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Hecho histórico · Posconflicto · 2016–presente

Bombardeo de Caquetá y muerte de menores reclutados (2019)

En agosto de 2019, la Fuerza Aérea Colombiana ejecutó un bombardeo en zona rural del Caquetá que causó la muerte de al menos ocho menores reclutados forzosamente por una disidencia de las FARC-EP. El ocultamiento inicial de la edad de las víctimas y la defensa presidencial de la operación como 'impecable' precipitaron la renuncia del ministro de Defensa —la primera en el posacuerdo— y alimentaron la indignación social que desembocó en el paro nacional del 21 de noviembre de 2019.

Bombardeo de Caquetá y muerte de menores reclutados (2019)
Agosto de 2019
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
Agosto de 2019
Dónde
Caquetá, Bogotá, Amazonía colombiana
Protagonistas
Iván Duque Márquez (presidente de Colombia), Guillermo Botero (ministro de Defensa, renunció a raíz del escándalo), Fuerza Aérea Colombiana, Disidencias de las FARC-EP, Comisión de la Verdad, Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Persistencia del reclutamiento forzado de niñas, niños y adolescentes por disidencias guerrilleras en Caquetá tras el Acuerdo de Paz de 2016, en un contexto de vacío estatal y reconfiguración de actores armados en la Amazonía
  2. Cultura institucional militar que seguía midiendo el éxito operacional por bajas, heredada de la política de Seguridad Democrática y nunca desmontada estructuralmente pese al escándalo de los falsos positivos de 2008
  3. Incapacidad del Estado para ocupar territorialmente los espacios dejados por las FARC-EP desmovilizadas, lo que permitió que las disidencias mantuvieran campamentos con menores reclutados en zonas rurales del Caquetá
  4. Ausencia de protocolos efectivos para identificar y proteger a menores presentes en objetivos militares antes de ejecutar operaciones de bombardeo, en contradicción con las obligaciones del DIH suscritas por Colombia
Agosto de 2019Bombardeo de Caquetá y muerte de menores reclutados (2019)

Consecuencias

  1. Renuncia del ministro de Defensa Guillermo Botero, la primera de un titular del ramo en el periodo posterior al Acuerdo de Paz de 2016, tras el debate de control político abierto en el Congreso
  2. Agudización de la crisis de legitimidad del gobierno Duque en materia de derechos humanos y política de seguridad, al quedar expuesta la desconexión entre la narrativa oficial y los estándares del Derecho Internacional Humanitario
  3. El escándalo se convirtió en uno de los agravios acumulados que alimentaron la movilización social del 21 de noviembre de 2019, el mayor paro nacional en décadas
  4. Reapertura del debate público sobre la continuidad de prácticas militares incompatibles con el DIH en el posacuerdo, en particular respecto a la protección especial debida a menores reclutados como víctimas y no como combatientes
  5. Visibilización de la brecha entre el discurso de posconflicto y la realidad del reclutamiento activo de menores por grupos armados residuales en departamentos como Caquetá, donde se registraron 1.063 víctimas de reclutamiento entre 1990 y 2017
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El bombardeo del Caquetá marca el momento en que la tensión entre la lógica contrainsurgente heredada y los compromisos humanitarios del posacuerdo se hizo políticamente insostenible: el Estado mató a menores que eran, simultáneamente, víctimas del reclutamiento forzado y objetivos de una operación militar. La defensa presidencial de la operación como 'impecable' y el intento de ocultar la edad de las víctimas revelaron que la cultura de resultados por bajas no había sido desmontada, una década después del escándalo de los falsos positivos y tres años después de la firma de la paz. El hecho no fue un episodio aislado sino el eslabón visible de una cadena que incluye la Operación Berlín, la directiva Montoya y la negativa institucional del Ejército a reconocer violaciones al DIH, y su impacto político directo sobre el 21N lo convierte en un nodo donde la historia militar, la justicia transicional y la protesta social convergen.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

El bombardeo del Caquetá y la muerte de menores reclutados (2019)

En agosto de 2019, una operación militar del Estado colombiano en el departamento del Caquetá causó la muerte de al menos ocho niños, niñas y adolescentes que habían sido reclutados forzosamente por una disidencia de las antiguas FARC-EP. Presentado en un primer momento como un golpe táctico exitoso contra grupos armados residuales, el hecho se transformó, al conocerse la edad de las víctimas y el intento de ocultarla, en la crisis más grave del área de defensa durante el gobierno de Iván Duque Márquez. Precipitó la salida del ministro Guillermo Botero —la primera renuncia de un ministro del ramo en el periodo posterior al Acuerdo de Paz de 2016—, dejó a la vista la persistencia de una cultura militar que seguía midiendo el éxito por bajas, y se convirtió, semanas después, en uno de los agravios que engrosaron la movilización del 21 de noviembre de 2019.

Un país que se creía en posconflicto

Cuando ocurrió el bombardeo, habían pasado casi tres años desde la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP. El país había cambiado de gobierno en agosto de 2018: Iván Duque, apadrinado por Álvaro Uribe Vélez y el Centro Democrático, llegó a la Casa de Nariño con un mandato ambiguo respecto de la implementación. La palabra "posconflicto" convivía con datos que la desmentían. La tasa de homicidios en 2018 fue notablemente más alta en los 161 municipios que habían sido territorios históricos de las FARC-EP, con 2.957 casos registrados, un aumento del 30 % respecto a 2016, y muchas de las víctimas eran líderes sociales y defensores de derechos humanos.

