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Biografía

Eduardo Umaña Luna

Frente Nacional

1918–2008

18 min de lectura42 documentos
Nacimiento1918
Fallecimiento2008
RolesJurista · Profesor universitario (Universidad Nacional de Colombia)
Lugar principalColombia
Período históricoFrente Nacional1958–1974
03

La biografía

Eduardo Umaña Luna (1918-2008) fue el jurista colombiano que le puso derecho al diagnóstico de La Violencia. Coautor, junto a Germán Guzmán Campos y Orlando Fals Borda, de La violencia en Colombia —los dos tomos de 1962 y 1964 que fundaron el campo de estudio del fenómeno en el país—, fue algo poco frecuente en la Colombia del siglo XX: el profesor universitario que no se conformó con describir la catástrofe. Tradujo la descripción en litigio, denuncia y defensa. Su vida cruza los tres momentos que definieron la relación del Estado colombiano con el conflicto interno: la lectura tardía de La Violencia clásica (1948-1958), la clausura política del Frente Nacional (1958-1974) y la militarización del orden público bajo el Estatuto de Seguridad (1978-1982) y sus prolongaciones. En cada uno de esos tramos estuvo del lado del análisis crítico y de la defensa jurídica de quienes el sistema excluía. Su centralidad no proviene de haber ocupado el poder —lo rozó apenas seis meses en el Ministerio de Justicia y renunció— sino de haber sido su contradictor sistemático desde el derecho, en una época en que el derecho colombiano operaba mayoritariamente al servicio del estado de sitio.

02

Línea de vida

  1. 1962

    Publicación del Tomo I de 'La violencia en Colombia'

    Leer contexto

    Coautor, junto a Germán Guzmán Campos y Orlando Fals Borda, del primer tomo de 'La violencia en Colombia. Estudio de un proceso', publicado por Ediciones Tercer Mundo. La obra fijó la cifra de aproximadamente doscientos mil muertos desde 1948 y fundó el campo de estudio científico del fenómeno en Colombia.

  2. 1964

    Publicación del Tomo II y análisis jurídico de la Ley del Llano

    Leer contexto

    El segundo tomo, cuya primera edición apareció en junio de 1964 y la segunda en septiembre del mismo año, publicado como Monografía N° 12 de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, tuvo como eje el análisis jurídico de la Ley del Llano proclamada por los frentes guerrilleros llaneros en 1953. Umaña Luna trató ese código campesino como documento normativo surgido al margen del Estado, subvirtiendo el relato oficial del Frente Nacional. En el mismo tomo denunció que el Estado destinaba apenas 330 raciones diarias a $1.50 per cápita para atender la violencia en departamentos como el Tolima.

  3. 1964

    Comisión de mediación en el Sumapaz y Marquetalia

    Leer contexto

    Integró, junto a Camilo Torres, Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Gerardo Molina, Hernando Garavito Muñoz y Gustavo Pérez Ramírez, una comisión de estudio socioeconómico para analizar la situación del Sumapaz, ofrecer mediación e impedir la Operación Soberanía contra las autodefensas campesinas. La comisión contó con el visto bueno del ministro de Guerra. Una comisión análoga se formó para intentar mediar en Marquetalia, en el mismo año en que se realizó la Operación Marquetalia.

  4. Renuncia irrevocable al Ministerio de Justicia

    Leer contexto

    Tras servir seis meses como jefe de la Rama Técnica del Ministerio de Justicia, renunció de forma irrevocable. En su carta expresó la frustración ante la incapacidad del Estado para actuar con recursos suficientes frente a la violencia y planteó la necesidad de un cambio profundo, convirtiendo la renuncia en una toma de posición pública.

  5. Cátedra en la Universidad Nacional y formación de generaciones de juristas

    Leer contexto

    Enseñó derecho en la Universidad Nacional de Colombia durante décadas, transmitiendo una perspectiva que combinaba el rigor formal con la crítica al estado de sitio, el derecho agrario y las garantías constitucionales. Su cátedra fue el espacio donde el análisis crítico del derecho de excepción se transmitía como práctica.

La semblanza: un jurista contra el relato oficial

Comprender a Umaña Luna exige situarlo en la tensión que definió al Frente Nacional. El pacto bipartidista entre liberales y conservadores se firmó en 1957 y fue ratificado por plebiscito en diciembre de ese año, el mismo que estrenó el voto femenino en Colombia. Alternaba la presidencia cada cuatro años y repartía milimétricamente los cargos públicos entre los dos partidos tradicionales, mientras excluía por diseño constitucional la competencia de terceros. El acuerdo pretendía cerrar el ciclo de la guerra civil bipartidista de los años cincuenta nombrándola como problema resuelto. Umaña Luna fue de quienes se negaron a firmar ese cierre.

En 1962, junto al sacerdote Guzmán Campos —que había recorrido las zonas de violencia como miembro de la Comisión Nacional Investigadora creada por Alberto Lleras Camargo— y al sociólogo Fals Borda —fundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional—, publicó el primer tomo de La violencia en Colombia. Estudio de un proceso. La obra, editada por Ediciones Tercer Mundo, fijó una cifra que aún hoy estructura la memoria del período: aproximadamente doscientos mil muertos desde 1948. El segundo tomo, aparecido en 1964, llevaba la firma de Umaña Luna en su corazón jurídico: el análisis de la Ley del Llano, el código guerrillero proclamado por los frentes campesinos llaneros en 1953. Que un jurista con paso por el Ministerio de Justicia se sentara a leer como derecho un documento normativo surgido al margen del Estado era, en la Colombia del Frente Nacional, un gesto de una audacia que sus contemporáneos entendieron enseguida.

