Genocidio de la Unión Patriótica
Entre 1986 y 1990, una operación sostenida de aniquilación ejecutada por paramilitares, narcotraficantes y sectores del Estado eliminó sistemáticamente a los dirigentes, congresistas y militantes de la Unión Patriótica, el partido nacido de los Acuerdos de La Uribe como vehículo de tránsito de las FARC hacia la política legal. La Corte Interamericana de Derechos Humanos calificaría en 2023 ese exterminio como genocidio.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1986–1990 (ciclo central); proceso iniciado en 1984 y extendido hasta 1997
- Dónde
- Bogotá, Magdalena Medio, Puerto Boyacá, Urabá, Apartadó, Arauca, Caquetá, Antioquia, La Uribe (Meta), Segovia (Antioquia), Vistahermosa (Meta), Currulao (Turbo, Urabá)
- Protagonistas
- Pablo Escobar, Carlos Castaño, Unión Patriótica (UP), Jaime Pardo Leal (presidente de la UP, asesinado el 11 de octubre de 1987), José Antequera (dirigente de la UP, asesinado el 3 de marzo de 1989), Bernardo Jaramillo Ossa (presidente de la UP, asesinado el 22 de marzo de 1990), Belisario Betancur (presidente de Colombia 1982–1986, impulsor de los Acuerdos de La Uribe), Virgilio Barco (presidente de Colombia 1986–1990), FARC-EP, Partido Comunista Colombiano, Gonzalo Rodríguez Gacha (narcotraficante, financiador del paramilitarismo), Fidel Castaño
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La firma de los Acuerdos de La Uribe (28 de marzo de 1984) y la creación de la UP como frente político legal generaron una amenaza percibida por sectores militares, gremiales y políticos que resistieron desde el principio el proceso de paz de Betancur.
- La doctrina militar colombiana, expresada en manuales como 'Conozcamos a nuestro enemigo' (1985), equiparaba a sindicatos y organizaciones sociales con fachadas subversivas, convirtiendo a los militantes de la UP en blancos legítimos dentro de la lógica contrainsurgente.
- La ambigüedad estructural del proyecto: las FARC no desarmaron durante la tregua, crecieron de 27 a 48 frentes bajo Betancur, y el PCC mantenía la doctrina de la 'combinación de todas las formas de lucha', lo que permitió a los perpetradores presentar a la UP como extensión civil de la guerrilla.
- La convergencia entre narcotráfico y paramilitarismo: Gonzalo Rodríguez Gacha, Pablo Escobar, los hermanos Castaño y Henry Pérez financiaron y ejecutaron el exterminio, articulando sus intereses económicos y territoriales con la doctrina anticomunista de las autodefensas.
- La impunidad estructural: la complicidad de sectores del Ejército y la Policía —documentada en la masacre de Segovia y en el asesinato de Pardo Leal— garantizó que los crímenes no tuvieran consecuencias judiciales, incentivando su continuación y escalada.
Consecuencias
- El exterminio físico de al menos 1.598 víctimas identificadas entre 1984 y 1997, incluyendo tres presidentes del partido, senadores, representantes, diputados, alcaldes, concejales, sindicalistas y militantes de base, con la destrucción práctica de la UP como fuerza política.
- El cierre violento de la apertura democrática ofrecida por los Acuerdos de La Uribe, que demostró que el tránsito de la guerrilla a la política legal era inviable sin garantías de seguridad, condicionando negativamente todos los procesos de paz posteriores.
- La consolidación del concepto de 'genocidio político' como categoría central de la historiografía sobre el período, culminando en 2023 con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que calificó formalmente los hechos como genocidio.
- El fortalecimiento del paramilitarismo como actor político-militar de largo plazo: las estructuras de Castaño, Pérez y Rodríguez Gacha que ejecutaron el exterminio se consolidaron territorialmente y sentaron las bases de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en la década siguiente.
- La ruptura definitiva del proceso de paz de Betancur y el retorno a la guerra abierta, con las FARC abandonando la tregua y retomando ofensivas militares, en un ciclo de violencia que se prolongaría décadas.
La clave interpretativa
Por qué importa
El genocidio de la UP es el caso más documentado de exterminio de un partido político en la historia latinoamericana reciente: demostró que la apertura democrática sin desmantelamiento del aparato paramilitar-militar es una trampa mortal para quienes intentan transitar de la insurgencia a la política legal. Su calificación como genocidio por la Corte IDH en 2023 no es solo un reconocimiento tardío a las víctimas, sino una advertencia estructural sobre los límites de la democracia colombiana cuando el Estado tolera o participa en la eliminación de sus propios ciudadanos por razones políticas.
Desarrollo histórico
La historia completa
Genocidio de la Unión Patriótica
Entre marzo de 1986 y marzo de 1990, en Colombia se ejecutó una operación sostenida de aniquilación contra un partido político legal. La Unión Patriótica, nacida de los Acuerdos de La Uribe como el brazo civil que debía permitir a las FARC transitar de las armas a la política, irrumpió en las elecciones de 1986 con 14 congresistas, 18 diputados, más de 300 concejales y una votación presidencial cercana al 5%. Los tres presidentes que dirigieron el movimiento en esos años —Jaime Pardo Leal, José Antequera en su condición de dirigente y Bernardo Jaramillo Ossa— fueron asesinados en menos de tres años. Con ellos cayeron senadores, representantes, diputados, alcaldes, concejales, sindicalistas y militantes de base, en un patrón que el registro histórico documentaría después con 1.598 víctimas identificadas entre 1984 y 1997, y una cifra total que la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en 2023, terminaría calificando como genocidio. Este es el arco decisivo de esa clausura: el momento en que la apertura democrática ofrecida por Belisario Betancur se cerró a bala, y en el que la palabra "genocidio" tuvo que ampliarse para nombrar lo que había ocurrido.
La tregua que trajo el partido
El 28 de marzo de 1984, en un caserío del piedemonte llanero llamado La Uribe, en el Meta, el gobierno de Belisario Betancur y las FARC firmaron el Acuerdo de Cese al Fuego, Tregua y Paz. Eran once puntos, y su núcleo consistía en desactivar la guerra: alto el fuego bilateral, una Comisión de Verificación y —en el lenguaje que las FARC dejaron consignado— el propósito de desmovilizar paulatinamente su estructura militar para transitar hacia un movimiento político legal.
