Idea · Seguridad Democrática
Prohibicionismo
Régimen jurídico-político que declaró ilegales la producción, comercialización y consumo de ciertas sustancias psicoactivas, y que en Colombia operó como arquitectura de soberanía negociada entre el Estado, Estados Unidos y vastos sectores de la población rural a lo largo del siglo XX y el XXI.
Trayectoria de una idea
- 1922
Acuerdo municipal de Bogotá contra las chicherías
- 1970
Inicio del patrón de presión antidrogas de Washington sobre Bogotá
- 1979
Firma del Tratado de Extradición con Estados Unidos
- 1987
Prohibición constitucional de la extradición y posterior restablecimiento
- 1991
Constitución de 1991: derechos indígenas y zona gris cocalera
- 1999
Lanzamiento del Plan Colombia
- 2000
Efecto globo y fracaso de las fumigaciones
- 2002
Seguridad Democrática: el prohibicionismo como guerra territorial
- 2016
Punto 4 del Acuerdo de La Habana: fisura del prohibicionismo
La lectura
El prohibicionismo no llegó a Colombia como imposición exterior sobre un país inocente: el país ya tenía sus propias tradiciones de control moral sobre las sustancias, desde las regulaciones coloniales sobre aguardiente y coca hasta el Acuerdo de 1922 que clausuró la mitad de las chicherías bogotanas en nombre de la higiene y la civilización. Lo que Nixon hizo fue proveer un lenguaje global y un presupuesto militar que amplificaron esos impulsos locales hasta convertirlos en política de Estado. Durante tres décadas, el prohibicionismo funcionó como política agraria de facto para las regiones más pobres del país: donde el Estado no llegaba con escuelas ni carreteras, llegaba con avionetas de glifosato. El resultado fue paradójico y documentado: los cultivos de coca crecieron de 37.000 a 136.200 hectáreas entre inicios de los noventa y el año 2000, mientras las fumigaciones desplazaban poblaciones enteras del Catatumbo a Venezuela, destruían los cultivos de pancoger del pueblo Awá y convertían a Tibú en el primer municipio expulsor de Norte de Santander. El Acuerdo de La Habana de 2016 fue el primer instrumento político que se atrevió a nombrar el fracaso y proponer una salida distinta, aunque la sustitución voluntaria siguió siendo, como siempre, el rubro con menos presupuesto.
El prohibicionismo en Colombia
El prohibicionismo es el régimen jurídico-político que declaró ilegales la producción, comercialización y consumo de ciertas sustancias psicoactivas, y que en Colombia se convirtió, a lo largo del siglo XX y lo corrido del XXI, en la matriz desde la cual el Estado organiza su relación con el territorio, con Estados Unidos y con vastos sectores de su propia población rural. Más que una política sanitaria, operó como arquitectura de soberanía negociada: importada en buena parte del marco antidrogas estadounidense, institucionalizada por gobiernos sucesivos con márgenes desiguales de maniobra, y llevada a su tensión máxima durante la Política de Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), antes de ser fisurada —no desmantelada— por el Punto 4 del Acuerdo de La Habana firmado en 2016. Sus efectos se cuentan en hectáreas fumigadas con glifosato, en desplazamientos forzados desde el Putumayo y el Catatumbo, en carteles y guerrillas financiados con la renta de la cocaína, y en un fracaso persistente: entre inicios de los años noventa y el año 2000, los cultivos de coca pasaron de unas 37.000 hectáreas a 136.200, pese a la aspersión sostenida desde mediados de la década.
Raíces largas: chicha, coca y aguardiente
Contra la imagen de un prohibicionismo íntegramente importado, el país arrastra impulsos regulatorios propios que anteceden con siglos a la Guerra contra las Drogas. Entre los muiscas, la chicha y la coca circulaban en contextos rituales y también cotidianos; el consumo de la hoja parece haber estado circunscrito a la élite, bajo formas de regulación cuya reconstrucción sigue siendo parcial. Durante la Colonia, funcionarios civiles y eclesiásticos toleraron a regañadientes la producción y venta de aguardiente y coca, en una relación tutelar que ya prefiguraba la tensión entre control moral y realidad económica. La Corona percibía rentas por el aguardiente y la coca al tiempo que legislaba contra sus excesos: la contradicción entre el fisco y la moral pública, resuelta siempre a favor del primero, sería un rasgo persistente.
El siglo XX profundizó ese impulso. Antes de que el prohibicionismo internacional cayera sobre la hoja de coca, Colombia emprendió una campaña —agresiva y fracasada— para erradicar su cultivo, lo que sugiere que la iniciativa no dependió de una presión exterior significativa. Al mismo tiempo, en Bogotá se dictaron normas municipales y departamentales para higienizar las chicherías y restringir su venta en el perímetro urbano; el punto crítico llegó con el Acuerdo municipal de 1922, que amplió el radio de prohibición y clausuró 85 de los 170 establecimientos existentes. Detrás de la medida había una alianza entre médicos higienistas, la Iglesia y una élite letrada que veía en la chicha —bebida indígena y popular— un signo de atraso racial y moral, y en la cerveza industrial, en cambio, la promesa de un consumo civilizado. La prohibición fue así también un desplazamiento de mercado.
Aguardiente, chicha y coca fueron reguladas con una misma lógica tutelar: el Estado —en alianza con la Iglesia— se atribuyó la potestad de decidir qué sustancias podía consumir el pueblo, y bajo qué condiciones. Esa gramática paternalista precedió y luego se acopló, sin fricción visible, al lenguaje de la guerra global contra las drogas. Cuando Nixon habló de enemigo público número uno, en Bogotá había un vocabulario listo para recibirlo.
Nixon, Pastrana Borrero y el pliegue diplomático
El giro decisivo llegó con la declaración de la Guerra contra las Drogas por Richard Nixon. Desde la administración de Misael Pastrana Borrero (1970-1974) se instaló un patrón que sobreviviría a todos los gobiernos posteriores: Washington presionaba, Bogotá respondía —a veces con entusiasmo, a veces resistiendo—, y esa correlación se convirtió en el eje de la relación bilateral. El pliegue diplomático se materializó en el Tratado de Extradición firmado en 1979, en vigor desde marzo de 1982, que colocaría a los grandes capos bajo la jurisdicción penal estadounidense y sería, durante la década siguiente, el nervio de la guerra entre el Estado y el narcotráfico.
