Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Idea transversal

Glifosato

El glifosato es el herbicida sistémico asperjado aéreamente por Colombia y Estados Unidos sobre cientos de miles de hectáreas de coca y amapola entre 1995 y 2015, bajo el nombre comercial Roundup Ultra. Más que un agroquímico, condensa una política antidrogas binacional, una crisis humanitaria y ambiental, y el debate irresuelto sobre qué significa erradicar en un país sin reforma agraria.

3.710 palabras49 documentos63 fragmentos citados
Glifosato

Trayectoria de una idea

  1. 1995

    Inicio de las aspersiones aéreas sistemáticas

  2. 1996

    Marchas cocaleras contra la fumigación

  3. 1999

    Plan Colombia y escalada de la aspersión

  4. 2002

    Cúspide de la aspersión bajo Uribe y crisis humanitaria en el Catatumbo

  5. 2007

    Reconocimiento tácito de los límites de la aspersión

  6. 2015

    Suspensión del PECIG

03

La lectura

El glifosato llegó a Colombia como solución química a una crisis política, social y agraria que el Estado nunca quiso resolver por la vía de la reforma rural. Durante veinte años, más de tres millones de litros de Roundup Ultra cayeron sobre territorios campesinos e indígenas, destruyendo no solo coca sino también yuca, plátano, maíz y fuentes de agua, mientras estudios empíricos con más de 50 millones de observaciones médicas documentaban efectos sistémicos sobre la salud de las poblaciones expuestas. La estrategia produjo el llamado efecto globo: las aspersiones intensivas en Putumayo desplazaron los cultivos hacia Nariño, las de Guaviare hacia otras regiones, extendiendo el problema en lugar de eliminarlo. El aval científico y político del programa fue emitido en Washington —por la EPA y el Departamento de Estado— para un producto aplicado sobre comunidades del Amazonas y los Andes, en condiciones radicalmente distintas de las del uso agrícola convencional que había sustentado esa certificación. La suspensión del PECIG en 2015 no cerró el debate: el glifosato sigue siendo en Colombia el nombre de una pregunta sin respuesta sobre qué Estado es capaz de ofrecer a quienes sembraron coca porque no había otra economía posible.

El glifosato es, en la historia reciente de Colombia, mucho más que un herbicida sistémico de amplio espectro. Bajo su nombre comercial Roundup Ultra fue el químico que Estados Unidos y el Estado colombiano rociaron desde el aire sobre cientos de miles de hectáreas de coca y amapola entre mediados de los noventa y 2015, con una reactivación intermitente del debate hasta 2024. Detrás de esa molécula —una sal de fosfonometilglicina desarrollada en los años setenta como matamalezas agrícola— se condensa una política pública, un litigio constitucional, una crisis diplomática con Ecuador, decenas de miles de desplazados, marchas cocaleras, resguardos afectados, sentencias de la Corte y una discusión que aún no termina sobre qué significa erradicar. El glifosato, en Colombia, es simultáneamente un objeto químico, un procedimiento administrativo y una tecnología de soberanía compartida: el punto donde la agenda antidrogas estadounidense se materializó sobre el suelo, los ríos y los cuerpos de comunidades campesinas e indígenas, y donde el Estado colombiano encontró un sustituto aéreo para la reforma agraria que nunca hizo.

La molécula que reemplazó al Estado

El glifosato entró en Colombia por la puerta de la cooperación antinarcóticos. Los aviones Turbo Thrush y OV-10 Bronco del ala aérea del Departamento de Estado, equipados con boquillas y tanques para dispersión agrícola militarizada, sobrevolaban el sureste colombiano desde 1995 asperjando Roundup Ultra sobre las plantaciones de coca. Ese hecho técnico —aviones extranjeros liberando herbicida sobre territorio soberano bajo coordinación de agencias colombianas— define la ambigüedad fundacional del programa: ni operación estrictamente colombiana ni estadounidense, sino una empresa binacional en la que la línea de mando, la certificación química y el diseño estratégico venían en buena medida de afuera.

El Secretario de Estado certificó ante el Congreso estadounidense que el glifosato no representaba riesgos irrazonables para la salud humana ni para el medio ambiente, y la Agencia de Protección Ambiental (EPA) confirmó que los procedimientos de aplicación y la concentración usada en Colombia se encontraban dentro de los parámetros de las etiquetas estadounidenses. Ese aval, emitido en Washington para un producto asperjado en Putumayo, Guaviare o Nariño, fue durante dos décadas el escudo jurídico y político del programa. En total, más de tres millones de litros de Roundup Ultra cayeron sobre cientos de miles de acres del país.

La lógica de fondo era simple y, vista con distancia, tramposa: si los cultivos de coca financiaban a la guerrilla, a los carteles y a los paramilitares, matar la planta era cortar la raíz del problema. El glifosato aparecía como solución química a una crisis política, social y agraria. La discusión sobre por qué un campesino del bajo Putumayo sembraba coca —ausencia de mercados, imposibilidad de sacar la producción legal, precios internacionales, ausencia total del Estado— quedaba subsumida en la métrica de hectáreas asperjadas.

Los orígenes: de la coca de los ochenta al Plan Colombia

Para entender el glifosato en Colombia hay que fechar dos procesos que se cruzan. El primero es el crecimiento sostenido de los cultivos: en 1988 se estimaban unas 34.000 hectáreas de coca; en 2000, con las cifras ya estandarizadas del sistema SIMCI de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), Colombia registraba 136.200 hectáreas. En 1997 el país se convirtió en el primer productor mundial de hoja de coca, desplazando a Perú y Bolivia. El desplazamiento no fue casual: el control estatal sobre los cultivos en los países andinos vecinos empujó la producción hacia Colombia, que ya tenía en su territorio las estructuras de procesamiento y exportación de los carteles. La coca terminó de instalarse en el país que producía la cocaína.

