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Biografía

Bill Clinton

Constitución de 1991

N. 1946

21 min de lectura39 documentos
Nacimiento19 de agosto de 1946
FallecimientoSin fecha registrada
RolesPresidente de los Estados Unidos (1993–2001) · Gobernador de Arkansas (1979–1981 y 1983–1992)
Lugar principalColombia
Período históricoConstitución de 19911991–2002
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La biografía

William Jefferson Clinton (Hope, Arkansas, 19 de agosto de 1946) fue el cuadragésimo segundo presidente de los Estados Unidos, en ejercicio entre el 20 de enero de 1993 y el 20 de enero de 2001. Demócrata, gobernador de Arkansas durante casi doce años antes de llegar a la Casa Blanca, encarnó el momento de máxima hegemonía estadounidense tras el fin de la Guerra Fría y llevó adelante una política exterior que redefinió las relaciones con América Latina bajo tres consignas —libre comercio, democracia y derechos humanos— y una obsesión de fondo: el narcotráfico. Su huella más duradera en Colombia no fue diplomática ni comercial sino militar. En los últimos meses de su segundo mandato, la administración Clinton reformuló el proyecto de cooperación que le había presentado el gobierno de Andrés Pastrana, una suerte de Plan Marshall con énfasis social, y lo convirtió en el Plan Colombia, una arquitectura de asistencia militar y fumigación antinarcóticos cuyos efectos siguieron ordenando la política del país mucho después de que Clinton dejara el poder.

02

Línea de vida

  1. 1976

    Inicio de la carrera política en Arkansas

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    Elegido fiscal general de Arkansas en 1976 y gobernador en 1978, a los treinta y dos años, iniciando una trayectoria política que lo llevaría a la presidencia.

  2. 1992

    Elección a la presidencia de Estados Unidos

    Leer contexto

    Derrotó al presidente George H. W. Bush y al candidato independiente Ross Perot, llegando a la Casa Blanca con cuarenta y seis años, más enfocado en la economía interna que en la política exterior.

  3. 1993

    Aprobación del NAFTA y promesa de integración hemisférica

    Leer contexto

    El Congreso estadounidense aprobó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte; Clinton prometió ese mismo día extender el acuerdo a otras democracias orientadas al mercado de América Latina, definiendo el eje comercial de su política exterior hemisférica.

  4. 1994

    Ruptura con el gobierno Samper y descertificación de Colombia

    Leer contexto

    Tras el escándalo del Proceso 8.000, que reveló la financiación de la campaña de Ernesto Samper por el Cartel de Cali, la administración Clinton descertificó a Colombia en materia antinarcóticos y revocó la visa al presidente colombiano, llevando la relación bilateral a su punto más bajo.

  5. 1999

    Reformulación del Plan Colombia

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    La administración Clinton, junto con el Congreso y los think tanks de política exterior, presionó para transformar el plan social original del gobierno Pastrana en una estrategia de militarización antinarcóticos. El plan fue presentado al público en septiembre de 1999 con un costo total proyectado de aproximadamente 10.000 millones de dólares para la primera fase.

  6. 2000

    Aprobación de la asistencia estadounidense al Plan Colombia

    Leer contexto

    Estados Unidos comprometió el 35% del financiamiento total del Plan Colombia, destinando el 57,5% de los recursos a operaciones antinarcóticos. Se desplegaron tres batallones con 3.000 soldados entrenados por EE.UU. y se estableció la base de operaciones en Larandia, Caquetá.

De Hope a la Casa Blanca

Nació como William Jefferson Blythe III, tres meses después de que su padre biológico, William Jefferson Blythe Jr., muriera en un accidente de automóvil. Su madre, Virginia Cassidy, se casó años más tarde con Roger Clinton Sr., dueño de un concesionario de automóviles en Hot Springs, Arkansas, y el niño terminó adoptando su apellido. La casa de Hot Springs era conflictiva: el padrastro bebía y era violento con Virginia, y el joven Bill, según él mismo contaría décadas después, aprendió temprano a maniobrar entre versiones incompatibles de la realidad, una habilidad que resultaría central en su carrera política.

Estudió en la Universidad de Georgetown, en Washington, donde se graduó en 1968 en Relaciones Internacionales. Ganó luego una beca Rhodes que lo llevó a Oxford entre 1968 y 1970, en los años en que la guerra de Vietnam dividía a su generación. Clinton evadió el reclutamiento, un episodio que sus adversarios le recordarían durante toda su carrera, y regresó a Estados Unidos para estudiar Derecho en Yale. Allí conoció a Hillary Rodham, con quien se casó en 1975 en Fayetteville, Arkansas. La hija de ambos, Chelsea, nació en 1980.

La carrera política de Clinton fue precoz y meteórica. En 1976 fue elegido fiscal general de Arkansas; en 1978, gobernador del estado, a los treinta y dos años. Perdió la reelección en 1980, una derrota que estudió con obsesión, y volvió a la gobernación en 1982, cargo que retendría hasta 1992. Desde el Consejo de Liderazgo Demócrata, ala centrista del partido, lideró la reinvención de una identidad demócrata pragmática, distante de la izquierda tradicional y capaz de disputarle a los republicanos el electorado suburbano y el discurso de la responsabilidad fiscal. Sobre esa plataforma se lanzó a las primarias de 1992 y derrotó en noviembre de ese año al presidente George H. W. Bush y al empresario independiente Ross Perot. Llegó a la presidencia con cuarenta y seis años, más preocupado por la economía y la seguridad social internas que por proyectar una política exterior de supremacía político-militar.

