Idea · Crisis y narcotráfico
Violentología
Campo de estudios académicos colombiano que hizo de la violencia del país su objeto sistemático de investigación, articulando sociología, historia, economía y antropología para explicar la coexistencia de un Estado de derecho formal con décadas de guerras entrelazadas. El nombre, surgido como mote periodístico en los años ochenta, terminó por designar tanto a la generación fundadora de 1962 como a la que institucionalizó el campo en torno al informe de 1987 y la crisis del narcotráfico.
Trayectoria de una idea
- 1962
Publicación de 'La Violencia en Colombia' (Tomo I)
- 1963
Camilo Torres Restrepo interpreta la Violencia como modernización torcida
- 1964
Publicación del Tomo II de 'La Violencia en Colombia'
- 1978
Paul Oquist estimula los estudios regionales
- 1985
Publicación de 'Once ensayos sobre la Violencia'
- 1987
Informe 'Colombia: Violencia y democracia' y cristalización institucional del campo
- 1989
Escalamiento crítico de la violencia desborda el diagnóstico académico
- 1992
Internacionalización del campo con 'Violence in Colombia'
La lectura
La violentología nació como un gesto de ruptura: nombrar lo que la historia oficial prefería callar. Cuando Fals Borda, Guzmán y Umaña publicaron su libro en 1962, desafiaron el silencio pactado del Frente Nacional y convirtieron la violencia bipartidista en objeto de ciencia social, no en herida que debía cicatrizar sin examen. Durante los años setenta el campo creció en las facultades de sociología con una vocación crítica y comprometida, dialogando con Hobsbawm, Oquist y Pécaut para construir un vocabulario propio sobre el Estado débil y las violencias regionales. En 1987 alcanzó su mayoría de edad institucional: el Estado le pidió un diagnóstico, lo recibió, y el país siguió ardiendo de todas formas, lo que fijó para siempre la tensión entre la lucidez analítica del campo y los límites de su traducción política. La irrupción del narcotráfico obligó a una renovación profunda del instrumental teórico, incorporando economía política, geografía del conflicto y antropología de la crueldad para dar cuenta de actores —carteles, paramilitares, economías de coca— que las categorías heredadas no alcanzaban a describir. Hoy la violentología sobrevive transformada en memoria histórica institucionalizada, con el Centro Nacional de Memoria Histórica como heredero más visible de aquella tradición que empezó con un cura, un sociólogo y un jurista mirando de frente los muertos que el país prefería no contar.
En Colombia se llamó violentología al campo de estudios académicos que hizo de la violencia del país su objeto sistemático de investigación. El nombre, medio irónico y medio serio, cundió en los años ochenta para designar a un grupo de sociólogos, historiadores, economistas y antropólogos que —desde la Universidad Nacional, la Universidad de los Andes, el IEPRI, el CINEP y algunas comisiones estatales— construyeron un vocabulario, unas cifras y unas hipótesis para explicar por qué Colombia era, al mismo tiempo, una democracia electoral con Estado de derecho formal y un país de guerras entrelazadas. La violentología no es la violencia colombiana: es la disciplina que la piensa. Y su historia, que arranca con un libro de 1962 y llega hasta los informes del Centro Nacional de Memoria Histórica, es también la de cómo el Estado colombiano aprendió —cuando aprendió— a mirarse en el espejo de sus propios muertos.
Qué nombra la palabra
Violentólogo fue al comienzo un mote. Los periodistas de los ochenta lo usaron para designar al académico que, entrevistado a propósito de una masacre o de un magnicidio, ofrecía marcos explicativos donde los editorialistas ofrecían indignación. Con el tiempo el término se sedimentó: cubrió tanto a la generación fundadora de los sesenta —Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna— como a la que institucionalizó el campo en los ochenta y noventa alrededor de Gonzalo Sánchez Gómez, Daniel Pécaut, Álvaro Camacho Guizado, Alejandro Reyes Posada, María Victoria Uribe, Fernán González y Carlos Miguel Ortiz Sarmiento.
El campo tiene una particularidad que lo distingue de sus equivalentes latinoamericanos. En Argentina o Chile los estudios sobre violencia política se organizaron alrededor de las dictaduras, con un antes y un después nítidos. En Colombia no hubo ese quiebre: hubo una violencia continua, mutante, con nombres sucesivos —La Violencia bipartidista, la guerrilla, el narcotráfico, el paramilitarismo— y con un Estado que casi nunca se ausentó pero rara vez controló. La violentología nació para explicar esa anomalía: cómo puede un país invocar el Estado de derecho de manera casi permanente y, al mismo tiempo, sostener durante décadas índices de violencia política y criminal comparables a los de una guerra civil.
El libro de 1962
El punto de partida es un libro y una fecha: La Violencia en Colombia, publicado en 1962 por Ediciones Tercer Mundo dentro de la colección El Hombre —la misma que dio cabida a títulos de Belisario Betancur, Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López Michelsen—. Sus autores fueron un cura, un sociólogo y un jurista: Monseñor Germán Guzmán Campos, párroco que había integrado la Comisión Investigadora creada bajo el gobierno de Alberto Lleras Camargo; Orlando Fals Borda, fundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional; y Eduardo Umaña Luna, penalista y profesor. La segunda edición del Tomo I quedó designada como Monografía Sociológica N° 12 de esa Facultad, marca de la certificación académica que el libro traía consigo.
El escándalo fue inmediato. La obra documentaba con nombres, lugares y modalidades la violencia bipartidista de los años cincuenta —los cortes, las masacres campesinas, los pueblos arrasados— y proponía leerla como un fenómeno social, no como el desahogo pasajero de "pasiones desbordadas" y "odios heredados" que había sostenido la historia oficial. Ese mismo año, Miguel Ángel González publicó La violencia en Colombia: Análisis de un libro (Centro de Estudios Colombianos, 1962), señal del ruido que la obra levantó en los sectores que se sintieron aludidos. En 1964, Ediciones Tercer Mundo sacó el Tomo II.
