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Hecho histórico · Constitución de 1991 · 1991–2002

Resistencia embera-katío contra Urrá y desaparición de Kimy Pernía Domicó

Entre 1993 y 2001, el pueblo embera-katío del alto Sinú libró contra la hidroeléctrica Urrá I una de las primeras batallas jurídicas y territoriales por la consulta previa en Colombia. La disputa terminó con la inundación de 7.400 hectáreas de territorio ancestral, la fragmentación cultural de la comunidad mediante indemnizaciones individuales y la desaparición forzada de su principal líder, Kimy Pernía Domicó, en junio de 2001.

Resistencia embera-katío contra Urrá y desaparición de Kimy Pernía Domicó
1993–2001
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1993–2001
Dónde
Alto Sinú, Córdoba, Tierralta, Bogotá, Nudo de Paramillo, Parque Nacional Natural Paramillo
Protagonistas
Kimy Pernía Domicó, Salvatore Mancuso, Carlos Castaño, Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Alirio Pedro Domicó, Pueblo embera-katío, Empresa Multipropósito Urrá S.A. ESP, Consorcio SKANSKA-CONCIVILES, Juan Mayr Maldonado, Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), Corte Constitucional de Colombia
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La crisis energética de 1992, provocada por una severa sequía, aceleró reformas estructurales del sector eléctrico colombiano que abrieron la participación privada y reactivaron proyectos de generación de largo plazo, entre ellos Urrá I, cuyas obras civiles iniciaron en 1993.
  2. La Ley 99 de 1993 reconoció formalmente el derecho a la consulta previa de comunidades indígenas, pero llegó tarde por diseño: la maquinaria del consorcio SKANSKA-CONCIVILES ya movía tierra en la Cerrazón de Urrá cuando la norma fue expedida.
  3. La ubicación del alto Sinú entre las serranías de Abibe y San Jerónimo, con la Cerrazón de Urrá como estrechamiento hidráulico óptimo, determinó que el territorio embera-katío fuera el sitio elegido para construir la presa de 73 metros de altura.
  4. El control paramilitar del nudo de Paramillo como corredor estratégico entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar convirtió la región en zona de expansión de las ACCU y luego de las AUC, creando un clima de violencia que criminalizó la resistencia indígena.
1993–2001Resistencia embera-katío contra Urrá y desaparición de Kimy Pernía Domicó

Consecuencias

  1. La presa inundó 7.400 hectáreas de territorio ancestral embera-katío, destruyendo sitios sagrados, zonas de cultivo y áreas de caza y pesca que sostenían la vida material y simbólica de la comunidad.
  2. La interrupción completa de las rutas migratorias del bocachico y la dorada endémica del Sinú colapsó el ciclo reproductivo de ambas especies, empobreció genéticamente las poblaciones aguas abajo y arruinó la economía pesquera de decenas de miles de familias sinuanas.
  3. El Estado sustituyó la consulta previa por indemnizaciones monetarias otorgadas por familias y no por comunidades, fragmentando la cohesión política embera-katío, erosionando sus sistemas colectivos de propiedad y producción, y acelerando la pérdida de medicina tradicional, cultivos propios y autoridad de los mayores.
  4. Kimy Pernía Domicó fue desaparecido forzadamente por las AUC en junio de 2001, eliminando al principal vocero de la resistencia y enviando una señal de terror a los líderes indígenas que impugnaban proyectos extractivos en Colombia.
  5. El caso sentó un precedente negativo sobre la consulta previa en Colombia: demostró que el mecanismo podía ser reconocido formalmente, vaciado por vía judicial mediante compensaciones individuales y cerrado definitivamente por la violencia paramilitar coordinada con inteligencia militar.
  6. La red internacional de solidaridad tejida por los embera-katío con Global Response, Amnistía Internacional y Survival Internacional introdujo el caso en la agenda global de derechos indígenas y contribuyó a consolidar estándares internacionales sobre consulta previa y proyectos extractivos.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El caso Urrá-embera-katío es el laboratorio donde se reveló, por primera vez con toda su crudeza, la trampa estructural de la consulta previa en Colombia: un derecho reconocido por ley mientras las obras ya avanzaban, neutralizado por vía judicial mediante indemnizaciones que destruyeron la organización colectiva indígena, y sellado por el asesinato y la desaparición de sus líderes. Muestra que el extractivismo en Colombia no operó solo con maquinaria y capital, sino con violencia paramilitar como instrumento de cierre político. La desaparición de Kimy Pernía Domicó convirtió este episodio en símbolo de la persecución sistemática a defensores de territorios étnicos en América Latina.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Resistencia indígena al despojo: Kimy Pernía Domicó y la lucha embera-katío contra Urrá (1993–2001)

