacto bipartidista, no admitía oposición real.

Del cruce entre esa lectura y la ruptura con las FARC nació el Movimiento 19 de Abril. El grupo se organizó a lo largo de 1972 y adoptó el nombre —M-19— para fijar la fecha del fraude como su acta de nacimiento simbólica. El núcleo fundador era heterogéneo hasta la extravagancia para los estándares de la izquierda colombiana: ex combatientes de las FARC como Bateman, Fayad, Marino Ospina, Pizarro y Otero; disidentes anapistas de la línea socialista de Rojas encabezados por Carlos Toledo Plata, Israel Santamaría y Andrés Almarales; militantes provenientes del ELN; cristianos revolucionarios; sindicalistas; universitarios; y cuadros procedentes de la vertiente marxista-leninista del Partido Comunista. Contra la lógica del cisma sectario, el M-19 se construyó como suma.

Ese origen determinó tres rasgos que marcaron toda su trayectoria y, con ella, la de Fayad. Primero, era una guerrilla urbana en un país cuya tradición insurgente había sido campesina desde La Violencia. Segundo, su cuadro dirigente venía de la universidad y de la clase media ilustrada, no de los rastrojos ni del sindicalismo obrero clásico. Tercero, su relación con la política electoral era ambigua: entre 1970 y 1978, casi toda la izquierda distinta del PC llamó a la abstención, deslegitimando la vía institucional en un momento en que la Anapo parecía tener fuerza; pero el M-19 nació invocando un fraude electoral, lo que lo obligaría siempre a negociar con la idea de democracia en vez de descartarla del todo.

El teatro político: de la espada al Cantón Norte

El M-19 apareció públicamente el 17 de enero de 1974 con el robo de la espada de Bolívar de la Quinta de Bolívar. La acción había sido precedida por una campaña publicitaria enigmática en prensa —avisos crípticos que anunciaban algo sin decir qué— y por un reconocimiento minucioso que incluyó fotografías, mapas y entrenamiento físico de los comandos en los cerros de Monserrate y Guadalupe. El robo dejó en el país la sensación de que había aparecido una guerrilla distinta: teatral, urbana, letrada, con oficio de comunicación. Fayad participó en la organización de esa etapa inicial junto a Bateman y los demás fundadores.

Los años siguientes fueron de construcción silenciosa. La organización tejió redes en las ciudades, incorporó cuadros y financiación, y preparó el golpe que la instalaría en primera línea. En la noche del 31 de diciembre de 1978, un comando del M-19 sustrajo más de cinco mil armas de las instalaciones militares del Cantón Norte, en las afueras de Bogotá, a través de un túnel excavado desde una casa vecina. La operación fue humillante para el Ejército y precipitó una represalia que marcaría la biografía política de todos los cuadros del movimiento, Fayad incluido.

Bajo el Estatuto de Seguridad recién impuesto por Julio César Turbay Ayala —una legislación que convertía el delito político en delito común, autorizaba a los comandantes de brigada a dictar penas de hasta veinticuatro años sin recurso de segunda instancia, y criminalizaba la reunión, la sindicalización y la protesta—, el Ejército detuvo a centenares de militantes del M-19. La tortura se institucionalizó como práctica asociada a las detenciones masivas. Alfredo Molano llegaría a cifrar en dieciséis mil las personas detenidas por razones políticas durante la vigencia del Estatuto. Colombia se aproximaba, sin llegar a serlo, al modelo represivo de las dictaduras del Cono Sur, con juzgamiento masivo de civiles por militares.

La respuesta del M-19 fue otro golpe de resonancia. El 27 de febrero de 1980, un comando dirigido por Rosemberg Pabón y planeado por el antropólogo Luis Otero Cifuentes tomó la Embajada de la República Dominicana en Bogotá durante una recepción diplomática. Catorce guerrilleros retuvieron a dieciséis embajadores, entre ellos los de Estados Unidos y el Vaticano, durante sesenta y un días. La operación terminó con el traslado de guerrilleros y rehenes a Cuba, un rescate de un millón de dólares y una victoria política inmensa, aunque el M-19 no consiguió su otra demanda: la liberación de los militantes presos. Fayad, para entonces uno de los cuadros consolidados de la dirección, participó en la coordinación política del episodio.

