Valle del Patía
“El Patía es una de las pocas regiones de Colombia donde el abandono colonial se convirtió en condición de posibilidad: la lejanía de Popayán y el calor inhóspito del cañón permitieron que familias afrodescendientes construyeran, entre los siglos…”
El Patía
Hay valles que la historia decide y valles que se deciden a sí mismos. El Patía pertenece al segundo grupo. Encajonado entre la cordillera Occidental y la Central, al sur del departamento del Cauca y al norte del de Nariño, este cañón seco y ardiente —depresión interandina que se abre bajo la sombra del Macizo Colombiano y desagua por su río homónimo hacia el Pacífico— no es solamente una geografía: es una construcción histórica levantada por familias afrodescendientes que, desde el siglo XVII, convirtieron el abandono de los poderes andinos en un margen para vivir a su manera. Territorio de platanares y palenques, de bandoleros y guerrilleros, de violines y coplas, de haciendas ganaderas y corredores del narcotráfico, el Patía condensa en un espacio estrecho casi cuatro siglos de insumisión negociada, de aislamiento buscado y de asedio recurrente. Comprenderlo exige leerlo a la vez como valle, como frontera y como sujeto.
La semblanza: un cañón que se hizo pueblo
El Patía es primero un accidente geográfico: un hueco profundo y estrecho abierto entre dos cordilleras, con clima subdesértico, vegetación espinosa, calor persistente y un río de aguas turbias que serpentea hacia el occidente para desembocar en el Pacífico. Su estrechez, su lejanía de las costas y sus rocas antiguas —las mismas que desde antes de la Conquista soltaron oro a las corrientes— lo diferenciaron temprano del vecino Valle del Cauca, más ancho, más húmedo, más apto para las grandes plantaciones. Donde el Cauca ofreció caña y azúcar, el Patía ofreció ganadería extensiva, minería de aluvión y platanares.
Pero llamarlo cañón, valle o depresión es quedarse corto. Desde el siglo XVII, familias negras libres y cimarronas fueron llenando esos intersticios entre haciendas con parcelas propias, con dos palenques cuyas huellas persisten en la toponimia y con una economía doméstica de pequeña escala a la que la historiografía terminó llamando la cultura patiana. Poblaciones como El Bordo, Mercaderes y Balboa articulan hoy un territorio que trasciende cualquier división administrativa: una región cultural con memoria propia, un modo de habitar el calor y la escasez, un archivo oral de guerras y resistencias. El Patía, en sentido estricto, es esa amalgama: el cañón geológico y la sociedad afrocampesina que lo habitó y lo nombró.
Su peso en la historia de Colombia excede su tamaño. Fue palenque colonial y retaguardia de la resistencia realista durante la Independencia; fue base del caudillismo de José María Obando y teatro de las guerras civiles decimonónicas; fue zona olvidada por el desarrollo republicano y, en los años dos mil, corredor codiciado por guerrillas, paramilitares y narcotraficantes. En cada momento, el Patía funcionó como espejo incómodo del país: revelaba lo que Colombia hacía con sus regiones periféricas, con su población negra, con sus fronteras internas.
Los orígenes: geología, indios y esclavos
La cuenca del Patía se formó en un proceso larguísimo de colisión y acreción de terrenos oceánicos contra el margen occidental de la placa sudamericana, entre el Mesozoico y el Cenozoico —a grandes rasgos, entre hace unos 250 millones y unos 2 millones de años—, un choque telúrico que levantó la cordillera Occidental y dejó a sus pies este pliegue seco. La misma tectónica que erigió las montañas depositó en los cauces rocas muy antiguas de las que, por milenios, la erosión soltaría oro. Cañón encajado, río perenne, oro aluvial, calor implacable: esa combinación definió las posibilidades y los límites de cuanto vendría después.
Antes de la llegada española, el suroccidente era un mosaico étnico. En el cañón mismo vivían los tabiles, un grupo indígena difícil de someter. Más al sur, el altiplano nariñense pertenecía a pastos y quillasingas; el valle del Guamués, a los sibundoyes; la llanura del Pacífico nariñense, a tumas, iscuandés y telembíes. Buena parte de esa zona cordillerana había estado bajo la órbita del Imperio inca en su expansión más norteña. Hacia finales del siglo XIV o durante el XV, las tribus de la región de Popayán formaron la Confederación Pubén, alianza política y militar cuya extensión precisa se pierde en la escasez documental. En el sur del sistema del Patía se han encontrado esculturas prehispánicas de suficiente factura como para inferir que el cañón sostenía vida humana estable y aprovechamiento del oro fluvial desde tiempos precolombinos.