Analizar como fenómeno jurídico lo que el régimen quería tratar como mera perturbación del orden: ese fue el gesto de Umaña Luna. Inauguró en Colombia la defensa de derechos humanos antes de que la categoría se institucionalizara, y su vida profesional prefigura, con dos décadas de anticipación, la práctica que su hijo Eduardo Umaña Mendoza llevaría hasta el asesinato en 1998.

Los orígenes: la Universidad Nacional y la red de la ciencia comprometida

La biografía intelectual de Umaña Luna se forja en el mismo espacio y en la misma década en que se forjaron todas las biografías intelectuales de la izquierda crítica colombiana: la Universidad Nacional de Colombia entre finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta. Allí coincidió con la generación que decidió tomarse en serio el país como objeto de conocimiento científico, en abierta reacción contra el ensayismo humanista dominante y contra la clausura política que el Frente Nacional había impuesto sobre el debate.

El clima era inconfundible. Los jóvenes académicos colombianos de los años sesenta, cercanos al marxismo y defraudados por el bipartidismo, entendieron el trabajo científico como un instrumento para conocer la realidad del país. Entre los grandes problemas nacionales que se disputaban su atención —el tema agrario, el papel de los partidos, las posibilidades del desarrollo económico—, La Violencia era el que más urgencia tenía. El ensayo de Darío Mesa Treinta años de historia de Colombia 1925-1955, publicado en la revista Mito en 1957, había abierto la posibilidad de leer el proceso colombiano con óptica marxista y había marcado a la generación joven que se interrogaba sobre la historia del país.

En la Facultad de Sociología, fundada por Fals Borda, se ensayaba una modalidad de investigación que combinaba trabajo de campo, orientación empírica y compromiso político. El 5 de agosto de 1960 se creó en el Departamento de Sociología un grupo de trabajo integrado por Fals Borda, el sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo, el economista Aníbal Quijano y Andrew Pearce, que serviría de modelo para los grupos de trabajo estudiantiles que Torres desarrollaría en sus cursos de 1961.

Umaña Luna era parte de esta red desde el derecho. La Facultad de Sociología —de la cual la segunda edición de La violencia en Colombia, aparecida en septiembre de 1964 tras la primera de junio, sería publicada como Monografía N° 12— fue el punto de encuentro entre sociólogos, sacerdotes, economistas y juristas que compartían una convicción: la 'ciencia comprometida' no era una contradicción sino la única forma legítima de hacer investigación en un país donde La Violencia había dejado doscientos mil muertos y el sistema político se había reorganizado para no hablar de ellos. Ese proyecto emergió en los sesenta como la otra cara de la resistencia a La Violencia, la contrapartida académica de una resistencia que en otros sectores tomaría formas armadas.

Umaña Luna, sin embargo, no derivó por ese camino. La suya fue una elección menos épica y, a la larga, más costosa: mantener el litigio, la denuncia documental y la enseñanza como sus instrumentos. En un clima intelectual que llevó a marxistas, católicos, liberales sociales y nacionalistas a convertirse en apologistas de la violencia armada, él persistió en el derecho.

La trayectoria: del Ministerio a la coautoría, del Sumapaz a la cátedra

El primer episodio público significativo de Umaña Luna fue paradójicamente institucional. Sirvió durante seis meses como jefe de la Rama Técnica del Ministerio de Justicia antes de renunciar de forma irrevocable. La renuncia no fue un incidente burocrático: fue una toma de posición. En su carta expresó la frustración de constatar que el Estado no disponía de recursos suficientes ni de voluntad política para actuar frente a la violencia, y planteó la necesidad de un cambio profundo. Ese diagnóstico —la impotencia deliberada del Estado frente a un fenómeno que había producido su propia base social— sería el hilo conductor de su obra posterior.

En el segundo tomo de La violencia en Colombia lo formuló con precisión aritmética. Umaña Luna denunció que la acción del Estado en departamentos que necesitaban protección, como el Tolima, era "francamente negativa por nimia": el Estado destinaba apenas 330 raciones diarias a $1.50 per cápita para atender el drama de una violencia que había desangrado regiones enteras. El dato, minúsculo y por eso mismo devastador, resume su operación intelectual: hacer visible el abandono no en clave de denuncia moral sino de contabilidad institucional. El jurista pesaba al Estado en sus propios términos y lo encontraba en falta.

El eje del segundo tomo —análisis jurídico de la Ley del Llano proclamada por los frentes guerrilleros en 1953— era todavía más subversivo del relato oficial. Al tratar como documento normativo lo que el régimen despachaba como simple pretensión ilegal de campesinos alzados en armas, Umaña Luna abría una pregunta que el Frente Nacional se negaba a formular: cuando el Estado desaparece o se convierte en agente de la violencia, ¿qué régimen jurídico surge en el vacío? La pregunta no era retórica. La respuesta —que hubo un derecho, con reglas, tribunales y sanciones, entre los guerrilleros liberales del Llano— desmentía la caracterización oficial de La Violencia como caos anómico.

