Fuerte Militar de Tolemaida
“Tolemaida no es simplemente una guarnición: es el laboratorio permanente donde Colombia ha ensayado, desde mediados del siglo XX, cada reconfiguración de su guerra interna.”
En una franja caliente del valle alto del Magdalena, donde el río Sumapaz baja del páramo y el aire pesa distinto que en la sabana, se extiende el complejo militar más grande de Colombia. Tolemaida no es una guarnición cualquiera: es el punto donde el Estado colombiano fabrica y reproduce, desde mediados del siglo XX, a los soldados que combaten dentro de sus propias fronteras. Aquí se ensayó la doctrina contrainsurgente que reemplazó al viejo ejército de fronteras; aquí entrenaron —y siguen entrenando— las fuerzas especiales, los pilotos de helicóptero, los batallones de contraguerrilla; aquí desembarcó, en instalaciones y en manuales, buena parte de la tutela militar norteamericana desde la Guerra Fría hasta el Plan Colombia. Situado en jurisdicción del municipio de Nilo, en el sur de Cundinamarca, y en contigüidad operativa con Melgar (Tolima) y su Base Aérea del Comando Aéreo de Combate número 4, el fuerte condensa una geografía particular: tierra caliente, cercanía a Bogotá, corredor del Sumapaz. Accesibilidad, clima, distancia justa del poder civil: la conjunción convirtió al enclave en el laboratorio permanente de la guerra interna colombiana, y también en un espacio de tal vastedad que la propia institución no siempre supo lo que ocurría adentro.
Ubicación y territorio
El nombre Tolemaida remite al panteón indígena panche que habitó la región del valle del Magdalena antes de la conquista, y la elección onomástica no es accidental: bautiza a un fuerte moderno con la memoria de un pueblo derrotado en tierra de contacto entre climas y culturas. El complejo se levanta sobre una llanura seca y cálida a orillas del Sumapaz, en el sur de Cundinamarca, muy cerca del límite con el Tolima. La divisoria administrativa hace que buena parte de la vida cotidiana del fuerte —el comercio, la hotelería, los oficiales de permiso, la logística— gravite hacia Melgar, ciudad tolimense que creció alrededor de la vocación militar y turística del corredor Bogotá-Girardot. La doble pertenencia —Nilo administrativo, Melgar funcional— explica que buena parte de la literatura, y hasta declaraciones internas del Ejército, ubiquen la base en Melgar sin que el error tenga consecuencias operativas: Tolemaida es, en la práctica, un enclave que desborda cualquier municipio.
La región tiene profundidad histórica propia. Nilo aparece ya en los registros comerciales del siglo XIX como una de las localidades del sur de Cundinamarca donde se transaban partidas de café, en un mismo circuito con Tibacuy y otros municipios de la vertiente. Aquel pasado agrícola —hacienda, jornalero, café y ganado— es el sustrato sobre el que, a mediados del siglo XX, el Estado colombiano decidió instalar su principal escuela de guerra. La tierra que había sido de café pasó a ser de maniobras. El país que quiso profesionalizar a su ejército para custodiar fronteras terminó destinando sus mejores tierras cálidas a producir combatientes contra sus propios habitantes. En los caseríos vecinos, la vieja economía del grano convivió durante décadas con las detonaciones lejanas de los campos de tiro, y las carreteras que antes llevaban al mercado local terminaron sirviendo también al abastecimiento castrense.
Lo que se levanta hoy en esa llanura no es una base sino un sistema de bases. Tolemaida alberga, en distintos momentos y con distintas denominaciones, el Centro Nacional de Entrenamiento, la Escuela de Fuerzas Especiales, la Escuela de Aviación del Ejército, unidades de la Fuerza de Despliegue Rápido (FUDRA) y una infraestructura de pistas, campos de tiro, zonas de instrucción de asalto aéreo y áreas residenciales para oficiales y sus familias. Un soldado que sirvió en su interior lo resumió con una frase que ha quedado registrada en testimonios internos: eso es tan grande. En la vastedad reside una parte del poder simbólico y material del fuerte, y también una de sus opacidades. Los mapas oficiales dibujan perímetros y polígonos; la experiencia de quienes lo habitan describe un territorio que ni siquiera admite ser recorrido en un día, atravesado por caminos internos, sectores diferenciados y jurisdicciones administrativas que se superponen sin coincidir del todo.
