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Biografía

Bernardo Jaramillo Ossa

Crisis y narcotráfico

18 min de lectura30 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoMarzo de 1990
RolesAbogado · Asesor del Sindicato de Trabajadores del Banano (Urabá)
Lugar principalColombia
Período históricoCrisis y narcotráfico1974–1990
03

La biografía

Bernardo Jaramillo Ossa fue el segundo presidente de la Unión Patriótica y candidato presidencial de ese movimiento para las elecciones de 1990. Abogado, asesor sindical bananero y militante del Partido Comunista Colombiano, encarnó el intento más ambicioso de renovar la izquierda colombiana en los estertores de la Guerra Fría: un dirigente que se declaraba entusiasta de la perestroika, cuestionaba en voz alta la doctrina de la combinación de todas las formas de lucha y empujaba a su partido hacia una variante socialdemócrata. Fue asesinado en marzo de 1990, en un aeropuerto, cuando llevaba apenas unos meses ratificado como candidato. Su magnicidio —el segundo contra un presidente de la UP en menos de tres años— permite medir de un solo golpe dos procesos que se atravesaron en Colombia a finales de los ochenta: el exterminio sistemático del partido nacido de los Acuerdos de La Uribe y la clausura violenta de la ventana de transición política que ese pacto había entreabierto.

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Línea de vida

  1. 1970

    Formación política en la Juventud Comunista

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    Durante sus años universitarios, Jaramillo integró la Juventud Comunista (Juco), cantera formativa del Partido Comunista Colombiano, itinerario clásico del cuadro comunista colombiano de su generación.

  2. 1980

    Asesor sindical en Urabá

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    Se desempeñó como abogado asesor del Sindicato de Trabajadores del Banano en la región de Urabá, uno de los territorios más disputados del país, donde confluían plantaciones de exportación, sindicalismo agrario, presencia guerrillera y el naciente paramilitarismo de los Castaño Gil.

  3. 1985

    Asume la presidencia de la Unión Patriótica

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    Jaramillo asumió la presidencia de la UP en un momento que coincidió con el inicio de la perestroika soviética, llegando desde la militancia regional y el sindicalismo, no desde el aparato central del PCC en Bogotá.

  4. 1988

    Gira europea para conocer experiencias políticas de izquierda

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    Encabezó junto a Álvaro Salazar, Guillermo Banguero, Jaime Corena y Henry Millán una delegación de la UP que visitó países del bloque soviético (URSS, Polonia, Rumania, Checoslovaquia, RDA) y socialdemocracias occidentales (Austria, Alemania, Suecia, Bélgica y España), orientando la búsqueda del movimiento hacia referentes más allá del modelo soviético.

  5. 1989

    II Congreso de la UP y posiciones reformistas

    Leer contexto

    En septiembre de 1989, el II Congreso de la UP reconoció la crisis del socialismo, el pluralismo y el clima favorable a la paz mundial. Jaramillo cuestionó públicamente la combinación de todas las formas de lucha, el papel del PCC como vanguardia de la revolución y denunció prácticas de las FARC —secuestro, extorsión, boleteo— como pretexto para el exterminio de militantes de la UP.

  6. 1989

    Ratificación como candidato presidencial

    Leer contexto

    En diciembre de 1989, la Dirección de la UP ratificó la candidatura presidencial de Jaramillo para las elecciones del 27 de mayo de 1990. Anunció su apoyo a una convergencia de izquierda para definir un candidato único, reiterando la pluralidad y autonomía de la UP frente a la guerrilla y los partidos tradicionales.

  7. 1990

    Asesinato en el aeropuerto

    Leer contexto

    Bernardo Jaramillo Ossa fue asesinado en marzo de 1990 en un aeropuerto, convirtiéndose en el segundo presidente de la UP asesinado en menos de tres años, tras Jaime Pardo Leal en 1987. Su magnicidio ocurrió en el contexto del exterminio sistemático de la UP y del ciclo de violencia que también cobró la vida de Carlos Pizarro Leongómez y Luis Carlos Galán.

Un abogado de Urabá

Jaramillo pertenecía a la generación que llegó a la política adulta con el país ya atravesado por el Frente Nacional y por el auge de las guerrillas de los setenta. Estudió Derecho y militó desde temprano: durante sus años universitarios integró la Juventud Comunista, cantera formativa del Partido Comunista Colombiano, y de ahí pasó al partido mismo. Ese itinerario —Juco, PCC, profesión liberal— era el clásico del cuadro comunista colombiano de su época, pero en su caso se combinó con una inserción laboral que marcaría su perfil político para siempre: fue asesor del Sindicato de Trabajadores del Banano en Urabá.

Urabá no era un destino cualquiera. Entre finales de los setenta y los ochenta, la región bananera de Antioquia se convirtió en uno de los territorios más disputados del país: allí convivían las plantaciones de exportación, un sindicalismo agrario en expansión —Sintagro entre los más fuertes—, la presencia guerrillera de las FARC y del EPL, y el creciente aparato paramilitar que los hermanos Castaño Gil comenzaban a montar desde el sur de Córdoba. Asesorar jurídicamente al sindicato bananero en esos años equivalía a trabajar en un frente caliente de la lucha de clases colombiana. En ese cruce —el derecho laboral, la organización campesina, la violencia patronal— Jaramillo se hizo dirigente antes de saltar a la escena nacional.

