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Biografía

Zulia Mena García

Constitución de 1991

16 min de lectura31 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoSin fecha registrada
RolesLideresa y activista étnico-territorial afrocolombiana · Comisionada de las comunidades negras en las mesas de concertación para la Ley 70 de 1993
Lugar principalColombia
Período históricoConstitución de 19911991–2002
03

La biografía

Zulia Mena García es la lideresa afrocolombiana que, sin haber tenido asiento en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, empujó desde el Chocó el cabildeo que se tradujo en el Artículo Transitorio 55 de la nueva Constitución y, dos años después, en la Ley 70 de 1993, la llamada Ley de Comunidades Negras. Con esa credencial acumulada en la organización campesina del Atrato llegó a la Cámara de Representantes por circunscripción especial de comunidades negras entre 1994 y 1998, ejerció luego la alcaldía de Quibdó y, más tarde, el viceministerio de Cultura en el gobierno de Juan Manuel Santos, bajo la ministra Mariana Garcés Córdoba. Su trayectoria condensa, mejor que la de casi ningún otro nombre de su generación, el tránsito del activismo étnico-territorial de base al ejercicio institucional del Estado colombiano, con las conquistas y los estrechamientos que ese tránsito trajo consigo.

02

Línea de vida

  1. 1970

    Llegada al Chocó y formación en la Iglesia

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    Siendo niña de aproximadamente nueve o diez años, llegó de Cali a Condoto, en la región del San Juan, y se integró a las redes pastorales y comunitarias de la Iglesia católica, espacio formativo de casi toda la generación de activistas negros del Pacífico.

  2. 1982

    Articulación con las organizaciones campesinas del Atrato

    Leer contexto

    Participó en el tejido organizativo del Medio y Bajo Atrato, vinculándose a procesos como la ACIA (Asociación Campesina Integral del Atrato), referente central para la posterior Ley 70, en un momento en que las organizaciones campesinas negras comenzaban su viraje hacia reivindicaciones étnico-territoriales.

  3. 1991

    Cabildeo en la Asamblea Nacional Constituyente

    Leer contexto

    Sin representación directa en la Asamblea, lideró junto a otros activistas afrocolombianos el lobby intenso sobre los constituyentes que resultó en la adopción del Artículo Transitorio 55, primer reconocimiento jurídico de la población afrocolombiana como sujeto de derechos colectivos en la historia republicana de Colombia.

  4. 1993

    Participación decisiva en la construcción de la Ley 70

    Leer contexto

    Como comisionada de las comunidades negras en las mesas de concertación con el Gobierno y el Legislativo, contribuyó a redactar la Ley 70 de 1993 —Ley de Comunidades Negras, 8 capítulos y 68 artículos—, que reconoció el derecho de propiedad colectiva sobre territorios ancestrales y estableció mecanismos de protección de la identidad étnica afrocolombiana.

  5. 1994

    Elección como representante a la Cámara

    Leer contexto

    Fue elegida representante a la Cámara por la circunscripción especial de comunidades negras creada por la propia Ley 70, convirtiéndose en una de las primeras personas en ocupar esos escaños reservados; ejerció el cargo hasta 1998.

  6. 2000

    Alcaldía de Quibdó

    Leer contexto

    Ejerció la alcaldía de Quibdó, capital del Chocó, trasladando su trayectoria de activismo étnico-territorial al gobierno local del departamento que la había formado políticamente.

  7. 2010

    Viceministra de Cultura

    Leer contexto

    Fue designada viceministra de Cultura en el gobierno de Juan Manuel Santos, bajo la ministra Mariana Garcés Córdoba, consolidando el tránsito de su trayectoria desde el activismo de base hasta el ejercicio institucional del Estado colombiano.

La niña de Cali que reconoció al Chocó

Zulia Mena no nació en el Chocó. Llegó a Condoto, en la región del San Juan, cuando tenía nueve o diez años, procedente de Cali, con la percepción negativa del departamento que su entorno urbano le había inculcado: el Chocó como sinónimo de atraso, humedad y aislamiento. Fue una niña de ciudad depositada en uno de los territorios con menor integración socioeconómica al resto del país, marcado por la alta pluviosidad, los ríos como corredores de vida y una demografía mayoritariamente afrodescendiente e indígena que arrastraba, ya desde el siglo XIX, una relación descrita por observadores contemporáneos como de amo a sirviente frente a una élite blanca que, siendo menos del 10% de la población, dominaba la política regional.

El desencuentro se deshizo por una vía inesperada. Sus padres tenían la costumbre de leerles a los hijos cuentos sobre el pueblo más hermoso del mundo, imágenes que la niña asociaba a Europa, a Italia quizá, a cualquier lugar menos al Chocó al que la llevaban. Al llegar reconoció, sin embargo, la belleza descrita en aquellas lecturas: los ríos, la selva, la manera de estar de la gente. Ese giro biográfico —dejar de ver el Chocó como castigo para verlo como paisaje propio— fue la primera de las conversiones que ordenarían su vida.

