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Idea · Posconflicto

Estallido social

Proceso de movilización popular masiva y sostenida que entre 2019 y 2021 sacudió a Colombia, articulando paros nacionales, bloqueos urbanos y asambleas barriales en 862 municipios de los 32 departamentos del país, constituyendo el ciclo de protesta más extenso y territorialmente amplio de la historia reciente colombiana.

4.161 palabras44 documentos46 fragmentos citados
Estallido social

Trayectoria de una idea

  1. 1977

    Paro cívico nacional del 14 de septiembre

  2. 1987

    Paro del Nororiente

  3. 1999

    Primera minga política del CRIC

  4. 2013

    Paro agrario nacional y articulación de la Cumbre Agraria

  5. 2018

    Protestas estudiantiles y huelga nacional del magisterio

  6. 2019

    Paro Nacional del 21 de noviembre (21N)

  7. 2020

    Bisagra pandémica: trapos rojos y acumulación de agravios

  8. 2021

    Paro Nacional del 28 de abril (28A) y ciclo de resistencia

  9. 2022

    Desembocadura electoral: primer gobierno de izquierda

03

La lectura

El estallido social colombiano no fue una detonación súbita sino la eclosión de una conflictividad acumulada durante décadas, que el conflicto armado había mantenido semienterrada y que la firma del Acuerdo de La Habana, la pandemia y las reformas del gobierno Duque terminaron por sacar a la calle. Su novedad no residió en la magnitud de ninguna jornada aislada, sino en la coincidencia de escala territorial inédita, duración de casi dos años con picos intermitentes y transformación profunda del repertorio de acción colectiva. Los sujetos que lo sostuvieron —jóvenes precarizados, comunidades indígenas, mujeres, sectores urbanos informales— llegaron con aprendizajes propios: una generación entera había sido criminalizada sin condena durante dos décadas, y en 2021 esa generación era la que sostenía los bloqueos con redes de WhatsApp, ollas comunitarias y escudos artesanales. El estallido cambió la gramática política del país y desembocó, en junio de 2022, en el primer gobierno de izquierda de la historia colombiana, convirtiendo la calle en antesala del poder.

El estallido social

Entre septiembre de 2019 y julio de 2021, Colombia atravesó el ciclo de movilización popular más extenso, sostenido y territorialmente amplio de su historia reciente. La expresión estallido social se acuñó para nombrar ese proceso: una sucesión encabalgada de paros nacionales, bloqueos urbanos, asambleas barriales y confrontaciones con la fuerza pública que, en su punto más intenso, tocó 862 municipios de los 32 departamentos del país. No fue una revuelta corta ni una jornada excepcional: fue la irrupción prolongada de una conflictividad que el conflicto armado había mantenido semienterrada durante décadas y que la firma del Acuerdo de La Habana, la pandemia y la sucesión de reformas del gobierno de Iván Duque Márquez terminaron por sacar a la calle. El estallido cambió la gramática política del país —el vocabulario de la protesta, sus territorios, sus sujetos— y desembocó, en junio de 2022, en el primer gobierno de izquierda de la historia colombiana.

Qué se nombra cuando se dice "estallido"

El término tiene la ventaja de la imagen y el defecto de la simplificación. Sugiere una detonación, un instante; el proceso colombiano fue lo contrario: una acumulación. La expresión se impuso en el debate público, académico y político para referirse a dos oleadas de movilización estrechamente encadenadas —el Paro Nacional convocado el 21 de noviembre de 2019 y el Paro Nacional iniciado el 28 de abril de 2021, conocido como el 28A— y a la larga estela de asambleas, primeras líneas y puntos de resistencia que se sostuvieron entre ambas fechas y aún después.

Lo que hace del estallido un hecho sin precedente reciente no es la magnitud aislada de ninguna de sus jornadas —Colombia había vivido paros mayores en duración, como el paro cívico nacional del 14 de septiembre de 1977— sino la coincidencia de tres rasgos: la escala territorial, la duración del ciclo, casi dos años con picos intermitentes, y la transformación del repertorio de acción. Aparecieron figuras nuevas —la primera línea, los puntos de resistencia con nombre propio, las ollas comunitarias en los bloqueos, las asambleas populares vecinales— y las viejas formas del sindicalismo cedieron el protagonismo a coaliciones plurales encabezadas por jóvenes, indígenas, mujeres y sectores urbanos precarizados.

En ese desplazamiento reside la novedad: el estallido no fue conducido por las centrales obreras, aunque ellas convocaron; ni por los partidos, aunque algunos se sumaron; ni por las guerrillas, cuya presencia histórica en escenarios de protesta había servido durante décadas como pretexto para criminalizarla. Fue conducido, sostenido y renovado desde abajo, por una constelación de actores que hasta entonces habían aparecido en la escena pública de manera fragmentaria.

Los orígenes: una conflictividad que precede al estallido

El estallido no explotó sin genealogía. La larga historia de la protesta social colombiana ofrece un tejido denso del cual la coyuntura de 2019-2021 es continuación y ruptura a la vez.

El punto de partida está en el último cuarto del siglo XX. Entre 1975 y 2000, los trabajadores asalariados y los pobladores urbanos protagonizaron cada uno el 28% de las luchas sociales del país; campesinos e indígenas aportaron el 17%, y los estudiantes el 16%. El comportamiento anual dibuja una U: alta intensidad al inicio y al final del período, un valle relativo en medio. En ese arco, el paro cívico nacional del 14 de septiembre de 1977 marcó el momento más ambicioso. Convocado por las principales confederaciones sindicales agrupadas en el Consejo Nacional Sindical, articuló un pliego de ocho puntos —aumento del salario mínimo del 50%, levantamiento del estado de sitio, congelamiento de precios, jornada laboral de ocho horas, entrega de tierra a campesinos, entre otros— que sintetizaba el programa reivindicativo de una izquierda social que aún se pensaba capaz de disputar el rumbo del país. El gobierno de Alfonso López Michelsen respondió con dureza: el Decreto 2004 de 1977 estableció arresto inconmutable de 30 a 180 días para quienes organizaran o promovieran ceses de actividades, y el Decreto 2066 buscó limitar la difusión del movimiento obrero en los medios.