En 1981, la organización intentó dar un salto cualitativo con la llamada "invasión del sur": columnas guerrilleras entraron por Putumayo y Nariño con armamento suministrado a través de Cuba. La operación fue militarmente aplastada y le costó a Colombia la ruptura de relaciones diplomáticas con La Habana. El M-19 aprendió, de la peor manera, que su fuerza estaba en la ciudad y en la acción simbólica, no en el enfrentamiento convencional en zonas rurales que no controlaba.

La herencia de Bateman

En abril de 1983, Jaime Bateman Cayón murió en un accidente aéreo en Panamá. Fue una fractura mayor. Bateman era el fundador, el comandante indiscutido, el carisma del movimiento; su capacidad para tejer alianzas, para hablarles a los medios y para mantener juntas las corrientes internas del M-19 no tenía sustituto obvio. La comandancia general recayó en Álvaro Fayad.

Heredó una organización compleja. Por dentro, dos posiciones se tensaban desde hacía tiempo. Una defendía aprovechar cualquier apertura del sistema político para pasar a la acción reformista, capitalizando el prestigio popular ganado con las acciones espectaculares. La otra sostenía que era indispensable seguir en armas hasta disponer de un aparato militar sólido, porque cualquier negociación desde la debilidad sería una capitulación. Bateman había mediado entre ambas con su fórmula de que "la amnistía no es la paz": aceptar la amnistía sin garantías políticas de fondo era desarmarse sin ganar nada. Esa síntesis, sostenida por su autoridad personal, se hizo más frágil sin él.

Por fuera, el escenario cambiaba. Belisario Betancur había asumido la Presidencia en agosto de 1982 con una promesa de paz, y en 1984 se firmaron acuerdos de tregua con varias guerrillas, incluido el M-19. Fayad, como comandante general, encabezó al movimiento en ese proceso. La organización salió parcialmente a la legalidad, sus dirigentes hicieron mítines públicos, y la oratoria —una de las grandes fortalezas del M-19, encarnada sobre todo en cuadros costeños como Andrés Almarales— reveló al país a un movimiento que, sin abandonar la retórica revolucionaria, defendía un proyecto que sus propios militantes describían como no socialista sino de profundización democrática, un "capitalismo democrático" volcado sobre la pequeña y mediana empresa y la industria no monopólica.

Yarumales y la tentación de la guerra

La tregua se envenenó desde temprano. Algunos mandos militares —los generales Fernando Landazábal Reyes y Bernardo Lema Henao entre los más visibles— criticaban abiertamente la política de paz de Betancur y consideraban que negociar con guerrilleros armados era una claudicación. En paralelo, el paramilitarismo empezó a hacer trabajo sistemático contra los cuadros del M-19 en tregua. Carlos Toledo Plata, uno de los fundadores anapistas del movimiento, fue asesinado por sicarios del MAS —Muerte a Secuestradores, el brazo armado de los narcotraficantes contra las guerrillas—, que vaciaron un revólver calibre 38 contra él en presencia de su esposa Ligia. El 23 de mayo de 1985, Antonio Navarro Wolff, Carlos Alonso Lucio y otros tres militantes sufrieron un atentado con granada de fragmentación en Cali. Navarro perdió la pierna izquierda, quedó con dolor crónico y hablando a media lengua.

El M-19 respondió tensando la cuerda por su lado. Durante la tregua instaló campamentos urbanos en Cali —en Petecuy, Alfonso López, Terrón Colorado, Siloé, y en varios barrios del distrito de Aguablanca: Marroquín, El Pondaje, Manuela Beltrán, Mariano— donde combinaba actividad política, organización comunitaria y aprestamiento militar. La idea, sostenida por Fayad y por buena parte de la dirección, era construir estructuras milicianas urbanas capaces de sostener una guerra popular. La tregua servía, en ese cálculo, para armarse y organizarse.

