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Hecho histórico · Posconflicto · 2016–presente

Elección de Iván Duque y el giro uribista (2018)

El 17 de junio de 2018, Iván Duque ganó la presidencia de Colombia con el respaldo decisivo de Álvaro Uribe Vélez, inaugurando un gobierno que obstaculizó sistemáticamente la implementación del Acuerdo Final de Paz de La Habana bajo la fórmula 'paz con legalidad'. La victoria uribista reabrió las disputas sobre la JEP, la justicia transicional y la reforma rural, profundizando la polarización política y la crisis del posconflicto.

Elección de Iván Duque y el giro uribista (2018)
17 de junio de 2018
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
17 de junio de 2018
Protagonistas
Iván Duque, Álvaro Uribe Vélez, Gustavo Petro, Juan Manuel Santos, Patricia Linares, Néstor Humberto Martínez, Humberto de la Calle, Marta Lucía Ramírez, Francisco Barbosa, Centro Democrático, Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), FARC-EP
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La victoria del No en el plebiscito de 2016 consolidó al uribismo como plataforma de oposición permanente al Acuerdo Final, con el argumento de que la justicia era precondición de la paz y que la JEP constituía un régimen de impunidad.
  2. El uribismo representaba estructuralmente a sectores —militares acusados de graves violaciones a derechos humanos, políticos vinculados al paramilitarismo y élites rurales— que tenían intereses directos en frenar la justicia transicional y la política de restitución de tierras del Acuerdo.
  3. La supervivencia política del uribismo como movimiento dependía estructuralmente del fracaso del proceso de paz, lo que generó incentivos para atacar sus disposiciones centrales desde el gobierno.
  4. El bloque favorable al Acuerdo llegó fracturado a las elecciones de 2018: Humberto de la Calle apenas superó a Juan Fernando Cristo en la consulta liberal, y ninguna candidatura logró articular una mayoría defensora del proceso.
  5. La polarización política exacerbada durante el plebiscito —con desinformación masiva en redes sociales y un lenguaje agresivo que radicalizó a medios y formadores de opinión— creó condiciones favorables para una candidatura que prometía revisar el Acuerdo sin romperlo formalmente.
17 de junio de 2018Elección de Iván Duque y el giro uribista (2018)

Consecuencias

  1. El gobierno Duque objetó seis artículos de la Ley Estatutaria de la JEP en marzo de 2019 y se opuso durante casi todo su mandato a los escaños especiales en el Congreso para víctimas del conflicto, erosionando institucionalmente la implementación del Acuerdo sin derogarlo formalmente.
  2. La priorización de la erradicación forzada sobre la sustitución voluntaria disparó la tasa de resiembra de coca al 50 % en zonas de erradicación, frente al 0,8 % en zonas con sustitución pactada, deshaciendo avances del PNIS.
  3. Entre 2016 y 2020 fueron asesinados 113 líderes sociales en Putumayo, Caquetá y Guaviare, y más de 300 excombatientes de las FARC-EP desde la firma del Acuerdo hasta aproximadamente 2021, en un contexto de reconfiguración armada en territorios abandonados por el Estado.
  4. La tasa de homicidios en 2018 fue un 30 % más alta que en 2016 en los 161 municipios que habían sido territorios de presencia de las FARC, con 2.957 homicidios registrados.
  5. La implementación limitada del Acuerdo, certificada por el Instituto Kroc en 2021, profundizó la crisis de legitimidad del gobierno y contribuyó a la acumulación de tensiones sociales que desembocaron en el estallido social de 2021.
  6. La polarización política entre el bloque uribista y la izquierda encabezada por Petro se consolidó como el eje estructurante de la política colombiana, desplazando las identidades partidarias tradicionales y preparando el terreno para la elección presidencial de 2022.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La elección de Duque en 2018 marcó el momento en que el Estado colombiano quedó en manos de la coalición que había combatido el Acuerdo de Paz, convirtiendo la obstrucción institucional en política de gobierno. No fue un episodio de alternancia ordinaria: fue la prueba de que los acuerdos de paz son tan frágiles como la voluntad política de quienes deben implementarlos, y que los sectores con intereses materiales en el statu quo —impunidad militar, concentración de la tierra— tienen capacidad para capturar el Estado y desactivar desde adentro los mecanismos de justicia transicional. El legado de ese giro —líderes asesinados, excombatientes sin garantías, territorios rearmados— definió la agenda del posconflicto colombiano por años.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La elección de Iván Duque y el giro uribista de 2018

El 17 de junio de 2018, Iván Duque Márquez ganó la segunda vuelta presidencial de Colombia frente a Gustavo Petro Urrego. Tenía 41 años, un paso previo como senador y una biografía tecnocrática que había transcurrido más tiempo en Washington, en el Banco Interamericano de Desarrollo, que en las plazas de la política colombiana. Lo llevó a la Casa de Nariño el respaldo decisivo de Álvaro Uribe Vélez, el hombre que lo había reclutado, lo hizo senador en 2014 y lo presentó al país como su candidato. La elección no fue una alternancia neutra: fue el retorno al poder de la coalición que había liderado el No en el plebiscito de 2016 y que veía en el Acuerdo Final de La Habana, firmado por Juan Manuel Santos con las FARC-EP, una amenaza directa a los intereses de sus bases más duras. Con la fórmula de campaña "paz con legalidad", Duque asumió el 7 de agosto de 2018 el mandato de implementar un acuerdo que su movimiento había combatido durante cuatro años. Los dos años siguientes fueron el intento de desmontar sus disposiciones centrales sin romperlo formalmente, sobre un terreno ya fracturado por la reconfiguración armada, la economía de la coca y el asesinato sistemático de líderes sociales. De esa colisión —entre una obstrucción política deliberada y un posconflicto que se descomponía por su cuenta— salió la crisis de legitimidad que precipitaría el estallido social de 2021.

