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Idea transversal

Combinación de formas de lucha

Doctrina estratégica aprobada por el Partido Comunista Colombiano en 1961 y codificada como tesis en 1966, según la cual la vía revolucionaria podía articular simultáneamente la acción armada, la movilización social y la contienda electoral. Durante medio siglo funcionó como bisagra entre el partido legal y la guerrilla, y como marco para experimentos políticos como la Unión Patriótica.

4.268 palabras40 documentos48 fragmentos citados
Combinación de formas de lucha

Trayectoria de una idea

  1. 1949

    Autodefensa de Masas: la prehistoria práctica

  2. 1961

    Noveno Congreso del PCC: formulación oficial

  3. 1964

    Jacobo Arenas llega a Marquetalia y el ataque militar acelera la transformación

  4. 1966

    Codificación formal de la tesis y envío de comisarios políticos

  5. 1985

    Unión Patriótica: el experimento electoral de la combinación

  6. 1986

    Inicio del exterminio de la Unión Patriótica

  7. 2000

    Balance del genocidio político: más de 4.000 víctimas

03

La lectura

La combinación de formas de lucha no fue una invención teórica importada sino la formalización tardía de una práctica que el Partido Comunista Colombiano venía sosteniendo desde 1949, cuando la violencia conservadora lo empujó a crear autodefensas campesinas en Viotá, el Sumapaz y el sur del Tolima. Su rasgo constitutivo fue una ambigüedad deliberada: al no fijar jerarquías definitivas entre la lucha armada, la acción sindical y la contienda electoral, la doctrina funcionó simultáneamente como orientación operativa y como mecanismo de cohesión interna que permitió al partido mantener bajo un mismo techo a facciones con visiones contradictorias sobre la revolución. Esa elasticidad le dio una longevidad extraordinaria —las FARC mantuvieron su arquitectura de comandante político y comandante militar en cada frente mucho después del distanciamiento con el PCC— pero también produjo sus costos más altos: la Unión Patriótica, experimento electoral nacido de los Acuerdos de La Uribe en 1985, fue exterminada sistemáticamente por paramilitares en alianza con agentes estatales, con más de 4.000 víctimas documentadas entre 1984 y 2000, en lo que los jueces de Justicia y Paz reconocerían en 2012 como genocidio político. La combinación sobrevivió como práctica —penetración de organizaciones sociales, milicias urbanas, acuerdos electorales locales— incluso cuando su nombre se volvió políticamente incómodo, y simétricamente sobrevivió como acusación: la derecha colombiana la convirtió en argumento para equiparar cualquier oposición social de izquierda con el brazo político de la subversión armada, envenenando así el debate público durante décadas.

La combinación de todas las formas de lucha

En la historia política colombiana pocas fórmulas han cargado tanto peso como esta. Nacida en el X Congreso del Partido Comunista Colombiano de 1961 y codificada como tesis en 1966, la "combinación de todas las formas de lucha" fue la doctrina según la cual la vía revolucionaria podía articular simultáneamente la acción armada, la movilización social y la contienda electoral, sin que ninguna excluyera a las otras. Durante medio siglo funcionó como bisagra entre el partido y la guerrilla, como principio organizativo de frentes urbanos y rurales, como marco para experimentos electorales tan ambiciosos como la Unión Patriótica y —simétricamente— como acusación con la que la derecha equiparó cualquier movimiento social de izquierda con el brazo político de la subversión armada. Es, a la vez, una decisión de congreso, una práctica de décadas y un argumento que aún envenena el debate público.

Qué nombra la fórmula

La resolución política aprobada por el Noveno Congreso del PCC en 1961 lo dijo con una frase que sería repetida durante décadas: "La vía revolucionaria en Colombia puede llegar a ser una combinación de todas las formas de lucha". El enunciado admitía por primera vez, de manera oficial, que la lucha armada podía ocupar un lugar legítimo junto a la actividad sindical, electoral y social del partido. No era una declaración de guerra ni una renuncia a la política institucional: afirmaba que ambas cosas podían coexistir, con predominio variable según las circunstancias, dentro de una misma estrategia.

Esa aparente sencillez ocultaba una enorme ambigüedad productiva. La combinación nunca fijó proporciones ni jerarquías definitivas entre sus componentes. No dijo cuándo la lucha armada debía subordinarse a la electoral o al revés, ni cómo se articulaban en el terreno concreto los sindicatos, los concejales, las milicias y las guerrillas. Esa indefinición fue su rasgo constitutivo. Permitió al PCC mantener bajo un mismo techo a organismos y personalidades con visiones distintas —a veces contradictorias— sobre la política revolucionaria, y le dio la elasticidad suficiente para adaptarse a coyunturas cambiantes sin romper con ninguna corriente del campo socialista internacional. La combinación fue, al mismo tiempo, doctrina operativa y mecanismo de cohesión interna. Ese doble carácter es la clave para entender por qué sobrevivió tanto tiempo y por qué acabó costando tanto.

La prehistoria práctica: autodefensas antes que doctrina

La fórmula de 1961 no cayó del cielo teórico: recogió y bautizó una práctica que el PCC venía sosteniendo desde hacía más de una década. Dos semanas después de que quedó claro que Laureano Gómez ganaría la elección presidencial de 1949 —en pleno intento del gobierno de Mariano Ospina Pérez de imponer la ley marcial—, el partido anunció una política de Autodefensa de Masas frente a lo que llamó la violencia organizada del conservatismo. La respuesta armada se concentró en tres enclaves rurales: el municipio de Viotá en Cundinamarca, la región del Sumapaz a caballo entre el sur de Cundinamarca y el borde oriental del Tolima, y el extremo sur del Tolima. Al frente del Sumapaz quedó Juan de la Cruz Varela; en el sur del Tolima, Jacobo Prías Alape, conocido como Charro Negro.

En esos territorios el PCC ya tenía presencia política previa, ligada a los conflictos agrarios de las décadas anteriores, lo que dio a las autodefensas un arraigo campesino que ningún otro grupo armado de izquierda tendría después. Entre 1949 y 1964 el partido desarrolló una política cíclica que alternaba, según la coyuntura nacional, modalidades de autodefensa comunitaria y guerrilla móvil. Cuando el Frente Nacional se inauguró en 1958 y la mayoría de las guerrillas liberales aceptaron la amnistía y se desmovilizaron, las comunistas no lo hicieron: sus dirigentes habían sido explícitamente excluidos del reparto bipartidista del poder, y la amnistía no los cubría en igualdad de condiciones. Las del Sumapaz rechazaron la propuesta de manera abierta, lo que las expuso a nuevas ofensivas militares. Hacia comienzos de los años sesenta unos pocos cientos de guerrilleros comunistas seguían viviendo en comunas agrícolas dispersas por regiones remotas, en lo que las derechas nombrarían como "repúblicas independientes".

