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Hecho histórico · Crisis y narcotráfico · 1974–1990

Masacre de Tacueyó y purga del Frente Ricardo Franco

Entre el 13 de noviembre de 1985 y enero de 1986, los mandos del Frente Ricardo Franco —disidencia de las FARC-EP dirigida por Javier Delgado (José Fedor Rey Álvarez) y Hernando Pizarro— ordenaron torturar, asesinar y desaparecer entre 125 y 165 de sus propios combatientes en Tacueyó, Cauca, acusados de ser infiltrados del Estado. Fue la mayor purga interna registrada en la historia de la insurgencia colombiana.

Masacre de Tacueyó y purga del Frente Ricardo Franco
13 de noviembre de 1985 – enero de 1986
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
13 de noviembre de 1985 – enero de 1986
Dónde
Cauca, Bogotá, Cali, Ibagué, Valle del Cauca, Tacueyó, municipio de Toribío, norte del Cauca, Miranda, Cauca, Santander de Quilichao, Cauca, Yumbo, Valle del Cauca
Protagonistas
Javier Delgado (José Fedor Rey Álvarez, alias Rey) — comandante del Frente Ricardo Franco, ordenó la purga, Hernando Pizarro Leongómez — mando del Frente Ricardo Franco, coordenó las ejecuciones, Frente Ricardo Franco (Comando Ricardo Franco, CRF) — organización perpetradora, Coordinadora Nacional Guerrillera (CNG) — instancia que expulsó al CRF tras conocerse la masacre, FARC-EP — organización madre de la que se escindió el CRF en 1982, Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas — dirigencia de las FARC-EP que formalizó la ruptura con Delgado en la Séptima Conferencia, Comunidades nasa del norte del Cauca — víctimas colaterales del conflicto entre grupos armados en el territorio, Movimiento Armado Quintín Lame — aliado circunstancial del CRF en la toma de Santander de Quilichao, M-19 — aliado operativo del CRF en acciones urbanas y en la toma de Yumbo
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Ruptura de Javier Delgado con las FARC-EP: apropiación de fondos de secuestros —una fuente cifra en 800 millones de pesos—, negativa a rendir cuentas, fricciones con el Partido Comunista Colombiano y conducción personalista, todo ello formalizado en la Séptima Conferencia de mayo de 1982.
  2. Cultura organizativa del leninismo militar: verticalismo sin instancias de apelación, 'juicios revolucionarios' sin garantías y sospecha institucionalizada como mecanismo de disciplina interna, rasgos estructurales del repertorio guerrillero de la época que en el CRF operaron sin ningún contrapeso.
  3. Rumores de infiltración estatal surgidos tras la toma guerrillera de Miranda, Cauca: los mandos del CRF concluyeron que había traidores en sus filas y activaron la purga; las fuentes documentan al menos una penetración parcial real por parte de un suboficial de inteligencia, aunque la magnitud de la infiltración es disputada.
  4. Reclutamiento acelerado sin filtros ideológicos y mando personalista de Delgado: la organización incorporó reclutas jóvenes —algunos de 14 o 15 años— sin mecanismos de verificación, lo que alimentó la paranoia sobre la identidad de los nuevos integrantes.
  5. Marginalidad del CRF en el proceso de paz de Betancur (1984): excluido de los Acuerdos de La Uribe y de las negociaciones paralelas, el grupo carecía de incentivos para moderar su conducta y operaba bajo presión creciente de las FARC-EP en el norte del Cauca.
13 de noviembre de 1985 – enero de 1986Masacre de Tacueyó y purga del Frente Ricardo Franco