El país que llegó a las urnas en 2018

Colombia votaba por primera vez para elegir un presidente después del Acuerdo Final. El referente inmediato era el plebiscito del 2 de octubre de 2016, cuando el No se impuso por un margen estrecho y reveló una sociedad escindida que sorprendió a partidarios y opositores. Aquella campaña había puesto en circulación un arsenal de mensajes cargados de mentiras, tergiversaciones e invenciones. El más viral aseguraba que los guerrilleros recibirían 1,8 millones de pesos mensuales, cuando el Acuerdo estipulaba el 90 % del salario mínimo durante 24 meses condicionado a no tener ingresos contractuales. Twitter y las redes sociales quedaron consolidados como el terreno principal de la disputa política, con indicios de mercados irregulares para amplificar presencia digital. La campaña del No se articuló en fórmulas breves y emocionales: rechazo a la impunidad, exigencia de castigo, exasperación del rencor. Quienes defendían el Sí debían remitirse a un documento extenso y técnico para refutar cada mensaje, y perdieron esa asimetría.

El uribismo había construido sobre esa victoria una plataforma de oposición permanente al Acuerdo. Su argumento central era que no se oponía a la paz sino a la impunidad, y que la justicia era una precondición de la paz: exigía que los guerrilleros cumplieran penas en establecimientos carcelarios estatales y rechazaba la justicia transicional del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición. Detrás de la fórmula pública operaban incentivos estructurales más sólidos. El movimiento representaba conscientemente a los sectores que creían que el Estado tenía derecho a usar cualquier método —incluidos los más brutales— para derrotar a la subversión: militares acusados de graves violaciones a los derechos humanos, políticos vinculados al paramilitarismo, élites rurales enfrentadas históricamente a la guerrilla. La justicia transicional y la política de restitución de tierras del Acuerdo eran amenazas directas para esos auditorios duros. Atacar el Acuerdo no era un cálculo electoral coyuntural: era una necesidad de supervivencia política.

La coalición del No había agrupado a sectores del Centro Democrático, del sector industrial, a grandes empresarios y a organizaciones sociales y religiosas de ideología conservadora y antisubversiva. Sobrevivió al plebiscito y llegó intacta a la primera vuelta de mayo de 2018. Enfrente, el bloque favorable al Acuerdo llegó fracturado. Humberto de la Calle, el jefe negociador de La Habana, aspiró por el Partido Liberal, pero apenas logró imponerse a Juan Fernando Cristo en la consulta interna por un margen estrecho, en un proceso costoso que generó resistencias y drenó capital político. Sergio Fajardo se presentó por la Coalición Colombia con un discurso de centro que rehuía tomar partido claro por el Acuerdo. Germán Vargas Lleras, exvicepresidente de Santos, corrió con Cambio Radical marcando distancia del gobierno saliente. Gustavo Petro, por Colombia Humana, capitalizaba el voto de izquierda pero cargaba con el rechazo de amplios sectores. El resultado fue un vacío de representación: los defensores del Acuerdo no lograron construir una candidatura mayoritaria, y Duque llegó a segunda vuelta con 7,6 millones de votos frente a los 4,8 millones de Petro. En la segunda, del 17 de junio, Duque obtuvo poco más de 10,3 millones y Petro 8 millones. Marta Lucía Ramírez, exministra de Defensa de Uribe, entraba como vicepresidenta.

El perfil tecnocrático y la ambigüedad de origen

Duque llegó al poder cargando una biografía que sus adversarios usarían en su contra y sus aliados intentarían capitalizar. Hijo del exgobernador y exministro Iván Duque Escobar, había pasado la mayor parte de su vida profesional fuera del país, en el Banco Interamericano de Desarrollo, donde trabajó en asuntos culturales, creativos y de gestión pública. Su experiencia política doméstica se reducía a un cuatrienio como senador entre 2014 y 2018, en el que había participado activamente en la comisión que examinó la Ley 1448 de Víctimas y en el debate sobre la implementación del Acuerdo. No tenía maquinaria propia, ni ascendiente sobre el Centro Democrático más allá del que le confería la relación directa con Uribe, ni una base territorial construida a lo largo del tiempo. Era un candidato del jefe.

Ese perfil operó en dos direcciones. Hacia afuera del uribismo, el tecnócrata cosmopolita y joven fue presentado como la cara amable de una coalición que necesitaba desactivar el temor a un retorno de las políticas más agresivas de la era Uribe. Su discurso ordenado, su inglés fluido, su elegancia expositiva y su afinidad con la agenda de innovación —lo que después empaquetaría como "economía naranja"— le daban un lenguaje distinto al del núcleo duro del movimiento. Hacia adentro, esa misma falta de anclaje territorial y de maquinaria lo hacía dependiente del centro de decisión que encarnaba Uribe. Cada vez que había que decidir entre la moderación tecnocrática que le habían vendido al país y la exigencia dura de la base política, la segunda tendía a imponerse.