Cuando la Unión Patriótica lo escogió como presidente, no llegaba desde el aparato central del partido en Bogotá sino desde la militancia regional, con un pie en el sindicalismo y otro en la periferia agraria más golpeada por la violencia. Esa procedencia explica muchas de sus posiciones posteriores: la insistencia en la paz, la crítica a las prácticas de secuestro y boleteo de las FARC, la sensibilidad hacia los muertos que ponía la base del partido en Urabá y en el Magdalena Medio.

La UP que heredó

Para entender lo que Jaramillo intentó hacer al frente de la Unión Patriótica hay que recordar de dónde venía ese movimiento. El 28 de marzo de 1984, en La Uribe, Caquetá, las FARC y el gobierno de Belisario Betancur firmaron el Acuerdo de Cese al Fuego, Tregua y Paz, once puntos que contemplaban el cese de hostilidades, una Comisión de Verificación y el compromiso de la guerrilla de desmovilizar paulatinamente su estructura militar para transitar a un movimiento político legal. De ese compromiso salió la UP, que recibió vida jurídica y política a comienzos de 1985 y se lanzó públicamente ese mismo año como plataforma amplia, democrática y de oposición a los partidos tradicionales.

La UP no era el brazo electoral de las FARC ni fue concebida como tal, aunque durante sus dos primeros años mantuvo con la guerrilla un vínculo estrecho: era, en teoría, el vehículo del tránsito de las armas a la política. Se le sumaron organizaciones campesinas de Tolima, Sumapaz, Cundinamarca, Huila, el Caribe, el Magdalena Medio, Meta, Guaviare y Caquetá; sectores independientes de los partidos Liberal y Conservador; grupos como el Nuevo Liberalismo Independiente y la Convergencia Liberal; movimientos regionales como el Camilo Torres y el Causa Común. El primer congreso terminó el 16 de noviembre de 1985 con 3.245 delegados; para esa fecha ya habían asesinado a 70 de sus militantes.

En su irrupción electoral —las legislativas y presidenciales de 1986— la UP obtuvo 328.752 votos para la Presidencia, seis senadores (dos propios y cuatro en coalición), 29 diputados en once departamentos y más de trescientos concejales. El gobierno de Virgilio Barco nombró 23 alcaldes de la UP en los municipios donde el partido había obtenido las mayores votaciones, adelantándose a la elección popular de alcaldes de 1988. Fue el mejor desempeño electoral de una izquierda colombiana desde la fundación de la República.

Ese éxito fue la sentencia. La violencia contra el partido escaló a la par de sus votos: para septiembre de 1986 ya se contaban unas 300 víctimas, entre ellas el senador Pedro Nel Jiménez y el representante Leonardo Posada. En octubre de 1987, en un episodio que precede directamente a Jaramillo, fue asesinado Jaime Pardo Leal, primer presidente de la UP y su candidato presidencial en 1986. Cuando Jaramillo asumió la conducción del movimiento, lo hacía sobre un partido que ya sangraba sistemáticamente.

La apuesta reformista

La presidencia de Jaramillo coincidió con el momento en que las certezas ideológicas del comunismo colombiano —la Unión Soviética como referencia, la doctrina de la vanguardia, la combinación de todas las formas de lucha como línea del PCC— empezaron a agrietarse. La perestroika de Gorbachov ofrecía en Moscú un lenguaje nuevo, y Jaramillo lo tomó con entusiasmo. A Marta Harnecker le dijo una frase que resume su programa personal: "Hay que apropiarse de la perestroika". Interpretaba las reformas soviéticas como una batalla contra el estalinismo, y ese diagnóstico —que en el PCC colombiano sonaba a herejía— orientó sus movimientos siguientes.

Junto con Álvaro Salazar, Guillermo Banguero, Jaime Corena y Henry Millán, encabezó una delegación de la UP que recorrió tanto el este como el oeste de Europa: la Unión Soviética, Polonia, Rumania, Checoslovaquia y la República Democrática Alemana por un lado; Austria, la Alemania occidental, Suecia, Bélgica y España por el otro. El itinerario era deliberado: no ir solo a los países hermanos del bloque, sino visitar las socialdemocracias europeas, ver de cerca los partidos socialistas que gobernaban en Madrid, Estocolmo o Bonn. La lectura de Jaramillo y de quienes lo acompañaron apuntaba a que el futuro de la izquierda colombiana pasaba por acercarse a esas experiencias antes que por reiterar el modelo soviético.

El II Congreso de la UP, en septiembre de 1989, recogió parte de este giro: reconoció explícitamente la crisis del socialismo realmente existente, aceptó el pluralismo como principio y valoró el clima favorable a la paz mundial que traía la distensión entre las dos superpotencias. Fue el marco doctrinario para lo que Jaramillo dijo con creciente insistencia en los meses siguientes.

Sus intervenciones públicas empezaron a nombrar lo innombrable dentro del PCC. Cuestionó la táctica de la combinación de todas las formas de lucha —la doctrina que permitía al partido tener simultáneamente una expresión legal, la UP, y una expresión armada, las FARC—. Impugnó el papel del PCC como "vanguardia de la revolución", una de las columnas del marxismo ortodoxo colombiano. Señaló con nombre propio prácticas de las FARC —el secuestro, la extorsión, el boleteo— y advirtió que se estaban convirtiendo en el pretexto que la derecha armada usaba para seguir asesinando militantes de la UP. Reiteró la pluralidad del movimiento y su autonomía frente a la guerrilla y frente a los partidos tradicionales.