Una década más tarde, la protesta se descentró hacia los territorios. El Paro del Nororiente de 1987 —originado en Ocaña y extendido a Santander y Cesar, con más de 120.000 campesinos participantes— y las movilizaciones del Alto Nordeste Antioqueño, que evolucionaron de tomas de cabeceras municipales a paros cívicos regionales, muestran una capacidad de acción colectiva anclada en territorios específicos y en agravios concretos: servicios públicos, desalojos, victimización en el conflicto armado.

Muestran también otra cosa: la trayectoria de los cuatro actores más visibles de la protesta social entre 1975 y 2000 fue disímil. No hubo campo popular unificado, ni dinámica homogénea. Ya en los noventa, la sindicalización cayó desde el 16% de 1980 conforme las reformas neoliberales provocaron la quiebra de al menos 25.000 fábricas y la prensa acuñaba el término oligarquía del overol para desprestigiar las protestas obreras. En vísperas de la liquidación de empresas estatales, se volvió común acusar a los sindicatos de ser los responsables principales de los problemas macroeconómicos.

En ese mismo tránsito de siglo, el mundo indígena del Cauca inauguró en noviembre de 1999 la primera minga con sentido político explícito: 23 días de bloqueo de la vía Panamericana entre Cali y Popayán, hasta que el presidente Andrés Pastrana Arango expidió el Decreto 982 comprometiéndose a atender la emergencia social. Desde entonces, la minga se consolidó como forma de acción del Consejo Regional Indígena del Cauca, no como movilización estrictamente étnica sino como plataforma que convoca aliados sociales diversos.

Sobre esa erosión de los sujetos clásicos y esa emergencia de nuevos repertorios se montó, entre 2011 y 2014, un resurgimiento agrario. Organizaciones como el Coordinador Nacional Agrario, Fensuagro, la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos y la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina reactivaron sus estructuras y confluyeron en la Cumbre Agraria, Étnica, Campesina y Popular, que articuló organizaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes en torno a demandas de derechos territoriales. En agosto de 2013, la Mesa Nacional Agropecuaria y Popular de Interlocución y Acuerdo presentó un pliego nacional de peticiones durante el paro agrario. Al año siguiente, productores de papa, maíz, panela, cacao, lácteos, frutas y hortalizas —golpeados por la caída de precios y el alza de insumos— sostuvieron nuevas movilizaciones. Coordosac en el Caquetá lideró tres grandes paros que confluyeron en la Cumbre.

En 2018 se sumaron las protestas de estudiantes universitarios y la huelga nacional del magisterio. Ese año dejó dos aprendizajes decisivos: la protesta estudiantil ya no era un asunto de universidades públicas contra reformas específicas, sino un movimiento multiescalar capaz de articular conflictos locales por estatutos, matrículas y financiación con una disputa nacional; y los agravios socioeconómicos —recortes, precariedad, deuda educativa— tenían capacidad de convocatoria transversal.

Cuando el 21 de noviembre de 2019 se convocó el Paro Nacional, la coalición reunía organizaciones indígenas, centrales sindicales, estudiantes, campesinos, sectores afrodescendientes y partidos políticos. El CRIC llamó a movilizarse contra la reforma tributaria de Duque, el aumento del IVA al 19%, el recorte al presupuesto de las universidades públicas, las reformas laborales y la implementación de la ley ZIDRES, denunciada como un mecanismo de entrega de tierras a empresarios capitalistas en detrimento de campesinos, indígenas y afrocolombianos. El pliego no era sectorial: era una síntesis de agravios acumulados.

La trayectoria: del 21N al 28A

El estallido tiene dos actos y una bisagra pandémica entre ellos.

Primer acto: noviembre de 2019. El 21 de noviembre estalló un paro que sus convocantes imaginaban de una jornada y se prolongó durante semanas. La sorpresa fue doble: la magnitud —marchas simultáneas en decenas de ciudades, cacerolazos nocturnos en barrios de clase media que nunca habían protestado— y la composición. Aparecieron los estudiantes de universidades privadas, sectores profesionales urbanos, mujeres, ambientalistas. La protesta se sostuvo pese al toque de queda decretado en Cali y Bogotá.

Dos hechos marcaron ese ciclo. El 23 de noviembre, en Bogotá, un capitán del ESMAD disparó un artefacto de dispersión que hirió al estudiante Dilan Cruz; murió dos días después. Su nombre se volvió, casi de inmediato, símbolo de la juventud reprimida. La dedicatoria de un libro escrito poco después evoca su ausencia "ahora permanente, en nuestros salones de clase". El otro hecho fue la instalación de asambleas populares en barrios, universidades y plazas: por primera vez en décadas, sectores urbanos que no eran ni sindicalizados ni universitarios discutían públicamente el rumbo del país.

La bisagra pandémica. La llegada del Covid-19 en marzo de 2020 y las cuarentenas estrictas suspendieron la movilización callejera, pero no la conflictividad; la desplazaron hacia otros terrenos. En los barrios populares, los trapos rojos empezaron a colgar de ventanas y balcones como código improvisado: los hogares que no tenían qué comer avisaban con ellos que necesitaban ayuda. La imagen recorrió el país. Detrás de la señal se acumulaba una crisis material que las cifras confirmaron: el desempleo se disparó, el hambre volvió a ser un problema urbano visible, la deserción escolar creció y las economías informales que sostenían a millones de hogares quedaron paralizadas por semanas.