El segundo proceso es la construcción de la infraestructura de fumigación. Para octubre de 1994, dieciséis departamentos registraban cultivos de hoja de coca, incluidos algunos con economías campesinas relativamente integradas al mercado, según el CONPES sobre desarrollo alternativo de ese año. Durante el gobierno de Ernesto Samper (1994-1998), la aspersión aérea con glifosato se intensificó en Caquetá, Putumayo y Guaviare, generando un malestar que estallaría en las marchas cocaleras de 1996 y 1997. Fue en esos años cuando el glifosato dejó de ser una técnica agroquímica menor para convertirse en el centro de la política antinarcóticos.

El giro definitivo vino con el Plan Colombia. Andrés Pastrana lo dio a conocer públicamente en septiembre de 1999, pero la propuesta había sido elaborada en el otoño de 1998 por funcionarios del Departamento Nacional de Planeación con participación de militares y civiles del Ministerio de Defensa. En su versión original tenía un enfoque de redistribución social y desarrollo —se lo presentó como una suerte de Plan Marshall para Colombia—, pero cuando llegó a la mesa ya incorporaba componentes militares fruto de las consultas con el gobierno estadounidense. La administración Clinton condicionó su aporte a un enfoque explícito en la guerra contra las drogas y en garantías para la inversión extranjera. El resultado fue un paquete de aproximadamente 10.000 millones de dólares, del cual Estados Unidos financió el 35% y Colombia el resto, con el 57,5% del total destinado a operaciones contra el narcotráfico y el crimen organizado.

La arquitectura contrainsurgente que sustentaba el plan se coordinaba desde el Comando Sur en Florida, donde se estableció un grupo militar específico para Colombia encargado de acompañar, formar, asesorar y fortalecer a las Fuerzas Armadas colombianas. La premisa operativa era que atacar los cultivos ilícitos socavaría las fuentes de financiación de todos los actores armados ilegales —guerrilla y paramilitares—, lo que en la práctica llevó a concentrar la intervención en regiones cocaleras que coincidían, no por accidente, con zonas históricas de presencia insurgente.

La trayectoria: 1994-2015, veinte años de aspersión

La cronología del glifosato en Colombia puede leerse como una sucesión de intensificaciones y desplazamientos.

Entre 1994 y 1997, la fumigación se concentró en Caquetá, Putumayo y Guaviare, generando una respuesta social que el país no había visto antes en zonas cocaleras. Las Juntas de Acción Comunal se reunieron por municipios y corregimientos, evaluaron la afectación de las aspersiones y decidieron por consenso salir a las carreteras. Las marchas cocaleras de 1996 y 1997 fueron masivas: paros cívicos, bloqueos, negociaciones bajo presión. Las FARC-EP influyeron en la organización y logística —presionando a campesinos e indígenas en Guaviare, Caquetá y Meta—, pero sería reduccionista atribuirles la iniciativa: la movilización expresó también una demanda autónoma campesina por sustitución voluntaria y por el cese de las fumigaciones. El gobierno Samper firmó acuerdos que después no cumplió: las fumigaciones no se suspendieron, las obras de infraestructura quedaron limitadas a asignaciones presupuestales ya existentes, y varios líderes de las marchas fueron posteriormente asesinados. Entre quienes se movilizaron había militantes de la Unión Patriótica que serían víctimas de la violencia política que ya para entonces cercaba a ese partido.

Con la entrada del Plan Colombia entre 1999 y 2004, la aspersión se disparó. Cuatro departamentos concentraron el grueso del volumen acumulado de fumigación: Guaviare (18% del total nacional), Nariño (16%), Caquetá (13%) y Putumayo. La lógica era exhibir hectáreas asperjadas ante el Congreso estadounidense y ante los medios colombianos como prueba de resultados. Pero los cultivos no obedecieron esa métrica. Las aspersiones intensivas en Putumayo a finales de los noventa provocaron un desplazamiento de los cultivos hacia Nariño, generando nuevas dinámicas de colonización y despojo en un departamento que hasta entonces no había sido gran productor. En el sur de Bolívar, los cultivos oscilaban entre 2.000 y 2.500 hectáreas entre 1994 y 1997 y crecieron sostenidamente desde 1998 hasta un máximo regional de 5.960 hectáreas en 2000, coincidiendo temporalmente con la conquista territorial paramilitar sobre esa región que había comenzado en 1997.

Este patrón —eliminación local seguida de reaparición en otra región— fue lo que empezó a llamarse efecto globo o efecto balón: apretar en un punto hacía crecer el volumen en otro. En Caquetá y Guaviare la fumigación redujo cultivos, pero contribuyó a que Putumayo se convirtiera en epicentro; cuando Putumayo fue asperjado con dureza, Nariño heredó la crisis. En Arauca, entre 2003 y 2008 se asperjaron 26.045 hectáreas: en 2003, con 12.000 hectáreas fumigadas, los cultivos se redujeron a 500; ya en 2004 repuntaron a casi 1.600. El herbicida mataba plantas, no economía política.

Bajo Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), la aspersión llegó a su cúspide. La declaración de zonas de rehabilitación y consolidación, como en Arauca, implicó suspensión o limitación de garantías constitucionales en zonas de intervención intensiva. Sin embargo, ya en 2007 el propio gobierno Uribe anunció una meta de erradicación manual de 70.000 hectáreas —el doble de lo realizado en 2005—, reconociendo tácitamente que la erradicación manual era más eficiente en costos, generaba empleo local y evitaba parte de los daños colaterales que la fumigación producía sobre cultivos legales, fuentes de agua y salud humana.

La reducción del paquete de ayuda estadounidense entre 2009 y 2015 dio a Colombia un margen de maniobra que aprovechó Juan Manuel Santos. El presidente admitió públicamente que la guerra contra las drogas no había producido resultados concretos, comparándola con una bicicleta estática en la que se imprime enorme esfuerzo sin avanzar, y manifestó que Colombia prefería ser anfitrión de una conversación global orientada a transformar el régimen internacional antidrogas. En 2015, tras años de presión de la Organización Mundial de la Salud sobre la clasificación del glifosato como probable carcinógeno y de estudios internos sobre efectos en la salud de las poblaciones expuestas, el gobierno suspendió el uso del herbicida en el Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos por Aspersión Aérea (PECIG). En 2017 —el mismo año en que el partido político de las FARC fue aprobado, comenzó el desarme y se estableció un cese bilateral con el ELN— quedó formalmente suspendido.

