Sentencia STC 4360 de 2018: la Amazonía como sujeto de derechos
El 5 de abril de 2018, la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia reconoció a la Amazonía colombiana como sujeto de derechos mediante la sentencia STC 4360, impulsada por veinticinco niños, niñas, adolescentes y jóvenes que alegaron que la deforestación acelerada tras la desmovilización de las FARC-EP vulneraba sus derechos fundamentales y los de las generaciones futuras. El fallo ordenó al Gobierno Nacional y a las autoridades departamentales y municipales formular planes de acción intergeneracionales y construir un Pacto Intergeneracional por la Vida del Amazonas Colombiano (PIVAC).
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 5 de abril de 2018
- Dónde
- Caquetá, Guaviare, Meta, Putumayo, San Vicente del Caguán, Colombia, Amazonía colombiana, América Latina
- Protagonistas
- Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia, Luis Armando Tolosa Villabona (magistrado ponente), Veinticinco jóvenes accionantes, Dejusticia, Gobierno de Iván Duque (destinatario de las órdenes), Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Corporaciones Autónomas Regionales amazónicas, Gloria Amparo Rodríguez (doctrina ambiental de referencia), Corte Constitucional (precedente T-622 de 2016, río Atrato)
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La desmovilización de las FARC-EP en 2016-2017 retiró la gobernanza territorial —violenta pero eficaz en el control del uso del suelo— que la guerrilla ejercía sobre la frontera amazónica, generando un vacío de poder que disparó la deforestación: de aproximadamente 124.000 hectáreas anuales antes del acuerdo a 219.973 en 2017, con más del 60% concentrado en la Amazonía.
- Una red compleja de grupos armados ilegales, actores privados y funcionarios corruptos aprovechó el vacío dejado por las FARC para ampliar actividades económicas ilegales —ganadería extensiva, acaparamiento de tierras, minería, extracción maderera y cultivos ilícitos—, aumentando la magnitud, intensidad y velocidad de la deforestación posacuerdo.
- La baja capacidad de regulación estatal y la débil gobernanza ambiental preexistentes, combinadas con instrumentos de ordenamiento territorial municipal (POT, POMCA) que no articulaban escalas espaciales ni temporales, impidieron al Estado responder al vacío territorial con autoridad efectiva.
- La colonización amazónica de largo plazo —impulsada desde mediados del siglo XX por la violencia política, la pobreza rural extrema, la concentración de tierras y los ciclos de cultivos ilícitos— había creado un patrón estructural de avance de la frontera agraria que el posacuerdo aceleró sin que existieran mecanismos institucionales para frenarlo.
- La arquitectura constitucional de 1991 —que consagró la tutela, las acciones populares y el derecho a un ambiente sano, y creó la Corte Constitucional y la Defensoría del Pueblo— habilitó el litigio climático estructural al poner en manos ciudadanas instrumentos expeditos para reclamar judicialmente derechos colectivos ante la ausencia de un Estado de bienestar que los aplicara administrativamente.
- El precedente ecocéntrico de la sentencia T-622 de 2016 de la Corte Constitucional, que reconoció al río Atrato como sujeto de derechos e incorporó los conceptos de ecocentrismo y derechos bioculturales, habilitó jurídicamente la extensión de esa doctrina a un bioma completo dos años después.
Consecuencias
- La Corte Suprema ordenó a la Presidencia de la República, al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y al Ministerio de Agricultura formular un plan de acción de corto, mediano y largo plazo para contrarrestar la deforestación amazónica y hacer frente al cambio climático, con plazos de cuatro y cinco meses.
- Se ordenó la construcción del Pacto Intergeneracional por la Vida del Amazonas Colombiano (PIVAC), con participación de los accionantes, comunidades afectadas, población interesada y organizaciones científicas, instituyendo un mecanismo de gobernanza ambiental participativa de nuevo cuño.
- Los municipios amazónicos quedaron obligados a actualizar sus Planes de Ordenamiento Territorial con acciones concretas de reducción de la deforestación, y las Corporaciones Autónomas Regionales a elaborar planes de acción específicos, extendiendo las órdenes judiciales a múltiples niveles de gobierno.
- Colombia se consolidó como referente latinoamericano del litigio climático: la STC 4360 fue citada en decisiones judiciales y estrategias de litigio de otros países de la región, y contribuyó a posicionar el constitucionalismo ecológico como herramienta de política ambiental en América Latina.
- La sentencia amplió el constitucionalismo ecológico colombiano de un río con comunidades bioculturales identificables (Atrato) a un bioma de proporciones continentales, convirtiendo el ecocentrismo en una categoría jurídica aplicable a escalas mayores y más difusas y abriendo la puerta a futuros litigios sobre otros ecosistemas.
- La introducción operativa de la solidaridad intergeneracional como fundamento jurídico —con legitimación activa de jóvenes para invocar los derechos de los aún no nacidos— transformó la doctrina de derechos ambientales en Colombia al vincular el presente ecológico con obligaciones estatales hacia el futuro.