Betancur había preparado el terreno desde su posesión en 1982. Ese mismo año, el Congreso aprobó a iniciativa suya la Ley 35 del 19 de noviembre, una amnistía por delitos políticos que operó como gesto inaugural hacia los alzados en armas. Poco después creó la Comisión de Paz para dialogar con el M-19 y las FARC-EP, en el marco de una política que hizo algo poco común en el país: reconoció que la violencia guerrillera tenía causas objetivas. En el primer año de gobierno, Alberto Rojas Puyo sostuvo contactos secretos con la dirigencia de las FARC que fueron construyendo la confianza mínima para el acuerdo formal.
De ese proceso brotó la Unión Patriótica. Concebida en el marco de La Uribe como frente político amplio y legal, la UP fue impulsada por las FARC-EP y el Partido Comunista Colombiano y hecha pública el 11 de mayo de 1985 con una Plataforma de Lucha de veinte puntos. El documento la definía como una convergencia abierta a "liberales, conservadores, socialistas, personas sin partido, obreros, campesinos, intelectuales, artistas, estudiantes y en general toda la gente colombiana que quisiera cambios en el país". No era un partido de cuadros comunistas: era un frente. El Congreso Constitutivo Nacional se celebró entre el 14 y el 16 de noviembre de 1985 en el teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá.
La tregua nunca gozó de consenso. Mandos militares, gremios económicos, poderes locales y sectores enteros de la clase política resistieron el proceso desde el principio: para ellos, negociar con las FARC era rendirle armamento ideológico al enemigo. Esa resistencia sería, a la postre, uno de los combustibles del exterminio. Pero había otro combustible, interno al proyecto: mientras se firmaba La Uribe y se lanzaba la UP, las FARC no soltaban las armas. En su VII Conferencia de 1982 habían decidido convertirse en un "movimiento guerrillero auténticamente ofensivo" y trazaron un Plan Estratégico Político Militar para rodear Bogotá y tomar el poder en ocho años. Durante el propio gobierno Betancur pasaron de 27 a 48 frentes. Al mismo tiempo, el PCC mantenía como doctrina desde 1966 la "combinación de todas las formas de lucha", una fórmula que permitía coexistir bajo una sola casa la acción electoral legal y la guerra. La UP nació dentro de esa ambigüedad.
La irrupción de 1986
Las elecciones de marzo de 1986 fueron para la UP un debut mayor. A nombre propio eligió dos senadores y tres representantes a la Cámara; en coalición sumó cuatro senadores más y varios representantes adicionales, para un total nacional de nueve senadores y quince representantes. En las asambleas departamentales obtuvo 29 diputados —17 propios y 12 en coalición—. En los concejos municipales, cientos de curules a lo largo del país. En mayo, en las presidenciales, Jaime Pardo Leal obtuvo 328.752 votos, cerca del 5% del total, cuatro veces la votación de su antecesor, el Frente Democrático. Al año siguiente, con la primera elección popular de alcaldes bajo el gobierno de Virgilio Barco, el partido accedió a entre 23 y 24 alcaldías por su peso en los concejos municipales.
Los mapas de esa votación cuentan una historia. En Arauca, en coalición con el Movimiento Liberal Orticista Independiente, la UP obtuvo el 53% de los votos y la única curul disponible a la Cámara. En Antioquia consiguió 30.518 votos en los comicios locales, un diputado a la Asamblea y 59 concejales en 28 municipios; en 1986 se hizo con cinco alcaldías —Apartadó, Mutatá, Segovia, Remedios y Yondó—, un resultado que El Espectador calificó como un "fenómeno político". En la región Centro obtuvo las alcaldías de Cabrera en el Sumapaz cundinamarqués, Palestina y Villavieja en Huila, y Coyaima en Tolima, además de la mayoría en los concejos de treinta municipios.
La geografía electoral coincidía con la geografía del conflicto. La UP prendió con fuerza en el Meta, Guaviare, Tolima, Sumapaz, Cundinamarca, Huila, la costa Caribe, el Magdalena Medio y el Caquetá; ganó terreno en las regiones escasamente pobladas al oriente de los Andes, esas zonas de colonización que comprenden casi la mitad del territorio nacional y donde el Estado había llegado tarde, mal o solo con uniforme. Ahí, organizaciones campesinas y sindicatos agrícolas encontraron por primera vez un vehículo electoral para tramitar demandas agrarias históricas. Líderes locales forjados en los movimientos sociales de los años setenta jugaron un papel organizativo central. Al frente amplio se sumaron sectores independientes de los partidos Liberal y Conservador, el Nuevo Liberalismo Independiente, la Convergencia Liberal y organizaciones regionales como el Movimiento Camilo Torres.
Había, en ese éxito, una zona oscura. En Arauca las FARC-EP aprovecharon su control territorial para intervenir en el desarrollo de las campañas, y en varias regiones el proselitismo armado —tomas guerrilleras en las que se reunía a los pobladores para promover candidaturas del partido— tensó la ambigüedad estructural del proyecto. La UP era, a la vez, un movimiento que canalizaba entusiasmos populares genuinos —el fervor con que fue recibida en el sur de Bolívar, Sucre o Magdalena quedó registrado en testimonios posteriores— y, en algunos territorios, la sombra civil de una guerrilla que no había dejado de crecer.
Esa ambigüedad no explica el exterminio, pero fue el pretexto ideológico que sus perpetradores utilizarían para justificarlo.
La arquitectura del exterminio
Los asesinatos empezaron antes de la posesión de los primeros congresistas. En agosto y septiembre de 1986, apenas cinco meses después de las elecciones, fueron muertos dos parlamentarios electos: Leonardo Posada Pedraza, representante a la Cámara por Santander, asesinado el 30 de agosto en Barrancabermeja, y Pedro Nel Jiménez, senador por el Meta, asesinado un día después, el 1 de septiembre. Ninguno alcanzó a posesionarse plenamente. Octavio Vargas Cuéllar, representante vinculado a la UP en el Guaviare, sería asesinado en ejercicio de sus funciones.
No fueron crímenes aislados. La violencia contra la UP funcionó desde el principio como una operación coordinada, con arquitectura interna y actores identificables. En el Magdalena Medio, Henry Pérez y su padre habían consolidado desde comienzos de la década un aparato paramilitar que se articuló pronto con el narcotráfico: hacia 1987 y 1988 compraron tierras en Urabá y coordinaron con Fidel Castaño la ejecución de las primeras masacres en la zona bananera; las autodefensas del Magdalena Medio protegieron también los laboratorios de cocaína de Gonzalo Rodríguez Gacha en los Llanos del Yarí. Los hermanos Castaño, desde su enclave en el alto Sinú, dirigían un ejército paramilitar —los llamados "tangueros"— cuya doctrina interna consideraba a los militantes de la UP como "agentes de las FARC disfrazados de civiles", una fórmula que servía a la vez de diagnóstico y de licencia para matar.