En el sur del Tolima la convivencia con las guerrillas liberales de Gerardo Loaiza había sido tensa, con rivalidades y episodios de choque, aunque hubo intentos de unificación en un estado mayor común. De esa mezcla de arraigo campesino, exclusión política y experiencia militar acumulada emergió la doctrina de 1961: la combinación fue, antes que nada, la teorización tardía de un modo de operar que el partido llevaba años practicando por necesidad.

El congreso, la codificación y el envío de los comisarios

En 1961 el Noveno Congreso del PCC formalizó lo que hasta entonces era práctica dispersa. La decisión respondió a una constelación de factores: el entusiasmo producido por el triunfo de la Revolución cubana dos años antes, la expulsión de los sindicatos comunistas de la CTC —que cerró parcialmente la vía obrera institucional—, el crecimiento de organizaciones guerrilleras propias y ajenas, y el reacomodo ideológico que anunciaba el conflicto entre Moscú y Pekín. La resolución de 1961 fue, sin embargo, todavía condicional: la lucha armada se admitía como componente legítimo, pero la acción pacífica conservaba primacía.

La codificación plena como "tesis" llegó a comienzos de 1966, en otro congreso del partido. Esa aprobación tuvo una consecuencia inmediata y práctica: el PCC envió dos comisarios políticos —uno de la Juventud Comunista y otro del partido— al núcleo guerrillero del sur del Tolima que había rechazado las iniciativas de paz del Frente Nacional y que, tras el ataque militar a Marquetalia dos años antes, se movía por las selvas del suroriente. Ese envío ritualizó la combinación: hubo desde entonces, en la estructura de la guerrilla en formación, una figura que encarnaba el vínculo con el partido legal. Las FARC mantendrían durante décadas en el organigrama de cada uno de sus frentes la separación institucional entre comandante político y comandante militar, con funciones específicas para cada uno. Esa arquitectura, que sobrevivió mucho más allá del distanciamiento con el PCC, es la traducción más literal y duradera de la doctrina de la combinación.

Moscú, La Habana, Pekín: una doctrina propia entre presiones ajenas

La decisión colombiana de 1961 no coincidía con las orientaciones que en ese mismo momento circulaban por el movimiento comunista internacional. El PCUS insistía entonces en el tránsito pacífico hacia el socialismo y en la coexistencia pacífica con Occidente; dos años después, esa línea entraría en abierta ruptura con la posición de Mao Zedong, para quien "el poder nace del fusil" y la guerra popular prolongada era la estrategia adecuada a los países con fuertes bases agrarias. La Habana, entusiasmada con el éxito de la insurrección propia, promovía el foquismo: la idea de que un núcleo guerrillero rural podía crear las condiciones objetivas de la revolución sin necesidad de partido de masas previo.

Frente a esas tres orientaciones —tránsito pacífico, guerra popular, foco guerrillero— la combinación colombiana no encajaba plenamente en ninguna. Admitía la lucha armada, lo que la separaba de la ortodoxia soviética; conservaba al partido como eje articulador, lo que la distanciaba del foquismo cubano; y no adoptaba el modelo maoísta de guerra popular prolongada, aunque las ideas de Mao tuvieran amplia resonancia en Colombia. Era un producto de compromiso: una doctrina lo bastante ambigua para no romper con ninguno de los polos del campo socialista y para preservar la unidad interna del partido en un momento en que el conflicto sino-soviético empezaba a fracturar a los comunismos del mundo.

Esa flexibilidad tuvo, con todo, sus costos. Las disidencias no tardaron en aparecer. Del PCC se desprendió el Partido Comunista Colombiano Marxista-Leninista, de orientación maoísta, con su brazo armado, el Ejército Popular de Liberación (EPL), fundado en 1967 y con implantación inicial en el Alto Sinú y el Alto San Jorge, en la frontera entre Córdoba y Antioquia. El EPL asumió el modelo chino de guerra popular prolongada al menos en su formulación programática, pero en la práctica combinó columnas rurales pequeñas con esfuerzos de trabajo político en zonas de colonización, sin llegar nunca a la escala de las FARC ni a la dispersión territorial del ELN. A mediados de los sesenta el Ejército de Liberación Nacional (ELN) surgía con inspiración castrista y adoptando el modelo del foco, con núcleo inicial en el nororiente santandereano y bajo la influencia decisiva de un puñado de dirigentes formados en Cuba; su marca ideológica original —una mezcla de guevarismo con teología de la liberación— quedó sellada por la incorporación y muerte en combate del sacerdote Camilo Torres Restrepo en febrero de 1966. En la práctica, tanto el EPL como el ELN operaron más como variantes del foquismo que como aplicaciones rigurosas de sus doctrinas de referencia, y ambos sufrieron crisis internas severas —la más célebre, la "guerra sucia" contra la disidencia dentro del ELN en la década de 1970, con ejecuciones internas en el frente Anorí— que evidenciaron los límites del modelo cuando no había un partido legal amortiguando los desacuerdos.

El debate de la izquierda colombiana en los sesenta —bajo la sombra del Che Guevara y del propio Camilo Torres— giró en torno a la vía correcta hacia la revolución: foco o guerra popular prolongada. Nadie cuestionaba el objetivo. Entre 1963 y 1972 los disidentes acusaron al PCC de "revisionista" y enemigo de la revolución, y acuñaron el término mamerto para referirse a los comunistas que, al abrigo de la combinación, no se arriesgaban plenamente a la lucha armada. La disputa no era solo ideológica: era también una lucha por la hegemonía dentro del campo revolucionario, y en ella la combinación funcionó como línea divisoria entre quienes aceptaban convivir con la legalidad partidaria y quienes la denunciaban como coartada del acomodo.