El contexto que la recibió no era el del Chocó inmóvil de los estereotipos. Desde los años treinta, el movimiento liderado por Diego Luis Córdoba bajo la bandera de Acción Democrática había desafiado el monopolio blanco sobre la política regional, reclamando igualdad y justicia social para la mayoría negra. Cuando Mena creció, la educación formal era ya el vehículo por excelencia de ascenso social del chocoano: en los años setenta el departamento llegó a proveer maestros al resto del país, pese a que sus propias tasas de asistencia escolar quedaban por debajo del promedio nacional. Ser educado, para un joven negro del Atrato o del San Juan, era una manera de disputar el lugar que la historia le había asignado.

La formación en la Iglesia y las cuencas del Atrato

La entrada de Zulia Mena al activismo ocurrió por la puerta que abrió a casi todos los cuadros de su generación: la Iglesia católica. En el Pacífico colombiano de los años setenta y ochenta, la mayoría de los líderes que después conformarían las organizaciones campesinas negras dieron sus primeros pasos políticos en parroquias, catequesis y grupos juveniles vinculados al trabajo pastoral. Figuras como el padre Emigdio, el padre Sterling y la hermana Aida operaron como formadores y como articuladores; la propia hermana Aida participó en la fundación de la Asociación Campesina del San Juan (ACADESAN) y reconoció después que fue la Iglesia la que aportó el financiamiento inicial sin el cual esas asociaciones no habrían podido crecer. En Buenaventura, monseñor Gerardo Valencia Cano había impulsado años antes la organización de pescadores y la primera cooperativa pesquera del Pacífico, en el Muro Yusti.

Mena se formó en esa red y con el tiempo se distanció de la Iglesia como matriz, aunque conservó su método: la conversación paciente en las comunidades, la pedagogía puerta a puerta, la construcción de organización desde abajo. En el Medio Atrato, ese trabajo confluyó en la Asociación Campesina Integral del Atrato (ACIA), reconocida más tarde como el proceso piloto y referente central para la construcción de la Ley 70. Otras asociaciones tejían la misma trama en paralelo: la Organización Campesina del Bajo Atrato (OCABA), nacida en 1982 por iniciativa de unos ochenta campesinos afrodescendientes y mestizos preocupados por la explotación irracional de los recursos naturales del bajo Atrato; ACADESAN en el San Juan; y una constelación de organizaciones de base en las cuencas fluviales de Buenaventura: Oncaproteca, Onuira, Aconur, Codinca, Aponury, Mina Vieja en el Mallorquín, la Organización del río Naya.

En sus primeros años, ninguna de estas asociaciones se pensaba a sí misma en clave étnico-racial. Eran organizaciones campesinas que peleaban por tierra, agua, monte, precios de los productos, defensa frente a la explotación minera y maderera. El viraje hacia lo étnico fue gradual y ocurrió a mediados de los años ochenta, cuando activistas negros con formación universitaria y origen rural rompieron con la lucha urbana por la igualdad racial —la que sostenían en ciudades como Cali, Pereira o Cartagena colectivos como Cimarrón, animado por Juan de Dios Mosquera, o el Círculo de Estudios Afrocolombianos Soweto— para volver a sus comunidades de origen y comprometerse con la defensa territorial frente al avance de actores capitalistas. Ese reencuentro entre intelectualidad urbana afrodescendiente y campesinado ribereño fue el crisol del que salió, años después, el Proceso de Comunidades Negras (PCN), con figuras como Carlos Rosero y Libia Rosario Grueso.

La creación del Parque Nacional Natural Los Katíos, mediante el Acuerdo 037 del 10 de septiembre de 1973, había significado el desalojo de 750 familias mestizas, negras e indígenas del bajo Atrato en inmediaciones del río Cacarica. Ese despojo, sumado a la formación política que el Partido Comunista y las Juventudes Comunistas venían impartiendo a las juntas de acción comunal de colonos del bajo Atrato desde 1974, dejó al Chocó rural en una situación paradójica: territorios habitados durante siglos por comunidades negras carecían de cualquier reconocimiento jurídico y, al mismo tiempo, comenzaban a existir cuadros locales capaces de nombrarlo como problema político.

El cabildeo sin curul: la construcción del Artículo Transitorio 55

Cuando el gobierno de César Gaviria convocó la Asamblea Nacional Constituyente que sesionó en 1991, las comunidades afrocolombianas se encontraron ante un umbral y ante un límite. El umbral: por primera vez, el país iba a rediscutir sus fundamentos, después de más de un siglo bajo la Constitución de 1886 que había sostenido un sistema centralizado y asimilacionista, cristalizado en cuerpos normativos como la ley de 1890 sobre la manera de gobernar a los salvajes que se redujeran a la vida civilizada. El límite: ningún constituyente afrocolombiano logró ser elegido. Mientras los pueblos indígenas obtuvieron representación directa y contribuyeron a definir buena parte del articulado que los reconocía como sujetos colectivos —con dos escaños senatoriales garantizados en el nuevo Senado—, las comunidades negras quedaron sin voz propia en el recinto.