La agenda estadounidense fue expandiéndose: controles al lavado de activos, reformas a los códigos penales, militarización de la lucha antidrogas. En el terreno conceptual, la administración de Ronald Reagan articuló la categoría de narcoguerrilla, promovida desde Bogotá por el embajador Lewis Tambs, según la cual guerrillas y narcotráfico eran fenómenos indisolubles y debían combatirse como una amenaza única. Que la evidencia posterior desmintiera algunas de sus premisas —las FARC no eran dueñas de Tranquilandia— no impidió que el marco discursivo se instalara: Colombia empezó a ser leída, en las cancillerías del hemisferio, como problema de seguridad antes que como problema de salud, agrario o de desarrollo. La consecuencia fue duradera. Los recursos de cooperación que llegaron al país en las tres décadas siguientes fueron mayoritariamente militares, y las instituciones civiles encargadas de política agraria o de salud pública quedaron subordinadas a un aparato de seguridad cuya prioridad era otra.
Colombia, sin embargo, no fue simple receptora. La expansión inicial del narcotráfico coincidió con mecanismos internos que facilitaron su asentamiento: la ventanilla siniestra del Banco de la República, las amnistías tributarias, la lentitud de las élites para leer el cambio de política en Washington. Cuando la presión llegó, se adoptaron medidas represivas, pero la resistencia inicial a aplicar el tratado de extradición durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) —pese a las primeras solicitudes de Estados Unidos en 1983— evidenció una política incoherente antes que una estrategia deliberada de doble juego.
Extradición: el eje del pacto de sangre
Ninguna palabra concentró mejor la tensión del prohibicionismo colombiano que extradición. El 30 de abril de 1984, en el norte de Bogotá, fue asesinado el ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla, que había denunciado públicamente a Pablo Escobar y le había negado su curul en el Congreso. Poco después, en mayo, el expresidente Alfonso López Michelsen se encontraba en Panamá cuando recibió, a través de Santiago Londoño White, una solicitud de reunión con emisarios del cartel: la política y el narcotráfico empezaban a hablarse en un lenguaje que combinaba la bomba con la negociación.
La respuesta del cartel de Medellín tras el crimen de Lara fue una campaña de terror contra jueces, políticos y periodistas, orientada a un objetivo preciso: prohibir la extradición hacia Estados Unidos. Lo consiguieron en 1987, cuando la Corte Suprema de Justicia tumbó el tratado con el argumento de que había sido firmado por un ministro delegatario y no por el presidente titular. La victoria fue efímera. Tras el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán el 18 de agosto de 1989, Virgilio Barco Vargas (1986-1990) revirtió la política y los llamados Extraditables desataron una segunda oleada terrorista: en noviembre de 1989 la bomba contra el vuelo 203 de Avianca dejó 107 muertos; el atentado con carro bomba contra la sede del DAS en Bogotá causó decenas de muertos y cientos de heridos; el periódico El Espectador fue dinamitado.
La Constitución de 1991, redactada bajo el estruendo del narcoterrorismo, incorporó en su articulado la prohibición constitucional de la extradición. Se restablecería en 1997, y en la década siguiente el instrumento volvería a ser central: en 2004 Colombia extraditó hacia Estados Unidos, y Juan Manuel Santos firmaría, ya como presidente, más de 1.400 extradiciones. Al final de su gobierno, sin embargo, concluiría que el mecanismo no había sido tan eficaz como se creyó: el negocio del narcotráfico continuó, con su estela intacta de muertes y corrupción.
Mientras el cartel de Medellín optaba por la violencia, el de Cali eligió la infiltración. El Proceso 8000, abierto tras las elecciones presidenciales de 1994, expuso los vínculos de la organización de los hermanos Rodríguez Orejuela con la campaña de Ernesto Samper (1994-1998) y con cerca de cien políticos nacionales, mayoritariamente del Partido Liberal. Fueron condenados dos contralores, David Turbay y Manuel Francisco Becerra, y el procurador Orlando Vásquez. La amenaza de extradición empujó a los narcotraficantes a pagar protección a autoridades civiles y militares, fortaleciendo un sistema de complicidades que uniría a comandantes del Ejército, la Policía y los futuros grupos narcoparamilitares. La extradición operó, así, como palanca de dos filos: disuadía a algunos capos y empujaba a otros a comprar el aparato del Estado desde dentro.
Plan Colombia: el prohibicionismo como política de Estado
En septiembre de 1999, el gobierno de Andrés Pastrana Arango anunció una nueva estrategia que sería conocida como Plan Colombia. Financiada parcialmente con recursos externos, fijó como meta la reducción de la producción de drogas ilegales en un 50% en seis años. Estados Unidos destinó más de 2.500 millones de dólares en asistencia antidroga entre los años fiscales 2000 y 2003, y el instrumento central de la estrategia fue la fumigación aérea con glifosato.
La lógica era territorial y militar: donde el Estado no llegaba, llegaba la avioneta. En la práctica, el prohibicionismo se convirtió en política agraria de facto para vastas regiones del país. El desequilibrio del gasto es elocuente. Guaviare recibió el 18% de las fumigaciones acumuladas entre 1999 y 2004, pero solo el 0,2% de la inversión directa en desarrollo alternativo. Caquetá concentró el 13% de las fumigaciones y apenas el 2% de esa inversión. Nariño, el 16% frente al 4%. Las cifras describen, sin ambigüedad, una jerarquía de prioridades: aspersar primero, sustituir después —o nunca.
Lo notable es que las cuentas eran públicas y sencillas. Reconvertir la actividad de una familia cultivadora costaba unos 40 millones de pesos. Erradicar una hectárea por fumigación costaba 72 millones. La sustitución era más barata que la erradicación forzada, pero no era la que llegaba con presupuesto militar estadounidense. El diseño del Plan Colombia había definido de antemano qué rubros crecerían y cuáles no, y la racionalidad económica quedó subordinada a la lógica bilateral del programa.
Los resultados fueron ambiguos donde no fueron francamente adversos. Los cultivos de coca no desaparecieron: se movieron. El fenómeno, bautizado como efecto globo, quedó documentado con nitidez a finales de los noventa, cuando las fumigaciones en Putumayo desplazaron los cultivos hacia Nariño. El Putumayo mismo, que en 1991 concentraba el 5,87% del área cocalera nacional, pasó a albergar el 40,43% —66.022 hectáreas— en el año 2000, mientras la coca crecía a la par de la presencia del Bloque Sur Putumayo y las FARC. En La Guajira, la bonanza marimbera —que hacia 1974 tenía a cerca del 80% de los finqueros sembrando cannabis— había colapsado a comienzos de los ochenta por la competencia de variedades más potentes cultivadas en Estados Unidos; muchas zonas se reconvirtieron entonces a la coca. El sur de Bolívar triplicó su área cultivada hasta llegar a 5.960 hectáreas en 2000, año que coincidió con la ofensiva paramilitar sobre la región iniciada en 1997.
