William Yarborough
Frente Nacional
La biografía
En febrero de 1962, un general estadounidense de cincuenta años, delgado y de mirada seca, pasó dos semanas recorriendo cuarteles y regiones de Colombia con un equipo de diez oficiales del Special Warfare Center de Fort Bragg. Al regresar a Washington entregó un informe en dos piezas: una pública, con recomendaciones convencionales sobre entrenamiento y equipamiento, y un Suplemento Secreto mucho más corto, donde aconsejaba al gobierno colombiano organizar una "estructura cívico-militar" capaz de ejecutar, cuando fuera necesario, "sabotajes y actividades terroristas paramilitares" contra partidarios conocidos del comunismo, con respaldo estadounidense. El general se llamaba William Pelham Yarborough. Ese anexo, apenas unas páginas, es uno de los documentos más citados y más incómodos de la historia militar reciente de Colombia: la traducción operativa, en lenguaje burocrático de la Guerra Fría, de la doctrina de guerra irregular que Kennedy estaba montando en Fort Bragg, aplicada al terreno de un país donde la violencia bipartidista apenas se replegaba y las llamadas repúblicas independientes campesinas irritaban a las élites bogotanas. Yarborough no fundó el paramilitarismo colombiano ni inventó la contrainsurgencia latinoamericana, pero su misión fue el vector por el que una doctrina forastera encontró suelo institucional preparado y salió convertida, tres años después, en marco jurídico interno.
Línea de vida
- 1959
Antecedente: primeras misiones de asesoría en Colombia
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Estados Unidos envió el primero de varios equipos de asesoría militar a Colombia, integrados por veteranos de Filipinas y Corea con antecedentes en las operaciones del coronel Edward Lansdale. El informe resultante, en tres volúmenes, recomendó una red extensa de asesores, participación directa en acciones contrainsurgentes y reforma agraria, sentando las bases institucionales sobre las que operaría la misión Yarborough.
- 1961
Kennedy fortalece Fort Bragg y crea el marco contrainsurgente
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El presidente Kennedy instruyó al general Maxwell Taylor para presionar al Pentágono a desarrollar capacidades contraguerrilleras, creó el Special Group (Counter Insurgency) y designó un asistente especial del secretario de defensa para guerra no convencional. Fort Bragg, bajo la dirección de Yarborough, se convirtió en el laboratorio doctrinal de la guerra irregular para Indochina, África y América Latina.
- 1962
Misión en Colombia y entrega del Suplemento Secreto
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En febrero de 1962, Yarborough encabezó una misión de dos semanas en Colombia con un equipo de diez oficiales del Special Warfare Center. Entregó un informe público con recomendaciones técnicas —incluyendo la adquisición de aviones Helio Courier para la Fuerza Aérea, registro civil con huellas digitales y fotografías, y técnicas de interrogatorio con pentotal sódico y polígrafo— y un Suplemento Secreto en el que recomendó desarrollar una estructura cívico-militar para presionar reformas, ejecutar contra-propaganda y, cuando fuera necesario, impulsar sabotajes y actividades terroristas paramilitares contra conocidos partidarios del comunismo, con respaldo estadounidense.
- 1962
La doctrina se hace colombiana: el Plan Lazo
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Las recomendaciones de Yarborough encontraron traducción operativa en el Plan Lazo, aplicado por el general Alberto Ruiz Novoa desde 1962. El plan abandonó los puestos fijos en favor de patrullajes móviles, amplió el servicio militar a dos años y creó Comités de Coordinación Cívico-Militar que organizaban unidades legales de autodefensa con militares retirados y civiles armados, reproduciendo en organigrama la estructura cívico-militar del suplemento secreto.
- 1964
Operación Marquetalia y las repúblicas independientes
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El Ejército colombiano lanzó operaciones militares contra las denominadas repúblicas independientes en 1964 y 1966, siendo la Operación Marquetalia la más destacada, desarrollada en el marco de la alianza militar entre el gobierno de Guillermo León Valencia y Estados Unidos. La táctica aplicada siguió los tres pasos del Plan Lazo: guerra psicológica y acción cívico-militar, bloqueo económico y militar, y agresión punitiva con armas modernas, en zonas como Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Sumapaz.
El soldado de las Fuerzas Especiales
William Pelham Yarborough (1912-2005) pertenece a esa generación de oficiales estadounidenses que atravesaron tres guerras —la Segunda Mundial, Corea y Vietnam— y en el camino inventaron una manera nueva de hacer la guerra, ya no entre ejércitos regulares sino contra insurgencias, guerrillas y movimientos de liberación nacional. Cuando aterrizó en Bogotá en febrero de 1962 dirigía el Special Warfare Center de Fort Bragg, en Carolina del Norte, la instalación insignia de las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos, la misma que John F. Kennedy había ordenado fortalecer al asumir la presidencia. Fort Bragg era en esos meses el laboratorio doctrinal de la guerra no convencional: allí se pensaba y se enseñaba a combatir insurgencias en Indochina, en África y en América Latina, y se ensayaban las tácticas de guerra psicológica, acción cívica y contra-organización que definirían las intervenciones estadounidenses de la década. Yarborough era, en ese engranaje, más que un comandante técnico: un ideólogo institucional del oficio, un hombre que había hecho carrera cuando la propia noción de Fuerzas Especiales todavía se debatía dentro del Pentágono.
