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Idea · Colonia

Atlántico negro

El Atlántico Negro designa el circuito material y simbólico que la trata trasatlántica tejió entre África, las Antillas y los puertos hispanoamericanos entre los siglos XVI y XVIII, y las culturas diaspóricas que ese circuito produjo. Para la Nueva Granada, fue la infraestructura sobre la que se levantaron la minería aurífera, el comercio de Cartagena de Indias y buena parte de la vida colonial.

3.792 palabras46 documentos72 fragmentos citados
Atlántico negro

Trayectoria de una idea

  1. 1587

    Inauguración del sistema de asientos

  2. 1595

    Asiento de Pedro Gómez Reynel

  3. 1603

    Inicio del asiento de Baez Cutinho

  4. 1610

    Llegada de Pedro Claver y establecimiento del Tribunal de la Inquisición

  5. 1619

    Negociación colonial con cimarrones

  6. 1627

    Publicación de 'De instauranda Aethiopum salute'

  7. 1640

    Cima del esplendor cartagenero de la trata

  8. 1745

    Derrota militar del palenque de El Castigo

  9. 1782

    Hegemonía demográfica negra en el Chocó

  10. 1993

    Acuñación del concepto por Paul Gilroy

03

La lectura

El Atlántico Negro no fue para la Nueva Granada una abstracción teórica sino una realidad vivida durante más de dos siglos: el corredor que unía las costas de Guinea y Angola-Congo con Cartagena de Indias, los ríos Magdalena y Cauca, las minas del Chocó y los palenques del Patía fue el eje sobre el que giró buena parte de la economía y la sociedad colonial. Cerca de 350.000 africanos esclavizados ingresaron al virreinato entre 1550 y 1792, sustituyendo la mano de obra indígena colapsada y produciendo, en el destierro, instituciones propias: cabildos cimarrones, lenguas criollas, sincretismos religiosos y formas de resistencia que el orden colonial nunca pudo extinguir del todo. El concepto desplaza el foco de la institución jurídica española hacia el circuito completo y sus agentes africanos y afrodescendientes, revelando que la modernidad colonial neogranadina fue, en una proporción decisiva, una modernidad negra. Su legado persiste en la demografía del Chocó, en la lengua palenquera de San Basilio, en la música del Caribe colombiano y en los archivos que investigadores como Nina S. de Friedemann y Manuel Zapata Olivella comenzaron a rescatar en el siglo XX.

El Atlántico Negro

El Atlántico Negro nombra el circuito material y simbólico que la trata trasatlántica tejió entre las costas de Guinea y Angola-Congo, las Antillas y los puertos hispanoamericanos entre los siglos XVI y XVIII, y las culturas diaspóricas que ese circuito produjo. La expresión la fija el sociólogo británico Paul Gilroy en 1993 para pensar la modernidad negra como un espacio transatlántico irreducible a las fronteras nacionales, pero el fenómeno que designa había estado ahí durante cuatro siglos. Para la Nueva Granada —el territorio de la actual Colombia bajo dominio español— ese circuito no fue una periferia lejana: fue la infraestructura misma sobre la que se levantaron la minería aurífera del Chocó y el Cauca, el comercio de Cartagena de Indias, la hacienda costeña y buena parte de la vida urbana colonial. Entre 1533 y 1810 ingresaron al virreinato cerca de 350.000 africanos esclavizados; su trabajo, sus fugas, sus lenguas, sus dioses y sus hijos reconfiguraron la Colonia desde abajo. Este artículo reconstruye ese proceso: cómo llegó, cómo funcionó, cómo se rompió por dentro y qué dejó.

La semblanza: un concepto y un territorio

Cuando Gilroy propone la categoría de Black Atlantic, piensa sobre todo en la diáspora anglófona: Frederick Douglass cruzando el océano, la música negra circulando entre Nueva York, Kingston y Londres. La Nueva Granada aparece poco en esa cartografía. Y sin embargo, si hay un lugar donde el Atlántico Negro se encarnó tempranamente como sistema completo —puerto, mercado, redistribución fluvial, mina, hacienda, palenque, cofradía, tribunal inquisitorial— fue el corredor que va de Cartagena al Chocó por los ríos Magdalena y Cauca. La categoría, aunque acuñada tarde y en otra lengua, describe con precisión lo que ya existía: un mundo en el que africanos de procedencias diversas, arrancados de sus sociedades, produjeron en el destierro instituciones, prácticas y memorias propias.

El nombre importa porque desplaza el foco. Hablar de "esclavitud colonial" pone el acento en la institución jurídica española; hablar de Atlántico Negro obliga a mirar el circuito completo, los agentes africanos y afrodescendientes, y la producción cultural que sobrevivió al régimen que la originó. Aplicado a la Nueva Granada, el concepto ilumina tres capas superpuestas: una estructura económica que necesitó cuerpos africanos para sustituir la mano de obra indígena colapsada; una geografía específica —Cartagena, el Magdalena, el Chocó, el Patía, el Caribe rural— donde esa demanda se materializó; y un archivo de resistencias e invenciones —palenques, lenguas criollas, sincretismos, cofradías, cumbias— que hicieron de esa geografía algo más que un mercado de trabajo.

Los orígenes: el vacío indígena y la máquina de la trata

La trata africana hacia la Nueva Granada no se explica por un capricho de la Corona ni por una preferencia racial abstracta: se explica por un colapso. Entre la Conquista y mediados del siglo XVII, la población indígena se derrumbó a un ritmo vertiginoso. La provincia de Tunja pasó de cerca de 215.000 tributarios en 1537 a apenas 25.000 en 1757, una caída del 90% en dos siglos, con un 25% perdido solo en los primeros veinticinco años. En Popayán la disminución fue del 90% en 68 años; Cartago perdió el 97% de sus nativos en medio siglo; los Quimbaya, que se habían contado por decenas de miles, quedaron reducidos a un puñado en cuatro décadas. Cuando en 1778-1780 se levantó el primer censo confiable, había poco más de 150.000 indígenas en el territorio de la actual Colombia; la población prehispánica probablemente había superado los tres millones.

Ese vacío tenía consecuencias inmediatas. La encomienda y la mita —las dos instituciones con que la Corona había intentado extraer trabajo indígena en tributo por la Conquista— dejaban de funcionar donde no quedaban indios que encomendar. En la costa atlántica, el derrumbe fue tan rápido que los explotadores españoles enfrentaron muy pronto una escasez estructural en transportes fluviales, agricultura, minas y servicios domésticos. En el Chocó, la disminución de nativos convirtió la extracción de oro en un negocio inviable sin mano de obra sustituta. La solución fue el africano esclavizado, y el mecanismo institucional fue el asiento.