Consecuencias

  1. Expulsión del Frente Ricardo Franco de la Coordinadora Nacional Guerrillera, sellando su desprestigio ante el conjunto del sistema insurgente colombiano.
  2. Desintegración acelerada del CRF: pérdida de aliados, capacidad operativa y base social en el Cauca, proceso que condujo a la disolución del grupo en los años siguientes.
  3. Daño reputacional al conjunto de la insurgencia: Tacueyó fue incorporado por el Centro Nacional de Memoria Histórica como caso emblemático de degradación de la guerra, evidenciando que la violencia guerrillera no se ejercía solo contra el Estado sino contra los propios combatientes.
  4. Impacto sobre las comunidades nasa del norte del Cauca: atrapadas entre las FARC-EP, el Ejército, el M-19, el Quintín Lame y el CRF, las comunidades indígenas sufrieron presiones cruzadas y atentados contra sus líderes en el período de la tregua, agravados por la pugna entre grupos armados.
  5. Facilitación indirecta de la recomposición del bloque insurgente: la ausencia del Ricardo Franco despejó el camino para la conformación de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar en 1987, sin el lastre reputacional del grupo de Delgado.
  6. Establecimiento de un precedente historiográfico sobre la violencia intra-insurgente: Tacueyó documentó la desaparición forzada dentro de la propia guerrilla como fenómeno específico, distinto de la violencia contra civiles o el Estado, con implicaciones para el análisis crítico de la insurgencia colombiana.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La masacre de Tacueyó es el caso más extremo de violencia intra-insurgente en la historia del conflicto armado colombiano: una guerrilla que torturó y desapareció a más de un centenar de sus propios combatientes en nombre de la disciplina revolucionaria. Su importancia no radica solo en la escala —entre 125 y 165 víctimas en dos meses—, sino en lo que revela sobre la cultura organizativa del leninismo militar: el verticalismo sin contrapesos, la sospecha institucionalizada y el 'juicio revolucionario' sin garantías no fueron aberraciones de un caudillo, sino dispositivos estructurales que en el CRF alcanzaron su expresión más destructiva. El episodio obliga a una historiografía crítica de la insurgencia que no reduzca la violencia guerrillera a su dimensión antiestatal, y que reconozca a los propios combatientes —incluidos jóvenes de 14 o 15 años recién reclutados— como víctimas de las organizaciones que los incorporaron.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Masacre de Tacueyó y purga del Frente Ricardo Franco

Entre el 13 de noviembre de 1985 y enero de 1986, en los montes de Tacueyó, corregimiento del municipio de Toribío, en el norte del Cauca, los mandos del Frente Ricardo Franco —una disidencia de las FARC-EP encabezada por Javier Delgado, alias Rey, cuyo nombre real era José Fedor Rey Álvarez— ordenaron torturar, asesinar y desaparecer a más de un centenar de sus propios combatientes bajo la acusación de ser espías del Ejército, la Policía y otros organismos de inteligencia del Estado. Las cifras conocidas oscilan entre 125 y 165 víctimas, sin recuento definitivo. Fue la mayor purga interna que registra la historia de la insurgencia colombiana y, junto a la toma del Palacio de Justicia por el M-19 pocas semanas antes, marcó el momento en que la violencia guerrillera de los años ochenta reveló, hacia afuera y hacia adentro, sus umbrales de degradación. Ocurrió en territorio nasa, en un departamento saturado de actores armados en pugna, durante la tregua fallida del gobierno de Belisario Betancur, y desencadenó la expulsión del Frente Ricardo Franco de la Coordinadora Nacional Guerrillera, sellando su desprestigio antes de su desintegración.

Un desprendimiento de las FARC en la Séptima Conferencia

El Frente Ricardo Franco nació de una fractura. En mayo de 1982, las FARC celebraron su Séptima Conferencia, la reunión en la que la organización agregó a su nombre la sigla EP —Ejército del Pueblo—, aprobó el Plan estratégico político militar de expansión territorial centrífuga y proyectó la creación continua de nuevos frentes para intentar la toma del poder en un horizonte de ocho años. Fue también el punto en que las FARC intentaron resolver el conflicto abierto con Javier Delgado, cuadro que había dirigido comisiones urbanas del grupo en Bogotá y Cali y arrastraba una acumulación de agravios con la dirigencia: apropiación de fondos —una versión habla de 800 millones de pesos, otras se limitan a mencionar "importantes sumas" provenientes de secuestros—, fricciones con el Partido Comunista Colombiano por sonsacarle militantes y desacreditar a la organización, y una negativa persistente a rendir cuentas.

Existen versiones divergentes sobre el desenlace conferencial. En una, Delgado fue formalmente expulsado en el marco de la Séptima Conferencia; en otra, hubo un desprendimiento gradual y Delgado no llegó a asistir a la reunión, a la que habría sido convocado con el fin de disuadirlo y obligarlo a explicarse. Hacia 1982 la ruptura estaba consumada. Delgado y su núcleo tomaron para la nueva estructura el nombre de Ricardo Franco Frente-Sur, seudónimo del jefe del IV Frente de las FARC muerto en el Magdalena Medio en 1979, un gesto que la dirigencia de las FARC-EP leyó como una afrenta añadida.

