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Idea transversal

Zona de despeje

Dispositivo político-territorial mediante el cual el Estado colombiano retira temporalmente su fuerza pública de un área definida para negociar con grupos armados ilegales que la disputan. Su expresión más extensa y recordada fue la concesión de cinco municipios del piedemonte amazónico a las FARC-EP entre 1998 y 2002, conocida como el proceso del Caguán.

3.788 palabras38 documentos57 fragmentos citados
Zona de despeje

Trayectoria de una idea

  1. 1982

    Ley de amnistía y primeros contactos con la guerrilla

  2. 1984

    Acuerdos de La Uribe: primer antecedente formal

  3. 1998

    Establecimiento de la zona de despeje del Caguán

  4. 1999

    Instalación de los diálogos y doble uso de la zona

  5. 2001

    Crisis en cadena y deterioro del proceso

  6. 2002

    Levantamiento de la zona de despeje

03

La lectura

La zona de despeje es, en la historia colombiana, el nombre de una paradoja: para negociar el fin del conflicto, el Estado comenzaba por retirarse; para hablar de soberanía, la suspendía. El concepto emergió en los años ochenta como gesto de apertura del gobierno Betancur hacia las FARC en La Uribe, pero alcanzó su forma más extensa y más costosa entre 1998 y 2002, cuando Pastrana concedió 34.487 kilómetros cuadrados del piedemonte amazónico a una guerrilla que los habitaba desde antes. Lo que el dispositivo reveló, con una claridad que ningún informe técnico habría logrado, fue la geografía real de la soberanía colombiana: allí donde el Estado había sido siempre nominal, la zona de despeje solo formalizó lo que ya ocurría. Las FARC-EP convirtieron ese reconocimiento en recurso: fuerte militar, legislatura paralela con su propia Ley 002, centro diplomático que recibía delegaciones internacionales y experimento de Estado dual con Asambleas de Poder Popular en el Guaviare. El fracaso del Caguán no cerró el debate sobre las zonas de despeje sino que lo reencuadró: dejó instalada, para las décadas siguientes, la pregunta de si es posible negociar con quien controla territorio sin que la negociación misma fortalezca ese control.

En el vocabulario político colombiano, una zona de despeje es un territorio del que el Estado retira temporalmente su fuerza pública para poder sentarse a negociar con un grupo armado ilegal que lo disputa. El nombre parece técnico —despejar, desalojar, evacuar— pero el gesto es de otra escala: por escrito, ante el país y ante el mundo, el gobierno reconoce que en cierto pedazo de su geografía no manda, o manda mal, y que la única forma de hablar con quien se lo disputa es admitir ese vacío. La expresión se acuñó en los años ochenta con la tregua de Belisario Betancur y las FARC en La Uribe, pero se volvió sustantivo propio, casi lugar común de la política nacional, entre 1998 y 2002, cuando Andrés Pastrana concedió a las FARC-EP cinco municipios contiguos del piedemonte amazónico —34.487 kilómetros cuadrados— para negociar la paz. El experimento fracasó, dejó un nombre imborrable —el Caguán— y marcó el modo en que Colombia iba a discutir, durante décadas, qué significa negociar con una guerrilla que controla territorio.

La palabra y lo que nombra

Un país donde el Estado ha llegado tarde o nunca a partes enteras de su mapa necesita, tarde o temprano, una palabra para nombrar lo que hace cuando decide hablar con quienes ocupan esos huecos. La zona de despeje es esa palabra. No describe un artefacto jurídico neutro sino una operación política de altísimo voltaje simbólico: la fuerza pública se repliega de un área definida, bajo condiciones pactadas, para que representantes del gobierno y comandantes guerrilleros puedan reunirse sin que el encuentro sea, de entrada, un combate. La figura supone una paradoja incómoda: para negociar el fin del conflicto, el Estado empieza por retirarse; para hablar de soberanía, la suspende.

Lo singular del caso colombiano es que la zona de despeje no funcionó nunca como mero perímetro logístico —un salón, un pueblo, un aeropuerto— sino como región extensa, con municipios enteros, alcaldes, colonos, veredas y economías locales dentro. La escala convierte el dispositivo en algo distinto: no es una tregua puntual sino un experimento de convivencia forzada entre dos poderes que se disputan lo mismo. Y por eso revela, mejor que casi cualquier otra figura, la geografía desigual de la soberanía en Colombia. Donde el Estado había sido siempre fuerte, la idea habría sido impensable; donde había sido siempre nominal, la zona de despeje solo formalizó lo que ya ocurría.

Los antecedentes: La Uribe y Casa Verde

El concepto no nace con Pastrana. Su prehistoria está en el gobierno de Belisario Betancur, que llegó al poder en 1982 con la convicción de que el conflicto armado no se resolvería solo por las armas. El 19 de noviembre de ese año se expidió la Ley 35, que otorgaba amnistía por delitos políticos a iniciativa del Ejecutivo, y desde finales de 1982 la Comisión de Paz presidida por Otto Morales Benítez inició contactos con varios grupos guerrilleros, entre ellos las FARC, el M-19 y el ADO.

El resultado más ambicioso llegó el 28 de marzo de 1984, cuando el gobierno y las FARC firmaron en La Uribe el Acuerdo de Cese al Fuego, Tregua y Paz, once puntos que incluían el cese de hostilidades, una Comisión de Verificación y el propósito, declarado por la guerrilla, de desmovilizar paulatinamente su estructura militar para transitar hacia un movimiento político legal. El campamento donde se firmó —Casa Verde, en la cordillera oriental, entre los municipios de La Uribe y Mesetas, en el Meta— se volvió, durante años, símbolo de esa apuesta: un lugar al que llegaban delegaciones oficiales, periodistas e intermediarios, y donde Jacobo Arenas, ideólogo del secretariado, recibía visitas como si fuera embajador de un poder reconocido.