Jacobo Arenas y la bisagra viva

Si un personaje encarnó en carne y hueso la doctrina de la combinación fue Jacobo Arenas. Enviado por el PCC a la zona guerrillera de Marquetalia en abril de 1964, semanas antes del ataque militar que lanzaría la ofensiva del gobierno de Guillermo León Valencia contra las llamadas repúblicas independientes, Arenas llegó como cuadro comisionado del partido para reforzar la presencia comunista frente al inminente asalto. La operación, iniciada en mayo de ese año, obligó al grupo comandado por Manuel Marulanda Vélez —Tirofijo— a romper el cerco y migrar hacia las selvas del suroriente. De esa marcha nacería, tras sucesivas reorganizaciones, la guerrilla que hacia finales de la década adoptaría el nombre de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Arenas fue durante décadas el principal vínculo ideológico entre las FARC y el PCC dentro del Secretariado. Su muerte en 1990 coincidió con el período de distanciamiento entre ambas organizaciones —un distanciamiento que Marulanda no caracterizó como ruptura fraccional y que no implicó el abandono de los postulados socialistas o comunistas, sino una divergencia sobre métodos y ritmos—. Aun después de esa separación formal, las FARC siguieron estimulando entre sus guerrilleros la lectura de Voz, órgano del PCC, durante las horas de estudio; mantuvieron la penetración de Juntas de Acción Comunal y de organizaciones sociales en sus zonas de influencia; buscaron acuerdos con candidatos a alcaldes; y desplegaron milicias bolivarianas en barrios populares. La combinación seguía operando como práctica aunque su nombre se hubiera vuelto incómodo.

Frentes urbanos, sindicatos y organizaciones sociales

En las décadas de 1970 y 1980 la doctrina se extendió, mucho más allá del PCC, a la manera en que las guerrillas colombianas concibieron la ciudad. Ni el ELN ni el EPL ni las FARC consideraron entonces las grandes urbes como escenario principal de la confrontación armada. La ciudad era otra cosa: espacio para construir base social mediante el control de organizaciones sindicales, estudiantiles y comunitarias, y espacio para el reclutamiento de cuadros políticos. Los frentes urbanos operaban con lógica capilar: un dirigente sindical simpatizante aquí, un colectivo estudiantil allá, una red de apoyo en la periferia obrera, un párroco cercano a la teología de la liberación, un abogado dispuesto a defender presos políticos. Cada uno de esos hilos, tomado por separado, era militancia legítima; entretejidos, formaban el tejido de retaguardia sobre el que se apoyaba la lucha armada. Todo eso era combinación, aunque nadie lo llamara así en las asambleas de barrio.

El ELN fue quizá la organización que más lejos llevó ese modelo urbano. Desde comienzos de los ochenta, con la reorganización posterior al desastre de Anorí bajo la conducción de los hermanos Manuel y Antonio Pérez —el segundo, sacerdote español conocido como Poliarco—, la guerrilla apostó por un trabajo de largo aliento en universidades públicas, sindicatos del sector petrolero y minero, comunidades de base católicas y organizaciones barriales. La influencia de la teología de la liberación no era decorativa: ordenaba una manera de entender la política en la que la militancia legal, el trabajo comunitario y la disponibilidad para la lucha armada formaban un continuo pastoral y político. Barrancabermeja, Bucaramanga, la Universidad Industrial de Santander, la Universidad Nacional en Bogotá y el nororiente antioqueño fueron nodos de esa presencia. El EPL, por su parte, construyó bases sindicales notables en el Urabá bananero, donde la afiliación sindical, la militancia partidaria legal en el PCC-ML o en la Unión Patriótica de Urabá y la vinculación armada convivieron durante años en un mismo tejido social, con resultados electorales visibles en las primeras elecciones populares de alcaldes en 1988. Esa misma imbricación resultaría fatal cuando el paramilitarismo, aliado con sectores de la Fuerza Pública, decidió en los años noventa arrasar el trabajo sindical y político asimilándolo por completo al enemigo armado.

El movimiento A Luchar, creado en 1984 con participación de militantes del ELN aunque con una base mayoritaria de simpatizantes ajenos a esa guerrilla, ilustró la ambigüedad del arreglo. Se autodefinió como "la parte armada de la resistencia civil" y negó ser una vanguardia, buscando una identidad propia de movimiento social; al mismo tiempo, la vinculación de parte de su dirigencia con la organización armada era conocida en ciertos círculos y desconocida —o negada— en otros. Las mujeres militantes del ELN que operaban en estructuras urbanas realizaban trabajo comunitario legal, como la difusión de derechos humanos en escuelas, y solo tras su admisión formal en el grupo armado recibían la fundamentación política que orientaba esa labor hacia los fines de la organización. La militancia legal precedía, entonces, a la incorporación armada, y en muchos casos era la puerta por la que se pasaba de una cosa a la otra sin que el tránsito quedara claramente marcado ni para el propio militante ni para su entorno.

El paro del 27 de octubre de 1988 fue tal vez el punto más nítido de esa ambición articuladora, y también de sus límites. Militantes del EPL, el M-19 y el ELN lo concibieron como punto de partida de una nueva forma de lucha político-militar urbana que vincularía organizaciones populares y sindicales con la acción armada en un mismo pulso contra el Estado. Se esperaban movilizaciones masivas, paros regionales, tomas de universidades, marchas obreras que confluyeran con la presión armada. El día llegó y no hubo nada de eso: solo atentados guerrilleros dispersos, sin acompañamiento social visible, en un escenario donde los sindicatos no respondieron y las bases populares no se movieron al ritmo previsto por los estrategas. La combinación soñaba con articular obreros, estudiantes y milicianos en una misma jornada; la realidad devolvió la imagen de una lucha armada actuando en soledad, y confirmó la distancia creciente entre la retórica del arreglo y su capacidad efectiva de convocatoria.

La Unión Patriótica: la combinación puesta a prueba en las urnas

Tres años antes de ese paro fallido, la doctrina había conocido su experimento más ambicioso por otra vía: la electoral. La Unión Patriótica, surgida en mayo de 1985 al amparo de los Acuerdos de La Uribe firmados entre las FARC y el gobierno de Belisario Betancur, se proyectó como un movimiento político amplio y democrático de oposición a los partidos tradicionales, alimentado inicialmente por el impulso de la guerrilla y del PCC pero abierto a convergencias más amplias.