El Caquetá formaba parte de esa geografía frágil. Es uno de los departamentos con mayor intensidad histórica de reclutamiento de menores en el conflicto colombiano: entre 1990 y 2017, el proyecto conjunto de la Jurisdicción Especial para la Paz, la Comisión de la Verdad y HRDAG registró allí 1.063 víctimas, equivalentes al 6 % del total nacional. Solo Meta, Antioquia y Guaviare presentaban cifras mayores. La geografía del departamento explica parte del fenómeno: el norte estuvo durante décadas bajo dominio guerrillero, y desde la década de 1980 el sur registró presencia paramilitar, con municipios que acumularon más homicidios que los del norte. La violencia y la incapacidad del Estado para proveer bienes públicos rurales y condiciones mínimas de bienestar a los colonos de las fronteras amazónicas constituyeron el telón de fondo de las guerras y las movilizaciones sociales del departamento.

Después de 2016, buena parte del pie de fuerza de las FARC-EP que operaba en la Amazonía se desmovilizó, pero el vacío territorial no fue ocupado por el Estado social sino por disidencias, economías ilegales y actores armados diversos. El reclutamiento forzado de menores no cesó: cambió de dueño. La Comisión de la Verdad estimó que el número real de víctimas en Colombia podría rondar las 30.000 personas, considerando el subregistro estructural del fenómeno.

Lo que se sabe del hecho

La operación fue ejecutada por la Fuerza Aérea Colombiana en agosto de 2019 y estaba dirigida contra un campamento de una disidencia guerrillera en zona rural del Caquetá. En términos militares convencionales fue presentada como exitosa: el objetivo fue neutralizado. Al menos ocho de las personas muertas en el bombardeo eran menores de edad y habían sido reclutadas de manera forzosa por el grupo armado. Los detalles precisos del operativo —hora, coordenadas, unidades participantes, cadena de mando, identidad de todas las víctimas— no forman parte del núcleo de esta ficha porque el hecho quedó, desde el principio, tramitado en el terreno político antes que en el táctico.

El punto de inflexión no fue el bombardeo en sí, sino el ocultamiento inicial de la edad de las víctimas y la reacción del gobierno cuando la información se hizo pública. El presidente Duque defendió la operación como "impecable", categoría que colocaba al Ejecutivo en un lugar difícil de sostener a medida que se conocía la composición del grupo atacado. Esa defensa, hecha después de que ya circulaba la noticia sobre los menores muertos, condensó en una palabra la desalineación entre la lógica con la que el gobierno leía el hecho y la lectura ética que hacían la opinión pública, las organizaciones de derechos humanos y sectores del Congreso.

Ese desajuste explica lo que vino después. En el Congreso se abrió un debate de control político sobre el ministro Botero. El mecanismo constitucional era conocido: el ministro citado está obligado a concurrir; si no lo hace o su justificación no es aceptada, la cámara respectiva puede proponer una moción de censura. La figura, incorporada por la Constitución de 1991, existe precisamente para dotar de un instrumento de sanción a un régimen de fuerte predominio presidencial. Antes de 1991, un debate como este no podía derivar en la separación del cargo del ministro. En noviembre de 2019, Botero renunció antes de que la moción prosperara. Fue la primera renuncia de un ministro de Defensa después de la firma del Acuerdo de Paz. Poco después asumió el cargo Carlos Holmes Trujillo.

Menores en armas, menores como blanco

Comprender por qué el hecho fue tan grave exige situarlo dentro de un marco jurídico y humanitario que en 2019 estaba plenamente vigente y era conocido por el mando militar colombiano. El reclutamiento de niñas, niños y adolescentes en conflictos armados está prohibido por el Derecho Internacional Humanitario. El Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra, de 1977, es explícito en la protección de los menores frente a las hostilidades. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, de 1998, tipifica el reclutamiento de menores como crimen de guerra. En el ordenamiento interno, el Código Penal colombiano —Ley 599 de 2000, artículo 188D— tipifica la conducta, y las normas nacionales e internacionales establecen que toda forma de reclutamiento de menores de 18 años excluye cualquier justificación o exculpación: el consentimiento del menor es nulo y carece de validez jurídica.

De este cuerpo normativo se desprende una consecuencia práctica, que era la que estaba en juego en Caquetá: el menor reclutado no pierde su condición de víctima por el hecho de portar armas. Sigue siendo sujeto de protección especial. La vinculación de niños, niñas y adolescentes al conflicto abarca distintos grados de involucramiento —participación en actividades logísticas, informativas, de cuidado, no solo combatientes— y ninguno de esos grados suprime la protección debida.