El pacto no prosperó. Al inicio del gobierno de Virgilio Barco la tregua era formalmente vigente pero, en la práctica, desconocida por ambas partes. La Unión Patriótica —el brazo político de la apuesta— fue exterminada en las regiones. Y, sin embargo, algo quedó instalado: la idea de que existían campamentos guerrilleros que el Estado, para negociar, prefería no tocar. Cuando Carlos Pizarro, comandante del M-19, se instaló en La Uribe en el campamento central de las FARC durante el gobierno Barco, quedó a la vista lo que la figura tenía de ambiguo: la zona de tolerancia servía para hablar de paz y, al mismo tiempo, para articular fuerzas guerrilleras. Ese doble filo, larvado en los años ochenta, se volvería explícito quince años después en el Caguán.

Los cinco municipios: geografía de una decisión

En su campaña presidencial de 1998, Andrés Pastrana Arango prometió una salida negociada al conflicto con las FARC-EP y, para hacerla creíble, ofreció condiciones inéditas. Tras contactos previos, el gobierno accedió a retirar la fuerza pública de cinco municipios contiguos: San Vicente del Caguán, en el departamento del Caquetá, y Mesetas, Uribe, La Macarena y Vista Hermosa, en el Meta. La superficie total era de 34.487 kilómetros cuadrados —un territorio del tamaño de países pequeños—. La zona quedó formalmente establecida en octubre de 1998 y sería levantada el 21 de febrero de 2002.

La elección de esos cinco municipios no fue casual, aunque tampoco fue del todo estatal: fue, ante todo, una petición de las FARC. Se trataba, no por accidente, del hábitat histórico de la guerrilla fariana, la zona donde las columnas móviles se movían con soltura, donde estaban Casa Verde y buena parte de la memoria del secretariado. San Vicente del Caguán, creado en 1950, es el más antiguo y extenso de los cinco: 17.874 kilómetros cuadrados. El territorio combina piedemonte amazónico y llanura, ríos que descienden hacia el Caguán y el Guayabero, sabanas y selvas de reserva. Sobre él pesaban ya dos restricciones legales de uso y tenencia: la Ley 2ª de 1959, que lo incluía dentro de reservas forestales, y la creación en 1977 del Parque Nacional Los Picachos. Normas que ni la guerrilla respetó ni los colonos, en su mayoría, conocían.

La región era, en sentido estricto, una frontera externa dentro del país: piedemonte amazónico, territorialidad estatal en construcción, marginalidad literal. Al conceder allí la zona de despeje, el gobierno no cedía un territorio consolidado sino que reconocía formalmente un vacío. Al menos un alto mando militar solicitó reunirse con Pastrana antes de la decisión y elevó reparos sobre la escogencia de los cinco municipios. La reunión no cambió el rumbo.

El pulso inaugural: la silla vacía

El proceso arrancó torcido. El 7 de noviembre de 1998 vencía el plazo para el despeje total, pero la instalación de los diálogos quedó atrapada en pulsos de última hora. El principal fue el forcejeo por el Batallón Cazadores, acantonado en San Vicente del Caguán: entre 130 y 200 soldados que las FARC exigían retirar y que el gobierno anunció, el 13 de noviembre, que no movería. Las FARC-EP rechazaron la postura y exigieron el cumplimiento íntegro del despeje. El pulso, sumado a otras tensiones procedimentales y a acciones violentas de la guerrilla, retrasó cerca de dos meses el inicio efectivo de los diálogos.

Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo, había enviado el 21 de septiembre de 1998 una carta al presidente electo. El alto comisionado Víctor G. Ricardo respondió subrayando que "las partes hemos acordado no imponer condicionamiento alguno para llegar a la mesa de diálogo". La afirmación, en el papel, no sobrevivió al primer roce con la realidad. Diversos sectores empezaron a reclamar la publicación de una reglamentación pública de la zona; no había, en rigor, un documento accesible que fijara sus términos.

La inauguración formal, en San Vicente del Caguán, fue el escenario del gesto que quedaría fijado en la memoria colectiva: la silla vacía. Marulanda no llegó. Pastrana y su comitiva esperaron. Entre las razones alegadas por el jefe guerrillero para no asistir figuraron la voluntad de no dar la impresión de un acuerdo inminente y supuestas amenazas de seguridad cuya veracidad fue puesta en duda. Ninguna explicación bastó: la fotografía del presidente sentado junto al asiento desocupado del comandante ausente se volvió, sin proponérselo, la imagen fundacional del proceso y, quizás, su síntesis anticipada.

La zona como fuerte, como legislatura, como embajada

Lo que ocurrió en los tres años siguientes fue menos una negociación que una convivencia armada bajo cobertura diplomática. Las FARC-EP no se limitaron a habitar el vacío que el Estado había admitido: lo ensancharon, lo poblaron de dispositivos, lo convirtieron en experimento de soberanía alternativa. La zona de despeje, pensada para acercar posiciones en una mesa, fue transformada por la guerrilla en fuerte militar, en legislatura paralela y en centro diplomático.

Fuerte militar: en los cinco municipios recibían entrenamiento nuevos reclutas y se brindaba atención médica a heridos provenientes de otros frentes. Se mantenían secuestrados, se realizaban extorsiones, se expropiaban bienes rurales y se ampliaron los cultivos de coca, cuya regulación quedó a cargo de la propia guerrilla. Las fronteras del despeje se corrieron, además, hacia municipios vecinos mediante lo que en la región se llamó despejes paralelos: en Lejanías, El Castillo, Puerto Lleras y Puerto Rico, en el Meta, y en Cartagena del Chairá y Puerto Rico, en el Caquetá, la presencia militar estatal se redujo de facto, extendiendo el perímetro efectivo del control fariano más allá del área formalmente concedida.

Legislatura paralela: dentro de la zona, y proyectándose hacia otras regiones, las FARC expidieron normas que buscaban simular funciones estatales. La más conspicua fue la Ley 002 de 2000, que estableció un impuesto obligatorio a personas con patrimonios altos en sus áreas de influencia. La lógica no era solo recaudatoria: se trataba de acumular elementos para dualizar el poder, para evidenciar ante propios y ajenos la gestación de un nuevo Estado, de una república bolivariana que las FARC dejaban entrever en sus documentos como plan alternativo. En Guaviare, en los municipios de El Retorno, Calamar y Miraflores, se experimentó con Asambleas de Poder Popular en barrios, veredas, localidades y municipios, un piloto de Estado dual que buscaba dotar de organicidad ese poder emergente.