Sus resultados electorales en 1986 fueron, para las escalas de la izquierda colombiana, extraordinarios. Conquistó entre catorce y quince curules en el Congreso —sumando senadores y representantes propios y en coalición—, y multiplicó su presencia en el nivel subnacional con diputados en once asambleas departamentales, más de trescientos concejales en todo el país y alrededor de veintitrés alcaldías. En documentos internos de 1987 la UP reivindicó su carácter de movimiento político de convergencia con dinámica propia, cuya votación superaba el marco de influencia orgánica de las fuerzas que la habían fundado. La discusión interna sobre si era un apéndice de las FARC o un movimiento autónomo se resolvió, al menos en el discurso oficial del propio partido, a favor de la segunda opción.

La respuesta fue el exterminio. Lo perpetraron grupos paramilitares en alianza con agentes de las Fuerzas Militares y de la Policía, y se concentró en las regiones donde la UP había obtenido mejores resultados electorales: el Magdalena Medio, los Llanos Orientales, Meta, Caquetá. Las amenazas comenzaron de manera inmediata tras las elecciones de 1986. Entre los primeros dirigentes asesinados figuraron Leonardo Posada Pedraza —representante a la Cámara por Santander, ejecutado el 30 de agosto de 1986 en Barrancabermeja— y Pedro Nel Jiménez, senador por el Meta, asesinado el 1 de septiembre del mismo año. Se documentaron al menos dos planes sistemáticos de exterminio: el "Baile Rojo" y el "Plan Esmeralda", este último desarrollado en Llanos Orientales y Caquetá con la finalidad expresa de perseguir y dar muerte a militantes de la UP, tal como lo denunció en su momento el congresista Henry Millán. Entre 1984 y 2000 la campaña dejó no menos de 4.153 personas asesinadas o desaparecidas, sin contar víctimas de violencia no letal.

En diciembre de 2012, jueces de Justicia y Paz reconocieron el exterminio de la UP como genocidio político en el proceso contra alias HH. En septiembre de 2016 el presidente Juan Manuel Santos reconoció públicamente la responsabilidad del Estado por no haber adoptado medidas suficientes para impedirlo. Ante la persecución, algunos militantes y simpatizantes optaron por el exilio; otros, desesperados e indignados por el exterminio y por la ausencia de garantías para hacer política de oposición, buscaron otras vías.

El caso UP es la prueba más cruda de que la ambigüedad estructural de la combinación tuvo un costo humano concreto. Mientras las FARC no se desmovilizaran y mientras el PCC no renunciara explícitamente a la doctrina, cualquier proyecto electoral vinculado a ese universo político era leído por sus adversarios como una prolongación de la guerrilla por medios pacíficos —y, por lo tanto, como un enemigo al que se podía combatir con las armas del terror—. La doctrina sirvió, sin proponérselo, para justificar el exterminio de quienes intentaron transitar hacia la legalidad plena.

El argumento inverso: cómo la derecha se apropió del concepto

Aquí la historia de la combinación se vuelve simétrica. Formulada por el PCC como estrategia de acumulación revolucionaria, la fórmula acabó siendo apropiada por las derechas colombianas como acusación deslegitimadora. La lógica del argumento era simple: si el propio comunismo admitía combinar la lucha armada con la legal, cualquier organización social, sindical o electoral de izquierda podía ser sospechosa de ser el brazo desarmado de la guerrilla. La combinación se convirtió, así, en un arma retórica que no distinguía entre militancia legal y beligerancia armada, y que autorizaba —tácitamente o expresamente— la represión de la primera bajo el pretexto de combatir la segunda.

Ese uso invertido del concepto se apoyaba en un hecho estructural: el PCC había sido, de facto, expulsado del espacio político institucional colombiano mucho antes de la existencia de la UP. La combinación de estigmatización, violencia y persecución militar sobre los comunistas, sostenida durante décadas, había cerrado la puerta de la política legal antes incluso de que el partido pudiera decidir si quería o no cruzarla en serio. El PCC dejó el frente electoral en segundo plano y privilegió los campos sindical y universitario, sin renunciar del todo a coaliciones o listas propias. Pero esa opción no era libre: era también el reflejo de un espacio institucional que le había sido negado.

En años más recientes, la fórmula ha reaparecido como argumento estigmatizador contra formaciones que reclaman legitimidad plena en la contienda democrática. La persistencia de esa justificación por parte de los actores armados —o la sospecha de que persiste— aparece señalada como uno de los factores que degradan la guerra e impiden abrir camino a la paz negociada. La acusación funciona, entonces, en dos direcciones: contra quienes en el pasado usaron efectivamente la doctrina, y contra quienes en el presente son asimilados a ella sin evidencia.

El plebiscito de 2016 y los ecos que persisten

El Acuerdo Final firmado entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos en 2016 pareció, sobre el papel, cerrar la larga era de la combinación. La guerrilla se transformaba en partido político, sus excombatientes recibirían durante veinticuatro meses una renta básica equivalente al noventa por ciento del salario mínimo mensual legal vigente —condicionada a no tener vínculo contractual que generara ingresos—, y el país inauguraba, en principio, una etapa en la que la izquierda proveniente de la insurgencia podría hacer política sin armas.

El plebiscito del 2 de octubre de 2016 preguntó: "¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?". El resultado —una estrecha victoria del No que sorprendió a todas las encuestadoras— fue, entre otras cosas, la constatación de que la sombra de la combinación seguía siendo eficaz como argumento. La campaña del No articuló la exigencia de castigo penal para los excombatientes, la denuncia de una supuesta impunidad y la circulación de desinformaciones, incluyendo cifras falsas sobre los beneficios económicos que recibirían los desmovilizados. Álvaro Uribe declaró que el Acuerdo era "de impunidad total" y que violaba la Constitución y normas internacionales como el Estatuto de la Corte Penal Internacional y la Convención Americana de Derechos Humanos. Óscar Iván Zuluaga, excandidato presidencial del Centro Democrático, se sumó a esa crítica en la misma dirección.

El ciclo abierto por la combinación no se cerró con la firma. La oposición sistemática del uribismo a aspectos centrales del Acuerdo —jurisdicción especial de paz, curules transitorias, reforma rural integral— prolongó en el terreno institucional la sospecha que durante décadas había pesado sobre la izquierda desmovilizada, y trasladó al debate parlamentario y judicial buena parte de las tensiones que antes se dirimían por otras vías.

