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Una historia del territorio

Casa Verde

Casa Verde fue mucho más que un campamento guerrillero: durante casi una década representó la materialización geográfica de una soberanía paralela en el corazón de Colombia, un enclave de tres o cuatro mil kilómetros cuadrados donde el Estado no…

16 min de lectura40 fuentes

En un pliegue de la cordillera Oriental, donde los ríos que bajan del páramo de Sumapaz se abren hacia los Llanos, un caserío de tablas y zinc funcionó durante casi una década como la capital no reconocida de una guerrilla. Casa Verde —el nombre con que se conoció el complejo de campamentos del Secretariado de las FARC en el municipio de La Uribe, Meta, en la región del Alto Duda— fue entre 1984 y 1990 la sede visible de una organización armada que negociaba con el Estado colombiano mientras se preparaba para tomarlo. Era, a la vez, cuartel general, escuela de cuadros, oficina diplomática y símbolo territorial: el lugar al que llegaban periodistas, comisionados de paz y emisarios políticos, y desde el cual Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas conducían una doble apuesta que definiría el ciclo negociador de los ochenta. Su destrucción, el 9 de diciembre de 1990 —el mismo día en que los colombianos elegían a los delegatarios de la Asamblea Nacional Constituyente—, cerró de manera abrupta ese experimento de soberanía insurgente y quedó fijada en la memoria como el momento en que se agotaron, entre bombas y urnas, las esperanzas del primer gran ensayo de paz con las FARC.

El lugar y su geografía política

Casa Verde no era una edificación única sino un conjunto de instalaciones dispersas en la zona del Alto Duda, dentro del municipio de La Uribe, en el suroccidente del departamento del Meta. La geografía —el corredor que enlaza el Sumapaz con la Serranía de La Macarena, en el arco de límites entre Meta, Caquetá y Huila— ofrecía una combinación difícil de replicar: bosques densos que dificultaban la vigilancia aérea, corredores fluviales para el desplazamiento interno, cercanía relativa a Bogotá y un tejido campesino colonizador que llevaba décadas asentándose en la zona.

Ese tejido no era casual. Desde finales de los años cincuenta, poblaciones desplazadas del alto Sumapaz por la violencia bipartidista habían ido descendiendo hacia las tierras bajas del Duda, el Guayabero y El Pato, en una migración que precedió a la fundación misma de las FARC. Cuando Marulanda, Jacobo Arenas y Ciro Trujillo —Joselo— llegaron al área tras la conferencia constitutiva de mayo de 1965, fundaron en el sitio llamado Arenales una escuela militar guerrillera que se convertiría en el vivero de la comandancia de las décadas siguientes. Por sus aulas rústicas pasaron, en distintos momentos, cuadros que luego cargarían nombres reconocibles: Jorge Briceño Suárez, el Mono Jojoy; Guillermo León Sáenz, Alfonso Cano; Luis Édgar Devia, Raúl Reyes; Rodrigo Londoño, Timochenko. La cordillera Oriental fue, durante esos años, aula y arsenal.

Sobre ese sustrato geográfico y humano se consolidó, hacia comienzos de los ochenta, el complejo que la prensa y el gobierno terminarían llamando Casa Verde. La zona funcionaba como un santuario: un territorio de tres o cuatro mil kilómetros cuadrados en los que la fuerza pública no tenía presencia efectiva y en los que la organización guerrillera desplegaba una administración interna con tribunales, retenes, escuelas y hospitales de campaña. Que ese enclave fuera tolerado durante años por el Estado colombiano no obedecía solamente a una decisión política; reflejaba también la incapacidad militar real para operar en esa geografía, un dato que pesará sobre la lectura de lo que ocurrió en 1990.