Centro diplomático: al Caguán llegaban visitas internacionales. Delegaciones europeas, ONG, personalidades. La escenografía era deliberada: los comandantes recibían en Los Pozos y en Villa Nueva Colombia como quien recibe en una capital, y esa imagen de interlocución de igual a igual iba acumulando, en el largo plazo, un capital político concreto. Ese trabajo dio frutos años después del fracaso: en 2008, el presidente venezolano Hugo Chávez solicitó a su Asamblea Nacional el reconocimiento de beligerancia para las FARC. Fue la culminación, tardía y frustrada, de un esfuerzo que había comenzado en las carpas del Caguán.

Vida cotidiana bajo dos órdenes

Bajo la superficie diplomática, la vida de los pobladores transcurría entre dos poderes fragmentarios. El Estado colombiano mantenía funciones civiles —alcaldes elegidos, jueces, registradurías— pero sin la fuerza pública que respaldara su autoridad. La guerrilla, por su parte, había desplegado un aparato regulatorio propio. Ninguno tenía hegemonía plena; los habitantes vivían el cruce.

Las FARC regulaban horarios de tránsito, definían áreas restringidas, imponían trabajos comunitarios, cobraban tributos y fijaban normas de conducta con multas para quienes las violaran. Los finqueros portaban un pasaporte refrendado cada tres meses por la guerrilla. Los comerciantes pagaban peajes por el ingreso de productos: mil pesos por caja de cerveza era una tarifa registrada. Los alcaldes debían someterse a condicionamientos de la guerrilla; el de La Macarena tuvo que salir del cargo, y la fiscal local de San Vicente del Caguán fue amenazada y desplazada. Los funcionarios judiciales pedían permiso a la guerrilla para desplazarse por zonas rurales.

El orden era, sin duda, el de la guerra —coercitivo, con sanciones, con obediencia forzada—, pero también producía efectos que la propia población, en ciertos casos, reconoció como útiles: reducción de la delincuencia común, resolución expedita de disputas locales, cierta previsibilidad. Hubo comunidades que llegaron a solicitar la presencia guerrillera. En La Macarena, la presencia simultánea de retenes guerrilleros y militares en distintos puntos, junto con la adopción de normas guerrilleras por parte de algunas juntas comunitarias, muestra hasta qué punto la vida cotidiana se plegó a la convivencia con el conflicto: el orden armado se incorporó a las prácticas locales, no como intrusión externa sino como parte del tejido normativo del territorio.

Crisis en cadena

El proceso avanzó sin acuerdos sustantivos sobre los puntos de la agenda mientras, fuera del despeje, la guerra se intensificaba. La secuencia de crisis fue casi anual y, vista en conjunto, cuenta la historia del deterioro.

En noviembre de 2000, las Autodefensas Unidas de Colombia de Carlos Castaño secuestraron a siete congresistas. Las FARC congelaron el proceso alegando falta de claridad del gobierno frente al paramilitarismo. En diciembre de ese año se produjeron nuevos secuestros —el de Juliana Villegas entre ellos— que profundizaron los impasses de la Mesa de Diálogo y Negociaciones. El 29 de septiembre de 2001, Consuelo Araújo Noguera, exministra de Cultura y figura muy querida en la costa Caribe, fue secuestrada y asesinada por las FARC en la región Caribe. La conmoción fue nacional. Como intento de contención, el 5 de octubre se firmó el acuerdo de cese al fuego de San Francisco de la Sombra. Dos días después, el 7 de octubre, Pastrana amplió el despeje pero fijó como fecha límite el 20 de enero de 2002 y anunció medidas de control: fortalecimiento de anillos de seguridad, retenes en carreteras, ríos y transporte aéreo.

El final llegó en febrero. El gobierno declaró terminadas las negociaciones y concedió a las FARC un plazo de 48 horas, contadas desde el 14 de enero de 2002, para abandonar la zona. La guerrilla respondió que no abandonaría el área rural porque en ella "siempre habían estado" —una frase que, más allá de la coyuntura, condensaba el problema entero: el Estado había concedido lo que no controlaba, y ahora reclamaba lo que la guerrilla ya consideraba propio—. El 21 de febrero, el despeje quedó formalmente levantado. Tres meses después, en las elecciones presidenciales, Álvaro Uribe Vélez ganó en primera vuelta con amplia mayoría, montado sobre una plataforma explícita de derrota militar de la guerrilla. La zona de despeje, sin quererlo, había pavimentado el camino de su antítesis.

El Plan Colombia y la otra negociación

Mientras en el Caguán transcurrían los diálogos, en Washington se cocinaba el desenlace militar. El Plan Colombia fue aprobado por el Congreso de Estados Unidos en septiembre de 2000, con una asignación inicial de 4.400 millones de dólares a ejecutar en cinco años. En su versión ampliada, la inversión total alcanzó los 7.500 millones de dólares durante seis años: 4.000 millones aportados por el Estado colombiano y 3.500 millones básicamente por Washington. Colombia se convirtió en el tercer receptor mundial de ayuda militar estadounidense.

El general Barry McCaffrey, director de política antidrogas de la Casa Blanca, calificó la creación de la zona del despeje como "un error ingenuo por parte del gobierno" colombiano. La declaración, de finales de 2000, marcó el tono con que la administración estadounidense se relacionó con el proceso: cooperación diplomática cortés, pero apuesta operativa por reforzar las Fuerzas Militares. Pastrana y el Plan Colombia compartían, en el fondo, un entendimiento común: la paz requería, indisociablemente, desarrollar la capacidad militar del Estado, con un salto más cualitativo que cuantitativo. El proceso del Caguán y el Plan Colombia no fueron, pese a las apariencias, dos apuestas contradictorias del mismo gobierno, sino las dos caras de una misma estrategia.

