Carlos Pizarro Leongómez
Constitución de 1991
1951–1990
La biografía
Comandante general del Movimiento 19 de Abril y candidato presidencial de la Alianza Democrática M-19, Carlos Pizarro Leongómez (1951-1990) condujo a la primera guerrilla urbana de Colombia por el puente estrecho que separa la lucha armada de la contienda electoral. Hijo de un almirante de la Armada Nacional, hizo la travesía inversa de su clase: de la casta militar a la clandestinidad revolucionaria, y de allí a la política civil, con un sombrero de fieltro sustituyendo al camuflado. Depositó su pistola calibre 45 envuelta en la bandera colombiana el 9 de marzo de 1990 en un caserío del Cauca, y siete semanas después, el 26 de abril, un sicario adolescente lo asesinó a bordo de un avión comercial en pleno vuelo. Su muerte, ejecutada cuando ya era candidato presidencial de un partido legal, clausuró de un tiro la apuesta de una generación entera y prefiguró el patrón de exterminio que padecería la izquierda desmovilizada en la década siguiente.
Línea de vida
- 1973
Fundación del M-19 en Cali
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La primera conferencia constitutiva del Movimiento 19 de Abril se realizó en Cali con unas veinticinco personas; Pizarro se integró al movimiento que nacía de la convicción de que el fraude electoral del 19 de abril de 1970 había clausurado toda vía legal de oposición.
- 1979
Robo de armas del Cantón Norte
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En Año Nuevo de 1979, el M-19 sustrajo más de cinco mil armas de un depósito militar en el norte de Bogotá mediante un túnel secreto, en una de las operaciones más audaces de la guerrilla urbana colombiana.
- 1985
Ascenso al mando tras la caída de la dirección histórica
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Con la muerte de Jaime Bateman (1983), Iván Marino Ospina (1985) y Álvaro Fayad (1985), Pizarro fue consolidándose como comandante general del M-19, asumiendo la conducción del movimiento en su etapa más crítica.
- 1988
Cese unilateral del fuego e inicio de negociaciones
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El 2 de abril de 1988, el M-19 bajo el mando de Pizarro declaró un cese unilateral del fuego, marcando el inicio formal del proceso de paz con el gobierno de Virgilio Barco, con Rafael Pardo como interlocutor gubernamental.
- 1989
Reunión en Ciudad de México y Pacto político por la paz
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Los días 3 y 4 de marzo de 1989, delegados del M-19 encabezados por Antonio Navarro Wolff se reunieron con Rafael Pardo en el hotel Camino Real de Ciudad de México. En noviembre de 1989, gobierno y guerrilla firmaron el Pacto político por la paz, con la Iglesia católica como tutora moral.
- 1990
Ceremonia de dejación de armas en Santo Domingo, Cauca
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El 9 de marzo de 1990, en Santo Domingo (Cauca), Pizarro depositó su pistola calibre 45 envuelta en la bandera de Colombia y pronunció: 'El M-19, en las manos de su Comandante General, hace dejación de la última arma en manos del Movimiento 19 de Abril, por la paz y la dignidad de Colombia'. Cerca de novecientos guerrilleros se desmovilizaron.
- 1990
Candidatura presidencial y asesinato
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Proclamado candidato presidencial de la Alianza Democrática M-19 para las elecciones del 27 de mayo de 1990, Pizarro fue asesinado el 26 de abril a bordo de un avión comercial por un sicario adolescente vinculado al aparato paramilitar. Carlos Castaño reconoció posteriormente su responsabilidad.
El hijo del almirante
La biografía de Pizarro carga desde el nacimiento una paradoja que nunca dejó de definirlo: fue hijo del almirante Juan Antonio Pizarro, oficial de alto rango de la marina colombiana, y nieto de militar. La casa en la que creció era parte constitutiva del establecimiento que él mismo terminaría queriendo derrocar por las armas. No era una biografía anómala en el M-19. Buena parte de sus cuadros provenía de familias con raíces profundas en el sistema, de universidades públicas y privadas, de sindicatos y de una clase media ilustrada que había leído a los teóricos de la revolución antes de conocer un fusil. El movimiento nunca fue —a diferencia de las FARC— una guerrilla campesina; fue una insurrección de hijos de la República contra la República, y Pizarro encarnó esa contradicción con más nitidez que casi ningún otro.
La ambivalencia de origen no era un dato menor. Explicaba, en parte, el registro estético y político del M-19: su gusto por el gesto simbólico, la campaña publicitaria, el guiño literario, el secuestro concebido como acto de teatro público. Explicaba también la relativa facilidad con la que sus dirigentes se moverían, cuando llegara el momento, en las salas de negociación, los hoteles internacionales y, finalmente, las tarimas electorales. Pizarro sabía por educación cómo hablaba el poder, y esa fluidez cultural terminaría siendo tan decisiva como su pericia militar.