La conquista llegó con Sebastián de Belalcázar, quien atravesó la región enfrentando una resistencia indígena feroz. Las crónicas de Bartolomé de las Casas y Pascual de Andagoya registraron la respuesta española: tala, quema de poblados y batallas como la de Timbío, donde los conquistadores debieron enfrentarse a unos tres mil indios armados. La sujeción del territorio no fue fulminante sino prolongada. La consolidación de la sociedad encomendera payanesa se demoró casi un siglo respecto al resto del Nuevo Reino de Granada, retrasada por las guerras contra pijaos, paeces y yalcones. En el Patía específicamente, el retraso fue aún mayor: la ciudad de Popayán solo extendió su control efectivo sobre el valle a finales del siglo XVIII. Durante casi tres siglos, entonces, el cañón fue frontera: periférica, aislada, gobernada más por sus habitantes que por sus autoridades nominales.
En ese vacío institucional se gestó el Patía moderno. La minería del Pacífico —Chocó y Barbacoas— y las haciendas ganaderas del interior demandaban mano de obra esclava africana, que llegó al suroccidente en cuadrillas compradas por propietarios de Popayán. Buena parte de esa población, sea por fuga, por manumisión, por abandono de cuadrillas mineras agotadas o por la propia decadencia cíclica del negocio, fue asentándose en los intersticios entre las haciendas del Patía. Se apropió de predios vacíos, sembró plátano, ñame y yuca en pequeñas parcelas junto a los ríos —los platanares— y erigió dos palenques que operaron como núcleos de vida libre. Nació así, sin acta fundacional, una sociedad afropatiana que no fue trasplante ni concesión, sino apropiación paciente de un territorio que a nadie con poder le urgía controlar.
La trayectoria: de palenque colonial a corredor en disputa
La sociedad afropatiana se consolidó al margen de Popayán durante los siglos XVII y XVIII. La élite payanesa —terrateniente, minera, comerciante, señorial, esclavista— tenía su epicentro real en el valle de Pubenza y solo hacia finales del setecientos empezó a proyectar poder efectivo sobre los territorios fronterizos: el Patía, las estribaciones de la Cordillera Central, la banda occidental del río Cauca. Mientras tanto, el cañón vivió su propia lógica. Los platanares se multiplicaron entre las haciendas; los palenques albergaron cimarrones y libertos; la economía doméstica se acopló a los ciclos de la minería del Pacífico y de la ganadería local sin fundirse en ellos.
Las autoridades coloniales oscilaron, como en el resto del Caribe y la Nueva Granada, entre reprimir y negociar con esos enclaves libres. En 1619 se declararon libres algunos grupos de cimarrones a los que se les facilitaron tierras; hacia fines del siglo XVII se ordenó, en cambio, el exterminio de palenqueros en contextos específicos. Los palenques —desafío tácito al orden hacendil— generaban un temor persistente, aunque hubo casos excepcionales de convivencia como los de Amaime y El Bolo en el vecino valle del Cauca. En el Patía, la relación cotidiana entre haciendas ganaderas y familias afropatianas fue una tensión sorda: robos de reses, fugas ocasionales, acomodos pragmáticos, matrimonios y compadrazgos. Los patianos aprovecharon los intersticios de la gobernanza española y del catolicismo, seleccionando y reelaborando sus elementos a conveniencia, para construir formas culturales propias: música con violín y tambora, décimas, coplas, una religiosidad sincrética, una memoria oral tenaz.
Con la Independencia, el Patía irrumpió en la escena nacional. La región del Gran Cauca se convirtió, desde 1810 hasta la guerra civil de 1876-77, en el principal teatro conflictivo de Colombia, con una base racial y social fragmentada entre grandes propietarios blancos y poblaciones negras, mulatas e indígenas dispersas. En la campaña del sur, el ejército patriota de Antonio Nariño se estancó en Popayán a la espera de refuerzos, minado por enfermedades, hambre y descoordinación con otras provincias, antes de marchar hacia Pasto —donde encontraría la derrota—. Y en las guerrillas realistas del sur figuraron los patianos, cuya adhesión a la corona no puede reducirse a lealtad ideológica: era, ante todo, desconfianza hacia la élite criolla republicana, encarnada en los payaneses, que amenazaba con extender por fin sobre el cañón el control que la Colonia había pospuesto. Al lado de los pastusos leales al rey y de figuras como Agustín Agualongo, los patianos hostigaron a las tropas patriotas durante años, en una guerra de asedios y emboscadas que hizo del sur un frente inconcluso incluso después de Boyacá y Ayacucho.