La reestructuración organizacional y la reorientación estratégica de las Fuerzas Militares habían comenzado desde finales de 1996, antes incluso del Plan Colombia, y empezaron a traducirse en éxitos militares desde 1999. El Plan aceleró el proceso: consolidó el predominio aéreo, dio movilidad e impidió a las FARC concentrar grandes ejércitos como había hecho en la segunda mitad de los noventa. En paralelo, contribuyó a reducir los cultivos de coca a partir de su máximo histórico alrededor del año 2000. A principios de 2002, Pastrana abandonó las iniciativas de paz y adoptó una postura de línea dura que incluyó el bombardeo de la zona desmilitarizada controlada por las FARC. El giro fue completo: donde había habido carpas y periodistas, hubo aviones.

El caso paralelo: el sur de Bolívar y el "No al Despeje"

La historia del despeje no se agota en el Caguán. En marzo de 1999, el Ejército de Liberación Nacional pidió al gobierno Pastrana su propia zona de despeje en el sur de Bolívar. La solicitud desencadenó una reacción en cadena de los alcaldes de la región, articulados en un movimiento llamado No al Despeje, que en pocos meses se convirtió en obstáculo político mayúsculo para la negociación con el ELN.

Años después, en declaraciones a la Fiscalía publicadas por El Espectador el 12 de abril de 2009, Ernesto Báez, vocero del Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia, reconoció haber actuado "a la sombra" del Movimiento No al Despeje. La revelación reordenó la lectura del episodio: la oposición civil a la zona de despeje del ELN no había sido solamente ciudadana; había sido, en parte, operada por estructuras paramilitares que veían en la figura una amenaza directa a su control territorial.

Pese a las dificultades, las negociaciones con el ELN produjeron avances. En diciembre, en La Habana, se firmaron acuerdos sobre reglamentación, criterios y delimitación de un área de aproximadamente 2.000 kilómetros cuadrados que comprendería los municipios de Cantagallo y San Pablo. El documento final, de 84 puntos, contempló participación de la población, derechos humanos, cultivos ilícitos y un reglamento de verificación a cargo de un grupo de países verificadores. La figura recibió el nombre de Zona de Encuentro, no de zona de despeje ni de distensión —matiz que buscaba distinguirla de la experiencia del Caguán y desactivar sus resonancias negativas—. Mientras negociaba, sin embargo, el ELN intensificó acciones violentas, entre ellas el secuestro masivo de feligreses en la iglesia La María de Cali, en mayo de 1999. La combinación de sabotaje paramilitar y acciones guerrilleras terminó impidiendo que la Zona de Encuentro se materializara.

El caso del sur de Bolívar deja una lección incómoda. La zona de despeje no solo revelaba las fronteras internas del Estado colombiano frente a las guerrillas; también revelaba las del paramilitarismo, que la percibía como amenaza directa a su propio proyecto de control territorial. La figura, en ese sentido, era un indicador de la pluralidad de soberanías en pugna, no solo de la debilidad estatal frente a la insurgencia.

Un dispositivo, dos lecturas

Explicar el fracaso del Caguán ha ocupado tantas páginas como el proceso mismo. Dos lecturas se sostienen en tensión.

La primera atribuye el fracaso a un déficit de diseño institucional. No hubo reglamentación pública clara. El forcejeo por el Batallón Cazadores mostró desde el primer día que no existían acuerdos operativos elementales. No se establecieron mecanismos efectivos de verificación. El gobierno concedió el despeje sin asegurar contrapesos ni sanciones creíbles al incumplimiento. En esta lectura, el fracaso del Caguán fue menos consecuencia de la geografía o de la mala fe guerrillera que de la incapacidad del Estado colombiano para negociar con reglas claras en territorios que no controlaba.

La segunda lectura, más estructural, subraya que la zona de despeje operó como espejo y como palanca al mismo tiempo. Espejo, porque reflejó una fractura preexistente: el Estado colombiano nunca había sido hegemónico en ese piedemonte amazónico, y la zona no hizo sino formalizar lo que ya ocurría. Palanca, porque las FARC aprovecharon el reconocimiento formal de la fractura para ensancharla activamente: los despejes paralelos, la Ley 002, los pasaportes guerrilleros, las Asambleas de Poder Popular, el centro diplomático internacional. El gesto de admitir la fractura contribuyó a profundizarla y extenderla.

Las dos lecturas no se excluyen. Un mejor diseño institucional habría contenido, quizá, la expansión de la soberanía paralela; pero ninguna reglamentación, por sofisticada que fuera, podía cambiar la asimetría de fondo. La zona de despeje era, por definición, una figura para territorios donde el Estado no mandaba. Ese era su punto de partida y también su límite.

Ecos: de La Habana a la memoria

Cuando el gobierno de Juan Manuel Santos inició, a principios de 2012, la fase exploratoria de nuevas negociaciones con las FARC-EP, la sombra del Caguán pesaba sobre cada decisión. El 26 de agosto de ese año se dio a conocer el Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. El 15 de octubre se anunció el inicio formal de las negociaciones en Noruega, antes de trasladarse a La Habana como escenario definitivo. La elección del extranjero como sede no fue anecdótica: era la respuesta explícita a la lección del Caguán. No habría zona de despeje. No habría concesión territorial. Las FARC llegarían a la mesa como interlocutor armado, pero no negociarían desde un territorio propio reconocido por el Estado.

El acuerdo final se firmó en el Teatro Colón de Bogotá en noviembre de 2016. Por primera vez, las FARC aceptaron negociaciones con el objetivo expreso de "poner fin al conflicto como condición esencial para la construcción de la paz", renunciando a la exigencia de que ciertas condiciones estructurales cambiaran antes de cualquier acuerdo. Ese cambio de premisa —negociar el fin del conflicto antes que las transformaciones sociales que la guerrilla exigía— era también, en el fondo, la superación conceptual del Caguán: allí las FARC habían pretendido usar el proceso como plataforma para acumular poder; en La Habana aceptaron negociar la salida.

Y sin embargo, aun firmados los acuerdos, una parte significativa de la sociedad colombiana no se dejó convencer de que la negociación fuera deseable. El rechazo, expresado con nitidez en el plebiscito de octubre de 2016, mostraba que la paz deseada por muchos colombianos era la de vencedores y vencidos, no la negociada. En ese rechazo pesaba, entre otras cosas, la memoria del Caguán: la imagen de la silla vacía, el recuerdo de los secuestros durante los diálogos, la convicción de que negociar con las FARC era, por definición, ser engañado. El fantasma del despeje, quince años después, seguía operando como advertencia.