- La implementación del fallo fue parcial y conflictiva durante el gobierno de Iván Duque: la deforestación continuó en cifras elevadas, el PIVAC avanzó con lentitud y las órdenes de política pública enfrentaron resistencias institucionales, evidenciando la brecha entre el activismo judicial y la capacidad ejecutiva del Estado.
La clave interpretativa
Por qué importa
La STC 4360 de 2018 es el primer fallo en Colombia —y uno de los primeros en el mundo— que reconoce a un bioma completo como sujeto de derechos e introduce la solidaridad intergeneracional como fundamento jurídico operativo, no meramente declarativo, vinculando el litigio climático con la crisis de gobernanza territorial del posacuerdo. Su importancia no reside solo en la doctrina que consagra, sino en lo que revela: que la deforestación amazónica posacuerdo fue el producto de una economía política activa —grupos armados, acaparadores, funcionarios corruptos— que el Estado colombiano no pudo o no quiso desmantelar, y que fueron veinticinco jóvenes, no el Gobierno, quienes forzaron al sistema judicial a nombrar ese fracaso. Al situar a Colombia como referente del constitucionalismo ecológico en América Latina, la sentencia también expone la paradoja de un país donde la vanguardia jurídica coexiste con una de las tasas de deforestación más altas del continente.
Desarrollo histórico
La historia completa
Sentencia STC 4360 de 2018
El 5 de abril de 2018, la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia profirió la sentencia STC 4360, mediante la cual reconoció a la Amazonía colombiana como sujeto de derechos y ordenó al Gobierno Nacional, a los gobernadores de los departamentos amazónicos, a los alcaldes de sus municipios y a las autoridades ambientales formular planes de acción para detener la deforestación y proteger a las generaciones futuras. La decisión resolvió una acción de tutela interpuesta por veinticinco niños, niñas, adolescentes y jóvenes de distintas regiones del país, quienes alegaron que el aumento acelerado de la deforestación amazónica tras la firma del Acuerdo de Paz vulneraba sus derechos fundamentales a la vida, la salud, el mínimo vital, la libertad y la dignidad humana, así como los derechos al ambiente sano de las generaciones venideras. La sentencia extendió a un bioma completo la doctrina ecocéntrica que la Corte Constitucional había estrenado apenas dos años antes con el río Atrato, y convirtió a Colombia en referente latinoamericano del litigio climático. Su gestación, su contenido y su implementación posterior son inseparables de un hecho de fondo: la incapacidad del Estado colombiano para gobernar el vacío territorial dejado por la desmovilización de las FARC-EP en la selva.
La Amazonía después de la paz
El Acuerdo Final entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP se firmó en Cartagena el 26 de septiembre de 2016, fue rechazado en el plebiscito del 2 de octubre y, tras renegociaciones, se refrendó por el Congreso en noviembre de ese año. La desmovilización efectiva de la guerrilla, concluida en su mayor parte durante 2017, produjo un efecto ambiental que ninguno de los negociadores de La Habana había anticipado con la nitidez que exigía: la retirada de las FARC de amplias franjas amazónicas retiró también la forma de gobernanza territorial —violenta, autoritaria, pero eficaz en el control del uso del suelo— que las estructuras insurgentes ejercían sobre la frontera de la selva.
Durante décadas, en departamentos como Caquetá, Guaviare, Meta y Putumayo, las FARC habían regulado la tala, la apertura de potreros, el trazado de caminos y la circulación de colonos. No lo hacían por convicción conservacionista, sino por lógica militar: el bosque cerrado era refugio y ventaja táctica. Su retirada dejó al descubierto un territorio sin autoridad efectiva. La baja capacidad de regulación estatal y la débil gobernanza ambiental preexistentes se transformaron en un problema de otra magnitud. Al vacío entraron, casi de inmediato, una red compleja de actores: disidencias armadas, financiadores ocultos de la ganadería extensiva, acaparadores de tierra, madereros, cultivadores de coca y, no pocas veces, funcionarios corruptos que agilizaban trámites o miraban a otro lado.
Las cifras del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales confirmaron pronto la sospecha. La deforestación nacional, que rondaba las 124.000 hectáreas anuales antes del acuerdo, saltó a 178.597 hectáreas en 2016 y a 219.973 en 2017. La Amazonía concentró más del 60% del bosque destruido en el país. En municipios como San Vicente del Caguán, Cartagena del Chairá, San José del Guaviare y La Macarena, el retroceso de la selva se hizo visible incluso desde imágenes satelitales de resolución media, con el contraste entre el verde oscuro del bosque y el verde claro de los potreros recién abiertos que caracteriza el arco de deforestación amazónico.
El diagnóstico, recogido después en informes como Un Clima Peligroso de la Fundación Ideas para la Paz, WWF y Adelphi, era que el problema no consistía en una simple desregulación pasiva. Se trataba de una economía política activa: una red de grupos armados ilegales, actores privados y funcionarios que aprovechaba el vacío de poder para ampliar sus actividades y aumentar la magnitud, la intensidad y la velocidad de la explotación de recursos. La deforestación posacuerdo no era descuido; era negocio.
