Ensayo · Seguridad Democrática · 2002–2016
Plan Colombia y soberanía
Entre 1998 y 2016, el Plan Colombia reconfiguró de raíz el aparato de seguridad colombiano bajo tutela operativa estadounidense, produciendo unas Fuerzas Militares más capaces que nunca y una arquitectura bilateral de decisión que ninguna administración ha logrado revertir. La pregunta es si eso fue una alianza soberana, una subordinación estructural, o ambas cosas a la vez como paradoja irresuelta.
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La respuesta en breve
El Plan Colombia fue ambas cosas simultáneamente: una coproducción militar genuina que permitió al Estado colombiano revertir sus derrotas frente a las FARC y descabezar su Secretariado entre 2008 y 2011, y una reconfiguración estructural de la jerarquía decisional del aparato de seguridad que instaló métricas, doctrinas e incentivos externos que sobrevivieron al ciclo antidrogas. Colombia fue agente activo —Pastrana buscó la intervención, Uribe la amplió, Santos la usó para negociar desde una posición de fuerza—, pero lo que entró fue una arquitectura bilateral que no salió. El resultado es lo que puede llamarse soberanía compartida operativa: sin pérdida formal de atributos soberanos, pero con el nivel decisional del aparato de seguridad parcialmente desplazado hacia Washington.
Una primera lectura —coproducción exitosa— sostiene que el Plan Colombia salvó al Estado: los helicópteros Blackhawk y Huey, los batallones entrenados por Fuerzas Especiales, los equipos PATTS del Plan Patriota y la inteligencia técnica que hizo posible la Operación Jaque del 2 de julio de 2008 son las condiciones materiales de una victoria que ninguna administración anterior había logrado. Una segunda lectura —subordinación estructural— acepta los resultados militares pero señala que la conducción estratégica se desplazó: el Comando Sur en Florida coordinó la lógica contrainsurgente, circularon tres versiones simultáneas del plan con énfasis distintos según el interlocutor, el 57,5% de los diez mil millones de dólares fue a operaciones antinarcóticos y apenas el 16% a desarrollo social, y las métricas de éxito respondían a la certificación anual del Departamento de Estado más que a un diagnóstico colombiano sobre las causas del conflicto. Una tercera lectura, más incómoda, atraviesa a las dos anteriores: el paramilitarismo no fue una anomalía doméstica tolerada a regañadientes sino un capítulo de la doctrina contrainsurgente hemisférica, con cables desclasificados de la embajada que desde 1996 ya documentaban la connivencia entre sectores de la Fuerza Pública y las AUC de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso. El debate sobre los falsos positivos añade otra capa: el patrón generalizado y sistemático de ejecuciones extrajudiciales bajo el general Mario Montoya entre 2006 y 2008 puede leerse como patología doméstica de la Seguridad Democrática de Uribe, pero también como subproducto predecible de un sistema de incentivos coproducido bilateralmente en el que la producción de bajas era la moneda de intercambio con Washington, y donde la condicionalidad formal de la Ley Leahy operó como legitimación más que como control efectivo.
Ensayo completo
La lectura
¿Fue el Plan Colombia una alianza soberana o el desmontaje bilateral del aparato de seguridad colombiano?
Ambas cosas a la vez. Entre 1998 y 2016, el Plan Colombia fue el instrumento mediante el cual se reconfiguró de raíz el aparato de seguridad del Estado colombiano bajo la tutela operativa de Estados Unidos. Nació en junio de 1998 como un proyecto de desarrollo social del presidente Andrés Pastrana, se transformó en Washington en un programa militarizado orientado a la guerra antidrogas, mutó tras el 11 de septiembre de 2001 en una campaña abierta de contrainsurgencia, financió a lo largo de diecisiete años una modernización militar sin precedentes en Suramérica —cerca de diez mil millones de dólares en total— y terminó por instalar una arquitectura bilateral de decisión, entrenamiento y métricas que sobrevivió al ciclo antidrogas y condicionó la implementación del Acuerdo de La Habana.
Colombia pidió y reescribió a la vez lo que entró por su puerta. El resultado fueron unas Fuerzas Militares más capaces que nunca y una jerarquía decisional externa que ninguna administración colombiana ha logrado revertir. Ese doble producto —capacidad genuina más subordinación estructural— es lo que aquí se llama, sin eufemismo, soberanía compartida.
Colombia entró a 1998 con un Ejército derrotado en el terreno. Las tomas guerrilleras de Las Delicias en 1996, Patascoy en 1997, El Billar en marzo de 1998 y Miraflores en agosto del mismo año habían dejado al descubierto un aparato militar incapaz de sostener control territorial frente a unas FARC que operaban ya como una fuerza de guerra de movimientos. Un Estado en el punto más bajo de su capacidad coercitiva subcontrató su recomposición militar a otro Estado con agenda hemisférica propia. Lo que sigue son las consecuencias.
Y son consecuencias que exceden el balance de la guerra contra las FARC. Trazar —o no— una línea entre modernización militar y captura doctrinaria. Leer los falsos positivos como patología doméstica o como subproducto predecible de un sistema de incentivos coproducido bilateralmente. Explicar por qué el Acuerdo de 2016, firmado con el respaldo de la administración Obama, quedó paralizado en 2017 cuando Washington reordenó sus prioridades bajo Trump. Y, en última instancia, decidir si el concepto mismo de política exterior autónoma sigue siendo aplicable a un Estado cuya inteligencia técnica, doctrina de operaciones especiales, sistema de recompensas y aparato aéreo fueron rearmados desde Miami.
Dos lecturas irreconciliables, una tercera incómoda
Dos interpretaciones fuertes se enfrentan, y ninguna puede despacharse.