Un movimiento nacido de un fraude
Para entender a Pizarro hay que entender qué era el M-19, y para entender al M-19 hay que remontarse al 19 de abril de 1970. Ese día, los primeros boletines de las elecciones presidenciales daban ganador al general Gustavo Rojas Pinilla, candidato de la Alianza Nacional Popular. Un apagón providencial suspendió la transmisión de los datos parciales, y cuando la información volvió a fluir, el resultado oficial proclamaba presidente a Misael Pastrana Borrero, el candidato del establecimiento bipartidista del Frente Nacional. Para la izquierda colombiana, y para amplios sectores de la ANAPO, aquello fue un fraude descarado. La sospecha se instaló como certeza, y de esa certeza nació, tres años después, un movimiento armado que llevaría por nombre y por bandera la fecha del despojo.
La primera conferencia constitutiva del Movimiento 19 de Abril se realizó en Cali en 1973, con unas veinticinco personas. Allí se conformó la dirección fundadora, integrada por Jaime Bateman Cayón, Iván Marino Ospina, Álvaro Fayad, Hélmer Marín, Andrés Almarales y Carlos Toledo Plata, entre otros. Varios venían de las FARC —Bateman, Fayad, Ospina, Ariel Otero— y habían dejado esa organización en medio de una crisis interna, atraídos por lo que percibían como una alternativa revolucionaria más audaz, urbana, sensible al pulso cultural de la época. Otros llegaban del activismo universitario, del sindicalismo, de la ANAPO Socialista. El clima era el de la rebeldía juvenil global de los sesenta y setenta, y la lectura compartida era que la elección de 1970 había demostrado que el sistema político colombiano no ofrecía espacios reales para la oposición: la vía armada quedaba, así, legitimada por la clausura de las otras.
El movimiento se dio a conocer en enero de 1974 con una operación que fijaría desde el inicio su marca de fábrica: precedido de una campaña publicitaria en los periódicos —anuncios crípticos que hablaban de parásitos y decaimiento, como si vendieran un remedio—, el M-19 robó la espada de Simón Bolívar de la Quinta de Bolívar en Bogotá. No era una acción militar; era una declaración semiótica. La guerrilla urbana que acababa de nacer proponía leer la política como un ejercicio de imágenes y símbolos, y anunciaba que la espada del Libertador volvería a la lucha.
De la trinchera al mando
Pizarro se sumó a esa aventura y ascendió por sus escalones. La cronología de su formación como cuadro guerrillero está atada a las grandes operaciones del movimiento en la segunda mitad de los setenta y los ochenta. En Año Nuevo de 1979, el M-19 ejecutó una de sus proezas más citadas: el robo de más de cinco mil armas del Cantón Norte del Ejército en Bogotá, sustraídas por un túnel construido en secreto hasta las instalaciones militares. Fue un golpe simbólico y logístico a la vez, y provocó una represalia brutal del Estado que llevó a la tortura y captura de decenas de militantes.
En febrero de 1980 vino la toma de la embajada de la República Dominicana en Bogotá, otra operación firmada por la lógica del teatro: catorce embajadores retenidos —entre ellos el de Estados Unidos—, sesenta y un días de asedio televisado, negociación pública con el gobierno de Julio César Turbay, y una salida final con vuelo a La Habana y un rescate cuyo monto todavía se discute. Durante los años siguientes, el M-19 combinó acciones urbanas de alto impacto mediático —ataques con mortero al Palacio de Nariño, un carro-bomba frente a la casa de gobierno, secuestros de figuras políticas concebidos como pedagogía política y no como negocio— con intentos de abrir frentes rurales. El más ambicioso, la invasión por Nariño y el Chocó a comienzos de los ochenta con varias columnas guerrilleras, terminó siendo reprimido por las fuerzas militares y significó la captura de dirigentes de primera línea del movimiento.
Los golpes al mando fueron acumulándose. Bateman murió en un accidente aéreo en 1983. Iván Marino Ospina cayó en 1985. Álvaro Fayad, ese mismo año. La conducción del movimiento se desplazó hacia una nueva generación, y allí Pizarro fue ganando terreno como comandante militar. En noviembre de 1985 vino la toma del Palacio de Justicia, el episodio más catastrófico en la historia del M-19 y uno de los más oscuros del país: dos días de asalto y contraasalto que dejaron cerca de un centenar de muertos, entre ellos magistrados de la Corte Suprema, y una herida abierta que aún supura. Para cuando la organización comenzó a considerar en serio una salida negociada, hacia 1988, Pizarro era su comandante general.