De la Séptima Conferencia al Secretariado en la selva

El ascenso de Casa Verde como centro de mando coincidió con un giro estratégico interno de la organización. En 1982, las FARC celebraron su Séptima Conferencia, un cónclave que reescribió tanto el nombre como la doctrina. La guerrilla añadió a su sigla la fórmula Ejército del Pueblo —FARC-EP— y aprobó un plan estratégico bautizado Campaña Bolivariana por la Nueva Colombia, cuyo horizonte declarado era la toma del poder en aproximadamente ocho años. El plan proyectaba una expansión escalonada: para el trienio 1990-1992, sesenta cuadrillas con más de 18.000 hombres y un presupuesto de 56 millones de dólares; entre 1992 y 1994, ochenta cuadrillas con 32.000 combatientes y 200 millones; entre 1994 y 1996, un Centro de Despliegue Estratégico en la cordillera Oriental que concentraría a la mitad de esa fuerza. La Conferencia aprobó además la llamada urbanización del conflicto, con la orden de construir estructuras clandestinas en las grandes ciudades.

Ese salto exigía un centro. El Secretariado, órgano colegiado de siete miembros que decidía por votación, se instaló de manera estable en el Alto Duda hacia 1984, y desde allí conduciría a las FARC durante toda la década. La división del trabajo dentro del cuerpo dirigente estaba escrita en las biografías: Marulanda —el fusil superviviente de Marquetalia— aportaba la legitimidad simbólica y el ascendiente militar; Jacobo Arenas, cuadro histórico del Partido Comunista y teórico de la organización, formulaba la ideología; Alfonso Cano, universitario incorporado a la guerrilla, elaboraba la línea política; Raúl Reyes empezaba a perfilarse como su cara diplomática.

La consolidación del Secretariado en Casa Verde tuvo un efecto secundario que las FARC no anunciaron pero que sus interlocutores del Partido Comunista Colombiano sintieron rápido: el peso público de la comandancia guerrillera empezó a opacar al comité central del PCC. La vieja fórmula de combinación de todas las formas de lucha, aprobada por el partido a comienzos de 1966, había servido para sostener bajo un mismo techo a organismos y personalidades con visiones contradictorias sobre la política y la violencia. En los ochenta esa fórmula se inclinó: las FARC comenzaron a fungir, en la práctica, como dirección tanto de los contingentes armados como de los sectores desarmados afines, y el comité central quedó relegado a un papel secundario. Casa Verde era la geografía material de ese desplazamiento.

La Uribe, marzo de 1984: el campamento como mesa de negociación

El 28 de marzo de 1984, en el campamento de Casa Verde, se firmaron los Acuerdos de Cese al Fuego, Tregua y Paz entre el gobierno del presidente Belisario Betancur y las FARC. Se los conoció como los Acuerdos de La Uribe, y su sola escena reordenó la política nacional: el jefe civil de un Estado convencía a sus emisarios de subir hasta un campamento guerrillero para pactar allí, en su territorio, el fin de veinte años de guerra. La negociación había sido preparada desde finales de 1982 por una Comisión de Paz presidida por Otto Morales Benítez y con la participación de figuras como John Agudelo Ríos y Alberto Rojas Puyo, que sostuvieron durante más de un año contactos con la dirigencia de la organización.

El texto firmado contenía once puntos. Los principales establecían un cese al fuego a partir del 28 de mayo de ese año, una Comisión de Verificación encargada de vigilarlo y un período de prueba de un año durante el cual las FARC podrían organizarse política, económica y socialmente, con garantías otorgadas por el gobierno. En los apartes centrales, la guerrilla señalaba el propósito de desmovilizar paulatinamente su estructura militar e iniciar su tránsito hacia un movimiento político legal. Esa lectura, que fue la del gobierno Betancur, abrió el camino a la conformación de la Unión Patriótica al año siguiente, concebida como movimiento político amplio y reformista.

Los acuerdos también dejaron rastro en el terreno. En Cartagena del Chairá, Caquetá, se puso en marcha el llamado Plan de Desarrollo de la región del Guayas, Caguán y Zuncillas, uno de los primeros experimentos colombianos de desarrollo alternativo y sustitución de cultivos ilícitos, financiado con recursos del Estado en zonas de control histórico de las FARC. Casa Verde, entretanto, se convirtió en escenario diplomático permanente: por sus caminos empezaron a subir periodistas nacionales y extranjeros, comisionados oficiales, dirigentes políticos y —con el tiempo— líderes de la UP que buscaban en el Secretariado la última palabra sobre decisiones que aparentemente eran del movimiento legal.