Hacia 1964, Umaña Luna dio el paso que sus dos tomos habían anunciado: la intervención política directa. Formó parte, con Camilo Torres, Guzmán Campos, Fals Borda, el liberal Gerardo Molina, Hernando Garavito Muñoz y Gustavo Pérez Ramírez, de una comisión de estudio socioeconómico creada para analizar la situación de la región del Sumapaz, ofrecer mediación e impedir la denominada Operación Soberanía contra las autodefensas campesinas de la zona. La comisión —integrada por sacerdotes, sociólogos, un jurista y políticos de la izquierda liberal— contó con el visto bueno del ministro de Guerra y con oferta de transporte para sus integrantes, aunque encontró luego obstáculos para cumplir su propósito.

El contexto en que actuaba era el de una campaña de sectores conservadores que equiparaban al Sumapaz con Cuba. El 25 de octubre de 1961, el líder conservador Álvaro Gómez Hurtado citó a un debate en el Congreso el mismo día en que El Tiempo publicaba un titular que hacía esa equivalencia. En Francia, en un movimiento paralelo, un grupo encabezado por Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y el dirigente comunista Jacques Duclos envió una misiva al gobierno colombiano exigiendo detener la agresión contra los campesinos. La comisión de Umaña Luna era la versión colombiana, discreta y jurídica, de una preocupación internacional.

Una comisión análoga se formaría poco después, en el mismo circuito de personas, para intentar mediar en Marquetalia. También encontró obstáculos. Las dos experiencias condensan lo que el Frente Nacional era incapaz de tolerar: una mediación civil, autónoma, con visto bueno oficial pero pensamiento propio, entre un Estado que preparaba operaciones militares y comunidades campesinas que se organizaban para resistirlas. La Operación Marquetalia se realizó en 1964, el mismo año en que se publicaba el segundo tomo de La violencia en Colombia.

En paralelo, Umaña Luna consolidó su trayectoria docente. Enseñó derecho en la Universidad Nacional durante décadas y formó a generaciones de juristas colombianos en una perspectiva que combinaba el rigor formal con la sensibilidad hacia la dimensión social del derecho. Su cátedra fue el lugar donde el análisis crítico del estado de sitio, del derecho agrario y de las garantías constitucionales se transmitía como práctica, no como abstracción.

El estado de sitio y la crítica del derecho de excepción

Uno de los ejes intelectuales de su obra fue la crítica al uso reiterado y abusivo del estado de sitio bajo la Constitución de 1886. La figura permitía al Ejecutivo gobernar con poderes extraordinarios ante perturbaciones del orden interno, y durante gran parte del siglo XX los gobiernos colombianos recurrieron a ella con tal frecuencia que la excepción se volvió norma. El período 1949-1958 estuvo especialmente marcado por ese recurso, y el Frente Nacional, lejos de retirarlo, lo institucionalizó: ante el debilitamiento estructural de los partidos y el crecimiento de la abstención electoral —efectos del propio diseño excluyente del pacto—, los sucesivos presidentes Alberto Lleras Camargo, Guillermo León Valencia, Carlos Lleras Restrepo y Misael Pastrana Borrero recurrieron de modo sistemático al estado de sitio y a la militarización del orden público.

Umaña Luna fue de los primeros en denunciar que ningún presidente había sido sometido a juicio de responsabilidad por esa violación estructural del orden constitucional. La observación era jurídicamente elemental —el estado de sitio era una excepción, no un régimen— pero políticamente heterodoxa en un país donde la excepción se había convertido en la forma cotidiana de gobernar. Solo la Constitución de 1991 frenaría los abusos cometidos al amparo del estado de sitio, aunque, en una paradoja que Umaña habría subrayado, esa misma Constitución fue convocada mediante decretos de estado de sitio.

Su crítica se extendió al derecho agrario. En los debates legislativos de la década de 1960 sobre la reforma agraria, intereses regionales y sectores del Congreso se opusieron a la creación del Instituto de Reforma Agraria, revelando una resistencia que iba más allá del contenido específico de la reforma: era la resistencia de una parte del país a la construcción de un Estado nacional moderno y centralizado. Umaña Luna, formado en la tradición del derecho social y comprometido con la lectura estructural del conflicto rural, entendió esa resistencia como el otro lado de la moneda: el Frente Nacional podía repartir la burocracia entre dos partidos, pero era incapaz de reformar la propiedad de la tierra que había estado en el origen mismo de La Violencia.

Su red: Fals Borda, Camilo Torres, Guzmán Campos y la generación de la Nacional

La biografía de Umaña Luna es inseparable de la red intelectual en que se inscribió. Sus tres interlocutores principales durante los sesenta —Fals Borda, Camilo Torres y Guzmán Campos— compartían diagnóstico pero divergían en la traducción práctica.

Orlando Fals Borda, sociólogo y fundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, se mantuvo en el trabajo científico y desarrollaría en las décadas siguientes la metodología de la investigación-acción participativa que le daría prestigio internacional. La Facultad de Sociología, bajo su impulso y con la participación de Camilo Torres en el diseño curricular y en los comités consultivos, fue el laboratorio donde se ensayaba una sociología latinoamericana con vocación de intervención.

Camilo Torres Restrepo, sacerdote y sociólogo, radicalizó la lectura política del diagnóstico compartido y terminó incorporándose al Ejército de Liberación Nacional, donde murió en combate en febrero de 1966. Su trayectoria encarna en su forma más pura el desplazamiento del análisis científico al compromiso armado, en un clima en que la urgencia revolucionaria terminó desplazando cualquier reparo sobre los medios. Umaña Luna trabajó con Camilo en la comisión del Sumapaz y en los círculos de la Universidad Nacional, pero no lo siguió en esa deriva.