Sin escaño, quedaba el pasillo. Y ese pasillo lo trabajó Zulia Mena como pocos. En los meses previos y durante las sesiones, líderes afrocolombianos ejercieron un lobby intenso sobre los constituyentes, respaldados por la movilización de las organizaciones de base del Pacífico y por el trabajo previo de discusión política estimulado por algunas ONG, que había orientado a los núcleos juveniles urbanos —los que después conformarían el PCN— hacia un discurso étnico-territorial articulado en torno a derechos culturales y de tierra. En las cuencas fluviales de Buenaventura, en el Atrato, en el San Juan, en el norte del Cauca, las asambleas comunitarias produjeron documentos, propuestas y presiones que llegaron a Bogotá.

El resultado fue el Artículo Transitorio 55: la Asamblea, en respuesta al cabildeo de líderes que no la habían podido integrar, ordenó al Congreso expedir, dentro de los dos años siguientes a la entrada en vigencia de la nueva Constitución, una ley que reconociera a las comunidades negras el derecho de propiedad colectiva sobre tierras baldías ocupadas en zonas rurales ribereñas de los ríos de la cuenca del Pacífico, conforme a sus prácticas tradicionales de producción. Ese artículo constituyó el primer reconocimiento jurídico de la población afrocolombiana como sujeto de derechos colectivos en toda la historia republicana del país.

También fijó, en el mismo movimiento, sus fronteras. Definir a los beneficiarios en términos geográficos —Pacífico, ribera, baldíos— dejaba fuera a las comunidades negras urbanas, a las del Caribe y a las de los valles interandinos, incluidas las del norte del Cauca que habían participado activamente en la movilización preconstituyente buscando ser incluidas. El reconocimiento existió, pero ya venía con un perímetro dibujado desde arriba.

Del artículo transitorio a la Ley 70

Los dos años que el Artículo Transitorio 55 dio al Congreso para expedir la ley reglamentaria fueron el escenario donde Zulia Mena se consolidó como interlocutora nacional. Como comisionada de las comunidades negras en las mesas de concertación con el gobierno y con el Legislativo, participó en la construcción de un texto que las organizaciones querían ver ampliado más allá del corsé geográfico del transitorio. Los comisionados usaban indistintamente los términos etnia negra y comunidades negras, precisamente para forzar una lectura que cubriera a todos los afrocolombianos, rurales y urbanos, del Pacífico y de otras regiones.

La negociación no fue simétrica. El Gobierno nacional llegó a la mesa con una comprensión de las comunidades negras centrada en la pobreza y en el desarrollo social; las organizaciones llevaron una noción distinta, culturalmente anclada, que hacía del territorio no un recurso económico sino la condición material de la identidad. Ese desplazamiento —de la pobreza al arraigo territorial como categoría política— resultó novedoso para el Ejecutivo y obligó a un aprendizaje sobre la marcha. La ACIA, con su experiencia acumulada de manejo colectivo del Medio Atrato, funcionó como referencia empírica: mostraba, con hechos, que había una forma comunitaria de habitar el bosque húmedo tropical que el derecho colombiano nunca había sabido nombrar.

La Ley 70 fue sancionada en 1993. Tiene ocho capítulos y sesenta y ocho artículos. Los cinco primeros se ocupan de la delimitación, constitución y manejo de los territorios colectivos en el Pacífico; los tres restantes abordan derechos, identidad cultural y desarrollo económico y social de las comunidades negras en términos más generales, e incluyen el mandato al Estado de apoyar la identidad cultural y reformar los currículos educativos para incorporar la historia y la cultura afrocolombianas. Su reglamentación operativa llegaría con el Decreto 1745 de 1995, que fijó requisitos y procedimientos para la titulación colectiva y exigió la constitución de consejos comunitarios como autoridad administrativa de las comunidades tituladas.