La doble apuesta: paz declarada, guerra planeada

La contradicción estructural del período estaba escrita desde antes de que se firmaran los acuerdos. En 1982 las FARC habían aprobado un plan ofensivo a ocho años; en 1984 pactaban una tregua. La organización decidió, sin resolver esa tensión, jugar simultáneamente en ambos tableros: tomó la consigna de la paz como bandera pública mientras seguía ejecutando el plan de crecimiento militar aprobado en la Séptima Conferencia. La tregua, lejos de frenar la expansión, la facilitó: el cese al fuego liberó frentes de la presión militar, permitió reagrupar cuadros, abrir nuevos frentes en zonas hasta entonces vedadas y avanzar en la construcción de estructuras urbanas.

El otro extremo de la doble apuesta era la Unión Patriótica. Fundada en 1985 como plataforma electoral con participación del PCC y de sectores desmovilizados o próximos a las FARC, la UP fue, para el gobierno Betancur y para buena parte de la opinión, la prueba visible de que la desmovilización estaba en marcha. Para las FARC era otra cosa: una herramienta de ampliación política que no implicaba, en la lógica de la Séptima Conferencia, renuncia alguna al proyecto insurreccional. Los acuerdos no habían decidido formalmente que la UP fuera la estructura de tránsito de la guerrilla a la vida civil; pero esa ambigüedad —cultivada por la comandancia y aceptada por el gobierno— sería el punto por donde el proceso se rompería.

La contraparte estatal tampoco era monolítica. Desde el mismo año de la firma, el general Miguel Vega Uribe —entonces al frente de las Fuerzas Militares— había ordenado un estado de alerta permanente y la orden de combatir a los grupos armados que no respetaran el cese al fuego, argumentando la imposibilidad práctica de distinguir a los desmovilizados de los que no lo estaban. La cúpula militar leyó la tregua como una imposición política que la política no podía sostener, y actuó en consecuencia.

El deterioro: 1985-1990

La tregua se deshizo por partida doble. Del lado guerrillero, obispos católicos en el Magdalena Medio y en Caquetá denunciaron desde 1985 ataques, secuestros y extorsiones atribuidos a frentes de las FARC-EP en zonas que teóricamente estaban en cese al fuego. Del lado estatal, la respuesta a la Unión Patriótica adquirió, desde muy pronto, la forma de un exterminio sistemático. Militantes, concejales, alcaldes, dos candidatos presidenciales —Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa, ambos asesinados—, cuadros regionales y bases del movimiento fueron eliminados en una combinación de acción paramilitar, complicidad de agentes estatales y tolerancia oficial. La izquierda no armada quedó, en pocos años, prácticamente desaparecida como fuerza política nacional.

La toma del Palacio de Justicia por el M-19, el 6 y 7 de noviembre de 1985, y el posterior secuestro y asesinato del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado, deterioraron el ambiente general de paz y dificultaron la continuación de las negociaciones heredadas por el gobierno de Virgilio Barco, que asumió en agosto de 1986. Para junio de 1987 el fin de la tregua con las FARC se hizo explícito, aunque en la práctica no funcionaba desde antes. La UP presionó al gobierno Barco por el cumplimiento de los compromisos de La Uribe —reformas agraria, urbana, laboral y constitucional—, mientras sus militantes seguían siendo asesinados.

Barco consideró convocar un plebiscito reformador para 1988, pero terminó cerrando esa vía con el acuerdo bipartidista que dio origen al Estatuto Antiterrorista, impulsado por su ministro de Gobierno José Manuel Arias Carrizosa. El intento tardío de desmontar los grupos paramilitares mediante la derogación de la Ley 48 de 1968 llegó cuando el paramilitarismo ya estaba implantado en decenas de regiones. El proceso de paz de los ochenta había muerto sin acta de defunción; el campamento de Casa Verde, sin embargo, seguía en pie, y seguía recibiendo visitantes.