Su presencia en Colombia no fue una visita de cortesía militar. Kennedy había instruido personalmente al general Maxwell Taylor para presionar al Pentágono a desarrollar capacidades contraguerrilleras, había creado en el gabinete el Special Group (Counter Insurgency) y había designado un asistente especial del secretario de defensa para guerra no convencional. Toda esa arquitectura buscaba un lugar donde probarse. Colombia, ya alineada con Washington desde Corea, con un gobierno del Frente Nacional que reconocía abiertamente que la violencia no había cesado, era un terreno privilegiado. Yarborough encabezó la misión de febrero de 1962 en calidad de máxima autoridad estadounidense en guerra irregular, y su nombre quedó atado desde entonces a la bisagra doctrinal entre la doctrina Kennedy y el Ejército colombiano.
Del cuartel prusiano al laboratorio contrainsurgente: por qué Colombia estaba lista
Para entender el peso del informe de 1962 hay que ver el edificio que ya estaba en pie. Desde la Guerra de los Mil Días y hasta la Segunda Guerra Mundial, el Ejército colombiano había sido entrenado por oficiales alemanes con doctrina prusiana de guerra convencional: masas de infantería, defensa de fronteras, choque frontal. Ese molde comenzó a agrietarse en los años cuarenta y se rompió después de la guerra, cuando el Pacto de Río de Asistencia Recíproca de 1947 consagró la doctrina de defensa hemisférica y Estados Unidos empezó a copar los espacios que habían dejado los europeos. Colombia envió tropas combatientes y una fragata naval a la Guerra de Corea bajo mandato de la ONU —único país latinoamericano con tropas terrestres en ese conflicto—, en una decisión del gobierno de Laureano Gómez cargada de anticomunismo militante y de cálculo estratégico: la contrapartida esperada era la ayuda militar norteamericana. Llegaron millones de dólares en asistencia, entrenamiento para oficiales y tropas, cursos en Fort Knox, Fort Jackson, West Point, Fort Leavenworth, Annapolis y Albrook, y una alineación duradera de Bogotá con Washington. Para 1957, en toda América Latina operaban cuarenta misiones militares estadounidenses —catorce del Ejército, once de la Marina y quince de la Fuerza Aérea— con cerca de seiscientos oficiales como asesores; Colombia participaba plenamente de ese esquema.
Sobre esa base convencional se depositó, hacia fines de los años cincuenta, una capa nueva: la contrainsurgencia. En 1959, Estados Unidos envió a Colombia el primero de varios equipos de asesoría, integrado por veteranos de Filipinas y Corea —con antecedentes en las operaciones dirigidas por el coronel Edward Lansdale en el archipiélago asiático—, para evaluar la guerra y los métodos del Ejército colombiano. El informe resultante, en tres volúmenes, ya recomendaba una red extensa de asesores estadounidenses, participación directa en acciones contrainsurgentes y, entre otras medidas dirigidas al gobierno colombiano, adelantar una reforma agraria. En paralelo, dentro del país se consolidaba un anticomunismo militar de larga data: el coronel Gustavo Sierra Ochoa, uno de los primeros comandantes del Batallón XXI Vargas, había introducido en publicaciones internas la noción de "enemigo interno", la distinción entre "población hostil" y "población simpatizante" y la indicación de prescindir de la noción de ciudadanía para quienes se opusieran al Gobierno, llamando a librar una guerra sin cuartel que soslayara los derechos individuales. Desde finales de los años cuarenta, el reclutamiento oficial preferente de conservadores había teñido de facción a una institución que declaraba ser apolítica.
Cuando Yarborough aterrizó en El Dorado, entonces, el Ejército colombiano ya había sido reorientado desde una postura de defensa hemisférica externa hacia una de seguridad interna orientada a combatir guerrillas rurales; ya había recibido helicópteros, vehículos, equipos de comunicaciones y armas pequeñas; ya había realizado su primer asalto aéreo sobre una "república independiente" con helicóptero estadounidense; ya tenía dentro del cuerpo de oficiales una corriente que veía en la población civil un campo de disputa y no un espacio a proteger. El general no llegó a fundar nada: llegó a acelerar, sistematizar y legitimar externamente algo que ya estaba en curso.
Febrero de 1962: la misión y el suplemento secreto
La misión Yarborough se desplegó durante dos semanas, con visitas a instalaciones militares, entrevistas con altos mandos y recorridos por regiones donde el conflicto seguía vivo. Producto de ese trabajo, el equipo entregó dos textos. El informe público concentró recomendaciones técnicas: entrenamiento, equipamiento, adquisiciones. Se aconsejó a la Fuerza Aérea Colombiana adquirir aviones ligeros Helio Courier, el mismo modelo que la CIA usaba entonces intensamente en operaciones en África e Indochina —una pista discreta pero elocuente de la clase de guerra que se estaba proyectando—. Se recomendó también un programa intensivo de registro civil que dejara a toda la población fichada en archivos del gobierno con huellas digitales y fotografías, y se sugirieron técnicas de interrogatorio que incluían el uso de pentotal sódico y polígrafo.
Pero la pieza decisiva fue el Suplemento Secreto. Allí, separado del texto público y destinado a un círculo estrecho, Yarborough aconsejó desarrollar una "estructura cívico-militar" que debía servir para presionar reformas, ejecutar funciones de contra-agentes y contra-propaganda y, cuando fuera necesario, impulsar sabotajes y actividades terroristas paramilitares contra los conocidos partidarios del comunismo, con respaldo estadounidense. La frase importa palabra por palabra. No se trata de "colaboración civil con la fuerza pública" en abstracto: se trata de una estructura híbrida —cívica y militar a la vez— con capacidad ofensiva encubierta, dirigida contra un enemigo definido políticamente ("partidarios del comunismo"), autorizada a emplear violencia paramilitar y bajo padrinaje explícito de Washington. Es la formulación clásica de la guerra irregular estadounidense de comienzos de los sesenta, trasladada al contexto colombiano.
