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Idea · Estados Unidos de Colombia

Memoria fundacional

Conjunto de operaciones legales, editoriales, iconográficas, pedagógicas y ceremoniales por las cuales el Estado colombiano del siglo XIX fijó sus orígenes, escogió sus héroes y consagró las fechas que lo autorizaban a existir. Durante los Estados Unidos de Colombia (1863–1886), el liberalismo radical intentó convertir este artefacto de homogeneización en instrumento de gobierno federal y laico, antes de que la Regeneración impusiera su propia versión conservadora-católica.

4.942 palabras41 documentos54 fragmentos citados
Memoria fundacional

Trayectoria de una idea

  1. 1823

    Creación del Museo Nacional

  2. 1848

    Publicación del Compendio histórico de Joaquín Acosta en París

  3. 1861

    Ensayo de Samper: fundamentos del relato liberal sobre la Colonia

  4. 1863

    Constitución de Rionegro y legitimación memorial del nuevo orden federal

  5. 1872

    Decreto del 20 de julio como fiesta nacional y fundación de la Academia Colombiana de la Lengua

  6. 1873

    Ley 60: el 20 de julio como día festivo oficial

  7. 1874

    Primer compendio escolar de historia patria

  8. 1886

    La Regeneración clausura el ciclo liberal y fija la memoria conservadora-católica

  9. 1910

    Centenario de independencia y consagración del manual de Henao y Arrubla

03

La lectura

La memoria fundacional en Colombia no fue un proceso espontáneo ni académico: fue una operación política deliberada en la que hombres de letras y hombres de partido fueron casi siempre la misma persona. Durante los Estados Unidos de Colombia, el liberalismo radical intentó construir un relato del pasado congruente con su proyecto federal, anticlerical e individualista, apoyándose en la prensa libre, los manuales escolares incipientes, la cartografía heredada de la Comisión Corográfica y la institucionalización del 20 de julio como fecha fundante. Ese esfuerzo fue enérgico pero frágil: carecía del aparato pesado —academia oficial de historia, ritual cívico obligatorio, sistema centralizado de enseñanza— que sí construiría la Regeneración. Cuando el ciclo liberal se cerró en 1886, la memoria conservadora-católica, con la Iglesia como red institucional y el manual de Henao y Arrubla como catecismo escolar, fijó por casi un siglo las bases sobre las cuales los colombianos aprenderían a recordarse. La disputa por la memoria fundacional fue, en última instancia, una disputa por el Estado mismo.

La memoria fundacional en los Estados Unidos de Colombia

Entre 1863 y 1886, mientras el país se llamaba Estados Unidos de Colombia y se administraba como una confederación de nueve estados soberanos, el liberalismo radical intentó algo que hoy suena administrativo pero entonces era una operación política de primer orden: fabricar un pasado común. La memoria fundacional —esa práctica deliberada de fijar en fechas, retratos, mapas, manuales y ceremonias los orígenes de la nación— dejó de ser evocación erudita para volverse instrumento de gobierno. Con la Ley 60 de 1873 se decretó el 20 de julio como día festivo; con los tratados de José María Samper se litigó contra el orden colonial; con la prensa de Salvador Camacho Roldán se legitimó el nuevo orden federal; con los mapas heredados de la Comisión Corográfica se dibujó el territorio que ese Estado pretendía gobernar. Fue un esfuerzo enérgico y a la vez desprovisto de aparato: cuando la Regeneración clausuró el ciclo en 1886, buena parte de ese trabajo simbólico quedó desmontado, y la memoria conservadora-católica —con la Iglesia como red institucional, con el manual de Henao y Arrubla como catecismo escolar— fijó por casi un siglo las bases sobre las cuales los colombianos aprenderían a recordarse.

Qué se entiende por memoria fundacional

No es la historia académica ni el archivo. La memoria fundacional es el conjunto de operaciones —legales, editoriales, iconográficas, pedagógicas, ceremoniales— por las cuales un Estado joven fija sus orígenes, escoge sus héroes y consagra las fechas que lo autorizan a existir. En la Colombia del siglo XIX esa función fue asumida por hombres de letras que casi siempre eran también hombres de partido: la escritura de la historia se hizo de la mano de la política, y participó en la creación misma de la institucionalidad estatal incipiente. El pasado se convirtió en recurso simbólico para legitimar valores y proyectos, y esa doble condición —erudita y militante— define todo lo que se produjo entre la Independencia y la Regeneración.

El fenómeno tuvo función pragmática desde el comienzo. A los escritos históricos de las nacientes repúblicas latinoamericanas se les atribuyó la tarea de establecer la continuidad y autenticidad de una sociedad, es decir, de convertir un conjunto de regiones dispares en una nación con orígenes comunes. En Colombia esa tarea era particularmente ardua: un territorio quebrado por cordilleras, poblaciones que hablaban castellano con acentos irreconciliables, memorias locales que competían con la nacional, una Iglesia católica con arraigo antiguo y una elite letrada que pretendía inventar redes de pertenencia sobre una realidad plural. La memoria fundacional fue, entonces, un artefacto de homogeneización sobre una sociedad que no la tenía espontáneamente.

Durante los Estados Unidos de Colombia ese artefacto adquirió color partidista. El liberalismo radical, ganador de la guerra civil de 1860-1862 y arquitecto de la Constitución de Rionegro, entendió que necesitaba un relato del pasado congruente con su proyecto: federal, anticlerical, individualista, crítico del legado hispánico. Sus adversarios conservadores cultivaban una lectura contraria —positiva de la Colonia, favorable a la Iglesia, nostálgica del orden— que terminaría imponiéndose con la Regeneración. La disputa por la memoria fue una disputa por el Estado.

Los materiales heredados: de 1810 a 1863

Cuando los radicales llegaron al poder en 1863 no partían de cero. Existían ya varias capas de trabajo memorial acumuladas desde la Independencia.