La doctrina Clinton: comercio, democracia, derechos humanos

El fin de la Guerra Fría había dejado a Estados Unidos como única potencia global. En ese vacío ideológico, la administración Clinton propuso un giro: los asuntos económicos reemplazarían a los enfrentamientos ideológicos en el primer lugar de la agenda interamericana. La fórmula tenía tres ejes públicos —libre comercio, democracia y derechos humanos— y un núcleo operativo: convertir a América Latina en un espacio integrado bajo reglas de mercado favorables a los intereses estadounidenses.

El instrumento inaugural fue el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, negociado por la administración Bush pero aprobado por el Congreso estadounidense en 1993 bajo Clinton, ya con México, Estados Unidos y Canadá. El día de la aprobación, el presidente prometió extender el acuerdo a las otras democracias orientadas al mercado del hemisferio. Lawrence Summers, entonces alto funcionario del Departamento del Tesoro, sintetizó la ambición con una frase que no admitía matices: el NAFTA era "el tema definitorio de la política exterior estadounidense no solo hacia América Latina sino hacia el mundo". Leído desde el sur, aquel proyecto de integración hemisférica se veía distinto: un mecanismo para construir un conjunto continental de mano de obra barata y mercados abiertos para las corporaciones estadounidenses.

Las transiciones democráticas latinoamericanas de los ochenta y noventa dieron a Clinton un escenario propicio. El clima era, por primera vez en décadas, francamente optimista: los ejércitos volvían a los cuarteles, los populismos de derecha e izquierda perdían tracción, los tecnócratas del Consenso de Washington llegaban a los ministerios de Hacienda. Clinton se movió con soltura en ese ambiente, cultivó vínculos personales con presidentes como el mexicano Ernesto Zedillo y respaldó operaciones de restauración democrática, como el retorno de Jean-Bertrand Aristide a Haití en 1994, y de estabilización financiera, como el rescate del peso mexicano en 1995, que consolidaron la imagen de un Washington activo y pragmático.

Pero el fin de la Guerra Fría también tornó inevitable otra cosa: la "narcotización" de la agenda bilateral con países como Colombia. Sin la excusa anticomunista, la política antidrogas se convirtió en el principal marco a través del cual Washington leía a la región andina. Esa herencia venía de lejos: desde la administración de Misael Pastrana Borrero, en los primeros setenta, el narcotráfico se había ido instalando como preocupación central de las relaciones Bogotá-Washington, y se había intensificado bajo George H. W. Bush, que incrementó de manera significativa la asistencia militar a Colombia en el marco de la guerra contra las drogas. Clinton no inauguró la narcotización de la agenda: la recibió y la profundizó.

La ruptura con Samper y el aislamiento de Bogotá

En agosto de 1994 asumió en Colombia el presidente liberal Ernesto Samper Pizano. En pocas semanas comenzaron a filtrarse las grabaciones que darían origen al llamado Proceso 8.000: la campaña de Samper había recibido financiación del Cartel de Cali, la organización que había reemplazado al cartel de Medellín tras la muerte de Pablo Escobar el 2 de diciembre de 1993 en un tejado de la capital antioqueña. Con Escobar caído y el cartel de Cali desvertebrado entre 1994 y 1995, la era de los grandes carteles terminaba en Colombia, pero el narcotráfico se dispersaba en organizaciones más pequeñas y en la coca campesina del sur.

La relación con Washington entró en el punto más bajo de la era Clinton. Estados Unidos descertificó a Colombia en materia antinarcóticos, un instrumento diseñado para presionar a los gobiernos aliados que fue aplicado con dureza inusual contra Bogotá. Se le revocó la visa al presidente en ejercicio. Los diplomáticos estadounidenses hablaban de Samper con desprecio abierto. El aislamiento internacional fue casi total y coincidió con una gestión económica deteriorada: el crecimiento promedio de aquellos cuatro años apenas alcanzó el 2,8% anual, con déficits fiscal y externo agravados por el descontrol del gasto público. Investigaciones posteriores atribuidas al coronel Velásquez sostenían que casi todos los congresistas de aquel periodo habían recibido dinero del narcotráfico para conseguir sus curules, afirmación indicativa del clima moral del momento.

El gobierno Samper, presionado, respondió con más represión antinarcóticos. Las fumigaciones aéreas con glifosato, iniciadas desde 1984 en la Sierra Nevada de Santa Marta, se extendieron hacia el sur: en 1997 se fumigaron 516 hectáreas en Puerto Guzmán, apenas un ensayo si se lo compara con las casi cuatro mil hectáreas asperjadas en todo el Putumayo en 1998 o con las decenas de miles que vendrían con el Plan Colombia. La lógica era circular: para recuperar la certificación estadounidense había que erradicar, y para erradicar había que fumigar, aunque las hectáreas sembradas con coca seguían creciendo sin pausa desde 1988, de unas 34.000 entonces a 136.200 hacia el año 2000.

El aislamiento de Samper fue, mirado en retrospectiva, la palanca que hizo posible el Plan Colombia. Al debilitar hasta el extremo al gobierno colombiano, Washington creó las condiciones para que su sucesor, quien fuera, llegara a la Casa de Nariño con una necesidad urgente de reconstruir la relación bilateral y con márgenes de maniobra estrechos frente a las demandas estadounidenses.

El Plan Colombia: origen, reformulación, arquitectura

Andrés Pastrana Arango, hijo del expresidente conservador y derrotado en 1994 precisamente por Samper, ganó las elecciones de 1998 con una promesa central: negociar la paz con las FARC. En agosto de 1998, apenas asumido, estableció una zona de despeje de más de 42.000 kilómetros cuadrados sobre cinco municipios —San Vicente del Caguán, La Macarena, Mesetas, La Uribe y Vistahermosa— y se sentó a dialogar con la guerrilla comandada por Manuel Marulanda.

