Idea · Colonia
Palenque
El palenque fue, en la historia colonial de Colombia, la institución política y territorial fundada por esclavizados fugitivos que se organizaron como comunidades armadas, autogobernadas y con economía propia, capaces de negociar con la Corona española su reconocimiento. De esa institución descienden comunidades como San Basilio de Palenque y los derechos territoriales colectivos reconocidos a los afrocolombianos por la Constitución de 1991 y la Ley 70 de 1993.
Trayectoria de una idea
- 1580
Intensificación de la trata negrera y primeras fugas
- 1619
Primer reconocimiento colonial: cimarrones declarados libres
- 1634
Proceso judicial contra el Palenque del Limón
- 1700
Capitulación de San Basilio de Palenque
- 1745
Destrucción del Palenque de El Castigo
- 1770
Palenques menores en los Montes de María y la Matuna
- 1993
Ley 70: resignificación contemporánea del palenque
La lectura
El palenque fue mucho más que un refugio de fugitivos: fue una institución política original que el orden esclavista colonial no pudo destruir del todo y terminó reconociendo por pacto. Su existencia demostró que dentro del mapa imperial existían territorios que la Corona solo podía gobernar mediante negociación, no por la fuerza. La heterogeneidad africana de sus fundadores —mandingas, bambaras, cetres, cotocolíes, gentes del Congo y Angola— se fundió en identidades nuevas, específicamente palenqueras, con lenguas, ritos y formas de gobierno propios. La capitulación de San Basilio a comienzos del siglo XVIII fue el momento en que esa institución alcanzó su forma más acabada: una comunidad negra autogobernada, territorialmente delimitada, con jefatura electa y exclusión de la presencia blanca, reconocida por la misma Corona que había intentado exterminarla. Esa memoria de autonomía conquistada por la fuerza y consolidada por el pacto es la que las comunidades afrocolombianas y el Estado colombiano retomaron, tres siglos después, al construir el andamiaje jurídico de la Ley 70 de 1993.
Palenque es, en la historia de Colombia, el nombre que recibieron los pueblos fundados por esclavizados fugitivos que rompieron con el orden esclavista y se organizaron como comunidades armadas, autogobernadas y territorialmente definidas. Nacido de la fuga individual —el cimarronaje— pero constituido como institución colectiva, el palenque fue durante los siglos XVII y XVIII un poder político real dentro de la Nueva Granada: no una guarida en la selva, sino una forma de vida con capitán propio, economía, ritos, lengua en gestación y capacidad de negociar con la Corona. Cartagena de Indias, principal puerto negrero del Caribe hispánico, fue el eje geográfico de su historia; los Montes de María, los manglares de la costa, las serranías del Patía y las selvas del Pacífico, su geografía tutelar. De aquella institución colonial descienden hoy comunidades como San Basilio de Palenque —cuya lengua y ritual funerario mantienen viva la memoria— y descienden también, por vía de resignificación, los proyectos territoriales que a partir de la Constitución de 1991 y la Ley 70 de 1993 reclamaron para los afrocolombianos derechos colectivos sobre la tierra. Entender el palenque es entender que en la América esclavista existieron, dentro del mapa imperial, territorios que la propia Corona debió reconocer como ingobernables por la fuerza y gobernables solo por pacto.
Qué era un palenque
La palabra viene del cerco de estacas —el palenque— con que estos poblados se fortificaban en terrenos difíciles: montaña, manglar, ciénaga, selva. Pero el término, en su uso neogranadino, terminó nombrando algo más amplio que la empalizada: la comunidad misma de cimarrones que se establecía tras la fuga, elegía un jefe militar y civil, distribuía tareas, cultivaba, pescaba y en algunos casos hostigaba haciendas vecinas o comerciaba con ellas por trueque. Un palenque no era un campamento provisional: era un poblado con vocación de permanencia, con familias, con ritos propios, y con una posición política definida frente al mundo esclavista que lo rodeaba.
Su composición humana era heterogénea desde el origen. Los esclavizados que llegaban a Cartagena procedían de regiones muy distintas de África occidental y central: mandingas del valle del Gambia y del hinterland entre Senegambia y el alto Volta, bambaras del interior senegambiano, cetres de la actual Liberia, cotocolíes del hinterland del golfo de Benín, además de gentes de Guinea, Angola y el Congo. Las patentes que se expedían en Cartagena para los esclavizados destinados a Popayán conservan esas designaciones étnicas —a veces genéricas, a veces precisas— y muestran una población africana fragmentada en lenguas, cultos y memorias distintas. El palenque fue precisamente el lugar donde esa dispersión de orígenes se fundió, con el tiempo, en una identidad nueva: no africana en sentido estricto ni criolla en el sentido colonial, sino específicamente palenquera.