Lo que Fals Borda, Guzmán y Umaña hicieron por primera vez en Colombia fue tratar la violencia como objeto de ciencia social: nombrarla, describirla, tipificarla, buscarle causas estructurales. El gesto era doble. Por un lado, quebraba el silencio pactado que el Frente Nacional había instalado sobre el pasado inmediato —la idea de que hablar de La Violencia era reabrir la herida—. Por otro, dotaba a los sociólogos, historiadores y antropólogos que venían formándose en las nuevas facultades de un objeto legítimo de estudio. Todo lo que vino después es, en algún sentido, hijo de ese libro.
De la denuncia a la ciencia social
La segunda oleada llegó desde varios frentes a la vez. En 1963, Camilo Torres Restrepo —sacerdote y sociólogo, amigo cercano de Fals Borda— publicó La Violencia y los cambios socio-culturales en las áreas rurales colombianas, ensayo que leía el fenómeno como el mayor cambio socio-cultural del campo colombiano desde la Conquista. Su argumento era paradójico: La Violencia habría integrado a las comunidades campesinas en procesos de urbanización sociológica —división del trabajo, movilidad social, socialización— por canales no previstos por las estructuras vigentes. Era una lectura que veía en la sangre una modernización torcida. Fals Borda insistió en la misma línea en Lo sacro y lo violento: Aspectos problemáticos del desarrollo en Colombia (1965).
En paralelo, la mirada internacional se sumó al campo. Eric Hobsbawm había incluido en Primitive Rebels (1959) un capítulo sobre "The Anatomy of the Violence in Colombia" que introducía el caso colombiano en el debate comparado sobre bandolerismo social. Sus categorías sobre la sostenibilidad de las bandas armadas y los mínimos de organización social que necesita una insurrección campesina para durar se volverían, décadas después, herramienta habitual entre los investigadores colombianos. Francisco Posada publicó en 1969 Colombia: Violencia y subdesarrollo, y el sociólogo francés Daniel Pécaut abrió en 1976, con "Reflexiones acerca del fenómeno de la Violencia" en la revista Ideología y Sociedad, una línea de análisis que se prolongaría durante más de tres décadas.
El giro decisivo lo dio Paul Oquist en 1978 con Violencia, conflicto y política en Colombia. La obra de Oquist estimuló los estudios regionales —Antioquia, Tolima, los Llanos, la Costa— que revelaron algo que la mirada nacional había escondido: no había una Violencia sino muchas violencias, con lógicas locales, temporalidades desfasadas y actores heterogéneos. Ese hallazgo, casi geográfico, cambió la agenda: obligó a los investigadores a bajar la escala y a trabajar en archivos parroquiales, actas notariales, prensa provincial.
Toda esta producción se hizo, además, en un clima académico particular. Los programas de sociología colombianos de los sesenta y setenta asumieron un rol crítico y comprometido políticamente, cercano al marxismo, en tensión abierta con las prioridades de la Guerra Fría y desilusionado con el Frente Nacional. Los jóvenes académicos usaron el trabajo científico como instrumento para conocer un país que la historia oficial había recubierto de eufemismos, y concentraron su atención en tres nudos: la cuestión agraria, el bipartidismo y La Violencia. De ese cruce nació la generación que en los ochenta encontraría un Estado dispuesto —por primera vez— a escucharla.
El encargo de 1987
El punto de cristalización institucional del campo se produjo bajo el gobierno de Virgilio Barco, cuando el ministro Fernando Cepeda convocó a la Comisión de Estudios sobre la Violencia. Diez investigadores universitarios —entre ellos Gonzalo Sánchez Gómez, Álvaro Camacho Guizado, Álvaro Guzmán Barney, Jaime Arocha Rodríguez, Darío Fajardo, Carlos Miguel Ortiz Sarmiento— recibieron el encargo de producir un diagnóstico de los factores de violencia en la sociedad colombiana y los lineamientos de una nueva política de seguridad. El informe, editado por Sánchez y titulado Colombia: Violencia y democracia, fue entregado al Ministerio de Gobierno en 1987 y publicado por la Universidad Nacional a través del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI).
El texto propuso una tesis que definiría la agenda del campo durante los quince años siguientes: en Colombia no existía una violencia sino varias violencias entrelazadas —política, cotidiana, criminal, contra las minorías, en las regiones—, y el entrecruzamiento de esas violencias estaba socavando la integridad institucional del país. La formulación era académica pero la advertencia era práctica: si el Estado no rompía el ciclo de reproducción cruzada entre esos fenómenos, terminaría desbordado.
La Comisión fue algo más que una asesoría. Fue el momento en que el saber universitario sobre la violencia se convirtió en dispositivo de política pública. En ese mismo movimiento se incorporaron al Estado nuevas élites tecnocráticas cuyo principio de legitimación no era el capital partidista sino la experticia académica: Rafael Pardo, economista formado en desarrollo en los Países Bajos y profesor de Los Andes, fue nombrado consejero de Barco en 1986 sin ninguna trayectoria política previa, y encarnó ese perfil emergente. La violentología, en esa coyuntura, dejó de ser una comunidad académica dispersa y se volvió un actor con interlocución en los pasillos del Ejecutivo.
Y sin embargo, casi al mismo tiempo, la Comisión fue desbordada por el objeto que pretendía diagnosticar. En 1989 el escalamiento de la violencia se hizo crítico: el asesinato de Luis Carlos Galán, la guerra abierta del Cartel de Medellín contra el Estado, las masacres paramilitares en el Magdalena Medio, la ofensiva de las FARC. El informe había advertido y el país no había podido evitarlo. Esa fractura —entre la lucidez del diagnóstico y la impotencia de la política— marcaría durante mucho tiempo la relación entre la violentología y el poder: el Estado le pedía informes, los leía, los archivaba y seguía improvisando.
Crisis, narcotráfico y apertura
El período que va de 1987 a 1995 fue, para el campo, lo que la Revolución Francesa fue para el liberalismo: la coyuntura donde se puso a prueba todo lo previamente pensado. Tres procesos simultáneos —la crisis de gobernabilidad del Frente Nacional tardío, la escalada del narcotráfico y la apertura económica de César Gaviria— reventaron los marcos explicativos heredados y forzaron a los investigadores a renovar su instrumental.