Orígenes: del ejército de fronteras a la contrainsurgencia
Para entender por qué Tolemaida existe hay que retroceder a la crisis institucional del Ejército colombiano en la primera mitad del siglo XX. La Constitución de 1886 había ordenado un ejército único y no deliberante, pero las guerras civiles de 1895 y la de los Mil Días (1899-1902) aplazaron la promesa durante décadas. Cuando por fin llegó la profesionalización, lo hizo en clave prusiana: misiones chilenas en los primeros años del siglo, presencia de oficiales alemanes, más tarde vínculos con Inglaterra. Era un ejército pensado para defender fronteras contra enemigos externos, no para hacer guerra por dentro. En 1929, con la geopolítica del canal de Panamá como telón, empezaron los primeros contactos militares con Estados Unidos. En 1948 quedaron autorizadas misiones de entrenamiento del ejército y la aviación norteamericanos.
En el mismo año, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el estallido de La Violencia detuvieron cualquier ilusión de modernización serena. El Ejército fue instrumentalizado por el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez para hostigar a la oposición liberal; oficiales liberales fueron discriminados o embarcados hacia Corea, en el destacamento militar que Laureano Gómez Castro envió al Pacífico como cuota inicial del compromiso anticomunista colombiano. Junto con las tropas fue la fragata Almirante Padilla, la única de la incipiente Armada. El regreso del Batallón Colombia hacia finales de 1953 marcó un antes y un después: los oficiales que volvieron traían no solo condecoraciones sino una comprensión distinta de la guerra —la irregular, la que no se libra contra un Estado sino contra una población movilizada— y se convertirían en el núcleo doctrinal del nuevo ejército. Por la misma vía se creó el Servicio de Inteligencia Colombiano, dedicado al espionaje anticomunista y a las campañas de propaganda negra.
La doctrina que sustituyó al viejo apoliticismo prusiano venía de Washington con notas de París: los estadounidenses habían destilado los aprendizajes coloniales franceses en Vietnam y Argelia y los presentaban como una teoría universal de la guerra contra el comunismo. Ya no había frontera que defender: había un enemigo interno, una guerra que se libraba en el campo y en los barrios, y una obligación del militar de entender —para eliminar— los problemas políticos, sociales y económicos que hacían posible la subversión. El Ejército pasó, en pocos años, del puesto fijo a la base de patrullaje móvil, de la unidad táctica pesada al equipo de combate rápido, de la planeación regimentada a la fórmula que se repetiría hasta el cansancio: planeación centralizada, ejecución descentralizada.
De aquella reconversión doctrinal nació la vocación de Tolemaida. Un ejército que se replantea como fuerza contrainsurgente necesita un lugar amplio, cálido, accesible desde el poder político, con espacio para pistas y campos de tiro, con topografía que permita ensayar la guerra en la montaña y la selva sin salir del centro del país. El valle alto del Magdalena, entre Cundinamarca y Tolima, cumplía todas las condiciones. Y la coyuntura las selló: el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, que llegó al poder en junio de 1953 y encontró en el Ejército tanto su base política como su proyecto de reforma institucional, y luego los años en que Gabriel París Gordillo —ministro y luego integrante de la Junta Militar que sucedió a Rojas— administró la transición hacia el Frente Nacional, fueron el marco en que Tolemaida se consolidó como enclave castrense.
Trayectoria: del Plan Lazo al Plan Colombia
La primera prueba de fuego doctrinal ocurrió muy cerca. El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 endureció la política estadounidense hacia América Latina y, durante el gobierno de Alberto Lleras Camargo, se firmaron acuerdos de cooperación militar enmarcados en la Alianza para el Progreso. La amenaza a los Estados latinoamericanos, en el lenguaje de la época, justificaba una escalada de la asistencia. En Colombia el fruto operativo de la doctrina fue el Plan Lazo, marco estratégico bajo el cual el Ejército y la Fuerza Aérea combatieron a las llamadas "repúblicas independientes": comunidades campesinas con cierto grado de organización autónoma bajo influencia comunista, herederas de los guerrilleros liberales amnistiados de los años cincuenta y reorganizadas hacia comienzos de los sesenta en proyectos de economía colectiva.
