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Idea · Crisis y narcotráfico

Guerrilla urbana

Modalidad específica de lucha armada que trasladó el conflicto político al escenario de las ciudades colombianas entre mediados de los años setenta y finales de los noventa, con el M-19 como expresión paradigmática y las milicias del ELN y las FARC-EP como continuación en las periferias.

3.759 palabras50 documentos64 fragmentos citados
Guerrilla urbana

Trayectoria de una idea

  1. 1970

    Fraude electoral del 19 de abril: detonante fundacional

  2. 1974

    Robo de la espada de Simón Bolívar: primer acto público del M-19

  3. 1978

    Operación Ballena Azul: robo de armas del Cantón Norte

  4. 1978

    Estatuto de Seguridad: represión institucionalizada

  5. 1980

    Toma de la Embajada Dominicana: la operación más comentada

  6. 1985

    Toma del Palacio de Justicia: el episodio más trágico

  7. 1990

    Desmovilización del M-19: fin de la guerrilla urbana clásica

  8. 1993

    Milicias urbanas en Medellín: la guerrilla urbana de las comunas

03

La lectura

La guerrilla urbana colombiana no fue una simple extensión de la insurgencia rural hacia las ciudades, sino un proyecto político con identidad propia: privilegió la acción simbólica y mediática sobre la resistencia territorial, construyó su base social en las clases medias e intelectuales urbanas, y articuló un discurso de nacionalismo bolivariano que la distinguía radicalmente del marxismo-leninismo ortodoxo de las FARC y el ELN. Su ciclo clásico, protagonizado por el M-19 entre 1974 y 1990, produjo episodios que definieron el imaginario político de una generación —el robo de la espada de Bolívar, la toma de la Embajada Dominicana, el asalto al Palacio de Justicia— y demostró que la ciudad podía ser un escenario de disputa política tan eficaz como el monte. La represión que le opuso el Estado, codificada en el Estatuto de Seguridad de 1978, desbordó a la propia guerrilla y alcanzó a sindicalistas, estudiantes y activistas, confirmando paradójicamente el relato insurgente sobre la ilegitimidad del orden establecido. Tras la desmovilización del M-19 en 1990, la guerrilla urbana mutó hacia una forma más opaca y violenta: las milicias barriales del ELN y las FARC-EP en las periferias de Medellín, Barrancabermeja y Cali, donde la política y la economía criminal se volvieron indistinguibles y el horizonte simbólico de la primera guerrilla urbana quedó irreconocible.

La guerrilla urbana en Colombia

La guerrilla urbana en Colombia fue una modalidad específica de lucha armada que trasladó el conflicto político al escenario de las ciudades entre mediados de los años setenta y finales de los noventa. No se trató de un simple desplazamiento geográfico de la insurgencia rural hacia el asfalto, sino de un proyecto autónomo con matriz ideológica propia, base social distinta y un repertorio de acción que privilegiaba lo simbólico y lo mediático sobre la resistencia territorial. Su expresión paradigmática fue el Movimiento 19 de Abril, el M-19, que entre 1974 y 1990 convirtió a Bogotá en teatro político y transformó operaciones como el robo de la espada de Simón Bolívar, la toma de la Embajada de la República Dominicana o el asalto al Palacio de Justicia en episodios que definieron el imaginario político de una generación. Más tarde, durante la crisis del narcotráfico y la apertura democrática de los años ochenta y noventa, el ELN y las FARC-EP intentaron su propia versión de la lucha urbana mediante milicias barriales en Medellín, Barrancabermeja y Cali, con resultados muy distintos: donde el M-19 encontró clase media e intelectuales, ellos hallaron periferias marcadas por la economía criminal y organizaciones híbridas donde la política y el delito ya eran indistinguibles.

La modalidad y su matriz ideológica

La guerrilla urbana colombiana se distinguió de sus contemporáneas rurales —las FARC, el ELN, el EPL— por tres rasgos combinados: escenario, base social e ideología. El escenario era la ciudad, entendida no como retaguardia sino como frente principal; la base social eran universitarios, hijos de familias de élite militar, sindicalistas, activistas anapistas y clases medias profesionales, en contraste con el origen predominantemente campesino de las FARC; y la ideología era una amalgama de nacionalismo bolivariano y vocación democrática que se distanciaba deliberadamente del marxismo-leninismo ortodoxo que reivindicaban las guerrillas fundadas en los sesenta.

Los estatutos del M-19 se autodefinían como "organización político-militar, patriótica, antioligárquica, antiimperialista". La fórmula era estudiada: articulaba un horizonte socialista pero anteponía la liberación nacional a la lucha de clases, y utilizaba un lenguaje legible para simpatizantes que jamás habrían leído a Lenin. Ese tono, más socialdemócrata que revolucionario clásico, permitió que el M-19 se convirtiera, entre mediados de los setenta y mediados de los ochenta, en el proyecto armado que más apoyo generó en sectores medios e intelectuales colombianos.

La ciudad, en ese esquema, no era el lugar donde se recogían los frutos de una lucha ganada en el monte, sino el espacio donde la política se disputaba a la vista de todos. De ahí el peso que la organización otorgaba a la acción simbólica y a la publicidad. Cada operación estaba concebida para ser noticia, para producir imagen, para instalar una consigna. El primer acto público conocido del M-19 —el robo de la espada de Simón Bolívar en enero de 1974— estuvo precedido por una campaña publicitaria enigmática en medios de comunicación, única en la historia nacional: avisos crípticos que anunciaban algo sin decir qué, hasta que la sustracción del arma del Libertador en la Quinta de Bolívar reveló el sentido de todo. La promesa fue devolverla cuando regresara la democracia real, gesto que apropiaba el símbolo patriótico central del país y lo ponía al servicio de una acusación política: la de que la República se había extraviado.