La documentación posterior identificó al menos cinco planes formales de exterminio articulados a lo largo del ciclo: la Operación Cóndor (1985), el Plan Baile Rojo (1986), el Plan Esmeralda (1988), el Plan Golpe de Gracia (1992) y el Plan Retorno (1993). Baile Rojo, Cóndor y Golpe de Gracia habrían apuntado a socavar la dirección nacional y a asesinar o secuestrar a los dirigentes elegidos a corporaciones públicas; Esmeralda y Retorno se orientaron a desaparecer las seccionales de la UP en Meta, Caquetá y Urabá. El Plan Esmeralda, en particular, fue denunciado desde 1987 y 1988 por la dirigencia del partido: consistía en la persecución y asesinato sistemático de militantes en los llanos orientales y en Caquetá, con omisiones documentadas de la fuerza pública ante los ataques paramilitares.
La complicidad de sectores del Ejército y la Policía atraviesa todo el período. La masacre de Segovia, en noviembre de 1988, fue planificada en instalaciones del Batallón Bomboná, donde se elaboraron los panfletos que la anunciaron; las autoridades militares y policiales presentes en el municipio no impidieron la matanza. El asesinato de Pardo Leal contó con logística de los servicios de inteligencia del Batallón de la Escuela de Caballería, comandado entonces por el teniente coronel Alfonso Plazas Vega. La infraestructura paramilitar en Urabá se consolidó con tolerancia y apoyo de las fuerzas armadas y con vínculos concretos con propietarios bananeros.
Las Fuerzas Militares operaban bajo una doctrina que hacía de la UP un blanco legítimo. El manual Conozcamos a nuestro enemigo, de 1985, señalaba a los sindicatos y a las organizaciones sociales como fachadas de la subversión. Esa lectura —el movimiento social como extensión civil de la guerrilla— convergía punto por punto con la de los Castaño en el Sinú, y en esa convergencia doctrinal, más que en un plan único centralizado, hay que buscar la eficacia mortífera de la operación.
Los tres presidentes
El asesinato sucesivo de los tres máximos dirigentes de la UP entre octubre de 1987 y marzo de 1990 constituye el núcleo simbólico y estratégico del exterminio: una decapitación en tres actos.
Jaime Pardo Leal, magistrado, líder sindical de la judicatura y candidato presidencial de la UP en 1986, había denunciado públicamente la campaña de exterminio en la que estaban implicados militares, narcotraficantes y la organización MAS. El 11 de octubre de 1987, cuando regresaba con su familia de una finca a las afueras de Bogotá por la vía La Mesa-Bogotá, fue asesinado por los hermanos William y Olivera Acuña Infante, sicarios formados en la escuela paramilitar Las Galaxias, propiedad de Rodríguez Gacha. Las investigaciones señalaron que el crimen contó con apoyo logístico de la inteligencia del Batallón de la Escuela de Caballería. La convergencia narcoparamilitar-militar que Pardo Leal había denunciado en vida terminó ejecutándolo.
El 3 de marzo de 1989, en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, fue asesinado José Antequera, dirigente del Partido Comunista y de la UP. Antequera saludaba en ese momento al precandidato presidencial liberal Ernesto Samper Pizano, quien resultó gravemente herido en el atentado. El editorial de El Espectador al día siguiente registró que en los tres primeros meses de 1989 las mafias del narcotráfico habían asesinado a 291 personas —muchas de ellas por causas políticas— y que Antequera era la víctima número 721 de la UP. La aritmética del exterminio, apenas tres años después de la irrupción electoral, ya se contaba en cientos.
Tras el asesinato de Antequera, el presidente del partido, Bernardo Jaramillo Ossa, salió del país declarando que solo regresaría cuando el gobierno le diera garantías de seguridad. En los meses que le quedaron de vida, Jaramillo hizo algo que dentro de la izquierda colombiana equivalía a una herejía: cuestionó abiertamente la táctica de la combinación de todas las formas de lucha, el papel del PCC como vanguardia revolucionaria y la subordinación política de la UP a la lógica de las FARC. Abogaba por una inclinación genuina hacia la negociación y por una autonomía real del movimiento respecto de la guerrilla. Fue asesinado el 22 de marzo de 1990 en el mismo aeropuerto El Dorado donde había caído Antequera un año antes.
Tres presidentes en menos de tres años, dos de ellos abatidos en la misma terminal aérea de la capital. La coreografía de esos crímenes —su reiteración en escenarios de máxima visibilidad, su ejecución sobre líderes de proyección nacional, la impunidad estructural que los rodeó— no admite lectura como violencia dispersa o coyuntural. Fue una operación que se movía por objetivos jerarquizados y que sabía, con precisión, a quién eliminar.
El año de las masacres
Entre esos tres crímenes centrales, la violencia contra la base social del movimiento escaló hasta convertir 1988 en lo que la memoria posterior llamaría "el año de las masacres".
El 21 de febrero de 1988, paramilitares asesinaron a 14 simpatizantes de la UP en Piñalito, corregimiento de Vistahermosa, en el Meta. El 4 de marzo, hombres encapuchados asesinaron a 17 trabajadores sindicalizados en la finca La Honduras, en Currulao, Turbo, y a otros 4 en la finca La Negra. La infraestructura paramilitar en Urabá contaba con tolerancia militar y con vínculos económicos con propietarios bananeros. Un mes después, otra masacre de campesinos ocurrió en Córdoba, en la zona de influencia directa de los Castaño.
El 11 de noviembre de 1988 se produjo la masacre de Segovia, en el Nordeste antioqueño, presentada por sus perpetradores como reacción a los resultados electorales favorables a la UP en marzo de ese año. Fue planificada, como se dijo, con la participación de personal del Batallón Bomboná. La fuerza pública destacada en el municipio no impidió la matanza.
Estas masacres tenían una función distinta a la de los asesinatos selectivos de dirigentes. Los magnicidios buscaban decapitar; las masacres, aterrorizar y desplazar. El desplazamiento forzado se convirtió en la segunda violación más frecuente contra la UP después de los homicidios, con al menos 2.722 víctimas identificadas: un mecanismo de expulsión territorial que desarticuló la dinámica social del movimiento y que para muchos sobrevivientes fue el primer trayecto de un viaje que terminó en el exilio.