La primera —llámese coproducción exitosa— sostiene que el Plan Colombia fue una alianza pragmática que salvó al Estado. En 1998 las FARC negociaban en el Caguán desde una posición de fuerza militar; una década después estaban descabezadas. Manuel Marulanda murió por causas naturales en mayo de 2008; Raúl Reyes cayó bombardeado en Angostura, Ecuador, en marzo de ese mismo año; el Mono Jojoy en septiembre de 2010; Alfonso Cano en noviembre de 2011. Los helicópteros Blackhawk y Huey, los batallones antinarcóticos entrenados por Fuerzas Especiales estadounidenses, los Equipos de Entrenamiento en Planeación y Asistencia que acompañaron el Plan Patriota desde 2003, y la inteligencia técnica que hizo posible la Operación Jaque el 2 de julio de 2008 no son detalles: son las condiciones materiales de una victoria estratégica que ninguna administración anterior había logrado. La ayuda, dice esta lectura, funcionó.
La segunda —la subordinación estructural— acepta los resultados militares pero rechaza que sean el criterio único de evaluación. Sostiene que el Plan Colombia no fue cooperación entre iguales sino reconfiguración de la jerarquía decisional del aparato de seguridad colombiano. Que en 1999 circularan tres versiones simultáneas del plan —una en inglés, otra en español distinta de la inglesa, y una tercera diseñada para Europa con énfasis en desarrollo social, pensada para que Europa financiara la paz mientras Estados Unidos financiaba la guerra— revela que la conducción estratégica se había desplazado. El Comando Sur, con sede en Florida, coordinó la lógica contrainsurgente a través de un grupo militar específico para Colombia. Las métricas de éxito —bajas enemigas, hectáreas fumigadas, capturas— se fijaron en función de la certificación anual del Departamento de Estado. La caracterización de Arlene Tickner como intervención por invitación captura la ambigüedad: Colombia invitó, sí, pero lo que entró fue una arquitectura decisional que no salió.
Una tercera lectura, más incómoda, atraviesa a las dos anteriores: el paramilitarismo no habría sido una anomalía doméstica que Estados Unidos toleró a regañadientes, sino un capítulo de la doctrina contrainsurgente hemisférica en la que operaba el propio Plan. Los cables desclasificados de la embajada estadounidense a finales de 1996 sabían que los paramilitares en Urabá estaban fuera de control. La Doctrina de Seguridad Nacional, importada décadas antes, había legitimado en Colombia el uso de grupos de autodefensa como brazo contrainsurgente. Y las estructuras que combatían a las FARC en Putumayo o Catatumbo coexistían territorialmente con las Autodefensas Unidas de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso. En esta lectura, los paramilitares operaron como subcontratistas de facto de un proyecto contrainsurgente al que Washington aportaba doctrina y financiación mientras exigía formalmente su desmantelamiento.
La evidencia: reescritura, arquitectura, incentivos
El Plan Colombia fue reescrito. La propuesta original de Pastrana en el otoño de 1998 era un programa de redistribución social y presencia estatal en zonas de abandono: un Plan Marshall para Colombia. En el plazo de un año, tras las consultas con el Congreso estadounidense, los think tanks de Washington y el liderazgo militar del Pentágono, esa versión fue descartada. La que se presentó públicamente en septiembre de 1999 —redactada por funcionarios civiles del Departamento de Planeación con apoyo del Ministerio de Defensa— ya enfatizaba ataques militares en regiones cocaleras y fortalecimiento de las Fuerzas Armadas. Las tres versiones simultáneas en tres idiomas, con énfasis diferentes según el interlocutor, no son un detalle diplomático: muestran que la conducción del plan se había fragmentado y que Colombia jugaba, con notable habilidad instrumental, en tableros distintos a la vez.
De los diez mil millones de dólares que costó el plan en sus años de mayor actividad, el 57,5% se destinó a operaciones contra narcotráfico y crimen organizado, el 26,5% al fortalecimiento institucional y apenas el 16% a desarrollo social y económico. La inversión inicial de seis años —7.500 millones de dólares, con 4.000 aportados por Colombia y 3.500 principalmente por Estados Unidos— tenía como objetivo profesionalizar a 180.000 militares y 100.000 policías. El componente social prometido por Pastrana nunca se materializó. Ahí aparece la primera evidencia de subordinación: el vector de la inversión no respondía a un diagnóstico colombiano sobre las causas del conflicto —que hubiera exigido reforma agraria, presencia estatal integral, sustitución voluntaria de cultivos— sino a un diagnóstico estadounidense sobre la oferta de cocaína.
La arquitectura bilateral se materializó en Miami. El Comando Sur estableció un grupo militar específico para Colombia encargado de acompañar, formar, asesorar y fortalecer a las Fuerzas Armadas. El Plan Patriota, puesto en marcha en junio de 2003 sobre los Llanos del Yarí y el río Caguán, fue diseñado desde ese comando. Los Equipos de Entrenamiento en Planeación y Asistencia acompañaron las operaciones. Contratistas militares privados, cuyo número el Congreso estadounidense dejó de limitar después del 11 de septiembre, jugaron un papel del que no siempre queda registro público. El Congreso también autorizó hasta 800 miembros de Fuerzas Especiales estadounidenses en territorio colombiano. La primera fase de la campaña en 2003, en las provincias cundinamarquesas de Oriente, Gualivá, Rionegro y Sumapaz, destruyó el Frente 22 y varias columnas móviles especiales de las FARC, desarticulando el cerco sobre Bogotá. Fue un éxito militar. Fue también la primera vez que Estados Unidos se involucró de manera tan directa en la lucha contrainsurgente colombiana, con un hermetismo que rodeó cada fase de la operación.