Un litigio construido por jóvenes
En este contexto, la organización Dejusticia diseñó durante 2017 una estrategia de litigio de alto impacto, en línea con lo que en otros países empezaba a llamarse litigio climático. La apuesta consistía en llevar ante la justicia una acción de tutela cuyos accionantes no fueran comunidades indígenas o campesinas —las víctimas territoriales evidentes—, sino niños, niñas, adolescentes y jóvenes de entre 7 y 25 años, provenientes de diecisiete municipios ubicados en las zonas más vulnerables a los efectos del cambio climático, incluidas ciudades andinas y localidades costeras. La elección no fue estética. Se sostenía en una tesis jurídica precisa: si el bosque amazónico sigue destruyéndose al ritmo posacuerdo, la crisis climática que enfrentarán quienes tengan menos de treinta años en 2041 —cuando algunos accionantes proyectaban su vida adulta plena— vulnerará derechos fundamentales que hoy la Constitución promete.
La demanda se interpuso a comienzos de 2018 e invocó los derechos a la vida, la salud, el ambiente sano, el agua y la alimentación, junto al principio de solidaridad intergeneracional. El Tribunal Superior de Bogotá, en primera instancia, negó la tutela por considerarla improcedente: no era, dijo, el mecanismo idóneo para tramitar una discusión de política pública ambiental. Los accionantes impugnaron y el caso llegó a la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia, en función de segunda instancia de tutela.
El 5 de abril de 2018, con ponencia del magistrado Luis Armando Tolosa Villabona, la Sala revocó la decisión del tribunal y concedió el amparo. Lo hizo con un fallo de cerca de cincuenta páginas en el que combinó dogmática constitucional, ciencia climática, referencias al Papa Francisco y a la encíclica Laudato Si', y una toma de posición filosófica poco frecuente en la jurisprudencia colombiana.
El contenido de la STC 4360
La sentencia contiene tres movimientos doctrinales que conviene distinguir. El primero es el reconocimiento explícito de la Amazonía colombiana como entidad sujeto de derechos, titular de la protección, de la conservación, mantenimiento y restauración. La Corte extendió al bioma amazónico el enfoque ecocéntrico que la Corte Constitucional había inaugurado en la sentencia T-622 de 2016 respecto del río Atrato. El desplazamiento no era menor: el Atrato es un curso de agua con comunidades bioculturales identificables; la Amazonía es un ecosistema de proporciones continentales cuya biocultura no puede resumirse en un solo pueblo ni en una sola cuenca. Al declarar sujeto de derechos a la Amazonía entera, la Corte Suprema convirtió el ecocentrismo constitucional en una categoría aplicable a escalas mayores y más difusas.
El segundo movimiento es la introducción de la solidaridad intergeneracional como fundamento jurídico operativo. La sentencia estableció que los derechos ambientales no pertenecen únicamente a quienes hoy pueden reclamarlos, sino también a las generaciones futuras, que serán las principales afectadas por la deforestación y el cambio climático. Esta figura, que hasta entonces circulaba en la doctrina y en instrumentos internacionales blandos, adquirió en el fallo colombiano una traducción concreta: los veinticinco accionantes tenían legitimación no solo para hablar por sí mismos, sino para invocar el interés de los aún no nacidos.
El tercer movimiento fue el más audaz institucionalmente: la Corte no se limitó a declarar derechos, sino que emitió órdenes concretas de política pública. Fijó plazos —cuatro meses, cinco meses— y destinatarios múltiples. Ordenó a la Presidencia de la República, al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y al Ministerio de Agricultura formular un plan de acción de corto, mediano y largo plazo para contrarrestar la tasa de deforestación en la Amazonía y hacer frente a los efectos del cambio climático. Ordenó a los municipios amazónicos actualizar sus Planes de Ordenamiento Territorial con acciones concretas de reducción de la deforestación. Ordenó a las Corporaciones Autónomas Regionales elaborar planes de acción específicos. Y ordenó, sobre todo, construir un Pacto Intergeneracional por la Vida del Amazonas Colombiano (PIVAC), con participación de los accionantes, las comunidades afectadas, la población interesada y organizaciones científicas.
En términos formales, la sentencia se ubicó en la tradición de lo que la Corte Constitucional colombiana había llamado litigio estructural desde la T-025 de 2004 sobre desplazamiento forzado: una decisión judicial cuyo alcance excede al accionante individual, ordena reformas de política pública y establece mecanismos de seguimiento. La diferencia era que ahora el sujeto colectivo protegido no era la población desplazada, sino un bioma y las generaciones futuras.
La arquitectura que la hizo posible
La STC 4360 no salió de la nada. Es el producto lógico de una arquitectura constitucional específica, la de 1991, que había venido acumulando durante veintisiete años una serie de dispositivos y una cultura jurídica sin los cuales el fallo habría sido impensable.
