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Biografía

Rodrigo Londoño

Transversal

17 min de lectura27 documentos
NacimientoQuindío, Colombia
FallecimientoSin fecha registrada
RolesComandante supremo de las FARC-EP · Miembro del Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Lugar principalColombia
Período históricoTransversal
03

La biografía

Rodrigo Londoño Echeverri, conocido durante décadas por los alias Timoleón Jiménez y Timochenko, fue el último comandante de las FARC-EP y es hoy el presidente de Comunes, la fuerza política nacida del acuerdo de paz firmado en noviembre de 2016 en el Teatro Colón de Bogotá. Su nombre pesa en la historia reciente de Colombia por una razón puntual: heredó el mando de la guerrilla más antigua del continente cuando su Secretariado histórico acababa de ser diezmado militarmente, y desde esa posición firmó el fin de una guerra que duraba más de medio siglo. Es una figura de transición en el sentido estricto: entre el último tramo de la insurgencia armada y la reincorporación política de sus cuadros, entre la responsabilidad penal que comparece ante la Jurisdicción Especial para la Paz y la legitimidad electoral que reclama para sus antiguos combatientes.

02

Línea de vida

  1. 2011

    Asume el mando de las FARC-EP

    Leer contexto

    Tras la muerte de Alfonso Cano en la operación Odiseo (noviembre de 2011), primera vez en la historia de las FARC que caía abatido un máximo comandante, Timoleón Jiménez heredó la conducción de la organización en el peor momento militar de su historia, con el Secretariado histórico diezmado.

  2. 2012

    Impulsa la fase exploratoria de paz

    Leer contexto

    A principios de 2012, bajo su mando, las FARC iniciaron una fase exploratoria de negociaciones con el gobierno Santos que se prolongó seis meses. El 26 de agosto de 2012 se dio a conocer el documento conjunto 'Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera', y en octubre las negociaciones formales se lanzaron en Oslo antes de trasladarse a La Habana.

  3. 2015

    Acepta el marco de la Jurisdicción Especial para la Paz

    Leer contexto

    En septiembre de 2015, los negociadores firmaron el acuerdo sobre la JEP, que estableció los parámetros legales para la reincorporación: justicia restaurativa con exigencia de verdad, reparación y sanciones propias para los máximos responsables, incluidos los comandantes guerrilleros.

  4. 2016

    Refrendación interna y firma del acuerdo de paz

    Leer contexto

    Entre el 17 y el 23 de septiembre de 2016, la X Conferencia Nacional Guerrillera, máximo órgano de dirección de las FARC-EP, respaldó el acuerdo en los Llanos del Yarí. Tras el triunfo del NO en el plebiscito del 2 de octubre, el acuerdo fue modificado y refrendado por el Congreso; Londoño mantuvo la posición de no romper lo pactado.

  5. 2017

    Dejación de armas y fundación del partido político

    Leer contexto

    Las FARC-EP se concentraron en veintiséis zonas de desarme y reincorporación. Londoño asumió la presidencia del partido sucesor, inicialmente denominado Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), que contó con presencia garantizada en el Congreso durante dos períodos legislativos.

  6. 2021

    Transformación del partido en Comunes

    Leer contexto

    En enero de 2021 el partido cambió su nombre a Comunes, buscando marcar distancia respecto a la sigla armada y construir una identidad política nueva, en un contexto de asesinatos sistemáticos de excombatientes firmantes del acuerdo.

Origen quindiano

Londoño nació en el departamento del Quindío, en una región que hasta principios de los años noventa exhibía los índices más bajos de necesidades básicas insatisfechas del país. El Eje CafeteroCaldas, Risaralda y Quindío, apenas 13.873 kilómetros cuadrados equivalentes al 1,2% del territorio nacional, del que el Quindío aporta el 15%— se sostenía entonces sobre pequeños propietarios caficultores integrados en cooperativas. Su colonización se acercó, más que la de otras zonas cafeteras, a un patrón igualitario. Era, en los mapas del bienestar colombiano, una excepción amable.

Y sin embargo, de esa tierra próspera salieron algunas de las figuras insurgentes más notorias del siglo XX colombiano. Los hermanos Fabio y Manuel Vásquez Castaño, fundadores del ELN, también nacieron en el Quindío. Londoño se sumó a esa genealogía inesperada. El departamento había sido, además, escenario de enfrentamientos entre grupos armados liberales y conservadores durante los años cincuenta, en el marco de La Violencia; la memoria de esos años seguía viva cuando él creció. A comienzos de los noventa, la crisis del modelo cafetero erosionó las condiciones que habían distinguido a la región, pero para entonces Londoño llevaba ya años en la clandestinidad.