Los testimonios de excomandantes de las FARC iluminan, retrospectivamente, la última cara del problema. En sus regiones de origen —contaron— el PCC y la Juventud Comunista tenían presencia arraigada, con actividad sindical y comunitaria, y ese entorno político formó parte del ambiente en que algunos jóvenes se aproximaron a la lucha armada. La transición no siempre fue explícita ni deliberada: el paso de la militancia legal a la beligerante ocurrió, muchas veces, por continuidad ambiental antes que por decisión ideológica clara. Es la traza más íntima de la combinación: no como estrategia de partido sino como paisaje biográfico.

La huella de un concepto

La combinación de todas las formas de lucha operó simultáneamente en varios registros que conviene no confundir. Como tesis de congreso quedó aprobada en 1961 y codificada en 1966. Como práctica precedió a su formulación: el PCC la venía sosteniendo desde 1949 en Viotá, el Sumapaz y el sur del Tolima, y la doctrina llegó a nombrar lo que ya se hacía. Como mecanismo interno permitió al partido mantener juntas a facciones enfrentadas sobre el uso de las armas, evitando rupturas que en otros comunismos latinoamericanos resultaron fatales. Como arquitectura organizativa se tradujo en los comisarios políticos enviados a la guerrilla en 1966 y en la separación permanente entre comandantes políticos y militares dentro de cada frente de las FARC. Como matriz ideológica alimentó el experimento electoral más ambicioso de la izquierda colombiana, la Unión Patriótica, y sirvió después de coartada retórica para legitimar su exterminio. Y como argumento en manos de sus adversarios permitió a la derecha colombiana equiparar, durante décadas, movimiento social e insurgencia armada. Que la fórmula pudiera ser al mismo tiempo tesis de partido, práctica campesina, arquitectura militar, plataforma electoral y arma retórica del adversario es lo que la hizo tan difícil de desmontar: cada crítica dirigida a uno de sus rostros dejaba intactos los demás.

Nunca resolvió su ambigüedad fundacional, y esa fue simultáneamente su fuerza y su tragedia. Le dio al PCC la elasticidad para sobrevivir en un país que le negaba la política institucional; les dio a las FARC un puente permanente con la legalidad; le dio a la izquierda un lenguaje para pensar la relación entre lo legal y lo armado sin renunciar a ninguno de los dos polos. Pero también atrapó a miles de militantes en una zona gris donde la política pacífica no protegía de la violencia y donde la violencia contaminaba de sospecha a toda la política pacífica.

Comprender la combinación no es solo comprender un capítulo del comunismo colombiano ni de la historia de las FARC. Es entender por qué en Colombia la relación entre izquierda y democracia ha sido, durante más de medio siglo, un enredo doloroso. La lucha electoral pudo convivir con la guerra sin fundirse con ella, el exterminio de un partido legal ocurrió en democracia sin que la democracia lo impidiera, y la firma de un acuerdo de paz no bastó para desmontar la sospecha estructural que la fórmula sembró en el imaginario político nacional. La combinación es, en ese sentido, mucho más que un concepto: es una de las claves para leer el siglo XX colombiano —y buena parte de lo que aún queda del XXI—.

04

En el archivo

67 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01La Violencia1946–19572
  1. 1950Repertorio de protestaFicha
  2. 1952Isauro YosaFicha
02Frente Nacional1958–197410
  1. 1964El Frente Nacional y el origen de las guerrillas colombianasPregunta
  2. 1964La pluralidad guerrillera colombiana (1964-1990)Pregunta
  3. 1965Camilo Torres RestrepoFicha
  4. 1965Cristianismo radical y teología de la liberación en Colombia (1965–1968)Hecho
  5. 1965FoquismoFicha
  6. 1966Camilo Torres RestrepoPregunta
  7. 1966Ciro Trujillo CastañoFicha
  8. 1966InsurgenciaFicha
  9. 1969Domingo Laín SáenzFicha
  10. 1972División de la ANUC en líneas Sincelejo y Armenia (1972)Hecho
03Crisis y narcotráfico1974–199027
  1. 1974Jaime Bateman CayónFicha
  2. 1979Álvaro FayadFicha
  3. 1979Cantón NorteFicha
  4. 1979El M-19Pregunta
  5. 1982El proceso de paz del gobierno Betancur (1982–1986)Hecho
  6. 1982Las FARC y la economía cocalera, 1982-2016Pregunta
  7. 1982Paz negociadaFicha
  8. 1983Iván Marino OspinaFicha
  9. 1984Apertura democráticaFicha
  10. 1984Belisario BetancurFicha
  11. 1984Casa VerdeFicha
  12. 1984Fundación y exterminio de la Unión Patriótica (1985–1986)Hecho
  13. 1984Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL)Hecho
  14. 1984TreguaFicha
  15. 1985Alfonso Reyes EchandíaFicha
  16. 1985Andrés Almarales MangaFicha
  17. 1985Guerrilla urbanaFicha
  18. 1985La toma y retoma del Palacio de Justicia (1985)Pregunta
  19. 1985La toma y retoma del Palacio de Justicia (1985)Hecho
  20. 1985Masacre de Tacueyó y purga del Frente Ricardo FrancoHecho
  21. 1986Genocidio de la Unión PatrióticaHecho
  22. 1986Manuel Pérez MartínezFicha
  23. 1986Unión PatrióticaFicha
  24. 1987Infiltración del ELN en A Luchar y masacre de Llana CalienteHecho
  25. 1987Jaime Pardo LealFicha
  26. 1989X Conferencia del M-19 y consulta interna de desmovilizaciónHecho
  27. 1990Bernardo Jaramillo OssaFicha
04Constitución de 19911991–200211
  1. 1989Desmovilización del M-19 y conversión política (1989–1990)Hecho
  2. 1990Carlos Pizarro LeongómezFicha
  3. 1991Antonio Navarro WolffFicha
  4. 1991Francisco CaraballoFicha
  5. 1993Pedagogías paramilitares de adoctrinamiento y giro bolivariano de las FARC (1993–2002)Hecho
  6. 1994Manuel Cepeda VargasFicha
  7. 1994Nicolás Rodríguez BautistaFicha
  8. 1995Jorge Briceño (Mono Jojoy)Ficha
  9. 1998Diálogos del Caguán y zona de despeje (1998–2002)Hecho
  10. 2000El Caguán (1998-2002)Pregunta
  11. 2002Ruptura del Caguán, masacre de Bojayá y elección de Uribe (2002)Hecho
05Seguridad Democrática2002–20162
  1. 2008Raúl ReyesFicha
  2. 2011Alfonso CanoFicha
06Posconflicto2016–presente3
  1. 2016Victoria SandinoFicha
  2. 2018Pastor AlapeFicha
  3. 2022Triunfo de Gustavo Petro y Francia Márquez (2022)Hecho
07Transversal11
  1. 1950Juan de la Cruz VarelaFicha
  2. 1959Fidel CastroFicha
  3. 1964Jacobo ArenasFicha
  4. 1966Manuel Marulanda VélezFicha
  5. 1975Enemigo internoFicha
  6. 1982Vera GrabeFicha
  7. 1985Aída AvellaFicha
  8. 1990El exterminio de la Unión Patriótica (1984–2005)Pregunta
  9. 2016Iván MárquezFicha
  10. 2016Rodrigo LondoñoFicha
  11. 2022Gustavo PetroFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Partido Comunista Colombiano (PCC): organización que formuló y aprobó la doctrina en 1961 y la codificó como tesis en 1966
  2. 02FARC: guerrilla que institucionalizó la combinación en su estructura orgánica mediante la separación entre comandante político y comandante militar en cada frente
  3. 03Jacobo Arenas: principal vínculo ideológico entre las FARC y el PCC dentro del Secretariado, encarnación personal de la doctrina hasta su muerte en 1990
  4. 04Unión Patriótica (UP): expresión electoral de la combinación surgida en 1985, cuyo exterminio demostró los costos letales del experimento
  5. 05Manuel Marulanda Vélez: comandante guerrillero cuyas autodefensas en Marquetalia fueron el núcleo sobre el que se aplicó la tesis en 1964-1966
  6. 06Marquetalia: territorio donde la doctrina se materializó militarmente tras el ataque de 1964 y el envío de comisarios políticos del PCC
  7. 07Autodefensa campesina: práctica armada defensiva de 1949 que constituyó la prehistoria empírica de la doctrina formal de 1961
  8. 08Frente Nacional: sistema bipartidista de 1958 que, al excluir a los comunistas del reparto del poder, impidió la desmovilización de las guerrillas comunistas y reforzó la lógica de la combinación
06

