Eduardo Umaña Mendoza
Crisis y narcotráfico
1946–1998
La biografía
Eduardo Umaña Mendoza (1946–1998) fue el abogado colombiano que, durante casi dos décadas, se convirtió en el litigante de referencia de los presos políticos, los familiares de desaparecidos, los sindicalistas judicializados y los sobrevivientes del exterminio de la Unión Patriótica. Su nombre articula, en un solo itinerario profesional, los tres frentes de la crisis nacional que el Estado colombiano trató durante los años ochenta y noventa como un único enemigo: la protesta social, la oposición política de izquierda y la denuncia jurídica de los crímenes de la fuerza pública. Fue asesinado en su oficina de Bogotá el 18 de abril de 1998, en el mismo trimestre en que caía Jesús María Valle Jaramillo en Medellín y se ordenaba el desmonte de la XX Brigada de Inteligencia del Ejército. Su muerte marca el momento en que el oficio de defender derechos humanos en Colombia dejó de ser una profesión de riesgo para convertirse, sin eufemismos, en un oficio letal.
Línea de vida
- 1978
Defensa bajo el Estatuto de Seguridad
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Tras la expedición del Decreto 1923 del 6 de septiembre de 1978 por el gobierno de Julio César Turbay Ayala, Umaña Mendoza comenzó a documentar detenciones arbitrarias, torturas y legalización retroactiva de capturas, construyendo expedientes que resistieran la censura y estableciendo su práctica como litigante de derechos humanos.
- 1979
Orden de captura registrada en actas del Consejo de Ministros
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El Acta 35 del 3 de mayo de 1979 del Consejo de Ministros menciona a Eduardo Umaña Mendoza y Alberto Alava como abogados defensores de derechos humanos contra quienes existía orden de captura, señal de que a los treinta y dos años ya era catalogado por el gabinete de Turbay como un problema operativo, aunque no consta que la detención se ejecutara.
- 1985
Defensa de familias de desaparecidos del Palacio de Justicia
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Tras la toma y retoma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, Umaña Mendoza acogió el dolor de los familiares de personas desaparecidas en la cafetería del edificio, litigó por el reconocimiento de las desapariciones forzadas y contribuyó a documentar esos crímenes como responsabilidad estatal.
- 1988
Representación de víctimas del genocidio político de la Unión Patriótica
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Durante el período de exterminio sistemático de militantes de la Unión Patriótica (1984–2002), Umaña Mendoza representó a víctimas y sus familias, y trabajó en la tipificación del crimen como genocidio político, una batalla jurídica que se extendería más de veinticinco años ante instancias nacionales e internacionales.
- 1990
Documentación de la desaparición de Alirio de Jesús Pedraza
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Umaña Mendoza documentó la participación de agentes del Estado en la desaparición del abogado y defensor de derechos humanos Alirio de Jesús Pedraza, un caso que además de ser una causa a investigar funcionó como mensaje operativo sobre el borramiento de la línea entre defensor y víctima.
- 1995
Defensa de sindicalistas de la USO y Telecom
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Umaña Mendoza ejerció la defensa de sindicalistas de la Unión Sindical Obrera y de trabajadores de Telecom perseguidos judicialmente por su actividad gremial, en un contexto en que las huelgas del sector estratégico eran procesadas penalmente como actos subversivos bajo la Doctrina de Seguridad Nacional.
- 1998
Asesinato en su oficina de Bogotá
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Eduardo Umaña Mendoza fue asesinado el 18 de abril de 1998 en su oficina en Bogotá. La XX Brigada de Inteligencia del Ejército fue vinculada al crimen; dado que estaba implicado un oficial superior, el caso fue asumido por el Comandante General del Ejército como Juez Único de Primera Instancia Penal Militar, y la Brigada fue desmantelada en mayo de 1998. El Fiscal General Alfonso Gómez Méndez concedió una entrevista a Human Rights Watch el 7 de mayo de 1998 en el contexto del caso.
Un jurista formado en la crítica al derecho
Umaña Mendoza creció bajo la sombra intelectual de su padre, Eduardo Umaña Luna, uno de los tres autores de La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social, publicado en dos tomos por Ediciones Tercer Mundo en 1962 y junio de 1964. Aquel libro, escrito junto al sacerdote Germán Guzmán Campos y al sociólogo Orlando Fals Borda, había nacido como la Monografía N° 12 de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia y se convirtió, casi de inmediato, en el primer intento sistemático de mirar de frente el ciclo de matanzas partidistas iniciado a finales de los años cuarenta. El tomo firmado por Umaña Luna se ocupaba del análisis jurídico del fenómeno y del estudio de la Ley del Llano proclamada por los frentes guerrilleros liberales en 1953: una lectura del derecho desde su fractura, desde el vacío institucional que las armas habían llenado.