La red: quiénes hicieron posible el aerosol

El glifosato no fue una decisión de un hombre. Fue un ensamblaje de actores dentro y fuera del país que sostuvieron durante veinte años una política que ninguna evaluación seria pudo mostrar como exitosa en sus propios términos.

Del lado estadounidense, la cadena empieza con la lógica antinarcóticos endurecida desde los años setenta bajo la administración Nixon —en cuyo entorno figuras como John Ehrlichman articularon la guerra contra las drogas como herramienta política más que sanitaria— y pasa por las administraciones Clinton, Bush y Obama, cada una con su propia intensidad de compromiso con la fumigación en Colombia. El Departamento de Estado, la DEA, el Comando Sur y la EPA formaban un entramado en el que el aval científico, el político y el operativo se retroalimentaban.

Del lado colombiano, la línea de responsabilidad presidencial atraviesa desde César Gaviria —bajo cuyo gobierno se consolidó la respuesta institucional al narcotráfico tras el asesinato en 1984 del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla por defender el combate a los carteles— hasta Iván Duque, pasando por Samper, Pastrana, Uribe y Santos. Cada uno modificó el énfasis, pero solo Santos suspendió la aspersión y solo Petro llegó al poder con un discurso explícito de ruptura con el paradigma prohibicionista.

Junto a estos actores institucionales, una red menos visible pero determinante: los toxicólogos y médicos que documentaron efectos en la salud, con figuras como Camilo Uribe Granja que aportaron peritaje sobre intoxicaciones; investigadoras y activistas ambientales como Elsa Nivia, que durante años sistematizó estudios sobre los efectos del glifosato en ecosistemas colombianos; el Instituto Nacional de Salud, que advirtió que las aspersiones producían afectaciones de carácter sistémico más allá de la salud física, extendiéndose al conjunto de las relaciones comunitarias; y las Juntas de Acción Comunal, cabildos indígenas y organizaciones campesinas de Putumayo, Caquetá, Guaviare, Cauca y Nariño que sostuvieron la resistencia legal, política y física.

La huella en el cuerpo y en el suelo

La certificación de la EPA y las declaraciones oficiales del gobierno Uribe sostenían que la fumigación con glifosato era inofensiva. Los territorios asperjados cuentan otra historia.

Un estudio empírico realizado con más de 50 millones de observaciones de consultas médicas en Colombia entre 2003 y 2007 encontró efectos de la aspersión aérea con glifosato sobre la salud de la población expuesta, con resultados descritos como muy precisos y robustos. Testimonios recogidos en zonas cocaleras y advertencias del Instituto Nacional de Salud señalaron náuseas, diarreas, mareos, problemas dermatológicos, conjuntivitis y dolores de cabeza entre las afectaciones más recurrentes. Muchos colombianos y organizaciones no gubernamentales internacionales cuestionaron el proceso de certificación estadounidense como analíticamente insuficiente: la EPA había aprobado el producto para uso agrícola en condiciones muy distintas de las de una aspersión aérea intensiva sobre poblaciones campesinas dispersas, casas, escuelas y fuentes de agua.

La afectación no se detuvo en los cuerpos. El glifosato asperjado destruía cultivos de coca, sí, pero también los cultivos de pancoger —yuca, plátano, maíz— de los que vivían las familias. En Puerto Asís, Putumayo, se documentó el caso de un agricultor que había reemplazado su coca por lulo bajo un pacto social con el gobierno y que fue fumigado nuevamente una semana después, perdiendo toda la cosecha de sustitución. Ese caso condensa la contradicción central del programa: el mismo Estado que ofrecía la sustitución voluntaria dejaba caer sobre ella su herbicida.

En el Catatumbo (Norte de Santander), las aspersiones contaminaron fuentes de agua y afectaron sembrados de comunidades indígenas Motilón Barí, hecho reconocido por el propio gobierno mediante entrega de mercados como forma tardía de reparación material. En la Sierra Nevada de Santa Marta, líderes indígenas denunciaron que las fumigaciones contribuyeron al deterioro ambiental y a la extinción de variedades de seres vivos que consideraban parte constitutiva de su territorio. En la Amazonía, pueblos indígenas reportaron daños en sus chagras, sistemas de siembra tradicional, bosques y fuentes hídricas. El pueblo Awá, en Nariño, ha sufrido desplazamientos masivos y confinamientos permanentes desde al menos 2011, con las fumigaciones como uno de los factores concurrentes junto a la presencia de actores armados; no hubo atención de emergencia con enfoque diferencial, los retornos se realizaron sin acompañamiento y el subregistro fue sistemático.

Los desplazamientos internos y transfronterizos siguen la geografía de la aspersión. En 2002, año en que Norte de Santander recibió aspersión sobre más de nueve mil hectáreas, huyeron 13.571 personas del departamento, de las cuales más de 9.000 cruzaron la frontera con Venezuela. Tibú fue señalado como el primer municipio expulsor. Hacia el sur, la frontera con Ecuador se convirtió en zona de crisis migratoria: colombianos empujados por la fumigación cruzaron a Sucumbíos y otras provincias ecuatorianas en cifras que las organizaciones locales calificaron de fenómeno bastante novedoso. El gobierno ecuatoriano exigió a Colombia cesar las fumigaciones dentro de un radio de 10 kilómetros de la frontera binacional; ciudadanos y activistas ecuatorianos propusieron una zona de exclusión de cinco millas para evitar la deriva del herbicida. Colombia sostuvo que el glifosato era inofensivo; Ecuador rechazó esa afirmación. Las protestas ecuatorianas contribuyeron a que el gobierno Uribe, en 2007, revirtiera parcialmente a la erradicación manual en la zona fronteriza. En enero de 2006, integrantes del Comité Binacional de Pueblos de Frontera denunciaron que aviones y helicópteros de la fuerza aérea colombiana dispararon indiscriminadamente hacia territorio ecuatoriano en la zona del río San Miguel, violando el espacio aéreo del vecino. Ecuador puso en marcha en 2008 una Política en materia de Refugio que, según el ACNUR, incorporó un cambio de paradigma sobre la protección internacional en el país, y la migración forzada de colombianos fue uno de sus principales catalizadores.