El concepto mismo de "repúblicas independientes" fue una construcción discursiva —lo popularizó un congresista para motivar la acción militar— que exageró la autonomía de facto de aquellas comunidades hasta presentarlas como enclaves soberanos que amenazaban la unidad nacional. Bajo la etiqueta cayeron Marquetalia, Río Chiquito, El Pato y Guayabero. El Plan Lazo desplegó primero guerra psicológica y acción cívico-militar —el principio contrainsurgente de "quitarle el agua al pez", ganar simpatías, tejer redes de inteligencia con apoyo civil de organismos como el Cuerpo de Paz, CARE y Cáritas—, luego bloqueo económico y militar del territorio, y finalmente la ofensiva armada. La Operación Marquetalia se lanzó en mayo de 1964. El Estado colombiano habría invertido más de 17 millones de dólares y comprometido cerca de un tercio de su ejército total en la operación. La última acción del ciclo, contra El Pato y Guayabero, tuvo lugar en diciembre de 1965.
El resultado fue ambiguo, y la ambigüedad marcaría el resto del siglo. Militarmente se declaró la desaparición de la "república" de Marquetalia; políticamente, los sobrevivientes se reorganizaron y del proceso emergerían las guerrillas contemporáneas. Para Tolemaida el saldo fue inequívoco: la operación había demostrado que Colombia podía librar una guerra interna sostenida, con planeación conjunta de fuerzas terrestres y aéreas, con doctrina extranjera aclimatada, con oficiales veteranos —muchos de ellos formados en Corea— al mando. El fuerte, situado a pocas horas de los teatros de operaciones, quedó consagrado como el sitio natural donde entrenar y reciclar a la fuerza así configurada.
Durante las tres décadas siguientes —los sesenta tardíos, los setenta, los ochenta, los primeros noventa— Tolemaida creció al ritmo de la guerra que combatía. La expansión de las FARC, del ELN, la aparición del M-19 y del EPL, y luego la irrupción del narcotráfico como fuente de financiación y como amenaza autónoma, obligaron al Ejército a multiplicar sus unidades de despliegue rápido, sus escuelas de fuerzas especiales y su aviación de asalto. La base aérea vecina de Melgar, CACOM 4, se convirtió en uno de los principales centros de operaciones de helicópteros de combate del país. La articulación entre Tolemaida —donde se entrenaba al soldado y al oficial— y Melgar —desde donde despegaba— hizo del corredor Sumapaz un dispositivo integrado de proyección militar sobre buena parte del centro y el sur del país. Cada nueva escalada del conflicto —la toma del Palacio de Justicia, la crisis de los ochenta, la ofensiva guerrillera de mediados de los noventa— dejó su sedimento formativo en el fuerte: nuevos cursos, nuevas escuelas, nuevos manuales. Cada estación del conflicto se leía, meses después, en la reorganización de un aula, en la creación de una nueva unidad, en la modificación de un pénsum.
El punto de inflexión más reciente llegó a fines del siglo XX. En 1999, el Ministerio de Defensa emitió el llamado Plan 10.000, que se proponía sustituir a diez mil soldados regulares por diez mil soldados profesionales cada año durante tres años. El entrenamiento se comprimía en cursos de catorce semanas, y la mayoría de los egresados iba a los Batallones de Infantería de Montaña y a los Batallones Contraguerrilla. La reforma tenía una lógica cuantitativa: producir combatientes rápido, muchos, y en unidades tácticas móviles. Su límite era institucional: no había suficientes oficiales ni suboficiales para mandarlos, y el Ejército tuvo que inventar la figura atípica del cabo tercero para tapar el hueco de los mandos intermedios. La improvisación jerárquica sería una constante silenciosa del periodo que se abría: cuadros hechos a la carrera, mandos que aprendían sobre la marcha, promociones aceleradas por necesidad operacional.
