Ensayo · Crisis y narcotráfico · 1974–1990
El M-19
El Movimiento 19 de Abril fue la guerrilla urbana, bolivariana-gaitanista y mediática que Colombia no esperaba: nacida del fraude electoral de 1970, operó con una lógica de espectáculo y propaganda armada radicalmente distinta a la tradición campesino-marxista, se desmovilizó exitosamente en 1990 y dejó una huella semiótica duradera en la política colombiana.
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La respuesta en breve
El M-19 fue una hibridación estructuralmente inestable entre la propaganda armada urbana rioplatense —inspirada en Tupamaros y Montoneros— y un imaginario bolivariano-gaitanista con tracción real en Colombia, injertada sobre una sociología urbana que no podía sostenerla militarmente. Esa desproporción entre resonancia simbólica y base social explica tanto su repertorio espectacular —la espada de Bolívar, el Cantón Norte, la Embajada dominicana, los Campamentos de Paz— como su desmovilización exitosa en 1990 y el legado semiótico que dejó al país. Fue simultáneamente la expresión armada del populismo bloqueado por el Frente Nacional y una insurgencia cuya sobrevaloración del gesto sin sustrato de masas la condujo al desastre del Palacio de Justicia; ambas lecturas son parcialmente correctas y se necesitan mutuamente. Su fracaso militar en una Colombia ya urbanizada revela que la sociología urbana colombiana —más informal y menos clasemediera que la del Río de la Plata— resultó refractaria al modelo de propaganda armada que sí prendió en Montevideo y Buenos Aires.
La historiografía oscila entre cuatro lecturas en tensión productiva. La primera ve al M-19 como ruptura simbólico-mediática que anticipa la mediatización del conflicto contemporáneo y cuestiona la hegemonía interpretativa marxista sobre las insurgencias; la segunda lo lee como expresión armada del populismo nacional-popular bloqueado —el brazo armado de lo que Gaitán fue en los cuarenta y Rojas Pinilla en los sesenta—, lo que explica su composición heterogénea y su exitosa reincorporación política. La tercera, más severa, lo describe como insurgencia esencialmente simbólica sin base social real, cuya desmovilización fue agotamiento presentado retrospectivamente como convicción, y cuya sobrevaloración del gesto la condujo al desastre del Palacio de Justicia de noviembre de 1985. La cuarta, comparativa, discute si la sociología urbana colombiana —más informal, menos clasemediera— fue estructuralmente refractaria al modelo tupamaro-montonero, o si el fracaso militar se explica por la represión del Estatuto de Seguridad de Turbay y la ruralización forzada posterior al Palacio. Un eje adicional de debate es si el M-19 inauguró la violencia política como espectáculo mediático preparando el terreno semiótico para la estetización posterior del narcoterrorismo, o si esa continuidad es una proyección retrospectiva que oscurece la singularidad del movimiento. Finalmente, la desmovilización exitosa y el protagonismo en la Constitución de 1991 contrastan con los subproductos armados —como el Movimiento Jaime Bateman Cayón— que cuestionan las narrativas optimistas del ciclo de paz de los noventa.
Ensayo completo
La lectura
El Movimiento 19 de Abril fue la guerrilla urbana que Colombia no esperaba y que, precisamente por eso, terminó definiendo buena parte del imaginario político del último cuarto del siglo XX. Fundado en 1974 por una coalición heterogénea de disidentes de las FARC, cuadros de la ANAPO, ex militantes del ELN y cristianos revolucionarios, tomó su nombre del 19 de abril de 1970: la fecha del presunto fraude electoral que arrebató la presidencia al general Gustavo Rojas Pinilla en favor del candidato del Frente Nacional, Misael Pastrana Borrero. Durante dieciséis años operó como algo distinto a las guerrillas marxistas campesinas que lo precedieron y lo rodearon: robó la espada de Simón Bolívar, sacó cinco mil armas del Cantón Norte por un túnel, tomó la Embajada de la República Dominicana, se hizo fotografiar en Cali con sus fusiles en los llamados Campamentos de Paz, y terminó en el asalto al Palacio de Justicia en noviembre de 1985, donde murieron once magistrados y desaparecieron los empleados de la cafetería. En marzo de 1990 se desmovilizó en Santo Domingo, Cauca, con novecientos hombres al mando de Carlos Pizarro Leongómez, entregó las armas y encabezó, con Antonio Navarro Wolff, una lista para la Asamblea Constituyente que reescribiría la Carta al año siguiente.
El M-19 fue una hibridación estructuralmente inestable entre la propaganda armada urbana rioplatense y un imaginario bolivariano-gaitanista con tracción real en Colombia, pero injertada sobre una sociología urbana que no podía sostenerla militarmente. Esa desproporción entre resonancia simbólica y base social explica tanto su repertorio espectacular como su desmovilización exitosa y el legado semiótico —la violencia como imagen— que dejó al país. Preguntar qué fue el M-19 es también preguntar qué tipo de sociedad urbana era Colombia entonces y por qué su insurgencia se pareció tan poco a las otras.
Por qué la pregunta importa
Durante décadas, la historia de las guerrillas colombianas se contó en clave marxista y agraria: las FARC nacieron en 1964 de las autodefensas campesinas del sur del Tolima, el ELN se fundó en Santander bajo la inspiración cubana, el EPL sobre la ortodoxia maoísta en Urabá y Córdoba. Todas leían el país en clave de contradicción de clase, todas apostaban por la guerra prolongada, todas tenían su base social en el mundo rural. El M-19 no encaja en esa serie. Nació urbano, dirigido por antropólogos, universitarios y ex parlamentarios; su primera acción fue simbólica —el robo de la espada del Libertador—; su repertorio privilegiaba el golpe mediático sobre la acumulación militar; su ideología era una mezcla difícil de categorizar de bolivarianismo, gaitanismo tardío, nacionalismo popular y democracia radical, con un socialismo apenas mencionado y nunca doctrinario.