El sistema de asientos —contratos monopólicos por los que la Corona concedía a un particular o compañía el derecho a introducir un número pactado de esclavizados durante un plazo fijo— se inaugura en 1587 con Pedro de Sevilla y Antonio Méndez Lamego, que se comprometieron a pasar tres mil esclavos a las Indias en seis años. En 1595 el asiento pasa a Pedro Gómez Reynel, y en las décadas siguientes se sucederán casas portuguesas (Baez Cutinho entre 1603 y 1611, Antonio Fernández D'Elvas entre 1615 y 1621), la Compañía de Cacheu, la Compañía de Portugal y, ya en el siglo XVIII, el asiento inglés de la South Sea Company. Entre 1603 y 1621, solo bajo registro, ingresaron por Cartagena unos 17.000 africanos: 12.000 por Baez Cutinho y 5.000 por Fernández D'Elvas. Germán Peralta calcula que entre 1580 y 1640 —período de esplendor cartagenero— entraron al puerto no menos de 110.000 esclavizados bajo registro, una cifra que superaría la de cualquier otro puerto del Caribe o del Brasil en ese arco. Hermes Tovar eleva el cómputo global: al Nuevo Reino de Granada habrían llegado no menos de 250.000 africanos entre 1550 y 1792, a razón de 823 anuales, con una estimación total cercana a 350.000 —el 22% de toda la trata española a América. Philip Curtin es más conservador y sitúa la cifra colombiana en menos de 120.000, con el contrabando aportando hasta un 50% sobre las introducciones legales.

La disparidad de cifras no distrae del punto: por Cartagena de Indias pasó, durante dos siglos y medio, una fracción decisiva de la trata española. Y ese paso no fue ordenado. Ya en 1589 el presidente González constató a su llegada al puerto la entrada de embarcaciones sin registro, mientras las autoridades locales miraban hacia otro lado. El contrabando era parte del sistema, no su patología.

La trayectoria: del puerto al socavón

Cartagena funcionaba como cabeza de un embudo. Los barcos llegaban de la Costa de Guinea, de Cabo Verde, de Angola-Congo —las licencias del XVI y XVII solo autorizaban formalmente Cabo Verde y los Ríos de Guinea, considerados de "mejor calidad", pero con el tiempo las procedencias se diversificaron sin que la documentación las registre con precisión. Los africanos eran desembarcados, revisados, clasificados y vendidos. El lenguaje del mercado los convertía en mercancía con una gramática propia: se hablaba de "toneladas de negros", de "piezas de indias" —la unidad de referencia era un varón adulto sano—, de "cabezas" y de "lotes". Las categorías de edad y condición física —"muleques", "mulecas", "de tres por dos", "de dos por uno"— determinaban el precio.

Los precios variaban con el asiento. La Compañía de Portugal vendía adultos en Cartagena a un promedio de 270 pesos. Pero el valor se disparaba tierra adentro: en Remedios, en 1616, un bozal costaba 350 pesos y uno adiestrado en minería entre 400 y 450 —cifras que las propias fuentes de la época calificaban de excesivas, pues en otras Indias los precios eran la mitad o el tercio. El diferencial entre Cartagena y Popayán duplicaba el precio, no por especulación gratuita sino por el costo logístico: transportar cuadrillas de 50, 100 o 200 personas más de un mes por regiones inhóspitas, remontando el Magdalena y el Cauca, alimentándolas, custodiándolas, era una operación cara.

La distribución de la propiedad revela otra estructura. Durante el asiento de la Compañía de Cacheu, de 425 compradores registrados en Cartagena, apenas 31 adquirieron diez o más esclavizados, y uno solo compró más de cien; esos 31 concentraron el 55,5% de las ventas. El 63% de los compradores eran hombres, el 34% mujeres, y el resto instituciones —conventos, cabildos. El mercado esclavista cartagenero era, en su cima, un negocio de pocas manos: mercaderes con capital, terratenientes con cuadrillas mineras, órdenes religiosas con haciendas. De ellas salían las cuadrillas que remontaban los ríos.

El destino principal en el primer ciclo, entre 1570 y 1620, fue la minería aurífera. El Nuevo Reino de Granada se convirtió entonces en el mayor productor de oro de América, con años que rozaron los dos millones de pesos de producción. El sistema funcionaba por desplazamiento: descubierto un yacimiento, se compraban esclavos a plazo para armar rápido una cuadrilla, se extraía intensivamente y se pasaba al siguiente frente. El ciclo tuvo su techo entre 1590 y 1600, con reales de minas en Zaragoza, Cáceres, Remedios y otros distritos antioqueños. El segundo ciclo, ya en el XVIII, se desplaza al Chocó, y allí el patrón es distinto: terratenientes y comerciantes de Popayán —también de Buga, Cartago, Cali, Anserma y Santa Fe de Bogotá— compraban minas y cuadrillas pero permanecían en sus ciudades, delegando el mando en capataces. El ausentismo de los propietarios definió el paisaje social del Chocó dieciochesco. Hacia 1782, en una población total cercana a los 35.000 habitantes, los negros esclavizados y libres representaban el 75%, los blancos apenas el 2%, y el resto eran indígenas.

Junto a la mina, la hacienda. En el valle del Patía y en los alrededores de Cartagena surgieron unidades agrarias articuladas a los distritos mineros, aunque el modelo de plantación al estilo caribeño o norteamericano nunca arraigó del todo en la Nueva Granada. El sistema esclavista neogranadino tenía una oferta rígida —difícil de ampliar cuando la demanda subía, costosa de mantener cuando caía— y eso obligó a los amos a una solución característica: ceder rozas de subsistencia a los esclavizados para que produjeran su propia comida y reducir así el desembolso monetario. Un estudio sobre nueve haciendas de la provincia de Cartagena entre 1633 y 1724 encontró cinco varones por cada mujer, y los menores de quince años representaban menos del cinco por ciento de la población esclava. Las cuadrillas mineras exhibían la misma desproporción. Ese desequilibrio de género tenía una consecuencia demográfica precisa: la población esclava no se autorreproducía. El sistema dependía de la reposición constante por la trata.

La red: agentes, palenques, evangelizadores

Domingo Bioho —al que la memoria posterior llamaría también Benkos Biohó— fue proclamado "rey del arcabuco" a comienzos del siglo XVII en el palenque de Matuna, en las serranías al sur de Cartagena. En Matuna, la gente elegía en cabildo a sus autoridades según mérito y servicio: una forma de gobierno electivo entre africanos y afrodescendientes fugados que anticipa, en varias décadas, cualquier experiencia parlamentaria criolla. Matuna sería destruida, pero la lógica del palenque sobrevivió y se multiplicó. En 1619 la Corona llegó a declarar libres a grupos de cimarrones y a concederles tierras; a fines del siglo XVII ordenaría, en cambio, el exterminio total de los palenqueros. La política oscilaba entre la guerra y la capitulación.