En el otoño de 1998, funcionarios civiles del Departamento Nacional de Planeación de Colombia, con apoyo de militares y civiles del Ministerio de Defensa, redactaron un primer borrador del programa que se conocería como Plan Colombia. Aquella versión inicial no tenía carácter abiertamente militar: se orientaba a la redistribución social, al apoyo gubernamental a zonas con décadas de abandono estatal y a complementar el proceso de paz. La zona de despeje era parte del incentivo a las FARC para negociar; el Plan Colombia era su contraparte estructural, la promesa de que el Estado llegaría por fin a las regiones que había desatendido durante generaciones.

El programa se dio a conocer al público en septiembre de 1999 y fue presentado como un Plan Marshall para Colombia, con apoyo esperado principalmente de Estados Unidos y la Unión Europea. Pero entre el borrador colombiano y su versión final ocurrió una reformulación decisiva. La mayoría de representantes del Congreso estadounidense, los líderes de los think tanks de política exterior y los jefes militares convergieron entre 1998 y 1999 en un diagnóstico único: la crisis colombiana era un problema de narcotráfico que exigía militarización, no una crisis económica o social que exigiera ayuda al desarrollo. En menos de un año, con el proceso de paz ya deteriorándose en el Caguán, el plan original fue descartado. En su lugar quedó una estrategia distinta: asaltos militares a las regiones cocaleras del sur y fortalecimiento sistemático de las fuerzas armadas.

Había otra razón para vestir el paquete como lucha antidrogas. El historial de violaciones de derechos humanos del Ejército colombiano, la crisis paramilitar de finales de los noventa, las masacres, los vínculos entre unidades militares y grupos ilegales generaban resistencias en el Congreso estadounidense a una ayuda militar abierta. Encuadrar la asistencia como antinarcótica permitía sortearlas. Por eso, entre otras cosas, las aeronaves adquiridas con recursos del Plan Colombia no podían utilizarse en operaciones antiguerrilla sino únicamente en misiones antinarcóticos, una restricción formal que generaría situaciones operativas absurdas para las fuerzas colombianas, obligadas a distinguir sobre el terreno entre un cultivador armado y un guerrillero armado.

La cifra final del Plan Colombia, primera fase, entre 1999 y 2005, fue de aproximadamente 10.000 millones de dólares, de los cuales el 35% fue financiado por Estados Unidos y el resto por Colombia. El 57,5% del total se destinó a operaciones antinarcóticos y combate al crimen organizado. En el primer año de operaciones había tres batallones antinarcóticos con 3.000 soldados dedicados a la campaña de fumigación, entrenados y equipados por Estados Unidos, con una segunda brigada en preparación. La base de operaciones estadounidense en Larandia, Caquetá, funcionó como centro de apoyo del programa, con técnicos norteamericanos presentes y mapas satelitales de los cultivos de coca desplegados en sus instalaciones.

Fumigación, desplazamiento y el sur en llamas

El instrumento visible del Plan Colombia sobre el terreno fue la aspersión aérea de glifosato. Nunca se consultó al campesinado cultivador de coca. Las flotillas partían de bases como Larandia y sobrevolaban los cultivos de Putumayo, corazón cocalero del país, arrojando una mezcla de herbicida y coadyuvantes que caía indistintamente sobre matas de coca, cultivos de pancoger, fuentes de agua, animales, escuelas y viviendas. Las consecuencias para las economías campesinas fueron graves. La coca se redujo en Putumayo, sí, pero también se desplazó hacia Nariño, generando nuevas oleadas de colonización y despojo en el departamento fronterizo con Ecuador. Las hectáreas totales del país siguieron subiendo.

Con el tiempo, estudios académicos y una sentencia del Consejo de Estado documentarían impactos negativos sobre la salud humana, los cultivos lícitos y el medio ambiente en varias regiones colombianas. La aritmética elemental de la política era, además, insostenible: erradicar una hectárea mediante fumigación costaba unos 72 millones de pesos; apoyar a una familia cultivadora para reconvertir su actividad, unos 40 millones. El Estado, presionado por la métrica de hectáreas fumigadas que Washington exigía anualmente para certificar la cooperación, prefirió sistemáticamente la erradicación forzada al desarrollo alternativo.

Bajo la superficie antinarcótica, el Plan Colombia funcionó también como escudo para otros intereses. El vicepresidente Al Gore arrastraba a la Casa Blanca una vieja herencia familiar: participaciones accionarias en Occidental Petroleum, la petrolera con sede en Los Ángeles cuyas operaciones colombianas se concentraban precisamente en el sur del país. Occidental no era espectadora del debate sobre el Plan Colombia; era parte interesada. Entre 1995 y 2000 volcó millones de dólares en lobbying en Washington sobre asuntos colombianos y aportó sumas de siete cifras a campañas del Congreso y presidenciales, incluidas las demócratas. Esa inversión se cobró en febrero de 2000, cuando uno de sus vicepresidentes, Lawrence Meriage, se presentó ante el Capitolio para defender el paquete militar y advertir contra cualquier restricción geográfica que dejara fuera el sur: sus operaciones petroleras, argumentó, eran fundamentales para el éxito del plan. La lucha contra la coca y la protección de la infraestructura petrolera terminaban, en la práctica, ejecutadas por las mismas unidades.

