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Idea · Constitución de 1991

Monopolio de la violencia

El monopolio estatal de la violencia —la capacidad exclusiva del Estado de ejercer coerción legítima sobre un territorio— nunca fue un hecho consumado en Colombia sino una aspiración jurídica en disputa permanente, delegada, fragmentada o disputada por actores paralelos desde la fundación de la república hasta el siglo XXI.

3.887 palabras69 documentos71 fragmentos citados
Monopolio de la violencia

Trayectoria de una idea

  1. 1863

    Constitución de Rionegro: renuncia estructural al monopolio

  2. 1867

    Ley 20: la renuncia legislada

  3. 1886

    Constitución de 1886: reconstitución formal del monopolio

  4. 1899

    Guerra de los Mil Días: fracaso del monopolio reconstituido

  5. 1948

    La Violencia: el Estado como herramienta partidista

  6. 1965

    Paramilitarismo legal: la delegación como política de Estado

  7. 1991

    Constitución de 1991: la promesa refundacional

  8. 1994

    Decreto 356 y Convivir: la delegación reciclada

  9. 1997

    Fundación de las AUC: disputa abierta del monopolio

03

La lectura

El monopolio de la violencia en Colombia es menos una realidad histórica que un horizonte normativo que el Estado ha perseguido sin alcanzar desde su fundación. Su déficit no es accidental sino estructural: fue inscrito en el diseño federal de 1863, legislado en la Ley 20 de 1867, apenas parcialmente corregido por la Regeneración de 1886 y reactivado como política deliberada durante la Guerra Fría bajo la forma del paramilitarismo legal. La Constitución de 1991 representó el intento más ambicioso y más contradictorio de refundarlo: mientras la Asamblea deliberaba sobre derechos fundamentales, el Estado expedía normas que delegaban la coerción en actores privados armados. El resultado fue una arquitectura constitucional garantista superpuesta a una práctica institucional que reproducía la delegación histórica, produciendo lo que la justicia transicional llamaría 'violencia por delegación'. La expansión de las AUC entre 1997 y 2004 —con sus 150.000 víctimas, sus 3,5 millones de desplazados y su sofisticado despojo de tierras con complicidad estatal— fue la consecuencia más brutal de esa contradicción no resuelta entre la promesa constitucional y la práctica institucional.

El monopolio de la violencia en Colombia

En la definición clásica de Max Weber, el Estado moderno es la comunidad humana que reclama para sí, con éxito, el uso legítimo de la fuerza física dentro de un territorio determinado. Sobre esa premisa se construyeron las instituciones europeas del siglo XIX y buena parte de la teoría política contemporánea. En Colombia, en cambio, ese monopolio nunca fue un hecho consumado sino una aspiración jurídica en disputa permanente. Desde la Constitución de Rionegro hasta el Acuerdo de La Habana, la coerción legítima se ha ejercido de manera fragmentada, delegada o disputada por actores paralelos —guerrillas, paramilitares, narcotraficantes, élites regionales armadas— que ocuparon los vacíos que el Estado central no supo o no quiso llenar. Esta ficha rastrea cómo se formuló el monopolio, cómo se delegó, cómo se fragmentó, cómo la Constitución de 1991 intentó refundarlo justo cuando la fragmentación alcanzaba su mayor intensidad, y por qué esa promesa quedó estructuralmente diferida.

Una república armada: la delegación fundacional

El déficit del monopolio no comienza con el narcotráfico ni con las guerrillas del siglo XX. Está inscrito en el diseño mismo de la república. La Constitución de Rionegro, promulgada en 1863, estableció los Estados Unidos de Colombia bajo un régimen federal en el que el Estado nacional no tenía derecho a intervenir en los asuntos internos de los estados que lo componían y, en consecuencia, no existía un ejército nacional. La coerción legítima quedó repartida entre nueve estados soberanos con sus propias fuerzas armadas.

Cuatro años después, la Ley 20 de 1867 llevó ese principio a su expresión más radical: ordenaba al gobierno de la Unión observar "la más estricta neutralidad" cuando en algún estado se levantara una porción de ciudadanos para derrocar el gobierno existente. Es decir, obligaba al Estado central a abstenerse de sofocar rebeliones internas. Se legislaba, explícitamente, la renuncia al monopolio de la violencia.

Fue una de las expresiones más nítidas de una idea que persistió mucho más allá de su derogación en 1880: que la coerción podía y debía ejercerse desde abajo, por coaliciones armadas de ciudadanos, sin que el poder central se arrogara la última palabra. La guerra civil de 1884-1885 puso en crisis ese diseño. Los vencedores, encabezados por Rafael Núñez desde el proyecto de la Regeneración iniciado en 1880, atribuyeron la inestabilidad crónica al federalismo mismo y convocaron un Consejo de Delegatarios para redactar una nueva carta. La Constitución de 1886 estableció un ejército nacional, centralizó la administración, restableció relaciones con la Iglesia mediante un concordato y acogió la idea de que "las repúblicas deben ser autoritarias". Sobre el papel, el monopolio quedaba reconstituido.

En la práctica, no. Bajo la Constitución de 1886 estalló la Guerra de los Mil Días (1899-1902), el enfrentamiento civil más destructivo del siglo, y con él quedó claro que el nuevo orden constitucional resultaba tan inadecuado a la realidad nacional como el anterior. En Colombia la política se inventó desde la guerra: las constituciones del siglo XIX fueron llamadas "Cartas de Batalla" porque la guerra —no el debate doctrinario, no las elecciones, no los partidos como en otras latitudes— fue el motor de la vida pública. La abundancia de constituciones nuevas y reformadas, la sucesión de códigos penales, la recurrencia de las guerras civiles: todo apuntaba a una dificultad estructural para consolidar la coerción legítima en manos del Estado.

Esa dificultad reapareció, transformada, durante La Violencia de mediados del siglo XX. Cuando el enfrentamiento bipartidista escaló tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, el Ejército y las fuerzas policiales, lejos de comportarse como árbitros imparciales, se convirtieron en herramientas de un partido. La coerción estatal se puso al servicio de una parcialidad política, y de esa distorsión emergerían las autodefensas campesinas de influencia comunista que, tras la Operación Marquetalia de 1964, darían origen a las FARC. La república nunca terminó de resolver el problema formulado en Rionegro: quién manda sobre las armas, y en nombre de quién.

