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Ensayo · Crisis y narcotráfico · 1974–1990

Las FARC y la economía cocalera, 1982-2016

Desde la VII Conferencia de 1982 hasta el Acuerdo de 2016, las FARC se acoplaron progresivamente a la economía cocalera, el secuestro y la extorsión. El debate central es si ese vínculo fue una alianza funcional reversible o una mutación estructural que reescribió el proyecto guerrillero y vació su contenido revolucionario.

15 min de lectura3.202 palabras54 documentos63 fragmentos
Las FARC y la economía cocalera, 1982-2016
Actualizado 30 de julio de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

El vínculo entre las FARC y la economía ilegal comenzó siendo funcional —respuesta pragmática para financiar el Plan Estratégico de 1982— pero se volvió constitutivo e irreversible: la dependencia de rentas territoriales reorientó la lógica interna de la organización, su geografía hacia el Pacífico y la Amazonía, y su forma de negociar. El gramaje, institucionalizado tras la VII Conferencia, pasó de iniciativa desordenada a política central; los ingresos por narcotráfico llegaron a estimarse entre 200 y más de 500 millones de dólares anuales hacia finales de los noventa. Esa mutación no fue desviación coyuntural sino consecuencia de la tesis de 'combinación de formas de lucha' en guerra prolongada, que hizo imposible sostener la pureza ideológica cuando la forma económica de la insurgencia terminó devorando a la forma política. El caso del ELN —anclado en extorsión petrolera y con apenas el 6% de ingresos provenientes del narcotráfico— confirma la tesis por contraste: otra trayectoria era posible, y la divergencia explica por qué el modelo La Habana no es replicable con esa organización.

La tensión

La primera lectura, más benigna con la autonarrativa insurgente, sostiene que el vínculo fue territorial-funcional: las FARC cobraron tributo y regularon mercados donde el Estado no llegaba, como cualquier autoridad de facto, sin que ello alterara el núcleo doctrinario del proyecto revolucionario; la creación de la Unión Patriótica en 1985 sería prueba de que la organización buscaba articular lo armado y lo político. La segunda lectura, más severa, sostiene que el acoplamiento produjo una mutación cualitativa: la dependencia de renta territorial generó un bucle —renta exige territorio, territorio exige frentes, frentes exigen más renta— que reorientó el reclutamiento, el control de población y la lógica de negociación, haciendo del proyecto guerrillero algo estructuralmente indistinguible del rentismo criminal, como ilustran la Ley 002 de 2000 y la modalidad de 'pesca milagrosa'. Un tercer eje de tensión cuestiona la narrativa homogénea sobre las FARC: donde hubo trabajo político previo el vínculo con la base social respondía a códigos compartidos; donde no lo hubo —comunidades afrodescendientes e indígenas del Pacífico nariñense— el control se impuso por terror, lo que revela que la expansión hacia el suroccidente fue geoestratégica y rentista, no ideológica.

Temas
Economía cocalera y financiación insurgenteGeografía del conflicto armado colombianoCombinación de formas de luchaJusticia transicional y negociación de pazELN y extorsión petrolera en el nororiente colombianoColonización armada en el piedemonte amazónico
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Ensayo completo

La lectura

El acoplamiento guerrillero con la economía ilegal, 1982-2016

En mayo de 1982, en las estribaciones de La Uribe (Meta), poco más de un centenar de delegados de las FARC clausuraron su VII Conferencia con dos decisiones que reordenarían el mapa de la guerra colombiana. La primera fue nominal: añadieron a sus siglas la partícula "EP" —Ejército del Pueblo— y con ella el mandato de dejar de ser guerrilla campesina defensiva para convertirse en fuerza ofensiva. La segunda fue estratégica: aprobaron el Plan Estratégico Político Militar, un cálculo de ocho años que proyectaba llegar a 28.000 combatientes distribuidos en frentes nuevos, tenaza sobre Bogotá y ofensiva final. Nada de aquello podía pagarse con los repertorios financieros existentes. Y justamente entonces, en las mismas selvas del piedemonte donde las FARC crecerían, empezaba a estabilizarse el cultivo de coca.

La pregunta que este artículo responde es si el matrimonio subsiguiente entre insurgencia y economía cocalera fue una alianza de conveniencia entre actores ideológicamente antagónicos, sujeta en principio a divorcio, o una mutación estructural que reescribió el proyecto guerrillero hasta hacerlo irreconocible respecto de su origen. La respuesta, matizada, es la segunda: el vínculo empezó siendo funcional y terminó siendo constitutivo, y esa diferencia de grado se volvió, con los años, diferencia de naturaleza. El caso paralelo del ELN —anclado en la extorsión petrolera del nororiente y no en el gramaje cocalero— confirma la tesis por contraste y explica por qué La Habana no es un molde replicable.

Por qué la pregunta pesa

La pregunta no es de contabilidad. Interrogar la relación entre insurgencia y renta ilegal es interrogar qué clase de actor se sienta a negociar cuando llega el momento, y qué clase de paz puede firmarse con él. Si las FARC solo se financiaron con coca —modo instrumental, adjetivo, reversible—, el Acuerdo del Teatro Colón de noviembre de 2016 clausuró un ciclo político. Si en cambio la coca las transformó hasta volverlas dependientes de una economía rentista, con efectos sobre su geografía, sus decisiones militares y su horizonte político, entonces el acuerdo negoció con un actor que ya no era el de 1982, y los más de trescientos excombatientes asesinados en los cinco años siguientes a la firma sugieren que las estructuras económicas que la insurgencia dejó tras de sí no se desmontan con la entrega de fusiles.