Del despeje al derrumbe: el fin del proceso de paz

Mientras el Plan Colombia se transformaba en Washington, en el Caguán ocurría el otro drama del gobierno Pastrana. Las FARC utilizaron la zona de distensión no solo como espacio de negociación sino como retaguardia estratégica: entrenamiento, secuestro, siembra de coca. La opinión pública colombiana, que en 1998 había respaldado con esperanza el diálogo, se fue cansando con imágenes que se acumulaban: una silla vacía, un avión secuestrado, un negociador humillado.

Pastrana, entretanto, cultivaba a Washington con paciencia. Impulsó lo que llamó una "diplomacia para la paz" buscando respaldo internacional, aunque el propio gobierno era reacio a una internacionalización plena del conflicto, bajo la premisa de que las violaciones de derechos humanos se reducirían una vez alcanzada la paz. En octubre de 1999 sostuvo contactos en Texas que empezarían a rendir frutos cuando George W. Bush ganó las elecciones de noviembre de 2000. El respaldo al Plan Colombia se consolidó como bipartidista: demócratas y republicanos coincidieron en lo esencial, garantizando la continuidad estructural del programa por encima del cambio de administración en Washington.

Clinton visitó Cartagena en agosto de 2000 para respaldar públicamente el Plan Colombia. El presidente estadounidense en el Caribe colombiano, junto a Pastrana, sellaba una alianza que ya operaba sobre el terreno. Cinco meses después dejaba la Casa Blanca. El 27 de febrero de 2001, Pastrana se reunió con el nuevo presidente Bush; fue el cuarto jefe de Estado en hacerlo tras los mandatarios de México, Canadá y el Reino Unido, y dialogaron sobre la agenda bilateral y el desarrollo del Plan Colombia. La transición no interrumpió nada.

En febrero de 2002, tras más de tres años de negociaciones sin resultados sustanciales, Pastrana declaró el fin del proceso de paz y ordenó la recuperación militar de la zona de despeje. Faltaban tres meses para las elecciones presidenciales. El clima político que dejó el derrumbe del Caguán fue el terreno fértil para la candidatura de Álvaro Uribe Vélez, disidente del liberalismo, con un discurso de mano dura frente a las guerrillas que ya era conocido en el país. Los atentados del 11 de septiembre de 2001, ocurridos en el intervalo, habían reordenado el mundo: la lucha antinarcóticos y la contrainsurgencia comenzaron a fusionarse bajo el paraguas de la "guerra global contra el terrorismo", y la cooperación de inteligencia estadounidense con Colombia se intensificó y mejoró cualitativamente. Entre 2000 y 2002, combinando el esfuerzo presupuestal colombiano y los recursos del Plan Colombia, las Fuerzas Militares y la Policía pasaron de cuatro a dieciséis helicópteros artillados de combate e incrementaron en un centenar los helicópteros de transporte. Aquella máquina, montada bajo Clinton y Pastrana, sería la que Uribe pondría a operar sin restricciones formales tras 2002.

Política interior: prosperidad, escándalo, impeachment

Nada de la política exterior de Clinton puede entenderse sin la política interior que la enmarcó. Los ocho años de su presidencia coincidieron con la expansión económica más larga de la historia estadounidense hasta entonces: creación sostenida de empleo, superávit fiscal —el primero en tres décadas— y boom bursátil impulsado por la burbuja de internet. La ecuación política que hizo posible esa bonanza fue peculiar. Tras la derrota demócrata en las elecciones de mitad de mandato de 1994, con Newt Gingrich al frente de una Cámara republicana envalentonada, Clinton optó por pactar. Firmó el Welfare Reform Act de 1996, que endureció drásticamente la asistencia social; toleró la desregulación financiera que culminaría en la derogación parcial de la Glass-Steagall en 1999; empujó el NAFTA sobre las resistencias de los sindicatos demócratas. El retrato clásico del clintonismo se recorta ahí: un demócrata que gobernaba con aritmética republicana y cosechaba prosperidad. En el mismo movimiento sembraba las fragilidades que estallarían una década después, con la crisis financiera de 2008.

En política exterior, además del vector latinoamericano, Clinton intervino militarmente en los Balcanes con los bombardeos de la OTAN sobre Serbia en 1999 y medió con relativa suerte en el conflicto israelo-palestino: los Acuerdos de Oslo, firmados por Yitzhak Rabin y Yasser Arafat en el jardín de la Casa Blanca en 1993, quedarían huérfanos tras el asesinato de Rabin en 1995 y el proceso terminaría estancado. Sostuvo una relación compleja con la Rusia de Boris Yeltsin. Con Cuba, en cambio, la Guerra Fría no había terminado: el embargo se mantuvo y se endureció con la Ley Helms-Burton de 1996. Con China, Clinton apostó por la integración: apoyó el ingreso de Pekín a la Organización Mundial del Comercio, negociado en 1999 y concretado en 2001, una decisión que redibujaría el mapa económico global durante las dos décadas siguientes.

El segundo mandato quedó marcado por el escándalo Lewinsky. La relación de Clinton con Monica Lewinsky, becaria de la Casa Blanca, y su declaración jurada negándola en un juicio civil, llevaron al fiscal independiente Kenneth Starr a abrir una investigación que terminó en el segundo juicio de impeachment de la historia estadounidense; el primero había sido el de Andrew Johnson en 1868. La Cámara de Representantes acusó a Clinton en diciembre de 1998 por perjurio y obstrucción de la justicia. El Senado lo absolvió en febrero de 1999. Clinton salió del episodio políticamente golpeado pero con índices de aprobación paradójicamente altos: la economía seguía en marcha, y la mayoría del electorado consideró desproporcionada la respuesta republicana. El escándalo, sin embargo, consumió el capital político que la Casa Blanca necesitaba para las grandes decisiones del último año, incluida la negociación del Plan Colombia, que se cerró con un presidente debilitado y ansioso por dejar un legado internacional.

