Diálogos del Caguán y zona de despeje (1998–2002)
Entre 1998 y 2002, el gobierno de Andrés Pastrana y las FARC-EP sostuvieron el proceso de paz más ambicioso de la historia colombiana en una zona de distensión de 42.000 km² conocida como el Caguán. Cuarenta meses de negociación no produjeron acuerdos sustantivos, pero sí un ejército modernizado con recursos del Plan Colombia y el consenso emocional que llevaría a Álvaro Uribe Vélez a la presidencia.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 14 de octubre de 1998 – 21 de febrero de 2002
- Dónde
- Caquetá, Meta, Bogotá, Colombia, San Vicente del Caguán (Caquetá), La Uribe (Meta), Mesetas (Meta), La Macarena (Meta), Vista Hermosa (Meta)
- Protagonistas
- Andrés Pastrana Arango (presidente de Colombia, 1998–2002), Manuel Marulanda Vélez, 'Tirofijo' (jefe histórico de las FARC-EP), FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo), Raúl Reyes (negociador de las FARC-EP), Iván Márquez (negociador de las FARC-EP), Víctor G. Ricardo (alto comisionado de paz del gobierno Pastrana), Álvaro Leyva Durán (gestor del acercamiento Pastrana-Marulanda), Horacio Serpa Uribe (candidato liberal derrotado en 1998), Ernesto Samper Pizano (presidente saliente en 1998), Bill Clinton (presidente de Estados Unidos, cofinanciador del Plan Colombia), Álvaro Uribe Vélez (candidato presidencial electo en 2002), Belisario Betancur (referente histórico de negociación fallida con las FARC)
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- El desgaste del Partido Liberal por el escándalo del Cartel de Cali durante el gobierno Samper y la división interna del liberalismo favorecieron la victoria de Pastrana, quien convirtió la negociación con las FARC en oferta electoral central.
- El encuentro secreto entre Víctor G. Ricardo y Manuel Marulanda en el Caquetá, con la foto del reloj de la Nueva Fuerza Democrática en la muñeca de Tirofijo, generó un capital político que Pastrana usó para diferenciarse en la segunda vuelta de 1998.
- Las FARC apoyaron públicamente la candidatura de Pastrana sobre la de Serpa, calculando que un proceso de paz les ofrecería condiciones favorables para fortalecerse militarmente bajo la cobertura del diálogo.
- La acumulación de décadas de conflicto armado sin solución militar definitiva creó presión política y social para intentar una salida negociada de gran escala, siguiendo el antecedente fallido de Betancur en 1984.
- La Ley de Orden Público otorgó al ejecutivo el marco legal para establecer la zona de distensión y reconocer el carácter político de las FARC-EP, habilitando institucionalmente el proceso.
Consecuencias
- La zona de distensión fue utilizada por las FARC para entrenar reclutas, consolidar fuerzas, ejercer funciones cuasi-estatales (incluyendo la Ley 002 de 2002) y, según los rumores nunca desmentidos, mantener secuestrados y operar logística del narcotráfico.
- El gobierno Pastrana aprovechó los cuatro años de negociación para modernizar las Fuerzas Armadas: los soldados profesionales pasaron de 22.000 a 55.000 (aumento del 150 %) entre 1998 y 2001, y la flota aérea de combate creció de 4 a 16 helicópteros artillados.
- El Plan Colombia, firmado con la administración Clinton, movilizó cerca de 7.500 millones de dólares en seis años, con aproximadamente el 80 % de la ayuda estadounidense destinada a fuerzas militares y policiales, transformando estructuralmente la correlación de fuerzas contra la guerrilla.
- El fracaso del proceso erosionó la legitimidad de la salida negociada en la opinión pública colombiana y produjo el consenso emocional que llevó a Álvaro Uribe Vélez a la presidencia en mayo de 2002 con su propuesta de Seguridad Democrática.
- El paramilitarismo de las AUC se expandió un 500 % según estimaciones de sus propios excomandantes durante el período del Caguán, consolidando control territorial en el sur de Bolívar, el Catatumbo y Barrancabermeja, y bloqueando cualquier proceso paralelo con el ELN.
- El conflicto armado alcanzó durante el proceso la mayor intensidad y escala de su historia, con una escalada de secuestros de alto perfil (congresistas, exgobernadores, senadores) que las FARC usaron como palanca para exigir un canje humanitario.
La clave interpretativa
Por qué importa
El Caguán es la bisagra que separa dos épocas del conflicto colombiano: el último gran intento de salida política negociada del siglo XX y la condición política que hizo posible el proyecto militarista de la Seguridad Democrática. Su fracaso no fue solo el de una mesa de diálogo, sino el de una lógica de doble juego en la que ambas partes negociaron y se armaron simultáneamente, convirtiendo la paz en cobertura de la guerra. La arquitectura institucional y militar construida durante esos cuarenta meses —Plan Colombia, ejército profesionalizado, opinión pública endurecida— determinó el curso del conflicto durante la década siguiente.
Desarrollo histórico
La historia completa
Los diálogos del Caguán
Entre el 7 de noviembre de 1998 y el 20 de febrero de 2002, el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) sostuvieron el proceso de paz más ambicioso —y más público— de su historia. Se desarrolló en una zona de distensión de unos 42.000 kilómetros cuadrados que abarcaba cinco municipios de Meta y Caquetá, y que la prensa bautizó, por el río que la cruza, como el Caguán. Su punto de partida fue una promesa electoral audaz de Andrés Pastrana Arango; su punto medio, una interminable coreografía de reuniones sin acuerdos sustantivos; su punto final, un avión secuestrado en pleno vuelo. Cuarenta meses de negociación no produjeron un solo pacto sobre los puntos de fondo de la agenda, pero sí dos consecuencias mayores: un aparato militar rediseñado con recursos del Plan Colombia y un consenso emocional en la opinión pública que, tres meses después de la ruptura, elegiría presidente a Álvaro Uribe Vélez. El Caguán fue, en simultáneo, el último gran intento de salida política al conflicto armado del siglo XX y la partera —involuntaria, pero eficaz— del proyecto militarista que dominaría la década siguiente.
