Triunfo de Gustavo Petro y Francia Márquez (2022)
El 19 de junio de 2022, Colombia eligió por primera vez en su historia un gobierno de izquierda: Gustavo Petro como presidente y Francia Márquez como primera vicepresidenta afrocolombiana. El resultado clausuró simbólicamente un ciclo de exclusión violenta que había atravesado el siglo XX y solo fue posible en un país donde el viejo bipartidismo liberal-conservador ya se había desintegrado.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 19 de junio de 2022
- Dónde
- Colombia, Bogotá, Cauca, Pacífico colombiano, Bucaramanga, Antioquia
- Protagonistas
- Gustavo Petro, Francia Márquez, Carlos Pizarro, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Laureano Gómez, Alberto Lleras Camargo, Misael Pastrana Borrero, Gustavo Rojas Pinilla, Jaime Bateman, Rodolfo Hernández Suárez, Antonio Navarro Wolf
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- El Frente Nacional (1958-1974), pactado en Benidorm (1956) y Sitges (1957), cerró el sistema político al repartir burocracia y poder entre liberales y conservadores, excluyendo por diseño a cualquier fuerza ajena al bipartidismo.
- El exterminio sistemático de la Unión Patriótica desde 1986 —con el asesinato de dirigentes como Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa— y el asesinato del candidato presidencial Carlos Pizarro en 1990 bloquearon durante décadas la participación electoral de la izquierda.
- La percepción de fraude en las elecciones de abril de 1970, cuando Misael Pastrana Borrero fue proclamado ganador sobre Gustavo Rojas Pinilla tras un apagón masivo, consolidó en amplios sectores la convicción de que la vía electoral estaba clausurada para las fuerzas ajenas al bipartidismo.
- La desintegración del bipartidismo liberal-conservador tras la Constitución de 1991, que produjo una fragmentación extrema del sistema de partidos y un desprestigio estructural de los partidos (imagen desfavorable del 89% en 2021 según Invamer), eliminó el dique institucional que históricamente había bloqueado a la izquierda.
- La movilización acumulada durante décadas de comunidades negras e indígenas, la plataforma de justicia social y derechos territoriales de Francia Márquez, y el estallido social del paro nacional de 2021 canalizaron un descontento masivo hacia la coalición progresista.
- La fractura política abierta por el plebiscito de 2016 sobre el Acuerdo de Paz con las FARC —ganado por el 'no' con el 50,2%— estructuró el eje emocional del voto de 2022 en torno al pulso paz-guerra.
Consecuencias
- Colombia inauguró su primer gobierno de izquierda en la historia del país, con Francia Márquez como primera vicepresidenta afrocolombiana, representando una ruptura simbólica con el ciclo de exclusión violenta del siglo XX.
- El presidente electo Gustavo Petro y la vicepresidenta electa Francia Márquez asistieron a la entrega del informe final de la Comisión de la Verdad, marcando un contraste institucional con el presidente saliente Iván Duque, quien se negó a asistir.
- La victoria confirmó el colapso definitivo del sistema bipartidista liberal-conservador como eje organizador de la política colombiana y la consolidación de un escenario multipartidista fragmentado y personalista.
- La elección abrió una nueva etapa en la representación política de comunidades afrocolombianas e indígenas históricamente marginadas del poder central del Estado colombiano.
La clave interpretativa
Por qué importa
El triunfo de Petro y Márquez en 2022 es el punto de llegada de un proceso de más de seis décadas: el lento derrumbe de un sistema político construido para excluir a la izquierda, que recurrió al fraude electoral, al clientelismo burocrático y al exterminio físico de sus adversarios para mantenerse. Que esa victoria fuera posible no refleja solo una madurez democrática, sino también el agotamiento de los mecanismos de cierre —bipartidismo, violencia paramilitar, desprestigio institucional— que durante generaciones impidieron la alternancia real. La presencia de Francia Márquez en la Vicepresidencia añade una dimensión adicional: por primera vez, las comunidades negras e indígenas del Pacífico y del Cauca, que habían sostenido décadas de lucha territorial y ambiental desde los márgenes, ocupaban el centro del poder ejecutivo colombiano.
Desarrollo histórico
La historia completa
El triunfo de Gustavo Petro y Francia Márquez
El 19 de junio de 2022, Colombia eligió por primera vez en su historia un gobierno de izquierda. Gustavo Petro Urrego, exmilitante del M-19, exalcalde de Bogotá y senador, ganó la segunda vuelta presidencial frente al empresario santandereano Rodolfo Hernández Suárez. Con él llegó a la Vicepresidencia Francia Elena Márquez Mina, lideresa ambiental afrocolombiana del norte del Cauca, primera mujer negra en ocupar ese cargo. El resultado cerró simbólicamente un ciclo de exclusión violenta que había atravesado el siglo XX colombiano —desde el exterminio de la Unión Patriótica hasta el asesinato de Carlos Pizarro— y solo fue concebible en un país donde el viejo bipartidismo liberal-conservador ya se había desintegrado en un archipiélago de personalismos, coaliciones coyunturales y candidaturas por firmas. La victoria fue, a la vez, alternancia electoral y clausura de una larga época en la que la izquierda entraba a la política por la puerta pequeña, y a menudo salía por el cementerio.