Germán Guzmán Campos, sacerdote y sociólogo, había sido miembro de la Comisión Nacional Investigadora de las causas de la Violencia creada durante el gobierno de Lleras Camargo. Su experiencia directa de campo —conversaciones con guerrilleros, párrocos y militares, recorridos por zonas devastadas— aportó a La violencia en Colombia la materia empírica que Fals Borda organizó sociológicamente y Umaña Luna interpretó jurídicamente. Los tres autores repartieron el trabajo por competencia disciplinaria, y el resultado fue una obra que su generación consideró pionera en el estudio científico del fenómeno.

En el círculo más amplio estaban Gerardo Molina, jurista y líder de la izquierda liberal socialista; Hernando Garavito Muñoz; Gustavo Pérez Ramírez, sacerdote; Aníbal Quijano, economista peruano que trabajó en la Nacional; y una constelación de estudiantes que en los años siguientes ocuparían la escena intelectual colombiana. En 1983, cuando el Departamento de Historia de la Universidad Nacional, la Biblioteca Nacional y la Fundación Friedrich Ebert (FESCOL) patrocinaron un simposio sobre la trayectoria del marxismo en Colombia con motivo del centenario de la muerte de Carlos Marx, la red que se congregó era, en parte, la descendencia intelectual de aquel grupo de la Facultad de Sociología de los sesenta.

Umaña Luna se distinguía en ese conjunto por la disciplina jurídica y por la persistencia. La mayoría de los izquierdistas colombianos aplicaron versiones esquemáticas de la teoría social universal para interpretar la historia moderna del país, intentando hacer aparecer esa historia más revolucionaria de lo que era. Umaña Luna, atado al detalle del expediente, del artículo constitucional violado, de la ración diaria calculada al centavo, escapaba a esa deformación por la naturaleza misma de su oficio. El derecho, cuando se practica en serio, no admite el esquematismo.

El Estatuto de Seguridad y la prolongación del combate

El Frente Nacional formal terminó en 1974 con la elección de Alfonso López Michelsen, pero sus lógicas —bipartidismo restringido, uso del estado de sitio, exclusión del conflicto social de los canales institucionales— sobrevivieron largamente. La expresión más brutal de esa continuidad fue el Estatuto de Seguridad, expedido mediante el Decreto 1923 de 1978 por el gobierno de Julio César Turbay Ayala (1978-1982).

El Estatuto buscó modelar la sociedad colombiana según los principios de la Doctrina de Seguridad Nacional. Amplió las prerrogativas de los organismos de seguridad para detener sin orden judicial e institucionalizó de hecho la tortura. Las cifras del período tienen la sequedad de un boletín militar y describen, sin embargo, una campaña sostenida contra la disidencia: alrededor de dieciséis mil detenidos por razones políticas durante su vigencia. En octubre de 1978, cerca de ciento cincuenta estudiantes de la Universidad Nacional fueron capturados en allanamientos nocturnos con despliegue militar. En enero de 1979, el Consejo de Ministros autorizó la detención de ciento treinta y ocho personas —militantes del M-19, estudiantes, médicos— y al menos diecinueve de esas capturas, realizadas entre el 2 y el 8 de enero, fueron legalizadas retroactivamente mediante el Acta 10. Las torturas incluyeron violencia sexual contra mujeres y hombres, documentada en casos de militantes del M-19 detenidos ese año.

Umaña Luna estaba en el radar del régimen. En el Acta 35 del Consejo de Ministros, del 3 de mayo de 1979, aparecen mencionados los abogados defensores de derechos humanos con orden de captura vigente. Entre ellos figuraba su hijo, Eduardo Umaña Mendoza, aunque el propio Umaña Luna pertenecía al mismo círculo generacional de juristas cuya defensa de presos políticos incomodaba al aparato. No fueron detenidos durante ese período, pero la sola mención en el acta indica el lugar que ocupaban en la lista de contradictores del régimen. Padre e hijo compartían, ya para entonces, el mismo oficio y el mismo enemigo.

Ese contexto explica la trayectoria del hijo como continuidad y no como ruptura. Eduardo Umaña Mendoza —José Eduardo, según su nombre completo— ejerció la defensa de sindicalistas de la Unión Sindical Obrera (USO) y de Telecom perseguidos judicialmente, investigó y denunció desapariciones forzadas de militantes de movimientos de izquierda legales e ilegales, documentó la participación de agentes del Estado en la desaparición del abogado Alirio de Jesús Pedraza, acompañó a las familias de las víctimas de la toma y retoma del Palacio de Justicia y dedicó parte central de su labor a la tipificación jurídica de la desaparición forzada en Colombia. Fue asesinado el 18 de abril de 1998 en su oficina de Bogotá: tres personas —una mujer joven y dos hombres— accedieron a su despacho como visitantes y lo mataron cuando se negó a salir con ellos. El asesinato quedó en la impunidad. Según la periodista Ana Carrigan, "todos saben quiénes fueron sus asesinos". Había vivido consciente del riesgo, y en más de una ocasión se refirió a esa lucidez con palabras suyas: había que vivir, decía, "sabiendo que en cada momento que pasa se acaba la vida, y que cada momento que usted está viviendo, es una ganancia contra la muerte".