A partir de la década de 1960, la delegación de la violencia dejó de ser un residuo del federalismo decimonónico para convertirse en una política deliberada. Enmarcado en la Doctrina de Seguridad Nacional promovida por Estados Unidos en el hemisferio, el Estado colombiano institucionalizó entre 1965 y 1989 un paramilitarismo legal: coaliciones armadas regionales, patrocinadas por el Ejército, a las que transfirió el trabajo contrainsurgente que la fuerza pública, sometida al imperio de la ley, no podía o no quería realizar directamente.

Esa delegación no fue una anomalía ni un desvío: fue estrategia. Y produjo un efecto duradero: acostumbró a las fuerzas armadas, a los ganaderos, a los políticos locales y a los cuerpos de inteligencia a operar en simbiosis con estructuras armadas privadas, bajo la lógica de que la contrainsurgencia justificaba la coerción por fuera del canal formal del Estado.

Cuando ese paramilitarismo se ilegalizó formalmente en 1989 —tras años de masacres, ejecuciones selectivas y evidencias abrumadoras de su articulación con el narcotráfico—, las estructuras no desaparecieron. Se sumergieron, se reorganizaron, esperaron. La cultura institucional que las había producido seguía intacta.

La Constituyente: refundar el pacto en medio del incendio

La Asamblea Nacional Constituyente que sesionó entre febrero y julio de 1991 fue hija de la violencia. La empujaron el movimiento estudiantil de la Séptima Papeleta y dos decretos de estado de sitio —uno del gobierno de Virgilio Barco, otro del de César Gaviria— avalados por la Corte Suprema de Justicia. Pero lo que la hizo posible, en el sentido político hondo, fue el clima de terror que el narcotráfico y el paramilitarismo habían impuesto sobre el país.

El asesinato de Luis Carlos Galán en agosto de 1989, ordenado por Pablo Escobar, fue una de las expresiones más brutales de esa ofensiva. Entre 1989 y 1990 cayeron cuatro candidatos presidenciales. La guerra entre el Estado y el Cartel de Medellín había alcanzado una intensidad sin precedentes. En ese contexto, ciudadanos de las más diversas tendencias políticas confluyeron en la idea de que hacía falta un nuevo pacto fundacional.

La Asamblea inició sesiones el 4 de febrero de 1991 y proclamó la nueva Constitución el 4 de julio del mismo año, bajo la tricopresidencia de Álvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolff y Horacio Serpa Uribe. Fue, además, una constituyente parcialmente reconciliadora: el M-19, el EPL, el Movimiento Quintín Lame y el PRT se habían desmovilizado e ingresaron al proceso; Navarro, excomandante guerrillero, ocupaba una de las copresidencias. La política, por un momento, sustituyó a las armas.

Pero solo por un momento y solo con algunos actores. Las FARC y el ELN se apartaron del proceso. El bombardeo a Casa Verde, el santuario histórico de las FARC en Cundinamarca, había ocurrido en diciembre de 1990, y las dos guerrillas más antiguas del continente entraron a la década de los noventa endurecidas, no reconciliadas. Mientras la Asamblea deliberaba sobre derechos fundamentales, tutela y bloque de constitucionalidad, en buena parte del país la coerción efectiva seguía en manos de actores no estatales.

La Constitución de 1991 rediseñó ambiciosamente la arquitectura del monopolio estatal. Creó la Fiscalía General de la Nación, introdujo la carrera judicial, tecnificó progresivamente la investigación criminal. Prometió un Estado social de derecho en el que la violencia legítima estuviera sometida a controles, jueces y garantías. Fue la ambición más seria del siglo XX colombiano por refundar la coerción sobre bases constitucionales.

Llegó tarde, o llegó a contratiempo. Mientras el texto se promulgaba, los actores que fragmentaban en la práctica el monopolio no cesaban: se reorganizaban.

Las Convivir: la delegación reciclada (1994-1997)

Apenas tres años después de la nueva Constitución, un decreto administrativo abrió la puerta a la más ambigua de las delegaciones. El Decreto 356 de febrero de 1994, expedido en los últimos meses del gobierno de César Gaviria, estableció el Estatuto de Vigilancia y Seguridad Privada y reguló los servicios especiales y comunitarios de seguridad. Sobre esa base, el gobierno de Ernesto Samper autorizó en septiembre de 1994 la creación de asociaciones comunitarias de vigilancia rural, unificadas nominalmente bajo el nombre de Convivir por la Resolución 368 del 27 de abril de 1995.

Sobre el papel, se trataba de cooperativas de seguridad rural. En la práctica, algunas Convivir accedieron a armas de uso privativo de las fuerzas militares, con la participación directa de unidades del Ejército en la entrega del material bélico. El más decidido defensor e impulsor del modelo fue Álvaro Uribe Vélez, entonces gobernador de Antioquia, quien autorizó la creación de 67 Convivir en su departamento.

En Urabá, la Décima Séptima Brigada del Ejército participó en la capacitación de los civiles asociados, en la aprobación y entrega de material bélico, en la obtención de licencias de funcionamiento e incluso en persuadir a grupos armados de conformar cooperativas. En 1997, la Fiscalía tenía más de 35 investigaciones penales abiertas contra integrantes de Convivir.

El caso más elocuente lo aportaría después la propia justicia transicional: Salvatore Mancuso operaba una Convivir que pasó inspección oficial de la Superintendencia de Vigilancia el 26 de febrero de 1996, cuando ya había cometido más de diez masacres. La cooperativa autorizada por el Estado era la fachada legal de una estructura paramilitar activa.

En 2014, el Tribunal Superior de Justicia y Paz caracterizó lo ocurrido como "violencia por delegación": grupos paramilitares ejecutaban el trabajo que la fuerza pública no podía hacer por estar sometida al imperio de la ley. La fórmula era antigua —evocaba el paramilitarismo legal de 1965-1989 y, más atrás, el espíritu de la Ley 20 de 1867—, pero se aplicaba ahora, contradictoriamente, bajo la vigencia de la Constitución más garantista del siglo. La promesa de 1991 y la práctica de 1994-1997 corrían en direcciones opuestas dentro del mismo Estado.

La expansión de las AUC: monopolio disputado a sangre y fuego (1997-2004)

En 1997, los grupos paramilitares regionales, articulados alrededor de la Casa Castaño, se federaron bajo el nombre de Autodefensas Unidas de Colombia. A partir de ese momento y hasta 2004, ejecutaron un plan de expansión territorial acelerada cuya escala habla por sí sola: más de 150.000 homicidios y desapariciones forzadas, y más de 3,5 millones de desplazados. Esas cifras no son un accidente estadístico ni un daño colateral: son la métrica de un método.