Sobre esa cimentación llegó el Plan Colombia, negociado durante el gobierno de Andrés Pastrana y ejecutado en las administraciones siguientes. La cifra habitualmente citada —7.500 millones de dólares en seis años, de los cuales cerca de la mitad fueron aporte colombiano y el resto contribución estadounidense— financió una transformación material profunda del pie de fuerza y de la infraestructura. Tolemaida figura en el entramado como una de las bases clave, junto con Apiay en el Meta y la base del Putumayo sede de los batallones de la Brigada XXVII, más el Fuerte Militar de Larandia en Caquetá donde se conformó la Brigada Antinarcóticos del Ejército. Entre 2002 y 2008, bajo la política de Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez, las fuerzas estatales sumaron más de cien mil efectivos adicionales y alcanzaron a comienzos de 2009 un techo cercano al medio millón de hombres, tope impuesto no por doctrina sino por agotamiento presupuestal. En el mismo período se crearon dos nuevas divisiones —la VI y la VII—, nueve brigadas territoriales, dieciséis brigadas móviles y once agrupaciones de fuerzas especiales, además de batallones dedicados a la protección de infraestructura energética y vial y unidades de alta montaña para copar corredores de movilidad.
Tolemaida absorbió buena parte de la formación acelerada de aquella masa de tropa. La velocidad de producción —catorce semanas para transformar a un civil en soldado profesional— dejó una huella sobre el propio fuerte: el enclave se comportó menos como una escuela clásica que como una fábrica de combatientes de rotación breve. Un lugar donde entra un contingente cada trimestre y sale otro no funciona como una academia militar tradicional: funciona como una planta de producción con turnos, insumos, ritmos de línea y controles de calidad limitados por el propio ritmo. El instructor apenas alcanzaba a memorizar los nombres de su promoción cuando ya la siguiente entraba al polígono; el suboficial que recibía un contingente de regreso del combate lo despedía semanas después hacia otro teatro, con el material recontado a la carrera.
Red: unidades, brigadas y jurisdicciones difusas
Un problema recurrente en la vida institucional de Tolemaida es la relación entre lo que aloja y lo que jurisdiccionalmente corresponde a su territorio. Sobre el fuerte convergen unidades cuyos mandos operacionales no siempre coinciden con la geografía administrativa. La FUDRA —Fuerza de Despliegue Rápido, columna vertebral de la ofensiva contra las guerrillas desde fines de los años noventa— tiene allí una presencia central; sus soldados salen a operaciones de combate en rotaciones de seis meses a un año y regresan a Tolemaida a reponer material, descansar y volver a instrucción. La Sexta Brigada del Ejército, con jurisdicción tradicional sobre el Tolima, opera en el entorno regional. Y sin embargo, aparecen soldados que dicen depender de la Décima Brigada —cuya jurisdicción formal está en Cesar y La Guajira, muy lejos del Sumapaz— operando desde Tolemaida.
La incongruencia no es simplemente un error de nomenclatura. Refleja algo más profundo del funcionamiento del fuerte: en un complejo donde conviven escuelas, agrupaciones de fuerzas especiales, unidades de aviación, brigadas móviles rotativas, personal en tránsito hacia el combate y personal en descanso, la cadena de mando visible desde afuera —y a veces desde adentro— se vuelve porosa. Un soldado puede pasar por Tolemaida sin quedar administrativamente asignado a ninguna de sus unidades permanentes. Puede estar allí en curso, en descanso, en preparación para un despliegue en zona lejana, o en tránsito hacia otra brigada.
La expansión bajo el Plan Colombia acentuó la dinámica. Las once nuevas agrupaciones de fuerzas especiales y las dieciséis brigadas móviles creadas entre 2002 y 2008 pasaron —muchas de ellas— por procesos formativos en Tolemaida antes de ser destinadas a sus áreas de operación. El fuerte se volvió un puerto seco por el que transitaban unidades enteras, con sus mandos, sus armamentos y su documentación. Un puerto se define por lo que atraviesa, no por lo que retiene: barcos que llegan, embarcan, parten. Tolemaida embarcaba y desembarcaba unidades de combate hacia teatros lejanos, y en cada rotación la trazabilidad de hombres, armas y municiones dependía menos de un registro central que de la memoria de cuadros intermedios.