Su formación previa a la vida armada incluyó estudios en el exterior, en países del bloque socialista —la Unión Soviética y Yugoslavia figuran en su hoja de vida política—, un dato que lo diferenciaba de los cuadros campesinos que fundaron las FARC en Marquetalia y que lo emparentaba con la vertiente urbana e ideológica sumada a la guerrilla en los años setenta. Se le atribuye una formación en el campo médico, oficio que ejerció dentro de las filas antes de ascender al mando político-militar. Ese perfil híbrido —cuadro urbano con formación técnica, disciplinado, discreto— marcaría toda su trayectoria posterior.

Ascenso en la estructura guerrillera

Las FARC-EP se organizaban en una jerarquía cuyo vértice era el Secretariado del Estado Mayor Central, compuesto por siete miembros que resolvían las decisiones tácticas y políticas en cooperación con el Estado Mayor Central y bajo la autoridad última de la Conferencia Nacional Guerrillera. Llegar a ese círculo suponía décadas de mando en frentes, bloques y comisiones. Hacia el final de la primera década del siglo XXI, Timoleón Jiménez figuraba entre esos siete, junto a Jorge Briceño (Mono Jojoy), Alfonso Cano (Guillermo León Sáenz Vargas), Pablo Catatumbo, Joaquín Gómez, Mauricio Jaramillo e Iván Márquez.

Su ascenso se consumó en un contexto de golpes militares sostenidos. En 2008 murió Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo, el fundador. La sucesión recayó en Alfonso Cano, cuadro ideológico y político, no en un jefe militar del calibre del Mono Jojoy. La lógica de esa designación —privilegiar el pensamiento estratégico sobre la capacidad de combate— hablaba ya de una organización que buscaba una salida distinta, aunque el aparato militar continuaba operando con la contundencia habitual.

El golpe siguiente fue devastador. En septiembre de 2010, la operación Sodoma acabó con Víctor Julio Suárez Rojas, el Mono Jojoy, jefe del bloque más numeroso de la guerrilla y símbolo del ala militar dura. El operativo empleó treinta aviones y helicópteros de guerra que arrojaron doce toneladas y media de bombas de alto poder sobre un campamento fortificado; con él murieron unos veinte guerrilleros de su primer anillo de seguridad. Fue la manera en que el nuevo gobierno de Juan Manuel Santos, apenas iniciado, mostró que su política de seguridad mantendría la contundencia militar del uribismo.

Poco más de un año después, en noviembre de 2011, la operación Odiseo dio muerte a Alfonso Cano. Era la primera vez en la historia de las FARC que caía abatido su máximo comandante. Las circunstancias fueron controvertidas: el arzobispo de Cali, monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, denunció pocos días después que Cano había sido "fusilado", cuestionando la versión oficial de una muerte en combate. Fuera cual fuera el detalle, la consecuencia estructural era clara. En tres años, la guerrilla había perdido a su fundador, a su jefe militar más temido y a su comandante político. El Secretariado histórico, aquel que había construido la organización desde los años sesenta, se cerraba con ausencias.

El mando heredado

La sucesión recayó en Timoleón Jiménez. Fue una designación que respondió a la mecánica interna del Secretariado: quien quedaba en pie asumía. No hubo el peso carismático de un Marulanda, ni la aureola militar de un Jojoy, ni la densidad intelectual con que Cano se había proyectado hacia afuera. Londoño llegó al mando en el peor momento militar de las FARC, con el aparato golpeado, con la certeza recién demostrada de que el Estado podía alcanzar a los máximos comandantes en sus campamentos, y con una organización que, pese a mantener capacidad operativa, había perdido la ilusión de invulnerabilidad.

Ese punto es central para entender el giro estratégico que siguió. Las gestiones exploratorias con el gobierno Santos ya estaban en curso antes de la muerte de Cano —el propio Cano las había impulsado— y su continuación bajo el mando de Londoño no fue una ruptura sino una prolongación. A principios de 2012, apenas dos meses después de la operación Odiseo, se inició formalmente una fase exploratoria de negociaciones que se prolongó durante seis meses. El 26 de agosto de ese año se dio a conocer el documento conjunto Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.

