Idea · Seguridad Democrática
Racismo estructural
El racismo estructural en Colombia es el dispositivo histórico de larga duración, anclado en la jerarquía colonial de castas y reproducido por los sucesivos proyectos de Estado, que organiza el acceso desigual a la tierra, la ciudadanía plena y la protección jurídica según la clasificación racial de las personas. No es un prejuicio residual sino un ordenamiento activo que se ha reformateado en cada época sin cambiar su función.
Trayectoria de una idea
- 1778
Censo colonial y codificación de castas
- 1851
Abolición formal de la esclavitud y persistencia del orden racial
- 1928
Consolidación de la ideología del blanqueamiento
- 1991
Giro multicultural: Constitución de 1991 y reconocimiento étnico
- 1993
Ley 70 y los límites del reconocimiento multicultural
- 2001
Masacres en Buenaventura y despojo paramilitar del Pacífico
- 2002
Seguridad Democrática: superposición del mapa racial y el mapa de la amenaza
La lectura
El racismo estructural en Colombia no es un fenómeno de actitudes individuales sino un ensamblaje de tres capas que operan simultáneamente: una capa normativa que desde el siglo XVI fijó la casta como condición de acceso a derechos; una capa territorial que produjo geografías racializadas —el Pacífico como región paradigmáticamente negra, el Chocó como sinónimo de miseria— orientando dónde llegaba el Estado y dónde no; y una capa discursiva que prometió el blanqueamiento progresivo como horizonte de la nación mestiza. Su persistencia se mide en la geografía del desplazamiento forzado: los tres departamentos más golpeados entre 1985 y 2019 son los del Pacífico afrocolombiano. El giro multicultural de 1991 cuestionó formalmente este dispositivo pero no lo desmanteló: la Ley 70 entregó títulos colectivos sobre tierras que el paramilitarismo y el extractivismo estaban dispuestos a tomar por la fuerza, y la consulta previa diseñada como salvaguarda se convirtió en muchos casos en un trámite de legitimación del despojo. Bajo la Seguridad Democrática, el dispositivo se reformateó una vez más: la gramática antiterrorista codificó como zonas de sospecha los mismos territorios que la Constitución había reconocido como espacios de diferencia étnica y autonomía.
Racismo estructural en Colombia
El racismo estructural en Colombia es el dispositivo histórico —de larga duración, anclado en la jerarquía colonial de castas y reproducido por los sucesivos proyectos de Estado— que organiza el acceso desigual a la tierra, a la ciudadanía plena y a la protección jurídica según la clasificación racial de las personas. No es un prejuicio residual ni un remanente que el tiempo iría diluyendo: es un ordenamiento activo que se ha reformateado en cada época sin cambiar su función. En su versión republicana adoptó el lenguaje del blanqueamiento y del mestizaje como ideal nacional; en la Constitución de 1991 fue formalmente cuestionado por el giro multicultural; y entre 2002 y 2010, bajo la Política de Defensa y Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez, se reactivó al superponer sobre el mapa racial heredado una gramática antiterrorista que codificó como zonas de sospecha los territorios afrodescendientes e indígenas del Pacífico, el Atrato y el norte del Cauca.
La forma del dispositivo
Lo que llamamos racismo estructural en Colombia no se reduce al insulto ni a la exclusión puntual. Es un ensamblaje de tres capas que operan simultáneamente. La primera es normativa: desde finales del siglo XVI, las disposiciones españolas exigieron acreditar nacimiento legítimo y pureza de sangre para acceder a la educación universitaria y a cargos públicos, incluido el de notario, y el registro parroquial fijó la casta del bautizado como marca vitalicia. La segunda es demográfica y territorial: la clasificación produjo geografías —el Pacífico como región paradigmáticamente negra, la Alta Guajira como territorio wayuu, el Chocó como sinónimo de miseria y raza— y esas geografías, una vez fijadas, orientaron dónde llegaba el Estado y dónde llegaban la carretera, la escuela y el juez. La tercera es discursiva: la nación se pensó a sí misma como mestiza, y ese mestizaje operó no como reconocimiento de la mezcla sino como promesa de blanqueamiento progresivo.
El resultado, medido en cifras del propio Estado, no es coyuntural. En el censo de 2018, aproximadamente el 14% de la población se autorreconoció como étnicamente diferente de la mayoría mestiza o blanca, y esa población concentra los indicadores más adversos de asistencia escolar, mortalidad materna y desplazamiento forzado. Entre 1985 y 2019, los departamentos con mayor número de víctimas afrocolombianas de desplazamiento masivo fueron Nariño (206.186), Valle del Cauca (189.659) y Chocó (186.060) —los tres en la costa Pacífica—, y Buenaventura, con 167.300 víctimas registradas, fue el municipio más golpeado, seguido de San Andrés de Tumaco (102.940), Quibdó (28.282) y Riosucio (28.131). No hay azar en esa geografía.
Los cimientos coloniales
El censo colonial de 1778 clasificaba la población del Nuevo Reino de Granada en categorías socio-raciales precisas: 26% blancos, 19,5% indios, 46,4% libres —principalmente mestizos—, 7,8% esclavos y 0,3% eclesiásticos. En Santafé de Bogotá, hacia finales de ese siglo, la composición era aproximadamente 32% blancos, 53,2% mestizos, 2,8% indios y 3,3% esclavos negros. Estas proporciones importan porque revelan que el orden colonial no era una dualidad blanco-indio con esclavos al margen: era una escala fina, jerarquizada, en la que cada casilla implicaba derechos y prohibiciones distintos.
El mestizaje —que la mitología republicana idealizaría después como fusión armónica— fue producto de una demografía forzada. El número reducido de expedicionarios españoles y la estricta regulación de la inmigración de vecinos propiciaron el contacto entre conquistadores y población indígena en un territorio despoblado por la violencia y las enfermedades. La reducción secular de la población indígena, estimada en torno al 10% o menos de su nivel original, erosionó la dualidad tributaria sobre la que se sostenía la dominación colonial, y en el siglo XVIII el orden social tuvo que reacomodarse a la realidad del mestizaje sin renunciar a la jerarquía.
En la base de la escala quedaron los negros y zambos libres, valorados principalmente como fuerza de trabajo. Los esclavizados accedieron a la libertad por vías variadas antes de la abolición formal: la compra de su propia manumisión, la concesión de sus amos, las revueltas —especialmente en el valle del Cauca y la costa Caribe— y, probablemente con más frecuencia que ninguna otra, la fuga. Los cimarrones fundaron asentamientos propios en tierras no colonizadas de la cuenca del Pacífico, y de esa geografía de fuga procede buena parte del poblamiento afrodescendiente que la Constitución de 1991 reconocería, dos siglos después, como titular de derechos territoriales colectivos. San Basilio de Palenque, en los Montes de María, se convertiría con el tiempo en emblema de esa historia.
