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Hecho histórico · Constitución de 1991 · 1991–2002

Pedagogías paramilitares de adoctrinamiento y giro bolivariano de las FARC (1993–2002)

Entre 1993 y 2002, las FARC-EP y las estructuras que confluirían en las AUC desplegaron dispositivos pedagógicos sistemáticos para fabricar combatientes: escuelas de entrenamiento con instructores extranjeros y exmilitares, adoctrinamiento ideológico diario, rituales de degradación corporal y aprendizaje del umbral de violencia. En paralelo, las FARC reciclaron el simbolismo bolivariano tras el colapso soviético para reanclar su proyecto insurgente a una genealogía nacional propia.

Pedagogías paramilitares de adoctrinamiento y giro bolivariano de las FARC (1993–2002)
1993–2002
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1993–2002
Protagonistas
Carlos Castaño, Salvatore Mancuso, Manuel Marulanda, Alfonso Cano, Jacobo Arenas, Gonzalo Rodríguez Gacha, Yair Klein, Raúl Reyes, Iván Márquez, Fidel Castaño, Jorge Briceño Suárez (Mono Jojoy), Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. El colapso del bloque soviético en 1989 privó a las FARC-EP de su andamiaje simbólico internacional, obligándolas a reformular su doctrina en la VIII Conferencia de 1993 mediante el reciclaje del bolivarianismo como genealogía nacional sustituta.
  2. La expansión territorial acelerada de los grupos paramilitares y guerrilleros durante los años noventa exigió la producción masiva y sistemática de combatientes, lo que impulsó la institucionalización de escuelas de entrenamiento replicables.
  3. El financiamiento del narcotráfico —en particular de Gonzalo Rodríguez Gacha y el cartel de Medellín— proveyó los recursos para contratar instructores extranjeros (Yair Klein, mercenarios británicos) y sostener infraestructuras de formación paramilitar desde finales de los años ochenta.
  4. La incapacidad y el abandono estatal frente al problema guerrillero fueron instrumentalizados por las jefaturas paramilitares para construir un discurso de 'derecho a la autodefensa' que legitimó el reclutamiento y el adoctrinamiento de nuevos combatientes.
  5. La necesidad de producir sujetos capaces de sostener niveles extremos de violencia —incluyendo tortura, desmembramiento y ejecuciones— llevó a los grupos paramilitares a incorporar rituales de degradación corporal y 'escuelas de descuartizamiento' como componentes deliberados de la formación.
1993–2002Pedagogías paramilitares de adoctrinamiento y giro bolivariano de las FARC (1993–2002)

Consecuencias

  1. Se consolidó un modelo de combatiente ideológicamente formateado en las FARC-EP, con identidad político-militar construida mediante adoctrinamiento diario (charlas mañana y tarde), forja corporal y manejo obligatorio de armas, replicado a escala durante la Zona de Distensión (1998–2002).
  2. Las 'escuelas de la muerte' paramilitares produjeron combatientes con el umbral de aversión al horror desplazado: la tortura y la sevicia se documentaron en el 6,8% de los asesinatos selectivos (1.123 de 16.340) y en el 12,3% de las masacres (244 de 1.982) registradas entre 1980 y 2012.
  3. El giro bolivariano de las FARC-EP generó una disputa simbólica por figuras consagradas del imaginario nacional —Simón Bolívar, la independencia— que dificultó la delimitación entre el discurso insurgente y el republicano, y que se proyectó en la denominación de sus estructuras políticas y militares.
  4. La transferencia de saberes entre el aparato estatal (militares y policías retirados como instructores) y el paramilitar institucionalizó una continuidad estructural que atravesó toda la expansión de las AUC y complicó la rendición de cuentas posterior.
  5. El universo simbólico heterogéneo del paramilitarismo —que incluyó creencias en pactos con el diablo, monicongos y capacidades sobrenaturales junto al discurso contrainsurgente oficial— operó como economía moral espontánea que proveyó marcos de sentido para procesar la violencia extrema entre los propios combatientes.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

Este fenómeno cuestiona la imagen del combatiente armado como bandido improvisado o víctima pasiva del reclutamiento, y muestra que el conflicto colombiano se sostuvo mediante tecnologías culturales sofisticadas: adoctrinamiento sistemático, rituales de iniciación violenta y disputa deliberada por los símbolos nacionales. Comprender estas pedagogías es indispensable para explicar por qué la violencia alcanzó los niveles de sevicia documentados y por qué la desmovilización posterior enfrentó el reto de desmontar identidades combatientes construidas durante años de formación intensiva.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Pedagogías paramilitares de adoctrinamiento y giro bolivariano de las FARC (1993–2002)

Entre 1993 y 2002, mientras la Constitución del 91 prometía refundar la nación y el conflicto se desbordaba territorialmente, los dos actores armados que marcarían la década se ocuparon de una tarea menos visible pero igual de decisiva: fabricar combatientes. No basta con reclutar hombres y darles fusiles; hay que producir un tipo de sujeto capaz de matar, obedecer, resistir el hambre y sostener una identidad político-militar frente a la deserción, la delación y la duda. En esos años, las FARC-EP —después de la VIII Conferencia de 1993— y las estructuras que confluirían en las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC, formalizadas en 1997) desplegaron dispositivos pedagógicos sistemáticos: escuelas de entrenamiento con instructores extranjeros y exmilitares, adoctrinamiento diario mañana y tarde, rituales de degradación corporal, aprendizaje del umbral de violencia infligida, reciclaje de símbolos nacionales, propaganda mediática. El escalamiento del conflicto en esos nueve años no fue solo territorial ni solo militar: fue también un proceso de ingeniería cultural sobre los cuerpos y las conciencias de quienes lo libraban.