Aclarar qué fue el M-19 importa por tres razones que van más allá de la nostalgia. Primero, porque su carácter urbano interroga a la Colombia real de los años setenta: un país ya mayoritariamente urbano donde, sin embargo, ninguna guerrilla urbana logró sostenerse como sí lo hicieron los Tupamaros en Montevideo o los Montoneros en Buenos Aires antes de la represión militar. Segundo, porque su desmovilización exitosa en 1990 —a diferencia del destino de las FARC o el ELN— condicionó todo el ciclo de paz posterior y desembocó en la Constitución de 1991. Y tercero, porque su lenguaje —la revolución como fiesta, la política como espectáculo, la insurgencia como campaña publicitaria— dejó una huella semiótica que preparó el terreno para lo que vendría después: el narcoterrorismo estetizado, el paramilitarismo con vocación mediática, la política como performance. Entender al M-19 es entender por qué en Colombia la violencia dejó de ser solo rural y por qué, aun así, el país urbano nunca produjo la insurgencia de clase media que sí produjo el Cono Sur.
Las lecturas en disputa
Frente al M-19 se han ensayado varias lecturas, y todas capturan algo. La primera, más antigua, lo ve como una ruptura simbólico-mediática con la matriz campesino-marxista: sería la guerrilla que rompe el molde foquista y abre una lógica nueva, la del espectáculo, anticipando la mediatización del conflicto contemporáneo. La segunda lo lee como la expresión armada de un populismo nacional-popular bloqueado por el Frente Nacional: el M-19 sería el brazo armado de aquello que Gaitán había sido en los cuarenta y Rojas Pinilla en los sesenta, y que el bipartidismo había cerrado sistemáticamente por vía electoral. La tercera —más severa— lo describe como una insurgencia esencialmente simbólica, sin base social real, cuya sobrevaloración del gesto sin sustrato de masas la condujo al desastre del Palacio de Justicia y a una desmovilización presentada retrospectivamente como convicción cuando fue en buena medida agotamiento. Una cuarta, comparativa, lo entiende como hibridación regional: un injerto del modelo tupamaro-montonero sobre una matriz simbólica bolivariana y gaitanista, con resultados desiguales porque la sociología urbana colombiana no se parecía a la del Río de la Plata.
La tesis de la ruptura pura ignora que el bolivarianismo y el gaitanismo son continuidades largas de la política colombiana, no invenciones de 1974. La del populismo bloqueado captura bien el momento fundacional —el fraude de 1970 y la deriva de la ANAPO— pero explica mal por qué el M-19 se separó tan pronto de la conducción anapista y por qué nunca logró convertirse en fuerza de masas. La de la insurgencia puramente simbólica tiene el mérito de tomar en serio la desproporción entre golpes mediáticos y capacidad militar, pero corre el riesgo de leer todo el proceso desde su desenlace. Y la lectura comparativa acierta al situar al M-19 en el mapa continental, pero requiere precisar qué se importó y qué no.
Origen y primera ofensiva
El origen del M-19 combina dos crisis simultáneas. Por un lado, la crisis interna de la izquierda armada colombiana: Jaime Bateman Cayón había pasado por la Juventud Comunista antes de integrarse a las FARC, y su separación de esa guerrilla —por expulsión en algunas versiones, como salida colectiva motivada por la atracción de la lucha urbana en otras— ocurrió en el marco de un debate más amplio sobre los límites del modelo campesino-comunista. Había intentado convencer a Manuel Marulanda de trasladar la guerra a las ciudades y había chocado con una dirección instalada en la larga duración rural. Por otro lado, la crisis de la ANAPO: el fraude percibido del 19 de abril de 1970 —cuando el ministro de Gobierno anunció por televisión un resultado que muchos leyeron como maniobra oficial, y el presidente Carlos Lleras Restrepo suspendió la difusión del conteo— dejó a la organización de Rojas Pinilla con un 39% del voto popular, sensación de despojo y ningún camino institucional. Rojas se retiró a España y llamó a la calma. Los cuadros más jóvenes quedaron sin conducción y disponibles para otra apuesta.
La confluencia se produjo en un encuentro de Bateman con Andrés Almarales tras el 19 de abril, y cristalizó en la primera conferencia constitutiva del M-19 en Cali en 1973, con unas veinticinco personas y una dirección colectiva sin jefe único. La aparición pública fue en enero de 1974 en Bogotá, precedida por una campaña de prensa —«Contra gusanos y parásitos… Espere: M-19»— y culminada con el robo de la espada de Bolívar de la Quinta del Libertador. La operación fue impecable en términos de propaganda: sustrajo el símbolo más venerado de la República e inscribió al movimiento en una genealogía nacional, no en la Tercera Internacional. Nadie que leyera la prensa esa semana podía confundir al M-19 con las FARC.
Los referentes organizativos declarados por el propio Bateman fueron los Tupamaros de Raúl Sendic, los Montoneros de Mario Firmenich y la guerrilla urbana de Carlos Marighella. La segunda ola guerrillera latinoamericana —urbana, mediática, orientada a la propaganda armada— era el marco al que el M-19 quería incorporarse, rompiendo con el foquismo rural de la primera ola cubana. La lógica era clara: acciones espectaculares pero no sangrientas, atención mediática, ligazón táctica con las masas urbanas —empezando por las de la ANAPO— y ninguna dependencia orgánica de las guerrillas campesinas existentes.
El repertorio de los primeros años fue coherente con ese diseño. En 1976 vino el secuestro y asesinato de José Raquel Mercado, presidente de la CTC, con juicio revolucionario incluido: una acción que el propio movimiento presentó como juicio popular y que otros, incluso en la izquierda, calificaron como error de tono autoritario. La noche del 31 de diciembre de 1978, la Operación Ballena Azul: un túnel excavado durante meses permitió sacar más de cinco mil armas del Cantón Norte en Bogotá, el golpe simbólico más audaz imaginable contra el Ejército. Un año y dos meses después, en febrero de 1980, la toma de la Embajada de la República Dominicana durante una recepción diplomática, con retención de embajadores —incluido el de Estados Unidos—, negociación transmitida en vivo, salida hacia Cuba y un rescate de un millón de dólares, aunque sin la liberación de los presos políticos que era su exigencia central. La operación, planeada por el antropólogo Luis Otero, situó al M-19 en la primera plana internacional durante dos meses.