Ese doble movimiento —crítica al sovietismo hacia adentro del PCC, crítica a la lucha armada hacia las FARC— definía una posición inédita en la izquierda colombiana de entonces: la de un dirigente que buscaba desanclar a la UP de sus dos tutelas simultáneas para convertirla en un partido de socialismo democrático capaz de competir electoralmente en igualdad de condiciones. Todo indicaba que se inclinaba hacia una variante socialdemócrata o socialista para el propio PCC.

La resistencia interna

La apuesta reformista chocó con el aparato. El sector ortodoxo del Partido Comunista, atrincherado en el Comité Regional de Bogotá y encabezado por un joven secretario general regional de línea estalinista, pidió la expulsión de Jaramillo. Hubo al menos una reunión del Comité Regional convocada para tramitar esa demanda. El desenlace formal es difuso, pero la sola circulación de esa exigencia en el organismo capitalino del partido revela hasta qué punto la conducción nacional de la UP estaba en tensión con su cuadro histórico.

Era una de las contradicciones estructurales del proyecto de Jaramillo. La UP no era orgánicamente independiente del PCC, y el PCC no era orgánicamente independiente de las FARC. Reformar los tres andamios al tiempo —romper con el estalinismo, con la subordinación a la guerrilla y con la doctrina de la vanguardia— requería un margen de maniobra que Jaramillo no alcanzó a construir en el poco tiempo que tuvo. La renovación era genuina pero frágil: se sostenía sobre la voluntad del presidente del movimiento y de un pequeño círculo, no sobre una mayoría consolidada de los organismos de dirección.

El desacuerdo no era solo doctrinario. Estaba también la cuestión práctica de a quién obedecía la UP en el terreno. En zonas como Urabá, el Magdalena Medio o los Llanos, los militantes de la UP convivían físicamente con frentes de las FARC que ejercían control armado sobre esas mismas veredas y municipios. Un discurso presidencial que denunciara el secuestro o el boleteo tenía consecuencias inmediatas sobre esos militantes: podía leerse como una traición desde el mando guerrillero y aumentar su vulnerabilidad frente a un aparato paramilitar que ya los cazaba. La ortodoxia del PCC utilizaba ese argumento —el riesgo para la base— para frenar la crítica pública de Jaramillo a las FARC, aunque el resultado neto de la doctrina de la combinación de todas las formas de lucha fuera, precisamente, ese mismo blanco sobre los militantes.

También pesaba la geografía interna del partido. El PCC tenía cuadros históricos que habían atravesado décadas de clandestinidad, persecución y guerra fría, con lealtades formadas en el vínculo con Moscú y con las autodefensas comunistas de los años cincuenta y sesenta. Para esos cuadros, aceptar que la perestroika era una batalla contra el estalinismo equivalía a aceptar que buena parte de su propia biografía política había sido un error. La conducción reformista de Jaramillo se leía, desde ese ángulo, como un intento de saldar de un plumazo cuatro décadas de línea partidaria.

Aun así, hacia finales de 1989 el proyecto avanzaba. En diciembre, la Dirección de la UP ratificó la candidatura presidencial de Jaramillo para las elecciones del 27 de mayo de 1990. Él anunció públicamente que apoyaría una eventual convergencia con otras fuerzas para definir un candidato único de izquierda, siempre sobre la base de la pluralidad de la UP y de su autonomía política.

El país que se caía a pedazos

Jaramillo caminaba por un país en descomposición. El narcotráfico había pasado de negocio marginal a poder armado con capacidad de guerra abierta: el cartel de Medellín, comandado por Pablo Escobar, libraba contra el Estado la ofensiva de los Extraditables, mientras Gonzalo Rodríguez Gacha, "el Mexicano", y los hermanos Ochoa aportaban recursos y tropa. Fidel Castaño y su hermano Carlos consolidaban desde Córdoba y Urabá un ejército paramilitar que se autopresentaba como fuerza contrainsurgente y operaba con tolerancia —a veces con auxilio directo— de las Fuerzas Armadas.

La guerra del cartel de Medellín contra el Estado marcaba el ritmo de los titulares. Entre 1989 y 1990 estallaron bombas en Bogotá, Medellín y Cali; volaron un avión de Avianca en pleno vuelo con 107 personas a bordo; asesinaron ministros, magistrados, jueces, policías y periodistas. Los Extraditables habían declarado abiertamente la guerra al Estado para impedir la extradición a Estados Unidos y forzaban al gobierno de Barco a una operación militar sostenida. En ese ruido de fondo, el asesinato reiterado de militantes de la UP en la periferia rural producía menos noticia que un carro bomba en la capital, aunque respondiera a una lógica emparentada: el uso de la violencia como herramienta de veto sobre la política.

El 18 de agosto de 1989 fue asesinado en Soacha Luis Carlos Galán Sarmiento, precandidato liberal que lideraba las encuestas. Meses antes, alrededor del 3 o 4 de marzo de 1989, había caído en el aeropuerto El Dorado José Antequera, dirigente de la UP, mientras saludaba al precandidato liberal Ernesto Samper Pizano, quien resultó gravemente herido. La reunión de paz entre el gobierno y el M-19 en Ciudad de México debió interrumpirse cuando llegó la noticia. Ese atentado —en el mismo aeropuerto donde un año después caería Jaramillo— fue, retrospectivamente, un ensayo.