La batalla jurídica: consulta previa y el freno de la Corte

El glifosato encontró un obstáculo en el litigio constitucional. La Sentencia SU-383 de 2003 de la Corte Constitucional ordenó consultar previamente a los pueblos indígenas y tribales de la Amazonía sobre las decisiones relativas al Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos adelantado en sus territorios. El fallo protegió sus derechos a la vida, la salud, el libre desarrollo de la personalidad, la integridad cultural, la participación, el debido proceso y el ambiente sano. La Corte reconoció que el Estado colombiano conservaba potestades soberanas para definir y aplicar la política criminal, incluidos los planes de erradicación, pero ordenó que las decisiones al respecto consideraran métodos que garantizaran efectivamente los derechos fundamentales de los pueblos indígenas. La Presidencia de la República, el Consejo Nacional de Estupefacientes, y los ministerios del Interior y Justicia y del Medio Ambiente quedaron implicados en el cumplimiento.

Once años después, el Consejo de Estado emitió la Sentencia del 20 de febrero de 2014 relacionada con el programa de erradicación por aspersión, ampliando el marco de responsabilidad estatal. Estas dos decisiones —junto con la clasificación del glifosato por la OMS como probable carcinógeno en 2015— fueron la argamasa jurídica que hizo posible la suspensión del programa ese mismo año.

La aritmética del programa siempre fue costosa. Un informe citado en el debate reciente estima que erradicar una hectárea por fumigación aérea cuesta 72 millones de pesos, mientras que apoyar a una familia cultivadora para reconvertir su actividad costaría 40 millones. La economía nunca fue el problema: la política sí.

El efecto globo y el fracaso de la métrica

La evaluación de veinte años de aspersión conduce a una conclusión incómoda. Medir la lucha antidrogas por hectáreas asperjadas fue una estrategia estadísticamente productiva y estratégicamente estéril. Los cultivos se desplazaron, no desaparecieron. Colombia pasó de aproximadamente 34.000 hectáreas en 1988 a 136.200 en 2000; hubo una reducción entre 2007 y 2012 (de unas 167.000 a 78.000 hectáreas según estimaciones estadounidenses) que no fue sostenida. Sin inversión en desarrollo rural y sin presencia estatal en zonas remotas, ninguna reducción podía mantenerse.

El Programa de Desarrollo Alternativo (Plante, luego PDA) fue planteado como alternativa para pequeños cultivadores, pero el propio Conpes 3218 de 2003 reconoció que los programas implementados hasta ese momento habían puesto énfasis en factores económicos y medido su impacto por hectáreas erradicadas, relegando las condiciones sociales a un segundo plano. El diagnóstico oficial coincidía con el de los críticos; la corrección efectiva, sin embargo, nunca ocurrió con la escala suficiente.

El giro de la paz y la reacción de Duque

El Acuerdo Final firmado entre el gobierno Santos y las FARC-EP en 2016 incluyó como cuarto punto de la agenda la solución al problema de las drogas ilícitas, exigiendo que las FARC contribuyeran a su resolución dado su involucramiento con el narcotráfico. La suspensión del glifosato en 2015 había preparado el terreno; el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS) fue su expresión operativa. La idea era invertir el paradigma: el Estado, en lugar de fumigar, acompañaría al campesino a sustituir voluntariamente su coca por proyectos productivos legales.

La implementación fue frustrante. En el Catatumbo, el PNIS fue inicialmente acogido por líderes y comunidades que comenzaron la erradicación voluntaria, pero enfrentó graves falencias en su desarrollo. En 2016, comunidades campesinas en zonas cocaleras protagonizaron confrontaciones con la fuerza pública exigiendo el cese de la erradicación forzada y el cumplimiento de los programas de sustitución. La violencia contra líderes sociales en municipios cocaleros —Tumaco, Argelia, Tibú, El Tarra— se intensificó.

Con la llegada de Iván Duque en 2018, la política antidrogas dio un giro. El gobierno colombiano incumplió los acuerdos de paz en materia de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, en respuesta a las presiones de la administración Trump, que priorizaba la guerra contra las drogas sobre el proceso de paz. Duque intentó reactivar la aspersión aérea con glifosato. La Corte Constitucional, sin embargo, mantuvo condiciones estrictas: evaluación de riesgos, consulta con comunidades, evidencia científica sobre efectos en salud. El programa no logró reanudarse antes del fin del mandato.

La conjunción de factores —terminación de la fumigación, obstáculos a la erradicación forzada manual e incapacidad del gobierno para cumplir compromisos de erradicación voluntaria— coincidió con un crecimiento marcado de los cultivos, que según algunas estimaciones pasaron de aproximadamente 40.000 a 200.000 hectáreas en pocos años. La lectura simple atribuye ese crecimiento al fin del glifosato; la lectura completa incluye también el desmantelamiento del PNIS, el vacío de poder territorial dejado por las FARC en zonas cocaleras, la reconfiguración de actores armados en esas regiones y la incapacidad estatal —ya crónica— de sustituir con oferta institucional lo que sustituía con aerosol.

Lo que queda: el debate abierto

Gustavo Petro llegó a la presidencia en 2022 con un discurso explícito de ruptura con el paradigma prohibicionista, planteando en foros internacionales la necesidad de una nueva política de drogas centrada en la reducción del daño y en el desarrollo rural. La aspersión aérea con glifosato no ha sido reactivada. Pero el debate sigue: cada nueva alza en las cifras de coca reabre la pregunta sobre si el país debe volver al aerosol.