El caso más célebre de negociación fue San Basilio, en la falda de la Serranía de María, al sur de Cartagena. Bajo la mediación del ilustrísimo Casiani, los palenqueros obtuvieron el reconocimiento de su asentamiento a cambio de condiciones que fijaron los límites de su autonomía. San Basilio se convirtió así en algo raro en el orden colonial: una comunidad negra libre reconocida legalmente, que con el tiempo desarrollaría su propia lengua criolla —el palenquero— y una cultura identificable. En 1634, cerca de Cartagena, existía también el palenque del Limón, del que ha sobrevivido el testimonio de Francisco Angola, capturado ese año; en el valle del Patía, en la serranía occidental, el palenque de El Castigo resistió varios intentos de negociación de la Real Audiencia de Quito hasta ser derrotado militarmente en 1745 por una expedición al mando de Juan Álvarez y Tomás Hurtado. Junto a El Castigo, un segundo palenque completaba la geografía cimarrona del Patía.

Los palenques no eran fenómenos marginales ni pintorescos: eran la consecuencia estructural de un sistema que combinaba brutalidad, desequilibrio de género extremo, mortalidad alta, ausentismo de propietarios y control laxo de las cuadrillas dispersas en los ríos del Pacífico. Cuando el orden no puede reproducirse, produce sus propios márgenes. La resistencia también tomó formas individuales que el archivo apenas insinúa: suicidios, infanticidios, sublevaciones puntuales. Pero fue el palenque —comunidad fortificada, agrícola, con jefaturas propias— la institución cimarrona más consistente del período.

Del lado de la Iglesia, la figura central fue el jesuita catalán Pedro Claver. Llegado a Cartagena en 1610, dedicó cuatro décadas a bautizar, catequizar y asistir a los africanos recién desembarcados, valiéndose de intérpretes de diversas lenguas. Su actividad generó tensiones con los españoles locales, que objetaban que sentara a sus traductores negros en lugares prominentes y les hiciera regalos. Claver nunca cuestionó la institución de la esclavitud: la evangelización coexistía con el mercado. Antes que él, y más consciente del problema teológico, el también jesuita Alonso de Sandoval había escrito De instauranda Aethiopum salute (1627), un tratado sobre la evangelización de africanos que documenta, con una minucia inusual para la época, procedencias, lenguas y costumbres de los esclavizados que pasaban por Cartagena. La restauración de la Compañía de Jesús en 1883 consolidaría la imagen de Claver como "esclavo de los esclavos" y reconstruiría su santuario cartagenero como monumento de una evangelización idealizada; en el XIX su figura se instrumentalizó como emblema del catolicismo unificador de la identidad nacional.

La otra cara del control religioso fue el Tribunal de la Inquisición de Cartagena, establecido en 1610. Perseguía herejías protestantes —procesó a 82 personas por reformismo, entre luteranos, calvinistas y hugonotes—, controlaba libros prohibidos mediante edictos de fe y vigilaba las prácticas religiosas africanas: ritos iniciáticos, uso de hierbas curativas o invocativas, todo lo que los inquisidores clasificaban como pacto con el demonio o brujería. Esa persecución revela, en negativo, lo que existía: cultos africanos que sobrevivían en la clandestinidad, muchas veces revestidos de formas cristianas. El catolicismo colonial servía de fachada a prácticas religiosas originales que se acomodaban, se disfrazaban y se transmitían.

La huella cotidiana: la ciudad, la casa, la parroquia

No toda la vida negra colonial transcurrió en la mina o en el palenque. En Cartagena —y en menor medida en Mompox, en Popayán, en Santa Fe— existió una densa vida urbana afrodescendiente que el archivo permite reconstruir con notable detalle. Las esclavas de la ciudad se ocupaban de actividades remuneradas —incluidas las que la moralidad de la época llamaba "non sanctas"— y debían entregar un jornal diario a sus amos, que lo aceptaban sin escándalo. Gobernadores y obispos alertaron a la Corona sobre la situación, pero el sistema del jornal —una forma de explotación que permitía cierta autonomía de movimiento y, con el tiempo, la acumulación de un peculio con el que comprar la propia libertad— siguió funcionando.

El arrabal de Getsemaní, extramuros de Cartagena, fue el espacio tolerado donde se asentaron los descendientes libres de esclavizados dedicados a oficios artesanales y domésticos: zapateros, sastres, albañiles, plateros, cocineras, lavanderas. Su estatus era superior al de los palenques y al de las rochelas —los caseríos dispersos y sin control estatal del Caribe rural. Algunos pardos artesanos alcanzaron cierta prosperidad: vivían en casas de dos pisos, poseían esclavos propios, participaban en cofradías. En la segunda mitad del XVIII, las reformas militares borbónicas crearon milicias disciplinadas de pardos que les dieron fuero y privilegios de estatus, aprovechando su peso demográfico para obtener reconocimiento corporativo. La sociedad de castas no era una jaula estanca: dentro de sus jerarquías estrictas había pequeños ascensos, esclavos que compraban su libertad, hijos ilegítimos reconocidos, cofradías que negociaban espacios en las procesiones.

Los registros parroquiales de Cartagena documentan la vida ritual: libros de bautismo separados para pardos y morenos y para blancos, redes de compadrazgo, niños expósitos de color en la parroquia de Getsemaní. La textura del archivo revela una demografía afrodescendiente robusta y estructurada. En 1706, cuando murió el hacendado De Zabaleta, dispuso en testamento la liberación de algunos de sus esclavos y les permitió ocupar casuchas en un playón cercano —el actual San Marcos— donde los libertos se convirtieron en jornaleros. Ese pequeño gesto —una manumisión testamentaria seguida de trabajo asalariado en la misma región— condensa una de las vías por las que se formaron, a lo largo de dos siglos, las sociedades locales negras libres del Caribe neogranadino.

El censo de 1778-1780 permite medir el resultado. En el conjunto del Nuevo Reino, los mestizos y castas representaban el 46% de la población, los blancos el 26%, los indios el 20% y los esclavos apenas el 8%. En el Caribe neogranadino, los libres de todos los colores constituían dos tercios de quienes vivían fuera de las ciudades principales: eran el grupo demográfico dominante en el campo y en los pueblos ribereños. En Antioquia, el censo del mismo año registró que el 55% de los 14.704 habitantes de la villa de Medellín eran mulatos o esclavos negros; en Santa Fe de Antioquia, en 1805, 4.242 de 5.945 habitantes lo eran. Al final de la Colonia, la Nueva Granada era ya un país mayoritariamente mestizo y mulato, con la esclavitud reducida a una fracción numérica pero con la impronta afrodescendiente extendida por toda la geografía.