La antesala larga: un sistema hecho para excluir
Para entender lo que ocurrió esa noche de junio hay que retroceder al modo en que se construyó el sistema político colombiano después de la Violencia. El Frente Nacional —el pacto firmado en la Declaración de Benidorm el 26 de julio de 1956 entre Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo, y afinado en el Pacto de Sitges de 1957— estableció que liberales y conservadores se alternarían en la Presidencia cada cuatro años durante cuatro periodos, entre 1958 y 1974, y se repartirían por mitades exactas los cargos públicos. El plebiscito de diciembre de 1957, que además inauguró el voto femenino en Colombia, aprobó el acuerdo de manera abrumadora.
El Frente Nacional apaciguó la guerra bipartidista, pero fundó otra cosa: un sistema cerrado. La burocracia entera del Estado giraba en torno a los dos partidos. El presidente nombraba a los gobernadores, los gobernadores a los alcaldes, y los alcaldes a los empleados operativos, de modo que cada elección arrastraba una barrida completa de funcionarios del partido perdedor. Cualquier fuerza ajena al pacto —comunistas, populistas, izquierdas de nueva generación— tenía prohibido por diseño el acceso a las instituciones. El artículo 120 de la Constitución prolongó, más allá de 1974, alguna forma de coalición bipartidista hasta 1986. Y el estado de sitio, invocado con recurrencia por el ejecutivo, funcionó durante décadas como límite adicional a lo que se atrevía a llamarse democracia.
De ese cierre nació, entre otras cosas, un grupo guerrillero cuyo nombre era una fecha: el M-19. La sigla remitía al 19 de abril de 1970, la jornada en que las elecciones presidenciales entre Misael Pastrana Borrero y el general Gustavo Rojas Pinilla —candidato de la Alianza Nacional Popular, ANAPO— terminaron con un apagón masivo, la posterior proclamación del conservador Pastrana y la convicción, en amplios sectores de la izquierda, de que la vía electoral estaba clausurada. Sindicatos, juntas de acción comunal, movimientos regionales: el bipartidismo tuteló todo espacio con potencial opositor, cultivando un clientelismo de demandas individuales que fragmentaba lo colectivo. Quien quisiera hacer política por fuera del acuerdo aprendía pronto que el sistema no estaba diseñado para escucharlo. Y quien insistiera aprendía otra cosa, más grave: que había costos físicos por hacerlo.
La Unión Patriótica: el nombre de la exclusión violenta
En ese sistema, la primera gran apuesta de la izquierda por dejar las armas y competir electoralmente fue la Unión Patriótica. Surgió a mediados de los años ochenta, ligada al Acuerdo de La Uribe de 1984 entre el gobierno colombiano y las FARC-EP, como una plataforma amplia que reunió a militantes guerrilleros dispuestos a la política civil, organizaciones campesinas, sectores independientes de liberales y conservadores, movimientos regionales y grupos de izquierda de vieja data. Su primera prueba, las elecciones de 1986, arrojó un resultado inesperadamente robusto: curules en el Senado y presencia significativa en departamentos como Meta, Caquetá, Huila y Tolima, en algunos casos aliada con otras fuerzas.
La respuesta fue el exterminio. Desde 1986, los asesinatos de militantes, concejales, alcaldes, dirigentes nacionales y bases regionales se sucedieron con un patrón que no era espontáneo ni aleatorio: se atacaba a las personas por su identidad política, con mayor intensidad allí donde el partido tenía mayor peso electoral y organizativo. El epicentro fue Puerto Boyacá, en el Magdalena Medio, desde donde el aparato paramilitar coordinó la expansión de la violencia hacia Urabá, los Llanos Orientales y el Nordeste Antioqueño. Cayeron dirigentes de primer orden como Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa y Manuel Cepeda Vargas, en una lista larga que incluía a la militancia y a la simpatía. En 1993 el plan continuaba: fueron asesinados Oliverio Molina y José Miller Chacón, y otros dirigentes regionales fueron encarcelados por vías judiciales.
En 2002, el Consejo Nacional Electoral le retiró a la UP la personería jurídica por no cumplir los umbrales de votación de la Ley 130 de 1994, sin considerar que la baja votación era el resultado directo de haber matado a sus candidatos, alcaldes y militantes. Se cerraba así, por vía burocrática, lo que ya había cerrado por vía criminal: la posibilidad de que la izquierda hiciera política electoral. Es una ironía difícil de igualar en la historia política del continente: un partido borrado del registro por no obtener los votos que sus votantes ya no podían dar porque estaban muertos.
La violencia no se limitó a la UP. En el Magdalena Medio también fue perseguido el movimiento sindical vinculado al partido. Y a las opciones que quedaban —el exilio o volver "al monte"— hay que sumar la muerte de líderes que no eran de izquierda pero incomodaban al orden vigente, como el propio Luis Carlos Galán Sarmiento del Nuevo Liberalismo. El mensaje para dos generaciones fue inequívoco: el sistema no soportaba la competencia real por fuera del bipartidismo, y menos aún desde su izquierda.
Un M-19 desmovilizado y una promesa rota
La otra ruta —la de las guerrillas que dejaban las armas para competir— tampoco encontró garantías. El M-19 entregó su armamento en una ceremonia en la que Carlos Pizarro Leongómez, su comandante después de la muerte de Jaime Bateman Cayón, depositó su pistola calibre 45 envuelta en la bandera de Colombia. La transición parecía viable. Pizarro se lanzó a la Alcaldía de Bogotá el mismo mes de la desmovilización y obtuvo la tercera votación; luego anunció su candidatura presidencial. En abril de 1990, un sicario del paramilitarismo lo asesinó. Su campaña quedó truncada; su partido, huérfano; el mensaje, otra vez, claro.