La mesa y el fusil
El proceso que llevaría al M-19 de la manigua a las urnas comenzó formalmente el 2 de abril de 1988, con la declaración de un cese unilateral del fuego. Del otro lado de la mesa estaba el gobierno de Virgilio Barco, y su consejero de paz, Rafael Pardo, quien se convertiría en el interlocutor principal del proceso. Los primeros contactos serios se dieron en un contexto tenso: entre mayo y julio de 1988, el M-19 había secuestrado al dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado, y su liberación tras negociaciones abrió, paradójicamente, el canal para una conversación más amplia.
Los días 3 y 4 de marzo de 1989, en el hotel Camino Real de Ciudad de México, Pardo se reunió con los delegados del M-19 Antonio Navarro Wolff, Gerardo Ardila, Rafael Vergara y Rubén Carvajalino. De allí en adelante, el proceso se articuló alrededor de una propuesta que el propio movimiento tituló Pacto Social por la Paz y la Democracia: un gran acuerdo nacional que incluía reformas institucionales y, sobre todo, una reforma electoral que rompiera el monopolio bipartidista. En noviembre de 1989, gobierno y guerrilla firmaron el Pacto político por la paz, con la Iglesia católica incorporada como tutora moral del proceso.
Hubo un tropiezo mayúsculo. El Congreso hundió la reforma constitucional promovida por el gobierno, que incluía un referendo para reformar el estatuto electoral de la Constitución de 1886, pieza clave del acuerdo con el M-19. La renuncia del ministro de Gobierno Carlos Lemos Simmonds fue el saldo político inmediato, y por un momento el proceso pareció desangrarse. Pero Pizarro, con Navarro, optó por seguir adelante aun sin la garantía institucional prometida. La decisión era arriesgada: significaba entregar las armas sin haber conseguido primero la reforma que justificaba entregarlas. Fue, en muchos sentidos, un acto de fe.
Santo Domingo, 9 de marzo de 1990
El acuerdo definitivo se cerró en los primeros días de marzo de 1990, y la ceremonia de dejación de armas se realizó el 9 de marzo en Santo Domingo, un caserío en las montañas del Cauca donde el M-19 tenía uno de sus campamentos. Fue una escena diseñada con la misma pulsión simbólica que había caracterizado al movimiento desde el robo de la espada de Bolívar: no un rendimiento, sino una entrega ritualizada.
Sobre la mesa, Pizarro depositó su pistola calibre 45 envuelta en la bandera de Colombia. Pronunció las palabras que se volverían inseparables de su memoria: "El M-19, en las manos de su Comandante General, hace dejación de la última arma en manos del Movimiento 19 de Abril, por la paz y la dignidad de Colombia". Luego, con la solemnidad militar que nunca había abandonado del todo, ordenó: "¡Oficiales de Bolívar, rompan filas!". Antes, a las 16:37, Carlos Erazo, alias Nicolás, había dado la orden a la tropa con una fórmula tan sobria como la ocasión pedía: "Por Colombia, por la paz, dejad las armas". Uno a uno, los combatientes fueron depositando fusiles, armas cortas y fornituras.
El acta la suscribieron el presidente Barco, el consejero Pardo, el expresidente Turbay, Pizarro y Navarro como comandantes del M-19, monseñor Álvaro Fandiño por la Iglesia católica y Luis Ayala por la Internacional Socialista. Alrededor de novecientos guerrilleros se desmovilizaron. En cuestión de semanas, la organización armada se convirtió en Alianza Democrática M-19, partido político legal, y Pizarro fue proclamado su candidato presidencial para las elecciones del 27 de mayo.
El sombrero y la cámara
La metamorfosis de Pizarro en esas semanas fue una de las operaciones estéticas más audaces de la política colombiana. El comandante que las fotografías habían fijado con camuflado, metralleta al cinto y barba de campaña, apareció de un día para otro con traje, corbata, sombrero elegante y una sonrisa dispuesta a la cámara. No fue una casualidad ni un gesto ingenuo: fue un manejo mediático deliberado, la traducción visual de la tesis política del acuerdo. El M-19 quería demostrar que la transición era real, y que su comandante ya no era un hombre en armas sino un ciudadano que aspiraba a la presidencia.
La respuesta popular fue vertiginosa. Pizarro se lanzó también a la alcaldía de Bogotá ese mismo mes y obtuvo la tercera votación, un resultado extraordinario para una candidatura montada en pocas semanas. La AD M-19 se instaló rápidamente en el mapa electoral como una fuerza con capacidad real de disputa, no como una curiosidad testimonial. En un país acostumbrado a que las izquierdas legales orbitaran alrededor del cinco o el siete por ciento, la irrupción de un exguerrillero recién desmovilizado con un piso electoral significativo era una novedad inquietante para el bipartidismo tradicional.
