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Una historia del territorio

San Vicente del Caguán

San Vicente del Caguán es, antes que un escenario político, un producto de la periferia: un municipio levantado por campesinos que huían de la Violencia y llegaron a un territorio donde el Estado brillaba por su ausencia, construyendo por su cuenta…

18 min de lectura62 fuentes

Al norte del departamento del Caquetá, donde la cordillera Oriental se deshace en llanuras y el piedemonte cede a la Amazonía, se extiende un municipio que durante más de tres años funcionó como capital extraoficial de una guerra que se negociaba sin dejar de librarse. San Vicente del Caguán —cabecera de una jurisdicción atravesada por el río que le da nombre, afluente del Caquetá y por décadas principal vía de penetración a la selva— es, en el imaginario nacional, sinónimo de una silla vacía: la del 9 de enero de 1999, cuando Andrés Pastrana Arango aguardó a Manuel Marulanda Vélez frente a las cámaras del país y del mundo. Pero la importancia del municipio precede y desborda ese episodio. San Vicente es, ante todo, un producto tardío de la colonización campesina del piedemonte amazónico, un pueblo levantado por gente que huía de la Violencia bipartidista y que llegó a un territorio donde el Estado no había llegado antes ni llegaría después, salvo bajo la forma del ejército o la fumigación. Esa ausencia estructural —esa condición de frontera— explica todo lo demás: por qué las FARC-EP pudieron administrarlo como territorio propio, por qué fue elegido sede de los diálogos de paz, por qué se convirtió en zona de despeje y, cuando el proceso cayó en febrero de 2002, por qué fue también uno de los primeros blancos del Plan Patriota.

Un pueblo en el piedemonte

El municipio se ubica en el flanco oriental de la cordillera Oriental, en la transición entre las tierras altas andinas y la llanura amazónica que caracteriza al Caquetá. El departamento, con cerca de 88.965 kilómetros cuadrados, limita al norte con Meta y Guaviare, al oriente con Vaupés, al sur con Amazonas y Putumayo y al occidente con Cauca y Huila; sus municipios —quince o dieciséis, según la fuente— se distribuyen entre el piedemonte y la selva baja. La red hídrica es densa: los ríos Caguán, Orteguaza, Yarí y Apaporis, todos afluentes del Caquetá, articulan un territorio donde el agua ha sido históricamente el principal medio de comunicación y transporte, más que las carreteras, que llegaron tarde y de manera incompleta.

San Vicente pertenece a la cuenca del Caguán, una franja de piedemonte que forma parte de la Gran Cuenca Amazónica y conecta las estribaciones montañosas con las llanuras del oriente. Su geografía es, al mismo tiempo, su destino: lo suficientemente cerca de los Andes para recibir oleadas migratorias del interior del país, lo suficientemente lejos para escapar al alcance de la institucionalidad andina. La región amazónica colombiana —423.473 kilómetros cuadrados en algunas mediciones, cerca del 37% del territorio nacional— es, en términos de densidad estatal, la periferia extrema del país, y el Caguán su corazón de frontera.

La colonización que fundó el municipio

Lo que hoy es San Vicente del Caguán no existía como tal antes de la Violencia. Entre 1950 y 1960, Nariño y Tolima registraron las tasas más altas de expulsión campesina del país, y una parte considerable de esos desarraigados se dirigió al piedemonte amazónico, a Putumayo y a Caquetá, en busca de tierras baldías donde rehacer la vida. La colonización primaria del piedemonte caqueteño fue obra de campesinos pobres que abrieron monte con hacha y machete, montaron pequeñas ganaderías, sembraron plátano y hortalizas, y con eso reconfiguraron la geografía productiva de la región.

Ese primer poblamiento tuvo un desenlace que se repetiría en toda la frontera agraria colombiana: los colonos originales, sin crédito, sin vías, sin apoyo técnico ni facilidades de comercialización, terminaron vendiendo sus mejoras —el trabajo de desmontar la selva— a grandes compradores con más capital, que las consolidaron en fincas ganaderas extensivas. Los pequeños volvían a irse, más adentro, a repetir el ciclo. Este patrón —colonización campesina, desplazamiento por concentración, avance hacia la selva— explica el peculiar mapa de tenencia de la tierra en el Caguán, con un latifundio ganadero superpuesto a veredas de colonos empobrecidos, y también preparó el terreno para la violencia posterior.

En 1959, el gobierno de Alberto Lleras Camargo intentó ordenar el fenómeno con la Ley 20 —el Plan Nacional de Rehabilitación y Socorro—, primera medida oficial destinada a organizar colonias en tierras públicas para acoger a los desarraigados de la Violencia. La Caja de Crédito Agrario ejecutó el programa y unas tres mil personas recibieron parcelas. Fue un gesto tardío y limitado. La colonización real, la que efectivamente pobló el Caguán, se hizo sin el Estado y en algunos casos contra el Estado.

Entre los colonos llegaron, en los años cincuenta y sesenta, campesinos expulsados del Tolima que el Partido Comunista organizó en las llamadas columnas de marcha: núcleos móviles que combinaban desmonte agrícola con autodefensa armada y que se asentaron en el Alto Guayabero, en El Pato y en el Caguán. Aunque desarticulados entre sí, mantuvieron sus armas y su organización, y constituyeron el sustrato humano y territorial del que en 1966, en El Pato, se formalizarían las FARC. La guerrilla no llegó al Caguán: nació en el Caguán o, más exactamente, en la geografía continua de colonización armada que incluía al Caguán.