Un candidato, un reloj y una foto en el Caquetá
Los diálogos nacieron de una operación política concebida en plena campaña electoral de 1998. El Partido Liberal llegaba desgastado por el escándalo del Cartel de Cali —que había perseguido al gobierno de Ernesto Samper Pizano durante todo su cuatrienio— y dividido internamente frente a la candidatura de Horacio Serpa Uribe. Pastrana, candidato conservador del movimiento Nueva Fuerza Democrática, había perdido cuatro años antes contra Samper y necesitaba un gesto que reorganizara la conversación pública.
Ese gesto se fabricó en las selvas del Caquetá, entre las dos vueltas electorales. Víctor G. Ricardo, alto delegado de la campaña, viajó a reunirse con Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, jefe histórico de las FARC. Álvaro Leyva Durán acompañó el encuentro. Ricardo le colocó a Marulanda un reloj de la Nueva Fuerza Democrática en la muñeca y Leyva tomó la fotografía. La imagen —el guerrillero legendario con la insignia del candidato conservador— apareció al día siguiente en los periódicos y modificó la lectura política del país. Un día después de la primera vuelta, Pastrana presentó su propuesta de paz en el Hotel Tequendama de Bogotá, con la anuencia tácita de una guerrilla que, sorprendiendo al propio Samper, había preferido al conservador antes que al liberal que se decía garante natural del diálogo.
La operación funcionó. Pastrana ganó la segunda vuelta y él mismo reconocería después que el gesto había sido decisivo. Pero la audacia electoral tenía un costo estructural: la propuesta de paz se había diseñado como oferta de campaña, no como política pública. Años después, Leyva —artífice del encuentro con Marulanda— declararía arrepentirse de haberlo gestionado, con el argumento de que Pastrana desperdició el capital político que ese acercamiento le había entregado. La comparación con Belisario Betancur y su tregua de 1984 fue inmediata y persistente: un presidente conservador, con vocación negociadora, enfrentado a una guerrilla que sabía leer la ventana de oportunidad. Dieciséis años separaban ambos intentos; muchas de sus fallas resultarían las mismas.
La zona de distensión: un territorio, un símbolo, un problema
El 14 de octubre de 1998, apoyado en la Ley de Orden Público, Pastrana firmó el decreto que estableció la zona de distensión. Comprendía los municipios de La Uribe, Mesetas, La Macarena y Vista Hermosa, en Meta, y San Vicente del Caguán, en Caquetá: una extensión aproximada de 42.000 kilómetros cuadrados —42.139, según los cálculos más precisos— donde la Fuerza Pública se replegaría durante los diálogos. El reconocimiento del carácter político de las FARC-EP era, en sí mismo, una concesión política mayor: se les otorgaba un territorio para negociar en condiciones de interlocutor legítimo.
El compromiso de repliegue militar se cumplió, aunque las FARC denunciarían repetidamente presencia de agentes del Estado en el área. Un incidente temprano marcó el tono: en noviembre de 1998, un forcejeo entre las FARC y el Batallón de Cazadores en San Vicente —donde permanecían aún unos 130 soldados— evidenció que ninguna de las partes tenía del todo claro el alcance del despeje.
Lo que ocurrió dentro de esos 42.000 kilómetros cuadrados durante los cuarenta meses siguientes fue una anomalía institucional. Las FARC ejercieron funciones cuasi-estatales: expidieron sus propias normas, entre ellas la Ley 002 de 2002, que fijaba un impuesto obligatorio a patrimonios altos en sus áreas de influencia. Convirtieron el territorio en fuerte militar y en campo de entrenamiento de nuevos reclutas. Circularon —y nunca fueron desmentidos del todo— rumores sobre el mantenimiento de secuestrados en la zona, tráfico de armas y logística del narcotráfico. Cada uno de esos rumores se convirtió, con el paso de los meses, en una tensión permanente con la opinión pública urbana.
La renuencia de las FARC a aceptar mecanismos de verificación externa completó el cuadro. El 18 de julio, la guerrilla rechazó la designación del equipo internacional de acompañamiento, pese a que la Comisión Internacional estaba expresamente contemplada en el punto 7 del Acuerdo de Caquetania. La zona de distensión funcionaba, pero funcionaba a puerta cerrada.
La silla vacía
El 7 de enero de 1999, en San Vicente del Caguán, se inauguraron oficialmente los diálogos. Pastrana llegó al acto. Marulanda, no. La silla vacía que quedó junto al presidente fue registrada por las cámaras y se convirtió en la primera fotografía canónica del proceso. Las FARC alegaron razones de seguridad. Buena parte del país leyó otra cosa: una guerrilla que humillaba a un gobierno recién estrenado y que exhibía, desde el minuto uno, la asimetría de fuerzas en la mesa. Ambas lecturas convivieron durante los cuarenta meses siguientes sin resolverse.
El 6 de mayo de 1999 se firmó la Agenda común para el cambio hacia una Nueva Colombia en paz, un temario de doce puntos que ponía en discusión el marco normativo entero del país, incluidas sus estructuras socioeconómicas. La amplitud fue elogiada por algunos analistas y criticada duramente por otros: una agenda que discute todo, argumentaban los críticos, es una agenda que no se puede terminar en un tiempo prudencial, y además evade el punto sustantivo —la distribución del poder político— que sí podría cerrar un conflicto armado. Los años siguientes darían la razón al segundo grupo.