La ley fue, a la vez, el mayor logro del activismo afrocolombiano del siglo XX y el marco que fijó sus límites. Concentró la mayor parte de su articulado en los territorios rurales del Pacífico y dejó en un plano más declarativo lo relativo a las comunidades urbanas, del Caribe y del interior. La titulación colectiva prevista funcionó bien en el Chocó, en Nariño y en el Cauca costero; encontró obstáculos serios en la Costa Caribe y en los valles interandinos, donde las condiciones históricas de ocupación no encajaban en la plantilla ribereña que la norma tomaba como referencia. En el norte del Cauca, pese a la movilización sostenida de las organizaciones locales, la ley no permitió titular territorios para sus poblados, y las comunidades tuvieron que desarrollar interpretaciones creativas para hacerla extensiva a su realidad. Palenque —la organización étnico-territorial que operaba en el sur del Pacífico y en el Caribe— asumió, junto con la Iglesia, la tarea de socializar la Ley 70 entre las comunidades ribereñas de Nariño, en un trabajo pedagógico que continuaba el que la hermana Yolanda había hecho antes navegando caños y lagunas con una cartilla escrita por ella misma para llevar la nueva legislación hasta las aldeas más apartadas.

Tras la sanción de la ley, el paisaje organizativo cambió. Surgieron numerosas organizaciones étnico-territoriales y étnico-culturales que antes no existían, y la ley se convirtió en el eje ordenador de los esfuerzos organizativos: los consejos comunitarios, las juntas directivas, las instancias de participación previstas para las comunidades en organismos oficiales y en procedimientos de planeación se multiplicaron. La identidad étnica que la Constitución había reconocido no fue simplemente despertada por la ley; fue en buena medida construida por ella, con el impulso de las ONG, los sectores de la Iglesia comprometidos con el proceso y los activistas universitarios que habían adoptado el paradigma reivindicativo del movimiento indígena como matriz de referencia.

La Cámara: 1994-1998

Con el capital político acumulado en el proceso constituyente y en la construcción de la Ley 70, Zulia Mena dio el paso electoral. En 1994 fue elegida representante a la Cámara por la circunscripción especial de comunidades negras que la propia ley había creado, y ejerció como congresista hasta 1998. Fue una de las primeras dos personas en ocupar esos escaños reservados, en un ejercicio inaugural de representación étnica formal para los afrocolombianos en la historia del Congreso de la República.

Su paso por el Legislativo tuvo un doble filo, y merece decirse sin adornos. Por un lado, permitió llevar al recinto una voz que hasta entonces solo había hablado desde afuera, y sostener desde adentro los desarrollos reglamentarios de la ley que ella misma había ayudado a construir: la titulación colectiva empezó a materializarse durante esos años en cabeceras del Atrato y en el Pacífico sur, y algunas titulaciones posteriormente célebres —como las de Curvaradó y Jiguamiandó— se inscribieron en ese ciclo inicial. Por otro, la circunscripción especial mostró rápidamente sus tensiones internas: la representatividad de dos escaños frente a una población afrocolombiana dispersa, diversa y desigual entre lo rural y lo urbano; la presión de la maquinaria política regional chocoana, con sus lógicas clientelares heredadas; la dificultad de sostener una agenda étnico-territorial nacional desde una plataforma diseñada para una circunscripción rural del Pacífico.

En esos mismos años, otras figuras afrocolombianas construían liderazgo por vías paralelas. Piedad Córdoba —chocoana también, aunque de trayectoria distinta— consolidaba su carrera en el Partido Liberal y ganaba visibilidad nacional desde el Senado. Juan de Dios Mosquera continuaba desde Cimarrón el trabajo de conciencia racial en las ciudades. Carlos Rosero y Libia Rosario Grueso articulaban el Proceso de Comunidades Negras como plataforma de coordinación de las organizaciones étnico-territoriales. Saturnino Moreno y Jesús Alberto Flórez López habían acompañado desde distintos frentes la maduración de las organizaciones campesinas del Atrato. Mena se movía entre esos mundos, con una legitimidad de base que pocos podían disputarle, pero también con las presiones que un cargo electoral imponía.

La red y los referentes

La trayectoria de Zulia Mena no se explica sin la constelación de nombres, lugares y linajes intelectuales sobre los que se apoyó y a los que a su vez alimentó. El Chocó le dio la tradición política de Diego Luis Córdoba y la memoria de las primeras conquistas de la mayoría negra sobre la élite blanca regional. La antropología y la literatura afrocolombianas le dieron un vocabulario: Rogerio Velásquez, con su trabajo pionero sobre la cultura negra del Pacífico, y Manuel Zapata Olivella, con su obra narrativa y ensayística que había sostenido durante décadas la idea de una identidad afrocolombiana con espesor histórico. La Iglesia comprometida con las comunidades del Pacífico —desde monseñor Valencia Cano en Buenaventura hasta las figuras locales del Atrato— le proporcionó la primera plataforma organizativa y la ética pastoral que se decantó, en su caso, en un método político.

El territorio fue su otra columna. Quibdó, la capital departamental, funcionó como base operativa; el río Atrato y sus caños, como circulación real de las comunidades con las que trabajó; el conjunto del Pacífico colombiano, desde el Darién hasta la frontera con Ecuador, como horizonte de la agenda étnico-territorial que la Ley 70 institucionalizó. Bogotá fue el escenario del cabildeo constituyente y del ejercicio congresional; Cartagena y el Caribe negro, el recordatorio permanente de lo que la ley había dejado en el margen; Buenaventura y las cuencas de sus ríos, el corazón organizativo que sostenía cualquier reclamo con densidad de base.