El libro provocó ruido inmediato. Carlos Valencia Editores reeditó el Tomo I en 1980 y Ediciones LAVP lo reimprimió en 2019, señal de su condición de referencia obligada. A su alrededor se organizaron respuestas conservadoras que acusaban a los autores de exagerar responsabilidades y de politizar la sociología. Pero la marca que dejó en la formación del hijo fue de otro orden: la idea de que el derecho colombiano no podía estudiarse al margen de la violencia que lo desbordaba, y que el jurista serio debía ser capaz de nombrar los crímenes del Estado con la misma precisión técnica con que se nombran los delitos comunes.
Esa herencia fijó el molde. Umaña Mendoza no fue un abogado de tribunales civiles ni un académico de aula: fue, desde muy temprano, un litigante penal especializado en los casos que otros no querían tomar. Su oficina en Bogotá funcionaba como despacho abierto para presos, sindicatos y familias de víctimas, y su práctica se inscribió en lo que las organizaciones hermanas —el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, la Comisión Colombiana de Juristas, el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos— empezaban a llamar, sin ironía, "el derecho contra el derecho": usar la técnica jurídica no como fin en sí mismo, sino como herramienta para desmontar la impunidad estructural que la propia legalidad amparaba.
El bautismo del Estatuto de Seguridad
La biografía profesional de Umaña Mendoza queda inseparable del Decreto 1923 del 6 de septiembre de 1978, conocido como Estatuto de Seguridad, expedido por el gobierno de Julio César Turbay Ayala bajo estado de sitio. La norma amplió las facultades de las Fuerzas Militares para el control del orden público, endureció las penas por rebelión —elevándolas de cinco a nueve años para participantes y de ocho a doce para líderes— y estableció un régimen de detenciones que, en la práctica, se aplicó como redada sistemática contra dirigentes sociales, estudiantes, sindicalistas y militantes de izquierda.
En enero de 1979, el Consejo de Ministros autorizó la detención de 138 personas, entre ellas figuras del M-19, estudiantes y médicos. Al menos diecinueve de las capturas realizadas entre el 2 y el 8 de enero fueron incluidas retroactivamente en el Acta 10 del Consejo, un procedimiento que legalizó ex post facto arrestos hechos sin orden judicial. Los abogados que denunciaron esa práctica —entre ellos Umaña Mendoza— empezaron a aparecer en los registros del propio poder ejecutivo como figuras a vigilar: el Acta 35 del 3 de mayo de 1979 lo menciona junto a Alberto Alava como defensor de derechos humanos contra el cual existía orden de captura, aunque no consta que la detención se ejecutara.
Ese detalle, aparentemente menor, dice mucho. A los treinta y dos años, Umaña Mendoza ya era catalogado en las actas del gabinete de Turbay como un problema. La razón era operativa antes que ideológica: sus escritos y peticiones estaban documentando, caso a caso, las torturas infligidas a detenidos en las guarniciones militares. La Brigada de Institutos Militares fue el epicentro de esa maquinaria. El Estado colombiano fue condenado más tarde como responsable por las torturas contra Olga López de Roldán, uno de los casos emblemáticos del período, y las denuncias de violencia sexual contra militantes del M-19 detenidos en Bogotá y Cali en 1979 se acumularon sin que las autoridades identificaran a los perpetradores.
El Estatuto fue reconocido más tarde como un fracaso político y militar: diseñado para exterminar la subversión, produjo el efecto contrario, erosionó la credibilidad del Partido Liberal y contribuyó a la fractura del bipartidismo en las elecciones de 1982, cuando Belisario Betancur alcanzó la Presidencia. Para Umaña Mendoza, sin embargo, aquel cuatrienio no fue una fase superada: fue el aprendizaje operativo del oficio. Aprendió a leer las actas ministeriales, a rastrear las cadenas de mando, a documentar la tortura con protocolos médicos, a construir expedientes que resistieran la censura y a moverse en un país donde el estado de sitio era el estado normal.
El cruce de tres frentes
En los quince años siguientes, Umaña Mendoza construyó una práctica que puede leerse como el trípode de la crisis nacional: presos políticos, exterminio de la Unión Patriótica y crímenes de Estado. Cada frente tenía su propia lógica y su propia víctima característica, pero los tres compartían un mismo horizonte estructural: la Doctrina de Seguridad Nacional, importada del ciclo latinoamericano de los años setenta, que en Colombia se instaló sin necesidad de dictadura militar porque el estado de sitio permanente ofreció el mismo resultado por vía civil.
Bajo esa doctrina, la huelga, la manifestación pública y la campaña electoral de ciertas orientaciones eran tratadas como focos de conflicto sujetos a control estatal, y activistas sociales y políticos quedaban permanentemente bajo la mirada del aparato de inteligencia. Umaña Mendoza defendió a los sindicalistas de la Unión Sindical Obrera —la USO, con base en Barrancabermeja y el Magdalena Medio petrolero— y a los trabajadores de Telecom perseguidos judicialmente por su actividad gremial. El punto no era la simpatía ideológica: era que las huelgas del sector estratégico se procesaban penalmente como actos subversivos, y sin defensa técnica los trabajadores enfrentaban penas de rebelión.