Ese método fue explícito. Los documentos programáticos de las AUC formalizaban una estrategia de "limpieza" territorial mediante masacres ejemplares e indiscriminadas: sembrar terror, obligar a la población a huir, ocupar el espacio, culminar en el traspaso forzado de tierras abandonadas.

La expansión hacia los Llanos Orientales entre 1996 y 1999 —con acciones conjuntas entre la Casa Castaño y estructuras regionales— convirtió al Meta y a Casanare en escenarios de una violencia paramilitar de alto impacto. En Urabá-Darién y en Cesar, el control inicial de las guerrillas fue disputado y ganado por los paramilitares mediante pactos directos con la fuerza pública.

El despojo fue sofisticado. No se trató solo de vaciar territorios: servidores públicos cómplices registraron en notarías las hectáreas usurpadas, y sobre ellas se levantaron proyectos de agroindustria, minería e infraestructura. La coerción paramilitar se traducía en propiedad legal, en capital, en desarrollo formal. El aparato estatal —al menos porciones sustantivas de él— no era ajeno a este proceso: lo facilitaba desde adentro.

Entre 1996 y 1998, las FARC infligieron duros golpes militares al Ejército —tomas de bases, emboscadas, secuestros masivos de tropa—. La expansión paramilitar coincidió con ese debilitamiento de la fuerza pública, y en zonas enteras los grupos armados ilegales terminaron ejerciendo funciones que el Estado había abandonado o nunca había ejercido. Mientras tanto, la sociedad urbana concentraba su percepción de amenaza en las FARC durante los diálogos del Caguán (1998-2002), y la violenta expansión paramilitar, junto con su alianza con políticos tradicionales, transcurría en buena medida por debajo del radar de la opinión pública.

Órdenes paralelos: cuando otro manda en el territorio

La fragmentación del monopolio no fue solo un asunto de correlación de fuerzas militares: produjo órdenes sociales paralelos, con sus propias reglas cotidianas. Donde la presencia estatal era intermitente o inexistente, los grupos armados ilegales no se limitaron a combatir; regularon la vida. Impusieron horarios de circulación, prohibieron consumos, arbitraron disputas por linderos y herencias, cobraron impuestos sobre cosechas y ganado, castigaron el hurto con trabajo comunitario y la deslealtad con la muerte.

El rasgo distintivo de este orden paralelo no era su dureza —el Estado también castiga— sino su interlocución exclusiva con la comunidad. En los retenes de las carreteras rurales, un guerrillero, un paramilitar o a veces un soldado revisaban cédulas contra listas escritas a mano; un carné equivocado, un apellido señalado, una respuesta dudosa podían costar la vida. La función más elemental del Estado moderno —autorizar la circulación de las personas— estaba subcontratada al azar geográfico.

Ese orden paralelo tuvo genealogías distintas según la región. En Marquetalia, El Pato y Riochiquito, las autodefensas comunistas de los años cincuenta habían organizado la vida cotidiana como asambleas armadas de colonos; sus herederas, las FARC, prolongaron esa lógica durante décadas. En otras zonas, los paramilitares impusieron una moralidad conservadora atravesada por códigos mafiosos: uniformes escolares obligatorios, toques de queda, ejecuciones sumarias de consumidores de droga y de personas LGBT. Y en franjas amplias del Pacífico y de la Amazonía, fueron los carteles del narcotráfico —no las guerrillas ni los paramilitares en sentido estricto— los que decidieron quién sembraba, quién viajaba, quién sobrevivía.

La diferencia con el Estado no era solo de escala ni de método: era de fuente. Las comunidades no percibían a estos actores como legítimos —seguían anhelando jueces, escuelas y hospitales— pero organizaban su vida en función de ellos porque nadie más disputaba el espacio. Entre 1958 y 2012, el conflicto armado dejó alrededor de 220.000 muertos y más de seis millones de desplazados. Detrás de esas magnitudes hay millones de biografías reguladas por un orden que se ejercía en nombre del Estado nominal pero al margen de él.

El narcotráfico: un motor autónomo

La fragmentación no fue solo delegación desde arriba ni resistencia armada desde abajo. Tuvo, desde finales de los años setenta, un tercer motor cuya lógica no cabía en ninguna de esas dos categorías: el narcotráfico. Cuando el precio de la marihuana colombiana cayó a comienzos de los ochenta —desplazada en el mercado estadounidense por variedades más potentes y baratas—, buena parte del país reconvirtió sus cultivos hacia la coca. El Urabá antioqueño y el sur de Córdoba, que hasta entonces habían sido apenas corredores y centros de acopio, se llenaron de cultivos y laboratorios de producción de cocaína.

El narcotráfico prosperó donde la presencia estatal era débil o inexistente, y donde había altas posibilidades de acumulación económica: exactamente la combinación que reproduce los ciclos más largos de conflicto. Pero el negocio también tejió, desde muy temprano, una relación ambivalente con el Estado. Un sector combatía a los narcotraficantes; otro sector se aliaba con ellos bajo la justificación de la lucha contrainsurgente. La amenaza de extradición orilló a los capos a pagar protección a autoridades civiles y militares, y esa protección fortaleció un sistema de complicidades entre comandantes del Ejército y la Policía y estructuras narco-paramilitares en sus regiones.

La coerción estatal legítima y la coerción criminal dejaron de ser dos esferas separadas para convertirse, en zonas enteras, en un continuo con múltiples pasadizos. Cuando Pablo Escobar cayó en diciembre de 1993 y el Cartel de Medellín se desintegró, el negocio no terminó: se atomizó. Estructuras menores tomaron el relevo, como el Cartel del Norte del Valle y sus herederos —entre ellos Diego Montoya, alias "don Diego", y Wílber Varela, alias "Jabón", jefes rivales que se disputaron a sangre y fuego el control del narcotráfico en el Valle del Cauca a comienzos de los dos mil—. Solo entre esos dos jefes, en el centro y norte del departamento, se contabilizaron más de 3.000 muertos, incluidos cientos de civiles. El monopolio coercitivo del Estado no se recuperaba con la caída de los grandes capos: se seguía disputando en escalas más pequeñas y con más actores.

Seguridad Democrática: recuperación parcial (2002-2010)

Álvaro Uribe Vélez llegó a la presidencia en 2002 encarnando un sólido consenso entre las élites a favor de la salida militar al conflicto, en detrimento de las soluciones negociadas que habían fracasado en el Caguán. Su Política de Seguridad Democrática, ejecutada entre 2002 y 2010, se propuso como programa central lo que la república nunca había logrado: recuperar el monopolio estatal de la violencia sobre el territorio nacional.