La dinámica de la mesa se instaló pronto en un ciclo repetitivo: congelamiento, presión de la opinión pública, reactivación, nuevo incidente, nuevo congelamiento. Como no había cese al fuego bilateral, cada operación militar y cada ataque guerrillero paralizaba temporalmente las conversaciones sin romperlas del todo. El 3 de julio de 2000, tras dieciocho meses de negociación, se alcanzó algún hito procedimental. El 11 de mayo de 2001 se estableció una comisión de notables encargada de recomendar mecanismos contra el paramilitarismo, uno de los pocos productos institucionales del proceso. El 5 de octubre de 2001 se firmó el acuerdo de cese al fuego de San Francisco de la Sombra, respuesta al secuestro y asesinato de Consuelo Araújo Noguera, exministra de Cultura y esposa del procurador, ocurrido el 29 de septiembre. Dos días después, Pastrana amplió el despeje hasta el 20 de enero de 2002 y anunció controles adicionales en carreteras, ríos y transporte aéreo.
Ninguno de los doce puntos de la agenda sustantiva llegó a acuerdo.
La doble lógica: negociar y armarse
Lo que hizo del Caguán algo distinto a los procesos anteriores no fue su ambición, sino su duplicidad estructural. Ambas partes usaron la mesa como cobertura para prepararse militarmente. Las dos entendían que el diálogo era, en la fórmula que quedaría instalada, la prolongación de la guerra por otros medios.
Las FARC aprovecharon la zona de distensión para entrenar reclutas, consolidar unidades y expandir su base territorial. La estrategia de secuestro —que en los noventa había llegado a acumular más de 500 soldados y 42 políticos cautivos simultáneamente— se sofisticó durante los diálogos. Cuando la guerrilla comprendió que el cautiverio de uniformados no producía la presión política esperada, escaló hacia figuras de mayor visibilidad. Entre junio de 2001 y enero de 2002 secuestró al congresista Luis Eladio Pérez el 10 de junio, al exgobernador Alan Jara semanas después, asaltó el edificio Torres de Miraflores en Neiva y culminó la ofensiva con el senador Jorge Eduardo Géchem Turbay el 20 de enero de 2002. La lógica era la del canje humanitario: acumular rehenes valiosos para forzar al Estado a un intercambio de prisioneros. Las condiciones del cautiverio —restricciones alimentarias, humillaciones, encierro, falta de atención médica— producían daños físicos y psicológicos severos, documentados en testimonios de soldados y en el propio relato de Géchem sobre su llegada a las cárceles selváticas.
Del otro lado, el gobierno hacía algo estructuralmente análogo, aunque con mejores modales. Entre 1998 y 2001, el número de soldados profesionales pasó de 22.000 a 55.000, un aumento del 150 %. Los soldados regulares partían de una base de 57.000 en 1998 y crecían en paralelo. El 20 de julio de 2001, en su discurso ante el Congreso, Pastrana anunció con orgullo que dejaría "las Fuerzas Armadas más grandes, fortalecidas, modernas y profesionales de toda su historia". La frase fue pronunciada mientras la mesa del Caguán seguía instalada.
El motor de esa transformación fue el Plan Colombia. Concebido como estrategia antinarcóticos y firmado con la administración de Bill Clinton, movilizó una inversión total cercana a los 7.500 millones de dólares durante seis años, de los cuales 4.000 millones eran aportación colombiana y 3.500 millones provenían básicamente de Estados Unidos. Aproximadamente el 80 % de la ayuda estadounidense se destinó a fuerzas militares y policiales; apenas entre el 19,5 % y el 20 % a reforma judicial y programas sociales. Entre 2000 y 2002, la flota aérea de las Fuerzas Militares y la Policía pasó de 4 a 16 helicópteros artillados de combate, y se incorporaron alrededor de un centenar de helicópteros de transporte. Parte del paquete se canalizó directamente a contratistas militares estadounidenses, que entregaron 18 helicópteros Black Hawk y 42 Huey, y financió el entrenamiento de tres batallones élite de contrainsurgencia.
Formalmente, las aeronaves adquiridas con recursos del Plan Colombia no podían usarse en operaciones antiguerrilla, solo en la guerra contra el narcotráfico. La restricción sobrevivió hasta el 11 de septiembre de 2001. Los 4.000 millones en gasto social prometidos por el Estado colombiano nunca se ejecutaron; la contribución europea fue marginal. El Plan Colombia, en la práctica, quedó reducido a lo que fue desde el inicio: ayuda militar estadounidense.
Mientras Pastrana y Marulanda negociaban una Nueva Colombia en paz, se firmaba en paralelo la infraestructura material de una guerra que ninguno de los dos podía —o quería— evitar. Revisadas con distancia, las cifras dejan poco margen: el Estado utilizó los cuatro años de la mesa para modificar de fondo la correlación de fuerzas militares con la guerrilla.
Los paramilitares: el actor central que no estaba en la mesa
Ninguna reconstrucción del Caguán resulta completa sin las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), encabezadas por los hermanos Castaño. Los paramilitares fueron el tercer actor del proceso —central, permanente, decisivo— y nunca se sentaron a negociar.
Desde 1997, cuando comenzaron las gestiones que llevarían a los diálogos, la postura pública de las autodefensas fue de oposición frontal. Su estrategia combinó tres registros. En lo mediático, construyeron un discurso de mea culpa que, apoyado por grandes medios de comunicación y sectores empresariales, buscaba lavar la imagen de narcotráfico y masacre y presentar a las AUC como interlocutor político. En lo territorial, aprovecharon los cuatro años del proceso para expandirse: consolidaron el control del sur de Bolívar en 1998, penetraron el Catatumbo en 1999, disputaron Barrancabermeja entre 2000 y 2001. Un excomandante paramilitar cifraría después el crecimiento del bloque en un 500 % durante ese período, en respuesta —según su propia narrativa— al crecimiento simultáneo de las FARC. La estimación es interesada, pero el fenómeno es indiscutible: durante los tres años del cese al fuego del Caguán, el paramilitarismo se convirtió en la principal forma de represión en las regiones bajo influencia guerrillera.