La zona de despeje del Caguán fue, en última instancia, un experimento fallido cuya principal enseñanza no está en su técnica sino en lo que reveló sobre el país que lo intentó. Colombia descubrió, con ese ensayo, que la soberanía estatal no es una superficie continua sino un tejido de intensidades muy desiguales, y que negociar con quien disputa el territorio obliga a poner esa desigualdad por escrito. Descubrió, también, que reconocer un vacío no es lo mismo que llenarlo, y que las palabras jurídicas —despeje, distensión, encuentro— tienen consecuencias materiales cuando se aplican sobre pedazos concretos de mapa. En los 34.487 kilómetros cuadrados del Caguán, entre 1998 y 2002, se libró menos una negociación que una radiografía del Estado colombiano. Que la radiografía no gustara al paciente no la hizo menos exacta.

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En el archivo

58 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Crisis y narcotráfico1974–19906
  1. 1982El proceso de paz del gobierno Betancur (1982–1986)Hecho
  2. 1982Las FARC y la economía cocalera, 1982-2016Pregunta
  3. 1982Paz negociadaFicha
  4. 1984Casa VerdeFicha
  5. 1984La UribeFicha
  6. 1984TreguaFicha
02Constitución de 19911991–200218
  1. 1989La Constitución de 1991 y su décadaÉpoca
  2. 1991Augusto Ramírez OcampoFicha
  3. 1993Pedagogías paramilitares de adoctrinamiento y giro bolivariano de las FARC (1993–2002)Hecho
  4. 1994Nicolás Rodríguez BautistaFicha
  5. 1995Jorge Briceño (Mono Jojoy)Ficha
  6. 1996Asimetría mediática: hipervisibilidad de las FARC e invisibilización paramilitar (1996–2002)Hecho
  7. 1996Las marchas cocaleras y la frontera agraria (1996–2000)Hecho
  8. 1996Soberanía limitadaFicha
  9. 1997Harold Bedoya PizarroFicha
  10. 1998Andrés Pastrana ArangoFicha
  11. 1998Crisis económica de fin de siglo (1998–1999)Hecho
  12. 1998Diálogos del Caguán y zona de despeje (1998–2002)Hecho
  13. 1998El Plan Colombia (1999–2002)Hecho
  14. 1999Asesinato de Jaime GarzónHecho
  15. 1999Jaime GarzónFicha
  16. 2000El Caguán (1998-2002)Pregunta
  17. 2002Íngrid Betancourt PulecioFicha
  18. 2002Ruptura del Caguán, masacre de Bojayá y elección de Uribe (2002)Hecho
03Seguridad Democrática2002–201614
  1. 2000Plan ColombiaFicha
  2. 2000Plan Colombia (1999)Pregunta
  3. 2001George W. BushFicha
  4. 2002Control territorialFicha
  5. 2002Política de Seguridad DemocráticaHecho
  6. 2002Seguridad Democrática (2002–2016)Época
  7. 2003Santa Fe de RalitoFicha
  8. 2005Luis Carlos RestrepoFicha
  9. 2006Hugo ChávezFicha
  10. 2006Seguridad DemocráticaFicha
  11. 2008El pacifismo colombiano entre el Mandato de 1997 y el plebiscito de 2016Pregunta
  12. 2008Raúl ReyesFicha
  13. 2011Alfonso CanoFicha
  14. 2012Diálogos de La Habana (2012–2016)Hecho
04Posconflicto2016–presente4
  1. 2012Acuerdo Final de La Habana y Plebiscito por la Paz (2016)Hecho
  2. 2016Acuerdo de pazFicha
  3. 2016ReincorporaciónFicha
  4. 2019Iván MordiscoFicha
05Transversal15
  1. 1550La HabanaFicha
  2. 1821AmnistíaFicha
  3. 1953DesmovilizaciónFicha
  4. 1959Fidel CastroFicha
  5. 1959MetaFicha
  6. 1960FlorenciaFicha
  7. 1965El PatoFicha
  8. 1966Manuel Marulanda VélezFicha
  9. 1975El CaguánFicha
  10. 1984La MacarenaFicha
  11. 2000Piedad CórdobaFicha
  12. 2000San Vicente del CaguánFicha
  13. 2016Iván MárquezFicha
  14. 2016PosconflictoFicha
  15. 2016Rodrigo LondoñoFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Andrés Pastrana: presidente que concedió la zona de despeje de 1998-2002 y condujo el proceso del Caguán
  2. 02Manuel Marulanda Vélez: comandante de las FARC-EP cuya ausencia en la inauguración —la 'silla vacía'— simbolizó las fracturas del proceso
  3. 03FARC-EP: organización guerrillera que habitó, amplió y transformó la zona de despeje en fuerte militar, legislatura paralela y centro diplomático
  4. 04San Vicente del Caguán: municipio más extenso y antiguo de los cinco, epicentro simbólico y logístico del proceso del Caguán
  5. 05Belisario Betancur: presidente que sentó el antecedente conceptual con los Acuerdos de La Uribe de 1984 y la Ley de amnistía de 1982
  6. 06Soberanía territorial: concepto que la zona de despeje suspendía formalmente, revelando la geografía desigual del poder estatal en Colombia
06

Documentos y fragmentos citados

38 documentos · 57 fragmentos

01Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 511 cita
[1]

de salud. 53 1MKYIPäRKIP(¿E^]*EYWXMRS0ºTI^)PTEVEQMPMXEVMWQSIREGGMºR Un segundo paso sería dado el 19 de noviembre de 1982, con la expedición de la Ley No. 35 de 1982, que otorgaba una amnistía por delitos políticos 82 y fue aprobada por el Congreso a iniciati- va del Poder Ejecutivo. Con ello, como lo señaló Alfredo…

p. 51
02Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1991 cita
[2]

a fi anzamiento del sistema capitalista y el neoliberalismo, caracterizado por la reducción del Estado, liberación de importaciones y apertura fi nanciera y de capital En 1984, en el municipio de la Uribe, el campamento de Casa Verde de las Farc, fue el escenario donde se adelantaron las Categoría de análisis…

p. 199
03Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 1, 44 citas
[3]

la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…

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la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…