Barco: la mano tendida y la impunidad
Virgilio Barco asumió la presidencia en agosto de 1986, cinco meses después de la irrupción electoral de la UP. Su política de paz llegó con un lema —"Mano tendida y pulso firme"— y con una arquitectura institucional que reemplazó las comisiones ciudadanas del gobierno Betancur por una Consejería para la Reconciliación, Normalización y Rehabilitación, dependiente directamente de la Presidencia. Tenía dos frentes: la desmovilización guerrillera y la participación política, por un lado; y el Plan Nacional de Rehabilitación, que buscaba llevar Estado a las zonas marginadas, por otro.
La tregua con las FARC ya no funcionaba en la práctica desde tiempo atrás. En junio de 1987 se hizo explícito su fin formal. Y mientras el gobierno intentaba mantener abiertos los canales de negociación, el ciclo de asesinatos contra la UP alcanzaba su punto más alto. Barco intentó dar respuestas: nombró 23 alcaldes de la UP en municipios donde el partido había obtenido las mayores votaciones locales —municipios que, no por coincidencia, coincidían en buena parte con zonas de influencia guerrillera— e intentó desmontar el marco jurídico del paramilitarismo mediante la derogación de la Ley 48 de 1968. Pero la derogación llegó tarde: el paramilitarismo ya estaba implantado, con dinero, tierras y armas, en el Magdalena Medio, el Sinú, Urabá y los Llanos.
La respuesta institucional al recrudecimiento de la violencia terminó de tomar forma en 1988. Ante la incapacidad de contener los asesinatos, Barco cerró la posibilidad de un plebiscito reformador que había considerado y pactó con los partidos tradicionales un Estatuto Antiterrorista, impulsado por su ministro José Manuel Arias Carrizosa. Se volvía, en la práctica, a la salida represiva.
El diagnóstico del propio gobierno sobre el aparato de justicia era demoledor: solo el 20% de los crímenes llegaban al conocimiento de las autoridades y, de esos, únicamente el 4% obtenía sentencia. Entre 1979 y 1991, 290 personas fueron asesinadas en el ejercicio de funciones judiciales. Sobre esa infraestructura de impunidad —incapaz de procesar el 96% de los crímenes que llegaba a conocer— se montó, sin obstáculo real, la maquinaria del exterminio.
Causas: estructura y decisión
Explicar el genocidio de la UP exige separar lo que la lengua cotidiana tiende a confundir. No fue un exceso individual, ni una serie de asesinatos convergentes por acumulación, ni una consecuencia mecánica de la guerra. Fue una operación deliberada, y su explicación se sostiene sobre tres pilares.
El primero es estructural. Colombia ingresó a la segunda mitad de los ochenta con un Estado incapaz de monopolizar la violencia y con un sistema judicial paralizado por su propia debilidad. El paramilitarismo, protegido por la Ley 48 hasta que fue tardíamente derogada, había echado raíces económicas y territoriales; el narcotráfico había construido un aparato militar propio —escuelas de sicarios como Las Galaxias, ejércitos privados como los tangueros de los Castaño o los Masetos de Rodríguez Gacha— con capacidad operativa superior a la de muchas guarniciones oficiales. En ese vacío, la eliminación física de adversarios políticos era una posibilidad técnicamente disponible.
El segundo es ideológico y militar. Las Fuerzas Armadas colombianas operaban desde una doctrina que asimilaba movimiento social a subversión y, por extensión, a la UP como brazo civil de las FARC. El manual Conozcamos a nuestro enemigo codificó esa asimilación en 1985. Sobre esa base doctrinal, la colaboración con estructuras paramilitares —planeación conjunta en el Batallón Bomboná, apoyo logístico del Batallón de la Escuela de Caballería, omisiones sistemáticas en Meta y Caquetá— no era una desviación de la institucionalidad militar: era coherente con ella.
El tercero, y aquí hay que ser preciso, es la propia ambigüedad estratégica del PCC y las FARC. La combinación de todas las formas de lucha, aprobada por el PCC en 1966 y sostenida bajo la fachada retórica de la UP, generó una tensión irresoluble: mientras la UP recogía votos, las FARC crecían en frentes y ejecutaban proselitismo armado en nombre del partido. Esa ambigüedad no justifica el exterminio —ningún proyecto político puede ser aniquilado físicamente por sus contradicciones internas—, pero explica por qué el Estado colombiano toleró o facilitó la operación en lugar de proteger a quienes ejercían derechos políticos legítimos. La UP fue percibida como coartada civil de la guerrilla por sus enemigos, y esa percepción convergía con una realidad parcial que los propios líderes del movimiento, encabezados por Bernardo Jaramillo en sus últimos meses, terminarían denunciando desde dentro. Jaramillo murió, entre otras cosas, por intentar romper esa amalgama.
Los tres pilares se articularon en una alianza operativa entre paramilitares, narcotraficantes y sectores de las Fuerzas Militares. Los Castaño en Córdoba y Urabá, Rodríguez Gacha con sus escuelas de sicarios y sus laboratorios de coca protegidos por autodefensas, Henry Pérez en el Magdalena Medio, agentes de inteligencia militar en Bogotá: los nodos de esa red pueden nombrarse, y sus conexiones fueron probadas después en sede judicial nacional e internacional.
Consecuencias
El efecto inmediato del exterminio fue la clausura práctica de la apertura democrática ofrecida en 1984. La UP siguió existiendo formalmente durante años, pero como movimiento nacional con capacidad electoral quedó desarticulada: la mayoría de sus dirigentes fueron asesinados, exiliados o desplazados; sus bases regionales, arrasadas por masacres y expulsiones. El registro documentado alcanzaría las 1.598 víctimas identificadas entre 1984 y 1997 —cifra recogida en el libro Unión Patriótica. Expedientes contra el olvido— y las estimaciones estadísticas posteriores, elaboradas conjuntamente por la JEP, la Comisión de la Verdad y el HRDAG, apuntan a totales considerablemente mayores por el subregistro estructural del período.
El efecto sobre el conflicto armado fue el opuesto al buscado por La Uribe. La lección práctica que las FARC extrajeron del exterminio —la vía política legal no es viable en Colombia para una izquierda vinculada a la insurgencia— alimentó su convicción de mantener y expandir la lucha armada durante las tres décadas siguientes. La política de paz de Betancur, en ese sentido, no solo fracasó: fue derrotada de forma que hizo pedagógicamente imposible su repetición en las condiciones originales.