El segundo frente fue el genocidio político de la Unión Patriótica. Entre 1984 y 2002, los militantes de ese movimiento, surgido de los acuerdos de La Uribe entre el gobierno de Betancur y las FARC, fueron objeto de un exterminio sistemático y generalizado en todo el territorio nacional, dirigido contra ellos por su identidad política. Los planes tenían nombres operacionales: el "Baile Rojo" y el "Plan Esmeralda" de 1988, este último desarrollado en los Llanos Orientales y en Caquetá, denunciado en su momento por el congresista Henry Millán. La violencia se intensificó en las zonas de mayor votación de la UP y combinó la omisión de protección por parte de la fuerza pública, retiradas estratégicas de unidades militares en momentos críticos y la ejecución material por grupos paramilitares.
El costo humano incluyó a los dirigentes más visibles del movimiento: Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Manuel Cepeda Vargas. Umaña Mendoza representó a víctimas de ese proceso durante años y dedicó parte de su trabajo doctrinal a un objetivo que en su momento parecía técnicamente arriesgado: la tipificación del delito de genocidio político en el ordenamiento colombiano. Las víctimas y sus abogados venían reclamando ya entonces que el crimen contra la UP fuera reconocido como genocidio —no genocidio étnico o religioso, sino genocidio por identidad política—, y esa batalla jurídica se extendería más de veinticinco años ante instancias nacionales e internacionales.
El tercer frente fue el de los crímenes de Estado propiamente dichos, con dos casos que marcaron su trayectoria pública. El primero fue la toma y retoma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, cuando la respuesta militar dejó, entre otras consecuencias, la desaparición forzada de varios civiles que trabajaban en la cafetería del edificio y de personas que salieron con vida y fueron llevadas a instalaciones militares. Umaña Mendoza acogió el dolor de las familias, litigó por el reconocimiento de las desapariciones y contribuyó a que ese conjunto de crímenes —que el establecimiento intentó absorber en el relato de la operación militar contra el M-19— quedara documentado como responsabilidad estatal.
El segundo caso emblemático fue la desaparición del abogado Alirio de Jesús Pedraza, colega defensor de derechos humanos, en cuya causa Umaña Mendoza documentó la participación de agentes del Estado. La desaparición de un abogado por hacer el trabajo que Umaña Mendoza también hacía era, además de un caso a investigar, un mensaje operativo: la línea que separaba al defensor de la víctima había empezado a borrarse.
El ecosistema de la defensa y su cerco institucional
Umaña Mendoza no trabajaba solo. Desde 1973, el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, primera organización no gubernamental de derechos humanos en Colombia y nacida en el clima de creciente represión previo al Estatuto, había abierto el camino organizativo. En los años siguientes se sumaron la Corporación Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo y la Comisión Colombiana de Juristas, y a lo largo de los ochenta y noventa se consolidó un ecosistema de ONG que compartían casos, se prestaban documentación, litigaban ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos y sostenían una práctica común.
Aquella red tenía una textura interna precisa: organizaciones con fuerte componente cristiano, similares en su cohesión a las de las órdenes religiosas, dedicadas al litigio gratuito no como caridad profesional sino como opción política, donde recibir dinero por representar a una víctima resultaba insultante. El derecho, en esa concepción, no era un fin en sí mismo sino un instrumento: el derecho contra el derecho, la técnica jurídica volcada a demoler la impunidad que la propia legalidad reproducía.
Ese ecosistema fue perseguido de manera sistemática. El Departamento Administrativo de Seguridad, el DAS, organismo civil de inteligencia adscrito a la Presidencia, ejecutó una serie de operaciones ilegales cuyos nombres se conocieron años después: Europa, Extranjeros, Canela, Imprenta, Transmilenio. Fueron ejecutadas por una red interna estructurada, jerárquica, interinstitucional y clandestina, con presupuesto estatal, que operó incluso en territorio europeo. El Grupo Especial de Inteligencia G3, al interior del DAS, y su sucesor, el Grupo de Observación Nacional e Internacional (GONI), fueron los responsables directos de las acciones contra las ONG.
La Operación Transmilenio, dirigida específicamente contra el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, tenía como objetivo declarado "restringir o neutralizar su accionar". Incluyó seguimiento a miembros, monitoreo de actividades y rastreo de fuentes de financiación, pero también actividades ofensivas: desprestigio, presión, intimidación, amenazas y sabotaje. La categoría "ofensivas" importa: no se trataba de inteligencia pasiva, sino de operaciones activas para destruir la capacidad de trabajo de las organizaciones. La Fiscalía terminaría calificando a esta estructura como una red criminal al interior del DAS, articulada además con grupos paramilitares mediante intercambio de información en clave antisubversiva. Uno de los casos documentados de esa articulación fue el del profesor Alfredo Correa de Andréis, identificado ante los paramilitares como "ficha de las FARC" y asesinado el 17 de septiembre de 2004 en Barranquilla.
A esa arquitectura civil se sumó la militar. En mayo de 1991, el Ministerio de Defensa expidió la Orden 200-05-91, que recogía recomendaciones de asesores militares estadounidenses y facultaba al Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea para establecer redes de inteligencia clandestinas supervisadas por el Comando General de las Fuerzas Militares. Esas redes podían integrarse con personal civil o militar retirado y operar de forma encubierta. La orden institucionalizó, en clave doctrinaria, la coexistencia entre inteligencia militar formal y estructuras paralelas cuya identidad jurídica era deliberadamente ambigua.