El Estatuto y el casi exterminio
La respuesta del Estado fue proporcional al desafío. El presidente Julio César Turbay Ayala había expedido el Estatuto de Seguridad el 6 de septiembre de 1978, al amparo del estado de sitio, apenas un mes después de posesionarse. El Estatuto amplió la jurisdicción penal militar sobre civiles, creó nuevas figuras penales, elevó las penas por perturbación del orden urbano hasta veinticuatro años sin segunda instancia, y estableció mecanismos de censura de información. Tras el asalto al Cantón Norte, la represión fue masiva: cientos de personas detenidas, muchas torturadas —colgadas de los brazos, trasladadas a las llamadas cuevas de Sacromonte— y al menos diecinueve capturas entre el 2 y el 8 de enero de 1979 legalizadas retroactivamente mediante el Acta 10 del Consejo de Ministros, que autorizó la detención de 138 personas entre miembros del M-19, estudiantes y médicos. La Cámara de Representantes designó una comisión que por primera vez dio voz a los detenidos; obispos, arzobispos, rectores universitarios y ex cancilleres respaldaron las denuncias. El Ejecutivo se atrincheró en la defensa institucional. Al terminar el cuatrienio, el M-19 estaba al borde de la extinción: la mayoría de sus cuadros en la cárcel, su capacidad militar urbana reducida a mínimos.
Fue en ese punto —hacia 1981-1982— cuando el M-19 hizo lo que ninguna otra guerrilla urbana latinoamericana había logrado: sobrevivir a la aniquilación por vía de reinvención política. Bateman lanzó desde el exilio la propuesta de diálogo nacional, exploró rutas rurales en el Caquetá, reclutó indígenas koreguaje en el río Orteguaza, organizó vías aéreas de armas. Su muerte en un accidente de aviación en Panamá en abril de 1983 dejó la conducción en manos de Iván Marino Ospina, Álvaro Fayad y Pizarro. En agosto de 1984, con el presidente Belisario Betancur, el M-19 firmó los Acuerdos de Corinto: cese bilateral del fuego, apertura política, Campamentos de Paz en el Cauca. En Cali, especialmente, el movimiento ensayó una modalidad inédita: guerrilleros armados haciendo política en barrios populares, con permiso implícito del Estado, un experimento de cogobierno simbólico solo posible en zonas donde el Estado era estructuralmente débil.
El Palacio y la ruralización forzada
El experimento se rompió en 1985. La prohibición gubernamental de un congreso del M-19 en Los Robles en febrero de ese año, el hostigamiento militar continuado y la percepción de que sectores del establecimiento habían forzado a Betancur a retroceder llevaron a la ruptura de la tregua en junio. Cinco meses después, el 6 de noviembre, un comando dirigido por Luis Otero y Almarales tomó el Palacio de Justicia con el objetivo declarado de someter al presidente a un juicio político por incumplimiento de los acuerdos. La retoma militar, coordinada por el Ejército con participación de otras fuerzas del Estado, dejó once magistrados asesinados, decenas de muertos y la desaparición forzada de al menos siete empleados de la cafetería del primer piso y de visitantes como Norma Constanza Esguerra. El consejero Reynaldo Arciniegas salió con un mensaje de los magistrados y fue interceptado por la fuerza pública y conducido a la Casa del Florero. Los restos de al menos una de las trabajadoras de la cafetería fueron entregados a su familia treinta años después, en septiembre de 2016.
El Palacio destruyó al M-19 como fuerza urbana y como capital moral. La organización se replegó al suroccidente —Caquetá, Huila, Cauca— en una ruralización forzosa que le hizo perder su identidad originaria. Cuatro años más tarde, el 2 de abril de 1988, declaró un cese unilateral del fuego. El secuestro del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado entre mayo y julio de ese año paradójicamente aceleró el diálogo: puso al gobierno de Virgilio Barco en el camino de la mesa. En noviembre de 1989 se firmó un Pacto político por la paz que incluía reforma constitucional; frustrada la reforma en el Congreso, el M-19 convocó a rehacer el pacto directamente con el pueblo mediante una Asamblea Constituyente. El 9 de marzo de 1990, en Santo Domingo, Cauca, novecientos guerrilleros al mando de Pizarro entregaron las armas y se transformaron en Alianza Democrática M-19. Pizarro fue asesinado como candidato presidencial poco después; Navarro Wolff encabezó la lista a la Constituyente y el nuevo partido tuvo protagonismo en la Carta de 1991.
Por qué la hibridación no cuajaba
El M-19 importó de los Tupamaros y los Montoneros una lógica de propaganda armada urbana —acción espectacular, comunicado, juicio popular, uso deliberado de la prensa como campo de batalla— e injertó esa lógica en un imaginario bolivariano y gaitanista que tenía tracción real en Colombia, pero que operaba sobre una sociología urbana muy distinta a la rioplatense. Ni una lectura ni la otra por separado bastan: quienes lo ven como pura ruptura mediática pasan por alto que la eficacia simbólica de la espada de Bolívar dependía de una tradición que venía de Gaitán y aún más atrás; quienes lo reducen a populismo bloqueado subestiman cuánto de su repertorio táctico fue conscientemente aprendido de la segunda ola guerrillera latinoamericana.