La institución tenía tres pilares. Primero, la defensa: hombres armados, empalizadas, vigías y un conocimiento del terreno que convertía cada expedición punitiva en un desastre para los perseguidores. Segundo, la subsistencia: pesca en los manglares, cultivos de ñame, arroz y yuca, cría de ganado menor y, en algunos casos, intercambio con vecinos indios o campesinos pobres. Tercero, el gobierno: un capitán —a veces llamado rey por los propios palenqueros y por sus enemigos— que concentraba el mando militar y la representación política, rodeado de un consejo informal de mayores. Esa tríada —defensa, subsistencia, gobierno— es lo que permite hablar del palenque no como refugio sino como institución.
Los orígenes: trata, muerte y fuga
El palenque no se explica sin la trata negrera que lo hizo necesario. A finales del siglo XVI y comienzos del XVII, el derrumbe demográfico de la población indígena en la costa atlántica neogranadina fue tan rápido que los explotadores españoles se quedaron sin mano de obra para el transporte, la agricultura, las minas y el servicio doméstico. La solución fue intensificar la importación de africanos esclavizados. Cartagena de Indias se consolidó como el gran puerto negrero del Caribe hispánico, junto con Portobello en el istmo panameño; allí los africanos se cambiaban por plata americana, por minerales y por productos agrícolas, en un circuito que articulaba el Atlántico con las minas del interior. Se estima que el número total de esclavizados introducidos en el actual territorio colombiano fue de menos de 120.000, sumando trata legal y contrabando —este último quizás hasta la mitad de las introducciones autorizadas—; del total de unos 200.000 asignados por los cálculos clásicos a la Nueva Granada, Panamá y la Audiencia de Quito, algo más de la mitad correspondería a lo que hoy es Colombia.
La violencia estructural de ese sistema produjo formas extremas de resistencia individual. Muchos africanos se suicidaban en el momento de la captura, en la costa africana, para evitar el embarque. Durante la travesía atlántica los intentos de arrojarse al mar eran tan frecuentes que los negreros colgaban redes alrededor de las embarcaciones. Ya en América, los procesos judiciales conservados registran casos recurrentes de infanticidio y suicidio, en los que los inculpados declaraban haber actuado para librarse a sí mismos o a sus hijos de la esclavitud. Las mujeres esclavizadas, aproximadamente un tercio de la población africana traída, quedaban expuestas al abuso impune de los amos; el proceso de Nóvita —donde se acusaba al administrador Losada de maltrato y de mantener relaciones con esclavas, y donde varios testigos, incluido el cura, aparecían amancebados con negras esclavizadas— muestra hasta qué punto la violencia sexual era parte constitutiva del sistema.
Contra ese fondo de muerte cotidiana, la fuga fue la forma de resistencia con futuro. Un cimarrón solo era un fugitivo; un grupo de cimarrones organizado en un lugar defendible era ya otra cosa: un palenque. La distinción es política.
Los siglos del palenque: del Caribe al Patía
El siglo XVII fue el momento fundacional. En los alrededores de Cartagena, en los Montes de María, en las ciénagas y manglares de la costa, y en la Sierra de Luruaco, se formaron los primeros palenques documentados. El más célebre por su liderazgo fue el que se asoció al nombre de Benkos Biohó —Domingo Bioho para los registros españoles, Rey Benkos para su propia gente—, africano de origen que la memoria popular vincula directamente con la fundación de San Basilio de Palenque, aunque una tradición historiográfica más reservada, siguiendo a Orlando Fals Borda, lo asocia con el palenque de la Matuna. La disputa no es menor: dice que el liderazgo de Biohó fue tan potente que su nombre se adhirió, con el tiempo, a la comunidad palenquera que sobreviviría al orden colonial.
En paralelo funcionó el Palenque del Limón, activo en la primera mitad del siglo XVII. Tuvo momentos de coexistencia pacífica con sus vecinos mediante trueque —una economía de frontera que muestra que la relación palenque-hacienda no era solo militar—, pero los colonos lo acusaron de bandidaje y de rapto de mujeres, y en enero de 1634 se tomaban en Cartagena declaraciones judiciales relacionadas con él. La alternancia entre convivencia comercial y denuncia criminal fue típica: los mismos vecinos que intercambiaban productos con los palenqueros los denunciaban ante las autoridades cuando el trato se rompía.