La abolición formal llegó tarde: la ley del 21 de mayo de 1851 declaró libres a todos los esclavos a partir del 1 de enero de 1852, equiparándolos en derechos y obligaciones a los demás granadinos. El proceso había empezado con la ley de vientre libre de 1821, pero durante treinta años el país mantuvo la esclavitud aun después de proclamarse república. Esa distancia entre el ideario liberal y la práctica —ciudadanía para unos, propiedad para otros— es el molde en el que se fundirá la vida institucional del siglo siguiente.
Contra la narrativa persistente de que la colonización ibérica fue benignamente mestiza y libre de prejuicio racial, la investigación histórica ha mostrado que el trato dado a indios y esclavos se explica mejor por una racionalidad económica y un tratamiento legal pragmático que por una supuesta tolerancia étnica. Las jerarquías coloniales sobrevivieron al mestizaje precisamente porque el mestizaje no las contradecía: las administraba.
El racismo republicano y la ideología del blanqueamiento
Suprimidas formalmente las leyes coloniales sobre castas, el discurso republicano del siglo XIX mantuvo actitudes paternalistas y segregacionistas hacia mulatos, indios y negros, a quienes se adjudicaba un carácter indolente y una incapacidad natural para gobernarse. El liberalismo prometía igualdad ante la ley; la sociedad reproducía la desigualdad por otros medios.
En la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX se libró en el pensamiento colombiano una batalla intelectual sobre el fundamento racial de la nación. Manuel Uribe, en su Compendio histórico del departamento de Antioquia, defendió la inferioridad de la raza indígena y la superioridad del elemento mestizo como predominante en la nación colombiana. Vicente Restrepo, en 1895, atacó frontalmente la exaltación de la cultura muisca argumentando que lo que se sabía de ese pueblo era pura conjetura y que no podía ser pilar de la nacionalidad por ser apenas uno más de los innumerables grupos que ocupaban Colombia a la llegada de los españoles. Contra esas posiciones, Rafael Uribe Uribe presentó argumentos a favor de los nativos y resaltó el vasto mestizaje de la población colombiana, apoyándose en planteamientos darwinianos para fundamentar una política de poblamiento e incorporación productiva de tierras baldías y de frontera a partir de la asimilación de la población indígena y mestiza. El debate no se resolvió: siguió abierto en las primeras décadas del siglo XX, con posiciones divergentes entre intelectuales como Zerda, Uribe y Restrepo.
En 1928, Laureano Gómez ofreció en sus conferencias Interrogantes sobre el progreso de Colombia un diagnóstico pesimista sobre la realidad y el futuro del país, coincidente con posiciones que atribuían inferioridad a los componentes indígena y negro de la mezcla racial colombiana. Luis López de Mesa, por su parte, describió la mezcla racial colombiana como una anarquía biológica de elementos yuxtapuestos sin núcleo común, y sostuvo que la raza blanca era biológicamente la más fuerte, con el proceso de mestizaje revirtiendo progresivamente hacia el tipo blanco-castellano. En esa fórmula —el mestizaje como camino hacia el blanqueamiento— quedó cifrada la ideología racial dominante de la Colombia burguesa del siglo XX: no la exclusión abierta del negro y el indio, sino la promesa de que irían desapareciendo estadísticamente.
El pensamiento racial de esos años incluyó también un antisemitismo casual, manifestado en la prensa mediante asociaciones de los judíos con la Crucifixión, el control bancario internacional y rasgos negativos estereotipados. La pureza de sangre colonial se había secularizado, pero su gramática persistía.
Este orden no era simétrico. Entre 1850 y 1950, la discriminación racial operó con mayor severidad en la sociedad civil —la exclusión de negros de colegios elegantes, de clubes sociales, de matrimonios con blancos, del sacerdocio— que en las entidades públicas, donde era posible encontrar generales, congresistas, gobernadores y ministros negros. Esa asimetría es reveladora: el Estado admitía individuos que la sociedad rechazaba, y a la vez toleraba que la sociedad rechazara a quienes el Estado admitía. La incorporación individual convivía con la exclusión colectiva, y esa convivencia estabilizaba el sistema.
La geografía del despojo y el turno multicultural
A finales del siglo XX, dos hechos reordenaron el mapa. El primero fue la profundización de un proceso de despojo territorial que en el Valle del Cauca hunde raíces en la expansión agroindustrial de la caña de azúcar desde finales del siglo XIX, la cual transformó a propietarios afros en trabajadores asalariados. El segundo fue el giro multicultural de la Constitución de 1991, que reconoció por primera vez la naturaleza multiétnica de Colombia y abrió espacio institucional a las reivindicaciones de comunidades negras e indígenas.
El Artículo Transitorio 55 de la Carta ordenó al Congreso expedir, dentro de los dos años siguientes, una ley que reconociera a las comunidades negras que ocupaban tierras baldías en las zonas rurales ribereñas de los ríos de la Cuenca del Pacífico el derecho a la propiedad colectiva sobre esas áreas. De ese mandato nació la Ley 70 de 1993, con 8 capítulos y 68 artículos: los primeros cinco dedicados a la delimitación, constitución y manejo de los territorios colectivos en el Pacífico; los restantes, a las comunidades negras en términos más generales de derechos, identidad cultural y desarrollo económico y social. La ley estableció los consejos comunitarios como instancias de organización sobre los territorios colectivos, con funciones de manejo del territorio y protección de los recursos naturales.
Fue, en el papel, una revolución jurídica. Detrás estaba un movimiento negro que desde mediados de los ochenta había virado discursivamente: de reclamos por inclusión y ciudadanía igualitaria hacia reclamos por legitimación de la diferencia étnica y cultural, definiendo la identidad afrocolombiana por su singularidad, su ancestralidad africana y sus prácticas territoriales tradicionales. En septiembre de 1993, más de trescientos activistas se reunieron en Puerto Tejada en la Tercera Convención Nacional de Comunidades Negras y acordaron como meta la consolidación de un movimiento social negro de alcance nacional. Líderes como Juan de Dios Mosquera, Zulia Mena y Libia Rosario Grueso encarnaron esa transición, y en el Medio Atrato Cocomacia diseñó una estrategia de titulación colectiva articulando comunidades negras en torno a cuencas hidrográficas y relaciones de parentesco, buscando convertir la movilidad y territorialidad afro en potencialidad política ante el Estado.