El pulso llegó al campo militar en diciembre de 1984. El Ejército decidió atacar las posiciones del M-19 en Yarumales, en el norte del Cauca. Los combates comenzaron el 12 de diciembre e incluyeron bombardeos aéreos y asaltos sostenidos durante veintiséis días. El M-19 resistió. Según Otty Patiño, uno de los dirigentes de esa generación, Yarumales fue la primera vez que una guerrilla colombiana combinó guerra de guerrillas con guerra de posiciones, defendiendo un territorio en vez de moverse. El movimiento salió del episodio con la convicción de que podía sostener combate regular. Esa convicción sería fatal.

Fayad estuvo entre los que interpretaron Yarumales como demostración de capacidad militar. La experiencia se leyó como aval de una estrategia que combinaba operaciones de combate regular en el suroccidente con estructuras milicianas urbanas. La tregua, para efectos prácticos, había dejado de existir; solo faltaba el gesto público que lo confirmara.

El Palacio de Justicia

En algún momento de 1985, la dirección del M-19 decidió tomarse el Palacio de Justicia en la Plaza de Bolívar. El objetivo político declarado era someter al presidente Belisario Betancur a un juicio político por el incumplimiento de los acuerdos de paz. La planificación operativa recayó en Luis Otero Cifuentes —el mismo antropólogo que había concebido la toma de la embajada dominicana en 1980— y en Andrés Almarales, el orador anapista.

La decisión política, sin embargo, correspondió a la comandancia general. Fayad la avaló, junto con Iván Marino Ospina. Y allí se cruzó un elemento que ninguna reconstrucción posterior podría ignorar. Pablo Escobar, en plena guerra contra la extradición a Estados Unidos, ofreció financiar la operación. Puso una condición: que dos de sus hombres acompañaran a los guerrilleros para quemar los archivos de extradición y asesinar a los magistrados que respaldaban el tratado. Fayad y Marino rechazaron esa exigencia. Pero Iván Marino Ospina aceptó los dos millones de dólares. Los testigos presenciales de la toma nunca escucharon a los guerrilleros comprometerse a quemar archivos ni a matar magistrados; el dinero, sin embargo, había entrado.

El 6 de noviembre de 1985, un comando del M-19 asaltó el Palacio de Justicia. La respuesta militar del Estado fue una operación de recuperación por asalto, con tanques entrando por la Plaza de Bolívar. El edificio ardió. Murieron magistrados de la Corte Suprema —incluido su presidente Alfonso Reyes Echandía—, empleados, visitantes y la casi totalidad del comando guerrillero. Andrés Almarales murió allí. Luis Otero murió allí. Una decena de personas que salieron vivas del Palacio bajo custodia militar desaparecieron y nunca se las volvió a ver.

Fayad no estuvo en el Palacio. Había avalado la operación desde la comandancia y sobrevivió a ella. Sobrevivió, también, a la destrucción de la legitimidad democrática que había sido, hasta entonces, el activo más valioso del M-19. La organización quedó severamente hostigada en los núcleos urbanos y fue obligada a replegarse al suroccidente colombiano, hacia Caquetá, Huila y Cauca. La opinión pública que había aplaudido el robo de la espada y celebrado la salida de los rehenes de la embajada dominicana no volvió a mirar al M-19 con los mismos ojos.

La muerte en Quinta Paredes

Los meses siguientes a noviembre de 1985 fueron de repliegue y de caza. El F-2, la policía política, siguió el rastro de los cuadros supervivientes. Fayad se había refugiado en un apartamento del barrio Quinta Paredes, en el occidente de Bogotá, próximo a Corferias. Allí lo localizaron el 13 de marzo de 1986. Murió en el operativo. Tenía treinta y nueve años y había sido comandante general del M-19 durante casi tres.

Su muerte cerraba, en pocos meses, un ciclo que había empezado con la de Bateman. En abril de 1983 murió el fundador. En noviembre de 1985 murieron Almarales y Otero. En marzo de 1986 murió Fayad. Iván Marino Ospina había caído antes, en agosto de 1985, en un operativo militar en Cali. En el término de tres años, la práctica totalidad del núcleo fundador del M-19 estaba muerta, salvo Carlos Pizarro y Antonio Navarro.