En paralelo, el gobierno de Duque enfrentó una caída fiscal severa y respondió preparando una reforma tributaria que ampliaría la carga indirecta sobre los sectores medios y populares, sin tocar de manera equivalente la tributación directa. La brecha entre el diagnóstico oficial —hay que ampliar la base gravable— y la percepción cotidiana —los trapos rojos, las filas de mercado, los negocios cerrados— produjo el combustible que estallaría en abril. La cuarentena, además, mantuvo a los jóvenes fuera de aulas y trabajos durante más de un año, con acceso intensivo a redes y un tiempo desocupado que se organizaría, cuando volvieran las calles, con velocidad inusitada. Cuando el paro estalló en abril de 2021, la sociedad llevaba trece meses acumulando privaciones sin espacios formales de reclamación.

Segundo acto: 28 de abril de 2021. El paro convocado ese día contra la reforma tributaria del ministro Alberto Carrasquilla —que proponía extender el IVA a productos de la canasta básica y ampliar la base gravable del impuesto de renta a sectores medios— se transformó en cuestión de días en un ciclo de movilización sin techo. La reforma fue retirada el 2 de mayo y Carrasquilla renunció al día siguiente; el paro continuó. El pliego dejó de ser tributario: se volvió una acumulación de agravios sobre pobreza, salud, educación, brutalidad policial, incumplimiento del Acuerdo de Paz y asesinato de líderes sociales.

Cali fue reconocida como la capital de la resistencia. Los puntos de bloqueo en Siloé, Puerto Resistencia, la Loma de la Cruz y el Paso del Comercio se convirtieron en escenarios cotidianos de confrontación con el ESMAD, la Policía y el Ejército. Puerto Resistencia —antes glorieta de Puerto Rellena— quedó como el topónimo que condensó el ciclo. En Bogotá, los bloqueos en el Portal de la Resistencia —antes Portal Américas—, el Puente de la Dignidad en Usme y el Portal de Suba se sostuvieron durante un período prolongado. En Yumbo, Pereira, Popayán, Buenaventura, Barranquilla y Medellín se replicaron puntos de resistencia con lógicas propias.

El ministro de Defensa Diego Molano y el propio presidente Duque autorizaron el despliegue militar en Cali; el 28 de mayo, un mes después del inicio del paro, se produjeron los enfrentamientos más letales del ciclo. Lucas Villa —joven estudiante manifestante herido en Pereira el 5 de mayo y fallecido días después— se sumó a Dilan Cruz como emblema de la juventud sacrificada.

El paro se desactivó lentamente entre finales de junio y julio, sin un acto formal de cierre. El Comité Nacional del Paro suspendió las convocatorias masivas, pero los territorios siguieron nombrándose como puntos de resistencia y la memoria del ciclo se instaló en el imaginario político.

La red: sujetos, territorios, gramáticas

Cada sujeto del estallido aportó una capacidad, una demanda y un archivo previo.

La juventud precarizada. Los jóvenes fueron el sujeto más visible y también el más golpeado. Su protagonismo no fue casual: llegaba con un largo aprendizaje de criminalización previa. Entre enero de 2000 y febrero de 2018 se abrieron más de 11.000 casos por rebelión o terrorismo contra personas de entre 15 y 25 años, y apenas el 8,1% llegó a juicio; solo 491 jóvenes fueron hallados culpables, y del total de acusados el 95% no logró ser demostrado culpable. Criminalizar sin condenar operó como política de facto y produjo una generación con desconfianza estructural hacia la fuerza pública y hacia el sistema judicial. En 2021 esa generación era la que sostenía los bloqueos.

Su forma de organización se apoyó en la comunicación en red. Jóvenes de Nariño y de otras regiones describen el uso del teléfono y WhatsApp para mantenerse conectados con colegas en el territorio, y la construcción de normas basadas en la solidaridad, el intercambio y la colaboración como principios que sostuvieron la huelga. Esa infraestructura digital, combinada con una economía cotidiana de ollas comunitarias, brigadas de salud, escudos y primeras líneas, produjo una gramática de protesta que no dependía de las burocracias sindicales tradicionales.

El movimiento indígena. El CRIC convocó formalmente al paro del 21 de noviembre de 2019 y sostuvo su participación durante todo el ciclo. La Minga bajó al Valle en mayo de 2021 y su presencia en Cali —con la Guardia Indígena desplegada— fue uno de los momentos más tensos del estallido: el 9 de mayo, en el barrio Ciudad Jardín, civiles armados dispararon contra la caravana indígena. La Guardia se posiciona como actor de resistencia civil no armada frente a todos los grupos armados —ELN, Segunda Marquetalia, Autodefensas Gaitanistas de Colombia, fuerza pública—, exigiendo cese del accionar militar y paz integral. Su repertorio, forjado en las mingas desde 1999, aportó al estallido una experiencia organizativa larga y una disciplina de acción colectiva que ningún otro actor tenía.

Campesinos y afrodescendientes. La Cumbre Agraria, Étnica, Campesina y Popular articuló las demandas rurales con las étnicas. La indignación contra las fumigaciones de cultivos de coca —que destruían también cultivos de pancoger— y la exigencia de sustitución voluntaria y concertada de ilícitos habían quedado incumplidas por el gobierno Duque, que implementó de manera limitada el Acuerdo de Paz según el Instituto Kroc. Buenaventura, con su paro cívico de 2017 aún fresco en la memoria, aportó al ciclo lenguajes alternativos de resistencia: desde 2005 habían emergido organizaciones juveniles y de mujeres que combinaban rap, hip hop, grafiti y fotografía en la defensa del territorio y la memoria de las víctimas. Francia Márquez, lideresa afrocolombiana del norte del Cauca, encarnaba esa confluencia entre lucha ambiental, defensa territorial y feminismo negro que se volvería central en 2022.

Los territorios. Cali no fue capital de la resistencia por casualidad. La ciudad concentraba la contradicción colombiana en su forma más aguda: pobreza urbana masiva en la ladera occidental (Siloé, Aguablanca), migración forzada del Pacífico, desempleo juvenil, presencia policial militarizada. Puerto Resistencia, el Portal de la Resistencia en Bogotá, el Puente de la Dignidad en Usme: los nombres nuevos que la protesta dio a los lugares fueron un acto de reapropiación simbólica del espacio urbano. Cuando un portal de TransMilenio pasa a llamarse Portal de la Resistencia en la conversación cotidiana, el estallido ha cambiado la ciudad.