En lo político, las AUC bloquearon toda posibilidad de replicar el esquema con el ELN. Cuando esa guerrilla propuso el despeje de una zona en el sur de Bolívar para negociar, los paramilitares movilizaron pobladores contra la iniciativa con el argumento —eficazmente machacado— de que sería "otro Caguán". El gobierno Pastrana no logró superar ese veto y perdió la oportunidad de pactar con el ELN, militarmente débil y potencialmente más dispuesto que las FARC a cerrar acuerdos.
Las FARC, por su parte, hicieron del desmonte del paramilitarismo una exigencia recurrente en la mesa: pidieron al gobierno la desarticulación de las AUC y la destitución de los mandos militares que habían colaborado con ellas. La demanda quedó sin respuesta institucional. Los paramilitares fueron, así, el actor ausente cuya sombra atravesó cada sesión: se hablaba de paz en una mesa mientras ellos, en paralelo, remodelaban por la fuerza el mapa territorial que esa paz supuestamente iba a redistribuir.
El 11 de septiembre y el nuevo lenguaje internacional
A fines de 2001, algo se había roto sin que ninguno de los negociadores lo dijera en voz alta. Los atentados del 11 de septiembre habían transformado la conversación global sobre insurgencias armadas, y Colombia fue uno de los primeros escenarios donde ese cambio se hizo operativo.
El gobierno colombiano y la administración de George W. Bush recalificaron públicamente a las FARC como organización criminal vinculada al narcotráfico y potencial plataforma del terrorismo mundial. La designación abrió el paso a lo que hasta entonces había estado formalmente vedado: el trabajo diplomático de Pastrana y la gestión de Bush ante el Congreso estadounidense permitieron que la ayuda del Plan Colombia, restringida desde 1998 al combate al narcotráfico, se redirigiera también a la contrainsurgencia. La restricción legal que impedía usar los Black Hawk contra la guerrilla dejó de operar. Para la segunda mitad de 2002, la política exterior de Estados Unidos hacia Colombia se había reorientado abiertamente hacia la lucha antiguerrilla, y los recursos empezaron a fluir bajo ese nuevo paraguas.
Este giro convirtió al Caguán, con retraso, en una imposibilidad geopolítica. Negociar en medio de la guerra con una organización recalificada como terrorista dejó de ser sostenible en el nuevo lenguaje internacional. Pastrana lo entendió antes que la opinión pública. La ampliación del despeje del 7 de octubre de 2001, con anuncios de anillos de seguridad y controles reforzados, tenía ya el aire de una operación de contención más que de una apuesta por el acuerdo.
Un avión, un anuncio y el fin
El 20 de febrero de 2002, un vuelo comercial fue interceptado en pleno vuelo por las FARC. Entre los pasajeros iba el senador Jorge Eduardo Géchem Turbay, presidente de la Comisión de Paz del Senado. La guerrilla lo secuestró en el marco de su estrategia de acumulación de rehenes políticos para forzar el canje humanitario.
Al día siguiente, Pastrana anunció por televisión el fin del proceso. La zona de distensión quedaba levantada. El presidente ordenó la recuperación militar de los cinco municipios, que ocho días después serían declarados teatro de operaciones bajo el mando del mayor general Gabriel Eduardo Contreras Ochoa. Tres días después de la ruptura, el 23 de febrero de 2002, las FARC secuestraron a la candidata presidencial Íngrid Betancourt Pulecio junto a Clara Rojas y otros miembros de su equipo de campaña, cerrando con un golpe adicional la secuencia que había venido escalando desde junio de 2001.
El discurso de cierre de Pastrana no fue solo el acta de defunción del proceso. Fue también la instalación oficial de una idea nueva: la seguridad, alcanzable mediante confrontación militar, como ideal público del Estado colombiano. La búsqueda de paz negociada, que había organizado la agenda de gobierno durante casi cuatro años, dejaba de ser prioridad. Su lugar lo ocuparía la guerra total, ahora presentada como única salida racional al conflicto.
Causas de un fracaso previsible
Reducir el colapso a una sola causa es traicionar su complejidad. El Caguán fracasó por acumulación de vectores, cada uno suficiente para dañarlo, todos operando en simultáneo.
En lo estructural, ambas partes llegaron a la mesa sin voluntad genuina de acuerdo. Las FARC nunca demostraron intención de dejar las armas: usaron el despeje para fortalecerse militarmente, mantuvieron y escalaron la política de secuestro, y trataron el territorio como Estado propio. El gobierno, por su parte, negociaba con una mano mientras construía con la otra el aparato militar que haría posible derrotar a la guerrilla más adelante. La doble lógica no fue anomalía: fue diseño.
En lo procedimental, la agenda de doce puntos —concebida como marco de refundación nacional— era estructuralmente innegociable en un tiempo político razonable. Al no centrarse en el punto sustantivo —la distribución del poder político como condición para el desarme—, la mesa se dispersó en discusiones de largo aliento sin capacidad de cierre. La ausencia de cese al fuego bilateral hizo que cada operación militar y cada secuestro operaran como sabotajes intermitentes. La zona de distensión, sin mecanismos aceptados de verificación, se convirtió en punto ciego institucional donde cabían todos los rumores y ninguna certificación.
En lo simbólico, la silla vacía de Marulanda el 7 de enero de 1999 instaló desde el inicio una asimetría emocional que el proceso no logró remontar. La oleada de secuestros de políticos entre 2001 y 2002, ampliamente cubierta por la prensa, erosionó cualquier capital afectivo que la mesa hubiera acumulado. Cuando el Caguán llegó al último trimestre de 2001, buena parte del país urbano ya lo veía —en la frase que quedó registrada en la prensa— como "teatro del absurdo o comedia barata".