Eduardo Umaña Luna sobrevivió al asesinato del hijo diez años. Murió en 2008, a los noventa años, después de haber visto cómo la práctica que él había inaugurado en Colombia —la defensa jurídica de las víctimas del Estado y de la militancia política de izquierda— se cobraba el precio más alto en la persona de su descendiente. Otro hijo, Camilo Umaña, continuaría trabajando en el campo del derecho y los derechos humanos.

La huella: entre el bronce y la impunidad

La memoria de Umaña Luna oscila entre dos operaciones opuestas y ambas insuficientes: la canonización por la izquierda que lo reclama como precursor sin examinar el detalle de su obra, y la invisibilización institucional que ha caracterizado su tratamiento en la historiografía jurídica dominante. Ninguna de las dos le hace justicia.

Su aporte central —la coautoría de La violencia en Colombia— es hoy pieza indiscutida del canon de las ciencias sociales colombianas. El campo de estudios sobre La Violencia, la 'violentología' que se consolidaría en los años ochenta con figuras como Gonzalo Sánchez, Alfredo Molano y Daniel Pécaut, tiene en la obra de 1962-1964 su acta fundacional. Que el fenómeno tuviera un nombre —La Violencia, con mayúscula y artículo definido—, una cronología (desde 1948), una cifra (doscientos mil muertos) y un tratamiento científico ambicioso se lo debe la memoria colombiana a Guzmán Campos, Fals Borda y Umaña Luna. El Frente Nacional intentó clausurar el problema; el libro lo abrió como campo de indagación.

La contribución específica de Umaña Luna al segundo tomo —el análisis jurídico de la Ley del Llano, la crítica del abandono estatal, la denuncia del uso abusivo del estado de sitio— tuvo, sin embargo, una recepción más difícil. La cultura jurídica colombiana dominante, formada en el formalismo constitucional y en la aceptación pragmática de la excepcionalidad como forma de gobierno, no supo qué hacer con un jurista que leía como derecho legítimo la normativa producida por los guerrilleros liberales del Llano. Esa parte de su obra permaneció durante décadas como una singularidad reconocida pero no incorporada al canon del derecho constitucional colombiano.

La marginalización de Umaña Luna no fue persecución sistemática —salvo el episodio de la orden de captura de 1979, que no se ejecutó— sino invisibilización institucional. El Frente Nacional no lo encarceló ni lo exilió; simplemente no tenía dónde ubicarlo. Un jurista que renunciaba al Ministerio de Justicia después de seis meses, que analizaba el código guerrillero como fenómeno normativo, que participaba en comisiones civiles de mediación con campesinos armados, que enseñaba en la Universidad Nacional y firmaba libros que impugnaban el relato oficial no cabía en ninguno de los circuitos institucionales del pacto bipartidista. Y esa incapacidad del sistema para incorporarlo dice más sobre el Frente Nacional que cualquier acto explícito de represión.

Décadas más tarde, Juan Manuel Santos defendería al Frente Nacional como "mal menor" frente a la guerra civil bipartidista. Umaña Luna había señalado, mucho antes, la factura de ese mal menor: exclusión de terceros partidos, estado de sitio normalizado, reforma agraria inviable, respuesta militar al conflicto social. El pacto resolvió el conflicto entre élites y suprimió el conflicto social; y esa supresión, como se vería con el ala radical de la Alianza Nacional Popular (ANAPO) que fundó el M-19 tras las elecciones de 1970, empujó a sectores sociales enteros hacia la opción armada.

Su lugar en la historia intelectual colombiana pertenece a esa continuidad larga. Fals Borda tuvo mayor proyección internacional; Camilo Torres, mayor magnetismo simbólico; Molina, más largo recorrido político. Umaña Luna fue quien mantuvo con más constancia la traducción del diagnóstico en práctica. El derecho, no la sociología ni la teología ni la militancia armada, fue su instrumento. Y esa elección, en un país donde el derecho ha sido casi siempre coartada del poder, tiene la dignidad de las opciones minoritarias que la historia termina reivindicando.

Que su hijo haya muerto asesinado mientras defendía sindicalistas de la USO y documentaba desapariciones forzadas —haciendo, en 1998, lo que Umaña Luna había hecho en 1962 con otras palabras— es la prueba más triste de la centralidad del padre. La defensa de derechos humanos en Colombia no se inauguró con las convenciones internacionales de los ochenta ni con la Constitución de 1991. Nació antes, en las páginas jurídicas del segundo tomo de La violencia en Colombia, en la carta de renuncia al Ministerio de Justicia, en la comisión del Sumapaz de 1961, en la cátedra de la Universidad Nacional. Nació, en gran medida, con Eduardo Umaña Luna.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

42 documentos · 54 fragmentos
01La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · Páginas 1, 4512 citas
[1]