Los detonantes: reforma tributaria, pandemia, incumplimiento

Ningún ciclo de protesta se explica por un solo motivo. El estallido tuvo detonantes coyunturales bien identificables sobre una acumulación estructural.

El detonante coyuntural más visible fue tributario. La reforma de 2019 y el proyecto de 2021 respondían a una lógica que sectores movilizados denunciaron como regresiva: aumentar el IVA —impuesto indirecto que afecta proporcionalmente más a los ingresos bajos— antes de reformar la tributación directa sobre renta, dividendos y grandes patrimonios. Aplicar aumentos del IVA sin reformar previamente los impuestos directos y sin reducir la corrupción implica una carga inequitativa que profundiza la regresividad estructural. La reforma de 2021 iba más lejos: pretendía extender el IVA a alimentos de la canasta básica.

El detonante de fondo fue la pandemia. El Covid-19 agudizó el incremento de la conflictividad social y política que ya se venía registrando entre 2016 y 2021. La cuarentena produjo hambre visible, cierre de negocios pequeños, deserción educativa masiva, colapso de sistemas de cuidado. Cuando el paro estalló en abril de 2021, la sociedad llevaba trece meses acumulando privaciones sin espacios formales de reclamación.

Sobre ambos operaba una condición estructural: el incumplimiento del Acuerdo de Paz. La firma en el Teatro Colón de Bogotá en noviembre de 2016, tras cuatro años de negociaciones en La Habana entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP, había abierto una expectativa de transformación que el gobierno de Duque —posesionado en agosto de 2018— se dedicó a erosionar. Duque se opuso a las curules especiales para víctimas en el Congreso, implementó de forma limitada los puntos del Acuerdo, y altos tomadores de decisiones del Estado se arrogaron el derecho de modificar unilateralmente lo pactado, violando el principio elemental que garantizaba a las FARC el derecho a vetar cambios unilaterales sobre lo firmado. En los primeros cinco años de implementación, más de 300 excombatientes de las FARC-EP fueron asesinados. El asesinato sistemático de líderes sociales continuó. En el debate, posacuerdo desplazó a posconflicto: reconocimiento tácito de que el conflicto seguía y de que el acuerdo no se estaba cumpliendo.

Esta combinación —agravio tributario coyuntural, catástrofe pandémica, incumplimiento estructural del Acuerdo— explica por qué el estallido tuvo la magnitud que tuvo. Pero explica también algo más profundo: la relación entre paz negociada y protesta social.

La paradoja del posconflicto

En los posconflictos, la violencia directa —política y criminal— disminuye pero no desaparece tras la firma de un acuerdo. En Colombia, además, ocurrió un fenómeno específico: el conflicto armado había funcionado durante décadas como tapadera de disputas sociales y como pretexto estigmatizador de la acción colectiva.

Durante toda la segunda mitad del siglo XX, cualquier protesta obrera, campesina, estudiantil o indígena podía ser —y frecuentemente era— acusada de infiltración guerrillera. La estigmatización operaba con o sin pruebas concretas. La protesta social y las manifestaciones de izquierda fueron sistemáticamente asociadas con la guerrilla, y aunque en algunos escenarios de protesta las guerrillas efectivamente intervinieron, la asociación funcionaba como mecanismo de criminalización general. El ELN leyó el paro cívico de 1977 como antesala de una insurrección; el gobierno lo leyó como un pequeño 9 de abril: ambas lecturas alarmistas convergieron y tuvieron consecuencias represivas. En los años ochenta, la guerra sucia golpeó a A Luchar, a la Unión Patriótica, al sindicalismo. Las organizaciones campesinas que perdieron autonomía frente a grupos armados vieron cómo sus reclamos de justicia social derivaban, sin quererlo, en bloqueos y disturbios interpretados como acciones subversivas.

La firma del Acuerdo desactivó parcialmente ese dispositivo. Con las FARC desmovilizadas, la acusación de infiltración perdió su base empírica más evidente. No desapareció —Duque y el uribismo siguieron acusando al vandalismo de estar articulado con disidencias y con el ELN— pero perdió credibilidad. Al mismo tiempo, la conflictividad social que el conflicto armado había mantenido semienterrada quedó al descubierto: los problemas de tierra, desigualdad, precariedad laboral, exclusión educativa y racismo estructural, que la lógica bélica desplazaba al segundo plano, volvieron a ocupar el centro.

Esta paradoja del posconflicto —que la paz negociada libere, en lugar de apaciguar, la protesta social— no es una anomalía colombiana sino un rasgo general de las salidas negociadas a los conflictos internos. Colombia lo vivió con particular intensidad porque el proceso coincidió con una recesión económica global, una pandemia y un gobierno que hizo del incumplimiento del Acuerdo una política deliberada.

Reducir el estallido a una consecuencia del posconflicto, sin embargo, sería inexacto. Los ciclos de protesta agraria de 2013-2014, la huelga docente de 2018, las movilizaciones estudiantiles del mismo año, y la larga historia de paros cívicos regionales muestran que la conflictividad ya estaba desbordando el marco anterior. El Acuerdo no creó los agravios: retiró un dispositivo de contención que los mantenía represados y, al hacerlo, cambió el umbral de la protesta.

La respuesta del Estado y su costo

La reacción del gobierno de Duque combinó negociación intermitente con represión sostenida. El Comité Nacional del Paro fue recibido en varias mesas de diálogo cuyos resultados fueron marginales. En paralelo, se autorizó el despliegue militar en Cali, se toleró la actuación de civiles armados contra manifestantes en barrios acomodados, y el ESMAD desplegó una fuerza que las organizaciones de derechos humanos documentaron ampliamente. Diego Molano defendió públicamente esa línea; Alejandro Gaviria, entonces rector de la Universidad de los Andes y voz crítica del gobierno, planteó desde otro lugar la necesidad de un diálogo real, prefigurando su posterior paso a la política electoral.