Zonas grises
Existe una cara menos institucional del enclave. En el contexto de las rotaciones intensivas de la FUDRA hacia zonas de combate a comienzos de los años dos mil, un intermediario civil vinculado al mercado ilegal de municiones describió una práctica que ubica al fuerte en el centro de un circuito paralelo: soldados a los que identificó como pertenecientes a la FUDRA, con base en Tolemaida, recogían al regreso de sus misiones de combate los cartuchos sobrantes y se los entregaban para su venta en el mercado ilegal. El propio declarante ubicaba a estos soldados bajo una brigada cuya jurisdicción formal no corresponde al área —la Décima—, imprecisión que él mismo reconoce sin resolver y que dice mucho sobre cómo se percibía la cadena de mando desde fuera del uniforme. La descripción del fuerte es reveladora: un lugar de tal magnitud que permitía pactos internos sin ser detectados, un espacio donde el volumen y la extensión del complejo compensaban cualquier control interno.
La descripción encaja con una lógica material que la propia arquitectura del enclave impone. En un complejo donde miles de soldados profesionales entran y salen cada cuatro meses, donde las rotaciones a zona de combate duran hasta un año, donde las escuelas de fuerzas especiales conviven con brigadas móviles y con aviación, la trazabilidad de las municiones —o de los hombres— se vuelve un problema técnico de primera magnitud. Cada operación consume cartuchos, cada regreso a base implica devoluciones, cada devolución supone un cotejo entre lo entregado y lo empleado. La vastedad, que es una virtud logística, es también una vulnerabilidad institucional. El cartucho sobrante —el que la operación no gastó y que el manual manda devolver— aparece así como la unidad mínima de la opacidad del fuerte: pequeño, contable en teoría, imposible de rastrear en la práctica cuando la línea de producción no se detiene.
En esa misma órbita gris se inscribe un detalle que rebasa los muros del enclave. Entre los combatientes paramilitares activos en el Caribe colombiano circuló el alias Tolemaida, adoptado por un miembro de esas estructuras. El dato, en sí mismo, no prueba un vínculo directo entre el fuerte y el combatiente que lo adopta, pero se inscribe en un contexto documentado: los procesos judiciales de Justicia y Paz y las investigaciones sobre la parapolítica establecieron, en múltiples regiones, patrones de connivencia entre unidades del Ejército y estructuras paramilitares, con intercambio de información, de armamento y en ocasiones de personal desmovilizado. En ese marco, la elección de un alias no es un dato menor: los combatientes ilegales tomaban nombres de guerra que remitían a referentes propios —ciudades natales, apodos familiares, personajes— y también, con frecuencia, a marcadores del saber militar que reivindicaban. Que un paramilitar del Caribe se hiciera llamar como la principal escuela de guerra del Ejército sugiere, cuando menos, que el prestigio doctrinal del enclave circulaba también en los circuitos irregulares del conflicto, y que su nombre operaba como capital simbólico fuera de la institución que le dio origen. El alias, como el cartucho sobrante, es una pieza pequeña que remite a un desplazamiento mayor: algo que salió del fuerte —una técnica, un contacto, una marca— y siguió operando cuando ya nadie llevaba su cuenta.
Memoria y su disputa
Las Fuerzas Militares colombianas han sido, según reconocimiento explícito de sus propios altos mandos, frágiles en la construcción de su memoria histórica. La fragilidad se hizo evidente en las últimas décadas del conflicto, cuando la producción de investigación académica, periodística y judicial sobre violaciones de derechos humanos, connivencias con paramilitares y operaciones cuestionadas empezó a llenar un vacío que la institución no había sabido ocupar con narrativa propia. Como respuesta, se creó la Jefatura de Memoria Histórica en el Comando de las Fuerzas Militares, elevándola desde una dirección menor a una jefatura liderada por un general de la República. La decisión fue, según el mando que la impulsó, tanto reactiva —frente a lo que percibía como versiones enemistosas divulgadas por sectores críticos— como institucional: los militares querían construir su propia narrativa desde adentro.
El general Alberto José Mejía Ferrero, quien fue comandante del Ejército y luego de las Fuerzas Militares, encarna la vocación de memoria institucional en el periodo en que el propio fuerte pasa a ser objeto de mirada retrospectiva. Ingresó a la Escuela Militar el 6 de febrero de 1978, hijo del general Nelson Mejía Henao —comandante del Ejército y de las Fuerzas Militares en su tiempo— y ahijado profesional del general Bernardo Lema Henao, también excomandante del Ejército y mentor de la familia. Bajo su comando se impulsó un libro concebido explícitamente como homenaje a los soldados y exaltación del bicentenario del Ejército, con carácter institucional y no político. La operación editorial es inseparable de Tolemaida: construir una memoria del Ejército contemporáneo —con sus ceremoniales, sus escuelas, sus generaciones formativas— exige nombrar, de un modo u otro, el enclave donde se produjo la mayor parte de la tropa profesional del ciclo del Plan Colombia. La disputa por la memoria es también una disputa por cómo se nombra al fuerte: si como cuna doctrinal legítima o como territorio de opacidades. La institución escoge lo primero; los archivos judiciales, académicos y periodísticos han insistido en lo segundo.