Y estuvo, como en toda vida pública colombiana de fin de siglo, la sombra del conflicto armado. Los años en que Mena entraba al Congreso fueron también los años en que la guerra empezaba a colonizar el Pacífico: los grupos legales e ilegales, los intereses agroindustriales y mineros, los cultivos ilícitos y los proyectos extractivos convirtieron los territorios recién titulados en objeto de disputa violenta. La titulación colectiva de millones de hectáreas que la Ley 70 hizo posible durante la década siguiente coexistió con desplazamientos masivos, masacres y despojos sobre esas mismas tierras. El reconocimiento constitucional de la diversidad étnica y la protección de las minorías, que la Carta de 1991 había convertido en principio, se enfrentó desde muy temprano a lógicas estatales absentistas e intervencionistas que no garantizaron su realización plena.

La huella y la disputa

Después del Congreso, Zulia Mena continuó su carrera pública. Fue alcaldesa de Quibdó, cargo desde el cual llevó al gobierno local de la capital chocoana la trayectoria acumulada en la organización comunitaria y en el Legislativo, con las tensiones propias de administrar una ciudad marcada por la pobreza estructural, la debilidad fiscal y la creciente presión del conflicto sobre el departamento. Más tarde, bajo la presidencia de Juan Manuel Santos, ocupó el viceministerio de Cultura durante la gestión de Mariana Garcés Córdoba, presencia que quedó documentada en publicaciones oficiales del Ministerio como Con Nombre Propio, del período 2017-2018. Ese ciclo institucional posterior extendió su influencia, pero también la desplazó del terreno organizativo donde había construido su autoridad original.

Leída en conjunto, la vida pública de Zulia Mena admite al menos dos interpretaciones que conviven sin cancelarse. La primera la lee como una historia de agencia política inédita: una mujer negra chocoana, formada en las organizaciones campesinas del Atrato, que forzó desde fuera del recinto constituyente una arquitectura jurídica sin precedentes en América Latina, y que hizo pasar por el Congreso los primeros años de vigencia de esa arquitectura sosteniendo la voz de las comunidades. En esta lectura, Mena es la prueba de que la agencia política afrocolombiana precedía y excedía cualquier concesión estatal, y que la Ley 70 no fue un regalo del régimen del 91 sino la conquista de un movimiento con décadas de acumulación.

La segunda lectura, más incómoda, ve en el mismo arco un caso de captura institucional gradual. El tránsito de lideresa comunitaria a congresista, alcaldesa y viceministra no habría ampliado el proyecto étnico-territorial sino que lo habría subordinado a la lógica de la maquinaria política regional chocoana y a los ciclos electorales, reproduciendo en clave afrocolombiana el mismo patrón de élite intermediaria que Diego Luis Córdoba había inaugurado en los años treinta: cuadros negros formados en las bases que, al acceder al Estado, terminan operando dentro de las reglas del sistema que originalmente disputaban. Una tercera lectura, estructural, iría más lejos y sostendría que el AT-55 y la Ley 70 fueron respuestas funcionales del Estado colombiano para gestionar la diversidad sin redistribuir poder económico real: al reconocer derechos colectivos sobre territorios rurales del Pacífico, el multiculturalismo de 1991 ofreció titulación simbólica mientras el conflicto armado y los intereses agroindustriales, mineros y madereros seguían desplazando a las mismas comunidades que la ley pretendía proteger.

Ninguna de esas lecturas cancela a las otras, y probablemente la comprensión más justa de Zulia Mena requiere sostenerlas al mismo tiempo. Fue agencia real y fue agencia estructuralmente condicionada. Forzó una ley que el Estado no habría escrito por su cuenta, pero la escribió en un marco étnico-territorial que el propio Estado y sus aliados institucionales —ONG, cooperación internacional, sectores de la Iglesia, activismo universitario formado en el paradigma indígena— ayudaron a definir. Consiguió que el Chocó ribereño existiera jurídicamente por primera vez, pero al precio de dejar en el margen a las comunidades urbanas, caribeñas e interioranas que también se reconocían como negras. Pasó del río al Congreso y del Congreso al Ministerio, y en cada paso ganó capacidad de incidencia y perdió proximidad con la base que la había hecho posible.

Lo que queda, treinta años después de la sanción de la Ley 70, es una arquitectura jurídica que sigue siendo la principal herramienta de defensa territorial de las comunidades negras colombianas, y una biografía —la suya— que sirve para entender cómo se construyó esa arquitectura y a qué costo. En un país donde la representación política de los afrocolombianos sigue siendo precaria, donde los territorios titulados colectivamente son escenario permanente de violencia y donde la agenda étnica se disputa entre organizaciones de base, partidos tradicionales y funcionarios de turno, la trayectoria de Zulia Mena García es a la vez un logro por celebrar y un mapa de las tensiones sin resolver que la Constitución de 1991 le dejó a Colombia.