Documentos y fragmentos citados

40 documentos · 48 fragmentos

01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 701 cita
[1]

las formas de lucha». La resolución política del congreso expresaba: La revolución puede avanzar un trecho por la vía pacífica. Pero si las clases domi- nantes obligan a ello, por medio de la violencia y la persecución sistemática contra el pueblo, éste puede verse obligado a tomar la vía de la lucha armada, como…

p. 70
02No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 981 cita
[2]

sindicatos comunistas fueron expulsados de la CTC. Si a eso se suma el entusiasmo que produjo el triunfo de la Revolución cubana, puede explicarse por qué en 1961 el Noveno Congreso del PCC aprobó la combi- nación de formas de lucha como estrategia. Las armas ya no eran solo para la auto- defensa, sino para acceder al…

p. 98
03Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1161 cita
[3]

el ambiente de fascinación por el establecimiento de una sociedad comunista en Cuba y en medio del conflicto entre China y la URSS, el PC fue ajustando lentamente su línea; en parte, al reconocer la importancia y la fuerza creciente de las organizaciones armadas guerrilleras, que en las zonas donde se habían visto…

p. 116
04Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 882 citas
[4]

COMBINACIÓN DE LAS FORMAS DE LUCHA Como se dijo antes, a comienzos de 1966 el congreso de los comunistas aprobó, bajo el pomposo marbete de tesis, una política de combinar todas las formas de lucha, y a renglón seguido procedió a enviar dos comisarios políticos, uno de la Juventud Comunista —Juco— y otro del partido,…

p. 88
[5]

COMBINACIÓN DE LAS FORMAS DE LUCHA Como se dijo antes, a comienzos de 1966 el congreso de los comunistas aprobó, bajo el pomposo marbete de tesis, una política de combinar todas las formas de lucha, y a renglón seguido procedió a enviar dos comisarios políticos, uno de la Juventud Comunista —Juco— y otro del partido,…

p. 88
05Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 89, 982 citas
[6]

alardeó de las FARC en la revista del Comité Central: El partido comunista participa en las luchas ilegales, en las tomas de tierra en los campos y en las ciudades, en la construcción ilegal de viviendas. [...] participa en los debates electorales, aprovecha las condiciones que se presentan en éstos, cuando hay una…

p. 89
[7]

tar de la guerrilla y el nexo político con las FARC. No supuso que algún día los marquetalianos podrían desbordar los márgenes de autonomía operativa y plantear su independencia política y organizativa. El liderazgo comunista tampoco anticipó, nadie pudo, que el muro de Berlín, erigido en agosto de 42 En el mismo…

p. 98
06Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2322 citas
[8]

inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…

p. 232
[9]

inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…

p. 232
07When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 1603 citas
[10]

Violencia the concept of class struggle was U above the true level of consciousness and alien to the nature" of most men under arms. 48 Two weeks after it became apparent that Laureano G6mez would win the presidential election of 1949} the Colombian Communist party announced a policy of anned self-defense rAutodefensa…

p. 160
[11]

Violencia the concept of class struggle was U above the true level of consciousness and alien to the nature" of most men under arms. 48 Two weeks after it became apparent that Laureano G6mez would win the presidential election of 1949} the Colombian Communist party announced a policy of anned self-defense rAutodefensa…

p. 160
[12]

Violencia the concept of class struggle was U above the true level of consciousness and alien to the nature" of most men under arms. 48 Two weeks after it became apparent that Laureano G6mez would win the presidential election of 1949} the Colombian Communist party announced a policy of anned self-defense rAutodefensa…

p. 160
08Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 29, 2202 citas
[13]

1 Por ejemplo: Eduardo Pizarro, Las FARC 1949-1966: de la autodefensa a la combinación de todas las formas de lucha (Bogotá: Tercer Mundo-IEPRI, 1991). 31 Primer Periodo conflictos agrarios de las décadas anteriores con la creación de las farc en 1964 y su evolución posterior: su arraigo campesino, la importancia de…

p. 29
[19]

del Partido Comunista Clandestino – pc3 y del Movimiento Bolivariano. Además, la guerrilla continuó pe- netrando en las Juntas de Acción Comunal y otras organizaciones sociales en sus zonas de influencia; siguió buscando acuerdos con los candidatos a alcaldes en época electoral; prolongó esfuerzos por penetrar los…

p. 220
09Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1001 cita
[14]

destacamentos embrionarios y los grupos guerrilleros liberales, comandados por Gerardo Loaiza; se creó el Comando del Davis en lo alto del cañón del Cambrín, y se conformó un estado mayor unificado. Entre 1949 y 1964, el PCC, en consonancia con los cambios de la situación política nacional, va a desarrollar una…

p. 100
10La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3461 cita
[15]