La huella cultural: música, lengua, memoria

De todas las herencias del Atlántico Negro neogranadino, la más duradera y específica es la cultural. En la zona de Mompox, en el bajo Magdalena —donde entre los siglos XVI y XVIII proliferaron palenques de fugitivos—, se forjó la cumbia: un aire básicamente mulato y zambo, danzado con velas encendidas, con tambora o bombo, guache, maraca y caña de millo. En su forma original incluyó cantadoras que dialogaban con el conjunto en llamada y respuesta, aunque el desarrollo instrumental posterior fue desplazando el elemento vocal. El mapalé, de origen más nítidamente africano, nació como canto y danza de labor durante el procesamiento nocturno del pescado que le da nombre; con el tiempo derivó en la interpretación frenética y sensual que aún se reconoce. El tambor —los tambores— sobrevivió a la persecución inquisitorial, se adaptó a los ciclos festivos católicos, se fundió con instrumentos indígenas y europeos, y produjo un repertorio costeño que ninguna estructura colonial había planeado.

San Basilio de Palenque produjo algo aún más notable: una lengua criolla propia, el palenquero, resultado de las experiencias compartidas a largo plazo entre los habitantes del palenque. Es la única lengua criolla de base española en América con una comunidad de hablantes reconocible, y su existencia documenta que la comunidad cimarrona no solo se defendió militarmente sino que produjo un mundo simbólico completo.

En el terreno religioso, la coexistencia del catolicismo colonial con las prácticas africanas produjo un sincretismo denso que la Inquisición nunca logró desmontar. Ritos iniciáticos, saberes curativos, invocaciones a fuerzas espirituales identificadas con figuras cristianas: la religiosidad afrocolonial se transmitió en los intersticios del régimen. Manuel Zapata Olivella, siglos después, retomaría esa cosmogonía en Changó, el gran putas (1983), su obra más ambiciosa, construida sobre el panteón yorubá y narrando la diáspora africana en América desde la Colonia hasta el siglo XX. Como observó el crítico Darío Henao Restrepo, si Cien años de soledad se levantaba sobre la Biblia y la mitología grecorromana, Changó, el gran putas se levantaba sobre los orishas. La novela de Zapata Olivella es la prueba tardía de que el Atlántico Negro neogranadino tenía un archivo simbólico propio, suficientemente denso para sostener una épica.

El estudio académico de ese archivo comenzó tarde. Jaime Jaramillo Uribe abrió camino con sus trabajos sobre el negro en la Colonia; Aquiles Escalante estudió el palenque de San Basilio; Nina S. de Friedemann, en las décadas de 1970 y 1980, hizo la etnografía sistemática de las comunidades negras del Pacífico y del Caribe, denunciando lo que llamó su "invisibilidad" en la historiografía nacional. Sin ese trabajo intelectual —y sin la militancia paralela de los movimientos afrocolombianos— la Colonia negra habría seguido siendo una nota al pie.

Memoria y disputa: del palenque colonial al reconocimiento pluriétnico

La Independencia rompió parcialmente el sistema esclavista, pero no lo abolió. La huida de esclavos durante las guerras y la inestabilidad política estancaron las regiones mineras del Cauca, el Chocó y Popayán, que dependían del trabajo esclavo. Antioquia, en cambio, lideró el resurgimiento minero con una economía de mazamorreros independientes menos atada a la esclavitud. La abolición definitiva llegaría en 1851, ya bien entrada la República.

Pero la huella del Atlántico Negro colonial siguió operando en la geografía y en las instituciones locales. En La Guajira, hacia 1780, negros cimarrones se liberaron cerca de lo que hoy es Puerto Bolívar y remontaron la orilla del río Ranchería para fundar Tabaco, Roche, Manantial, Patilla y Chancleta en las desembocaduras de sus afluentes. El río fue para esas comunidades la referencia territorial central de su liberación —una geografía cimarrona que se prolongó dos siglos después del palenque de Matuna.

Durante casi todo el siglo XX, cuando los colombianos negros participaron en luchas colectivas, lo hicieron en torno a la clase o la región, no en términos etno-raciales explícitos. Es en la segunda mitad de los años ochenta, en el norte del Pacífico, cuando emerge por primera vez un discurso organizativo que imagina a las comunidades negras como "grupo étnico" con cultura, identidad y derechos territoriales propios. Ese proceso confluyó en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, que reconoció a Colombia como nación pluriétnica y multicultural, y en la legislación posterior que desarrolló los derechos colectivos de las comunidades negras. La Agencia Nacional de Tierras registra hoy 319 solicitudes de titulación colectiva en trámite: 142 en el Caribe, 112 en el Pacífico. Cada una de esas solicitudes es, en algún sentido, un capítulo tardío de la historia que empezó cuando los primeros bozales fueron desembarcados en el muelle de Cartagena.

La memoria contemporánea es también memoria del daño. En 2001, la comunidad de La Bonga, vinculada al Consejo Comunitario Macancamaná de San Basilio de Palenque, fue desplazada por el conflicto armado. El territorio negro no es un patrimonio pacíficamente heredado: sigue en disputa.

El Atlántico Negro neogranadino fue, entonces, muchas cosas a la vez. Fue un negocio de asientistas portugueses e ingleses, de 31 grandes compradores cartageneros que concentraron más de la mitad de las ventas, de terratenientes payaneses que administraban el Chocó desde lejos. Fue un sistema laboral que sostuvo el ciclo aurífero neogranadino y las haciendas del Caribe. Fue una máquina de producir muertes prematuras, desequilibrios demográficos y fugas. Y fue, también, un espacio donde los propios africanos y afrodescendientes construyeron palenques con gobiernos electivos, lenguas criollas, cofradías, cumbias, saberes curativos y una religiosidad que sobrevivió a los inquisidores. Ninguna de esas dimensiones agota el proceso. La estructura hizo posibles a los agentes; los agentes, dentro y contra la estructura, hicieron un mundo que la excedió. Ese mundo es el que las comunidades negras contemporáneas —desde San Basilio hasta Tabaco, desde Getsemaní hasta el Chocó— siguen habitando y disputando. La categoría que Paul Gilroy propuso en 1993 llegó tarde a esa historia, pero llegó justo a tiempo para nombrar lo que había estado ahí, obstinadamente, desde 1533.