?! 1*71 Vil CI MIIUL VtíllüLlU EL SIGLO' llm Errw fcTT^ Secu lentos soore la nrtín Xyueva PRENSA aWL - < ucercl Estudio de un Proceso Social lm Lacha coatí Armados SEGUNDA EDICION Mons. GERMAN GUZMAN ORLANDO FALS BORDA EDUARDO UMAÑA LUNA Va 0 alCrimi F2278 * a¿ Gánese la.G99 V. | os ém^mmí' Gritaban- n; n „ nh v -…

p. 1
[10]

ospina, Eduardo, s.j., Las sectas protestantes en Colombia. Bogotá: Imprenta Nal., 1955. parís lozano, Gonzalo, Geografía económica de Colombia. Tomo VIL Tolima. Bogotá: Publicaciones de la Contraloría Genera] de la República, 1946. pineda, Roberto, El impacto de la violencia en el Tolima: El caso de El Líbano.…

p. 451
02La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · Páginas 2, 2942 citas
[2]

La violencia en Colombia Estudio de un proceso social-Tomo II Monseñor Germán Guzmán Orlando Fals Borda Eduardo Umaña Luna Ediciones LAVP www.luisvillamarin.com La violencia en Colombia Estudio de un proceso social Tomo II © Monseñor Germán Guzmán, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna Colección Actores de la…

p. 2
[35]

que necesitan protección estatal, como el Tolima, la acción del Estado es francamente negativa por nimia. Es así como para atender al Tolima, se dan 330 raciones, por día, a $1. 50 "per cápita ". ¡Es decir, con $1.806.675.oo, al año, el Estado cree solucionar el tremendo drama en el departamento más azotado por la…

p. 294
03When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · Páginas 16, 3426 citas
[3]

en Colombia": Analisis de un libro. Bogota: Centro de Estudios Colombianos, 1962. Gatt, Richard. Guerrilla Movements in Latin America. New York: Doubleday, 1972. Groot, Jose Manuel. Histo ria eclesiastica y civil de Nueva Granada. Vol. II. Bogota: Editorial ABC, 1953. GueITa, Jose Joaquin. Estudios hist6ricos. 4 vols.…

p. 342
[4]

en Colombia": Analisis de un libro. Bogota: Centro de Estudios Colombianos, 1962. Gatt, Richard. Guerrilla Movements in Latin America. New York: Doubleday, 1972. Groot, Jose Manuel. Histo ria eclesiastica y civil de Nueva Granada. Vol. II. Bogota: Editorial ABC, 1953. GueITa, Jose Joaquin. Estudios hist6ricos. 4 vols.…

p. 342
[5]

en Colombia": Analisis de un libro. Bogota: Centro de Estudios Colombianos, 1962. Gatt, Richard. Guerrilla Movements in Latin America. New York: Doubleday, 1972. Groot, Jose Manuel. Histo ria eclesiastica y civil de Nueva Granada. Vol. II. Bogota: Editorial ABC, 1953. GueITa, Jose Joaquin. Estudios hist6ricos. 4 vols.…

p. 342
[11]

ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…

p. 16
[12]

ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…

p. 16
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ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…

p. 16
04Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · Página 2731 cita
[6]

feat aided by Guzmán’s easy integration into the lettered city. The priest was no stranger to the discipline of sociology, as the National Investigatory Commission’s contemplation of such enquiry attested, but now he had the luxury of reading alongside the country’s best practitioners. He was particularly struck by…

p. 273
05Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 3781 cita
[7]

el9 de abril en provincia, Bogotá, 1983. Sobre el sindi ca li s mo, además de las obra s ya mencionadas, pueden consultar se E dgar Caicedo, Historia de l as lu c ltas si11dicales en Colombia, Bogotá, 1977; Almario Salazar, Hist oria de los t rab ajad ores petrol eros, Bogotá, 1984. La v iolen cia pr op iamente dicha…

p. 378
06Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · Página 331 cita
[8]

los colombianos y signando de desesperanza a la mayoría de las víctimas del horrible flagelo1 6. Hacía tiempo, por otra parte, que el Partido Comunista desarro llaba un dispendioso trabajo político en el campo. La carta que a la 1 6 Eduardo Umaña, La Violencia en Colombia, tomo II, p. 177. INTRODUCCIÓN 35 reina de…

p. 33
07When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · Página 41 cita
[9]

and his colleagues was a gener- alized phenomenon that ravaged a major part of the nation from the year 1948 and left in its wake 200}000 dead as well as untold physical destruction. It was defined as an occurrence unique to Colombia whose ramifications were political} economic} and cultural and whose EBSCOhost: eBook…

p. 4
08Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 2601 cita
[14]

diario; cartas y comunicados iban y venían pidiendo el cese de las hostilidades en la región y reclamando el apoyo a los campesinos de las autodefensas; desde Francia, un grupo de intelectuales y políticos, encabezado por los escritores Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y el dirigente comunista Jacques Duclos, en…

p. 260
09Camilo TorresGerman Guzman · 1969 · Página 381 cita
[15]

their sociology.2 Professor Orlando Fals Borda asserts that it is possible to dis¬ tinguish three stages in the development of sociology in Colombia: the philosophical or European phase; the transitional or Euro- North American phase; the present stage which involves an elab¬ oration of the other two.3 Personally, I…

p. 38
10De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 1381 cita
[16]

presencia de Camilo Torres, profesor de sociología y sacerdote católico joven. enér- gico, práctico y entrenado en una universidad europea. formaba parte de la atracción que tenían el departamento y el programa a comienzos de la década de ]960. Camilo Torres era, además, un buen miembro del Departamento. Participa- ba…

p. 138
11Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · Página 351 cita
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very close ones, such as social work. As articulat - ing axis, it was insisted on the need to develop a science that would allow the comprehension and promotion of social change, conceived in a similar way as it was oriented from state planning (Memoirs of the first national congress of sociology) (Escalante, 1963).…