La orientación política del grupo fue, desde el principio, distinta a la de la organización madre. Mientras las FARC-EP seguían apoyadas en un despliegue rural centrado en zonas de colonización, Delgado sostenía que "la revolución pasaba por la guerrilla urbana". El Frente Ricardo Franco privilegió las comisiones en Bogotá, Ibagué y Cali, se financió mediante secuestros y actividades logísticas urbanas —con resultados considerables— y se acercó al M-19, con el que compartía tanto la vocación citadina como una estética política más rupturista que la del comunismo tradicional. En ese cruce debe entenderse el episodio, narrado en clave testimonial por el M-19 caleño, según el cual algunos milicianos urbanos de esa organización en el oriente y la ladera de Cali migraron hacia el Ricardo Franco atraídos por sus recursos y su armamento, con un efecto —difícil de datar pero recordado como perjudicial— sobre la propia estructura elenista del M-19 en el Valle.

La instalación en el norte del Cauca

Hacia 1983, el Frente Ricardo Franco había extendido su actividad al norte del Cauca, un escenario que no lo había convocado. El departamento era ya entonces uno de los más saturados del país en presencia insurgente: operaban los Frentes VI y VII de las FARC, columnas del M-19, comisiones del ELN, el PRT, la disidencia de Delgado y, desde 1984, el naciente Movimiento Armado Quintín Lame, que en su acción fundacional —la toma de Santander de Quilichao— actuó en conjunto con el Comando Ricardo Franco. Poco después, en Yumbo, en el Valle del Cauca, el CRF volvió a operar junto al M-19. Estas alianzas, más que una convergencia estratégica, reflejaban la búsqueda de legitimidad de una organización que carecía de retaguardia propia y de base social establecida.

El Quintín Lame se levantó como respuesta armada a las agresiones contra los cabildos y comuneros que buscaban recuperar tierras. Su irrupción no fue, sin embargo, unánimemente celebrada por el movimiento indígena, que discutió y en muchos casos rechazó la militarización de la lucha. Esa tensión enmarca la posición de las comunidades nasa frente al conjunto de los grupos armados. Ninguno de ellos —tampoco el Ricardo Franco— fue invitado por los resguardos, y el norte del Cauca vivió esos años como un territorio disputado por fuerzas externas que se solapaban.

El proceso de paz iniciado en 1984 por el gobierno de Betancur —con los Acuerdos de La Uribe firmados el 28 de marzo de ese año entre el Ejecutivo y las FARC, y con acuerdos paralelos con el M-19 y el EPL— no descomprimió la región. Al contrario: la ubicación del Frente Ricardo Franco en el sistema insurgente de 1984 era la de una organización marginal respecto al esquema negociador, excluida de facto de las conversaciones y con incentivos para escalar su acción armada. La tregua coincidió, además, con el crecimiento militar de las FARC-EP —de aproximadamente mil combatientes antes de 1982 a unos 3.600 hacia 1986, y de 17 frentes a 30—, un crecimiento que en el norte del Cauca se tradujo en presión directa sobre los frentes VI y VII para consolidar corredores y en presiones sobre las comunidades para que respaldaran la naciente Unión Patriótica. Las comunidades indígenas quedaron atrapadas entre la expansión de las FARC, la ofensiva del Ejército, la actividad del M-19 y el Quintín Lame, y la deriva del propio Ricardo Franco. Los atentados contra líderes indígenas se recrudecieron en el período de la tregua, exactamente cuando el discurso oficial anunciaba pacificación.

El comienzo y la mecánica de la purga

Los rumores de infiltración que precipitaron la matanza surgieron tras una toma guerrillera en Miranda, población vecina en el norte del Cauca. Fue en el retorno de esa operación —o en el análisis posterior de lo ocurrido durante ella— cuando los mandos del Frente Ricardo Franco concluyeron que había traidores en sus filas. Las ejecuciones comenzaron entre el 13 y el 14 de noviembre de 1985, y las víctimas fueron torturadas antes de morir. Los métodos incluyeron colgamientos y golpes; las sesiones podían prolongarse tres o cuatro días. Tacueyó figura entre los casos emblemáticos de la degradación de la guerra no por el número absoluto de víctimas comparado con otras masacres del conflicto, sino por tratarse de una guerrilla que ejecutó y desapareció a más de un centenar de sus propios combatientes.