El efecto sobre las categorías jurídicas fue lento pero acumulativo. Las víctimas y sobrevivientes de la UP reclamaron durante más de veinticinco años que el crimen colectivo cometido contra ellos fuera tipificado como genocidio político. El obstáculo era conceptual: la definición internacional clásica de genocidio, contenida en la Convención de 1948, excluía la persecución por motivos políticos. El caso de la UP forzó una reelaboración de la categoría desde la jurisprudencia interamericana. La Corte IDH, en el caso Manuel Cepeda Vargas contra Colombia —sentencia del 26 de mayo de 2010—, retomó y profundizó el análisis del conjunto de las victimizaciones e identificó como eje común la pertenencia a la UP: por primera vez, la instancia judicial reconoció formalmente que las víctimas habían sido atacadas en tanto miembros de una colectividad política. Ese fallo se apoyó en el informe de la Defensoría del Pueblo de 1992 y en decisiones nacionales previas, y consolidó la sistematicidad y generalidad como criterios que unificaban el conjunto de crímenes a través del tiempo.
En paralelo, sentencias de la Corte IDH entre 2005 y 2012 declararon la responsabilidad internacional del Estado colombiano por el involucramiento de agentes estatales en desapariciones forzadas, ejecuciones arbitrarias, masacres y torturas, y por la existencia de marcos jurídicos que facilitaron, promovieron, apoyaron y toleraron la actuación de grupos paramilitares. Esas sentencias reescribieron, desde el derecho, la historia oficial del paramilitarismo: no fue un actor emergente ajeno al Estado, sino un dispositivo cuya conformación, promoción y falta de desmantelamiento comprometen la responsabilidad activa del propio Estado.
El Centro Nacional de Memoria Histórica conservó, en el título de su informe sobre el caso, la palabra "genocidio" como reconocimiento explícito al reclamo de las víctimas. Y en 2023, la Corte IDH terminó de cerrar el arco: reconoció el caso como genocidio, extendiendo formalmente la categoría a la persecución sistemática por motivos políticos. La UP, aniquilada como partido, sobrevivió como argumento jurídico que reformuló el derecho internacional.
Por qué todavía pesa
El genocidio de la UP ocupa un lugar central en la historia colombiana reciente por al menos tres razones que no admiten relativización.
Primero, porque estableció el precedente empírico de que en Colombia una fuerza política de izquierda con éxito electoral podía ser físicamente aniquilada, y de que esa aniquilación podía ejecutarse con la participación activa u omisiva de sectores del Estado, con impunidad prolongada y sin ruptura del orden institucional. Ese precedente marcó las tres décadas siguientes de negociaciones de paz —desde el M-19 hasta el Acuerdo de La Habana de 2016— y explica la centralidad de las garantías de seguridad para excombatientes en todo diseño posterior de tránsito de la guerra a la política.
Segundo, porque el caso obligó a expandir la categoría de genocidio. La definición canónica, forjada en 1948 con la memoria de la Shoah, excluía deliberadamente la persecución política. La UP fue el caso que, desde el sur, hizo insostenible esa exclusión: la sistematicidad, generalidad y coordinación del exterminio no cabían en ninguna otra categoría jurídica disponible. Que la Corte IDH terminara reconociéndolo así, en 2023, no fue una concesión retórica sino la constatación de que el derecho internacional debía adaptarse a formas del crimen colectivo que no eran étnicas ni religiosas, pero que operaban con la misma lógica de aniquilación de un grupo por su identidad.
Y tercero, porque en el corazón del caso hay una pregunta que Colombia no ha terminado de responder. Cuando Bernardo Jaramillo, semanas antes de ser asesinado en El Dorado, cuestionó desde dentro la combinación de todas las formas de lucha y reclamó autonomía política plena para la UP, estaba diciendo lo que las víctimas de base habían sabido siempre: que el precio del exterminio lo pagaba la gente que había apostado, con votos y militancia, por una salida democrática, mientras la guerra continuaba en otras manos y con otra lógica. Jaramillo murió intentando desatar ese nudo. La deuda del país con quienes ejercieron derechos políticos legítimos y fueron asesinados por hacerlo —senadores, alcaldes, sindicalistas, concejales de pueblo— no se salda con sentencias, aunque las sentencias importen. Se salda cuando la vía política que se les cerró a bala vuelve a estar, para cualquier ciudadano y cualquier proyecto, plenamente abierta.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 86, 902 citas
[1]en lo económico y en lo social» 241. 239 Aguilera, «ELN: entre las armas y la política», 222. 240 El Tiempo, «ELN califica como un error el asesinato de obispo de Arauca, monseñor Jesús Emilio Jaramillo». 241 Entrevista 752-VI-00011. Dirigente político. consolidación guerrillera, persecución política y apertura…p. 86
[18]victimarios» 254. En Arauca, el apoyo al partido fue enorme. En coalición con el Movimiento Liberal Orticista Independiente, obtuvo el 53 % de la votación y consiguió la única curul disponible a la Cámara de Representantes 255, que ocupó Elsa Rojas de Fernández. Además, en el año 1985, Amparo López fue nombrada…p. 90
02La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 681 cita
[2]la creación de nuevos frentes de guerra y convertirse en el “Ejército del Pueblo”, lo que cambiará la dinámica de la guerra y determinará la expansión de este grupo armado. El 28 de marzo de 1984 se firmaron los acuerdos de cese al fuego y tregua entre el Gobierno colombia- no y la guerrilla de las FARC, que fueron…p. 68
03Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 1, 4, 5, 98 citas
[3]la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…p. 4
[4]la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…p. 4
[44]en medio de un replanteamiento de su forma de lucha. El 7 de febrero de 1989 se realizó un encuentro de la Dirección Nacional del M-19, para discutir los pasos a seguir con el Gobierno. El movimiento en conjunto manifestó la cohesión con su comandante general, Carlos Pizarro. Los días 3 y 4 de marzo de 1989, en…p. 5
[45]en medio de un replanteamiento de su forma de lucha. El 7 de febrero de 1989 se realizó un encuentro de la Dirección Nacional del M-19, para discutir los pasos a seguir con el Gobierno. El movimiento en conjunto manifestó la cohesión con su comandante general, Carlos Pizarro. Los días 3 y 4 de marzo de 1989, en…p. 5
[48]En los años que trabajó en Voz, fue muy cercano a Manuel Cepeda Vargas, director de esa rotativa. Además, ha sido catedrático de periodismo de varias universidades del país. En los últimos años fue reconocido por su libro Unión Patriótica. Expedientes contra el olvido, un documento histórico que reconstruye el…p. 9
[49]En los años que trabajó en Voz, fue muy cercano a Manuel Cepeda Vargas, director de esa rotativa. Además, ha sido catedrático de periodismo de varias universidades del país. En los últimos años fue reconocido por su libro Unión Patriótica. Expedientes contra el olvido, un documento histórico que reconstruye el…p. 9