El fenómeno del reclutamiento tiene, en Colombia, dimensiones que aún no se han medido del todo. El registro cotejado JEP-CEV-HRDAG contabiliza 16.238 casos entre 1990 y 2017. La Comisión estimó que la cifra real podría acercarse a los 30.000. El año 2000 fue el de mayor frecuencia registrada en todo el periodo, precedido por un ascenso sostenido desde 1995. Las modalidades documentadas incluyen el engaño mediante regalos y acercamiento gradual a las comunidades, la presencia armada permanente en escuelas y espacios comunitarios, y el aprovechamiento sistemático de vulnerabilidades socioeconómicas. En Caquetá se han recogido testimonios de personas obligadas a integrar las filas de las FARC-EP cuando los guerrilleros llegaban directamente adonde ellas se encontraban. El reclutamiento afectó también a personas LGBTIQ+, vinculadas por móviles discriminatorios y sometidas a violencias adicionales dentro de las filas por ser percibidas como alejadas de las normas de sexualidad y género dominantes.

Hay, además, una obstrucción metodológica documentada. En el caso del Bloque Norte de las AUC, muchos menores fueron desvinculados antes de la desmovilización formal, lo que impidió el registro veraz del reclutamiento ilícito y bloqueó el acceso de esos niños y niñas a la restitución de derechos y a la justicia. La técnica de sacar al menor de las filas antes de rendir cuentas era, en sí misma, una forma de impunidad estructural. Con las disidencias que operaban en Caquetá en 2019 no había desmovilización formal ni entrega ordenada: los menores permanecían en los campamentos hasta el desenlace, cualquiera que fuera.

La sombra larga de una cultura de resultados

El bombardeo del Caquetá no ocurrió en un país cuyo Ejército hubiera cerrado sus cuentas con el pasado. Ocurrió una década después de que estallara el escándalo de los llamados "falsos positivos", y en un momento en que la Jurisdicción Especial para la Paz había abierto ese macrocaso y avanzaba en la construcción de la verdad jurídica del fenómeno.

El escándalo se hizo público en septiembre de 2008, cuando se supo que once jóvenes desaparecidos de Bogotá y Soacha habían sido reclutados con promesas de trabajo, trasladados a Santander y Norte de Santander, y presentados por el Ejército como guerrilleros muertos en combate. La reconstrucción posterior estableció un patrón: personas en condición de vulnerabilidad socioeconómica —trabajadores informales, habitantes de calle, personas con discapacidad, jóvenes de barrios populares— eran ejecutadas extrajudicialmente y reportadas como bajas en combate para inflar los resultados operacionales. El departamento con más registros del fenómeno fue Antioquia.

Los testimonios recogidos posteriormente describen una presión sobre la cadena de mando en la que los resultados se medían "por litros de sangre". Algunos oficiales recibieron condecoraciones, primas y ascensos por presentar cifras, y en ese marco se documentaron alianzas con delincuentes e informantes para fabricar señalamientos. El testimonio del exjefe paramilitar alias "Don Mario" describió a un coronel que trataba a los paramilitares "con presión y extorsión" pidiéndoles personas que pudiera presentar como guerrilleros; en un episodio, según su versión, el oficial le habría exigido "tres muchachos y tres fusiles", amenazando con capturarlo si no cumplía.

La respuesta del Estado a Soacha fue mixta y reveladora. El gobierno de Álvaro Uribe expulsó a militares entre el segundo semestre de 2008 y comienzos de 2009, y las cifras de ejecuciones extrajudiciales cayeron dramáticamente después de 2007, lo que sugiere que el escándalo tuvo un efecto disuasorio. Pero la respuesta estructural fue frustrada. La estrategia oficial osciló entre la estigmatización de las organizaciones y víctimas denunciantes y un reconocimiento parcial de los hechos acompañado de maniobras que tendieron a individualizar la responsabilidad. Fue en ese contexto —cuando ya existían denuncias públicas señaladas por la ONU y el CICR— que la directiva permanente n.º 0142 del 4 de mayo de 2008, firmada por el general Mario Montoya, estableció criterios para el otorgamiento de la medalla por servicios distinguidos en materia de orden público, incluyendo las bajas en combate como elemento de reconocimiento. El propio Montoya firmó en octubre de 2018 su sometimiento a la JEP por su presunta responsabilidad en ejecuciones extrajudiciales; su abogado ha llegado a mencionar públicamente cifras superiores a los dos mil casos durante su comandancia, aunque se trata de una afirmación de parte, no de una determinación judicial.

La Comisión de la Verdad calificó los falsos positivos como un crimen de Estado, en el que soldados y comandantes reconocieron su responsabilidad, causando "un daño inconmensurable a la ética pública de la nación y a la legitimidad de la fuerza pública". Y dejó abierta una pregunta pertinente para leer el bombardeo del Caquetá: por qué las instancias del Estado no actuaron a tiempo ante las numerosas denuncias, cuando haberlo hecho habría evitado muchos asesinatos.

Los antecedentes del bombardeo: Operación Berlín

Existe un antecedente específico que ayuda a entender por qué la muerte de menores en operaciones militares no era, en 2019, un fenómeno nuevo. Durante la administración del presidente Andrés Pastrana, la Operación Berlín intervino a la denominada columna guerrillera CMAR de las FARC-EP en el nororiente del país. Esa columna estaba conformada por 361 personas: 27 menores de 15 años, 114 entre 15 y 17 años, y 220 mayores de edad. Cerca del 40 % de sus integrantes eran menores reclutados.