Sobre esa base, las organizaciones campesinas construyeron por su cuenta lo que el Estado no proveía: escuelas veredales, acueductos comunitarios, trochas, puestos de salud. Esa autogestión reforzó una identidad campesina fuerte y un sentido de pertenencia territorial que sería, décadas después, la base social sobre la que la guerrilla ejercería autoridad, y también la que padecería las peores consecuencias del conflicto.

La coca y la segunda colonización

Entre 1977 y 1987, un segundo ciclo colonizador transformó de nuevo el Caguán. Esta vez el motor no fue la Violencia sino la coca. La introducción del cultivo, primero como complemento y luego como economía dominante, atrajo gente de todo el país hacia las riberas del Caguán, del Yarí y del Orteguaza. San Vicente creció, se llenó de comerciantes, de raspachines, de intermediarios, de una economía en efectivo que contrastaba con la miseria estructural de la agricultura tradicional. En 1997, Colombia desplazó a Perú y Bolivia como primer productor mundial de hoja de coca, y una parte sustantiva de esa producción se concentraba en el eje Caquetá-Putumayo-Guaviare.

Las FARC, para entonces, ya controlaban buena parte del territorio rural del Caguán, y la economía cocalera se convirtió en la principal fuente de financiamiento del Bloque Sur, la unidad guerrillera con más músculo económico de la organización. No es un dato menor: cuando Pastrana designó a los negociadores del proceso de paz en 1998, los tres nombres —Raúl Reyes, miembro del Secretariado; Joaquín Gómez; Fabián Ramírez— provenían justamente del Bloque Sur, el mismo que había protagonizado golpes militares como la toma de la base de Las Delicias en Putumayo en 1996 y que tenía en la coca su base material. La negociación se hizo, entonces, con los comandantes cuyo poder dependía del territorio que estaba a punto de ser desmilitarizado.

La zona de distensión

El 14 de octubre de 1998, amparándose en la Ley de Orden Público, Pastrana estableció la zona de distensión: un despeje militar de aproximadamente 42.000 kilómetros cuadrados —42.139, según la medición más precisa— que comprendía cinco municipios, cuatro en el Meta (Mesetas, La Uribe, La Macarena y Vistahermosa) y uno en el Caquetá: San Vicente del Caguán. El área era vasta —cerca de la mitad del tamaño de Portugal— y su corazón administrativo y simbólico se instaló en la cabecera caqueteña.

La decisión fue, desde el inicio, controvertida en dos frentes. El primero, el Batallón Cazadores, con sede en San Vicente. Pastrana intentó dejar sus efectivos dentro de la zona; las FARC exigieron desmilitarización total y no aceptaron su permanencia. El batallón salió. El segundo frente fue la ausencia de reglamentación pactada y pública sobre qué se podía y qué no se podía hacer en el despeje. Nunca hubo un acuerdo escrito y detallado sobre las reglas del territorio, y esa indefinición sería, más que cualquier otro factor, la que erosionaría la legitimidad del proceso.

La ceremonia inaugural de los diálogos, el 9 de enero de 1999, quedó marcada por la imagen que resumiría todo lo demás: la silla vacía. Manuel Marulanda Vélez, comandante en jefe de las FARC, no se presentó. Pastrana, con su comitiva y con las cámaras, esperó junto a un asiento sin ocupante. Las razones aducidas por Marulanda variaron —según algunas versiones, no quería transmitir la señal de un acuerdo inminente; según otras, existían amenazas contra su vida—, pero el efecto público fue devastador. La ausencia se interpretó como desdén, como mal augurio, como prueba de que la guerrilla llegaba a la mesa sin voluntad real. La percepción no era del todo injusta: el propio Marulanda, semanas después, recibiría en su campamento —a más de dos horas del pueblo— al equipo de intermediación cubana encabezado por José Antonio Arbesú, en febrero de 1999, mientras el gobierno seguía intentando construir una interlocución que en la superficie parecía imposible.

El 6 de mayo de 1999, sin embargo, el proceso avanzó con la firma en San Vicente del Caguán de la Agenda común por el cambio hacia una nueva Colombia, un texto de doce puntos que abarcaba desde el modelo económico y las relaciones internacionales hasta la formalización de acuerdos democráticos. La amplitud del temario fue tanto una virtud como una condena: cubría todas las dimensiones del conflicto colombiano, pero era imposible negociar todo eso en un plazo prudente sin dilaciones indefinidas, y las críticas señalaron desde el principio que la agenda no se concentraba en los temas sustantivos para terminar la confrontación armada.

Los Pozos, Villa Nueva Colombia y la escenografía de un Estado paralelo

San Vicente del Caguán no fue solo sede de reuniones. Durante los tres años y medio del despeje, funcionó como centro diplomático internacional: por allí pasaron delegaciones de gobiernos, comisiones de la ONU, representantes de la Iglesia, empresarios, periodistas de medio mundo. La región de Los Pozos —una vereda del municipio— y el caserío bautizado por las FARC como Villa Nueva Colombia se convirtieron en escenarios donde la guerrilla montó una escenografía deliberada: audiencias públicas, foros temáticos, camisetas, banderas, cámaras. Fue un ejercicio de comunicación política con el que la organización buscaba reconocimiento como interlocutor pleno, y en cierta medida lo obtuvo. El gobierno Pastrana reconoció formalmente el carácter político de las FARC, algo inédito en la historia reciente del país.

Pero detrás de la escenografía diplomática, en el territorio, ocurría otra cosa. Las FARC ejercieron poder de Estado en el despeje. Expulsaron a las autoridades civiles que consideraban incómodas: el alcalde de La Macarena fue obligado a dejar su cargo; la fiscal local de San Vicente del Caguán fue amenazada y desplazada. Operaron una emisora de radio propia. Promulgaron leyes numeradas con pretensión de aplicación nacional: la más conocida, la Ley 002 de 2000, impuso un tributo obligatorio a personas con patrimonios altos en sus áreas de influencia, bajo la retórica de un impuesto por la paz.