Los grupos paramilitares habían sido creados por el Ejército en los años ochenta en el marco de la estrategia contrainsurgente, y varios autores de la época describieron ese fenómeno como una privatización de la violencia estatal: una violencia para-institucional que dificultaba diferenciar el paramilitarismo de la acción directa de la fuerza pública y complicaba la atribución de responsabilidades. El narcotráfico y las economías ilegales alimentaron después la autonomización de esas estructuras, pero su matriz original fue estatal.
Sobre ese fondo, la estigmatización pública operó como preparación del terreno. Oficiales del Ejército, algunos graduados de la Escuela de las Américas, calificaron públicamente a defensores de derechos humanos como "enemigos del pueblo" o portavoces de la guerrilla. La lógica del conflicto convertía esa etiqueta en algo más que un insulto: era, en la práctica, una amenaza de muerte pronunciada desde uniforme.
El cerco se cierra: 1997–1998
Entre mayo de 1997 y los primeros meses de 1998 se produjo una cadena de asesinatos de defensores de derechos humanos que, examinada en conjunto, tenía la coherencia de un patrón. El 19 de mayo de 1997, Elsa Alvarado y Mario Calderón, investigadores del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), fueron asesinados en su apartamento de Bogotá. El 27 de febrero de 1998, Jesús María Valle Jaramillo, presidente del Comité de Derechos Humanos de Medellín y denunciante temprano de la connivencia entre fuerza pública y paramilitares en Antioquia, fue baleado en su oficina. El 18 de abril de 1998, Eduardo Umaña Mendoza fue asesinado en la suya, en Bogotá.
Esa cadena de ejecuciones habría sido ordenada por jefes militares colombianos y ejecutada por sicarios entre 1997 y 1999. El patrón estructural es demostrable —tres defensores emblemáticos, en tres oficinas, en once meses— aunque la conspiración orgánica centralizada quedó en el terreno de la denuncia sin sentencia. Esa distinción no atenúa la responsabilidad estatal; la desplaza del terreno de la orden individual al de la política estructural.
El caso Umaña se enredó de inmediato con la XX Brigada de Inteligencia del Ejército, unidad ya bajo investigación por su implicación en crímenes contra defensores. Como el crimen involucraba a un oficial superior, el proceso pasó a la justicia penal militar, y el Comandante General del Ejército asumió como Juez Único de Primera Instancia Penal Militar: la función correspondió primero al mayor general Mario Hugo Galán y desde septiembre de 1998 al general Jorge Enrique Mora Rangel. Esa transferencia de jurisdicción del fuero ordinario al militar era, en la práctica colombiana de la época, un pasaje casi automático hacia la impunidad.
El Fiscal General de la Nación, Alfonso Gómez Méndez, concedió el 7 de mayo de 1998 una entrevista a Human Rights Watch en la que se refirió a la implicación de la XX Brigada en el caso. Ese mismo mes, la Brigada fue objeto de una orden de desmonte. La proximidad temporal es innegable, pero la unidad ya arrastraba señalamientos previos y la coyuntura internacional presionaba sobre el gobierno saliente de Ernesto Samper y sobre la transición hacia Andrés Pastrana. El asesinato de Umaña Mendoza aceleró un proceso ya en curso.
El general Mario Hugo Galán, mientras ejercía la primera instancia penal militar en el caso, calificó públicamente en 1998 al director de Human Rights Watch/Américas y a un periodista del Washington Post como "enemigos del pueblo" por reportar la investigación sobre la XX Brigada. La escena tiene un valor casi didáctico: el juez militar del caso llamaba enemigos del pueblo a quienes informaban sobre el caso. La estigmatización no era un exceso retórico marginal, sino la voz institucional del proceso mismo.
Anatomía de una impunidad
Umaña Mendoza fue asesinado a los cincuenta y dos años. Deja detrás una obra jurídica dispersa en expedientes, memoriales, denuncias y textos doctrinales sobre la desaparición forzada y el genocidio político, pero también deja un problema irresuelto: la cadena de responsabilidad de su crimen nunca fue establecida en sentencia firme con determinadores identificados. Ese vacío no es circunstancial. Es constitutivo del caso y del período.
La lógica que hizo posible el asesinato tenía nombres institucionales precisos. El DAS ejecutaba operaciones ofensivas contra las ONG a las que Umaña Mendoza pertenecía por afinidad y trabajo compartido. La XX Brigada operaba redes de inteligencia bajo la Orden 200-05-91 y sus derivaciones. Los grupos paramilitares articulados en las Autodefensas Unidas de Colombia, bajo la comandancia de Carlos Castaño Gil, disponían de listas de personas señaladas y de capacidad operativa nacional. La justicia penal militar absorbía los casos incómodos y devolvía impunidad. La estigmatización desde uniforme convertía la denuncia técnica en objetivo militar. Sobre todo eso, la Doctrina de Seguridad Nacional proveía el marco doctrinario que unificaba las piezas en una gramática única: quien defendía a un preso político, a una víctima de la UP o a un familiar de desaparecido, era pieza del enemigo.