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Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

31 documentos · 38 fragmentos
01Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · Página 4301 cita
[1]

nueve o diez años cuando llegué al Chocó. Venía de Cali, era una niña de ciudad, y tenía la percepción de que el Chocó era una cosa horrible, fea. Así me lo hacían creer. Cada vez que nos acostábamos, mi papá y mi mamá nos leían unos cuentos sobre el pueblo más hermoso del mundo, y yo pensaba que eso era en Europa, en…

p. 430
02De quebradores y cumplidores: Sobre hombres, masculinidades y relaciones de género en ColombiaMara Viveros Vigoya · 2002 · Páginas 130, 1502 citas
[2]

capital del departamento del Chocó, uno de los de- partamentos menos conocidos para la mayoría de los colombianos debido a su débil integración socioeconómica con el resto del país, a su aislamiento geográfico, sus particularidades ecológicas (ser una de las regiones más lluviosas de la Tierra), los estereotipos…

p. 130
[5]

por corresponder a sus expectativas como proveedores económicos. Así lo ilustra este comentario: "Ellos [los padres] se ganaron la obediencia de los hijos con el cumplimiento de sus obligaciones: darle a uno lo que necesitaba. En mi hogar era así. 148 • MARÁ VIVEROS VIGOYA Mi papá imprimía respeto por eso". Lo que sí…

p. 150
03Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 5801 cita
[3]

es la siguiente: para uno llegar a ser visto de otra manera hay que demostrar que uno tiene capacidades, que uno es capaz, toca prepararse. Por eso estamos aquí en Bogotá. Para prepararnos y ser 14 A pesar de que las tasas de asistencia escolar del Chocó son más bajas que las nacionales, la educación es altamente…

p. 580
04Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · Página 2401 cita
[4]

and improper in a true democracy. The color of skin should not merit or demerit a person." 39 With its emphasis on empowering the black population of Chocó, Acción Democrática was an open challenge to the white elite, who constituted less than 10 percent of the population but dominated local and provincial politics…

p. 240
05Becoming Black Political Subjects: Movements and Ethno-Racial Rights in Colombia and BrazilTianna S. Paschel · 2016 · Página 831 cita
[6]

who had been involved in peasant organizations began his or her political trajectory in the Church. This included activists who have since distanced themselves from the Church, like Zulia Mena. The influence of the Church was also obvious because of the involvement of people like Father Emigdio and Father Sterling and…

p. 83
06Rites, Rights & Rhythms: A Genealogy of Musical Meaning in Colombia's Black PacificMichael Birenbaum Quintero · 2019 · Página 2491 cita
[7]

as well as international solidarity with the antiapartheid movement. 51 That is, Afro- Colombian culture was treated less as a mark of cul - tural difference from mainstream Colombian culture than as evidence of a long tradition of black struggle for political equality and as a black contribution to the Colombian…

p. 249
07Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · Páginas 243, 2572 citas
[8]

nuevos actores políticos, entre los que han sido no- torios los movimientos locales por servicios o atención estatal, movimientos por los derechos humanos, movimientos por la res- tauración democrática, movimientos de mujeres, movimientos barriales de solidaridad en la crisis, movimientos cristianos de base,…

p. 243
[25]

se habían apartado del intento de crear una coordinación nacional del movimiento ne- gro, reticentes a ceder autonomía a grupos de activistas de sede urbana pero carentes de representatividad en el seno de las or- ganizaciones de base. En torno al movimiento negro en Colombia i 337 ] La Ley 70 contiene 8 capítulos y…

p. 257
08Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · Página 1121 cita
[9]

los convites e intercambios de trabajo, conocidos como mano cambiada, el trabajo colectivo de mujeres, la con- formación de brigadas para promover el derecho a la salud y la recreación y las juntas de padres de familia. Todo ese proceso comunitario tenía como objetivo organizar actividades para beneficio, integración,…

p. 112
09Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · Páginas 82, 3742 citas
[10]

lantado por monseñor Valencia Cano y por el líder comunitario Manuel Bedoya 129, se comenzaron a consolidar las primeras orga- nizaciones de pescadores en Buenaventura: Hicimos la primera cooperativa pesquera del Pacífico en el Muro Yusti. Íbamos a Punta Soldado y todos esos caseríos los sá- bados. Él [monseñor…

p. 374
[16]

derecho al territorio y la explicitación de una identidad cultural afro desde el modelo de la región rural del Pacífico. Aunque el elemento ra- cial (denuncia de la discriminación) no desaparece si pierde fuerza frente a la reivindicación del derecho a la diferencia y la exigencia de su reconocimiento desde el trípode…