Antecedentes: tres capas sedimentadas

En 1989 se derrumbó el bloque soviético y con él la gramática ideológica que había sostenido, al menos formalmente, a la insurgencia colombiana durante tres décadas. Las FARC, fundadas como brazo armado de un comunismo campesino y marulandista, quedaban sin el andamiaje simbólico exterior que las anclaba a un proyecto mundial. En paralelo, en Colombia se acumulaban tres capas de sedimentos decisivas para lo que vino después.

La primera fue la del entrenamiento paramilitar del Magdalena Medio. Desde 1982, oficiales y exoficiales del Ejército colombiano se pusieron al frente de escuelas de instrucción militar para civiles paramilitares en la región, un paso silencioso pero decisivo en la naturalización de los grupos de autodefensa. A esa base se sumaría, entre enero y marzo de 1988, la llegada del excoronel de las Fuerzas de Defensa Israelíes Yair Klein, dueño de la empresa de seguridad Punta de Lanza. Klein dictó cursos en Puerto Boyacá con financiación del narcotráfico, en particular de Gonzalo Rodríguez Gacha y del cartel de Medellín. En la escuela Las Galaxias, que operó al menos entre 1987 y 1988, se entrenó a escoltas de Rodríguez Gacha en manejo de armas, limpieza y orden cerrado. Tras Klein llegó un grupo de mercenarios británicos liderado por David Tomkins, especialistas en explosivos, contratados para preparar un ataque contra la dirigencia de las FARC en Casa Verde: misión nunca concretada, pero indicativa de hasta dónde llegaba la ambición del proyecto.

La segunda capa fue la formación de los propios jefes. A mediados de 1983, Fidel Castaño Gil envió a su hermano Carlos a Israel, donde cursó aproximadamente un año en una escuela militar privada en Tel Aviv. Cuando en los años noventa Castaño asumió el liderazgo de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y luego de las AUC, traía consigo no solo una experiencia militar sino una idea de qué debía ser un combatiente: disciplinado, entrenado, con doctrina.

La tercera fue la mutación interna de la guerrilla. En la VIII Conferencia de 1993, las FARC-EP reformularon su discurso: sin abandonar el marco marxista-leninista, ampliaron el registro simbólico hacia el bolivarianismo. Simón Bolívar entraba al centro del panteón interno como figura capaz de sustituir la orfandad soviética por una genealogía nacional. El nombre mismo de las "milicias bolivarianas" y de la ulterior fachada política, el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, expresaba esa operación: reciclar el símbolo republicano por antonomasia para reanclar el proyecto insurgente a un imaginario propio. Ya en la región del Duda, en su etapa de estructuración temprana, las FARC habían adoptado un reglamento interno con estatutos, régimen disciplinario, normas de comando y tácticas operacionales. Pero lo esencial ocurrió en los noventa: la organización se pensó a sí misma como una escuela permanente.

De esas tres capas —narcoescuelas del Magdalena Medio, jefes formados en el exterior, giro doctrinal fariano— sale la pedagogía armada de la década siguiente.

La fábrica del combatiente fariano

Para las FARC-EP, formar un guerrillero era un proceso trifásico establecido en el artículo 15 de su estatuto. Una primera fase de resistencia física: ejercicio intensivo, carga de peso, marchas prolongadas, orientadas a forjar un cuerpo capaz de sostener la vida en el monte. Una segunda de manejo, conocimiento y mantenimiento de armas. Una tercera de estrategia de combate: orden abierto y cerrado, obediencia, toma de decisiones bajo fuego. El curso básico tenía una duración variable —entre quince días y tres meses según el frente y el contexto— y su cotidianidad era intensa: ejercicio matutino y charlas de adoctrinamiento dos veces al día, en la mañana y en la tarde.

Ese tercer componente —las charlas— es el corazón de la operación. Laura, reclutada a los trece años, lo describió con precisión: se trataba de aprender las normas internas y "empaparse" de la doctrina revolucionaria para convertirse, en sus propias palabras, en "una revolucionaria". El adoctrinamiento no era un complemento sino la operación central: mientras el cuerpo se forjaba con marcha y carga, la conciencia se moldeaba con doctrina bolivariana, historia del comunismo, estudio del régimen interno. Esa dupla —cuerpo endurecido y mente formateada— produce el sujeto guerrillero.