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12Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Páginas 119, 1352 citas
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sociólogos, antropólogos y compañía no estaban motivados únicamente por darle mayor rigor a sus respectivos quehaceres. Igualmente importante, para todos ellos, era utilizar el trabajo científico como un instrumento para conocer mejor la realidad del país, una realidad bastante sombría que planteaba todo tipo de…

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entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…

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13El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 1021 cita
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la ingobernabilidad. Pero, por otro lado, Rojas siguió con el proyecto constituyente autoritario que había ya inicia do Gómez, y que en esencia excluía al Partido Liberal. A medida que las críticas contra su gobierno fueron arreciando se lanzó a una represión abierta, aunque no muy sistemática, que incluía cierres…

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14Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 1111 cita
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people in the rural areas realize that the government could not respond and would not respond, so poor people took political matters into their own hands in the manner that was most functional to them. They destroyed their enemies, their neighbors, through visceral, brutal violence, and it took years for the nation’s…

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15El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 852 citas
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uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…

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uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…

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16Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · Página 2401 cita
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salido de control en las regiones, y que luego le devolviera el poder a los sectores moderados de las élites políticas liberales y conservadoras. Sin embargo, el plan no salió como lo esperaban. El proceso de pacificación arrojaba resultados más bien pobres y, más grave aún, Rojas no daba señales de querer devolver el…

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17Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · Página 422 citas
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planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…

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planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…

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18Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · Página 281 cita
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de corto alcance, como la que se dio en el primer n1andato de López Pumarejo. Durante el Frente Nacional, el Estado inhibió toda expre- sión del conflicto social y excluyó de la política a las clases subordina- das. Otra consecuencia de la guerra civil fue que bloqueó el camino al populismo en Colombia con la…

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19Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 291 cita
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para el partido liberal y así sucesivamente, durante veinte años, cerrando a la vez la compuerta, a una posible opción de un tercer partido político que pudiera entrar a competir por el poder en igualdad de condiciones. El primer presidente elegido dentro de ese acuerdo frente- nacionalista, fue el liberal Alberto…

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20Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 291 cita
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para el partido liberal y así sucesivamente, durante veinte años, cerrando a la vez la compuerta, a una posible opción de un tercer partido político que pudiera entrar a competir por el poder en igualdad de condiciones. El primer presidente elegido dentro de ese acuerdo frente- nacionalista, fue el liberal Alberto…

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21Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · Página 421 cita
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nuestra Constitución desde 1991 pero no se había podido aplicar cabalmente por falta de un estatuto de oposición que lo reglamentara. Siempre que se intentaba aprobar en el Congreso, el proyecto se hundía. En cumplimiento de los acuerdos de paz con las Farc, finalmente se aprobó el primer estatuto de oposición de…

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22Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 4281 cita
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fortalecer el poder presidencial; incluir la emergencia económica como una situación de excepción, que el Presidente de la República pudiera de - cretar; prolongar por cuatro años el período de los representantes al Congreso; prolongar la paridad de liberales y conservadores cuatro años más después de acabado el…

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23Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 851 cita
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electoral, campo en el que fueron devorados por una abstencién cada vez mayor. En elecciones posteriores, al término formal del Frente Nacional, tanto liberales como conservadores se vieron obli- gados a recurrir a los viejos temas del sectarismo y de los odios heredados para combatir esa absten- cién. Ese doble…

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24Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · Páginas 219, 2202 citas
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la sociedad”. Más que bancarrota ética se trata de un proceso de exacerbación moral que sacrifica todo valor a un objetivo único y superior. De allí que algunos marxistas, católicos, liberales sociales, nacionalistas, siguiendo una veta moralista pudieran terminar convirtiéndose en apologistas de la violencia,…

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la sociedad”. Más que bancarrota ética se trata de un proceso de exacerbación moral que sacrifica todo valor a un objetivo único y superior. De allí que algunos marxistas, católicos, liberales sociales, nacionalistas, siguiendo una veta moralista pudieran terminar convirtiéndose en apologistas de la violencia,…

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25Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 1731 cita
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que sirviera para implantar la paz y afrontar el estudio de temas tan críticos como la reforma a la justicia. El estado de sitio dio para todo. Según Alfonso Gómez Méndez, fue reiterado el abuso que se hizo de la figura y “nunca se adelantó juicio de responsabilidad a presidente alguno por esa violación manifiesta y…

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26Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1681 cita
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p í tulo sobre derechos del hombre y el ciudadano — desaparecieron las libertades de expresi ó n, imprenta, pensamiento y movimiento,, ¡ aunque se mantuvo la libertad de prensa “ en tiempo de paz ” y se concedi ó a los no cat ó licos el derecho a “ no ser molestados ” por ’ sus creencias — y lo reemplaz ó con f ó…

p. 168
27La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · Página 411 cita
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de esta cláusula fue derogada por la Ley 599 de 2000, pero aun así los “delitos políticos” se tratan muy indulgentemente en Colombia. Estas cláusulas cementaban el equilibrio político descentralizado de Colombia y lo hacían al tolerar bastante violencia. También abrieron el sistema para crear mucho daño colateral.…

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28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 701 cita
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las formas de lucha». La resolución política del congreso expresaba: La revolución puede avanzar un trecho por la vía pacífica. Pero si las clases domi- nantes obligan a ello, por medio de la violencia y la persecución sistemática contra el pueblo, éste puede verse obligado a tomar la vía de la lucha armada, como…