La primera fue historiográfica. Las obras del siglo XIX habían utilizado la noción de pasado para consagrar los orígenes de la República y dar carácter fundacional a las acciones de los héroes epónimos de la Independencia. El general Joaquín Acosta publicó en París en 1848 su Compendio histórico del Descubrimiento y Colonización de la Nueva Granada en el siglo decimosexto, considerado el intento más esforzado por dar a conocer a Colombia en el exterior durante la primera mitad del siglo, y antes, en 1847, había dedicado al barón de Humboldt un nuevo mapa de la República. José María Samper preparaba su Ensayo sobre las revoluciones políticas, que aparecería en 1861 y sentaría los fundamentos del relato liberal sobre la Colonia. Por el flanco conservador, José Manuel Groot elaboraba su Historia eclesiástica y civil de la Nueva Granada, texto que se volvería el gran contramodelo: allí la Colonia aparece como época de paz y la vida republicana como sucesión de desórdenes, y de ese contraste se desprende, casi mecánicamente, la conclusión política de que solo un ejecutivo fuerte respaldado por la religión podía preservar el orden.

La segunda capa era institucional. El Museo Nacional había sido creado por ley del Congreso el 28 de julio de 1823 como Museo de Historia Natural y Escuela de Minería, y había abierto sus puertas el 4 de julio de 1824 en la antigua Casa de la Expedición Botánica. En 1868, durante la presidencia de Santos Gutiérrez, se actualizaron tanto la Biblioteca como el Museo Nacional. Eran depósitos pequeños, todavía sin la vocación panteónica que adquirirían después, pero constituían un embrión de infraestructura memorial.

La tercera capa —y quizá la más ambiciosa— fue cartográfica. La Comisión Corográfica, dirigida por el coronel Agustín Codazzi, levantó los mapas geográficos de la Nueva Granada y produjo la Geografía física y política de la Nueva Granada. Sus trabajos serían redesplegados durante el período federal para adaptarse a las transformaciones constitucionales, en particular las de 1858 y la creación de los estados. Manuel Ancízar produjo la Peregrinación de Alpha, obra vinculada a la Comisión que suscitó respuestas del Partido Conservador; Felipe Pérez publicó su Jeografía física i política del Estado de Santander —cuya tercera edición aparece fechada en 1863— y llevó la representación geográfica al nivel del estado federal. Describir el país era también inventariarlo como sujeto político.

Sobre estos cimientos operaría el radicalismo. Recibía una historiografía en disputa, un puñado de instituciones frágiles y una cartografía razonable. Le faltaba lo esencial: un dispositivo capaz de convertir esos materiales en experiencia común.

Rionegro y la legitimación por el pasado

La Convención de Rionegro se instaló el 4 de febrero de 1863, convocada por Tomás Cipriano de Mosquera tras la victoria liberal en la guerra civil. Sus delegados eran predominantemente liberales, pero la composición no era homogénea: Mosquera anticipaba tensiones con el radicalismo, y en efecto entre los convencionalistas figuraban las figuras clave del radicalismo liberal —Manuel Murillo Toro, Salvador Camacho Roldán— que impondrían un ejecutivo débil, un mandato presidencial corto y un federalismo de gran amplitud.

Lo que allí se firmó tuvo desde su primer día una dimensión memorial. Mosquera pronunció un discurso en la instalación —Discurso del presidente provisorio de los Estados Unidos de Colombia, en la instalación de la Convención Nacional, luego impreso y difundido— en el que ubicaba el momento como refundación. La Constitución dividió el país en nueve estados soberanos, autorizó a cada región a adoptar sus propios códigos y redujo drásticamente el poder del Ejecutivo. Garantizó amplias libertades individuales —religiosa, de expresión, de imprenta— y mantuvo la abolición de la pena de muerte. Prolongó, además, el conflicto con la Iglesia iniciado en la segunda presidencia de Mosquera desde julio de 1861: mantuvo las leyes que habían expropiado tierras, casas y edificios de comunidades religiosas, y avanzó en una reforma educativa destinada a eliminar la influencia de la religión católica.

Esa arquitectura constitucional necesitaba una arqueología. Si el nuevo orden era federal, individualista y laico, había que demostrar que la Colonia había sido lo contrario, y que la Independencia era el momento fundante que autorizaba el corte. La legitimación se produjo por dos vías simultáneas.

La primera fue historiográfica. Samper, en su Ensayo sobre las revoluciones políticas de 1861, había fijado los términos: la Colonia como Estado centralista, monopólico, fiscalista, intervencionista y omnipresente, encarnado en la doble máquina del Estado español y la Iglesia. Negó que en ese orden hubiera existido un verdadero Estado de derecho en sentido moderno, aunque reconoció, con honestidad de jurista, que los reyes y el Consejo de Indias dieron muestras de solicitud por el bienestar de las poblaciones coloniales. La crítica no era ingenua: Samper también advirtió que los hombres de la Independencia, faltos de educación política, se habían planteado programas basados en ideas absolutas y habían desarrollado un culto fetichista por los sistemas ideológicos, convirtiendo al caudillo en jefe de partido, magistrado y árbitro supremo. El liberalismo tenía, por así decirlo, autocrítica.

La segunda vía fue periodística. Camacho Roldán dirigió desde 1863 el periódico El Semanario, cuya primera entrega informó sobre la Convención de Rionegro y cuyo número 17 se dedicó a propiciar la campaña presidencial de Murillo Toro. La prensa liberal no cubría la política: la constituía. Y lo hacía con una economía de recursos que ilustra bien el modo radical de operar: la imprenta de El Mosaico funcionó como punto de recepción de suscripciones y avisos para el semanario de Camacho Roldán, articulando así un pequeño circuito letrado capitalino donde la memoria patriótica, la bibliografía nacional y la propaganda política se cruzaban en las mismas oficinas.

La institucionalización del 20 de julio

El acto memorial más duradero del período fue también el más silencioso. En 1872 se expidió un decreto que establecía que la fiesta nacional se celebraría el 20 de julio; un año después, la Ley 60 de 1873, promulgada en Bogotá, declaró esa fecha día festivo para la República como aniversario de la Independencia de 1810 y asignó dos mil pesos anuales para su celebración. Detrás de la ley estaba José María Quijano Otero, secretario de la Cámara de Representantes, quien en las páginas de La América había defendido con insistencia que el 20 de julio era el verdadero aniversario de la independencia nacional. Es probable que él mismo tramitara el proyecto.