El manejo de armas era obligatorio para todos, sin excepciones. Una mujer reclutada a los quince años en Tolima manifestó resistencia inicial y fue coaccionada con un argumento circular pero eficaz: quien no supiera usarlas moriría a manos del enemigo. La negativa no era una opción. El discurso de igualdad de género —que las FARC-EP y el ELN proclamaban formalmente en su adoctrinamiento, con hombres y mujeres presentados como sujetos de deberes y derechos equivalentes— servía aquí como argumento pedagógico: la revolución no exceptuaba a nadie del combate. En la práctica, ese discurso convivía con jerarquías de género que atravesaban toda la organización, y las obligaciones formales no se traducían en una homogeneidad real de trato.

El régimen disciplinario interno funcionaba como el otro brazo de la pedagogía. Trabajos forzados —fabricación de trincheras, cavado de letrinas, recolección de leña, brillada de ollas— eran constantes en la vida guerrillera y operaban como sanción cotidiana. El objetivo declarado del régimen era evitar las llamadas "tres d", conductas que amenazaban la cohesión interna. Pero el aparato disciplinario no se aplicaba de manera uniforme: en la práctica hubo tratos diferenciados, privilegios, caprichos, mezquindades, prejuicios. Lo que la organización llamaba "justicia" convivía con arbitrariedades y castigos físicos contra los propios combatientes. Algunos milicianos incurrieron en abusos incluso contra personas cercanas a la organización —exigencia periódica de dinero para consumo personal, por ejemplo—, y las milicias bolivarianas generaron tensiones internas que las normas escritas no lograban contener.

La Zona de Distensión concedida por el gobierno de Andrés Pastrana entre 1998 y 2002, con epicentro en San Vicente del Caguán y extendida hasta la Serranía de La Macarena, fue utilizada por las FARC-EP como espacio de entrenamiento a gran escala de nuevos reclutas. Lo que en la mesa de negociación se presentaba como territorio de diálogo funcionaba también como una escuela ampliada donde el modelo trifásico —cuerpo, armas, doctrina— se replicaba sin interferencia estatal.

La fábrica del combatiente paramilitar

Del lado paramilitar, la pedagogía tuvo una arquitectura distinta: menos codificada estatutariamente, más apoyada en la transferencia de saberes externos y en rituales de iniciación violenta. Su columna vertebral fueron las escuelas de entrenamiento, replicadas por todo el país al ritmo de la expansión de las ACCU y luego de las AUC. Los cursos de Klein en 1988 habían establecido un modelo; en los años noventa ese modelo se multiplicó.

En los espacios de formación del Bloque Mineros —Barro Blanco, entre otros— se privilegiaba como instructores a integrantes con trayectoria militar previa en el Ejército, la Policía o incluso grupos guerrilleros desertores. Los cursos de reentrenamiento para comandantes incluían la participación de militares retirados. Esa continuidad entre el aparato estatal y el paramilitar no era anecdótica: era la infraestructura misma de la pedagogía.

En 1999, un contingente de más de treinta personas del Tolima fue enviado a la escuela La Acuarela —también conocida como La 35— en el Urabá antioqueño, financiada por Carlos Castaño. Allí recibieron instrucción militar durante aproximadamente dos meses antes de conformar el Bloque Tolima de las AUC. La escuela producía no solo combatientes sino unidades enteras que luego se desplegarían en territorio.

La instrucción incluía una "semana de cautiverio" que constituye uno de los dispositivos más reveladores de la pedagogía paramilitar. Durante esos días los reclutas eran tratados como secuestrados: raciones mínimas —una zanahoria y un pedazo de panela para varios—, estiércol arrojado encima, comida tirada al suelo, chozas precarias, desmayos, vómitos. La lógica declarada era doble: entrenar la resistencia física en condiciones extremas y ubicar al futuro combatiente en el lugar de sus futuras víctimas para desactivar la empatía. La degradación funcionaba como pedagogía negativa: quien había sido humillado hasta ese punto quedaba habilitado para humillar.

El componente más siniestro fueron las llamadas "escuelas de descuartizamiento" o "escuelas de la muerte". Los reclutas debían cortar partes del cuerpo de cadáveres —manos y pies— y desaparecer los restos al día siguiente. Alias El Médico confesó ante la Fiscalía haber canalizado venas, aplicado anestesia local y enseñado a suturar heridas practicando sobre una víctima viva ante un grupo de aproximadamente diez alumnos. En la base La Danta, en Palos Verdes, un desmovilizado estimó que entre cien y doscientas personas habrían sido desaparecidas, incluidas víctimas muertas durante los propios ejercicios de entrenamiento. Las muertes de reclutas en los cursos eran frecuentes y generaban cohesión por miedo. La tortura fue un elemento constitutivo del proyecto: el 6,8% de los asesinatos selectivos paramilitares (1.123 de 16.340) y el 12,3% de las masacres (244 de 1.982) registradas entre 1980 y 2012 incluyeron sevicia.

El aprendizaje del umbral de violencia fue explícito. Los entrenamientos incluían instrucción sobre cómo infligir dolor para obtener información. Combinado con la exposición temprana a cadáveres, torturas y ejecuciones, ese aprendizaje producía un combatiente cuyo umbral de aversión al horror quedaba desplazado hacia territorios que la vida civil difícilmente contempla. Un exparamilitar describió cómo el entrenamiento con financiación del narcotráfico y la instrucción por mercenarios extranjeros generaban en el combatiente una sensación de "mayor nombre, fuerza y capacidad".