Álvaro Uribe Vélez, líder del uribismo y factor decisivo en la orientación del gobierno Duque, mantuvo una lectura de la protesta en clave de infiltración guerrillera y vandalismo organizado, alimentando la polarización.

El costo humano del ciclo fue alto: decenas de manifestantes muertos, cientos de heridos, denuncias documentadas de violencia sexual y desapariciones. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Naciones Unidas visitaron el país y emitieron informes críticos. El estallido dejó también una marca menos visible pero más duradera: la pérdida de legitimidad de la fuerza pública ante amplios sectores urbanos, especialmente juveniles.

La huella: elecciones de 2022 y reconfiguración política

El desenlace electoral es inseparable del estallido. El 29 de mayo de 2022, en la primera vuelta presidencial, Gustavo Petro obtuvo 8.541.617 votos (40,34%), seguido de Rodolfo Hernández con 5.965.335 (28,17%) y Federico Gutiérrez con 5.069.448 (23,94%). Petro y Hernández pasaron a segunda vuelta; Gutiérrez, candidato del uribismo, quedó fuera. En junio, Petro fue elegido presidente con Francia Márquez como vicepresidenta.

Sobre esa transición circulan dos lecturas. La primera entiende el estallido como laboratorio del triunfo de Petro: las plazas y los puntos de resistencia crearon el capital político, la agenda pública y el estado de ánimo que la campaña del Pacto Histórico canalizó electoralmente. Francia Márquez, tercera en la consulta interna de la coalición, encarnó de manera explícita la conexión entre la calle y la urna: su candidatura vicepresidencial reconoció la centralidad de los sujetos que el estallido había hecho visibles.

La segunda lectura, más incómoda pero también verificable, parte de un diagnóstico anterior. Hacia 2018 la clase política colombiana gobernaba mediante redes clientelistas y acceso a rentas de corrupción, y la única amenaza real de transformación que se identificaba era la posible llegada de un régimen populista, entonces considerada incipiente. Rodolfo Hernández demostró en 2022 que la crisis de representación tenía otras salidas: su campaña, de bajo costo y uso intensivo de Facebook, TikTok y WhatsApp, derrotó en primera vuelta a candidatos con estructuras y recursos mucho mayores. La ola antisistema no era solo de izquierda.

El estallido produjo, así, no una salida sino un umbral. Cerró un ciclo político —el del bipartidismo tardío y el uribismo hegemónico— y abrió otro cuya forma todavía se disputa.

Su primer legado es lingüístico. Primera línea, punto de resistencia, ollas comunitarias, asamblea popular: términos que en 2018 no existían en el habla política corriente y que después de 2021 forman parte del léxico común. A esa reescritura del vocabulario se sumó una reescritura del mapa: Puerto Resistencia, Portal de la Resistencia, Puente de la Dignidad. La cartografía urbana quedó marcada por nombres que los propios manifestantes impusieron.

El segundo legado es un actor. La juventud precarizada dejó de ser una categoría estadística para volverse un sujeto político con capacidad de convocatoria, gramática propia y agenda. Los rostros de Dilan Cruz y Lucas Villa se instalaron como signos de una generación que rechazó ser criminalizada.

El tercero es territorial. Cali dejó de ser la periferia sociológica del país para volverse su centro simbólico durante meses, y el Pacífico —Cauca, Valle, Buenaventura— se afirmó como región política con voz propia, no como objeto de asistencia estatal.

Quedaron, también, cuentas pendientes. La reforma de la fuerza pública, la implementación real del Acuerdo de Paz, la desigualdad tributaria y la precariedad juvenil siguen sobre la mesa, y su gestión institucional bajo el gobierno de Petro ha sido lenta, parcial y polémica. Ninguna plaza podía tramitar por sí sola esas cuestiones, y las instituciones que debían hacerlo han mostrado sus propios límites.

Y quedó, finalmente, una advertencia. El umbral de la protesta se bajó. Amplios sectores urbanos —incluidas clases medias— demostraron estar dispuestos a movilizarse sostenidamente contra reformas que consideraran injustas. Cualquier gobierno futuro, del signo que sea, opera bajo esa condición nueva.

Queda por saber si el estallido fue una excepción o un patrón: si el paro de 2019-2021 fue el momento de condensación de una conflictividad acumulada que ahora se disipa, o si inauguró un régimen de protesta permanente que Colombia habitará durante décadas. La respuesta depende de cómo se tramiten políticamente los agravios que el estallido sacó a la superficie, y también de cómo se recuerde: si como episodio de vandalismo, según la memoria del uribismo; como epopeya popular, según la memoria de sectores del petrismo; o como lo que fue: un proceso complejo en el que una sociedad postergada durante décadas encontró una voz colectiva y obligó a un país acostumbrado a mirarse desde arriba a mirarse desde abajo.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Iván Duque: presidente cuyas reformas tributarias, laborales y la implementación limitada del Acuerdo de Paz fueron detonantes directos del estallido social de 2019 y 2021
  2. 02Acuerdo de Paz (2016): la firma del acuerdo entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP eliminó el conflicto armado como 'tapadera' de disputas sociales y como pretexto estigmatizador de la acción colectiva, potenciando la conflictividad que eclosionó en el estallido
  3. 03Cali: reconocida como 'la capital de la resistencia', fue el epicentro más intenso del estallido, con puntos de bloqueo en Siloé, Puerto Resistencia, la Loma de la Cruz y el Paso del Comercio como escenarios cotidianos de confrontación
  4. 04Gustavo Petro: candidato y luego presidente electo en 2022, cuya victoria fue interpretada como desembocadura electoral directa del ciclo de movilización del estallido social
  5. 05Estigmatización: mecanismo histórico mediante el cual la protesta social y las manifestaciones de izquierda fueron asociadas con la guerrilla en Colombia, criminalizando a jóvenes y organizaciones sociales; entre 2000 y 2018 se abrieron más de 11.000 casos por rebelión o terrorismo contra jóvenes de 15 a 25 años, de los cuales solo el 8,1% llegó a juicio
  6. 06Sindicalismo: actor histórico central de la protesta social colombiana que, debilitado por las reformas neoliberales desde los años noventa, cedió el protagonismo en el estallido a coaliciones plurales encabezadas por jóvenes, indígenas, mujeres y sectores urbanos precarizados
  7. 07Resistencia civil: repertorio de acción que el estallido renovó con figuras inéditas como las primeras líneas, los puntos de resistencia con nombre propio, las ollas comunitarias en bloqueos y las asambleas populares vecinales
06