En lo externo, los paramilitares atacaron el proceso desde afuera con eficacia notable: desprestigiaron los diálogos mediáticamente, expandieron su control territorial mientras la mesa hablaba, y bloquearon la extensión del modelo al ELN. Y el 11 de septiembre de 2001 canceló la viabilidad internacional de negociar con una organización recalificada como terrorista.
Ninguno de estos vectores, por sí solo, explica el fracaso. Todos juntos lo vuelven casi inevitable.
La cosecha electoral: Uribe
Tres meses después de la ruptura, Colombia eligió presidente. Álvaro Uribe Vélez, que se había presentado como candidato disidente del Partido Liberal bajo el movimiento Primero Colombia tras negarse a competir en la consulta interna que favorecía a Horacio Serpa, ganó las elecciones con una plataforma de mano dura. Su reputación como partidario de la firmeza se había forjado durante su gobernación de Antioquia, donde defendió las cooperativas de seguridad privada conocidas como Convivir.
La relación entre el colapso del Caguán y la victoria de Uribe no fue mecánica, pero sí decisiva. El fracaso del proceso reforzó su propuesta de mano dura y produjo el consenso emocional que hacía verosímil su diagnóstico. Su candidatura, que dos años antes hubiera parecido marginal, se volvió electoralmente irresistible en un país cansado de silla vacía, avión secuestrado y territorio entregado.
Pero la herencia que Uribe recibió no era solo simbólica. Bajo su gobierno se aprovechó, con nombre propio de Seguridad Democrática, la reorganización de las Fuerzas Militares para la guerra irregular que Washington había exigido a Pastrana. Los soldados profesionales triplicados, los helicópteros artillados, los batallones élite, la ayuda estadounidense redirigida hacia la contrainsurgencia: todo estaba montado. Uribe no inauguró un aparato; lo heredó. La política que ejecutó desde agosto de 2002 fue, en lo material, una prolongación acelerada de la que Pastrana había construido en paralelo a la mesa. Lo que Uribe aportó fue el discurso caudillista y la voluntad política de usar sin restricciones el arsenal ya edificado.
En este sentido, el Caguán habilitó al uribismo en dos registros inseparables. En el simbólico-emocional, su colapso legitimó ante la opinión pública la guerra como única salida disponible: instaló la seguridad, alcanzable solo por confrontación militar, como el nuevo ideal nacional. En el material-institucional, los cuatro años de negociación sirvieron de cobertura para construir el aparato bélico que esa guerra requería. Uribe recogió el consenso afectivo y el arsenal concreto que Pastrana había forjado —negociando— entre 1998 y 2002.
Por qué el Caguán sigue importando
Veintitrés años después del inicio del proceso, la zona de distensión sigue siendo la referencia central de cualquier conversación colombiana sobre negociación con grupos armados. Su nombre funciona como advertencia y como argumento: durante el proceso de paz con las FARC en La Habana entre 2012 y 2016, los opositores del acuerdo invocaron el Caguán como espectro ineludible, y los negociadores diseñaron mecanismos —cronogramas cerrados, verificación internacional, negociación fuera del país, agenda acotada— precisamente para no repetirlo.
Su lección más incómoda es la que menos se enuncia: no fracasó porque la paz sea imposible en Colombia, ni porque las FARC fueran incapaces de acuerdo, ni porque Pastrana fuera un negociador ingenuo. Fracasó porque durante cuatro años dos partes negociaron sin querer negociar y una tercera —los paramilitares— saboteó desde afuera lo que se hacía dentro. La mesa se instaló como una prolongación de la guerra por medios diplomáticos, y produjo exactamente lo que ese diseño podía producir: una guerra más grande, mejor armada, y un país emocionalmente preparado para librarla.
El Caguán marcó, también, el momento en que la política exterior estadounidense hacia Colombia dejó de operar bajo la ficción antinarcóticos y se declaró abiertamente contrainsurgente. El Plan Colombia sobrevivió al proceso que le había servido de cobertura y se convirtió, con continuidad en los gobiernos de Uribe y de Juan Manuel Santos, en la arquitectura militar que definiría dos décadas de conflicto armado.
Queda, por último, la pregunta que el propio Leyva formuló al arrepentirse: qué hubiera pasado si el capital político de aquel encuentro en el Caquetá, con el reloj de la Nueva Fuerza Democrática en la muñeca de Marulanda, se hubiera invertido en un proceso de paz sólido en lugar de en una oferta electoral. La respuesta es indescifrable, pero la pregunta importa: entre 1998 y 2002 Colombia tuvo una ventana rara —una guerrilla dispuesta a hablar, un presidente con mandato para negociar, una comunidad internacional aún no reorientada por el 11-S— y la usó, en cambio, para armarse mejor. El resultado fue un país que salió del Caguán convencido de que la paz negociada no era una opción y de que el único camino restante era el militar. Uribe recogió esa convicción y la convirtió en gobierno. El precio de esa convicción —en secuestros, muertos, desplazados y falsos positivos— lo pagó Colombia durante los quince años siguientes.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2771 cita
[1]ó entre 1996 y 1998, y llev ó a que en la elecci ó n de este a ñ o el can didato conservador Andr é s Pastrana fuera elegido contra el liberal 2 74 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Horacio Serpa, en buena parte porque las farc respondieron bien a sus gestos en favor de una negociaci ó n. É sta recomenz ó en enero de 1999…p. 277
02Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 2041 cita
[2]el poder alcanzado por los políticos regionales y porque el liderazgo de los jefes naturales de los partidos tradicionales comenzó a decaer. En las elecciones presidenciales de 1998, al final del período de gobierno de Samper, el Partido Liberal estaba quebrado por dentro. Su candidato era el ex ministro del Interior…p. 204
03Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 270, 2892 citas