La respuesta de la Corona osciló entre extremos. Ya en 1619 algunos grupos de cimarrones habían sido declarados libres y se les había facilitado tierra para trabajar: un reconocimiento temprano de que el problema no se resolvía solo por las armas. A fines del siglo XVII, en cambio, las autoridades coloniales llegaron a ordenar el exterminio total de los palenqueros —una orden más retórica que ejecutable, pero indicativa de la frustración militar acumulada tras décadas de expediciones fallidas—. Entre ambos polos —la tierra concedida y el exterminio decretado— transcurrió la política real, hecha de campañas punitivas, treguas locales, delaciones, indultos y, finalmente, capitulaciones.
En el sur, en la difícil serranía del Patía, entre Pasto y Popayán, se formó el palenque de El Castigo, cuyo nombre delataba la carga simbólica que un topónimo podía asumir en un mundo esclavista. El Castigo resistió varios intentos de sometimiento a lo largo de décadas. La Real Audiencia de Quito ensayó varias veces la vía negociada antes de decidirse por la fuerza militar. La expedición armada al mando de Juan Álvarez y Tomás Hurtado lo destruyó en 1745, en una demostración clara de que la negociación era, para la Corona, una opción táctica, no un principio.
En el valle del Cauca la relación entre palenques y haciendas fue predominantemente violenta, con excepciones significativas: en Amaime y El Bolo, en el centro del valle, se documentaron relaciones armónicas entre palenqueros y hacendados vecinos. La política colonial oscilaba también aquí: las autoridades intentaron transformar algunos palenques en poblados formales, movimiento que suponía someterlos al orden administrativo pero también reconocer su existencia, y que chocaba con el poder de los hacendados locales, para quienes cualquier palenque era, ante todo, un imán para sus propios esclavizados.
En el siglo XVIII muchos palenques menores sobrevivieron gracias a la geografía. En los manglares de la Matuna, cerca de Cartagena, y en los repliegues de los Montes de María, pequeños grupos de fugitivos vivían de la pesca y de cultivos menores, y —según describió Antonio de la Torre en la década de 1770— hostigaban haciendas vecinas. Estos palenques no tenían el estatus de comunidad reconocida que consiguió San Basilio, y sobrevivían en el intersticio entre lo ingobernable y lo insignificante.
San Basilio y la capitulación: cuando la Corona pactó
La historia del palenque neogranadino tiene un punto de cristalización política: la capitulación de San Basilio de Palenque, negociada a comienzos del siglo XVIII bajo la intermediación del obispo Casiani. Los palenqueros habían resistido durante décadas repetidas expediciones punitivas enviadas a reducirlos a la esclavitud, causando bajas entre sus perseguidores. La Corona, agotada la vía militar, aceptó negociar.
Las condiciones pactadas dicen mucho, tanto por lo que conceden como por lo que exigen. Los palenqueros obtuvieron el derecho a establecer su población en la falda de la montaña de María, a tres leguas del paso de Gambote; a elegir un capitán propio; y a mantener su comunidad libre de residentes blancos, con la única excepción del cura. A cambio, se comprometieron a no admitir nuevos esclavos fugitivos ni desertores. La estructura del acuerdo es reveladora: la Corona reconocía una comunidad negra autogobernada, territorialmente delimitada, con jefatura propia y con exclusión de la presencia blanca —algo notable en el orden colonial hispanoamericano—, pero convertía a esa misma comunidad en una barrera para el cimarronaje futuro. San Basilio dejaba de ser refugio para pasar a ser frontera.
Ese doble carácter —reconocimiento y contención— define lo que fue el palenque en su forma más lograda. La capitulación no era una concesión de soberanía: era un instrumento de gestión del conflicto. Preservaba la estructura esclavista limitando la expansión de la fuga, y a la vez admitía, de facto, que dentro del territorio de la monarquía existía un enclave donde el poder español no penetraba sino a través del sacerdote. Nada análogo se otorgó a comunidades indígenas de resguardo, que quedaban bajo tutela administrativa española mucho más directa. En términos de autonomía interna, los palenqueros de San Basilio consiguieron un espacio que ni el resguardo ni el pueblo de indios conocían.
La palabra soberanía debe usarse con cuidado. Los palenqueros no acuñaron moneda, ni establecieron relaciones diplomáticas con potencias extranjeras, ni disputaban tributos al rey. Pero gobernaban su territorio, elegían su autoridad, excluían al agente colonial —salvo el sacerdote— y pactaban con la Corona como parte contratante, no como súbditos que reciben mercedes. En el vocabulario político del Antiguo Régimen, esa combinación de facultades definía a una comunidad que negociaba desde una posición de fuerza reconocida.