El narcotráfico fue el catalizador. Hasta comienzos de los ochenta, la violentología había pensado la violencia colombiana con las categorías de la Violencia bipartidista y la guerrilla clásica: conflicto agrario, exclusión política, insurgencia. El Cartel de Medellín, con Pablo Escobar en la cúspide y personajes secundarios como la periodista Virginia Vallejo orbitando la escena pública, obligó a los investigadores a superar el enfoque delincuencial y a inscribir el fenómeno en marcos de economía política, monopolio estatal de la violencia y regulación paraestatal. El narcotráfico no era solo un mercado ilegal: se había convertido en un factor significativo del orden social, económico y político en aquellas comunidades donde formas extra o paraestatales de coerción disputaban al Estado el monopolio de la fuerza. Medellín, Cali, Urabá, el Magdalena Medio —los lugares donde el laboratorio del futuro se estaba montando— se convirtieron en campo obligado de la investigación.
En ese giro, el diálogo con Hobsbawm cobró nuevo sentido. Los análisis sobre la sostenibilidad del bandolerismo, sobre los mínimos de organización que necesita una estructura armada ilegal para subsistir durante largos períodos, se cruzaron con las herramientas de la economía política del conflicto y produjeron los primeros trabajos sobre el paramilitarismo como negocio, sobre las rentas de la coca como sostén de guerra prolongada, sobre las alianzas locales entre élites terratenientes, narcotraficantes y contrainsurgencia. Alejandro Reyes Posada, con sus estudios sobre despojo de tierras, y María Victoria Uribe, con su análisis de la lógica ritual de la masacre —el "matar, rematar y contramatar", la interpretación simbólica de las mutilaciones—, ofrecieron dos vías complementarias: la economía política del territorio y la antropología de la crueldad.
Daniel Pécaut, en esos mismos años, formuló una caracterización que se volvió referencia. La singularidad colombiana, escribió, consistía en la invocación casi permanente del Estado de derecho junto a un sistema de representación pluralista y una orientación económica ortodoxa, en un país con débil expresión nacionalista y grandes desigualdades sociales. Junto con Oquist, Pécaut sentó las bases de una literatura sobre el "Estado débil" que dominaría el campo por décadas. La tesis, en su forma más simple: Colombia no es un Estado fallido sino un Estado eficaz para ciertas cosas —sostener elecciones, honrar deuda externa— e ineficaz para otras —controlar el territorio, monopolizar la violencia, redistribuir—.
En paralelo, el IEPRI de la Universidad Nacional se consolidó como el sello institucional del campo. Bajo su alero se produjeron los trabajos más influyentes de la segunda ola, incluida la obra colectiva Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical Perspective (1992), editada por Charles Bergquist, Ricardo Peñaranda y Gonzalo Sánchez, que llevó el debate colombiano al mundo académico anglosajón. Años después, Mauricio Romero publicaría bajo el mismo sello Paramilitares y autodefensas 1982-2003 (Bogotá, 2003), estudio que fijó la periodización del fenómeno paramilitar.
Fue también en esos años cuando el neologismo "violentología" se popularizó del todo. La nación estaba obsesionada con su propia violencia, y los medios necesitaban intérpretes. El mote se convirtió en credencial.
Cuentas y memorias
Muy pronto, dentro del campo, se abrió una discusión metodológica que sigue viva. ¿Cómo se cuenta la violencia? ¿Cifras o testimonios? ¿Econometría o etnografía? La disputa no es teórica: es una tensión sobre qué significa saber en un país donde denunciar cuesta caro.
Por un lado, se desarrolló una línea cuantitativa de peso creciente. Trabajos econométricos de Fabio Sánchez, Ana María Díaz, Michel Formisano, Jorge Restrepo y Michael Spagat midieron y modelaron la violencia con herramientas propias de la economía del crimen: correlaciones entre presencia estatal, cultivos ilícitos y homicidios; distribución temporal y regional de los eventos; efectos sobre el crecimiento y la inversión. Hernando Calvo Ospina, desde una tradición distinta, recogió cifras que asignaban a los agentes directos del Estado responsabilidades masivas en las muertes violentas de los períodos Barco y Gaviria —13.635 y 14.856 muertes respectivamente, con imputación estatal del 88,9 % en 1994 sobre los casos con autor identificado (un 60 % del total)—. Los números eran útiles y polémicos: dependían de bases de datos con criterios distintos y de definiciones no siempre comparables.
Por otro lado, se organizó una tradición de trabajo con la memoria y el testimonio. El CINEP, bajo la coordinación del padre Javier Giraldo, montó un banco de datos cuyo objetivo declarado no era la estadística sino la memoria: seguir el fenómeno de la violencia política y acompañar a las familias de las víctimas. Colombia Nunca Más se propuso dar consistencia y confiabilidad a la información sobre crímenes de lesa humanidad que las organizaciones sociales, de víctimas y de derechos humanos habían venido acumulando. En ambas iniciativas se hacía visible un problema estructural del país: el enorme subregistro provocado por los altos costos de la denuncia y el temor a represalias, obstáculos que hacían imposible una cuantificación exhaustiva y ponían límites a cualquier econometría.
Pécaut planteó la cuestión con una fórmula seca: hay que distinguir memoria e historia. Confundirlas alimenta estereotipos interpretativos. La memoria es del testigo y de la víctima; la historia es del análisis y del contexto. Ambas son necesarias, ninguna reemplaza a la otra. La distinción, aunque teórica, tenía consecuencias prácticas: definía qué podía hacer una comisión de investigación, qué podía hacer un centro de memoria y qué no debía pedírsele a ninguno de los dos.
El puente hacia la memoria
La trayectoria del campo dio, a mediados de los años dos mil, un giro institucional decisivo. El Grupo de Memoria Histórica, coordinado por Gonzalo Sánchez Gómez —el mismo que había editado el informe de la Comisión de 1987—, publicó en 2008 su primer informe, Trujillo. Una tragedia que no cesa, sobre la masacre continuada en ese municipio del Valle. En los años siguientes documentó desplazamiento forzado, despojo de tierras, secuestro, desaparición forzada, violencia de género y afectaciones a grupos étnicos, y estableció un registro provisional de 2.505 masacres con 14.660 víctimas entre 1982 y 2007. La cifra, todavía provisional, era una fotografía cruda del período que la violentología había venido estudiando.