Documentos y fragmentos citados

44 documentos · 46 fragmentos

01Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 871 cita
[1]

the Orinoquia, was Alfredo Molano. J. ALDANA CEDEÑO 83 Resulting of the partial agreement of Havana (2015) built once the cycle of peace negotiations between the government of Juan Manuel Santos (2010–2018) and the FARC was closed, some optimism before the possibility of configuring a post-conflict sociology was…

p. 87
02Peacebuilding in Colombia: From the Lens of Community and PolicyJoan C. Lopez, Beth Fisher-Yoshida · 2024 · p. 1151 cita
[2]

identical … we cannot talk about peacebuilding, says Edgar and then continued explaining the nature of his work. One of the principles we have in our organization is the principle of soli - darity … in fact, without the existing solidarity in our communities, we couldn’t do any kind of peacebuilding work, and we as…

p. 115
03Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 213, 2162 citas
[3]

acciones en 862 municipios de los 32 departamentos» 720; que consistieron en concentraciones, marchas, bloqueos a las vías públicas y asambleas. La rutina de vías, plazas y parques fue alterada por el encuentro cotidiano de las resistencias. Y los nombres de decenas de lugares fueron cambiados. A pocos días de…

p. 216
[4]

de la imple- mentación de un acuerdo y el inicio de la construcción de la paz, la conflictividad social se incrementa, puesto que «el conflicto armado ya no sirve de tapadera para las disputas entre diversos grupos sociales, o de pretexto estigmatizador de la acción colectiva con afán de cambio para el gobierno o las…

p. 213
04La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2001 cita
[5]

poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…

p. 200
05La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 3411 cita
[6]

el exitoso cumplimiento de la dejación de armas por las Farc. Como presidente, lideré el esfuerzo para obtener el máximo apoyo internacional, y en este empeño tuve, durante los ocho años de mi gobierno, la mejor de las coequiperas, que fue la canciller María Ángela Holguín, una profesional y diplomática de lujo que se…

p. 341
06Recentralisation in ColombiaJulián D. López-Murcia · 2022 · p. 1961 cita
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no previous experience as a minister (Samper and Santos had served as ministers before their presidential terms) neither as a governor (Uribe had served as a governor of the department of Antioquia) or as a local mayor (as noted before, Pastrana was Bogota’s first popularly elected mayor in 1988). Duque’s election as…

p. 196
07¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 691 cita
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sepultada por los acontecimientos (mejor: quedó en manos de otras corrientes, básicamente del uribismo) No: el Acuerdo no les daba a las FARC ni el derecho ni la posibilidad —entre otras cosas por su enorme deuda humanitaria, su agudo aislamiento de cara a la opinión y su debilidad política— de tratar de cogobernar o…

p. 69
08La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 1771 cita
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del subsuelo sobre los del suelo, es decir la situación de la agricultura frente a la minería. En bibliografía revisada, excepto la prensa escrita y revistas, no se encuentran análisis de la relación y conflictos tierra-minería, más allá de consideraciones jurídicas sobre el uso del subsuelo y conflictos conocidos en…

p. 177
09Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 502 citas
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los grupos armados. Esta pér - dida de autonomía como organizaciones de la sociedad civil lleva con frecuencia a que sus reclamos de justicia social terminen, sin quererlo, en bloqueos de vías y disturbios, lo cual contribuye a incrementar en el país la ya larga espiral de violencia. Así lo percibió el entonces…

p. 50
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los grupos armados. Esta pér - dida de autonomía como organizaciones de la sociedad civil lleva con frecuencia a que sus reclamos de justicia social terminen, sin quererlo, en bloqueos de vías y disturbios, lo cual contribuye a incrementar en el país la ya larga espiral de violencia. Así lo percibió el entonces…

p. 50
10Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 3321 cita
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Society and Economy Culture and Science 2017 —The political party representing the FARC is approved —FARC begins disarming —Bilateral ceasefire between the Government and the ELN —Suspension of the use of glyphosate —Twenty-four homicides for every 100,000 inhabitants —Health coverage reaches 97.6 percent —Odebrecht…

p. 332
11CRIC - movilización por la defensa de la vida y el territorio.htmlp. 11 cita
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2011 que atenta contra los derechos de las víctimas y la restitución de tierras; Proyecto de reforma el decreto 1088 de 1998, y la Iniciativa legislativa para limitar el derecho a la consulta previa y a la minga. Leyes y políticas actuales que están siendo implementadas: Implementación de ley ZIDRES, que entrega las…

p. 1
12La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 2771 cita
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la guerrilla, a saquear a echar bombas, cuando ven 6.000 campesinos marchando por las principales calles de Floren- cia con ese orden, con esa cultura, ese fue nuestro primer evento. 278 La tierra no basta Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el Caquetá Como vemos en el testimonio de Yesid…

p. 277
13Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 871 cita
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ACIUR, Bogotá, marzo del 2000. Luchas y movimientos cívicos en Colombia [89 ] PUNTOS DE PARTIDA PARA EL ANÁLISIS Antes de entrar en materia, aclaremos el tema central de nues- tro trabajo: Definimos las luchas cívicas como acciones colectivas prota- gonizadas por pobladores urbanos, con la intención de expre- sar en…

p. 87
14Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 1591 cita
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el ánimo de pro- testa y resistiéndose a negociar, expidió el Decreto 2004 de 1977, el cual estableció en su artículo 1. 0: "Mientras subsista el actual estado de sitio, quienes organicen, dirijan, promuevan, fomenten o estimulen, lS Garzón {2013), p. 43. 1<1 Archila Neira (2005), p.l46. 20 Voz Proletaria, 1977. 21…