[54]48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…p. 1
[55]48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…p. 1
04Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 51, 1222 citas
[5]de salud. 53 1MKYIPäRKIP(¿E^]*EYWXMRS0ºTI^)PTEVEQMPMXEVMWQSIREGGMºR Un segundo paso sería dado el 19 de noviembre de 1982, con la expedición de la Ley No. 35 de 1982, que otorgaba una amnistía por delitos políticos 82 y fue aprobada por el Congreso a iniciati- va del Poder Ejecutivo. Con ello, como lo señaló Alfredo…p. 51
[13]para el período 1986 - 1990. Para 1986, cuando la UP obtuvo 328. 752 votos en la elección a la Presidencia de la República, en Antioquia se registraron 30. 515 sufragios en favor de ese movimiento político de oposición. Es- tas cifras eran signi fi cativas, pues en las pasadas elecciones pre- sidenciales su antecesor,…p. 122
05Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 134, 2242 citas
[6]política y guerrillas: más allá de la llamada combinación de todas las formas de lucha En su gobierno, el presidente Belisario Betancur (1982-1986) puso en marcha un proceso de paz que reconoció las causas objetivas de la violencia, impulsó el diálogo con las guerrillas y admitió la necesidad de importantes reformas…p. 224
[34]los planes de exterminio: los planes Esmeralda (1988) y Retorno (1993) que habrían tenido como objetivo desaparecer las seccionales de la UP en los departamentos del Meta, Caquetá y en la región de Urabá. La operación Cóndor (1985) y los planes Baile Rojo (1986) y Golpe de Gracia (1992) probablemente se dirigieron a…p. 134
06Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 1181 cita
[7]La izquierda: entre la política y las armas Durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) se produjo un hecho inesperado que iba en contravía de las predicciones de la izquier- da con respecto a un mayor endurecimiento del régimen político. In- mediatamente después de asumir la Presidencia el 7 de agosto de…p. 118
07Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2791 cita
[8]las n egoc ia ciones de pa z. En su tra yecto ria labe rínti ca se fo rjaban alianzas tem poral es e ntr e al- g uno s frentes guerrilleros y los traficantes, co n base en el cuidado de ca mpo s de cultivo, v ía s de comunicación, aeropuerto s, pro v i- sión de ar ma s. El Caquetá, por eje mpl o, atravesó una de las…p. 279
08Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 541, 5952 citas
[9]conocer el 11 de mayo un documento propuesta de veinte puntos llamado “Plataforma de lucha de la Unión Patriótica”, en el que anunció la decisión de mantenerse provisionalmente como Comando Nacional hasta la realización del primer Congreso Nacional de la UP, que tuvo lugar en el teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá,…p. 541
[41]el presidente de la República condenó los hechos… El 21 de febrero de 1988, a escasas tres semanas de celebrarse la primera elección popular de alcaldes, se inauguró “el año de las masacres”, con el ataque de un grupo de paramilitares en el caserío de Piñalito, Vistahermosa, en el Meta, donde asesinaron a 14…p. 595
09Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · p. 391 cita
[10]special peace commission in the early 1980s. He was marginalized from Communist Party affairs, but with his new job, Rojas Puyo was suddenly in a position to exert some influence on party strategy again. In part, this was due to the FARC’s increasing autonomy over the Communist Party. In part, this was due to Rojas…p. 39
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1131 cita
[11]Socialista de los Trabajadores (PST), que se agruparon en torno a la idea de construir una propuesta política extra institucional y en oposición a los métodos que ellos mismos consideraban conciliatorios, como los diálogos de paz. Para mayor información revisar el caso sobre la persecución, estigmatización y…p. 113
11Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 2251 cita
[12]middle-class residents who felt excluded from the elite politics of the Liberals and Conservatives” (Rochlin, 2003: 113). Contrary to conventional political structures of centralized power, the UP proved most prominent at the local level. It was here where “the UP’s gains were more significant,” as “entire areas of…p. 225
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1301 cita
[14]estos por Cundinamarca; en convergencia, fueron elegidos otros seis, entre estos, Julio Enrique Ortiz Cuenca por el Huila (Movimiento de Convergencia Liberal y UP) y Alfonso Gómez Méndez por el Tolima (Movimiento Político Tolima Libre, Liberal Oficial-U, Nuevo Liberalismo, Movimiento Amplio y Democrático-Rescatemos el…p. 130
13Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 57, 4782 citas
[15]pública lo retoma también a la fuerza. Mueren 103 personas, entre ellas, casi todos los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Mayo Producto de los acuerdos de las Farc con el gobierno, crean un nuevo movimiento político llamado la Unión Patriótica. 1986 Marzo La Unión Patriótica y aliados ganaron 14 curules en…p. 478
[32]también su oficio en estas escuelas. Por órdenes de Rodríguez Gacha, dos de estos gatilleros, los hermanos William y Olivera Acuña Infante, quienes se formaron en su escuela de Las Galaxias, asesinaron el domingo 11 de octubre de 1987 en la tarde a Jaime Pardo Leal, cuando venía con su familia de una finca a las…p. 57
14Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1461 cita
[16](quien pronto sería elegido a la Cámara de Representantes como suplente de Gilberto Vieira, el secretario del PC) hablaron a nombre de la UP, y la presentaron como la proyección política de las FARC, quienes conservaban sus armas. Los grupos paramilitares de todo el país no estaban dispuestos a permitirlo, así que…p. 146
15Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2671 cita
[17]lo grar que jefes guerrilleros participaran en pol í tica y fueran elegidos al Congreso y otras corporaciones, buscaban crear un canal para simpatizantes y militantes civiles, muchos de ellos influidos por el curocomunismo, que cre í an que el ambiente pol í tico y la fatiga con la violencia favorec í an la acci ó n…p. 267
16Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 631 cita
[19]Móvil N.o 1 (Sandoval et al., 2017, p. 35). La figura de la Junta Militar operó hasta 1990 y durante su existencia cua- tro altos oficiales estuvieron al frente de ella: Fernando Gómez Barros, Jesús 29 La Unión Patriótica (UP) fue el proyecto de mayor espacio político, simpatía y convocatoria que logró consolidarse…p. 63
17La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1971 cita