[3]tanto, am bos candidatos creyeron que cualquier gesto audaz podía alterar en la segunda vuelta los resultados electorales. Ese gesto lo llevó a cabo Pastrana y consistió en quitarle a Serpa la bandera de la paz y lograr un guiño de las farc a favor de su candidatura. El propio Pastrana lo reconoce cuando afirma que la…p. 270
[25]medios de comunicación levantaron expectativas como si con su presencia quedara sellada la paz en Colombia, lo cual no era verdad, y a lo que no podía prestarse”400, y añadió que además “había 396 (osé Gregorio Pérez, R a ú l Rérej. E l Canciller de la Montaña, Bogotá, Editorial Norma, 2008. 397 Cf., Víctor G.…p. 289
04Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 204, 2162 citas
[4]Ahí fue cuando se produjo la primera reunión de Víctor G. Ricardo, de parte de la campaña de Pastrana, con Tirofijo y otros comandantes de las Farc, en las selvas del Caquetá. Víctor G., muy hábilmente, le puso en la muñeca a Tirofijo un reloj de la Nueva Fuerza Democrática, el movimiento político de Pastrana, y Leyva…p. 204
[35]una forma de desmarcarse de las Farc y de mostrar autonomía. La gente de mi campaña insistió en confirmar el acto en San Vicente, especialmente porque, a raíz de un infarto que había sufrido mi papá, no me había movido del hospital y la campaña había quedado paralizada por más de un mes. Cuando volví a la sede, donde…p. 216
05Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2192 citas
[5]en Europa, donde organizaban una compra masiva de armas con el traficante ruso Viktor Bout; las armas serían pagadas con una cantidad igualmente masiva de cocaína. 109 Andrés Pastrana fue un candidato de la paz, semejante a como lo había sido Belisario Betancur dieciséis años antes. Hubo muchas similitudes entre los…p. 219
[6]en Europa, donde organizaban una compra masiva de armas con el traficante ruso Viktor Bout; las armas serían pagadas con una cantidad igualmente masiva de cocaína. 109 Andrés Pastrana fue un candidato de la paz, semejante a como lo había sido Belisario Betancur dieciséis años antes. Hubo muchas similitudes entre los…p. 219
06Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 301 cita
[7]Extremadura que no podía ser objeto de acciones militares del Estado y el resto del país como terreno de guerra. Todo ello sin haberse iniciado los diálogos ni definido la agenda de los mismos. El decir del sociólogo franco-colombiano Daniel Pécaut fue que el Gobierno «de entrada quemó todas sus naves». Cuando, el 6…p. 30
07Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 701 cita
[8]La zona que fue establecida en octubre de 1988 y levantada el 21 de febrero de 2002, comprendía una superficie de 42.000 kilómetros cuadrados de los muni- cipios de La Uribe, Mesetas, La Macarena y Vista Hermosa en el departamento del Meta, y San Vicente del Caguán en Caquetá. 48 Con mayor presencia en Tibú,…p. 70
08No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 348, 3612 citas
[9]una simetría a la relación. Parte de ese reconocimiento político se expresó cuando el 14 de octubre Pastrana, apoyado en la Ley de Orden Público, reconoció el carácter político de la guerrilla y estableció una zona de distensión de 42.139 km² por 90 días, comprendida entre los municipios de Mesetas, Uribe, La…p. 348
[28]la opinión pública. «De la vaina de las FARC, los secuestros, el cuento, la retención de toda esta gente, cuando se vieron las primeras fotos que parecían campos de concentración de todos estos soldados. Y acuérdate de todas las tomas que hizo las FARC-Ep, muy exitosamente, 1062 Centro Nacional de Memoria Histórica…p. 361
09San Carlos: Memorias del éxodo en la guerraMartha Nubia Bello Albarracín, Marta Inés Villa · 2011 · p. 721 cita
[10]repertorio de acción vio- lenta, la guerrilla introdujo las masacres a partir del año 2001 y au- mentó la recurrencia periódica de esta práctica de violencia de ma- nera continua desde 2001 hasta 2004 (seis masacres). En este lapso, la guerrilla asesinó 79 civiles entre masacres y asesinatos selectivos y perpetró 50…p. 72
10Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 612 citas
[11]The government honored its pledge that the insurgents would have com- plete control of the demilitarized area during the dialogues. The talks began badly when FARC leader Marulanda did not appear for the first meeting, a clear indication of the weak-state position of President Pastrana. Later there were frequent…p. 61
[12]The government honored its pledge that the insurgents would have com- plete control of the demilitarized area during the dialogues. The talks began badly when FARC leader Marulanda did not appear for the first meeting, a clear indication of the weak-state position of President Pastrana. Later there were frequent…p. 61
11¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 112, 1142 citas
[13]Fuerza Pública y el combate contra el narcotráfico, centrado en las fumigaciones. Contra el componente militar del Plan Colombia y su política de fumigaciones de los cultivos de uso ilícito, las FARC decidieron realizar el llamado paro armado en el departamento del Putumayo, en octubre del 2003, región en la que se…p. 114
[20]combinación de situaciones antes descritas llevó al Gobierno de Pas- trana a protagonizar una gran desilusión nacional. Despertó expectativas optimistas con su propuesta de paz en las comunidades internacional y nacional, e incluso en buena parte del llamado establecimiento. Pero también despertó fuertes críticas de…p. 112
12Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 161, 1832 citas
[14]pidió excusas, pero insistió en que tenía derecho a definir las sanciones a los responsables, y que en este caso los indigenistas habían entrado a la “zona de distensión” controlada por las FARC sin pedirles permiso. Posteriormente, en 2008, lograron que el presidente Chávez le pidiera a la Asamblea de Venezuela que…p. 161
[47]fuertes de influencia eran Urabá, el Sinú, Cesar, los Llanos Orientales, el Catatumbo y el Magdalena Medio. Desde el arranque de las gestiones de negociación (1997) que dieron lugar a los diálogos de paz en El Caguán (1998-2001), la postura general de las autodefensas, encabezadas por los hermanos Castaño, fue de…p. 183
13Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 741, 7602 citas