Red y estilo

Clinton gobernó con un equipo que combinaba operadores de larga data, como Thomas "Mack" McLarty, su jefe de gabinete inicial y viejo amigo de Arkansas, con figuras técnicas de peso: Madeleine Albright, primera mujer en dirigir el Departamento de Estado; Lawrence Summers en el Tesoro; el general Barry McCaffrey al frente de la oficina de política antidrogas, figura clave en la definición del enfoque militarizado hacia Colombia. Hillary Clinton, primera dama políticamente activa, encabezó el intento fallido de reforma sanitaria de 1993-1994 y ejerció una influencia continua sobre el círculo cercano al presidente, aunque su propia carrera política se desarrollaría después de la Casa Blanca.

En el trato personal, Clinton fue admirado incluso por sus rivales por su inteligencia política y su capacidad para leer una sala. Manejaba los datos con soltura de gobernador acostumbrado a discutir presupuestos; llamaba por su nombre a cada legislador; cultivaba con esmero las relaciones bilaterales cara a cara. Con América Latina, ese trato personalizado funcionó bien en México con Zedillo, en Chile con Eduardo Frei y Ricardo Lagos, y, tras la ruptura con Samper, con Pastrana, a quien recibió en Washington con calidez y a cuyo país visitó en Cartagena para respaldar el Plan Colombia. Con Cuba mantuvo la distancia: no visitó La Habana; ese gesto solo lo daría Obama en 2016.

Su estilo de gobierno era el del negociador incansable, más cómodo en la sala pequeña que en el atril. Detestaba los ultimátum y prefería la componenda; buscaba, en cada expediente, la fórmula que le permitiera declarar victoria a los dos lados de la mesa. Esa vocación de síntesis explica tanto sus mayores logros —la reforma del bienestar pactada con Gingrich, el equilibrio fiscal, el impulso al libre comercio— como sus mayores puntos ciegos, entre ellos la incapacidad para calibrar el costo humano de programas como el Plan Colombia, cuya arquitectura terminó siendo el resultado de un acuerdo interno en Washington antes que de una lectura fina del país que quedaría bajo su influencia.

Post-presidencia: fundación, giras y sombra larga

Al dejar la Casa Blanca en enero de 2001, Clinton se instaló con Hillary en Chappaqua, un pueblo tranquilo del condado de Westchester, en Nueva York, desde el cual empezó a organizar su vida después del poder. Fundó ese mismo año la Clinton Foundation, dedicada inicialmente al acceso a antirretrovirales contra el VIH en África y el Caribe. La apuesta estaba bien calculada: usó las redes farmacéuticas y diplomáticas que la presidencia le había dejado para arrancar rebajas de precios a laboratorios genéricos indios, y en pocos años la fundación se había convertido en un actor sanitario de peso en el sur global. La agenda se expandió luego a educación, cambio climático y desarrollo económico, articulada en torno a una conferencia anual —la Clinton Global Initiative— que reunía a jefes de Estado, filántropos y ejecutivos alrededor de compromisos verificables. En 2004 publicó sus memorias, My Life, un ladrillo autobiográfico que revisitó desde Hope hasta el impeachment con la prolijidad de quien ya se sabe personaje histórico.

Cultivó, además, una segunda vida como recaudador de emergencias. Junto a su antecesor George H. W. Bush encabezó la respuesta filantrópica al tsunami del océano Índico de 2004 y al huracán Katrina de 2005; con George W. Bush lideraría después la del terremoto de Haití de 2010. Haití terminaría siendo, precisamente, el capítulo más incómodo: la Fundación Clinton mantuvo en la isla una presencia luego cuestionada por opacidades en el manejo de fondos y por su cercanía con contratistas estadounidenses, y el episodio dejó una mancha que arrastraría durante la última campaña presidencial de Hillary.

Porque la otra ocupación central del expresidente fue la carrera política de su esposa. Clinton fue figura decisiva en las campañas de Hillary de 2008 y 2016, así como en las de Barack Obama de 2008 y 2012, con discursos en las convenciones demócratas que fueron, en más de una ocasión, mejor recibidos que los del propio candidato. La derrota de Hillary frente a Donald Trump en noviembre de 2016 cerró simbólicamente una era. El clintonismo, con su síntesis de mercado, moderación cultural y multilateralismo, fue arrollado por dos frentes simultáneos: la ola nacionalista de derecha en Estados Unidos y el resurgimiento de una izquierda demócrata encarnada en Bernie Sanders, que reprochó a los Clinton lo que ellos consideraban su mayor logro: la globalización de los años noventa, con sus tratados de libre comercio, su desregulación financiera y sus concesiones al Partido Republicano. La derrota puso además fin, o al menos suspendió, la posibilidad de una restauración clintoniana. En 2018 escribió, junto al novelista James Patterson, una ficción política, The President Is Missing; en 2021, con el mismo coautor, The President's Daughter. Los libros funcionaron comercialmente, aunque su recepción crítica fue tibia. En Colombia, entretanto, el andamiaje que Clinton había ayudado a montar seguía su curso: presidencia tras presidencia, gobierno tras gobierno, el Plan Colombia sobrevivía a su propio padrino.

Huella en Colombia y en la región

La política de Bill Clinton hacia América Latina se recuerda hoy con dos imágenes contradictorias. Por un lado, la del presidente que apostó por la integración comercial hemisférica, respaldó las transiciones democráticas y modernizó la retórica interamericana. Por el otro, la del arquitecto del Plan Colombia, que consolidó dos décadas de fumigación aérea, militarización antinarcótica y presencia estadounidense sobre el territorio colombiano, con costos sociales, ambientales y de derechos humanos que la sentencia del Consejo de Estado terminaría reconociendo años después.