El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses practicó 78 necropsias derivadas de esa operación. De los 78 cuerpos, 28 correspondían a niñas, niños y adolescentes. La Fiscalía documentó que seis de los menores fallecidos presentaban estallido craneal, hallazgo interpretado como indicio de que habrían sido asesinados en estado de indefensión. Una sobreviviente declaró ante la JEP haber escuchado por radio la orden de no dejar con vida a nadie durante la operación. Un documento del expediente calificó la conducta descrita como crimen de guerra y recordó que la orden de no dar cuartel está tipificada como violación al DIH. Los testimonios e informes confirmaron que la orden era asesinar a los integrantes de la columna CMAR. Información periodística citada en el expediente indica que el presidente Pastrana habría condecorado a militares participantes en la operación.

Cuando la Comisión de la Verdad interpeló al Ejército Nacional en 2019 sobre Berlín, la institución negó enfáticamente, en documento formal, la ocurrencia de violaciones al DIH, argumentando cumplimiento estricto de las normas humanitarias y sugiriendo responsabilidad de las propias FARC. La negación es reveladora: en el mismo año del bombardeo del Caquetá, la Fuerza Pública sostenía institucionalmente que operaciones anteriores con muertes masivas de menores reclutados habían sido, también, "impecables".

La cadena política de agosto a noviembre

La caída del ministro no puede explicarse solo por el bombardeo. El bombardeo se sumó a una acumulación de agravios que hacía meses erosionaba al gobierno. La cronología importa.

En junio de 2019 fue asesinada María del Pilar Hurtado, lideresa social, en Tierralta, Córdoba. La imagen de su hijo Bryan llorando frente a su cadáver circuló con fuerza en redes y prensa. Ese mismo día, el presidente Duque publicaba tuits desde un foro de publicidad en Cannes sobre creatividad, tecnología y economía naranja. La analista Sandra Borda describió ese momento como el punto de mayor desconexión percibida del gobierno con el dolor de los líderes sociales; la respuesta institucional posterior —condolencias, anuncio de investigación— llegó marcada por esa distancia inicial. La lectura, más allá del episodio puntual, era que las cifras de líderes sociales asesinados crecían sin freno durante el gobierno Duque sin que las políticas estatales lograran revertir la tendencia.

En paralelo, el movimiento estudiantil no había cerrado el ciclo de movilizaciones de 2018. En diciembre de ese año se había alcanzado un acuerdo entre el gobierno y las organizaciones estudiantiles que contemplaba transferencias adicionales al IPC para las universidades públicas y recursos para educación superior y ciencia. El cumplimiento parcial de esos compromisos alimentó el descontento y mantuvo viva la movilización universitaria a lo largo de 2019. El movimiento estudiantil, junto con centrales sindicales y organizaciones sociales, venía preparando desde meses antes lo que sería el paro nacional del 21 de noviembre.

Sobre esa pradera seca cayó el escándalo del bombardeo. El hecho ocurrió en agosto y su gravedad plena se conoció en las semanas siguientes, cuando fue posible establecer la edad de las víctimas y evidenciar que la información había sido manejada de manera incompleta por el gobierno. El debate en el Congreso se organizó entonces alrededor de dos preguntas simultáneas: la responsabilidad política del ministro Botero por lo ocurrido y por la forma en que fue comunicado, y la pregunta más amplia sobre si el Estado colombiano —cuatro años después del comienzo de la implementación del Acuerdo de Paz— tenía protocolos operacionales adecuados para actuar contra grupos armados que reclutaban menores.

Botero renunció antes de la votación de la moción de censura, en noviembre. Su salida fue leída como una victoria parcial del Congreso y de la opinión pública movilizada, pero también como una operación de contención política: el gobierno cerraba el flanco individualizando la responsabilidad en el ministro, sin abrir una discusión estructural sobre los protocolos militares, la cultura institucional de resultados o la manera en que se procesaba la información sobre menores en campamentos guerrilleros.

Pocos días después, el 21 de noviembre de 2019, se produjo el paro nacional. Fue una jornada de movilización masiva que integró demandas heterogéneas: contra reformas laborales y pensionales anunciadas por el gobierno, en defensa del Acuerdo de Paz, contra los asesinatos de líderes sociales, por el cumplimiento de los acuerdos con el movimiento estudiantil, contra la corrupción, y contra la lectura oficial del bombardeo del Caquetá. La jornada dio paso a semanas de protestas que se extendieron a comienzos de 2020, hasta que la pandemia las suspendió temporalmente. El bombardeo no fue la causa única del 21N; fue uno de sus catalizadores más visibles, precisamente porque condensaba en un solo hecho varias tensiones del momento: el uso de la fuerza sin correspondencia con el DIH, la desconexión gubernamental frente al dolor social, la impunidad heredada.