El gabinete inicial reflejó la tensión. Alberto Carrasquilla en Hacienda, Guillermo Botero en Defensa, Nancy Patricia Gutiérrez en Interior, Alicia Arango en Trabajo, componían un equipo con perfiles ortodoxos en lo económico y alineados con la línea dura del Centro Democrático en lo político. La agenda cultural y de industrias creativas, con la que Duque quiso singularizarse, quedó orbitando alrededor de un núcleo de gobierno cuya prioridad era el desmonte selectivo del Acuerdo y la ortodoxia fiscal. La distancia entre el envoltorio y el contenido —entre el discurso naranja y las decisiones sobre JEP, sustitución de cultivos y protesta social— sería, con el tiempo, uno de los rasgos más señalados de su mandato.

De la campaña al gobierno: la fórmula "paz con legalidad"

Duque no había prometido en campaña hacer trizas el Acuerdo —esa había sido la frase incendiaria de otros dirigentes del Centro Democrático—, sino "modificarlo" para corregir sus supuestos excesos: penas efectivas para los responsables de crímenes graves, restricción de la participación política de los excomandantes de las FARC hasta que hubieran cumplido sanciones, revisión de la justicia transicional. La fórmula "paz con legalidad" ofrecía una salida de imagen: no destruir el Acuerdo, sino someterlo al principio de legalidad. En la práctica, esa formulación abría la puerta a una obstrucción sistemática sin necesidad de una ruptura formal que habría tenido costos internacionales altos.

El primer golpe fue institucional. La Jurisdicción Especial para la Paz había sido creada mediante el Acto Legislativo 01 del 4 de abril de 2017, con Patricia Linares al frente de su presidencia. Formaba parte del Sistema Integral junto con la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Su régimen sancionatorio contemplaba penas de prisión de hasta quince a veinte años para quienes no confesaran crímenes graves, aplicables tanto a militares como a guerrilleros, y fue diseñado por el gobierno Santos como un mecanismo de rendición de cuentas, no como un régimen de impunidad. El 10 de marzo de 2019, Duque objetó por inconveniencia seis artículos de la Ley Estatutaria de la JEP. Las objeciones tocaban puntos neurálgicos: la reparación con bienes propios de los responsables, la conexidad con delitos de narcotráfico, la extradición. El Congreso las rechazó y la Corte Constitucional las declaró improcedentes, pero el mensaje quedó dado: el gobierno se ponía frente a la jurisdicción que debía juzgar a los excomandantes de las FARC y a militares por los llamados "falsos positivos".

Al asedio institucional se sumó el asedio discursivo. El fiscal general Néstor Humberto Martínez, y desde febrero de 2020 su sucesor Francisco Barbosa —abogado personal y amigo de Duque—, mantuvieron con la JEP una relación de choque permanente sobre extradiciones, competencias y ritmo de las investigaciones. La priorización de siete macrocasos por parte de la JEP —cuatro de ellos con dinámicas del conflicto en la Amazonía— avanzaba con lentitud entre presiones cruzadas. La oposición al Acuerdo, que en el plebiscito se había concentrado en el argumento de la impunidad, ahora tenía el aparato del Estado para dificultar el funcionamiento del sistema sin necesidad de derogarlo.

La oposición a los escaños especiales en el Congreso para las víctimas del conflicto —las 16 curules que el Acuerdo había previsto para dar representación política a los territorios más golpeados— fue otra pieza del mismo diseño. El gobierno se opuso durante casi todo el mandato a su creación, hasta ceder tardíamente. Cada demora, cada objeción, cada tribunal cuestionado tenía el mismo efecto acumulativo: erosionar la implementación sin firmar su acta de defunción.

Los auditorios duros y la lógica del desmonte

Para entender por qué la obstrucción fue tan sistemática hay que mirar a quiénes protegía. Uribe reivindicó en un trino "las masacres con sentido social" sin retractarse, y durante el plebiscito la base activista del movimiento publicó en redes mensajes que llamaban más o menos directamente al atentado físico contra adversarios. El lenguaje agresivo y pendenciero del expresidente no era un estilo personal: era una estrategia política que había conseguido consenso en torno a la guerra contra las FARC y que arrastró a medios, analistas y formadores de opinión a dinámicas de radicalización.

Los sectores que ese lenguaje representaba tenían mucho que perder con el Acuerdo. La justicia transicional de la JEP alcanzaba a militares implicados en ejecuciones extrajudiciales —los "falsos positivos" cometidos, sobre todo, entre 2002 y 2008— y a políticos regionales cuya trayectoria estaba entrelazada con estructuras paramilitares. La política de restitución de tierras del punto 1 del Acuerdo, sobre reforma rural integral, tocaba directamente el patrimonio de élites regionales que durante décadas habían aprovechado la existencia de las guerrillas para bloquear reformas agrarias y concentrar la tenencia mediante desplazamiento y despojo. La resistencia histórica a la reforma agraria en Colombia —desde la Ley 100 de 1936 hasta el Pacto de Chicoral de los años setenta, pasando por la reforma de Lleras Restrepo en los sesenta— tenía en el punto 1 su nueva batalla. Que la restitución hubiera comenzado a implementarse antes de la firma del Acuerdo, bajo responsabilidad del Ministerio de Agricultura durante el segundo mandato de Santos, no atenuó la resistencia: la aceleró.