Símbolos, magia y economía moral

Formar un combatiente no fue solo cuerpo y técnica; fue también universo simbólico. Y aquí aparece una de las tensiones más reveladoras del período: la pedagogía deliberada convivió con creencias y prácticas que ninguna estructura organizó explícitamente pero que operaron como marcos de sentido para los combatientes.

Del lado fariano, el reciclaje bolivariano cumplió la función que en otras insurgencias del siglo XX habían cumplido los símbolos del internacionalismo comunista. Simón Bolívar —figura consagrada por el Estado, por el Ejército, por la escuela pública— fue apropiado como emblema de una lucha que se presentaba como continuidad de la independencia inacabada. Si Bolívar era del Ejército, también podía ser de los frentes guerrilleros. El adoctrinamiento diario en las charlas de mañana y tarde reponía esa genealogía y la fundía con la memoria fundacional de Marquetalia y con el marxismo campesino de las primeras décadas.

Del lado paramilitar, el universo simbólico fue menos codificado y más heterogéneo. Exparamilitares de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM) y de las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá (ACPB) describieron a ciertos combatientes como poseedores de "pactos con el diablo" y capacidades sobrenaturales. Los llamados monicongos —objetos rituales— eran portadores de poder: podían transformar a quien los llevaba y obligarlo a matar. Un testimonio lo formuló con crudeza: "si él me pedía que matar a una persona, tenía que matarla". Se mencionaron también tablas ouija y otros artefactos, asociados con combatientes considerados "muy malos" dentro del grupo. La muerte de un compañero con estas prácticas podía interpretarse como manifestación póstuma de su maldad: "Quedó todo torcido. La maldad que tenía. Los espíritus que le habían puesto al man…".

Estas creencias no formaban parte del diseño institucional de las ACCU/AUC —no eran doctrina como sí lo era el bolivarianismo fariano—, pero operaron espontáneamente como economía moral: proveían un lenguaje para procesar los propios actos, para diferenciar a los "muy malos" del resto, para explicar la muerte, para dar contorno a la identidad del combatiente extremo. La violencia no se legitimaba solo por el discurso contrainsurgente de las jefaturas; en la ranchería y en el campamento se traducía en categorías demonológicas, ritos y objetos.

Adoctrinamiento cotidiano y construcción del enemigo

Producir un combatiente exige producir también un enemigo. La pedagogía interna trabajó ese punto con recursos distintos según el bando, pero con lógica análoga.

Para las FARC-EP, el enemigo era el Estado oligárquico, el imperialismo, la burguesía y, cada vez más, el propio paramilitarismo. Las charlas diarias reponían ese esquema con material doctrinal y con el estudio de las normas internas. La conversión del recluta en "revolucionario" —en los términos de Laura— pasaba por la interiorización de esa cartografía moral.

Para los paramilitares, el enemigo era la guerrilla y su presunta base social. Un reclutado forzado por las Autodefensas Campesinas del Meta y Vichada (ACMV) en la Altillanura recordó que, durante su retención en una finca, se le impartieron charlas iniciales en las que se justificaba la lucha del grupo señalando que combatían a la guerrilla. Ese discurso —difundido públicamente por Carlos Castaño y por otros jefes— reivindicaba un supuesto "derecho a la autodefensa" frente a la incapacidad y el abandono estatal, y circulaba dentro y fuera de las filas.

Las charlas sobre Derecho Internacional Humanitario y derechos humanos aparecieron en estructuras como el Bloque Élmer Cárdenas años después del origen paramilitar, no como principio fundacional. Su llegada estuvo vinculada a nuevas realidades políticas —particularmente la presión que ejercería una eventual negociación—, y su trascendencia práctica en el terreno fue limitada. La pedagogía paramilitar no incluyó desde el comienzo una educación en límites humanitarios; los introdujo tardíamente y por necesidad estratégica de imagen, no por convicción doctrinal.

Reclutamiento, engaño, coacción

Formar un combatiente empieza antes del entrenamiento formal: empieza en el modo en que se ingresa a las filas. Y aquí también los mecanismos fueron sistemáticos.

Las FARC-EP reclutaron a menores de edad de manera sostenida en la década. Los casos de Laura, ingresada a los trece años, y de la joven tolimense reclutada a los quince, muestran que el aparato pedagógico no distinguía por edad: todos pasaban por el ciclo trifásico, todos recibían adoctrinamiento diario, todos aprendían a manejar armas bajo coacción argumentativa.

Las ACMV usaron retenes como mecanismo de captación en la Altillanura: interceptaban personas, las sometían a interrogatorios en los que se cuestionaba su pertenencia guerrillera, y las obligaban a incorporarse o a trabajar para el grupo. Un mecanismo consistía en retener a alguien, hacerlo trabajar en fincas durante semanas y someterlo a adoctrinamiento ideológico. El ingreso, en muchos casos, no fue voluntario: fue el resultado de un proceso pedagógico que combinaba coacción física, disciplina laboral y charlas.