Pero el reconocimiento contenía una trampa. La formalización de la titulación colectiva tuvo el efecto no previsto de facilitar la introducción del extractivismo a gran escala en el Pacífico: las comunidades invirtieron tiempo y recursos en el trabajo local que resultó en la formalización, y la consulta previa —diseñada como salvaguarda— se convirtió en muchos casos en un trámite en el que empresas y gobierno subcontrataban antropólogos para llenar formularios y convencer a las comunidades de que no podían detener el progreso. Bajo ese esquema se aprobaron proyectos hidroeléctricos, minería a gran escala y explotación maderera. A esto se sumó una fragmentación organizativa: las múltiples instancias de participación creadas por la Ley 70 dispersaron la energía militante, y las organizaciones del sur del Pacífico, reticentes a ceder autonomía a activistas urbanos sin representatividad de base, se apartaron del intento de crear una coordinación nacional. Más de dos décadas después de expedida, la Ley 70 no ha sido reglamentada en su totalidad. El reconocimiento multicultural, celebrado como ruptura con el pasado excluyente, terminó administrando una nueva forma de exclusión: la que consiste en dar títulos sobre tierras que otros están dispuestos a tomar por la fuerza.
Seguridad Democrática: la superposición del mapa racial y el mapa de la amenaza
Cuando Álvaro Uribe Vélez asumió la presidencia en agosto de 2002, la titulación colectiva llevaba menos de una década de aplicación. El Consejo Comunitario de Curvaradó (46.048 hectáreas) y el de Jiguamiandó (54.973 hectáreas), en el Chocó, habían obtenido sus títulos; en esas mismas zonas se documentaron poco después graves violaciones de derechos humanos, desplazamiento forzado y presencia intensa del conflicto armado. Entre 2000 y 2001, en Buenaventura, la población de Bajamar y zonas aledañas había sufrido 46 masacres en el marco de la incursión de los bloques Calima y Frente Pacífico de las Autodefensas Unidas de Colombia. La expansión paramilitar en el Pacífico estuvo articulada con intereses sobre el narcotráfico y la ampliación del puerto de Buenaventura, y en el norte del Cauca los territorios con fuerte presencia paramilitar se convertirían después en escenarios de minería ilegal a gran escala con retroexcavadora protegida por grupos armados.
Sobre ese cuadro se montó la Política de Defensa y Seguridad Democrática. Su rasgo doctrinal decisivo, para el problema que aquí importa, fue la subsunción de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario bajo la lógica antiterrorista. El gobierno rechazó reconocer la naturaleza política de los grupos guerrilleros, los denominó terroristas y narcoterroristas y se negó a negociar sin un cese unilateral del fuego. El Decreto 2002 de 2002 creó las zonas de rehabilitación y consolidación con medidas que la Corte Constitucional declaró parcialmente inexequibles en noviembre de ese año; el Estatuto Antiterrorista de 2003 buscó otorgar a las Fuerzas Militares facultades de captura, allanamientos, registro e interceptación de comunicaciones, y también fue objeto de control constitucional. El aparato estatal completo —no solo la fuerza pública— quedó involucrado en el combate a los grupos armados ilegales, y esa fue una novedad respecto a administraciones anteriores.
Sobre el mapa racial heredado, esa doctrina produjo efectos precisos. La geografía de la guerra durante esos años se concentró en los mismos territorios donde el multiculturalismo había reconocido derechos colectivos: el Pacífico, el Atrato, el norte del Cauca, Urabá. La agenda de las organizaciones afrocolombianas centrada en derechos territoriales, identidad, participación y autonomía se trocó en agenda humanitaria —desplazamiento, ayuda humanitaria, líderes amenazados, misiones humanitarias— y eso significó un estancamiento en la implementación de los derechos colectivos. Líderes y representantes de comunidades interpretaron la violencia armada y la expansión del conflicto hacia regiones de presencia histórica afrocolombiana como una intención deliberada de revertir los logros de la Constitución de 1991, y esa lectura se sostuvo en hechos concretos: el asesinato selectivo de líderes territoriales como la hermana Yolanda Cerón, ejecutada por paramilitares en Tumaco.
La legislación de víctimas del período no estableció indicadores para campesinos ni información desagregada por pueblos indígenas, invisibilizando afectaciones diferenciales étnico-raciales relevantes. Y la alineación de la Seguridad Democrática con la guerra global al terrorismo posterior al 11 de septiembre de 2001 fusionó, en el marco binacional del Plan Colombia, la guerra antidroga y la contrainsurgencia, redefiniendo a las FARC como amenaza narcoterrorista y desdibujando en el discurso oficial las dimensiones sociales, étnicas y políticas del conflicto.
Falsos positivos: la vida racializada como cuota
El nombre popular es falsos positivos. La realidad técnica es la ejecución extrajudicial de civiles presentados falsamente como guerrilleros muertos en combate. Los datos disponibles muestran una curva coincidente con el período de la Seguridad Democrática: las ejecuciones extrajudiciales atribuidas a fuerzas de seguridad pasaron de aproximadamente 100 en 2002 a unas 220 anuales entre 2004 y 2006, y a alrededor de 330 en 2007. La mayoría de las víctimas eran campesinos o líderes comunitarios.
La mecánica está documentada. Testimonios de exmilitares describen un procedimiento estandarizado para legalizar muertes de civiles: portar armas no convencionales como fusiles AK-47 y uniformes camuflados adicionales para vestir al muerto y presentarlo como combatiente. Un testimonio sostiene que ese conocimiento se transmitía desde la Escuela Militar a los cadetes. Los programas Soldados Campesinos y las redes de informantes —en los que ingresaron integrantes de grupos paramilitares desmovilizados entre 2003 y 2006— fueron instrumentalizados para cometer desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales, poniendo en riesgo a pobladores rurales y quebrando la confianza comunitaria.
Cuando estalló el caso de los jóvenes de Soacha, el presidente Uribe afirmó, antes de que la Fiscalía hubiera establecido las circunstancias de sus muertes, que habían sido dados de baja en combate y que iban con propósitos delincuenciales. La desacreditación pública de las víctimas se anticipó a la investigación judicial. Oficiales que intentaron trasladar casos a la justicia ordinaria enfrentaron amenazas y presiones institucionales crecientes, especialmente tras 2008, cuando las directivas que habían impulsado esos traslados se revirtieron y la situación se volvió insostenible para quienes insistían en dar traslado.