Frenar la JEP y desactivar la reforma rural no eran, para los auditorios duros, dos causas separadas. Eran la misma: preservar la impunidad militar y la concentración de la tierra, los dos pilares del orden que la salida negociada amenazaba. El gobierno Duque, con Uribe como mentor y con figuras de la línea dura en cargos de decisión, era el instrumento institucional de esa protección. Los defensores del Acuerdo replicaron que el móvil de Uribe no era el contenido sino el resentimiento personal contra Santos —recordando que el propio Uribe había intentado negociar con las FARC durante su presidencia—, pero esa lectura, aunque circuló como argumento de campaña, dejaba en segundo plano lo que estaba realmente en juego para las bases materiales del uribismo.

Los territorios: la implementación en el terreno

Mientras el pulso institucional se libraba en Bogotá, en las zonas de conflicto la implementación se descomponía. El Acuerdo comprometía al Estado a priorizar la sustitución voluntaria y concertada de cultivos frente a cualquier otra medida. El Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, el PNIS, había vinculado a decenas de miles de familias campesinas. Los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, los PDET, debían transformar 170 municipios priorizados con inversión, infraestructura y presencia estatal. Para 2018, los testimonios recogidos en los territorios coincidían: los programas perdían fuerza y se reducían principalmente a la construcción de vías. La visión de transformación integral no había arraigado en el gobierno.

Los datos daban cuenta del giro. Las zonas donde se pactó sustitución voluntaria registraron una tasa de resiembra de coca del 0,8 %, mientras que en los territorios de erradicación forzada se disparó al 50 %. El gobierno Duque, sin embargo, priorizó la erradicación y llegó a plantear el retorno a la aspersión aérea con glifosato. La consecuencia era doble. Por un lado, se destruyó el vínculo con las comunidades que habían apostado por la sustitución. Por el otro, se expandieron las economías ilegales justo donde el Acuerdo prometía sustituirlas.

La violencia siguió la misma curva. En los 161 municipios que habían sido territorios de presencia de las FARC, los homicidios de 2018 subieron un 30 % respecto a 2016. Los municipios con población inscrita en el PNIS registraron tasas de homicidio muy superiores a las de municipios sin coca. Solo en Putumayo, Caquetá y Guaviare fueron asesinados 113 líderes sociales entre 2016 y 2020, muchos de ellos promotores del PNIS y de procesos de sustitución. Desde la firma del Acuerdo hasta 2021, más de 300 excombatientes de las FARC-EP fueron asesinados, y la OACNUDH había reportado ya en 2017 más de 105 activistas de derechos humanos asesinados en regiones que habían sido bastiones de la guerrilla.

La reconfiguración armada

Los actores de esa violencia se reconfiguraban a velocidad. Las disidencias de las FARC-EP crecieron en la Orinoquía: hacia 2018, exintegrantes de los bloques Oriental y Sur retomaron las armas y disputaron el control de rutas y economías ilegales. En paralelo, el ELN aprovechó el vacío dejado por la desmovilización para expandirse hacia territorios donde antes no operaba, y grupos paramilitares de nueva generación —Clan del Golfo, Caparrapos, Águilas Negras y estructuras locales sin mando unificado— completaron el mapa.

En Putumayo, la disputa entre disidencias por el control de corredores hacia Ecuador dejó a la población civil en medio del fuego, y los excombatientes reincorporados quedaron expuestos a un doble asedio: de quienes buscaban reclutarlos y de quienes los consideraban obstáculos para el control territorial. En el norte del Cauca, el EPL, las Águilas Negras, disidencias de las FARC y el ELN amenazaron desde 2017 a líderes indígenas y sociales, muchos declarados objetivo militar por control de rutas y economías cocaleras; la guardia indígena, sin armas, se convirtió en la primera línea de contención frente a actores fuertemente armados, y los asesinatos de comuneros nasa dibujaron un patrón sistemático de eliminación selectiva. En el Catatumbo, la mezcla de erradicación forzada, presencia del ELN y del EPL y disputas por rutas hacia Venezuela produjo episodios de violencia estatal directa: el 26 de marzo de 2020, en el contexto de protestas campesinas contra la erradicación, miembros del Ejército asesinaron a Alejandro Carvajal, punta visible de un patrón más amplio de choque entre fuerza pública y comunidades cocaleras.

Los excombatientes reincorporados eran perseguidos por dos razones documentadas: su negativa a reintegrarse a grupos armados y su condición de obstáculos para el control territorial y el narcotráfico. Los que no se desmovilizaron dejaron de ser FARC y se convirtieron en bandas criminales, mientras más del 90 % de los firmantes continuaba en el proceso.

Cabe preguntar hasta qué punto esa violencia era responsabilidad del gobierno Duque. Buena parte de las dinámicas —la resiembra, la reconfiguración de grupos, el asesinato de líderes— respondían a factores estructurales: la persistencia del narcotráfico, la ausencia histórica del Estado en los territorios, la existencia de rentas ilegales que ningún gobierno habría desmontado en dos años. Pero los incumplimientos del Acuerdo, la política de erradicación forzada, la lentitud de la reincorporación económica y el debilitamiento de los programas del Punto 1 aceleraron el deterioro. El gobierno no creó la crisis, pero optimizó las condiciones para que se profundizara.