El ELN operó en paralelo con lógicas convergentes: en el Caribe colombiano, el Frente 6 de Diciembre utilizó el engaño y la seducción como mecanismo de reclutamiento, prometiendo a los jóvenes que "se pasaría bien" y que ganarían dinero, llegando a reclutar incluso a todos los hijos varones de una misma familia.

En todos los casos, el ingreso no era un acto puntual sino la puerta a un dispositivo pedagógico que empezaba a operar de inmediato.

Género, sexualidad y masculinidad armada

Formar el combatiente fue, mayoritariamente, formar un hombre armado. Los perpetradores de violencia sexual identificados por las víctimas eran en su enorme mayoría hombres jóvenes y adultos, combatientes y comandantes de todos los actores armados, y su acción reflejaba jerarquías cruzadas de género, raza, clase, sexualidad y edad.

Del lado paramilitar, las principales acciones de violencia sexual estuvieron asociadas a la regulación y control del género, al castigo público y a la tortura contra el enemigo. La violencia sexual en los territorios se concentró sobre los cuerpos de trabajadoras sexuales y de personas LGBT, como práctica regulatoria de carácter patriarcal y heterosexista. En El Placer, en el Putumayo, el temor de las mujeres hacia la figura del hombre guerrero paramilitar —construida alrededor de prácticas cotidianas de carácter sexual que se difundieron rápidamente entre la población— se tradujo en cambios de horarios, vestimenta y reglas de cuidado familiar. La pedagogía del combatiente producía efectos sobre el afuera: reorganizaba la vida cotidiana de comunidades enteras a partir de la reputación sexual de los armados.

La composición misma de las filas confirma esa masculinización. Aproximadamente solo el 6% de las personas desmovilizadas colectivamente por grupos paramilitares entre 2003 y 2006 eran mujeres, según el Observatorio de Procesos de Desarme, Desmovilización y Reintegración de la Universidad Nacional. Del lado fariano, el discurso formal de igualdad de género elevó la participación femenina, pero en la práctica esa proclamación convivió con obligaciones y jerarquías que no se homogeneizaron nunca del todo.

La pedagogía hacia afuera: Castaño ante las cámaras

Mientras los reclutas aprendían a matar en La Acuarela o en Barro Blanco, Carlos Castaño construía una pedagogía distinta pero complementaria: la dirigida a las élites, a los medios y a la opinión pública. En eso se diferenció radicalmente de su hermano Fidel, que rehusó ser fotografiado y evitó las entrevistas.

El 9 de agosto de 2000, Castaño concedió una entrevista televisada en el programa La Noche de RCN, presentado por Claudia Gurisatti. La aparición formaba parte de una estrategia comunicacional más amplia: la creación de una página electrónica de las autodefensas, la recepción sistemática de delegaciones políticas, gremiales y académicas para explicar los objetivos del movimiento, y en 2001 la publicación del libro Mi confesión, basado en entrevistas con el periodista Mauricio Aranguren Molina. En ese libro Castaño enlazó su historia personal —el asesinato de su padre, la venganza fundacional, la trayectoria de los Castaño en Córdoba— con la narración del conflicto armado, combinando verdades y mentiras en una sofisticada estrategia propagandística.

El objetivo era doble. Hacia afuera, se trataba de lavar la imagen de una organización que la evidencia vinculaba con el narcotráfico y con masacres sistemáticas, presentándola como respuesta legítima al abandono estatal frente a la guerrilla. Hacia adentro, esa vocería pública consolidaba la figura del jefe, dotaba al combatiente raso de un relato con el que identificarse, y proyectaba al proyecto paramilitar hacia una eventual mesa de negociación como interlocutor político.

Esa pedagogía externa —televisiva, editorial, digital— fue tan decisiva como la interna. Sin ella, las AUC habrían quedado en el imaginario público como carteles armados; con ella, se instalaron como actor con pretensión política, lo que abriría la puerta a la negociación de Ralito iniciada en 2003.

Cierre: una maquinaria heterogénea que funcionó

La imagen del combatiente colombiano como bandido improvisado, campesino desesperado, muchacho reclutado a la fuerza, es cierta en muchos casos pero insuficiente como explicación. Lo que la década de los noventa muestra es una fabricación deliberada, y esa fabricación no fue nunca uniforme ni completa. El régimen disciplinario fariano se aplicó con arbitrariedades y privilegios. Las charlas de DIH paramilitares llegaron tarde y por presión externa. Los monicongos y los pactos demoníacos operaron como marco espontáneo, no como diseño institucional. Y aun así, la maquinaria funcionó: cerró horizontes de salida, produjo identidades reconocibles, sostuvo el conflicto en el terreno durante casi una década. Cuando en 2002 se rompió el Caguán y comenzó otra fase de la guerra, los cuerpos y las conciencias formados en esos nueve años ya estaban en el monte, listos para pelearla.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