Sobre ese fondo, no hace falta acreditar una orden centralizada específica para concluir que Umaña Mendoza fue víctima de una arquitectura de persecución. La arquitectura hizo su trabajo aunque cada ladrillo tuviera su propia autonomía relativa. Y esa característica es lo que hace del caso, más que un homicidio, un síntoma: la crisis del Estado colombiano no pudo procesar la apertura democrática de los años ochenta —el nacimiento de la UP, el auge del sindicalismo, la expansión del litigio de derechos humanos— sin recurrir a la violencia para-institucional. El genocidio político y el silenciamiento de sus abogados son dos caras del mismo fracaso institucional.
Huella y disputa
El legado de Umaña Mendoza es doble y en cierto modo contradictorio. Su muerte no destruyó el campo de la defensa jurídica de derechos humanos en Colombia: lo consolidó. El Colectivo Alvear, la Comisión Colombiana de Juristas, el CSPP y las organizaciones que se les fueron sumando siguieron operando, ampliaron su alcance, fortalecieron el litigio ante el Sistema Interamericano y produjeron, con los años, la doctrina jurídica que permitió tipificar formalmente el genocidio político y la desaparición forzada, causas a las que Umaña Mendoza había dedicado esfuerzo doctrinal en vida. El campo de la memoria histórica colombiana, a diferencia de sus equivalentes en el Cono Sur, que se construyeron tras el fin de las dictaduras, se levantó en medio del conflicto activo, y sus promotores centrales fueron precisamente los defensores de derechos humanos, la denuncia de violaciones recurrentes y la preservación de archivos que abogados como él contribuyeron a acumular.
La Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005), aprobada bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, marcó el momento en que esa memoria entró en la esfera pública colombiana con fuerza. Aquella ley, cuyos términos siguen en disputa por lo que concedió a los paramilitares desmovilizados, obligó al Estado a hablar en clave de víctimas y verdad. La existencia previa de un archivo de casos, denuncias y expedientes construido durante décadas por el ecosistema jurídico al que Umaña Mendoza pertenecía fue la condición material que hizo posible ese giro. Sin ese trabajo acumulado de despachos como el suyo, la ley habría carecido de materia sobre la que operar: los nombres, las fechas, los patrones de mando, la geografía del exterminio venían de allí, no de los archivos oficiales.
Del otro lado, el ciclo de persecución no cesó con su muerte. Las operaciones ilegales del DAS contra las ONG continuaron durante los años dos mil y solo empezaron a conocerse por vías judiciales y periodísticas mucho después. La colaboración documentada entre el DAS y las AUC, casos como el de Alfredo Correa de Andréis en 2004, la persistencia de la estigmatización pública de los defensores como agentes de la subversión y el patrón de amenazas y exilios que empujó a numerosos abogados a salir del país configuran la continuidad, no la superación, del cuadro que costó la vida a Umaña Mendoza. La generación siguiente de defensores heredó no solo su archivo y su doctrina, sino también su vulnerabilidad.
En el terreno del honor póstumo, su figura ha sido reivindicada por las víctimas que representó, por sus colegas y por instituciones de derechos humanos nacionales e internacionales. Pero conviene resistir la tentación hagiográfica. Umaña Mendoza no fue un santo: fue un jurista técnicamente afilado, políticamente tomado y personalmente exigente, que trabajaba dentro de una red profesional definida y que asumió los costos de esa posición. Trabajaba con el Colectivo Alvear, con el CSPP, con la Comisión Colombiana de Juristas; compartía casos, litigaba en cadena, se movía dentro de una tradición cristiana y de izquierda que tenía sus propias reglas, sus propias tensiones internas y sus propios límites. Su singularidad no está en una excepcionalidad heroica sino en la coherencia de su práctica: durante dos décadas hizo, en su oficio, lo que la Constitución colombiana afirmaba que se podía hacer sin morir por ello.