La Constitución Política de Colombia de 1991 configuró un entramado de acciones —tutela, acciones populares, derecho de petición, acciones de grupo— que puso en manos ciudadanas cerca de una decena de instrumentos para reclamar judicialmente derechos como la salud, la educación, la vida digna, la seguridad social y el ambiente sano. La tutela, en particular, fue concebida como el procedimiento expedito más importante para la protección de derechos fundamentales. La Corte Constitucional y la Defensoría del Pueblo, ambas creaciones del texto de 1991, fueron diseñadas como garantes de esa efectividad, con un énfasis explícito en derechos colectivos y en el derecho a un ambiente sano.
La maleabilidad del sistema no vino, sin embargo, de reformas explícitas al articulado. Vino del trabajo interpretativo de las cortes. La rama judicial fue el espacio donde la Constitución de 1991 creció, ajustó políticas públicas insuficientes o contrarias al mandato constitucional e impuso reformas que impactaban la asignación de recursos y el ejercicio de gobierno. Ese activismo tenía una lógica de fondo: la necesidad de que ciudadanos acudieran ante jueces para satisfacer derechos ya reconocidos en la Carta reflejaba la ausencia de un Estado de bienestar que los aplicara administrativamente. Cada tutela ganada era, al mismo tiempo, una victoria y un síntoma.
En este marco, la sentencia T-622 de 2016 de la Corte Constitucional sobre el río Atrato marcó un giro. Al reconocer al río como sujeto de derechos, la Corte adoptó explícitamente un enfoque ecocéntrico —distinto tanto del antropocéntrico tradicional como del biocéntrico— que desafiaba los fundamentos epistémicos y ontológicos de la doctrina clásica de derechos humanos, e incorporó además la categoría de derechos bioculturales. Ese giro habilitó lo que dos años después haría la Corte Suprema con la Amazonía. La STC 4360 no fue una anomalía activista, sino una extensión previsible del constitucionalismo ecológico que ya circulaba por la jurisprudencia colombiana.
Colonización, coca y frontera: lo que la sentencia intentaba detener
Para calibrar el peso de la STC 4360 conviene recordar qué estaba tratando de contener. La deforestación amazónica posacuerdo no era un fenómeno nuevo, sino la aceleración de un proceso de largo plazo iniciado a finales del siglo XIX y determinado por dinámicas estructurales de violencia, pobreza rural extrema y concentración de tierras.
La colonización armada del piedemonte amazónico tuvo raíces en la violencia política de mediados del siglo XX. Campesinos expulsados por el Ejército en 1953 abrieron camino desde el Caquetá hasta la Sierra de La Macarena. Otros, organizados por el Partido Comunista, abrieron nuevos frentes mediante columnas de marcha. Entre 1977 y 1987, la introducción del cultivo de coca generó una segunda gran oleada en Caquetá, Putumayo y Guaviare, y atrajo migrantes de todo el país. Entre 1980 y 1990 se consolidaron nuevos frentes a orillas del río Pescado en San José de Fragua y Albania, del río Hacha en Solano, entre Balsillas y San Juan del Losada en San Vicente del Caguán, y en los Llanos del Yarí. En la intersección de las cuencas del Losada, el Tunia y el Yarí surgieron los caseríos La Machaca, Delicias, San Francisco de la Sombra, Playa Rica y Morrocoy, que después se afianzarían con la apertura de la carretera entre San Vicente del Caguán y La Macarena durante la zona de distensión de finales de los noventa.
El patrón se repetía. Un colono pionero deforestaba, obtenía una posesión precaria que raramente se consolidaba en título de propiedad, sostenía el predio unos años y terminaba vendiendo mejoras y derechos a actores más poderosos. La frontera avanzaba selva adentro. Grandes zonas del piedemonte quedaban convertidas en potreros. La inseguridad jurídica sobre la tenencia funcionaba como mecanismo de despojo: los colonos eran desplazados de los mejores suelos por hacendados, comerciantes o financiadores urbanos que consolidaban propiedades a costa del trabajo de apertura ajeno.
Sobre esta arquitectura histórica, el posacuerdo agregó nuevos aceleradores. Con la salida de las FARC, la ganadería extensiva se expandió como principal motor directo de la deforestación, seguida por la apertura de vías ilegales, el acaparamiento especulativo de tierra, los cultivos ilícitos que se desplazaron a nuevas zonas tras las fallas del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS), la minería y la extracción maderera. El PNIS había incorporado a más de 100.000 familias cocaleras, pero su implementación fue gravemente deficiente: en el Catatumbo y en la Amazonía las comunidades arrancaron sus cultivos con confianza y enfrentaron incumplimientos sistemáticos del Estado, con proyectos productivos alternativos que no se materializaban en los plazos prometidos.
La STC 4360, cuando ordenó al Gobierno formular planes de acción, apuntaba a un tejido de causas que ninguna sentencia podía desatar por sí sola: la Amazonía deforestada era resultado simultáneo de historia larga, de una guerra que terminaba y de una paz cuya implementación se estaba haciendo mal.