Los orígenes: fraude, ruptura y modelo continental

El nombre lo dice todo. Movimiento 19 de Abril alude a la fecha de las elecciones presidenciales de 1970, en las que la Alianza Nacional Popular —ANAPO— presentó a Gustavo Rojas Pinilla como candidato contra la fórmula del Frente Nacional. Los resultados de la jornada apuntaban al triunfo del general, pero la noche electoral se enturbió: el presidente saliente Carlos Lleras Restrepo suspendió la difusión de datos parciales y al día siguiente se proclamó ganador al candidato oficialista Misael Pastrana Borrero, en circunstancias que amplios sectores del país calificaron de fraude. Para una generación de jóvenes anapistas de clase media, esa noche cerró la puerta de la vía electoral con violencia.

La convicción de que la democracia colombiana era una ficción no era enteramente nueva. Ya circulaba entre partidarios de la lucha armada desde comienzos de los sesenta, cuando nacieron las FARC y el ELN. Pero el fraude de 1970 la reforzó dentro de un sector inédito: no ya campesinos radicalizados ni estudiantes marxistas, sino votantes urbanos moderados que se sintieron estafados. Entre 1970 y 1978, casi todos los grupos de izquierda distintos del Partido Comunista promovieron campañas de abstención con consignas como "No vote", "Abstención revolucionaria" y "El poder sale del fusil". Sobre ese suelo germinó el M-19.

Los fundadores llegaron por dos caminos. De un lado, jóvenes provenientes del ala socialista de la ANAPO, exasperados por el fraude y convencidos de que las urnas ya no ofrecían escape. Del otro, un puñado de excombatientes de las FARC —Jaime Bateman Cayón, Ariel Otero, Álvaro Fayad, Iván Marino Ospina— que dejaron esa organización, o fueron expulsados de ella, en un contexto de crisis interna y de búsqueda de una alternativa revolucionaria más dinámica y urbana. La ruptura con las FARC y con el Partido Comunista se debió a la frustración con una estrategia política que consideraban vaga e inoperante: los futuros fundadores del M-19 querían una lucha armada de carácter inmediato, con impacto visible, no la paciencia rural de largo aliento.

Esa fusión —anapistas defraudados más exguerrilleros impacientes— se produjo bajo la influencia decisiva de los Tupamaros uruguayos. Cuatro tupamaros estuvieron presentes en los primeros días de la organización y aportaron saberes de guerrilla urbana: la lógica de la operación de comando, el uso del secuestro político, la construcción del acto espectacular. La comparación con los Montoneros argentinos fue también inevitable. Las tres organizaciones —Tupamaros, Montoneros, M-19— compartían la apuesta por convertir a la ciudad en escenario, aunque el M-19 sobrevivió mucho más tiempo que sus modelos, quizá porque las dictaduras del Cono Sur —Chile en 1973, Uruguay el 27 de junio de 1973, Argentina el 24 de marzo de 1976— aplicaron con brutalidad la Doctrina de Seguridad Nacional y aniquilaron a sus adversarios armados, mientras que en Colombia la respuesta estatal fue severa pero se dio dentro de un régimen civil que preservaba, formalmente, las reglas del juego electoral.

Trayectoria: los hitos que definieron un método

La trayectoria del M-19 puede leerse como una escalada de operaciones cada vez más ambiciosas, orientadas todas a convertir la lucha armada en gesto público.

El robo de la espada de Bolívar, en enero de 1974, fue el prólogo. Pequeño en términos militares —una sustracción sin víctimas de un objeto ceremonial—, fue enorme en términos simbólicos. Instaló al M-19 en la conversación nacional antes incluso de que se supiera con precisión qué era.

La Operación Ballena Azul, en la noche del 31 de diciembre de 1978, marcó un salto cualitativo. Mediante un túnel construido bajo el complejo militar del Cantón Norte en Bogotá, el grupo sustrajo más de cinco mil armas del Ejército colombiano. La operación fue una humillación militar sin precedentes y una demostración pública de capacidad. El costo, sin embargo, fue enorme: la respuesta del Ejército consistió en la detención y tortura de numerosos militantes, y el M-19 estuvo al borde de la extinción por haber subestimado al enemigo.

De ese golpe la organización se levantó con la toma de la Embajada de la República Dominicana el 27 de febrero de 1980. Un comando dirigido por Rosemberg Pabón, y concebido por Luis Otero —antropólogo y miembro fundador—, irrumpió durante una recepción diplomática y retuvo como rehenes a entre catorce y dieciséis embajadores, incluidos los de Estados Unidos y el Vaticano. Durante los aproximadamente 61 días que duró la ocupación, Jaime Bateman envió al comando un mensaje en el que reconocía que la operación había superado todo lo esperado y que Pabón tenía el mando de la situación. La toma concluyó con una negociación que permitió al comando viajar a Cuba junto con los rehenes, a cambio de un rescate cuyo monto se situó entre uno y varios millones de dólares. Fue la operación de guerrilla urbana más comentada de la historia colombiana.

Los años siguientes trajeron un ensayo de negociación. En agosto de 1984, el M-19 firmó con el presidente Belisario Betancur los Acuerdos de Corinto, que incluían tregua y cese bilateral del fuego. La tregua se rompió en junio de 1985. Cinco meses después llegaría el episodio más trágico y más ambiguo del ciclo urbano de la guerrilla colombiana: la toma del Palacio de Justicia. El 6 de noviembre de 1985, un comando del M-19 asaltó la sede de la Corte Suprema en Bogotá. La Fuerza Pública contaba con información previa de inteligencia sobre los planes del grupo, no informó al Gobierno de ello y, aunque tomó alguna determinación para prepararse, no logró evitar el ingreso guerrillero. La retoma militar dejó decenas de muertos, entre ellos magistrados de la Corte y guerrilleros como Andrés Almarales y Luis Otero, y abrió una herida institucional que el país aún litiga.

Después vinieron los años de repliegue y de nueva negociación. El grupo, severamente hostigado en los núcleos urbanos, se retiró a emplazamientos en el suroccidente —Caquetá, Huila y Cauca— y desde allí exploró la salida política. Entre mayo y julio de 1988 secuestró al dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado; ese episodio, paradójicamente, puso al gobierno en el camino de la mesa. El 2 de abril de 1988 el M-19 declaró un cese unilateral del fuego que preparó el terreno; las negociaciones formales con el gobierno de Virgilio Barco comenzaron en enero de 1989. El 9 de marzo de 1990, en Santo Domingo, Cauca, cerca de novecientos guerrilleros bajo el mando de Carlos Pizarro Leongómez depusieron las armas. Casi diecisiete años de lucha armada terminaron en un acto público filmado.