La desconexión y el descrédito

Sobre ese fondo se produjo el momento que muchos analistas fijaron como el signo más nítido del gobierno Duque. En junio de 2019, la líder social María del Pilar Hurtado fue asesinada en Tierralta, Córdoba. Mientras su hijo lloraba sobre su cadáver —una imagen que circuló por el país—, el presidente tuiteaba desde el Festival de Publicidad de Cannes sobre creatividad, tecnología y economía naranja, su bandera cultural y de industrias creativas. La coincidencia condensó una percepción que ya se había ido formando: un gobierno desconectado del dolor de las víctimas, sin lenguaje ni tiempo para el país que ardía en los territorios. El caso Hurtado se sumó al goteo de asesinatos que ni la Fiscalía ni el Ejecutivo lograban contener ni explicar.

La distancia se acentuó por la ruptura con el gobierno anterior. Santos ofreció reiteradamente colaboración durante el paro estudiantil de 2018, las protestas de noviembre de 2019, la pandemia, el huracán Iota de noviembre de 2020 y el paro de 2021, y sostiene que Duque nunca respondió ni pronunció públicamente su nombre. Gestionó una oferta de la Fundación Rockefeller para dotar de energía solar a Providencia tras el huracán, sin que la relación institucional se destrabara. Para mantener la coherencia con su base uribista, Duque necesitaba negar cualquier continuidad con la administración que había firmado el Acuerdo. El costo fue una gestión sin memoria de Estado, en un país que atravesaba emergencias que exigían todo lo contrario.

El descrédito del liderazgo político y de las instituciones se profundizó. No era un fenómeno exclusivo del gobierno Duque —afectaba a otros liderazgos y venía de más atrás—, pero la respuesta a las protestas de noviembre de 2019, y luego la represión desproporcionada de manifestantes durante 2020 y 2021, con muertes, torturas y exilios documentados, terminó por sellarlo. El malestar acumulado por la respuesta a la violencia contra líderes sociales, por la implementación limitada del Acuerdo, por la crisis económica y social agravada por la pandemia, y por la percepción de un gobierno sordo, se convirtió en el combustible del estallido de abril de 2021.

La polarización como método y como herencia

La polarización anudaba el desmonte institucional con la desconexión de gobierno. Duque no la inventó: la heredó del plebiscito y del estilo político del uribismo. Pero su gobierno la administró como un recurso, no como un problema por resolver. Mientras el país estuviera dividido entre "amigos de la paz" y "amigos de la legalidad", el desmonte selectivo del Acuerdo podía presentarse como corrección técnica y no como opción política, y la crítica a los incumplimientos se descalificaba como defensa de la impunidad.

Las redes sociales fueron el terreno privilegiado. Twitter, en particular, se consolidó como herramienta central de las campañas y del debate público, con prácticas irregulares —mercados de amplificación digital— que distorsionaban las conversaciones. Las fórmulas breves y emocionales que habían funcionado en el plebiscito siguieron funcionando en la disputa por la JEP, por las curules de las víctimas, por la restitución de tierras. Cada tema técnico se convertía en pulso identitario. El daño acumulado a la deliberación pública fue profundo: cuando Colombia entró en la pandemia y en la crisis social de 2020-2021, había perdido buena parte de los mecanismos comunes para procesar el desacuerdo.

Consecuencias

De la elección de 2018 y de los dos primeros años del gobierno Duque quedó un mapa reciente del país marcado por tres capas de sedimento. La primera, inmediata, se expresó en una implementación del Acuerdo severamente limitada, señalada por el Instituto Kroc en 2021 y por observadores internacionales; en una JEP que sobrevivió al asedio pero avanzó con lentitud; en una violencia territorial que se consolidó como el rasgo dominante del posconflicto, con cifras de excombatientes y líderes sociales asesinados que hicieron de Colombia uno de los países más peligrosos del mundo para el activismo social; y en una política antidroga que reemplazó la sustitución concertada por la erradicación forzada, con resultados perversos medibles en las tasas de resiembra.

La segunda capa, de mediano plazo, se manifestó en el estallido social de abril y mayo de 2021, en la crisis de la reforma tributaria de Alberto Carrasquilla, en la represión policial que dejó muertos y desaparecidos, y en el desgaste terminal del bloque de gobierno. La recomposición del campo político acabaría con la elección de Gustavo Petro en junio de 2022, la primera victoria de la izquierda en la historia republicana colombiana. El uribismo, al usar el poder para proteger a sus auditorios duros del Acuerdo, aceleró su propio desgaste hasta perder la Presidencia por primera vez desde 2002 en un traspaso limpio a su antagonista más directo.

La tercera capa, la de largo plazo, sigue abierta. Los nudos estructurales que el Acuerdo intentó desatar —la concentración de la tierra, la economía del narcotráfico, la impunidad de crímenes de Estado, el vacío estatal en los territorios— siguen operando. La JEP produjo, ya avanzado el gobierno Duque y después, imputaciones históricas contra la antigua Secretaría del Secretariado de las FARC y contra oficiales del Ejército por falsos positivos, cumpliendo la función de rendición de cuentas para la que fue diseñada. Pero la reincorporación quedó frágil, la sustitución erosionada, la reforma rural apenas iniciada. La Comisión de la Verdad entregó su informe final en junio de 2022 y aportó una narrativa oficial sobre el conflicto que ninguna administración anterior había producido.