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29Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 7341 cita
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a las víctimas del genocidio político de la Unión Patriótica, acogió el dolor de los familia- res de las personas desaparecidas en la cafetería durante la toma y retoma del palacio de Justicia, y dedicó una parte de su labor a la tipificación de este delito en el país. Umaña investigó y denunció las desapariciones…

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30Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 1741 cita
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la XX Brigada en mayo de 1998 308 y dado que estaba implicado un o fi cial superior en el crimen, asumió como Juez de la Causa el Comandante General del Ejército Nacional, en su condición de Juez Único de Primera Instancia Penal Militar. Inicialmente tal función le correspondió al mayor general Mario Hugo Galán y, a…

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31Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4161 cita
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1979, el Consejo de Ministros autorizó la detención de 138 personas, dentro de las cuales se encontraban figuras del M-19, estudiantes y médicos, entre otros. Al menos 19 personas detenidas entre el 2 y el 8 de enero de 1979 fueron incluidas en actas ministeriales posteriores a su detención. Es decir, dichas…

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32En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · Página 371 cita
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del modelo de sustitución de importaciones, y del otro, la crisis agraria. El resultado fue una ola de protestas y ma- nifestaciones en el nivel nacional que desembocaron en el Paro Cívico del 77, que costó la vida a 18 ciudadanos y la privación de libertad a 3.000. Los militares trataron de imponer el llamado…

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33La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · Página 2721 cita
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miembros de las fuerzas armadas. En 1976, fue expedido el decreto 2578, que le concedía a los mayores del ejército y a inspectores de policía la facultad de sancionar con una multa a personas consideradas potencialmente criminales. El segundo decreto fue el 0070, promulgado en enero de 1978 que concedía a miembros de…

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34El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · Página 231 cita
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visitantes. Eran tres: una mujer joven y dos hombres; entraron a su oficina y cuando él rehusó salir con ellos, lo mataron. Sobra decir que todos saben quiénes fueron sus ase sinos y su muerte quedó en la impunidad. A mí también Eduardo Umaña me hace una falta terrible. Fue de los colombianos grandes que he conocido;…

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35El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · Página 11 cita
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UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS. DEPARTAMENTO DE HISTORIA. EL MARXISMO en Colombia Orlando Fals Borda. Gerardo Molina. Dar í o Fajardo. Gabriel Misas. Ricardo S á nchez. Klaus Meschkat. Eduardo Pizarro. Carlos Uribe. Fernando D'Janon. Gonzalo Cata ñ o. EL MARXISMO EN COLOMBIA ORLANDO FALS…

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36Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · Página 451 cita
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asserts that those who bear these signs have the right to abuse and take advantage of those who do not. The inter - action between these classes of values is paradoxical, as it promotes the M. ZULETA 9 idea that the resolution of conflict is achieved through permanent war, in which the strongest side, which are…

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37Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · Página 3411 cita
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burló de los lugares comunes dé Nieto Arteta sobre la estabilidad poJítica de la nación promovida por el café. La bárbara intensidad que asumió el conflicto en las zonas cafete ras demolió la Jírica descripción "lopezmesiana" de la civilización de vertiente. Empero, la forma poJítica tradicional en que La Violencia…

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38Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 1001 cita
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historia del país y de su economía. Faltaba pre- paración y había que adquirirla sobre la marcha. Darío Mesa había publicado en Mito (1957) Treinta años de historia de Colombia 1925-1955. Este ensayo he- cho con la óptica del marxismo seguía paso a paso el proceso económico y las contradicciones políticas del país.…

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39Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 511 cita
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durante más de una década. EL GOBIERNO DE JULIO CÉSAR TURBAY AYALA, 1978-1982 Antes de finalizar este primer capítulo, y aunque ya se han apuntado algunas de las cuestiones en torno a los diferentes gobiernos presidenciales que tienen lugar en Colombia desde los años ochenta, resulta necesario recoger de un modo algo…

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40No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1511 cita
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Redacción, «Diálogos con la ausencia». 433 Entrevista 429-PR-00458. Hombre, víctima, excombatiente. 434 Informe 748-CI-00851. Fundación Carlos Pizarro Leongómez, «Análisis político del M-19», 25. 435 Caso 119-CI-00232. Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo (Cajar), Comisión Intereclesial de Justicia y Paz y…

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41Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 852 citas
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ramilitarismo e n C olombia Es decir que en todos los casos las personas eran siempre sospechosas y cual- quiera podía convertirse en objeto paramilitar, ya que estas órdenes exigían com- promisos superiores a los de la sana ética militar y empujaba a los campesinos a conformar grupos de autodefensa. Producto de esa…

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ramilitarismo e n C olombia Es decir que en todos los casos las personas eran siempre sospechosas y cual- quiera podía convertirse en objeto paramilitar, ya que estas órdenes exigían com- promisos superiores a los de la sana ética militar y empujaba a los campesinos a conformar grupos de autodefensa. Producto de esa…

p. 85
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 921 cita
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y violación sexual: «Me llevaron y me pararon en un hormiguero, bajándome el bluyín y la ropa interior, introduciéndome hormigas en los órganos genitales; esto causa una piquiña terrible y yo estaba vendada y atadas las manos fuertemente. […] Después me llevaron a una pieza, me mostraron a una muchacha que estaba…

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