Huella territorial e institucional
Tolemaida es hoy varias cosas simultáneamente. Es el principal centro de entrenamiento del Ejército y, por extensión, la escuela donde se moldean las capacidades de combate irregular del Estado colombiano. Es un enclave residencial y de descanso: en el corredor Melgar-Girardot proliferan clubes militares, hoteles institucionales, casas de recreo de oficiales, y buena parte del turismo de la zona depende directa o indirectamente de la presencia castrense. Es también un símbolo, dentro del propio Ejército, del compromiso —renovado década tras década— con la doctrina contrainsurgente y con la asociación estratégica con Estados Unidos que se sostuvo desde 1948 hasta el Plan Colombia y más allá.
Su huella sobre el territorio es material. Nilo, Melgar, Icononzo, Cabrera, los municipios del corredor Sumapaz se organizan económica y socialmente en función del fuerte y de sus aledaños aéreos. Familias enteras dependen del salario militar, del comercio militar, del arrendamiento a oficiales, del transporte a la base. Comunidades campesinas que hace un siglo cosechaban café y ganado hoy conviven con pistas de asalto, campos de tiro y helicópteros que despegan a operaciones sobre el Tolima, el Meta y el Caquetá. La transformación —de paisaje agrícola a paisaje castrense— es una de las mutaciones territoriales más profundas y menos discutidas del siglo XX colombiano. No hubo desplazamiento masivo ni expropiación traumática documentada como en otros frentes de la guerra: hubo una lenta absorción del territorio por la lógica del fuerte, un desplazamiento silencioso de las vocaciones económicas.
Su huella institucional es igualmente honda. Sin Tolemaida no se explica el modo específico en que Colombia libró su guerra interna: con oficiales profesionales entrenados en tierra caliente, con fuerzas especiales rotadas cada seis meses a un año, con aviación integrada desde el CACOM 4, con soldados profesionalizados en cursos de catorce semanas producidos en masa bajo el Plan 10.000. Toda esa arquitectura pasó por allí. Y pasó también aquello que el fuerte no siempre supo controlar: las rendijas por donde el privilegio militar y la vastedad institucional produjeron zonas de opacidad. La historia del enclave es, en un mismo movimiento, la del éxito operacional de una doctrina y la del costo institucional de haberla escalado sin consolidar los controles internos que su tamaño exigía. Una llanura caliente donde el Sumapaz baja del páramo, entre Nilo y Melgar, cuyos límites administrativos no coinciden con su geografía real, ni sus organigramas con la vida de sus soldados, ni su narrativa oficial con los archivos judiciales que lo bordean.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
25 documentos · 27 fragmentos01De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 3761 cita
[1]a soldados pertenecientes a la Fuerza de Despliegue Rápido (FUDRA) del Ejército, quienes presunta- mente pertenecían a la Décima Brigada del Ejército, con ope- ración en la base militar de Tolemaida, la cual está ubicada en el municipio de Melgar. Esto último genera dudas, ya que dicha Brigada tiene como jurisdicción…
p. 376
02Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 501 cita
[2]ouse 8. Teofllo Quintero Baltazar Tibacuy 1895 Torno 2 600 33 centavos Lievano No. 387 (approx) 9. Jose Maria Enrique Bueno Nilo 1895 Torno 1 1700 30 centavos rate specified Sastre Patino No. 133 10. Maria Casallas Francisco Escuela de 1896 Torno 3 500 32 centavos includes a little house Guevara Tibacuy No. 579…
p. 50
03Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1571 cita
[3]readjudicciones son Chivolo (47 casos), Ariguaní (32), Pivijay (24), Sitio Nuevo (12), Tenerife (8), Ciénaga, Santa Marta, Aracataca, Fundación y Plato con 2 casos cada uno y El Banco con 1 caso. La fiscalía abrió inves- tigaciones contra los funcionarios el INCORA/INCODER por 36 casos en las veredas Bejuco Prieto y…
p. 157
04Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 331 cita
[4]la institución castrense. Ya desde la Constitución de 1886 se había establecido que Colombia contaría con un ejército único no deliberante, pero las guerras de 1895 y de los EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:21:44 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…
p. 33
05Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 431 cita