Por qué sigue importando

La elección de Iván Duque en 2018 fue el momento en que Colombia decidió, por vía democrática, que un movimiento estructuralmente incompatible con el Acuerdo de Paz administrara su implementación. No fue una contradicción improvisada: fue el resultado previsible de que los defensores del Acuerdo llegaran fragmentados a las urnas y de que la coalición del No mantuviera intactas su cohesión y su base social. De ahí se desprende algo más que una crónica: un acuerdo de paz no se consolida por la sola firma. Necesita mayorías estables que lo sostengan durante los años de implementación, y esas mayorías no se dieron por hechas. Cuando el poder ejecutivo pertenece a fuerzas cuyos auditorios se sienten amenazados por los mecanismos del acuerdo, la implementación se convierte en un pulso permanente en el que cada objeción, cada demora y cada desmontaje selectivo deja huella difícil de revertir.

Sobre ese piso incierto se juega, todavía, el destino de la paz que se firmó en La Habana.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

35 documentos · 42 fragmentos
01Recentralisation in ColombiaJulián D. López-Murcia · 2022 · p. 1961 cita
[1]no previous experience as a minister (Samper and Santos had served as ministers before their presidential terms) neither as a governor (Uribe had served as a governor of the department of Antioquia) or as a local mayor (as noted before, Pastrana was Bogota’s first popularly elected mayor in 1988). Duque’s election as…p. 196
02Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 3321 cita
[2]Society and Economy Culture and Science 2017 —The political party representing the FARC is approved —FARC begins disarming —Bilateral ceasefire between the Government and the ELN —Suspension of the use of glyphosate —Twenty-four homicides for every 100,000 inhabitants —Health coverage reaches 97.6 percent —Odebrecht…p. 332
03Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 3151 cita
[3]el artífice práctico de ese proceso, De la 1 Calle, no tuviera fuerza. Para mí tenía sentido que él fuera el candidato más capaz de ganar la consulta. Me reuní con los liberales, pero ellos no estaban preparados para asumir esa propuesta. En una reunión con César Gaviria y Humberto de la Calle, el primero tomó la…p. 315
049 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 1991 cita
[4]Dios estaba literalmente vendado, amarrado y torturado. Estaba a punto de ser fusilado. Desde entonces ese es el aspecto más importante de mi vida. RPR: Acabó como líder cristiano apoyando a Duque... ¿todo por amor? CAL: Ja, ja, ja, no, yo no apoyé a Duque ni como líder cristiano ni por amor. De hecho, no soy un líder…p. 199
05¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 139, 1492 citas
[5]del movimiento depende del fracaso de la paz. Lo mismo se puede decir de los “auditorios duros” del movimiento, es decir, de sectores sociales con gran poder, que se sienten apasionadamente representados por el movimiento y que le proveen una parte significativa de su personal dirigente. A continuación, doy dos…p. 139
[6]del fenómeno, pero me restrinjo a dos. Primera, el uribismo es el único movimiento con un número grande de votantes —digamos más del 2 % del registro electoral— que sigue justificando tanto los llamados a la violencia como al homicidio político. El propio jefe lo ha expresado en momentos de exasperación. Cuando el…p. 149
06Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 1941 cita
[7]en cálculos matemáticos. Ahí apareció un segundo padecimiento que afectó mucho nuestras posibilidades. Primero, porque a diferencia de otros casos del pasado, muchos miraban la consulta como algo innecesario. Me abstuve siempre de minimizar la presencia de Juan Fernando Cristo. Tenía yo razón. Primero, porque apenas…p. 194
07Orden y libertad. Economía política del castigo en Colombia y LatinoaméricaManuel Iturralde · 2022 · p. 1721 cita
[8]miembros del sector industrial y gran- des empresarios), y organizaciones sociales y religiosas que, a pesar de ser de orígenes diversos, compartían una ideología conservadora y antisubversiva. El argumento principal de la campaña por el No era que no estaba en contra de la paz sino de la impunidad. Para esta…p. 172
08Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 78, 1392 citas
[9]disparates del mesías. A muchos se les puede hacer caer en la cuenta de que, respecto del plebiscito, los quieren convertir en instrumentos de una venganza personal: está bien documentado que Uribe siempre quiso negociar con las FARC mientras fue presidente y hacerles todavía más concesiones de las consignadas en el…p. 139
[30]decenios. Entre las estrategias de la campaña del “No” se destacan la exas- peración del rencor, el estímulo de la revancha, la exigencia del castigo y la divisa según la cual “el fin justifica los medios”, que les permite poner en circulación fórmulas breves y efectivas contra el Acuerdo, cargadas de mentiras,…p. 78
09Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 78, 1392 citas
[10]disparates del mesías. A muchos se les puede hacer caer en la cuenta de que, respecto del plebiscito, los quieren convertir en instrumentos de una venganza personal: está bien documentado que Uribe siempre quiso negociar con las FARC mientras fue presidente y hacerles todavía más concesiones de las consignadas en el…p. 139
[31]decenios. Entre las estrategias de la campaña del “No” se destacan la exas- peración del rencor, el estímulo de la revancha, la exigencia del castigo y la divisa según la cual “el fin justifica los medios”, que les permite poner en circulación fórmulas breves y efectivas contra el Acuerdo, cargadas de mentiras,…p. 78
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2841 cita