De la respuesta depende, además, la lectura de la trayectoria divergente del ELN. La organización de Fabio Vásquez Castaño, más tarde de Manuel Pérez Martínez y luego de Nicolás Rodríguez Bautista (Gabino) —que en 1989 se deslindó formalmente del narcotráfico y que hasta bien entrado el siglo XXI habría movido en drogas sumas marginales, del orden de un millón de dólares— ilustra que la trayectoria FARC no era la única posible para una guerrilla marxista colombiana. Que las conversaciones con el ELN no hayan podido replicar el formato La Habana no es un accidente diplomático: es la consecuencia lógica de una economía de guerra distinta y de una estructura federada que dispersa la decisión.

Los términos del debate

Dos grandes lecturas se disputan el sujeto. La primera, más benigna con la autonarrativa insurgente, sostiene que el vínculo fue territorial-funcional: donde el Estado no llegaba y donde el campesinado colonizador cultivaba coca por falta de alternativas, las FARC hicieron lo que cualquier autoridad de facto haría —cobrar tributo, regular el mercado, arbitrar disputas—. La coca habría sido una fuente entre otras, un "mal necesario" —así lo reconocieron excombatientes ante la Comisión de la Verdad— para sostener una guerra que no habían escogido librar en ese lenguaje. En esta lectura, el proyecto revolucionario permaneció intacto en su núcleo doctrinario; la creación de la Unión Patriótica en 1985, tras los Acuerdos de La Uribe con Belisario Betancur, sería la prueba de que la organización buscaba articular lo armado y lo político dentro del marco de la "combinación de todas las formas de lucha".

La segunda lectura, más severa, sostiene que el acoplamiento con la coca —y con el secuestro masivo, y con la extorsión sistemática— produjo una mutación cualitativa. No solo alteró el tamaño y la geografía de las FARC: reorientó su lógica interna. Un ejército que depende de la renta territorial extrae de esa dependencia consecuencias en su forma de reclutar, de controlar población y de negociar. La renta exige territorio; el territorio exige frentes; los frentes exigen más renta. El bucle, una vez cerrado, no se abre por decreto ideológico. En esta lectura, la Ley 002 del año 2000 —que impuso un tributo del diez por ciento a personas con activos superiores a un millón de dólares— y la modalidad de "pesca milagrosa" —retenes carreteros donde se secuestraba a treinta o cuarenta personas a la espera de encontrar entre ellas a alguien adinerado— no son excesos de guerra sino síntomas de una organización que había interiorizado la lógica del rentismo criminal aunque siguiera nombrándose con el vocabulario del Ejército del Pueblo.

Entre las dos lecturas, la pregunta de fondo es si la "combinación de formas de lucha" —fórmula clásica del comunismo colombiano de los años sesenta, que legitimaba el uso simultáneo de la política legal y la insurgencia armada— podía sostenerse en guerra prolongada sin que la forma económica de la insurgencia terminara devorando a la forma política. La respuesta que aquí se defiende es que no podía, y que ese fue el problema principal del proyecto FARC como proyecto revolucionario.

La evidencia del salto: de mil a treinta frentes

Al momento de la VII Conferencia, las FARC contaban con aproximadamente mil combatientes distribuidos en unos diecisiete frentes. Para 1986, al final del gobierno Betancur, habían llegado a unos 3.600 combatientes en treinta frentes; en 1987 los frentes eran ya treinta y tres. La organización se triplicó en cuatro años, y lo hizo en el mismo período en que Betancur ensayaba su iniciativa de paz —cese al fuego, tregua, apertura política— y la presión militar sobre las FARC era prácticamente nula. Los ministros de defensa Fernando Landazábal, que renunció en 1984 en abierta oposición al proceso, y su sucesor Rafael Samudio Matamoros, protestaron sin éxito. Las FARC aprovecharon la tregua para hacer lo que Jacobo Arenas y el propio Manuel Marulanda Vélez habían decidido en La Uribe: ejecutar el Plan Estratégico.

Ese crecimiento no se financió con las viejas prácticas —extorsión a hacendados, secuestros esporádicos, contribuciones de simpatizantes—. La base material del salto vino de los nuevos ingresos por secuestro sistemático y gramaje cocalero. El propio Arenas, ideólogo del Secretariado, diseñó junto con la dirigencia el plan de ocho años sobre la base explícita de que esos ingresos permitían proyectar un ejército de 28.000 hombres. La estrategia centrífuga —crear continuamente frentes nuevos en puntos clave del país— exigía capital de instalación; la coca lo proveía.

Un detalle documenta el paso del gramaje espontáneo al gramaje institucional. Antes de la VII Conferencia, un mando vinculado a Javier Delgado había empezado a cobrar tributo a campesinos cocaleros sin autorización del Estado Mayor. La práctica contribuyó a su descrédito ante la dirigencia. Lo que la VII Conferencia hizo no fue inventar el gramaje: fue asumirlo, ordenarlo y colocarlo bajo mando central. Ese matiz es decisivo. El gramaje preexistía como iniciativa desordenada; a partir de 1982 se volvió política. Y las políticas, en las organizaciones armadas, tienen consecuencias estructurales que las iniciativas dispersas no tienen.

La geografía como prueba

La segunda evidencia es geográfica. Entre 1977 y 1987, el piedemonte amazónico —Caquetá, Putumayo, Guaviare— vivió una ola de colonización campesina impulsada por el auge cocalero, y los cultivos pasaron de 2.500 hectáreas en 1981 a 17.600 en 1985. El Putumayo, que desde 1974 había funcionado como zona de tránsito para la cocaína peruana del Alto Huallaga, empezó a albergar laboratorios de los carteles de Medellín y Cali en el Valle del Guamuez y en San Miguel. En esas zonas de débil presencia estatal, economía extractiva y colonos vulnerables a la fluctuación de los precios agrarios, las FARC crecieron. En los Llanos Orientales, la organización se consolidó tras la VII Conferencia con una estructura territorial sin precedentes. En 1991, la creación del Frente 48 en el Bajo Putumayo formalizó la presencia FARC en el corazón de la economía cocalera, con tributos diferenciados según el eslabón —cultivador, procesador, comprador—.