Causas: lo estructural y lo detonante

Distinguir causas estructurales de detonantes ayuda a ordenar lo que pasó. En el fondo estaba —y sigue estando— una cultura institucional que había codificado los resultados operacionales en clave de bajas y que, tras Soacha, sufrió un ajuste disuasorio sin que se produjera un desmantelamiento profundo. La directiva 0142 de 2008 no fue derogada en el escándalo; la lógica que reconocía las bajas como criterio de mérito siguió operativa en distintas formas. La negación institucional de violaciones al DIH en operaciones anteriores —como la respuesta del Ejército sobre Berlín en 2019— mostró que el reconocimiento del error no había ingresado a la cultura de la Fuerza Pública.

En un segundo plano estaba la incapacidad histórica del Estado colombiano para copar los territorios que dejaron las FARC-EP tras el Acuerdo de Paz. La Amazonía y, en particular, Caquetá, quedaron como zonas de disputa: disidencias, economías ilegales, presencia intermitente de instituciones. En ese vacío proliferó el reclutamiento de menores, ahora a cargo de nuevos actores. La operación militar era, en cierto modo, la única presencia estatal previsible en algunos de esos lugares.

Un tercer plano estructural es el de la impunidad. La investigación profunda del fenómeno de las ejecuciones extrajudiciales fue frustrada por maniobras que individualizaron la responsabilidad y evitaron el examen de la cadena de mando. La ausencia de sanciones a los niveles altos de responsabilidad —evidenciada, entre otros casos, en la absolución en 2012 de varios militares por la masacre de San José de Apartadó, dejando al capitán Gordillo como único condenado sobre la base de su propia confesión— constituye lo que un observador calificó como "un gran monumento a la impunidad". Esa impunidad estructural facilitó la repetición de patrones.

Los detonantes coyunturales fueron el ocultamiento inicial de la edad de las víctimas y la defensa presidencial de la operación como "impecable". Sin esos dos gestos, el bombardeo habría sido tramitado como un episodio grave pero manejable. Con ellos, el gobierno cerró la puerta al reconocimiento simbólico del error y ofreció al Congreso y a la opinión pública el material político necesario para forzar la salida del ministro.

Consecuencias inmediatas y de fondo

La consecuencia inmediata fue política: la renuncia de Guillermo Botero y su reemplazo por Carlos Holmes Trujillo, la primera salida de un ministro de Defensa en el periodo posterior al Acuerdo. Fue una señal de que, en el régimen constitucional heredado de 1991, la moción de censura —aunque rara vez consumada— podía funcionar como amenaza efectiva sobre un gabinete debilitado.

La consecuencia intermedia fue el efecto acumulativo sobre la legitimidad del gobierno Duque. La combinación de asesinatos de líderes sociales, incumplimiento parcial de los acuerdos con estudiantes, desconexión presidencial en episodios de alta carga simbólica y la muerte de menores en una operación defendida como "impecable" configuró la imagen de un Ejecutivo desconectado del país, más orientado a mantener la coherencia interna con su base política que a leer el estado de ánimo social. Esa percepción alimentó el 21N y persistió en las movilizaciones posteriores.

La consecuencia de fondo, más difícil de medir, es la que atañe a la cultura institucional. El bombardeo del Caquetá obligó al Estado a preguntarse —al menos públicamente— cómo actuar contra grupos armados que utilizan menores reclutados, sin convertir a esos menores en blanco. Es una pregunta que el DIH resolvió hace décadas en el plano normativo pero que el operador militar debe traducir en protocolos concretos: inteligencia previa sobre la composición de los campamentos, criterios de proporcionalidad, mecanismos de verificación posterior, transparencia en la comunicación pública de los resultados. La falta de una respuesta pública estructurada a estas preguntas fue, en sí misma, una respuesta.

Por qué este hecho sigue importando

La ficha histórica del bombardeo del Caquetá no se cierra en 2019. Se prolonga en al menos tres direcciones.

Primero, porque estableció un precedente sobre los límites de la política militar en el posconflicto. Colombia no había firmado un acuerdo con todos los actores armados; el reclutamiento de menores seguía siendo una realidad operacional, ahora en manos de disidencias. Cómo actuar frente a ese hecho sin repetir la lógica de resultados que produjo los falsos positivos es una pregunta abierta, y el bombardeo mostró que las instituciones no la habían resuelto.

Segundo, porque marcó la relación entre movilización social y control político. El 21 de noviembre de 2019 dejó una lección sobre la capacidad de la sociedad civil colombiana para articular demandas heterogéneas alrededor de una jornada nacional, y sobre la incapacidad de un gobierno para leer con anticipación las señales de descontento. La secuencia agosto-noviembre —bombardeo, escándalo, caída del ministro, paro nacional— es un caso de estudio sobre cómo un hecho puntual puede catalizar un ciclo de movilización más amplio cuando encuentra una pradera seca.

Tercero, porque devuelve a la conversación pública una cuestión que las cifras del reclutamiento vuelven ineludible: entre 16.238 y 30.000 niñas, niños y adolescentes fueron reclutados en Colombia entre 1990 y 2017, y una proporción todavía indeterminada de ellos murió en operaciones militares del Estado sin que su condición de víctimas fuera reconocida hasta después. El bombardeo del Caquetá es, en esa perspectiva, un episodio más en una historia larga que la firma del Acuerdo de Paz no cerró y que sigue exigiendo, del Estado colombiano, algo más que la palabra "impecable".