Entre esas guerras emergió José María Obando, hijo ilegítimo de la élite payanesa, quien encarnó como pocos la ambigüedad política del sur. Combatió como jefe guerrillero bajo bandera realista entre 1819 y 1822 y luego se pasó al bando republicano, sirviendo como oficial hasta 1828. En octubre de ese año, tras el fracaso de la convención de Ocaña y la dictadura de Simón Bolívar, Obando se pronunció contra el Libertador en Popayán, se apoderó de oro destinado a la casa de moneda, saqueó haciendas y lanzó cuatrocientos hombres contra setecientas tropas bolivarianas mal dirigidas. La rebelión de 1828 lo consagró como caudillo regional clásico: combinaba fuerza y fraude, movilizaba negros e indígenas —muchos patianos entre ellos— para aterrorizar el campo de Popayán, y construía base política sobre el resentimiento popular hacia la élite señorial. Durante la Guerra de los Supremos, en 1840, guerrillas que operaban entre Popayán y Pasto se sumaron a la revuelta y Obando se reunió con varios jefes guerrilleros para articular el alzamiento. El Patía fue su reserva estratégica: brazos armados, caballos, refugio en el calor del cañón.
El siglo XIX republicano fue para el Patía una sucesión de guerras civiles en las que la región funcionó menos como bando ideológico que como cantera de combatientes. Los patianos aprendieron a moverse entre banderas, a rentabilizar su condición fronteriza, a preservar el territorio a costa de alistarse en cuantas guerras pasaran por él. La historiografía posterior propuso leer la cultura patiana como un ciclo con tres momentos: uno ascendente de formación colonial, uno cenital en el largo siglo XIX de guerras y caudillismo, y uno descendente, iniciado hacia 1930, de descomposición por aculturación. Las guerras republicanas y la creciente integración a la nación —caminos, escuelas, cuarteles, mercados— implicaron un contacto conflictivo entre poderes externos y cultura local que se expresó en prácticas sucesivas de adaptación: bandolero primero, guerrillero después, soldado más tarde. Cada figura era la reencarnación funcional de la anterior, moldeada por el nuevo tipo de guerra que atravesaba el cañón.
El siglo XX prolongó ese asedio de otra manera. Nariño y el sur del Cauca compartieron un aislamiento estructural: infraestructura vial deficiente, acceso casi nulo a servicios básicos en zonas rurales, integración marginal a la economía nacional. Desde la década de 1960, en el sur del Cauca se articularon luchas sociales en un contexto de disputas de poder entre élites locales, movilización campesina y demanda de reconocimiento territorial. Pero fue el final del siglo el que devolvió al Patía su condición de teatro. Los años noventa vieron la siembra de amapola desde Piendamó y Jambaló hasta las zonas cordilleranas del Macizo; a comienzos de los dos mil, el Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia hizo presencia en el cañón y desplegó violencia contra la población civil. El Macizo Colombiano se volvió zona de expansión y consolidación paramilitar, sobre todo tras el fracaso de las negociaciones de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y las FARC-EP. En 2004, la desmovilización del Bloque Calima y los movimientos territoriales de las FARC-EP provocados por el Plan Patriota alteraron la dinámica del narcotráfico en el Cauca, que pasó de una estructura jerárquica a pequeños carteles y grupos fragmentados que disputaron violentamente el control territorial.
Las cifras miden el estrago. En los años ochenta, cuando el conflicto apenas rozaba el cañón, los desplazados se contaron por centenares —472 entre 1980 y 1988—; en la década siguiente ya rozaban el millar. El salto vino después: casi trece mil personas expulsadas entre 1997 y 2004, y cerca de cien mil entre 2005 y 2014. Casi cien mil vidas arrancadas de sus veredas en una sola década. La escalada convirtió al valle en uno de los epicentros del desplazamiento forzado en el suroccidente colombiano, junto con Nariño y Putumayo, hacia donde el conflicto armado se corrió con mayor intensidad en los años dos mil por virtud de sus corredores estratégicos.
Su red: geografía, gente y poderes
El Patía no se explica solo. Su historia es la historia de una red densa de vínculos con territorios, personas e instituciones que lo rodean, lo penetran y a veces lo definen desde afuera.