Tres décadas de fumigaciones no frenaron el negocio, y el cultivo total del país siguió creciendo durante los años en que las avionetas operaban a plena capacidad.
Uribe y la Seguridad Democrática: el prohibicionismo como guerra
La llegada de Álvaro Uribe Vélez a la presidencia en 2002 llevó la lógica del Plan Colombia a su expresión más acabada. La Política de Seguridad Democrática destinó durante una década más del 5% del PIB al sector de seguridad y defensa, y en ese marco la fumigación aérea con glifosato pasó de ser una herramienta antinarcóticos a convertirse en instrumento de recuperación territorial contra la insurgencia. La categoría de narcoguerrilla, sembrada en los años ochenta desde Washington, encontró en la administración Uribe su formulación operativa.
Los resultados militares fueron significativos: la capacidad de combate de las FARC se redujo en más del 50%, hasta cerca de 8.000 combatientes con presencia efectiva en unos 200 municipios; el ELN cayó a menos de 2.000 efectivos en medio centenar de municipios. Pero el costo humanitario del prohibicionismo militarizado fue devastador para las regiones cocaleras. En el Valle del Guamuéz, en Putumayo, 67 de las 100 veredas del municipio reportaron afectaciones por las aspersiones: dermatitis, impétigo, abscesos, dolor abdominal, diarreas, infecciones respiratorias agudas. Ante la Personería de La Hormiga se interpusieron 800 quejas. En el Catatumbo, el municipio de Tibú se convirtió en el primer expulsor de población de Norte de Santander: en 2002 se asperjaron más de 9.000 hectáreas y huyeron 13.571 personas, más de 9.000 de las cuales cruzaron la frontera hacia Venezuela. La Comunidad Motilón Barí denunció contaminación de fuentes de agua para consumo humano y animal, daños en sus sembrados de palma y una crisis alimentaria que el gobierno reconoció, tardíamente, mediante entrega de mercados.
En El Charco, sobre la costa pacífica de Nariño, las fumigaciones destruyeron cultivos de pancoger de comunidades afrocolombianas, contaminaron cuencas hidrográficas y precipitaron una crisis alimentaria denunciada por los consejos comunitarios y reportada por ACNUR en 2007; cientos de familias permanecieron desplazadas en el casco urbano, sin asistencia humanitaria, durante meses. El pueblo Awá, entre Nariño y Putumayo, sufrió a la vez los efectos del narcotráfico y de la política antidrogas, y su situación motivó alertas del Foro Permanente de Naciones Unidas para Cuestiones Indígenas, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la Corte Constitucional colombiana, todas apuntando al riesgo de supervivencia física y cultural.
El patrón se repetía con una lógica exasperante: las fumigaciones destruían cultivos de subsistencia —yuca, plátano, maíz— junto con la coca; desplazaban a las familias; desplazaban también los cultivos ilícitos hacia otras regiones; y dejaban tras de sí ecosistemas contaminados y comunidades rotas. Mientras Putumayo y Nariño registraban decrementos episódicos, Norte de Santander y Cesar crecían. La coca se movía; el Estado no.
Economía política del cultivo: por qué la coca persistía
Para entender por qué el prohibicionismo fracasó como política agraria hay que mirar el jornal. En una coquera productiva, un trabajador podía ganar entre 50.000 y 60.000 pesos por media jornada; en cultivos legales como el frijol o el maíz, apenas 20.000 pesos por jornada completa. Mientras esa asimetría se mantuviera y el Estado no construyera alternativas económicas reales en la frontera agrícola, ninguna aspersión iba a modificar la ecuación de fondo.
La diferencia de precio no era caprichosa. La coca resistía el transporte por trocha, no requería cadena de frío, tenía comprador asegurado y su valor por kilo pagaba los costos de una economía sin carreteras, sin extensión rural y sin crédito. En términos estrictamente productivos, era el único cultivo racional para amplias zonas de la Amazonia, la Orinoquia y el Pacífico. Alrededor de esa racionalidad se organizó una geografía humana propia: la expansión de la coca integró grandes regiones —Putumayo, Caquetá, Guaviare, sur de Bolívar, Catatumbo— a la economía monetaria, generó bonanzas efímeras, atrajo migraciones de trabajadores en busca de fortuna y desplazó los cultivos campesinos tradicionales de maíz y arroz que habían sido la base económica regional. Con la coca llegaron también las armas, la violencia intrafamiliar y la disputa por el excedente.
Ese excedente lo cobraban los actores armados, y cada uno lo hacía a su manera. Las FARC impusieron el llamado gramaje: un tributo sobre quienes participaban en la economía cocalera, a cambio de regulación del orden público y protección del mercado. Cuando les faltaba liquidez, obligaban a los campesinos a aceptar pagos diferidos o a almacenar la mercancía en sus fincas, y castigaban con la muerte o el destierro a quienes no cumplían las caletas ordenadas. Los paramilitares, por su parte, controlaron la compra de pasta base fijando precios bajos y obligando a los campesinos a venderles con exclusividad, bajo amenaza en Putumayo y en el Nordeste antioqueño. El narcotráfico se involucró desde principios de los años ochenta como aliado, financiador y promotor de los grupos paramilitares, y como proveedor indirecto de recursos para las guerrillas.
El resultado fue una economía política del cultivo en la que el campesino quedaba atrapado entre tres fuegos: la fumigación estatal que destruía sus cosechas, el actor armado que le tributaba y el comprador armado que le fijaba el precio. Cuando en 1996 estallaron las marchas cocaleras en Putumayo y Guaviare, el detonante inmediato fue el control estatal sobre precursores químicos e insumos alimentarios, más que las fumigaciones en sí, aunque ambas presiones convergían. Ernesto Samper, años después, lo reconocería así. Aquellas marchas fueron uno de los pocos momentos en que la voz del cultivador entró al debate nacional en sus propios términos, no como amenaza a la seguridad sino como demanda de política agraria.
La Constitución de 1991 y la zona gris
En medio del ruido de las bombas, la Constitución de 1991 abrió una fisura conceptual que tardaría décadas en desplegarse. El reconocimiento de derechos indígenas —autonomía territorial, consulta previa, usos tradicionales— entró en tensión con la legislación antidrogas, generando una zona gris alrededor del uso ancestral y la comercialización de la hoja de coca por parte de comunidades como las de la Sierra Nevada de Santa Marta. La coca, planta sagrada para los pueblos kogui, arhuaco, kankuamo y wiwa, era también la materia prima criminalizada por el régimen internacional. La Constitución no resolvió la contradicción, pero la volvió jurídicamente visible.