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[5]

48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…

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48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…

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049 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 561 cita
[7]

mantuvo un cese al fuego, no anunciado pero evidente, una actitud de no agresión contra la fuerza pública y se abstuvo de realizar actos contra la población civil. Pero, por el otro, se pronunciaba conjuntamente con las Farc respecto a diversos hechos de interés, como por ejemplo, el paro de octubre de 1988. Además, y…

p. 56
05Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 120, 129, 154, 1624 citas
[8]

inep, (1990); Medina Gallego & Téllez Ardila, (1994); Medina Gallego, (1990, pp. 127-231). 128 GUERRA A LAS DROGAS, ESCALAMIENTO Y GUERRA SUCIA La zona de despeje del Caguán, ¿una radiografía territorial de las FARC? La imagen fabricada y autofabricada de unas farc poderosas militarmente, entreverada con los vaivenes…

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[11]

construcción, inestable, al menos desde un punto de vista estatal moderno, como se sugirió en la sección geográfica del capítulo 1; es una zona colombiana literalmente marginal, como se aprecia, por ejem- T ABLA III.1 La zona de despeje para el diálogo con las FARC Municipios Año de creación Superficie en km 2…

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[18]

canje y otros ya estaban libres.26 Las f a r c estaban haciendo política; pretendieron convertir el canje de presos en un mecanismo legal permanente. Pensaron, quizás, que así se 23 Sobre la reforma mili lar ver, Spencer, (2007). 24 Sobre el despeje, las dudas que plantea a la población, las soluciones ad faje, cierto…

p. 154
[19]

http://elpais.com/diario/1998/11/11/internacional/910738810_850215.html; El Tiempo. (11 de noviembre de 1998). “Entrevista con Peter Romero, asesor de Clinton para América Latina”, p. 13, y sobre los 130 soldados del Batallón Cazadores en San Vicente del Caguán El Tiempo. (13 de noviembre de 1998). “No serán retirados…

p. 162
06Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 701 cita
[9]

La zona que fue establecida en octubre de 1988 y levantada el 21 de febrero de 2002, comprendía una superficie de 42.000 kilómetros cuadrados de los muni- cipios de La Uribe, Mesetas, La Macarena y Vista Hermosa en el departamento del Meta, y San Vicente del Caguán en Caquetá. 48 Con mayor presencia en Tibú,…

p. 70
07San Carlos: Memorias del éxodo en la guerraMartha Nubia Bello Albarracín, Marta Inés Villa · 2011 · p. 721 cita
[10]

repertorio de acción vio- lenta, la guerrilla introdujo las masacres a partir del año 2001 y au- mentó la recurrencia periódica de esta práctica de violencia de ma- nera continua desde 2001 hasta 2004 (seis masacres). En este lapso, la guerrilla asesinó 79 civiles entre masacres y asesinatos selectivos y perpetró 50…

p. 72
08At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2301 cita
[12]

close this chapter with an analysis of the FARC ’ s counter-hegemonic social compact vis-à- vis cocalero farmers and workers as well as the social contradictions of the coca labor regime in the Caguán. Agrarian Development and the Rise of Fedegán ’ s Despotic Cattle Regime in the Caguán, 1963 – 1978 The Caguán region…

p. 230
09A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 832 citas
[13]

tracción de maderas finas. Los aserradores exploran las selvas, abren picas, rozan pequeños abiertos donde siembran pasto para alimentar sus bestias; en una palabra, hacen el mapa de la zona. A partir de mediados de los años 80 entraron numerosos compradores de madera que financiaron a colo nos la tumba y saca de…

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[14]

tracción de maderas finas. Los aserradores exploran las selvas, abren picas, rozan pequeños abiertos donde siembran pasto para alimentar sus bestias; en una palabra, hacen el mapa de la zona. A partir de mediados de los años 80 entraron numerosos compradores de madera que financiaron a colo nos la tumba y saca de…

p. 83
10Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 151, 1542 citas
[15]

región; la conciliación con tal postura del presidente Pastrana, que lo llevó a insistir en la permanencia de las tropas en el Batallón Cazadores; la exigencia de las FARC-EP sobre el cumplimiento efectivo del compromiso de desmilitarizar la zona; el debate público ante contradictores del despeje; los reclamos de…

p. 151
[39]

sobrevinieron tensiones tras las denuncias de abusos cometidos por las FARC-EP contra la población en la Zona de Distensión. Se agregaron hechos de presión de esta guerrilla contra autoridades civiles de la zona; de tal forma fueron afectadas la Alcaldía de La Macarena 273 Carta abierta de las FARC-EP al Presidente de…

p. 154
11La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 75, 2512 citas
[16]

G. Ricardo— con Marulanda, Jojoy y otros cabecillas de las Farc para concretar las bases de lo que sería un nuevo proceso de paz con esta guerrilla, el más ambicioso desde el que intentó Belisario Betancur en los años ochenta. Era la primera vez que un presidente, así fuera apenas un presidente electo, se reunía cara…

p. 75
[54]

construcción de confianza frente al país, pues las palabras de paz sin hechos de paz que las acompañen, no sirven de nada. Por eso los colombianos —y el Gobierno en particular— recibimos como una buena noticia el comunicado que produjo, “desde las montañas de Colombia”, el secretariado de las Farc el 26 de febrero,…

p. 251
12Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2521 cita
[17]

soldados retenidos en Las Delicias. Masacre de 30 campesinos en Mapiri- pán, a manos de los parami- litares, y de 14 campesinos de Mutatá, por las FARC. 1998 Asesinado Fernando Landázabal, ex ministro de Defensa. Muerte del cura Manuel Pérez Martínez, del ELN. Andrés Pastrana, elegi- do. presidente. «Despeje» de los…

p. 252
13¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 114, 1182 citas
[20]