La decisión de fondo era doctrinal, no coyuntural. Por primera vez en su historia, las FARC aceptaban negociar con el objetivo expreso de poner fin al conflicto armado como condición esencial para la construcción de la paz, renunciando a la exigencia de cambios previos de condiciones estructurales antes de negociar. Era un quiebre ideológico de fondo: la guerrilla que se había definido durante décadas por la lucha armada como instrumento indispensable de transformación social aceptaba ahora que la transformación se buscaría por otras vías. Ese giro no lo produjo la debilidad militar por sí sola —ninguna derrota táctica basta para explicar un cambio doctrinal de esa magnitud—, pero la coyuntura militar hizo posible que se consumara sin fracturas mayores en el mando.

La mesa de La Habana

Las negociaciones formales se lanzaron en Oslo, Noruega, en octubre de 2012, antes de trasladarse definitivamente a La Habana, donde el gobierno cubano ofició de país garante junto con Noruega. La delegación de las FARC en la mesa fue encabezada visiblemente por Iván Márquez, con Jesús Santrich y Pablo Catatumbo entre sus figuras públicas más recurrentes. Londoño, como comandante en jefe, no ocupó de manera permanente un asiento en la mesa: su función era distinta y en cierto modo más pesada. Sostener desde el mando la coherencia interna del proceso, garantizar que cada acuerdo parcial fuera asumido por la organización y proyectar hacia afuera la firma última.

Fueron cuatro años de negociación sobre una agenda temática compleja, con puntos que abarcaron desarrollo rural, participación política, cultivos de uso ilícito, víctimas, fin del conflicto y refrendación e implementación. En diciembre de 2014 las FARC declararon un cese al fuego universal, y las fuerzas militares colombianas anunciaron que suspenderían los bombardeos y operaciones ofensivas contra la guerrilla a partir de marzo de 2015. En septiembre de 2015, los negociadores firmaron el acuerdo sobre la Jurisdicción Especial para la Paz, que estableció los parámetros legales para la reincorporación: un sistema de justicia restaurativa con amnistía para los delitos que no fueran de lesa humanidad, pero con exigencia de verdad, reparación y sanciones propias para los máximos responsables.

Ese acuerdo era, en términos de Londoño y del Secretariado, la pieza decisiva. Aceptar el marco de la JEP significaba aceptar que los comandantes responderían judicialmente por los crímenes cometidos, incluido el secuestro sistemático que había sido pilar del financiamiento guerrillero. Quienes habían mandado durante décadas se disponían a sentarse ante jueces a reconocer conductas concretas, con nombres y víctimas.

La X Conferencia y el plebiscito

Entre el 17 y el 23 de septiembre de 2016, en los Llanos del Yarí, se reunió la X Conferencia Nacional Guerrillera de las FARC-EP, máximo nivel de dirección de la organización. Fue una asamblea de refrendación interna: los delegados de todos los frentes y bloques debían ratificar colectivamente lo que la delegación en La Habana había pactado. La conferencia respaldó el acuerdo. Ese respaldo, casi unánime en términos políticos —con la excepción notable de un sector del Frente 1, uno de los "frentes madres" o históricos del movimiento—, es un dato decisivo para leer la trayectoria de Londoño: la paz no fue una decisión personal impuesta desde el mando debilitado, sino una determinación institucional adoptada por el máximo órgano de la guerrilla.

El acuerdo se firmó luego en el Teatro Colón de Bogotá. Pero antes del cierre debía superar un plebiscito. La refrendación popular exigía que el SÍ ganara al NO y además superara el 13% del censo electoral —al menos 4.536.992 votos—. El 2 de octubre de 2016 el NO se impuso por un margen estrecho, encabezado por los partidos afines al expresidente Álvaro Uribe y por representantes de sectores rurales, junto con núcleos de víctimas, particularmente en la región Caribe, que exigían penas de cárcel para los responsables en lugar de su participación en el Congreso. La refrendación directa quedó frustrada.

El acuerdo fue entonces modificado a finales de 2016 para incorporar objeciones del rechazo ciudadano y refrendado por el Congreso. Londoño mantuvo durante esas semanas una posición pública de contención: la guerrilla no romperá lo pactado, la vía civil está tomada. En diciembre las FARC recibieron el reconocimiento simbólico de que su decisión estratégica no dependía del resultado de la urna, aunque la implementación quedaría marcada desde el inicio por la debilidad de la legitimidad social del proceso.