El Plan Colombia proveyó la infraestructura financiera. La inversión inicial fue de 7.500 millones de dólares durante seis años —4.000 aportados por Colombia y 3.500 principalmente por Estados Unidos— con el objetivo declarado de profesionalizar 180.000 militares y 100.000 policías. Detrás de esas cifras hubo una transformación material del aparato coercitivo: helicópteros, batallones de alta montaña, redes de informantes, presencia armada en cabeceras municipales que llevaban décadas sin ver un uniforme oficial.

Los resultados militares fueron significativos. Las guerrillas perdieron terreno, legitimidad y capacidad ofensiva. Cinco de los siete miembros históricos del secretariado de las FARC murieron o fueron abatidos durante ese periodo. Las tomas guerrilleras a cabeceras municipales, frecuentes en los noventa, se hicieron esporádicas. Las carreteras principales del país recuperaron transitabilidad.

Pero el logro fue parcial, por dos razones que tienen que ver con la naturaleza misma del monopolio. La primera: las bases locales de poder paramilitar desmovilizado conservaron influencia política y electoral, y el fenómeno de la "parapolítica" —el conjunto de investigaciones sobre alianzas entre congresistas y grupos paramilitares— reveló que la coerción irregular se había traducido, durante los años de expansión de las AUC, en captura institucional. El Estado que aparentaba afirmar atributos weberianos de monopolio legítimo lo hacía sobre un tejido regional cooptado.

La segunda: Colombia mantuvo, durante todo el periodo, la primacía como principal exportador mundial de cocaína. El entramado narcotraficante no se desmontó; se reconfiguró. La coerción estatal recuperó territorio, pero no clausuró las economías criminales que financian a los actores armados y que reproducen el ciclo.

Paradójicamente, el proceso mismo de negociación con los paramilitares reforzó el capital estatal en un aspecto simbólico crucial: al sentarse a negociar con el gobierno, las AUC reconocieron la autoridad del Estado para calificar y categorizar la violencia, para nombrar quién es combatiente y quién criminal, para definir los términos jurídicos de la desmovilización. Esa autoridad discursiva también forma parte del monopolio.

Justicia y Paz y el residuo (2005-2016)

La Ley 975 de 2005, conocida como Ley de Justicia y Paz, estableció el marco de la desmovilización paramilitar. Entre el 25 de noviembre de 2003 y el 15 de agosto de 2006 dejaron las armas 31.689 integrantes de las AUC en 38 actos. Sobre el papel, se trataba de la mayor desmovilización de un grupo armado ilegal en la historia colombiana. En la práctica, el resultado fue ambiguo.

Los jefes paramilitares consideraron los acuerdos una traición: no se cumplieron, en su lectura, las promesas de penas leves, de permanencia en sus territorios, de apoyo económico, de garantías de vida y, sobre todo, la promesa de evitar la extradición —que Uribe terminó ordenando en mayo de 2008 contra catorce jefes hacia Estados Unidos—. En las versiones libres, los desmovilizados hicieron representaciones de sí mismos que se alejaron notoriamente de los hechos: hubo poca verdad.

Y en el terreno, algo peor. La negligencia de entidades estatales en la implementación del proceso convergió con la persistencia de las economías criminales —narcotráfico, minería ilegal, extorsión— para producir la emergencia de "bandas criminales emergentes" o bacrim, herederas parciales de las AUC. En el Urabá antioqueño, la reconfiguración siguió tres fases: fragmentación y competencia armada (2006-2011), consolidación hegemónica de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (2012-2017) y disputa entre las AGC y Los Caparrapos con presencia de crimen transnacional mexicano (2017-2020). Excombatientes desmovilizados protagonizaron rearmes: un excomandante del Bloque Norte, tras recobrar libertad en 2016, conformó una organización armada vinculada al narcotráfico en Ciénaga, Magdalena.

La transferencia del monopolio no se completó. Se produjo, en cambio, una mutación: de estructuras contrainsurgentes con vocación política a organizaciones criminales con vocación económica, más pequeñas, más fragmentadas, pero igual de eficaces para disputar al Estado el control territorial en las zonas de siempre.

La Habana y la promesa diferida

El Acuerdo Final firmado con las FARC-EP en 2016 fue el intento más ambicioso desde 1991 de transferir el monopolio de la violencia por vía negociada. La correlación de fuerzas favorable al Estado —resultado directo del debilitamiento militar de las FARC durante la Seguridad Democrática— hizo viable lo que había sido imposible en el Caguán, cuando la guerrilla negociaba desde una posición de fortaleza. Marulanda, en 1999, no tenía razones para desmovilizarse; Timochenko, en 2016, sí.

La dejación de armas redujo ostensiblemente los niveles de violencia derivados de la confrontación directa entre la guerrilla y el Ejército en territorios como Nariño. El reclutamiento de niños, niñas y adolescentes por las FARC-EP, que había comenzado a descender desde el inicio de los diálogos en 2012, siguió cayendo. Sobre el papel, y por primera vez desde 1964, la principal insurgencia del continente entregaba las armas.

Pero el incumplimiento estatal de los compromisos del Acuerdo —lentitud en la implementación rural, asesinato sistemático de líderes sociales y excombatientes, escasa presencia institucional en las zonas antes controladas por las FARC— propició el regreso a las armas de personas desmovilizadas y el fortalecimiento de disidencias. Comunidades en territorios periféricos —las comunidades Awá confinadas en Los Nulpes en 2013, las 290 familias desplazadas de Cumbitara— sufrieron violencia durante y después de la negociación misma, porque el proceso se desarrolló en medio de la guerra.

Los vacíos dejados por las FARC no los ocupó el Estado, sino otros actores: disidencias, ELN, AGC, redes narcotraficantes con intenciones de control político y militar sobre poblaciones y territorios. La colusión entre élites políticas locales y actores armados —el rasgo constante del control territorial colombiano desde los tiempos de la Regeneración— siguió operando bajo nuevas configuraciones. La promesa del monopolio, formulada en 1991 y renegociada en 2016, se aplazaba otra vez.

Balance: un déficit estructural

Vista en el largo plazo, la trayectoria del monopolio estatal de la violencia en Colombia no admite lecturas simples. No fue solo una delegación desde arriba —de Rionegro a las Convivir— ni solo una emergencia autónoma desde abajo —autodefensas campesinas, guerrillas, narcotráfico—: fue la convergencia de ambas dinámicas retroalimentándose durante siglo y medio. El Estado externalizó la coerción cuando le convino, y otros actores ocuparon los vacíos que nunca llegó a llenar.