La elección no era obvia. El calendario patriótico contaba con varios candidatos: la batalla de Boyacá del 7 de agosto de 1819, la instalación del Congreso de Cúcuta en 1821, el 20 de julio bogotano de 1810. Al escoger este último, la ley fijó como origen no la victoria militar sino el pronunciamiento civil, no el momento bolivariano sino el momento neogranadino, no el ejército sino la ciudad. Es una decisión con carga: privilegia la deliberación urbana sobre el hecho de armas, y desplaza sutilmente el eje de Bolívar hacia los criollos ilustrados.

Ese mismo año de 1872, en un signo del momento cultural, se fundó la Academia Colombiana de la Lengua. Y en 1874 Quijano Otero publicó un Compendio de historia patria para uso de las escuelas primarias, testimonio de que el proyecto memorial buscaba llegar al aula. El pasado se decretaba día festivo, se academizaba y se llevaba al pupitre casi al mismo tiempo.

Con todo, la institucionalización fue tenue. La Ley 60 fijaba una fecha y un presupuesto modesto, pero no creaba una liturgia elaborada ni una corporación encargada de custodiar la memoria. Esa falta haría que los esfuerzos por preservar el pasado fueran aislados e insuficientes, y que testimonios y episodios notables se perdieran sin llegar a registrarse por escrito. El radicalismo confiaba en la libertad de imprenta, en las redes letradas y en la iniciativa individual; no construyó el aparato pesado —academia oficial de historia, sistema centralizado de manuales, ritual cívico obligatorio en todo el territorio— que sí construiría después la Regeneración.

La red letrada: bibliófilos, cartógrafos, publicistas

Para entender cómo funcionaba la memoria fundacional bajo los Estados Unidos de Colombia hay que mirar la red humana que la producía. No era un aparato: era una constelación.

En el centro, la revista El Mosaico articuló un grupo de letrados bibliógrafos dedicados a recuperar el patrimonio bibliográfico neogranadino: Ezequiel Uricoechea, José María Vergara y el propio Quijano Otero. Vergara publicó en El Mosaico avances de su investigación bibliográfica como primeras muestras de un empeño sistemático y de largo alcance. Recuperar los libros era también recuperar los orígenes: fijar qué se había escrito, quién lo había escrito y qué merecía sobrevivir.

En el flanco cartográfico, los trabajos derivados de la Comisión Corográfica se adaptaron a la nueva geografía federal: Felipe Pérez levantó geografías estatales, Ancízar circuló como texto y como referencia, los mapas de Codazzi se reeditaban conforme cambiaban las fronteras internas. La geografía funcionó como memoria territorial en un país donde la soberanía se había pluralizado: cada estado necesitaba conocerse a sí mismo, y el conjunto necesitaba una imagen que lo mantuviera imaginable como unidad.

En el flanco periodístico, El Semanario de Camacho Roldán, La América donde Quijano Otero hacía sus campañas, y una constelación de publicaciones estatales y capitalinas configuraron un espacio público efervescente. Durante el federalismo, los periódicos florecieron con una vitalidad iconoclasta que la Regeneración clausuraría con el principio de la "responsabilidad de la prensa". Esa vitalidad tenía costo: era dispersa, faccional, efímera. Pero era también, para la memoria fundacional, su medio natural: la libertad de imprenta permitía que cualquier grupo letrado propusiera su versión del pasado sin autorización previa.

En el flanco historiográfico, Samper era la figura tutelar liberal —crítico riguroso de la Colonia y a la vez capaz de reconocer sus complejidades—, mientras que del lado conservador Groot construía, con paciencia benedictina, el gran relato alternativo. Los mejores representantes del Partido Conservador en el siglo XIX —José Eusebio Caro, Miguel Antonio Caro, Sergio Arboleda, Rafael Núñez— no eran un grupo compacto todavía, pero sus escritos preparaban el terreno del giro que vendría en los años ochenta.

Los actores individuales del radicalismo —Murillo Toro, presidente en varios períodos y firme defensor del federalismo; Santiago Pérez Manosalbas, luego presidente en la segunda mitad de los setenta; Aquileo Parra, presidente al final del ciclo radical— no fueron historiadores. Fueron gobernantes que se apoyaron en el trabajo memorial de los letrados sin construir para él una casa propia. Esa asimetría —enorme energía intelectual, escaso aparato institucional— define al período.

La geografía como memoria y el problema del territorio

La Constitución de 1863 dividió el país en nueve estados soberanos. Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá, Santander y Tolima podían dictar sus propios códigos, organizar sus elecciones y administrar amplias esferas de la vida pública. Esto planteó un problema memorial estructural que rara vez se nombra: si la soberanía se atomizaba, ¿desde dónde se producía el relato nacional?

La respuesta radical fue confiar en la circulación letrada. Los mapas de la Comisión, redesplegados en versiones estatales, permitían que cada estado se conociera y a la vez se supiera parte del conjunto. La prensa capitalina llegaba a las capitales de los estados. Los manuales, cuando existían, eran de uso local. Se apostaba a que la unidad simbólica se sostendría por convergencia espontánea de los letrados, no por imposición desde Bogotá.

Fue una apuesta coherente con el liberalismo pero frágil. Los lugares fundacionales —Cúcuta como sede del Congreso de 1821, el puente de Boyacá como escenario de la batalla decisiva, Cartagena como cuna del sitio de 1815, Popayán como ciudad bolivariana, la Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta como lugar de la muerte del Libertador— quedaban repartidos entre estados que ahora los administraban con criterios propios. Bogotá conservaba centralidad simbólica por ser sede del gobierno general y del Museo, pero no era todavía la capital indiscutida de la memoria patriótica que sería a partir de 1910. Rionegro, en Antioquia, se sumó como lugar refundacional del orden federal, aunque su prestigio quedaría ligado a la suerte de la Constitución que allí se firmó.

La memoria fundacional del radicalismo dibujó un territorio disperso y policentro. Ese dibujo era coherente con el federalismo, pero difícilmente producía la experiencia común que las memorias fundacionales exitosas suelen producir. La Regeneración, con su recentralización, tendría campo abierto para reunificar el mapa simbólico.