[20]militantes y simpatizantes, que no eran miembros de las FARC-EP –antes del Acuerdo de La Uribe, Meta, en 1984–, agraviados, desesperados e indignados por el exterminio que estaba sufriendo este partido y la falta de garantías para hacer política de oposición y 350 La Unión Patriótica fue concebida inicialmente como…p. 197
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 108, 1112 citas
[21]tradicionales, sobre todo el Liberal, que dominaba la política local. En esta región, la UP fue un movimiento campesino. Las apuestas organizativas, formadas al calor de los movimientos sociales de los setenta, se aglutinaron a su alrededor. Líderes como Blanca Nubia Ballesteros, en Guaviare, o Eusebio Prada, en el…p. 108
[35]del Estado como su patrimonio natural» 373. El llamado «Baile Rojo» 374 y el «Plan Esmeralda» –este último desarrollado en la región–, tuvieron «la finalidad de perseguir y dar muerte a los miembros de la UP en los llanos orientales y Caquetá» 375, como lo denunció el asesinado congresista Henry Millán. La lucha…p. 111
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 711 cita
[22]influencia en los sectores rurales. «Esta situación expresaba, por una parte, la mayor necesidad del mundo rural por una voz política propia y, por la otra, que la nueva organización heredaba la poca urbanización lograda por el PCC» 160. La base social que logró configurar la UP en los municipios tomó forma con las…p. 71
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 931 cita
[23]aparece el trabajo político que hace la insurgencia en el sur de Bolívar. Gana la primera alcaldía, la de San Pablo, y concejales en municipios como Barranco de Loba y San Pablo[...] En fin, hay un nuevo auge con las alianzas que se logran con la clase política tradicional de Bolívar. La UP llega a tener escaños en el…p. 93
21Memorias de una masacre olvidada. Los mineros de El Topacio, San Rafael (Antioquia), 1988Ana María Jaramillo, Juan Alberto Gómez · 2016 · p. 1221 cita
[24]San Rafael resquebrajó el dominio del Partido Conservador y mostró una apertura a la pluralidad política que luego se vio frustrada de manera violenta. Cuadro 1. Votaciones presidenciales en San Rafael (1970-1986) VOTACIONES A PRESIDENCIA EN SAN RAFAEL POR (3) CANDIDATOS CON MAYORES VOTOS 1970-1986 1970 1974 1978 1982…p. 122
22Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2482 citas
[25]viable a los partidos tradicionales Liberal y Conservador. Durante un breve período de tiempo, miles de colombianos militaron en el nuevo partido, y un número considerable de ellos vivía en los fortines de la guerrilla en Córdoba y Urabá. Una de las tragedias de la reciente historia de Colombia es que casi todos los…p. 248
[26]viable a los partidos tradicionales Liberal y Conservador. Durante un breve período de tiempo, miles de colombianos militaron en el nuevo partido, y un número considerable de ellos vivía en los fortines de la guerrilla en Córdoba y Urabá. Una de las tragedias de la reciente historia de Colombia es que casi todos los…p. 248
23El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 2152 citas
[27]la UP, en las elecciones de marzo de 1986, en las que este partido alcanzó seis de las diez curules en los concejos municipales de Segovia y Remedios. Aunque el Distrito XII de Policía estaba ubicado en el parque central de Sego- via y a las afueras de la cabecera municipal se encontraba una unidad del Ba- tallón…p. 215
[28]la UP, en las elecciones de marzo de 1986, en las que este partido alcanzó seis de las diez curules en los concejos municipales de Segovia y Remedios. Aunque el Distrito XII de Policía estaba ubicado en el parque central de Sego- via y a las afueras de la cabecera municipal se encontraba una unidad del Ba- tallón…p. 215
24Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1621 cita
[29]• 1984-1996: actividad paramilitar sostenida y ciclo más dinámico de la movilización social regional (hasta 1995). En las masacres de 1988 y 1996, miembros de la fuerza pública participaron como planeadores. La primera se inscribe en una coyuntura electoral en la que la Unión Patriótica obtuvo la mayoría de los…p. 162
25El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 1792 citas
[30]de drogas [...]” 9. El tratar de menospreciar a las víctimas, difamar de su vida personal y atacar su dignidad para justificar vulgarmente el crimen, se volvió algo rutinario. Y los grandes medios lo multiplicaban. Las investigaciones fueron demostrando que a Pardo Leal lo habían matado sicarios del narcotraficante…p. 179
[31]de drogas [...]” 9. El tratar de menospreciar a las víctimas, difamar de su vida personal y atacar su dignidad para justificar vulgarmente el crimen, se volvió algo rutinario. Y los grandes medios lo multiplicaban. Las investigaciones fueron demostrando que a Pardo Leal lo habían matado sicarios del narcotraficante…p. 179
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 871 cita
[33]Sanabria había sido amenazado tanto físicamente como por vía 208 Ibíd., 102. 209 Ibíd. 210 Entrevista 150-PR-00657. Académico de la Universidad de la Amazonía que fue testigo de ese momento en Caquetá. 88 fiflćflThffan nexosfl. nThnflon telefónica, por agentes del Grupo de Acción Unificada por la Libertad Personal…p. 87
27La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2971 cita
[36]Eduardo Ramírez, 95 Hacia 1987 el paramilitarismo del Magdalena Medio comenzó a perturbar re- giones de Córdoba y Urabá. La expansión del grupo paramilitar comandado por Gonzalo y Henry Pérez a territorios que transcendían al Magdalena Medio tuvo cierta semejanza con el proceso de enquistamiento que años atrás…p. 297
281989María Elvira Samper · 2019 · p. 19, 522 citas
[37]de un hecho inicuo que tiene que conmover a toda la sociedad colombiana y llamar a la solidaridad en momentos de crisis”. El ministro de Gobierno, Raúl Orejuela Bueno, sostiene que se trata de un “complot contra la democracia y el proceso de paz del Gobierno”, y el PC protesta por lo que considera la pasividad del…p. 52
[56]fuerza legítima del Estado a los que no acepten dejar las armas y persistan en la guerra. “Mano tendida y pulso firme”, es el lema que identifica la política de paz. El Gobierno redefine la estrategia, corrige los errores e institucionaliza el proceso. No más comisiones de ciudadanos de buena voluntad como en el…p. 19
29Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2611 cita
[38]permiso para la ejecución discreta de alla- namientos, confiscaciones y capturas en todo el país, se desencadenó una guerra sucia que alcanzó su clímax en el gobierno Barco. En principio, fue- ron asesinados más de mil líderes y miembros de la Unión Patriótica (UP), grupo político creado como resultado de los acuerdos…p. 261
30Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2151 cita
[39]de los más ilustrativos al respecto. Un líder de este partido le dijo a la Comisión: «Allí se produjeron matanzas horribles. Allí fue asesinado el alcalde de Tibú, Tirso Vél ez […], el candidato más opcionado a la Gobernación de Santander […]. En la ciudad de Barrancabermeja, fue asesinado Leonardo Posada Pedraza,…p. 215