En la vida cotidiana, la guerrilla reguló el orden moral y social de la zona con una minuciosidad de gobierno: prohibió los robos, el consumo de drogas fuera de fechas permitidas, las peleas, la violación de mujeres; medió conflictos vecinales y familiares; administró justicia con sanciones que iban desde el trabajo comunitario hasta la pena de muerte. Para muchos habitantes, esa regulación era el único orden concreto que habían conocido. Para otros, era una tiranía sin apelación. La zona funcionó como un experimento de gobierno guerrillero: un ensayo de dualización del poder o de construcción de una república paralela, según algunos analistas; una demostración de capacidad estatal como palanca de negociación, según otros. En cualquier caso, las FARC nunca abandonaron su aspiración de tomar el poder por las armas, y el despeje les ofreció una plataforma inigualable para probar hasta dónde podían llegar sin serlo.

Simultáneamente, la organización usó el territorio para fortalecerse militarmente. Sus efectivos crecieron durante el proceso —de unos 16.000 combatientes en 1998 a cerca de 17.500 en 2000, según estimaciones académicas, aunque algunos mandos militares hablaron de una virtual duplicación— gracias al entrenamiento de nuevos reclutas, la formación de mandos y la compra de armamento. La zona sirvió como refugio de secuestrados, como retaguardia para operaciones ofensivas contra el resto del país y como centro de acopio logístico. Mientras en San Vicente se discutía la paz, en el resto de Colombia la guerra continuaba con intensidad creciente, y esa asimetría —negociar en un lugar mientras se combate en todos los demás— sería la contradicción insostenible del proceso.

El Acuerdo de Caquetania y la mecánica del quiebre

En julio de 2001, tras una de las crisis recurrentes del proceso, Pastrana y Marulanda firmaron el Acuerdo de Caquetania, un pacto de reactivación que en su punto séptimo contemplaba la instalación de una Comisión Internacional de Acompañamiento como órgano verificador. Era el intento más serio de introducir en el despeje la reglamentación que le había faltado desde el inicio. Pero el 18 de julio las FARC rechazaron la designación del equipo internacional que la comisión debía integrar, pese a que la figura estaba en el acuerdo que ellos mismos habían firmado. Fue, en retrospectiva, la señal más clara de que la guerrilla no aceptaría ningún mecanismo real de control sobre lo que ocurría en la zona.

A partir de ahí, el desgaste fue acelerado. Cada semana traía denuncias sobre tropelías contra la población, sobre presencia de secuestrados en el despeje, sobre tráfico de armas y de drogas, sobre entrenamiento militar acelerado. Algunas denuncias eran ciertas, otras exageradas, algunas falsas; pero el efecto acumulado erosionó la legitimidad política del proceso hasta un punto irreparable. La opinión pública, que había recibido los diálogos con esperanza en 1998, los repudiaba mayoritariamente en 2001.

En una reunión de la mesa, las FARC llegaron a exigir territorio adicional a cambio de colaborar con programas de sustitución voluntaria de cultivos de coca por cultivos legales. Fue quizás el momento más claro en que la economía cocalera apareció descarnada dentro de la agenda: la guerrilla proponía canjear paz por más despeje, con el fondo cocalero de por medio.

El final llegó el 20 de febrero de 2002, cuando las FARC secuestraron un avión de la aerolínea Aires y bajaron al senador Jorge Eduardo Gechem Turbay. Pastrana, al día siguiente, declaró el fin del proceso y ordenó la retoma militar de la zona de distensión. En cuestión de horas, bombardeos y desembarcos aerotransportados devolvieron a San Vicente del Caguán bajo control formal del Estado. La zona había durado tres años y cuatro meses.

El Plan Patriota y la reconquista

El fracaso del Caguán reconfiguró la política colombiana. En mayo de 2002, apenas tres meses después de la ruptura, Álvaro Uribe Vélez ganó la presidencia con una plataforma de mano dura contra las FARC. El proceso de paz había desgastado no solo a Pastrana sino a la idea misma de negociación, y el electorado giró hacia la guerra abierta.

A partir de 2004, bajo el gobierno de Uribe, el Plan Patriota concentró en el sur del país la mayor operación militar de la historia reciente colombiana. Su objetivo declarado fue recuperar el control del territorio bajo influencia de los Bloques Sur y Oriental de las FARC, y su geografía privilegiada fue justamente la que había sido zona de distensión: los llanos del Yarí y el río Caguán. Ese territorio —la retaguardia estratégica de la guerrilla, la fuente principal de sus recursos cocaleros— se convirtió en el escenario de una guerra intensiva que contó con planeación, soporte logístico y participación del Comando Sur de Estados Unidos en uno de los despliegues contrainsurgentes más directos de la historia colombiana.

El costo humano lo pagó, como siempre, la población civil. En 2004, el caserío de Peñas Coloradas —fundado por colonos cocaleros a orillas del Caguán— fue desplazado en su totalidad al llegar el Ejército. Las veredas aledañas de Flandes, El Venado, Ánimas, Cumarales y Laguna Verde también quedaron vacías. Circularon tres versiones sobre lo ocurrido: que el Ejército exigió a la comunidad desocupar de inmediato para una operación militar; que la guerrilla ordenó salir antes de que llegara la tropa; que la propia comunidad decidió irse por miedo a quedar en medio de los combates o a ser estigmatizada como auxiliadora. Las tres versiones probablemente conviven en la verdad de lo sucedido. El caserío quedó abandonado y sus habitantes nunca pudieron volver.