En el oriente antioqueño, las ejecuciones extrajudiciales fueron atribuidas principalmente al Batallón de Infantería n.° 4 Bajes (41 víctimas) y al Batallón de Caballería Mecanizada n.° 4 Juan del Corral (21 casos), unidades que realizaban operativos en los municipios de Granada, San Luis y Cocorná. El patrón no requiere una orden explícita de dirigirse contra población racializada: basta con que la doctrina antiterrorista estimule el cumplimiento numérico de bajas y que los cuerpos disponibles —los prescindibles a ojos del sistema— sean los de jóvenes pobres, campesinos, informales, muchos de ellos afrodescendientes o indígenas. El racismo estructural no necesita ser nombrado por sus operadores: se ejecuta a sí mismo cuando la protección jurídica y la visibilidad ciudadana están desigualmente distribuidas.
El DAS y la criminalización de la protesta étnica
Al mismo tiempo que las brigadas producían cuerpos, el Departamento Administrativo de Seguridad producía expedientes. El DAS ejecutó actividades ofensivas contra personas espiadas que iban más allá de la interceptación y el monitoreo: desprestigiar, presionar, intimidar, amenazar y sabotear a individuos y organizaciones. La Operación Transmilenio fue desplegada específicamente contra el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, con el objetivo declarado de restringir o neutralizar su accionar y realizar judicializaciones en su contra.
El Bloque Capital de las Águilas Negras amenazó mediante un panfleto a más de treinta organizaciones de derechos humanos, entre ellas a Yovana Sáenz, secretaria de género de Afrodes en Bogotá. El panfleto anunciaba que ubicaría a sus miembros en sus oficinas, casas y lugares de reunión. Afrodes, la organización de afrodescendientes desplazados, era simultáneamente objeto de amenazas paramilitares y de vigilancia estatal. Las respuestas del gobierno a las acusaciones sobre crímenes vinculados a su entorno consistían en ridiculizar a los acusadores y calificarlos de terroristas o guerrilleros, etiqueta amplificada por medios de comunicación aliados. Múltiples entrevistados sostienen, con base en evidencia circunstancial sobre el estilo de microgestión del presidente y su control sobre el nombramiento del director del DAS, que Uribe ordenó o al menos conoció las interceptaciones ilegales.
La operación conjunta de estos dispositivos —falsos positivos en los territorios, espionaje y estigmatización en las capitales— hizo que ser líder afrocolombiano, indígena o defensor de derechos humanos durante la Seguridad Democrática implicara habitar simultáneamente dos amenazas: la del actor armado y la del funcionario público que lo señalaba. Piedad Córdoba, senadora afrodescendiente, fue objeto sostenido de estigmatización política durante esos años. Francia Márquez Mina, líder ambiental del norte del Cauca cuya proyección nacional vendría después, se formó como activista precisamente en la geografía donde el paramilitarismo, la minería ilegal y la doctrina antiterrorista se superponían sobre territorios afrodescendientes.
La vida cotidiana del racismo
El racismo estructural no vive solo en la doctrina ni en las masacres. Se ejerce a diario, en los mismos años, en gestos que ninguna Constitución alcanzó a modificar. Empleadores en Cali aplican la política NN —no negros— al momento de contratar. Porteros de discotecas en Bogotá y Cartagena niegan el acceso a clientes negros ante la pasividad de las autoridades locales y nacionales. Mujeres negras reportan ser reducidas socialmente a roles de servidumbre doméstica y objeto sexual mediante estereotipos racistas normalizados. Afrocolombianos de perfiles profesionales diversos —incluidos actores— enfrentan discriminación cotidiana en contextos urbanos.
La antropología ha descrito esta persistencia como una constitución espacial de la raza: el Pacífico, y en particular el Chocó, es imaginado como paradigmáticamente negro y asociado a evaluaciones negativas. Históricamente, los visitantes del Chocó asociaron la miseria y las condiciones adversas de la región con la predominancia de población negra, entrelazando raza y pobreza en una explicación que naturaliza la desigualdad convirtiéndola en atributo racial. Las tasas de asistencia escolar en el Chocó son más bajas que las nacionales, y para los jóvenes negros chocoanos en Bogotá la educación superior es percibida como la vía principal de movilidad social para superar la vulnerabilidad racial y ser reconocidos como personas con capacidades.
El desplazamiento forzado añadió a esa geografía una migración de la exclusión rural a la exclusión urbana. Población negra desplazada desde Tumaco, Jiguamiandó, Curvaradó, Guapi y el río Naya llegó a Bogotá y Medellín, donde testimonios recogidos describen personas en situación de mendicidad en semáforos. La misma comunidad que había obtenido títulos colectivos en 1993 encontraba, quince años después, que el reconocimiento jurídico de sus territorios no había impedido su expulsión, y que en la ciudad el racismo cotidiano —la portería, la entrevista de trabajo, el taxi— completaba el círculo. El censo de 1993 mostraba ya, mediante modelos estadísticos, que la región, el tamaño del municipio, el nivel educativo y la categoría sociocupacional se asocian de manera significativa con la probabilidad de autorreconocerse como afrocolombiano: la propia visibilidad estadística de la identidad étnica está condicionada por la posición social.
Huellas y disputas
Cinco siglos de racismo estructural no se cierran con una Constitución ni se agotan en una política de seguridad. Lo que la Seguridad Democrática dejó fue, ante todo, la evidencia de que el dispositivo puede reactivarse sin necesidad de nombrarse: basta con codificar territorios y poblaciones como zonas de sospecha, subsumir los derechos bajo la lógica de la amenaza y distribuir desigualmente la protección jurídica. La violencia sobre las comunidades afrocolombianas e indígenas de esos años no fue causada por la doctrina uribista —tenía motores económicos anteriores en el narcotráfico, la agroindustria, la minería y la expansión portuaria— pero fue amplificada por ella, en la medida en que el Estado dejó de ser un contrapeso a la desposesión racializada y se convirtió en uno de sus operadores.