La clave está en la desproporción entre resonancia simbólica y base social. Los Tupamaros y los Montoneros surgieron en sociedades con clases medias urbanas amplias, sindicatos poderosos, universidades masificadas de larga tradición y culturas políticas donde el peronismo o el batllismo habían construido identidades populares sólidas. Montevideo y Buenos Aires producían el sujeto político —estudiante, empleado, obrero industrial— que la propaganda armada podía interpelar y que, en su momento, en efecto interpeló. Bogotá, Cali y Medellín en los setenta eran ciudades de urbanización acelerada, informal, con clases medias delgadas, sindicalismo débil fuera del sector público y sectores populares que llegaban del campo con marcos simbólicos rurales todavía frescos. El M-19 encontró público entre intelectuales, universitarios y sectores medios ilustrados —allí sí construyó la mayor simpatía urbana que jamás tuvo un proyecto armado colombiano— pero no encontró la masa social capaz de sostenerlo militarmente. Por eso el Estatuto de Seguridad, entre 1978 y 1982, casi lo aniquiló: no había red social densa donde ocultarse.
La desmovilización de 1990 no fue, entonces, ni pura convicción originaria ni pura derrota. Fue las dos cosas a la vez, y por eso resultó viable. El horizonte político-simbólico había estado ahí desde el principio —la fiesta, el goce, la democracia como forma de la revolución, la frase de Pizarro sobre la revolución como vida—, pero solo se convirtió en programa cuando el colapso militar acumulado desde 1978 hasta el Palacio hizo evidente que no había otra salida. Las FARC no se desmovilizaron entonces —ni cuando tuvieron la oportunidad de negociar con Betancur ni después— porque su matriz agraria permitía perpetuar la guerra en la larga duración: el tiempo campesino es distinto del tiempo urbano. El M-19 no podía sostenerse indefinidamente porque sus cuadros tenían capital político y cultural para reinsertarse en la vida institucional —eran universitarios, intelectuales, hijos del sistema que querían transformar—, y la Constituyente les ofreció exactamente el terreno para el cual estaban formados. El origen social no determinó todo, pero sí definió el horizonte temporal.
Sobre el debate mayor —¿fue el sentimiento popular colombiano bolivariano-gaitanista antes que clasista?—, la evidencia del M-19 apunta en esa dirección con matices. La resonancia inmediata del robo de la espada, la efectividad simbólica del nombre —una fecha electoral, no una consigna de clase—, el hecho de que su núcleo fundador prescindiera de una identidad marxista definida y prefiriera el nacionalismo popular, muestran que la interpelación bolivariana funcionaba donde la marxista tropezaba. Pero funcionaba entre sectores medios urbanos ilustrados, no entre las masas populares reales, que en Colombia habían sido interpeladas antes por Gaitán, por Rojas, por la ANAPO, y que en los ochenta ya estaban siendo interpeladas por otros discursos —evangélicos, clientelares, incluso paramilitares—. El M-19 confirma que la clave clasista no era hegemónica en el imaginario popular colombiano; no confirma que existiera un populismo bolivariano capaz de sostener una insurgencia de masas. Confirma, más bien, que existía un espacio simbólico vacante que el bipartidismo agotado no llenaba y que el M-19 supo ocupar mediáticamente, sin poder convertir esa ocupación en organización política duradera hasta que se desmovilizó.
Los flancos abiertos
Quedan flancos que no se cierran con lo dicho. Uno es la relación exacta entre el fraude de 1970 y la fundación del M-19: si el 19 de abril fue la causa fundante o el aglutinante simbólico de una recomposición de la izquierda armada ya en marcha por otras razones internas. La composición heterogénea del núcleo fundador —ex FARC, ex ELN, ex JUCO, ANAPO, cristianos revolucionarios— sugiere que el fraude operó más como mito de origen aprovechado que como detonante puro.
Otro flanco es el peso relativo de la derrota militar y de la convicción política en la desmovilización de 1990. La narrativa interna del movimiento insiste en la vocación democrática originaria; la cronología del debilitamiento —Estatuto de Seguridad, Palacio, repliegue al suroccidente— sugiere que sin ese colapso no habría habido negociación. Ambas cosas fueron ciertas, y la proporción exacta entre una y otra es materia de disputa legítima.
Un tercer flanco es la continuidad. El Movimiento Jaime Bateman Cayón, surgido como disidencia tras la desmovilización, recuerda que las paces nunca son totales y que cada acuerdo produce sus subproductos armados. La narrativa optimista del ciclo de paz de los noventa —M-19, EPL, Quintín Lame, PRT desmovilizados entre 1990 y 1991— convive con esta prolongación menor, y con el hecho más grave de que las dos guerrillas mayores, FARC y ELN, siguieron combatiendo veinticinco años más. La desmovilización del M-19 fue una salida exitosa para el M-19; no fue el fin del conflicto armado colombiano.