Fuerza Pública y el combate contra el narcotráfico, centrado en las fumigaciones. Contra el componente militar del Plan Colombia y su política de fumigaciones de los cultivos de uso ilícito, las FARC decidieron realizar el llamado paro armado en el departamento del Putumayo, en octubre del 2003, región en la que se…

p. 114
[52]

el secuestro masivo de feligreses en la iglesia Santa María en Cali en mayo de 1999; la oleada de atentados contra las torres de energía del país; y el secuestro de 70 personas en el kilómetro 18 en la vía Cali-Buenaventura en septiembre del 2000. A esta contradicción se sumaban las discordantes tendencias dentro de…

p. 118
14La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 120, 1242 citas
[21]

trata, habría que seña- lar que ha sido el gobierno el que no cumplió, ya que es- tos diálogos estaban previstos para iniciarse dos meses antes y, tanto el gobierno como las fuerzas militares, ten- dieron distintas trampas, incluido el forcejeo por dejar una fuerza de cerca de 200 hombres, armada hasta los dien- tes,…

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[26]

vienen haciendo repre- sentantes del gobierno norteamericano. Las con- versaciones primeras se producirían a fines de noviembre y deben presidirlas Pastrana y Marulan- da. ”• Consideran clave la presencia y el papel de Cuba para los fines de contrapesar las presiones de los restantes gobiernos coauspiciadores del…

p. 120
15Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 60, 692 citas
[22]

bandos tenía intención de paz. Ambos utilizan la zona de despeje para conocerse mejor, organizarse y preparar la guerra (EP 2, agosto de 2015). Esta situación de negociación, además, debía avanzar de acuerdo a dos cuestiones más. De un lado, el imperativo de combatir un paramilitarismo creciente que surgía como el…

p. 60
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la lucha guerrillera como Apiay, en el departamento de Meta, o Tolemaida, en el departamento de Cundinamarca; la base de Putumayo, donde se alojan los batallones de la Brigada XXVII; y la conformación de la Brigada Antinarcóticos del Ejército en el Fuerte Militar de Larandia, en el departamento de Caquetá. Dicho de…

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16Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 1101 cita
[23]

Hablé con los soldados, Cerrejón mandó un carro blindado para mí; llegamos a la Quinta de San Pedro, y un acto dramático con mi mamá, que la habían mandado a buscar a Ciénaga. Una persona quería darle la sorpresa a mi mamá, de que sus dos hijos que ocupaban cargos altos iban a estar ahí, y cuando mi mamá llegó no…

p. 110
17Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3311 cita
[24]

sobre todo militar, de miles de millones de dólares, que se conoció como el Plan Colombia, del año 2000. Los diálogos de paz del gobierno de Pastrana se llevaron a cabo en San Vicente del Caguán, en el departamento del Caquetá, uno de los municipios que hizo parte de la infame zona de despeje que el Gobierno les…

p. 331
18Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 285, 2892 citas
[25]

medios de comunicación levantaron expectativas como si con su presencia quedara sellada la paz en Colombia, lo cual no era verdad, y a lo que no podía prestarse”400, y añadió que además “había 396 (osé Gregorio Pérez, R a ú l Rérej. E l Canciller de la Montaña, Bogotá, Editorial Norma, 2008. 397 Cf., Víctor G.…

p. 289
[27]

definieron reglas de juego claras en la extensa región desmilitarizada, las f a r c utilizaron este inmenso territorio de alrededor de 42.000 kilómetros cuadrados — un territorio mayor a Holanda—, no solo para fortalecerse militarmente, sino para llevar a cabo toda suerte de acciones como mantener secuestrados,…

p. 285
19Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2771 cita
[28]

ó entre 1996 y 1998, y llev ó a que en la elecci ó n de este a ñ o el can didato conservador Andr é s Pastrana fuera elegido contra el liberal 2 74 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Horacio Serpa, en buena parte porque las farc respondieron bien a sus gestos en favor de una negociaci ó n. É sta recomenz ó en enero de 1999…

p. 277
20Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1611 cita
[29]

pidió excusas, pero insistió en que tenía derecho a definir las sanciones a los responsables, y que en este caso los indigenistas habían entrado a la “zona de distensión” controlada por las FARC sin pedirles permiso. Posteriormente, en 2008, lograron que el presidente Chávez le pidiera a la Asamblea de Venezuela que…

p. 161
21Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 248, 2522 citas
[30]

responsable del patrullaje de esa población. Además del poder armado, la guerrilla contaba con una emisora en la zona que funcionaba con cierta regularidad y que formaba 124 “Acuerdo sobre campamentos epl-Gobierno Nacional”, firmado por Bernardo Jaramillo y Jesús Antonio Bejarano, s.f. 125 “‘No se puede ceder más…

p. 248
[34]

zona. 134 El Gobierno declaró terminadas las negociaciones y concedió un plazo de 48 horas a partir del 14 de enero de 2002 para aban- donar la zona de despeje. Frente a ello, los guerrilleros argumenta- ban, con razón, que ellos entregarían los cascos urbanos, pero que no se irían del área rural porque en ella…

p. 252
22Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 30, 452 citas
[31]

Extremadura que no podía ser objeto de acciones militares del Estado y el resto del país como terreno de guerra. Todo ello sin haberse iniciado los diálogos ni definido la agenda de los mismos. El decir del sociólogo franco-colombiano Daniel Pécaut fue que el Gobierno «de entrada quemó todas sus naves». Cuando, el 6…

p. 30
[56]

del bloque más numeroso de las F A R C (septiembre de 2010) y el máximo comandante (noviembre del 2011). Las gestiones continuaron y a principios de 2012 se inició una fase exploratoria que se prolongaría durante seis meses hasta que, el 26 de agosto, se dio a conocer el documento conjunto Acuerdo general para la…

p. 45
23Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 2281 cita
[32]