La respuesta del Estado: el Estatuto de Seguridad

Ninguna historia de la guerrilla urbana puede contarse sin la historia paralela de la represión que la persiguió. El Estatuto de Seguridad, promulgado mediante el Decreto 1923 de 1978 durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala, fue el instrumento con el que el Estado colombiano intentó modelar la sociedad según los principios de la Doctrina de Seguridad Nacional. El presidente López Michelsen había rechazado la iniciativa cuando le fue propuesta; Turbay la impuso al asumir el gobierno.

El Estatuto amplió las prerrogativas de los organismos de seguridad para detener sin orden judicial, institucionalizó la tortura y legitimó operaciones contrainsurgentes que se desbordaron rápidamente sobre sectores sociales mucho más amplios que la propia guerrilla. Las cifras varían: 16.000 detenidos por razones políticas durante su vigencia, más de 5.000 solo en Bogotá torturados por militares. Los blancos fueron líderes sindicales, activistas sociales, dirigentes estudiantiles y campesinos de izquierda; el "enemigo interno" que la doctrina construía era una categoría elástica que servía para casi cualquier disidencia.

El diseño legal no comenzó en 1978. El Decreto 2578 de 1976 ya facultaba a mayores del ejército e inspectores de policía para sancionar a personas "potencialmente criminales", y el Decreto 0070 de enero de 1978 concedía inmunidad criminal especial a policías y militares por homicidios cometidos en operaciones contra secuestros, extorsiones o narcotráfico. Desde comienzos de la década ya se documentaban en zonas como Cimitarra, en Santander, detenciones arbitrarias acompañadas de torturas, con la peculiaridad de que a los liberados se les imponía un carné de tránsito libre.

La reacción del Ejército tras la Operación Ballena Azul y tras la toma de la Embajada Dominicana ilustra la lógica del Estatuto: centenares de militantes detenidos, sometidos a torturas y a medios ilegales. El efecto fue doble. De un lado, deslegitimó la lucha contrainsurgente y motivó la organización civil de defensa de los derechos humanos. Del otro, contribuyó paradójicamente a aumentar la credibilidad de los grupos guerrilleros entre los sectores sociales que eran blanco de esa represión. Cuando el Estado trata como enemigo a un sindicalista o a un estudiante que no ha tomado un arma, le confirma al guerrillero su relato: que la democracia es una ficción y que no hay más camino que el fusil.

La mutación de los noventa: milicias, comunas y organizaciones híbridas

La desmovilización del M-19 en 1990 no cerró el capítulo de la guerrilla urbana. Lo abrió, en realidad, en una forma distinta y menos coherente. En la segunda mitad de los ochenta y a lo largo de los noventa, el ELN primero y las FARC-EP después decidieron penetrar las ciudades mediante estructuras milicianas asentadas en las periferias. Fue una guerrilla urbana muy distinta a la del M-19: sin retórica bolivariana, sin operaciones espectaculares dirigidas a la prensa nacional, sin base de clase media. Su terreno fueron las comunas, los barrios de invasión, las laderas.

Medellín fue el laboratorio principal. Las Milicias Populares del Pueblo y para el Pueblo, y las Milicias Populares del Valle de Aburrá, tuvieron su origen con impulso del ELN, aunque con el tiempo se distanciaron de ese tronco. La estrategia miliciana consistió en penetrar zonas periféricas y de ladera —los barrios nororientales fueron el principal escenario de violencia— generando primero terror y negociando después con las pandillas locales para incorporarlas a sus filas. Las milicias obtuvieron legitimidad inicial en barrios marginados al resolver problemas de seguridad cotidiana que el Estado y la Policía no atendían: expulsaban o sancionaban a consumidores de droga y a pequeños delincuentes, imponían patrullajes, restringían horarios, arbitraban en conflictos vecinales. Pero esa "justicia" venía con precio: control violento de la población y sometimiento a una autoridad armada cuya legitimidad dependía del uso continuo de la fuerza.

El 26 de mayo de 1994, en la cancha deportiva de la Comuna 1, seiscientos cincuenta integrantes de las Milicias Populares del Pueblo y para el Pueblo y de las Milicias Populares del Valle de Aburrá se desmovilizaron colectivamente. Fue el primer intento de encauzar el fenómeno miliciano por la vía política. No incluyó, sin embargo, a las milicias que operaban en la Comuna 13 —las Milicias América Libre y las Milicias de Occidente—, cuyos integrantes se dividieron: unos pasaron al ELN, otros a los Comandos Armados del Pueblo. Sobre la Comuna 13 esas agrupaciones establecieron una hegemonía casi absoluta hasta finales de los años noventa.

Jorge Giraldo ha calificado a estas milicias populares de Medellín como "organizaciones híbridas": en ellas se conjugan narrativas y prácticas criminales y políticas, y por eso no son propiamente guerrillas ni son propiamente bandas. Tras la muerte de Pablo Escobar en diciembre de 1993, la fragmentación se aceleró. Muchas milicias derivaron progresivamente hacia grupos criminales violentos, lo que facilitó la penetración paramilitar en los barrios periféricos. Individuos que habían pasado por bandas ingresaron después a milicias y terminaron, años más tarde, en estructuras paramilitares. Esa circulación entre banda, milicia y paramilitar sugiere algo incómodo: que la línea entre lo político y lo criminal en las periferias urbanas nunca fue tan nítida como el vocabulario académico pretende.

Barrancabermeja ofreció otro laboratorio, más marcadamente insurgente. En 1991, el ELN formó allí el Frente Urbano Resistencia Yariguíes (FURY) e inició su actividad armada en el puerto petrolero. Hasta 1998, el FURY fue el grupo guerrillero con mayor arraigo entre los pobladores. En la década operaban simultáneamente el FURY, unidades del Frente Capitán Parmenio del ELN, unidades del Bloque del Magdalena Medio de las FARC y reductos del Frente Ramón Gilberto Barbosa del EPL. Que en una sola ciudad convivieran cuatro estructuras insurgentes distintas indica hasta qué punto Barrancabermeja se había convertido en una ciudad en disputa, tejida por corredores urbano-rurales que conectaban la periferia con el Magdalena Medio.