Y esa distinción —entre una salida particular y un cierre general— es quizá la parte más incómoda del legado. Entre 1974 y 1990, el país aprendió que la violencia también se hace con imágenes: con la campaña publicitaria previa a la espada, con la Embajada dominicana transmitida en directo, con el juicio a Mercado, con el propio Palacio pensado como acto público. Lo que vino después —Pablo Escobar dinamitando aviones ante cámara, las AUC produciendo comunicados de video, la política reducida a puesta en escena— usa la misma gramática. El M-19 no la inventó sola, pero la instaló, con eficacia inaudita, en el centro de la vida pública colombiana. Demostró que en Colombia se podía ganar la conversación aun perdiendo la guerra, y dejó el manual disponible para cualquiera que viniera después.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
50 documentos · 71 fragmentos de referencia01Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1471 fragmento
[1]de los setenta. A comienzos de ella apareció un nuevo movimiento guerrillero, el M-19, que rápidamente acaparó la atención nacional. Su surgimiento dejó al descubierto la fragilidad de la democracia frentenacionalista. En las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970, la Anapo logró sus mejores resultados,…
p. 147
02Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 811 fragmento
[2]contaba con el respaldo del sector ospinista del conservatis- mo. Pero habia tres candidatos més. Dos de frac- ciones conservadoras: Evaristo Sourdis, candidato de la Costa Atlantica, y Belisario Betancur, repre- sentante de un sector antioquefo. Y ademas, por la ANAPO, el general Gustavo Rojas Pinilla. Rojas,…
p. 81
03Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1661 fragmento
[3]tuvo a punto de caer en el vacío. Los escrutinios electorales dieron una ven- taja inicial a Rojas Pinilla sobre su contendor, el candidato del Frente Nacional Misael Pastrana Borrero. pero tras una intervención televisada del ministro de Gobierno, que fue in- terpretada como un anuncio público y oficial de fraude, el…
p. 166
04Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1311 fragmento
[4]de que votaran mayoritariamente por grupos de oposición; pero el posible fraude demostraba lo que habían dicho siempre los amigos de la lucha armada: que el establecimiento político no aceptaría por las buenas una derrota, que los votos no tenían fuerza solos, pues podían ser manipulados, y que ni siquiera un general…
p. 131
05El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · p. 38, 402 fragmentos
[5]Rojas y el presidente saliente, Carlos Lleras Res- trepo. Pero cuando se reanudó el contco, la ANAPO había perdido la elección por un estrecho margen y el general se había retirado de la contienda. Envió mensajes que llamaban a sus partidarios a mantener la calma; mientras él regresaba a la comodidad de sus…
p. 38
[30]honor institucional; el robo de las armas envenenó el proceso de paz cinco años después c indudablemente alimentó el salvajismo del conflicto dentro del Palacio de Justicia. El año 1980 también fue el año en que el M19 logró im pacto internacional con la toma de la Embayada de la República Dominicana en Bogotá,…
p. 40
06Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 591 fragmento
[6]ANAPO). Rojas Pinilla’s dream of returning to power was denied, however. Many analysts con- tend that Rojas was the winner of the presidential elections of April 19, 1970, but the minister of the interior named Conservative Misael Pastrana Borrero the new president after a suspiciously timed massive power outage.…
p. 59
07Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 1461 fragmento
[7]dirigida por el exdictador Rojas Pinilla, un fraude del que ya nadie duda y que muchos justifican, exasperó a los jóvenes anapistas de la clase media, que decidieron fundar la primera guerrilla urbana de Colombia, el M19. La vieja Colombia murió el 9 de abril de 1948: la nueva no ha nacido todavía. Todos sabemos que…
p. 146
08Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 431 fragmento
[8]organización (Gu- tiérrez, 2008). 26 Muchas de las personas reclutadas que hicieron parte de la arremetida te- nían acento paisa y costeño; visibilizando la composición de la base social sobre la que se sustentó esta apuesta: jóvenes rurales y urbanos, desplazados por la violencia y ahora asentados en espacios urbanos…
p. 43
09Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 631 fragmento
[9]from la violencia, such as banditry and guerrilla activity, continued: “There is no doubt that in the nuclei of survivors of the old Lib- eral guerrilla groups there was enormous frustration. They joined the Movi- miento Revolucionario Liberal (Revolutionary Liberal Movement, mrl) in massive numbers and, in many…
p. 63
109 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 71, 1792 fragmentos
[10]M-19 había surgido, según sus líderes, como respuesta al fraude ocurrido en las elecciones de 1970, en las que ganó Misael Pastrana, candidato del Frente Nacional, al exdictador Gustavo Rojas Pinilla, candidato de la Alianza Nacional Popular, Anapo 41. Sus líderes provenían de los más diversos sectores de la vida…
p. 71
[21]donde confluimos distintas vertientes ideológicas y políticas que algunos meses más tarde darían lugar a lo que el país conoció como el Movimiento 19 de Abril, M-19. El contexto local era de una fuerte agitación social en la región, originada en un cambio dramático en la producción de la sal, que desde siempre se…
p. 179
11¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 831 fragmento
[11]y 1975; la mayoría de ellas entre 1970 y 1973, cuando el movimiento 130 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica el representante a la cámara Israel Santamaría, el senador Carlos Toledo Plata y un grupo de guerrilleros urbanos encabezados por Jaime Bateman Cayón, escindidos de las FARC, en 1974 conformaron…
p. 83
12When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 2483 fragmentos
[12]in Colombia, though the party polled a substantial 39 percent of the popular vote in 1970. Analysis of departmental voting in that election tells much about tolimense politics in the post-Violencia period. Indicative of ANAPO's urban, blue-collar strength, as well as widespread unhappiness over Frente perlonnance, was…
p. 248
[13]in Colombia, though the party polled a substantial 39 percent of the popular vote in 1970. Analysis of departmental voting in that election tells much about tolimense politics in the post-Violencia period. Indicative of ANAPO's urban, blue-collar strength, as well as widespread unhappiness over Frente perlonnance, was…
p. 248