Había, además, una posibilidad que aterraba a los sectores más duros del establecimiento y a sus aliados paramilitares y narcotraficantes: desde 1989, entre el M-19 y la Unión Patriótica —el partido nacido del acuerdo entre las FARC y el gobierno Betancur— había contactos y conversaciones para explorar una alianza electoral. Se discutía incluso quién sería el candidato presidencial conjunto. Una alianza así habría configurado una izquierda amplia, con vocación socialdemócrata, capaz de atraer a comunistas y sectores populares hacia una vía legal y de disputar en serio el poder. Los líderes paramilitares de Córdoba —los hermanos Castaño en primer lugar— leyeron esa posibilidad como potencialmente catastrófica, tomando en cuenta también las declaraciones y movimientos de las FARC al evaluar la magnitud de la amenaza.
Un avión, un adolescente
Bernardo Jaramillo Ossa, candidato presidencial de la Unión Patriótica, fue asesinado el 22 de marzo de 1990 en el aeropuerto El Dorado. Habían pasado trece días desde la dejación de armas del M-19. El mensaje no requería descifradores: la política legal de la izquierda, incluso la que se había constituido en partido tras un acuerdo con el Estado, no gozaba de garantías reales.
Un mes y cuatro días después de la muerte de Jaramillo, el 26 de abril de 1990, Carlos Pizarro fue asesinado a bordo de un avión comercial. El sicario, un adolescente vinculado al aparato paramilitar según declaraciones posteriores de Carlos Castaño, sacó una ametralladora en pleno vuelo y disparó. Uno de los escoltas que acompañaba a Pizarro, presa de la desesperación al comprender lo ocurrido, descargó una ráfaga al aire dentro del avión. La escena bastaría por sí sola para describir la desmesura del momento: un candidato presidencial muerto a diez mil pies de altura, un guardaespaldas disparando contra el techo de la cabina, y un país entero enterándose por radio de que otro magnicidio había ocurrido.
Años más tarde, Carlos Castaño reconoció su responsabilidad con una frase seca: "Carlos Pizarro tenía que morir". Su móvil declarado no fue la ideología ni la democracia; fue la lectura, o el pretexto, de que una victoria electoral de Pizarro equivaldría a una victoria de Pablo Escobar, dado el historial de colaboraciones entre el M-19 y el cartel de Medellín en los años ochenta. En aquel momento, Castaño estaba enfrentado a muerte con Escobar, y en su lógica de guerra la eliminación de Pizarro era un movimiento en ese tablero. Es posible que esa fuera la razón operativa. Pero conviene mirar el conjunto: Jaime Pardo Leal en 1987, Luis Carlos Galán en agosto de 1989, Jaramillo en marzo de 1990, Pizarro en abril de 1990. Cuatro dirigentes de oposición o disidencia asesinados en un lapso brevísimo, tres de ellos precandidatos o candidatos presidenciales, en un contexto en que narcotráfico y paramilitarismo actuaban en alianza contra cualquier proyecto que amenazara sus intereses. Cualquiera que haya sido el detonante inmediato en el caso de Pizarro, el efecto agregado fue el cierre de la posibilidad de alternancia democrática por vía electoral, y ese cierre no fue un subproducto sino un objetivo compartido por quienes apretaron los gatillos.
La red
Pizarro no fue una figura solitaria; se entiende en el tejido de nombres, lugares e influencias que compusieron su recorrido. En el orden familiar, la genealogía militar —el padre almirante, el abuelo militar— fue tanto el punto de partida como aquello contra lo cual se definió. La memoria familiar sería recogida décadas después por su hija, María José Pizarro, quien haría de la reivindicación de la figura del padre y del proceso de paz del M-19 una plataforma política propia.
En el orden guerrillero, sus interlocutores principales fueron los cuadros que fundaron y condujeron el M-19: Jaime Bateman Cayón, con su carisma de comandante popular y su gusto por la política concebida como fiesta; Álvaro Fayad, el intelectual del movimiento; Iván Marino Ospina, más militar y más rural; y sobre todo Antonio Navarro Wolff, su segundo en el mando durante los años de la transición, el compañero indispensable en las mesas de negociación y quien recogería el liderazgo político tras su muerte.