Las órdenes provinieron de Javier Delgado —Fedor Rey— y de Hernando Pizarro Leongómez, mandos del grupo. La dinámica interna de la purga siguió una lógica reconocible en otros episodios de violencia intra-insurgente, pero llevada a una escala inédita: bajo tortura, los acusados terminaban confesando ser infiltrados y señalando a compañeros, ya fuera para poner fin al suplicio o para arrastrar consigo a otros. Ese mecanismo produjo una cadena que se expandió durante semanas. La duración del episodio —desde mediados de noviembre de 1985 hasta enero de 1986, aproximadamente dos meses— es un dato en sí mismo: no fue un arrebato ni una decisión ejecutada en horas, sino un procedimiento sostenido, con estructura de mando, de registro y de aplicación reiterada.

Tacueyó se inscribe en un patrón más amplio: colgamientos, golpes y amenazas fueron modalidades de tortura física y psicológica empleadas también por las FARC-EP y el ELN en purgas internas y en el trato a población civil secuestrada. Lo específico del caso caucano fue la magnitud y la concentración temporal. Entre las víctimas había reclutas jóvenes, algunos de 14 o 15 años, que habían ingresado poco antes y no alcanzaban a comprender plenamente su incorporación. La caracterización social del conjunto de asesinados —si predominaban los cuadros urbanos formados en la juventud comunista o los campesinos reclutados en la propia región— no está resuelta, y no conviene resolverla con un trazo grueso.

La ausencia de mecanismos de verificación independientes —no había instancia disciplinaria capaz de contrapesar la decisión del comandante en cabeza— convertía cualquier sospecha en veredicto. El Ricardo Franco, más aún que otras organizaciones, dependía enteramente del criterio de Delgado, cuya trayectoria previa mostraba una conducción personalista, ya cuestionada por las FARC-EP en 1982 por la apropiación de fondos y la resistencia a rendir cuentas.

Versiones enfrentadas sobre la infiltración

Aquí el material disponible pide ser leído con cuidado. La justificación esgrimida por los mandos del Frente Ricardo Franco fue la sospecha de que agentes de la inteligencia estatal habían penetrado la organización. Las versiones sobre esa supuesta infiltración se contraponen. Por un lado, la reivindicación posterior de los propios ejecutores, que publicaron un documento titulado Tacueyó: el B-2 al desnudo en el que sostenían haber desbaratado una operación de inteligencia militar. Por otro, los testimonios de exintegrantes que niegan categóricamente la infiltración masiva.

Una exintegrante de la red urbana del grupo en Bogotá sostiene que el 80% de los miembros de esa red provenía de la juventud comunista y se conocían desde el colegio o la universidad; afirma que la idea de una penetración generalizada era técnicamente inverosímil. Frente a esa negación tajante, otras reconstrucciones documentan que sí existió al menos un suboficial de inteligencia infiltrado en el Ricardo Franco, cuya información permitió la caída de caletas y la captura de milicianos, algunos de los cuales fueron llevados a la Tercera Brigada.

La tensión entre ambas versiones importa. Sostener que Tacueyó respondió a una paranoia infundada, sin más, contradice la evidencia de una penetración parcial verificada; sostener que respondió a una amenaza real que la organización identificó y neutralizó correctamente contradice el hecho de que fueron ejecutados entre 125 y 165 combatientes sin ninguna investigación reconocible como tal. La lectura que se sostiene mejor a partir del contraste es intermedia y menos consoladora: el Frente Ricardo Franco enfrentaba condiciones objetivas de vulnerabilidad —reclutamiento acelerado sin filtros ideológicos, mando personalista sin contrapesos, alianzas dispersas y, sí, alguna penetración estatal real— y procesó esa amenaza a través de los únicos instrumentos epistémicos de que disponía: la tortura como método de averiguación y el fusilamiento como sentencia. El resultado fue una amplificación catastrófica: para descubrir a un puñado de infiltrados posiblemente reales, el grupo se aniquiló a sí mismo.