Del fusil al partido

Entre enero y agosto de 2017, las FARC-EP se concentraron en veintiséis zonas de desarme y reincorporación repartidas por el territorio nacional. La dejación de armas se ejecutó bajo verificación internacional en un período que coincidió aproximadamente con los 180 días previstos en el acuerdo. La reincorporación fue diseñada según una lógica distinta de los procesos convencionales de desarme, desmovilización y reinserción: se haría "de acuerdo con los intereses" de la propia guerrilla, como proceso colectivo y territorial, no como abandono de los territorios a cambio de subsidios individuales. Esa arquitectura reflejaba la insistencia del Secretariado en que las FARC no se disolverían en el archipiélago de excombatientes anónimos, sino que persistirían como sujeto colectivo con proyección política.

En 2017 fue aprobado el partido político sucesor. Con la sigla y la marca originales —el partido conservó al principio el nombre FARC en su versión civil, Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común— la organización dio el paso de la clandestinidad armada a la legalidad electoral. Londoño asumió su presidencia. El acuerdo garantizaba, además, una presencia mínima en el Congreso durante dos períodos legislativos, mecanismo que buscaba compensar la desventaja de una fuerza recién nacida frente a las maquinarias tradicionales.

En 2018 Londoño se presentó como candidato presidencial. Fue una candidatura simbólica más que competitiva: la retiró antes de la elección, alegando problemas de salud —había sido operado del corazón— y las condiciones de seguridad. El gesto fue leído entonces como reconocimiento de que la ruta electoral inmediata era estrecha; la campaña había estado marcada por hostilidades directas, protestas en plazas y la evidencia de que el clima nacional no favorecía la figura pública del excomandante.

Cinco facciones disidentes de las FARC no se acogieron al proceso o rompieron con él después. Algunas, encabezadas por figuras que habían sido negociadoras en La Habana como Iván Márquez y Jesús Santrich, tomaron nuevamente las armas en 2019 alegando incumplimientos del Estado. Otras, herederas del sector del Frente 1 que se había separado antes de la firma, nunca aceptaron la ruta pactada. Londoño mantuvo, frente a esas rupturas, una posición inequívoca de rechazo al retorno armado, insistiendo en que la vía civil, con todos sus obstáculos, era la única defendible.

Comunes y el posacuerdo

En enero de 2021 el partido cambió su nombre a Comunes, en un intento explícito por marcar distancia respecto a la sigla armada y facilitar la construcción de una identidad política nueva. El cambio se produjo en un contexto adverso: los excombatientes firmantes del acuerdo estaban siendo asesinados de manera sistemática, con cifras que se acumulaban año tras año. El fenómeno, junto con el exilio forzado de excombatientes y sus familias, evidenció que fuerzas activas se oponían a la paz por vías letales, y reprodujo un patrón trágicamente conocido en los procesos de paz colombianos: incumplimiento de acuerdos, asesinato de firmantes, deterioro sostenido de las condiciones de seguridad.

Londoño, como presidente de Comunes, ha sido en esos años la figura pública más visible del sector desarmado. Su papel ha combinado la denuncia del asesinato de firmantes, la interlocución con los gobiernos —el de Iván Duque, hostil al acuerdo aunque obligado a implementarlo; el de Gustavo Petro, que reivindica su continuidad— y la representación del sujeto colectivo excombatiente ante la sociedad y las instituciones. No ha sido una figura de masas ni ha aspirado a serlo: su liderazgo es más bien institucional, hacia adentro del proceso de reincorporación, con capacidad de mantener la cohesión política del grueso de los firmantes en medio de presiones de todo signo.

La labor cotidiana del partido ha oscilado entre la política electoral y la gestión del sujeto excombatiente. En el Congreso, la bancada aprovechó los diez escaños garantizados por el acuerdo para intervenir en debates de implementación, tierras, víctimas y seguridad. En el territorio, Comunes ha buscado sostener los proyectos productivos colectivos de los antiguos espacios de reincorporación, hoy convertidos en asentamientos precarios que exigen inversión estatal continua. Ese doble frente —la voz política en Bogotá y el sostenimiento material de excombatientes en zonas rurales cada vez más disputadas— define en la práctica el trabajo de la organización que Londoño preside.