Por su parte, la Corte Constitucional fue elaborando una doctrina sobre la autonomía personal frente al consumo. La Sentencia C-026 de 1995, apoyándose en una cita del psiquiatra Thomas Szasz, sugirió que la sanción penal debía recaer sobre los actos cometidos —incluso bajo influjo de sustancias— y no sobre la condición del adicto, invocando la libre determinación y la dignidad como fundamentos del ordenamiento. La sentencia declaró que la pena accesoria demandada no vulneraba los derechos constitucionales invocados, pero abrió una discusión más amplia sobre los límites del prohibicionismo en un ordenamiento que consagra el libre desarrollo de la personalidad.
Esa discusión, que en otros países habría desembocado en reformas legislativas amplias, en Colombia quedó atrapada entre tres fuerzas que operaban en sentido contrario a cualquier apertura: la certificación anual estadounidense, que castigaba cualquier flexibilización con retiro de cooperación; la violencia del narcotráfico, que había convertido cada debate legislativo en un cálculo sobre bombas; y la militarización territorial, que hacía impensable, en la práctica, un tratamiento del consumo separado del combate al cultivo. La jurisprudencia constitucional avanzó, la política pública retrocedió, y entre ambas se abrió un desajuste que llega hasta hoy: en el papel, un ordenamiento garantista; en el terreno, un régimen represivo. Esa disonancia —más que una simple zona gris— es una de las herencias más difíciles del período.
La Habana: la fisura del Punto 4
Entre 2010 y 2016, varios factores confluyeron para hacer posible una fisura en el régimen prohibicionista. La reducción de la ayuda estadounidense —de aproximadamente 250 millones de dólares en asistencia económica en 2009 a 152 millones en 2015, y de 422 a 174 millones en asistencia militar— aflojó el corsé diplomático. El desgaste mutuo del conflicto había producido lo que los analistas llaman un ripe moment: las FARC, militarmente debilitadas por la Seguridad Democrática, y un Estado consciente de que la vía militar tenía rendimientos decrecientes, encontraron un espacio de negociación.
En 2012 se instalaron las conversaciones de La Habana. La relación entre conflicto armado y drogas fue reconocida como estructural: el punto 4 de la agenda —integrado como capítulo dentro del Punto 1 sobre Reforma Rural Integral— se denominó Solución al Problema de las Drogas Ilícitas, y el 16 de mayo de 2014 se alcanzó un acuerdo parcial sobre tráfico y producción, que sentó las bases para lo que sería, tras la firma del Acuerdo Final en 2016, el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS).
El PNIS invirtió la lógica dominante desde el Plan Colombia. En lugar de fumigar, el Estado se comprometía a acompañar a las comunidades cultivadoras en un proceso pactado de erradicación voluntaria, con asistencia técnica y proyectos productivos. La estrategia se apoyaba en una premisa que Santos, tras firmar 1.400 extradiciones, había interiorizado: la guerra contra las drogas era, en sus propias palabras, como pedalear en una bicicleta estática, un enorme esfuerzo que no producía avance.
Sin embargo, el PNIS no desmontó el prohibicionismo: convivió con él. La presión de la administración Trump para priorizar la guerra contra las drogas sobre la sustitución voluntaria minó los compromisos del Acuerdo desde Washington, y en el terreno la violencia se recompuso. En 2018, los 161 municipios con presencia previa de las FARC registraron 2.957 homicidios, un 30% más que en 2016; los municipios inscritos en el PNIS presentaron una tasa de homicidios del 54,7%, frente al 21,7% de los municipios sin coca. Los líderes sociales que promovieron la sustitución fueron señalados y asesinados por los grupos armados ilegales que disputaban el control del mercado de cocaína, para quienes cada campesino que aceptaba erradicar era un competidor menos —y un enemigo.
Herencia y disputa
En 2022, la Comisión de la Verdad recomendó que Colombia liderara a nivel mundial el cambio de paradigma del prohibicionismo hacia la regulación legal responsable, apoyándose en la legitimidad que le da al país haber sufrido las consecuencias más graves de la guerra contra las drogas. La recomendación se sumaba a un debate ya abierto: en 2018 la Comisión Global de Políticas de Drogas había publicado Regulación: El Control Responsable de las Drogas, un documento que también proponía superar el marco prohibicionista. Santos, sin comprometerse con una posición reformista concreta, promovió una conversación global sobre el tema.
Leído en clave larga, el prohibicionismo colombiano no admite las dos caricaturas habituales. No fue imposición pura de una potencia extranjera —los antecedentes internos, desde las chicherías bogotanas de 1922 hasta la campaña temprana contra la coca, muestran un Estado que asumió por cuenta propia una gramática tutelar sobre el consumo—, ni fue tampoco elección soberana: la arquitectura del Plan Colombia, la certificación anual, la centralidad de la extradición en la agenda bilateral marcaron un perímetro dentro del cual cualquier gobierno tenía que moverse. La categoría útil aquí no es la de subordinación ni la de autonomía, sino la de codependencia: una relación en la que sectores del Estado colombiano y de sus élites políticas encontraron en la agenda antidrogas recursos, legitimidad y un marco para tramitar problemas de gobernabilidad que los excedían, a cambio de aceptar los términos de la conversación.
Ese pacto tuvo un efecto adicional, menos discutido: convirtió al cultivo ilícito en el terreno privilegiado de la guerra contrainsurgente. La reducción numérica de las FARC y el ELN durante la Seguridad Democrática es inseparable del despliegue antinarcóticos, y ahí reside una de las ambigüedades más incómodas del período: parte del éxito militar del Estado se financió, se justificó y se ejecutó bajo la etiqueta antidrogas. El resultado fue una política de dos rostros —contrainsurgente hacia adentro, antinarcótica hacia afuera— que ninguno de los dos podía sostener por separado.
Y sin embargo el balance material es un fracaso estructural. Tres décadas de fumigación no frenaron los cultivos; los desplazaron. La sustitución voluntaria, más barata y menos violenta, quedó sistemáticamente subfinanciada. La lógica de seguridad se impuso sobre la lógica de desarrollo rural cada vez que hubo que elegir. Y las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes que habitan las zonas cocaleras —Putumayo, Catatumbo, Nariño, Cauca, Guaviare, sur de Bolívar— pagaron el precio de una guerra cuyos beneficios recogieron carteles, guerrillas, paramilitares y agencias antinarcóticos en Washington.