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

35 documentos · 43 fragmentos
01No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 184, 187, 2573 citas
[1]y dijo: “¡Quieta! ¡Alce las manos o le disparo!”. Fue muy triste». Los testimonios e informes recibidos por la Comisión de la Verdad sobre este caso confirman que la orden era asesinar a los integrantes de la CMAR 706. Sin embargo, a la fecha, no hay una cifra sobre el total de niñas, niños y adolescentes muertos en…p. 257
[6]que se aproxima a la magnitud real del fenómeno. El cálculo se obtiene a partir de los datos proporcionados por una muestra, en este caso, se construyó a partir del contraste y depuración de las 28 bases de datos sobre reclutamiento entregadas a la Comisión de la Verdad y que se presentan en el anexo estadístico. 431…p. 184
[9]Fundacion Ideas para la Paz (FIP) y Echandía Castilla, «Auge y declive del Ejército de Liberación Nacional (ELN)», 10. 455 Ríos Sierra, «La(s) geografía(s) de la violencia guerrillera en Colombia 2012-2020», 9. 456 Consejería Presidencial para los derechos humanos y asuntos internacionales, «Línea de Política Pública…p. 187
02Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 158, 4572 citas
[2]un crimen de guerra”, subraya un documento del expediente de la JEP. Otro hecho que está tipificado como violación al DIH es el de no dar cuartel, y el cual habrían materializado los militares cuando recibieron la orden de no dejar con vida a nadie, y cuyo contenido salió de los radios y fue escuchado por una de las…p. 457
[43]en el siglo XIX. Desde entonces, los Estados han aceptado un conjunto de normas basado en la amarga experiencia de la guerra moderna, que mantiene un cuidadoso equilibrio entre las preocupaciones de carácter humanitario y las exigencias militares de los Estados. En la misma medida en que ha crecido la comunidad…p. 158
03Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 1311 cita
[3]sobrevivientes. (RCN Radio, 2019) En un documento entregado en 2019 a la Comisión de la Verdad en Co- lombia, conocido por esta investigación, el Ejército niega enfáticamente la ocurrencia de estos sucesos violatorios del DIH y recalca su cumplimiento estricto, descartando su posible ocurrencia bajo argumentos…p. 131
04Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 345, 3572 citas
[4]en el Cauca. Pese a los esfuerzos del rector para evitar que se los llevaran, cinco menores de dieciocho años fueron reclutados, entre ellos un niño de siete años 1049. De igual forma, los grupos armados también afectaron los hogares para jóvenes vulnerables: Yo de maestro lo que sí notaba era que cuando llegaban…p. 357
[7]la normatividad al respecto también era escasa. 1001 Hasta 2018 no existía información para el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, año en el que la Defensoría del Pueblo, mediante la Alerta temprana 046-18, advirtió sobre el riesgo hasta la guerra tiene límites 346 Antioquia, Caquetá, Guaviare y…p. 345
05Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1581 cita
[5]lo rigen. Según la integración final de datos del proyecto conjunto JEP-CEV-HRDAG, desde 1990 hasta 2017 se registraron 16.238 casos de reclutamiento de niñas, niños y adolescentes a lo largo del país. Además, teniendo en cuenta el potencial 163 Ver el tomo No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el…p. 158
06La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 1061 cita
[8]Internacional, en la que se le asigna la categoría de crimen de guerra. Pese a que la participación de menores de edad en el conflicto ha sido frecuente, existen dificultades para investigar y sancionar esta práctica. En el caso del Bloque Norte, una de ellas se refiere a que muchos de los menores reclutados fueron…p. 106
07Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 3391 cita
[10]en los otros municipios, y para quienes fue- ron amenazados directamente por los paramilitares que para quienes huyeron producto de la confrontación, siendo además el repoblamiento uno de los ma- yores obstáculos para el retorno (Tribunal Superior de Bogotá, 2014). Un 33 por ciento de las víctimas viven actualmente en…p. 339
08Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2191 cita
[11]informe concluye que: [E]llos utilizaban y utilizan ese tipo de estrategias con las comunidades indígenas para reclutar a mujeres y niños. Cuando ellos van a las comunidades durante dos o tres días cada mes, juegan con los niños, les dan regalos, dinero, compran pollo o pato, les compran pescado a los niños y a las…p. 219
09«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 681 cita
[12]varias ejecuciones extrajudiciales. Cuando Ángela Torres Valbuena fue a buscar a su esposo y a su hijo, encontró la carretera bloqueada por tropas del ejército. En ese momento pasó un camión con dos cadáveres dentro. Un soldado le dijo que podrían ser los de su esposo y su hijo, mientras otro –al parecer riendo– le…p. 68
10Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2761 cita
[13]una tía y ahí empezó mi calvario. Primero por ser menor de edad. Luego me prostituí dos años. Lue go trabajé en una panadería 793. Otra de las características diferenciales del proceder de las FARC - EP tiene que ver con el reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes como estrategia militar. En Caquetá,…p. 276
11Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 1341 cita