Pablo Escobar, en una conversación que quedaría en los registros posteriores del narcotráfico, sostuvo que el verdadero problema de la UP no era Rodríguez Gacha sino Fidel Castaño, a quien apodaba "Dos Mil" por el número de militantes del partido que calculaba había matado. Escobar reconocía además que tenía poca capacidad de influir sobre Castaño. Era una declaración inquietante viniendo del narcotraficante más buscado del país: incluso él consideraba que la máquina de exterminio de la UP escapaba a su control.

En paralelo, el M-19 negociaba su desmovilización con el gobierno de Barco y se preparaba para convertirse en fuerza política legal bajo el liderazgo de Carlos Pizarro Leongómez. Esa negociación culminaría el 9 de marzo de 1990, apenas semanas antes del asesinato de Jaramillo, con la entrega de armas y el paso del M-19 a la Alianza Democrática M-19. La coincidencia de calendario era significativa: dos experimentos de tránsito de la lucha armada a la política —el ya viejo de la UP, el nuevo del M-19— caminaban al mismo tiempo hacia las urnas de mayo. Los dos candidatos que encarnaban ese tránsito serían asesinados con pocas semanas de diferencia.

Los cuadros de la UP lo sabían. Jaramillo lo sabía. Antes del atentado final había salido del país bajo amenaza y solo aceptó regresar cuando el Gobierno le prometió garantías de seguridad. Declaró en más de una ocasión que volvería a Colombia cuando esas garantías le fueran dadas. Volvió.

El atentado

Jaramillo fue asesinado en un aeropuerto, en marzo de 1990, en plena campaña presidencial. Los detalles operativos son elocuentes. El DAS, avisado esa misma mañana, envió dos agentes al aeropuerto a verificar si había algo sospechoso. Los agentes no reportaron nada anormal. Qué hicieron exactamente durante esas horas nunca quedó claro. El propio aeropuerto tenía, según reportaría después El Tiempo, al menos treinta y siete puertas sin vigilancia que daban acceso a sus instalaciones. Un candidato presidencial amenazado se movía por un edificio con treinta y siete entradas descontroladas y una escolta que, cuando el ataque se produjo, no alcanzó a impedirlo.

El asesinato no fue un accidente ni una improvisación. Se inscribía en la lógica de una alianza operativa entre los aparatos paramilitares de los Castaño, sectores del narcotráfico y complicidades del propio Estado. Los líderes paramilitares de Córdoba percibían las candidaturas de Jaramillo y del M-19, encarnada la segunda en Carlos Pizarro Leongómez, como catastróficas para el país, y actuaron en consecuencia. Semanas después, Pizarro también sería asesinado. Colombia perdió, en un mismo ciclo electoral, a tres candidatos presidenciales: Galán, Jaramillo y Pizarro.

El genocidio que enmarca la muerte

El magnicidio de Jaramillo solo se entiende dentro del proceso mayor del que era una pieza. Entre 1984 y 2002, la Unión Patriótica sufrió una violencia sistemática, generalizada y planificada que la Comisión de la Verdad y el Centro Nacional de Memoria Histórica han caracterizado como genocidio político. Las cifras son abrumadoras: al menos 4.153 personas asesinadas o desaparecidas —un exmilitante, alias Omar Gadafi, llegó a estimar más de 6.000 víctimas si se contaba a la base—; 2.722 desplazados forzados; 811 amenazados; 379 víctimas de atentado; 248 detenciones arbitrarias; 229 torturas; 90 secuestros.

La violencia se concentró en las zonas de mayor implantación electoral y organizativa del partido: Urabá, Tolima, Meta, Caquetá y Magdalena Medio. El 41 % de las víctimas eran campesinos, trabajadores o administradores de finca. En diciembre de 1985 ya se contaban 70 muertos; en septiembre de 1986, 300. La lógica era clara: allí donde la UP amenazaba mayorías electorales locales, los paramilitares —en alianza con la clase política tradicional y bajo el paraguas del narcotráfico— aniquilaban la competencia. En Puerto Boyacá, Cimitarra y Puerto Berrío se ensayó el modelo que luego se replicó en Urabá, los Llanos Orientales y el Nordeste Antioqueño.

Los hermanos Castaño Gil fueron los principales perpetradores. Justificaban los asesinatos con la fórmula de que los militantes de la UP eran agentes de las FARC "disfrazados de civiles" y, por tanto, blancos legítimos en su guerra. La fórmula habilitaba el exterminio de campesinos organizados, sindicalistas, concejales, alcaldes, diputados, congresistas y candidatos. En Currulao, el 4 de marzo de 1988, fueron asesinados 28 trabajadores de Sintagro; el DAS investigó la masacre y sus hallazgos apuntaron a la connivencia entre el aparato narcoparamilitar, el Ejército y los propietarios de plantaciones bananeras. En propiedades de Fidel Castaño en Urabá se descubrieron fosas comunes, y un desertor reportó haber presenciado noventa y cinco ejecuciones entre enero de 1989 y abril de 1990. Es decir: mientras Jaramillo hacía campaña, el mismo aparato que lo mataría enterraba a sus bases.

La responsabilidad del Estado no era pasiva. En septiembre de 2016, el presidente Juan Manuel Santos reconoció públicamente que el Estado colombiano no tomó las medidas necesarias para impedir los asesinatos y atentados contra la UP. Antes, en diciembre de 2012, en el proceso de Justicia y Paz contra Éver Veloza, alias HH, los jueces habían reconocido formalmente que lo ocurrido con la UP constituyó un genocidio político. Las víctimas habían luchado por ese reconocimiento durante veinticinco años.