El glifosato deja a Colombia varias herencias entrelazadas. Deja un paisaje jurídico transformado por la Sentencia SU-383 y por la jurisprudencia posterior que puso condiciones estrictas a cualquier reanudación. Deja territorios con memoria de aspersión: valles del Guaviare, cordillera del Cauca donde apareció la amapola a comienzos de los noventa por gente ajena a la región, veredas de Putumayo, resguardos Awá, sabanas de Arauca. Deja una diáspora hacia Ecuador y Venezuela que reconfiguró la frontera. Deja un aprendizaje comunitario —el de las Juntas de Acción Comunal que salieron a las carreteras, el de los cabildos que llegaron hasta la Corte— sobre lo que puede hacer la organización campesina frente a la política pública. Y deja una pregunta abierta sobre la soberanía: durante veinte años, la definición de qué era eficaz contra los cultivos ilícitos en Colombia se tomó parcialmente en Washington, con la certificación de una agencia estadounidense sobre una molécula asperjada sobre pueblos colombianos.

La molécula, en sí misma, es banal: un compuesto químico que inhibe una enzima vegetal esencial para la síntesis de aminoácidos aromáticos. Lo que la convierte en un capítulo central de la historia colombiana no es su composición sino su función. El glifosato fue, durante dos décadas, el sustituto aéreo de una reforma agraria pendiente, el emblema de una alianza asimétrica con Estados Unidos, el instrumento de una política que confundió la eliminación de plantas con la resolución de problemas humanos. Que su suspensión no haya reducido los cultivos —y que su ausencia haya coincidido con el crecimiento de la coca— demuestra precisamente lo contrario de lo que sus defensores argumentan: no que el herbicida funcionara, sino que el país nunca construyó lo que debía sustituirlo. El aerosol tapaba una ausencia. Cuando el aerosol se detuvo, la ausencia quedó a la vista.

04

En el archivo

16 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Plan Colombia: marco político y financiero que convirtió la aspersión aérea con glifosato en el instrumento central de la política antinarcóticos entre 1999 y 2015
  2. 02Andrés Pastrana: presidente bajo cuyo gobierno se lanzó el Plan Colombia en 1999, consolidando la aspersión con glifosato como política de Estado
  3. 03Álvaro Uribe Vélez: presidente que llevó la aspersión a su máxima intensidad entre 2002 y 2010, bajo la premisa contrainsurgente de cortar financiación a actores armados ilegales
  4. 04Juan Manuel Santos: presidente que suspendió el PECIG en 2015 y reconoció públicamente el fracaso de la guerra contra las drogas
  5. 05Elsa Nivia: investigadora y activista ambiental que durante años sistematizó estudios sobre los efectos del glifosato en ecosistemas colombianos
  6. 06Camilo Uribe Granja: toxicólogo que aportó peritaje sobre intoxicaciones por glifosato en poblaciones expuestas
  7. 07Putumayo: departamento que concentró las fumigaciones más intensas a finales de los noventa, generando desplazamiento de cultivos hacia Nariño y crisis humanitaria regional
  8. 08Nariño: departamento que heredó la expansión cocalera tras las fumigaciones intensivas en Putumayo, representando el 16% del total nacional de aspersión entre 1999 y 2004
  9. 09Desplazamiento forzado: consecuencia directa de las aspersiones, que generaron éxodos internos y transfronterizos de comunidades campesinas e indígenas
  10. 10Soberanía territorial: tensión estructural del programa, en el que la certificación química, el diseño estratégico y la línea de mando venían en buena medida de Estados Unidos
06

Documentos y fragmentos citados

49 documentos · 63 fragmentos

01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 126, 1302 citas
[1]

previas a la implementación en 1999 del sistema de Monitoreo de Cultivos de Coca coordinado por UNODC, su fuente son estudios realizados por Estados Unidos. 262 Uribe, «Evolución de los cultivos de coca en Colombia: 1986-2017». Razón Pública. tercer ciclo de afectaciones (1991-2020) 127 Miles de hectáreas sembradas…

p. 126
[42]

incumplieron: no se suspendieron las fumigaciones y las obras de infraestructura quedaron limitadas a las asignaciones presupuestales que las entidades estatales ya tenían para el año en curso y los años siguientes 273. La Comisión ha podido establecer que sí hubo una influencia de las FARC-EP en el desarrollo del…

p. 130
02Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 19, 2632 citas
[2]

para abastecer el mercado internacional de opiáceos (heroína, morfina y codeína). En lo que se refiere a los cultivos de hoja de coca, los datos de producción dan cuenta de este fenómeno de crecimiento y expansión que estamos men- cionando. Según el documento conp ES de octubre de 1994 sobre desarrollo alternativo, 28…

p. 263
[46]

con la decisión que tomó el Gobierno Nacional en respuesta a la disminución en el paquete de ayuda de Estados Unidos, y es un ejemplo de cómo “ser más eficiente con menos” por cuanto los costos son menores en comparación con la fumigación aérea. El presi- dente Uribe anunció que se espera erradicar manualmente 70,000…

p. 19
03Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2201 cita
[3]

insumos, por parte de los narcotraficantes. Todo se enmarca en un cuadro de desempleo y pobreza créni- ca de la poblacién campesina, consecuencia de la falta de infraestructura, medios de transporte, crédito, apoyo tecnolégico y facilidades de comercializacién y merca- deo para los productos agropecuarios…

p. 220
04Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 354, 3572 citas
[4]

coca, erradicación manual y glifosato (1999-2016) Fuente: Elaboración analítica SIM con base en datos del Observatorio de Drogas de Colombia. 649 Entrevista 045-VI-00165. Víctima, mujer, Nariño. 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 0 50.000 100.000 150.000 Hectáreas…

p. 354
[29]

la unidad de PNN: 1) el Auto 062 de 1006; la Resolución 1742 de 2006 el cual da inicio a una investigación de carácter administrativo y ambiental contra el DNE y la Dirección de antinarcóticos de la Policía Nacional». González Plazas, La erradicación manual de cultivos ilícitos en la sierra de La Macarena, 23. 664…

p. 357
05Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 1201 cita
[5]

acumulados 1999- 2004 fumiga total acum. en DA prpto. prpto. D.A. 1999-2004 (Has.) de fumiga 1999-2004 1999-2004 (Has.) (US millones) 4º Magdalena 3.035 1.632 16º 0.3 17.8 7 5º Bolívar 27.288 22.820 7º 3.7 12.9 5 6º Cauca 18.835 9.523 11º 1.5 12.1 5 7º Cesar* 3.514 3.031 14º 0.5 11.5 5 8º Antioquia 21.833 31.147 6º 5…