De aquella desmovilización sí sobrevivieron trayectorias notables. Antonio Navarro Wolf fue copresidente de la Asamblea Nacional Constituyente, ministro, congresista, alcalde y gobernador. Otros excombatientes ocuparon posiciones nacionales y regionales. Entre ellos, un joven exmilitante que había participado en el aparato urbano del M-19: Gustavo Petro. Su carrera política, en las décadas siguientes, se hizo por la ruta institucional —Cámara de Representantes, Senado, denuncia de la parapolítica desde su curul, Alcaldía de Bogotá— pero cargó siempre con el estigma de la izquierda armada y con la memoria de compañeros muertos.
La Asamblea Constituyente de 1991 fue, en parte, el resultado político de esa desmovilización. La nueva Constitución prometió abrir el sistema: elección popular de gobernadores (que se sumaba a la de alcaldes, vigente desde 1988), reconocimiento del pluralismo étnico, ampliación de derechos, proliferación de partidos y movimientos alternativos. Pero la apertura tuvo consecuencias no previstas.
La fragmentación como nuevo cierre
El bipartidismo liberal-conservador, ya tensionado, quedó severamente debilitado tras 1991. Los partidos y movimientos alternativos que surgieron exhibieron desde el principio una fragmentación tal que impidió consolidar un sistema multipartidista estable. Desde finales de los noventa, el liderazgo de los jefes naturales de los partidos tradicionales fue decayendo frente al poder de los políticos regionales; partidos fundados por antiguos miembros del Partido Liberal —Cambio Radical, el Partido de la U— fueron ganando representatividad. La descentralización, al ampliar competencias y recursos de mandatarios locales, fragmentó las redes clientelistas tradicionales y generó espacios de poder subnacional más autónomos. El poder ya no bajaba desde Bogotá por escalones ordenados; se repartía en meandros regionales, cada uno con su gramática y sus lealtades.
El resultado fue paradójico. La apertura no democratizó tanto como se esperaba: la proliferación de partidos fue aprovechada, entre otros, por las Autodefensas Unidas de Colombia, que se sirvieron de múltiples movimientos afines para lograr representación en los órganos de decisión de la nación. El fenómeno de la parapolítica, denunciado desde el Congreso en los años dos mil, fue uno de sus síntomas más ostensibles. La fragmentación había creado, en vez de un sistema plural, un mercado más disperso de captura del Estado.
En paralelo, el desprestigio de los partidos se hizo estructural. Para julio de 2021, la imagen desfavorable de los partidos políticos colombianos alcanzaba el 89% según Invamer, y el 53% de los colombianos no se identificaba con ningún partido según el Centro Nacional de Consultoría. Solo el 11% se sentía cercano al Partido Liberal, el 6% al Centro Democrático y el 5% a Colombia Humana. En el período previo a las elecciones de 2022 proliferaron las candidaturas por recolección de firmas, una vía que muchos precandidatos —varios con militancia anterior en partidos tradicionales— utilizaron como distancia estratégica frente a esos aparatos. El bipartidismo estaba muerto; su sucesión era un archipiélago.
Esa es una de las llaves del 19 de junio de 2022: cuando llegó una candidatura de izquierda con capacidad de convocatoria masiva, ya no existía el dique bipartidista que en el pasado, con la burocracia entera a su servicio, la habría atajado. El sistema no había producido pluralismo, pero había producido, casi sin quererlo, la condición para su propia disrupción.
El uribismo, la polarización y el eje del 2016
Entre la fragmentación y la izquierda apareció, sin embargo, un actor determinante: Álvaro Uribe Vélez. Elegido presidente en 2002 en primera vuelta, Uribe capitalizó ante todo su tenaz oposición al proceso de paz que Andrés Pastrana había adelantado con las FARC, su fama de partidario de la mano dura y una plataforma que también incluía denuncias contra la corrupción, el despilfarro y las políticas neoliberales. Durante su primer mandato alcanzó aprobaciones superiores al 70%; a mediados del segundo, entre 80% y 90%, cifras que lo convirtieron en el presidente más popular de las Américas.
El uribismo estructuró, más que ningún otro movimiento posterior, el eje de la competencia política colombiana durante dos décadas. Impulsó al menos dos iniciativas reeleccionistas, con actitudes desestabilizantes y antidemocráticas, incluidas presiones sobre la Corte Constitucional. Y desarrolló un rasgo que ningún otro movimiento con votación equivalente compartió: la justificación pública, por parte de sectores de su base y de figuras visibles, de los llamados a la violencia y al homicidio político, sin que sus jerarquías desautorizaran esas expresiones. El propio Uribe reivindicó en Twitter "las masacres con sentido social" sin retractarse jamás.
Ese eje encontró su prueba decisiva en 2016. El plebiscito por el Acuerdo de Paz con las FARC —firmado bajo el gobierno de Juan Manuel Santos— fue ganado por el "no" con el 50,2% (6.431.376 votos) frente al 49,8% del "sí" (6.377.482), una diferencia de poco más de cincuenta mil votos. La abstención rozó el 73%, la más alta en veintidós años. El "sí" ganó en las regiones rurales que habían padecido directamente la guerra y entre los colombianos en el exterior, salvo en tres países. Durante la campaña, activistas uribistas publicaron mensajes en redes que llamaban más o menos directamente al atentado físico contra sus adversarios políticos. Petro y Uribe, por su parte, habían convertido sus cuentas de Twitter en medios propios y hablaban a sus públicos sin intermediarios.
El plebiscito dejó a Colombia partida en dos, con el uribismo como principal fuerza opositora al acuerdo. Esa fractura sería la matriz emocional del voto de 2022. La segunda vuelta de junio, en ese sentido, no fue una elección entre izquierda y derecha en el sentido clásico europeo, sino un capítulo más del pulso paz-guerra abierto seis años antes.