Que el acuerdo se cumpliera en términos generales durante buena parte del siglo XVIII es lo que hace de San Basilio un caso singular. El hecho de que esclavizados de haciendas vecinas fueran administrados espiritualmente por el sacerdote del palenque sugiere que la coexistencia funcionó: la frontera pactada se sostuvo. Al mismo tiempo, palenques menores como los de la Matuna y los Montes de María siguieron existiendo sin capitulación, en un estatus más precario y sin la legitimidad que San Basilio había conseguido.
El peso de la geografía
Ninguna lectura del palenque puede prescindir de la geografía. Los bosques densos, las montañas escarpadas, los manglares y las ciénagas fueron el factor estructural que hizo posible la resistencia sostenida. Una expedición punitiva española que tardaba semanas en aproximarse a un palenque en la serranía del Patía o en los Montes de María, que perdía hombres por enfermedades tropicales y por emboscadas antes de ver siquiera la empalizada, era una expedición condenada al fracaso repetido. La geografía convertía cada campaña en una operación desproporcionada en costo y modesta en resultado.
Esto explica por qué la Corona terminó negociando allí donde militarmente no podía imponerse, y por qué El Castigo, en cambio, aunque protegido por la serranía del Patía, sí pudo ser derrotado en 1745: la accesibilidad relativa, el estado de fuerzas locales y las prioridades administrativas del momento inclinaban la balanza. San Basilio sobrevivió porque estaba en el terreno correcto, en el momento correcto, con el liderazgo correcto, frente a una Corona agotada. Los palenques del Chocó y del norte del Cauca sobrevivieron —cuando lo hicieron— porque la selva húmeda tropical era, para el aparato militar colonial, un adversario tan formidable como los propios cimarrones.
Reconocer el peso de la geografía no le resta mérito político al palenque: al contrario, muestra hasta qué punto los cimarrones supieron leer el territorio y convertirlo en aliado. Elegir la falda correcta de la montaña, el meandro correcto del manglar, la altura correcta de la serranía, era ya un acto de estrategia. Los palenques no se escondieron en cualquier lugar: se instalaron en los lugares que la geografía convertía en fortaleza.
La vida por dentro
La vida interna del palenque estuvo marcada por un problema demográfico agudo: la desproporción entre hombres y mujeres. En la población esclavizada colonial las mujeres eran aproximadamente un tercio, y esa proporción se reflejaba —seguramente agravada— en los palenques, donde los primeros fugitivos eran mayoritariamente hombres. Richard Price documentó para los palenques americanos en general que ese desequilibrio se resolvía inicialmente mediante normas comunitarias que establecían turnos nocturnos entre los hombres; en algunos casos, los palenqueros incorporaron mujeres mediante alianzas con comunidades indígenas o mediante rapto, práctica que los colonos usaban para denunciarlos como bandidos. La familia palenquera, cuando se consolidó, lo hizo tras esa fase inicial de escasez y tensión.
En San Basilio, la estructura social que se decantó con el tiempo asignó a las mujeres un papel económico y ritual central. Salen diariamente del pueblo a vender productos del monte —ñame, arroz, yuca—, cuidan ganados, sostienen materialmente la familia. En los ritos funerarios, que constituyen quizás el núcleo más denso de la cultura palenquera, las mujeres desempeñan un rol sagrado central, con cantos y danzas que acompañan el tránsito de la muerte. La sociedad externa interpretó peyorativamente esa autoridad femenina; la sociedad interna la codificó como orden natural.
La cultura palenquera se construyó sobre la fusión de memorias africanas heterogéneas. Los recién llegados hablaban lenguas distintas —malinké, bambara, kikongo, kimbundu, lenguas del golfo de Benín—; el idioma que emergió en San Basilio, la lengua palenquera, es el resultado de esa convivencia forzada de lenguas y del contacto con el español, y es hoy una de las pocas lenguas criollas de base española conservada en América. Los cantos y las danzas funerarias no usan máscara —a diferencia del Caribe insular y de Brasil, donde el vudú, la santería y la macumba conservaron bajo sincretismo los cultos africanos originales—, y esa ausencia es significativa: en el Colombia negro, la máscara y la danza ritual africana casi desaparecieron, con la excepción de las máscaras de madera del carnaval de Barranquilla. En el Pacífico colombiano, más aún, tanto la esclavitud como África fueron esencialmente borradas de un lugar explícito en la memoria colectiva tradicional. San Basilio es, en ese paisaje de memorias erosionadas, una excepción luminosa: allí el pasado cimarrón sigue siendo dicho, cantado y recordado.
La figura de Benkos Biohó es el punto de anclaje de esa memoria. Su estatua preside el pueblo. Los palenqueros se reconocen como sus descendientes y expresan orgullo por ese pasado de resistencia. Que su nombre siga vivo casi cuatro siglos después de su acción es en sí mismo una prueba de la eficacia política de la institución que él ayudó a fundar.