(2004) en: GMH, op. cit. (2013, 112) 565 Paul Oquist, Violencia y conflicto y política en Colombia, 322, en GMH, ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Informe General, 115. 347 A N EX O por el Partido Comunista, y las autodefensas del Sumapaz se negaron a aceptar la amnistía, con lo cual se expusieron a…

p. 346
11Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2441 cita
[16]

el propósito de convertir las autodefensas campesinas en la guerrilla del partido dentro de la estrategia de combinación de todas las formas de lucha (Pizarro, 1991). Uno de estos asentamientos campesinos, Marquetalia, se constituyó en la esencia del mito fundacional de las FARC. Se trataba de una comunidad campesina…

p. 244
12La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 721 cita
[17]

los concep- tos básicos expresados en sus Cuadernos. Es impresionante la for- ma en que evolucionaron sus ideas. Capítulo V JACOBO ARENAS L dirigente comunista Jacobo Arenas, enviado por su parti- do a la más importante zona guerrillera, escribió un intere- sante libro que tituló Diario de la resistencia de…

p. 72
13Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3211 cita
[18]

conducente a la “toma del poder”. Ese grupo era el sobreviviente de las autodefensas campesinas que se habían organizado a comienzos de 1960, bajo un proyecto de economía campesina colectiva y como resultado de la división que había ocurrido en las filas de los antiguos y amnistiados guerrilleros liberales de los años…

p. 321
14Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · p. 2591 cita
[20]

Movement. See M-19 ARENA, 121. See also El Salvador Arenas, Jacobo (Luís Morantes), 27, 47–49 Communist Party of Colombia and, 48– 49, 54, 59, 77 creation of Unión Patriótica, 27–29, 54–56, 77–78, 83–85 death, 174 fight with drug traffickers and, 51, 52, 102 fight with Unión Patriótica, 94–95, 138–139 joins FARC-EP,…

p. 259
15Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 699, 7402 citas
[21]

La Voz, [...] el periódico del Partido Comunista en ese tiempo. O sea, yo no tenía conciencia política, porque ellos tampoco le decían nada a uno, simplemente yo sí me daba cuenta que ellos votaban. Y tenían 2529 Intervención de Jaime Caycedo en el VII Simposio Combinación de todas las formas de lucha, 31 de marzo de…

p. 740
[33]

pensamiento hizo que los militantes y partidarios de esta doctrina política se sintieran estigmatizados y excluidos, como le contó a la Comisión un militante en los primeros años del PCC: «Nosotros siempre hemos sido perseguidos [...]. Álvaro Gómez Hurtado se fue a hacer campaña al Tolima y al Huila y llegó con las…

p. 699
16Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 1181 cita
[22]

La izquierda: entre la política y las armas Durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) se produjo un hecho inesperado que iba en contravía de las predicciones de la izquier- da con respecto a un mayor endurecimiento del régimen político. In- mediatamente después de asumir la Presidencia el 7 de agosto de…

p. 118
17Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2241 cita
[23]

política y guerrillas: más allá de la llamada combinación de todas las formas de lucha En su gobierno, el presidente Belisario Betancur (1982-1986) puso en marcha un proceso de paz que reconoció las causas objetivas de la violencia, impulsó el diálogo con las guerrillas y admitió la necesidad de importantes reformas…

p. 224
18Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 4781 cita
[24]

pública lo retoma también a la fuerza. Mueren 103 personas, entre ellas, casi todos los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Mayo Producto de los acuerdos de las Farc con el gobierno, crean un nuevo movimiento político llamado la Unión Patriótica. 1986 Marzo La Unión Patriótica y aliados ganaron 14 curules en…

p. 478
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1131 cita
[25]

Socialista de los Trabajadores (PST), que se agruparon en torno a la idea de construir una propuesta política extra institucional y en oposición a los métodos que ellos mismos consideraban conciliatorios, como los diálogos de paz. Para mayor información revisar el caso sobre la persecución, estigmatización y…

p. 113
20Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 961 cita
[26]

un frente amplio. (…) El pasado debate electoral demostró que la votación obtenida por la UP supera el marco de influencia orgánica de las fuerzas que actualmente la componen; esto quiere decir, que la UP va adquiriendo los perfiles, de un movimiento político con dinámica propia que tuvo como motor inicial a las más…

p. 96
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1111 cita
[27]

del Estado como su patrimonio natural» 373. El llamado «Baile Rojo» 374 y el «Plan Esmeralda» –este último desarrollado en la región–, tuvieron «la finalidad de perseguir y dar muerte a los miembros de la UP en los llanos orientales y Caquetá» 375, como lo denunció el asesinado congresista Henry Millán. La lucha…

p. 111
22Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 801 cita
[28]

naciente movimiento se difundió y le permitió conquistar nuevos militantes. Surgió, de esta manera, un “frente amplio de convergencia democrática” que permitió a sec- tores tradicionalmente excluidos del sistema político incursionar en la democracia y vincularse a la actividad política legal (Cam- pos, 2008). En El…

p. 80
23Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2151 cita
[29]

de los más ilustrativos al respecto. Un líder de este partido le dijo a la Comisión: «Allí se produjeron matanzas horribles. Allí fue asesinado el alcalde de Tibú, Tirso Vél ez […], el candidato más opcionado a la Gobernación de Santander […]. En la ciudad de Barrancabermeja, fue asesinado Leonardo Posada Pedraza,…

p. 215
241989María Elvira Samper · 2019 · p. 481 cita
[30]

y desmoralizar a comunidades enteras. Entre 1984 y 2000, la campaña exterminio adelantada por narcoparamilitares con la complicidad de agentes del Estado, deja por lo menos 4.153 personas asesinadas o desaparecidas, sin contar a las víctimas de tipos de violencia no letal. En diciembre de 2012, dentro del proceso de…

p. 48
25La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1971 cita
[31]