La segunda imagen es la más duradera, pero conviene precisar en qué consistió exactamente su aporte. Clinton no fue el autor único del giro militarista del Plan Colombia; fue quien lo cerró, lo firmó y le puso presupuesto plurianual. Su firma, en concreto, convirtió una discusión de laboratorio en Washington en una política de Estado que trascendió a las administraciones siguientes: sobrevivió al cambio demócrata-republicano de 2001, al 11 de septiembre, a los ocho años de George W. Bush, a los ocho de Obama, a los cuatro de Trump. Esa continuidad, más que cualquier decisión concreta de agosto del 2000 en Cartagena, es lo que define su huella colombiana: no un programa, sino un régimen; no una coyuntura, sino una gramática institucional para pensar el país desde Washington.

El régimen tuvo efectos que no estaban del todo en el guion de 1999. Uno, celebrado por los estrategas del Pentágono y por los presidentes colombianos que lo heredaron: profesionalizó a las Fuerzas Militares hasta hacerlas capaces de golpear a las FARC en la década siguiente, contribuyendo al debilitamiento militar de la guerrilla que haría posibles las negociaciones de La Habana entre 2012 y 2016. Sin la aviación, la inteligencia y las fuerzas especiales entrenadas bajo el Plan Colombia, la muerte de Raúl Reyes en 2008 o la de Alfonso Cano en 2011 son difíciles de imaginar. Otro efecto, en cambio, no aparece en los balances oficiales: una guerra sostenida contra el pequeño cultivador cocalero del sur que envenenó suelos, expulsó familias y desplazó la mata de un departamento a otro sin reducir el total nacional. Bajo Uribe, tras 2002, esa maquinaria se puso al servicio explícito de la contrainsurgencia; el propio Plan Patriota, heredero directo del Plan Colombia, sería reconocido durante la administración Bush como fracasado en su dimensión antidrogas.

La decisión de aquellos últimos meses en la Casa Blanca fue tomada con un presidente debilitado por el impeachment, un vicepresidente con intereses accionariales en el país y un Congreso que veía en el sur colombiano un frente de la guerra contra las drogas antes que un tejido humano. Bill Clinton pasa a la historia como el presidente de la prosperidad de los noventa, del impeachment y del NAFTA. Pero hay otro Clinton, el que se lee desde Puerto Asís y desde el Caguán: el hombre bajo cuyo mandato Washington decidió que la crisis colombiana era, ante todo, un problema militar-antinarcótico. Esa decisión, tomada en las últimas oficinas de su Casa Blanca, todavía se siente en el sur del país.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

39 documentos · 42 fragmentos
01Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · Páginas 395, 4102 citas
[1]

Parecía que los antiguos desacuerdos sobre el tipo de sistemas políticos y económicos en el hemisferio se habían superado. Así, en 1990 el presidente Bush proponía un “Enterprise of the Americas”, el cual contemplaba la creación de una zona de libre comercio que abarcase desde Alaska hasta la Patagonia. Clinton llegó…

p. 410
[3]

político y económico generaría prosperidad y libertad (“all good things go together”). Esta era, de entrada, mostró ser problemática para una región donde el cambio radical hacia economías de mercado no solo se había dado también bajo gobiernos autoritarios (Chile), sino que además había puesto en aprietos a muchas de…

p. 395
02War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · Página 631 cita
[2]

would become a major policy goal toward the Western Hemisphere: a continent-wide pool of cheap labor for U.S. corporations and consumers for U.S. products. NAFTA itself only opened the markets of Canada and Mexico, but the longer- term goal was clear and often explicitly stated. "NAFTA is the defining issue in…

p. 63
03Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 1771 cita
[4]

dejó a los Estados Unidos como la única potencia global, lo cual terminó, paradójicamente, agravando la vulnerabilidad del país ante el crecimiento de los carteles de las drogas ilícitas. La “narcotización” de la agenda bilateral Washington-Bogotá a lo largo de los años siguientes fue inevitable en este contexto. 181…

p. 177
04Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · Página 2181 cita
[5]

a series of economic and social reforms, very similar to those pursued at the time by other Latin American governments, including the privatization and liquidation of state compa - nies, the surrender of the health and pension systems to private capital, the dismantling of a protectionist system of import tariffs, and…

p. 218
05Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Página 261 cita
[6]

En el proceso de conformación y consolidación de la actual estrategia estadounidense hacia el conflicto armado en el país podemos distinguir tres etapas: Una primera, desarrollada entre 1995 y 1998, que se caracteriza por una prolongación y profundización de la lucha antinarcóticos con un apéndice más bien…

p. 26
06Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 341 cita
[7]

adinerada, establecieron un impuesto por gramo ('gramaje') a quienes participaban en el comercio de la droga, como fuente de financiación. No pocos militares pactaron con los narcotraficantes adoptar una posición de «ceguera voluntaria» frente a los cultivos y franco ilícito de drogas, a condición de millonarios…

p. 34
07Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 341 cita
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adinerada, establecieron un impuesto por gramo ('gramaje') a quienes participaban en el comercio de la droga, como fuente de financiación. No pocos militares pactaron con los narcotraficantes adoptar una posición de «ceguera voluntaria» frente a los cultivos y franco ilícito de drogas, a condición de millonarios…

p. 34
08Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · Página 2281 cita
[9]

and that they valued freedom in the abstract while distrusting 216 Of Beasts and Beauty intrusive government in their private lives, remained unexamined. Instead, for Reagan, the trouble was out there, and “America” was under assault from dastardly foreign evildoers. Reagan’s “City on a Hill” allusions rekindled the…

p. 228
09Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 3631 cita
[10]

importacio- nes, aunque la apertura de capitales con sus entradas, pero sobre todo salidas, aumentó los riesgos macroeconómicos que se concretaron más adelante. La administración Samper estuvo plagada de proble- mas que comenzaron con la denuncia de que su campaña había recibido financiación del Cartel de Cali y…