En el orden geográfico, el nudo mayor es el Macizo Colombiano —también llamado nudo de Almaguer—, del que nace el río Patía junto a los ríos Magdalena, Cauca y Caquetá. En ese punto de origen común de las cuatro cuencas mayores del país se cifra la posición geopolítica del cañón: los corredores naturales del Macizo articulan valles y regiones que drenan hacia el Atlántico, el Pacífico y la Amazonia, y siempre existieron conexiones directas entre ellas. El Macizo es la fábrica de agua más importante de Colombia y la segunda de América Latina, declarada por la UNESCO reserva de la biosfera. Ese estatus contemporáneo hunde raíces antiguas: el poblamiento prehispánico aurífero, las rutas de la conquista, los caminos coloniales hacia Quito y hacia el Pacífico, todos pasaron por sus corredores. Y por los mismos corredores han circulado, en las últimas tres décadas, drogas, armas y tropas de los actores armados que hicieron del suroccidente el escenario de intensificación del conflicto.
En el orden humano, el Patía se articula con Popayán como su contraparte histórica. Popayán —capital de la gobernación colonial, sede de la élite señorial más influyente del virreinato de la Nueva Granada, epicentro de la minería esclavista— fue durante siglos el poder distante que jurisdiccionalmente incluía al Patía sin gobernarlo. Esa asimetría estructuró la cultura patiana como negativo fotográfico de la payanesa: donde Popayán era blanco, urbano, señorial y católico ortodoxo, el Patía era negro, rural, cimarrón y religiosamente heterodoxo. Cuando Popayán extendió al fin, hacia 1780-1800, su control efectivo, ya el cañón tenía tres o cuatro generaciones de sociedad afropatiana consolidada. La élite payanesa —que incluyó a los Mosquera, con Tomás Cipriano de Mosquera como su figura mayor del siglo XIX— nunca logró absorber ese territorio; solo domesticarlo intermitentemente, casi siempre a través de guerras.
Al sur, el vínculo es con Pasto y Nariño. La resistencia realista pastusa, encabezada por Agualongo, encontró en los patianos aliados naturales durante las guerras de Independencia. Pasto y el Patía compartían el recelo hacia el proyecto criollo republicano encarnado por la élite de Popayán, y su alianza —más práctica que ideológica— sostuvo el frente sur durante años. También compartían, con el tiempo, un aislamiento del resto del país y una integración precaria al Estado nacional.
En el orden de las personas, la lista es amplia. Bolívar y Nariño representan el proyecto republicano que se estrelló contra el sur. Juan José Rondón, el llanero de Vargas y Boyacá, aparece en la memoria épica del ejército libertador. Agualongo encarna la resistencia realista pastusa que fue prima hermana de la patiana. Obando es la figura patiana por antonomasia en la política nacional: caudillo, general, presidente frustrado, símbolo del sur insubordinado. Mosquera, su gran rival, encarna en cambio la élite payanesa que quiso disciplinar la región. En torno a estos nombres se despliega una constelación de jefes guerrilleros, curas, hacendados, capitanes de palenque y cabildantes indígenas, cuyos nombres la historia oficial ha conservado a medias y cuyos actos la memoria oral del cañón guarda mejor.
En el orden institucional, la red se completa con la Iglesia católica —que evangelizó y a la vez fue reapropiada—, con el Estado colombiano en sus versiones sucesivas —Nueva Granada, Confederación Granadina, Estados Unidos de Colombia, República de Colombia—, con las Fuerzas Militares que enviaron tropas al cañón en cada guerra civil, y en el siglo XXI con guerrillas, paramilitares y grupos herederos que se disputaron los corredores del Macizo. Y con las organizaciones étnicas —Cococauca entre ellas— que desde los años noventa articulan la demanda afropatiana y afropacífica de reconocimiento y territorio.
Su huella: memoria, cultura y derecho
Lo que el Patía dejó no cabe en un inventario. Dejó, primero, una cultura viva: la música de violín, tambora y coplas, la décima improvisada, la gastronomía del sancocho de gallina y el arroz atollado, la palabra ronca y humorada del patiano frente al forastero, una manera de habitar el calor y la escasez que se transmite por herencia oral. Dejó una toponimia que es archivo: El Bordo cabecera, Mercaderes puerto seco de arrieros, Balboa cruce, El Castigo nombre que dice lo que quiere decir, La Fonda descanso, Galíndez cuenta. Dejó dos palenques cuyas huellas la investigación ha ido rescatando del ocultamiento sistemático al que la historiografía colonial y republicana relegó a las comunidades negras.