04

En el archivo

2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Cartagena de Indias — principal puerto de entrada y nodo redistribuidor del circuito atlántico negro hacia el interior neogranadino
  2. 02Trata trasatlántica — mecanismo económico e institucional que materializó el Atlántico Negro como sistema de extracción y circulación de personas africanas
  3. 03Cimarronaje — respuesta estructural al Atlántico Negro que produjo palenques, lenguas criollas y formas de gobierno propias
  4. 04Minería aurífera colonial — destino productivo principal de los africanos esclavizados introducidos por el circuito atlántico negro en la Nueva Granada
  5. 05Palenque de San Basilio — expresión más duradera de la autonomía cultural y política generada por la diáspora africana en el Atlántico Negro neogranadino
  6. 06Paul Gilroy — teórico que acuñó el concepto en 1993, aunque el fenómeno que designa operó en la Nueva Granada desde el siglo XVI
  7. 07Benkos Biohó — líder cimarrón del palenque de Matuna que encarnó la resistencia al sistema del Atlántico Negro a comienzos del siglo XVII
  8. 08Alonso de Sandoval — jesuita cuyo tratado de 1627 documentó las procedencias y culturas africanas que circulaban por el nodo cartagenero del Atlántico Negro
  9. 09Chocó — territorio donde el segundo ciclo minero del Atlántico Negro transformó radicalmente la demografía y la sociedad colonial
06

Documentos y fragmentos citados

46 documentos · 72 fragmentos

01Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 150, 152, 1543 citas
[1]

también se destacaron los funciona- nos, las comunidades religiosas y los artesanos. Durante el asiento de la Compañía de Cacheu, de los 425 compradores 31 adquirieron 10 o más esclavos y solamente uno compró más de 100. Esto hace evidente cierta amplitud de la trata, si bien esos 31 compradores adquirieron el 55.5%…

p. 150
[8]

imposición de la coronilla real o marca -opera- ciones conocidas como de Palmeo y Carimba- se procedía a la subasta pública por lotes o por "piezas de indias" (34) y posteriormente a su dis- tribución e internación a los distintos sitios de trabajo. En el caso de la Nueva Granada, los esclavos eran conducidos en…

p. 152
[13]

de las diferentes castas, naciones o países a los distin- tos grupos de esclavos. Lamentablemente, no se han adelantado trabajos sistemáticos en este sentido y las refe- rencias al origen tribal del elemento negro im- portado a la Nueva Granada son muy generales y vagas, sin que hasta el momento se haya con- frontado,…

p. 154
02Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 241, 297, 3273 citas
[2]

de “ tres por dos ” 5 muleques de. “ tres por dos ”, 3 muleques ‘ ‘ dos por uno ”, 42 negros y negras “ piezas de india ” y. 35 negros “ piezas ” 2 a. ¡ ^ É lgraii c omer c io de es c lavos en Cartagena y otros puertos neogranadi- rSos - c omo Santa Marta y Rio h a ch a pone de mani f iesto la de c isiva parti c i pa…

p. 297
[10]

una alternativa de empleo y de perma nencia en explotaciones agr í colas. Dentro del sistema defensivo del Imperio y la ruta de la Carre ra de Indias, Cartagena goz ó de una situaci ó n estrat é gica que favo rec í a no s ó lo la introducci ó n l í cita de esclavos y mercanc í as, sino que invitaba a su comercio il í…

p. 241
[36]

COLOMBIA Principales Palenques • ✓ Zona de Palenques 342 LA ESCLAVITUD Y LA SOCIEDAD ESCLAVISTA '. • v ci ó n y destrucci ó n de esta comunidad, pero los palenqueros resis tieron los ataques y en no pocas ocasiones pusieron en serio peligro la seguridad del puerto. Las relaciones con este palenque y algunos- otros…

p. 327
03La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 23, 272 citas
[3]

puertos americanos ingresaron en esos años alrededor de 600 000 esclavos, de los cuales el mayor número, 196 000, lo hizo por Cartagena. Según el historiador Germán Peralta, en el período de poco más de medio siglo que va de 1580 a 1640, en el que Cartagena tuvo su mayor esplendor y crecimiento, entraron por este…

p. 27
[39]

“Our Rome”: “La primera ciudad de nuestro mar”, “nuestra Roma”. 19 Los sabios Juan y De Ulloa lo contaron: con el arribo de la Flota, Cartagena se convertía, como buen puerto del Caribe, en un lugar de jolgorios, en el que se abrían muchas tabernas y en el que el ambiente marinero se hacía sentir. La cosa llegaba al…

p. 23
04Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 190, 1934 citas
[4]

cien- to, los Estados Unidos con un 6 por ciento. Una al- tísima proporción, 34 por ciento, correspondió a las colonias antillanas británicas y francesas (la po- blación indígena del Caribe fue exterminada du- rante los primeros años de la Conquista y reem- plazada por población de origen africano) y el resto, el 6…

p. 193
[5]

cien- to, los Estados Unidos con un 6 por ciento. Una al- tísima proporción, 34 por ciento, correspondió a las colonias antillanas británicas y francesas (la po- blación indígena del Caribe fue exterminada du- rante los primeros años de la Conquista y reem- plazada por población de origen africano) y el resto, el 6…

p. 193
[62]

de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

p. 190
[63]

de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

p. 190
05Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 45, 492 citas
[6]

no era cosa de poca monta, aun siendo legal. Transportar y alimentar partida,s de 50, 100 o 200 personas durante más de un mes _por regiones inhóspitas exigía una logística tan laboriosa, que explica que lós precios se duplicaran entre Cartagena y Popayán. Así, debe concluirse que las partidas introducidas de…

p. 45
[14]

de Popayán como centro del tráfico, allí se dejaron numerosas pa- tentes, casi todas en el original. Algo semejai1te debía ocurrir en los centros mineros y en algunas ciudades que tocaban los mercaderes de la carrera 23 • Las patentes enumeran uno por uno los esclavos vendidos y mencio- nan, además del precio de…

p. 49
06Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 321, 3282 citas
[7]

propósito. Los «asientos» y el contrabando El caso de Zaragoza y Remedios parece haber sido excepcional. Estos ya cimientos se beneficiaron con la política de las grandes licencias otorgadas a partir de 1570 y con los «asientos» inaugurados en 1587 con Pedro de Sevilla y Antonio Méndez Lamego^guienes se comprometían a…

p. 321
[9]

mismo un lote de 31 esclavos, a razón de 260 pesos la pieza126, lo cual indica que el precio debía ser más bien de 3 0 0 pesos. Más al interior, en Mariquita, un comerciante de esclavos, Fran cisco García de la Jara, vendió en 1590 una partida de 28 esclavos a Juan Martín, vecino de Vitoria. Más tarde se alegó que los…

p. 328
07Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 981 cita
[11]