La red del palenque
El palenque no existió en aislamiento. Su historia se entrelaza con la de las autoridades coloniales que lo enfrentaron, la de los hacendados que lo temieron, la de los curas que lo administraron espiritualmente, la de los vecinos indios y mestizos con los que comerció y la de otros palenques del continente. Domingo Bioho —Rey Benkos— es el nombre que sintetiza la fase fundacional. Los oficiales españoles que negociaron o combatieron con los palenqueros —desde los responsables de las expediciones cartageneras del siglo XVII hasta Juan Álvarez y Tomás Hurtado, quienes destruyeron El Castigo en 1745— aparecen en los registros como contrapartes de una historia que ya no cabía en el molde binario del amo y el esclavo. El obispo Casiani, que medió en la capitulación de San Basilio, encarna la vía eclesiástica del reconocimiento: el sacerdote como único puente admitido entre la comunidad palenquera y el orden colonial.
Los lugares dibujan un mapa: Cartagena de Indias como puerto negrero y sede de audiencia; los Montes de María, María la Baja, Tolú y la Sierra de Luruaco como corredor palenquero del Caribe; la Matuna como refugio de manglar; San Basilio de Palenque como comunidad matriz reconocida; el Patía y su serranía como fortaleza sureña; el norte del Cauca y el Chocó como escenarios del cimarronaje del interior y del Pacífico. En el otro extremo del Atlántico, Guinea, Angola y el Congo aparecen como los orígenes remotos que la trata comprimió en Cartagena y que el palenque, con el tiempo, fusionó en una identidad nueva.
La huella larga
La abolición de la esclavitud, en la segunda mitad del siglo XIX, no cerró la historia del palenque. Al contrario, la desplazó al terreno de la propiedad de la tierra. Desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, según denuncian dirigentes afrocolombianos, los descendientes de cimarrones asentados en el valle del río Cauca fueron sistemáticamente despojados de sus tierras, en un proceso de desplazamiento y proletarización que los empujó a laderas, selvas y ciudades. La institución palenquera, que en el siglo XVIII había conseguido pactar con la Corona el control de un territorio, entró en el siglo XX sin ese respaldo político y frente a un adversario más difuso: el mercado de tierras, la modernización agrícola, la violencia rural.
El giro decisivo llegó en 1991. La nueva Constitución definió a Colombia como nación pluriétnica y multicultural, abriendo el marco para reclamaciones territoriales y derechos culturales de las comunidades negras. Dos años después, la Ley 70 de 1993 —la llamada Ley de las Comunidades Negras— reconoció el derecho a la propiedad colectiva de la tierra para comunidades afrocolombianas rurales, con énfasis en la cuenca del Pacífico, y encomendó al Estado apoyar su identidad cultural y reformar los currículos escolares para incluir su historia. Aunque la Ley 70 lleva más de tres décadas de vigencia, aún no ha sido reglamentada en su totalidad; su aplicación ha sido desigual y a menudo entorpecida por intereses económicos y por la violencia armada.
En ese nuevo marco, el término palenque se resignificó. Al menos desde mediados de la década de 1990, organizaciones del Pacífico sur —particularmente en Nariño— empezaron a usar la palabra como figura de coordinación subregional y como proyecto de gobierno propio territorial. Un evento en Bocas de Satinga en 1996 fue emblemático de esa reapropiación. El palenque dejaba de ser solo memoria colonial para convertirse en modelo político contemporáneo: una forma de gobierno afrodescendiente pensada para reclamar y administrar territorio colectivo. En la Guajira, comunidades como Tabaco, Roche, Manantial, Patilla y Chancleta se reivindican, según testimonios locales, como resultado de palenques fundados en la época colonial por cimarrones. La línea entre historia y presente se acorta.
Esa continuidad no ha sido pacífica. El desplazamiento forzado masivo y los asesinatos selectivos de líderes afrocolombianos que marcaron las décadas del conflicto armado afectaron gravemente los proyectos colectivos y territoriales impulsados por la Constitución de 1991 y la Ley 70. Para muchos líderes y representantes de las comunidades afrocolombianas, la expansión del conflicto armado a sus territorios mostró una intención de revertir los logros constitucionales. La comunidad de La Bonga, cuyo líder integra el Consejo Comunitario Macancamaná de San Basilio de Palenque, fue desplazada en 2001 en el contexto de la violencia armada regional. El palenque colonial que había pactado con la Corona a comienzos del siglo XVIII se encontraba, tres siglos después, defendiendo un territorio recuperado por la ley contra actores armados no estatales.