Dejó, sobre todo, un modelo de resistencia. La combinación de aislamiento buscado, apropiación de predios vacíos, economía doméstica de platanar y participación selectiva en las guerras nacionales configuró una forma específica de autonomía afrocampesina en los Andes colombianos, distinta de la del Pacífico ribereño pero emparentada con ella. Esa autonomía, sin embargo, siempre fue negociada. Nunca se ejerció en soberanía plena: se ejerció en los márgenes que el abandono colonial y la geografía dejaban abiertos, y se retrajo cada vez que un poder externo —Belalcázar, Popayán, el ejército republicano, el Bloque Calima— avanzó sobre el cañón. Leer la historia patiana como triunfo del cimarronaje sería tan falso como leerla como mero residuo de la economía esclavista payanesa. Fue las dos cosas a la vez: agencia real dentro de estructuras impuestas, insumisión duradera dentro de un asedio recurrente.
En el orden jurídico, la huella se materializó tarde pero materialmente. El artículo 55 transitorio de la Constitución Política de 1991 reconoció el derecho al territorio de las comunidades negras; la Ley 70 de 1993 lo desarrolló, y el Decreto 1745 de 1995 la reglamentó fijando requisitos y procedimientos para la titulación colectiva de territorios ancestrales en la cuenca del Pacífico y en otras regiones con condiciones similares de ocupación. Para acogerse a esa titulación, las comunidades negras deben constituir un consejo comunitario como autoridad administrativa. Organizaciones como Cococauca han desarrollado en las últimas décadas una Ruta de Reafirmación Étnica que articula manejo del territorio colectivo, reconocimiento de estructuras culturales propias —incluyendo el registro de plantas medicinales y saberes botánicos— y fortalecimiento de la autonomía frente a las presiones externas. El marco legal, sumado al Convenio 169 de la OIT, dio soporte formal a lo que las comunidades del cañón habían practicado durante casi cuatro siglos.
Pero la huella jurídica no ha cancelado el asedio. Los cultivos de uso ilícito refuerzan funciones de regulación y control social y económico sobre las poblaciones por parte de los grupos armados ilegales, dificultando su retiro de los territorios. Los casi cien mil desplazados del Patía entre 2005 y 2014 son la contracara de la titulación: mientras el Estado reconocía derechos, actores armados desplazaban comunidades. La permanencia afropatiana en su territorio es hoy, más que nunca, una cuestión política en curso.
En la memoria colombiana, el Patía ocupa un lugar incómodo. La historiografía nacional lo redujo largo tiempo a episodio: la guerrilla realista de los patianos en la Independencia, la rebelión de Obando en 1828, el bandolerismo decimonónico, el conflicto armado contemporáneo. Rara vez se lo pensó como sujeto histórico continuo. La obra pionera de Francisco Zuluaga vino a cambiar esa mirada: leyó el cañón desde adentro, con perspectiva territorial, y desplegó su identidad a través de personajes y sucesos que abarcan casi cuatro siglos, para exaltar la presencia de las comunidades negras del valle y denunciar su ocultamiento. Después de Zuluaga, es difícil pensar el Patía sin pensar en sus habitantes como agentes de su propia historia.
Queda, al final, la pregunta más incómoda: qué queda del Patía como cultura viva en un país que llega tarde a sus periferias y demasiado pronto con sus violencias. El ciclo descendente fechado desde 1930 se ha acelerado bajo la presión conjunta del conflicto armado, el narcotráfico, la migración forzada y la homogeneización cultural. Y, sin embargo, en las fiestas patronales de El Bordo, en las décimas de los viejos, en las coplas que los niños todavía aprenden, en las movilizaciones de los consejos comunitarios, en la palabra pública de las organizaciones étnicas, el Patía sigue nombrándose. Sigue siendo, contra pronóstico y contra asedio, un sujeto que se resiste a ser solamente valle.