La red

La biografía política de Fayad no se entiende sin la trama de nombres que la sostuvo. En el nivel más íntimo, los otros ex faristas urbanos: Bateman, con quien compartió la ruptura de comienzos de los setenta y la apuesta por la guerra en las ciudades; Iván Marino Ospina, su par en la comandancia después de la muerte de Bateman, el que aceptó el dinero de Escobar; Carlos Pizarro Leongómez, el más joven del grupo, el que sobreviviría más tiempo. En el nivel anapista, Carlos Toledo Plata, Andrés Almarales e Israel Santamaría, que aportaron al M-19 la conexión con el rojismo popular y la oratoria de plaza. En el nivel operativo, Luis Otero Cifuentes y Rosemberg Pabón, los diseñadores de las tomas espectaculares. En el nivel de la resistencia militar, los cuadros que sostuvieron Yarumales y que después reconstruirían la organización, con Antonio Navarro Wolff a la cabeza.

Alrededor del M-19 giraron figuras del establecimiento con las que Fayad y su generación negociaron, chocaron o midieron fuerzas. Belisario Betancur, el presidente conservador que ofreció la paz que la organización aceptó y rompió. Los generales Landazábal y Lema, que representaron el ala militar hostil al proceso. Fabio Vásquez Castaño y otros comandantes de otras guerrillas, que miraron al M-19 con una mezcla de admiración por la espectacularidad de sus acciones y desconfianza por su origen urbano y letrado. María Eugenia Rojas, hija del general Rojas Pinilla, en cuya candidatura defraudada de 1970 el M-19 había fundado su acta de nacimiento simbólica. Y, en el extremo negro, Pablo Escobar, cuyo dinero manchó la operación que destruyó a la organización.

Los lugares también arman la biografía. Pasto, la ciudad natal. Bogotá, la Universidad Nacional, el barrio Quinta Paredes donde lo mataron, la Plaza de Bolívar sobre la que se decidió la suerte del movimiento. Cali, con sus campamentos de paz y sus barrios populares. Yarumales, Los Robles, Corinto, en el Cauca guerrillero. La Quinta de Bolívar, de donde salió la espada en 1974. La Embajada Dominicana en 1980. El Palacio de Justicia en 1985.

La huella

Fayad dejó una organización herida de gravedad y una pregunta abierta sobre el sentido de la lucha armada urbana en Colombia. La respuesta la darían los sobrevivientes. Después de su muerte, la comandancia recayó en Carlos Pizarro, quien condujo al M-19 hacia la desmovilización. El 9 de marzo de 1990, en Santo Domingo, Cauca, Pizarro entregó las armas. El movimiento se convirtió en Alianza Democrática M-19 y lo postuló como candidato presidencial. El 26 de abril de 1990, un mes y días después de la entrega, sicarios lo asesinaron en un avión comercial. Antes había caído Bernardo Jaramillo Ossa, candidato de la Unión Patriótica. Antonio Navarro Wolff, mutilado del atentado de 1985, quedó como el único miembro vivo de la Comandancia y asumió la candidatura. La Alianza Democrática M-19 obtuvo una votación notable en la Asamblea Constituyente de 1991, contribuyó a redactar la nueva Constitución y luego se disolvió progresivamente en el sistema político.

La huella de Fayad se disputa en dos planos. Uno es el de la responsabilidad histórica por el Palacio de Justicia. Como comandante general del M-19 al momento de la decisión, aunque no de la ejecución, avaló una operación que costó vidas civiles, que destruyó a la Corte Suprema en su función y que aceleró la ruina del movimiento que él mismo había ayudado a fundar. Que hubiera dinero de Escobar en la financiación —así fuera sin cumplir las contraprestaciones exigidas por el narcotraficante— dejó una mancha que ninguna reivindicación política posterior alcanzó a limpiar. Es difícil pensar la trayectoria de Fayad sin ese peso.