[11]sostenidos durante dos a ñ os con recursos p ú blicos, as í como a que las farc siguieran present á ndose ante la opini ó n, con algo de prepotencia, como un movimiento que hizo una guerra justa, que era la respuesta inevitable a la opresi ó n del sistema, lo que justificaba que las v í ctimas de estas d é cadas de…p. 284
11Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 2231 cita
[12]directa a través de las regalías que obtenía la nación por la explotación de sus recursos naturales, de modo que la clase política quedaba a cargo de unos recursos que no eran función del desempeño general de la economía sino de una actividad de enclave. R EELECCIÓN Una de las peores consecuencias de la polarización…p. 223
12La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 382, 4352 citas
[13]fue de mucho respeto. Otra cosa era cuando hablaba de mí en sus discursos o entrevistas o, mucho peor, cuando arremetía contra mí o mi gobierno en sus múltiples trinos diarios —una forma intensa de comunicación que comparte con el presidente Trump—. No sé —y me lo pregunto— en qué rifa me gané esa enemistad, que ha…p. 435
[18]prisión entre quince y veinte años. Es un régimen sancionatorio especial, acordado para lograr la paz y dar tranquilidad a las víctimas, pero de ninguna manera —como queda visto— se trata de un régimen de impunidad. EL CUMPLIMIENTO DE UNA PROMESA A los militares y policías siempre les dije, desde cuando comenzamos las…p. 382
13Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 691 cita
[14]víctimas de manera que sea posible evitar o solucionar escenarios similares que puedan acontecer en el marco de la re- cientemente creada Jurisdicción Especial para la Paz 26, que podrá valerse de la experiencia histórica reconstruida minuciosamente en el informe, y que junto a un análisis imparcial de los hechos que…p. 69
14Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 1491 cita
[15]Introducción y conocimientos previos: La docente presentará a los estudiantes el video ¿Qué dice el punto sobre Víctimas del Acuerdo de Paz? de la Oficina del alto Comisionado para la Paz (28:44 min). Actividades Los estudiantes se organizarán en grupos para responder las siguientes preguntas en sus bitácoras: ¿Qué es…p. 149
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 165, 1682 citas
[16]«El Pladia era muy interesante, porque para el proceso social era como esa articu- lación entre lo que se venía del proceso de paz y lo que había pasado en el territorio históricamente. Entonces, para ellos y para ellas era, en su momento, como esa carta que ellos tenían de así van a ser los PDET, así van a ser los…p. 165
[23]sus- titución de cultivos, pactada en el Acuerdo, la resiembra llega solamente al 0.8%» 455 y, en los casos de erradicación forzada, la resiembra se incrementa al 50%, según cifras de Indepaz. Respecto a las víctimas del conflicto, la violencia en contra de líderes y lideresas que trabajaron en el propósito de la paz…p. 168
16Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 491 cita
[17]una especie de adenda sobre derechos humanos y una presentación de los principios y las generalidades. El título del documento ilustra su enfoque. Se encamina a darle cuerpo a la obsesión gubernamental de que las víctimas tienen que estar en el centro de la salida política del conflicto armado. Se trata de un acuerdo…p. 49
17At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 3121 cita
[19]was signi fi cantly higher for municipalities with populations registered for the PNIS program than municipalities that continued to grow coca uninterrupted and for municipalities that did not grow coca (54.7% vs. 39.5% and 21.7%, respectively). Many of those killed were social activists and community leaders that…p. 312
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1681 cita
[20]ocurrencia 22.075 35.937 51.792 56.793 54.169 49.085 diálogos de paz en medio del conflicto, retos y persistencias (2010-2021) 169 Aún hoy, para la población campesina el jornal que se paga en la economía cocalera representa ingresos superiores a los de la economía agraria legal: «Vea, hay personas de la juventud,…p. 168
19Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6691 cita
[21]la construcción de consensos en torno a los ajustes que sea necesario emprender 1232. 1231 Comisión Global de Políticas de Drogas, «Regulación: El Control Responsable de las Drogas.», 2018. 1232 Relacionado con el punto 4.3.5. Conferencia Internacional y espacios de diálogo regionales del Acuerdo Final de Paz. 670…p. 669
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1891 cita
[22]calidad de vida, protección del medio ambiente e incluso la disminución de la producción de cultivos ilícitos 773. Sin embargo, para 2018, muchos veían con preocupación cómo perdían fuerza los programas del acuerdo y los mismos se reducían a la construcción de vías. En realidad, la idea de transformación integral de…p. 189
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1751 cita
[24]En el ámbito del desarrollo rural, el primer derecho del campesinado 356 es a implementar un modelo que tienda a mejorar la calidad de vida de los habitantes de las zonas rurales. En ese sentido, la Comisión recomienda garantizar el derecho a la alimentación y al mínimo vital, dados los altos niveles de necesidades…p. 175
22La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2001 cita
[25]poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…p. 200
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1841 cita
[26]hechos de violencia sistemática buscan limitar la organización y participación política, impedir la garantía de los derechos humanos y entorpecer los procesos de implementación del acuerdo, restitución de tierras, defensa del medio ambiente y sustitución de cultivos de uso ilícito. Un dirigente indígena del norte del…p. 184