31No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 211, 2142 citas
[40]jeep del Ejército sin esconderse, ya no 630 Entrevista 001-VI-00007. Mujer, Líder de la Unión Patriótica, víctima. 631 Centro Nacional de Memoria Histórica, «Todo pasó». 632 Centro Nacional de Memoria Histórica, 58. la búsqueda de la democracia y la guerra sucia (1978-1990) 215 se escondían, y desde allí los vecinos…p. 214
[59]1990. Aguilera Peña y Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Colombia), El orden desarmado, 385. 621 Los principales dirigentes de la ATCC fueron asesinados en 1990 en Cimitarra, Santander, junto a la periodista Silvia Duzán. Año 50 40 30 20 1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 Paros…p. 211
32Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 1081 cita
[42]as well as Arboletes and Necoclí in the north of Urabá. In the same year several mass graves were discovered on Castaño’s properties in Urabá, and a deserter from his organization reported that between January 1989 and April 1990 he had witnessed ninety-five executions. 106 A number of notorious examples indicate that…p. 108
33Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 1821 cita
[43]adulto y desplazado), N° 14 (Hombre, adulto y desplazado); Equipo Nizkor & Derechos Human Rights, Tomo I, Op. Cit. 238 Base de Datos de Información Electoral para el Alto Nordeste Antioqueño (1978−1998), CNMH. 180 Silenciar la democracia. Las masacres de remedios y segovia 1982–1997 Línea de Tiempo N°. 7 Preferencias…p. 182
34Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 122, 1322 citas
[46]político en la Unión Patriótica (Bogotá: ceja, 2001), 24, 89. 53 Harnecker, Entrevista, 12. 134 Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013 como los del secuestro, la extorsión y el boleteo, practicados por las farc, insinuando que estos se convertían en el pretexto para que la “derecha organizada…p. 132
[47]reciente colonización, convertidas en zonas de retaguardia de los Frentes guerrilleros, Jaramillo señalaba que los parámetros de interacción con la población civil de las zonas de co- lonización no podían convertirse en el modelo para acercarse a los miembros de las clases populares de cualquier ciudad del país, mejor…p. 122
35Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 18, 4212 citas
[50]sin detenerse, dirigidos en específico contra sus militantes debido a su identidad política. Fue genera- lizada porque se presentó en gran magnitud en todo el territorio nacional, con énfasis donde la dinámica de participación política de la UP fue más exitosa y en un extenso periodo de tiempo com- prendido entre 1984…p. 18
[51]acudien- do a informes, decisiones judiciales de índole nacional e interna- cional, conceptos, peritajes y testimonios. Estas fuentes destacaron la sistematicidad y generalidad como aquellos hilos que permitie- ron establecer relaciones entre el conjunto de victimizaciones con- tra los miembros de la UP a través del…p. 421
36Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7051 cita
[52]armado 2414. Además de las violencias letales, los integrantes de la UP y las personas relacio- nadas con ella sufrieron otros tipos de violaciones de derechos humanos que, si bien 2413 JEP-CEV-HRDAG, «Proyecto conjunto de integración de datos y estimaciones estadísticas sobre violaciones ocurridas en el marco del…p. 705
3725 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 271 cita
[53]pareciera oposición. Ello significó la práctica desaparición de la izquierda no ar- mada y de uno de los pocos logros tangibles de los acuerdos de paz 32. Así. para junio de 1987 se hizo explícito el fin de la tregua con las Farc, que de tiempo atrás no funcionaba en la práctica. Ante el recrudecimiento de la ·•guerra…p. 27
38El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 16, 1254 citas
[57]la violencia y sus actores. Según los estimativos del gobierno de Virgilio Barco Vargas, solo el 20 por ciento de los crímenes llegaban al co- nocimiento de las autoridades, y de estos solo el 4 por ciento obtenía una sentencia (Tirado, 1989, páginas 66 - 67). Se trata- ba, además, de un sistema asediado él mismo por…p. 16
[58]la violencia y sus actores. Según los estimativos del gobierno de Virgilio Barco Vargas, solo el 20 por ciento de los crímenes llegaban al co- nocimiento de las autoridades, y de estos solo el 4 por ciento obtenía una sentencia (Tirado, 1989, páginas 66 - 67). Se trata- ba, además, de un sistema asediado él mismo por…p. 16
[65]obtenían del Estado colom- biano. Todo ello en el plano de la lucha por la satisfacción del derecho a la justicia. Así, durante este periodo, el Sistema Interamericano de De- rechos Humanos pro fi rió varias decisiones (particularmente la Corte Interamericana de Derechos Humanos), en las que se re- conoció la…p. 125
[66]obtenían del Estado colom- biano. Todo ello en el plano de la lucha por la satisfacción del derecho a la justicia. Así, durante este periodo, el Sistema Interamericano de De- rechos Humanos pro fi rió varias decisiones (particularmente la Corte Interamericana de Derechos Humanos), en las que se re- conoció la…p. 125
39Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 104, 1292 citas
[60]político que actuaba en el espacio abierto, como era la up, y, por otra, un proceso de desdoblamiento de.os frentes guerrilleros tendiente a copar todo el territorio nacional. No debemos olvidar que en la VII Conferencia celebrada en 1982, las PARC habían tomado la decisión, en palabras de Jacobo Arenas, de…p. 104
[61]18 de septiembre c '.50 Carlos Ossa, “El gobierno Barco reveló la magnitud del conflicto y la dificultad de lograr la paz”, Biblioteca de la Pa £, vol. 2, 2009, p. 29. '.51 Idem., p. 27. 133 Cambiar el futuro de 1986. Esta reunión, a la cual asistieron por parte del Gobierno nacional Carlos Ossa, Gabriel Silva,…p. 129
40Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 882 citas
[62]COMBINACIÓN DE LAS FORMAS DE LUCHA Como se dijo antes, a comienzos de 1966 el congreso de los comunistas aprobó, bajo el pomposo marbete de tesis, una política de combinar todas las formas de lucha, y a renglón seguido procedió a enviar dos comisarios políticos, uno de la Juventud Comunista —Juco— y otro del partido,…p. 88
[63]COMBINACIÓN DE LAS FORMAS DE LUCHA Como se dijo antes, a comienzos de 1966 el congreso de los comunistas aprobó, bajo el pomposo marbete de tesis, una política de combinar todas las formas de lucha, y a renglón seguido procedió a enviar dos comisarios políticos, uno de la Juventud Comunista —Juco— y otro del partido,…p. 88
41Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 1721 cita
[64]ción propicia para exhortar a las personas a dar sus votos por las candidaturas más cercanas al proyecto político insurgente. Por esta razón, desde las primeras elecciones de alcaldes hasta el fin del exterminio sistemático de la UP (Unión Patriótica) en la se- gunda mitad de la década del noventa, las FARC realizaron…p. 172