La geografía del acoplamiento se reveló con más nitidez cuando, a comienzos de los años dos mil, el centro de operaciones del Plan Colombia —fumigaciones aéreas de glifosato— se instaló en Putumayo y Caquetá. Los cultivos, junto con el andamiaje humano y logístico del narcotráfico, se desplazaron hacia el Pacífico nariñense, alrededor de Tumaco, aprovechando ríos, esteros, proximidad al mar y frontera con Ecuador. Las FARC —a través de sus estructuras en Nariño, Cauca y Valle del Cauca— siguieron ese desplazamiento. La expansión del suroccidente no puede explicarse en clave ideológica: los territorios de colonización afrodescendiente e indígena del Pacífico nariñense no eran, en 1990, escenarios de tejido político comunista. Fueron escenarios de corredor estratégico. La lógica no era la de extender un proyecto, sino la de seguir la renta hacia donde el mercado la había empujado, disputando a los paramilitares del Bloque Libertadores del Sur —que llegó a la zona en 1999— el control de las salidas al mar.

Ese desplazamiento tuvo consecuencias sobre poblaciones que no habían sido parte de la historia clásica de las FARC. Comunidades negras del Pacífico nariñense y comunidades indígenas como los Embera enfrentaron el control armado de un actor que las percibía funcionalmente —como habitantes de un corredor cocalero—, y no políticamente. Los homicidios contra quienes se resistieron al pago de "vacunas" o fueron sospechados de colaboración con la fuerza pública son coherentes con una lógica de administración territorial extractiva; no lo son con la de una guerrilla que se enunciaba como vanguardia de esos mismos sectores subalternos. Donde había habido trabajo político previo —zonas históricas de La Uribe, el sur del Tolima, el Magdalena Medio—, el vínculo entre las FARC y su base social respondía a códigos compartidos. Donde no lo había, el control se impuso por terror. Esa asimetría interna cuestiona cualquier narrativa homogénea sobre la organización.

El ELN como contraste

La divergencia del ELN confirma la tesis por contraste. El primer secuestro atribuido al ELN se registró en 1970 y durante casi dos décadas su ritmo fue de apenas tres secuestros anuales, hasta que en el período de Escalamiento —1990 a 1995— la organización cometió 781, con episodios masivos como la retención de 143 feligreses en una iglesia de Cali en mayo de 1999. Pero su economía de guerra no descansó sobre la coca: hacia comienzos de los dos mil, cerca del sesenta por ciento de sus ingresos provenía de la extorsión y un veintiocho por ciento del secuestro, mientras el narcotráfico apenas rondaba el seis por ciento. Las cifras son debatibles en su exactitud; no lo es la asimetría estructural que revelan.

El motor de la extorsión eleena fue el petróleo. En julio de 1983 —el mismo año de la resaca de la VII Conferencia FARC—, Occidental Petroleum descubrió petróleo en Caño Limón, en Arauca, tras una inversión de setenta millones de dólares; en noviembre las pruebas confirmaron reservas de hasta mil millones de barriles. El oleoducto Caño Limón-Coveñas, de ochocientos kilómetros, se construyó en tiempo récord de dos años y permitió que Colombia volviera a exportar petróleo hacia 1986. Sobre esa infraestructura, el ELN construyó un rol de intermediación política: extorsionaba a contratistas, gobiernos locales y multinacionales, y canalizaba una parte de esos recursos hacia colonos, trabajadores y comunidades locales. En 1990, la organización operaba en toda la frontera nororiental con Venezuela, desde Arauca hasta La Guajira, pasando por Norte de Santander y Cesar. El propio Gabino admitió públicamente, en una entrevista televisiva del año 2000, que la organización se financiaba con extorsión y secuestro.

Que el ELN se haya deslindado formalmente del narcotráfico en 1989 —una postura sostenida durante casi dos décadas, hasta que a partir de 2007 su presencia en actividades relacionadas con la coca creció, sobre todo en el Catatumbo y en el corredor nariñense— no es un dato menor. Prueba que una guerrilla marxista colombiana podía elegir no acoplarse con la coca y sostener el conflicto sobre otras bases: renta petrolera, secuestro sistemático, extorsión a economías legales. Esa elección tuvo costos —el ELN nunca alcanzó el tamaño ni la capacidad ofensiva de las FARC— y explica su estructura organizativa. La federación de frentes con autonomía relativa, propia del ELN, encaja con una economía de guerra descentralizada por enclaves; la centralización FARC bajo el Secretariado encaja con una economía de guerra que exige coordinación de precios, corredores y compras. Estructura y renta se coprodujeron.

Esa divergencia es la razón principal por la cual el modelo La Habana no ha podido replicarse con el ELN. No es un problema de voluntad negociadora ni de agenda: es un problema de sujeto. El ELN federado, con una economía de guerra dispersa y una tradición de deslinde nominal del narcotráfico, negocia distinto porque es distinto.

Mutación por acumulación, no por diseño

El acoplamiento FARC-coca no empezó como diseño doctrinario: empezó como respuesta pragmática de una organización que necesitaba financiar un plan estratégico ambicioso y encontró en la coca la única fuente capaz de proveer capital a esa escala. La lectura funcional tiene razón en el origen. Pero la lectura estructuralista tiene razón en el efecto. Una vez ejecutado el Plan Estratégico —pasar de mil a más de veinte mil combatientes en las estimaciones altas de finales de los noventa, con rentas ilegales que el Departamento Nacional de Planeación calculó en cerca de seiscientos millones de dólares conjuntos con el ELN en 1996—, el proyecto FARC se había vuelto inseparable de la economía territorial que lo sostenía.