El otro plano es el del contexto en que decidió. Cuando asumió la comandancia en 1983, el M-19 llevaba cinco años sufriendo la represión más sistemática del Estado colombiano contemporáneo, con dieciséis mil personas detenidas por razones políticas, tortura institucionalizada y una legislación de excepción convertida en régimen ordinario. Cuando negoció la tregua con Betancur, los mandos militares que debían garantizarla la boicoteaban públicamente. Cuando la tregua se intentó sostener, los paramilitares asesinaban a sus cuadros públicos como Toledo Plata y volaban con granadas a sus interlocutores políticos como Navarro. La escalada que culminó en el Palacio no fue una elección hecha en el vacío: fue una respuesta —desesperada, desmedida, políticamente ruinosa— a un cerco real. Sostener que cualquier otro comandante habría evitado ese desenlace supone imaginar un margen de maniobra que el M-19 realmente no tenía.

Entre ambos planos se resuelve, sin resolverse del todo, la figura de Fayad. Un cuadro formado en dos tradiciones de la izquierda colombiana —la comunista y la farista— que rompió con las dos porque las creía incapaces de ganar. Un fundador de un movimiento que, en el mejor de sus momentos, encontró una forma nueva de hacer política en Colombia: teatral, urbana, letrada, dispuesta a hablar con el sistema que impugnaba. El comandante que heredó ese movimiento sin la autoridad personal del fundador y con la presión de un Estado que había clausurado sistemáticamente la vía negociada. Y quien avaló la operación que terminó de destruirlo. En su biografía se juega, en pequeño, la historia del M-19: la de un proyecto que combinó, sin llegar a integrar, dos cosas incompatibles —el teatro político democrático y la violencia armada espectacular— y que pagó la contradicción con la vida de casi todos sus fundadores.

Álvaro Fayad Delgado murió en Bogotá el 13 de marzo de 1986. Cuatro años después, la organización que había cofundado firmaba la paz. Catorce meses después de eso, sus antiguos compañeros ayudaban a escribir una nueva Constitución. Ninguno de esos capítulos existe sin la generación a la que él perteneció, y ninguno redime del todo las decisiones que él tomó.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

28 documentos · 40 fragmentos
019 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · Páginas 71, 1542 citas
[1]

M-19 había surgido, según sus líderes, como respuesta al fraude ocurrido en las elecciones de 1970, en las que ganó Misael Pastrana, candidato del Frente Nacional, al exdictador Gustavo Rojas Pinilla, candidato de la Alianza Nacional Popular, Anapo 41. Sus líderes provenían de los más diversos sectores de la vida…

p. 71
[18]

Pero eso era allá, porque aquí ya habíamos tenido fracasos muy complicados, como las incursiones que tuvimos en Choco y Nariño… Pero volviendo a la conferencia, la paradoja es que nos tocó enfrentar una situación política muy fuerte porque con Belisario empezamos a perder la iniciativa política que nos había…

p. 154
02Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · Página 722 citas
[2]

del país. Cuando el Partido Comunista empezaba a preparar su retorno con nombre propio a las lides electorales a principios de la década de 1970, un grupo de combatientes rasos de las FARC dejó la organización como resultado de la crisis de una guerrilla que no marchaba y la identificación con una alternativa…

p. 72
[3]

del país. Cuando el Partido Comunista empezaba a preparar su retorno con nombre propio a las lides electorales a principios de la década de 1970, un grupo de combatientes rasos de las FARC dejó la organización como resultado de la crisis de una guerrilla que no marchaba y la identificación con una alternativa…

p. 72
03Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 1311 cita
[4]

de que votaran mayoritariamente por grupos de oposición; pero el posible fraude demostraba lo que habían dicho siempre los amigos de la lucha armada: que el establecimiento político no aceptaría por las buenas una derrota, que los votos no tenían fuerza solos, pues podían ser manipulados, y que ni siquiera un general…

p. 131
04Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1471 cita
[5]

de los setenta. A comienzos de ella apareció un nuevo movimiento guerrillero, el M-19, que rápidamente acaparó la atención nacional. Su surgimiento dejó al descubierto la fragilidad de la democracia frentenacionalista. En las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970, la Anapo logró sus mejores resultados,…

p. 147
05Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · Página 501 cita
[6]

order to prevent the possible election of Rojas-Pinilla. The military was sent out to repress ANAPO rioters after the close election, which was fraudently won by the National Front candidate. The falure of ANAPO was the genesis for the development of the guerrilla group M-19. 23 The group was officially born in 1972…

p. 50
06Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · Página 591 cita
[7]