Que no haya podido hacerlo sin morir por ello es la medida exacta de la crisis nacional que atravesó su tiempo. El asesinato de Eduardo Umaña Mendoza el 18 de abril de 1998 —en una oficina de abogado, en la capital de un país en paz formal, con un fuero penal militar absorbiendo el caso y un juez militar llamando enemigos del pueblo a los periodistas que lo investigaban— es uno de los documentos más precisos que Colombia produjo sobre sí misma en el siglo XX. La Doctrina de Seguridad Nacional, el Estatuto de Seguridad, la Orden 200-05-91, la Operación Transmilenio, la XX Brigada y el exterminio de la Unión Patriótica habían dicho por separado lo que su muerte terminó de decir en conjunto: que en Colombia, durante el último cuarto del siglo, defender jurídicamente a las víctimas del Estado era ejercer una profesión de la que el propio Estado, en varias de sus expresiones, no permitía retirarse con vida.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
33 documentos · 43 fragmentos01La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · Página 21 cita
[1]La violencia en Colombia Estudio de un proceso social-Tomo II Monseñor Germán Guzmán Orlando Fals Borda Eduardo Umaña Luna Ediciones LAVP www.luisvillamarin.com La violencia en Colombia Estudio de un proceso social Tomo II © Monseñor Germán Guzmán, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna Colección Actores de la…
p. 2
02La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · Página 11 cita
[2]?! 1*71 Vil CI MIIUL VtíllüLlU EL SIGLO' llm Errw fcTT^ Secu lentos soore la nrtín Xyueva PRENSA aWL - < ucercl Estudio de un Proceso Social lm Lacha coatí Armados SEGUNDA EDICION Mons. GERMAN GUZMAN ORLANDO FALS BORDA EDUARDO UMAÑA LUNA Va 0 alCrimi F2278 * a¿ Gánese la.G99 V. | os ém^mmí' Gritaban- n; n „ nh v -…
p. 1
03Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 3781 cita
[3]el9 de abril en provincia, Bogotá, 1983. Sobre el sindi ca li s mo, además de las obra s ya mencionadas, pueden consultar se E dgar Caicedo, Historia de l as lu c ltas si11dicales en Colombia, Bogotá, 1977; Almario Salazar, Hist oria de los t rab ajad ores petrol eros, Bogotá, 1984. La v iolen cia pr op iamente dicha…
p. 378
04When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · Página 3423 citas
[4]en Colombia": Analisis de un libro. Bogota: Centro de Estudios Colombianos, 1962. Gatt, Richard. Guerrilla Movements in Latin America. New York: Doubleday, 1972. Groot, Jose Manuel. Histo ria eclesiastica y civil de Nueva Granada. Vol. II. Bogota: Editorial ABC, 1953. GueITa, Jose Joaquin. Estudios hist6ricos. 4 vols.…
p. 342
[5]en Colombia": Analisis de un libro. Bogota: Centro de Estudios Colombianos, 1962. Gatt, Richard. Guerrilla Movements in Latin America. New York: Doubleday, 1972. Groot, Jose Manuel. Histo ria eclesiastica y civil de Nueva Granada. Vol. II. Bogota: Editorial ABC, 1953. GueITa, Jose Joaquin. Estudios hist6ricos. 4 vols.…
p. 342
[6]en Colombia": Analisis de un libro. Bogota: Centro de Estudios Colombianos, 1962. Gatt, Richard. Guerrilla Movements in Latin America. New York: Doubleday, 1972. Groot, Jose Manuel. Histo ria eclesiastica y civil de Nueva Granada. Vol. II. Bogota: Editorial ABC, 1953. GueITa, Jose Joaquin. Estudios hist6ricos. 4 vols.…
p. 342
05Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 4011 cita
[7]a los 33 años de edad, en 1952. 32 Germán Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, La violencia en Colombia: estudio de un proceso social. Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1962. 33 Guzmán, Fals Borda y Umaña, La Violencia en Colombia, 23. 34 Palacios, Entre la legitimidad y la violencia, 290. 35 Alma…
p. 401
06The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 3711 cita
[8]church and greeted León María, yet during the entire mass they could not stop thinking about the strange manner in which the two drunk men were lying on the road. As they headed out, they mentioned this to Father Legui, who was coming in from the street. He only managed to answer them with a smile. Don Pacho Montalvo…
p. 371
07Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 5061 cita
[9]Editores, 1984. Guzmán Campos, Germán, et. al. La Violencia en Colombia, tomo i, Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1980. Henderson, James, Cuando Colombia se desangró, Bogotá, 2 a éd., El Áncora, 1985. Molina, Gerardo, Las ideas liberales en Colombia, tomo ni, Bogo- tá, 10 a éd., Tercer Mundo, 1990. Oquist, Paul,…
p. 506
08Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · Página 3671 cita
[10]se adelantan cap- turas sin orden judicial, se aplica la sanción de arresto hasta por 180 días por alcaldes y gobernadores contra dirigentes sociales, dando como resultado detenciones arbitrarias y masivas, tortu- ras, restricciones a las garantías judiciales y al derecho al babeas corpus. La labor de las ONG de…
p. 367
09¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 1491 cita
[11]setenta y los ochenta en lo que atañe al tratamiento jurídico de la guerra y de la extensión de su lógica al campo de los conflictos sociales. Estas dos décadas están atravesadas por una dualidad que está bien represen- tada en ese caso: de un lado, la extensión de la guerra al campo jurídico a través del uso de un…
p. 149
10Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 611 cita
[12]es decir, un mes después de la posesión presidencial, fue asesinado en su hogar el exministro Rafael Pardo Buelvas por parte del ado. El 31 de diciembre, miembros del M-19 ingresaron por un túnel al complejo militar más importante y más custodiado del país y sustrajeron miles de armas en la llamada Operación Ballena…
p. 61
11Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · Página 12 citas
[13]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…
p. 1
[14]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…
p. 1
12Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4161 cita