La lectura periodística del episodio —representada por trabajos como Colombia bizarra, que lo narra en clave de anécdota extrema— tiende a instalarlo en el registro de la locura de un caudillo. Ese marco explicativo funciona narrativamente pero se queda corto en términos históricos: sitúa toda la responsabilidad en la psicología de Delgado y descarga a la cultura organizativa del leninismo militar de sus propios rendimientos. La sospecha institucionalizada, el verticalismo, la disciplina de tipo militar sin instancias de apelación y la práctica del "juicio revolucionario" eran componentes estructurales del repertorio guerrillero de la época, presentes con distinta intensidad en todas las organizaciones. Tacueyó fue extremo, pero no exógeno.

La reacción de la Coordinadora y la expulsión

En el momento de la masacre, el Frente Ricardo Franco pertenecía a la Coordinadora Nacional Guerrillera, la instancia unitaria conformada en 1985 que agrupaba a los grupos armados excluidos de los acuerdos con Betancur o críticos del proceso. La reacción de la CNG, una vez conocida la magnitud de los hechos, fue la expulsión del grupo, en respuesta directa a la masacre. La fecha exacta del pronunciamiento formal no está establecida con precisión, pero se produjo entre el conocimiento público del episodio, a comienzos de 1986, y los meses inmediatamente siguientes.

La expulsión tuvo un doble sentido. Hacia adentro del sistema insurgente, marcaba un límite: la Coordinadora, aunque conformada por organizaciones que practicaban formas de disciplina interna severas, encontró en Tacueyó una violación intolerable, ya fuera por convicción, por cálculo político o por ambos. Hacia afuera, buscaba proteger a las otras guerrillas de la contaminación reputacional que suponía compartir sigla con el grupo de Delgado. Las FARC-EP, en particular, que arrastraban desde 1982 una hostilidad abierta contra Delgado por la apropiación de fondos y el uso del nombre "Ricardo Franco", encontraron en el episodio una confirmación de su lectura previa. La descomposición del grupo se aceleró desde entonces: perdió aliados, perdió capacidad operativa y perdió la base pequeña que había construido en el Cauca.

En el diseño más amplio del sistema insurgente, la expulsión del Ricardo Franco de la CNG facilitó la posterior articulación de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar en 1987, ya sin el lastre reputacional del grupo de Delgado. La ausencia del Ricardo Franco, más que su presencia, definió la geometría del bloque insurgente que llegaría a los diálogos de Caracas y Tlaxcala en los años siguientes.

Consecuencias para las comunidades y para la legitimidad insurgente

La primera consecuencia, la más difícil de cuantificar, recayó sobre las comunidades del norte del Cauca. La retirada del Frente Ricardo Franco no descomprimió el territorio: dejó un vacío que las FARC-EP ocuparon con mayor presión, en un contexto en el que los frentes VI y VII ya venían incrementando la exigencia sobre los cabildos para respaldar la Unión Patriótica. En la segunda mitad de los años ochenta aumentaron las tensiones entre las FARC y las autoridades indígenas, tensiones que desembocarían en episodios posteriores de asesinato de comuneros y de disputa por el control de los espacios de justicia propia. Tacueyó no inauguró esas tensiones —el conflicto por el gobierno territorial venía de antes— pero contribuyó a saturar aún más una región que ya vivía bajo asedio cruzado.

La segunda consecuencia se proyectó sobre la propia noción de insurgencia. Hasta 1985, la deslegitimación de las guerrillas colombianas provenía sobre todo de fuentes externas: la opinión pública urbana, el discurso oficial, los medios. Tacueyó introdujo una crítica que era imposible atribuir al enemigo. El propio movimiento armado había practicado sobre sí mismo una violencia que se parecía, en su mecánica, a las peores prácticas que denunciaba en el aparato estatal: tortura prolongada, desaparición, ejecución sin proceso. El ¡Basta ya! del Centro Nacional de Memoria Histórica lo incluye entre los casos emblemáticos de la degradación de la guerra por esa razón: porque cristaliza el momento en que la violencia deja de tener una dirección exclusivamente adversarial y se vuelve productiva de sus propias víctimas dentro del bando que la ejerce.

Esa dimensión importa para el período que se abriría a partir de 1986. La combinación de la toma del Palacio de Justicia, el exterminio en curso de la Unión Patriótica, la irrupción del narcotráfico como financiador y contraparte del conflicto, y las purgas internas como la de Tacueyó dibujó el escenario en que la apertura política de finales de la década —la Constituyente de 1991, las desmovilizaciones del M-19, el EPL, el Quintín Lame y el PRT— tendría que discutirse. La insurgencia llegó a ese momento con un pasivo simbólico enorme, y Tacueyó formaba parte de él, aunque el grupo responsable ya no existiera.