Nada en el suplemento fue inventado desde cero para Colombia: la fórmula recogía experiencias de Filipinas, de Indochina, de las contrainsurgencias británicas en Kenia y Malasia que sirvieron de referencia al Pentágono para diseñar la Acción Cívico-Militar. Lo específico del texto de Yarborough fue nombrar, con la autoridad del Special Warfare Center, una tarea concreta a ejecutar por un aliado concreto en un momento concreto.
La Alianza para el Progreso: la mano tendida y el guante cerrado
El suplemento secreto se depositó en un país que era, al mismo tiempo, la vitrina latinoamericana de la Alianza para el Progreso. La Alianza había sido lanzada el 17 de agosto de 1961 en Uruguay, mediante el Acta de Punta del Este, como iniciativa personal de Kennedy para América Latina, y su objetivo declarado era demostrar que el capitalismo progresista, y no el comunismo, era el medio más efectivo para mejorar la vida material del continente. Era la respuesta política a la Revolución cubana. Colombia fue seleccionada país modelo, en parte por su alineación histórica con Washington, en parte por considerarse un terreno favorable para probar la viabilidad del modelo. El primer contingente del Cuerpo de Paz que llegó a América Latina desembarcó en Colombia en septiembre de 1961 —sesenta y un voluntarios—, y hacia finales de la década había cerca de setecientos destacados en el país.
Las cifras del gasto ilustran el desequilibrio con el que la política estadounidense se proponía operar: en 1962 la asistencia militar a Colombia fue de apenas seis millones de dólares, y en 1963 subió a ocho coma cuatro millones, cantidades modestas frente al enorme gasto social y de desarrollo que la Alianza canalizaba en simultáneo. Ese contraste no debe leerse como candor. La doctrina Kennedy vinculaba explícitamente modernización económica y seguridad, apoyada en la teoría de las etapas del crecimiento de Walt W. Rostow, que identificaba la fase de "despegue" económico como el momento de mayor vulnerabilidad al ataque subversivo. Reforma y contrainsurgencia eran las dos manos del mismo cuerpo: se prometía desarrollo, se preparaba represión.
El programa de Acción Cívico-Militar, elaborado en el Pentágono a partir de la experiencia británica en Kenia y Malasia durante los años cincuenta, expresaba esa dualidad con nitidez: el Ejército repartiría vacunas, construiría escuelas y abriría caminos, y al mismo tiempo ficharía a la población, tejería redes de informantes y prepararía el terreno para la operación militar cuando llegara. El informe Yarborough, y en particular su anexo secreto, se encaja con precisión en ese engranaje: la "estructura cívico-militar" que recomendaba desarrollar era el brazo operativo de una política que, hacia afuera, se presentaba como cooperación al desarrollo.
Ruiz Novoa y el Plan Lazo: cómo la doctrina se hizo colombiana
El puente entre el suplemento de Yarborough y la doctrina interna del Ejército colombiano tiene un nombre: Alberto Ruiz Novoa, oficial de trayectoria en Corea, aplicador del Plan Lazo desde 1962 y luego comandante del Ejército y ministro de Guerra en el gobierno de Guillermo León Valencia. El Plan Lazo recogió, adaptó y sistematizó las ideas que llegaban de las misiones estadounidenses. Su fórmula doctrinal, sintetizada en una frase que circuló por los cuarteles —"el guerrillero es como pez en el agua; hay que quitarle el agua: esa es la tarea de la acción cívico-militar y de la guerra psicológica"—, es la traducción exacta, en registro criollo, de la ecuación que Fort Bragg exportaba al mundo.
En términos operativos, el Plan Lazo implicó abandonar los puestos fijos y las unidades tácticas regulares en favor de bases de patrullajes móviles y equipos de combate, con planeación centralizada y ejecución descentralizada; amplió el servicio militar obligatorio a dos años; reorganizó la institución castrense; y creó los Comités de Coordinación Cívico-Militar, encargados de seleccionar, organizar y adoctrinar unidades legales de autodefensa. En estas unidades se incorporaban preferentemente militares y policías retirados, junto a "personas sobresalientes" de la sociedad local, a quienes se entregaban armas. La descripción es literal, y su parentesco con la "estructura cívico-militar" del suplemento Yarborough es evidente: la civilidad armada al servicio de la contrainsurgencia dejaba de ser una recomendación externa y se convertía en organigrama.
La táctica del Plan Lazo contra las llamadas repúblicas independientes se desplegó en tres pasos secuenciales, ejecutados durante 1962-1966: primero, guerra psicológica y acción cívico-militar para ganar simpatías, crear redes de espionaje y censar habitantes; segundo, bloqueo económico y militar del territorio; tercero, agresión punitiva con armas modernas y gran número de tropas. Es la secuencia que se aplicaría en Marquetalia, en Riochiquito, en El Pato, en Sumapaz —zonas donde el Partido Comunista Colombiano tenía presencia y donde el senador conservador Álvaro Gómez Hurtado había denunciado la existencia de territorios sustraídos a la soberanía del Estado—.
La misión Yarborough no dictó el Plan Lazo ni firmó sus manuales. Pero la doctrina que el plan operacionalizó, la arquitectura cívico-militar que institucionalizó y la definición de enemigo interno con la que trabajó recogen, casi punto por punto, la matriz de la guerra irregular que el general estadounidense representaba. La agencia colombiana —Ruiz Novoa, los oficiales del Frente Nacional, las élites bipartidistas— fue decisiva: seleccionó, adaptó y aplicó según sus intereses de consolidación institucional y control territorial. Pero la caja de herramientas conceptual venía de Fort Bragg.