La Seguridad Democrática y el Acuerdo de La Habana demostraron que el déficit no es una condena inmodificable: la voluntad política, los recursos y la correlación de fuerzas pueden mover la aguja. Pero también mostraron los límites: las economías criminales sobreviven a los jefes, las capturas regionales del Estado sobreviven a las desmovilizaciones, los vacíos territoriales sobreviven a los planes de despliegue. El monopolio, en Colombia, sigue siendo lo que ha sido desde Núñez: una aspiración jurídica que la geografía, la economía y la historia se empeñan en diferir. No la ausencia de Estado —el Estado existe, legisla, recauda, juzga— sino su presencia intermitente, parcial, negociada con actores que en otras latitudes serían impensables como interlocutores. Cerrar la brecha exige menos un acto fundacional que despliegue institucional efectivo, jueces que fallen, escuelas que funcionen, carreteras vigiladas y economías lícitas donde durante décadas mandaron el fusil, la coca y el silencio.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

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Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Max Weber — formuló la definición clásica del monopolio estatal de la violencia como rasgo definitorio del Estado moderno
  2. 02Rafael Núñez — lideró la Regeneración y la Constitución de 1886, primer intento serio de reconstituir el monopolio tras el federalismo radical
  3. 03Constitución de Rionegro (1863) — diseño institucional que consagró la renuncia al monopolio al suprimir el ejército nacional
  4. 04Paramilitarismo — expresión recurrente de la delegación del monopolio, desde el modelo legal de 1965-1989 hasta las AUC de 1997-2004
  5. 05Asamblea Constituyente de 1991 — escenario de la promesa más ambiciosa del siglo XX por refundar el monopolio sobre bases constitucionales
  6. 06Convivir — mecanismo de delegación creado en 1994-1995 que contradijo en la práctica la promesa constitucional de 1991
  7. 07FARC — actor armado no estatal que disputó el monopolio desde 1964, rechazó el proceso constituyente de 1991 y se expandió territorialmente en los años siguientes
  8. 08Carlos Castaño — articulador de las AUC desde 1997, principal ejecutor de la disputa violenta del monopolio en el periodo 1997-2004
  9. 09Álvaro Uribe Vélez — como gobernador de Antioquia, el más decidido impulsor de las Convivir, autorizando 67 de ellas en su departamento
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Documentos y fragmentos citados

69 documentos · 71 fragmentos

01La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 371 cita
[1]

de que sería bueno tener este monopolio. Esto no siempre ha sido así. Después de la Constitución de Rionegro de 1863, no había un ejército nacional y el Estado nacional no tenía el derecho de intervenir en las cuestiones de los departa- mentos que lo constituían. De hecho, la Ley 20 de 1867 declaraba: Artículo 1.…

p. 37
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1131 cita
[2]

de la cual se había llegado al número de 36 provincias para el momento de ex- pedición de la nueva Constitución, dio paso a partir de este año a un proceso inverso, de agru- pación de las provincias en entidades de mayores dimensiones y capacidades, que fueron la antesala del federalismo. El vigoroso impulso federal…

p. 113
03Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 481 cita
[3]

Papel Periddico Illustrado». Durante su mandato se firmé el concordato con el Vaticano, que ponia fin al largo litigio entre la Iglesia y el Estado, A la izquierda, entrada en Bogoté del arzobispo monsenor José Telesforo Patil. El arzobispo desempené un destacado papel en los anos iniciales del Movimiento de la…

p. 48
04Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1681 cita
[4]

p í tulo sobre derechos del hombre y el ciudadano — desaparecieron las libertades de expresi ó n, imprenta, pensamiento y movimiento,, ¡ aunque se mantuvo la libertad de prensa “ en tiempo de paz ” y se concedi ó a los no cat ó licos el derecho a “ no ser molestados ” por ’ sus creencias — y lo reemplaz ó con f ó…

p. 168
05Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 cita
[5]

util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…

p. 44
06Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1921 cita
[6]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
07Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1231 cita
[7]

de otro lugar 46. La percepción de los vencedores de la Guerra Civil de 1884 a 1885 era que la constante inestabilidad política era la culpa - ble de todos los males que aquejaban el país. Y en especial, consideraban que la causa de esta inestabilidad era el sistema de gobierno federado. Entonces, una vez finalizada…

p. 123
08Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 621 cita
[8]

democráticas contenidas en la Constitución, especialmente las relacionadas con los procesos de descentralización económica y administrativa. 22 Continuando con el ejercicio comparativo de Marie Danielle Démelas, que excluye a Colombia dada su atipicidad, y en el ejercicio de caracterizar el contraejemplo, se podría…

p. 62
09Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 801 cita
[9]

fueron a pique y, en su forma original, resultó tan inadecuada a la realidad nacional (a pesar de reconocer mejor que la Cons- titución del 63 algunos aspectos bási- cos de esta realidad) como las anterio- res. Mientras no fue modificada, lo que ocurrió a consecuencia del gran fracaso representado por la guerra de los…

p. 80
10Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 461 cita
[10]

Seguridad Nacional de 1978. Por tanto, entre 1965 y 1989 el paramilitarismo fue legal aunque no lo eran los crímenes cometidos por estos grupos. Según Francisco Gutiérrez, este contexto histórico e institucional fue la cuna de las autodefensas colombianas. Estas surgieron directamente de la decisión y el patrocinio…

p. 46
11A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 591 cita
[11]

de la organización paramilitar. "Es más, el 26 de febrero de 1996, cuando, según su propio testimonio, ya había consumado más de 10 masacres, Mancuso recibió una revista de inspección de la Superin- tendencia de Vigilancia que encontró todo en regla, según consta en un acta firmada por un funcionario de esta…

p. 59
12De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 911 cita
[12]

marco legal a la defensa que hacían los campesinos de sus propias tierras ante la amenaza de los grupos guerrille- ros, permitiéndoles el porte de armas de uso privativo de las fuerzas armadas a los particulares que hicieran parte como asociados de dichas Cooperativas” (Tribunal Superior del 92 DE LOS GRUPOS…

p. 91
13Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 901 cita
[13]

entorno, se consolidó el propósito criminal de “erra- dicar: “ la subversión, caracterizada no solo como acciones gue- rrilleras, sino también como toda forma de actividad popular o comportamiento contestatario y muchas veces social”, y de elimi- nar “toda forma de sociedad política populista ”. En esa línea, sindi-…

p. 90
14Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 1191 cita
[14]

las víctimas de desaparición forzada, Plaza de Bolívar – Bogotá. Centro Nacional de Memoria Histórica, 2013. 121 Evolución de la normatividad internacional y colombiana sobre la desaparición forzada 3. Periodo 3: 1995-2002 3.1. Derecho interno 3.1.1. Las Convivir, las medidas contra el secuestro y la tipi fi cación…