Esa mutación es visible en tres dimensiones. La primera, política: en 1991, cuando la Constitución abrió la puerta a la izquierda armada —el M-19 la había cruzado el año anterior—, las FARC y el ELN renovaron su declaración de guerra al Estado. La opción de la política legal, formalmente posible, era materialmente incompatible con una organización cuya reproducción dependía del control territorial. La segunda, negociadora: durante las conversaciones de El Caguán con Andrés Pastrana entre 1998 y 2002, dirigentes de las FARC reconocieron que no concebían la mesa como una negociación sino como un diálogo, porque se creían cerca del "golpe final". Esa autopercepción se sostenía en la acumulación material que la renta ilegal había hecho posible. La tercera, geográfica: la organización que en 1982 estaba anclada en el sur del Tolima, La Uribe y el Magdalena Medio, hacia 2005 tenía sus retaguardias en Putumayo, Guaviare, Vaupés, Catatumbo y Pacífico nariñense —la misma geografía de la coca—.

La formalización de la extorsión mediante la Ley 002 del año 2000 marca simbólicamente el punto en que la mutación se hizo explícita en el lenguaje interno de las FARC. Un ejército revolucionario no legisla tributos sobre el patrimonio privado en el idioma técnico de un sistema fiscal; una organización que ha internalizado la lógica de la administración territorial rentista, sí.

Que la mutación fuera acumulada y no diseñada no la vuelve reversible. La ofensiva de Álvaro Uribe Vélez a partir de 2002 —posibilitada políticamente por el desprestigio que las FARC habían acumulado en El Caguán, con episodios como el secuestro del alcalde de La Sierra, Rigo Alberto Calvo, por la Columna Jacobo Arenas en 2002— replegó a la organización sobre sus retaguardias cocaleras y fronterizas. Ese repliegue fue la condición material que hizo posible, una década después, la negociación de La Habana bajo Juan Manuel Santos y Timoleón Jiménez. Pero negoció con un actor que ya había mutado, y las estructuras económicas heredadas —zonas de cultivo, corredores, redes de compra-venta, alianzas con narcotraficantes a los que a partir de 2007 las FARC empezaron a comprar cautivos secuestrados por delincuencia común— no se desmontaron con la firma. La violencia contra excombatientes tras 2016 se alimenta, entre otras cosas, de ese residuo estructural.

Frontera vaciada, no borrada

La lectura que reduce las FARC a un cartel más pierde tanto como la que las mantiene en el registro de la insurgencia clásica. El acoplamiento con la coca vació la frontera con el crimen organizado sin borrarla. Las FARC nunca controlaron los eslabones altos de la cadena —transformación fina, exportación, distribución internacional—; esos eslabones fueron dominio del modelo paisa centralizado de Pablo Escobar y los hermanos Rodríguez Orejuela, del modelo de articulación periférica de Alberto Orlández Gamboa (alias Caracol) y el llamado Cartel de la Costa —basado en el contrabando previo y en alianzas étnicas con redes de la Sierra Nevada y La Guajira—, y más tarde de los paramilitares de la casa Castaño y de estructuras como el Bloque Héroes de Tolová o "La Empresa" de Jorge 40 en la Costa Caribe.

Las FARC ocuparon los eslabones competitivos iniciales: cultivo, pasta, base. Actuaron como reguladoras de derechos de propiedad y de transacciones entre campesinos y compradores, cobrando gramaje diferenciado. Esa división funcional del trabajo criminal explica dos hechos simultáneos: la coexistencia relativa entre guerrillas y narcotraficantes durante largos períodos —cada uno en su eslabón— y la guerra frontal con los paramilitares cuando estos, siguiendo la lógica de la casa Castaño, decidieron arrebatar los eslabones bajos y consolidar el control vertical de la cadena, desde el cultivo hasta el corredor de exportación.

Ese diseño no equivale al de un cartel. Un cartel no busca gobernar población; las FARC sí. Un cartel no negocia la paz con el Estado en un marco de justicia transicional; las FARC lo hicieron. Un cartel no tiene un programa agrario; las FARC lo tuvieron, incluso en versiones cada vez más desdibujadas por el correr de los años. Pero un movimiento revolucionario que administra tributos cocaleros durante tres décadas, que impone la Ley 002, que practica pesca milagrosa y que se convierte, en las estimaciones más altas, en el principal actor colombiano en el eslabón cultivador, tampoco es ya, sin más, un movimiento revolucionario en el sentido en que lo fueron los frentes centroamericanos.

Es en ese punto donde la comparación con Centroamérica se rompe. El FMLN salvadoreño y el URNG guatemalteco negociaron sin dependencia estructural de renta territorial ilegal. Colombia no tuvo el mismo sujeto sentado a la mesa. Que Perú y Bolivia —países con producción cocalera pero sin acoplamiento insurgente equivalente— no derivaran hacia el patrón colombiano muestra que la fusión narco-conflicto no se explica por la coca en sí: se explica por la coincidencia colombiana de una insurgencia preexistente, una debilidad estatal territorial pronunciada y una geografía —piedemonte amazónico, Pacífico, cordilleras fronterizas— que favoreció el control rentista.