Pensar hoy el racismo estructural exige sostener dos verdades a la vez. La primera, que Colombia no es una excepción de tolerancia mestiza en América Latina: es un país donde la jerarquía colonial de castas se secularizó en ideología del blanqueamiento, se administró como paternalismo republicano y se reactivó como sospecha antiterrorista sobre las mismas geografías. La segunda, que la respuesta de las comunidades afectadas —el movimiento negro que impulsó la Ley 70, las organizaciones que resistieron el despojo, los líderes asesinados, los que sobrevivieron y los que llegaron después— no es un capítulo cerrado sino un proceso vivo. La elección de Francia Márquez Mina como vicepresidenta en 2022, dos décadas después de que su territorio en el norte del Cauca hubiera sido escenario de las alianzas entre paramilitarismo y minería, pertenece a esa línea de continuidad. No cierra la historia del racismo estructural colombiano: la mantiene abierta, que es la única forma de seguir disputándola.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Ley 70 de 1993
- 02Constitución de 1991
- 03Seguridad Democrática
- 04Desplazamiento forzado
- 05Mestizaje
- 06Pacífico colombiano
- 07Chocó
- 08Buenaventura
- 09Francia Márquez
- 10Manuel Zapata Olivella
- 11Luis López de Mesa
- 12Álvaro Uribe Vélez
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
61 documentos · 73 fragmentos
01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1992 citas
[1]vienen levas militares de población o tributos, o los dos. De to- das maneras, la tendencia de la población será, de 30) aquí en adelante, hacia un crecimiento sostenido. Una de las realidades que se evidencian en el censo de 1778, que inquiere por la pertenencia socio-racial, es el crecimiento de la población…
p. 199
[2]vienen levas militares de población o tributos, o los dos. De to- das maneras, la tendencia de la población será, de 30) aquí en adelante, hacia un crecimiento sostenido. Una de las realidades que se evidencian en el censo de 1778, que inquiere por la pertenencia socio-racial, es el crecimiento de la población…
p. 199
02Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1021 cita
[3]a sp ira r a ocupar un lugar de m ayor estatus. D urante las últim as décadas del siglo XVIII, el creciente núm ero de aspirantes m estizos y m ulatos generó eviden tes tensiones sociales. D esde finales del siglo xvi, varias disposiciones esp añ o las m antenían a raya las aspiraciones sociales de m estizos y m…
p. 102
03Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 4661 cita
[4]de hecho cualquier prohibición, y fue así como se convirtieron en arrendatarios o poseedores de los resguardos indígenas. La reducción secular de la población indígena (a un 10% de lo que había sido originalmente) hizo ceder, finalmente, el prejuicio. En el siglo XVIII se experimentaron nuevas formas de organización…
p. 466
04Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 412 citas
[5]años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se reprodujera ese…
p. 41
[6]mulatos; diez años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se…
p. 41
05Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 841 cita
[7]resurgieron a to- dos los niveles: provincial, seccional y cantonal. Africa en un mapa del atlas de Blaeuw. El continente africano fue la cantera constante de la que, durante siglos, se sacaron miles y miles de negros para ser condenados a la esclavitud. La captura por parte de los blancos se vio a menudo favorecida…
p. 84
06Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1831 cita
[8]and were closer in skin color, facial features, and hair tex- ture to the emerging mestizo mix. Many blacks left slave status early in Colombian history, becom- ing part of the free population. Their owners awarded freedom to some, others purchased their liberty, but probably the greatest num- ber achieved freedom by…
p. 183
07Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2831 cita
[9]retir á ndose al palenque del castigo, en. donde se refugian muchos esclavos y totalmente se pierden ”, * J 4 1 En Colombia ha habido una aceptaci ó n t á cita del argumento cl á sico de Fr an k Tannenbaum, seg ú n el cual la actitud de los colo nizadores ib é ricos frente a etnias diferentes estaba suavizada por.…
p. 283
08Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1041 cita
[10]superior anterior a la muisca. Otros intelectuales de la época llegaron a sostener ideas muy diferentes a las de Zerda. Manuel Uribe, en Compendio histórico del departamento de Antioquia, defendió la idea de que los habitantes de Antioquia no habían alcanzado un grado de desarrollo nota- ble. Este autor planteó,…
p. 104
09Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 151 cita
[11]cultural”. 43 Los presupuestos teóricos y este tipo de conclusiones del eximio representante liberal coincidían con las del líder conservador Laureano Gómez. Más allá del ámbito electoral y de las disputas por el poder local y nacional, los grupos dirigentes colombianos tienen claras coincidencias. Imbuido por la…
p. 15
10Becoming Black Political Subjects: Movements and Ethno-Racial Rights in Colombia and BrazilTianna S. Paschel · 2016 · p. 531 cita
[12]to conclude, “Very few countries give less impor- tance to race than this one. Whites, blacks and Indians live together and mix without any fuss; and this indifference has been and continues to be so much the case that in the national statistics gathering these [ethno-racial] questions have been totally ignored.” 27…
p. 53
11Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 961 cita
[13]a veces. Así lo son también en su carácter, en su sensibilidad, en su idiología, por donde nos viene el que aún no hayamos concebido cultura propia, seamos tan difíciles de gobernar, tan escépticos, tan crí- ticos e individualistas. Anarquía biológica en que los elementos, como las matrices en que se va a fundir y…
p. 96
12Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1831 cita
[14]por las gentes que ha- cían alarde de tener ascendientes blancos, perdieron signi- ficado en el ambiente republicano de nivelación social. Al derogar gradualmente las leyes hispánicas sobre los indios y los negros, se pretendía integrarlos como parte de los nuevos ciudadanos. Sin embargo, hasta bien entrado el siglo…
p. 183
13The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 3421 cita
[15]narratives of, 41; Reclus on, 50; José María Samper on, 112–13; Obeso on, 121, 122, 130; and civil marriage, 150; Jiménez López on, 222 Race war: and civil war of 1859–62, 64–68 Racial difference: and citizenship, 2, 9; and national unity, 3; and posteman- cipation civil equality, 9–10, 36–37; historicizing race,…
p. 342
14Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 1051 cita
[16]immigration of Chinese, Hindus, and Turks (Otomanos), but encouraging European immigration. That same year a writer for El Tiempo protested Tropical Oil’s use of Jamaican guest workers in its Colombian fields, a charge the company “enthusiastically denied.” Still, the editorialist concluded, “we hope the government…
p. 105
15¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 491 cita