El giro posterior al 11S marcó el punto de no retorno. Antes de septiembre de 2001, el embajador Myles Frechette había sido categórico: no habría asistencia estadounidense para combatir a las guerrillas, por consideraciones de derechos humanos y por la memoria centroamericana. La Ley Leahy, vigente desde 1997, exigía a las embajadas verificar las unidades receptoras de ayuda. Después del 11S, la ficción de la separación entre antinarcóticos y contrainsurgencia se abandonó formalmente: el Congreso amplió el uso de la ayuda para incluir contraterrorismo y contrainsurgencia, y desde la segunda mitad de 2002 la asistencia se dirigió abiertamente a la confrontación político-militar. La categoría de narco-guerrilla —que había estado circulando desde los años noventa— cumplió su función articuladora: fusionó en un solo enemigo lo que en la práctica requería tratamientos distintos, y le dio cobertura discursiva a un tipo de guerra en el que la distinción entre combatir el tráfico y combatir la subversión dejó de ser operativamente relevante.
En ese mismo período la coexistencia con el paramilitarismo se volvió estructural, no incidental. La Comisión de la Verdad estableció que entre 2000 y 2002 la responsabilidad estatal incluyó la actuación premeditada y sistemática de agentes de la fuerza pública para favorecer la consolidación de grupos paramilitares. El DAS fue señalado como la institución con mayor nivel de articulación con el paramilitarismo en la historia del país. El Bloque Calima coordinó desplazamientos con la Infantería de Marina en Buenaventura. Los oficiales que investigaron esos vínculos —el general Carlos Arturo Suárez Bustamante, el coronel Velásquez que denunció al general Rito Alejo del Río en Urabá— no fueron ascendidos: fueron retirados. Sostener que Washington no lo sabía es insostenible: los cables desclasificados de la embajada desde 1996 ya lo señalaban. La ayuda formal fluyó a las Fuerzas Militares mientras el trabajo sucio quedó a cargo de estructuras adyacentes con las que sectores del Ejército mantenían connivencia operativa.
Falsos positivos: el precio contable
Entre marzo de 2006 y noviembre de 2008 —los años en que el general Mario Montoya Uribe comandó el Ejército— se produjo el mayor aumento porcentual de ejecuciones extrajudiciales bajo cualquier comandante en la década. El coronel retirado Robinson González del Río, en declaraciones ante la Fiscalía y luego ante la Jurisdicción Especial para la Paz, describió cómo Montoya instruía a subordinados a incrementar las bajas ofreciendo quince días de licencia y un millón de pesos por cada baja reportada, con cargo a gastos reservados de inteligencia. La Fiscal de la Corte Penal Internacional caracterizó posteriormente el patrón como generalizado y sistemático, equivalente a un crimen de lesa humanidad.
La lectura fácil atribuye este horror exclusivamente a la política de Seguridad Democrática de Uribe y a la doctrina interna de recompensas. La más difícil —y más honesta— reconoce que el sistema de incentivos operaba dentro de un marco bilateral en el que las métricas de éxito, la presión por resultados cuantificables y la certificación anual de progreso creaban condiciones estructurales para que la producción de cuerpos se convirtiera en la moneda de intercambio con Washington. Los falsos positivos no fueron un producto estadounidense; fueron un producto de la arquitectura bilateral, ejecutado por manos colombianas dentro de una lógica de rendición de cuentas que respondía tanto al mando civil de Bogotá como a las certificaciones semestrales de Foggy Bottom.
La condicionalidad formal operó como legitimación más que como control efectivo. La secretaria Hillary Clinton certificó el 20 de agosto de 2012 que el gobierno y las Fuerzas Armadas colombianas cumplían los requisitos legales en materia de derechos humanos, en un momento en que las evidencias sobre falsos positivos ya eran públicas y en que Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la Oficina de Washington para América Latina habían presentado evidencia contradictoria al Departamento de Estado. El gobierno colombiano bloqueó, además, legislación destinada a garantizar que las violaciones cometidas por militares se juzgaran en tribunales civiles. Un ritual de compatibilidad, no un filtro: un mecanismo que permitía sostener el flujo de ayuda pese a la evidencia acumulada.
Soberanía compartida operativa
El Plan Colombia no se reduce a ninguno de sus términos aislados. No fue simplemente modernización militar exitosa: la victoria estratégica contra las FARC —real, medible, con el Secretariado descabezado entre 2008 y 2011 y las bajas del conflicto reducidas a casi cero en 2016— fue coproducida hasta un punto que hace difícil imaginar cómo hubiera ocurrido sin la asistencia externa. Pero tampoco fue simplemente ocupación por otros medios: el Estado colombiano fue un agente activo, no un receptor pasivo. Pastrana buscó la intervención para compensar derrotas militares que amenazaban con volver ingobernable al país. Álvaro Uribe la amplió y la nacionalizó bajo la Política de Seguridad Democrática. Juan Manuel Santos la usó, desde el Ministerio de Defensa primero y desde la Presidencia después, para negociar en La Habana desde una posición de fuerza que solo la asimetría militar hacía posible.
Soberanía compartida operativa: no una pérdida formal de atributos soberanos —Colombia siguió firmando sus decretos, presentando sus presupuestos, votando en la ONU— sino una reconfiguración del nivel decisional en el que se determinan las prioridades del aparato de seguridad. Las métricas se fijaron en Washington. La doctrina de objetivos de alto valor —el Plan Burbuja, orientado a la eliminación paulatina de los 31 jefes del Estado Mayor Central de las FARC bajo el concepto de victoria diluida— fue diseñada bajo influencia doctrinaria estadounidense. La inteligencia técnica que permitió interceptar y suplantar las comunicaciones internas de las FARC hasta hacer posible la Operación Jaque fue desarrollada con asesoría directa. El giro posterior al 11S, que amplió la ayuda de antinarcóticos a contrainsurgencia, se decidió en el Congreso estadounidense. La condicionalidad de derechos humanos se ejerció desde el Departamento de Estado. Y cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca en 2017 y ordenó privilegiar la erradicación forzada sobre la sustitución voluntaria pactada en el Acuerdo de La Habana, el gobierno colombiano incumplió de manera crasa los acuerdos de paz para obedecer los mandatos de la administración estadounidense. Ese incumplimiento —adoptado bajo un presidente colombiano que no había firmado el acuerdo pero que había heredado su implementación— muestra con nitidez que la jerarquía decisional instalada por el Plan Colombia excedía el ciclo antidrogas y condicionaba las decisiones más estratégicas del Estado colombiano.