ANAPO). Rojas Pinilla’s dream of returning to power was denied, however. Many analysts con- tend that Rojas was the winner of the presidential elections of April 19, 1970, but the minister of the interior named Conservative Misael Pastrana Borrero the new president after a suspiciously timed massive power outage.…

p. 59
07More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · Páginas 84, 912 citas
[8]

and slums. Some, among them the group's founder, Jaime Bateman Cayon, had begun their guerrilla ca- reers in the FARC. Bateman's memories of growing up in the shadow of United Fruit Company factories fed his rebellion. Colombians could not swim in company pools or shop in company stores, even as they harvested the…

p. 91
[34]

actions. President Guillermo Valencia legal- ized "self-defense" groups in 1965. He also introduced "state of siege" legislation that authorized troops to arrest and even court martial civil- ians deemed guilty of vague and generalized crimes, such as "altering the peaceful development of social activity." The wording…

p. 84
08Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · Páginas 25, 632 citas
[9]

suicidaban... Todos los intelectuales... Todos con barbas y vestidos negros... Todos existencialistas... Todos pensando en Hei- degger y su Da-Sein, todos se suicidaban... Todos lo hacían después de escuchar jazz... Unos se suicidaban de verdad. Otros se suicidaban tres y cuatro veces... Se tomaban el frasco de…

p. 63
[20]

de entonces comenzó a ser el retrato de personajes en extremo contro vertidos, cuyas vidas muestran aspectos diferentes de la historia de Colombia a partir del asesinato de Gaitán, y se unen en un punto trágico: el ejercicio de la violencia. El relato de Iván Marino Ospina es elocuente por sí solo. Lo reco gí en ocho…

p. 25
09Leer es resistirMario Mendoza · 2022 · Página 531 cita
[10]

fue protagonista de una historia que da para un magnífico guion de un thriller cinematográfico. * En los años setenta surgió el grupo guerrillero M-19. El golpe con el cual se dio a conocer este movimiento fue el robo de la espada de Bolívar en enero de 1974. Hay que recordar que, a diferencia de las FARC, cuyo origen…

p. 53
10Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2691 cita
[11]

como M-19, que entre otras realizó operaciones como las siguien- tes: el robo de más de cinco mil armas a unas instalaciones del ejército, en las afueras de Bo- gotá; la toma durante 61 días de la embajada de la República Dominicana, también en la ca- pital; el intento de sabotaje de la cumbre de presidentes…

p. 269
11La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · Página 3511 cita
[12]

guerrilla se volvió más audaz y con - fiada, llegando a cometer secuestros y asesinatos muy aparatosos, como cuando el M-19, una guerrilla urbana que hizo presencia en 1977, asesinó 1978 a José Raquel Mercado, principal dirigente sindical de la CTC, y, luego, saqueó los depósitos de armas del Cantón Norte, principal…

p. 351
12Guerrilla Marketing: Counterinsurgency and Capitalism in ColombiaAlexander L. Fattal · 2018 · Página 491 cita
[13]

via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 50 CHAPTER ONE The M19 learned its lesson. When the group tunneled into a mili- tary weapons depot in northern Bogota in 1978, only military pride was injured. That injury, however, prompted the military to lash out at the M19,…

p. 49
13El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · Página 401 cita
[14]

honor institucional; el robo de las armas envenenó el proceso de paz cinco años después c indudablemente alimentó el salvajismo del conflicto dentro del Palacio de Justicia. El año 1980 también fue el año en que el M19 logró im pacto internacional con la toma de la Embayada de la República Dominicana en Bogotá,…

p. 40
14Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 471 cita
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personas en la Embajada de la República Dominicana en Colombia (1980) y, sobre todo, la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985. Un grupo guerrillero que, por todo lo anterior, va a ser severamente hostigado en los núcleos urbanos y obligado a retirarse a los emplazamientos del suroccidente colombiano,…