En el orden estatal, los nombres que jalonan su trayectoria en el proceso de paz son los de Virgilio Barco, presidente que hizo de la salida negociada con el M-19 uno de los legados centrales de su gobierno, y Rafael Pardo, el consejero de paz que operó como interlocutor cotidiano. Julio César Turbay, en calidad de expresidente, firmó como testigo el acta de Santo Domingo, un guiño no menor considerando que había sido presidente durante la toma de la embajada dominicana. Del otro lado del espectro, los nombres que se cruzan con el suyo por la vía de la violencia son los de Pablo Escobar, con quien el M-19 mantuvo vínculos ambiguos en los ochenta, y Carlos Castaño, jefe paramilitar que años después se atribuyó la orden de su asesinato.
En el orden geográfico, tres lugares condensan su biografía: Bogotá, ciudad de las operaciones fundacionales del M-19 —el Cantón Norte, la embajada dominicana, el Palacio de Justicia— y de su campaña política; el Cauca, montaña donde el movimiento tenía campamento y donde se realizó la dejación de armas en Santo Domingo; y ese avión indeterminado del 26 de abril, un no-lugar aéreo donde la política colombiana perdió a otro de sus candidatos.
La huella
La muerte de Pizarro produjo un efecto político que sus asesinos no previeron o no pudieron impedir. La reacción popular fue una ola de solidaridad que llevó a la Alianza Democrática M-19, ya bajo el liderazgo de Antonio Navarro Wolff, a resultados electorales inéditos para la izquierda colombiana. Navarro tomó la decisión —fórmula suya, sencilla y grave— de "enterrar a Pizarro en paz" y aceptó la candidatura presidencial en su reemplazo. En las elecciones del 27 de mayo de 1990, en las que resultó electo César Gaviria Trujillo, Navarro obtuvo la máxima votación conseguida hasta entonces por un candidato de izquierda en Colombia. Y a fines de ese mismo año, en los comicios para la Asamblea Nacional Constituyente, la AD M-19 obtuvo aproximadamente un tercio de la votación, un resultado sin precedentes que le entregó la copresidencia de la Asamblea a Navarro Wolff.
La paradoja es amarga y hay que enunciarla con precisión: el asesinato de Pizarro contribuyó, por vía de la solidaridad popular que provocó, a acelerar precisamente el cambio institucional que sus autores intelectuales buscaban impedir. La Constitución de 1991 —con su carta de derechos, su tutela, su reconocimiento del pluralismo étnico, su reforma del régimen electoral— fue redactada en buena parte con la participación decisiva de los excombatientes del M-19. La reforma que Pizarro había perseguido en la mesa de negociación, la que el Congreso había hundido en 1989, terminó ocurriendo dos años después por una vía constituyente que su muerte ayudó a legitimar. Es una lectura incómoda pero honesta: la violencia produjo, en este caso, el desenlace institucional que la violencia pretendía cerrar.
Del lado personal, el legado de Pizarro fue recogido por Navarro Wolff, quien tras la Constituyente ocupó sucesivamente los cargos de ministro, congresista, alcalde de Pasto y gobernador de Nariño, en una trayectoria que se prolongaría durante tres décadas y que fue, en cierto modo, la vida civil que Pizarro no alcanzó a tener. También por su hija María José, senadora y figura pública de la izquierda contemporánea, que ha hecho de la reivindicación del padre y del proceso de paz una parte central de su trabajo político.
Del lado del país, el balance es menos consolador. El patrón que se ensayó con Jaramillo y Pizarro en 1990 —eliminar por vías extralegales a los dirigentes de una izquierda que se había desarmado y jugaba por las reglas del sistema— se repitió con obstinación durante toda la década. La Unión Patriótica sufrió un exterminio sistemático que le costó miles de militantes. La AD M-19 se fragmentó en pocos años y no logró consolidarse como fuerza política duradera. La lección amarga fue que en Colombia, durante mucho tiempo, dejar las armas no era garantía de seguridad para quien las había cargado, y que la transición a la política legal podía resultar más peligrosa que la guerrilla misma.
Queda, finalmente, la imagen: el sombrero, la sonrisa, la pistola envuelta en la bandera. Queda un hombre que hizo el recorrido inverso al de su clase, que fue disciplinado hasta en la ceremonia de su rendición, y que murió a los 38 años volando hacia una campaña electoral en la que había cambiado el fusil por el discurso. Carlos Pizarro Leongómez no fue un santo ni un mártir ficticio: fue un guerrillero real, con las responsabilidades que eso implica y los muertos que eso deja, que decidió apostar por la política legal antes que muchos de sus contemporáneos y que pagó esa decisión con la vida. Su nombre pesa en la historia de Colombia porque encarna, con una nitidez que pocos alcanzan, tanto la posibilidad de la reconciliación como el precio que este país ha estado dispuesto a cobrarle a quienes creyeron en ella.