El ingreso más pronunciado del ELN en actividades relacionadas con el narcotráfico a partir de 2007 —en Catatumbo, en el corredor Nariño-Pacífico, en enclaves fronterizos— sugiere que la trayectoria divergente que mantuvo durante casi dos décadas puede estar cerrándose. Si el ELN sigue el camino que las FARC recorrieron entre 1982 y 2000, la posibilidad de una negociación política sostenible con esa organización se estrechará por las mismas razones estructurales que hicieron de La Habana un proceso técnicamente exitoso y socialmente frágil. Cuarenta años después de La Uribe, el problema que allí se abrió sigue produciendo territorio armado, y sigue enterrando a los que creyeron que la firma bastaba para clausurarlo.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

54 documentos · 63 fragmentos de referencia
01Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 4821 fragmento
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actividades financieras y logísticas urbanas — secuestros, en particular—, en las que dio buenos resultados. Como quedó señalado en páginas anteriores, Ricardo Franco era el seudónimo del jefe de IV Frente que operaba en la región del Magdalena Medio y murió en 1979; utilizar el nombre de Ricardo Franco por parte de…

p. 482
02Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 1151 fragmento
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existir tras ser acusadas de despilfarrar los recursos asignados. Entre dichos intentos de urbanizar la guerrilla se incluía el de 1970, protagonizado por Jaime Bateman, que fue expulsado a solicitud del Partido Comunista, precisamente cuando la organización urbana comenzaba a adquirir cierto desarrollo. 11 Javier…

p. 115
03Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 951 fragmento
[3]

guerrilleros en las ciudades a llevar la guerra a las ciudades. Así se lo explicó a la Comisión un excombatiente de las FARC-EP que lideró la Red Urbana en Medellín y el posterior Frente Urbano Jacobo Arenas (Furja): «La Séptima Conferencia, que es vital en la conformación de FARC porque ahí es donde aparece el…

p. 95
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1231 fragmento
[4]

es contra las instituciones». 397 Medina, «FARC y ELN», 379. 398 Informe allegado a la Comisión de la Verdad en el marco del convenio número 002 del 2019, «Manual de instrucciones de Inteligencia MINI». 399 Ibíd. 400 Ibíd. 124 fiflćflTh fl. fifl Poco tiempo después, en mayo de 1982, se desarrolló la Séptima…

p. 123
05Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · p. 591 fragmento
[5]

previous twenty years, he had emerged as the thinking guerrilla, the long-term strategist. He paid special attention to all the details: finances, weapons, recruiting. He was a slow, methodical worker. He was not, as one former colleague noted, an artist but more of an artisan. His work might take years to THE MASTER…

p. 59
06Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1982 fragmentos
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la fuer- za armada de las FARC no tenía más de mil hombres. Sin embargo, gracias a la iniciativa de paz de Belisario Betancur, las FARC crecieron prácticamente sin impedimento durante cuatro años, hasta triplicar su tamaño para 1986, cuando llegó a tener 3600 combatientes. 43 Rodear y tomarse a Bogotá era parte del…

p. 198
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la fuer- za armada de las FARC no tenía más de mil hombres. Sin embargo, gracias a la iniciativa de paz de Belisario Betancur, las FARC crecieron prácticamente sin impedimento durante cuatro años, hasta triplicar su tamaño para 1986, cuando llegó a tener 3600 combatientes. 43 Rodear y tomarse a Bogotá era parte del…

p. 198
07Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 180, 1842 fragmentos
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na- cional, por cuanto se trata de lugares en los que hay poca presen- cia del Estado o ausencia total del mismo y, por ende, el control sobre el territorio se ejerce sin mayor resistencia. Más adelante, en la Séptima Conferencia de las FARC (1982), se definió que la estrategia político militar de la organización…

p. 180
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disputadas. Los corredores estratégicos son entendidos como franjas territoriales que permiten a los acto- res del conflicto la movilidad de tropas, comida, armas, drogas y otros elementos indispensables para garantizar la continuidad de la guerra, entre los que se encuentran los corredores de alta mon- taña, los…

p. 184
08Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 491 fragmento
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alcanzando los 3.050 efectivos; cifra que logra incrementar al año siguiente, hasta llegar a 3.640 hombres, los cuales, en 1987, aparecían repartidos en 33 frentes. Un salto significativo, considerando que para la Séptima Conferencia, reali- zada cinco años atrás, habían completado 16 frentes. De este modo, cuatro…

p. 49
09Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 1091 fragmento
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and support (Lindqvist, 1979: 89; Gilbert, 1974: 116–24; Gilhodés, 1970: 434–51). By the end of the 1970s, the state’s efforts at repression of the peasant movement and the use of armed militias by large landholders had effectively pushed the settlers into the arms of the guerrillas. For the peasants, the presence of…

p. 109
10Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 348, 3512 fragmentos
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elementos de la economía política tienen un efecto espejo entre los actores armados, en el sentido de que fenómenos como el narcotráfico, por ejemplo, cuentan con la participación de todos los actores, lo que hace que el comportamiento de unos sea el reflejo especular de otros. El caso de la economía del narcotráfico…

p. 348
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Esto llevó a que una parte de las finanzas se dirigiera al Secretariado e implicó que la apropiación de recursos para el funcionamiento de los frentes se realizara según las condiciones territoriales. Así, se articularon la extorsión, el secuestro y el impuesto o ganancias de la regulación de las economías de la…

p. 351
11El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 27, 372 fragmentos
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39 Comisión Andina de Juristas, Putumayo..., 80-83 40 Ramírez, María Clemencia, et.al., 2010. Elecciones, coca, conflicto y partidos políticos en Putumayo 1980-2007 (Bogotá: icanh/cinep/Colciencias, 2010), 15. Capítulo 1 37 un símbolo político del poder ciudadano. 41 Una vez los Mase- tos fueron expulsados, las farc…

p. 37
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Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…

p. 27
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 791 fragmento
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sur de Bolívar se instaló el Frente 24 y se organizaron comisiones hacia Tiquisio, Montecristo, Norosí y la serranía del Perijá. Sobre ese tema, un excomandante de las FARC-EP contó a la Comisión: «Para cultivar coca no se prestaba plata porque eso era incierto, es decir, no había seguridad, una persona podía sembrar…

p. 79
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 92, 952 fragmentos
[14]

la muerte del proyecto revolucionario. No quiere decir que estimulamos la coca. Cartagena del Chairá fue uno de los primeros bastiones de la coca en el sur del país. Es las FARC-EP la que trata de decirle a los campesinos “sí, muy bueno este negocio, entendemos las dinámicas, ustedes sembraban plátano y yuca y maíz y…