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15Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Páginas 129, 1924 citas
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miembros de un frente de las FARC, que contaba con más de cien hombres, enfrentaron a una patrulla del Ejército de veintitrés soldados, consiguiendo matar a tres y capturar a los demás. Fue la primera vez que cualquier grupo guerrillero tenía ese nivel de éxito contra el ejército regular. 31 El incidente mol- deó…

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miembros de un frente de las FARC, que contaba con más de cien hombres, enfrentaron a una patrulla del Ejército de veintitrés soldados, consiguiendo matar a tres y capturar a los demás. Fue la primera vez que cualquier grupo guerrillero tenía ese nivel de éxito contra el ejército regular. 31 El incidente mol- deó…

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del Congreso Nacional y a solo dos cuadras del palacio presidencial y, cuando tuvieran el control del edificio, acu- sar al presidente de Colombia de violar el acuerdo de cese al fuego firmado el año anterior. Después de lo que esperaban fuera una exitosa toma del Palacio de Justicia, los rebeldes planeaban,…

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del Congreso Nacional y a solo dos cuadras del palacio presidencial y, cuando tuvieran el control del edificio, acu- sar al presidente de Colombia de violar el acuerdo de cese al fuego firmado el año anterior. Después de lo que esperaban fuera una exitosa toma del Palacio de Justicia, los rebeldes planeaban,…

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16Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Páginas 108, 1122 citas
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misma época, habían aprobado las farc en su VII Conferencia cuando añadió un e p (Ejército del Pueblo) a su sigla tradicional. Sin embargo, como ya vimos, la ley de amnistía y el impulso de la Cumbre Política desubicaron a la cúpula del M-19 que no esperaba estas iniciativas provenientes de un gobierno conservador.…

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al poder, una convicción que se vio reforzada con la entrada triunfal a Managua del f sl n en 1979. Bate- man no fue capaz de dar el paso, se quedó inmerso en sus dudas e incertidumbres, y no tuvo la suficiente confianza en su capacidad del liderazgo y en el impacto que una decisión de paz hubiera tenido en el resto…

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17¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · Página 1671 cita
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se beneficiaron gue- rrilleros de las FARC, M -19, ELN, EPL, del PLA (Comando Pedro León Arboleda), de la ORP (Organización Revolucionaria del Pueblo) y de la ADO (Autodefensa Obrera), que fueron excarcelados. El número de beneficiarios varía dependiendo de la fuente, sin embargo, en la mitad de su gobierno, Betancur,…

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18No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1981 cita
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lo logró. En aquella ocasión Carlos Pizarro les dijo lo siguiente: Veo que el gobierno no juega limpio con el M-19, y que por este procedimiento nos quieren imponer la guerra. Si no nos dejan otra salida, así será. Fuimos a la paz de frente y con la cara en alto; iremos a la guerra de frente y con la cara en alto.…

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19Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · Página 231 cita
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los sectores, y a ellos tenía que hacer frente uno de los estados latinoamericanos más débiles, considerando el presupuesto de la nación, la capacidad fiscal, la integración territorial, la infraestructura física o la calidad de las Fuerzas Armadas. Quizás una pequeña muestra de este desbordamiento que padecía el…

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20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1011 cita
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a hablar a ver cómo desarrollaban sus utopías y entonces era claro que lo que se necesitaba era una chispa y esos 300 hombres serían la chispa que iba a incendiar digamos desde el punto de vista revolu- cionario a la ciudad y eso apoyado con una fuerza de combatientes ya regular como la que había sido experimentada en…