Esta soberanía compartida tiene una particularidad que la distingue de otras formas históricas de tutela: no fue impuesta sobre un Estado renuente, sino demandada por un Estado en crisis. Es esa demanda activa lo que la vuelve tan difícil de revertir. Los cuadros militares colombianos entrenados desde 2000 en Tolemaida, Larandia, Tres Esquinas, Palanquero y Apiay hicieron carrera dentro de una doctrina, un idioma técnico y un sistema de incentivos coproducidos. La institucionalidad de inteligencia se rehízo con arquitectura estadounidense. La Fuerza Aérea se recapitalizó con aeronaves estadounidenses. El sistema de recompensas, la doctrina de operaciones especiales y el concepto mismo de bajas de alto valor como criterio de éxito militar quedaron incorporados. Cuando el ciclo antidrogas terminó nominalmente con Paz Colombia en 2016, la arquitectura no se desmontó: se reorientó.
Los falsos positivos y la coexistencia con paramilitares son subproductos de esta hibridación. No son ni patología puramente doméstica ni imposición puramente externa: son lo que ocurre cuando un aparato militar con doctrina contrainsurgente heredada de la Guerra Fría se ve sometido a una presión bilateral por resultados cuantificables, sin control civil efectivo sobre sus jerarquías internas, con incentivos monetarios y de ascenso ligados a bajas enemigas, y con una condicionalidad de derechos humanos que en la práctica se resolvía en certificaciones favorables pese a la evidencia. La responsabilidad primaria de los crímenes es colombiana —los ejecutaron soldados colombianos bajo órdenes de oficiales colombianos, y los encubrió una estrategia de guerra jurídica diseñada por el propio gobierno para estigmatizar a las organizaciones denunciantes—. Pero la arquitectura de incentivos en la que operaron era bilateral, y las certificaciones que sostuvieron el flujo de ayuda pese a las advertencias del relator especial de la ONU Philip Alston y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos fueron una decisión política estadounidense.
El posconflicto como prueba
La pieza menos resuelta del rompecabezas es el posconflicto. El Acuerdo del Teatro Colón, firmado el 24 de noviembre de 2016 tras el rechazo plebiscitario del primer texto, contenía una apuesta que corría en sentido contrario a la lógica del Plan Colombia: la Reforma Rural Integral y la sustitución voluntaria de cultivos suponían atender por fin las causas estructurales que el enfoque de oferta antinarcótica había subordinado durante dos décadas. Que la implementación de esa apuesta haya sido bloqueada tan rápidamente por el giro de la administración Trump y aceptada tan dócilmente por el gobierno colombiano de turno indica que la arquitectura bilateral no fue una fase superable sino una condición estructural. Cuánto de esa dependencia puede desmontarse sin colapsar la capacidad militar coproducida es una pregunta que ninguna administración desde 2016 ha respondido con claridad.
La dependencia estratégica instalada por el Plan Colombia condicionó no solo la guerra y la paz, sino la posición hemisférica del país: la relación con Ecuador tras el bombardeo de Angostura, la relación con Venezuela a lo largo de dos décadas de fricción, la vocación de Colombia como aliado estratégico de Washington en un continente que caminaba en direcciones distintas. El sujeto que emergió del Plan Colombia no es el Estado que entró en él en 1998: es un Estado militarmente más fuerte, estratégicamente más subordinado y doctrinariamente enredado en una arquitectura bilateral que ninguno de sus arquitectos originales imaginó que duraría tanto. La victoria militar sobre las FARC ya está cobrando su precio, y ese precio se paga en la moneda de las decisiones que Bogotá ya no toma sola.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
55 documentos · 73 fragmentos de referencia01Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 65, 692 fragmentos
[1]concebido por el propio Andrés Pastrana, el 8 de junio de 1998, se trataba de una iniciativa nuclear de su Plan de Desarrollo, resultando acogida por el presidente estadounidense Bill Clinton, en diciembre de 1998, cuando prometió destinar más ayuda militar a Colombia a fin de combatir las drogas y fortalecer la…
p. 65
[12]la lucha guerrillera como Apiay, en el departamento de Meta, o Tolemaida, en el departamento de Cundinamarca; la base de Putumayo, donde se alojan los batallones de la Brigada XXVII; y la conformación de la Brigada Antinarcóticos del Ejército en el Fuerte Militar de Larandia, en el departamento de Caquetá. Dicho de…
p. 69
02Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1471 fragmento
[2]de los programas planteados en el marco de la política de paz, el Plan Colombia fue el más importante y abarcó el mayor esfuerzo del gobierno: El Plan Colombia se desarrollará, principalmente en zonas críticas del conflicto. Aquellas regiones del país que han tenido presencia continua, durante varios años, de actores…
p. 147
03Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 113, 1422 fragmentos
[3]end the country’s internal conflict involved not only negotiations with the insurgency but also the development of a massive $7.5 billion development plan that would be financed by the Colombian government and international contributors. The original proposal in the fall of 1998 focused upon social redistribution and…
p. 142
[13]of “anti-Commu- nism,” “counternarcotics,” and presently the “war against terrorism.” These various missions have been utilized to justify continued military aid to Latin America, providing the United States with another lever of influence in the region. In Latin America, the U.S. Southern Command is the leading…
p. 113
04Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 307, 3114 fragmentos
[4]Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…
p. 307
[5]Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…
p. 307
[17]y asistencia técnica, y para consultas sobre estrategia. Aun cuando es cierto que Colombia habría podido derrotar a las FARC sin la ayuda de los Estados Unidos, su colaboración contribuyó en medida considerable a los logros de Uribe. Uno de los principales analistas políticos colombianos estima en un 40 % la…
p. 311