p. 119
15Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 1301 cita
[15]

by Gaviria’s civilian-led defense ministry examining the role that citizens could play in counterinsurgency led to the issuance of Decree 356 in February 1994 establishing “special services of vigilance and security” (Richani 2002, 50–51). The decree allowed anyone, with the approval of the Ministry of Defense, to…

p. 130
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1051 cita
[16]

políticos clandestinos en las ciudades a través de milicias urbanas y acciones de incidencia social y comunitaria desde el Movimiento Bolivariano, proyecto político que las FARC-EP presentaron el 29 de abril de 2000 desde la zona de distensión del Caguán. Alianzas entre narcotraficantes, paramilitares y políticos El…

p. 105
17Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 931 cita
[17]

el Tribunal Superior del Distrito, la Décima Séptima Brigada participó además en la capacitación de ci- viles que se asociaban a las convivir, la aprobación y entrega del material bélico y la obtención de las licencias de funcionamiento para las cooperativas (las cuales requerían la aprobación tanto de la brigada como…

p. 93
18La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 871 cita
[18]

de ganaderos solventaban y partici- paban de grupos de seguridad privada ilegales. En contribución voluntaria se reconoce su carácter ilegal y su naturaleza de autodefensa en la región. Los paramilitares nacieron precisamente porque el Ejército no tenía la ca- pacidad pa’barcar todo el territorio colombiano. Entonces,…

p. 87
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1161 cita
[19]

Beatriz Villamizar y Diana Turbay –asesinada en la operación de rescate–; entre muchos otros. La paradoja de estos años fue que, si bien un sector del Estado combatió a los narcotraficantes, otro sector era su aliado con la justificación de los «fines superiores» en la lucha contrainsurgente. Y del mismo modo, un…

p. 116
20¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 1011 cita
[20]

UP, luego de queJaime Pardo Leal también fuera asesinado; y Carlos Pizarro, excomandante de un M-19 que recogía un respetable apoyo popular tras su conversión en partido político. Al tiempo, el narcotráfico, en alianza con grupos políticos y paramilitares, venía de asesinar a los periodistas Guillermo Cano y Jorge…

p. 101
21Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 12 citas
[21]

63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…

p. 1
[22]

63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…

p. 1
22Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 1731 cita
[23]

que sirviera para implantar la paz y afrontar el estudio de temas tan críticos como la reforma a la justicia. El estado de sitio dio para todo. Según Alfonso Gómez Méndez, fue reiterado el abuso que se hizo de la figura y “nunca se adelantó juicio de responsabilidad a presidente alguno por esa violación manifiesta y…

p. 173
23Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2831 cita
[24]

elegir a 70 miembros. El 4 de febrero de 1991, se instaló en el salón Elíptico del Congreso, la Asamblea. Tres constituyentes fueron elegidos como copresidentes: Alvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolf y Horacio Serpa Uribe. El 4 de julio fue proclamada la nueva Constitución, que acentuó temáticamente los derechos…

p. 283
24Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 851 cita
[25]

Era esperanzador ver a los tres copresidentes de la Asamblea, tan distintos, dándose la mano y liderando el proceso con convicción y convivencia. Nada menos que Álvaro Gómez, hijo del gran caudillo conservador Laureano Gómez, sentado al lado de Antonio Navarro, exguerrillero del M-19, la misma organización armada que…

p. 85
25Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1591 cita
[26]

cien dólares por asesinar a alguien, incluidos políticos y policías. La guerra entre el Estado y el cartel de Medellín, liderado por Escobar, se intensificó entre 1989 y 1990, periodo al que el historiador Marco Palacios se refiere como “de fuego cruzado”. 34 En agosto de 1989, mientras hacía campaña por la…

p. 159
26The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4501 cita
[27]

left dozens wounded and one dead; second, the bombing of Avianca flight 203 in November, which was an attempt to kill then presidential candidate César Gaviria but instead ended the lives of 107 passengers and crew; third, the early December bombing of the das, or Departamento Administrativo de Seguridad (Colombia’s…

p. 450
27¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1401 cita
[28]

discusiones de la Asamblea Nacional Constituyente y de unas negociaciones fallidas con el narcotráfico que condujeron al Estado a un enfrentamiento agudo contra el Cartel de Medellín. El tercer periodo, con el que cerramos este capítulo, va desde 1992 hasta nuestros días. Desde la puesta en marcha de la Fiscalía…

p. 140
28Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1011 cita
[29]

Nacional, entre Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez. 76 Álvaro Gómez, hijo de Laureano Gómez; Horacio Serpa, dirigente liberal; y Antonio Navarro, exguerrillero del M-19. 102 fiflffffflhalz g osrlescmflrnlcsz las hegemonías partidistas tradicionales. La idea era que para democratizar al país, también era necesario…

p. 101
29Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 371 cita
[30]

fenómeno de larga duración, variable intensi- dad y gran heterogeneidad en la violencia. En esta contienda se han enfren- tado, durante la mayor parte del tiempo, tres polos: las guerrillas, las fuerzas de seguridad del Estado y los grupos paramilitares. La interacción de estos grupos con otras formas de actividad…

p. 37
30"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 4321 cita
[31]

la nueva car- ta política (Constitución Política de 1991) y la incorporación a la vida civil de militantes de algunos grupos guerrilleros (M- 19, EPL, Movimiento Quintín Lame, la Corriente de Renovación Socialis- ta, CRS, y el Partido Revolucionario de Trabajadores, PRT), los actores armados en el Valle del Cauca se…

p. 432
31Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 611 cita
[32]

hecho, la violenta expansión paramilitar que se produjo entre 1997 y 2004 dejó más de 150 mil homicidios y desapariciones forzadas, además más de 3.5 millones de desplazados forzados. En todo caso, esta ola de violencia se desató mientras el país observaba el fracaso de los diálogos del Caguán y se creaba la imagen de…

p. 61
32Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 2671 cita
[33]

al senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda, en agosto de 1994, justo en aquella época en que a Carlos Castaño le estaban dando el curso acelerado para hacerse político. Aprendió rápido. A comienzos de 1997 ya estaba dándole declaraciones a la prensa sobre la urgencia de encontrarle una salida negociada al…

p. 267
33La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 681 cita
[34]

ya entrada la década de los noventa, sirvieron como plataforma para el posicionamiento, a nivel nacional, de los hermanos Castaño, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); y en la dimensión regional, de los grupos paramilitares en el sur del Chocó y su costa…

p. 68
34Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 311 cita
[35]

aspectos, el ca- pítulo ofrece los antecedentes de formación de los paramilitares y brinda elementos para comprender la manera como a partir de 1997 aplicaron un plan que buscaba constituirlos en un actor polí- tico de orden nacional y convertirlos en autoridades indisputadas en regiones de su interés. 1. La…

p. 31
35Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 2321 cita
[36]