El fallo bajo el gobierno Duque
Cuando la STC 4360 se profirió en abril de 2018, Colombia estaba en plena campaña presidencial. Iván Duque, del Centro Democrático, había construido su plataforma sobre la promesa de hacer trizas o modificar sustancialmente el Acuerdo de Paz. Ganó en segunda vuelta y asumió el 7 de agosto de 2018. Desde el ejecutivo intentó socavar la implementación del acuerdo, aunque fue parcialmente frenado por el legislativo, el judicial y sectores prodefensa del proceso. Ricardo Lozano, geólogo, asumió como ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
Al gobierno Duque le tocó ejecutar una sentencia que le imponía obligaciones incómodas en dos frentes: primero, reconocer la gravedad de la deforestación posacuerdo, es decir, admitir que la salida de las FARC había producido un efecto ambiental adverso, cosa que la narrativa oficial prefería no destacar; segundo, formular planes de acción intergeneracionales que necesariamente implicaban continuidad con las políticas ambientales del santismo.
El cumplimiento fue, en la práctica, incompleto y burocrático. El Pacto Intergeneracional por la Vida del Amazonas Colombiano se formuló como documento, pero su ejecución quedó atrapada entre la formalidad de reuniones interministeriales y la ausencia de recursos y de mecanismos coercitivos. Los Planes de Ordenamiento Territorial de los municipios amazónicos no se actualizaron con la profundidad exigida. Las Corporaciones Autónomas Regionales operaron con las limitaciones estructurales que las habían caracterizado: multiplicidad de actores, jurisdicciones fragmentadas, capacidad institucional desigual y presiones locales que en ciertos casos las cooptaban.
La deforestación, mientras tanto, no cedió. En 2020 se registraron 171.685 hectáreas perdidas y en 2021 la cifra volvió a subir a 174.103, con una concentración persistente en el arco amazónico. La operación Artemisa, con la que el Ministerio de Defensa desplegó Fuerza Pública en áreas protegidas para capturar deforestadores, produjo detenciones de campesinos pobres —el eslabón más débil de la cadena— sin desmantelar las redes de financiación y acaparamiento que operaban detrás. En algunos casos agravó los conflictos socioambientales al criminalizar a colonos sin ofrecer alternativas productivas.
En 2019, los incendios en la Amazonía brasileña y en la colombiana intensificaron el llamado internacional a proteger la región. El Pacto de Leticia por la Amazonía, firmado en septiembre de ese año por Colombia, Brasil, Perú, Ecuador, Bolivia, Guyana y Surinam, se sumó al Tratado de Cooperación Amazónica suscrito en 1978, del que había surgido la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica. Colombia, además, ejecutaba el programa REM Visión Amazonía, financiado por Alemania, Noruega y el Reino Unido, orientado a la reducción de emisiones por deforestación. El régimen de cooperación internacional se acumulaba sin que la curva de pérdida forestal cediera.
Los incendios de 2022 y el límite de las sentencias
A finales de 2021 y durante los primeros meses de 2022, la Amazonía colombiana ardió con una intensidad especial. Los incendios afectaron sobre todo a los departamentos de Meta, Guaviare y Caquetá. Los expertos señalaron que la escala del fuego no se explicaba principalmente por la estación seca, sino por la cantidad de árboles talados durante finales de 2021: la biomasa acumulada, seca sobre el suelo, se convirtió en combustible. Los incendios, dijeron, tenían origen en manos criminales que aprovechaban la coincidencia entre tala masiva y transición climática estacional. La contaminación atmosférica llegó a generar alertas ambientales incluso en ciudades andinas como Bogotá.
El episodio confirmó, con claridad amarga, uno de los límites de la STC 4360. La sentencia había ordenado planes de acción, pero no podía sustituir la ausencia de una autoridad estatal capaz de operar en el territorio contra actores armados y económicos que actuaban con lógica de red criminal. La orden judicial funcionaba en un plano de política pública, mientras la deforestación ocurría en un plano de economía política ilegal. Entre ambos había una distancia que ninguna providencia podía salvar por sí sola.
El diagnóstico de fondo, articulado por diversos informes de la Fundación Ideas para la Paz, WWF y Adelphi, era claro: no bastaba con reconocer derechos ni con formular planes. Se requería intervenir la red de grupos armados, actores privados y funcionarios corruptos que había capitalizado el vacío de poder. Eso implicaba capacidad estatal de investigación, persecución financiera, ordenamiento territorial efectivo, política agraria sustantiva y presencia estatal integral. Ninguna de estas dimensiones era competencia de la Corte Suprema.
El giro con Petro y la persistencia del problema
En agosto de 2022 asumió la Presidencia Gustavo Petro, primer mandatario de izquierda en la historia moderna de Colombia, con Susana Muhamad como ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Petro convirtió la protección de la Amazonía en un eje discursivo central de su gobierno, tanto en foros internacionales —donde propuso canjes de deuda por acción climática y una alianza amazónica ambiciosa— como en política interna.