El Frente Nacional: el terreno político
El paisaje que Yarborough encontró en 1962 estaba modelado por dos hechos mayores: el fin nominal de La Violencia y la instalación del Frente Nacional. La Violencia —el ciclo de exterminio de sectores que luchaban por cambio social, con origen en el temor a que el gaitanismo accediera al poder electoral— había desangrado al país entre 1946 y 1959. El Frente Nacional, pacto bipartidista entre liberales y conservadores para alternarse en el poder cada cuatro años durante veinte, cerró la posibilidad de que cualquier tercer partido compitiera en igualdad de condiciones. El primer presidente del arreglo fue el liberal Alberto Lleras Camargo (1958-1962), quien reconoció abiertamente que el Frente Nacional no había significado la conquista de la paz —la violencia política persistía en menor escala— e impulsó una Comisión Investigadora de las Causas de la Violencia y un Plan Nacional de Rehabilitación, sin lograr calmar del todo los conflictos heredados.
Ese cerrojo político tuvo un costo. Los grupos organizados que quedaban por fuera del bipartidismo —remanentes de guerrillas liberales, autodefensas campesinas de raíz comunista, movimientos agrarios— encontraron cegados los canales legales de disputa por el poder. La combinación de tres factores —los rezagos de la violencia de los años cincuenta, los intentos militares de recuperación territorial y la limitada capacidad del Frente Nacional para integrar organizaciones al margen del bipartidismo— empujó una mutación de esos grupos hacia guerrillas revolucionarias en confrontación abierta con el régimen. El asesinato de Jacobo Prías Alape, alias Charro Negro, jefe comunista, a manos de guerrilleros liberales, fue uno de los factores que impulsaron a los sectores comunistas al retorno a la lucha armada.
Sobre ese trasfondo, la Guerra Fría y la Alianza para el Progreso operaban como condicionantes externos que reforzaban la lectura militarizada del conflicto interno. Todo empujaba a que la respuesta del Estado colombiano al malestar rural fuera una respuesta contrainsurgente, no una respuesta política. La misión Yarborough llegó a un país donde la pregunta ya no era si habría guerra irregular, sino cómo hacerla mejor.
La Doctrina de Seguridad Nacional y la construcción del enemigo interno
El marco intelectual que envolvió la operacionalización de las recomendaciones de Yarborough fue la Doctrina de Seguridad Nacional, promovida por Estados Unidos y adoptada por oficiales latinoamericanos entrenados en Panamá, Georgia, Texas y Carolina del Norte. Allí aprendían teoría económica comunista, estructura partidaria, estrategia; allí se les enseñaba a leer el conflicto interno de sus países como capítulo local de una guerra global. La doctrina exigía a las Fuerzas Armadas el abandono del apoliticismo y la neutralidad castrense, y les pedía incidencia activa en los ámbitos político, económico y social para combatir el comunismo.
La lógica que se derivaba era implacable: nadie podía ser neutral. Huelgas, manifestaciones sociales y campañas electorales de ciertos sectores fueron consideradas focos de conflicto sujetos a control estatal, lo que tendió a difuminar la frontera entre oposición política y subversión. En Colombia, esa doctrina cayó sobre un cuerpo de oficiales que desde los años cuarenta venía elaborando la noción de enemigo interno, y encontró terreno fértil para consolidarla. La militarización de territorios como zonas especiales de orden público, las acciones cívico-militares para ganar simpatía de la población y las labores de inteligencia a través de actividades civiles definieron una nueva forma de estar del Ejército en la sociedad colombiana.
Los manuales militares de 1963 y 1979 ordenaron explícitamente organizar militarmente a la población civil para su participación en operaciones de combate contra guerrillas, y definieron formalmente la figura de la "junta de autodefensa". La estrategia antisubversiva consideró legítima la conformación de grupos civiles armados en defensa nacional. Todo el vocabulario del suplemento Yarborough —estructura cívico-militar, contra-agentes, contra-propaganda, apoyo estadounidense— reaparecía traducido a la lengua administrativa del Ejército colombiano.
Del Decreto 3398 de 1965 al paramilitarismo legal
El eslabón jurídico llegó tres años y medio después de la misión. El Decreto 3398 de 1965 organizó la defensa nacional y formalizó la utilización de la población civil en acciones militares, estableciendo un marco legal para la conformación de grupos civiles armados de autodefensa y contemplando el suministro de medios a civiles. Con ese decreto, y con la Ley 48 de 1968 que lo prorrogó, el paramilitarismo se hizo legal en Colombia. Lo sería durante veinticuatro años, hasta 1989, aunque los crímenes cometidos por esos grupos nunca lo fueron.
Aquí es donde la línea que sale del Suplemento Secreto de febrero de 1962 se hace más visible. La cadena tiene tres tramos: la doctrina estadounidense de guerra irregular, cristalizada en el informe de Yarborough, propuso una estructura cívico-militar con capacidad paramilitar; el Plan Lazo, aplicado desde 1962, montó los Comités de Coordinación Cívico-Militar que institucionalizaron esa figura en la práctica del Ejército; el Decreto 3398 de 1965 le dio forma legal. En ese trayecto, lo que había nacido como recomendación externa dirigida a un aliado se convirtió en derecho positivo colombiano.