La transformación del Grupo en el Centro Nacional de Memoria Histórica selló la maduración institucional del campo. El CNMH publicó en 2013 ¡Basta Ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad, bajo la dirección general de Sánchez, informe que se convirtió en referencia obligada del debate público colombiano sobre el conflicto armado. En paralelo, el Centro estableció convenios de investigación con universidades —entre ellos el Convenio Interadministrativo N° 239 de 2013 con el IEPRI, que produjo el informe Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013), con Fabio López de la Roche entonces como director del IEPRI—. El Consejo Directivo del CNMH integraba representantes de los ministerios de Cultura, Educación y Justicia, del Departamento para la Prosperidad Social y de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas: la memoria se había vuelto política de Estado.
Una encuesta nacional de 2012 dio la medida de esa penetración. El 64 % de la población general declaró haber escuchado hablar de al menos uno de los casos documentados por el Grupo de Memoria Histórica en los cinco años previos; entre los expertos consultados, la cifra subía al 93 %. Nunca antes en Colombia una producción académica sobre la violencia había alcanzado semejante saturación social. Los violentólogos, que habían empezado en los años sesenta como una minoría marginal frente a una historiografía complaciente, terminaron cincuenta años después escribiendo el relato con el que el país oficial se contaba a sí mismo su propio conflicto.
La red
El campo se dejó cartografiar por instituciones, revistas y generaciones. El IEPRI de la Universidad Nacional fue durante décadas el nodo académico principal, con Gonzalo Sánchez Gómez como figura articuladora. La Universidad de los Andes aportó la línea económica y cuantitativa, con Jesús Antonio Bejarano como figura relevante hasta su asesinato en 1999. Las universidades del Valle y de Antioquia sumaron los estudios regionales. El CINEP, con su enfoque de derechos humanos y memoria de las víctimas, ofreció una contraparte crítica al oficialismo académico. Fuera del país, Daniel Pécaut desde París y Hobsbawm desde Londres —presente en la compilación Once ensayos sobre la Violencia (Cerec-Centro Gaitán, Bogotá, 1985)— actuaron como interlocutores permanentes.
Se pueden distinguir tres generaciones superpuestas. La primera, la del libro de 1962, hizo el gesto fundacional: Fals Borda, Guzmán, Umaña, Torres Restrepo. La segunda, la de la Comisión de 1987 y el IEPRI, hizo la institucionalización: Sánchez, Camacho Guizado, Pécaut, Oquist, Reyes Posada, Ortiz Sarmiento, Fernán González, Álvaro Guzmán Barney, Darío Fajardo. La tercera, ya en los dos mil, hizo la profesionalización con las herramientas de la econometría, la antropología cultural y la memoria: María Victoria Uribe, Mauricio Romero, Fabio Sánchez, Jorge Restrepo. Belisario Betancur, Virgilio Barco y César Gaviria fueron los interlocutores presidenciales del campo en su fase institucional: los tres —cada uno a su manera— recurrieron a la asesoría académica en momentos de crisis y ninguno adoptó del todo sus recomendaciones.
La huella
La violentología dejó tres legados desiguales.
Dejó, primero, un vocabulario. Los conceptos que hoy circulan en la conversación pública colombiana —violencias en plural, monopolio estatal fragmentado, economía política del conflicto, memoria histórica, victimario y víctima como categorías analíticas— fueron acuñados o refinados en ese campo. Sin ese léxico no habría sido posible el debate público sobre el conflicto que acompañó al proceso de paz de La Habana entre 2012 y 2016.
Dejó, segundo, un archivo. Entre las investigaciones regionales del IEPRI, los informes del CNMH, las bases de datos del CINEP, los trabajos econométricos de Los Andes y los ensayos comparados de Pécaut y Hobsbawm, Colombia dispone hoy de un cuerpo documental sobre su propia violencia que muy pocos países latinoamericanos igualan. Ese archivo es la base material sobre la que se hicieron los acuerdos con las FARC, sobre la que trabaja la Comisión de la Verdad y sobre la que se litigan las restituciones de tierras.
Dejó, tercero, una ambivalencia productiva. La violentología nunca terminó de resolver la tensión entre su vocación de intervención pública y su autonomía académica. El informe de 1987 fue un encargo estatal, pero también fue una construcción intelectual autónoma; el CNMH es una entidad pública, pero también es la culminación de un campo universitario. Esa ambigüedad ha sido acusada por unos —desde la derecha, como sesgo ideológico; desde la izquierda, como cooptación tecnocrática— y defendida por otros como la condición misma de posibilidad del campo. Sin proximidad al Estado, la violentología no habría tenido recursos ni escala; sin autonomía intelectual, no habría podido decirle al Estado lo que este no quería oír. Vivió, y sigue viviendo, en esa cuerda floja.
Queda una constatación incómoda. La violentología documentó la violencia con lucidez creciente durante más de medio siglo, y la violencia siguió. Los violentólogos advirtieron en 1987 lo que iba a pasar, y en 1989 pasó. Documentaron 2.505 masacres, y las masacres siguieron. Explicaron el paramilitarismo, y el paramilitarismo mutó. La relación entre el saber y la política, en Colombia como en tantas partes, no fue nunca la de la ciencia aplicada: fue la de una lucidez que corría detrás de los hechos y una política que usaba los informes más para legitimarse que para transformarse.
Pero incluso esa impotencia relativa es parte de la huella. Sin la violentología, el país no habría podido, cuando por fin se sentó a negociar el fin de un ciclo de guerra, entender de qué estaba hablando. Los violentólogos no evitaron la violencia. Le dieron, eso sí, un lenguaje con el cual empezar a salir de ella.