De la protesta a las urnas: 2019-2022
A la fractura del 2016 se sumó un descontento acumulado. En noviembre de 2019, Colombia vivió una jornada de protestas que combinaron malestar económico, indignación por el asesinato de líderes sociales bajo el gobierno de Iván Duque Márquez y la percepción de un ejecutivo desconectado y sordo. La pandemia de covid-19, desde 2020, agregó una crisis social y económica que profundizó la incertidumbre. En 2021 estalló el paro nacional, con bloqueos, vandalismo, movilización masiva y una represión policial injustificada y desproporcionada: hubo muertes, torturas y exilios.
El paro de 2021 no tuvo una causa única ni una lectura sencilla. Comenzó como rechazo a una reforma tributaria que golpeaba a las clases medias en plena pandemia, pero se convirtió rápidamente en algo más ancho: el desahogo de una juventud sin horizonte laboral, la memoria fresca de los líderes sociales asesinados en los meses previos, el hartazgo con una policía cuya doctrina de tratamiento del orden público seguía anclada en el conflicto armado. Ciudades enteras vieron cortados sus corredores viales durante semanas; Cali se convirtió en epicentro de una violencia asimétrica en la que civiles armados dispararon contra manifestantes bajo la mirada pasiva o cómplice de la fuerza pública. Los efectos fueron dobles: el gobierno de Duque retiró la reforma pero perdió cualquier margen de maniobra política, y en la ciudadanía movilizada se instaló la convicción de que el cambio, si venía, no vendría por la protesta sola sino por las urnas del año siguiente.
Las protestas no obedecieron a una identidad política única. Fueron descontento general con el gobierno, con la falta de oportunidades, con decisiones deficientes en salud pública y con una polarización institucional en la que hasta los gestos conciliadores fracasaban: el expresidente Santos ofreció colaboración a Duque durante el paro estudiantil de 2018, las protestas de 2019, la pandemia y el paro de 2021, sin recibir respuesta. Ese detalle, en apariencia menor, dice algo del clima: la política colombiana había dejado de tener capacidad de escucharse a sí misma, incluso entre expresidentes del mismo espectro. El descrédito de instituciones y liderazgos era transversal.
Colombia llegó a las elecciones de 2022 con una ciudadanía cansada, con partidos tradicionales en 89% de imagen desfavorable, con la memoria fresca del "no" del 2016 y de las calles del 2021, y con un descontento que ya no encontraba cauce en las coaliciones coyunturales ni en las candidaturas heredadas. Era, por primera vez en décadas, un terreno donde una candidatura de izquierda con arraigo urbano, alianzas étnicas y capacidad de canalizar la protesta podía ganar.
Petro y Márquez: dos trayectorias que convergen
Petro llegaba a esa elección con una biografía que resumía el arco entero. Militante urbano del M-19 en los años setenta y ochenta, formado en la política institucional tras la desmovilización, congresista, denunciante de la parapolítica, alcalde de Bogotá entre 2012 y 2015. En diciembre de 2013, en pleno ejercicio de la alcaldía, el Procurador General de la Nación lo destituyó e inhabilitó por quince años; la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dictó medidas cautelares que el gobierno colombiano se negó a acatar, evidenciando una tensión entre el Estado colombiano y el régimen internacional de derechos humanos. Petro regresó al cargo. La saga lo dejó marcado como figura resistente al sistema —y con una cuenta de Twitter, como la de Uribe, convertida en aparato propio de comunicación.
En 2010, Petro había competido por la Presidencia sin el apoyo del Polo Democrático, tras haber apoyado él mismo a César Gaviria en una consulta anterior. La construcción de su base electoral fue lenta y urbana: Bogotá primero, luego una coalición progresista con vocación nacional bajo el nombre del Pacto Histórico. En cada uno de esos pasos, la biografía traía consigo su propio archivo de fantasmas: los compañeros del M-19 caídos antes y después de la desmovilización, la sombra de Pizarro, la certeza personal de que la ruta institucional era, para alguien de su origen, una apuesta larga y sin fiadores.
La figura que lo acompañó en la fórmula era, en cambio, el rostro de un país distinto. Francia Márquez, defensora ambiental y de derechos humanos, venía del municipio de Suárez, en el norte del Cauca, y encarnaba una trayectoria que no dependía de la historia de la izquierda armada urbana. Su vida política había comenzado en la adolescencia, defendiendo el río Ovejas frente a proyectos de desvío, y se había construido después contra la minería ilegal que envenenaba las aguas de su comunidad y desplazaba a las familias de La Toma. En 2014 encabezó la Marcha de los Turbantes: ochenta mujeres afrocolombianas caminaron desde el Cauca hasta Bogotá para exigirle al gobierno la expulsión de la minería ilegal de sus territorios. Ese liderazgo, sostenido bajo amenazas de muerte que la obligaron a exiliarse temporalmente, le valió en 2018 el Premio Goldman, el reconocimiento internacional más importante para activistas ambientales de base.
Su llegada al binomio presidencial no fue una concesión: fue la coronación de décadas de movilización de comunidades negras e indígenas por justicia racial, derechos territoriales y paz. Márquez no representaba a la izquierda tradicional sumándole un componente étnico; representaba una tradición política propia, la de las comunidades del Pacífico y sus procesos organizativos, con genealogía distinta a la del sindicalismo urbano, las guerrillas o los partidos de izquierda clásica. Su consigna —"vivir sabroso"— venía de esa tradición: no era eslogan de campaña sino una idea de dignidad heredada de las comunidades cimarronas, la afirmación de que la vida digna no era un lujo sino un derecho por el que valía la pena organizarse. Su plataforma articuló a los sectores más marginados de la sociedad colombiana, y particularmente a los afrocolombianos del Pacífico y el Caribe, con la coalición progresista que Petro lideraba.