En Cali, las FARC-EP tuvieron presencia en Aguablanca y en las comunas 18 y 20 —actividades de propaganda, pintas y presencia barrial—, y el M-19 dejó huella en barrios populares donde milicianos ejercieron control social, redujeron robos y resolvieron conflictos vecinales. En Bogotá, en cambio, la penetración miliciana fue mucho menor. La base de datos del CINEP sobre "matanza social" urbana en la capital muestra que de 3.696 casos, solo 59 se atribuyen a guerrilla —apenas un 2%— y solo cuatro ocurrieron en la ciudad. Bogotá había sido el gran escenario simbólico del M-19, pero no fue nunca terreno miliciano en el sentido en que lo fueron Medellín o Barrancabermeja.

La red: personas, ideas, geografías

La geografía de la guerrilla urbana colombiana dibuja un mapa preciso. Bogotá fue el escenario del M-19: la Quinta de Bolívar, el Cantón Norte, la Embajada Dominicana, el Palacio de Justicia. Toda operación pensada para producir noticia nacional necesitaba, entonces como ahora, ocurrir en la capital. Medellín fue el escenario de la mutación miliciana: la Comuna 1 con su desmovilización de 1994, la Comuna 13 con su hegemonía miliciana hasta finales de los noventa. Barrancabermeja fue la ciudad guerrillera por excelencia del ELN. Cali fue el terreno donde el M-19 y las FARC ensayaron presencia barrial. Y Yumbo, la Comuna 13 y Aguablanca completan un rosario de periferias donde la guerra tuvo forma urbana.

Las personas que animaron ese proyecto fueron figuras muy distintas entre sí. Jaime Bateman Cayón, el fundador principal del M-19, encarnó un estilo de conducción marcado por la cercanía con la prensa, el humor y la política mediática; su liderazgo definió el tono simbólico del grupo. Álvaro Fayad y Iván Marino Ospina, también fundadores procedentes de las FARC, aportaron formación militar. Luis Otero, antropólogo, concibió la toma de la Embajada Dominicana y murió en el Palacio de Justicia. Andrés Almarales murió también en el Palacio. Carlos Pizarro Leongómez condujo la desmovilización de 1990 y fue asesinado en abril de ese mismo año por un sicario del paramilitarismo mientras era candidato presidencial. Antonio Navarro Wolff encarnó la transición del fusil a la política institucional.

Frente a ellos, del lado insurgente rural que también intentó lo urbano, están Fabio Vásquez Castaño y Manuel Pérez Martínez, del ELN, cuya organización terminaría formando el FURY en Barrancabermeja y las milicias iniciales en Medellín. En el otro extremo del espectro, Pablo Escobar y Carlos Castaño Gil representan las fuerzas —narcotráfico y paramilitarismo— que a lo largo de los ochenta y noventa se disputaron con las milicias el control de las periferias urbanas y terminaron, en Medellín, por absorberlas o desplazarlas. Álvaro Gómez Hurtado, secuestrado en 1988, fue paradójicamente uno de los actores que facilitó la salida negociada del M-19. Virgilio Barco y César Gaviria, los presidentes de la desmovilización y la Constituyente, cerraron el ciclo del M-19 y abrieron el de las guerrillas remanentes.

Las ideas que animaron esa red fueron menos coherentes de lo que se suele suponer. El nacionalismo bolivariano del M-19 no era el marxismo-leninismo del ELN, y ninguno de los dos coincidía plenamente con el foquismo cubano ni con el maoísmo del EPL. Los Tupamaros aportaron técnica; los Montoneros, comparación mediática. La circulación de tácticas fue continua: el propio ELN justificó en algún momento el uso del secuestro con fines económicos apelando a que dicha práctica ya era usada por otras organizaciones revolucionarias en Venezuela, Guatemala y Argentina. Pero cada organización local le puso su marca. El M-19 puso teatro; el ELN puso frentes urbanos; las FARC pusieron corredores.

La huella: Constitución, milicias, memoria

La desmovilización del M-19 el 9 de marzo de 1990 abrió el momento político más productivo de la guerrilla urbana colombiana. La perspectiva de participar en una Asamblea Nacional Constituyente —convocada inicialmente por la ciudadanía mediante la Séptima Papeleta y formalizada por decretos de Estado de Sitio de Barco y Gaviria— se convirtió en el gran incentivo para nuevas desmovilizaciones: durante 1990 y 1991 dejaron las armas el EPL, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y el Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL); más tarde lo haría la Corriente de Renovación Socialista.

La Alianza Democrática M-19 obtuvo aproximadamente un tercio de la votación en los comicios para la Constituyente. Antonio Navarro Wolff copresidió la Asamblea y luego ocupó cargos de ministro, congresista, alcalde y gobernador. La Constitución de 1991 creó una Corte Constitucional, una Defensoría del Pueblo, mecanismos como la acción de tutela, una descentralización administrativa ampliada y nuevos controles políticos. Muchos de esos rasgos no responden a la agenda directa del M-19, pero se hicieron posibles en un proceso constituyente que sin la desmovilización del grupo probablemente no habría existido, o habría tenido otra forma. En ese sentido, el M-19 obtuvo lo que ninguna guerrilla colombiana rural consiguió: traducir la presión armada en capital político institucional.

El logro fue caro. Carlos Pizarro fue asesinado semanas después del acuerdo. Militantes reintegrados de varios grupos guerrilleros firmantes fueron perseguidos. Y, sobre todo, las FARC y el ELN no se sumaron al proceso: un bombardeo militar a Casa Verde, en La Uribe, Meta —sede histórica de las FARC—, contribuyó a alejarlas del camino constituyente. Mientras el M-19 se convertía en fuerza parlamentaria, las FARC iniciaban la expansión que las llevaría a su mayor poderío militar durante la década siguiente, y el ELN consolidaba su presencia en Barrancabermeja y en Medellín.