[15]1979, el Consejo de Ministros autorizó la detención de 138 personas, dentro de las cuales se encontraban figuras del M-19, estudiantes y médicos, entre otros. Al menos 19 personas detenidas entre el 2 y el 8 de enero de 1979 fueron incluidas en actas ministeriales posteriores a su detención. Es decir, dichas…
p. 416
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 921 cita
[16]y violación sexual: «Me llevaron y me pararon en un hormiguero, bajándome el bluyín y la ropa interior, introduciéndome hormigas en los órganos genitales; esto causa una piquiña terrible y yo estaba vendada y atadas las manos fuertemente. […] Después me llevaron a una pieza, me mostraron a una muchacha que estaba…
p. 92
14El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Páginas 143, 2503 citas
[17]represión Al final del gobierno de Turbay Ayala la situación económica se agravaba: la tasa de crecimiento decaía de 8,9% en 1978, a 2% en 1982. La corrupción danzaba entre las instituciones del Estado, a pesar de que Turbay Ayala había ofrecido, en una de sus antológicas frases: “La reduciré a sus justas…
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[29]de cabecera Carlos Castaño [...]” Ahí se sostiene que una serie de asesinatos a destacados defen- sores de derechos humanos, realizados entre 1998 y 1999, fueron ordenados por estos jefes militares. Que sus sicarios dieron muerte, en su apartamento de Bogotá, a los investigadores del Cinep Elsa Alvarado y Mario…
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[30]de cabecera Carlos Castaño [...]” Ahí se sostiene que una serie de asesinatos a destacados defen- sores de derechos humanos, realizados entre 1998 y 1999, fueron ordenados por estos jefes militares. Que sus sicarios dieron muerte, en su apartamento de Bogotá, a los investigadores del Cinep Elsa Alvarado y Mario…
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15Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 734, 7562 citas
[18]a las víctimas del genocidio político de la Unión Patriótica, acogió el dolor de los familia- res de las personas desaparecidas en la cafetería durante la toma y retoma del palacio de Justicia, y dedicó una parte de su labor a la tipificación de este delito en el país. Umaña investigó y denunció las desapariciones…
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[26]parti- dos políticos de izquierda y personas defensoras de derechos humanos. Los Batallones de Ciberinteligencia (Bacim) pertenecientes a las Brigadas de Inteligencia Militar y al Batallón de Contrainteligencia de Seguridad de la Información (Bacsi) fueron los principales involucrados 2579. Tabla 4. Operaciones…
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16Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 1741 cita
[19]la XX Brigada en mayo de 1998 308 y dado que estaba implicado un o fi cial superior en el crimen, asumió como Juez de la Causa el Comandante General del Ejército Nacional, en su condición de Juez Único de Primera Instancia Penal Militar. Inicialmente tal función le correspondió al mayor general Mario Hugo Galán y, a…
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17Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · Página 181 cita
[20]sin detenerse, dirigidos en específico contra sus militantes debido a su identidad política. Fue genera- lizada porque se presentó en gran magnitud en todo el territorio nacional, con énfasis donde la dinámica de participación política de la UP fue más exitosa y en un extenso periodo de tiempo com- prendido entre 1984…
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18El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Páginas 24, 1484 citas
[21]activistas populares y sindicales. Ello se debió, en parte, a que eran los mismos sectores de víctimas de la violencia política y de la represión de esos años. La adopción de causas por la defensa de derechos humanos fue entonces una res- puesta solidaria de profesionales que se comprometieron con las demandas de las…
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[22]activistas populares y sindicales. Ello se debió, en parte, a que eran los mismos sectores de víctimas de la violencia política y de la represión de esos años. La adopción de causas por la defensa de derechos humanos fue entonces una res- puesta solidaria de profesionales que se comprometieron con las demandas de las…
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[24]Nacional e Internacional (GONI) que reemplazó al G 3 en sus actividades (Gallón, 2013). 149 Víctimas y organizaciones de derechos humanos en busca de incidir en la satisfacción del derecho a la justicia y la implementación de un modelo de justicia transicional (2005–2012) de actividades “ofensivas” contra las personas…
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[25]Nacional e Internacional (GONI) que reemplazó al G 3 en sus actividades (Gallón, 2013). 149 Víctimas y organizaciones de derechos humanos en busca de incidir en la satisfacción del derecho a la justicia y la implementación de un modelo de justicia transicional (2005–2012) de actividades “ofensivas” contra las personas…
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19Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Página 1361 cita
[23]de finales de los años setenta que presentan una organización casi similar a las organizaciones de orden religioso. Y ahí vemos organizaciones como el Colectivo Alvear, la Comisión Colombiana de Juristas, la Asociación Minga, así como muchas organizaciones defensoras de derechos que —por supuesto son organizaciones de…
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20La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 124, 1282 citas
[27]número de personas, entre las que se encuentran periodistas y defensores de derechos humanos de varios países. Las operaciones Europa, Extranjeros, Canela, Imprenta y Transmilenio se llevaron a cabo por parte de una red de inteligencia establecida al interior del DAS bien estructurada, jerárquica, interinstitucional,…
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[28]dirigentes y militantes en el exilio. 189 Entrevista 001-VI-00016. Exalcaldesa de Segovia miembro de la Unión Patriótica, exiliada en Europa. 190 Informe 748-CI-00560. «Banderas rojas en vuelo libertario» 191 Entrevista 476-VI-00002. Activista estudiantil del Movimiento Mais y Colombia Humana, exiliada en Europa desde…