[25]y asistencia técnica, y para consultas sobre estrategia. Aun cuando es cierto que Colombia habría podido derrotar a las FARC sin la ayuda de los Estados Unidos, su colaboración contribuyó en medida considerable a los logros de Uribe. Uno de los principales analistas políticos colombianos estima en un 40 % la…
p. 311
05At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2921 fragmento
[6]And as Pastrana ’ s plan cycled through the US policy establishment in 1998 and 1999, the majority of representatives in US Congress, the heads of US foreign policy think tanks, and military leaders all converged on their views that Colombia ’ s social and political crisis at the time was an illegal narcotics problem…
p. 292
06War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 66, 1332 fragmentos
[7]the first draft of the plan was produced in the U.S. Plan Colombia was never discussed in the Colombian Congress or by the Colombian people. It was devised in the U.S. to be applied in Colombia. There are three versions of Plan Colombia — one in English, another in Spanish that is different from the one in English and…
p. 133
[20]official rhetoric of Plan Colombia to expose the reality behind it. In the words of one report, "It is clear that Plan Colombia's intent is to combat the principal threat to the nation's political and economic elite: the FARC." 16 This conclusion is further supported by the Plan's actual implementation. The Colombian…
p. 66
07No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4171 fragmento
[8]narrativa puede ser rastreada en diversas fuentes secundarias que ya han sido mencionadas y corroboradas con los testimonios dados por altos funcionarios estadounidenses en el marco de los seminarios web, organizados por la Embajada de Colombia en Estados Unidos: Embajada de Colombia en EE. UU. («Plan Colombia: Una…
p. 417
08Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 28, 2502 fragmentos
[9]versión, en septiembre de 1999, el Plan Colombia fue presentado siempre como un proyecto de ayuda exclusiva a la lucha contra el narcotráfico (García, 2001), aunque es claro que en su origen estaba la preocupación por las derrotas sufridas por el Ejército a manos de la guerrilla. Como en aquel momento el gobierno…
p. 250
[18]de toque de la política estadounidense en el país. En efecto, Washington ha considerado el Plan Colombia el programa clave en su estrategia antinarcóticos para la región andina. En éste se combinan las medidas antinarcóticos precedentes —fumigación de cultivos ilícitos, control de precursores químicos, destrucción de…
p. 28
09Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 1101 fragmento
[10]la Paz, la Prosperidad y el Fortalecimiento del Estado), known as Plan Colombia, 34 was put in place by the administration under Colombian President Pastrana and US President Clinton. This was a six-year strategy (1999–2005) for eliminating drug-trafficking and organized crime, strengthening institutions, and…
p. 110
10Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 366, 4222 fragmentos
[11]Documentation Project (NSA). 4. 708 En ese momento era asistente del secretario de Estado; entre 2007 y 2010 fue el embajador estadounidense en Colombia. narcotráfico como protagonista del conflicto armado y factor de su persistencia 367 no mezclar objetivos, buscando equilibrar la asistencia antidrogas «dura» con el…
p. 366
[34]sirvió, entonces, de la militarización de territorios considerados como zonas especiales de orden público y del desarrollo de acciones cívico-militares para atender las necesidades básicas de la población, como medio para ganar su simpatía y, a la vez, realizar labores de inteligencia, obteniendo información a través…
p. 422
11El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 2992 fragmentos
[14]terrorismo”. Al fin se oficializaba lo practicado desde la “Iniciativa Andina” del presidente 299 Capítulo XV George Bush, padre. El Congreso también aprobó el aumento de hasta 800 miembros de sus Fuerzas Especiales en Colombia, y eliminó el límite que existía sobre la cantidad de mercenarios contratados por las…
p. 299
[15]terrorismo”. Al fin se oficializaba lo practicado desde la “Iniciativa Andina” del presidente 299 Capítulo XV George Bush, padre. El Congreso también aprobó el aumento de hasta 800 miembros de sus Fuerzas Especiales en Colombia, y eliminó el límite que existía sobre la cantidad de mercenarios contratados por las…
p. 299
12Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 7891 fragmento
[16]tienen Equipos de Entrenamiento en Planeación y Asistencia (PATTS, por su sigla en inglés) para apoyar el Plan Patriota. Durante la primera fase de la campaña (2A) en 2003, los militares dieron grandes golpes a las FARC en el departamento de Cundinamarca, que rodea a Bogotá, los cuales tuvieron como resultado varios…
p. 789
13Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 4371 fragmento
[19]cultivations dominated. With the installation of a radar system from the United States in Vichada, aerial interdictions began against suspected narco-trafficking flights. United States-Colombia Security Cooperation and Plan Colombia Although the hardening of Colombia's antidrug policies stemmed from the upsurge of…
p. 437
14Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3581 fragmento
[21]tráfico de drogas, que permitían asegurar además el encadenamiento hacia Norteamérica. En este caso en particular, las políticas de seguridad tienen que ver con la presencia activa de Estados Unidos en la región. Durante la guerra fría, este país construyó todo un dispositivo de seguridad mediante el establecimiento…
p. 358
15Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 2071 fragmento
[22]fueran calificados en términos distintos a los de una expresión terrorista. Por ese acon- tecimiento, los Estados Unidos declararon la guerra mundial con- tra el terrorismo, lo que conllevó que redefinieran su política de ayuda a Colombia, permitiendo que se utilizara en contrainsur- gencia y no exclusivamente en…
p. 207
16Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 11 fragmento
[23]In: Colombia ISBN: 978-1-53614-264-8 Editor: Augusto Jacinto Espino © 2018 Nova Science Publishers, Inc. Chapter 1 C OLOMBIA: B ACKGROUND AND U.S. R ELATIONS * June S. Beittel A BSTRACT Colombia is the third most populous country in Latin America, with roughly 49 million inhabitants. A key U.S. ally in the region,…