[5]facilitated subsequent interventions. The United States initiated its military interventions in Colombia in the 1850s, in support of the U.S. owners and users of the Panama Railroad, lo - cated in what was then still part of Colombia. After the United States “took Panama” from Colombia, in the words of Theodore Roo se…
p. 43
06Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 891 cita
[6]fueran al Asia a luchar por la democracia, mientras acá se limi- taban las libertades y se buscaban for- mas no propiamente democráticas de gobierno. Tradicionalmente, Colombia no ha- bía tenido muchos vínculos militares con los Estados Unidos. La acción ar- bitraria de fuerza ejercida por Teo- doro Roosevelt en…
p. 89
07Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1911 cita
[7]Durante se corta existencia, el ejercito midió sus fuer zas con al Peri el 27 de febrero de 1679 las armas colombianas. en el por- tete del Tarqui, vencieron alinvasor. Disuelta la Gran Colomiia y des- aparecido Bolivar, el Ejército de La Nueva Granada se sumbó en la guerra civil, sin poder progresar ni moderni-…
p. 191
08Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 3821 cita
[8]Although the coup attempt failed for lack of support by the military command, the action suggested that the military's restraint from political involvement was deteriorating. In the late 1940s, the military abandoned any pretense of neutrality when the Conservative government of Luis Mariano Ospina Perez (president,…
p. 382
09Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 341 cita
[9]con un Estado Mayor en el que participaban el teniente general Alberto Ruiz Novoa y el capitán Álvaro Valencia Tovar, posteriormente oficiales destacados en la lucha contraguerrillera y ministros de Guerra en gobiernos siguientes; los militares se asomaban como una rama del poder público, con participación ya no solo…
p. 34
10No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 631 cita
[10]el retorno al país del Batallón Colombia, después de la guerra de Corea y con las posteriores reformas en aspectos como la inteligencia civil. Para finales de 1953 se creó el Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC), cuyo foco era el espionaje anticomunista y las cam- pañas de propaganda negra 121; ecos locales del…
p. 63
11Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 741 cita
[11]la invasión a Cuba en 1960. Reelaborar la doctrina fue todavía más apremiante después de aquel fiasco. La doctrina de la contrainsurgencia quitaba todo énfasis a la guerra re- gular interestatal poniéndolo en la guerra irregular interna. En esta direc- ción, había que fortalecer unidades operativas orientadas por una…
p. 74
12Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 641 cita
[12]defender exclusivamente las fronteras nacionales para empezar a enfrentar a los armados en el país, lo que exigía el abandono del apoliticismo y la neutralidad de la institución castrense. En tanto que se planteaba combatir el comunismo no solo desde una clara estrategia militar, sino también que su freno debía…
p. 64
13Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 641 cita
[13]la Escuela Militar de Cadetes a fin de elevar la enseñanza en el ámbito universitario y se fundó la Cátedra de Filosofía Militar, con el fin de explicar el sentido y la misión de las Fuerzas Armadas y dar a conocer el papel de esta institución. También se hizo un esfuerzo por llevar a los cuadros de las Fuerzas…
p. 64
14Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 691 cita
[14]g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia Ilustración 2: El Colombiano 1960 El triunfo de la Revolución Cubana detonó acuerdos con los Estados Unidos enmarcados en la denomina “alianza para el progreso” (Lleras, 1963) que incluía acuerdos militares de cooperación durante el periodo de Alberto Lleras Camargo 70…
p. 69
15Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3211 cita
[15]conducente a la “toma del poder”. Ese grupo era el sobreviviente de las autodefensas campesinas que se habían organizado a comienzos de 1960, bajo un proyecto de economía campesina colectiva y como resultado de la división que había ocurrido en las filas de los antiguos y amnistiados guerrilleros liberales de los años…
p. 321
16Camilo TorresGerman Guzman · 1969 · p. 2241 cita