La llegada de Petro al gobierno en 2022 reintrodujo la agenda de paz en el vértice del Estado, esta vez bajo el rótulo de "paz total", que incluye tanto la implementación efectiva del acuerdo con las FARC como negociaciones abiertas con el ELN y con las disidencias armadas. Ese giro modificó las condiciones de interlocución de Comunes: por primera vez desde 2018, el gobierno reconoce el acuerdo como agenda propia. Los déficits acumulados —tierras no entregadas, proyectos productivos incumplidos, firmantes asesinados— siguen marcando el balance, y la reincorporación es una arquitectura frágil que requiere sostenimiento continuo.

Comparecencia ante la JEP

El otro rostro de la trayectoria posacuerdo de Londoño es el judicial. Los exintegrantes del Secretariado de las FARC-EP comparecen ante la Jurisdicción Especial para la Paz en el Caso 001, denominado Toma de rehenes y otras graves privaciones a la libertad. Es el caso emblemático sobre el secuestro como práctica sistemática de la guerrilla durante el conflicto.

En una versión colectiva presentada ante la JEP, las FARC-EP reconocieron que el secuestro económico aumentó en algunos frentes y bloques como mecanismo para cumplir metas de financiamiento bajo supervisión del Secretariado. Los excomandantes admitieron que el Secretariado imponía cuotas económicas anuales a los frentes y bloques, práctica vinculada a mandatos de la Octava Conferencia de 1993, y que esas cuotas empujaron a la extensión del secuestro. El reconocimiento tiene un peso específico: no se trata de aceptar un exceso aislado ni de atribuir los hechos a mandos medios descontrolados, sino de admitir la responsabilidad estructural del nivel más alto de la organización, aquel del que Londoño mismo formó parte y que después presidió.

Ese reconocimiento judicial es el complemento necesario del gesto político de la paz. Sin él, la firma habría sido apenas una capitulación militar disfrazada. Con él, la trayectoria de Londoño adquiere una densidad distinta: es el excomandante que dejó las armas y responde por lo que se hizo con ellas. La JEP prevé para los máximos responsables sanciones propias —restrictivas de la libertad, con componentes reparadores— que no equivalen a la cárcel ordinaria pero que tampoco son amnistía. Es precisamente ese punto —la ausencia de cárcel ordinaria para responsables de crímenes graves— el que ha alimentado el rechazo persistente de sectores de víctimas y de la oposición política al acuerdo.

Interlocutores y geografías

Del Secretariado histórico, los interlocutores más cercanos de Londoño en la última etapa fueron Iván Márquez y Pablo Catatumbo, ambos cuadros veteranos con recorrido en el trabajo político y en el mando militar. La relación con Márquez se fracturó tras la ruptura de 2019 y su retorno a las armas; fue el golpe interno más severo del posacuerdo para el sector firmante, pues implicaba que el jefe negociador de La Habana renegaba del acuerdo que había firmado. Con Catatumbo, la relación se sostuvo dentro de Comunes y en el Congreso, donde ocupó una de las curules garantizadas.

Al otro lado de la mesa, su contraparte fue el gobierno de Juan Manuel Santos, con Humberto de la Calle como jefe negociador. La política de paz fue la política insignia de Santos, quien apostó buena parte de su capital político a llevarla a término y recibió por ello el Premio Nobel en 2016, apenas días después de la derrota en el plebiscito. La sucesión presidencial de 2018 llevó al poder a Iván Duque, cuyo partido había liderado el No; su gobierno mantuvo formalmente el acuerdo pero desaceleró su implementación en varios frentes. Petro, exguerrillero él mismo del M-19, cerró en 2022 el ciclo de contrapartes gubernamentales de Londoño con una postura de continuidad explícita.

Los lugares trazan una geografía definida. Calarcá y el Quindío como origen; las zonas de operación guerrillera durante la vida armada; La Habana como escenario de la negociación; los Llanos del Yarí como sede de la X Conferencia; Mesetas y otros municipios del Meta como espacios de concentración y reincorporación. Cada uno de esos puntos condensa un momento distinto: el niño que sale de una región próspera hacia la clandestinidad, el comandante que negocia en el Caribe, el jefe que refrenda ante sus tropas en la selva, el excombatiente que se instala en zonas rurales marginales para ejecutar un acuerdo que el país no acabó de refrendar.