Iconografía heroica: el rostro fijo del héroe

Uno de los rasgos más constantes de la memoria fundacional colombiana —anterior, contemporánea y posterior a los Estados Unidos de Colombia— fue la producción iconográfica del héroe. Esa producción cumplía una función precisa: disciplinar la memoria fijando de una vez por todas el rostro, el uniforme y la postura de quienes debían ser recordados. Antes que arte, era protocolo visual del panteón cívico.

El Museo Nacional albergó una colección de 151 retratos de militares y héroes de la Independencia, en los que los personajes aparecían con el uniforme del cuerpo y grado correspondiente. Las caras las dibujaron Eugenio Montoya y Julián Rubiano, alumnos de la Escuela de Bellas Artes; la indumentaria la pintó Constancio Franco; los grabados de Espinosa sirvieron, junto a miniaturas y óleos conservados por el Museo y por familiares de los próceres, como fuente iconográfica. La división del trabajo revela la lógica del conjunto: un pintor para el rostro, otro para el uniforme, y la biografía disuelta en la tipificación. No se buscaba retrato individual sino modelo heroico repetible. La calidad pictórica fue desigual y las imágenes tendieron al estereotipo, y precisamente por eso funcionaban: un panteón visual requiere identidad reconocible, no complejidad psicológica. El estereotipo no era defecto sino condición operativa.

Bolívar es el caso paradigmático de esa operación. El uniforme de gala con que lo retrataron los pintores de la naciente república era prenda de representación, no vestimenta funcional para la guerra; pero la insistencia en esa imagen la volvió constante iconográfica de la primera mitad del siglo XIX y terminó haciendo imposible concebir al héroe de otro modo. Ver a Bolívar en camisa, agotado, enfermo, ya no era posible: la iconografía había clausurado esas variantes. En un país sin liturgia cívica potente, la fijación visual hacía el trabajo que en otros sistemas hacían el rito y la escuela; el retrato oficiaba de misa laica, y el uniforme cumplía la función que en la Iglesia cumple la vestidura litúrgica: separar al personaje de su cuerpo histórico para elevarlo a signo.

Junto al panteón militar, el Museo conservaba y difundía escenas trágicas: Policarpa Salavarrieta marcha al suplicio, óleo de José María Espinosa Prieto —conocido como García Hevia—, que representa el camino al cadalso de la joven fusilada el 14 de noviembre de 1817; Muerte del general Francisco de Paula Santander y El asesinato de Sucre, de Figueroa. El repertorio combinaba gloria y martirio, victoria y sacrificio, y esa combinación no era casual: enseñaba a recordar al héroe simultáneamente por lo que había conquistado y por lo que había padecido. El cadalso funcionaba como reverso necesario del uniforme; sin sufrimiento, la gloria pierde crédito moral. Era una pedagogía sentimental de la nación, hecha de cadalsos y galones, capaz de sustituir al manual porque operaba sobre la afectividad antes que sobre el argumento.

La memoria material se extendía al detalle mínimo, y allí la operación semiótica se afinaba. Del período de la Reconquista de Morillo se conservaba —y aún se conserva en el Museo del 20 de Julio de Bogotá— una venera con retrato de Fernando VII que los monárquicos llevaban en el sombrero, contrapunto material de las cintas azules que usaban los patriotas en los cabellos. Esos objetos permitían tocar el pasado, o al menos ficcionar el contacto: pequeñas reliquias laicas que suplían la ausencia de reliquias religiosas en un proyecto memorial que quería prescindir de la Iglesia. La venera y la cinta funcionaban como emblemas portables de un bando, tal como el escapulario funciona como emblema portable de una devoción; el radicalismo, que rechazaba la mediación eclesial, no rechazaba la lógica material del signo.

Toda esta iconografía había sido producida antes de 1863 y se conservó durante los Estados Unidos de Colombia sin transformaciones mayores. El radicalismo la heredó y la mantuvo, pero no la potenció con nuevos monumentos, nuevas grandes obras o nuevos rituales públicos comparables al ceremonial que se desplegaría en 1910. En parte porque no era su prioridad; en parte porque su ideal individualista y anticlerical desconfiaba de las liturgias colectivas; en parte porque los recursos federales estaban dispersos entre nueve tesoros. El panteón siguió allí, pero nadie le construyó altar mayor.

Historiografías en pugna: dos pasados para dos proyectos

El debate historiográfico del período no era académico: era la guerra política por otros medios. La historiografía liberal construyó una visión crítica del pasado colonial como legitimación de sus proyectos revolucionarios del presente. Samper es su figura mayor, y su operación merece leerse más allá del inventario: al describir la Colonia como máquina fiscal e ideológica y no simplemente como tiranía, ofreció un argumento estructural, no sentimental, contra la restauración conservadora. Si la Colonia había sido sistema y no accidente, la crítica no podía limitarse a denunciar abusos: debía desmontar el sistema entero, y eso era exactamente lo que Rionegro pretendía. Junto a Samper hay que mencionar la línea abierta por Acosta, que combinó ciencia geográfica y erudición histórica; los publicistas del radicalismo que discutían el pasado en la prensa; y toda una generación de ilustrados y librepensadores cuya obra sería borrada durante la Regeneración.

La historiografía conservadora surgió en contexto de crisis e inestabilidad y tendió a revalorizar el pasado colonial como referente de orden y estabilidad frente a los desórdenes del período republicano. Groot fue su gran arquitecto, y su estrategia era el espejo invertido de la de Samper: donde el liberal veía sistema opresivo, el conservador veía continuidad institucional; donde el liberal denunciaba la fusión Iglesia-Estado, el conservador la celebraba como cimiento moral. La reformulación no era solo estética o cultural: contenía una tesis política dura. Si la Colonia era paz y la República desorden, el correctivo pasaba por un ejecutivo fuerte respaldado por la religión. La historia funcionaba como argumento constitucional, y la Constitución de 1886 sería, en buena medida, la ejecución legislativa de esa tesis historiográfica.

Conviene despejar aquí un equívoco frecuente: la asociación rígida entre centralismo y conservatismo, y entre federalismo y liberalismo, es una simplificación posterior. Fue una Constituyente de estirpe conservadora la que en 1858 promovió por primera vez el federalismo formal en Colombia, y ya en 1859 el Congreso aprobó leyes que restringían las facultades y autonomía de los estados federales. La memoria fundacional se producía, así, sobre una historia constitucional en curso, no sobre un pasado cerrado. Ese carácter abierto explica por qué el debate historiográfico tenía tanta temperatura: no se litigaba sobre eventos pretéritos, se litigaba sobre la Constitución del día siguiente.