23 documentos · 42 fragmentos
01De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 115, 1312 citas
[1]lo llamaban a uno por la chapa, “píquelo, usted era su lanza, usted lo pica” (…) 132 DE LOS GRUPOS PRECURSORES AL BLOQUE TOLIMA (AUC) INFORME No. 1 Entr: ¿Pero eso en los entrenamientos?, por ejemplo les ponían ahí un muerto y les decían: Bueno listo, entonces ahora vamos a tal”. Edo: A despresar. Entr: Les enseñaban…p. 131
[11]apoyo porque tocaba (…) Entr: O sea fue Víctor y fue el que hizo la gestión de ir a pedir apoyo. Edo: La conexión que llamamos nosotros para ir a pedir apo- yo donde Castaño. Mandan 35 hombres para la escuela de La Acuarela (ubicada en Urabá) a entrenarlos. Entr: ¿Y eso en qué año fue que Víctor…? Edo: 99 (…) ya…p. 115
02¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 251 cita
[2]el cuerpo lacera- do de las víctimas. 54 La tortura se convirtió en un hecho simultáneo en 1.123 de las 16.340 acciones de asesinato selectivo (6,8%) documen- tados por el GMH entre 1980 y 2012, así como en 244 de las 1.982 ma- sacres (12,3%). Por su parte, el RUV registró 4.151 víctimas de tortura entre 1985 y el…p. 25
03Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 105, 1454 citas
[3]técnicas de desmembramiento de cuerpos, inhumación y lanzamiento a los ríos” (Tribunal Superior de Bogotá, 2016a, p. 584). En las ACPB, en las ACMM y en sus grupos relacionados, las prácticas y ob- jetivos de la enseñanza de acciones de terror fueron las mismas que se enun- ciaron. En este sentido, se contraponen los…p. 145
[4]técnicas de desmembramiento de cuerpos, inhumación y lanzamiento a los ríos” (Tribunal Superior de Bogotá, 2016a, p. 584). En las ACPB, en las ACMM y en sus grupos relacionados, las prácticas y ob- jetivos de la enseñanza de acciones de terror fueron las mismas que se enun- ciaron. En este sentido, se contraponen los…p. 145
[29]de armas, ene- migos y población civil; percepciones de capacidades sobrenaturales; y hasta justificaciones de los crímenes que cometían, pues eran considerados “ritos satánicos”, “pactos con el diablo” y encarnaciones del mal. “Él tenía cosas ra- ras y era un asesino, él rezaba las malas. Tenía pacto con el diablo”…p. 105
[30]de armas, ene- migos y población civil; percepciones de capacidades sobrenaturales; y hasta justificaciones de los crímenes que cometían, pues eran considerados “ritos satánicos”, “pactos con el diablo” y encarnaciones del mal. “Él tenía cosas ra- ras y era un asesino, él rezaba las malas. Tenía pacto con el diablo”…p. 105
04El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 160, 2074 citas
[5]Medellín. Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía. 160 Ea paítul Mosulue, tgtí n doullí uy ua qísg poromíng sia local y se empezó a practicar con él para canalizar las venas. Después, en una parte de la pierna, se le colocó anestesia local y se le rajó con un bisturí una parte para enseñar a los muchachos a suturar.…p. 160
[6]Medellín. Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía. 160 Ea paítul Mosulue, tgtí n doullí uy ua qísg poromíng sia local y se empezó a practicar con él para canalizar las venas. Después, en una parte de la pierna, se le colocó anestesia local y se le rajó con un bisturí una parte para enseñar a los muchachos a suturar.…p. 160
[36]horarios, la forma de vestirse y las reglas de cuidado para toda la familia. Todos estos cambios dan cuenta del temor de las mujeres hacia la imagen de ese hombre guerre- ro, imagen que se construyó alrededor de las prácticas cotidianas de los armados que rápidamente se difundieron por la población. Esas prácticas…p. 207
[37]horarios, la forma de vestirse y las reglas de cuidado para toda la familia. Todos estos cambios dan cuenta del temor de las mujeres hacia la imagen de ese hombre guerre- ro, imagen que se construyó alrededor de las prácticas cotidianas de los armados que rápidamente se difundieron por la población. Esas prácticas…p. 207
05El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 124, 1282 citas
[7]esas vainas, que se llama semana de cautiverio, o sea que los tratan como si estuvieran secuestrados. Todos hablan que esa era una semana muy brava. Entr.: Les tiraban estiércol. Edo.: Sí. Y que les tiraban la comida así tirada en una olla, le tiraban así encima, que la comida así y que le daban una zanahoria a todos,…p. 128
[8]2014, 23 de septiembre). 2. CONSTRUCCIÓN DE LA SUBJETIVIDAD DEL VICTIMARIO. EXPERIENCIAS INTRAFILAS 123 En el rol de instructores o entrenadores se privilegiaba a los integrantes que tuvieran una trayectoria militar previa, en el Ejército, la Policía o en algún grupo guerrillero: Entr.: ¿Quiénes eran sus instructores…p. 124
06Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 300, 3242 citas
[9]no fue capaz de decir: “Yo tengo doscientos hombres yo mismo”. Los muertos del John Isaza, no ascienden a cien. (CNMH, CV, Ochoa y Mazo, 2014, 30 de octubre) La base principal estuvo en Piedra Candela, el escondite de los Isaza en la guerra contra Escobar. Allí también funcionaba una escuela de entrenamiento para…p. 324