Huella y disputa

Rodrigo Londoño ocupa un lugar particular en la historia colombiana. No es el fundador ni el símbolo carismático de la guerrilla —esos lugares están tomados por Marulanda y por Jojoy—, ni es el intelectual público de la insurgencia —ese fue Cano—. Es el comandante que cerró. Tras la cadena de golpes que descabezó al Secretariado histórico, sostuvo la negociación hasta la firma, aceptó el marco judicial que exige responder por los crímenes cometidos, condujo la transformación de la organización en partido legal y presidió esa transición durante los años más duros del posacuerdo, con los excombatientes cayendo asesinados y la implementación amenazada por gobiernos hostiles y por fracturas internas.

Su figura pública es discreta, casi pálida frente a la de sus antecesores. Es una característica —no un defecto— que probablemente hizo posible el papel que le tocó. Un comandante con la aureola militar de Jojoy difícilmente habría podido sostener una negociación de cuatro años sin fracturas internas; un intelectual del calibre de Cano habría podido proyectar el proceso con más brillo, pero no está claro que hubiera tenido la paciencia orgánica que exigió la implementación. Londoño combinó formación técnica, disciplina de cuadro, autoridad heredada sin disputa interna y una convicción sostenida —expresada más en gestos que en discursos— de que la vía civil era irreversible.

La disputa sobre su figura no está resuelta ni lo estará pronto. Para una parte de la sociedad colombiana, especialmente entre las víctimas del secuestro y en los sectores que respaldaron el No en 2016, Londoño es el rostro de una impunidad negociada: el excomandante de una organización responsable de miles de secuestros, reclutamientos forzados y asesinatos que hoy participa en política sin pisar una cárcel ordinaria. Para otra parte, es el garante de que un conflicto de más de medio siglo terminó por vía negociada, con reconocimiento judicial de responsabilidades y con un aparato guerrillero convertido en fuerza legal, algo que ningún proceso previo en Colombia había logrado en esa escala.

Las dos lecturas son ciertas y no se cancelan. La trayectoria de Londoño es precisamente el punto donde se tocan: la responsabilidad penal reconocida ante la JEP y la legitimidad política reclamada desde Comunes son las dos caras del mismo acto, no dos hechos separados. Que el debate colombiano tienda a tratar los asuntos de víctimas y excombatientes como esferas diferenciadas es en parte lo que hace tan difícil aceptar la coexistencia de ambas dimensiones en una sola figura.

Queda por ver qué queda de Comunes en el mediano plazo y qué papel jugará su presidente cuando termine el período de garantías electorales pactadas. Queda también por medir, con distancia, el peso histórico de una decisión —firmar la paz, aceptar la JEP, sostener la ruta civil frente a las disidencias— tomada colectivamente por una organización en crisis pero que necesitó, en el vértice de esa organización, a alguien capaz de sostenerla sin ceder ni por el flanco del retorno armado ni por el de la disolución silenciosa. Ese fue el lugar de Rodrigo Londoño en la historia reciente de Colombia. Que sea un lugar incómodo, doblemente cuestionado, en tensión permanente entre lo que reconoce y lo que representa, no lo hace menos consecuente. Lo hace, quizás, más propio del país que lo produjo.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

27 documentos · 28 fragmentos
01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Página 631 cita
[1]

un grupo armado para comenzar a hacerle frente a esa violencia. Muy pronto corrió el rumor de en qué estábamos nosotros y comenzaron a llegar muchachos dispuestos a la pelea. Fue en poco tiempo que pudimos conformar un núcleo de cincuenta hombres, pero hombres desarmados. Y ese era el próximo paso, conseguirnos las…

p. 63
02El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · Página 381 cita
[2]

13.873 kilómetros cuadrados equivalente al 1,2% del país; de este porcentaje el 56% co- rresponde a Caldas, el 28% a Risaralda y el 15% al Quindío. Su lugar de privilegio en la economía nacional, especialmente hasta comienzos de la década de los 90, sustentó el imaginario de considerarlo como un escenario de calidad…

p. 38
03El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · Página 381 cita
[3]

13.873 kilómetros cuadrados equivalente al 1,2% del país; de este porcentaje el 56% co- rresponde a Caldas, el 28% a Risaralda y el 15% al Quindío. Su lugar de privilegio en la economía nacional, especialmente hasta comienzos de la década de los 90, sustentó el imaginario de considerarlo como un escenario de calidad…

p. 38
04Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · Página 1801 cita
[4]