militantes y simpatizantes, que no eran miembros de las FARC-EP –antes del Acuerdo de La Uribe, Meta, en 1984–, agraviados, desesperados e indignados por el exterminio que estaba sufriendo este partido y la falta de garantías para hacer política de oposición y 350 La Unión Patriótica fue concebida inicialmente como…

p. 197
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 741 cita
[32]

y [es nombrado] concejal de Villavicencio. […] Y como concejal de Villavicencio, sufrió el primer atentado: los sicarios lo atacan […] y se ha librado de morir ahí, y esa fue ya la última, digamos. Vino ya esa época del exilio. […] Al compañero lo siguen hasta Quito y hay versiones [que] dicen que lo tiran desde un…

p. 74
27Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 421 cita
[34]

armados ilegales, le quita respaldo social y capacidad para movilizar nacional e internacionalmente un apoyo decisivo. La pasividad de la opinión pública y las dificultades de los medios de comunicación para mostrar la complejidad de los procesos de diálogo, hacen más difícil cualquier intento de buscar una salida…

p. 42
28Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 621 cita
[35]

how several Latin American communist parties “were split into those which exercised only a marginal, passive role and those that became active players in the political arena.” Many continued a dual 46 REVOLUTIONARY SOCIAL CHANGE IN COLOMBIA strategy, as was agreed to be permissible by the Havana Conference (1964) and…

p. 62
29Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 1041 cita
[36]

mediados de la década se estaban organizando dos grupos de tipo ar- mado: el Ejército de Liberación Na- cional, de inspiración castrista y reclu- tado casi exclusivamente entre estu- diantes de la Universidad Nacional y la de Santander. Como consecuencia de una disidencia dentro del partido comunista, en parte…

p. 104
30Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 1151 cita
[37]

the romance of revolution, inspired by the heroic figure of martyrs such as Che Guevarra (killed by CIA-trained Bolivian soldiers in 1967) or the Colombian guerrilla priest Camilo Torres (killed in his first combat oper- ation in 1966). Profoundly sectarian and deeply influenced by identifica- tion with international…

p. 115
31Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2371 cita
[38]

Partido Comunista no pudo evitar que muchos de sus militantes formaran grupos disidentes. Este desangre de la militancia hizo que muchos de sus dirigentes se resignaran a acoger la lucha guerrillera bajo sus banderas. La reticencia era sin embargo evidente, y los disidentes acusaron al pc, entre 1963 y 1972, de “…

p. 237
32¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 1601 cita
[39]

la ofensiva uribista de colonización y/o arrinconamiento de los medios y de seguimientos de periodistas y opositores). El uribismo ya no se puede proclamar siquiera como la fuerza mayoritaria en el país, menos como una absolutamente hegemónica, un estatus que sí tenía, digamos, en 2006. Aún así, no va a desaparecer…

p. 160
33Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 2261 cita
[40]

la elección más importante de la historia contemporánea del país, que buscaba refrendar con una pregunta directa los acuerdos de paz iniciados en 2012 por el presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tenía no solo la meteorología en contra, sino una serie de hechos que…

p. 226
34Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 781 cita
[41]

decenios. Entre las estrategias de la campaña del “No” se destacan la exas- peración del rencor, el estímulo de la revancha, la exigencia del castigo y la divisa según la cual “el fin justifica los medios”, que les permite poner en circulación fórmulas breves y efectivas contra el Acuerdo, cargadas de mentiras,…

p. 78
35Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 781 cita
[42]

decenios. Entre las estrategias de la campaña del “No” se destacan la exas- peración del rencor, el estímulo de la revancha, la exigencia del castigo y la divisa según la cual “el fin justifica los medios”, que les permite poner en circulación fórmulas breves y efectivas contra el Acuerdo, cargadas de mentiras,…

p. 78
36Orden y libertad. Economía política del castigo en Colombia y LatinoaméricaManuel Iturralde · 2022 · p. 1671 cita
[43]

15-67. 10 Helena Alviar García y Karen Engle, “The distributive politics of impunity and anti-impunity: Lessons from four decades of colombian peace negotiations”, en Anti-Impunity and the Human Rights Agenda, ed. por Karen Engle, Zinaida Miller y D. M. Davis (New York: Cambridge University Press, 2016), 216-254,…

p. 167
37Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 661 cita
[44]

de las guerrillas del ELN, EPL y FARC, quienes en las décadas de 1970 y 1980 no consideraban la ciudad como un escenario propicio para la confrontación armada, sino como un lugar para la construcción de una base social apuntalada en un labor proselitista, el control de or- ganizaciones sindicales, estudiantiles,…

p. 66
389 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 511 cita
[45]

dónde se podría presionar una insurrección en las ciudades. Varios años después, en conversaciones con gente que dejó la lucha armada del EPL, del M-19 y también del ELN, me fue confirmado que este paro estaba pensado como el punto de partida de una nueva forma de lucha político-militar, que tendría como escenario las…

p. 51
39El modelo paramilitar de San Juan Bosco de La Verde y ChucuríÁlvaro Villarraga Sarmiento, Camilo Ernesto Villamizar Hernández · 2019 · p. 752 citas
[46]

no somos una vanguardia”, dicen ellos de sí mismos, “somos la parte armada de la resistencia civil” (…) ¿Algunos miembros de A Luchar eran miembros del ELN? Sí. Obviamente. ¿Todos los miembros de A Luchar eran miembros del ELN? No. La mayoría de miembros de A Luchar no eran miembros del ELN (…) de la gente que creó A…

p. 75
[47]

no somos una vanguardia”, dicen ellos de sí mismos, “somos la parte armada de la resistencia civil” (…) ¿Algunos miembros de A Luchar eran miembros del ELN? Sí. Obviamente. ¿Todos los miembros de A Luchar eran miembros del ELN? No. La mayoría de miembros de A Luchar no eran miembros del ELN (…) de la gente que creó A…

p. 75
40Mujeres e insurrección en Colombia: Reconfiguración de la identidad femenina en la guerrillaMaría Eugenia Ibarra Meló · 2009 · p. 1461 cita
[48]

se sintieran respaldados por el grupo, a pesar de las restricciones bajo las que se operaba en la legalidad. También destaca que, en principio, no percibía rem u neración por este trabajo, por eso, cuando los directivos intentan im poner una estructura de m ando en este tipo de labor, ella reacciona en contra de las…

p. 146