[17]por la cual se les dejó libres. Esa condición de esclavos libres, de cimarrones al azar buscando horizonte, les permitió establecerse en este territorio inmenso donde hallaron un entorno suficientemente parecido al de su África nativa, es decir, una zona tropical húmeda con gran pluviosidad, que aunque no era de mucha…
p. 49
16Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1531 cita
[18]las reivindicaciones de negros y mulatos. Por esto, las formas de discriminaci ó n racial, mantenidas con severidad en la “ sociedad ci vil ” — no hab í a curas negros, ni estaban en los colegios elegantes, ni pod í an entrar a los clubes sociales, ni eran admisibles como pareja matrimonial de los blancos — se…
p. 153
17Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 2891 cita
[19]José María Vergara y Vergara 4 tomos. Bogotá: Minerva, 2: 120-129. UNA GENEALOGÍA DEL RACISMO EN COLOMBIA: CONTINUIDADES Y DISCONTINUIDADES D E L SIGLO X I X A L X X Sandra Lucía Castañeda Medina ¿Existe un punto de partida fijo, una fecha exacta o por lo menos aproximada, acaso un hecho fundamental, desde dónde…
p. 289
18Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3751 cita
[20]del país apenas habría unos treinta mil nativos. Sin embargo, ar- gumentaba que las 2/3 partes de la na- ción eran habitadas por diversos gru- pos indígenas. «La población cristiana posee apenas una reducida porción de la parte central de esa enorme área lla- mada Colombia: casi toda la circun- ferencia está en manos…
p. 375
19La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 571 cita
[21]de organizaciones sociales a través de los consejos comunitarios, para la protección y utilización sustentable de los recursos naturales (Grueso, 2000). Estos consejos comunitarios son las instancias de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del terri- torio que han ocupado de acuerdo a sus…
p. 57
20Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 243, 2572 citas
[22]nuevos actores políticos, entre los que han sido no- torios los movimientos locales por servicios o atención estatal, movimientos por los derechos humanos, movimientos por la res- tauración democrática, movimientos de mujeres, movimientos barriales de solidaridad en la crisis, movimientos cristianos de base,…
p. 243
[23]se habían apartado del intento de crear una coordinación nacional del movimiento ne- gro, reticentes a ceder autonomía a grupos de activistas de sede urbana pero carentes de representatividad en el seno de las or- ganizaciones de base. En torno al movimiento negro en Colombia i 337 ] La Ley 70 contiene 8 capítulos y…
p. 257
21La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 2081 cita
[24]colectivos y expidió el de Curvaradó, con un área de 46.048 hectáreas, y el de Jiguamiandó, con 54.973 hectáreas." 6. Artículo 1. Capítulo 1. Objeto y Definiciones. Ley 70 de 1993, por e! cual se desarrolla e! artículo transitorio 55 de la Constitución Política. Ver en Cartilla Consecutiva dela Jurisprudencia y Marco…
p. 208
22Participating in Peace: Violence, Development and Dialogue in ColombiaJefferson Jaramillo-Marín, Luz Mery López-Lizarazo, Adriel Ruiz-Galvan, Matthew Louis Bishop, Juan Mario Díaz-Arévalo, Juan Miguel Kanai, Melanie Lombard, Simon Rushton, Anastasia Shesterinina, Henry Staples, Helen Louise Turton · 2023 · p. 1051 cita
[25]internally displaced people and communities, Buenaventura maintains strong links with its rural hinterland. This is especially significant in the Pacific, where conceptions of territory are imbricated with Afro- Colombian communities’ histories of place. These have been recognized in law since Colombia’s 1991…
p. 105
23Representaciones y epistemes locales sobre la naturaleza en el Pacífico sur de ColombiaCarlos Enrique Osorio Garcés · 2018 · p. 641 cita
[26]de cada Consejo Comunitario, que tiene como propósito establecer las formas de manejo del territorio colectivo de los consejos comunitarios. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:26:13 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 65 E l e m e n t…
p. 64
24Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 781 cita
[27]category. As anthropologist Nina de Friedemann indicated to me soon after the constitution was promulgated, the fact that Afro- Colombians were in no danger of dying out was in one respect a disad - vantage, given that a primary rationale for attention to indigenous pueblos was preventing their disappearance. To…
p. 78
25Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1251 cita
[28]negras contemplados en la L ey 70 de 19 93, una ley que, a pesar de tener más de 20 años, aún no ha sido reglamentada en su totalidad. Este desconocimiento tuvo consecuencias en las dinámicas culturales de estas comunidades 315, que fueron violentadas al negarles la capacidad de gestionar y ordena r su vida con…
p. 125
26Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 1911 cita
[29]to have control over their territories, and dictate the routes of their own development, as the vice-minister of government promised in his opening statement, when Law 70 of 1993 was being discussed. In fact, Black com - munities inadvertently invested time, efforts, and resources, doing most of the local work that…
p. 191
27Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 93, 2882 citas
[30]Transitorio 55 de la Constitución y reconociendo el reto de cons- truir el nuevo sujeto político de derechos, vuelcan toda su capa- cidad en la divulgación y aporte al proceso de reglamentación y desarrollo de la Ley 70 de 1993. Pero simultáneamente y cuando apenas era el tiempo de las comunidades pensarse en los…
p. 288
[41]incontrovertible de la llamada parapolítica o alianza de los líde- res paramilitares de las AUC con dirigentes políticos regionales y funcionarios, ganaderos y terratenientes de Córdoba, Sucre, Bolí- var y Magdalena. La alianza entre políticos y paramilitares permitió blindar el ac- tuar criminal de las AUC cuyo…
p. 93
28Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 28, 1932 citas
[31]prefieren el de afrocolombiano y cuestionan el de afrodescendiente porque la humanidad en su conjunto nace en África, siendo todos los seres humanos afrodescendientes. También suele cuestionársele su marcación por la burocracia internacional y su cercanía a posiciones de Ongs del norte. Otros prefieren el de…
p. 28
[62]de su población: “La miseria y un clima y unos terrenos inhóspitos estaban unidos a un tercer factor, lo negro, puesto que la gran mayoría de la población de la región era negra, y esas tres causas juntas constituían la principal impresión que se llevaban los visitantes del Chocó, una impresión caracterizadas por las…
p. 193
29Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 497, 6192 citas
[32]devienen en estrategias de legitimación política de la diferencia en la relación y negociación con el Estado y, desde el espacio institucional así configurado, se posibilita la legitimación frente a otros actores sociales y el capital. Así, entonces, la construcción de la cuestión étnica afrocolombiana no sólo implica…
p. 497
[33]de la región desde los Andes, como la de una selva habitada por gentes indolentes incapaces de explotar sus recursos. Las ricas tradiciones culturales, el creciente discurso acerca de la biodiversidad de la región, el compromiso del gobierno para su “desarrollo sostenible” y la posibilidad de titulaciones colectivas…
p. 619
30Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 565, 6772 citas