Peñas Coloradas no fue un caso aislado. En municipios vecinos, tropas de la Fuerza de Despliegue Rápido (FUDRA) y la Séptima Brigada operaron con métodos que dejaron denuncias documentadas, incluida al menos una ejecución extrajudicial, la de Eider Quiguanas. En paralelo, en la zona norte del Caguán, las FARC amenazaron y asesinaron a habitantes acusados de ser informantes del Ejército, mientras corría el rumor —a veces confirmado— de la llegada de los paramilitares.

Los paramilitares en el Caquetá

La zona de distensión no solo militarizó a las FARC. También impulsó, en dinámica de espejo, la expansión paramilitar. Un excomandante de las autodefensas testimonió después que, entre 1998 y los años siguientes, la organización creció un 500% como respuesta al fortalecimiento guerrillero. En 1998, Carlos Castaño realizó una formación militar con cerca de mil hombres, en un gesto explícito de demostración de fuerza frente a las FARC.

En el Caquetá, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y posteriormente el Bloque Central Bolívar (BCB) libraron una guerra sistemática de arrasamiento en la zona sur del departamento. Las cifras poblacionales son elocuentes: Milán pasó de 14.553 habitantes en 1993 a 7.421 en 2005; Valparaíso, de 20.859 a 7.397 en el mismo período —una pérdida superior al 64%—. Aunque los bombardeos, las operaciones militares y las acciones de las FARC también contribuyeron, el arrasamiento paramilitar es una de las explicaciones centrales de ese vaciamiento demográfico.

Hacia 2002, en el pico del conflicto amazónico, tres actores armados se disputaban simultáneamente el territorio: las FARC-EP consolidando su dominio rural, las AUC controlando las cabeceras y las carreteras, y una fuerza pública fortalecida por el Plan Colombia. La economía de la cocaína financiaba a los tres. La población civil, atrapada entre ellos, era el sujeto sin agencia de una guerra en la que todos actuaban como si el territorio les perteneciera y ninguno tenía obligación de responder ante nadie por ello.

En San Vicente del Caguán, el mercado de tierras se movió de manera notable en la posguerra inmediata. Entre 2004 y 2012 se registraron 2.802 compraventas —el 48,17% del total del siglo en el municipio—, un dinamismo que coincidió con los picos más altos de abandono y despojo y con los momentos más intensos de confrontación armada. La coincidencia temporal sugiere lo que sugiere: la crisis humanitaria y la reconfiguración de la propiedad rural avanzaron juntas.

La red de nombres y lugares

Si San Vicente del Caguán es hoy una entrada obligada en cualquier historia del conflicto colombiano, lo es por una constelación de nombres y sitios que allí convergieron. Andrés Pastrana Arango, presidente entre 1998 y 2002, apostó su gobierno al proceso; Víctor G. Ricardo, su alto comisionado para la paz, fue el arquitecto operativo del despeje y el interlocutor cotidiano con la guerrilla. Manuel Marulanda Vélez —Tirofijo—, fundador y comandante en jefe de las FARC hasta su muerte en 2008, marcó la relación con su ausencia física recurrente. Raúl Reyes, del Secretariado, fue la cara pública de la delegación guerrillera y moriría en 2008 en un bombardeo colombiano en territorio ecuatoriano. Joaquín Gómez e Iván Ríos completaron con él el núcleo negociador. Del otro lado, Álvaro Uribe Vélez, gobernador de Antioquia entre 1995 y 1997, capitalizó el fracaso del Caguán y llegó a la Casa de Nariño en 2002.

Los lugares importan tanto como los nombres. Los Pozos, sede de las sesiones más publicitadas. Villa Nueva Colombia, la aldea guerrillera. El río Caguán, arteria de la región. Florencia, capital del departamento y punto de acceso aéreo. Los municipios vecinos del despeje —Mesetas, La Uribe, Vistahermosa, La Macarena— y los del Caquetá que quedaron por fuera pero soportaron el impacto —El Doncello, Puerto Rico, Milán, Valparaíso—. Y Peñas Coloradas, cuyo nombre se ha vuelto en años recientes emblema del desplazamiento forzado en Colombia.

La huella

El municipio no desapareció con el proceso ni con el Plan Patriota. Siguió allí, en su geografía obstinada de piedemonte y llanura, sosteniendo su feria ganadera —una de las más importantes de la Amazonía colombiana—, produciendo carne, lácteos y aún, aunque de manera menos visible, coca. Con los Acuerdos de La Habana firmados en 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP, San Vicente del Caguán entró en una nueva fase: la de un municipio donde el posconflicto se juega en clave de sustitución de cultivos, restitución de tierras, retornos de población desplazada y presencia intermitente de disidencias armadas que no aceptaron el acuerdo.

La huella del despeje persiste en muchas capas. En la memoria pública, San Vicente es sinónimo de aquella imagen del 9 de enero de 1999 y de las lecciones —duras, discutidas, todavía disputadas— sobre cómo no negociar con una guerrilla en armas: sin reglamentación pactada, sin verificación internacional efectiva, sin cese al fuego en el resto del país, sin límites claros a lo que puede ocurrir dentro del territorio despejado. En la memoria local, el peso es otro: el de una comunidad que vivió tres años bajo administración guerrillera abierta, seguidos de años bajo operación militar intensiva, y que sobrevivió a ambos con más pérdidas que ganancias.

Lo que San Vicente del Caguán condensa, en la historia larga de Colombia, es la tensión entre una frontera de colonización que el Estado nunca integró y un país que solo llega a esa frontera cuando la guerra lo obliga. La zona de distensión no creó un vacío estatal: formalizó uno que existía desde los años cincuenta, cuando los primeros colonos huidos de la Violencia abrieron monte sin escuelas, sin caminos, sin justicia, sin el país. Que las FARC hubieran podido ejercer gobierno de facto durante tres años no fue un accidente ni una excepción: fue la revelación pública, ampliada por la escenografía diplomática, de una capacidad de administración que la guerrilla venía ejerciendo mucho antes del despeje y que continuó, en formas menos visibles, mucho después.