Sería un error reducir la génesis del paramilitarismo colombiano a la voluntad de un general estadounidense o a un decreto. Hubo diseño y hubo desborde, hubo intención estatal y hubo lógicas propias de los grupos que operaron bajo su amparo: las autodefensas colombianas surgieron de la decisión y el patrocinio del Estado, fueron creadas institucionalmente en los años sesenta como parte de la política global de Seguridad Nacional —con delegación en coaliciones regionales del monopolio de la violencia bajo padrinaje del Ejército—, y sobre ese armazón se montaron después dinámicas propias que lo desbordaron: protección contra la extorsión, narcotráfico, intereses políticos regionales. Lo indiscutible es que el marco doctrinal y legal de esa privatización armada tuvo padres identificables, y que uno de los actos fundacionales de esa genealogía fue el informe de Yarborough.
Bajo el amparo del Decreto 3398 y la orientación del Plan Lazo actuaron ya, en los años sesenta y setenta, hombres como José Adalid Hoyos, alias El Patón, en el Magdalena Medio: la selección y el armamento de civiles, la incorporación de militares y policías retirados a estructuras locales de "autodefensa" con apoyo de la fuerza pública, todo eso operaba dentro del marco que la doctrina había preparado. Cuando en los años ochenta el narcotráfico inyectara recursos y agendas propias a esas estructuras, encontraría un edificio ya construido para recibirlas.
Marquetalia y la ironía del laboratorio
La aplicación más célebre de la doctrina que Yarborough contribuyó a instalar fue la Operación Marquetalia de 1964. El Ejército colombiano, con la estrecha alianza militar entre el gobierno de Guillermo León Valencia y Estados Unidos que caracterizó el periodo, atacó el enclave campesino comunista del sur del Tolima donde vivían Manuel Marulanda Vélez —Pedro Antonio Marín, luego conocido como Tirofijo— y Jacobo Arenas, entre otros. La operación siguió al pie de la letra los tres pasos del Plan Lazo: acción cívico-militar y guerra psicológica previa, bloqueo del territorio, agresión punitiva. Los mandos colombianos fueron oficiales formados en la nueva doctrina —Álvaro Valencia Tovar, luego comandante del Ejército; Fernando Landazábal Reyes, luego ministro de Defensa—, y la operación se coronó como éxito militar: se recuperó el territorio.
El éxito militar, sin embargo, tuvo el efecto que muchas veces produce la contrainsurgencia sin política: los sobrevivientes de Marquetalia, aquellos campesinos y comunistas que huyeron del bombardeo, se reorganizaron en asamblea y en 1966 dieron origen a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Los ataques a las otras repúblicas independientes —Riochiquito, El Pato, Guayabero— alimentaron el mismo proceso. La contrainsurgencia diseñada para eliminar guerrillas terminó, por sus propios métodos, ampliando el problema que se proponía resolver. Yarborough no vivió para ver, o eligió no ver, esa paradoja: en las memorias públicas de los oficiales estadounidenses de la contrainsurgencia sesentera, América Latina figura como un teatro de éxito. En Colombia, la operación que se presentó como triunfo abrió un ciclo de guerra que duraría medio siglo.
La huella
Yarborough continuó su carrera después de 1962 —Vietnam del Sur estaba en la agenda inmediata de Fort Bragg— y murió en 2005, a los noventa y dos años, con la reputación intacta dentro de la comunidad de las Fuerzas Especiales estadounidenses, que lo tiene por uno de sus padres institucionales. Fuera de ese círculo, su nombre viaja de otra manera. En la bibliografía sobre el conflicto armado colombiano, el Suplemento Secreto de febrero de 1962 es una cita recurrente, casi obligada, cuando se rastrean los orígenes doctrinales del paramilitarismo. Su frase sobre los "sabotajes y actividades terroristas paramilitares" se ha convertido en la evidencia más limpia y más citable de que Washington no solo toleró, sino que recomendó por escrito, una guerra sucia como componente auxiliar de la contrainsurgencia latinoamericana.
Reducir la historia posterior de Colombia a esa recomendación sería una simplificación. La violencia bipartidista precedía a Yarborough; el anticomunismo del Ejército venía de antes; las élites colombianas tenían sus propios cálculos; y el paramilitarismo, en su expansión de los años ochenta y noventa, adquirió lógicas —narcotráfico, tierras, control electoral local— que desbordaron cualquier libreto de Guerra Fría. Pero también sería falso presentar al general como un visitante episódico. La misión de febrero de 1962 fue el momento en que la doctrina de Fort Bragg se depositó, con nombre y firma, en la caja fuerte del Estado colombiano. Lo que allí quedó guardado se sacó pronto: el Plan Lazo lo operacionalizó, el Decreto 3398 lo legalizó, los manuales de 1963 y 1979 lo dogmatizaron, y las autodefensas legales lo pusieron a andar. La sociedad colombiana pagaría el resto del siglo la cuenta de aquella importación doctrinal.