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coloni- zación campesina. En cambio, en las zonas dominadas por ejércitos de narcotraficantes, que fueron principalmente las zonas de sabana y los llanos orientales, en el Casanare y norte del Meta, se concentraron los laboratorios de procesamiento de cocaína y la infraestructura para su exportación. En 1984, Colombia…

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14Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 561 fragmento
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de coca y laboratorios de procesamiento de pasta y base. Los individuos que no están amparados por el poder de organizaciones fuertes son más vulnerables a la depredación de un grupo guerrillero, y de hecho, necesitan su presencia para que actúen como una tercera parte encargada de la regulación de los derechos de…

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15Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 641 fragmento
[16]

los costos en el transporte. Como resultado, los cálculos sobre los ingresos de las FARC por concepto de impuestos a la econo- mía ilícita fluctúan entre 60 y 100 millones de dólares anuales, en parti- cular para finales de los años noventa (véase Tabla 4.3). Según un estudio llevado a cabo por el Departamento de…

p. 64
16Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 93, 972 fragmentos
[17]

entidades bancarias. Es por todo que son muchos los que consideran que el narcotráfico, sobre todo durante la primera mitad de la década anterior, terminó por suponer unos ingresos superiores a los 500 millones de dólares anuales y ser el gran rubro de las finanzas de la guerrilla (Gutiérrez, 2004; Henderson, 2010).…

p. 97
[43]

seguíamos pensando en tomar el poder. De hecho, cuando nos sentamos con Pastrana, estábamos cerca del golpe final. Tanto, que decíamos que aquello no era una negociación. Era un diálogo (EP 1, mayo de 2015). Esta situación, en buena medida, es consecuencia de la importancia que el narcotráfico va a representar a la…

p. 93
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 701 fragmento
[19]

de Tarapacá 151, y en el Putumayo hicieron lo mismo desde San Miguel 152. Así lo recuerda una de las fundadoras del Valle de Guamuez: «Antes de eso, por aquí era el paso de cocaína peruana. O sea, el Perú era el que pasaba. Los narcotraficantes esto lo tenían como un puente. Por aquí por el Putumayo empezaron a pasar…

p. 70
18Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1781 fragmento
[20]

5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…

p. 178
19El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 fragmento
[21]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
20El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 fragmento
[22]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
21Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 3371 fragmento
[25]

verle la cara a la guerra que ya desangraba a Urabá, a Córdoba, al Magdalena Medio y a los Llanos Orientales. Pero el gobierno Pastrana había aprobado la fumigación con glifosato por aire de los cultivos de coca de Putumayo y Caquetá, los campeones nacionales en cultivos de coca. Además envió a esas selvas y llanos…

p. 337
22Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2701 fragmento
[26]

de ‘comunidades negras’. La bonanza de la coca Entre los tipos de empresarios con presencia en el Pacífico se encuentra el de los narcos. Estos constituyen sin duda el factor más perturbador para los supuestos desde los que operan los conceptos de territorio del proceso de etnización de las ‘comunidades negras’. En…

p. 270
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1061 fragmento
[27]

ofensiva para consolidar el control sobre las rutas hacia el océano Pacífico 267 Entrevista 325-VI-00053. Líder Junta de acción comunal, víctima. 268 Entrevista 127-PR-03004. Actor armado, excombatiente FARC-EP. 269 Ibíd. llegada de la coca y transformación de las farc-ep (1990-2000) 107 y la frontera con Ecuador. Se…

p. 106
24La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 3101 fragmento
[28]

de la coca ha permitido a los campesinos sortear períodos de crisis derivadas tanto de las fluctuaciones económicas de los producto agrarios, como del conflicto armado. En este sentido, una campesina de la región afirma: “a nosotros nos tocó irnos cuando la retoma, y regresamos aquí hace poquito, a lo de uno, porque…

p. 310
25Hacer memoria para recuperar el ser kamëntšá: raspachines víctimas y lecciones de la madre tierra para pervivirGrupo de Memoria Kamëntšá; William Caicedo Jamioy; Víctor Andrés Chasoy; Clementina Chicunque Chindoy; Wbeimar Arturo Jacanamejoy Chicunque; Judy Jaqueline Jacanamejoy Chicunque; Arturo Jacanamejoy Mavisoy; Jacinta del Rosario Jamioy; Aida Yuleni Juagibioy; Laura Guzmán Peñuela; Tania Helena Gómez Alarcón · 2020 · p. 231 fragmento
[29]

frontera con el Putumayo. Fue así como se debilita- ron algunas de sus estructuras, al tiempo que otras aumentaron su influencia (Gómez et al., 2017). Entre 2012 y 2016, se produjo un desescalamiento de los hechos violentos por parte de las FARC debido a las negociaciones del proceso de paz con el gobierno de Juan…

p. 23
26Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1111 fragmento
[30]

el cartel de Medellín, el M -19, las FARC y los paramilitares; la de Vene- zuela, (2219 km), por ELN, las FARC, paramilitares y narcotraficantes; las de Brasil, (1645 km), Perú, (1626 km) y Ecuador, (586 kms), por las FARC, para- militares y narcotraficantes. Además, Colombia ejerce soberanía en el archi- piélago de…

p. 111
27Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2501 fragmento
[31]