La red

Jaramillo pertenece a un mapa denso de figuras que se cruzaron en su vida y en su muerte. Su antecesor Jaime Pardo Leal, asesinado en 1987, había marcado con su magnicidio el paso de la violencia contra la UP de la base al liderazgo nacional; con él cayó el primer presidente del movimiento y quedó el precedente que la muerte de Jaramillo confirmaría. José Antequera, caído un año antes en el mismo aeropuerto, en el mismo tipo de operación, prefigura ya la mecánica del atentado que lo mataría a él: un dirigente visible, un espacio público insuficientemente vigilado, un sicariato que actúa a la vista. Manuel Cepeda Vargas, senador comunista sobreviviente de aquellos años, sería asesinado en 1994, cerrando prácticamente la primera línea de la UP; e Iván Márquez, entonces cuadro de las FARC, aparecía en los debates internos de la izquierda como uno de los interlocutores del ala guerrillera con el partido legal.

En la orilla opuesta, la constelación de sus verdugos se dibuja con precisión operativa. Fidel y Carlos Castaño mandaban desde Córdoba el aparato paramilitar que ejecutaba la mayor parte de los asesinatos de la UP en Urabá y el Magdalena Medio. Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, en el cartel de Medellín, aportaban recursos, sicarios y logística; los hermanos Ochoa, la infraestructura del narcotráfico. Los cuatro se reunían periódicamente y conformaron el núcleo de los Extraditables. Entre ellos había diferencias sobre la persecución antiinsurgente —Escobar mismo admitía que Castaño le resultaba incontrolable en ese terreno— pero coincidían en una guerra que incluía como blanco a la izquierda legal.

El sistema político con el que compartió escena completa el cuadro. Virgilio Barco fue presidente durante casi todo su liderazgo en la UP y bajo su gobierno se produjeron tanto los magnicidios de Pardo Leal, Galán, Antequera y del propio Jaramillo como la desmovilización del M-19. César Gaviria ganaría las elecciones del 27 de mayo de 1990 que Jaramillo no alcanzó a disputar y convocaría en 1991 la Asamblea Constituyente. Álvaro Gómez Hurtado, líder conservador, sería asesinado en 1995 en otro magnicidio no resuelto; Andrés Pastrana Arango encabezaba entonces el ascenso conservador; Luis Carlos Galán había caído siete meses antes; Carlos Pizarro caería semanas después. Alrededor, figuras como Virginia Vallejo o Andrés Arturo Gutiérrez Maya, ligados a los círculos del narcotráfico y del poder local, completan la escenografía de un país donde las líneas entre política, negocio y violencia se habían borrado.

Los lugares repiten la trama: Manizales y Caldas, el eje cafetero al que estaba vinculado familiarmente; Medellín, capital del cartel; Urabá y Apartadó, la geografía del sindicalismo bananero y de la ofensiva paramilitar; Bogotá y el aeropuerto El Dorado, donde el poder se concentra y donde el poder mata.

Lo que su muerte cerró y lo que abrió

Su asesinato eliminó al dirigente que había avanzado más lejos en el intento de convertir a la UP en un partido de socialismo democrático, autónomo de la guerrilla y capaz de competir electoralmente sin la tutela ortodoxa del PCC. Con él cayó el experimento más avanzado de reforma de la izquierda colombiana en ese ciclo. La UP, ya desangrada, perdería su personería jurídica bajo la Ley 130 de 1994 por no alcanzar los umbrales electorales exigidos, sin que las autoridades consideraran que esa falta de votos era la consecuencia directa del exterminio de sus candidatos y dirigentes. Muchos de sus militantes sobrevivientes, sobre todo en el ámbito rural, terminaron ingresando a las FARC-EP: el propio alias Omar Gadafi contó que la sensación de un partido exterminado no dejaba muchas opciones. El genocidio produjo así un efecto de retroalimentación con la guerra que era exactamente lo contrario del propósito fundacional de La Uribe.

En el imaginario político de regiones como Urabá quedó instalada la convicción de que ya no eran posibles los movimientos ni los gobiernos locales alternativos. Esa clausura simbólica es tan grave como la material.

Con todo, la renovación que Jaramillo encarnaba tenía límites reales que no vienen solo de la violencia. La UP no había logrado, bajo su presidencia, romper orgánicamente con las FARC; el sector ortodoxo del PCC seguía siendo poderoso; el propio proyecto socialdemócrata era más una dirección de marcha que una plataforma consolidada. Es plausible pensar que, incluso vivo, Jaramillo habría enfrentado obstáculos internos considerables. La causa estructural del exterminio, además, no era la heterodoxia ideológica del líder de turno sino el control territorial del voto: los paramilitares mataban donde la UP amenazaba mayorías, con independencia de si el dirigente amenazado era ortodoxo o reformista. Jaime Pardo Leal, más cercano a la línea tradicional del PCC, también fue asesinado.

Hay una última paradoja. La violencia política de finales de los ochenta —los magnicidios de Galán, Jaramillo y Pizarro, la guerra abierta del narcotráfico, la evidencia de un Estado incapaz de proteger a sus candidatos— generó una presión ciudadana que se canalizó en la Asamblea Constituyente convocada por Gaviria en 1991. La Constitución de ese año, con su carta de derechos, su apertura a la participación política y su intento de refundar el pacto colombiano, es en buena medida una respuesta al horror de esos meses. Los asesinos, al querer cerrar el sistema, produjeron sin quererlo la presión que forzó una reforma institucional.