Esa convergencia —la izquierda urbana proveniente de la desmovilización institucional y los movimientos étnicos y sociales acumulados desde abajo— fue clave. Sin Márquez, la candidatura habría sido una versión más de la izquierda de Bogotá; con ella, se volvió un proyecto nacional con anclaje en las regiones que habían padecido directamente el conflicto y que en 2016 habían votado "sí". En la consulta interpartidista del Pacto Histórico, en marzo de 2022, Márquez obtuvo cerca de 785 mil votos: una cifra que la ubicó como segunda fuerza dentro de la coalición y que convirtió su nombre en la fórmula vicepresidencial en una decisión que ya no admitía cálculo. Los votos le habían dado el lugar que la política tradicional no le habría ofrecido.
La segunda vuelta
En la primera vuelta del 29 de mayo de 2022 quedaron eliminados los candidatos que representaban las opciones más orgánicas de la política tradicional y de centro. Federico Gutiérrez, apoyado por el uribismo y las maquinarias herederas del bipartidismo, no alcanzó a pasar al balotaje. Sergio Fajardo, la carta de un centro que aspiraba a superar la polarización, quedó fuera. La sorpresa fue Rodolfo Hernández, empresario y exalcalde de Bucaramanga, que llegó a la segunda vuelta con una candidatura por firmas, un discurso antipolítico y una comunicación centrada en TikTok.
El país entró en un balotaje inédito: por primera vez, ninguno de los dos finalistas provenía de los partidos tradicionales ni de sus sucedáneos inmediatos. El eje ya no era liberal-conservador ni siquiera uribismo-antiuribismo en sentido estricto: era proyecto de cambio social frente a proyecto antipolítico personalista. En las semanas finales, sin embargo, el uribismo y sectores de la derecha se alinearon con Hernández, restaurando parcialmente la lógica del 2016: paz y transformación contra continuidad y orden.
El 19 de junio de 2022, Petro y Márquez ganaron. Colombia eligió, por primera vez en su historia, un gobierno de izquierda. La vicepresidenta electa era la primera mujer afrocolombiana en ocupar el cargo.
Lo que el resultado clausuró y lo que dejó abierto
La lectura inmediata fue de alternancia electoral. La lectura histórica —la que el país tardaría más en asimilar— fue otra: un ciclo de exclusión violenta se cerraba simbólicamente. La izquierda que había sido exterminada como Unión Patriótica desde 1986, cuyos candidatos habían sido asesinados en 1987, 1990 y años sucesivos, cuyos alcaldes habían sido perseguidos y cuya personería jurídica había sido retirada en 2002, llegaba por fin, treinta y seis años después de la primera votación de la UP, a la Casa de Nariño. Y llegaba, además, con una vicepresidenta afrocolombiana que hacía visible una dimensión —la étnica— que la izquierda tradicional había subordinado durante décadas.
Un gesto de aquellos meses lo condensó. Cuando la Comisión de la Verdad, encabezada por el padre Francisco de Roux, entregó su informe final, el presidente en ejercicio Iván Duque se negó a asistir y emprendió una gira europea de veinte días. Los que sí estuvieron fueron el presidente electo Petro y la vicepresidenta electa Márquez, junto a personas de diversas edades, orientaciones e identidades, representantes de movimientos sociales, excombatientes, diplomáticos, periodistas, académicos y políticos de amplio espectro. De Roux tomó la palabra con los diez comisionados sentados detrás. La imagen describía el desplazamiento sin necesidad de traducirlo: la memoria del conflicto pasaba a ser materia de gobierno.
El cierre no fue, sin embargo, un desenlace natural de una apertura democrática progresiva. Fue una convergencia contingente. Coincidieron el colapso de legitimidad del bipartidismo y de sus sucesores fragmentados; la acumulación organizativa de las comunidades negras e indígenas y de los movimientos sociales urbanos; el agotamiento del modelo de exclusión violenta, que se había reciclado del paramilitarismo al uribismo sin desaparecer; y un descontento ciudadano que las protestas de 2019 y 2021 habían depositado sin cauce en el sistema. Nada de eso era inevitable. Cualquiera de esos factores, alterado, habría podido producir otro resultado.
También quedó pendiente lo que la victoria no clausuró. El uribismo, aunque derrotado en las urnas, seguía siendo el único movimiento político con un número significativo de votantes que había justificado públicamente el homicidio político sin desautorización jerárquica. La polarización que había fracturado el plebiscito de 2016 se mantenía intacta en la sociedad, ahora con los polos invertidos en el poder. La fragmentación del sistema de partidos no había desaparecido con el triunfo del Pacto Histórico: había producido, al contrario, el balotaje entre dos candidatos por firmas. Y la memoria del exterminio de la UP, del asesinato de Pizarro, de Galán, de Pardo Leal, de Jaramillo Ossa, de Cepeda Vargas, no era una herida cerrada sino una herida contenida por la victoria.