Lo que el palenque enseña
Si la historia colonial de América se lee todavía a veces como una imposición sin resquicios del orden europeo sobre poblaciones indígenas y africanas, el palenque obliga a corregir el marco. Hubo territorios donde el orden colonial no imperó: territorios negros, gobernados por africanos y sus descendientes, defendidos militarmente durante décadas y, en el caso más notable —San Basilio—, reconocidos formalmente por la Corona mediante capitulación. La monarquía hispánica, la misma que había financiado la trata y sostenido el régimen esclavista, se vio forzada a pactar con quienes habían roto ese régimen desde adentro. No lo hizo por convicción abolicionista; lo hizo porque el cálculo militar y político no le dejaba otra salida.
Ese pacto tuvo un costo para los propios palenqueros: aceptar cerrar la puerta a los nuevos fugitivos. San Basilio se sostuvo, pero al precio de dejar de crecer por la vía que le había dado origen. La capitulación fue, a la vez, el triunfo político más grande del palenque neogranadino y la definición precisa de sus límites. La Corona nunca reconoció a los palenqueros como iguales; los reconoció como una excepción administrada, tolerada porque no había manera de eliminarla y útil porque contenía el cimarronaje futuro.
Aun así, la excepción resistió. Cuatro siglos después, San Basilio sigue existiendo, sigue hablando su lengua, sigue enterrando a sus muertos con los cantos y danzas de las mujeres, sigue reconociendo a Benkos Biohó como padre fundador. Y el nombre palenque —transformado, resignificado, cargado de nuevos usos— sigue nombrando en Colombia formas de gobierno propio afrodescendiente que reclaman territorio y memoria. Pocas instituciones nacidas en el siglo XVII pueden mostrar semejante continuidad. Ninguna otra lo consiguió empezando en la fuga.
En el archivo
6 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Benkos Biohó (Domingo Bioho): líder cimarrón cuya memoria popular vincula con la fundación de San Basilio de Palenque; su figura es el mito fundacional más potente de la institución palenquera en Colombia.
- 02San Basilio de Palenque: comunidad del departamento de Bolívar que representa la forma más lograda y duradera del palenque colonial, única en obtener capitulación reconocida por la Corona y en preservar hasta hoy lengua y ritual funerario propios.
- 03Cartagena de Indias: principal puerto negrero del Caribe hispánico y eje geográfico de la historia del palenque; desde allí partían las expediciones punitivas y allí se tramitaban los acuerdos y procesos judiciales relacionados con los cimarrones.
- 04Cimarronaje: práctica de fuga individual de la que el palenque es la forma colectiva e institucionalizada; sin el cimarronaje sostenido no habría existido la masa crítica de fugitivos necesaria para fundar y mantener un palenque.
- 05Ley 70 de 1993: instrumento jurídico contemporáneo que resignificó la herencia del palenque colonial como fundamento de los derechos territoriales colectivos afrocolombianos, conectando la resistencia del siglo XVII con el multiculturalismo constitucional.
- 06Montes de María: geografía tutelar de los palenques del Caribe neogranadino; su terreno montañoso y boscoso fue el factor estructural que hizo posible la resistencia sostenida frente a las expediciones punitivas coloniales.
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
23 documentos · 31 fragmentos
01Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 991 cita
[1]así: Bioho, el Rey del Arcabuco Una vez con los malibúes y otras tribus exterminadas, subyugadas o acomodadas ante el poder del conquistador español, las tierras más accesibles a los ríos y caños empezaron a ocuparse por blancos y vecinos libres, esto es, personas que no eran esclavas ni estaban sujetas a servidumbre.…
p. 99
02Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 100, 1082 citas
[2]el fin del siglo xviii. Según un censo de minas y esclavos hecho en el año de 1759, había en el Chocó 63 minas y otros tantos propietarios que poseían 4.216 esclavos. En el año de 1788 había 18.496 esclavos en el Chocó, Antioquia y Popayán, de acuerdo con la relación de mando del arzobispo virrey, Caballero y Góngora,…
p. 100
[6]desde hace varios años, que tiene con ella varios hijos y que la “Losada manda las cuadrillas y maltrata a los esclavos”. Mosquera y Figueroa, por su lado, acusó en el proceso a los testigos, inclusive al cura de Nóvita, de vivir amancebados con las negras esclavas.¹ ⁰ ³ Ante formas tan extremas de explotación y…
p. 108
03Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 45, 542 citas
[3]no era cosa de poca monta, aun siendo legal. Transportar y alimentar partida,s de 50, 100 o 200 personas durante más de un mes _por regiones inhóspitas exigía una logística tan laboriosa, que explica que lós precios se duplicaran entre Cartagena y Popayán. Así, debe concluirse que las partidas introducidas de…
p. 45