En ese sentido, la elección de San Vicente como sede del proceso fue lógica y trágica al mismo tiempo. Lógica porque era el corazón del territorio guerrillero y solo allí Marulanda aceptaba negociar. Trágica porque, al elegirlo, el Estado colombiano confirmaba en los hechos lo que sus discursos negaban: que en aquel municipio, y en la vasta región que lo rodea, no había Estado antes del despeje ni podría haberlo después sin una transformación estructural que ni el Plan Patriota ni los Acuerdos de La Habana lograron completar. El municipio sigue siendo, en 2024, uno de los indicadores más precisos del pulso del posconflicto colombiano. Cuando las cosas van bien allí, van bien en muchas partes; cuando allí se estanca la sustitución de coca o vuelven las disidencias, es que el país no ha resuelto lo que se sentó a resolver en 1999. La silla vacía, en algún sentido, sigue allí.

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46 documentos · 62 fragmentos
01
Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 19, 268
2 citas
[1]

de Caquetá está ubicado al sur del país, en la región amazónica. Limita al norte con Meta y Guaviare; al noreste, con Vaupés; al sur, con Amazonas y Putumayo; y al oeste, con 759 Caso 086 - CI - 02007, «Caso AT - 03, mujer lesbiana, negra y afrodescendiente, vendedora ambulante». 760 Ibíd. 761 Caso 086 - CI - 02007,…

p. 268
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muy beneficiosos para el pueblo: usted no veía viciosos, como le digo; no veía gente después de las diez de la noche por ahí sentada en los andenes, ni g ente tomando; no veía ladrones, porque el tipo que se dejaba pillar robando lo sacaban. En ese tiempo, yo me acuerdo de que trajeron un muchacho y lo pasearon por…

p. 19
02
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 165, 252
2 citas
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de la cordillera Central. La producción de café es el princi- pal recurso del departamento, a pesar de que su población es mayoritaria- mente urbana. Se cultiva también ca- ña de azúcar, plátano, papa, arroz, frí- jol, etcétera. En los valles del Risaralda y del Magdalena se ha desarrollado la gana- dería vacuna. Los…

p. 165
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soldados retenidos en Las Delicias. Masacre de 30 campesinos en Mapiri- pán, a manos de los parami- litares, y de 14 campesinos de Mutatá, por las FARC. 1998 Asesinado Fernando Landázabal, ex ministro de Defensa. Muerte del cura Manuel Pérez Martínez, del ELN. Andrés Pastrana, elegi- do. presidente. «Despeje» de los…

p. 252
03
Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 171, 178
2 citas
[3]

su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…

p. 171
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5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…

p. 178
04
Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 55
1 cita
[4]

No le ponemos mucha amplitud a esto para adentrarnos al principio cual fue el punto móvil para los huitotos. Escribir esta obra no es un acto de pasión ni de inquina, sino una manifestación al mudo lector y a los amigos que deseen co- nocer el comienzo de la entrada de la civilización a las tribus in- dígenas; pero…

p. 55
05
At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 230
1 cita
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close this chapter with an analysis of the FARC ’ s counter-hegemonic social compact vis-à- vis cocalero farmers and workers as well as the social contradictions of the coca labor regime in the Caguán. Agrarian Development and the Rise of Fedegán ’ s Despotic Cattle Regime in the Caguán, 1963 – 1978 The Caguán region…

p. 230
06
Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 387
1 cita
[6]

Atlas de economía colombiana, 1960. Capítulo 14 387 388 Nueva Historia de Colombia. Vol. III Danza indígena, ilustración a la novela "Toá", de César Uribe Piedrahíta, publicada en 1933, con denuncias sobre matanzas de indígenas organizadas por los caucheros de la selva amazónica. apreciaba un movimiento interno de…

p. 387
07
Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 100
1 cita
[7]

excess population from the Departments of Santander, Norte de Santander, and Boyacá was the piedmont region on the eastern side of the Andes, or, in other words, the territories of Caquetá, Arauca, and the Depart- ment of Meta. Lleras Camargo accepted Lebret’s recommendations and began to implement them. 30 The first…

p. 100
08
Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 66
1 cita
[8]

total del país vive en la gran región oriental de la Amazonía y la Orinoquía. La colonización es conflictiva porque los grupos iniciales de campesinos que desmontan la selva o los bosques de galería llaneros son desplazados por los grandes compradores de mejoras, que concentran la propiedad para la ganadería extensiva…

p. 66
09
Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 509
1 cita
[9]

y conflicto La extrema pobreza en muchas regiones campesinas y sectores urbanos, así como la exagerada concentración de tierras en nuestro país, alimentaron el alto número de personas que se aventuraron a colonizar el piedemonte amazónico desde mediados del siglo XX. Dicha ocupación ha consistido en un largo proceso…

p. 509
10
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 48, 127
2 citas
[10]

con las amazónicas 86 y desarro- llaron «ganaderías vacunas y cultivos de plátano y hortalizas» 87, dando comienzo a la reconfiguración territorial y productiva. Un colono campesino le contó a la Comisión su origen y el de su familia: «[Soy] un hijo de colonos por parte de mi padre, quien nació aquí en Florencia,…

p. 48
[61]

el año 2002, el conflicto armado en la Amazonía estaba en su pico máximo con tres actores armados disputándose la región: las FARC-EP, consoli- dando su control sobre la Amazonía oriental y algunas zonas rurales de la Amazonía occidental; las AUC con un fuerte control de las áreas urbanas de la Amazonía occi- dental y…