La industria ilegal y el crimen organizado son síntomas de conflictos sociales no resueltos. Mientras el jornal cocalero triplique al agrícola legal, mientras la frontera agrícola sea un lugar donde el Estado llega con avioneta pero no con carretera, y mientras la política internacional siga midiendo el éxito en hectáreas asperjadas, el régimen prohibicionista seguirá produciendo lo mismo: cultivos que se mueven, comunidades que se rompen y una violencia que muta pero no cede. La fisura abierta en La Habana en 2016 fue el reconocimiento tímido de esa evidencia. No fue —todavía— su superación, y la pregunta que queda planteada no es si el prohibicionismo funciona —eso ya se sabe— sino qué costos adicionales está dispuesto a pagar el país antes de asumir que no funcionará.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Richard Nixon — declaró la Guerra contra las Drogas en 1971, estableciendo el marco internacional que condicionó la política antidrogas colombiana desde la administración Pastrana Borrero
- 02Plan Colombia — expresión institucional más costosa del prohibicionismo en Colombia, con más de 2.500 millones de dólares en asistencia antidroga estadounidense entre 2000 y 2003
- 03Glifosato — instrumento técnico central del prohibicionismo militarizado, cuyas fumigaciones aéreas generaron desplazamientos, daños a cultivos de subsistencia y afectaciones a la salud en Putumayo, Catatumbo, Nariño y territorios indígenas
- 04Extradición — eje jurídico del prohibicionismo bilateral, cuya historia entre 1979 y 2004 condensó la tensión entre soberanía colombiana y presión estadounidense, y desencadenó el narcoterrorismo del Cartel de Medellín
- 05Seguridad Democrática — política de Álvaro Uribe Vélez que llevó el prohibicionismo a su expresión más militarizada, fusionando la lucha antidrogas con la contrainsurgencia bajo la categoría de narcoguerrilla
- 06Acuerdo de La Habana — primer instrumento de paz colombiano que cuestionó estructuralmente el prohibicionismo al proponer sustitución voluntaria de cultivos en su Punto 4
- 07Economía cocalera — realidad agraria y social que el prohibicionismo trató como problema de seguridad antes que como problema de desarrollo, generando tres décadas de fracaso en la reducción sostenida de cultivos
- 08Higienismo — corriente médica y moral que en el siglo XX colombiano alimentó las primeras prohibiciones internas sobre chicha y coca, articulando la gramática paternalista que luego se acopló al lenguaje antidrogas internacional
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
59 documentos · 70 fragmentos
01Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 139, 1542 citas
[1]el hambre, propiciando así la desnutrición, pero también por los prejuicios y desprecio hacia la población indígena. Consideraciones finales Es común escuchar que el prohibicionismo ha sido impuesto por países más po- derosos como Estados Unidos, sobre otros países más débiles como Colombia. Pero como se ha visto en…
p. 154
[2]en el caso de la hoja de coca: como se verá más adelante, cuando la coca aún no había sido afectada por el prohibicio- nismo internacional, en Colombia se realizó una campaña agresiva, aunque fracasada, para su erradicación. Alcohol y prohibición en la Colonia A diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con México,…
p. 139
02La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 4801 cita
[3]y, principalmente, de chicha, mediante la cual se clasificaban los esta- blecimientos de expendio de licores en tres categorías, para cada una de las cuales se definían horarios e impuestos, especialmente. Para los lugares destinados a la fabricación y el expendio de chicha se definían algunas medidas adicionales…
p. 480
03Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 2181 cita
[4]a series of economic and social reforms, very similar to those pursued at the time by other Latin American governments, including the privatization and liquidation of state compa - nies, the surrender of the health and pension systems to private capital, the dismantling of a protectionist system of import tariffs, and…
p. 218
04Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1051 cita
[5]varios ministros. En ese momento, Co lombia ya era conocida en Estados Unidos por la alta calidad de su marihuana gracias, en parte, al efecto “colchón de aire”, es decir, a la fuerte represión a los cultivos en México. Pese a todo esto, el gobierno y las élites empresariales colombianas no se percataron del cambio de…
p. 105
05Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2431 cita
[6]opinión y dijo que se proponía ser elegido al Concejo de Bogotá. Su carrera política llegó a su fin en septiembre, cuando fue solicitado en extradición por el gobierno de Estados Unidos y optó por pasar a la clandestinidad. Unas semanas después anunciaba la disolución del MLN. 9 Los hechos recogidos a continuación han…
p. 243
06Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 4151 cita
[7]citizens to be tried in foreign jurisdictions, have been a source of national controversy since the 1980s. The assassination of the minister of justice in 1984 and the ensuing wave of terrorism and violence against judges, poli- ticians, and journalists was a strategy by the Medellm Cartel to pres- sure the state to…
p. 415
07Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1551 cita
[8]Su tratamiento se volvió de competencia de diferentes profesionales de la seguridad, sobre todo de la Policía y el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), para quienes la lucha contra las drogas constituía un vector de autonomía con respecto al Ejército. A pesar de que no es oportuno retomar aquí los detalles…
p. 155
08Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 561 cita
[9]of the discourse on drugs mobilized by U.S. agencies with that of their Colombian counterparts. Claiming that the “war on drugs” advanced by the U.S. was not imposed does not imply refusing the relevance of its effects for the construction of Colombia as a problem—on the contrary. The volume of financial and human…
p. 56
09Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 1781 cita
[10]to manufacture and sell coca- based products. 103 Their decision to develop such products grew out of legislation allowing small amounts of coca to be grown in the country’s res - guardos. In a discussion of these issues, anthropologist Marta Zambrano de - scribes coca as occupying a “gray zone, ambiguous and…
p. 178
10Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · p. 1181 cita
[11]y el 70 % de la cocaína consumida en el mundo se produce en Colombia. Los ingresos que se generan producto de este negocio ilegal son muy significativos. Se estima que en 2008 el tamaño de la producción y tráfico de la cocaína en Colombia fue de $13,6 billones de pesos, lo que equivale aproximadamente al 2,5 % de pib…
p. 118
11El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 337, 3512 citas
[12]en cinco, la meta relativa a la producción es del 50% en seis años. Por ello, Estados Unidos ha desti- nado para la asistencia antidroga en Colombia más de 2.500 millones de dólares en los años fiscales 2000-2003. El gobierno norteamericano ha insistido en que la fumigación es un medio efectivo para la lucha contra…
p. 337