[14]in Colombia, though the party polled a substantial 39 percent of the popular vote in 1970. Analysis of departmental voting in that election tells much about tolimense politics in the post-Violencia period. Indicative of ANAPO's urban, blue-collar strength, as well as widespread unhappiness over Frente perlonnance, was…
p. 248
13Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 371, 3852 fragmentos
[15]Marulanda distinguía entre la guerrilla urbana y la red de guerrilla urbana “para la realización de una serie de tareas que tenemos que llevar a cabo, puesto que, si esta no se crea con tiempo, nos veremos abocados a situaciones más difíciles que las que tenemos” 400. Bateman había consolidado una pequeña organización…
p. 371
[16]las consideraciones “tácticas” para vincularse a la ANAPO y la relación con las guerrillas rurales: “Un paso táctico consiste en ligarnos con las masas de la ANAPO, fortalecer la formación del frente legal, realizar acciones politicomilitares ligadas a las necesidades de las masas y a la lucha armada en general.…
p. 385
14More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 911 fragmento
[17]and slums. Some, among them the group's founder, Jaime Bateman Cayon, had begun their guerrilla ca- reers in the FARC. Bateman's memories of growing up in the shadow of United Fruit Company factories fed his rebellion. Colombians could not swim in company pools or shop in company stores, even as they harvested the…
p. 91
15Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 35, 724 fragmentos
[18]del país. Cuando el Partido Comunista empezaba a preparar su retorno con nombre propio a las lides electorales a principios de la década de 1970, un grupo de combatientes rasos de las FARC dejó la organización como resultado de la crisis de una guerrilla que no marchaba y la identificación con una alternativa…
p. 72
[19]del país. Cuando el Partido Comunista empezaba a preparar su retorno con nombre propio a las lides electorales a principios de la década de 1970, un grupo de combatientes rasos de las FARC dejó la organización como resultado de la crisis de una guerrilla que no marchaba y la identificación con una alternativa…
p. 72
[32]dos acepciones de revolución, regreso a la clasificación del profesor de Georgetown. Introduciré una tercera ola —entre la primera y la segunda— a partir de la experiencia de las guerrillas urbanas en Suramérica y me preguntaré si acaso un ejemplar casi único, como Sendero Luminoso, pudo tener algún émulo en el…
p. 35
[33]dos acepciones de revolución, regreso a la clasificación del profesor de Georgetown. Introduciré una tercera ola —entre la primera y la segunda— a partir de la experiencia de las guerrillas urbanas en Suramérica y me preguntaré si acaso un ejemplar casi único, como Sendero Luminoso, pudo tener algún émulo en el…
p. 35
16Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 41, 442 fragmentos
[20]en Piedecuesta, otro en San Gil y tres en Bucaramanga. Entonces viajé a Cali. Todavía corría el año 1973. Allá se realizó la primera conferencia en la que yo participé. Asistimos unas veinti cinco personas. Constituimos la primera dirección del movimiento. La integraban Jaime Bateman, Iván Ospina, Alvaro Fayad, Hélmer…
p. 41
[28]te nía casa, carro, una pequeña finca de recreo... Yo ganaba mucho di nero en el ejercicio de mi profesión. Recibía, además, el sueldo de esa época para los representantes a la Cámara: treinta mil pesos... Como yo encabezaba la lista de Anapo Socialista para las elecciones de 1978 y no resulté elegido, cobré mi último…
p. 44
17Leer es resistirMario Mendoza · 2022 · p. 531 fragmento
[22]fue protagonista de una historia que da para un magnífico guion de un thriller cinematográfico. * En los años setenta surgió el grupo guerrillero M-19. El golpe con el cual se dio a conocer este movimiento fue el robo de la espada de Bolívar en enero de 1974. Hay que recordar que, a diferencia de las FARC, cuyo origen…
p. 53
18Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 123, 138, 1473 fragmentos
[23]organización integrada por algunos dirigentes expulsados de las FARC y del PCC que se unieron con cuadros radicalizados de ANAPO. 28 Inspirado en los Tupamaros de Montevideo, “el eme” alcanzó la cota máxima de popularidad de su breve historia en uno de los momentos de mayor impo- pularidad del sistema político y del…
p. 123
[56]con el citado Estatuto de Defensa de la Democracia que calificaba de "terroristas” todas 146 PAZ CUATRIENAL sus acciones. La norma se estrenó con el establecimiento de la Jefatura Mili tar en Urabá, baluarte electoral de la UP y del PC. Al mismo tiempo era escan dalosa la permisividad gubernamental con la expansión…
p. 138
[57]los car- teles en el Guaviare y Caquetá y la guerra a muerte que, como se mencionó, estos decretaron contra la UP. Barco y la transición a Gaviria, agosto de 1988-junio de 1994 De mayo a julio de 1988 el M -19 mantuvo en cautiverio al dirigente conserva- dor Álvaro Gómez Hurtado, secuestro que, inesperadamente, puso…
p. 147
19Women's Writing in Colombia: An Alternative HistoryCherilyn Elston · 2016 · p. 1691 fragmento
[24]los anhelos de la época, la hicieron compatible con el amor, con la rumba, con el teatro, con la risa y con el estudio. No nos exigieron sacrificios, nos ofre- cieron alternativas de vida. (Vásquez 2006: 112) Our leaders demystified revolutionary activity. They brought it closer to the desires of the times, they made…
p. 169
20Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2001 fragmento
[25]M -19 eran, de hecho, guerrillas urbanas comprometidas, no muy diferentes a los Tupamaros, de Uruguay o a los Montoneros, de Argentina. En Año Nuevo de 1979, habiendo construido un túnel secreto debajo de una base militar, se robaron más de cinco mil armas del Ejército colombiano. Un año después, se tomaron la…
p. 200
21Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2691 fragmento
[26]como M-19, que entre otras realizó operaciones como las siguien- tes: el robo de más de cinco mil armas a unas instalaciones del ejército, en las afueras de Bo- gotá; la toma durante 61 días de la embajada de la República Dominicana, también en la ca- pital; el intento de sabotaje de la cumbre de presidentes…
p. 269
22Guerrilla Marketing: Counterinsurgency and Capitalism in ColombiaAlexander L. Fattal · 2018 · p. 491 fragmento
[27]via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 50 CHAPTER ONE The M19 learned its lesson. When the group tunneled into a mili- tary weapons depot in northern Bogota in 1978, only military pride was injured. That injury, however, prompted the military to lash out at the M19,…
p. 49
23Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 61, 1492 fragmentos