Por eso el 19 de junio importa más allá de la aritmética. Fue el día en que Colombia rompió, por primera vez, la regla no escrita según la cual la izquierda solo podía llegar al poder si dejaba de ser izquierda o si aceptaba morir intentándolo. Fue posible porque el bipartidismo que sostenía esa regla ya no existía como fuerza organizada, porque décadas de movilización étnica y social habían construido una base electoral autónoma, y porque el país que había votado "no" en 2016 no logró esta vez detener a quienes proponían continuar el camino abierto en La Habana. Fue el cierre simbólico de un siglo XX que en Colombia se había prolongado demasiado y una apertura cuyo alcance seguiría discutiéndose. Lo que se decidió esa noche no fue el destino de un gobierno: fue la posibilidad, larga y difícilmente ganada, de que la izquierda colombiana pudiera perder elecciones sin morir por ellas.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 2791 cita
[1]between mixed rural commu - nities on the one hand, and the state and military on the other hand, has played a central role in modern Colombian history. Similar cartogra - phies of violence, dispossession, and mobility have been at the centre of modern Colombian history. The importance of Afro-Colombian struggles for…p. 279
02Born of War in Colombia: Reproductive Violence and Memories of AbsenceTatiana Sanchez Parra · 2024 · p. 651 cita
[2]mestizos. People of all ages, with diverse sexual orientations and gender identities and expressions; international and national representatives of social movements and grassroots organizations; former combatants; diplomats, journalists, scholars, and politicians from a wide political spectrum. The recently elected…p. 65
03Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 2611 cita
[3]Y su reacción fue la esperada: un reflejo de su pequeñez. Cuatro años antes, nosotros habíamos apoyado la candida- tura de Gaviria con mucho entusiasmo, a pesar de que él había derrotado en una consulta similar a Navarro, que era nuestro 265 candidato. En parte por nuestros esfuerzos, Gaviria había logrado quedar de…p. 261
04La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 451 cita
[4]los antiguos combatientes regresaron a la vida civil y política, y jugaron de inmediato un papel esencial y constructivo. Su comandante, Carlos Pizarro, fue candidato a la alcaldía de Bogotá el mismo mes de su desmovilización y obtuvo la tercera votación. Luego lanzó su candidatura presidencial, que fue truncada por…p. 45
05Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 6281 cita
[5]igual forma, las armas que el M-19 tenía en Bogotá, Medellín y otras partes fueron concentradas en el campamento. A las 16:37 horas de ese jueves, Carlos Erazo, Nicolás, dio una orden perentoria: “Por Colombia, por la paz, dejad las armas”. Con un paso al frente, uno a uno, los combatientes fueron depositando sobre la…p. 628
06Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 1032 citas
[6]cidh incluyó en su reglamento una disposición que trata específicamente de las maneras en que los Estados pueden dejar de ser ob - jeto del escrutinio del capítulo iv. Una de ellas es que el Estado en cuestión invite a la Comisión a realizar una visita in loco. En cumplimiento de esa nueva dispo - sición, en el…p. 103
[7]cidh incluyó en su reglamento una disposición que trata específicamente de las maneras en que los Estados pueden dejar de ser ob - jeto del escrutinio del capítulo iv. Una de ellas es que el Estado en cuestión invite a la Comisión a realizar una visita in loco. En cumplimiento de esa nueva dispo - sición, en el…p. 103
07El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · p. 101 cita
[8]Constituyente y el «más 22 PRDHX*» reciente hombre del momento de Colombia»-, su secretaria, una ex guerrillera, me señala con sus uñas rojas una silla distante y me dice con frialdad «espérese allá». Es igual de arrogante y apática que cualquier otro funcionario público bogotano. Navarro viene a la puerta. Detrás de…p. 10
08La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 891 cita
[9]una gran bancada en el Congreso que les permitiera ventilar sus intereses en los órganos de decisión de la Nación. Para tal efecto, les fue útil la proliferación de partidos políticos promovida por la Constitución de 1991. De hecho, para el momento en que las AUC estaban unificadas, ya existían varios movimientos…p. 89
09Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1051 cita
[10]Colombia, Beygntá Universidad Extemado de Colombia 1959. Rezo Acuáa Entammo “TCuía Iibilicgrá- fica elemental sobre el pader ejecutivo ety América Latina”. Reersta ale (e [lmumur- mul Ertermade de Colombia, (Bogota, abril 165) Vance. Regímenes políticu actual. juan Fernando Badía, Coordinador, Madrid, Tecnos, 1987,…p. 105
10Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 3391 cita
[11]candidate Horacio Serpa Uribe. In the 2007 elections, PDA candidate Samuel Moreno succeeded in holding on to the Bogota mayoralty (and the party won 19 other mayoralties), notwith- standing the strong track record of his opponent, the former mayor Enrique Penalosa Londono, and President Uribe 's active campaign…p. 339
11Analytical Narrative on Subnational Democracies in Colombia: Clientelism, Government and Public Policy in the Pacific RegionAndrés Cendales, Angela Pinto, Jhon James Mora, Hugo Guerrero · 2019 · p. 351 cita
[12]and party system in Colombia were eliminated. Introduction of these pieces of legislation also paved way for an era during which what was known until then as political fractions begin to disappear. 2.1 Clientelistic Networks and Political Fractions in the Subnational Level As the ties of the political fraction that…p. 35
12Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2871 cita
[13]descentralizador (ordenó la elección popular de gobernadores) que se había iniciado con la de alcaldes. Le dio autonomía y funciones a la junta directiva del Banco de la República, lo cual ha tenido importancia en el manejo de la economía nacional. Con la eliminación de la posibilidad de extraditar colombianos por…p. 287
13Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2761 cita