[14]15 muestra el comportamiento del homicidio para el Caquetá. Nótese cómo son los municipios del sur de departamento, es decir, aquellos de dominio paramilitar los que presentan mayor número de homicidios. El Caquetá siempre fue considerado un departamento de dominio guerrillero, pero en realidad fue el norte del…p. 134
12La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 56, 2042 citas
[15]a encontrar organi- zación fuerte en el sur, a la gente le da miedo, en el sur sólo se tiene la organización básica, la de las juntas de acción comunal. Pero ustedes no van ver que haya tanta organización o movi- mientos de derechos humanos ni organizaciones campesinas como en el norte. Eso al sur no existe, y no…p. 204
[19]amazónicas, antiguas válvulas de escape de las guerras de los Andes. Asimis- mo, los programas gubernamentales de apoyo a la colonización fracasaron y produjeron la quiebra de cientos de colonos que no tuvieron más opción que bloquear la ciudad para exigirle solucio- nes al Incora. La violencia y la incapacidad del…p. 56
13Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 1, 172 citas
[16]el periodo 2001-2003. Fierro se posesionó el 7 de noviembre de 2001, pero fue asesinado en la Inspección del Triunfo, el 25 de mayo de 2002. El Alcalde y su chofer, Camilo Hernán Ro- jas, habían sido secuestrados en la mañana por un grupo de doce hombres de las Au- todefensas Unidas de Colombia (AUC). Los dos…p. 17
[18]ALCALDÍA DE FLORENCIA Caquetá: conflicto y memoria Caquetá: conflicto y memoria CAQUETÁ: CONFLICTO Y MEMORIA Director General Centro Nacional de Memoria Histórica Gonzalo Sánchez Director Museo Caquetá ® William Wilches Sánchez Investigadores Museo Caquetá Harley Enrique Gutiérrez Ñustez Rubén Darío Polo Sierra…p. 1
14Caquetá: una autopsia sobre la desaparición forzadaHelka Quevedo Hidalgo · 2018 · p. 931 cita
[17]da, Caquetá Periodo: 1967-2012 Eje Temático de Desapari- ción Forzada: Sijuf (Sistema de Informa- ción Judicial de la Fiscalía) y SPOA (Sistema Penal Oral Acusato- rio) Investigaciones por desapari- ción forzada, justicia perma- nente • 150 registros de desaparición forza- da, Caquetá Periodo: 1981-2012 Grube (Grupo…p. 93
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1321 cita
[20]pérdida de bienes muebles o inmuebles. Gráfica 2. Número de víctimas en departamentos de la Amazonía (1998–2019) 350 Ibíd, 102. 351 Uariv, Registro Único de Víctimas. Fuente: RUV − Fecha de corte: 31 diciembre 2021 2000 2005 2010 2015 2020 0 10.000 20.000 30.000 40.000 No. de víctimas Años Amazonas Caquetá Guanía…p. 132
16No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5341 cita
[21]así como la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y el CICR. No obstante, el Ejecutivo mantuvo la estrate- gia de defensa construida sobre un discurso de estigmatización de las organizaciones y víctimas denunciantes. Se siguieron emitiendo guías que consideraban las bajas en…p. 534
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1831 cita
[22]en zonas urbanas, con personas en condición de vulnerabilidad socioeconómica, trabajadores informales, habitantes de calle y en condi- ción de discapacidad 595. El departamento con más registro de estos hechos fue Antioquia. Un exintegrante del Ejército, que en ese momento operaba en Medellín, se refirió a la presión…p. 183
18Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1521 cita
[23]señalados de terroristas por parte del mismo presidente, lo que ocasionaba inmediatamente una condena a muerte de parte de los escuadrones de la extrema derecha. Muchos líderes no nos acompañan hoy en día. En ese espiral de confusión y oscurantismo, las Fuerzas Armadas y en especial oficiales del ejército se idearon…p. 152
19Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1521 cita
[24]señalados de terroristas por parte del mismo presidente, lo que ocasionaba inmediatamente una condena a muerte de parte de los escuadrones de la extrema derecha. Muchos líderes no nos acompañan hoy en día. En ese espiral de confusión y oscurantismo, las Fuerzas Armadas y en especial oficiales del ejército se idearon…p. 152
20Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 2461 cita
[25]Mario Montoya Uribe, quien en octu- bre de 2018 firmó su sometimiento a la Justicia Especial para la Paz por su pre- sunta responsabilidad en las ejecuciones extrajudiciales: “El abogado Germán Romero consideró que lo que se está haciendo es darle prioridad al “perpetra- dor” de las ejecuciones extrajudiciales.…p. 246
21Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 501 cita
[26]delitos de homicidio agravado, privación ilegal de la libertad, concierto para delinquir, desaparición forzada, falsedad ideológica en documento público, homicidio en persona protegida, fabricación y tráfico de armas de las Fuerzas Milita- res, entre otros. Así lo expresó alias Don Mario, en el portal Verdad Abierta:…p. 50
22Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 1682 citas
[27]end justifies the means.” Both cases caused additional challenges to the judicial system. In both cases, the questions were, who approved these illegal activi- ties, and more specifically, did President Uribe order them or know about them? Should he have known if he did not? False Positives In Septem ber 2008, falsos…p. 168
[28]end justifies the means.” Both cases caused additional challenges to the judicial system. In both cases, the questions were, who approved these illegal activi- ties, and more specifically, did President Uribe order them or know about them? Should he have known if he did not? False Positives In Septem ber 2008, falsos…p. 168