El giro de la Regeneración

El 1 de abril de 1878 Rafael Núñez pronunció un discurso en el que planteó el dilema "regeneración administrativa fundamental o catástrofe". La frase dio nombre al período. Núñez entendía entonces la regeneración en términos administrativos, sin implicar aún un cambio constitucional profundo; pero en pocos años el proyecto se radicalizaría y culminaría con la Constitución de 1886.

Esa Constitución representó un giro completo respecto a Rionegro. Restringió el sufragio, limitó libertades civiles, estableció un estrecho vínculo entre el Estado y la Iglesia Católica, y se apoyó en el pensamiento conservador católico e hispano en contraste con el liberalismo y federalismo de 1863. Fue obra sobre todo de Miguel Antonio Caro, principal pensador conservador de la época y firme defensor de la Iglesia. El Concordato de 1887, firmado por Núñez, estableció el catolicismo como religión oficial de Colombia, devolvió propiedades confiscadas a la Iglesia, ató la educación pública a los preceptos católicos y abolió el divorcio civil.

Para la memoria fundacional el cambio fue sísmico, y su clave no está solo en el contenido sino en el aparato. Donde el radicalismo había confiado en la red letrada, la Regeneración construyó una infraestructura: la Iglesia dirigía la educación pública con contenidos acordes a la fe; la caridad cristiana reemplazaba a la política social liberal; la educación primaria se declaraba gratuita pero no obligatoria —en contra de la visión liberal de universalizarla— y se favorecían las instituciones superiores confesionales en detrimento de la educación laica y científica. La memoria dejó de ser conversación entre letrados para convertirse en catecismo obligatorio, transmitido por una institución milenaria que el radicalismo había atacado sin desmantelar.

Simultáneamente, Núñez y Caro, provenientes ellos mismos de la república de las letras, cerraron la puerta por la que habían entrado. El principio de "responsabilidad de la prensa" clausuró el espacio público que el federalismo había mantenido abierto. Entre 1886 y 1903 la censura y el olvido cayeron sobre la obra de ilustrados y librepensadores al margen del poder, en una supresión efectiva de la memoria literaria e intelectual de la generación radical. Los periódicos vitales del federalismo fueron sustituidos por publicaciones obtusas y sectarias. El silencio no era efecto colateral: era el método por el cual se reescribía el pasado inmediato.

La Regeneración consagró también la lectura conservadora del pasado. Se revalorizó el periodo colonial, se cuestionó el alcance de la Independencia y se fortaleció una visión de la identidad nacional basada en el orden, la religión y la autoridad. Los regeneradores glorificaron a Bolívar como portaestandarte de la nacionalidad —operación significativa: recuperaban al Libertador como figura del orden, no del corte revolucionario, invirtiendo el sentido que los radicales le habían dado. Y las imágenes negativas construidas sobre el periodo liberal se mantuvieron vigentes durante buena parte del siglo XX, consolidando una visión de la historia nacional que marginó los valores del liberalismo radical.

La celebración del centenario y la fijación del canon

El proceso culminó en 1910. La celebración del primer centenario de la Independencia se hizo coincidir con el 20 de julio, desbordó las calles de Bogotá y se celebró en otras regiones, convirtiendo la historia de la Independencia en una historia común a todo el Estado. El 20 de julio significó la celebración unificada y colectiva de un Estado centralista y democrático nacido de la Constitución de 1886, y los principales actores del movimiento fueron presentados como padres fundadores.

La operación tiene una elegancia perversa que conviene subrayar. La fecha había sido escogida por el radicalismo precisamente por lo que tenía de civil, urbano y neogranadino frente a lo militar y bolivariano. La Regeneración conservó la fecha pero le devolvió el énfasis militar y el fervor bolivariano; conservó el envase y le cambió el contenido. Lo que en 1873 había sido gesto liberal se convirtió en 1910 en liturgia conservadora sin necesidad de tocar el calendario. El aparato hacía el trabajo que la letra ya no necesitaba hacer.

Ese mismo año fue premiado el manual escolar de Jesús María Henao y Gerardo Arrubla, que se convirtió en el texto con el que los colombianos aprenderían historia durante aproximadamente tres cuartos de siglo. El manual trazó una línea de continuidad con el proyecto regeneracionista: no repudió a España ni su papel en la Conquista y la Colonia, y cohesionó en su relato los períodos colonial y republicano. La lectura de Groot, no la de Samper, se convirtió en el catecismo cívico nacional. El manual único —eso que el radicalismo nunca había querido construir— hizo por la memoria conservadora lo que veintitrés años de prensa liberal no habían podido hacer por la memoria radical: instalarla en el cuerpo escolar de varias generaciones.

Aquí se cierra el círculo. La Ley 60 de 1873, decretada por el radicalismo para fijar el 20 de julio como día festivo, fue heredada por la Regeneración, que la llenó con contenidos ideológicos opuestos a los del legislador original. La fecha siguió siendo la misma; el relato adosado cambió por completo. La institución sobrevivió porque era mínima; el sentido cambió porque no había aparato liberal capaz de defenderlo. La ligereza institucional, que había sido virtud liberal —confianza en la sociedad, desconfianza del aparato—, se reveló, con el cambio de régimen, como vulnerabilidad decisiva.

Balance de un ciclo

Un ciclo de memoria puede juzgarse por su producción o por su duración, y el radicalismo obtiene notas opuestas en cada criterio. En veintitrés años el liberalismo radical produjo la historiografía crítica del pasado colonial más elaborada del siglo, articuló una red de letrados bibliófilos, cartógrafos y publicistas de notable calidad, institucionalizó la fecha fundacional por excelencia y sostuvo un espacio público donde el pasado se discutía con libertad. Pero produjo todo eso sobre andamios que no eran suyos: la Iglesia seguía siendo la única red capilar del territorio, la escuela seguía siendo débil, la corporación oficial no existía. Cuando el régimen cayó, cayó también el aparato improvisado que sostenía su memoria.