p. 1
17Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 96, 2142 fragmentos
[24]llamada “zona de distensión”, un territorio de más de 42 mil kilómetros que el gobierno cedió al control de la guerrilla. El gobierno y las FARC se reunieron durante más de dos años sin obtener ningún resultado concreto, hasta que en febrero de 2002, pocos meses antes de culminar su gobierno, Pastrana declaró el fin…
p. 214
[35]a la seguridad de EU. Si bien las dro- gas son un pe- ligro, no son la amenaza prin- cipal. Tomando como referen- cia áreas pro- ductoras, lo son más los grupos insurgentes (o terroristas). Las drogas jun- to con otras ac- tividades ilega- les, se alimentan de las ventajas de la globaliza- ción y corres- ponden al…
p. 96
18Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 2841 fragmento
[26]Súper Tucano. La estrategia de objetivos de alto valor, también recibió el nombre de Plan Burbuja: encontrar a cada jefe del estado mayor de las Farc-EP (31) y darlos de baja con grupos especiales. Ya para ese entonces las Fuerzas Militares eran conscientes de la adaptación de las Farc-EP y este plan Burbuja tenía de…
p. 284
19Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 357, 3652 fragmentos
[27]una tarea de siempre. Inicialmente, sin apoyo de las tecnologías de punta de las cuales dispone hoy. En su largo trasegar, en Inteligencia han aprendido a reconocer voces, estilos de comunicación y otras peculiaridades de los operadores de las comunicación de las organizaciones al margen de la ley y sus protagonistas.…
p. 365
[29]ciudad muy violenta a ser modelo para la innovación urbana en un lapso de solo dos décadas. Se destacan las soluciones creativas, el sistema de transporte masivo, el primer teleférico del mundo, los parques biblioteca y las escaleras mecánicas urbanas”. La incruenta “Operación Jaque”, un golpe perfecto La “Operación…
p. 357
20Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 2121 fragmento
[28]la inferior–, llama dos o tres veces, a las 9: “Hola, hola”, y espera, “hola, hola”, y espera, y si a la tercera vez no le contesta la India, apaga el radio, y mañana será otro día, o pasado mañana, o dentro de ocho días, o dentro de quince días. No le contesta porque está lloviendo, o porque hay rayos, se están…
p. 212
21Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 851 fragmento
[30]general Castellanos, quien triunfó en Cundinamarca co- mandando la Operación Libertad Uno, el que ahora fracase usando la misma estrategia y al mando de la Fuerza de Tarea Omega en el sur del país, con un contexto de guerra diferente y en un terreno y condiciones socioeconómicas radicalmente opuestas a las de…
p. 85
22Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 2571 fragmento
[31]de las Farc, por un infarto, pero en medio de una apretada persecución por parte de nuestras Fuerzas Armadas. Como dije en mi libro Jaque al terror, lo que vivieron las Farc entre finales de 2006 y mediados de 2008, en particular, podría considerarse como su Annus horribilis. En ese periodo se invirtió la ecuación de…
p. 257
23¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1251 fragmento
[32]Marulanda Vélez, presuntamente por causas naturales, en mayo del mismo año. A estas se sumaron las de Víctor Julio Suárez, alias Jorge Briceño o Mono Jojoy, co- mandante militar de las FARC, en septiembre del 2010, y la de Guillermo León Sáenz, alias Alfonso Cano, máximo comandante de las FARC tras la muerte de Manuel…
p. 125
24More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 2821 fragmento
[33]was where guerrillas walked, not portly drug kingpins. Washington remained reluctant to commit to direct counterinsur- gency. Only the Colombian military and some Beltway hotheads claimed that the FARC was a "cartel." Both Frechette and Colombian police chief Rosso Jose Serrano routinely iced down these allegations as…
p. 282
25La masacre de El Tigre. Un silencio que encontró su vozGonzalo Sánchez G., Martha Nubia Bello Albarracín, Andrés Cancimance López · 2011 · p. 301 fragmento
[36]acciones del paramilitarismo en contra de la subversión, lo cual aumentó la violencia en la región. De hecho “la caracterización realizada por los militares de los grupos guerrilleros como narcotraficantes – narco-guerrilla –, en lugar de grupos armados con motivaciones políticas, no sólo legitima la violencia y el…
p. 30
26Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 4131 fragmento
[37]a la seguridad son multidimensionales y requieren respuestas igualmente multi- dimensionales. Es decir que, si bien los acontecimientos del 9/11 forzaron al mundo entero a fijar sus prioridades en torno al tema de la seguridad, aun así cabe la posibilidad de concebir la seguridad en términos más amplios y de-…
p. 413
27"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 60, 682 fragmentos
[38]marzo de 2006 a noviembre de 2008, coincide con el mayor aumento en las ejecuciones extrajudiciales –144%– bajo el mando de cualquier comandante del Ejército durante el periodo. Según un oficial de alto rango entrevistado para este estudio, el general Montoya le dijo: “Mire, es que usted frenó, ya no tiene bajas, en…
p. 68
[50]y Colombia. Legis- laciones de EE.UU., tales como la Ley Leahy, utilizaban la zanahoria de la asistencia militar –la mayoría de la cual no se centró en los derechos humanos– para incenti- var las sanciones contra los infractores, con la amenaza de negar la asistencia a las unidades en las que se encontraban los…
p. 60
28Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 1712 fragmentos
[39]data of the first half of the year, the total for the year was ninety-five incidents and 175 victims, a de- crease from the 149 cases in 2007 but an increase from the sixty-eight of 2006. 13 A year later, the new policies seemed to be working. An investiga- tion by the Jesuit think tank Center for Research and Popular…
p. 171
[40]data of the first half of the year, the total for the year was ninety-five incidents and 175 victims, a de- crease from the 149 cases in 2007 but an increase from the sixty-eight of 2006. 13 A year later, the new policies seemed to be working. An investiga- tion by the Jesuit think tank Center for Research and Popular…