En la Unión Patriótica, exterminada en los años ochenta por parte de un sector del estamento castrense que la identificó como enemigo interno desde su nacimiento, en los pueblos del Magdalena Medio arrasados por autodefensas armadas al amparo de decretos que la doctrina Yarborough había hecho pensables, en la larga sombra que el concepto de "estructura cívico-militar" proyectó sobre la relación entre Fuerzas Armadas y sociedad, se puede leer, filtrada por múltiples mediaciones colombianas, la huella de aquellas dos semanas de febrero de 1962. Yarborough no fue el autor único de esa historia. Fue, sin embargo, el hombre que puso por escrito, en un anexo secreto, lo que otros luego harían con nombre y bandera colombianos.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
38 documentos · 50 fragmentos01Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · Páginas 43, 462 citas
[1]provided by the United States. 16 The light aircraft that Yarborough recommended for the Colombian Air Force were “Helio Couriers,” a lightweight plane used extensively by the cia in operations at that time in Africa and Indochina. The U.S. State Depart - ment had already recommended in 1960 that the Colombian…
p. 46
[11]facilitated subsequent interventions. The United States initiated its military interventions in Colombia in the 1850s, in support of the U.S. owners and users of the Panama Railroad, lo - cated in what was then still part of Colombia. After the United States “took Panama” from Colombia, in the words of Theodore Roo se…
p. 43
02Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Páginas 29, 472 citas
[2]la población, y se mejorara la inteligencia. En particular sugería: «Un programa intenso de registro de los civiles... de modo que todos sean registrados en archivos del gobierno incluyendo huellas digitales y fotografías»... También recomendaba este esmerado militar, el procedimiento de técnicas de interrogatorio que…
p. 47
[31]para el partido liberal y así sucesivamente, durante veinte años, cerrando a la vez la compuerta, a una posible opción de un tercer partido político que pudiera entrar a competir por el poder en igualdad de condiciones. El primer presidente elegido dentro de ese acuerdo frente- nacionalista, fue el liberal Alberto…
p. 29
03Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Páginas 29, 472 citas
[3]la población, y se mejorara la inteligencia. En particular sugería: «Un programa intenso de registro de los civiles... de modo que todos sean registrados en archivos del gobierno incluyendo huellas digitales y fotografías»... También recomendaba este esmerado militar, el procedimiento de técnicas de interrogatorio que…
p. 47
[32]para el partido liberal y así sucesivamente, durante veinte años, cerrando a la vez la compuerta, a una posible opción de un tercer partido político que pudiera entrar a competir por el poder en igualdad de condiciones. El primer presidente elegido dentro de ese acuerdo frente- nacionalista, fue el liberal Alberto…
p. 29
04El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Páginas 94, 2004 citas
[4]en ese territorio. Desde los años treinta del siglo pasado, se hizo notorio el que los caciques del Partido Conservador y la jerarquía católica organiza- ran bandas para agredir y asesinar a los liberales. Estos respondie- ron de manera idéntica, aunque sin el apoyo de la curia. Durante la llamada “época de la…
p. 200
[5]en ese territorio. Desde los años treinta del siglo pasado, se hizo notorio el que los caciques del Partido Conservador y la jerarquía católica organiza- ran bandas para agredir y asesinar a los liberales. Estos respondie- ron de manera idéntica, aunque sin el apoyo de la curia. Durante la llamada “época de la…
p. 200
[19]L’Empire Americain, Ob. cit. 20 Noam Chomsky: Las intenciones del Tío Sam, Ob. cit. El terrorismo de Estado en Colombia /// Hernando Calvo Ospina 94 A muy poco de nacida la Alianza, el Departamento de Comercio de Estados Unidos reconocía su buen funcionamiento: creó nuevos negocios y fuentes de trabajo para empresas…
p. 94
[20]L’Empire Americain, Ob. cit. 20 Noam Chomsky: Las intenciones del Tío Sam, Ob. cit. El terrorismo de Estado en Colombia /// Hernando Calvo Ospina 94 A muy poco de nacida la Alianza, el Departamento de Comercio de Estados Unidos reconocía su buen funcionamiento: creó nuevos negocios y fuentes de trabajo para empresas…
p. 94
05War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · Página 741 cita
[6]Jr., who was staff director of the National Security Council's special group for counterinsurgency during the Kennedy and Johnson administrations. He was also a staff member for the Joint Chiefs of Staff and a naval attache in Latin America. Here is how he describes the original formulation of this policy, which is…
p. 74
06Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Página 651 cita
[7]el trasfondo de la guerrilla del e pl, pavimentaría el camino al paramilitarísmo (Romero, 2003, pp. 128-155). La cara antiliberal de la Alianza era la doctrina contrainsurgente elabor a da por diferentes agencias del gobierno estadounidense con el objetivo de for talecer la legitimidad política y la capacidad militar…
p. 65
07More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · Página 761 cita
[8]the doctores in charge were so impressed that they promoted him again, to the position of army commander and later war minister. Although General Ruiz downplays the link, it is clear that Plan Lazo also drew heavily on American ideas that emerged from a seis- mic shift in the way war was waged across the globe, most…
p. 76
08America's Other War: Terrorizing ColombiaDoug Stokes · 2005 · Página 892 citas
[9]alone, for example, two Colombian governments collapsed. 41 The US Department of State recognized these dangers and declared the crisis in Colombia to be threatening ‘because of strategic, political and economic considerations’ with ‘Colombia’s radical departure from customary practises’ a ‘vital concern to the United…
p. 89
[10]alone, for example, two Colombian governments collapsed. 41 The US Department of State recognized these dangers and declared the crisis in Colombia to be threatening ‘because of strategic, political and economic considerations’ with ‘Colombia’s radical departure from customary practises’ a ‘vital concern to the United…
p. 89
09Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 2491 cita
[12]States to pay closer attention to Latin American society as a whole, rather than only the eco- nomic, political, and military elites. John F. Kennedy’s election to the presidency in 1960 represented a new era of youthful, creative leadership, and he was admired in Latin America for his charisma, vitality, and Roman…
p. 249
10Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 2801 cita
[13]virulentamente anticomunista del presidente Laureano Gómez, un político de ultraderecha conocido por sus detractores como “el Monstruo”. Gómez, que saldría del Gobierno en 1953 por un golpe militar, una rareza en la Colombia del siglo XX, 77 esperaba recibir asistencia militar de los Estados Unidos como pago por los…