[14]público. La coyuntura para estas transformaciones era favorable. Las agencias de desarrollo internacionales como el Banco Mundial y el FMI apoyaban la idea de la descentralización como mecanismo de desarrollo. Asimismo, dentro de la agenda de negociación de guerrillas como el M -19 y el EPL — que se desmovilizaron a…p. 276
14Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 2041 cita
[15]el poder alcanzado por los políticos regionales y porque el liderazgo de los jefes naturales de los partidos tradicionales comenzó a decaer. En las elecciones presidenciales de 1998, al final del período de gobierno de Samper, el Partido Liberal estaba quebrado por dentro. Su candidato era el ex ministro del Interior…p. 204
15Elecciones presidenciales y legislativas en Colombia en 2022Juan Carlos Escobar, Bibiana Ortega, Laura Wills-Otero · 2023 · p. 81 cita
[16]e-issn 1900-6004 octubre-diciembre 2023 • pp. 3-28 • https://doi.org/10.7440/colombiaint116.2023.01 Una segunda dinámica fue la proliferación de candidatos por firmas, que también se interpretó como un indicador del desprestigio de los partidos políticos (“Firmas y pandemia” 2021). De acuerdo con Invamer, la imagen…p. 8
16Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 2741 cita
[17]el 8. 4 % al Centro Democrático y 11. 2 % a otros partidos (Colombia Justas y Libres, Mira, Colombia Renaciente y por comunidades). Además, se debe resaltar que la gobernadora Clara Luz Roldán se encuentra adscrita al Partido de la U, mientras que el alcalde Jorge Iván Ospina proviene del Partido Alianza Verde 9. 9…p. 274
17Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1191 cita
[18]entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…p. 119
18Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1781 cita
[19]Reyes. Reconciliación Nacional. Apoyar candidatura de Carlos E. Restrepo. Participación liberal en el gabinete ministerial y el Congreso, Coalición de gobierno con mayoría conservadora. Respaldo a los candi- datos moderados del conservatismo. Apoyar candidatura del liberal En- rique Olaya Herrera. Gobierno de…p. 178
19Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 781 cita
[20]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…p. 78
20Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 3291 cita
[21]colectiva. Esas redes han respondido más a demandas in- dividuales, moldeando lo que se ha denominado una "democra- cia sin ciudadanos", la cual no ha creado una idea de ciudadanía común que haga las veces de barrera en contra de discriminacio- nes y en defensa de la aplicación de derechos mínimos o, para el caso, que…p. 329
21Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 591 cita
[22]ANAPO). Rojas Pinilla’s dream of returning to power was denied, however. Many analysts con- tend that Rojas was the winner of the presidential elections of April 19, 1970, but the minister of the interior named Conservative Misael Pastrana Borrero the new president after a suspiciously timed massive power outage.…p. 59
22Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 861 cita
[23]partido opuesto al de gobierno; sin embargo, desde 1886 un rasgo dominante del sistema político colombiano fue la homogeneidad de la burocracia: apoyados en el centralismo extremo, los presidentes conservadores nombraban gobernadores, que, a su vez, nombraban alcaldes, que nombraban todos los empleados operativos del…p. 86
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 841 cita
[24]esos hechos, le argumentaban a los miembros de la guerrilla que, pues, no tenían cómo pagar, pues ellos no generaban, pues, unas acciones en contra [específicamente] de esas familias. Al parecer, les hacían como un estudio socioeconómico a dichas familias y otras sí se iban desplazadas» 228. El exterminio de la Unión…p. 84
24La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1971 cita
[25]militantes y simpatizantes, que no eran miembros de las FARC-EP –antes del Acuerdo de La Uribe, Meta, en 1984–, agraviados, desesperados e indignados por el exterminio que estaba sufriendo este partido y la falta de garantías para hacer política de oposición y 350 La Unión Patriótica fue concebida inicialmente como…p. 197
25Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 631 cita
[26]ciento de la votación; y en San- tander, una curul de 11, con el 7 por ciento. En términos de los resultados del Senado, la UP en coaliciones tuvo sendos éxitos en Caquetá y Meta, departamentos en los que consiguió una curul de dos disponibles, con 35 por ciento para el primer caso y 28 por ciento para el segundo,…p. 63
261989María Elvira Samper · 2019 · p. 521 cita
[27]de un hecho inicuo que tiene que conmover a toda la sociedad colombiana y llamar a la solidaridad en momentos de crisis”. El ministro de Gobierno, Raúl Orejuela Bueno, sostiene que se trata de un “complot contra la democracia y el proceso de paz del Gobierno”, y el PC protesta por lo que considera la pasividad del…p. 52
27Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7081 cita
[28]y el encarcelamiento judicial de los 2423 Prensa Cajar, «Masacre de Caño Sibao». 2424 Corporación para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (Reiniciar), «Base de datos, Víctimas identificadas UP 1984-2006». 2425 Testimonio de Carlos Alfonso Velázquez, coronel (r) del Ejército y catedrático universitario…p. 708
28El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1892 citas
[29]lo que fuera UP, fuuu. Había que golpearlos. (CNMH, CV, Sepúlveda, 2016, 21 de junio) Exterminada o desterrada la dirigencia de la izquierda en Cimitarra, Puerto Boyacá y Puerto Berrío, el genocidio de la UP se coordina desde Puerto Boyacá hacia las zonas en los que ese partido adquirió alguna presencia y fuerza…p. 189
[30]lo que fuera UP, fuuu. Había que golpearlos. (CNMH, CV, Sepúlveda, 2016, 21 de junio) Exterminada o desterrada la dirigencia de la izquierda en Cimitarra, Puerto Boyacá y Puerto Berrío, el genocidio de la UP se coordina desde Puerto Boyacá hacia las zonas en los que ese partido adquirió alguna presencia y fuerza…p. 189
29Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 1971 cita