And, of course, business was brisk for both the farc and eln and they were winning major engagements against the Colombian armed forces, so insurgent violence continued. The most fearsome beasts of violence in the late twentieth and early twenty-first centuries were the paramilitaries. Evolving from partisan or bandit…

p. 232
36Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 171, 1752 citas
[37]

civil defensiva en armas” que sustituía al Estado, dada su “conducta omisiva”, en las tareas de “garantizar la vida, el orden social, la paz ciudadana, el patri- monio económico, cultural y ecológico de la nación: la justicia social y eco- nómica, la libre participación democrática, la seguridad pública [...]” (p. 1).…

p. 171
[61]

de la guerra de guerrillas. Desde otra orilla, mientras el gobierno de Uribe aparentó haber consegui do que el Estado afirmase atributos weberianos del monopolio legítimo de la violencia (aparentó, considerando las bases locales de poder de tipo paramili tar desmovilizado, marcadamente uribistas en el plano político y…

p. 175
37Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 1081 cita
[38]

Teresa Ronderos se refiere a la negociación entre el gobierno de Andrés Pastrana y la guerrilla de las FARC en el marco de los “diálogos del Caguán”, en medio de los cuales se otorgó la zona de distensión al grupo guerrillero. El despeje de fuerza pública se dio en cinco municipios de los Llanos Orientales. 109 2.…

p. 108
38No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4001 cita
[39]

ellas a través de mecanismos ilegales o aparentemente legales. La Comisión de la Verdad ha documentado que las AUC se caracterizaron por un despojo sofisticado al contar con la complicidad de servidores públicos para registrar en notarías las miles de hectáreas usurpadas e impulsar la creación de empresas y la llegada…

p. 400
39Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 2091 cita
[40]

Báez, alias Ariel Otero, comandante paramilitar del Magdalena Me- dio, el entrenamiento dentro de la estructura paramilitar tenía un componente ideológico que procedía de los manuales del Ejército, enfocado en la construcción identitaria del enemigo comunista (Policía Nacional, 1989, página 20; Semana, 1989, 5 de…

p. 209
40Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1181 cita
[41]

en Córdoba. 296 Entrevista 077-PR-00130. Coronel (r) del Ejército y catedrático universitario.; «Urabá: laboratorio de guerra y paz.», 19 de marzo de 2021. entre la violencia masiva y la resistencia (1991-2002) 119 Antioquia, el sur de Córdoba y el Bajo Atrato: entre 1991 y 2002, esta cifra ascendió a 1.103.385…

p. 118
41La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 2401 cita
[42]

la crisis de gobernabilidad de la administración Samper había transformado la perspectiva de acceso al poder de las Farc, lo que derivó en una ofensiva militar fuerte y continuada por par- te de estas: entre 1996 y 1998, infligieron duros golpes militares a las fuerzas armadas en distintas partes del territorio…

p. 240
42Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 401 cita
[43]

en el último año, calculado mes a mes. De esa manera, se logra conocer el nivel de la variable (el cual puede ser leído en el eje izquierdo) y las variaciones mensuales en este nivel. El agotamiento de la política de seguridad 39 Gráfico 2 Muertes directas del conflicto, Colombia 1988-2008 0 500 1.000 1.500 2.000…

p. 40
43La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 941 cita
[44]

masculinidades guerreras y misóginas en estos actos. Se trata de una violencia generalizada que buscó rati fi car el pre- dominio de los paramilitares y la fuerza pública en las disputas diciéndole al grupo enemigo que ellos eran los vencedores, los más hombres, los más fuertes y agresivos. 1.2. Escenario de control…

p. 94
44Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1261 cita
[45]

a mediados de los noventa por decisión del gobierno Samper, y Pastrana la había mantenido. Como se mencionó, secuestros y masacres incrementaban el desplazamiento forzado, que a principios del nuevo siglo ya se había convertido en la mayor crisis humanitaria en zonas como el sur de Córdoba, los Montes de María y los…

p. 126
45La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3371 cita
[46]

que en otros países de América Latina, y no tiene, ni jamás ha tenido, el monopolio de la fuerza; por ello, en las zonas alejadas del centro institucional han surgido y florecen los grupos guerrilleros de izquierda, los grupos paramilitares y los narcotraficantes. Al no haber monopolio de la fuerza por parte del…

p. 337
46Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 271 cita
[47]

la guerra insurgente-contrainsurgente, cuyo objetivo central es la búsqueda y elimi- nación del enemigo, al que se asimilan las poblaciones y territorios en los nacieron y se insertaron las guerrillas o aquellos que se oponen a la lógica de acumulación de riqueza y poder hegemónicos. La paradoja es que la inserción de…

p. 27
47Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 6351 cita
[48]

e incluso la imprecisión, en las definiciones de los Estados fallidos, hay dos rasgos centrales que los definen: el no tener un control efectivo sobre el territorio y la pérdida del monopolio de la fuerza. De hecho, en Colombia la “ausencia del Estado” ha sido considerada como una de las características centrales de…

p. 635
48Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 141 cita
[49]

Estado y sus instituciones, configuraron un escenario conflictivo, inducido, explotado o aprovechado por múltiples actores armados. Entre la exclusión y la centralidad La miseria, las dificultades de acceso, la carencia de infraestruc- tura y de movilidad, los robos continuos, el expendio y consumo de drogas y la…

p. 14
49Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 4451 cita
[50]

porque sacara los pescados, sino por seguridad de que no se hiciera pegar por ahí un tiro del vigilante, en- tonces era así más o menos. La pesca, la madera, pues… si la madera, digamos… para tumbar un árbol, pues, eso como era con permiso del… Los manes actuaban casi… como ley. Entr.: ¿Y esa era la ley? Edo.: Sí, era…

p. 445
50Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1051 cita
[51]

informó un campesino víctima a la Comisión, en ese entonces era común que esta guerrilla le ordenara a la gente que «nada de hombres que les pegaran a las mujeres, que niños menores no podían jugar billar, que nada de hombres con aritos» 221. La pena para quienes incumplieran podía ir desde trabajos comunitarios…

p. 105
51San Carlos: Memorias del éxodo en la guerraMartha Nubia Bello Albarracín, Marta Inés Villa · 2011 · p. 1551 cita
[52]