El cañón permanece: seco, ardiente, atravesado por su río turbio. Y en él, las mismas comunidades que se hicieron territorio en el siglo XVII siguen haciendo, hoy, la pregunta de siempre: bajo qué condiciones se puede habitar libremente un lugar. Es la pregunta que el Patía le devuelve a Colombia cada vez que Colombia se acuerda de él.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
33 documentos · 40 fragmentos01Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 31, 602 citas
[1]t u d i o s d e c o m u n i d a d e s n e g r a s e n C o l o m b i a 31 En ese entendido, “esta cuenca fue formada por colisión y acreción de terrenos oceánicos al margen occidental de la placa sudamericana, durante el Mesozoico y Cenozoico, dando origen a la cordillera Occidental” (Vergara y Torres 2017: 14). Fueron…
p. 31
[23]personajes que han hecho historia por casi cuatro siglos a través de sucesos que exaltaron su presencia e importancia al momento de construir el ser afropatiano desde una perspectiva arraigadamente territorial. De este modo, “El apogeo de mi tierra”, como segundo capítulo, es un recorrido de hechos en busca de piezas…
p. 60
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 912 citas
[2]las hoyas del Baudó, San Juan, Patía y Mira, todos cauces navegables. Arriba, salto de Bedón, en el depar- tamento de Nariño.. res de ríos, a muy poca distancia uno de otro. Sin embargo, con muy pocas excepciones, se alcanza a producir una ramificación de afluentes que den origen a un río madre de largo curso. Debido…
p. 91
[3]las hoyas del Baudó, San Juan, Patía y Mira, todos cauces navegables. Arriba, salto de Bedón, en el depar- tamento de Nariño.. res de ríos, a muy poca distancia uno de otro. Sin embargo, con muy pocas excepciones, se alcanza a producir una ramificación de afluentes que den origen a un río madre de largo curso. Debido…
p. 91
03Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1822 citas
[4]sistema. Los conquistadores europeos encontraron en este sistema grupos indígenas numerosos y difíciles de someter y en su extremo sur se han hallado esculturas prehispánicas de gran interés, todo lo cual puede indicar que en ese entonces los servicios ambientales eran suficientes para sostener la vida humana. La…
p. 182
[5]que afecta el centro del sistema. Los conquistadores europeos encontraron en este sistema grupos indígenas numerosos y difíciles de someter y en su extremo sur se han hallado esculturas prehispánicas de gran interés, todo lo cual puede indicar que en ese entonces los servicios ambientales eran suficientes para…
p. 182
04Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 5531 cita
[6]Nariño 551 m apa 1 División regional y municipal del Macizo colombiano y el Alto Patía Océano Pacífico Cauca Nariño Putumayo Ecuador 552 Guerra y violencias en Colombia En términos geográficos y ambientales, la región del Macizo asume una grandísima importancia. “Al Macizo Colombiano se lo identifica como la fábrica…
p. 553
05Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 782 citas
[7]reflejaron en grandes áreas, con manifestaciones locales en todos los niveles (Flórez, 2003; IGAC, 1977; IGAC, 2005). Aunque en la escala amplia se puedan trazar límites teóricos que separan esquemáticamente regiones naturales, es necesario plantear que siempre han existido conexiones directas entre ellas y las…
p. 78
[8]reflejaron en grandes áreas, con manifestaciones locales en todos los niveles (Flórez, 2003; IGAC, 1977; IGAC, 2005). Aunque en la escala amplia se puedan trazar límites teóricos que separan esquemáticamente regiones naturales, es necesario plantear que siempre han existido conexiones directas entre ellas y las…
p. 78
06Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 5531 cita
[9]Laboratorio de Paz del Cauca y Nariño 551 m apa 1 División regional y municipal del Macizo colombiano y el Alto Patía Océano Pacífico Cauca Nariño Putumayo Ecuador 552 Guerra y violencias en Colombia En términos geográficos y ambientales, la región del Macizo asume una grandísima importancia. “Al Macizo Colombiano se…
p. 553
07Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 1631 cita
[10]coraz6n de los poetas: Arturo Cova, Clemente Silva, Santos Luzardo... O Ladislao. Y sus monumentos: el solemne rio que abre los dias y las noches, la misterio- sa selva catedralicia, la columna estelar de la palmera, la llanura donde el viento se fatiga y donde el alba desem- boca «como una roja turba de leones». Y…
p. 163
08Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 981 cita
[11]medio de una violenta resistencia indígena, a la que respondieron, según versiones recogidas por Las Casas y Andagoya, con una táctica de tala y quema de las poblaciones con las que tropezaban 4. Los españoles anduvieron luego hacia el norte hasta encontrar la llanura de Popayán y, probablemente en el sitio de Timbío,…
p. 98
09La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 641 cita