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10Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · Página 1891 cita
[11]

las elecciones sino también la violencia. 139 En este capítulo y el siguiente participó Manuela Pantoja recolectando datos para la investigación. 140 Cargo en ese entonces denominado “ministro de Gobierno”. 141 Ver en el Diario El Tiempo el artículo “Horacio, el escudero de Samper”, publicado el 17 de marzo de 1996.…

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11Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 551 cita
[12]

el cártel de Medellín, unido a un control territorial de la guerrilla que afectaba a 500 municipios de los casi 1.100 que tenía el país, y en suma a una violencia que rozaba las 80 muertes violentas por cada 100.000 habitantes, eran razones más que suficientes para intuir que el conflicto armado seguiría vigente e…

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12Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · Página 821 cita
[13]

Iglesia Católica, le preguntó a Ernes- to Samper si no había visto todo el dinero que los narcotrafican- tes habían invertido en su campaña. A la pregunta retórica, el sa- cerdote respondía irónicamente a Samper que es imposible no ver un elefante cuando entra a tu casa y se pasea en la sala, frente a tu televisor.…

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13Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · Página 181 cita
[14]

extradición y al día siguiente se entregó a la justicia Pablo Escobar Gaviria, cabeza del cartel de Medellín y autor de innumerables asesinatos y varios atentados terroristas en lugares públicos. Su fuga de la cárcel de lujo que había acondicionado con sus propios recursos, seguida por su persecución y muerte a manos…

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1425 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · Página 331 cita
[15]

la persona del presidente y su equipo de gobierno -de hecho, la crisis del pals mostraba rasgos estructurales en el marco de la globalización-. no es menos cierto que sus alianzas pragmáticas con el narcotráfico fueron el catalizador de un proceso que llevó al pals a un aislamiento internacio- nal y un estado de…

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15Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 3072 citas
[16]

Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…

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[17]

Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…

p. 307
16Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 1471 cita
[18]

de los programas planteados en el marco de la política de paz, el Plan Colombia fue el más importante y abarcó el mayor esfuerzo del gobierno: El Plan Colombia se desarrollará, principalmente en zonas críticas del conflicto. Aquellas regiones del país que han tenido presencia continua, durante varios años, de actores…

p. 147
17Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · Página 1181 cita
[19]

y el 70 % de la cocaína consumida en el mundo se produce en Colombia. Los ingresos que se generan producto de este negocio ilegal son muy significativos. Se estima que en 2008 el tamaño de la producción y tráfico de la cocaína en Colombia fue de $13,6 billones de pesos, lo que equivale aproximadamente al 2,5 % de pib…

p. 118
18Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · Página 1421 cita
[20]

end the country’s internal conflict involved not only negotiations with the insurgency but also the development of a massive $7.5 billion development plan that would be financed by the Colombian government and international contributors. The original proposal in the fall of 1998 focused upon social redistribution and…

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19At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · Página 2921 cita
[21]

And as Pastrana ’ s plan cycled through the US policy establishment in 1998 and 1999, the majority of representatives in US Congress, the heads of US foreign policy think tanks, and military leaders all converged on their views that Colombia ’ s social and political crisis at the time was an illegal narcotics problem…

p. 292
20Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · Página 2141 cita
[22]

llamada “zona de distensión”, un territorio de más de 42 mil kilómetros que el gobierno cedió al control de la guerrilla. El gobierno y las FARC se reunieron durante más de dos años sin obtener ningún resultado concreto, hasta que en febrero de 2002, pocos meses antes de culminar su gobierno, Pastrana declaró el fin…

p. 214
21La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · Página 871 cita
[23]

de la forma más efectiva posible. Este inmenso esfuerzo presupuestal, sumado a los recursos del Plan Colombia, permitió el inicio del fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, un proceso que tendría continuidad en los gobiernos del presidente Álvaro Uribe y en el mío. Un logro de particular importancia fue la…

p. 87
22Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · Página 1101 cita
[24]

la Paz, la Prosperidad y el Fortalecimiento del Estado), known as Plan Colombia, 34 was put in place by the administration under Colombian President Pastrana and US President Clinton. This was a six-year strategy (1999–2005) for eliminating drug-trafficking and organized crime, strengthening institutions, and…

p. 110
23Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · Página 1991 cita
[25]

erradicación de cultivos de coca vía fumigación con glifosato. En su afán por obtener de Estados Unidos la certi- ficación en la lucha contra el narcotráfico, en 1997 la administra- ción Samper había fumigado 516 hectáreas en Puerto Guzmán y, en 1998, 3.950 en todo Putumayo (Ramírez, 2001, página 19; Rivera, 2003,…

p. 199
24Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 6701 cita
[26]

nacionales y extranjeras como Cargill, Poligrow y Manuelita para explotarlas con proyectos de agroindustria 2239. En otras zonas, la reconfiguración ocurrió por las aspersiones con agentes químicos para erradicar cultivos de coca y marihuana. Las fumigaciones en la Sierra Nevada de Santa Marta habían comenzado desde…

p. 670
25Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 3541 cita
[27]

coca, erradicación manual y glifosato (1999-2016) Fuente: Elaboración analítica SIM con base en datos del Observatorio de Drogas de Colombia. 649 Entrevista 045-VI-00165. Víctima, mujer, Nariño. 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 0 50.000 100.000 150.000 Hectáreas…