[15]citarlos, escuchar sus inquietudes en torno a las negociaciones con la guerrilla y aceptar parte de sus cuestionamientos. La zona de distensión se había convertido en un factor de permanentes tensiones: constantemente circulaban rumores de que allí se cometían tropelías en contra de la población, de que servía como…p. 741
[31]Macarena y trasladados al día siguiente a la base de Tolemaida, donde los esperaba el presidente de la República; dos días después quedaron en libertad 62 miembros del Ejército y de la Policía que estaban en Antioquia. Más de medio centenar de oficiales y suboficiales permanecieron en las cárceles que la guerrilla…p. 760
14Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 154, 157, 162, 1654 citas
[16]http://elpais.com/diario/1998/11/11/internacional/910738810_850215.html; El Tiempo. (11 de noviembre de 1998). “Entrevista con Peter Romero, asesor de Clinton para América Latina”, p. 13, y sobre los 130 soldados del Batallón Cazadores en San Vicente del Caguán El Tiempo. (13 de noviembre de 1998). “No serán retirados…p. 162
[17]canje y otros ya estaban libres.26 Las f a r c estaban haciendo política; pretendieron convertir el canje de presos en un mecanismo legal permanente. Pensaron, quizás, que así se 23 Sobre la reforma mili lar ver, Spencer, (2007). 24 Sobre el despeje, las dudas que plantea a la población, las soluciones ad faje, cierto…p. 154
[39]divisiones en su interior, cumplió el come- tido básico de desprestigiar en la “opinión” los diálogos en la zona de despeje del Caguán que, según El Espectador, parecían teatro del absurdo o comedia barata. Las AUC también frenaron la propuesta del ELN sobre el despeje de una zona al sur del departamento de Bolívar,…p. 165
[40]disipó. A costa de las improvisaciones gubernamentales y de la arrogancia y desmanes de las farc, con su pretendido dominio soberano de la zona de despeje del Caguán, o las volteretas del eln, los paramilitares, ayudados por los grandes medios de comunicación y el capitalismo mañoso, adquirieron voz pública y…p. 157
15Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3311 cita
[18]sobre todo militar, de miles de millones de dólares, que se conoció como el Plan Colombia, del año 2000. Los diálogos de paz del gobierno de Pastrana se llevaron a cabo en San Vicente del Caguán, en el departamento del Caquetá, uno de los municipios que hizo parte de la infame zona de despeje que el Gobierno les…p. 331
16Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 60, 692 citas
[19]bandos tenía intención de paz. Ambos utilizan la zona de despeje para conocerse mejor, organizarse y preparar la guerra (EP 2, agosto de 2015). Esta situación de negociación, además, debía avanzar de acuerdo a dos cuestiones más. De un lado, el imperativo de combatir un paramilitarismo creciente que surgía como el…p. 60
[24]la lucha guerrillera como Apiay, en el departamento de Meta, o Tolemaida, en el departamento de Cundinamarca; la base de Putumayo, donde se alojan los batallones de la Brigada XXVII; y la conformación de la Brigada Antinarcóticos del Ejército en el Fuerte Militar de Larandia, en el departamento de Caquetá. Dicho de…p. 69
17El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 2752 citas
[21]Hasta donde se conoció, los insurgentes nunca exigie- ron cambios radicales en las estructuras del Estado, mucho menos mencionaron su intención de instaurar un sistema comunista. Rápidamente se demostró que la estrategia de “paz” del Estado seguía siendo la guerra. El discurso del presidente Pastrana Arango durante la…p. 275
[22]Hasta donde se conoció, los insurgentes nunca exigie- ron cambios radicales en las estructuras del Estado, mucho menos mencionaron su intención de instaurar un sistema comunista. Rápidamente se demostró que la estrategia de “paz” del Estado seguía siendo la guerra. El discurso del presidente Pastrana Arango durante la…p. 275
18La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 79, 872 citas
[23]del país, en una zona selvática muy cerca de la frontera con Brasil, y la mantuvieron en su poder por tres días. Fueron expulsadas finalmente por las Fuerzas Armadas, pero alcanzaron a llevarse como rehenes a decenas de policías. Para cuando inició el proceso del Caguán, cientos de soldados y policías, incluyendo…p. 79
[45]de la forma más efectiva posible. Este inmenso esfuerzo presupuestal, sumado a los recursos del Plan Colombia, permitió el inicio del fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, un proceso que tendría continuidad en los gobiernos del presidente Álvaro Uribe y en el mío. Un logro de particular importancia fue la…p. 87
19¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 2331 cita
[26]relaciones internacionales y (12) formalización de los acuerdos democráticos (Presidencia de la República, 1998, pp. 39-41). La agenda común fue criticada especialmente por su amplitud, que la hacía innegociable en un tiempo prudencial, y porque distraia la atención sobre aquellos problemas que se consideraban, de…p. 233
20Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 203, 2072 citas
[27]que las muestra como una fuerza capaz de hacer presencia en todo el te- rritorio nacional, elevando su capacidad ofensiva y evidenciando la suficiente fortaleza para enfrentar las fuerzas guerrilleras. Sin embargo, su violencia no se dirige hacia los grupos insurgentes, sino a sus apoyos civiles. La disputa…p. 203
[41]fueran calificados en términos distintos a los de una expresión terrorista. Por ese acon- tecimiento, los Estados Unidos declararon la guerra mundial con- tra el terrorismo, lo que conllevó que redefinieran su política de ayuda a Colombia, permitiendo que se utilizara en contrainsur- gencia y no exclusivamente en…p. 207
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 133, 1552 citas
[29]saldo la muerte de 30 militares y 26 guerrilleros 612. El acuerdo para el cese al fuego de San Francisco de la Sombra, firmado el 5 de octubre de 2001, intentó superar las tensiones generadas tras el secuestro y asesi- nato de Consuelo Araujo, sucedido el 29 de septiembre en la región Caribe 613. El 7 de octubre, al…p. 155