p. 120
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1131 cita
[6]

las FARC-EP hasta el 16 de abril. La fuerza pública apenas apareció en la zona diez días después. Aunque la comunidad asegura que más de 100 personas fueron asesinadas, solamente 114 fiflffflćTh fl. ffff fl ff fifi de hecho, ese año registró un pico de desplazamiento forzado que afectó a 24.845 personas. En 2004, como…

p. 113
07Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 511 cita
[7]

disminución no son claras. Desde 1994 y hasta 1997, el número de hectáreas cultivadas osciló entre 2.000 y 2.500, pero a partir de 1998 se produjo un crecimiento sostenido de cultivos hasta el 2000, año en el que se triplica el área cultivada y alcanza su máximo histórico: 5.960 hectáreas (Minjusticia, Unodc, 2016, p.…

p. 51
08Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · p. 118, 1222 citas
[8]

y el 70 % de la cocaína consumida en el mundo se produce en Colombia. Los ingresos que se generan producto de este negocio ilegal son muy significativos. Se estima que en 2008 el tamaño de la producción y tráfico de la cocaína en Colombia fue de $13,6 billones de pesos, lo que equivale aproximadamente al 2,5 % de pib…

p. 118
[25]

- tos contienen todos los registros administrativos de consultas médicas en Colombia desde 2003 hasta 2007, que después de un proceso de limpieza y selección de individuos que aparecen en el panel más de una vez, con - tiene más de 50 millones de observaciones; esto nos permite encontrar resultados muy precisos y…

p. 122
09Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 651 cita
[9]

concebido por el propio Andrés Pastrana, el 8 de junio de 1998, se trataba de una iniciativa nuclear de su Plan de Desarrollo, resultando acogida por el presidente estadounidense Bill Clinton, en diciembre de 1998, cuando prometió destinar más ayuda militar a Colombia a fin de combatir las drogas y fortalecer la…

p. 65
10Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 3072 citas
[10]

Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…

p. 307
[13]

Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…

p. 307
11Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1471 cita
[11]

de los programas planteados en el marco de la política de paz, el Plan Colombia fue el más importante y abarcó el mayor esfuerzo del gobierno: El Plan Colombia se desarrollará, principalmente en zonas críticas del conflicto. Aquellas regiones del país que han tenido presencia continua, durante varios años, de actores…

p. 147
12Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 1421 cita
[12]

end the country’s internal conflict involved not only negotiations with the insurgency but also the development of a massive $7.5 billion development plan that would be financed by the Colombian government and international contributors. The original proposal in the fall of 1998 focused upon social redistribution and…

p. 142
13Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 1101 cita
[14]

la Paz, la Prosperidad y el Fortalecimiento del Estado), known as Plan Colombia, 34 was put in place by the administration under Colombian President Pastrana and US President Clinton. This was a six-year strategy (1999–2005) for eliminating drug-trafficking and organized crime, strengthening institutions, and…

p. 110
14More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 278, 3012 citas
[15]

for the drug war. It differed little from the Bush administration's plan. Of the $13 billion requested, President Clinton asked for a 1 -percent increase in spending on demand reduction. But he succeeded in getting some- thing that had eluded President Bush: an agreement by Colombia to drop its opposition to the use…

p. 278
[44]

a kind of salvation. Only several weeks after the planes began to spray did the Americans allow a Colombian govern- ment team in to evaluate its effects. The team immediately called for the spray to be suspended pending better controls and map coordina- tion. But the true believers pressed on: Victory was only a…

p. 301
15Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2501 cita
[16]

versión, en septiembre de 1999, el Plan Colombia fue presentado siempre como un proyecto de ayuda exclusiva a la lucha contra el narcotráfico (García, 2001), aunque es claro que en su origen estaba la preocupación por las derrotas sufridas por el Ejército a manos de la guerrilla. Como en aquel momento el gobierno…

p. 250
16No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3181 cita
[17]

las Naciones Unidas (ONU) el monitoreo del creci- miento y/o disminución de los cultivos. Tres décadas después de que comenzaran las fumigaciones, hay abundante evi- dencia que demuestra que ninguno de los argumentos con los que fueron aprobadas es completamente cierto y, en todo caso, esta estrategia no ha logrardo…

p. 318
17America's Other War: Terrorizing ColombiaDoug Stokes · 2005 · p. 1142 citas
[18]

a much broader engagement than just the narcotics issue because all our problems are linked.’ 43 Four billion dollars was supposed to come from Colombia itself, mainly through the privat- ization of publicly owned utilities. 44 Pastrana called upon other countries and international lending organizations to supply the…

p. 114
[19]

a much broader engagement than just the narcotics issue because all our problems are linked.’ 43 Four billion dollars was supposed to come from Colombia itself, mainly through the privat- ization of publicly owned utilities. 44 Pastrana called upon other countries and international lending organizations to supply the…

p. 114
18War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 851 cita
[20]

hold wide popular sympathy. The millions of dollars allocated for coca eradication must be seen as part of a larger war against a growing people's movement in Colombia. Aerial eradica- tion programs and the deployment of thousands of U.S. -trained soldiers to the region are displacing hundreds of thousands of…

p. 85
19Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 65, 942 citas
[21]

that the herbicides do not pose unreasonable risks or adverse effects to humans, including pregnant women and children, or the environment, including endemic species [... and...] any complaints of harm to health or licit crops caused by such aerial spraying shall be thoroughly investigated and evaluated, and fair…

p. 65
[45]

State Department and the U.S. Agency for International Development (USAID) counternarcotics budget went to eradication, with most of that spent on eradication efforts in the Western Hemisphere. Originally, Colombia ’s aerial eradication efforts focused on both coca and opium. When the country’s opium crops declined by…

p. 94
20At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2891 cita
[22]

the spraying of glyophosate killed staple food sources that were planted alongside the coca plants, poisoned the natural rivers and streams that provided them with fresh drinking water, and led to outbreaks of cancers and physical deformities in exposed local populations. 71 By 1996 and 1997, these aerial fumigations…

p. 289
21Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · p. 361 cita
[23]