é gimen: ten í a el respaldo de una franja m í nima de poblaci ó n, que se expresaba en un apoyo a los partidos de izquierda socialista o comunista que nunca pas ó de 5%. Sin embargo, una incongruencia fundamental la limitaba, la combinaci ó n de luchas legales y de apo yo a las armas. El Partido Comunista actuaba…

p. 250
28The Kidnap Industry in Colombia: Our Business?M. Moor, L. Zumpolle · 2001 · p. 251 fragmento
[32]

light every year, it can be concluded that extortion money is an important source of income for the paramilitary. In Urabá, for example, the Banana growers have to pay 50 dollar cents for each box of bananas that is being exported, and in Guajira one dollar is paid to the paramilitary for each ton of coals to be…

p. 25
29Una sociedad secuestradaCentro Nacional de Memoria Histórica; César Caballero Reinoso (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2013 · p. 331 fragmento
[33]

2000 CONTENCIÓN 2001 - 2005 REACOMODAMIENTO 2006 - 2010 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 356 781 3.333 2.682 210 AUTOR PRESUNTO: 7.362 Gráfica 2. Volumen de secuestros del ELN por periodos Conflicto Interno: el escenario perfecto 33 En efecto, durante el período de los Inicios del secuestro (1970- 1989), la evolución…

p. 33
30Una verdad secuestrada: Cuarenta años de estadísticas de secuestro 1970-2010César Caballero · 2013 · p. 51 fragmento
[34]

gracias a lo cual logramos acopiar la información de 7 fuentes para transformarlas en ba- ses independientes (ver tabla). Validación de registro y complemento de informa- ción: es el paso más importante y donde cobra relevan- cia la metodología de fuentes contrastadas. En esta etapa se unifican las 7 bases de datos y…

p. 5
31Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 1761 fragmento
[35]

de secuestro basado en cierta inteligencia en terreno y se pedía determinado monto de dinero a cambio de la liberación. Pescas milagrosas: la práctica más degradada del secuestro. Se hacían retenes en vías principales del país, allí las diferentes estructuras de las Farc se llevaban 30 o 40 personas y aspiraban a que…

p. 176
32Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 661 fragmento
[36]

consecrated, because of nationwide roadblocks, the resistance of local officials, and general paramilitary resistance to the plan. As the military moved out, the paramilitaries moved in to prevent implementa- tion of the zone (Semana 2001). As peace talks and the implementation of the zone failed, the eln was involved…

p. 66
33Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1281 fragmento
[37]

que eran Florida y Pradera, había mucha población civil; y mi punto era que allí no había bases del Ejército como tal, sino que había batallones móviles. Por consiguiente, no se podía hablar de un despeje, sino que era un punto de encuentro donde se podía sentar a negociar y no era un acuerdo de paz, sino un acuerdo…

p. 128
34Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 831 fragmento
[38]

de Caño Limón, en Arauca, y de la construcción del oleoducto hasta Coveñas. Su surgimiento tuvo lugar en Santander y desde allí irradió al Magdalena medio, Norte de Santander, Arauca, Casanare, la costa atlántica y regiones aisladas del occidente y sur de las montañas andinas. En 1990, el ELN actuó en toda la región…

p. 83
35En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 331 fragmento
[39]

la toma de la población de Simacota en 1964. Dos años después de algunas acciones más espectaculares que militares, como el ataque a un tren, relatado por la revista Sucesos de México, se unió a sus fi- las el cura Camilo Torres Restrepo, que traía tras de sí una larga cola de sindicalistas, estudiantes y católicos de…

p. 33
36Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 2081 fragmento
[40]

state oil enterprise, specifying the conditions for oil exploration in Arauca. In July 1983, after a long and arduous exploratory process and a $70 million investment, Occidental discovered oil, in Caño Limón (see fig. 6.1). By November tests had con- firmed that the find—reserves of up to one billion barrels—was one…

p. 208
37Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 fragmento
[41]

comunica con el Ecuador, y la vía alterna que comunica Ipiales y Tumaco con el océano Pacifico, y mantiene conexión por la vía Pasto-Mocoa con el departamento del Putumayo. Además, este corredor ha sido de gran interés para el desarrollo de economías asociadas a la explotación maderera, la extracción petrolera,…

p. 94
38Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 171 fragmento
[44]

Acuerdos de la Habana el 26 de septiembre de 2016 y a la desmovilización de las Farc bajo el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos. Así, desde los años ochenta comenzaron a perfilarse los protagonistas que han dominado la escena pública nacional hasta hoy. Esa violencia múltiple característica de al menos las…

p. 17
39Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 181 fragmento
[45]

o del momento estático del sandinismo. Los actos atroces de las guerrillas parecían cancelarse —como en un libro contable— con los de los paramilitares y el Estado, dejándoles a aquellas, todavía, el saldo a favor de una causa justa. Este tipo de simplezas ocultaba un componente definitivo de los agentes del conflicto…

p. 18
40Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 532 fragmentos
[46]

dictadura, se integrara una asamblea constituyente en comicios en los cuales la izquierda marxista obtuvo el 28% de la votación y se promulgara la nueva constitución de 1979 51. Pero, una década después, paso a paso — constituyente, igual peso relativo de la Alianza Democrática M-19, nueva constitución de 1991—…

p. 53
[47]

dictadura, se integrara una asamblea constituyente en comicios en los cuales la izquierda marxista obtuvo el 28% de la votación y se promulgara la nueva constitución de 1979 51. Pero, una década después, paso a paso — constituyente, igual peso relativo de la Alianza Democrática M-19, nueva constitución de 1991—…

p. 53
41Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2791 fragmento
[48]