Las cifras de deforestación mostraron un descenso significativo en 2022 y 2023. Según los reportes oficiales, la pérdida forestal en la Amazonía colombiana cayó en torno al 25% en 2022 y volvió a reducirse en 2023, con mínimos históricos recientes. Diversos análisis atribuyeron la caída a una combinación de factores: la política ambiental del nuevo gobierno, ciertos acuerdos con disidencias armadas —incluidas conversaciones con el Estado Mayor Central de la antigua FARC-EP— que habrían generado moratorias temporales sobre la deforestación, condiciones climáticas específicas y una desaceleración del ciclo especulativo de tierras.
La sostenibilidad de esa reducción quedó rápidamente cuestionada. La ruptura de los diálogos con disidencias, las tensiones internas del gobierno y la persistencia de las causas estructurales —concentración de tierra, ganadería extensiva, vías ilegales, cultivos de uso ilícito, minería— mostraron que las caídas coyunturales podían revertirse. Los repuntes registrados hacia 2024 en zonas como el Guaviare y el Yarí confirmaron el diagnóstico.
Mientras tanto, el seguimiento a la STC 4360 continuó siendo objeto de tensiones. Los accionantes originales, hoy en su mayoría adultos jóvenes, junto con Dejusticia, presentaron reiterados informes sobre incumplimiento de las órdenes judiciales. La juez de seguimiento constató avances parciales pero insuficientes. Rodrigo Londoño, exjefe máximo de las FARC bajo el alias de Timochenko y hoy dirigente del partido Comunes, apeló públicamente en diversas ocasiones a la responsabilidad compartida sobre la Amazonía, en un contexto en que la conexión entre desmovilización guerrillera y deforestación era objeto de debate no solo académico sino político.
Lo que la sentencia dice de Colombia
La STC 4360 sobrevive como pieza jurídica y como espejo institucional. Como pieza jurídica, consolidó tres innovaciones que hoy circulan en el derecho ambiental latinoamericano: la extensión del ecocentrismo a biomas completos, la representación intergeneracional como categoría operativa y el uso de la tutela para ordenar políticas públicas ambientales estructurales. La sentencia sobre el Atrato de 2016 había abierto la puerta; la de la Amazonía de 2018 la dejó de par en par. Cuando en 2022 y 2023 tribunales de Perú, Ecuador y Brasil comenzaron a discutir figuras análogas, la jurisprudencia colombiana ya estaba en el horizonte de referencia.
Como espejo institucional, la sentencia dice cosas menos celebratorias. Que un tribunal haya tenido que declarar sujeto de derechos a la mayor selva del país, ordenar planes de acción, fijar plazos y convocar pactos intergeneracionales significa que el Ejecutivo no estaba gobernando la Amazonía en los años críticos de la implementación del Acuerdo de Paz. La Corte legisló ecológicamente donde el Estado no legislaba, y veinticinco jóvenes urbanos suplantaron —jurídicamente— a las comunidades indígenas y campesinas amazónicas cuya representación política era estructuralmente débil. Esa sustitución tiene virtudes: convierte una crisis distante en asunto exigible ante los jueces. Pero también tiene sombras: desplaza a los sujetos bioculturales del territorio como accionantes primarios y consagra un modelo en el que la protección ambiental depende del litigio individual antes que de una política estatal robusta.
El mensaje de fondo de la sentencia, y de la tradición jurisprudencial en la que se inscribe, no fue prohibir el desarrollo, sino impedir que se produjera a cualquier precio. Ese mensaje sigue vigente y sigue en disputa. La Amazonía colombiana, sujeto de derechos desde 2018, continúa siendo un territorio donde la ganadería extensiva avanza, donde grupos armados regulan la tala, donde caminos ilegales abren claros nuevos cada año y donde el humo de los incendios de la estación seca cubre pueblos y ciudades. La STC 4360 no resolvió nada de eso; nombró el problema con precisión jurídica y colocó al Estado, a los tribunales y a los ciudadanos futuros ante una obligación permanente. En un país cuya arquitectura constitucional de 1991 delegó en los jueces la tarea de recordarle al Estado sus promesas, la sentencia es a la vez un logro y un síntoma. Colombia sigue defendiendo su selva, cada año, en los estrados; a veces gana, a veces pierde, y siempre revela que la gobernanza territorial que la paz de 2016 no supo construir todavía está por hacerse.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1751 cita
[1]acuerdos de paz en 2016, pues la presencia de las FARC-EP en algunas zonas contenía el avance de la deforestación. De modo que «el desarme parcial de las FARC, en un contexto de baja capacidad de regulación del Estado y débil gobernanza ambiental, ha exacerbado y dinamizado las causas de la deforestación» 483. El…p. 175
02Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 221, 2352 citas
[2]escala continental que tiene a este felino como uno de sus animales totémicos. Por ello, ha titulado uno de sus libros Chiribiquete: la maloka cósmica de los hombres jaguar. Quién creyera que la guerrilla de las FARC, en medio de todas las atrocidades que cometió en el territorio nacional, terminó siendo la guardiana…p. 221