Jaramillo no vio nada de eso. Fue enterrado como candidato de un partido que ya estaba siendo exterminado, en un país que aún no sabía nombrar lo que estaba pasándole. El proyecto político concreto que su muerte quiso enterrar —un socialismo democrático colombiano, autónomo de la guerrilla, dispuesto al diálogo con el Estado, crítico de sus propios dogmas— siguió siendo, por décadas, una referencia disputada dentro de la izquierda colombiana. La reapertura del debate sobre la paz, el reconocimiento estatal del genocidio en 2016 y la reconstrucción tardía de una izquierda legal en Colombia se produjeron sobre coordenadas que él contribuyó a fijar antes de caer en un aeropuerto en marzo de 1990.

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Conexiones del archivo

Red histórica

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

30 documentos · 46 fragmentos
01Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · Páginas 18, 582 citas
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del PCC y sus convergencias. Los resultados mostraron un avance importante a través de la UP que contrarrestaba su debilitamiento en la década anterior, como lo mostraron los resultados de Hernando Echeverri Mejía en 1974 (137.054 votos), Julio Cesar Pernía en 1978 (97.234 votos) y Gerar- do Molina en 1982 (82.858…

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sin detenerse, dirigidos en específico contra sus militantes debido a su identidad política. Fue genera- lizada porque se presentó en gran magnitud en todo el territorio nacional, con énfasis donde la dinámica de participación política de la UP fue más exitosa y en un extenso periodo de tiempo com- prendido entre 1984…

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02Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · Páginas 108, 1092 citas
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la perestroika. Fue pura coincidencia que a once mil kilómetros de distancia Bernardo Jaramillo Ossa asumiera, al mismo tiempo, la presidencia del movimiento político Unión Patriótica. Jaramillo se mostró exultante con las reformas soviéticas, las asumió como políticas “contra el estalinismo”. No era una cosa de darse…

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la perestroika. Fue pura coincidencia que a once mil kilómetros de distancia Bernardo Jaramillo Ossa asumiera, al mismo tiempo, la presidencia del movimiento político Unión Patriótica. Jaramillo se mostró exultante con las reformas soviéticas, las asumió como políticas “contra el estalinismo”. No era una cosa de darse…

p. 108
03Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Páginas 164, 1682 citas
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miembros de los cuales, salvo Carlos Romero y Oscar Dueñas, el resto estaba comprometido cor. los postulados de la paz y el socialismo democrático: Diego Montaña, Luis Emiro Valencia, Angelino Garzón, Guillermo Panguero, Alberto Rojas, Napoleón Vanegas y, obviamente, Bernardo Jaramillo. Así mismo, contaban con apoyos…

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up compuesta por el propio Jaramillo, Alvaro Salazar, Guillermo Banguero, Jaime Corena y Henry Millán para conocer las experiencias tanto en algunos países del este de Europa (Unión Soviética, Polonia, Rumania, Checoeslovaquia, rda) como del occidente (Austria, Alemania, Suecia, Bélgica y España)203. Al respecto, es…

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04Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · Páginas 122, 1322 citas
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reciente colonización, convertidas en zonas de retaguardia de los Frentes guerrilleros, Jaramillo señalaba que los parámetros de interacción con la población civil de las zonas de co- lonización no podían convertirse en el modelo para acercarse a los miembros de las clases populares de cualquier ciudad del país, mejor…

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político en la Unión Patriótica (Bogotá: ceja, 2001), 24, 89. 53 Harnecker, Entrevista, 12. 134 Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013 como los del secuestro, la extorsión y el boleteo, practicados por las farc, insinuando que estos se convertían en el pretexto para que la “derecha organizada…

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05El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 1121 cita
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idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…

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06Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Páginas 248, 2514 citas
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Escobar. Escobar sostuvo que el verdadero problema de la UP no era tanto Rodríguez Gacha, como Fidel Castaño. Agregó que era poco lo que podía hacer para influir sobre el líder paramilitar, a quien Escobar llamaba Dos Mil, por el número de miembros de la UP que estimaba había matado Castaño. 48 A pesar de la…

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Escobar. Escobar sostuvo que el verdadero problema de la UP no era tanto Rodríguez Gacha, como Fidel Castaño. Agregó que era poco lo que podía hacer para influir sobre el líder paramilitar, a quien Escobar llamaba Dos Mil, por el número de miembros de la UP que estimaba había matado Castaño. 48 A pesar de la…

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viable a los partidos tradicionales Liberal y Conservador. Durante un breve período de tiempo, miles de colombianos militaron en el nuevo partido, y un número considerable de ellos vivía en los fortines de la guerrilla en Córdoba y Urabá. Una de las tragedias de la reciente historia de Colombia es que casi todos los…

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viable a los partidos tradicionales Liberal y Conservador. Durante un breve período de tiempo, miles de colombianos militaron en el nuevo partido, y un número considerable de ellos vivía en los fortines de la guerrilla en Córdoba y Urabá. Una de las tragedias de la reciente historia de Colombia es que casi todos los…