155 With regard to environmental and health consequences, the Secretary of State, as required by Congress until FY2012, has reported that the herbicide, glyphosate, does not pose unreasonable health or safety risks to humans or the environment. In consultation for the certification, the U.S. Environmental Protection…

p. 36
22Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 170, 1732 citas
[24]

tan riesgoso para la salud y la naturaleza es volver a la aspersión aérea con glifosato?». 502 Nivia y Rapalmira, «Las fumigaciones aéreas sobre cultivos ilícitos sí son peligrosas». 503 Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (Unodc), «Censo de Cultivos de Coca 2014», 97. 504 Programa de…

p. 173
[30]

manera, una co ntinuidad de la explotación de monocultivos que viene asociada a la pérdida de la diversidad biológica, al uso insostenible del agua, al vertimiento de sustancias tóxicas y a la paulatina desertificación del suelo. 487 Informe 365 - CI - 01261, Federación Nacion al de Cultivadores de Palma de Aceite…

p. 170
23Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 491 cita
[26]

por el bienestar de los pueblos andinos solo se podía equiparar en intensidad con su desconocimiento de la vida andina. Aun cuando la extinción absoluta de la planta fuera deseable, es muy poco probable que Colombia pueda llegar a eliminar el cultivo de coca. Los incentivos financieros para las pequeñas familias…

p. 49
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 111, 1422 citas
[27]

tema del mareo, por el tema de las diarreas, por el tema de náuseas, por todo eso» 378. Las advertencias emitidas por el Instituto Nacional de Salud, en el sentido de que las aspersiones aéreas producen un conjunto de afectaciones de carácter sistémico, es decir, que no se limita únicamente a la salud física y el…

p. 142
[31]

principales fuentes de ingresos económicos ante la falta de oportunidades. Esto redundó en pobreza, hambre y enfer- medades. Una lideresa del corredor Puerto Vega Teteyé en Puerto Asís así lo menciona: «Esos suelos quedaron degradados por los efectos de la fumigación […]. Un señor, cuando fumigaron eso, él volvió a…

p. 111
25Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2751 cita
[28]

de pan coger 567, lo que afectó la salud de todos los seres vivien- tes del territorio. Un mayor arhuaco habló sobre las afectaciones que sufrió la Sierra Nevada de Santa Marta: «Luego, vino la fumigación ¿no?, de productos químicos que son prohibidos en otros países, fueron esparcidos en la sierra. Eso creo que ha…

p. 275
26Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in ColombiaGarry Leech · 2009 · p. 751 cita
[32]

with several local officials, all of whom stated unequivocally that the spraying continued to kill food crops, cause illnesses, and force people to abandon their lands. When I spoke with Jair Giovani Ruiz, an agro-industrial engineer with the Ministry of the Environment, he hinted at the corruption that existed in the…

p. 75
27Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1801 cita
[33]

Pueblo y la Asociación Co- munidad Motilón Barí sobre la contaminación de fuentes de agua de consumo humano y animal, así como las afectaciones en la sa- lud, en los sembrados de palma y en la seguridad alimentaria; lo que fue reconocido por el mismo gobierno mediante la entrega de mercados (Defensoría, 2006-a.…

p. 180
28Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 85, 2372 citas
[34]

dos Unidos (CODHES, 2009). Sin embargo, a pesar de la altísima inversión económica, la estrategia militar de erradicación de cul- tivos de uso ilícito por medio de la fumigación aérea no solo no 86 Cruzando la frontera: memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río Arauca ha sido tan e fi caz como se esperaba,…

p. 85
[36]

varias ocasiones, las fumigaciones aéreas se introdujeron ante la declaración de Arauca como zona especial de guerra, por la cual se instauró entonces la fi gura de zona de rehabilitación y consolidación para los municipios de Arauca, Arauquita y Saravena (Amnistía Internacional, 2004). Como consecuencia de esta zoni…

p. 237
29Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6701 cita
[35]

nacionales y extranjeras como Cargill, Poligrow y Manuelita para explotarlas con proyectos de agroindustria 2239. En otras zonas, la reconfiguración ocurrió por las aspersiones con agentes químicos para erradicar cultivos de coca y marihuana. Las fumigaciones en la Sierra Nevada de Santa Marta habían comenzado desde…

p. 670
30El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 337, 3422 citas
[37]

en cinco, la meta relativa a la producción es del 50% en seis años. Por ello, Estados Unidos ha desti- nado para la asistencia antidroga en Colombia más de 2.500 millones de dólares en los años fiscales 2000-2003. El gobierno norteamericano ha insistido en que la fumigación es un medio efectivo para la lucha contra…

p. 337
[50]

a los pueblos indígenas de la amazonía colombiana la protección constitucional de los derechos a la vida, la salud, el libre desarrollo de la personalidad, la integridad cultural, la participación, el debido proceso y el ambiente sano. La Corte consideró que: Las decisiones relativas a la erradicación de cultivos…

p. 342
31El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 337, 3422 citas
[38]

en cinco, la meta relativa a la producción es del 50% en seis años. Por ello, Estados Unidos ha desti- nado para la asistencia antidroga en Colombia más de 2.500 millones de dólares en los años fiscales 2000-2003. El gobierno norteamericano ha insistido en que la fumigación es un medio efectivo para la lucha contra…

p. 337
[51]

a los pueblos indígenas de la amazonía colombiana la protección constitucional de los derechos a la vida, la salud, el libre desarrollo de la personalidad, la integridad cultural, la participación, el debido proceso y el ambiente sano. La Corte consideró que: Las decisiones relativas a la erradicación de cultivos…

p. 342
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1241 cita
[39]

de la fuerza organizativa que en la región se venía cultivando desde los años setenta, y que había recibido duros golpes como el exterminio de la UP. En esta ocasión, las comunidades se organizaron para enfrentar la amenaza de perder, de nuevo, su único medio de supervivencia: los cultivos de coca. Era un frente…

p. 124
33Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 2221 cita
[40]

y se solapan-, se creó un conjunto crítico de condiciones necesarias y suficientes para el arrasa- miento de la democratización política. En este mismo sentido, la discrecionalidad de la política anti- drogas colombiana fue condición de posibilidad para que la UP fuera victimizada a lo largo del tiempo, no sólo porque…

p. 222
34Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 2451 cita
[41]

Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013 ses, se estaba fumigando sin ninguna consideración. La situación empeoró con el asesinato de varios de los líderes de la marcha y con el ingreso en 1997 de las auc a la zona, donde formó el Frente Héroes del Guaviare. El Caquetá no vivió una realidad…

p. 245
35Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 3661 cita
[43]

glifosato, los ataques y amenazas a sus territorios y comunidades continúan produciendo desplazamientos y confinamientos de una manera permanente. No hay una atención de emergencia con los requerimientos de un enfoque diferencial exigido por las normatividad nacional e internacional. Los retornos y reubicaciones los…

p. 366
36¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 2611 cita
[47]

Conpes 3218 de 2003 se replanteó todo el Progra- ma de Desarrollo Alternativo que venía de los gobiernos de Samper y de Pastrana con los siguientes argumentos: Los programas de desarrollo alternativo implantados en el pasado han puesto énfasis en factores económicos, y en particular en la tierra, relegando las…

p. 261
37Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 962 citas
[48]

dicho que no asumirá una posición concreta y que prefiere ser el anfitrión de una conversación global que termine con una trans - formación sustancial de este régimen internacional, s í se ha admitido pública - mente que la guerra contra las drogas no ha producido resultados concretos. El presidente Santos la ha…

p. 96
[49]

dicho que no asumirá una posición concreta y que prefiere ser el anfitrión de una conversación global que termine con una trans - formación sustancial de este régimen internacional, s í se ha admitido pública - mente que la guerra contra las drogas no ha producido resultados concretos. El presidente Santos la ha…

p. 96
38Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1751 cita
[52]

border. Ecuador has demanded that Colombia cease aer- ial spraying within 10 kilometers of the border. Although the Uribe government has insisted that spraying drug crops with the toxic her- bicide glyphosate is harmless, Ecuador's protests forced the Colom- bian government to revert to manual eradication of coca…

p. 175
39Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 2081 cita
[53]

one example, Ecuadorans advocated banning fumigation within five miles of the border to prevent herbicides from traveling into Ecuadoran territory. Colombians objected to such a restrictive ban, advocating a complete suspension of the fumigations in Colombian territory. They argued that the same damage being done…

p. 208
40Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1421 cita
[54]

ni mucho menos, atacado población civil de ese país. A continuación veamos un dramático testimonio: «Ante la invitación efectuada por los Moradores de la cooperativa San Martin, para verificar la denuncia de violación del espacio aéreo ecuatoriano, el día sábado 28 de enero del presente año (2006), quienes integramos…

p. 142
41La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 961 cita
[55]

bastante conocido, ese fenómeno de desplazamiento de comunidades y de huidas, así, arremetidas por la violencia, era bastante novedoso» 147. En la frontera sur, las organizaciones sociales ecuatorianas hicieron además misiones de observación y denuncia de la violación de los derechos humanos, en el 145 Centro Nacional…

p. 96
42Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 2051 cita
[56]

mujer adulta afroco- lombiana, exiliada en el Ecuador, entrevista, Quito, 2017). La anterior situación ponía en evidencia la necesidad de adop- tar estrategias nacionales, sostenidas y capaces de hacerles frente a los desafíos propios de la migración forzada de personas, gru- pos o comunidades colombianas que buscaban…

p. 205
43La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 3551 cita
[57]

a través de varios de sus frentes con el procesamiento, el transporte y la exportación de la cocaína, un negocio del que provenía gran parte de sus recursos. No podíamos ignorar la relación entre el conflicto y las drogas. Sin su involucramiento con el narcotráfico, las Farc posiblemente habrían sido derrotadas hace…

p. 355
44Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 3321 cita
[58]

Society and Economy Culture and Science 2017 —The political party representing the FARC is approved —FARC begins disarming —Bilateral ceasefire between the Government and the ELN —Suspension of the use of glyphosate —Twenty-four homicides for every 100,000 inhabitants —Health coverage reaches 97.6 percent —Odebrecht…

p. 332
45¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 1291 cita
[59]

en la que Estados Unidos necesariamente involucraría a Colombia como punta de lanza de una “coalición”. Las probabilidades de que un conflicto de estos sea de corta duración son extremadamente bajas. Hay otro efecto, quizás menos visible, pero con un gran peso potencial sobre la probabilidad de recaer en un nuevo…

p. 129
46Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 91 cita
[60]

los críticos y atribuyéndoles, en muchos casos de manera caprichosa, propósitos desestabilizadores. También en el caso de los militares han existido quejas serias. Aunque las fuerzas militares y de policía han anunciado cambios en sus respectivas doctrinas, y aunque en efecto muchas de las nuevas políticas han…

p. 9
47Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 2891 cita
[61]

esfuerzo principal. ¿Cómo pasamos de 40.000 a 200.000 hectáreas de coca en el último gobierno? Hay muchas explicaciones, y la gente lo sabe. Se terminó la fumigación con glifosato, un método muy efectivo para la erradicación. Hay una erradicación forzada que se hace manualmente por la fuerza pública, la cual fue…

p. 289
48Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1681 cita
[62]

ocurrencia 22.075 35.937 51.792 56.793 54.169 49.085 diálogos de paz en medio del conflicto, retos y persistencias (2010-2021) 169 Aún hoy, para la población campesina el jornal que se paga en la economía cocalera representa ingresos superiores a los de la economía agraria legal: «Vea, hay personas de la juventud,…

p. 168
49Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1931 cita
[63]

apuntaba al eslabón principal de la economía campesina en esos territorios de frontera. Las comunidades se organizaron para construir los planes de sustitución y la erradicación voluntaria comenzó. Un líder social y campesino relató a la Comisión lo siguiente: «Cambió muchísimo, porque de ser una zona coquera, de ser…

p. 193