La huella miliciana ha sido más ambigua y más persistente. La desmovilización de 1994 en la Comuna 1 de Medellín no cerró el ciclo: la Comuna 13 siguió bajo hegemonía miliciana hasta finales de los noventa, cuando las grandes operaciones militares del Estado a comienzos de los 2000 —incluida la Operación Orión de octubre de 2002— desmantelaron o transformaron esas estructuras, muchas de las cuales fueron absorbidas por bloques paramilitares o derivaron en bandas criminales urbanas. Barrancabermeja vivió una transición similar. En ambas ciudades, la línea de continuidad entre las milicias urbanas de los noventa, las bandas criminales de los 2000 y las estructuras de control territorial actuales es más nítida de lo que la memoria oficial admite.

Del ciclo entero queda una lección incómoda. La guerrilla urbana no fue una versión desplazada de la guerrilla rural, sino una modalidad con reglas propias, que en su momento fundacional —el M-19— produjo el proyecto insurgente más creativo y más políticamente productivo del país, y que en su momento periférico —las milicias de los noventa— reveló hasta qué punto la inserción armada en las ciudades colombianas dependía, para sobrevivir, de mezclarse con las economías y las estructuras de poder local que ya operaban en esos territorios. El M-19 entró en la ciudad para hablarle al país; el ELN y las FARC entraron para controlar comunas. Los dos proyectos merecen el nombre de guerrilla urbana, pero significan cosas muy distintas. Entre uno y otro se juega buena parte de la historia política colombiana de las últimas cinco décadas, y también el rompecabezas que aún no resolvemos: cómo distinguir, en las periferias de nuestras ciudades, la política del delito, la resistencia del control, la memoria de la nostalgia.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01M-19 (Movimiento 19 de Abril): expresión paradigmática de la guerrilla urbana colombiana entre 1974 y 1990
  2. 02Jaime Bateman Cayón: fundador del M-19, proveniente de las FARC, artífice de la estrategia urbana y simbólica
  3. 03Carlos Pizarro Leongómez: último comandante del M-19, dirigió la desmovilización de 1990
  4. 04Tupamaros uruguayos: modelo e influencia directa; cuatro de sus miembros estuvieron presentes en los primeros días del M-19
  5. 05Palacio de Justicia: escenario del episodio más trágico de la guerrilla urbana colombiana, noviembre de 1985
  6. 06Bogotá: teatro político central del M-19 y sede de sus operaciones más emblemáticas
  7. 07Medellín: laboratorio principal de las milicias urbanas del ELN y las FARC-EP en los años noventa
  8. 08Estatuto de Seguridad (Decreto 1923 de 1978): instrumento represivo del Estado que persiguió a la guerrilla urbana e impactó a amplios sectores sociales
  9. 09Frente Nacional: sistema político de exclusión cuyo fraude electoral de 1970 detonó la fundación del M-19
  10. 10ELN y FARC-EP: organizaciones que intentaron su propia versión de la lucha urbana mediante milicias barriales tras la desmovilización del M-19
06

Documentos y fragmentos citados

50 documentos · 64 fragmentos

01Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 1461 cita
[1]

dirigida por el exdictador Rojas Pinilla, un fraude del que ya nadie duda y que muchos justifican, exasperó a los jóvenes anapistas de la clase media, que decidieron fundar la primera guerrilla urbana de Colombia, el M19. La vieja Colombia murió el 9 de abril de 1948: la nueva no ha nacido todavía. Todos sabemos que…

p. 146
02Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 98, 2322 citas
[2]

guerrillas a mediados de los sesenta, mucho más en la fundación del ELN y el EPL; bastante menos en la constitución de las FARC-EP. Respecto al M-19 –la primera guerrilla urbana de Colombia–, fue el proyecto armado que más apoyo o simpatía tuvo en sectores medios e intelectuales, y el de mayor protagonismo en las…

p. 232
[38]

energía, y acciones de propaganda, «muchas panfletarias que hacíamos en la ciudad; presencia urbana en barrios (sector de Aguablanca, comunas 18 y 20); allí hacíamos pintas; esa era la actividad nuestra en la ciudad» 273. Entre tanto, el ELN venía de un proceso de reconstrucción con el protagonismo de una corriente…

p. 98
03Leer es resistirMario Mendoza · 2022 · p. 531 cita
[3]

fue protagonista de una historia que da para un magnífico guion de un thriller cinematográfico. * En los años setenta surgió el grupo guerrillero M-19. El golpe con el cual se dio a conocer este movimiento fue el robo de la espada de Bolívar en enero de 1974. Hay que recordar que, a diferencia de las FARC, cuyo origen…

p. 53
04Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1471 cita
[4]

de los setenta. A comienzos de ella apareció un nuevo movimiento guerrillero, el M-19, que rápidamente acaparó la atención nacional. Su surgimiento dejó al descubierto la fragilidad de la democracia frentenacionalista. En las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970, la Anapo logró sus mejores resultados,…

p. 147
05Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 59, 622 citas
[5]

ANAPO). Rojas Pinilla’s dream of returning to power was denied, however. Many analysts con- tend that Rojas was the winner of the presidential elections of April 19, 1970, but the minister of the interior named Conservative Misael Pastrana Borrero the new president after a suspiciously timed massive power outage.…

p. 59
[10]

on the verge of total extinction because of the army’s counterinsurgency cam- paigns and their own deep internal schisms, which generated spin-off groups that included the Marxist-Leninist League and the Marxist- Leninist Tendency, among others. The M-19, by contrast, emphasized nationalism and democracy, distancing…

p. 62
069 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 174, 1792 citas
[6]

donde confluimos distintas vertientes ideológicas y políticas que algunos meses más tarde darían lugar a lo que el país conoció como el Movimiento 19 de Abril, M-19. El contexto local era de una fuerte agitación social en la región, originada en un cambio dramático en la producción de la sal, que desde siempre se…

p. 179
[54]

recuerda a Pizarro? CEJ: En el eme le decían Caballo loco, porque era alocado. No lo respetaban como un buen intelectual sino como un buen combatiente. De él tengo una historia muy verraca, cuando el Ejército los tenía rodeados en un sitio y él sacó a su gente disfrazada, les pintó camuflaje. Pizarro asumió la…