[24]piel como: dermatitis, impétigo, abscesos, dolor abdominal, diarreas, infección respiratoria aguda, presenta- dos a partir de la realización de fumigaciones en la zona (…) de las 100 veredas que existen en el Valle del Guamuéz, municipio con el mayor número de habitantes en el departamento, después de Puerto Asís y…
p. 351
12El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 337, 3512 citas
[13]en cinco, la meta relativa a la producción es del 50% en seis años. Por ello, Estados Unidos ha desti- nado para la asistencia antidroga en Colombia más de 2.500 millones de dólares en los años fiscales 2000-2003. El gobierno norteamericano ha insistido en que la fumigación es un medio efectivo para la lucha contra…
p. 337
[25]piel como: dermatitis, impétigo, abscesos, dolor abdominal, diarreas, infección respiratoria aguda, presenta- dos a partir de la realización de fumigaciones en la zona (…) de las 100 veredas que existen en el Valle del Guamuéz, municipio con el mayor número de habitantes en el departamento, después de Puerto Asís y…
p. 351
13Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 354, 6692 citas
[14]coca, erradicación manual y glifosato (1999-2016) Fuente: Elaboración analítica SIM con base en datos del Observatorio de Drogas de Colombia. 649 Entrevista 045-VI-00165. Víctima, mujer, Nariño. 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 0 50.000 100.000 150.000 Hectáreas…
p. 354
[60]la construcción de consensos en torno a los ajustes que sea necesario emprender 1232. 1231 Comisión Global de Políticas de Drogas, «Regulación: El Control Responsable de las Drogas.», 2018. 1232 Relacionado con el punto 4.3.5. Conferencia Internacional y espacios de diálogo regionales del Acuerdo Final de Paz. 670…
p. 669
14No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 318, 3212 citas
[15]las Naciones Unidas (ONU) el monitoreo del creci- miento y/o disminución de los cultivos. Tres décadas después de que comenzaran las fumigaciones, hay abundante evi- dencia que demuestra que ninguno de los argumentos con los que fueron aprobadas es completamente cierto y, en todo caso, esta estrategia no ha logrardo…
p. 318
[31]a la Comisión de la Verdad que cuando vinieron las fumigaciones había una restricción para llevar víveres en camiones y embarcaciones. «Fue cuando el ministro de Defensa [Fernando] Botero dijo que el glifosato no hacía daño, que él podía tomarse un vaso y bañarse con glifosato y que eso no era dañino» 969. 966…
p. 321
15Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2201 cita
[16]insumos, por parte de los narcotraficantes. Todo se enmarca en un cuadro de desempleo y pobreza créni- ca de la poblacién campesina, consecuencia de la falta de infraestructura, medios de transporte, crédito, apoyo tecnolégico y facilidades de comercializacién y merca- deo para los productos agropecuarios…
p. 220
16Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 1201 cita
[17]acumulados 1999- 2004 fumiga total acum. en DA prpto. prpto. D.A. 1999-2004 (Has.) de fumiga 1999-2004 1999-2004 (Has.) (US millones) 4º Magdalena 3.035 1.632 16º 0.3 17.8 7 5º Bolívar 27.288 22.820 7º 3.7 12.9 5 6º Cauca 18.835 9.523 11º 1.5 12.1 5 7º Cesar* 3.514 3.031 14º 0.5 11.5 5 8º Antioquia 21.833 31.147 6º 5…
p. 120
17Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1731 cita
[18]tan riesgoso para la salud y la naturaleza es volver a la aspersión aérea con glifosato?». 502 Nivia y Rapalmira, «Las fumigaciones aéreas sobre cultivos ilícitos sí son peligrosas». 503 Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (Unodc), «Censo de Cultivos de Coca 2014», 97. 504 Programa de…
p. 173
18War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 851 cita
[19]hold wide popular sympathy. The millions of dollars allocated for coca eradication must be seen as part of a larger war against a growing people's movement in Colombia. Aerial eradica- tion programs and the deployment of thousands of U.S. -trained soldiers to the region are displacing hundreds of thousands of…
p. 85
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 92, 952 citas
[20]coloni- zación campesina. En cambio, en las zonas dominadas por ejércitos de narcotraficantes, que fueron principalmente las zonas de sabana y los llanos orientales, en el Casanare y norte del Meta, se concentraron los laboratorios de procesamiento de cocaína y la infraestructura para su exportación. En 1984, Colombia…
p. 92
[38]la muerte del proyecto revolucionario. No quiere decir que estimulamos la coca. Cartagena del Chairá fue uno de los primeros bastiones de la coca en el sur del país. Es las FARC-EP la que trata de decirle a los campesinos “sí, muy bueno este negocio, entendemos las dinámicas, ustedes sembraban plátano y yuca y maíz y…
p. 95
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 126, 1302 citas
[21]previas a la implementación en 1999 del sistema de Monitoreo de Cultivos de Coca coordinado por UNODC, su fuente son estudios realizados por Estados Unidos. 262 Uribe, «Evolución de los cultivos de coca en Colombia: 1986-2017». Razón Pública. tercer ciclo de afectaciones (1991-2020) 127 Miles de hectáreas sembradas…
p. 126
[23]incumplieron: no se suspendieron las fumigaciones y las obras de infraestructura quedaron limitadas a las asignaciones presupuestales que las entidades estatales ya tenían para el año en curso y los años siguientes 273. La Comisión ha podido establecer que sí hubo una influencia de las FARC-EP en el desarrollo del…
p. 130
21Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6701 cita
[22]nacionales y extranjeras como Cargill, Poligrow y Manuelita para explotarlas con proyectos de agroindustria 2239. En otras zonas, la reconfiguración ocurrió por las aspersiones con agentes químicos para erradicar cultivos de coca y marihuana. Las fumigaciones en la Sierra Nevada de Santa Marta habían comenzado desde…
p. 670
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1421 cita
[26]tema del mareo, por el tema de las diarreas, por el tema de náuseas, por todo eso» 378. Las advertencias emitidas por el Instituto Nacional de Salud, en el sentido de que las aspersiones aéreas producen un conjunto de afectaciones de carácter sistémico, es decir, que no se limita únicamente a la salud física y el…
p. 142
23Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1801 cita
[27]Pueblo y la Asociación Co- munidad Motilón Barí sobre la contaminación de fuentes de agua de consumo humano y animal, así como las afectaciones en la sa- lud, en los sembrados de palma y en la seguridad alimentaria; lo que fue reconocido por el mismo gobierno mediante la entrega de mercados (Defensoría, 2006-a.…
p. 180
24Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 1081 cita
[28]Corte, en los territorios ubicados en La Tola, Iscuandé, Mosquera y Satinga (Corte Constitucional 2009). También Acnur denunció la escasez de alimentos y la latente crisis alimentaria que se vive en el municipio de El Charco. De acuerdo con Acnur, las fumigaciones y los combates han elevado el riesgo de desplazamiento…
p. 108
25Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 851 cita
[29]dos Unidos (CODHES, 2009). Sin embargo, a pesar de la altísima inversión económica, la estrategia militar de erradicación de cul- tivos de uso ilícito por medio de la fumigación aérea no solo no 86 Cruzando la frontera: memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río Arauca ha sido tan e fi caz como se esperaba,…