[5]pueblos del interior. Así, chamba (o thiamba) significaba cualquier esclavo traído de la región al norte de Ashanti. Los mandingas eran originalmente los pueblos de habla malinké del valle de Gamba, pero la designación se volvió después tan genérica que aludía a cualquier habitante entre Gambia, el norte de Ghana y el…
p. 54
04Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1701 cita
[4]y el intercambio de alimentos y otros productos agrícolas del interior, que incluía productos de climas más cálidos como el tabaco y el algodón, tuvo una influencia decisiva en la economía interna del país, mucho más que el comercio transatlántico. Las ciudades portuarias de Cartagena y Portobello (hoy en Panamá) eran…
p. 170
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 322, 3272 citas
[7]la estratificaci ó n de los grupos sociales de la sociedad esclavista y a la legislaci ó n de la Corona para evitar la convivencia de los negros con los indios y espa ñ oles. Factores de diversa í ndole contribuyeron al cruzamiento de razas, fen ó meno bien caracter í stico de la sociedad colonial hispa noamericana.…
p. 322
[16]COLOMBIA Principales Palenques • ✓ Zona de Palenques 342 LA ESCLAVITUD Y LA SOCIEDAD ESCLAVISTA '. • v ci ó n y destrucci ó n de esta comunidad, pero los palenqueros resis tieron los ataques y en no pocas ocasiones pusieron en serio peligro la seguridad del puerto. Las relaciones con este palenque y algunos- otros…
p. 327
06Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1601 cita
[8]dían la obligación de promover la cristianización del esclavo sin tener en cuenta las sanciones económicas que esto podría acarrear y que iban desde una multa equivalente a la mitad del precio del esclavo hasta la confiscación de los mismos. La actitud de los propietarios hacia el pro- ceso de aculturación variaba…
p. 160
07The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 84, 2722 citas
[9]descendants of cimarrones, people who won their freedom by escape. They express pride in that past, especially through the heroic symbol of Benkos Biohó, the most famous leader of the communi- ties that later coalesced to become known as Palenke, where there is now a statue in his honor. Colombia’s palenques have…
p. 272
[29]fully part of Colombians’ sense of their nation after 1991, when activists in the constitutional convention pushed for an article that then, in 1993, became Law 70, the “Law of the Black Communities,” extracted below. Law 70 established the possibility of collective land title for rural Afro-Colombian communities and…
p. 84
08Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 42, 2832 citas
[10]viento y marea; Park, Rafael Núñez. Notes to Pages – . Lemaître, Historia general de Cartagena, :–, and Juan José Nieto; Fals, El Presidente Nieto. . Pérez, El negro Robles. Although written in , this biography, the first book-length study on Robles, was only published in as part of a special…
p. 283
[15]authority in the community was the priest, who administered to parishioners as well as slaves from adjacent haciendas. 25 The fact that slaves could be kept on haciendas in the direct vicinity of San Basilio suggests that, until , the palenqueros complied with the agreement reached earlier in the century.…
p. 42
09Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 42, 2832 citas
[11]viento y marea; Park, Rafael Núñez. Notes to Pages – . Lemaître, Historia general de Cartagena, :–, and Juan José Nieto; Fals, El Presidente Nieto. . Pérez, El negro Robles. Although written in , this biography, the first book-length study on Robles, was only published in as part of a special…
p. 283
[14]authority in the community was the priest, who administered to parishioners as well as slaves from adjacent haciendas. 25 The fact that slaves could be kept on haciendas in the direct vicinity of San Basilio suggests that, until , the palenqueros complied with the agreement reached earlier in the century.…
p. 42
10Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 561 cita
[12]while common places of origin and the hardships of the slave ship may have had initial bonding effects on some slaves in the Americas, the day- to- day experiences people lived and shared, the family and kinship bonds they developed over time, and the strategies they used to create meaning for their lives all…
p. 56
11Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3931 cita
[13]constancia vencí los muchos horrores y dificultades que se encontraron así por parte de los negros del palenque de San Basilio, como por la suma espresura de árboles y brozas que con dificultad se descubría la claridad del sol; a que se agregaban las muchas barrancas, despeñaderos y anegadizos; y aprovechándome del…
p. 393
12Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 651 cita
[17]su perspectiva, fray Juan de Santa Gertrudis manifestó: Ha muchísimo tiempo que unos ladrones se dieron maña de hurtar un situado que bajaba con treinta mulas cargadas de plata del Rey, de Pasto a Popayán, y estos se fueron temerosos de la justicia a buscar donde poder estar sin riesgo. Unos indios de Taminango les…
p. 65
13Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1201 cita