p. 174
07Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 722 citas
[7]

del país. Cuando el Partido Comunista empezaba a preparar su retorno con nombre propio a las lides electorales a principios de la década de 1970, un grupo de combatientes rasos de las FARC dejó la organización como resultado de la crisis de una guerrilla que no marchaba y la identificación con una alternativa…

p. 72
[8]

del país. Cuando el Partido Comunista empezaba a preparar su retorno con nombre propio a las lides electorales a principios de la década de 1970, un grupo de combatientes rasos de las FARC dejó la organización como resultado de la crisis de una guerrilla que no marchaba y la identificación con una alternativa…

p. 72
08More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 911 cita
[9]

and slums. Some, among them the group's founder, Jaime Bateman Cayon, had begun their guerrilla ca- reers in the FARC. Bateman's memories of growing up in the shadow of United Fruit Company factories fed his rebellion. Colombians could not swim in company pools or shop in company stores, even as they harvested the…

p. 91
09Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1481 cita
[11]

purchasing protection from government officials as well as guerrillas or paramilitaries, primary figures in the industry fostered official corruption, and by their willingness to use violent intimidation when corruption was not enough, they further demoralized the weak criminal justice system. The Spread of Leftist…

p. 148
10Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 27, 402 citas
[12]

Ejército Libertador, como se le llamó, fue el que derrotó a los españoles e hizo triunfar la República en Latinoamérica. Dos siglos después, este debate se repitió bajo las banderas progresistas de toda América Latina. ¿Era mejor tomar el camino de Bolívar, como lo hicieron los sandinistas, y formar un ejército?¿ O el…

p. 40
[13]

Es importante tomar en cuenta la tendencia a levantarse en armas que ha tenido la resis- tencia popular en nuestra tierra desde hace siglos. Los comune- ros, en el siglo XVIII, no dejaron de armarse; los indígenas también estaban armados en su resistencia a la conquista. La idea guerri- llera propiamente dicha, de…

p. 27
11Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2001 cita
[14]

M -19 eran, de hecho, guerrillas urbanas comprometidas, no muy diferentes a los Tupamaros, de Uruguay o a los Montoneros, de Argentina. En Año Nuevo de 1979, habiendo construido un túnel secreto debajo de una base militar, se robaron más de cinco mil armas del Ejército colombiano. Un año después, se tomaron la…

p. 200
12Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 4111 cita
[15]

de poder”; se aprobaron nuevos estatutos que definieron qué era el M-19 y cuáles sus propósitos: “El Movimiento 19 de Abril, M-19, es una organización politicomilitar, patriótica, antioligárquica, antiimperialista, que lucha por la construcción de un poder de obreros, campesinos y trabajadores en general, el cual,…

p. 411
13El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 1192 citas
[16]

resistiendo. Las riendas del poder las asume el general Augusto Pinochet, dándose inicio a la sangrienta dictadura. Ya en Uruguay, con el visto bueno de Washington, los militares habían dado golpe de Estado, el 27 de junio. El 24 de marzo de 1976, son las Fuerzas Armadas argentinas las que derrocan a la presi- denta…

p. 119
[17]

resistiendo. Las riendas del poder las asume el general Augusto Pinochet, dándose inicio a la sangrienta dictadura. Ya en Uruguay, con el visto bueno de Washington, los militares habían dado golpe de Estado, el 27 de junio. El 24 de marzo de 1976, son las Fuerzas Armadas argentinas las que derrocan a la presi- denta…

p. 119
14Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1221 cita
[18]

En forma muy secundaria, los guerrilleros del ELN apelaron al secuestro con fines económicos y al asalto bancario. El segundo tipo de recurso no fue muy reiterado, debido a la debilidad de las redes guerrilleras urbanas. Al primero se apeló muy esporádicamente, en razón a que los guerrilleros de la época consideraban…

p. 122
15Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 631 cita
[19]

from la violencia, such as banditry and guerrilla activity, continued: “There is no doubt that in the nuclei of survivors of the old Lib- eral guerrilla groups there was enormous frustration. They joined the Movi- miento Revolucionario Liberal (Revolutionary Liberal Movement, mrl) in massive numbers and, in many…

p. 63
16Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 3871 cita
[20]

Party leaders resisted temptation to push the FARC toward battle. “We observed that we did not advance because we were part of a sopori fi c strategy,” that same urban activist later explained, “a political strategy full of vagueness and gaps that made the revolution a distant, unreachable dream.” The fault was not…

p. 387
17Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1311 cita
[21]

de que votaran mayoritariamente por grupos de oposición; pero el posible fraude demostraba lo que habían dicho siempre los amigos de la lucha armada: que el establecimiento político no aceptaría por las buenas una derrota, que los votos no tenían fuerza solos, pues podían ser manipulados, y que ni siquiera un general…

p. 131
18Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 61, 2292 citas
[22]

es decir, un mes después de la posesión presidencial, fue asesinado en su hogar el exministro Rafael Pardo Buelvas por parte del ado. El 31 de diciembre, miembros del M-19 ingresaron por un túnel al complejo militar más importante y más custodiado del país y sustrajeron miles de armas en la llamada Operación Ballena…

p. 61
[34]

Jaramillo, las denominaba “grupos insurgentes de carácter urbano”, Jorge Giraldo las califica más apropiadamente como “organizaciones híbridas, entendidas como aquellas en las cuales se conjugan narrativas y prácticas criminales y políticas”. Una cosa es negociar con grupos guerrilleros y otra muy disdnta con…

p. 229
19La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3511 cita
[23]

guerrilla se volvió más audaz y con - fiada, llegando a cometer secuestros y asesinatos muy aparatosos, como cuando el M-19, una guerrilla urbana que hizo presencia en 1977, asesinó 1978 a José Raquel Mercado, principal dirigente sindical de la CTC, y, luego, saqueó los depósitos de armas del Cantón Norte, principal…

p. 351
20En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 371 cita
[24]

del modelo de sustitución de importaciones, y del otro, la crisis agraria. El resultado fue una ola de protestas y ma- nifestaciones en el nivel nacional que desembocaron en el Paro Cívico del 77, que costó la vida a 18 ciudadanos y la privación de libertad a 3.000. Los militares trataron de imponer el llamado…