Por qué Tacueyó todavía importa

La historiografía sobre el conflicto colombiano ha tardado en integrar Tacueyó en su relato central. Durante mucho tiempo el episodio circuló como anécdota extrema o como pieza del anecdotario oscuro de la guerra, más cerca de la crónica periodística que del análisis. La incorporación al informe ¡Basta ya!, a los volúmenes territoriales y al capítulo de violaciones de la Comisión de la Verdad, así como a los trabajos académicos sobre el Frente Ricardo Franco —el más sistemático es la tesis de Angélica Cruz presentada en la Universidad Nacional de Colombia— ha empezado a corregir esa marginalidad.

Lo que Tacueyó documenta, con una crudeza que otros episodios rehúyen, es una dimensión de la violencia insurgente colombiana que las propias organizaciones armadas tuvieron dificultades para tematizar: la violencia hacia adentro, ejercida sobre los propios combatientes, en nombre de la disciplina revolucionaria y del cuidado frente a la infiltración. Esa violencia no fue exclusiva del Ricardo Franco. Hubo purgas y ejecuciones internas en las FARC-EP, en el ELN y en el EPL a lo largo de todo el conflicto. Tacueyó representó, sin embargo, el punto en que esas prácticas alcanzaron una escala que ninguna otra organización igualó y que el propio bando insurgente, a través de la CNG, se vio obligado a reprobar públicamente.

Importa también porque revela un rasgo estructural de la cultura política del leninismo militar en su versión colombiana: la sospecha permanente sobre el compañero, formalizada como principio de higiene revolucionaria, se vuelve incontrolable cuando falta cualquier instancia de verificación independiente y cuando el mando reposa en una sola cabeza. Delgado no inventó esa cultura; la heredó de las FARC-EP, la radicalizó en su versión disidente y la desplegó en un territorio donde no tenía retaguardia propia ni base social capaz de contenerlo. El resultado fue una organización que se destruyó a sí misma antes de que el Estado, las guerrillas rivales o las comunidades pudieran hacerlo.

Y, por último, importa porque el norte del Cauca, escenario de la masacre, siguió siendo durante las tres décadas siguientes uno de los territorios más golpeados del país, atravesado por sucesivos ciclos de violencia armada, disputa por la tierra y militarización de la política. Cuando en 2016 los Acuerdos de La Habana pusieron formalmente fin al conflicto con las FARC —el mismo grupo del que Delgado se había desprendido treinta y cuatro años antes—, el norte del Cauca volvió a ser una de las regiones donde la implementación se tropezó con mayor resistencia y donde las disidencias posteriores encontraron condiciones para reinstalarse. Tacueyó no explica ese ciclo largo, pero es una de sus piedras marcadoras: el punto en que una guerrilla, en tierra que no era suya, se aniquiló buscando enemigos dentro de sí misma, y en que la insurgencia colombiana descubrió, por su propia mano, que la sospecha revolucionaria podía consumir todo lo que tocaba.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