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26More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · Página 2971 cita
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taking shots at the Turbo Thrushes and Broncos as they swooped in to drop their loads. Within a year, there would be three such battalions in the field, 3,000 soldiers dedicated to the fumigation campaign. A second brigade was also in the works. These troops would be an army within an army, an Ameri- can-trained and…

p. 297
27Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · Página 1731 cita
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tan riesgoso para la salud y la naturaleza es volver a la aspersión aérea con glifosato?». 502 Nivia y Rapalmira, «Las fumigaciones aéreas sobre cultivos ilícitos sí son peligrosas». 503 Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (Unodc), «Censo de Cultivos de Coca 2014», 97. 504 Programa de…

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28El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · Página 3561 cita
[30]

los de uso ilícito. Es necesario que se lleve a cabo una evaluación continua y siste- mática de la situación de derechos humanos en las zonas donde se concentra la ayuda militar del Plan Colombia, y que se garantice la investigación, el juzgamiento y la reparación integral. Al tribunal Constitucional Ecuatoriano…

p. 356
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1261 cita
[31]

previas a la implementación en 1999 del sistema de Monitoreo de Cultivos de Coca coordinado por UNODC, su fuente son estudios realizados por Estados Unidos. 262 Uribe, «Evolución de los cultivos de coca en Colombia: 1986-2017». Razón Pública. tercer ciclo de afectaciones (1991-2020) 127 Miles de hectáreas sembradas…

p. 126
30La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · Páginas 286, 2872 citas
[32]

el gobierno Bush”, contó con lujo de detalles los siguientes hechos esenciales: 259 Andrés Pastrana “En noviembre de 2000 hubo elecciones presidenciales en los Estados Unidos y resultó vencedor, después de largos y complejos escrutinios, el candidato republicano y hasta entonces gobernador de Texas, George W. Bush.…

p. 287
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los siguientes hechos esenciales: 259 Andrés Pastrana “En noviembre de 2000 hubo elecciones presidenciales en los Estados Unidos y resultó vencedor, después de largos y complejos escrutinios, el candidato republicano y hasta entonces gobernador de Texas, George W. Bush. Fue entonces cuando comenzaron a dar réditos los…

p. 286
31Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2521 cita
[34]

soldados retenidos en Las Delicias. Masacre de 30 campesinos en Mapiri- pán, a manos de los parami- litares, y de 14 campesinos de Mutatá, por las FARC. 1998 Asesinado Fernando Landázabal, ex ministro de Defensa. Muerte del cura Manuel Pérez Martínez, del ELN. Andrés Pastrana, elegi- do. presidente. «Despeje» de los…

p. 252
32Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2681 cita
[35]

Ca- cica», forzó al presidente Pastrana a suspender el proceso y a ordenar la recuperación de la zona de despeje por parte del ejército en febrero de 2002, tres meses antes de la celebración de las eleccio- nes presidenciales. 12 veia” pi ro de 2003, ocasionó treinta y nueve muertos y cerca de ciento setenta heridos.…

p. 268
33Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 3641 cita
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1996 the Colombian government acknowledged the binding nature of Inter- American Commission on Human Rights rulings and agreed to open a national branch of the United Nations Office of the High Commissioner for Human Rights. Since 1998 this office has issued yearly reports, which the Colom- bian government has…

p. 364
34No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4201 cita
[37]

de inteligencia militar dijo a la Comisión de la Verdad que «en la operación que hacíamos de inteligencia, la ayuda gringa era muy, muy mala para nosotros. Otra cosa fue la guerra contra el terrorismo... ahí sí, nos llegaba gente de primer orden, gente muy comprometida y fueron decisivos en muchas cosas» 1215. 1212…

p. 420
35Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 1591 cita
[38]

cien dólares por asesinar a alguien, incluidos políticos y policías. La guerra entre el Estado y el cartel de Medellín, liderado por Escobar, se intensificó entre 1989 y 1990, periodo al que el historiador Marco Palacios se refiere como “de fuego cruzado”. 34 En agosto de 1989, mientras hacía campaña por la…

p. 159
36Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 1221 cita
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of about one hundred dollars to assassinate people, including police officers and politicians. The war intensified from 1989 to 1990, a period that historian Marco Palacios refers to as “the free fire zone.” 9 In August 1989, Luis Carlos Gal á n, while campaigning for the presidency in Soacha, just outside of Bogot…

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37¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 1051 cita
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fin del narcoterro- rismo. La prohibición constitucional de la extradición abrió el camino para la salida a la guerra del narcotráfico contra el Estado y viabilizó la implementación de la figura jurídica del sometimiento a la justicia como ruta para el desmantelamiento del Cartel de Medellín. Este aspecto será…

p. 105
38Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · Página 751 cita
[41]

providing he li cop ters for the army’s use in Arauca. 43 Vice President Al Gore also had extensive family stock holdings in the Los Angeles– based Occidental, which contributed $1.5 million to Congressional and presidential campaigns and h o w p l an c olombia w as s old 59 spent $8.7 million lobbying U.S. officials—…

p. 75
39Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · Página 1511 cita
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del norte’, pero ante las actitudes y propuestas de la ‘ideología’ Bush y sus orientaciones neoliberales y fundamentalis- tas, optó por alejarse de ellas; y si alguien se bene fi ció de los efectos de la política externa americana fue el Presidente Chaávez quien se volvió el multimillonario del planeta y quien…

p. 151