las n egoc ia ciones de pa z. En su tra yecto ria labe rínti ca se fo rjaban alianzas tem poral es e ntr e al- g uno s frentes guerrilleros y los traficantes, co n base en el cuidado de ca mpo s de cultivo, v ía s de comunicación, aeropuerto s, pro v i- sión de ar ma s. El Caquetá, por eje mpl o, atravesó una de las…

p. 279
42Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 381 fragmento
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MIR Patria Libre, el Frente Ricardo Franco y el Comando Quintín Lame 64. 60 La última charla con John Agudelo Ríos, presidencia de la República, Oficina del Alto Comisionado para la Paz, Bogotá, 2005, página16. 61 Ídem, página19. 62 Ídem, página 23. 63 Ídem, página 26. 64 Villamizar, Darío, Un Adiós a la Guerra,…

p. 38
43Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 211 fragmento
[50]

lógica militar y política, los abusos de las FARC en la zona de despeje y la arremetida paramilitar, harían incierta la agenda de negociación, y bloquearían de manera persistente el desarrollo de las negociaciones. Este fracaso explica la llegada de Álvaro Uribe (2002-2010) al poder, etapa que González denomina como…

p. 21
44La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2001 fragmento
[51]

poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…

p. 200
45No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3761 fragmento
[52]

del narcotráfico por el Pacífico. También obedecían a intereses de élites económicas y políticas que buscaban frenar las demandas por la tierra y autonomía política de los pueblos indígenas y afrodes- cendientes. De acuerdo con el CNMH, entre 1965 y 2013 las FARC-EP concentraron sus acciones en los departamentos de…

p. 376
46Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 2861 fragmento
[53]

mayoritariamente por pobladores negros que ocupan la región desde los siglos XVII y XVIII y solo hasta hace poco ha sido afectada por el con fl icto ar- mado y la coca. Sus pobladores han visto disputados sus territorios por la presencia sucesiva de economías extractivas, tales como la explotación del oro, la tagua y…

p. 286
47La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 1371 fragmento
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gráfica para salir la ruta al Pacífico, la posición geográfica para los cultivos 40 Para profundizar sobre el accionar de este grupo consultar el capítulo 6. 41 Para profundizar sobre el accionar de este grupo consultar el capítulo 7. Narcotráfico Extorsión - cobro de vacunas o impuestos (contratistas de recursos del…

p. 137
48Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 701 fragmento
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la fuerza pública –especialmente con aquellos miembros de la comunidad que hacían parte de la Defensa Civil– para evitar morir «porque el sapo lo matamos y usted sabe cómo quedan los sapos en la carretera» 162. Una víctima del pueblo Embera le dijo a la Comisión: «La violencia aquí llegó en el 77, empezaron a llegar…

p. 70
49Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 441 fragmento
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que controlan las zonas de cultivos. Mapa 2. Presencia de cultivos de coca y capacidad institucional en Colombia Fuentes: Mapa elaborado por Osv aldo Zapata con información del SI MCI y de García Villegas y Restrepo (2012). 12 Otro ejemplo del aislamiento geográfico y del estado de las zonas de cultivo lo ofrece la…

p. 44
50La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 1101 fragmento
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Pablo Díaz" para tomarse el depar- 221 LA ECONOMÍA DE LOS PARAMILITARES 222 37. Ávila,Ariel, "Injerencia Política de los grupos Armados Ilegales", en Claudia López (ed.), Y rtfundaron lapatria... De cómo mafiosos y políticos reconfiguraron el Estado colombiano, Debate, Bogotá, 2010, p. 127. 38. Al hablar de "La…

p. 110
51Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 521 fragmento
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el propósito de controlar el golfo de Urabá, significó la introducción del cultivo de coca a la macrorregión y, con ello, la transfor- mación de su base productiva y de sus condiciones ambientales. Así, des- de el corregimiento de Lomas Aisladas, ubicado en el municipio de Turbo (Sánchez, 2014, p. 23) e inmediaciones…

p. 52
52Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 1771 fragmento
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reúne tantos kilos de base de coca ya llega y mandan el helicóptero de Don Berna y los montan y se los llevan pal’ Valle. Allá en el Valle había un señor que se llamaba Pablo, que era el que volvía todo eso coca, la empastaba y la transportaba pal’ otro lado (…). Ahí la trans- portaban en avionetas. ¿Y la sacaban para…

p. 177
53Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 3702 fragmentos
[60]

monopolísticas. La tendencia más lucrativa y quizás la mayoritaria, fue la monopolización de la base de coca y su refinamiento directo por los paramili- tares. Cocaína resultante que se entregó a socios narcotraficantes, Don Diego en las ACPB y Chupeta en las ACMM, para su exportación o distribución, minoritaria, en…

p. 370
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monopolísticas. La tendencia más lucrativa y quizás la mayoritaria, fue la monopolización de la base de coca y su refinamiento directo por los paramili- tares. Cocaína resultante que se entregó a socios narcotraficantes, Don Diego en las ACPB y Chupeta en las ACMM, para su exportación o distribución, minoritaria, en…

p. 370
54El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 4932 fragmentos
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Cielo Roto, por allá todo eso, fueron invadidas y las invadieron pa’ tumbar montañas y sembrar coca. Usted de Pinzón pasa el puente de Pinzón yendo pa’ allá pa’ San Tropel, y eso de ahí pa’ allá era solo coca. La carretera da la vuelta ahí, terminaba el caserío, y de ahí pa’ allá era solo coca. Hasta subir a San…

p. 493
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Cielo Roto, por allá todo eso, fueron invadidas y las invadieron pa’ tumbar montañas y sembrar coca. Usted de Pinzón pasa el puente de Pinzón yendo pa’ allá pa’ San Tropel, y eso de ahí pa’ allá era solo coca. La carretera da la vuelta ahí, terminaba el caserío, y de ahí pa’ allá era solo coca. Hasta subir a San…

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