[3]este año, los incendios forestales estuvieron más voraces que nunca y no tuvieron nada que ver, según los expertos, con la estación seca, sino con la cantidad de árboles que se talaron al final de 2021. Hubo manos criminales detrás de las llamas que devoraron grandes porciones de bosque y selva en los departamentos de…p. 235
03Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 73, 774 citas
[4]y demo - gráficos se articulan para transformar los bosques. En el caso de la frontera agrícola, la situación en la Amazon í a es ilustrativa de esta dinámica. Al mirar el mapa de Colombia en Google Earth, la zona amazónica aparece de un verde oscuro (bosque), pero a medida que uno se acerca a la cordillera oriental,…p. 77
[5]y demo - gráficos se articulan para transformar los bosques. En el caso de la frontera agrícola, la situación en la Amazon í a es ilustrativa de esta dinámica. Al mirar el mapa de Colombia en Google Earth, la zona amazónica aparece de un verde oscuro (bosque), pero a medida que uno se acerca a la cordillera oriental,…p. 77
[23]de su uso sostenible, donde actores individuales, en este caso los municipios, diseñan sus lineamientos sin tener en cuenta otras escalas espaciales y temporales, co - mo si las condiciones de supervivencia del municipio estuvieran restringidas únicamente a los ecosistemas y procesos socioeconómicos que se encuentran…p. 73
[24]de su uso sostenible, donde actores individuales, en este caso los municipios, diseñan sus lineamientos sin tener en cuenta otras escalas espaciales y temporales, co - mo si las condiciones de supervivencia del municipio estuvieran restringidas únicamente a los ecosistemas y procesos socioeconómicos que se encuentran…p. 73
04Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 1101 cita
[6]ex- ternas de ingreso y construir caminos de penetración. En la compra y venta de mejoras y derechos, los colonizadores de la frontera colombiana manifestaban también su apetencia por el lucro económico. La vida de los colonos no era fácil. El agotamiento de los suelos, las plagas y las catástrofes naturales destruían…p. 110
05Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 291 cita
[7]año, algo más de 250 mil hectáreas de bosques. El resto de la historia no se ha escrito aún, pero ya comenzó con el empobrecimiento de unas tierras en las cuales, a medida que caen los árboles, comienza a avanzar la gangrena del desierto. Entonces los colonos, desterrados de los mejores suelos —sobre el lomo de las…p. 29
06Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5091 cita
[8]y conflicto La extrema pobreza en muchas regiones campesinas y sectores urbanos, así como la exagerada concentración de tierras en nuestro país, alimentaron el alto número de personas que se aventuraron a colonizar el piedemonte amazónico desde mediados del siglo XX. Dicha ocupación ha consistido en un largo proceso…p. 509
07Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 171, 1782 citas
[9]5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…p. 178
[11]su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…p. 171
08La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 731 cita
[10]de colonización entre 1980 y 1990 es- taban ubicados a orillas del río Pescado en San José de Fragua y Albania; a orillas del río Hacha, en Solano; entre la inspección de Balsillas y San juan del Losada, en San Vicente del Caguán; y en los Llanos del Yarí, entre San Vicente del Caguán y La Macarena. Según información…p. 73
09Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 701 cita
[12]Respecto al litigio incluyente, porque para lograr la eficacia de tales derechos y ante la ausencia de un Estado de bienestar que ad- ministrativamente los aplique, las personas tienen que hacer uso de acciones constitucionales como la tutela, acciones populares, recursos de petición, de grupo, entre muchas más que…p. 70
10Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 701 cita
[13]Respecto al litigio incluyente, porque para lograr la eficacia de tales derechos y ante la ausencia de un Estado de bienestar que ad- ministrativamente los aplique, las personas tienen que hacer uso de acciones constitucionales como la tutela, acciones populares, recursos de petición, de grupo, entre muchas más que…p. 70
11Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 951 cita
[14]collective rights. Special emphasis was given to ecological issues and the right to a healthy environment. New institutions, like the Ombudsman (Defensor del Pueblo), and the Constitutional Court, were created to assure the effectiveness of these rights. Expedient and spe- cial procedures to protect rights were also…p. 95
12El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 4011 cita
[15]actuación y nor- malización— la atención de las necesidades de la población desplaza- da continuará siendo vista por las entidades como una carga y no se atenderá de manera adecuada la obligación institucional. La Corte Constitucional ha fallado en temas de desplazamiento precisamente porque las restricciones…p. 401
13El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 4011 cita
[16]actuación y nor- malización— la atención de las necesidades de la población desplaza- da continuará siendo vista por las entidades como una carga y no se atenderá de manera adecuada la obligación institucional. La Corte Constitucional ha fallado en temas de desplazamiento precisamente porque las restricciones…p. 401
14Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 161 cita