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07¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 1011 cita
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UP, luego de queJaime Pardo Leal también fuera asesinado; y Carlos Pizarro, excomandante de un M-19 que recogía un respetable apoyo popular tras su conversión en partido político. Al tiempo, el narcotráfico, en alianza con grupos políticos y paramilitares, venía de asesinar a los periodistas Guillermo Cano y Jorge…

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081989María Elvira Samper · 2019 · Páginas 48, 522 citas
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de un hecho inicuo que tiene que conmover a toda la sociedad colombiana y llamar a la solidaridad en momentos de crisis”. El ministro de Gobierno, Raúl Orejuela Bueno, sostiene que se trata de un “complot contra la democracia y el proceso de paz del Gobierno”, y el PC protesta por lo que considera la pasividad del…

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y desmoralizar a comunidades enteras. Entre 1984 y 2000, la campaña exterminio adelantada por narcoparamilitares con la complicidad de agentes del Estado, deja por lo menos 4.153 personas asesinadas o desaparecidas, sin contar a las víctimas de tipos de violencia no letal. En diciembre de 2012, dentro del proceso de…

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09Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · Página 1811 cita
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instance, of the fact that the DAS had sent two agents to the airport earlier that morning to check for anything suspicious. Because of the mixture of people and confined areas, airports were tricky places at which to provide security and arguably the most dangerous part of these trips. Just a year earlier, assassins…

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10Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · Páginas 4, 54 citas
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en medio de un replanteamiento de su forma de lucha. El 7 de febrero de 1989 se realizó un encuentro de la Dirección Nacional del M-19, para discutir los pasos a seguir con el Gobierno. El movimiento en conjunto manifestó la cohesión con su comandante general, Carlos Pizarro. Los días 3 y 4 de marzo de 1989, en…

p. 5
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en medio de un replanteamiento de su forma de lucha. El 7 de febrero de 1989 se realizó un encuentro de la Dirección Nacional del M-19, para discutir los pasos a seguir con el Gobierno. El movimiento en conjunto manifestó la cohesión con su comandante general, Carlos Pizarro. Los días 3 y 4 de marzo de 1989, en…

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la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…

p. 4
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la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…

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11Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 201 cita
[18]

el Estado y el establecimiento, era la enorme corrupcion que se percibía en las capas gobernantes de la región, predominantemente liberales. El 28 de enero de 1985, como fruto de los mismos acuerdos de paz, se dio vida jurídica y política a la UNION PATRIOTICA. Su primer congreso finalizó el 16 do noviembre 1985 con…

p. 20
12Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 201 cita
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el Estado y el establecimiento, era la enorme corrupcion que se percibía en las capas gobernantes de la región, predominantemente liberales. El 28 de enero de 1985, como fruto de los mismos acuerdos de paz, se dio vida jurídica y política a la UNION PATRIOTICA. Su primer congreso finalizó el 16 do noviembre 1985 con…

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13La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1971 cita
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militantes y simpatizantes, que no eran miembros de las FARC-EP –antes del Acuerdo de La Uribe, Meta, en 1984–, agraviados, desesperados e indignados por el exterminio que estaba sufriendo este partido y la falta de garantías para hacer política de oposición y 350 La Unión Patriótica fue concebida inicialmente como…

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14Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · Página 1181 cita
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La izquierda: entre la política y las armas Durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) se produjo un hecho inesperado que iba en contravía de las predicciones de la izquier- da con respecto a un mayor endurecimiento del régimen político. In- mediatamente después de asumir la Presidencia el 7 de agosto de…

p. 118
15Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 224, 2272 citas
[22]

política y guerrillas: más allá de la llamada combinación de todas las formas de lucha En su gobierno, el presidente Belisario Betancur (1982-1986) puso en marcha un proceso de paz que reconoció las causas objetivas de la violencia, impulsó el diálogo con las guerrillas y admitió la necesidad de importantes reformas…

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de la UP, entre los adeptos de continuar la lucha armada y los que no, el impacto de la perestroika, el desgaste electoral, la salida de cuadros políticos y el asesinato de mili - tantes en el marco de la guerra sucia 270. El impacto que tuvo la represión hacia la UP en el ámbito rural y en el urbano llevó a muchos de…

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16No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2141 cita
[23]

jeep del Ejército sin esconderse, ya no 630 Entrevista 001-VI-00007. Mujer, Líder de la Unión Patriótica, víctima. 631 Centro Nacional de Memoria Histórica, «Todo pasó». 632 Centro Nacional de Memoria Histórica, 58. la búsqueda de la democracia y la guerra sucia (1978-1990) 215 se escondían, y desde allí los vecinos…

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17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1131 cita
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Socialista de los Trabajadores (PST), que se agruparon en torno a la idea de construir una propuesta política extra institucional y en oposición a los métodos que ellos mismos consideraban conciliatorios, como los diálogos de paz. Para mayor información revisar el caso sobre la persecución, estigmatización y…

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18Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 1221 cita
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para el período 1986 - 1990. Para 1986, cuando la UP obtuvo 328. 752 votos en la elección a la Presidencia de la República, en Antioquia se registraron 30. 515 sufragios en favor de ese movimiento político de oposición. Es- tas cifras eran signi fi cativas, pues en las pasadas elecciones pre- sidenciales su antecesor,…

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19Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · Páginas 202, 4782 citas
[26]

pública lo retoma también a la fuerza. Mueren 103 personas, entre ellas, casi todos los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Mayo Producto de los acuerdos de las Farc con el gobierno, crean un nuevo movimiento político llamado la Unión Patriótica. 1986 Marzo La Unión Patriótica y aliados ganaron 14 curules en…