p. 159
15Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 4161 cita
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de coordinación denominada Consejo Nacional Sindical (CNS), para orientar las acciones y garantizar el éxito del paro. No fue fácil llegar a ese punto, que unificaba en los hechos, aunque temporalmente, a las más diversas líneas políticas de izquierda y de derecha dentro del sindicalismo colombiano. Para la protesta…

p. 416
16Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 491 cita
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de movilización social se había generalizado en todo el país, tanto en los grandes centros urbanos como en las ciudades intermedias y en las zonas rurales. Es impactante constatar que tanto la guerri lla como el gobierno tuvieron una lectura similar de este auge del movimiento social y del paro cívico. Por una parte,…

p. 49
17La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 1951 cita
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2018) El Paro del Nororiente y la estigmatización a la comunidad universitaria Para analizar la incursión de grupos asociados con el Bloque Norte y la estig- matización del movimiento estudiantil de la UPC, hay que remitirse al episo- dio conocido como Paro del Nororiente. 21 21 Ver el capítulo de antecedentes del…

p. 195
18La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 761 cita
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con la movi- lización social”, asegura. Otra cosa piensa Eliécer 23, exmiembro de A Luchar, quien coin- cide con Sanguino en que el ELN se mezcló en la protesta. “Los organizadores del paro les decían a los campesinos que debían guardar comida y organizar juntas. Al tiempo aparecían los gue- rrilleros. También se…

p. 76
1925 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 2421 cita
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los pobladores urbanos, el 28%; los campesinos e indígenas, el 17%; los estudíantes, el 16% y el resto de acto- res estudíados, el5%. En términos de comportamiento anual descrito en el gráfico adjunto. se nota Wla tendencia en forma de U con intensidad de protestas al inicio del periodo y al final, con la excepción…

p. 242
20Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 1751 cita
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Sí, había un nivel de politización y de conciencia en las organi- zaciones, en las que se ahondaba más allá de que si aquí ocurrió la masacre, no si ocurrió algo allá pues todo el nordeste paraba, se cerraba la carretera, de Medellín no iban carros, buses y ése era el tema de los paros cívicos, donde en cada pueblo…

p. 175
21Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2051 cita
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a los estudiantes. Un informe entregado a la Comisión por la Universidad Politécnico Grancolombiano concluyó que, entre enero de 2000 y febrero de 2018, se abrieron más de 11.000 casos por rebelión o terrorismo en contra de jóvenes de entre 15 y 25 años. Del total de casos, 4.155 (33,6%) no llegó a una investigación.…

p. 205
22Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 1251 cita
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- riencias cercanas. Actividades Los estudiantes leerán en grupos el texto Marchando entre prejuicios, de Karen Sánchez y Luz Rojas. marchando entre prejuicios Falso estigma Alejandro Zabala es un joven universitario estudiante de periodismo. En las marchas, sale como periodista freelance y usa su cámara para captar…

p. 125
23Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 2301 cita
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Investment (FDI) 7 Fujimori, Alberto 38 Gaitan, Jorge Eliecer 77 Garcia, A. 77 Garcia, Alvaro 103 Garzon, Angelino 109 GAULA (Joint Action Units for Personal Liberty) 88 Gaviria, J.O. 44, 48 Gaviria Trujillo, Cesar 71, 82 General Agreement for Economic, Technical and Related Assistance (1962) 89 Giraldo, J. 50 global…

p. 230
24Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 2191 cita
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fuerza laboral) para clasificarlos como parte de una élite protegida por una extensa legislación laboral. La pren- sa rápidamente acuñó el término de “la oligarquía del overol” para despresti- giar a las protestas de los trabajadores sindicalizados y justificar su represión. 4 En los años noventa, se volvió común…

p. 219
25Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 1001 cita
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un lado, la intensi fi cación de las acciones que contra defensores de derechos humanos y líderes sociales de restitución de tierras que venían adelantando los grupos armados posdesmovilización especialmente en la costa Caribe; y de otro lado, por las violaciones contra los derechos humanos que miembros de la fuerza…

p. 100
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1741 cita
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principales símbolos de la moviliza- ción y la resistencia. Desde sus orígenes, ha estado asociada con el trabajo colectivo y los aportes voluntarios de la comunidad para buscar el buen vivir común, pero ahora es también sinónimo de «caminar la palabra», es decir, de la movilización y protesta en pro de la…

p. 174
27Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 3211 cita
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de redes del narcotráfico en la región. Ante el incremento de la acción de los actores armados desde finales de los años noventa, las organizaciones comunitarias respondieron con la movilización. Con ello se ha configurado un nuevo ciclo de resistencia, esta vez de carácter civil y no armada, que corresponde a una…

p. 321
28Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 1271 cita
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Defensa de la Familia. 16 La ACIN agrupa a los cabildos del Norte del Cauca, todos pertenecientes al pueblo Nasa. A su vez, la ACIN hace parte del CRIC, por lo cual comparte su plataforma de lucha. 02. CONTEXTO REGIONAL DEL CAUCA INDÍGENA Estos puntos representan el proceso de lucha, de resistencia y de pervivencia de…

p. 127
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1631 cita
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a cabo. Obviamente, esto se produjo en el contexto de un avance determinante durante esta década, resultado de la Constitución, en la aplicación de los derechos territoriales 337 Congreso de la República de Colombia, Ley 1448 de 2011. 164 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć étnicos y del establecimiento de un marco de derechos…

p. 163
30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1621 cita
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del narcotráfico se convirtió en un tema importante en las demandas de la movilización social que se llevaron a cabo en ese año, pues el manejo dado por el Estado se limitaba a una política antidrogas centrada en la erradicación y la fumigación: «Cuando se dieron las movilizaciones del 2010 hacia acá, 2011, 2012,…

p. 162
31CRIC - posicionamiento territorial de la Guardia Indígena.htmlp. 11 cita
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proceso de resistencia de la guardia indígena seguirá movilizándose en minga hacia dentro y hacia afuera. La guardia indígena con respaldo de nuestras comunidades y autoridades ancestrales, exigimos a todos los grupos armados (Ejército de Liberación Nacional ELN, Comando Coordinador de Occidente CCO, Segunda…