9 de diciembre de 1990: la Operación Casa Verde

El 9 de diciembre de 1990 los colombianos votaron para elegir a los setenta miembros de una Asamblea Nacional Constituyente convocada por el gobierno de César Gaviria, que se había posesionado en agosto de ese año. La Constituyente era presentada por el Ejecutivo como un pacto de paz: la vía institucional para incorporar al M-19 —desmovilizado en marzo—, a la mayor parte del EPL, al Quintín Lame y al PRT, que en alianza obtendrían casi un tercio de los escaños de la Asamblea. Ese mismo domingo, mientras se abrían las urnas, la Fuerza Aérea Colombiana bombardeó Casa Verde. La operación —conocida como Operación Casa Verde, Operación Centauro u Operación Colombia— movilizó tropas del Ejército hacia el complejo del Alto Duda con la misión de tomar el campamento y, según una de las hipótesis manejadas, sorprender allí al Secretariado.

El objetivo militar declarado no se cumplió. La comandancia había sido advertida o intuía la operación; ninguno de los siete miembros del Secretariado fue capturado o abatido. La estructura de mando se dispersó por la geografía de la cordillera Oriental y de la Serranía de La Macarena, y las FARC pasaron a una etapa de mayor ahínco y mayor capacidad de desestabilización, comparable en su efecto a la que había seguido en 1964 a la operación militar sobre Marquetalia. En La Uribe, entretanto, el ataque generó desplazamiento forzado de la población civil.

La decisión política del bombardeo quedó, desde el mismo día, envuelta en una zona gris que el gobierno de la época nunca aclaró públicamente. Rafael Pardo Rueda, ministro de Defensa —el primer civil en ocupar el cargo en cuatro décadas—, defendió la operación con un argumento estratégico: de no haberse realizado, las FARC habrían conservado una zona de tres mil o cuatro mil kilómetros cuadrados como santuario inaccesible para la fuerza pública. Al mismo tiempo, otra narrativa que circuló entonces y después sugería que la orden no había venido del poder civil sino de una autonomía real de los mandos militares, en un patrón ya conocido de divergencia entre autoridades castrenses y autoridades políticas. La justificación y la oportunidad concretas del ataque —por qué ese día, por qué en simultáneo con la elección constituyente— nunca fueron explicadas por el Ejecutivo.

Las lecturas críticas coincidieron en un punto: la operación fue un error estratégico. El político conservador Augusto Ramírez Ocampo sostuvo que el ataque frustró la posibilidad de que la nueva carta política se hubiera convertido en un auténtico tratado de paz. El coronel y analista militar Carlos Alfonso Velásquez la calificó como una equivocación que incrementó la motivación de guerra de las FARC contra el establecimiento. Álvaro Leyva Durán, integrante de la Comisión Exploratoria y una de las figuras políticas más ligadas al proceso, formuló su propia hipótesis crítica sobre las motivaciones del ataque. Como reacción inmediata, las FARC lanzaron una campaña militar de nombre alusivo al Comandante Jacobo Arenas, en un contexto de intensificación armada.

Después del bombardeo: Caracas, Tlaxcala y la ruta larga hacia La Habana

El bombardeo de Casa Verde no cerró de inmediato los contactos. Entre 1991 y 1992, con la Asamblea Constituyente ya instalada y con la Constitución promulgada en julio de 1991, delegados del gobierno de Gaviria y de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar —que agrupaba a las FARC, al ELN y a la disidencia del EPL— se reunieron en Caracas y luego en Tlaxcala. Los diálogos fracasaron. La CGSB había pretendido participar en la redacción de la Constitución sin desarme previo, proponiendo una desmovilización sin entrega de armas similar a la que Marulanda había pactado en los años sesenta, y esa fórmula era inadmisible para el gobierno. La política de Gaviria bifurcó el tratamiento: representación política e incentivos para los grupos que se desmovilizaban; presión militar para los que se mantenían en armas.

La destrucción del campamento tuvo efectos que se prolongaron a lo largo de dos décadas. En lo territorial, las FARC entraron entre 1991 y 1994 en un proceso de reestructuración organizativa y de expansión geográfica. En lo simbólico, Casa Verde se fijó en la memoria interna de la organización como un agravio fundacional de la nueva etapa, equivalente en su función mitológica al bombardeo de Marquetalia de 1964: dos episodios en los que el Estado había atacado bajo el argumento de eliminar un santuario y en los que la guerrilla no había sido reducida sino que había pasado a una fase superior de lucha. La coincidencia entre el ataque de 1990 y la elección constituyente —el mismo día, en el mismo país— quedó como una imagen incómoda de la contradicción irresuelta entre la vía política y la vía militar.