[17]encuentra en situación de indigencia. Igualmente, el 63,5% de la población desplazada tiene una vivienda inadecuada, y el 49% no cuenta con servicios idóneos (…)”. En cuanto a la situación alimentaria, la Corte concluyó que la “bre - cha en calorías de los hogares desplazados y los no desplazados es del 57% (…)”.…p. 16
15Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 1871 cita
[18]of social work and community empowerment in the region, and claimed that the constitutional rights to life, health, education, and mobility of the inhabitants of the Atrato riverbanks were being violated by the unsustain - able state of affairs judiciously described in the claim. The argumentation of the Court’s…p. 187
16Intereses de Colombia en el Mar: Reflexiones y Propuestas para la Construcción de País MarítimoSamuel Rivera-Páez (Editor), Daniel Alfonso Rojas Sánchez, Héctor Mauricio Rodríguez Ruiz, Sergio Uribe Cáceres, Luis H. Osorio Dussán, Paola Marcela Iregui Parra, Natalia Pérez Amaya, William Pedroza Nieto, Giovanny Vega-Barbosa, Hermann León Rincón, Julio Monroy Silvera, César Grisales López, Natalí Delgado Orozco, Oscar Medina Mora · 2018 · p. 2251 cita
[19]país, pero un desarrollo basado en la sostenibilidad y la protección del medio ambiente, que en el largo plazo, resultará siendo mucho más bené fi co para toda la sociedad colombiana. Tal vez por esto las empresas podrían no recibir con facilidad este tipo de decisiones, pero el mensaje de fondo no es que no está…p. 225
17Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 4992 citas
[20]loco - motoras –entre ellas las del agro, la minería y la infraestruc - tura– que demandan grandes extensiones de tierra para su desarrollo. Por esta razón, los baldíos –titulados o no– y las zonas de reserva forestal han adquirido especial relevancia, como también las serias modificaciones a la Unidad Agrícola…p. 499
[21]loco - motoras –entre ellas las del agro, la minería y la infraestruc - tura– que demandan grandes extensiones de tierra para su desarrollo. Por esta razón, los baldíos –titulados o no– y las zonas de reserva forestal han adquirido especial relevancia, como también las serias modificaciones a la Unidad Agrícola…p. 499
18Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1751 cita
[22]border. Ecuador has demanded that Colombia cease aer- ial spraying within 10 kilometers of the border. Although the Uribe government has insisted that spraying drug crops with the toxic her- bicide glyphosate is harmless, Ecuador's protests forced the Colom- bian government to revert to manual eradication of coca…p. 175
19At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 3081 cita
[25]projects, 1.8 million pesos (US $ 562) to promote food sovereignty, and 3.2 million pesos (US $ 950) in technical assistance toward alternative economic projects (King and Wherry 2018). An Uncertain Future in the Caguán and Beyond | 293 cultivation, 50% of which would be done through the PNIS program and the remaining…p. 308
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1401 cita
[26]de falsos positivos». presentación 141 Posacuerdo: transición y riesgos de una paz inestable (2017—2022) 142 fiflćflff fl. fifl E l 2 de octubre del 2016, tras una semana de haberse firmado el Acuerdo de Paz con las FARC-EP en Cartagena, el plebiscito en el que se le preguntó a la ciudadanía «¿apoya usted el Acuerdo…p. 140
21¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 691 cita
[27]sepultada por los acontecimientos (mejor: quedó en manos de otras corrientes, básicamente del uribismo) No: el Acuerdo no les daba a las FARC ni el derecho ni la posibilidad —entre otras cosas por su enorme deuda humanitaria, su agudo aislamiento de cara a la opinión y su debilidad política— de tratar de cogobernar o…p. 69
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1931 cita
[28]apuntaba al eslabón principal de la economía campesina en esos territorios de frontera. Las comunidades se organizaron para construir los planes de sustitución y la erradicación voluntaria comenzó. Un líder social y campesino relató a la Comisión lo siguiente: «Cambió muchísimo, porque de ser una zona coquera, de ser…p. 193
23The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 2671 cita
[29]groups about the latest killings of social leaders and FARC ex- combatants. In ReD’s UK chapter, we discussed the unfolding situation in seminars and public dialogues with the urgency of the present. I began to realize I was writing one piece of the anthrohistorical puzzle (Coronil 2019) that could help us understand…p. 267
24Retos para enfrentar el cambio climático en ColombiaGloria Amparo Rodríguez · 2020 · p. 18, 282 citas
[30]reco - nozca la relevancia geopolítica de esta región a nivel nacional e internacional (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2013). 6 Retos para enfrentar el cambio climático en Colombia Atendiendo al papel que desempeña la región amazónica para enfrentar el cambio climático, sumado a los incendios…p. 18
[31]que este texto recoge algunas de las conclusiones del foro “Avances y retos del cambio climático en Colombia”, realizado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, en el cual los expertos sociales e institucionales discutieron sobre las perspectivas que frente a este problema ambiental tienen en…p. 28