[18]vivían de algunos cultivos, la caza, la pesca y de algún trato con la hacienda. El desafío de estos palenques a la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados era un reto tácito al influjo 70 Colmenares, Germán, 1979, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, Medellín: La Carreta, págs. 215-227. 121…
p. 120
14"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 4881 cita
[19]del Cauca ha sido visto como un departamento habitado por blancos y paisas. A juicio de los dirigentes afros, se ha querido mostrar que lo “afro se origina a partir del desplazamiento, presentándose a los negros como ve- nideros en el Valle” 325. A juicio de los dirigentes afrocolombianos, se considera que en el Paci…
p. 488
15Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 961 cita
[20]Equality, 31–32. 87 Antonio de la Torre y Miranda, Noticia individual de las poblaciones nuevamente fun - dadas en la provincia de cartagena, la mas principal del nuevo reino de granada, de la montañas que se descubrieron, caminos que se han abierto de los canales, ciénagas y ríos que se han hecho navegables, con…
p. 96
16Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 51, 562 citas
[21][54] Las mujeres negras en la historia de Colombia cimarrona, y formó palenque con otros grupos de ne- gros esclavos fugitivos 78. Mujer y familia en los palenques Esclavas o libres, las mujeres negras ingresaron activa- mente en los palenques, el fenómeno de resistencia a la esclavitud que duró tantos años como la…
p. 51
[22]ñame, arroz, yuca y cuidando ganados, las mujeres salen del poblado a diario para vender los pro- ductos del monte. Un hecho, que sin ser comprendido por la sociedad externa, ha servido para interpretar peyorati- vamente el desempeño de los hombres en la familia palenquera y para hacer burla de la mujer por "sostener…
p. 56
17Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 3521 cita
[23]Huila, en inmediaciones de los municipios de San Agustín e Isnos, aparte de su gran belleza, es la necrópolis de mayor extensión a nivel mundial con vestigios monumentales como estatuas, relieves y sarcófagos tallados en piedra; templetes o dólmenes de lajas; montículos funerarios, terrazas, caminos y terraplenes de…
p. 352
18Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 3101 cita
[24]en la segunda mitad del siglo XVI, en una situación de ex- pansión colonial y bajo el imperio del sistema esclavista, no les fuera posible a los africanos venidos a América con- servar sus creencias y tradiciones de una manera integral. Máscara y danza ritual desaparecen casi por completo de la cultura negra…
p. 310
19Rites, Rights & Rhythms: A Genealogy of Musical Meaning in Colombia's Black PacificMichael Birenbaum Quintero · 2019 · p. 2011 cita
[25]culture were the talented black athletes who began to participate in national sports toward the end of the 1960s, including footballers Delio “Maravilla” Gamboa (born in 1936 in Race, Region, Representativity, and the Folklore Paradigm 181 Buenaventura), Jorge Enrique Gallego (born in 1940 in Cali), and Willington…
p. 201
20Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 359, 5842 citas
[26]elaboración propia con base en datos del RUV. Para entender dónde, cómo y por qué se presentan los ataques contra la integri- dad territorial de estas comunidades es importante abordar dos aspectos. Primero, el proceso de poblamiento de los territorios del pueblo afrocolombiano y el camino recorrido en su defensa y…
p. 359
[27]paz» o entente cordiale 1526. Un habitante de la comunidad de Tabaco, en la Guajira, relata cómo su comu- nidad, junto con las de Roche, Manantial, Patilla y Chancleta, fueron producto de largas caminatas liberadoras y de la reconstrucción de tejidos comunitarios de negros cimarrones y palenques fundados en la época…
p. 584
21Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 1671 cita
[28]que estaban conectadas a ese cable, estaban enseguida de nuestra casa. El que lo hubiera prendido, pues hubiera estallado con ellas. Al final hubo como tanta cosa que no sé ni cómo quedamos vivos. El fotógrafo del pueblo salió y documentó muchas cosas de la toma que yo no he sido capaz de ver todavía. Ese sentimiento…
p. 167
22Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1251 cita
[30]negras contemplados en la L ey 70 de 19 93, una ley que, a pesar de tener más de 20 años, aún no ha sido reglamentada en su totalidad. Este desconocimiento tuvo consecuencias en las dinámicas culturales de estas comunidades 315, que fueron violentadas al negarles la capacidad de gestionar y ordena r su vida con…
p. 125
23Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2361 cita
[31]como entidades de coordinación subregional (departamental) hacia mediados de la década del noventa. Así, por ejemplo, para 1996 en un evento en Bocas de Satinga se argumentaba: “¿Qué es el Palenque territorio negro en Nariño? Es el gran territorio de las comunidades negras, es un espacio para la construcción de la…
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