En los procesos de paz posteriores esa memoria operó como advertencia. La experiencia de El Caguán, entre 1998 y 2002, se cerró con la lección de que mientras la correlación de fuerzas no se inclinara a favor del Estado cualquier diálogo sería infructuoso, pues una guerrilla envalentonada por triunfos militares no negociaba seriamente su desmovilización sino que aprovechaba los diálogos para fortalecerse y ganar notoriedad. Cuando el presidente Juan Manuel Santos abrió el proceso de La Habana en 2012, adoptó como metodología deliberada no abordar el cese al fuego al inicio de las negociaciones sino al final, lección aprendida de procesos anteriores en los que el tema había imposibilitado avances. Las FARC, por su parte, llegaron a la mesa cubana bajo la presión de cuatro derrotas simultáneas —militar, organizacional, política e internacional— y con bajas de peso: Raúl Reyes, jefe diplomático de la organización, y Jorge Briceño, el Mono Jojoy, la leyenda militar, ya no vivían. En la agenda impuesta por el gobierno, líneas rojas explícitas excluyeron del pacto la estructura política y económica del país, el futuro de las Fuerzas Armadas y las relaciones internacionales de Colombia, en contraste con la agenda amplia de doce puntos que las FARC hubieran querido retomar del Caguán.

Casa Verde en la historia

Vista desde la distancia, Casa Verde condensa una contradicción que nunca se resolvió en el ciclo de los ochenta. Fue simultáneamente escenario de negociación legítima y cuartel de una organización que jamás abandonó su proyecto militar. Fue tolerada por el Estado como interlocutor durante seis años —desde 1984 hasta 1990— y luego destruida sin explicación pública ni cadena clara de responsabilidad civil. Su firma en 1984 abrió el mayor ensayo de reincorporación política de una guerrilla colombiana en el siglo XX, y su destrucción en 1990 remató simbólicamente ese ensayo cuando ya estaba roto por dentro: por la doble apuesta de las FARC entre paz declarada y guerra planeada, y por el exterminio sistemático de la Unión Patriótica que había destruido el único puente entre la guerrilla y la política legal.

Ese doble papel —santuario y mesa de diálogo, campamento y capital— es lo que hace del lugar algo distinto a un simple objetivo militar en un mapa. Casa Verde funcionó, durante una década, como el ensayo más ambicioso de soberanía insurgente en la historia contemporánea de Colombia: un territorio que el Estado no controlaba y que reconocía, sin decirlo, como interlocutor. La forma en que ese ensayo terminó —bajo bombas, en el mismo día en que otro proyecto de país nacía en las urnas— fijó en la memoria política nacional una lección ambigua, que cada uno de los procesos siguientes leyó a su manera. Para las FARC, la prueba de que el Estado nunca fue leal a lo pactado. Para el Estado, la prueba de que la tregua sin desarme había sido una ingenuidad. Para el país, la evidencia de que la guerra y la paz habían aprendido a caber, sin resolverse, en el mismo calendario y en el mismo día.

Del campamento del Alto Duda queda hoy poco material. Quedan, en cambio, los mapas que documentan el desplazamiento forzado que dejó el bombardeo en La Uribe, los archivos de las negociaciones de 1984, el registro de los cuadros que se formaron allí y que dirigirían la guerra durante los treinta años siguientes, y una discusión abierta sobre quién decidió realmente atacar aquel domingo y por qué. En la larga historia colombiana de lugares que fueron a la vez símbolo y campo de batalla —Marquetalia, el Palacio de Justicia, el Caguán—, Casa Verde ocupa un sitio propio: el del enclave donde la paz y la guerra convivieron durante seis años bajo el mismo techo de zinc, hasta que dejaron de poder hacerlo.