[12]que la independencia y la autosuficiencia, características importantes de la organización económica, religiosa y territorial, fueron fundamentales para su política y su actitud hacia la autoridad. El poder de los funcionarios pubén era aparentemente muy limitado; la aseveración de Cieza de León también puede reflejar…
p. 64
10Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 42, 932 citas
[13]de campo mano de obra indígena. g) Que “el elemento más seguro de identificación era el alcance del poblamiento espa- ñol, la zona de influencia de un centro urbano”, pero que en todo, “los confines de una jurisdicción podían resultar demasiado remotos”; en el caso de la ciudad de Popayán, su “epicentro real” se…
p. 42
[24]civiles republicanas y la creciente integración a la nación implicaron un contacto conflictivo entre los poderes externos (regionales y nacionales) y la cultura local, que pasó por sucesivos momentos y prácticas de adaptación (bandoleros, guerrilleros, soldados). Durante el tercer y último periodo, que va desde 1930…
p. 93
11Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 211 cita
[14]marcado carácter patrimonial. Terminada la conquista, y con ella la influencia de los caudillos de las huestes, nadie hubiera podido re- clamar privilegios que se extendieran a toda una provincia. Por e~ta razón el reparto de recursos -tierras, indios, minas- que~ó confinado a lo que.~ sería la jurisdicci~n de una…
p. 21
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 38, 422 citas
[15]libre» 48. En este contexto, en el valle del Patía, paralelo al avance de la minería y la consolidación de la hacienda ganadera, se dio la apropiación de predios vacíos entre las haciendas ganaderas por familias afrodescendientes alrededor de los platanares, que eran «pequeñas parcelas o unidades económicas domésticas…
p. 38
[40]42 Mapa 3. Subregionalización de Nariño y sur de Cauca Fuente: DANE, 2021, Comisión de la Verdad, 2022. presentación 43 Luchas por la tierra y movilización cívica (1960—1979) 44 fiflffflć−Th fl. Thfl fifi M ientras que en otros lugares del país las guerrillas tuvieron su emergencia entre las décadas de los sesenta y…
p. 42
13Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1061 cita
[16]La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…
p. 106
14Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1811 cita
[17]como una élite terrateniente, minera 181 Capítulo 7. El localismo de las élites caucanas en el siglo xix y comerciante, que se consolidaría hacia el siglo xviii, tal y como lo expusiera Colmenares (1975). La situación de las élites de Popayán fue diferente. Al contar con un importante número de comunidades indígenas,…
p. 181
15Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 591 cita
[18]productividad per cápita, sino más bien del hallazgo de nuevos yacimientos con una gran riqueza superficial y del aumento constante de la mano de obra. En ambos casos la tendencia al agotamiento producía una curva muy regular en todos los distritos mineros. El hallazgo inicial incitaba a la compra de esclavos, por lo…
p. 59
16Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 901 cita
[19]í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…
p. 90
17Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 991 cita
[20]and Slave Royalists, 104, 105. 108 Echeverri, Indian and Slave Royalists, 104. terms of use, available at https://www.cambridge.org/core/terms. https://doi.org/10.1017/9781009543576.003 Downloaded from https://www.cambridge.org/core. University of Southampton Library, on 02 Oct 2025 at 23:53:04, subject to the…
p. 99
18Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 3271 cita
[21]COLOMBIA Principales Palenques • ✓ Zona de Palenques 342 LA ESCLAVITUD Y LA SOCIEDAD ESCLAVISTA '. • v ci ó n y destrucci ó n de esta comunidad, pero los palenqueros resis tieron los ataques y en no pocas ocasiones pusieron en serio peligro la seguridad del puerto. Las relaciones con este palenque y algunos- otros…
p. 327
19Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1201 cita
[22]vivían de algunos cultivos, la caza, la pesca y de algún trato con la hacienda. El desafío de estos palenques a la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados era un reto tácito al influjo 70 Colmenares, Germán, 1979, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, Medellín: La Carreta, págs. 215-227. 121…
p. 120
20Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 291 cita
[25]Faja Oriental>>permiten apreciar la comple- jidad interna de la s cuatro r eg iones. Por ejemplo, el Gran Cauca era extremadamente di verso por su base racial, sus tradiciones e idiosincrasias, sus ecosistemas y sus bases productivas. En el s ur, los altiplanos agrícolas de Past o, Túquerres e lpiales, pr esentaban…
p. 29
21Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · p. 672 citas
[26]estado de nuestro ejér - cito era lamentable; aunque nuestras pérdidas en Calibío no habían sido muy considerables, teníamos muchas bajas por las enfermedades, y varios oficiales y soldados estaban literalmente imposibilitados para continuar una marcha forzada, por terrenos como los que median entre Popayán y Pasto.…
p. 67