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
29 documentos · 44 fragmentos01Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Páginas 53, 572 citas
[1]de casi 17 años de lucha, el viernes 9 de marzo de 1990 en Santo Domingo, Cauca, los guerrilleros del M-19, y su comandante Carlos Pizarro León-Gómez, (hijo del almirante Juan Antonio Pizarro), depusieron las armas; él envolvió su pistola en una bandera de Colombia. Nadie mejor que Antonio Navarro Wolf, el único…
p. 53
[18]paz sinceramente. Dice: “A pesar de lo que me hicieron, nunca demandé al Estado. ¡Ni por las torturas ni por nada!, esas son cosas de la guerra. Yo dejé todo, dejé lo que tenía en 1974, hasta a mi esposa embarazada, y me fui a cambiar el mundo. No veía otros caminos viables”. Junto con Carlos Pizarro y otros…
p. 57
02More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · Página 911 cita
[2]and slums. Some, among them the group's founder, Jaime Bateman Cayon, had begun their guerrilla ca- reers in the FARC. Bateman's memories of growing up in the shadow of United Fruit Company factories fed his rebellion. Colombians could not swim in company pools or shop in company stores, even as they harvested the…
p. 91
03Leer es resistirMario Mendoza · 2022 · Página 531 cita
[3]fue protagonista de una historia que da para un magnífico guion de un thriller cinematográfico. * En los años setenta surgió el grupo guerrillero M-19. El golpe con el cual se dio a conocer este movimiento fue el robo de la espada de Bolívar en enero de 1974. Hay que recordar que, a diferencia de las FARC, cuyo origen…
p. 53
04Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · Página 591 cita
[4]ANAPO). Rojas Pinilla’s dream of returning to power was denied, however. Many analysts con- tend that Rojas was the winner of the presidential elections of April 19, 1970, but the minister of the interior named Conservative Misael Pastrana Borrero the new president after a suspiciously timed massive power outage.…
p. 59
05Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1471 cita
[5]de los setenta. A comienzos de ella apareció un nuevo movimiento guerrillero, el M-19, que rápidamente acaparó la atención nacional. Su surgimiento dejó al descubierto la fragilidad de la democracia frentenacionalista. En las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970, la Anapo logró sus mejores resultados,…
p. 147
06Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · Página 722 citas
[6]del país. Cuando el Partido Comunista empezaba a preparar su retorno con nombre propio a las lides electorales a principios de la década de 1970, un grupo de combatientes rasos de las FARC dejó la organización como resultado de la crisis de una guerrilla que no marchaba y la identificación con una alternativa…
p. 72
[7]del país. Cuando el Partido Comunista empezaba a preparar su retorno con nombre propio a las lides electorales a principios de la década de 1970, un grupo de combatientes rasos de las FARC dejó la organización como resultado de la crisis de una guerrilla que no marchaba y la identificación con una alternativa…
p. 72
07Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · Página 411 cita
[8]en Piedecuesta, otro en San Gil y tres en Bucaramanga. Entonces viajé a Cali. Todavía corría el año 1973. Allá se realizó la primera conferencia en la que yo participé. Asistimos unas veinti cinco personas. Constituimos la primera dirección del movimiento. La integraban Jaime Bateman, Iván Ospina, Alvaro Fayad, Hélmer…
p. 41
08Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2691 cita
[9]como M-19, que entre otras realizó operaciones como las siguien- tes: el robo de más de cinco mil armas a unas instalaciones del ejército, en las afueras de Bo- gotá; la toma durante 61 días de la embajada de la República Dominicana, también en la ca- pital; el intento de sabotaje de la cumbre de presidentes…
p. 269
09Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 2001 cita
[10]M -19 eran, de hecho, guerrillas urbanas comprometidas, no muy diferentes a los Tupamaros, de Uruguay o a los Montoneros, de Argentina. En Año Nuevo de 1979, habiendo construido un túnel secreto debajo de una base militar, se robaron más de cinco mil armas del Ejército colombiano. Un año después, se tomaron la…
p. 200
10Guerrilla Marketing: Counterinsurgency and Capitalism in ColombiaAlexander L. Fattal · 2018 · Página 491 cita
[11]via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 50 CHAPTER ONE The M19 learned its lesson. When the group tunneled into a mili- tary weapons depot in northern Bogota in 1978, only military pride was injured. That injury, however, prompted the military to lash out at the M19,…
p. 49
11Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 3791 cita
[12]1982 to begin this process in earnest. During the government of President Turbay Ayala (19781982), guerrilla actions, especially those instigated by the M-19, reached new, unexpected levels compared to the previous decade. It was during this period, for example, that the M-19 stole hundreds of weapons from the army's…
p. 379
12Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 471 cita
[13]personas en la Embajada de la República Dominicana en Colombia (1980) y, sobre todo, la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985. Un grupo guerrillero que, por todo lo anterior, va a ser severamente hostigado en los núcleos urbanos y obligado a retirarse a los emplazamientos del suroccidente colombiano,…
p. 47
13¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 971 cita
[14]social más amplia, como los de Córdoba o la Sierra Nevada de Santa Marta, liderados por Fidel Castaño y Hernán Giraldo. Pese a la lucha contra la amenaza narcoterrorista, durante el Gobierno Barco se reanudaron las conversaciones de paz con el M -19. Estas se habían iniciado en enero de 1989 tras el secuestro y…
p. 97
14Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Página 1381 cita
[15]con el citado Estatuto de Defensa de la Democracia que calificaba de "terroristas” todas 146 PAZ CUATRIENAL sus acciones. La norma se estrenó con el establecimiento de la Jefatura Mili tar en Urabá, baluarte electoral de la UP y del PC. Al mismo tiempo era escan dalosa la permisividad gubernamental con la expansión…
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15Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · Páginas 1, 3, 5, 11, 3110 citas
[16]en medio de un replanteamiento de su forma de lucha. El 7 de febrero de 1989 se realizó un encuentro de la Dirección Nacional del M-19, para discutir los pasos a seguir con el Gobierno. El movimiento en conjunto manifestó la cohesión con su comandante general, Carlos Pizarro. Los días 3 y 4 de marzo de 1989, en…
p. 5
[17]en medio de un replanteamiento de su forma de lucha. El 7 de febrero de 1989 se realizó un encuentro de la Dirección Nacional del M-19, para discutir los pasos a seguir con el Gobierno. El movimiento en conjunto manifestó la cohesión con su comandante general, Carlos Pizarro. Los días 3 y 4 de marzo de 1989, en…
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[25]el momento. Dentro de ese especial pusimos a cantar a Carlos Pizarro. -Resultó muy mal cantante, muy desafinado. Meses después, el 22 de marzo de 1990 mataron a Bernardo Jaramillo, líder de la, y al mes, el UP 26 de abril, mataron a Pizarro. Cuando murió Jaramillo, Yamid sacó al aire una grabación en la que el…
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[26]el momento. Dentro de ese especial pusimos a cantar a Carlos Pizarro. -Resultó muy mal cantante, muy desafinado. Meses después, el 22 de marzo de 1990 mataron a Bernardo Jaramillo, líder de la, y al mes, el UP 26 de abril, mataron a Pizarro. Cuando murió Jaramillo, Yamid sacó al aire una grabación en la que el…
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[31]proceso. Ahí, volvió a ser el Comandante Papito. Y el Comandante Papito ya no salía vestido de camuflado y metralleta, sino que salía de civil, con un sombrero muy bonito, muy elegante y se volvió otra vez de buena familia. Eso que pasó con Pizarro fue un manejo puramente mediático. Hoy los medios de comunicación le…
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[32]proceso. Ahí, volvió a ser el Comandante Papito. Y el Comandante Papito ya no salía vestido de camuflado y metralleta, sino que salía de civil, con un sombrero muy bonito, muy elegante y se volvió otra vez de buena familia. Eso que pasó con Pizarro fue un manejo puramente mediático. Hoy los medios de comunicación le…
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[41]63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…
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[42]63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…
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[43]palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…
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[44]palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…
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16Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 621 cita
[19]Alocución televisada del Presidente Virgilio Barco, sobre la Cuarta Declaración Conjunta Gobierno nacional -M-19, marzo 17 de 1989. 111 Declaración suscrita entre el Gobierno nacional y las comunidades indígenas de Tacueyó, Cauca, abril 1º de 1989. Virgilio Barco 1986-1990 63 de consensos. El gobierno y el M-19…
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17Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 711 cita
[20]en el nuevo pacto social (1989 – 1996) El año 1989 fue determinante en el proceso de adopción del nuevo pacto social a partir del fortalecimiento del movimiento por una Asamblea Constituyente. En ese año, el gobierno de Barco continuó con los acercamientos con los grupos subversivos ten- dientes a su desmovilización,…
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18Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · Página 1701 cita
[21]para que se privilegiaran las listas únicas. El M-19 pactó con el Gobierno que el acuerdo se volviera ley en el Congreso y que luego se convocaría a un referendo para reformar electoral- mente la Constitución del 86. Pero la mafia actuó por medio de sus congresistas y tumbó el acuerdo con mayorías parlamenta- rias…
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19Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 6281 cita
[22]igual forma, las armas que el M-19 tenía en Bogotá, Medellín y otras partes fueron concentradas en el campamento. A las 16:37 horas de ese jueves, Carlos Erazo, Nicolás, dio una orden perentoria: “Por Colombia, por la paz, dejad las armas”. Con un paso al frente, uno a uno, los combatientes fueron depositando sobre la…
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20Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Páginas 157, 1602 citas