[16]Chiquita, El Pato and Guayabero. As a governmental plan for controlling them, the Lazo Plan was put into action. The development of this plan includes several tactical steps. The first is the psychological war which embraces the “civic-military action” consisting of programs of aid to the peasants through army…
p. 224
17Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 291 cita
[17]the Colombian state had devoted over US$17 million alongside one-third of its entire army to defeat Marulanda and the network of self-defense communities (Alejandro and Billon, 1999; de la Peña, 1989: 354; Gott, 1970: 249; Lartéguy, 1970: 148). Using general infla- tion rates, the operation would today total almost…
p. 29
18Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 206, 2342 citas
[18]former liberal guerrilleros, such as “Peligro”. We entered Marquetalia without the peasants having to be evac- uated. In December 1965, the last operation in El Pato and Guayabero was undertaken 22 (Ruiz N. 1992 Apud Leal B. 2002: 44) 21 In the original: “Como se ha mostrado cierta extrañeza porque el Ministro de…
p. 206
[21]of Defense: issued in 1999, “Plan 10,000” aimed at substituting 10,000 “regular soldiers” for the same number of “professional soldiers” each year, during a three-year period (Villamizar 2003: 61). To be clear, the main condition for the rapid multiplica- tion of combat soldiers was the fact that the preparation of…
p. 234
19Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 691 cita
[19]la lucha guerrillera como Apiay, en el departamento de Meta, o Tolemaida, en el departamento de Cundinamarca; la base de Putumayo, donde se alojan los batallones de la Brigada XXVII; y la conformación de la Brigada Antinarcóticos del Ejército en el Fuerte Militar de Larandia, en el departamento de Caquetá. Dicho de…
p. 69
20Ejército - operaciones contra disidencias en Tolima.htmlp. 11 cita
[20]División, se permite informar a la opinión pública que: Leer más Comando de Personal Hace 9 horas Batallón Colombia conmemoró los 216 años del Ejército Nacional desde la península del Sinaí Cuarta División 10 de agosto de 2026 Ejército Nacional captura en Miraflores, Guaviare, a presunto integrante de la Estructura…
p. 1
21Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 981 cita
[22]4.359 soldados regulares, que debían operar en 21 batallones de infantería. Estos cambios se dieron con relativo éxito. Lo cierto es que desde 1999, el pie de fuerza comenzó a incrementarse Página 98 aceleradamente y constantemente. El gráfico 6 muestra la composición de soldados para finales del año 2000. La…
p. 98
22Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 801 cita
[23]la profundización y desarrollo natural del proceso de reforma 33. Desde el inicio del período de reacomodamiento, la administración Uri - be manifestó su compromiso con la reforma en las políticas de seguridad y defensa. Uno de los principales pilares fue la reforma de la base tributaria, dirigida a la financiación…
p. 80
23Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 811 cita
[24]2009, cifra con la cual las fuerzas estatales alcanzaron el techo de la expansión de su pie de fuerza (El Tiempo, 31 de enero de 2009). El techo de crecimiento de las fuerzas estatales se alcanza en 2008, por motivos de agotamiento presupuestal, después de haber integrado desde 2002 a cerca de 123.550 efectivos (El…
p. 81
24Ejército - operación contra el Bloque Martín Villa.htmlp. 11 cita
[25]Acceda a la información pública institucional, normativa, contratación y datos de interés. Acceder Sala de Prensa Consulte noticias, comunicados, actualidad e información oficial del Ejército Nacional. Acceder Publicaciones Ejército Explore contenidos editoriales, revistas, periódicos y publicaciones institucionales.…
p. 1
25Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 252, 3232 citas
[26]o punto de vista diferente a la verdad verdadera. Eso es lo que no se quiere. La institucionalidad, los estamentos que componen el Estado de Derecho y que representan la democracia, tienen que hacer un gran esfuerzo, que infortunadamente no se hace. Nosotros mismos en nuestras Fuerzas Militares hemos sido frágiles en…
p. 252
[27]le gustaba mucho la idea, pero que me sugería tres cosas: primero, que fuera un homenaje a los soldados por ser protagonistas de primer orden; segundo, que exaltara el bicentenario del Ejército, y tercero, que no se convirtiera en un texto político, sino institucional. Vamos al inicio de su carrera. Ingresó a la…
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