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21Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 912 citas
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la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Esta estaba dirigida por Luis Otero y Andrés Almarales, miembros y fundadores del M-19 (El Tiempo, 1985c). La toma dejará sin vida 11 magistrados, adicionalmente a los magistrados titulares estaban los auxiliares de la Corte Suprema de Justicia y el…

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la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Esta estaba dirigida por Luis Otero y Andrés Almarales, miembros y fundadores del M-19 (El Tiempo, 1985c). La toma dejará sin vida 11 magistrados, adicionalmente a los magistrados titulares estaban los auxiliares de la Corte Suprema de Justicia y el…

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22Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · Página 841 cita
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a la fuerza las instalaciones del Palacio de Justicia en donde se encontraban las sedes de la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado. El grupo guerrillero buscaba someter al entonces Presidente de la República, Belisario Betan- cur Cuartas, a un juicio político por el incumplimiento de los compromisos de las…

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23En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · Página 371 cita
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del modelo de sustitución de importaciones, y del otro, la crisis agraria. El resultado fue una ola de protestas y ma- nifestaciones en el nivel nacional que desembocaron en el Paro Cívico del 77, que costó la vida a 18 ciudadanos y la privación de libertad a 3.000. Los militares trataron de imponer el llamado…

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24El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 1292 citas
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penas podían llegar hasta 24 años de cárcel para quienes en los “centros o lugares urbanos causen o participen en perturbaciones del orden público, o alteren el pacífico desarrollo de las actividades sociales [...]”. Estas condenas, que generalmente eran proferidas por los comandantes de brigada, carecían del recurso…

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penas podían llegar hasta 24 años de cárcel para quienes en los “centros o lugares urbanos causen o participen en perturbaciones del orden público, o alteren el pacífico desarrollo de las actividades sociales [...]”. Estas condenas, que generalmente eran proferidas por los comandantes de brigada, carecían del recurso…

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25Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · Páginas 96, 1662 citas
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Si él comunicaba esa magia a través de la palabra escrita, ellos dos trataban de comunicarla mediante la palabra hablada. La oratoria fue, sin duda, una de las grandes fortalezas del M-19 en aquel entonces, cuando pudo salir de la ilegalidad en el año 84. Ninguno de los otros líderes del movimiento, ni Carlos Pizarra…

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de trans- formar al país. En términos de la narrativa de entonces, la de hacer la revolución, el movimiento le apostó a la.idea de que las transformaciones sociales que los países de la región necesita- ban se podían lograr por la vía pacífica de la democracia. El proyecto del M-19 no era socialista. Buscaba una…

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26Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 7651 cita
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Históric, Análisis cuantitativo del paramilitarismo). hasta la guerra tiene límites 766 paramilitares del grupo Muerte a Secuestradores (MAS), vaciaron un revólver calibre 38 contra Toledo en frente de su esposa, Ligia de Toledo. El M-19 ante el asesinato y como retaliación quemó la alcaldía en Yumbo 2600. Los…

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27Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · Página 112 citas
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el momento. Dentro de ese especial pusimos a cantar a Carlos Pizarro. -Resultó muy mal cantante, muy desafinado. Meses después, el 22 de marzo de 1990 mataron a Bernardo Jaramillo, líder de la, y al mes, el UP 26 de abril, mataron a Pizarro. Cuando murió Jaramillo, Yamid sacó al aire una grabación en la que el…

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el momento. Dentro de ese especial pusimos a cantar a Carlos Pizarro. -Resultó muy mal cantante, muy desafinado. Meses después, el 22 de marzo de 1990 mataron a Bernardo Jaramillo, líder de la, y al mes, el UP 26 de abril, mataron a Pizarro. Cuando murió Jaramillo, Yamid sacó al aire una grabación en la que el…

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28Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 531 cita
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de casi 17 años de lucha, el viernes 9 de marzo de 1990 en Santo Domingo, Cauca, los guerrilleros del M-19, y su comandante Carlos Pizarro León-Gómez, (hijo del almirante Juan Antonio Pizarro), depusieron las armas; él envolvió su pistola en una bandera de Colombia. Nadie mejor que Antonio Navarro Wolf, el único…

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