[29]es decir, un mes después de la posesión presidencial, fue asesinado en su hogar el exministro Rafael Pardo Buelvas por parte del ado. El 31 de diciembre, miembros del M-19 ingresaron por un túnel al complejo militar más importante y más custodiado del país y sustrajeron miles de armas en la llamada Operación Ballena…
p. 61
[59]grupos guerrilleros, decidió, no obstante, tomar esta decisión atrevida y llena de riesgos. Luego del primer comunicado firmado en el sur del Tolima entre Pardo y Pizarro, se redactaron otras dos declaraciones, hasta que, finalmente, en la cuarta declaración conjunta se llegó al acuerdo de que los miembros del m -19…
p. 149
24La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3511 fragmento
[31]guerrilla se volvió más audaz y con - fiada, llegando a cometer secuestros y asesinatos muy aparatosos, como cuando el M-19, una guerrilla urbana que hizo presencia en 1977, asesinó 1978 a José Raquel Mercado, principal dirigente sindical de la CTC, y, luego, saqueó los depósitos de armas del Cantón Norte, principal…
p. 351
25Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3511 fragmento
[34]Mayorga, Noel Guerrero, and Tomás Borge founded, in July 1961, the Frente Sandinista de Liberación Nacional, which initiated military operations a year later; in Brazil, various political-military organizations were formed throughout the sixties, such as the Vanguardia Popular Revolucionaria (VPR), the Comando de…
p. 351
26El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 119, 1294 fragmentos
[35]resistiendo. Las riendas del poder las asume el general Augusto Pinochet, dándose inicio a la sangrienta dictadura. Ya en Uruguay, con el visto bueno de Washington, los militares habían dado golpe de Estado, el 27 de junio. El 24 de marzo de 1976, son las Fuerzas Armadas argentinas las que derrocan a la presi- denta…
p. 119
[36]resistiendo. Las riendas del poder las asume el general Augusto Pinochet, dándose inicio a la sangrienta dictadura. Ya en Uruguay, con el visto bueno de Washington, los militares habían dado golpe de Estado, el 27 de junio. El 24 de marzo de 1976, son las Fuerzas Armadas argentinas las que derrocan a la presi- denta…
p. 119
[41]penas podían llegar hasta 24 años de cárcel para quienes en los “centros o lugares urbanos causen o participen en perturbaciones del orden público, o alteren el pacífico desarrollo de las actividades sociales [...]”. Estas condenas, que generalmente eran proferidas por los comandantes de brigada, carecían del recurso…
p. 129
[42]penas podían llegar hasta 24 años de cárcel para quienes en los “centros o lugares urbanos causen o participen en perturbaciones del orden público, o alteren el pacífico desarrollo de las actividades sociales [...]”. Estas condenas, que generalmente eran proferidas por los comandantes de brigada, carecían del recurso…
p. 129
27Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2691 fragmento
[37]del p en- sami ento argentino de la <1seg uridad naci onah>. Segú n el presidente, esos asuntos debían ser abordados por una Asamblea Constituyente qu e má s ta rd e la Corte Suprema declararía inconstituciona l. En la s el ecc iones d e 1978, Turba y, el repre se ntant e por exce- lencia de la clase política li bera…
p. 269
28Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 3671 fragmento
[38]se adelantan cap- turas sin orden judicial, se aplica la sanción de arresto hasta por 180 días por alcaldes y gobernadores contra dirigentes sociales, dando como resultado detenciones arbitrarias y masivas, tortu- ras, restricciones a las garantías judiciales y al derecho al babeas corpus. La labor de las ONG de…
p. 367
29Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 47, 512 fragmentos
[39]durante más de una década. EL GOBIERNO DE JULIO CÉSAR TURBAY AYALA, 1978-1982 Antes de finalizar este primer capítulo, y aunque ya se han apuntado algunas de las cuestiones en torno a los diferentes gobiernos presidenciales que tienen lugar en Colombia desde los años ochenta, resulta necesario recoger de un modo algo…
p. 51
[47]personas en la Embajada de la República Dominicana en Colombia (1980) y, sobre todo, la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985. Un grupo guerrillero que, por todo lo anterior, va a ser severamente hostigado en los núcleos urbanos y obligado a retirarse a los emplazamientos del suroccidente colombiano,…
p. 47
30No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 147, 1542 fragmentos
[40]presidente a esa reunión. Cuando terminó la reunión, López agradeció la invitación y se levantó y nos fuimos, no hizo el más mínimo comentario. No le podían presentar a un libe- ral como él hacer censura de prensa. Tiempo después, el Estatuto de Seguridad se lo propusieron a López y dijo que no» 425. Sin embargo,…
p. 147
[45]la vagina. Sangro y tengo dolores en el vientre por mes y medio» 446. Debido a las múltiples denuncias de violaciones a los derechos humanos, la Cámara de Representantes designó una comisión para investigar la tortura. Por primera vez les 444 Gerardo Reyes, en Comisión de la Verdad, «La tragedia del “oficio más bello…
p. 154
31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 117, 1202 fragmentos
[43]a un periodo de la historia del conflicto marcado profundamente por graves violaciones a los DD. HH. por parte de agentes estatales. Durante los primeros meses de este gobierno, dos hechos ocurridos en Bogotá motivaron una respuesta oficial de grandes proporciones en las que se cometieron graves atropellos contra…
p. 117
[46]eso fue con el tiempo. [...] A mí me metían allá y cuando me sacaban, me sacaban era en la camioneta esa a dar vueltas por la ciudad, no me llevaban a un sitio fijo y luego me devolvían otra vez a las cuevas de Sacromonte, otra vez me subían. [...]. Empeloto, sí, ¡colgado de los brazos, amarrado! Yo durante…
p. 120
32Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4161 fragmento
[44]1979, el Consejo de Ministros autorizó la detención de 138 personas, dentro de las cuales se encontraban figuras del M-19, estudiantes y médicos, entre otros. Al menos 19 personas detenidas entre el 2 y el 8 de enero de 1979 fueron incluidas en actas ministeriales posteriores a su detención. Es decir, dichas…
p. 416
33Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 912 fragmentos
[48]la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Esta estaba dirigida por Luis Otero y Andrés Almarales, miembros y fundadores del M-19 (El Tiempo, 1985c). La toma dejará sin vida 11 magistrados, adicionalmente a los magistrados titulares estaban los auxiliares de la Corte Suprema de Justicia y el…
p. 91
[49]la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Esta estaba dirigida por Luis Otero y Andrés Almarales, miembros y fundadores del M-19 (El Tiempo, 1985c). La toma dejará sin vida 11 magistrados, adicionalmente a los magistrados titulares estaban los auxiliares de la Corte Suprema de Justicia y el…