p. 127
11
El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 332
1 cita
[11]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
12
El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 332
1 cita
[12]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
13
Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 423
1 cita
[13]

in this region, and, later, the government set limits on expansion during the years 1960 to 1970. The other column originally headed toward the Alto Guayabero and then spread out toward El Pato and Caguán and eventually, toward the Caquetá River. The columns split up because of their need to survive, but they did not…

p. 423
14
Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 31, 60
2 citas
[14]

de Abril (M-19), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) o la guerrilla indigenista Quintín Lame (QL). APARICIÓN E HISTORIA DE LAS FARC, 1964-1998 Como se explicaba, las FARC toman el ataque sobre la República de Marquetalia del 27 de mayo de 1964 como su mito fundacional, si bien esta denominación no aparece…

p. 31
[33]

bandos tenía intención de paz. Ambos utilizan la zona de despeje para conocerse mejor, organizarse y preparar la guerra (EP 2, agosto de 2015). Esta situación de negociación, además, debía avanzar de acuerdo a dos cuestiones más. De un lado, el imperativo de combatir un paramilitarismo creciente que surgía como el…

p. 60
15
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 77, 155
2 citas
[15]

223 Entrevista 150-PR-00657. Académico de la Universidad de la Amazonía que fue testigo de ese momento en Caquetá. 224 Centro Nacional de Memoria Histórica, Guerrilla y población civil. 225 Inspirados en los sindicatos que ya actuaban en la cordillera, como el de Sumapaz. 78 fiflćflThffifffj fjfl. flffflfj mismo…

p. 77
[41]

saldo la muerte de 30 militares y 26 guerrilleros 612. El acuerdo para el cese al fuego de San Francisco de la Sombra, firmado el 5 de octubre de 2001, intentó superar las tensiones generadas tras el secuestro y asesi- nato de Consuelo Araujo, sucedido el 29 de septiembre en la región Caribe 613. El 7 de octubre, al…

p. 155
16
Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 120
1 cita
[16]

inep, (1990); Medina Gallego & Téllez Ardila, (1994); Medina Gallego, (1990, pp. 127-231). 128 GUERRA A LAS DROGAS, ESCALAMIENTO Y GUERRA SUCIA La zona de despeje del Caguán, ¿una radiografía territorial de las FARC? La imagen fabricada y autofabricada de unas farc poderosas militarmente, entreverada con los vaivenes…

p. 120
17
Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 151, 154
2 citas
[17]

región; la conciliación con tal postura del presidente Pastrana, que lo llevó a insistir en la permanencia de las tropas en el Batallón Cazadores; la exigencia de las FARC-EP sobre el cumplimiento efectivo del compromiso de desmilitarizar la zona; el debate público ante contradictores del despeje; los reclamos de…

p. 151
[27]

sobrevinieron tensiones tras las denuncias de abusos cometidos por las FARC-EP contra la población en la Zona de Distensión. Se agregaron hechos de presión de esta guerrilla contra autoridades civiles de la zona; de tal forma fueron afectadas la Alcaldía de La Macarena 273 Carta abierta de las FARC-EP al Presidente de…

p. 154
18
Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 70
1 cita
[19]

La zona que fue establecida en octubre de 1988 y levantada el 21 de febrero de 2002, comprendía una superficie de 42.000 kilómetros cuadrados de los muni- cipios de La Uribe, Mesetas, La Macarena y Vista Hermosa en el departamento del Meta, y San Vicente del Caguán en Caquetá. 48 Con mayor presencia en Tibú,…

p. 70
19
San Carlos: Memorias del éxodo en la guerraMartha Nubia Bello Albarracín, Marta Inés Villa · 2011 · p. 72
1 cita
[20]

repertorio de acción vio- lenta, la guerrilla introdujo las masacres a partir del año 2001 y au- mentó la recurrencia periódica de esta práctica de violencia de ma- nera continua desde 2001 hasta 2004 (seis masacres). En este lapso, la guerrilla asesinó 79 civiles entre masacres y asesinatos selectivos y perpetró 50…

p. 72
20
No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 348, 354
2 citas
[21]

una simetría a la relación. Parte de ese reconocimiento político se expresó cuando el 14 de octubre Pastrana, apoyado en la Ley de Orden Público, reconoció el carácter político de la guerrilla y estableció una zona de distensión de 42.139 km² por 90 días, comprendida entre los municipios de Mesetas, Uribe, La…

p. 348
[34]

A eso se sumó que en marzo de ese 1999 el ELN pidió su propia zona de despeje en el sur de Bolívar, lo que causó una reacción en cadena de los alcaldes de esta región en contra de esa posibilidad y, más adelante, un verdadero movimiento influenciado por el Bloque Central Bolívar para evitar un diálogo con esa…

p. 354
21
Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 741, 765
2 citas
[22]

citarlos, escuchar sus inquietudes en torno a las negociaciones con la guerrilla y aceptar parte de sus cuestionamientos. La zona de distensión se había convertido en un factor de permanentes tensiones: constantemente circulaban rumores de que allí se cometían tropelías en contra de la población, de que servía como…

p. 741
[40]

primera ruptura, que alcanzó a ser comunicada por el presidente de la República a los colombianos por cadena nacional de radio y televisión; sin embargo, Pastrana dejó la puerta entreabierta cuando manifestó: “Pero que quede claro: Este no es el final. Yo seguiré buscando la paz, de la mano de todos ustedes. Mantendré…

p. 765
22
Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 214
1 cita
[23]

llamada “zona de distensión”, un territorio de más de 42 mil kilómetros que el gobierno cedió al control de la guerrilla. El gobierno y las FARC se reunieron durante más de dos años sin obtener ningún resultado concreto, hasta que en febrero de 2002, pocos meses antes de culminar su gobierno, Pastrana declaró el fin…

p. 214
23
Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 30
1 cita
[24]