/ Aranzazu La Dorada.f r N • ••••/ Manzanares -'pL./ac (. - • - C A L D A S,-.Pavas H o n d a ^ J ' N e i r a. • • • • • j MAN IZ ALES /.'/.Chinchina O T A "->?• A. P E R E I R A..•) Filandia # "•••/ Toro f Quimbaya. m.Salento / O b La Union / V A L/L E • Circasia / _ n andoiARMENIA / ' U • " •Calarca JQUINDIO/'. • •…

p. 180
05Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · Página 171 cita
[5]

completely fortified by the guerrillas. On many occasions I travelled by land and water, sometimes for days, without any sight of state influence, yet squads of guerrillas were seen on a regular basis. As support varies from region to region, 1 some form of solidarity exists in every municipality, giving the…

p. 17
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1701 cita
[6]

General de la Nación. «30-Tomo XXX. Génesis. Bloque Occidental “Comandante Alfonso Cano” FARC-EP». 416 Fiscalía General de la Nación, «Génesis. Tomo XXIX Génesis Bloque Móvil Arturo Ruiz FARC-EP». reconfiguración de la guerra (2004-2016) 171 financiación, operando conjuntamente con bandas criminales o grupos de…

p. 170
07Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 179, 1882 citas
[7]

la organización: Sodoma (septiembre de 2010) que permitió al nuevo gobierno de Juan Manuel Santos mostrar la misma con- tundencia militar de su antecesor. Participaron 30 aviones y helicópteros de guerra que arrojaron doce toneladas y media de bombas de alto poder sobre un “campamento fortificado” con el resultado de…

p. 188
[8]

Rojas, el "Mono Jojoy” y de unos 20 guerrilleros "del primer anillo de seguridad". Con Odiseo (noviembre del 2011) llegó la apoteosis: por primera vez en la historia de las farc cayó abatido por las “balas de ley" un máximo comandante, Guillermo León Sáenz Vargas, "Alfonso Cano". Sin embargo, a los pocos días monseñor…

p. 179
08Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · Página 451 cita
[9]

del bloque más numeroso de las F A R C (septiembre de 2010) y el máximo comandante (noviembre del 2011). Las gestiones continuaron y a principios de 2012 se inició una fase exploratoria que se prolongaría durante seis meses hasta que, el 26 de agosto, se dio a conocer el documento conjunto Acuerdo general para la…

p. 45
09Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · Página 331 cita
[10]

such an enthusiasm with a “post-conflict” Colombia was manifested even before a peace agreement had been reached in La Habana (Cuba) between the government and the FARC. 4 As an illus- tration, Fundación Ideas para La Paz (FIP, in Spanish), a think tank established in 1999 with resources from the Colombian private…

p. 33
10Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 651 cita
[11]

mundo. El Consejo está integrado por cinco miembros permanentes: China, Francia, Federación Rusa, Reino Unido y Estados Unidos.Y por 10 no permanentes: Angola, Egipto, España, Japón, Malasia, Nueva Zelandia, Senegal, Ucrania, Uruguay, y Venezuela. El día 27, los 33 gobiernos de la Comunidad de Estados Latinoamericanos…

p. 65
11At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · Página 3051 cita
[12]

a backchannel contact with FARC leaders early on that resulted in ongoing secret preliminary talks with FARC leaders in Havana, Cuba in February 2012. By August, Santos and the FARC signed onto a formal document outlining the conditions of a formal peace process, the rules by which the negotiations would operate, and…

p. 305
12Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · Página 141 cita
[13]

the right, such as the Conservative Party, that contained both Uribe and Santos supporters. In a tight but decisive contest, President Santos won reelection in a June 2014 runoff with 51% of the vote to his CD opponent’s 45%, with about 4% of voters casting blank ballots, suggesting some disillusionment with both…

p. 14
13Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 8431 cita
[14]

julio de 2016, había declarado exequible la ley estatutaria de plebiscito, aprobada en diciembre pasado por el Congreso y sancionada por el Presidente el 24 de agosto, con el número 1806, “Por medio de la cual se regula el plebiscito para la refrendación del Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la…

p. 843
14Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 1911 cita
[15]

tuviera una amplia acogida 151. En febrero de 2012, el PC dio su apoyo al Movimiento Bolivariano, creado por las FARC desde 1999, y revivido en 2010. Así rompía con otras fuerzas del PDA, como el MOIR y la Anapo, y volvía a buscar su desarrollo bajo la cobija de las FARC. Desde ese momento, su política se ha limitado…

p. 191
15Colombia bizarraPirry · 2022 · Página 2261 cita
[16]