[12]Y, al otro [compañero le decían]: “Usted sale y me lo pica… usted “esto”. Enton- ces el que no tiene el corazón pa’ eso quedaba loco ahí o lo mataban. Y el entrenamiento también era muy duro, fuerte. Pues, porque uno escuchaba y uno preguntaba, y yo no… yo no tenía el corazón pa’ eso, yo decía: “Uy, no, ¿matar a otro…p. 300
07No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 225, 2282 citas
[10]el cen- tro de formación Las Galaxias. Según su testimonio, entre 1987 y 1988, Gonzalo Rodríguez Gacha 618, alias el Mexicano, uno de los principales narcotraficantes de la época, acudió a los paramilitares para entrenar a sus escoltas. Panesso cuenta que fue él quien asumió dicha función: «Con los muchachos que iban…p. 228
[13]y aguante físico; en el segundo debían aprender a manejar armas, conocer cuáles hay y entrar en contacto con el arsenal de guerra, además de instruirse sobre su mantenimiento y cuidado. En el tercero se abordaba la estrategia de combate, se inculcaba la obediencia y la toma de decisiones en el campo de batalla 603.…p. 225
08La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 157, 1612 citas
[14]lo que lo hicie- ron los grupos paramilitares. Según el Observatorio de Desarme, Desmovilización y Reintegración de la Universidad Nacional de Co- lombia, aproximadamente solo el 6 por ciento de las personas des- movilizadas colectivamente por grupos paramilitares entre 2003 y 2006 eran mujeres (Observatorio de…p. 161
[35]social impuesta, y, fi nalmente, como una práctica de puri fi cación de aquellos sujetos considerados aberran- tes o desviados, principalmente, por ocupar posiciones margina- les en la escala socio-sexual. En relación con las prácticas regulatorias de carácter patriarcal y heterosexista que imponen los actores armados…p. 157
09Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 1761 cita
[15]bus en un retén en Planas junto con otras tres personas y obligado a trabajar en una finca cercana a Puerto Gaitán: 177 3. RECLUTAMIENTO Y CONSTRUCCIÓN DE SUBJETIVIDAD DE INTEGRANTES DE LAS ACMV Edo.: Nos bajaron, nos preguntaron que nosotros qué ha- cíamos. Nosotros les dijimos: “Somos raspachines”. Nos empezaron a…p. 176
10Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 172 citas
[16]los actores en confrontación van modificándose a medida que el con - flicto armado evoluciona y se prolonga su duración. En consecuencia con lo anterior, Mauricio Romero advierte sobre la com- plejidad de poder mantener diferencias claras en la caracterización de los pa- ramilitares y las autodefensas, proponiendo que…p. 17
[17]los actores en confrontación van modificándose a medida que el con - flicto armado evoluciona y se prolonga su duración. En consecuencia con lo anterior, Mauricio Romero advierte sobre la com- plejidad de poder mantener diferencias claras en la caracterización de los pa- ramilitares y las autodefensas, proponiendo que…p. 17
11Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 202, 4022 citas
[18]acompasarse con las nuevas realidades políticas. Cabe aclarar que las charlas sobre DIH y derechos humanos no fueron una actividad que hubiera estado presente siempre en la formación de los parami- litares. El anterior relato corresponde al de una persona que ingresó en 2001 al Bloque Élmer Cárdenas como promotor…p. 202
[34]a los paracos y los paracos hacían la limpieza. (CNMH, MNJCV, BB, 2016, 4 de mayo) Por todo lo anterior y según la información de relatos del Mecanismo No Judicial de Contribución a la Verdad, las principales acciones cometi- das por los grupos paramilitares asociadas a la violencia sexual tienen que ver con la…p. 402
12Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 315, 3742 citas
[19]meses (Álvarez y Aguirre, 2001; HRW, 2004; Bácares, 2014). Ese entrenamiento tenía un fuerte componente físico que buscaba forjar y amoldar el cuerpo a las nuevas demandas del guerrero y a las exigencias de una vida en constante riesgo, o aprendes el arte o puedes morir 186. Una mujer desmo- vilizada en proceso de…p. 374
[27]Córdoba y Urabá: contiene la naturaleza de la organización, la misión y objetivos, así como las disposicio- nes generales de funcionamiento. • Instructivo Individual de Combate (Capítulo 1 – Técnicas de combate diur- no y nocturno. Capítulo 2 – Inteligencia de combate y contra inteligencia). ELN Documentos: • El ELN a…p. 315
13El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 157, 1604 citas
[20]con dineros del narcotráfico aportados principalmente por Gonzalo Rodríguez Gacha y el cartel de Medellín. “Los pensamientos de Gon- zalo Pérez y Henry Pérez era ganarle la guerra a la guerrilla, y ganar terreno. Y con ese aliado que tenían en la época, con esa plata, pues era estar en todo el país, atacando a la…p. 157
[21]con dineros del narcotráfico aportados principalmente por Gonzalo Rodríguez Gacha y el cartel de Medellín. “Los pensamientos de Gon- zalo Pérez y Henry Pérez era ganarle la guerra a la guerrilla, y ganar terreno. Y con ese aliado que tenían en la época, con esa plata, pues era estar en todo el país, atacando a la…p. 157