En el archivo
2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Transversal—1
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna — autores fundadores del campo con 'La Violencia en Colombia' (1962)
- 02Gonzalo Sánchez Gómez — editor del informe 'Colombia: Violencia y democracia' (1987) y figura central de la segunda generación del campo
- 03Daniel Pécaut — sociólogo francés cuya caracterización de la 'singularidad colombiana' y del Estado débil se volvió referencia estructurante del campo
- 04Universidad Nacional de Colombia e IEPRI — sede institucional principal de la violentología desde los años sesenta y sello editorial de sus obras más influyentes
- 05Comisión de Estudios sobre la Violencia (1987) — dispositivo que convirtió el saber académico en política pública bajo el gobierno de Virgilio Barco
- 06Eric Hobsbawm — referente comparado internacional cuyas categorías sobre bandolerismo social y sostenibilidad de organizaciones armadas fueron adoptadas por los investigadores colombianos
- 07Narcotráfico — fenómeno que forzó al campo a superar el enfoque delincuencial y a incorporar marcos de economía política y crisis del monopolio estatal de la violencia
- 08Violencia bipartidista — objeto histórico fundacional del campo, cuyo estudio sistemático inauguró la violentología en 1962
- 09Alejandro Reyes Posada y María Victoria Uribe — investigadores de la segunda ola que aportaron, respectivamente, la economía política del despojo territorial y la antropología de la crueldad paramilitar
Personas
Lugares
Ideas
- Comisión de la Verdad2 piezas compartidas
- Desplazamiento forzado2 piezas compartidas
- Frente Nacional2 piezas compartidas
- Geografía del conflicto2 piezas compartidas
- Larga duración2 piezas compartidas
- Memoria histórica2 piezas compartidas
- Paramilitarismo2 piezas compartidas
- Violencia bipartidista2 piezas compartidas
Documentos y fragmentos citados
55 documentos · 61 fragmentos
01La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 11 cita
[1]?! 1*71 Vil CI MIIUL VtíllüLlU EL SIGLO' llm Errw fcTT^ Secu lentos soore la nrtín Xyueva PRENSA aWL - < ucercl Estudio de un Proceso Social lm Lacha coatí Armados SEGUNDA EDICION Mons. GERMAN GUZMAN ORLANDO FALS BORDA EDUARDO UMAÑA LUNA Va 0 alCrimi F2278 * a¿ Gánese la.G99 V. | os ém^mmí' Gritaban- n; n „ nh v -…
p. 1
02The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 3711 cita
[2]church and greeted León María, yet during the entire mass they could not stop thinking about the strange manner in which the two drunk men were lying on the road. As they headed out, they mentioned this to Father Legui, who was coming in from the street. He only managed to answer them with a smile. Don Pacho Montalvo…
p. 371
03La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 21 cita
[3]La violencia en Colombia Estudio de un proceso social-Tomo II Monseñor Germán Guzmán Orlando Fals Borda Eduardo Umaña Luna Ediciones LAVP www.luisvillamarin.com La violencia en Colombia Estudio de un proceso social Tomo II © Monseñor Germán Guzmán, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna Colección Actores de la…
p. 2
04Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1921 cita
[4]en u11 centenar de poblaciones'. A la búsqueda de la Violencia Al llegar en 1958 el FN, la llamada <cgeneración de mayo)>, sur- gida de las jornadas contra la dictadura militar, era marginal en el personal político, extraído del mismo fondo de jefes, subjefes y lugartenientes que venían actuado desde las décadas…
p. 192
05When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 2973 citas
[5]Ibid.} p. 31. 20. Miguel Angel Gonzalez} ((La violencia en Colombian: AnAlisis de un libro (Bogota: Centro de Estudios Colombianos} 1962). Notes to Introduction 285 21. Gennan Guzman} La violencia, II} pp. 410-17. 22. Camilo TOITes Restrepo} HSocial Change and Rural Violence in Colom- bia/' in lIVing Louis Horowitz}…
p. 297
[6]Ibid.} p. 31. 20. Miguel Angel Gonzalez} ((La violencia en Colombian: AnAlisis de un libro (Bogota: Centro de Estudios Colombianos} 1962). Notes to Introduction 285 21. Gennan Guzman} La violencia, II} pp. 410-17. 22. Camilo TOITes Restrepo} HSocial Change and Rural Violence in Colom- bia/' in lIVing Louis Horowitz}…
p. 297
[7]Ibid.} p. 31. 20. Miguel Angel Gonzalez} ((La violencia en Colombian: AnAlisis de un libro (Bogota: Centro de Estudios Colombianos} 1962). Notes to Introduction 285 21. Gennan Guzman} La violencia, II} pp. 410-17. 22. Camilo TOITes Restrepo} HSocial Change and Rural Violence in Colom- bia/' in lIVing Louis Horowitz}…
p. 297
06Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 4211 cita
[8]this subject include Jaime Posada and Gonzalo Canal Ramírez, La crisis moral colombiana (Bogotá: Antares, 1955); “Examen a fondo de la situación del país hizo el jefe del liberalismo,” El Tiempo, February 26, 1958, 14; Guillermo Bravo Villamil, untitled manifesto [1958], 8, 1, BLAA.ES.PL.12.2.410, 403. 19. Canal…
p. 421
07Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 261 cita
[9]y de nuevo cuño, y, consecuente, se preci pitó al campamento madre del eln en las selvas del Opón? Según Camilo, La Violencia ha constituido para Colombia el cambio socio-cultural más impor tante en las áreas campesinas desde la Conquista efectuada por los españoles. Por conducto de ella las comunidades rurales se han…
p. 26
08Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1351 cita
[10]sociólogos, antropólogos y compañía no estaban motivados únicamente por darle mayor rigor a sus respectivos quehaceres. Igualmente importante, para todos ellos, era utilizar el trabajo científico como un instrumento para conocer mejor la realidad del país, una realidad bastante sombría que planteaba todo tipo de…
p. 135
09Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 6281 cita
[11]la Violencia en Colombia, ed. Gonzalo Sánchez and Ricardo Peñaranda (Bogotá), 1986). 4. Camilo Torres R., La Violencia y los cambios socio-culturales en las áreas rurales colombianas (Bogotá, 1963). 5. See, for example, Orlando Fals Borda, Lo sacro y lo violento: Aspectos problemáticos del desarrollo en Colombia…
p. 628
10Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 951 cita
[12]ilustres y más influyentes se regó como pólvora, y así se instaló lo que los historiadores llamarían la Violencia en Colombia. Habían terminado los tiempos en que al pueblo colombiano se lo podía dominar por el discurso; a partir de entonces sólo se lo pudo dominar por la violencia. Los estudiosos de ese período nunca…