En los siglos xvi y xvii, la m ayoría de esclavos traídos de África eran varones, co n sid erad o s m ás útiles que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I l i s r c 'K iA D ií C o l o m b i a. I’ a í s i r a g m l n t a i x v s c k t l d a u d i v i d i d a 1 0 1 las m…

p. 98
08Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 78, 892 citas
[12]

conocimientos especialmente valo- rados por los amos eran los de los carpinteros, las parteras y los curanderos de picaduras de víboras. Las cuadrillas mineras llegaron a estar conformadas hasta por varios cientos de esclavos, aunque lo normal era que el tamaño de una cuadrilla oscilara entre los 50 y los 200…

p. 78
[49]

propios 55 Palacios de la Vega, Joseph, op. cit., pág. 75. 90 Bíndice Cnrdif Cnianonv de las naciones africanas. En estos se invocaban fuerzas mágico-sagradas portadoras de poderes que otorgaban determinados beneficios. Para estos trabajadores forzados, el mundo real tenía su paralelo con otro mundo, abstracto,…

p. 89
09Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 99, 1032 citas
[15]

así: Bioho, el Rey del Arcabuco Una vez con los malibúes y otras tribus exterminadas, subyugadas o acomodadas ante el poder del conquistador español, las tierras más accesibles a los ríos y caños empezaron a ocuparse por blancos y vecinos libres, esto es, personas que no eran esclavas ni estaban sujetas a servidumbre.…

p. 99
[32]

cimarrón; otros se quedaron donde habita- ban, pero actuando como espías en apoyo de Bioho. El palenque de Matuna creció a tal punto que debió darse una organización social y política formal: Bioho fue proclamado " r e y del arcabuco" y la gente eligió en cabildo a sus propias autoridades según mérito y servicio.…

p. 103
10Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 50, 922 citas
[16]

determinado entonces por un mar- cado descenso de la población tributaria que creó una situación de abundancia de tierras y escasez extrema de mano de obra. La producción de oro colapsó, lo que llevó a que en 1700 casi desapareciera por completo, de un nivel de 2 millones de pesos plata a principios del siglo. Sola-…

p. 50
[27]

Producción de oro Durante el siglo xviii el oro fue el principal producto de exportación de la Nueva Granada y durante el siglo xix esta situación no varió mucho. Fue sólo a finales de ese siglo, ante la aparición de nuevos productos de exportación como el tabaco, la quina y el café, que el oro fue relegado a un…

p. 92
11Rites, Rights & Rhythms: A Genealogy of Musical Meaning in Colombia's Black PacificMichael Birenbaum Quintero · 2019 · p. 58, 1272 citas
[17]

Valderrama 2013a, 2013b). This new focus, however, is less an indication that the question is settled than that the still- rancorous debate has become personal to the point of potentially affecting young scholars’ chances in a tight job market. 44. E. Restrepo (2005:78). 45. Rather more grave is their general…

p. 127
[59]

tatabro but had killed a tigre, or Canto de boga, “Pango p é,” as recorded by Carolina Micolta and Fulvia Franco Vallecilla of Guapi. * * Transcription in Western notation is a fraught exercise, and I include it, in all consciousness of its distortions, as a necessarily incomplete indication of things like falsetto.…

p. 58
12La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 391 cita
[18]

HÉROES DEL CHOCÓ 39 Las condiciones geográficas y climáticas se articulan con dinámicas pro- ductivas que han configurado las formas de poblamiento del Chocó. Desde el periodo colonial, se ha percibido al departamento como una despensa de recursos extractivos como el platino y el oro. Desde esta visión, se han ex-…

p. 39
13Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 64, 742 citas
[19]

entre 1510 y 1550 cu los mejores a ñ os el oro lleg ó a 300000 pesos, entre 1570 y 1 620 el Nuevo Reino se convirti ó en el principal productor de oro de Am é rica y hubo a ñ os en los que la producci ó n lleg ó a 2 millo nes de pesos. Desde el punto de vista del imperio, el oro era apenas 68 HISTORIA M Í NIMA DE…

p. 64
[42]

o “ cuarterones ”, agrupadas en los censos co mo “ mestizos ”, “ castas ” o “ libres ”. En efecto, ya para 1778 casi la mi tad de la poblaci ó n del Nuevo Reino figuraba como mestiza, y mu chos de los que aparec í an como ind í genas, blancos o incluso esclavos eran mestizos. En el censo de ese a ñ o los indios fueron…

p. 74
14Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 59, 862 citas
[20]

minas propiamente dichas, donde un empresario minero con capital suficiente para tener una cuadrilla de esclavos explotaba un territorio de su propiedad. Una o varias de ellas constituyeron los llamados reales de minas, unidades administrativas creadas por las autoridades espafiolas para ejercer el control de la…

p. 86
[21]

productividad per cápita, sino más bien del hallazgo de nuevos yacimientos con una gran riqueza superficial y del aumento constante de la mano de obra. En ambos casos la tendencia al agotamiento producía una curva muy regular en todos los distritos mineros. El hallazgo inicial incitaba a la compra de esclavos, por lo…

p. 59
15Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 3471 cita
[22]

contaba con 600 esclavos importa - dos y en 1782 los negros ya representaban casi el 75 % de la población en el Chocó, de un total aproximado de 35. 000, mientras los blancos constituían apenas el 2 %, y el resto los indígenas. Los blancos eran dueños o supervisores de las minas, oficiales de la Corona, curas o…

p. 347
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 cita
[23]

mientras mujeres negras adornadas con corpiños y brazaletes de oro se paseaban desnudas para servir a sus amos. Cuenta la historia que Pedro Quiñones, Marqués de Miraflores y alférez real de Barbacoas, preparaba plátanos cubiertos de polvo de oro y para evitar que los esclavos recuperaran el preciado metal de sus…

p. 44
17Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 65, 692 citas
[24]

mención de los momentos y procesos más P a t í a, d e l a t i e r r a d e n a d i e a l a s g r a n d e s h a c i e n d a s 70 relevantes. En ese orden de ideas, con base en la consulta realizada sobre la hacienda colonial en el valle, podría decirse que sus inicios datan del siglo XVIII. Su nacimiento fue posible…

p. 69
[34]