18 documentos · 29 fragmentos
01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1231 cita
[1]es contra las instituciones». 397 Medina, «FARC y ELN», 379. 398 Informe allegado a la Comisión de la Verdad en el marco del convenio número 002 del 2019, «Manual de instrucciones de Inteligencia MINI». 399 Ibíd. 400 Ibíd. 124 fiflćflTh fl. fifl Poco tiempo después, en mayo de 1982, se desarrolló la Séptima…p. 123
02Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 482, 917, 9213 citas
[2]actividades financieras y logísticas urbanas — secuestros, en particular—, en las que dio buenos resultados. Como quedó señalado en páginas anteriores, Ricardo Franco era el seudónimo del jefe de IV Frente que operaba en la región del Magdalena Medio y murió en 1979; utilizar el nombre de Ricardo Franco por parte de…p. 482
[16]particular el acápite 1 del capítulo 2, “El plan estratégico de las FARC y el surgimiento de una disidencia”; Aquel 19 será de Darío Villamizar; Actores en conflicto por la paz de Socorro Ramírez y Luis Alberto Restrepo; Las verdaderas intenciones de las FARC del Observatorio para la Paz; El orden de la guerra de Juan…p. 921
[21]historia política 1958-2006”, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Historia, s/f, p. 96. 455 FARC, Cartilla ideológica, 1980, http://www.farc-ep.co/pdf/Cartilla-ideologica.pdf 456 Considerados como desertores, Naím Piñeros fue muerto poco tiempo después por las FARC. 457…p. 917
03Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 95, 1042 citas
[3]guerrilleros en las ciudades a llevar la guerra a las ciudades. Así se lo explicó a la Comisión un excombatiente de las FARC-EP que lideró la Red Urbana en Medellín y el posterior Frente Urbano Jacobo Arenas (Furja): «La Séptima Conferencia, que es vital en la conformación de FARC porque ahí es donde aparece el…p. 95
[12]a hacer alian- zas con bandidos y la que... eh... terminó haciéndole más daño fue la alianza con el Ricardo Franco, […] que era una disidencia de las FARC supuestamente, […] que se les traen una plata inclusive a las FARC, de sus secuestros y todo ese cuento, de sus acciones militares que hacían e impregnan ese…p. 104
04Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 501 cita
[4]de Restitución de Tierras: En esta se crea definitivamente el Ejército del Pueblo (FARC-EP), se da un giro a la estrategia militar y se aprueba un plan denominado Campaña Bolivariana por la Nueva Colombia, que explica, en gran medida, la ex- pansión de este grupo armado en el departamento alrededor de la capital, pues…p. 50
05Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1031 cita
[5]historiadores y analistas del fenómeno guerrillero en Colombia. Lo cierto es que, más allá de si el nacimiento de las FARC estaba o no inscrito en la lógica del desarrollo histórico. El PCC y el cerco militar contra Marquetalia le sirvió a la incipiente organización guerrillera para crear un poderoso mito fundacional.…p. 103
06No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2191 cita
[6]logrado tomas de pueblos grandes y atacar batallones del Ejército» 643. Las FARC-EP se vincularon al proceso de unidad una vez se rompió la tregua, cuando además ya había sido expulsado el Frente Ricardo Franco, que era una disi- dencia suya encabezada por Javier Delgado. Este era un militante urbano que en 1982 se…p. 219
07Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 115, 1612 citas
[7]existir tras ser acusadas de despilfarrar los recursos asignados. Entre dichos intentos de urbanizar la guerrilla se incluía el de 1970, protagonizado por Jaime Bateman, que fue expulsado a solicitud del Partido Comunista, precisamente cuando la organización urbana comenzaba a adquirir cierto desarrollo. 11 Javier…p. 115
[8]el Partido Comunista y el Secretariado de las farc. Ese conflicto contribuyó a que el depar- tamento se volviera un destacado escenario de la confrontación: se crearon aparatos de autodefensa de las comunidades y el Mo- vimiento Armado Quintín Lame, que operó entre 1984 y 1991; asimismo, otras guerrillas intentaron…p. 161
08Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 26, 238, 2413 citas
[9]toma, luego de tres horas de combates, quedaron al lado de los muros agujereados del cuartel de la Policía unas borrosas cuar- tillas que llevaban por encabezamiento “COMANDO QUINTÍN LAME. POR LA DEFENSA DE LOS DERECHOS INDÍGENAS”, en las cuales se anunciaba el surgimiento de un nuevo grupo in- surgente 4. 4 La toma…p. 26
[13]de Paz y guerrillas pactaron seguridad para jueces caucanos. El Liberal (Marzo 23, 1985). 241 Los costos de la guerra las expectati vas de paz que generaban los procesos de desmovili - zación y tregua, pactados entre el Gobierno y las agrupaciones guerri lleras con más presencia en el sur del país: las FARC y el M-19.…p. 241
[19]en escenarios de guerra y de haber adoptado las mismas actitudes militaris tas que recha zaba en sus oponentes políti cos. Estos sectores, inicialmente circunscritos a la comunidad Guambiana y a sus voceros de AISO, criticaron abierta mente al Quintín por haber se converti do en un aparato de guerra, y por lo tanto,…p. 238
09Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 951 cita
[10]Patriótica en un acto público realizado en el mes de Agosto en Popayán. Paralelamente, el ELN que no participa de los procesos de negociación con el gobierno, consolida su presencia en el sur del departamento. A esta situación se agrega, la presencia de gru- pos armados en pleno auge como el Quintín Lame y el Frente…p. 95
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 82, 882 citas
[11]dado su objetivo de continuar con la toma del poder delineada en la Séptima Conferencia (mayo de 1982) y las rencillas que tenían con el CRF. 178 Informe 651-CI-01452. Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), «Entonces, ¡hablamos! Afectaciones del conflicto político armado a los pueblos indígenas que conforman el…p. 88
[20]población por parte de los grupos armados. Es así que las tensiones, tanto con la fuerza pública como con grupos armados como las 154 Entrevista 230-VI-00027. Víctima, campesino, Pradera. 155 «Elenos» era una denominación habitual empleada para referirse a los miembros del ELN. 156 Entrevista 112-VI-00029. Hombre,…p. 82
11Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 311, 5992 citas
[14]«purgas internas». Así mismo, se utilizó contra la población civil para castigar a personas secuestradas e intimidar y coaccionar a sus familiares o como castigo por determinadas conductas. Igualmente, los grupos guerrilleros cometieron tratos crueles, inhumanos y degra- dantes para castigar a la población civil e…p. 311
[17]infiltrado, el informe señala: El suboficial que las Fuerzas Militares mantenían encubierto dentro del Ricardo Franco logró pasar, sin ser descubierto, información para que cayeran caletas y también para que capturaran a varios milicianos que eran llevados hasta la Tercera Brigada para ser judicializados 1919. Una…p. 599
12Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 471 cita
[15]si los hubiera poseído el mismísimo demonio, o hubieran sido atacados por una esquizofrenia inexplicable, Fedor Rey y Pizarro Leongómez arrancaron esta orgía de sangre. Noche tras noche, pequeños grupos de sus propios hombres, algunos de ellos niños de apenas 14 o 15 años que ni siquiera acababan de entender su…p. 47
13Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1361 cita
[18]Dirigentes populares 15 Dirigentes sindicales 16 Inspectores de policía 7 Militantes y activistas 13 Otros candidatos 1 Otros funcionarios del Estado 4 Congresistas 2 Periodistas 1 Total 200 F UENTE: Elaboración propia con base en Presidencia de la República de Colombia. Sala de Estrategia Nacional, (2001). Violencia…p. 136
14Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 511 cita
[22]de salud. 53 1MKYIPäRKIP(¿E^]*EYWXMRS0ºTI^)PTEVEQMPMXEVMWQSIREGGMºR Un segundo paso sería dado el 19 de noviembre de 1982, con la expedición de la Ley No. 35 de 1982, que otorgaba una amnistía por delitos políticos 82 y fue aprobada por el Congreso a iniciati- va del Poder Ejecutivo. Con ello, como lo señaló Alfredo…p. 51
15Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 42 citas
[23]la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…p. 4
[24]la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…p. 4
16Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 31, 382 citas
[25]MIR Patria Libre, el Frente Ricardo Franco y el Comando Quintín Lame 64. 60 La última charla con John Agudelo Ríos, presidencia de la República, Oficina del Alto Comisionado para la Paz, Bogotá, 2005, página16. 61 Ídem, página19. 62 Ídem, página 23. 63 Ídem, página 26. 64 Villamizar, Darío, Un Adiós a la Guerra,…p. 38
[26]una «campaña terrorista en el conjunto del territorio nacional». Los procesos de paz 1982-2014 32 las Fuerzas Armadas así como debatir en el Congreso las posibilidades de la paz; convocar a todos los partidos, hacer efectivas las garantías y posibilitar el retorno de los campesinos desplazados 46. El presidente…p. 31
17Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1982 citas
[27]la fuer- za armada de las FARC no tenía más de mil hombres. Sin embargo, gracias a la iniciativa de paz de Belisario Betancur, las FARC crecieron prácticamente sin impedimento durante cuatro años, hasta triplicar su tamaño para 1986, cuando llegó a tener 3600 combatientes. 43 Rodear y tomarse a Bogotá era parte del…p. 198
[28]la fuer- za armada de las FARC no tenía más de mil hombres. Sin embargo, gracias a la iniciativa de paz de Belisario Betancur, las FARC crecieron prácticamente sin impedimento durante cuatro años, hasta triplicar su tamaño para 1986, cuando llegó a tener 3600 combatientes. 43 Rodear y tomarse a Bogotá era parte del…p. 198
18Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 4721 cita
[29]of principle, the adversaries were led to using complex strategies. The Strategies of the Protagonists The unconditional amnesty and the opening of negotiations took place in 1982. The cease-fire did not come about until 1984. In the meantime, military operations were even more extensive than before 1982. M-19 was the…p. 472