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21War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · Página 2851 cita
[31]the help of fellow SOA graduate Carlos Morales del Rio (below). The last two victims were released to civilian authorities several days later. (Terrorismo de Estado en Colombia, 1992) 284 War in Colombia Gen. Mario Hugo Galan, 1971, Threats to human rights workers, 1998. Recently in the news for calling Human Rights…
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22"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · Página 281 cita
[32]II División con Sede en Bucaramanga (Cfr. NCOS. El Terrorismo de Estado en Colombia. p. 146). 40 Ver al respecto: Corporación Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo y Corporación Regional para la Defensa de los Derechos Humanos-CREDHOS, Hoy, como ayer, persistiendo por la vida Redes de Inteligencia y Exterminio en…
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23Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 111 cita
[33]los militares, creados por el Ejército en el marco de su estrategia contrainsurgente. La tesis admitida comúnmente, por muchos autores de la época, fue que los grupos paramilitares eran el fruto de una estrategia estatal de privatización de la violencia. Así, para Carlos Medina Gallego, los paramilitares representaban…
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24Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · Página 571 cita
[34]o en contra de la nación, nunca neutrales, dada la visión que se hacía a través del prisma de la lucha contrainsurgente. En ese sentido, las huelgas, la manifestación social y las campañas electorales de ciertas condiciones eran consideradas como focos de con fl ictos y, por ende, sujetos de control estatal 64. La in…
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25Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · Página 291 cita
[35]Medina y Téllez, 1994). En esa etapa, el gradual ascenso del narcotráfico y otras eco- nomías, más o menos legales (esmeraldas, contrabando, etc.), contribuirían a que estos grupos armados, al principio empren- dimientos con baja capacidad militar y organizacional, dieran el salto necesario para enfrentar de manera…
p. 29
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1301 cita
[36]estos por Cundinamarca; en convergencia, fueron elegidos otros seis, entre estos, Julio Enrique Ortiz Cuenca por el Huila (Movimiento de Convergencia Liberal y UP) y Alfonso Gómez Méndez por el Tolima (Movimiento Político Tolima Libre, Liberal Oficial-U, Nuevo Liberalismo, Movimiento Amplio y Democrático-Rescatemos el…
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27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1111 cita
[37]del Estado como su patrimonio natural» 373. El llamado «Baile Rojo» 374 y el «Plan Esmeralda» –este último desarrollado en la región–, tuvieron «la finalidad de perseguir y dar muerte a los miembros de la UP en los llanos orientales y Caquetá» 375, como lo denunció el asesinado congresista Henry Millán. La lucha…
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28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Página 841 cita
[38]esos hechos, le argumentaban a los miembros de la guerrilla que, pues, no tenían cómo pagar, pues ellos no generaban, pues, unas acciones en contra [específicamente] de esas familias. Al parecer, les hacían como un estudio socioeconómico a dichas familias y otras sí se iban desplazadas» 228. El exterminio de la Unión…
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29Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · Página 1301 cita
[39]organizado, terrorismo a tutiplén. No se arredró ni perdió el hilo reformista de su Gobierno. En las postrimerías de su mandato, comenzó el proceso que derivó hacia la Constituyente de 1991. Modernizó la política y disparó también un proceso de modernización de la economía. Denunció y actuó contra el paramilitarismo.…
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30El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 1931 cita
[40]a su familia, etc.) hasta el 11 imandante paramilitar en proceso de reinserción. IH 7. ()tra forma importante de ceguera activa es el tratamiento dentro de las agencias del Estado de aquellos que denunciaron la relación de agentes estatales con el paramilitarismo. A muchos no les fue bien. Por ejemplo, el coronel…
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31Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · Página 1751 cita
[41]había caso seguir resistiendo y que había que salir, sobre todo por la muerte de Héctor Abad Gómez y de Leonardo [Betancur]. Después de esto dijimos “aquí no hay nada, sálvese quien pueda”. En ese año, el 87, todo lo que era la Universidad de Antioquia fue muy duro, porque MEDELLÍN: MEMORIAS DE UNA GUERRA URBANA 176…
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32Un bosque de memoria viva, desde la Alta Montaña de El Carmen de BolívarCentro Nacional de Memoria Histórica, Carmen Andrea Becerra Becerra · 2018 · Página 1481 cita
[42]en general de los Montes de María. “Y así fue como sobrevivimos, sin quedarnos callados, y esas denuncias que recogió la visita humanitaria fueron presenta- das ante las autoridades en Bogotá, por medio de Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, con la asesoría de ellos (...)”. “Otra cosa que debemos destacar es…
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33Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · Página 4271 cita
[43]1980s related to the armed conflict and its victims. However, unlike other Latin American countries that undertook memory struggles and campaigns once dictator - ships had already ended or when negotiated solutions to armed conflict had been reached, memory agents in Colombia began their struggle in the midst of an…
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