[30]a las comunidades y abusos 483. La guerrilla de las FARC-EP abrigaba intenciones económicas cuando realizaba los secuestros, pero también buscaba el intercambio de prisioneros 484. La estrategia de las FARC consistía en aumentar el número de secuestros de militares y políticos. En la década del noventa llegaron a…p. 133
22Una sociedad secuestradaCentro Nacional de Memoria Histórica; César Caballero Reinoso (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2013 · p. 1761 cita
[32]atención y los llevaron a Cuba y los can- jearon (…) si [la solución] se prolonga en el tiempo, cada semana o cada día que pase habrá más prisioneros. Entonces, lo mejor es solucionarlo in- mediatamente. Además, lo poco que tenemos para dar son los prisioneros. Entregarlos y que nos entreguen los nuestros. Así de…p. 176
23Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 8081 cita
[33]cabo los diálogos del Caguán 2812. Ocho días después, el Gobierno ordenó la recuperación militar de los territorios despejados y declaró la antigua zona de distensión teatro de operaciones, al mando del mayor general Gabriel Eduardo Contreras Ochoa, jefe de operaciones del Ejército 2813. Tres días después del…p. 808
24Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 741 cita
[34]manos de guerrilleros. Los sobrevivientes o quienes dejaron pruebas de supervivencia relataron los castigos corporales y los insultos recibidos por pertenecer al bando de los enemigos. En un informe presentado a la Comisión de la Verdad, por e l Ejército Nacional de Colombia, un soldado ofreció el siguiente…p. 74
25Guerrilla Marketing: Counterinsurgency and Capitalism in ColombiaAlexander L. Fattal · 2018 · p. 631 cita
[36]to run drugs, hold hostages, and fortify itself militarily. The president dispatched the military to retake the zone. In retaliation, the guerrillas collected more high-profile hostages and angled for pris- oner exchanges with the government. On February 23, 2002, the FARC kidnapped Ingrid Betancourt, a presidential…p. 63
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1591 cita
[37]única salida? (2002—2016) 160 fiflćflThxiff fffl. iThififf xffff ćff ff E n la noche del 20 de febrero de 2002 el presidente Andrés Pastrana Arango se dirigió a la opinión pública para comunicar su decisión de dar cierre defi- nitivo al fracasado proceso de paz del Caguán 517, con el que había iniciado su mandato…p. 159
27Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 1061 cita
[38]intentando ahorcarlo, al tiempo que lo pateaban. Después de varios minutos, aprove- chando que los militares se habían detenido, Eider salió corriendo para intentar salvar su vida; alcanzó a correr cerca de ochenta me- tros antes que le dispararan en las piernas, cayendo herido. (…) A la familia le dijeron que lo…p. 106
28Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2681 cita
[42]Ca- cica», forzó al presidente Pastrana a suspender el proceso y a ordenar la recuperación de la zona de despeje por parte del ejército en febrero de 2002, tres meses antes de la celebración de las eleccio- nes presidenciales. 12 veia” pi ro de 2003, ocasionó treinta y nueve muertos y cerca de ciento setenta heridos.…p. 268
29At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 292, 2952 citas
[43]And as Pastrana ’ s plan cycled through the US policy establishment in 1998 and 1999, the majority of representatives in US Congress, the heads of US foreign policy think tanks, and military leaders all converged on their views that Colombia ’ s social and political crisis at the time was an illegal narcotics problem…p. 292
[52]fi ce, Uribe openly refused to accept the political nature of the guerrillas, instead calling them “ terrorists ” and “ dragons ” and refusing to negotiate without a unilateral cease- fi re. 91 Aiming to further beef up Colombia ’ s armed forces, Uribe looked to Washington for political and military support from the…p. 295
30War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 661 cita
[44]official rhetoric of Plan Colombia to expose the reality behind it. In the words of one report, "It is clear that Plan Colombia's intent is to combat the principal threat to the nation's political and economic elite: the FARC." 16 This conclusion is further supported by the Plan's actual implementation. The Colombian…p. 66
31Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 261 cita
[46]En el proceso de conformación y consolidación de la actual estrategia estadounidense hacia el conflicto armado en el país podemos distinguir tres etapas: Una primera, desarrollada entre 1995 y 1998, que se caracteriza por una prolongación y profundización de la lucha antinarcóticos con un apéndice más bien…p. 26
32Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1071 cita
[48]posible en un contexto como este una negociación con las FARC-EP y el ELN? Andrés Pastrana lo intentó y claramente se jugó todo su capital político en El Caguán. Se rodeó de los partidos políticos, los empresarios, la Iglesia, Estados Unidos, la comunidad internacional; es decir, todos esos factores de poder que…p. 107
33Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 1821 cita
[49]volvieron usuales y, con ellas, las acciones en contra de la población civil de los muni- cipios y pueblos que eran considerados “guerrilleros”, “militantes” o simpa- tizantes de estos. Como lo explica un excomandante del grupo paramilitar: En el 98, que inicia la Zona de Distensión, segundo semestre… primer se-…p. 182
34Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 621 cita
[50]del aparente fracaso de la reforma pro- puesta por Andrés Pastrana. Uribe era uno de los precandidatos del Partido Liberal, enfrentándose principalmente a Horacio Serpa Uribe, quien había per- dido en la contienda electoral de 1998, representando el ala más tradicional del partido. Cuando el partido decidió utilizar…p. 62
35Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 4251 cita
[51]los militares habían inducido la formación de paramilitares apoyados por el narcotráfico y los latifundistas. El presidente Pastrana (1998-2002), acosado por los gringos para frenar los avances del narcotráfico y su alianza con guerrillas y paramilitares, ideó el publicitado esperpento del proceso de paz del Caguán,…p. 425