[27]estado de nuestro ejér - cito era lamentable; aunque nuestras pérdidas en Calibío no habían sido muy considerables, teníamos muchas bajas por las enfermedades, y varios oficiales y soldados estaban literalmente imposibilitados para continuar una marcha forzada, por terrenos como los que median entre Popayán y Pasto.…
p. 67
22Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 2801 cita
[28]declared against Bolívar in Popayán late in October, with the same intention as the assassins in Bogotá but with more resources, for he seized gold meant for the mint and looted rich estates. The illegitimate son of an upper-class Popayán family, he had fought as a guerrilla leader under royalist colours from 1819 to…
p. 280
23Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1371 cita
[29]Juanambú, el 30 de agosto. En Pasto ofreció un indulto a los que depusieran las armas y proclamó el decreto de supresión de los conventos. Sin embargo, las guerrillas que operaban entre Popayán y Pasto se sumaron a la revuelta. La pri- sión de uno de los jefes guerrilleros, José Erazo, sirvió para reactivar el caso…
p. 137
24Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 1091 cita
[30]memoria: las vícti- mas del Bloque Calima en el suroccidente colombiano (CNMH, 2016c) contribuye a desenmarañar el accionar e impactos del BC, para el caso específico de los municipios de El Tambo, Patía y Merca- deres, en el Cauca. Los autores describen con detalle la llegada y las modalidades de violencia que los…
p. 109
25La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 551 cita
[31]Durante este periodo los diferentes grupos armados generaron estrategias de expansión territorial que dieron lugar a corredores geográ fi cos que resultaron centrales en las dinámicas militares y económicas del con fl icto, algunas conectadas con el control de zonas cocaleras y de narcotrá fi co. En la coyuntura del…
p. 55
26Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 1841 cita
[32]disputadas. Los corredores estratégicos son entendidos como franjas territoriales que permiten a los acto- res del conflicto la movilidad de tropas, comida, armas, drogas y otros elementos indispensables para garantizar la continuidad de la guerra, entre los que se encuentran los corredores de alta mon- taña, los…
p. 184
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1131 cita
[33]las FARC-EP hasta el 16 de abril. La fuerza pública apenas apareció en la zona diez días después. Aunque la comunidad asegura que más de 100 personas fueron asesinadas, solamente 114 fiflffflćTh fl. ffff fl ff fifi de hecho, ese año registró un pico de desplazamiento forzado que afectó a 24.845 personas. En 2004, como…
p. 113
28El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 1181 cita
[34]en tanto regiones vecinas que permiten incrementar acciones de presión por parte de la insurgencia hacia la capital del país. Con respecto al Macizo colombiano 4, es necesario mencionar el papel que desempeñan Tolima y Huila en tanto corredores entre el sur del país (Caquetá y Putumayo) y la zona del Sumapaz. También…
p. 118
29El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 1181 cita
[35]en tanto regiones vecinas que permiten incrementar acciones de presión por parte de la insurgencia hacia la capital del país. Con respecto al Macizo colombiano 4, es necesario mencionar el papel que desempeñan Tolima y Huila en tanto corredores entre el sur del país (Caquetá y Putumayo) y la zona del Sumapaz. También…
p. 118
30Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 2151 cita
[36]intempestiva” (Observatorio DDHH y DIH, 2009, página 45). 286 El Plan Consolidación, implementado a partir del 17 de septiembre de 2004, es la segunda etapa de la Campaña militar J.M., también conocida como Plan Co- lombia, un plan de guerra auspiciado por el Gobierno de Estados Unidos con el objetivo de atacar los…
p. 215
31Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 1521 cita
[37]Se presentó un cambio organizativo del narcotráfico en tan - to que se pasó de una estructura jerárquica a una de pequeños 304 305 CAPÍTULO III. SUROCCIDENTE NUEVOS ESCENARIOS DE CONFLICTO ARMADO Y VIOLENCIA Panorama posacuerdos con AUC carteles y grupos menos visibles y más fragmentados, lo cual dio lugar a una…
p. 152
32Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 1161 cita
[38]55 de la Constitución Política de 1991 y, posterior- mente, fue desarrollado en la Ley 70 de 1993. Esta última fue reglamentada por el Decreto 1745 de 1995, en lo relativo a los requisitos y procedimientos para la titulación colectiva de los territorios ancestrales en la cuenca del Pacífico y en otras regiones del…
p. 116
33Representaciones y epistemes locales sobre la naturaleza en el Pacífico sur de ColombiaCarlos Enrique Osorio Garcés · 2018 · p. 641 cita
[39]de cada Consejo Comunitario, que tiene como propósito establecer las formas de manejo del territorio colectivo de los consejos comunitarios. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:26:13 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 65 E l e m e n t…
p. 64