p. 85
26Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 661 cita
[30]sobre la situación de riesgo para su supervivencia”. • A principios de 2011, el Foro Permanente de Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas recomendó en un informe “prevenir el genocidio que pudiera perpetrarse allí.” 67 • En marzo de 2011, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas…
p. 66
27Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1021 cita
[32]extensión de cultivos de coca, que integró grandes regiones de frontera agrícola a la economía monetaria, creando bonanzas efímeras para los colonos y atrayendo trabajadores en busca de fortuna. Las nuevas fuentes de recursos en áreas de colonización fortalecieron económicamente a las guerrillas, aunque transformaron…
p. 102
28Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 791 cita
[33]Guajira, Cesar y el Magdalena Medio. En 1974, aproximadamente 80% de los finqueros en La Guajira sembraban marihuana. Esa bonanza eco- nómica pronto se vio afectada por una quiebra a comienzos de los años ochenta,. cuando el precio de la marihuana colombiana empezó a caer con el surgimiento de una variedad más potente…
p. 79
29La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 601 cita
[34]lo que ocasionó el fin de los cultivos de maíz y arroz, que habían sido la base económica de la región en las déca- das de los sesenta y setenta. A continuación presentamos algunos testimonios que dan cuenta de los efectos que trajo la economía cocalera en el sur del departamento. Nos llegó la cultura de la coca y…
p. 60
30Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 511 cita
[35]disminución no son claras. Desde 1994 y hasta 1997, el número de hectáreas cultivadas osciló entre 2.000 y 2.500, pero a partir de 1998 se produjo un crecimiento sostenido de cultivos hasta el 2000, año en el que se triplica el área cultivada y alcanza su máximo histórico: 5.960 hectáreas (Minjusticia, Unodc, 2016, p.…
p. 51
31Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 2101 cita
[36]insensi- bilidad a la cual llegamos 254. - La coca exactamente es la que genera ese tipo de situación o problemáticas allá [en Lerma] porque la gente consiguió plata y la plata no la utilizó sino para comprar armas y para tener el poder, entonces yo tengo el poder y con plata yo hago, yo defino. Y eso generó un…
p. 210
32Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 621 cita
[37]allá de la disputa militar, el interés en estos corredores fue «estratégico», porque permitieron obtener armamento y desarrollar actividades para financiar la guerra. A medida que los diferentes grupos armados se fueron asentando en los territorios de los pueblos étnicos, estos se vieron afectados primordialmente por…
p. 62
33Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 187, 1952 citas
[39]los paracos ma- taban a quien no les vendiera a ellos nos tocó vender muy barato. La ganancia casi no era nada” (Jansson, 2006, página 237). Pero las personas productoras de pasta de base de cocaína en pequeña escala no sólo se encontraban en desventaja comercial frente a paramilitares del Bloque Sur Putumayo. Ante la…
p. 195
[41]1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 Putumayo 2.200 2.400 4.000 5.000 6.600 7.000 19.000 30.100 58.297 66.022 Total nacional 37.500 41.206 49.787 46.400 53.200 69.200 79.100 101.800 160.119 163.289 Compara- tivo (%) 5,87 5,82 8,03 10,78 12,41 10,12 24,02 29,57 36,41 40,43 Fuente: Vargas, 2004, página 267, con base en…
p. 187
34El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 2691 cita
[40]que limitan con Amalfi y Zaragoza. El narcotráfico, cuando ellos llegaron, empezaron a exigir a los campesinos, especialmente, que empezaran a sembrar coca que daba ma- yor rentabilidad, una forma de vivir mejor. Los campesinos se comieron el cuento, empezamos a dañar el medio ambiente, a quemar, a sembrar coca, y…
p. 269
35Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1681 cita
[42]ocurrencia 22.075 35.937 51.792 56.793 54.169 49.085 diálogos de paz en medio del conflicto, retos y persistencias (2010-2021) 169 Aún hoy, para la población campesina el jornal que se paga en la economía cocalera representa ingresos superiores a los de la economía agraria legal: «Vea, hay personas de la juventud,…
p. 168
36Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 381 cita
[43]que había una alianza «narcoterrorista» entre las FARC y el narcotráfico. Siguiendo la línea de su gobierno, presidido por Ronald Reagan, el campeón del anticomunismo en Centroamérica, Tambs estaba en una campaña premeditada para inflar las conexiones entre las guerrillas colombianas y el gobierno sandinista en…
p. 38
37Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 1701 cita
[44]uno de ellos —al que tenía la fama de ser el más poderoso y rico de todos— a los sagrados recintos del Congreso nacional. En un gesto que le costaría la vida, Rodrigo Lara Bonilla, el ministro de Justicia, se opuso abiertamente a Escobar, acusándolo en público de ser un narcotraficante y negándole el derecho a ocupar…
p. 170
38The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4501 cita
[45]left dozens wounded and one dead; second, the bombing of Avianca flight 203 in November, which was an attempt to kill then presidential candidate César Gaviria but instead ended the lives of 107 passengers and crew; third, the early December bombing of the das, or Departamento Administrativo de Seguridad (Colombia’s…
p. 450
39Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 1651 cita
[46]de abril de 1984, en el norte de Bogotá, cuando Lara se dirigía a su residencia. Antecedente de ese hecho tan lamentable fue también el doloroso asesinato de Rafael Pardo Buelvas, ministro de Gobierno de López Michelsen, ocurrido en su propia residencia al mes siguiente de concluida esa administración, el 17 de…
p. 165
401989María Elvira Samper · 2019 · p. 153, 1622 citas
[47]Claro, por una razón, porque la Corte Suprema tumbó el tratado de extradición con el argumento peregrino de que como la ley aprobatoria del tratado había sido firmada por Germán Zea, ministro delegatario en funciones presidenciales, significaba delegar el manejo de las relaciones internacionales que son del resorte…
p. 162
[49]del delito de enriquecimiento sin causa de particulares, entre otros, como también dos memorables discursos del presidente: la alocución por televisión del 18 de agosto de 1989 –día del asesinato de Galán– y la intervención de septiembre de 1989 ante la Asamblea General de la ONU, la militarización de las unidades…
p. 153
41Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2861 cita
[48]legítimos en el de- recho pri va d o. El estigma soc ial hizo aún m ás impenetrable el mi s- terio del la vado de dinero. Un cuadro de tantos matices requería respuestas más inteligen- tes que la mera militarización del conflicto que vino por la vía de la ayuda de lo s Estados Unidos. Los equipos militares aportados…
p. 286
42Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 1841 cita
[50]del Estado se centraban en neutralizar a Escobar, mientras que desde Estados Unidos y la sociedad colombiana se prefería pasar por alta la evidente infiltración de autoridades civiles y políticas. La depuración del sistema tendría que esperar al final de la guerra contra Escobar. A lo largo del proceso 8000 la…
p. 184
43Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1102 citas
[51]que hubiera comenzado. Para entonces, los grupos de traficantes 1 Mark Bowden, Killing Pablo, 51. 2 Gabriel Murillo, “Narcotráfico”, 223; Stephen Dudley, Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in Colombia (Nueva York: Routledge, 2004), 98. 110 James D. Henderson de Medellín y de Cali habían construido una…
p. 110
[52]que hubiera comenzado. Para entonces, los grupos de traficantes 1 Mark Bowden, Killing Pablo, 51. 2 Gabriel Murillo, “Narcotráfico”, 223; Stephen Dudley, Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in Colombia (Nueva York: Routledge, 2004), 98. 110 James D. Henderson de Medellín y de Cali habían construido una…
p. 110
44Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1161 cita
[53]Beatriz Villamizar y Diana Turbay –asesinada en la operación de rescate–; entre muchos otros. La paradoja de estos años fue que, si bien un sector del Estado combatió a los narcotraficantes, otro sector era su aliado con la justificación de los «fines superiores» en la lucha contrainsurgente. Y del mismo modo, un…
p. 116
45Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 171 cita
[54]Acuerdos de la Habana el 26 de septiembre de 2016 y a la desmovilización de las Farc bajo el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos. Así, desde los años ochenta comenzaron a perfilarse los protagonistas que han dominado la escena pública nacional hasta hoy. Esa violencia múltiple característica de al menos las…
p. 17
46More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 2741 cita
[55]Bogota sky. They never lacked for raw material. Each drug seizure seemed to reveal a hiding place more inventive than the last-in furniture, in waste oil, in coconut cakes, in yachts. At the same time, the most reli- able methods were the most obvious: go-fast boats that outran the THE MAGIC KINGDOM 239 U.S. Coast…
p. 274
47Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 6811 cita
[56]presidente Uribe. Las negociaciones de paz con las FARC iniciadas por la administración Santos en el 2012 y los diálogos con el ELN en el 2014 son una nueva apuesta a la solución política del largo conflicto interno colombiano. Violencia y narcotráfico La radiografía de la violencia colombiana desde los años ochenta…
p. 681
48La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 3551 cita
[57]a través de varios de sus frentes con el procesamiento, el transporte y la exportación de la cocaína, un negocio del que provenía gran parte de sus recursos. No podíamos ignorar la relación entre el conflicto y las drogas. Sin su involucramiento con el narcotráfico, las Farc posiblemente habrían sido derrotadas hace…
p. 355
49Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 891 cita
[58]la que, por primera vez, resulta posible pensar en su desactivación por la vía militar debido a que tras décadas de violencia, y sin atisbo de victoria por ningún lado, tanto Gobierno como guerrilla, racionalmente, llegan a un punto crítico (ripe moment) por el que mantener el conflicto abierto es mutuamente…
p. 89
50Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 801 cita
[59]and drug trafficking (May 2014); victims ’ reparations and transitional justice (finalized in December 2015); and the demobilization and disarmament of the FARC and a bilateral cease-fire (June 2016). One of the critical topics of the peace negotiations was the issue of controlling illegal crops and drug…
p. 80
51The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 1631 cita
[61]point three, from February 2018. OACP internal document, personal archive. to show implementation of point three: the number of FARC members dis- armed, weapons decertified, explosive stores extracted. As Merry (2016, 1) argues, quantification, the use of numbers to describe social phenomena, is seductive; numbers…
p. 163
52Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1931 cita
[62]apuntaba al eslabón principal de la economía campesina en esos territorios de frontera. Las comunidades se organizaron para construir los planes de sustitución y la erradicación voluntaria comenzó. Un líder social y campesino relató a la Comisión lo siguiente: «Cambió muchísimo, porque de ser una zona coquera, de ser…
p. 193
53¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 1291 cita
[63]en la que Estados Unidos necesariamente involucraría a Colombia como punta de lanza de una “coalición”. Las probabilidades de que un conflicto de estos sea de corta duración son extremadamente bajas. Hay otro efecto, quizás menos visible, pero con un gran peso potencial sobre la probabilidad de recaer en un nuevo…
p. 129
54Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 91 cita
[64]los críticos y atribuyéndoles, en muchos casos de manera caprichosa, propósitos desestabilizadores. También en el caso de los militares han existido quejas serias. Aunque las fuerzas militares y de policía han anunciado cambios en sus respectivas doctrinas, y aunque en efecto muchas de las nuevas políticas han…
p. 9
55At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 3121 cita
[65]was signi fi cantly higher for municipalities with populations registered for the PNIS program than municipalities that continued to grow coca uninterrupted and for municipalities that did not grow coca (54.7% vs. 39.5% and 21.7%, respectively). Many of those killed were social activists and community leaders that…
p. 312
56Corte Constitucional - Sentencia C-026 de 1995.htmlp. 11 cita
[66]es abusivo, por tratarse de una �rbita precisamene sustra�da al derecho y, a fortiori, vedada para un ordenamiento que encuentra en la libre determinaci�n y en la dignidad de la persona (aut�noma para elegir su propio destino) los pilares b�sicos de toda la superestructura jur�dica. Con raz�n ha dicho Thomas Szasz,…
p. 1
57Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 962 citas
[67]dicho que no asumirá una posición concreta y que prefiere ser el anfitrión de una conversación global que termine con una trans - formación sustancial de este régimen internacional, s í se ha admitido pública - mente que la guerra contra las drogas no ha producido resultados concretos. El presidente Santos la ha…
p. 96
[68]dicho que no asumirá una posición concreta y que prefiere ser el anfitrión de una conversación global que termine con una trans - formación sustancial de este régimen internacional, s í se ha admitido pública - mente que la guerra contra las drogas no ha producido resultados concretos. El presidente Santos la ha…
p. 96
58Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 761 cita
[69]los narcotraficantes sobre el Estado, y en ese sentido sí fue una traición del país al legado de Galán, que tenía eso como símbolo. Pero viéndolo hoy retrospectivamente, la extradición misma, ¿sirvió o no sirvió? ¿Era eficaz o no era eficaz? Un libro reciente de Rafael Pardo, La guerra sin fin, dice algo que es…
p. 76
59Organized Crime in Colombia: The Actors Running the Illegal Drug IndustryFrancisco Thoumi · 2014 · p. 131 cita
[70]sentences, passing anti- money-laundering legislation, reforming the justice systems, etc. The antidrug policy arsenal is focused on attacking contributing and minor necessary factors like precursor control or poverty, but most policies do not deal with the underlining norms conict or governance and governability…
p. 13