[34]comunidades afrocolombianas de Bajamar, en el municipio de Buenaventura, Valle del Cauca. Bajamar es un territorio poblado por habitantes desplazados de las cuencas de los ríos Yurumanguí, Naya, Calima y Cajambre, que se asentaron en la isla Cascajal, al costado del puerto, en barrios que son considerados los más…
p. 677
[54]de civiles en planes y programas que contribuyeron a la eje- cución de violaciones de derechos humanos e infracciones al DIH. Esto se hizo con programas de reclutamiento como el de Soldados por un Día o Soldados Campesinos 1782, y mediante redes de informantes y de cooperantes a los cuales ingresaron integrantes de…
p. 565
31Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 2711 cita
[35]es diferente en los periodos paramilitar y posnegociación. En el primer periodo la lógica de terror se cons- truyó alrededor de las masacres, y se complementó con hechos de violencia como destrucción de propiedades, grafitis, lanzar los cuerpos en los ríos –“ríos de sangre” –, y desplazamientos forza- dos. En el…
p. 271
32Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1741 cita
[36]del derecho de la población afro- colombiana a la propiedad y a la autonomía sobre el territorio, a la vez, que muestra la salida desesperada de personas quienes, a pesar de sus estrechos y profundos vínculos con la tierra, no en- contraron otra opción que la huída. 231 Rodríguez G., César; Alfonso S., Tatiana y…
p. 174
33Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1301 cita
[37]haya habido amenazas, simplemente no había una formación catastral. Después viene el proyecto de palma y cogen la escritura de la fi nca y reinterpretan los linderos (León, 2005). Este discurso fue retomado por los actores involucrados en el acaparamiento de las tierras. La caracterización de la región como una…
p. 130
34Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1601 cita
[38]ríos como en los socavones 383. Esta economía fue estable hasta comienzos de la década del 2000, cuando irrumpieron el paramilitarismo y las pretensiones de minería a gran escala, como lo relató a la Comisión una lideresa afrodescendiente del norte del Cauca: «En el tema minero, esto fue apoyado más que todo por la…
p. 160
35Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 375, 4182 citas
[39]no ceder el control militar al punto de que varias comunidades indígenas y afrodes- cendientes (más de 12.000 habitantes de los municipios de Bojayá, Murindó, Vigía del Fuerte y Medio Atrato) quedaron atrapadas en medio de una invasión masiva de tropas de ambos bandos. Frente a esta situación, varias instituciones y…
p. 418
[65]2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 60.000 40.000 20.000 10.000 0 Número de víctimas resistir no es aguantar 376 «Arrancamos la titulación y se nos vino encima el tropel, entonces toda la agenda centrada en términos de los derechos territoriales, al desarrollo, a la identidad, a la parti-…
p. 375
36"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 4881 cita
[40]del Cauca ha sido visto como un departamento habitado por blancos y paisas. A juicio de los dirigentes afros, se ha querido mostrar que lo “afro se origina a partir del desplazamiento, presentándose a los negros como ve- nideros en el Valle” 325. A juicio de los dirigentes afrocolombianos, se considera que en el Paci…
p. 488
37Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1861 cita
[42]y sociales; iniciativas legislativas sobre reformas asociadas a los procesos de paz o a sus instrumentos; el desarrollo de programas de inversión social en zonas de conflicto; el reconocimiento de la grave problemática humanitaria y la urgente aplicación del DIH y el recurso a formas de facilitación e intermediación…
p. 186
38Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 406, 5482 citas
[43]o declaradas inexe - quibles por la Corte Constitucional en noviembre del 2002 787. En consecuencia, por iniciativa del Gobierno, el Congreso aprobó una reforma constitucional que se expidió en diciembre del 2003 y que se conoció como el Estatuto 783 Ibíd. 784 Ministerio de Defensa. Política de defensa y seguridad…
p. 406
[48]estos; las distancias geográficas en el caso de la población rural y étnica, y la desconfianza en las entidades del Estado. Es necesario anotar que la Ley aún no establece indicadores para las víctimas que se reconocen como campesinos y no contempla información desagregada por pueblos indígenas, por lo que…
p. 548
39¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 2491 cita
[44]contra el terrorismo". Tanto sus alocuciones como los documentos gubernamentales y oficiales sobre el conflicto político o armado en Colombia se hablaba exclusivamente de la "amenaza narcoterrorista". Este discurso se profundizó con los atentados del 11 de septiembre en los Estados Unidos, que alinearon más…
p. 249
40At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2951 cita
[45]fi ce, Uribe openly refused to accept the political nature of the guerrillas, instead calling them “ terrorists ” and “ dragons ” and refusing to negotiate without a unilateral cease- fi re. 91 Aiming to further beef up Colombia ’ s armed forces, Uribe looked to Washington for political and military support from the…
p. 295
41Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 7751 cita
[46]alma cada madrugada para que las acciones de autoridad que emprenda tengan la más pura intención y el más noble desarrollo. Apoyaré con afecto a las Fuerzas Armadas de la Nación y estimularemos que millones de ciudadanos concurran a asistirlas” 857. Al día siguiente, desde Valledupar, lanzó el Plan Meteoro, que tenía…
p. 775
42Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 1821 cita
[47]las dos administraciones de Álvaro Página 182 Uribe se deben en gran parte al proceso de modernización y trasformación que él inició en 1999, aunque otros opinan que estos logros se deben exclusivamente a la administración Uribe. Aquí la respuesta es que fue un proceso de transformación del aparato militar que si bien…
p. 182
43Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 160, 1682 citas
[49]de los políticos, incluidos los de la coalición centro-izquierdista del Polo De mocrático que, en la campaña electoral del 2005-2006 ni mencionó el tema que, claro está, descubrió poco después.39 Contra el Caguán En las elecciones del 26 de mayo de 2002 Alvaro Uribe Vélez ganó la presi dencia de Colombia. Había…
p. 160
[50]plataforma de cien puntos, tópicos de campaña electoral de un político profesional: contra la corrupción, el despilfarro del sector público, la ineficiencia administrativa y los rigores sociales que padecen los pobres como efecto de políticas neolibe- rales y por una Colombia sin guerrillas ni paramilitares. La…
p. 168
44No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4291 cita
[51]dijo que uno de los obstáculos para haber llegado a un acuerdo era que Pastrana no tenía el poder. Eso cambió radicalmente con la llegada de Álvaro Uribe a la Presidencia (2002-2006). Uribe ganó con 54 % de los votos en primera vuelta y mantuvo un alto índice de favorabilidad que osciló entre el 63 % y el 85 % durante…
p. 429
45«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 381 cita