Conexiones

El territorio en el archivo

Dónde aparece y con qué se relaciona

Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

30 documentos · 40 fragmentos
01
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 126
1 cita
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«Informe Génesis», tomo IV, 252. 413 Comisión de la Verdad, «Encuentro por la Verdad. El valor de la verdad en la búsqueda de desapare- cidos en Palestina, Huila», 15 de agosto de 2021. entre la paz y la guerra (1978-1990) 127 Entre tanto, su expansión territorial se dio principalmente en territorios de coloni- zación…

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Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 40
1 cita
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fuentes, no fue el presidente quien ordenó el ataque y el desenlace de semejante aconte- cimiento -que causó la 1nuerte de prácticamente todos l<¡:>s ocupantes del edificio incluido los jueces y guerrilleros-, el cual prácticamente conllevó un cuasigolpe de Estado. Los militares recuperaron el terreno en la definición…

p. 40
03
La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 241
1 cita
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de la guerrilla, instrucción de tipo militar; han participado ya en algunas actividades de sabotaje”. C OMANDANTE F IDEL C ASTRO: “Ustedes, cuando cuentan hombres, ¿cuentan hombres y fusiles?” C OMANDANTE GUERRILLERO: “Sí, cuando hablo de 10 000 hombres, hablo de 10 000 hombres-armas. ”Esta es la zona donde está…

p. 241
04
A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 79
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civil que se refugió en el alto Sumapaz y de allí se desplazó poco a poco hacia el Duda, el Guayabero y El Pato. Aquí, Richard y Camargo se agregaron a la colonización e impusieron su autoridad. Una república independiente, al decir de Gómez Hurtado. Richard murió en el año 64 y Camargo se apartó del movimiento.…

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civil que se refugió en el alto Sumapaz y de allí se desplazó poco a poco hacia el Duda, el Guayabero y El Pato. Aquí, Richard y Camargo se agregaron a la colonización e impusieron su autoridad. Una república independiente, al decir de Gómez Hurtado. Richard murió en el año 64 y Camargo se apartó del movimiento.…

p. 79
05
Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 1, 3, 4
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la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…

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la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…

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[20]

48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…

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48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…

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palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…

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palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…

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06
La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 68
1 cita
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la creación de nuevos frentes de guerra y convertirse en el “Ejército del Pueblo”, lo que cambiará la dinámica de la guerra y determinará la expansión de este grupo armado. El 28 de marzo de 1984 se firmaron los acuerdos de cese al fuego y tregua entre el Gobierno colombia- no y la guerrilla de las FARC, que fueron…

p. 68
07
Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 51
1 cita
[9]

de salud. 53 1MKYIPäRKIP(¿E^]*EYWXMRS0ºTI^)PTEVEQMPMXEVMWQSIREGGMºR Un segundo paso sería dado el 19 de noviembre de 1982, con la expedición de la Ley No. 35 de 1982, que otorgaba una amnistía por delitos políticos 82 y fue aprobada por el Congreso a iniciati- va del Poder Ejecutivo. Con ello, como lo señaló Alfredo…

p. 51
08
Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 199
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a fi anzamiento del sistema capitalista y el neoliberalismo, caracterizado por la reducción del Estado, liberación de importaciones y apertura fi nanciera y de capital En 1984, en el municipio de la Uribe, el campamento de Casa Verde de las Farc, fue el escenario donde se adelantaron las Categoría de análisis…

p. 199
09
Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 28
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Cuando a juicio de la Comisión Nacional de Verificación ha- yan cesado los enfrentamientos armados, se abrirá un período de prueba o espera de un (1) año para que los integrantes de la agru- pación hasta ahora denominada Fuerzas Armadas Revolucionarias 29 1 La Unión Patriótica de Colombia (FARC-EP) puedan organizarse…

p. 28
10
Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 79, 88
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sintieron que cambiaba la ruta cuando el poder estaba más cerca pero tomaron la amnistía que les regalaban y que no habían pedido, y aceptaron una tregua con el gobierno. Las FARC siguieron su camino y lanzaron una apuesta arriesgada: mantener su plan de crecimiento militar y lanzar un movimiento político legal. Eran…