People living in these areas, however, told me the regulations are highly community-based and have proved useful in protecting sectors of the environment and population. Schulte-Bockholt (2006: 201) agreed 212 REVOLUTIONARY SOCIAL CHANGE IN COLOMBIA the insurgency does “indeed police the territory they control,” yet…

p. 228
24Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 107, 2152 citas
[33]

importante tener en cuenta que ni la guerrilla tenía consolidada la región que fue despejada ni tampoco el orden estatal fue hegemónico. Durante los tres años que duraron los diálogos, los pobladores de la zona se vieron sometidos a vivir en medio de una regulación de las instituciones estatales precaria y del orden…

p. 215
[38]

posible en un contexto como este una negociación con las FARC-EP y el ELN? Andrés Pastrana lo intentó y claramente se jugó todo su capital político en El Caguán. Se rodeó de los partidos políticos, los empresarios, la Iglesia, Estados Unidos, la comunidad internacional; es decir, todos esos factores de poder que…

p. 107
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1551 cita
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saldo la muerte de 30 militares y 26 guerrilleros 612. El acuerdo para el cese al fuego de San Francisco de la Sombra, firmado el 5 de octubre de 2001, intentó superar las tensiones generadas tras el secuestro y asesi- nato de Consuelo Araujo, sucedido el 29 de septiembre en la región Caribe 613. El 7 de octubre, al…

p. 155
26Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 751, 7552 citas
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en retiro y monseñor Giraldo. Por tercera vez, el Gobierno reajustaba sus negociadores, mientras que las FARC-EP mantenían inamovibles a los suyos. Varios impasses sufrió la Mesa de Diálogo y Negociaciones en los últimos meses de 2000: el 8 de noviembre, Arnovio Ramos, un preso al que estaban trasladando de cárcel,…

p. 751
[53]

que la operación se hiciera efectiva, pese a la oposición del general Jaime Ernesto Canal, comandante de la Tercera Brigada, que siempre se atravesó en las gestiones. Pasados estos hechos, continuaron en la serranía de San Lucas las conversaciones sobre la Zona de Encuentro y sus posibles límites. El 13 de diciembre…

p. 755
27Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 211 cita
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lógica militar y política, los abusos de las FARC en la zona de despeje y la arremetida paramilitar, harían incierta la agenda de negociación, y bloquearían de manera persistente el desarrollo de las negociaciones. Este fracaso explica la llegada de Álvaro Uribe (2002-2010) al poder, etapa que González denomina como…

p. 21
28Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2681 cita
[40]

Ca- cica», forzó al presidente Pastrana a suspender el proceso y a ordenar la recuperación de la zona de despeje por parte del ejército en febrero de 2002, tres meses antes de la celebración de las eleccio- nes presidenciales. 12 veia” pi ro de 2003, ocasionó treinta y nueve muertos y cerca de ciento setenta heridos.…

p. 268
29Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 35, 1832 citas
[41]

paramilitary groups responsible for persecuting the Democratic Front and the Patriotic Union in Caquetá. 29 Tensions were increased by the contin- ued rapid expansion of kidnappings and the FARC’s manpower, from an estimated 16,000 in 1998 to a high point of almost 17,500 in 2000. 30 One of these kidnappings occurred…

p. 183
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billion in five years. This made Colombia the third most important U.S. military aid reci- pient in the world. 77 By early 2002 Pastrana had abandoned peace initia- tives; he adopted a hard-line approach to counterinsurgency and bombed the FARC demilitarized zone. 78 This trend carried over into the presidential…

p. 35
30Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 2141 cita
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llamada “zona de distensión”, un territorio de más de 42 mil kilómetros que el gobierno cedió al control de la guerrilla. El gobierno y las FARC se reunieron durante más de dos años sin obtener ningún resultado concreto, hasta que en febrero de 2002, pocos meses antes de culminar su gobierno, Pastrana declaró el fin…

p. 214
31Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 421 cita
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que aprovechó las negociaciones y la zona de distensión. La intensificación está también estrechamente relacionada con la reestructuración organizacio- nal, la reorientación estratégica, los cambios de doctrina y el uso de nuevas tecnologías por parte de las fuerzas estatales, todas estas iniciadas en la ad-…

p. 42
32Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5211 cita
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de la violencia. Trasegar por los caminos de La Macarena significa advertir la presencia del conflicto. De camino al municipio de La Macarena, por la carretera que comunica la región con San Vicente del Caguán, me he encontrado uno tras de otro retenes guerrilleros y retenes del Ejército. El Ejército inspecciona…

p. 521
33El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 881 cita
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Peñón, las FARC regularon la vida social estableciendo 346 Archivo ATCC. Acta sin número. Reunión ATCC/Delegados de las FARC. Vere- da el pescado. Marzo 20 de 2001. 347 Aguilera, Mario. “Memoria y Héroes Guerrilleros”, En: Análisis Político No.49. Bogotá, IEPRI, 2003. 348 Entrevista a campesino. Bucaramanga. Julio 27…

p. 88
34No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3541 cita
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A eso se sumó que en marzo de ese 1999 el ELN pidió su propia zona de despeje en el sur de Bolívar, lo que causó una reacción en cadena de los alcaldes de esta región en contra de esa posibilidad y, más adelante, un verdadero movimiento influenciado por el Bloque Central Bolívar para evitar un diálogo con esa…

p. 354
35Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2222 citas
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para reunirse con él. El tema principal de la reunión fue la exigencia de las FARC de que el Gobierno les concediera un territorio adicional a cambio de que este grupo ayudara a campesinos locales a sustituir los cultivos de coca por cultivos legales. Entre tanto, el ELN exigía que el Gobierno le entregara una zona de…

p. 222
[50]

para reunirse con él. El tema principal de la reunión fue la exigencia de las FARC de que el Gobierno les concediera un territorio adicional a cambio de que este grupo ayudara a campesinos locales a sustituir los cultivos de coca por cultivos legales. Entre tanto, el ELN exigía que el Gobierno le entregara una zona de…

p. 222
36En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 971 cita
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Antioquia: Yondó, Valdivia, Cáceres, Caucasia y Tarazá; en Bolívar: Arenal, El Pe- ñón, Montecristo, Morales, Regidor, Río Viejo, San Pablo, Santa Rosa del Sur, Simití, San Martín de Loba, Tiquisio, Achí y Can- tagallo; en Cesar: Aguachica, Gamarra, La Gloria, San Alberto y San Martín; en Norte de Santander: La…

p. 97
37La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2001 cita
[55]

poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…

p. 200
38Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 3611 cita
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a la violencia —y a la violencia pol í tica espec í ficamente— se estrech ó notablemente en todo el continente. En efecto, no se trataba ciertamente de una guerrilla vencida, pero la perspectiva de una victoria militar tampoco era creíble. De allí la tremenda paradoja: a esta guerra, para negociarla, fue necesario…

p. 361