Lo que sobrevino no fue un debate perdido sino un reemplazo por ocupación. La memoria conservadora-católica no venció a la liberal-laica en un debate abierto: la reemplazó donde no había edificación previa suficiente. Y ese reemplazo tuvo la duración larga de las cosas que se enseñan en la escuela: la Constitución de 1886 duró 105 años, la de Rionegro apenas 23, y con las constituciones sobrevivieron o naufragaron sus memorias. La duración institucional decidió qué versión del pasado se hizo carne en los cuerpos escolares y qué versión quedó en los anaqueles como curiosidad de época. El manual de Henao y Arrubla enseñó a los colombianos que la Colonia había sido cimiento, no yugo; que la Independencia había sido gesta de próceres, no ruptura ideológica; que el orden requería autoridad y religión.

Pero un ciclo derrotado no es un ciclo extinguido. Del período radical sobrevivió, contra el pronóstico, un depósito que la Regeneración no logró clausurar: el 20 de julio como fecha fundacional, los mapas de la Comisión Corográfica como primera gran representación científica del territorio, la crítica de Samper como argumento disponible en debates historiográficos posteriores, la sospecha frente al monopolio simbólico de la Iglesia como posibilidad intelectual todavía activa. Sobre todo, sobrevivió el programa mismo: la idea de que era posible construir una memoria nacional laica, plural, respetuosa de la libertad individual. Ese programa quedó incompleto, y esa incompletud es su forma particular de permanencia. Cada vez que la historiografía colombiana ha querido revisar el relato conservador —en los años treinta, en los sesenta, en los debates constitucionales de 1991— ha tenido que volver, siquiera oblicuamente, sobre los materiales que el radicalismo dejó a medio construir. Perdió su batalla decisiva, pero legó una biblioteca en reserva.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01José María Samper — autor del 'Ensayo sobre las revoluciones políticas' (1861), obra fundacional del relato liberal sobre la Colonia y pilar de la memoria fundacional radical
  2. 02Salvador Camacho Roldán — director de 'El Semanario' (desde 1863), vehículo periodístico de legitimación discursiva del orden federal y de la memoria patriótica liberal
  3. 03José María Quijano Otero — impulsor de la Ley 60 de 1873 y autor del primer compendio escolar de historia patria (1874), figura clave en la institucionalización del 20 de julio
  4. 04Constitución de Rionegro — marco constitucional de 1863 que requirió y estimuló la producción de una arqueología liberal del pasado para legitimar el nuevo orden federal y laico
  5. 05Regeneración — proyecto político que clausuró el ciclo liberal en 1886 y reemplazó la memoria fundacional radical por una versión conservadora-católica de larga duración
  6. 06Comisión Corográfica — empresa cartográfica dirigida por Agustín Codazzi cuyos trabajos fueron redesplegados durante el período federal como memoria territorial del Estado pluralizado
  7. 0720 de julio — fecha seleccionada y decretada como aniversario de la Independencia, operación memorial que privilegió el pronunciamiento civil sobre la victoria militar y el momento neogranadino sobre el bolivariano
  8. 08Manual de Henao y Arrubla — texto escolar premiado en 1910 que consolidó la memoria conservadora-católica y se convirtió en el vehículo pedagógico dominante durante casi tres cuartos de siglo
06

Documentos y fragmentos citados

41 documentos · 54 fragmentos

01Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 3, 13, 155 citas
[1]

27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

p. 1
[2]

44 Capítulo II Institucionalizar el pasado nacional Las pretensiones de los escritos históricos del siglo eran obvias: construir un espacio de XIX comprensión homogéneo que instaurara los elementos donde podrían insertarse las redes de pertenencia y legitimidad que cubrieran por igual a todas las regiones geográficas…

p. 1
[3]

impresión de la ausencia de lazos con una tradición de escritura anterior. Estos trabajos expresan un movimiento de regeneración intelectual, tal como se puede desprender de una obra como la de José Manuel Restrepo. La historia tradicional tenía ante sí las dificultades de representar unos contenidos culturales,…

p. 3
[7]

los españoles en Chile” (1844)”, en Caracas, Ministerio de Educación, 1957, pp. 160-161 (Obras Obras completas, completas,). XIX Rafael Gómez, “José Manuel Restrepo, fundador de la República y padre de la historia moderna” (1963), op. cit,, pp. 4-14., p. 15. Ibid. Quizás por eso, el de José Manuel Restrepo solo vio la…

p. 15
[13]

hija, á nuestra patria. 35 Los relatos escolares mantuvieron un criterio de linealidad allí donde los héroes eran la parte fundamental de la trama histórica y establecieron una diacronía cuyos cortes temporales se mantuvieron durante todo el siglo. XX 36 Las características de los manuales de historia patria y los…

p. 13
02Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 201, 2372 citas
[4]

progreso, tal como lo exigía el modelo liberal burgués que se quería hacer fructificar. He aquí cómo la época li- beral se forjaba críticamente su propio pasado, que servía a su vez de legiti- mación a sus proyectos revoluciona- rios del presente. La historiografía conservadora apa- rece en el ambiente de crisis y de…

p. 201
[25]

y otras menos feliz, con este proceso general de desarro- llo. En ocasiones presenta una con- temporaneidad con los adelantos in- ternacionales y en otras un manifiesto atraso respecto de los avances de la disciplina en Europa y en los Estados Unidos. El grado de asimilación de es- tas corrientes es muy diverso y muy…

p. 237
03Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 631 cita
[5]

a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…

p. 63
04Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 71, 1152 citas
[6]

apenas se escucha- ba mentar en el exterior y nadie sabía a qué territorio se refería en concreto, si incluía también a Venezuela y a Ecuador o si era el mismo que antes se conocía como Nueva Granada. Los primeros diplomáticos colombianos se pusieron en marcha para precisar informaciones geográficas y animar a fu-…

p. 71
[42]

no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…

p. 115
05Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 207, 2242 citas
[8]