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secuestro de Ospina y los otros crímenes en los que había participado. Su confesión llevó a que las autoridades allanaran Las Tangas para buscar los cadáveres enterrados en la playa. Encontraron 22, entre ellos los de los hermanos Escobar, de 18 y 24 años, Ovidio Carmona, de 20 y Jorge David Martínez, de 21. 120…

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20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1301 cita
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estos por Cundinamarca; en convergencia, fueron elegidos otros seis, entre estos, Julio Enrique Ortiz Cuenca por el Huila (Movimiento de Convergencia Liberal y UP) y Alfonso Gómez Méndez por el Tolima (Movimiento Político Tolima Libre, Liberal Oficial-U, Nuevo Liberalismo, Movimiento Amplio y Democrático-Rescatemos el…

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21Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 1461 cita
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(quien pronto sería elegido a la Cámara de Representantes como suplente de Gilberto Vieira, el secretario del PC) hablaron a nombre de la UP, y la presentaron como la proyección política de las FARC, quienes conservaban sus armas. Los grupos paramilitares de todo el país no estaban dispuestos a permitirlo, así que…

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22El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Página 1892 citas
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lo que fuera UP, fuuu. Había que golpearlos. (CNMH, CV, Sepúlveda, 2016, 21 de junio) Exterminada o desterrada la dirigencia de la izquierda en Cimitarra, Puerto Boyacá y Puerto Berrío, el genocidio de la UP se coordina desde Puerto Boyacá hacia las zonas en los que ese partido adquirió alguna presencia y fuerza…

p. 189
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lo que fuera UP, fuuu. Había que golpearlos. (CNMH, CV, Sepúlveda, 2016, 21 de junio) Exterminada o desterrada la dirigencia de la izquierda en Cimitarra, Puerto Boyacá y Puerto Berrío, el genocidio de la UP se coordina desde Puerto Boyacá hacia las zonas en los que ese partido adquirió alguna presencia y fuerza…

p. 189
23Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2611 cita
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permiso para la ejecución discreta de alla- namientos, confiscaciones y capturas en todo el país, se desencadenó una guerra sucia que alcanzó su clímax en el gobierno Barco. En principio, fue- ron asesinados más de mil líderes y miembros de la Unión Patriótica (UP), grupo político creado como resultado de los acuerdos…

p. 261
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 941 cita
[35]

municipios predominantemente campesinos. El campesinado fue una parte importante de las víctimas del genocidio contra la Unión Patriótica. Como se puede evidenciar en el mapa 5, los asesinatos de militantes de este partido se cometieron en zonas alejadas de las grandes ciudades capitales y en los límites de la…

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25Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 705, 7082 citas
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armado 2414. Además de las violencias letales, los integrantes de la UP y las personas relacio- nadas con ella sufrieron otros tipos de violaciones de derechos humanos que, si bien 2413 JEP-CEV-HRDAG, «Proyecto conjunto de integración de datos y estimaciones estadísticas sobre violaciones ocurridas en el marco del…

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y el encarcelamiento judicial de los 2423 Prensa Cajar, «Masacre de Caño Sibao». 2424 Corporación para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (Reiniciar), «Base de datos, Víctimas identificadas UP 1984-2006». 2425 Testimonio de Carlos Alfonso Velázquez, coronel (r) del Ejército y catedrático universitario…

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26Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · Página 2151 cita
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de los más ilustrativos al respecto. Un líder de este partido le dijo a la Comisión: «Allí se produjeron matanzas horribles. Allí fue asesinado el alcalde de Tibú, Tirso Vél ez […], el candidato más opcionado a la Gobernación de Santander […]. En la ciudad de Barrancabermeja, fue asesinado Leonardo Posada Pedraza,…

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27Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · Página 1081 cita
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as well as Arboletes and Necoclí in the north of Urabá. In the same year several mass graves were discovered on Castaño’s properties in Urabá, and a deserter from his organization reported that between January 1989 and April 1990 he had witnessed ninety-five executions. 106 A number of notorious examples indicate that…

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28Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · Página 2721 cita
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problema era que al tiempo que la guerrilla amedrentaba a la clse política tradicional, secuestraba a empresarios y terratenien tes délas regiones y combatía a la fuerza pública, su brazo político participaba en las elecciones. Más grave era que muchos de los líderes del PC, la UP y de la izquierda en movimientos…

p. 272
29Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 1392 citas
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cional Electoral, en las cuales se comunica que dejan de existir algunos partidos entre ellos el de la Unión Patriótica. Estos partidos políticos pierden su perso- nería jurídica por no cumplir con los requisitos de la Ley 130 de 1994, dentro de los cuales está el no haber tenido votaciones suficientes en Senado,…

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cional Electoral, en las cuales se comunica que dejan de existir algunos partidos entre ellos el de la Unión Patriótica. Estos partidos políticos pierden su perso- nería jurídica por no cumplir con los requisitos de la Ley 130 de 1994, dentro de los cuales está el no haber tenido votaciones suficientes en Senado,…

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30Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · Página 2471 cita
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tam- bién empieza como a perder ese… ese rol propio de defender libremente al trabajador. Entonces se presentaron muchos vacíos. (CNMH-DAV, exmili- tante de Esperanza, Paz y Libertad, Apartadó, 2017, 3 de diciembre) Otro daño político derivado de la desaparición de la UP fue la instalación en el imaginario y en el…

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