la elección más importante de la historia contemporánea del país, que buscaba refrendar con una pregunta directa los acuerdos de paz iniciados en 2012 por el presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tenía no solo la meteorología en contra, sino una serie de hechos que…

p. 226
16Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2841 cita
[17]

sostenidos durante dos a ñ os con recursos p ú blicos, as í como a que las farc siguieran present á ndose ante la opini ó n, con algo de prepotencia, como un movimiento que hizo una guerra justa, que era la respuesta inevitable a la opresi ó n del sistema, lo que justificaba que las v í ctimas de estas d é cadas de…

p. 284
17Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 3821 cita
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fa r c al parecer lograron evitar un reciclamiento significativo de miembros de su movimiento en redes criminales317 y no se produjo ninguna disidencia de carácter político, no lograron que el e l n participara de manera conjunta en las negociaciones o, al menos, en negociaciones paralelas. En el caso del equipo…

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18Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 3321 cita
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Society and Economy Culture and Science 2017 —The political party representing the FARC is approved —FARC begins disarming —Bilateral ceasefire between the Government and the ELN —Suspension of the use of glyphosate —Twenty-four homicides for every 100,000 inhabitants —Health coverage reaches 97.6 percent —Odebrecht…

p. 332
19The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · Página 2031 cita
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furred with dark green forest, others stripped to grass for cattle grazing. Across from us on the other side of the valley we could just make out some white tips: the tents of the FARC camp. This was one of the twenty- six disarmament and reincorporation zones, where the FARC lived between January and August 2017.…

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20Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · Página 991 cita
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en la Mesa. Paz en Colombia: Pers P e C tivas, desafíos, o PC iones 100 l a comple J idad de la reincorporación en lo pol Í tico, lo económico Y lo social Aunque los términos de lo pactado en materia de reincorporación de las FARC-EP a la vida civil indican que éste de un asunto que corresponde en primera instancia a…

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21Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · Página 2841 cita
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acronym), and ELN, the other guerrilla army, entered into negotia - tions (“Alternative Communal Revolutionary Forces” 2017). Five dissident FARC fac - Notes 265 tions remain, however (Gruner 2017, 179). 6. Cf. Gros 1991, 206– 214. 7. Pratt 2007, 399. 8. Canessa 2012, 32. 9. Kapila 2008, 120. 10. See Carrier 1992,…

p. 284
22La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2001 cita
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poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…

p. 200
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1541 cita
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secó la boca [toma agua] tratando que las personas que tanta violencia nos hicieron digan también la verdad [...] [nuevamente se queda sin aire]» 354. Han pasado casi dos minutos y Roberto Lacouture apenas alcanza a balbucear estas palabras. Al igual que las madres de Afusodo respecto de la desaparición forzada, sabe…

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24Guerras, paces y vidas entrelazadas: coexistencia y relaciones locales entre víctimas, excombatientes y comunidades en ColombiaJuan Diego Prieto Sanabria · 2012 · Página 291 cita
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despojo de bienes), la gran mayoría de las víctimas son de escasos recursos y tienen niveles de escolaridad bajos (Fun- dación Social 2009; Rettberg 2008). En la mayoría de los casos, la victimiza- ción ha empeorado seriamente y de manera sostenida su situación económica (Ibáñez 2008). Por otra parte, la situación de…

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25No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 6191 cita
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de exintegrantes del secretariado de las FARC-EP, comparecientes dentro del Caso 001 “Toma de Rehenes y otras gra- ves privaciones a la libertad”». 2021. https://www.jep.gov.co/Documents/Casos/ Caso01/Respuesta%20Auto%20%20No.%2019.%20Comparecientes%20 ex%20integrantes%20FARC%20EP.%2030%20de%20abril%20de%20…

p. 619
26Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 221 cita
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fuerza pública. Volvieron otras veces. Siempre desde distintos lugares, de diversas organiza- ciones. Siempre buscando. El último grupo venía de Guaviare y del Pacífico, de La Guajira y Soacha, de pueblos indígenas y comunidades afro del Cauca y de todas las fronteras; y esa tarde pidieron que la Comisión solicitara a…

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27Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 9371 cita
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pesos (al tipo de cambio de 1993, situado, en promedio, en $800 pesos, que para el 2000 se habían convertido en 104.000 millones, por las variaciones del tipo de cambio)» 3384. Este hecho trajo el aumento del secuestro económico en algunos frentes y bloques 3379 El Espectador, «Rafael Pardo Buelvas: 30 años de su…

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