23"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 951 cita
[29]a llevar sus historias. Como se muestra abajo, la cobertura en los medios de ejecuciones extrajudiciales creció exponencialmente en los 12 meses siguientes a las revelaciones sobre el caso de Soacha. 223 Observatorio de derechos humanos y derecho humanitario de la Coordinación Colombia– Europa–Estados Unidos:…p. 95
24Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 251 cita
[30]la verdad 25 dieron lugar a la investigación emprendida en el segundo semestre del 2008, que resul- taría en la expulsión de los militares. ¿Por qué no lo hicieron antes, cuando eran tantas las denuncias? De haberlo hecho, se habrían evitado cantidades de asesinatos. Más de mil familias de los asesinados a lo largo…p. 25
25Recentralisation in ColombiaJulián D. López-Murcia · 2022 · p. 1961 cita
[31]no previous experience as a minister (Samper and Santos had served as ministers before their presidential terms) neither as a governor (Uribe had served as a governor of the department of Antioquia) or as a local mayor (as noted before, Pastrana was Bogota’s first popularly elected mayor in 1988). Duque’s election as…p. 196
26¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 731 cita
[32]por las lógicas de la guerra, se han ido deteriorando significativamente. El uribismo ha ejercido una constante presión para sacar a la guerrilla desmovilizada de la competencia política. Su idea es que antes de tener sillas en el Congreso deberían pagar cárcel. Mientras tanto, el Centro Democrático lanzó, apenas…p. 73
27The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 2671 cita
[33]groups about the latest killings of social leaders and FARC ex- combatants. In ReD’s UK chapter, we discussed the unfolding situation in seminars and public dialogues with the urgency of the present. I began to realize I was writing one piece of the anthrohistorical puzzle (Coronil 2019) that could help us understand…p. 267
28Parar para avanzar. Crónica del movimiento estudiantil que paró a ColombiaSandra Borda · 2020 · p. 19, 322 citas
[34]la opinión esperaba era un espaldarazo al menos discursivo a su labor. Creo que, en este sentido, el punto de desconexión más alto de este gobierno se generó a mediados del 2019. En junio asesinaron a María del Pilar Hurtado—una líder social en Tierralta, Córdoba. Todos vimos a su hijo Bryan llorar y gritar de…p. 19
[37]Con todos estos argumentos en mano, los estudiantes convocaron a una marcha multitudinaria el 10 de octubre de 2018. Para ese momento ya había terminado la administración Santos. Fue al recién estrenado gobierno Duque a quien le tocó lidiar con un estudiantado envalentonado después de haber llamado a paro a partir de…p. 32
29¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 1131 cita
[35]líderes sociales y, desde 2020, la incertidumbre por la crisis económica y social que acompañó la pandemia de covid. Esta democracia callejera, como nos lo recuerda el profesor Rodrigo Uprimny, también se ha expresado dentro de una so ciedad polarizada, en la que hay un profundo descrédito de las instituciones y del…p. 113
30Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1421 cita
[36]citado, aun cuando el de- bate pueda continuar en las sesiones sigidentes. Se busca evitar en está forma que los ministros deban pre- senciar interminables seslones, amtes de ser oldos por la plenaria El ministro citado está obligado a concurdr al Comgreso, y si mo lo hic re, e si la cazdn que arguyó para jus- tificar…p. 142
31At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 3121 cita
[38]was signi fi cantly higher for municipalities with populations registered for the PNIS program than municipalities that continued to grow coca uninterrupted and for municipalities that did not grow coca (54.7% vs. 39.5% and 21.7%, respectively). Many of those killed were social activists and community leaders that…p. 312
32Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 2611 cita
[39]discursos, frente a la impunidad vigente ante las sistemáticas violaciones a los derechos humanos en Bojayá y muchas otras zonas del territorio nacional. 383 El sistema de protección de los derechos humanos de Naciones Unidas y la revelación de la barbarie Un actor relevante en el campo multilateral, la Oficina de la…p. 261
33Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 2801 cita
[40]de los defensores de derechos humanos es más importante la búsqueda de mecanismos disponibles para proteger a las víctimas. 207 De acuerdo con Luz Marina Gil, “antes de dicha sentencia, cuando aparecía un militar involucrado en cualquier tipo de delito que llegara a la jurisdicción ordinaria, automáticamente los…p. 280
34Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 2111 cita
[41]officers had no command responsibility for their subordinates’ actions, even if they should have known about those actions. Molano said of the ruling that “the testimonies of Captain Gordillo and seven paramilitary men on military and paramilitary joint actions in the operation that led to the death of four children…p. 211
35Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · p. 751 cita
[42]discutirlo o el negarse a ello les da espacio mediático, propagandístico y, potencialmente, de interlocución, es claro que en el momento que éste se dé el gobierno solo los tratará como enemigos a eliminar, y el 76 Álvaro Uribe: el Caballo de Troya del Neoliberalismo único interés noticioso será el número de bajas que…p. 75