últimas décadas de la Colonia hasta mediados del siglo XIX. En este periodo se pueden diferenciar cuatro etapas: la primera corresponde al patriotismo naciente, de las sociedades de amigos del país en el periodo colonial 1; la segunda 1 El desarrollo de una conciencia protonacional, que ha sido estudiada desde el…

p. 207
[12]

a la nación en 1852 10. Se trataba de Ezequiel Uricoechea (1884-1880), quien traía de Europa, además de su libro sobre las Antigüedades neogranadinas (1854), otros proyectos como la edición de u n a mapoteca colombiana (1860) y la creación de u n a colección filológica sobre las lenguas aborígenes; José María Vergara…

p. 224
06Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 276, 3122 citas
[9]

de julio el carácter de aniversario de la independencia. Pese a su prestigio como historiador, don José María Quijano sostuvo en las páginas de La América que el 20 de julio era el aniversario de la independencia nacional, anteponiendo a la verdad histórica su empeño de nacionalización de la fecha del 20 de julio. Fue…

p. 312
[46]

- titos autorizados por el Congreso para financiar la primera administración —origen de muchas suspicacias— había que convertirlas en una deuda única de la nación. Por ello se examinan enseguida, con algún detalle, esos procesos de nacionalización de la vida de los nuevos ciudadanos colombianos. 1. La nacionalización…

p. 276
07Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3501 cita
[10]

Acosta, presidente Se escribe contrato para ferrocarril entre Barranquilla y Sabanilla Jorge Isaacs publica María Se funda la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá 1868 Santos Gutiérrez, presidente Se actualizan la Biblioteca Nacional y el Museo Nacional Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia 1870…

p. 350
08Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 99, 2382 citas
[11]

Museo Nacional de Colombia El 1 de mayo de 1822, Francisco Antonio Zea vi- sitó en París al barón Cuvier para solicitar su ayu- da en la contratación de una comisión científica con el fin de fundar «un establecimiento consa- grado al estudio de la naturaleza, al adelanto de la agricultura, las artes y el comercio como…

p. 99
[28]

Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…

p. 238
09Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2301 cita
[14]

1983). Capítulo 8 215 De Carlos E. Restrepo a Marco Fidel Suárez. Republicanismo y gobiernos conservadores Jorge Orlando Melo Se inauguraron monumentos y esta- tuas, así como el acueducto de Cha- pinero y el Parque de la Independen- cia, con varios pabellones en los que se hicieron exposiciones industriales,…

p. 230
10Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1001 cita
[15]

nation. Something similar happened with historiography. The construction of the state and its consolidation required the writing of its history from its origins, inheritances, and great patriotic deeds. This task had already been clearly realized when the celebration of the first centennial of independence took place.…

p. 100
11Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 4531 cita
[16]

en Europa. Según el catálogo del Museo Nacional: Los militares están todos con uniforme del cuerpo a que pertenecieron y a su grado. Las caras dibujadas, que reprodujeron con bastante fidelidad, son obra de los señores Eugenio Montoya y Julián Rubiano, alumnos de la Escuela de Bellas Artes. La indumentaria es del…

p. 453
12Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 142, 1572 citas
[17]

magistrados de la Corte Suprema de Justicia y pro- curador general de la Nación, pero cada uno de ellos debía escogerse en elecciones distintas, por lo que el país vivía en permanente debate electo- ral. Acogiéndose a lo estipulado en la Constitu- ción, las provincias de Bogotá, Cauca, Córdoba, Cundinamarca, Chocó,…

p. 157
[48]

bolivarianos La Constitución de Cúcuta, de 1821, que incluía a Venezuela y Quito, instauró un régimen centra- Camilo Torres, líder fede- ralista. Centralismo y fe- deralismo fueron el origen de los partidos políticos. lista que, sin embargo, no encontró mayor oposición ni generó bandos definidos hasta 1826, cuando el…

p. 142
13Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 731 cita
[18]

acto vengativo que fue condenado hasta por su familia. Con el poder en las manos, Mosquera con- voca la famosa Convención de Rionegro, que abre sesiones en febrero de 1863. Había esco- gido tal población antioqueña porque le repre- sentaba seguridad, en vista de que estaba po- blada por gentes que lo apreciaban. A…

p. 73
14Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 2071 cita
[19]

– 99), his brother José María Samper (1828 – 88), José Hilario López (1789 – 1869), Manuel Ancízar (1812 – 82), Florentino González (1805 – 74), Salvador Camacho Roldán (1827 – 1900), Aníbal Galindo (1834 – 1901), Manuel Murillo Toro (1816 – 80), and José María Rojas Garrido (1824 – 83). This generation is also known…

p. 207
15Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1971 cita
[20]

y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

p. 197
16¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 651 cita
[21]

garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…

p. 65
17El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 3731 cita
[22]

fuerza» 253. No obstante esta negación rotunda de la existencia en el Imperio español de unas normas para regular las relacio- nes entre el individuo y el Estado y para limitar la esfera de acción de este —que es lo que en esencia constituye el Estado de derecho—, Samper acepta indirectamente la existencia de un…

p. 373
18Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 701 cita
[23]

de 1863. Semanario, apareció los martes, cuatro páginas, cuatro columnas. Lo dirigió el doctor Salvador Camacho Roldán. \ En la primera página trae las condiciones: "L a s suscripciones se reciben donde el señor Miguel Salgar, calle primera de la carrera del Norte i en la antigua imprenta del 83 "MOSAICO", en donde se…

p. 70
19The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 3061 cita
[24]

y banderas. Bogotá: Plaza y Janés, 1980. ———. Testimonio de un pueblo. Bogotá: Banco de la República, 1962. Mosquera, Tomás Cipriano de. Discurso del presidente provisorio de los Estados Unidos de Colombia, en la instalación de la Convención Nacional. Bogotá: Echeverría Hermanos, 1863. ———. Memoir on the Physical and…

p. 306
20Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 971 cita
[26]

Samper el periodo republicano de me- diados de siglo: «Faltos de una verdadera educación y tradición de hombres de gobierno y de auténtico sentido político, los hombres de la Independencia se plantearon programas basados en ideas absolutas, de autoridad fuerte los unos, de libertades absolutas los otros. Veían el…

p. 97
21Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 211 cita
[27]

tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…

p. 21
22Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 2901 cita
[29]