cuatro o cinco. Asimismo, dependiendo del momento de la confrontación, éstos eran realizados por uno o Los actores armados dejaban sus huellas en las paredes de las viviendas, some- tiendo a la población civil a convivir con sus marcas y enfrentar la estigmatiza- ción y amenaza que estas significaban. Vereda La…

p. 155
52Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 391 cita
[53]

que agrupaban a la pobla- ción, la mayoría de ellos familiares, paisanos, compañeros de colonización o expulsados de la violencia. Utilizaban el esquema de autodefensas campesinas como forma de protección contra la persecución del Estado o de miembros de partidos políticos antagonistas. Los habitantes de estas…

p. 39
53Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 521 cita
[54]

el propósito de controlar el golfo de Urabá, significó la introducción del cultivo de coca a la macrorregión y, con ello, la transfor- mación de su base productiva y de sus condiciones ambientales. Así, des- de el corregimiento de Lomas Aisladas, ubicado en el municipio de Turbo (Sánchez, 2014, p. 23) e inmediaciones…

p. 52
54Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 791 cita
[55]

Guajira, Cesar y el Magdalena Medio. En 1974, aproximadamente 80% de los finqueros en La Guajira sembraban marihuana. Esa bonanza eco- nómica pronto se vio afectada por una quiebra a comienzos de los años ochenta,. cuando el precio de la marihuana colombiana empezó a caer con el surgimiento de una variedad más potente…

p. 79
55La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 2281 cita
[56]

se extienden. "Se ha demostrado que la violencia tiende a reproducirse con más probabilidad en sectores o zonas con altas posibilidades de acumulación económica y con débil o inexistente presencia del Esta- do, y que su permanencia amenaza la viabilidad politica y económica y la cohesión de la sociedad colombiana't.V…

p. 228
56Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1191 cita
[57]

“guerrillo” le compra al paraco, el paraco le vende al narco, el narco le compra al “guerrillo”, el “guerrillo” le vende a las autodefensas» 266. Se estima que la disputa entre don Diego y Jabón dejó más de 3.000 muertos, prin- cipalmente en los municipios del centro y el norte del Valle 267. Además de integrantes de…

p. 119
57Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 691 cita
[58]

la lucha guerrillera como Apiay, en el departamento de Meta, o Tolemaida, en el departamento de Cundinamarca; la base de Putumayo, donde se alojan los batallones de la Brigada XXVII; y la conformación de la Brigada Antinarcóticos del Ejército en el Fuerte Militar de Larandia, en el departamento de Caquetá. Dicho de…

p. 69
58Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 4361 cita
[59]

sólido consenso entre las élites a favor de la salida militar al conflicto y en detrimento de las soluciones negociadas. Consenso que en - carnaba Álvaro Uribe Vélez y su política de seguridad democrática entre 2002 y 2010. Durante toda la primera década de este siglo, las guerrillas perdieron terreno, legitimidad y…

p. 436
59La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 1361 cita
[60]

la ofensiva, operaban con las restricciones propias del presupuesto nacional, y mantenían un antiguo esquema de cuarteles y batallones donde los soldados estaban acantonados mientras la guerrilla se movía a sus anchas por todo el país. Los comandantes guerrilleros se consideraban intocables. En esas condiciones, no es…

p. 136
60Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 2091 cita
[62]

y para de fi nir las categorías políticas. En este caso, el interés está en una situación en la cual la multiplicidad de actores capaces de utilizar la violencia no elimina la capacidad del Estado para ser reconocido como el espacio legítimo de su cali fi cación. Utilizando los términos de Pierre Bourdieu (1993), se…

p. 209
61Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 361 cita
[63]

visto desde un enfoque netamente institucional, con el cambio de Gobierno en 2010 se hicieron esfuerzos más loables para recomponer el camino. Sin embargo, el daño estaba hecho. 37 1 El componente de justicia en la Ley 975 de 2005: análisis a partir de los informes del CNMH La negligencia de muchas entidades del…

p. 36
62La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 5251 cita
[64]

y Paz, por lo que reco- bró su libertad en 2016. Al salir de la cárcel habría conformado una orga- nización armada en el corregimiento El Palmor del municipio de Ciéna- ga, Magdalena. Esta organización ha sido reconocida por las autoridades como una de las que comanda el negocio del narcotráfico en esa región. Resulta…

p. 525
63La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1001 cita
[65]

confron- tación con grupos armados ilegales, el despliegue de operativos militares en contra del secretariado de las FARC-EP, la puesta en marcha de la ley de justicia y paz y del proceso de desarme, desmovilización y reintegración de miembros de las antiguas AUC principalmente. Las desmovilizaciones de las…

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64El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 3791 cita
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territorial se defina, primordialmente, por los intereses de actores ilegales, que han logrado esta- blecer acuerdos con actores que se sitúan políticamente en la legalidad y eco- nómicamente entre la formalidad y la informalidad, como pasaremos a ver. El análisis del proceso de reconfiguración del conflicto armado,…

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65Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 761 cita
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a su colapso. Ante esta situación el Gobierno intentó distraer la discusión en la opinión pública con un señuelo que acaparó el debate: la inminencia de la derrota militar de las FARC (Vásquez, Vargas y Restrepo, 2011). Los paramilitares consideraron que los acuerdos y los bene- fi cios de la desmovilización se habían…

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66Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1791 cita
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o «los Pacha». Desde el 2010, estas bandas aparecen, se extinguen, se reeditan y mantienen una clara intención de control político y militar de las poblaciones y sus territorios, con una economía centrada en el narcotráfico. Por otro lado, la dejación de armas de las FARC-EP en el 2016 permitió reducir los niveles de…

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67Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 501 cita
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apoyan, activas en el marco de la 28. Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, Disidentes, rearmados y emergentes: ¿bandas criminales o tercera generación paramilitar?, www.cnrr.org.co., págs, 7 y 8. aplicación de la Ley de justicia y paz. En segundo término, se puede estar gestando una alianza pragmática…

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68Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 201 cita
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of the State and of its bureaucratic apparatuses in the political instrumentalization of cruelty (a transversal fea - ture of clientelistic power or “indirect rule” that characterizes Colombia’s form of territorial control and uneven State presence and partially explains the collusion of economic, political, and State…

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69Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 1531 cita
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funcionamiento y tendencias históricas del reclutamiento y la utilización de niños, niñas y adolescentes En efecto, estos golpes le hicieron ver a las FARC que la corre- lación de fuerzas con el Estado las desfavorecía y que los preca- rios filtros de reclutamiento los hizo vulnerables a la infiltración (CNMH, notas…

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