p. 171
29Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 115, 8872 fragmentos
[41]pertenecen a la Armada Nacional (Batallón de Fusileros de la Infantería de Marina n. o 4, Primera Brigada y Brigada de Infantería de Marina n. o 01, Fuerza Naval del Caribe). 247 United States Embassy Bogotá, «Document Number Bogotá 11877: Human Rights in Colombia - Widespread Allegations», 29 de julio de 1990,…
p. 115
[45]la derrota del ene- migo solo era posible con su eliminación. Con la priorización de las bajas no solo se desconoció la pluralidad de misiones constitucionales que tenía la fuerza pública 3164, sino que se tejieron dos discursos para dotarlas de legitimidad: por una parte, se usó la «guerra jurídica» a nivel interno,…
p. 887
30Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 3941 fragmento
[42]humanos en Colombia, A/HRC/ 22 / 17 /Add. 3, 07 de enero de 2013, párrafo 75. 705 Coordinación Colombia – Europa – Estados Unidos y Observatorio de derechos humanos y derecho humanitario. (2008). Informe Final de la Misión Internacional de Observación sobre Ejecuciones Extrajudiciales e Impunidad en Colombia. Bogotá,…
p. 394
31Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4811 fragmento
[43]la Verdad constituye para las víctimas una esperanza de acercar los reclamos de verdad, memoria y justicia sobre una de las más atroces prácticas genocidas del terrorismo de Estado en Colombia 1228. Así mismo, el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló que: 1226 Ibíd. 1227 Entrevista…
p. 481
32Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 4381 fragmento
[44]Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 28 de septiembre de 2008, Comu- nicado de Prensa). Es importante resaltar, como ya se anotó, que en este tipo de desapariciones la justificación de la lucha contrainsurgente per- manece como en los períodos anteriores, pero de lo que en verdad 439 6…
p. 438
33El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1931 fragmento
[46]a su familia, etc.) hasta el 11 imandante paramilitar en proceso de reinserción. IH 7. ()tra forma importante de ceguera activa es el tratamiento dentro de las agencias del Estado de aquellos que denunciaron la relación de agentes estatales con el paramilitarismo. A muchos no les fue bien. Por ejemplo, el coronel…
p. 193
34America's Other War: Terrorizing ColombiaDoug Stokes · 2005 · p. 1202 fragmentos
[47]conditions – that of bringing to the civil courts military personnel who have committed gross violations of human rights – a recent report disputes the effective implementation of even this basic safeguard. The report, prepared by Amnesty International, Human Rights Watch and the Washington Office on Latin America,…
p. 120
[48]conditions – that of bringing to the civil courts military personnel who have committed gross violations of human rights – a recent report disputes the effective implementation of even this basic safeguard. The report, prepared by Amnesty International, Human Rights Watch and the Washington Office on Latin America,…
p. 120
35Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · p. 441 fragmento
[49]paramilitaries, investigating complaints of human rights abuses, and prosecuting those against whom credible charges have been made. 175 Since 2002, Congress has made funding to the Colombian military contingent on these certifications. 176 In the latest certification, issued on August 20, 2012, Secretary Clinton…
p. 44
36Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 69, 2572 fragmentos
[51]pushed the core of coca growing toward Colombia, where traditional drug traffickers, the paramilitaries, and guer - rillas adapted and found in it new sources of maintenance and expansion. 2 Colombian paramilitary groups consolidated in April 1997 into the Au - todefensas Unidas de Colombia (United Self- Defense…
p. 69
[53]of Latin American Studies (winter/spring 2006): 35–39. 36. Pendergrast, For God, Country, 425. 37. Inter- American Commission of Human Rights, “Third Report on the Human Rights Situation in Colombia” (oea /Ser.L/V/II.102, Doc. 9, rev. 1), February 26, 1999. 38. “Soldado que denunció al general r Rito Alejo del Río fue…
p. 257
37Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1961 fragmento
[52]derechos humanos llevó a la aprobación de la Ley Leahy. Se trata de un texto que prohíbe la utilización de fondos estadounidenses por parte de unidades militares si el comportamiento en materia de derechos humanos viene a ser puesto en entredicho de manera creíble (Tate, 2011). El perímetro de la ley se fue…
p. 196
38Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 751 fragmento
[54]identificar algunos focos de tensión, persecución y hostigamiento del Ejército hacia al- gunos bloques que operaron en las zonas mencionadas. Por ello, pese a la ten- dencia de connivencia, es primordial destacar qué unidades militares nunca se alinearon al accionar paramilitar y honraron el mandato constitucional. En…
p. 75
39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1331 fragmento
[55]coca provenientes de la zona alta de la cordillera caucana (Balboa, Argelia y Mercaderes). Con esta motivación, el Frente Pacífico del Bloque Calima extendió su área de influencia desde el bajo Calima hasta los munici- pios de la costa caucana 492. El despliegue en esta zona estuvo a cargo de El Cabo y un grupo de…
p. 133
40Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 911 fragmento
[56]funcionarios del Estado del DAS, la dirección del DAS, estaba articulada con las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio [...] No pareciera que hubiese una responsabilidad institucional del liderazgo político y del liderazgo institucional de las Fuerzas Armadas, el nivel de articulación de la infraestructura…
p. 91
41Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1801 fragmento
[57]Rodríguez (alias Aguilar) en Justicia y Paz. Es de anotar que el General Mauricio Santoyo jugó un papel importante al ser el facilitador de las comunicaciones entre la fuerza pública y los paramilitares 584. El mismo informe concluyó que: Durante el periodo de agudización del conflicto (2000-2002), la responsabilidad…
p. 180
42Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 252, 2572 fragmentos
[58]Office on Latin America, WOLA, «Drogas y democracia en Latinoamérica: El impacto de las políticas Estadounidenses», En: http://www. seguridadydemocracia.org/docs/pdf/externos/wola.pdf vi. Significados e impactos de la masacre de bojayá en el orden internacional 253 En materia de seguridad y orden público, hay que…
p. 252
[59]paramilitares, así como la propia evolución de la sumatoria debili- dad estatal-degradación del conflicto: Un reporte de inteligencia de la CIA [Central Intelligence Agency] para Altos Oficiales de Estados Unidos de una semana después de Bojayá dijo que la tragedia exponía “la inhabilidad de Bogotá para controlar…
p. 257
43Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1321 fragmento
[60]que, en las condiciones de auge del narcotráfico, dio bríos a un paramilitarismo de segunda generación, de la cual el narco- paramilitarismo de las auc fue una de sus variantes más siniestras y exitosas. A partir de las premisas de la doctrina contrainsurgente y de la guerra de baja intensidad, también conocidas en la…
p. 132
44Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 281 fragmento
[61]de las pruebas de las personas asesinadas, generando terror en el conjunto de la población e imposibilitando el proceso de duelo de los familiares. 29 Elementos p a ra una g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia En suma, la línea de interpretación anterior nos posibilita ampliar la reflexión a la hora de…
p. 28
45Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1581 fragmento
[62]el plan Consolidación, que pretendía que las Fuerzas Militares se acercaran a la población civil, para «la recuperación social del 624 Ibíd. 625 El Tiempo reseñaba la enorme capacidad de la unidad y destacaba que es «la única capaz de movilizar mil de sus cerca de seis mil hombres, en cuestión de horas, a las zonas…
p. 158
46La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica, Fundación Prolongar · 2017 · p. 641 fragmento
[63]no tenían. La creación de los batallones de alta mon- taña fue clave en el desarrollo de esta fase. Otro componente importante en el despliegue de la Políti- ca de Seguridad Democrática fue el desarrollo de “operaciones ofensivas”, en donde se realizó el Plan Patriota. Su objetivo fue recuperar el control de la…
p. 64
47Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 951 fragmento
[64]artículo de otros tantos artículos plasmados en el libro «Mas allá del Embrujo» (tercer año de gobierno de Álvaro Uribe) editado por Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Bogota, www.plataforma-colombiana.org. 96 Efectivamente, el Plan Colombia, que cuatro años más tarde fue rebautizado Plan Patriota —…
p. 95
48Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 951 fragmento
[65]artículo de otros tantos artículos plasmados en el libro «Mas allá del Embrujo» (tercer año de gobierno de Álvaro Uribe) editado por Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Bogota, www.plataforma-colombiana.org. 96 Efectivamente, el Plan Colombia, que cuatro años más tarde fue rebautizado Plan Patriota —…
p. 95
49Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1921 fragmento
[66]2 4 8 105 83 7 7 1 1 35 42 44 12 4 5 3 2 2 2 1 1 10 135 60 42 20 18 20 19 37 52 38 27 40 4 9 1 24 2 7 7 2 Agente del Estado Desconocido Grupo paramiltar Otro Sin información Grupo posdesmovilización Grupo armado no identificado Guerrilla Agente del Estado Desconocido Otro Grupo paramilitar Crimen organizado Grupo…
p. 192
50Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 451 fragmento
[67]del bloque más numeroso de las F A R C (septiembre de 2010) y el máximo comandante (noviembre del 2011). Las gestiones continuaron y a principios de 2012 se inició una fase exploratoria que se prolongaría durante seis meses hasta que, el 26 de agosto, se dio a conocer el documento conjunto Acuerdo general para la…
p. 45
51Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 1152 fragmentos
[68]el contrario, ha contribuido a dilatar el proceso, lo que a la vez ha generado un precedente negativo para Colombia a nivel internacional. El Estado colombiano aún no ha comprendido del todo los verdaderos alcances del fallo y tampoco ha logrado crear una estrategia adecuada para frenar la pretensión de Nicaragua…
p. 115
[69]el contrario, ha contribuido a dilatar el proceso, lo que a la vez ha generado un precedente negativo para Colombia a nivel internacional. El Estado colombiano aún no ha comprendido del todo los verdaderos alcances del fallo y tampoco ha logrado crear una estrategia adecuada para frenar la pretensión de Nicaragua…
p. 115
52Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1361 fragmento
[70]medias y falsas noticias para confundir a la opinión pública, como lo aseveró de forma explícita el coordinador de la campaña por el No a los Acuerdos de la Habana, posteriormente ajustados por los firmantes en el nuevo Acuerdo del teatro Colón, firmado el 24 de noviembre de 2016. 20 _______________ 1 Ver Grupo de…
p. 136
53La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 3151 fragmento
[71]proceso, e incluso llegó a reunirse en un par de ocasiones con el expresidente Uribe para explicarle las bondades del proceso, y con el presidente Maduro en Venezuela. Un verdadero diplomático y hombre de acción que se la jugó por la paz de Colombia. EL CASO DE SIMÓN TRINIDAD Un tema que siempre estuvo en la mente de…
p. 315
54¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 1291 fragmento
[72]en la que Estados Unidos necesariamente involucraría a Colombia como punta de lanza de una “coalición”. Las probabilidades de que un conflicto de estos sea de corta duración son extremadamente bajas. Hay otro efecto, quizás menos visible, pero con un gran peso potencial sobre la probabilidad de recaer en un nuevo…
p. 129
55Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3261 fragmento
[73]en 2016 disminuyó a casi cero el número de muertos asociados con la guerra entre las FARC y el Estado colombiano. El ELN, por su parte, comenzó conversaciones de paz con el Gobierno colombiano en Quito (Ecuador), en febrero 2017, pero sigue activo, y lo cierto es que aún hoy en día continúa secuestrando y realizando…
p. 326