p. 82
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 64, 872 citas
[11]

comenzaron a formar políticamente a las juntas de acción comunal en las comunidades de colonos recién constituidas. Con el apoyo de las Juventudes Comunistas (JUCO), los sindicatos organizaron encuentros y festivales para socializar la agenda agraria del Partido. Esto motivó un crecimiento exponencial en el número de…

p. 64
[12]

crearon en las siete cuencas que conforman el municipio: la Organización Negra Campesina Pro-defensa del río Calima (Oncaproteca), la Organización de Negros Unidos del río Anchicayá (Onuira), la Asociación de Comunidades Negras del río Raposo (Aconur), el Comité de Defensa de los Intereses del río Cajambre (Codinca),…

p. 87
11Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · Páginas 181, 1842 citas
[13]

Tribal Peoples. Together with Law 21 of 1991, Colombia produced the broadest legal setting in the con - tinent to guarantee indigenous rights. 13 Afro-Colombians, in contrast, did not manage to elect a single representative to the Constitutional Assembly; yet, through intense lobbying, Afro-Colombian leaders managed a…

p. 181
[23]

emerged from adaptation and proliferation of communities along the rivers of the Colom - bian Pacific became an important political statement, and a mechanism to broaden the limiting character of Transitory Article 55, which defined the beneficiaries of the law in geographical terms. In the Article, “Black…

p. 184
12Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · Página 161 cita
[14]

            - This page intentionally left blank             In  Colombia adopted a new democratic and pluralistic constitution that recognizes the ethnic and cultural diversity of the coun- try, protects minorities, and acknowledges the existence of Indians in the nation by…

p. 16
13Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · Página 161 cita
[15]

            - This page intentionally left blank             In  Colombia adopted a new democratic and pluralistic constitution that recognizes the ethnic and cultural diversity of the coun- try, protects minorities, and acknowledges the existence of Indians in the nation by…

p. 16
14Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 4971 cita
[17]

devienen en estrategias de legitimación política de la diferencia en la relación y negociación con el Estado y, desde el espacio institucional así configurado, se posibilita la legitimación frente a otros actores sociales y el capital. Así, entonces, la construcción de la cuestión étnica afrocolombiana no sólo implica…

p. 497
15Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · Páginas 116, 3172 citas
[18]

sancione los actos de discriminación racial y que cumpla con los estándares internacionales en la materia. Por otro lado, la legislación que se dirige a la población afrocolombiana intenta de- sarrollar y garantizar los derechos culturales de dicha población y atacar algunos as- pectos puntuales en los que las…

p. 317
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55 de la Constitución Política de 1991 y, posterior- mente, fue desarrollado en la Ley 70 de 1993. Esta última fue reglamentada por el Decreto 1745 de 1995, en lo relativo a los requisitos y procedimientos para la titulación colectiva de los territorios ancestrales en la cuenca del Pacífico y en otras regiones del…

p. 116
16Representaciones y epistemes locales sobre la naturaleza en el Pacífico sur de ColombiaCarlos Enrique Osorio Garcés · 2018 · Página 681 cita
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parque naturales, las tierras comunales de grupos étnicos, las tierras de resguardo, el patrimonio arqueológico de la nación y los demás bienes que determine la ley, son inalienables, imprescriptibles e inembargables. Artículo 70. El estado tiene el deber de promover y fomentar el acceso a la cultura de todos los…

p. 68
17La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · Páginas 57, 612 citas
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de organizaciones sociales a través de los consejos comunitarios, para la protección y utilización sustentable de los recursos naturales (Grueso, 2000). Estos consejos comunitarios son las instancias de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del terri- torio que han ocupado de acuerdo a sus…

p. 57
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consideraron la discusión del uso del territorio en una instancia nacional (Grueso, 2000). Aunque el proceso organizacional de las comunidades presentó diferencias, se logró la articulación de las intenciones y la posterior presentación de las de- mandas al Gobierno central. Es relevante visibilizar que haber…

p. 61
18The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 841 cita
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fully part of Colombians’ sense of their nation after 1991, when activists in the constitutional convention pushed for an article that then, in 1993, became Law 70, the “Law of the Black Communities,” extracted below. Law 70 established the possibility of collective land title for rural Afro-Colombian communities and…

p. 84
19Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · Página 3751 cita
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más intenso y complejo, con la movilización de líderes afrocolombianos y voceros de los intereses de la población negra, para que el Artículo Transitorio 55 (AT. 55), sancionado por la Constituyente, se ratificara como ley de la nación, a través de la Ley 70 o "Ley de Comunidades Negras". Pero como veremos a…