[22]de julio) Después de los primeros dos cursos dictados por Klein entre enero y marzo de 1988, llegó otro grupo de Mercenarios británicos al mando de David Tom- kins, con gran conocimiento en explosivos y larga trayectoria en operaciones secretas contra el poder soviético. Este segundo grupo se enfocó en la prepara-…p. 160
[23]de julio) Después de los primeros dos cursos dictados por Klein entre enero y marzo de 1988, llegó otro grupo de Mercenarios británicos al mando de David Tom- kins, con gran conocimiento en explosivos y larga trayectoria en operaciones secretas contra el poder soviético. Este segundo grupo se enfocó en la prepara-…p. 160
14La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 2591 cita
[24]Uariv (2020), entre 1996 y 2005, no se reportan más de 12 casos por año. La única excepción se presenta en el año 2000. Este pico se explica por una toma guerrillera desarrollada por las FARC en el municipio de Bagadó, que se extendió por 6 días y se llevó a cabo el 17 de octubre. La toma se dio en el marco de la…p. 259
15Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6021 cita
[25]Los castigos físicos, que implicaron trabajos forzados (por ejemplo, fabricación de trincheras, letrinas, recolección de leña, brillada de las ollas 1930) tampoco dejaron de ser una constante en la vida guerrillera 1931. Pese a los estrictos manuales disciplinarios y procedimientos a los cuales se some- tían los…p. 602
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 80, 1802 citas
[26]de esa organización la hacen en la región del Duda y ahí surge la cuestión del desdoblamiento, de enviar gente de un lado a otro […] y la dirección de las FARC queda prácticamente en el Duda, […] en Bogotá, en el centro del país. Ahí llegaban todos los estafetas, de manera clandestina, sin uniformes ni distintivos.…p. 80
[28]una cosa mal hecha, yo les decía que eso no se hacía con las comunidades. Y nunca había llegado a tener un tropezón, pero con él sí lo tuve, precisamente, por defender los derechos de las comunidades» 595. Un excombatiente de las FARC-EP reconoció este tipo de hechos a la Comisión de la Verdad, además dio detalles del…p. 180
17Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1201 cita
[31]expandió sus operaciones al resto de la costa atlántica, a los Llanos Orientales y a algunas regiones del centro y sur del país y del litoral Pacífico. A diferencia de Fidel, quien siempre rehusó ser fotografiado y publicar entrevistas, Carlos asumió la vocería política de las autodefensas, creó una página…p. 120
18No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3581 cita
[32]por ende, a una narrativa concreta en un momento de búsqueda de una salida negociada al conflicto. A esta aparición de marzo se le sumaría una segunda entrevista a profun- didad, realizada por Claudia Gurisatti para el programa La Noche del Canal RCN, el 9 de agosto del 2000. Esta exposición mediática precedió, a su…p. 358
19Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1571 cita
[33]disipó. A costa de las improvisaciones gubernamentales y de la arrogancia y desmanes de las farc, con su pretendido dominio soberano de la zona de despeje del Caguán, o las volteretas del eln, los paramilitares, ayudados por los grandes medios de comunicación y el capitalismo mañoso, adquirieron voz pública y…p. 157
20Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2452 citas
[38]la guerra contra la insurgencia, tanto rural como urbana. Y la estructura de este grupo paramilitar era cada vez más compleja. Fidel se había encargado de los asuntos financieros, mientras que Carlos se posicionaba en la dirección de las operaciones militares. Vicente, el otro hermano, era el contralor del grupo.…p. 245
[39]la guerra contra la insurgencia, tanto rural como urbana. Y la estructura de este grupo paramilitar era cada vez más compleja. Fidel se había encargado de los asuntos financieros, mientras que Carlos se posicionaba en la dirección de las operaciones militares. Vicente, el otro hermano, era el contralor del grupo.…p. 245
21Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 631 cita
[40]y de control de población de los grupos paramilitares se daría simultáneamente con una intensi fi cación de las operaciones militares del Ejército en el Magdalena Medio. El Grupo de Me- moria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Recon- ciliación (CNRR) constataría que, en el Magdalena Medio, A partir de…p. 63
22Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 301 cita
[41]Extremadura que no podía ser objeto de acciones militares del Estado y el resto del país como terreno de guerra. Todo ello sin haberse iniciado los diálogos ni definido la agenda de los mismos. El decir del sociólogo franco-colombiano Daniel Pécaut fue que el Gobierno «de entrada quemó todas sus naves». Cuando, el 6…p. 30
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 871 cita
[42]los muchachos, a decirles que allá sí se pasaba bien, que allá iban a ganar plata... Muchos vecinos de allá huyeron, muchachos se fueron con ellos. Hubo una familia, ellos eran muy conocidos de mi abuelo. Tenían siete hijos. Todos los siete muchachos se fueron con la guerrilla, con el Frente 6 de Diciembre del ELN. El…p. 87