su perspectiva, fray Juan de Santa Gertrudis manifestó: Ha muchísimo tiempo que unos ladrones se dieron maña de hurtar un situado que bajaba con treinta mulas cargadas de plata del Rey, de Pasto a Popayán, y estos se fueron temerosos de la justicia a buscar donde poder estar sin riesgo. Unos indios de Taminango les…

p. 65
18Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 542 citas
[25]

no lo habían he- cho ya, a dar rozas de subsistencia a los esclavos para descargar- se por lo menos de los gastos monetarios de su sostenimiento. Las variaciones de la demanda realzan la gran ineficacia del esclavismo en las condiciones hispanoamericanas, caracterizadas por una oferta rígida no solo cuando caía la…

p. 54
[26]

no lo habían he- cho ya, a dar rozas de subsistencia a los esclavos para descargar- se por lo menos de los gastos monetarios de su sostenimiento. Las variaciones de la demanda realzan la gran ineficacia del esclavismo en las condiciones hispanoamericanas, caracterizadas por una oferta rígida no solo cuando caía la…

p. 54
19Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 108, 1922 citas
[28]

además un mercado que puede desaparecer repentinamente con el agotamiento de las minas y con el que nadie puede contar como una base definitiva para su estabilidad económica. Todo progreso realizado sobre esa base es eminentemente precario, como muestra la experiencia tantas veces repetida del colapso económico…

p. 192
[29]

desde hace varios años, que tiene con ella varios hijos y que la “Losada manda las cuadrillas y maltrata a los esclavos”. Mosquera y Figueroa, por su lado, acusó en el proceso a los testigos, inclusive al cura de Nóvita, de vivir amancebados con las negras esclavas.¹ ⁰ ³ Ante formas tan extremas de explotación y…

p. 108
20Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2211 cita
[30]

Francisco Bri- ceño, presidente. Se es- tablece la mita como forma de trabajo forzoso para los indígenas. Fun- dación del convento de agustinos en Santafé. 1576 El pirata inglés Oxenham desembarca en el Da- rién y establece una alianza con negros cimarrones. 1577 Prosiguen insurrecciones indígenas. Los indios -Pijao…

p. 221
21Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 85, 1472 citas
[31]

y caña de azúcar, hasta cuando los expulsaron a la fuerza los blancos de Corozal. Por lo mismo, había espacio para los corra- les y chiqueros del padre Gaicano''. " S e g u r a m e n t e —replica M a n e —. El mismo padre debió llevar después los primeros caballos, mulos y asnos. ¿Cómo se- ría la cosa entre las burras…

p. 85
[46]

De Zabaleta varias decenas de esclavos negros casi exclusivamente, que las arriaban ya gordas al mercado de Cartagena. Estos esclavos vivían en un caserío con capilla propia en el sitio llamado Santa Ana del Paraíso que más tarde encubrió el cementerio de Guayabal. Cuando De Zabaleta murió en 1706, ordenó que algunos…

p. 147
22Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3931 cita
[33]

constancia vencí los muchos horrores y dificultades que se encontraron así por parte de los negros del palenque de San Basilio, como por la suma espresura de árboles y brozas que con dificultad se descubría la claridad del sol; a que se agregaban las muchas barrancas, despeñaderos y anegadizos; y aprovechándome del…

p. 393
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 381 cita
[35]

libre» 48. En este contexto, en el valle del Patía, paralelo al avance de la minería y la consolidación de la hacienda ganadera, se dio la apropiación de predios vacíos entre las haciendas ganaderas por familias afrodescendientes alrededor de los platanares, que eran «pequeñas parcelas o unidades económicas domésticas…

p. 38
24The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 112, 2722 citas
[37]

descendants of cimarrones, people who won their freedom by escape. They express pride in that past, especially through the heroic symbol of Benkos Biohó, the most famous leader of the communi- ties that later coalesced to become known as Palenke, where there is now a statue in his honor. Colombia’s palenques have…

p. 272
[51]

Bogotá (an encomienda was a grant made by the crown, in which a Spaniard received the right to collect tribute, paid in labor and in goods, from a specific group of Indians). Yet priests received goods and labor from Indians too, and also meted out punishments, meaning that when a voice from the pulpit called for…

p. 112
25Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 961 cita
[38]

ancho de los siglos las transformaciones de la sociedad colonial, según la presencia o la ausencia de quienes llegaron a trabajar tanto en las minas y el servicio doméstico como en las estancias y el mundo urbano 38. La superposición de estos instru- mentos públicos y las testamentarías, las cartas, los registros de…

p. 96
26Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 3471 cita
[40]

de Cartagena, puerto de entrada de negros esclavos para el reino y ade - más escenario de zambajes y mulatajes, se toleró un sitio de poblamiento con un estatus superior al de los palenques y las rochelas. Se trataba del arrabal de Getsemaní, situado fuera de la muralla de la ciudad, en el que se toleraba el…

p. 347
27Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 291 cita
[41]

slaves r5.7 per' cent; whites, including clergy, 27.o percentl and Indians o. 5 percent. Pardo artisans included shoemakers, tailors, masons, and silversmiths. Some of them became relatively wealthy and could afford to live in two-story houses and own slaves.6 The pardos'demographic weight also made them crucial to…

p. 29
28Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 60, 3032 citas
[43]

Mompox and Valledupar were important cen- ters for the legal and contraband trade but depended on Cartagena or Santa Marta, respectively, for their administration (see Chapter ). 4 Elsewhere, most Caribbean New Granadans clustered in villages and small towns along the main rivers and some portions of the coast.…

p. 60
[47]

Cartegena remite a esta superioridad testimonio íntegro de los autos obrados contra una negra bozal nombrada María Gervasia Guillén por haberle aprendido varios géneros de ilícita introducción, in Colombia, AHNC, CO, NE, tomo , , fols. -v. . Colombia, APC, Libro de bautismos de pardos y morenos, –;…

p. 303
29Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 60, 3032 citas
[44]

Mompox and Valledupar were important cen- ters for the legal and contraband trade but depended on Cartagena or Santa Marta, respectively, for their administration (see Chapter ). 4 Elsewhere, most Caribbean New Granadans clustered in villages and small towns along the main rivers and some portions of the coast.…

p. 60
[48]