p. 375
20Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · Página 901 cita
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Obapo y la Ocaba. Entonces hacíamos la propuesta y la llevaba a discutir a otros departamentos. Entonces lo que hacían los otros departamentos era anexar algunos conceptos y validar la propuesta que nosotros llevábamos. Porque tampoco allá habían procesos organizativos […] A raíz del 91, del 93, inician a nacer…

p. 90
21Participating in Peace: Violence, Development and Dialogue in ColombiaJefferson Jaramillo-Marín, Luz Mery López-Lizarazo, Adriel Ruiz-Galvan, Matthew Louis Bishop, Juan Mario Díaz-Arévalo, Juan Miguel Kanai, Melanie Lombard, Simon Rushton, Anastasia Shesterinina, Henry Staples, Helen Louise Turton · 2023 · Página 1051 cita
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internally displaced people and communities, Buenaventura maintains strong links with its rural hinterland. This is especially significant in the Pacific, where conceptions of territory are imbricated with Afro- Colombian communities’ histories of place. These have been recognized in law since Colombia’s 1991…

p. 105
22La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · Página 2081 cita
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colectivos y expidió el de Curvaradó, con un área de 46.048 hectáreas, y el de Jiguamiandó, con 54.973 hectáreas." 6. Artículo 1. Capítulo 1. Objeto y Definiciones. Ley 70 de 1993, por e! cual se desarrolla e! artículo transitorio 55 de la Constitución Política. Ver en Cartilla Consecutiva dela Jurisprudencia y Marco…

p. 208
23Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · Página 3731 cita
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Consejo Comunitario Acapa la idea era desarrollar la relación entre liderazgo y Ley 70. En este caso, el objetivo es mirar las generalidades de la forma en que llega la Ley 70 en dos ríos de Nariño y cómo la gente la acoge. 376 Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el Pacífico El proceso de Ley 70 en Nariño,…

p. 373
24Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · Página 11 cita
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DANIEL SAMPER PIZANO c ON NOM b RE PROPIO periodismo DANIEL SAMPER PIZANO c ON NOM b RE PROPIO periodismo Samper Pizano, Daniel, 1945-, autor Con nombre propio / artículos de Daniel Samper Pizano; presentación, Daniel Samper Pizano. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2018. 1 recurso en…

p. 1
25Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · Página 3331 cita
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sin embargo, no tenían tierra, y les vendían su fuerza laboral a las empresas madereras y palmeras o a las camaroneras que llegaron en los años ochenta. O cortaban árboles por su cuenta, o buscaban barequear en algún río donde después de menear la batea un día al rayo del sol podían encontrar un par de pepitas de oro…

p. 333
26Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2641 cita
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y judiciales tales como la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo y el Consejo Superior de la Judicatura. Además, se puso en marcha la acción de tutela, mecanismo de protección de los derechos funda- mentales. Gobiernos posteriores al Frente Nacional EN Proclamación de la Constitución de 1991. En Pese…

p. 264
27Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 1971 cita
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de una manera arbitraria e inconsulta, sembrando la semilla de un gran malestar interno que condujo a la postre a la disolución 251 Con objeto de evitar un vacío legislativo mientras se elegía el nuevo Congreso, se conformó una Comisión Legislativa Especial con 36 miembros (de los cuales, la mi tad podían provenir de…

p. 197
28Herederos del mal. Clanes, mafias y mermelada. Congreso 2014-2018León Valencia, Ariel Ávila Martínez · 2014 · Página 1161 cita
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9 de La U Opci6n 8 9 17 14 3 Ciudadana Aico 1 0 1 0 1 Fundaci6n 2 0 2 1 1 tbano Cien por \ Ciento 2 0 2 2 0 Colombia TOTAL 81 48 129 89 40 Lograron curul 70 de estos candidatos. 33 a Senado y 37 a Camara de Representantes. El siguiente cuadro rpuestra dicha distribucion. Candidatos en Riesgo Electoral electos que…

p. 116
29Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · Página 821 cita
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pude. No me percaté de que alguien dentro del público filmaba la escena. Por ese tiempo, había ocurrido el estallido de una bomba en Bogotá. El noticiero dedicó 29 minutos a desmenuzar esa noticia. En el minuto final, la presentadora dijo: “Mientras los bogotanos sufrían las consecuencias de las bombas, el candidato…

p. 82
30Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · Página 1381 cita
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Camilo. (Ed.) 1994 La política social en los 90: análisis desde la universidad. Bogotá D.C.: Universidad Nacional de Colombia, Departamento de Trabajo Social; Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz - Indepaz -, p. 92. iii. Memorias de la exclusión: Lógicas en tensión en chocó y el medio atrato 139 El Estado…

p. 138
31Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1771 cita
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participado de una manera más directa en sus propios asuntos, lo que se ha traducido en la consolidación de algunas de sus tradiciones más significativas. No menos importante ha sido la titulación colectiva de varios millones de hectáreas a favor de las dos comunidades. Sin embargo, los derechos de las minorías…

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