p. 280
11Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Páginas 37, 492 citas
[14]sugerencias del Comité de los 21 tuvieron eco en la Casa Blanca con la llegada a la presidencia de John F. Kennedy, quien solicitó a los ex pre- sidentes Lleras Camargo, de Colom- bia, y Kubitschek, del Brasil, que for- mularan propuestas en relación a los cambios que se debían llevar a cabo en las estructuras…
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[39]y una fragata. Corea se constituía en el primer escenario en el cual la guerra fría pasaba al enfrenta- miento armado, y por esa razón Co- lombia participaba en la fuerza mul- tilateral de pacificación que viajó al sureste asiático con el fin de repeler la invasión de Corea del Norte. Esta úl- tima había sido…
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12Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 4142 citas
[15]población, por el desem- pleo y la insatisfacción de sus necesidades apremiantes, parecía encontrar en las audaces experiencias de Cuba una solución a sus conflictos vitales". 22 Los norteamericanos, por conducto de la Alianza para el Progreso, y promoviendo políticas de inter- vención económica y de mayor…
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[16]población, por el desem- pleo y la insatisfacción de sus necesidades apremiantes, parecía encontrar en las audaces experiencias de Cuba una solución a sus conflictos vitales". 22 Los norteamericanos, por conducto de la Alianza para el Progreso, y promoviendo políticas de inter- vención económica y de mayor…
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13Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 691 cita
[17]g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia Ilustración 2: El Colombiano 1960 El triunfo de la Revolución Cubana detonó acuerdos con los Estados Unidos enmarcados en la denomina “alianza para el progreso” (Lleras, 1963) que incluía acuerdos militares de cooperación durante el periodo de Alberto Lleras Camargo 70…
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14Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 2211 cita
[18]in early 1962. In- terestingly, and certainly distinct from today’s reality, U.S. military spending in Colombia was far less significant than social and development spending. Only six million dollars was sent to Colombia in military assistance in 1962; that number grew to 8.4 million dollars in 1963. 14 Colombia was…
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15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 611 cita
[21]GINI para Bogotá y la Región», 11-12. 118 Archila, Idas y venidas, vueltas y revueltas, 337. 119 Misas Arango, Regímenes de acumulación y modos de regulación: Colombia 1910-2010, 62. 120 Archila, Idas y venidas, vueltas y revueltas, 90. 121 Helg, La educación en Colombia: 1918-1957. Una historia social, económica y…
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16No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 911 cita
[22]selectivamente, según las redes de poder preexistentes y el tipo de lazos políticos tejidos con sus pobladores» 215. Esto implicó la exclusión de quienes no formaban parte de esas redes, como les ocurrió a los comunistas en algunas regiones. La primera misión de cooperación que envió Estados Unidos, conformada por…
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17Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 281 cita
[23]amparo de armas y propiciaba el apoyo a líderes de las comunidades a los que investía de atribuciones o funciones pro- pias de la fuerza pública, como vigilancia y captura de los que denominaban co- múnmente como “antisociales”. Era la continuidad de la orientación doctrinal 28 ISAZA, EL CLAN PARAMILITAR LAS…
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18Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · Página 641 cita
[24]defender exclusivamente las fronteras nacionales para empezar a enfrentar a los armados en el país, lo que exigía el abandono del apoliticismo y la neutralidad de la institución castrense. En tanto que se planteaba combatir el comunismo no solo desde una clara estrategia militar, sino también que su freno debía…
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19Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · Páginas 48, 642 citas
[25]la Escuela Militar de Cadetes a fin de elevar la enseñanza en el ámbito universitario y se fundó la Cátedra de Filosofía Militar, con el fin de explicar el sentido y la misión de las Fuerzas Armadas y dar a conocer el papel de esta institución. También se hizo un esfuerzo por llevar a los cuadros de las Fuerzas…
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[44]cual se inició un reclutamien- to exclusivo de conservadores y se comenzó a protestar contra las formas “convencionales” de lucha antiguerrillera, introduciendo, a través de varias publicaciones ideológicas y de principios, la no- ción y la práctica del ‘enemigo interno’. Uno de los primeros comandantes del Batallón…
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20Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 4201 cita
[26]through Catholic charities and the international program known as CARE. 67 Plan Lazo received great motive force from the Cold War. Relations be- tween Colombia and Cuba had cooled rapidly as Fidel Castro moved leftward after 1959 and turned hostile in late 1961, as Alberto Lleras Camargo pre- pared to receive a state…
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21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 721 cita
[27]la soberanía del Estado, y agregó: «Hay la República Independiente de Sumapaz. Hay la República Independiente de Planadas, la de Riochiquito, la de este bandolero que se llama Richard». Gómez, además, le pidió al Gobierno que se diera vía libre al Ejército para que operara «a plenitud»; de no hacerlo, «está fomentando…
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22Camilo TorresGerman Guzman · 1969 · Página 2241 cita
[28]Chiquita, El Pato and Guayabero. As a governmental plan for controlling them, the Lazo Plan was put into action. The development of this plan includes several tactical steps. The first is the psychological war which embraces the “civic-military action” consisting of programs of aid to the peasants through army…
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23"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · Página 231 cita
[29]en Colombia a. e jecuciones como expresión de “L a v io L encia ” y L a d octrina de s eguridad n aciona L, 1946-1988 El año de 1946 ha sido definido por parte de los historiadores modernos como el año en que se origina en Colombia un conflicto violento ininterrumpido hasta el día de hoy, en el que la violencia contra…
p. 23
24Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 721 cita
[30]tan 1747 importante papel habia tenido en la violencia bipar- tidista, en calidad de brazo armado del partido con- servador, fue despolitizada y militarizada. Pero las verdaderas causas de la violencia politica y social fueron tratadas de una manera totalmente superfi- cial, lo cual condujo a que algunos sectores de…
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25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 601 cita
[33]Lleras Camargo (1958- 1962) sugería que el Frente Nacional inaugurado con su juramento significó el regreso al poder de los gobiernos civiles, pero no la conquista de la paz. Tras una década de desgarradora crueldad y cinco años de dictadura militar, la violencia política persistía –aunque en menor escala– por lo cual…
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26¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 721 cita
[34]Ejército contra las denomi- nadas “repúblicas independientes” (1964 y 1966). Según otras versiones, el regreso de los grupos comunistas a la lucha armada tuvo inicio, por un lado, en el asesinato de uno de sus jefes principales, Jacobo Prías Alape, alias Charro Negro, por parte de las guerrillas liberales; y, por otro…
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27Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 1822 citas
[35]independientes” comunistas, comenzando por la más antigua y numerosa: 10 Robert H. Dix, Colombia: The Political Dimensions of Change (New Haven: Yale University Press, 1967), 279-280; Eduardo Pizarro Leongómez, “Revolutionary Guerrilla Groups in Co- lombia”, en Charles Bergquist, ed., Violence in Colombia: The…
p. 182
[36]independientes” comunistas, comenzando por la más antigua y numerosa: 10 Robert H. Dix, Colombia: The Political Dimensions of Change (New Haven: Yale University Press, 1967), 279-280; Eduardo Pizarro Leongómez, “Revolutionary Guerrilla Groups in Co- lombia”, en Charles Bergquist, ed., Violence in Colombia: The…
p. 182
28Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Página 1001 cita
[37]destacamentos embrionarios y los grupos guerrilleros liberales, comandados por Gerardo Loaiza; se creó el Comando del Davis en lo alto del cañón del Cambrín, y se conformó un estado mayor unificado. Entre 1949 y 1964, el PCC, en consonancia con los cambios de la situación política nacional, va a desarrollar una…
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29Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · Página 3221 cita
[38]157–58, 159–60, 190–92; and internal security, 171, 187–88, 191–92, 195–98, 199 Military Attachés. See Attachés, Brazilian Mili- tary; Attachés, Colombian Military; Atta- chés, U.S. Military Military Equipment, U.S., 28–31, 37, 60–62; con- troversies over the distribution of, 60–62, 157–62. See also Lend-Lease Program…
p. 322
30La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · Página 3741 cita
[40]ventajosamente a una guerra generalizada de guerrillas dentro de la topografía americana. En algunos países, como Colombia, se han realizado ensayos con resultados positivos. Algunos atribuyen este éxito, en parte, a la ayuda de Estados Unidos que han destacado en Latinoamérica cerca de 600 oficiales como asesores…
p. 374
31Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · Página 451 cita
[41]countries, got U.S. training in Panama, Georgia, Texas, and North Carolina, where they learned everything about communism anyone would want to know: its economic theory, party structure, organization, recruitment, and strategy. Controlling the communist threat at the time involved what was known then as the National…
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32Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · Página 1951 cita
[42]militar alineada con la política militar nortea- mericana y iii) la reapropiación de la Doctrina de Seguridad Na- cional suramericana (Leal, 2006, páginas 55-61). De esta forma, se dio una reconfiguración de un modelo de fuerza para la Defensa Nacional a uno de Seguridad Nacional (Rueda, 1997), que derivó en la…
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33Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · Página 571 cita
[43]o en contra de la nación, nunca neutrales, dada la visión que se hacía a través del prisma de la lucha contrainsurgente. En ese sentido, las huelgas, la manifestación social y las campañas electorales de ciertas condiciones eran consideradas como focos de con fl ictos y, por ende, sujetos de control estatal 64. La in…
p. 57
34Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 252, 4222 citas
[45]sirvió, entonces, de la militarización de territorios considerados como zonas especiales de orden público y del desarrollo de acciones cívico-militares para atender las necesidades básicas de la población, como medio para ganar su simpatía y, a la vez, realizar labores de inteligencia, obteniendo información a través…
p. 422
[47]desarrollo de organizaciones que brindaban protección a quien pudiese pagarla 326 Una suerte de delegación hacia arriba que se ha manifestado en la adopción de recomendaciones y políticas de seguridad y defensa internacionales, especialmente estadounidenses, para definir y afrontar las responsabilidades estatales en…
p. 252
35Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 1521 cita
[46]con la tropa, para obligarlos a que se descubran; atemorizarlos haciéndoles creer que están comprometidos y que deben abandonar la región” (Colombia, Ejército Nacional, Ayudantía General del Comando del Ejército, 1979, p. 188). Como los habitantes se encuentran en el centro del con fl icto, es necesario incluirlos en…
p. 152
36Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 461 cita
[48]Seguridad Nacional de 1978. Por tanto, entre 1965 y 1989 el paramilitarismo fue legal aunque no lo eran los crímenes cometidos por estos grupos. Según Francisco Gutiérrez, este contexto histórico e institucional fue la cuna de las autodefensas colombianas. Estas surgieron directamente de la decisión y el patrocinio…
p. 46
37Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · Página 421 cita
[49]la reedición y lento avance de la discusión en torno al paramilitarismo. Aunque todos los comisionados coinciden en comprender al fenómeno paramilitar, como uno de los factores de persistencia del conflicto armado colombiano, la discusión gira en torno a si se trató de una expresión contingente, “habilitada” por el…
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38¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · Página 1031 cita
[50]repositorio de esperanzas democráticas y protagonista de paros cívicos que transformaban la sociedad y ponían en cuestión los poderes estable- cidos, la "periferia" territorial se convirtió en escenario de captura del Estado, primero con el fenómeno del narcotráfico y después, en mucha mayor escala, con el del…
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