Cartegena remite a esta superioridad testimonio íntegro de los autos obrados contra una negra bozal nombrada María Gervasia Guillén por haberle aprendido varios géneros de ilícita introducción, in Colombia, AHNC, CO, NE, tomo , , fols. -v. . Colombia, APC, Libro de bautismos de pardos y morenos, –;…

p. 303
30La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 451 cita
[45]

más in- tensamente, la sangre negra debía constituir por lo menos un tercio del linaje antioqueño en evolución. Así, el censo de 1778 de la villa de Medellín 55 alistó 55% como mulatos o negros esclavos, de los 14.704 habitantes. Para Santa Fe de Antioquia, el censo de 180556 registra 4.242 en un total de 5.945, como…

p. 45
31Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 3141 cita
[50]

cotton tying (rite), 117 Council of Trent, 1, 14, 186, 188 Cowboys (vaqueros), 256 creolisation, 5, 12–13, 37, 102, 106 Criollo, Domingo, 37, 70 cross (symbol), 116–117, 146–148 crossroads, 110 crucifix, 142. See also cross (symbol) cuadrillas, 48, 75–77, 106, 113, 163, 165, 183–185, 188, 193, 197, 199, 250 Cuba, 4–5,…

p. 314
32Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 450, 4662 citas
[52]

proceso cerámico, sorteando las dificultades que implicó el uso de materiales y técnicas de fabricación propias de una tradición europea implantada en territorio americano, entonces con una mano de obra africana. De esto resultó la consolidación de una tradición (aunque adoptada por la sociedad criolla) que logró…

p. 450
[53]

una identidad nacional volcada hacia la unidad católica. El santo representaba los valores de la evangelización, es decir, la misión universalista del catolicismo, como agente “unificador” del país. Bibliografía complementaria Aristizábal, Tulio. El templo de San Pedro Claver en Cartagena. Bogotá: Editorial Kimpes,…

p. 466
33Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · p. 1, 62 citas
[54]

a un judaizante; el segundo, de aquellas que podrían delatar a un mahometano; el tercero se refería a los luteranos; el cuarto, a los alumbrados, secta mística desarrollada en España en el siglo; el quinto, a otras herejías, como blasfemias, brujerías y XVI satanismo; el sexto, a delitos sexuales, como la prostitución…

p. 6
[55]

89 LA INQUISICIÓN EN LA NUEVA GRANADA Alberto José Campillo Pardo Introducción El devenir de las religiones es un aparte fascinante de la disciplina histórica, pues su estudio comprende no solo la cosmovisión y las creencias de una sociedad determinada, sino también una serie de instituciones y prácticas políticas y…

p. 1
34Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1541 cita
[56]

cución se utiliza una tambora o bombo, un guache, una maraca y una caña de millo; es un aire básica- mente mulato y zambo, cuyo baile típico se danza con velas encendidas y usualmente no es cantada. El bullerengue y el chandé se interpretan con tambores y batir de palmas de las manos; a dife- rencia de la cumbia, sí…

p. 154
35Cumbia! Scenes of a Migrant Latin American Music GenreHéctor Fernández L'Hoeste, Pablo Vila (eds.) · 2013 · p. 411 cita
[57]

of cumbia, the Mompox area. Between the sixteenth and eighteenth centuries, many palenques, vil- lages formed by fugitive slaves (cimarrones) during the colonial period, sprang up in this area.8 In fact, from the organological point of view, the line- up of coastal conjuntos consists of drums that make up the tambora,…

p. 41
36Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 561 cita
[58]

while common places of origin and the hardships of the slave ship may have had initial bonding effects on some slaves in the Americas, the day- to- day experiences people lived and shared, the family and kinship bonds they developed over time, and the strategies they used to create meaning for their lives all…

p. 56
37Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 2191 cita
[60]

te necesito. Vengo por ti. Quiero sacarte de esta porquería. Nos iremos a vivir a Manga donde nunca sepamos nada de Chambacú. Ahora soy sargento. Sé que no es mucho dinero, pero en secreto te digo que me han prometido mu- chos dólares. Viviremos decentemente. Te compraré vestidos, radio… y podría ser que hasta un…

p. 219
38Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 721 cita
[61]

theater, chronicle, novel, folk tales, poetry, and even scripts for radio and television, in addition to a beautiful autobiographical text called Levántate mulato (1990). His distinguished work is Changó... el gran putas (1983), a monumental and fundamental work about the African diaspora literature and libertarian…

p. 72
39¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 341 cita
[64]

de la tierra, se ha solido enseñar, se expresó mediante diferentes instituciones: una fue la encomienda, donde un grupo indígena era obligado a trabajar para un español -el encomendero- que lo recibía en recompensa por su participación en la Conquista, a cambio de no separarlo y garantizar su conversión al…

p. 34
40Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 411 cita
[65]

años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se reprodujera ese…

p. 41
41Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1211 cita
[66]

el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…

p. 121
42Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 3521 cita
[67]

Huila, en inmediaciones de los municipios de San Agustín e Isnos, aparte de su gran belleza, es la necrópolis de mayor extensión a nivel mundial con vestigios monumentales como estatuas, relieves y sarcófagos tallados en piedra; templetes o dólmenes de lajas; montículos funerarios, terrazas, caminos y terraplenes de…

p. 352
43Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 39, 5842 citas
[68]

Agencia Nacional de Tierras (ANT) reportó que se encontraban en trámite 319 solicitudes de titulación colectiva: 142 para territorios de la región Caribe y 112 para la del Pacífico 20. 16 DANE, «Censo Nacional de Población y Vivienda, 2005». 17 DANE, «Censo Nacional de Población y Vivienda, 2018». 18 Ibíd. 19 DANE,…

p. 39
[69]

paz» o entente cordiale 1526. Un habitante de la comunidad de Tabaco, en la Guajira, relata cómo su comu- nidad, junto con las de Roche, Manantial, Patilla y Chancleta, fueron producto de largas caminatas liberadoras y de la reconstrucción de tejidos comunitarios de negros cimarrones y palenques fundados en la época…

p. 584
44Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2941 cita
[70]

a las específicas sedimentaciones de la alteridad. Y esto no es un asunto únicamente del presente. Para poner un ejemplo, las disímiles maneras en que el racismo científico se materializa en debates y medidas eugenésicas en Argentina o Colombia se comprenden en relación con el lugar de la diferencia en las dos…

p. 294
45Becoming Black Political Subjects: Movements and Ethno-Racial Rights in Colombia and BrazilTianna S. Paschel · 2016 · p. 771 cita
[71]

black youth (Smith 2013). the articulation oF Black movements in colomBia The articulation of Colombia’s black movement in recent decades hap- pened under historical and political conditions very distinct from those in Brazil. Despite the fact that some forms of black resistance in Colombia can be traced back to the…

p. 77
46Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 1671 cita
[72]

que estaban conectadas a ese cable, estaban enseguida de nuestra casa. El que lo hubiera prendido, pues hubiera estallado con ellas. Al final hubo como tanta cosa que no sé ni cómo quedamos vivos. El fotógrafo del pueblo salió y documentó muchas cosas de la toma que yo no he sido capaz de ver todavía. Ese sentimiento…

p. 167