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 861 cita
[27]paz se derrumba en Putumayo». La Silla Vacía. un nuevo ciclo de la guerra 87 La población civil ha quedado en medio de la disputa entre ambas disidencias. Al igual que en otras zonas del país, el asesinato a líderes ha sido sistemático; los inte- grantes de las juntas de acción comunal, al igual que las personas que…p. 86
25Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 8011 cita
[28]Ilícitos (PNIS). Las disidencias perciben a los desmovilizados como un obstáculo para sus intereses 2780. La tercera causa de la persecución de las disidencias a los excombatientes es que varios firmantes del Acuerdo de Paz se oponen al reclutamiento forzado o a volver a tomar las armas, lo que hace que las…p. 801
26Parar para avanzar. Crónica del movimiento estudiantil que paró a ColombiaSandra Borda · 2020 · p. 191 cita
[29]la opinión esperaba era un espaldarazo al menos discursivo a su labor. Creo que, en este sentido, el punto de desconexión más alto de este gobierno se generó a mediados del 2019. En junio asesinaron a María del Pilar Hurtado—una líder social en Tierralta, Córdoba. Todos vimos a su hijo Bryan llorar y gritar de…p. 19
27Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 3741 cita
[32]Instituto, el que mayor probabilidades tenía — de acuerdo con 51 variables consideradas— de gestar un posconflicto pacífico y sostenible, es decir, una “paz de calidad” (< quality peace)M S. ¿Cómo explicar, en tonces, este resultado que sorprendió a tirios y a troyanos, tanto a los partidarios del Sí como a los…p. 374
28El dulce poder: Así funciona la política en ColombiaLa Silla Vacía · 2018 · p. 521 cita
[33]o del político antes, durante y después de la época electoral, y también para atacar o minimizar al candidato o político contradictor. Estas estrategias, sin embargo, tenían un impacto mayor antes de la irrupción de internet. Con el auge de las redes sociales, las estrategias para ganar y reproducir el poder son muy…p. 52
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1891 cita
[34]del conflicto colombiano en Saravena». 671 Sánchez, «El nuevo panorama de la guerra en el Catatumbo». El Espectador, «Los civiles padecen la guerra entre el ELN y el EPL en el Catatumbo». El Espectador, «“Cuidado, mami, que yo tengo una bala ahí”: el dolor del Catatumbo». 672 Entrevista 169-PR-02793. Hombre, víctima,…p. 189
30Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 410, 4142 citas
[35]más incluidos en la democracia. La reforma política y la reforma electoral, y las normas que abren el espacio para una reforma rural integral y un régimen de tierras más justo, están por aprobarse, y se deben aprobar. O sea que ahí hay una hoja de ruta avanzada para el nuevo gobierno, a la que habría que añadirle la…p. 414
[37]importa desde el punto de vista personal, pero se han perdido oportunidades de lograr posiciones conjuntas que congreguen al país. He hecho este ofrecimiento en varias ocasiones: desde el momento mismo del empalme; cuando el paro estudiantil de 2018, y luego en las protestas de 2019; cuando comenzó la pandemia, pues…p. 410
31¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 1131 cita
[36]líderes sociales y, desde 2020, la incertidumbre por la crisis económica y social que acompañó la pandemia de covid. Esta democracia callejera, como nos lo recuerda el profesor Rodrigo Uprimny, también se ha expresado dentro de una so ciedad polarizada, en la que hay un profundo descrédito de las instituciones y del…p. 113
32Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4371 cita
[38]point of the negotiation was to establish ground rules to guarantee land access for its members, as well as other conditions essential for their sustenance, without disputing the right of the business class to rural property. History seemed to be repeating itself, however, replicating what happened in 1936 when Law…p. 437
33Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 3451 cita
[39]paz. Este giro hacia la negociación política para poner fin al conflicto armado abre grandes oportunidades al país para resolver, por vías democráticas, sus conflictos sociales acumulados. Es previsible que aumente la expresión abierta de conflictos, sobre todo en el campo, pues las élites regionales han aprovechado…p. 345
34Cuatro crisis que marcaron a Colombia: Memorias del fraude bancario de 1982, el apagón de 1992, la debacle financiera de 1999 y las negociaciones con el ELN en 2018Juan Camilo Restrepo · 2022 · p. 1501 cita
[40]La política de restitución de tierras, que a mi entender es la pieza de mejor implementación en cuanto toca con las políticas agrarias que ha tenido el país hasta el momento, busca fundamentalmente facilitar la recuperación de las tierras de quienes han sido despojados a sangre y fuego en las últimas décadas o por la…p. 150
35El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1652 citas
[41]negociación con los paramilitares constituye uno de los hitos fundamentales de la actuación del Estado en relación con los derechos de las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos. La discusión que condujo a la adopción de esta Ley, y los debates posteriores relativos a su implementación, marcaron la…p. 165
[42]negociación con los paramilitares constituye uno de los hitos fundamentales de la actuación del Estado en relación con los derechos de las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos. La discusión que condujo a la adopción de esta Ley, y los debates posteriores relativos a su implementación, marcaron la…p. 165