p. 95
11Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 3231 cita
[13]colombianos muestran también vigoroso interés por el tema conexo del conflicto agrario. Esa orientación es natural, dado que muchos de los nuevos historiadores llegaron a la mayoría de edad durante La Violen- cia y que en los años setenta se produjo un recrudecimiento de los conflictos por la tierra y de la actividad…
p. 323
12Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4301 cita
[14]la Violencia. Durante esta fase el ejército colombiano ·hizo frente a fieras organizaciones de bandidos en las zonas cafeteras centrales y, apoyado por grupos de contramsurgencia de Esta dos UnidoS, emprendió una ofensiva contra las comunidades rurales de orientación marxista en ciertas regiones aisladas y…
p. 430
13Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 771 cita
[15]constructing a critical sociology that stuck its finger on the wound around the relevant issues and, therefore, assigned responsibilities that until now had gone unnoticed. In this period, amid the structuring of intervention policies throughout Latin America generated in the framework of the Cold War, tensions…
p. 77
14Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 481 cita
[16]por parte de Espana. Sin embargo, en este estudio sdlo se senalaron las caracteristicas mas importantes del periodo que se inicia en nuestro pais con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitan, hecho que establece un puente de continuidad de la llamada «Gran Violencia». Fue éste un fendmeno alucinante que ha sido objeto de…
p. 48
15Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 3231 cita
[17]de la violencia en Colombia, 208 p.; Bogotá: Tercer Mundo Editores/ IEPRI, 1999. GARCÍA MÁRQUEZ, G., Noticia de un Secuestro; Bogotá: Grupo Editorial Norma. 1996, 301 p. GUTIÉRREZ, F., “Imprecisiones sobre la violencia.” Revista de Ciencias Sociales, N° 3; Bogotá: Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los…
p. 323
16Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 171 cita
[18]atractiva, lo anterior permite vincular algunos de los motivos y preguntas características de los estudios de la violencia que dialogaban con las teorías de Hobsbawm sobre la sostenibilidad del bandolerismo con la contemporánea economía política del conflicto que se concentra en ejércitos irregulares. Para que una…
p. 17
17Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 662 citas
[19]y a las ilusiones. En este punto es importante sintetizar cuatro opiniones recientes de analistas del estado del país: Daniel Pécaut recuerda que la “singularidad” del país consiste en “haber invocado, de manera casi permanente, el Estado de Derecho, así como un sistema de representación pluralista en el campo…
p. 66
[20]las ilusiones. En este punto es importante sintetizar cuatro opiniones recientes de analistas del estado del país: Daniel Pécaut recuerda que la “singularidad” del país consiste en “haber invocado, de manera casi permanente, el Estado de Derecho, así como un sistema de representación pluralista en el campo político y…
p. 66
18¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 981 cita
[21]estallido de violencia. Esta, a su vez, generó un "derrumbe parcial del Estado", tanto funcional como operacional. El Estado 69 Pécaut precedió a 1\Iigdal, pero no creo probable que este haya leído a a<¡uel. 98 Revisión de la literatura nacional e internacional dejó de prestar servicios clave (comenzando por la…
p. 98
19The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 3181 cita
[22]Hobsbawm, Eric. Labouring Men. New York: Basic Books, 1964. ———. “Peasant Land Occupation.” Past & Present 62 (1974): 120–52. ———. Primitive Rebels. New York, 1959. Hoffman, Kelly, and Miguel Ángel Centeno. “The Lopsided Continent: Inequality in Latin America.” Annual Review of Sociology 29 (August 2003): 363–90.…
p. 318
20Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 272 citas
[23]editoriales de opinión de los periódicos y las páginas de las revistas políticas de opinión. Estos escritos tenían la calidad 10 Gonzalo Sánchez, ed. Colombia: Violencia y democracia. Informe presentado al Ministerio de Gobierno (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Instituto de Estudios Políticos y Re- laciones…
p. 27
[24]editoriales de opinión de los periódicos y las páginas de las revistas políticas de opinión. Estos escritos tenían la calidad 10 Gonzalo Sánchez, ed. Colombia: Violencia y democracia. Informe presentado al Ministerio de Gobierno (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Instituto de Estudios Políticos y Re- laciones…
p. 27
21Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 131 cita
[25]Jaime Arocha Rodríguez Bogotá, 1945. Antropólogo Cultural Ph.D., Columbia University, Nueva York. Profesor del Departamento de Antropología, Universidad Nacional de Colombia. Presidente de la Sociedad Antro- pológica de Colombia. Miembro de la Junta Directiva, Corporación para el Fomento de las Ciencias Sociales en…
p. 13
22Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1591 cita
[26]fue la organización de una comisión de estudios sobre la violencia. Así, el ministro del Interior, Fernando Cepeda, encargó a un grupo de diez investigadores para que efectuaran un diagnóstico de los factores de violencia en la sociedad colombiana y los lineamientos de una nueva política de seguridad. La introducción…
p. 159
23Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 2091 cita
[27]Báez, alias Ariel Otero, comandante paramilitar del Magdalena Me- dio, el entrenamiento dentro de la estructura paramilitar tenía un componente ideológico que procedía de los manuales del Ejército, enfocado en la construcción identitaria del enemigo comunista (Policía Nacional, 1989, página 20; Semana, 1989, 5 de…
p. 209
24Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 431 cita
[28]sociológico que tiene sus raíces antes de la aparición del narcotráfico, y a su vez obligan a tratar al narcotráfico como un fenómeno cuyos requerimientos de ‘coer- ción y protección’ se circunscriben en la dinámica de la crisis del monopolio estatal de la violencia. De la misma manera, afectan como nunca la capacidad…
p. 43
25Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 3601 cita