p. 37
21Guerrilla Marketing: Counterinsurgency and Capitalism in ColombiaAlexander L. Fattal · 2018 · p. 491 cita
[25]

via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 50 CHAPTER ONE The M19 learned its lesson. When the group tunneled into a mili- tary weapons depot in northern Bogota in 1978, only military pride was injured. That injury, however, prompted the military to lash out at the M19,…

p. 49
22Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 32, 854 citas
[26]

ramilitarismo e n C olombia Es decir que en todos los casos las personas eran siempre sospechosas y cual- quiera podía convertirse en objeto paramilitar, ya que estas órdenes exigían com- promisos superiores a los de la sana ética militar y empujaba a los campesinos a conformar grupos de autodefensa. Producto de esa…

p. 85
[27]

ramilitarismo e n C olombia Es decir que en todos los casos las personas eran siempre sospechosas y cual- quiera podía convertirse en objeto paramilitar, ya que estas órdenes exigían com- promisos superiores a los de la sana ética militar y empujaba a los campesinos a conformar grupos de autodefensa. Producto de esa…

p. 85
[44]

Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…

p. 32
[45]

Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…

p. 32
23El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · p. 401 cita
[28]

honor institucional; el robo de las armas envenenó el proceso de paz cinco años después c indudablemente alimentó el salvajismo del conflicto dentro del Palacio de Justicia. El año 1980 también fue el año en que el M19 logró im pacto internacional con la toma de la Embayada de la República Dominicana en Bogotá,…

p. 40
24La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 210, 2112 citas
[29]

Oriente al que vaya el M-19, ya que si van a Irán, por ejemplo, peligrarían. ”8. Posible que viaje un representante de países afecta- dos”. El Embajador cubano visitó en tres ocasiones la Embajada de la República Dominicana para ajustar el viaje hacia Cuba. Jaime Bateman, jefe nacional del M-19, había hecho llegar un…

p. 211
[30]

si van a Irán, por ejemplo, peligrarían. ”8. Posible que viaje un representante de países afecta- dos”. El Embajador cubano visitó en tres ocasiones la Embajada de la República Dominicana para ajustar el viaje hacia Cuba. Jaime Bateman, jefe nacional del M-19, había hecho llegar un mensaje a Rosemberg Pavón, jefe del…

p. 210
25Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1931 cita
[31]

la cafetería eran integrantes y/o auxiliadores del M-19 y que habían colaborado para entrar armamento, alimentación y pertrechos los días previos a la toma. En virtud de ello, tras ser rescatados de la edi fi cación, junto con Detención, desaparición forzada y posterior ejecución de 19 comerciantes Castigo por el no…

p. 193
26La Tragedia del Palacio de JusticiaEnrique Parejo González · 2010 · p. 331 cita
[32]

Palacio de Justicia, por parte del M-19. Tampoco obraron de buena fe, al no informarle al Gobierno que, con base en ese anónimo, habían tomado la determinación de mantenerse preparados para rechazar, o mejor aún, para impedir el ingreso guerrillero al Palacio de Justicia. El conocimiento de esa circunstancia -que…

p. 33
27Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 601 cita
[33]

los guerrilleros indultados y haciendo política. Mensaje duro para quienes vienen atrás en la tropa y para la juventud. El mensaje que se pudiera concretar en eso es que quienes idearon, planearon, condujeron y dirigieron, algunos sin participar físicamente por razones de ausencia, en el asalto mismo, salen…

p. 60
28Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 621 cita
[35]

Esto motivó a sus líderes más representativos a adelantar un proceso de negocia- ción con el gobierno de César Gaviria y con la intermediación de la Consejería Presidencial para Medellín que culminó el 26 de mayo de 1994 con la realización de un acto en la cancha deportiva de la Comuna 1 y en el cual se desmovilizaron…

p. 62
29The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 183, 1862 citas
[36]

city’s population organized self-defense groups; responding to violence with violence, their intention was to cleanse their neighborhoods of crime. Squads of hooded men killed gang members and junkies, known in Medellín as pillos. This is when guerrilla militias, especially the ELN and the M-19, made the strategic…

p. 183
[64]

enter a militia area, you find security cor- dons; you run into people who will speak to you, with no need for you to know if he or she is part of the militia. They will investigate you. A shop- keeper listens to something; the bus driver listens to something else. And they report it to the militia. At first, the…

p. 186
30Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 4401 cita
[37]

plenamente en la confron - tación, cuando las primeras unidades armadas insurgentes se establecieron en la ciudad 13 (credhos y cinep, 2004: 93). En ese año el eln forma el Frente Urbano Resistencia Yariguíes (fury) y empieza su actividad armada en el puerto petrolero. Desde entonces, y hasta 1998, fue el eln el que…

p. 440
31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 851 cita
[39]

Cali-Colombia 1974-1985». 169 Entrevista 582-VI-00008. Víctima, hombre, familiar ex combatiente, Cali. Entrevista 216-CO- 00016. Víctimas, contexto urbano, Cali. Entrevista 582-VI-00010. Víctima, líder cultural, comunal. Entrevista 112-AA-00004. Actor armado, excombatiente del M-19. Entrevista 216-AA-00005. Actor…

p. 85
32Limpieza social. Una violencia mal nombradaCarlos Mario Perea Restrepo · 2015 · p. 1811 cita
[40]

de la operación de exterminio una estrategia de legitimación, la base de datos no verifica su empleo como estrategia de inserción urbana 155. Cier- tamente, de los 3.696 casos reportados por el CINEP, 59 se atri- buyen a la guerrilla 156, es decir un escaso 2 por ciento. De ese reducido número nada más cuatro tomaron…

p. 181
33La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2721 cita
[41]

miembros de las fuerzas armadas. En 1976, fue expedido el decreto 2578, que le concedía a los mayores del ejército y a inspectores de policía la facultad de sancionar con una multa a personas consideradas potencialmente criminales. El segundo decreto fue el 0070, promulgado en enero de 1978 que concedía a miembros de…

p. 272
34"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 251 cita
[42]