Granada (Bogota, 1954), pp. 129, 177, 215 — 16; L. Febres Cordero, Del antiguo Cucuta, 2nd edn (Bogota, 1975), pp. 203-29. 40 Felipe Perez, Jeografia fisica i politica del Estado de Santander, 3rd edn (2 vols., Bogota, 1863), vol. 2, p. 82; M. Ancizar, Peregrinacion del Alpha, 2nd edn (2 vols., Bogota, 1970), vol. 2,…

p. 290
23Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 3951 cita
[30]

objects to Liberal creation of new provinces, 202–5; and Regener- ation government, 302–3; response to Peregrinación de Alpha, 189–90; role in federalism-centralism question, 5, 220, 251; in Soatá, 186; view of Church disen- tailment, 263, 266, 269, 272–73, 274, 276, 279–80, 281; view of constitutionalism, 216; view…

p. 395
24Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 101 cita
[31]

el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

p. 10
25Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 5631 cita
[32]

y 1860 ». Conviene anotar, ante algunas afirmaciones que hace el señor Samper, que toda Constitución —decisión polí- tica— sólo puede ser adoptada por un partido político que imponga sus teorías en torno al Estado y al Derecho, y que en tal virtud reorganice la sociedad y la economía. Las deci- siones políticas que…

p. 563
26Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 351 cita
[33]

for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…

p. 35
27De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[34]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
[36]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
28De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[35]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
29Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1281 cita
[37]

amenazaran con abandonar la República. 129 Bfiíní dicerfiis ítraópits uí Crlrpois Gráfica 18 Fuente: Kalmanovitz, 2012. La República tuvo también una regla de sucesión clara pero sesgada del partido en el poder, con serios proble- mas en los derechos de la oposición, como los vetos a la participación liberal en el…

p. 128
30Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1891 cita
[38]

que el surgimiento de una clase obrera, que solo viene a darse a principios del siglo XX, sin negar que el proletariado asalariado ya surgía en las postrimerías del si - glo XIX pero vinculado al comercio y a la explotación agrícola extensiva. 4. La regeneración hasta 1930 E n un artículo Melo 28 hace referencia a los…

p. 189
31Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 561 cita
[39]

as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…

p. 56
32Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · p. 202 citas
[40]

dado algún impulso aislado de esta clase. Contrayéndonos a los libros históricos, ¡cuántas gran - des acciones, cuántos hechos notables y episodios llenos de interés, como los que más de una vez oímos referir a nuestro venerado amigo el general Joaquín París, habrán quedado para siempre sepultados en la profunda oscu…

p. 20
[41]

dado algún impulso aislado de esta clase. Contrayéndonos a los libros históricos, ¡cuántas gran - des acciones, cuántos hechos notables y episodios llenos de interés, como los que más de una vez oímos referir a nuestro venerado amigo el general Joaquín París, habrán quedado para siempre sepultados en la profunda oscu…

p. 20
33Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 92, 972 citas
[43]

Libertador. El uniforme es de gala y destinado a la representación, no es un uniforme funcional de guerra y fue parte de una iconografía constante de la primera mitad del siglo xix que los pintores de la na - ciente república resaltaron y, con esto, hicieron imposible que pudiera pensarse en el héroe de otro modo. El…

p. 97
[44]

Policarpa Salavarrieta marcha al suplicio, el óleo de García Hevia Muerte del general Francisco de Paula Santande r o incluso El asesinato de Sucre de Figueroa, pinturas que actualmente hacen parte del acervo del Museo Nacional de Colombia. 92 Editored rsiacordérmfirs9cred oa fi9d 7firiad as Cefie85r9 los civiles,…

p. 92
34Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 561 cita
[45]

es natu- ral, se trata de un periodo poco propicio para la creaci6n artistica. Sin embargo, el pueblo recurrié al lenguaje simbolico, desarrollandolo para expresar su descontento... 0 su complacencia con lo que es- taba ocurriendo. Asi, a la llegada del Pacificador Mo- tillo, algunas seforas se atrevieron a adornar…

p. 56
35Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · p. 2651 cita
[47]

marca el punto de partida para lograr el progreso y felicidad de estas ricas comarcas. La re- lación fiel e imparcial de la revolución del 20 de julio y de la Guerra de la Independencia, debería ponerse en manos de nuestros hijos y ser su primer estudio después de la religión y la moral; porque ciertamente, después…

p. 265
36Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 991 cita
[49]

de integracion politica de la Gran Colombia, con la unién de Venezuela, Nueva Granada y Quito. Los centralistas defendieron la integracion en una republica unitaria e indivisible, con un gobierno fuerte, adaptable a la realidad americana, de carac- ter discolo y anarquico, y con una administracion centralista para el…

p. 99
37Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1821 cita
[50]

a la influencia norteamericana como a la fragmentación de la soberanía en el curso de los primeros meses de transformación política. Cada estado participante es soberano; posee una representación elegida y un ejecutivo. Las provincias se reconocen «libres, independientes y soberanas, [y tienen] una forma de gobierno…

p. 182
38Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1821 cita
[51]

a la influencia norteamericana como a la fragmentación de la soberanía en el curso de los primeros meses de transformación política. Cada estado participante es soberano; posee una representación elegida y un ejecutivo. Las provincias se reconocen «libres, independientes y soberanas, [y tienen] una forma de gobierno…

p. 182
39Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 211 cita
[52]

así como, por muchos años, se consideró que el centralismo era conservador y el federalismo era liberal, pero no hay que olvidar que fue una Constituyente de estirpe conservadora, en 1858, la que promovió por primera vez el federalismo en Colombia. Y, tratándose del tema económico, la apertura, tan condenada hoy día…

p. 21
40Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1131 cita
[53]

de la cual se había llegado al número de 36 provincias para el momento de ex- pedición de la nueva Constitución, dio paso a partir de este año a un proceso inverso, de agru- pación de las provincias en entidades de mayores dimensiones y capacidades, que fueron la antesala del federalismo. El vigoroso impulso federal…

p. 113
41Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 241 cita
[54]

de vías de comunicación. Como varia- ción a la estructura de la rama ejecutiva federal se sustituyó la figur Debe resaflarse de esta Constitu- ción la introducción de un mecanismo de control de constitucionalidad y Je- Evento Federa en virmud del cual la Corte Federal podía suspender los e Me aturas de los estados…

p. 24