[52]mayor parte de los homicidios de civiles. Sin embargo, especialmente a partir del comienzo del proceso de desmovilización de los paramilitares en 2003, han aumentado los informes de ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo directamente por las fuerzas de seguridad. En 2007 se tuvo noticia de alrededor de 330…
p. 38
46Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 2001 cita
[53]y luego lo viste, los rotos del uniforme no van a coincidir con el disparo que tiene». O el primer ejemplo que el instructor pone: si tienen un problema y un campesino resultó muerto, pues hagan esto como para no tener problemas. Entonces ellos hablaban de que muchas veces, si uno andaba con su tropa y... no sé... Es…
p. 200
47"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 951 cita
[55]a llevar sus historias. Como se muestra abajo, la cobertura en los medios de ejecuciones extrajudiciales creció exponencialmente en los 12 meses siguientes a las revelaciones sobre el caso de Soacha. 223 Observatorio de derechos humanos y derecho humanitario de la Coordinación Colombia– Europa–Estados Unidos:…
p. 95
48Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 2581 cita
[56]bien la Fiscalía General de la Nación no había establecido si la muerte de los jóvenes se había dado efectivamente en un enfrentamiento, de seguro que habían sido reclutados con fines cri- minales y que habían salido de sus casas con propósitos delincuenciales y no de trabajar y recoger café”. Las declaraciones del…
p. 258
49Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 4061 cita
[57]de ejecuciones extrajudiciales de civiles atri- buidas a las II y VII Divisiones del Ejército Nacional, a raíz de las graves denuncias sobre los “falsos positivos” de los municipios de Soacha (Cundinamarca) y Ocaña (Norte de Santander). Ver igualmente: Comunicado No. 191 de la Presidencia de la Republica, de 29 de…
p. 406
50Granada: Memorias de guerra, resistencia y reconstrucciónMarta Inés Villa Martínez, Laura Cartagena Benítez, Fernando Valencia Rivera · 2016 · p. 1921 cita
[58]de los casos reportados en el oriente antioqueño fueron atribuidos a esa unidad militar (41 víctimas). Le sigue el Batallón de Caballería Mecanizada n° 4 “Juan del Corral” (GMJCO) con 21 casos reportados. A la Unidad Bombarda 1 al mando del subteniente Andrés Mauricio Rosero Bravo se le imputan 4 de los 35 casos…
p. 192
51Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 71 cita
[59]donde las fuerzas armadas y los grupos ilegales se disputan cuadra a cuadra el territorio. O los desplazamientos masivos de la gente negra de Tumaco, Jiguamiandó, Curvaradó, Guapi o el río Naya, que ahora pide limosna en los semáforos de Bogotá o Medellín, con la timidez de quien estaba acostumbrado a tener una tierra…
p. 7
52Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 551 cita
[60]pusieron pre so» 135. Sofía, oriunda de Buenaventura, aludió a la presencia de los prejuicios y discriminaciones racistas: «Es que nosotras sabemos que, al tener un puerto, a la ciudad llegan personas de fuera del país y ellos traen su prototipo de mujer. Nos han vendido la idea de que la mujer negra es la más…
p. 55
53Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5801 cita
[61]es la siguiente: para uno llegar a ser visto de otra manera hay que demostrar que uno tiene capacidades, que uno es capaz, toca prepararse. Por eso estamos aquí en Bogotá. Para prepararnos y ser 14 A pesar de que las tasas de asistencia escolar del Chocó son más bajas que las nacionales, la educación es altamente…
p. 580
54Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 2561 cita
[63]55 que ordena la misma Asam- blea Constituyente. Cuadro 2: modelo logístico para las respuestas a la pregunta étnica del censo Variables: Grad. Lib. Chi -cuadrado Probabilidad INTERCEPT 1 0.41 0.5237 SEXO 1 80.08 0.0000 EDADY 2 209.26 0.0000 NlVEDUY 5 1294.58 0.0000 SOCIOCUP 16 6693.06 0.0000 T AMLOCAL 4 5052.80…
p. 256
55Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 511 cita
[64]Palenquero); Raizal are the people who have inhabited the islands of San Andrés and Providencia in the Caribbean. These statistics show how individuals who answered the census self- identified, not what a government official perceived while taking down information. We therefore have close to 14 percent of Colombians…
p. 51
56Vivir sabroso. Luchas y movimientos afroatrateños en Bojayá, Chocó, ColombiaNatalia Quiceno Toro · p. 951 cita
[66]Bojayá, Chocó, Colombia Manejar la relación FOUSFSÎPTZQBSJFOUFTIBQFSNJUJEPRVF$PDPNBDJBTJHB SFTJTUJFOEP QFTFBMBTBNFOB[BTFJODVSTJPOFTEFOVFWPTBDUPSFTFOFMQBOPSBNB QPMÎUJDPMPDBM/FWBMEPBđSNBRVFMBFTUSBUFHJBEJTFÒBEBQBSBBSUJDVMBSFMUFSSJUPSJP DPMFDUJWPTFJOTQJSÓFOMBTGPSNBTEFSFMBDJÓOFOUSFQBSJFOUFTFOFM.FEJP"USBUP es decir,…
p. 95
57El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1482 citas
[67]Nacional e Internacional (GONI) que reemplazó al G 3 en sus actividades (Gallón, 2013). 149 Víctimas y organizaciones de derechos humanos en busca de incidir en la satisfacción del derecho a la justicia y la implementación de un modelo de justicia transicional (2005–2012) de actividades “ofensivas” contra las personas…
p. 148
[68]Nacional e Internacional (GONI) que reemplazó al G 3 en sus actividades (Gallón, 2013). 149 Víctimas y organizaciones de derechos humanos en busca de incidir en la satisfacción del derecho a la justicia y la implementación de un modelo de justicia transicional (2005–2012) de actividades “ofensivas” contra las personas…
p. 148
58Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1131 cita
[69]crímenes de sus hermanos y primos, eran rápidamente desmentidos desde la Casa de Nariño, ridiculizando a los bien documentados acusadores y tratándolos de terroristas o pertenecientes a la guerrilla, en muchas de las veces, por el propio mandatario, peligrosa acusación que gene-raba un eco, el cual era retomado por la…
p. 113
59Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1131 cita
[70]crímenes de sus hermanos y primos, eran rápidamente desmentidos desde la Casa de Nariño, ridiculizando a los bien documentados acusadores y tratándolos de terroristas o pertenecientes a la guerrilla, en muchas de las veces, por el propio mandatario, peligrosa acusación que gene-raba un eco, el cual era retomado por la…
p. 113
60Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 1882 citas
[71]bore responsibility for the wiretaps is one based on circumstantial evidence related to the governing style of Álvaro Uribe Vélez and to the structure of the Colombian government. As I ar- gued in my book on Uribe’s first term, he was a micromanager. 81 Although in his memoirs, Uribe is reluctant to use the term he…
p. 188
[72]bore responsibility for the wiretaps is one based on circumstantial evidence related to the governing style of Álvaro Uribe Vélez and to the structure of the Colombian government. As I ar- gued in my book on Uribe’s first term, he was a micromanager. 81 Although in his memoirs, Uribe is reluctant to use the term he…
p. 188
61Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 4471 cita
[73]se orientaron principalmente contra los líderes y lideresas sociales reclamantes de tierras, a ma - nera de amenazas escritas, persecución, hostigamiento y asesinatos. En un panfleto firmado por el Bloque Capital de las ‘Águi - las Negras’ fueron amenazadas más de 30 organizaciones de derechos humanos, entre ellas…
p. 447