6; “De los fines del Estado” (Boletín de Estrategia 001), en el mismo ejemplar, pp. 79 a 82; “Organización básica de la defensa nacional”, (Boletín estratégico 002), en Nº. 89, mayo-junio-julio-agosto 1978, Vol. XXX, pp. 227 a 236; “Generalidades sobre seguridad nacional”, (Editorial), en No.96,…

p. 25
35Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2721 cita
[43]

estado de sitio, la designación de alcaldes y gobernadores militares 770. El despliegue de las detenciones arbitrarias se justificó, de nuevo, en las acciones contrainsurgentes. A inicios de la década del setenta, las detenciones arbitrarias ya formaban parte de las modalidades de la fuerza pública. Un antiguo…

p. 272
36Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 471 cita
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personas en la Embajada de la República Dominicana en Colombia (1980) y, sobre todo, la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985. Un grupo guerrillero que, por todo lo anterior, va a ser severamente hostigado en los núcleos urbanos y obligado a retirarse a los emplazamientos del suroccidente colombiano,…

p. 47
37Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 3251 cita
[47]

del Frente de Occidente, Toma de Florencia, dirigida por Boris y Renata, Gloria Amanda Rincón. Prolongados combates entre el ejército y el M-19 en Resinas y Gabinete, Caquetá. En Bogotá destruyen un bus de la FAC, con un petardo. Una columna del M-19, dirigida por Rosemberg Pabón, se toma Corinto, Cauca. Cruentos…

p. 325
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 811 cita
[48]

que nunca nos hicieron. [...] Cuando yo salí de la cárcel mi papá me dijo: “Lo que pasó en ese tiempo no pasó”, y eso fue toda la atención psicosocial que yo recibí. [...] Y efectivamente yo de eso nunca volví a hablar porque mi papá pensaba que hablando de eso me ponía en riesgo» 218. El 24 de agosto de 1984 el M-19…

p. 81
39Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 138, 1472 citas
[49]

con el citado Estatuto de Defensa de la Democracia que calificaba de "terroristas” todas 146 PAZ CUATRIENAL sus acciones. La norma se estrenó con el establecimiento de la Jefatura Mili tar en Urabá, baluarte electoral de la UP y del PC. Al mismo tiempo era escan dalosa la permisividad gubernamental con la expansión…

p. 138
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los car- teles en el Guaviare y Caquetá y la guerra a muerte que, como se mencionó, estos decretaron contra la UP. Barco y la transición a Gaviria, agosto de 1988-junio de 1994 De mayo a julio de 1988 el M -19 mantuvo en cautiverio al dirigente conserva- dor Álvaro Gómez Hurtado, secuestro que, inesperadamente, puso…

p. 147
40¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 971 cita
[51]

social más amplia, como los de Córdoba o la Sierra Nevada de Santa Marta, liderados por Fidel Castaño y Hernán Giraldo. Pese a la lucha contra la amenaza narcoterrorista, durante el Gobierno Barco se reanudaron las conversaciones de paz con el M -19. Estas se habían iniciado en enero de 1989 tras el secuestro y…

p. 97
41Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 531 cita
[52]

de casi 17 años de lucha, el viernes 9 de marzo de 1990 en Santo Domingo, Cauca, los guerrilleros del M-19, y su comandante Carlos Pizarro León-Gómez, (hijo del almirante Juan Antonio Pizarro), depusieron las armas; él envolvió su pistola en una bandera de Colombia. Nadie mejor que Antonio Navarro Wolf, el único…

p. 53
42Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 2641 cita
[53]

la guerrilla urbana en Colombia, su espectacularidad y consecuencias políticas. El M-19 firmó acuerdos de paz con en el go bierno de Virgilio Barco Vargas. Desmovilizó su estructura militar el 9 de marzo de 1990, cuando hizo dejación de sus armas.* Paila: Olla de gran tamaño. Pantanal: Tierra pantanosa. Paramilitar:…

p. 264
43La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 901 cita
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exilio, registradas principalmente en Ecuador (4.144), Venezuela (3.242), Canadá (2.878), España (2.110) y Estados Unidos (2.038). En los datos de la Acnur se destacan países de frontera, como Ecuador, que en 2007 registraba cerca de 265.000 solicitantes de asilo, y Venezuela, que para el mismo año reportó más de…

p. 90
44Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 12 citas
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63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…

p. 1
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63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…

p. 1
45Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 831 cita
[58]

un tratamiento integral de los distintos factores de violencia. Dentro de sus políticas retomó y validó los acuerdos políticos y las garantías para la inserción de las guerrillas, pero a renglón seguido destacó el tratamiento de temas como los derechos humanos, la convivencia y los planes de desarrollo. En materia de…

p. 83
46Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 cita
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crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…

p. 94
47¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 3151 cita
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expresión la circunscripción nacional en la lla- mada reforma de "equilibrio de poderes". La propuesta original del Gobierno fue volver a la circunscripción departamental que existía antes de 1991, para que cada departamento eligiera dos senadores, con lo cual de los ciento dos Senadores actuales sesenta y cuatro…

p. 315
48La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 451 cita
[61]

los antiguos combatientes regresaron a la vida civil y política, y jugaron de inmediato un papel esencial y constructivo. Su comandante, Carlos Pizarro, fue candidato a la alcaldía de Bogotá el mismo mes de su desmovilización y obtuvo la tercera votación. Luego lanzó su candidatura presidencial, que fue truncada por…

p. 45
49Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 341 cita
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a hacer una oposición seria. Replanteó toda la política de paz, en las que ofrecía garantías para la desmovilización a quien quisiera aceptarla y creó un programa especial destinado a superar las inequidades sociales en las zonas rurales, bajo la esquiva enseña de la rehabilitación. En la periferia colombiana no había…

p. 34
50La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 2541 cita
[63]

la Unión Patriótica. Evidente crime de estado. Turbay Ayala (1978) no ayudo con su represivo estatu- to de seguridad. Cesar Gaviria (1990 – 1994) auspicio la Asamblea Nacional Constituyente de la cual nació un nuevo pacto por la paz y el progreso: la Constitución de 1991. El desarme y retorno a la civilidad de un buen…

p. 254