Extremadura que no podía ser objeto de acciones militares del Estado y el resto del país como terreno de guerra. Todo ello sin haberse iniciado los diálogos ni definido la agenda de los mismos. El decir del sociólogo franco-colombiano Daniel Pécaut fue que el Gobierno «de entrada quemó todas sus naves». Cuando, el 6…

p. 30
24
Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 183
1 cita
[25]

paramilitary groups responsible for persecuting the Democratic Front and the Patriotic Union in Caquetá. 29 Tensions were increased by the contin- ued rapid expansion of kidnappings and the FARC’s manpower, from an estimated 16,000 in 1998 to a high point of almost 17,500 in 2000. 30 One of these kidnappings occurred…

p. 183
25
Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 331
1 cita
[26]

sobre todo militar, de miles de millones de dólares, que se conoció como el Plan Colombia, del año 2000. Los diálogos de paz del gobierno de Pastrana se llevaron a cabo en San Vicente del Caguán, en el departamento del Caquetá, uno de los municipios que hizo parte de la infame zona de despeje que el Gobierno les…

p. 331
26
La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 75, 87
2 citas
[28]

G. Ricardo— con Marulanda, Jojoy y otros cabecillas de las Farc para concretar las bases de lo que sería un nuevo proceso de paz con esta guerrilla, el más ambicioso desde el que intentó Belisario Betancur en los años ochenta. Era la primera vez que un presidente, así fuera apenas un presidente electo, se reunía cara…

p. 75
[56]

de la forma más efectiva posible. Este inmenso esfuerzo presupuestal, sumado a los recursos del Plan Colombia, permitió el inicio del fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, un proceso que tendría continuidad en los gobiernos del presidente Álvaro Uribe y en el mío. Un logro de particular importancia fue la…

p. 87
27
Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 132
1 cita
[29]

ese proceso de conversaciones como parte de la toma del poder, no fueron para poner fin al conflicto, sino para fortalecerse, con miras a lograr su propósito de la toma del poder por las armas. Jamás la guerrilla de las FARC abandonó su aspiración de llegar al poder por las armas. ¡Jamás en el Caguán abandonó esa…

p. 132
28
Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 216
1 cita
[30]

una forma de desmarcarse de las Farc y de mostrar autonomía. La gente de mi campaña insistió en confirmar el acto en San Vicente, especialmente porque, a raíz de un infarto que había sufrido mi papá, no me había movido del hospital y la campaña había quedado paralizada por más de un mes. Cuando volví a la sede, donde…

p. 216
29
¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 112
1 cita
[31]

combinación de situaciones antes descritas llevó al Gobierno de Pas- trana a protagonizar una gran desilusión nacional. Despertó expectativas optimistas con su propuesta de paz en las comunidades internacional y nacional, e incluso en buena parte del llamado establecimiento. Pero también despertó fuertes críticas de…

p. 112
30
Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 289
1 cita
[32]

medios de comunicación levantaron expectativas como si con su presencia quedara sellada la paz en Colombia, lo cual no era verdad, y a lo que no podía prestarse”400, y añadió que además “había 396 (osé Gregorio Pérez, R a ú l Rérej. E l Canciller de la Montaña, Bogotá, Editorial Norma, 2008. 397 Cf., Víctor G.…

p. 289
31
¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 233
1 cita
[35]

relaciones internacionales y (12) formalización de los acuerdos democráticos (Presidencia de la República, 1998, pp. 39-41). La agenda común fue criticada especialmente por su amplitud, que la hacía innegociable en un tiempo prudencial, y porque distraia la atención sobre aquellos problemas que se consideraban, de…

p. 233
32
Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 161
1 cita
[36]

pidió excusas, pero insistió en que tenía derecho a definir las sanciones a los responsables, y que en este caso los indigenistas habían entrado a la “zona de distensión” controlada por las FARC sin pedirles permiso. Posteriormente, en 2008, lograron que el presidente Chávez le pidiera a la Asamblea de Venezuela que…

p. 161
33
La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 129, 130
2 citas
[37]

abordados por él o que estaban por abordar. El propio Arbesú anotó las ideas e instrucciones cuidadosamente con fecha 18 de febrero de 1999. Del encuentro en el que transmitió nuestras opiniones a Maru- landa, informa más tarde: “Llegamos a San Vicente del Caguán el domingo 21 de febrero a las 10:00 a.m. Por adelanto…

p. 129
[38]

le transmita mis opiniones sobre diversos puntos abordados por él o que estaban por abordar. El propio Arbesú anotó las ideas e instrucciones cuidadosamente con fecha 18 de febrero de 1999. Del encuentro en el que transmitió nuestras opiniones a Maru- landa, informa más tarde: “Llegamos a San Vicente del Caguán el…

p. 130
34
Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 277
1 cita
[39]

ó entre 1996 y 1998, y llev ó a que en la elecci ó n de este a ñ o el can didato conservador Andr é s Pastrana fuera elegido contra el liberal 2 74 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Horacio Serpa, en buena parte porque las farc respondieron bien a sus gestos en favor de una negociaci ó n. É sta recomenz ó en enero de 1999…

p. 277
35
Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 268
1 cita
[42]