[23]civiles en Colombia”. Luego depositó su propia arma envuelta en la bandera de Colombia sobre la mesa: “El m -1 9, en las manos de su Comandante General, hace dejación de la última arma en manos del Movimiento 19 de Abril, por la paz y la dignidad de Colombia”, y ordenó: “¡Oficiales de Bolívar, rompan filas!”195. Los…
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[24]acuerdo. Despeja un camino de reconciliación. Afianza unas condiciones para continuar avanzando en el empeño de la pacificación. Ofrece unos procedimientos e instrumentos para ¡mplementar soluciones políticas. Muestra, en fin, cómo mediante una voluntad cierta de paz de las partes involucradas, traducida en hechos con…
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21Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Páginas 207, 2514 citas
[27]Escobar. Escobar sostuvo que el verdadero problema de la UP no era tanto Rodríguez Gacha, como Fidel Castaño. Agregó que era poco lo que podía hacer para influir sobre el líder paramilitar, a quien Escobar llamaba Dos Mil, por el número de miembros de la UP que estimaba había matado Castaño. 48 A pesar de la…
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[28]Escobar. Escobar sostuvo que el verdadero problema de la UP no era tanto Rodríguez Gacha, como Fidel Castaño. Agregó que era poco lo que podía hacer para influir sobre el líder paramilitar, a quien Escobar llamaba Dos Mil, por el número de miembros de la UP que estimaba había matado Castaño. 48 A pesar de la…
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[33]presidenciales, la máxima cifra conseguida por un candidato de izquierda. 70 Pero Carlos Pizarro Leongómez no era el candidato de su partido; la persona que obtuvo esta votación sin precedentes era su segundo en el mando, Antonio Navarro Wolf. Pizarro había sido asesinado un mes antes por un adolescente contratado por…
p. 207
[34]presidenciales, la máxima cifra conseguida por un candidato de izquierda. 70 Pero Carlos Pizarro Leongómez no era el candidato de su partido; la persona que obtuvo esta votación sin precedentes era su segundo en el mando, Antonio Navarro Wolf. Pizarro había sido asesinado un mes antes por un adolescente contratado por…
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22La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · Página 451 cita
[29]los antiguos combatientes regresaron a la vida civil y política, y jugaron de inmediato un papel esencial y constructivo. Su comandante, Carlos Pizarro, fue candidato a la alcaldía de Bogotá el mismo mes de su desmovilización y obtuvo la tercera votación. Luego lanzó su candidatura presidencial, que fue truncada por…
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23Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · Página 1791 cita
[30]electoral challenge for the traditional parties. More importantly, the two might have been a possible death sentence for the FARC. By drawing Communists and other leftists toward social democracy, the new movement would tear the heart from the rebel organization. If the Left could occupy a political space where there…
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24Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · Página 1931 cita
[35]jurando no pasar por lo mismo al ser como ella: “Por eso me he dedicado a hacer lo posible para motivar a las mujeres a que no seamos como las de la generación de mi mamá, que sufrieron tanto en silencio y que sus gritos de dolor permanecieron en la intimidad de su casa, que defendamos nuestros derechos y que luchemos…
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259 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · Página 1141 cita
[36]Caja de Previsión y se temían disturbios al conocerse la muerte del exguerrillero. En medio de la muchedumbre, uno de los escoltas que acompañaba a Pizarro en el avión cuando fue acribillado, presa de la desesperación y la tristeza, descargó una ráfaga de su arma al aire. En cierto momento, un grupo de jóvenes atacó…
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26¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 1011 cita
[37]UP, luego de queJaime Pardo Leal también fuera asesinado; y Carlos Pizarro, excomandante de un M-19 que recogía un respetable apoyo popular tras su conversión en partido político. Al tiempo, el narcotráfico, en alianza con grupos políticos y paramilitares, venía de asesinar a los periodistas Guillermo Cano y Jorge…
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27Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 461 cita
[38]enfrentadas, sino también desde abajo, abriendo espacios para la reconstrucción de procesos locales o de lazos colectivos. Como hitos fragmentados, estos y otros hechos marcan la historia del país. Durante el periodo del Estatuto de Seguridad (1978-1982), miles de personas fueron detenidas y torturadas de forma…
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28El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 1121 cita
[39]idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…
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29Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 7911 cita
[40]en nueve masacres, mientras que posterior a la fusión, durante 1996 y 1997, fue responsable de 18 masacres 2734. Desde la unión con los paramilitares, se inició una de las más sangrientas épocas entre los diversos grupos en la zona del Urabá, y los líderes sociales, sindicalistas y miembros del PCC, así como la…
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