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sintieron que cambiaba la ruta cuando el poder estaba más cerca pero tomaron la amnistía que les regalaban y que no habían pedido, y aceptaron una tregua con el gobierno. Las FARC siguieron su camino y lanzaron una apuesta arriesgada: mantener su plan de crecimiento militar y lanzar un movimiento político legal. Eran…

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COMBINACIÓN DE LAS FORMAS DE LUCHA Como se dijo antes, a comienzos de 1966 el congreso de los comunistas aprobó, bajo el pomposo marbete de tesis, una política de combinar todas las formas de lucha, y a renglón seguido procedió a enviar dos comisarios políticos, uno de la Juventud Comunista —Juco— y otro del partido,…

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COMBINACIÓN DE LAS FORMAS DE LUCHA Como se dijo antes, a comienzos de 1966 el congreso de los comunistas aprobó, bajo el pomposo marbete de tesis, una política de combinar todas las formas de lucha, y a renglón seguido procedió a enviar dos comisarios políticos, uno de la Juventud Comunista —Juco— y otro del partido,…

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11
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 95
1 cita
[14]

guerrilleros en las ciudades a llevar la guerra a las ciudades. Así se lo explicó a la Comisión un excombatiente de las FARC-EP que lideró la Red Urbana en Medellín y el posterior Frente Urbano Jacobo Arenas (Furja): «La Séptima Conferencia, que es vital en la conformación de FARC porque ahí es donde aparece el…

p. 95
12
Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 50
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[15]

de Restitución de Tierras: En esta se crea definitivamente el Ejército del Pueblo (FARC-EP), se da un giro a la estrategia militar y se aprueba un plan denominado Campaña Bolivariana por la Nueva Colombia, que explica, en gran medida, la ex- pansión de este grupo armado en el departamento alrededor de la capital, pues…

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Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 114
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[16]

lo que se habían planteado en su Séptima Conferencia en 1982 (…). La primera fase de ese plan, entre 1990 y 1992, buscaba crear 60 cuadrillas con más de 18 mil hombres, obtener 56 millones de dólares como so- porte, y adquirir armamento, medios de comunicación y aeronaves. En la segunda, entre 1992 y 1994, la…

p. 114
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Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 239
1 cita
[19]

había partidos políticos en Venezuela que lo detuvieran como pasó en los otros países, para consolidar la revolución. Usted decía que las FARC crearon un plan estratégico para tomarse Bogotá. ¿Quién fue el estratega? La séptima conferencia. ¿Y ahí alguien específico? Las Farc se caracterizaban por ser un cuerpo…

p. 239
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25 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 27
1 cita
[22]

pareciera oposición. Ello significó la práctica desaparición de la izquierda no ar- mada y de uno de los pocos logros tangibles de los acuerdos de paz 32. Así. para junio de 1987 se hizo explícito el fin de la tregua con las Farc, que de tiempo atrás no funcionaba en la práctica. Ante el recrudecimiento de la ·•guerra…

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16
Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 84
1 cita
[23]

al diario El Tiempo, el general retirado Peña Ríos había dicho: «La violencia de los llamados grupos paramilitares viene de la relación transparente entre grupos políticos y grupos guerrilleros. No hubiera surgido si, desde el principio de los acuerdos (de paz), se hubiera hecho responsables a los primeros de lo que…

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Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 48
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secuestros, extorsión, amenazas y homicidios que supuestamente comprometían a frentes de las FARC-EP, incluso por parte de obispos católicos en regiones como Magdalena Medio y Caquetá, así como gremios y sectores sociales comprometidos con el proceso de paz. De otra parte, la UP, además de tener que exigir garantías…

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Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 223
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sea la última amnistía”. 43 The high rotativity of Ministers of Defense illustrates the tensions across the civil- military boundary that characterized this period. It is also noteworthy that the two first Ministers of Defense in the Betancur’s administration (1982–1986), Landazábal Reyes and Vega Uribe, had a very…