Ca- cica», forzó al presidente Pastrana a suspender el proceso y a ordenar la recuperación de la zona de despeje por parte del ejército en febrero de 2002, tres meses antes de la celebración de las eleccio- nes presidenciales. 12 veia” pi ro de 2003, ocasionó treinta y nueve muertos y cerca de ciento setenta heridos.…

p. 268
36
Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 203, 248
2 citas
[43]

responsable del patrullaje de esa población. Además del poder armado, la guerrilla contaba con una emisora en la zona que funcionaba con cierta regularidad y que formaba 124 “Acuerdo sobre campamentos epl-Gobierno Nacional”, firmado por Bernardo Jaramillo y Jesús Antonio Bejarano, s.f. 125 “‘No se puede ceder más…

p. 248
[62]

que las muestra como una fuerza capaz de hacer presencia en todo el te- rritorio nacional, elevando su capacidad ofensiva y evidenciando la suficiente fortaleza para enfrentar las fuerzas guerrilleras. Sin embargo, su violencia no se dirige hacia los grupos insurgentes, sino a sus apoyos civiles. La disputa…

p. 203
37
Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 209
1 cita
[44]

y descuartizaron mi hermana, que no tenía nada que ver con esto» 232. Órdenes violentos guerrilleros y relaciones con la población civil En el caso colombiano, el Estado ha mostrado una incapacidad o limitación a la hora de integrar ciertos territorios y poblaciones, y sus políticas de integración o presencia han sido…

p. 209
38
Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 397, 400
2 citas
[47]

de eventos violentos sugiere que entre 2007 y 2008 hay factores diferen- ciales que explicarían el predominio del desplazamiento y el abandono frente a los homicidios y otros eventos del conflicto interno. La presencia de grupos armados ilegales, junto con los impactos militares y económicos como el control de los…

p. 400
[54]

desplazamiento. En este año se presenta un desplazamiento masivo del caserío Peñas Coloradas que coincide con la llegada del Ejército a la zona en el marco del Plan Patriota. En este caserío se desplazó toda la población; y en veredas aledañas, Flandes, El Venado, Ánimas, Cumarales y Laguna Verde, también hubo…

p. 397
39
La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica, Fundación Prolongar · 2017 · p. 64
1 cita
[48]

no tenían. La creación de los batallones de alta mon- taña fue clave en el desarrollo de esta fase. Otro componente importante en el despliegue de la Políti- ca de Seguridad Democrática fue el desarrollo de “operaciones ofensivas”, en donde se realizó el Plan Patriota. Su objetivo fue recuperar el control de la…

p. 64
40
Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 222
2 citas
[49]

para reunirse con él. El tema principal de la reunión fue la exigencia de las FARC de que el Gobierno les concediera un territorio adicional a cambio de que este grupo ayudara a campesinos locales a sustituir los cultivos de coca por cultivos legales. Entre tanto, el ELN exigía que el Gobierno le entregara una zona de…

p. 222
[50]

para reunirse con él. El tema principal de la reunión fue la exigencia de las FARC de que el Gobierno les concediera un territorio adicional a cambio de que este grupo ayudara a campesinos locales a sustituir los cultivos de coca por cultivos legales. Entre tanto, el ELN exigía que el Gobierno le entregara una zona de…

p. 222
41
Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 220
1 cita
[51]

insumos, por parte de los narcotraficantes. Todo se enmarca en un cuadro de desempleo y pobreza créni- ca de la poblacién campesina, consecuencia de la falta de infraestructura, medios de transporte, crédito, apoyo tecnolégico y facilidades de comercializacién y merca- deo para los productos agropecuarios…

p. 220
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Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 199
1 cita
[52]

acuerdos con el Gobierno na - cional (entre 1996 y 1997) para recibir apoyo y fomento en busca de alternativas productivas legales, con base en el inicio de los proyectos del programa Plante. La situación se complicó porque las FARC tenían una presen - cia notoria y gran interés en el control de las zonas de cultivos…

p. 199
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La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 85, 238
2 citas
[53]

también una disminución significati- va de la población de la zona sur del departamento, que podría explicarse por el sistemático proceso de arrasamiento llevado a cabo por los paramilitares que llegaron al Caquetá: primero de las ACCU (Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá) y pos- teriormente del Bloque Central…

p. 85
[59]

de los grupos para- militares en el tiempo en que estuvieron como estructuras contra- insurgentes en el Caquetá. Sin embargo, después de los procesos de reinserción, desarme y desmovilización de los paras en la zona sur la guerrilla de las FARC ha generado una presencia mucho más fuerte en esta región. Los paras…

p. 238
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Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 106
1 cita
[55]

intentando ahorcarlo, al tiempo que lo pateaban. Después de varios minutos, aprove- chando que los militares se habían detenido, Eider salió corriendo para intentar salvar su vida; alcanzó a correr cerca de ochenta me- tros antes que le dispararan en las piernas, cayendo herido. (…) A la familia le dijeron que lo…

p. 106
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El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 299
2 citas
[57]

terrorismo”. Al fin se oficializaba lo practicado desde la “Iniciativa Andina” del presidente 299 Capítulo XV George Bush, padre. El Congreso también aprobó el aumento de hasta 800 miembros de sus Fuerzas Especiales en Colombia, y eliminó el límite que existía sobre la cantidad de mercenarios contratados por las…

p. 299
[58]

terrorismo”. Al fin se oficializaba lo practicado desde la “Iniciativa Andina” del presidente 299 Capítulo XV George Bush, padre. El Congreso también aprobó el aumento de hasta 800 miembros de sus Fuerzas Especiales en Colombia, y eliminó el límite que existía sobre la cantidad de mercenarios contratados por las…

p. 299
46
Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 182
1 cita
[60]

volvieron usuales y, con ellas, las acciones en contra de la población civil de los muni- cipios y pueblos que eran considerados “guerrilleros”, “militantes” o simpa- tizantes de estos. Como lo explica un excomandante del grupo paramilitar: En el 98, que inicia la Zona de Distensión, segundo semestre… primer se-…

p. 182