[31]de líderes y lideresas La persecución, el desplazamiento y el asesinato de líderes po- líticos y comunitarios generaron un daño colectivo que se expresa en la desestructuración de las apuestas políticas, pero también de la capacidad organizativa de la comunidad. En la medida en que el terror se convirtió en el medio…p. 197
30Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 1392 citas
[32]cional Electoral, en las cuales se comunica que dejan de existir algunos partidos entre ellos el de la Unión Patriótica. Estos partidos políticos pierden su perso- nería jurídica por no cumplir con los requisitos de la Ley 130 de 1994, dentro de los cuales está el no haber tenido votaciones suficientes en Senado,…p. 139
[33]cional Electoral, en las cuales se comunica que dejan de existir algunos partidos entre ellos el de la Unión Patriótica. Estos partidos políticos pierden su perso- nería jurídica por no cumplir con los requisitos de la Ley 130 de 1994, dentro de los cuales está el no haber tenido votaciones suficientes en Senado,…p. 139
31Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1681 cita
[34]plataforma de cien puntos, tópicos de campaña electoral de un político profesional: contra la corrupción, el despilfarro del sector público, la ineficiencia administrativa y los rigores sociales que padecen los pobres como efecto de políticas neolibe- rales y por una Colombia sin guerrillas ni paramilitares. La…p. 168
32Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2681 cita
[35]Ca- cica», forzó al presidente Pastrana a suspender el proceso y a ordenar la recuperación de la zona de despeje por parte del ejército en febrero de 2002, tres meses antes de la celebración de las eleccio- nes presidenciales. 12 veia” pi ro de 2003, ocasionó treinta y nueve muertos y cerca de ciento setenta heridos.…p. 268
33Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 401 cita
[36]representation of faith in the government and military, while provid- ing the international community with an apparent picture of stability. The polls are conducted across Colombia, and produce a quantitative measure of endorsement for state policies and programs. During President Uribe’s first term (2002–06), they…p. 40
34El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1161 cita
[37]una gran maestría para dejar saber a sus líderes 104. No es el objetivo de este capítulo hacer una anatomía del uribismo, pero este inicialmente incluyó al grueso de la tecnocracia y a políticos de trayectoria que querían inventarse como outsiders. Uribe terminó peleando con muchos de ellos. 105. Debido a que en la…p. 116
35¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 1491 cita
[38]del fenómeno, pero me restrinjo a dos. Primera, el uribismo es el único movimiento con un número grande de votantes —digamos más del 2 % del registro electoral— que sigue justificando tanto los llamados a la violencia como al homicidio político. El propio jefe lo ha expresado en momentos de exasperación. Cuando el…p. 149
36El dulce poder: Así funciona la política en ColombiaLa Silla Vacía · 2018 · p. 521 cita
[39]o del político antes, durante y después de la época electoral, y también para atacar o minimizar al candidato o político contradictor. Estas estrategias, sin embargo, tenían un impacto mayor antes de la irrupción de internet. Con el auge de las redes sociales, las estrategias para ganar y reproducir el poder son muy…p. 52
37Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 671 cita
[40]posterior, y la segunda es integral, e intenta responder a los tres déficits de manera conjunta, lo cual no es otra cosa que una respuesta de tipo constitucional. Esta última solución tuvo un gran impulso a principios de la década de los noventa, pero ha perdido mucha fuerza duran- te los últimos años. Pero…p. 67
38Parar para avanzar. Crónica del movimiento estudiantil que paró a ColombiaSandra Borda · 2020 · p. 191 cita
[41]la opinión esperaba era un espaldarazo al menos discursivo a su labor. Creo que, en este sentido, el punto de desconexión más alto de este gobierno se generó a mediados del 2019. En junio asesinaron a María del Pilar Hurtado—una líder social en Tierralta, Córdoba. Todos vimos a su hijo Bryan llorar y gritar de…p. 19
39¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 1131 cita
[42]líderes sociales y, desde 2020, la incertidumbre por la crisis económica y social que acompañó la pandemia de covid. Esta democracia callejera, como nos lo recuerda el profesor Rodrigo Uprimny, también se ha expresado dentro de una so ciedad polarizada, en la que hay un profundo descrédito de las instituciones y del…p. 113
40Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 701 cita
[43]transindividual help us to under - stand the protests in Colombia, because there was no clear identity lead - ing, or even forcing, the groups to protest, and they were not moved by nationalist feeling nor by the ideology of a political group. The causes of the protests concerned a general discontent toward the…p. 70
41Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 4101 cita
[44]importa desde el punto de vista personal, pero se han perdido oportunidades de lograr posiciones conjuntas que congreguen al país. He hecho este ofrecimiento en varias ocasiones: desde el momento mismo del empalme; cuando el paro estudiantil de 2018, y luego en las protestas de 2019; cuando comenzó la pandemia, pues…p. 410
42Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 2301 cita
[45]en donde se pronosticaba una alta votación por el ‘sí’, no pudo ir a las urnas porque a muchas zonas no llegó el material requerido para hacerlo. El ministro de Interior, Juan Fernando Cristo, se negó a ampliar los horarios de votación ante el evidente clima de crispación. Las reuniones familiares de aquellos que…p. 230
43Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 251 cita
[46]las FARC y el Gobierno colombiano, en la que se rea- lizaron 12 ensayos y dos relatorías. 5 Vistos en su conjunto, es claro que estos ensayos produjeron narrativas divergentes sobre el conflicto armado, que refuerzan la polarización existente en torno a orígenes, factores de persis- tencia e impactos del conflicto…p. 25