[29]contagion of timeless practices that had now expanded to the rest of the coast at the pace of marijuana traffickers’ migration, thus threatening the nation. In a country that experienced two of the bloodiest civil wars in Latin America in the twentieth century—the War of a Thousand Days and La Violencia—the trope…
p. 360
26At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 191 cita
[30]of the country ’ s total productive land into the hands of 1% of the population. 2 And while rural Colombians have borne the brunt of this political violence, the primary targets of directed acts of repression and terror are leftist social activists, including community organizers, human rights workers, journal- ists,…
p. 19
27El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 2342 citas
[31]de crimina- lidad política a la que se llegó en Colombia durante cada uno de los gobiernos de Virgilio Barco Vargas y César Gaviria Trujillo: “[...]de la administración Gaviria queda un saldo de 14 856 muertes violen- tas relacionadas con el conflicto social y político, así como 5 043 El terrorismo de Estado en…
p. 234
[32]de crimina- lidad política a la que se llegó en Colombia durante cada uno de los gobiernos de Virgilio Barco Vargas y César Gaviria Trujillo: “[...]de la administración Gaviria queda un saldo de 14 856 muertes violen- tas relacionadas con el conflicto social y político, así como 5 043 El terrorismo de Estado en…
p. 234
28Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 91 cita
[33]los años noven- ta con una carta dirigida al profesor Gabriel Murrillo -entonces direc- tor del Departamento de Ciencia Politica de la Universidad de los Andes-, quien generosamente me extendió una invitación indicando su interés en mi propuesta de investigación, la cual sometí al Programa Fullbright para…
p. 9
29Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 11 cita
[34]INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Tomas y ataques guerrilleros (1965 - 2013) Tomas y ataques guerrilleros (1965 - 2013) TOMAS Y ATAQUES GUERRILLEROS (1965 - 2013) Mario Aguilera Peña Coordinador del informe Mario Aguilera Peña Alba Lucía Vargas Alfonso Luisa Marulanda Gómez Luis Fernando Sánchez…
p. 1
30La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 4291 cita
[35]Chocó. Serie Conflictos regionales: Atlántico y Pacífico. FESCOL, IEPRI, Universidad Nacional de Colombia. Garrido, M. (S.F.). Chocó tierra de quereres. En L. Vargas (Ed.), Cancione- ro del Chocó, (canción 22). Asociación para las investigaciones culturales del Chocó…
p. 429
31Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 1842 citas
[36]Pp. 295. Romero, M. (2003). Paramilitares y autodefensas 1982-2003. Bogotá: IEPRI. Rudqvist, A. (1983). La Organización Campesina y la Izquierda ANUC en Colombia 1970 – 1980. Suecia: Centro de Estudios Latinoamericanos, CELAS Universidad de Upp- sala. Informes de Investigación No. 1 S.A. (1971). Una cronología de los…
p. 184
[37]Pp. 295. Romero, M. (2003). Paramilitares y autodefensas 1982-2003. Bogotá: IEPRI. Rudqvist, A. (1983). La Organización Campesina y la Izquierda ANUC en Colombia 1970 – 1980. Suecia: Centro de Estudios Latinoamericanos, CELAS Universidad de Upp- sala. Informes de Investigación No. 1 S.A. (1971). Una cronología de los…
p. 184
32Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 1831 cita
[38]Las guerras de la paz. Bogotá: Editorial Planeta. Bergquist, C. W. 1978. Coffee and Conflict in Colombia, 1886–1910. Durham, N.C.: Duke Univ. Press. Bergquist, Charles, Ricardo Peñaranda, and Gonzalo Sánchez, eds. 1992. Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical Perspective. Wilmington, Del.: Schol-…
p. 183
33La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 21 cita
[39]Gonzalo Sánchez G. Coordinador del Grupo de Memoria Histórica Absalón Machado y Donny Meertens Relatores de la Investigación sobre Tierras y Conflicto Jeannette L. Castro Hernández Pablo Andrés Nieto Ortiz Eliana Pinto Velásquez John Jairo Rincón García Javier Soto Equipo de investigación Alejandrina Pacheco José…
p. 2
34La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 21 cita
[40]3 Gonzalo Sánchez G. Coordinador del Grupo de Memoria Histórica Iván Orozco Abad Relator de la investigación sobre la masacre de La Rochela Gina Cabarcas Maciá Laura Porras Santanilla Óscar Acevedo Arango Guido Bonilla Pardo Mauricio Barón Villa Equipo de investigación Diana Marcela Gil Asistente administrativa Jesús…
p. 2
35Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 11 cita
[41]Director General Gonzalo Sánchez G. Coordinador del informe Otros títulos de Memoria Histórica Trujillo. Una tragedia que no cesa (2008) El Salado. Esa guerra no era nuestra (2009) Recordar y narrar el conflicto. Herramientas para reconstruir memoria histórica (2009) El despojo de tierras y territorios. Aproximación…
p. 1
36Una sociedad secuestradaCentro Nacional de Memoria Histórica; César Caballero Reinoso (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2013 · p. 11 cita
[42]una sociedad secuestrada una sociedad secuestrada El secuestro es tal vez una de las modalidades criminales que ha tenido mayor resonancia en el país, particu- larmente en la etapa contemporánea del conflicto. Tiene una proyección pública asociada al cruce de múltiples factores, a sus transformaciones en el tiempo y a…
p. 1
37La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 11 cita
[43]esbozo de una memoria institucional la política de reforma agraria y tierras en colombia Centro Nacional De Memoria Histórica Director General Gonzalo Sánchez G. Coordinador de la investigación Absalón Machado C. Foto de portada © Jhon Jairo Rincón García. Campesinos recordando su vida en el territorio. Departamento…
p. 1
38Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 131 cita
[44]el Sistema de Derechos Humanos de Naciones Unidas..........................................................................328 4.5. La CISVT: concertación frente a la impunidad, en medio del conflicto y la debilidad institucional....................................330 Índice onomástico 13 Pág. 4.6. Contradicciones,…
p. 13
39Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 11 cita
[45]INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Putumayo: la vorágine de las caucherías Memoria y testimonio Primera parte Putumayo: La vorágine de las caucherías Memoria y testimonio Primera parte Centro Nacional de Memoria Histórica Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio Primera parte…
p. 1
40Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 11 cita
[46]H UELLAS Y ROSTROS DE LA DESAPARICIÓN FORZADA (1970-2010) TOMO II INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010) Centro Nacional de Memoria Histórica Desaparición forzada tomo II: Huellas y rostros de la desapa- rición forzada (1970-2010) Director General…
p. 1
41Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 11 cita
[47]Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico Centro Nacional de Memoria Histórica Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico Alejandro Reyes Posada Relator CENTRO NACIONAL DE MEMORIA…
p. 1
42Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · p. 141 cita
[48]han permitido alcanzar conclusiones sobre las consecuencias lesivas a estos sujetos. Para la construcción de este documento, se han revisado diferentes textos elaborados desde 2008, por el Grupo de Memoria Histórica y por el actual Centro Nacional de Memoria Histórica, agrupando en 14 Sujetos victimizados y daños…
p. 14
43Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 261 cita
[49]que se ha realizado sobre el conflicto armado y el horror que vivieron sus víctimas en las últimas tres décadas. Fue publicada en 2013 por el Centro de Memoria Histórica dirigido por Gonzalo Sánchez. 2 Según datos de Codhes (Consultoria para los Derechos Humanos y el Desplazamiento Forzado). Según la agencia…
p. 26
44Encuesta Nacional ¿Qué piensan los colombianos después de siete años de Justicia y Paz?Gonzalo Sánchez Gómez, Iván Orozco Abad, Álvaro Villarraga Sarmiento, Luis Carlos Sánchez Díaz, Patricia Linares Prieto, María Consuelo Ramírez Giraldo, Angelika Rettberg Beil, Laura Otálora Cuenca, Irina Mago Cordido, Paola Ximena Silva Cortés · 2012 · p. 501 cita
[50]GMH y en cuya difusión esa entidad concentró esfuerzos. La medida para relacionar las respuestas a estas preguntas con la labor del Grupo consistió en que las personas encuestadas reportaran haber escuchado, en los últimos cinco años 20, informaciones sobre una lista de masacres y hechos violentos ocurridos en el…
p. 50
45Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 11 cita
[51]INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Guerra propia, guerra ajena Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos El Movimiento Armado Quintín Lame Guerra propia, guerra ajena Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos El Movimiento Armado Quintín Lame…
p. 1
46Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 11 cita
[52]ALCALDÍA DE FLORENCIA Caquetá: conflicto y memoria Caquetá: conflicto y memoria CAQUETÁ: CONFLICTO Y MEMORIA Director General Centro Nacional de Memoria Histórica Gonzalo Sánchez Director Museo Caquetá ® William Wilches Sánchez Investigadores Museo Caquetá Harley Enrique Gutiérrez Ñustez Rubén Darío Polo Sierra…
p. 1
47Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos asesinados en Norte de SantanderCarlos Andrés Pallares Rincón · 2014 · p. 11 cita
[53]Hacer la guerra y Matar la política Líderes políticos asesinados en Norte de Santander INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Hacer la guerra y matar la política Líderes políticos asesinados en Norte de Santander Centro Nacional de Memoria Histórica Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos…
p. 1
48Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 11 cita
[54]INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Buenaventura: un puerto sin comunidad Buenaventura: un puerto sin comunidad Buenaventura: un puerto sin comunidad Director General del CentroNacional de Memoria Histórica Gonzalo Sánchez Gómez Coordinadora y relatora de la inves- tigación Constanza Millán Echeverría…
p. 1
49Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 11 cita
[55]Exilio colombiano Huellas del conflicto armado más allá de las fronter as INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Exilio colombiano Huellas del conflicto armado más allá de las fronteras Centro Nacional de Memoria Histórica Exilio colombiano Huellas del conflicto armado más allá de las fronteras Juan Manuel…
p. 1
50Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 2521 cita
[56]datos disponibles Para el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), en palabras del padre Javier Giraldo, el objetivo del banco de datos de esa organización es “salvar la memoria, no la estadística”. Más que producir cifras, el banco de datos se propone hacer seguimien- to al fenómeno de la violencia…
p. 252
51Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 1231 cita
[57]“El conflicto en Colombia: ¿quién hizo qué a quién? Un enfo- que cuantitativo (1988-2003)”. iepri. Nuestra guerra sin nombre: transformaciones del conflicto en Colombia. Bogotá: Norma: 505-542. _______ y M. Spagat. 2005a. “El conflicto colombiano. ¿Hacia dónde va?”. cerac. http://www.ce-…
p. 123
52Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 171 cita
[58]que protagonizaron estos hechos violentos, que adquieren significados importantes como el honor, la venganza y el dolor para sus esposos, padres y familia en general. En el segundo libro, María Victoria Uribe dedica una buena parte de la obra a trat ar asuntos de la mujer campesina en el periodo de la Violencia.…
p. 17
53Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 131 cita
[59]elaboración de un discurso interpretativo, o al menos de una pluralidad de discursos interpretativos más sólidos. La insistencia del autor en el papel de las “ideas” abre muchos campos. Permite insertar las dinámicas del conflicto armado en las dinámicas de las representaciones sociales. Se trata de una invitación a…
p. 13
54La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 2691 cita
[60]grandes masacres, perpetradas con métodos crueles, que dejaron un alto número de víctimas. El 75 % de las masacres documentadas por el Grupo de memoria Histórica con un número reducido lograron ser sacadas a la luz. A continuación, me permito describir una de las primeras masacres do - cumentadas por el Centro de…
p. 269
55Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 731 cita
[61]decían: “Esta es la cabeza de mi papá, esto es…”, porque eran desmembrados todos, totalmente desmembrados, entonces así mismo reclamaban» 82. Las mutilaciones del cuerpo del adversario político fueron la regla. Las prácticas fueron tan extendidas y frecuentes que en Colombia se les pusieron nombres, como «corte de…
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