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Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 136
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4.991.887 votos; por el no 226.451. El total de la votación fue de 5.218.338. Véase: “El paso a paso del proceso constituyente”, Semana, abril 7 del 2011. 64 Carlos Alfonso Velásquez, un coronel y analista del conflicto señala que fue una equivocación estratégica que incrementó la “motivación de guerra contra el…

p. 136
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Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 206
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del Gobierno a las ambigüedades de la cc. sb y, en particular, a las indecisiones de las f a r c tuvo un desenlace trágico con el súbito bombardeo de Casa Verde. La justificación y oportu nidad de este acto de guerra jamás fue explicada por el gobierno de ♦ entonces. ¿Cómo conciliar la idea de una constituyente…

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Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 74
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reactivadas por el propio Fidel Castaño…’” (TSJP Bogotá, 30 de octubre de 2013, pará. 536). 68 El 9 de diciembre de 1990, las FFAA llevarían a cabo la Operación Casa Verde en la que bombardearon la sede del secretariado de las FARC, causando una grave problemática de desplazamiento forzado en el municipio La Uribe,…

p. 74
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Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 226
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Uribe, y sus efectos (2003-2005). Mapa 1. Bloques y frentes de grupos armados ilegales (1980-2006) Fuente: Julio Cortés para MH. 226 Mujeres y guerra - Víctimas y resistentes en el Caribe colombiano Línea de tiempo Fuente: Línea de Género, MH. PERÍODOS MH CONFLICTO ARMADO GOBIERNOS Virigilio Barco Vargas César Gaviria…

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No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 241, 244
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no significa que el Gobierno se haya mantenido al margen de las operaciones militares llevadas a cabo por las Fuerzas Armadas. El entonces ministro de Defensa, Rafael Pardo, ha defendido el ataque a Casa Verde porque, de no haberse hecho, «las FARC-EP tendrían una zona de 3.000 o 4.000 711 Entrevista 153-PR-00369.…

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que participaron directamente en los diálogos exploratorios 706. El problema estaba en las armas: los miembros de la CGSB pretendían participar en la redacción de la nueva carta política sin un desarme previo. Lo que proponían era «una desmovilización, pero sin entrega de armas, similar a lo que hizo Marulanda en los…

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Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 32
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initiatives bifurcated the guerrilla movement, which then re- inforced a bifurcated state policy toward the two halves. Gaviria continued the peace initiatives begun by Barco, o ff ering material incentives and po- litical representation in the Constitutional Assembly to guerrilla groups that would demobilize but,…

p. 32
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Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 37
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fenómeno de larga duración, variable intensi- dad y gran heterogeneidad en la violencia. En esta contienda se han enfren- tado, durante la mayor parte del tiempo, tres polos: las guerrillas, las fuerzas de seguridad del Estado y los grupos paramilitares. La interacción de estos grupos con otras formas de actividad…

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Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 763
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la definición de llegar, en el marco de las negociaciones, a ceses al fuego, treguas entre las partes o negociaciones en medio de la guerra. Este asunto lo analizó el expresidente Juan Manuel Santos al anotar que en el proceso que se comenzó con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo…

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La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 136
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la ofensiva, operaban con las restricciones propias del presupuesto nacional, y mantenían un antiguo esquema de cuarteles y batallones donde los soldados estaban acantonados mientras la guerrilla se movía a sus anchas por todo el país. Los comandantes guerrilleros se consideraban intocables. En esas condiciones, no es…

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Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 83
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política y territorial. Una Asamblea Nacional Constituyente es y será su gran bandera para ampliar las alianzas, fundirse con otros sectores y aprovechar otros procesos y movilizaciones en curso. Las FARC llegan a La Habana bajo la presión de cuatro derrotas simultáneas. Primera, la militar. De los grandes triunfos de…

p. 83
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Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 83
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política y territorial. Una Asamblea Nacional Constituyente es y será su gran bandera para ampliar las alianzas, fundirse con otros sectores y aprovechar otros procesos y movilizaciones en curso. Las FARC llegan a La Habana bajo la presión de cuatro derrotas simultáneas. Primera, la militar. De los grandes triunfos de…

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The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 64
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Havana, accompanied by representatives from the Norwegian and Cuban governments, to discuss an agenda for formal negotiations. The FARC wanted to resume the twelve- point agenda from Caguán. The government wanted a more limited agenda, and Santos (2019, 320) insisted on various “red lines”: the political and economic…

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