p. 91
34Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 841 fragmento
[50]a la fuerza las instalaciones del Palacio de Justicia en donde se encontraban las sedes de la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado. El grupo guerrillero buscaba someter al entonces Presidente de la República, Belisario Betan- cur Cuartas, a un juicio político por el incumplimiento de los compromisos de las…
p. 84
35Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1931 fragmento
[51]la cafetería eran integrantes y/o auxiliadores del M-19 y que habían colaborado para entrar armamento, alimentación y pertrechos los días previos a la toma. En virtud de ello, tras ser rescatados de la edi fi cación, junto con Detención, desaparición forzada y posterior ejecución de 19 comerciantes Castigo por el no…
p. 193
36Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 561 fragmento
[52]la situación de que organizan un grupo en Bogotá, unas fuerzas especiales, la gente de mayor experiencia, y le mezclan la capacidad de causar daño desde el punto de vista armado y la participación política. Las Fuerzas Militares tenían alguna información; transcurre la visita del presidente de Francia, no acontece…
p. 56
37La Tragedia del Palacio de JusticiaEnrique Parejo González · 2010 · p. 1511 fragmento
[53]se confirmó después. No era fácil creer en la buena fe de la guerrilla en cuanto al interés que mostra- ban, a última hora, por la vida de los Magistrados. Pero, seguramente, estaban convencidos de que tenían pocas posibilidades de salvar la suya, y de ahí que se La Tragedia del Palacio de Justicia 157 solidarizaran…
p. 151
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 811 fragmento
[54]que nunca nos hicieron. [...] Cuando yo salí de la cárcel mi papá me dijo: “Lo que pasó en ese tiempo no pasó”, y eso fue toda la atención psicosocial que yo recibí. [...] Y efectivamente yo de eso nunca volví a hablar porque mi papá pensaba que hablando de eso me ponía en riesgo» 218. El 24 de agosto de 1984 el M-19…
p. 81
39Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 281 fragmento
[55]la amenaza. Con varios miembros de la Comisión de Paz entre quienes recuerdo al ex ministro de Defensa, general Gerardo Ayerve Cháux, Horacio Serpa, Emilio Urrea y Antonio Duque, viajamos varias veces… 34. El M-19 opinaba que los sectores poderosos habían hecho retroceder al gobierno en su política de paz, por lo cual…
p. 28
40Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 711 fragmento
[58]en el nuevo pacto social (1989 – 1996) El año 1989 fue determinante en el proceso de adopción del nuevo pacto social a partir del fortalecimiento del movimiento por una Asamblea Constituyente. En ese año, el gobierno de Barco continuó con los acercamientos con los grupos subversivos ten- dientes a su desmovilización,…
p. 71
41Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 531 fragmento
[60]de casi 17 años de lucha, el viernes 9 de marzo de 1990 en Santo Domingo, Cauca, los guerrilleros del M-19, y su comandante Carlos Pizarro León-Gómez, (hijo del almirante Juan Antonio Pizarro), depusieron las armas; él envolvió su pistola en una bandera de Colombia. Nadie mejor que Antonio Navarro Wolf, el único…
p. 53
42Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 2921 fragmento
[61]presidente Barco, que en líneas gene- rales habría de mantenerse durante el gobierno de César Gaviria (1990 – 1994), tenía como elementos fundamentales el reconoci- miento de la legitimidad del Gobier no, el reconocimiento de los insurgentes como interlocutores válidos, la manifestación expresa de las partes de su…
p. 292
43Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 341 fragmento
[62]a hacer una oposición seria. Replanteó toda la política de paz, en las que ofrecía garantías para la desmovilización a quien quisiera aceptarla y creó un programa especial destinado a superar las inequidades sociales en las zonas rurales, bajo la esquiva enseña de la rehabilitación. En la periferia colombiana no había…
p. 34
44Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 96, 1662 fragmentos
[63]de trans- formar al país. En términos de la narrativa de entonces, la de hacer la revolución, el movimiento le apostó a la.idea de que las transformaciones sociales que los países de la región necesita- ban se podían lograr por la vía pacífica de la democracia. El proyecto del M-19 no era socialista. Buscaba una…
p. 166
[66]Si él comunicaba esa magia a través de la palabra escrita, ellos dos trataban de comunicarla mediante la palabra hablada. La oratoria fue, sin duda, una de las grandes fortalezas del M-19 en aquel entonces, cuando pudo salir de la ilegalidad en el año 84. Ninguno de los otros líderes del movimiento, ni Carlos Pizarra…
p. 96
451989María Elvira Samper · 2019 · p. 1351 fragmento
[64]masacres, 1990 será el de los secuestros que ordena Escobar como seguro de vida y para presionar una negociación y el de la campaña presidencial más violenta de la historia, también será el de la desmovilización del M-19, el EPL y el Quintín Lame, y el de la Convocatoria de la Asamblea Constituyente, el sueño que el…
p. 135
46Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2321 fragmento
[65]guerrillas a mediados de los sesenta, mucho más en la fundación del ELN y el EPL; bastante menos en la constitución de las FARC-EP. Respecto al M-19 –la primera guerrilla urbana de Colombia–, fue el proyecto armado que más apoyo o simpatía tuvo en sectores medios e intelectuales, y el de mayor protagonismo en las…
p. 232
47Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 741 fragmento
[67]que fue testigo de ese momento en Caquetá. Entrevista 150- VI-00002. Víctima, campesino. Entrevista 150-PR-00565. Hombre, excongresista, condenado por parapolítica. Entrevista 266-CO-00012. Actor armado, M-19, hombre. Isabel Peñaranda, «Informe 119-CI-00236 Consultoría para apoyo en la elaboración de Análisis de…
p. 74
48Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 32 fragmentos
[68]palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…
p. 3
[69]palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…
p. 3
49Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7911 fragmento
[70]en nueve masacres, mientras que posterior a la fusión, durante 1996 y 1997, fue responsable de 18 masacres 2734. Desde la unión con los paramilitares, se inició una de las más sangrientas épocas entre los diversos grupos en la zona del Urabá, y los líderes sociales, sindicalistas y miembros del PCC, así como la…
p. 791
50Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 fragmento
[71]crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…
p. 94