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32CRIC - posicionamiento territorial, cultural y político.htmlp. 11 cita
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la autonomía y a nuestra madre tierra. La esencia de la guardia indígena es la palabra de origen, basado en lo cultural, lo comunitario y territorial, de esta manera seguimos apostándole a la vida con justicia social. El compromiso es el conservar y fortalecer la autonomía de acuerdo a las orientaciones de los…

p. 1
33Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5451 cita
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impulsadas, financiadas y operadas desde distintos centros de intereses, encaminadas en lo fundamental a crear generar contradicciones entre los movimientos populares y asegurar su lealtad al status quo de las relaciones económicas y políticas imperantes. A pesar de estas condiciones, en los ámbitos rurales y urbanos…

p. 545
34Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 2361 cita
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es que siempre hemos sido los más bullosos. Así dicen en el casco 291 CNMH-CIMA, entrevista 0141, maciceño adulto, municipio de Popayán, Cau- ca, 2015. 292 CNMH-CIMA, conversatorio local de memoria, municipio de Popayán, Cau- ca, 2015. 237 3 Se van juntando las goticas de agua urbano. Semejante a eso en esos días hubo…

p. 236
35Parar para avanzar. Crónica del movimiento estudiantil que paró a ColombiaSandra Borda · 2020 · p. 41 cita
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© Sandra Borda, 2020 © Editorial Planeta Colombiana S. A. Calle 73 n.º 7-60, Bogotá www.planetadelibros.com.co Fotografías: © Camilo Rozo Ilustración de cubierta: © @monkeythehuman Primera edición: mayo de 2020 ISBN 13: 978-958-42-8783-0 ISBN 10: 958-42-8774-5 Impresión: xxxxxxx Impreso en Colombia – Printed in…

p. 4
36La MANE y el movimiento estudiantil en Colombia. Agendas, luchas y desafíosAndrés Felipe Mora Cortés (compilador), Mauricio Archila Neira, Laura Isabel Buitrago Rodríguez, José Abelardo Díaz Jaramillo, Paulina Andrea Farfán Trujillo, Paola Alejandra Galindo García, Martha Lucía Gutiérrez Bonilla, Andrea Lopera Lombana, Jairo Andrés Rivera Henker · 2020 · p. 961 cita
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nuevas realidades de la educa - ción superior y 2) la disputa que se produjo acerca del cambio institucional propuesto por el Gobierno en su iniciativa legislativa, la cual les permitió a los estudiantes fi jar posturas antagónicas en términos del contenido, los objetivos y los principios de la reforma. Como se dijo,…

p. 96
37Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 2191 cita
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urbana de Buenaventura comenzó a incorporar el discurso del territorio como espacio vital, visualizándolo y ubicándolo como una extensión, de carácter simbólico, del espacio rural. 2005 - 2014 • Emergencia en el contexto local de nuevas organizaciones sociales de jóvenes y de mujeres. • Construcción de lenguajes…

p. 219
38Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 4111 cita
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Estado. MEDELLÍN: MEMORIAS DE UNA GUERRA URBANA 412 nos 193. La primera, de carácter nacional, conocida también como “marcha contra las FARC” o la “marcha del No Más” fue uno de los eventos más recordados por lo multitudinaria y en la que se pudo advertir la capaci- dad de convocatoria desde las redes sociales. Mirada…

p. 411
39Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · p. 1941 cita
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de la canasta familiar exentos del IVA, y mucho menos por vía de montar un mecanismo adicio- nal para devolverlo a los pobres que pagarían por ello (estratos 1 y 2 del Sisben), modalidad ésta probablemente más complicada de implementar y controlar que el recaudo mismo. La de fi nición dada por el Gobierno, según la…

p. 194
40¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 4671 cita
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distribución de ingresos, tributación y corrupción, solo después de acometer esas tres prioridades para mejorar la tributación directa y progresiva: cerrar las venas rotas, hacer pagar a los individuos sobre renta y dividendos equitativamente y aliviar la carga a las empresas, podría considerarse la necesidad de 467…

p. 467
41Orden y libertad. Economía política del castigo en Colombia y LatinoaméricaManuel Iturralde · 2022 · p. 1361 cita
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mundo 30, mantuvieron los 26 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Una década de luces y sombras: América Latina y el Caribe en los noventa (México: Alfaomega, 2001), 27. 27 Ibid., 15. 28 José Antonio Ocampo, “Más allá del Consenso de Washington: una agenda de desarrollo para América Latina”,…

p. 136
42Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1811 cita
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considerado, desde la perspectiva neoliberal, como un obstá- culo para el libre desarrollo de los pueblos. Si bien la economía colom- biana se ha desarrollado, el neoliberalismo afectó, como en el resto del continente, a los sectores populares. Acorde con los objetivos trazados, las medidas adoptadas permitieron…

p. 181
43Elecciones presidenciales y legislativas en Colombia en 2022Juan Carlos Escobar, Bibiana Ortega, Laura Wills-Otero · 2023 · p. 111 cita
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se caracterizó por su bajo costo y por prio- rizar el uso de redes sociales, en particular Facebook, TikTok y WhatsApp. Con muy pocos recursos materiales y organizativos, Hernández derrotó a candidatos que contaban con estructuras organizativas y recursos económicos para desarro- llar actos de campaña masivos. Tabla…

p. 11
44Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 2321 cita
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evidencia muestra es que la forma como la dirigencia nacional gobierna el país es a través de toda una red de intercambios clientelistas a lo largo del territorio nacional que tienen como material de cambio el acceso a las rentas de la corrupción. Los intercambios incluyen también a la justicia, a todo nivel, desde…

p. 232