Entre 1993 y 2001, el pueblo embera-katío del alto Sinú libró contra la hidroeléctrica de Urrá I una de las primeras batallas jurídicas y territoriales por la consulta previa en Colombia. La disputa enfrentó a una comunidad indígena de las serranías de Abibe y San Jerónimo con un consorcio sueco-colombiano, la Empresa Multipropósito Urrá S.A. ESP y el Estado colombiano, en un territorio donde el nudo de Paramillo funcionaba a la vez como reserva natural, corredor estratégico y retaguardia paramilitar. En junio de 2001, uno de sus principales líderes, Kimy Pernía Domicó, fue desaparecido forzadamente por las Autodefensas Unidas de Colombia. El caso muestra cómo la consulta previa nació capturada en Colombia: reconocida por la Ley 99 de 1993 mientras las obras ya avanzaban, vaciada por vía judicial mediante indemnizaciones individuales, y cerrada por la violencia paramilitar coordinada con inteligencia militar.

El alto Sinú antes de la represa

La hoya del alto Sinú se extiende entre las estribaciones del cerro de Paramillo, cerrada por las serranías de Abibe al occidente y San Jerónimo al oriente. El río nace en el cerro de León, a 3.200 metros de altitud, y recibe aguas arriba a sus dos afluentes mayores, el río Verde y el río Esmeralda, que se le unen antes de la Cerrazón de Urrá. Ese estrechamiento entre montañas —donde el cauce se comprime antes de abrirse hacia el valle— marca el límite del alto Sinú montañoso y ofrece, en términos hidráulicos, condiciones óptimas para levantar una gran represa. Fue allí donde se construyeron las obras.

El territorio pertenece a los embera-katío desde tiempos anteriores al registro escrito. El viajero francés Luis Striffler, que remontó el Sinú en el siglo XIX y dejó su testimonio en El Alto Sinú, describió a Montería como el "último pueblo civilizado" antes de entrar en tierras embera: la frontera cultural coincidía, ya entonces, con el ingreso a las selvas montañosas donde el río se vuelve torrentoso. Los embera-katío comparten con otros pueblos de la costa Pacífica y del Darién —kuna, noanamaes— elementos de una cosmovisión común, entre ellos la talla de figuras de madera que representan espíritus. Para ellos, la relación con la tierra excede el orden económico: naturaleza y cultura forman una unidad, y atentar contra una es atentar contra la otra.

Del nudo de Paramillo, en el extremo norte de la cordillera Central, se desprenden dos ríos que definen la geografía cordobesa: el Sinú y el San Jorge. La cuenca así formada es un geoecosistema de productividad excepcional. Especies como el bocachico (Prochilodus magdalenae) y la dorada o charúa (Brycon sinuensis), esta última endémica del Sinú, dependen de migraciones reproductivas que recorren el río desde las llanuras hasta las partes torrentosas del alto Sinú, donde los cardúmenes desovan en las quebradas de aguas frías. La vida pesquera de decenas de miles de familias sinuanas —y la propia dieta embera— reposaba sobre ese ciclo migratorio.

La desembocadura, en el otro extremo del río, era ya inestable antes de la represa: desde 1938, la apertura de la boca de Tinajones había desviado cerca de nueve décimas partes del caudal del Sinú, produciendo transformaciones sedimentarias de fondo. El río, en toda su longitud, era un sistema en tensión.

La licencia, la ley y la trampa de origen

La crisis energética de 1992, provocada por una severa sequía que impuso al país meses de racionamiento, aceleró una reforma estructural del sector eléctrico. La generación, transmisión y distribución se abrieron a la participación privada, y proyectos de largo plazo que llevaban años en carpeta —entre ellos Urrá— encontraron por fin las condiciones políticas y financieras para arrancar. Las obras civiles de Urrá I comenzaron en 1993.

Ese mismo año, el Congreso expidió la Ley 99 de 1993, que creó el Ministerio del Medio Ambiente y organizó el Sistema Nacional Ambiental. Su artículo 76 estableció, con claridad literal, que la integridad cultural, social y económica de las comunidades indígenas y negras no podría ser afectada por la explotación de recursos naturales sin que las decisiones fueran consultadas previamente a sus representantes. Sobre el papel, Colombia acababa de reconocer un derecho fundamental. Sobre el terreno, la maquinaria del consorcio SKANSKA-CONCIVILES ya movía tierra en la Cerrazón de Urrá.

La ley nació y la represa comenzó a construirse en simultáneo, de modo que el mecanismo de protección llegó tarde por diseño. Cuando los embera-katío empezaron a exigirlo, en 1993, la respuesta institucional no fue detener las obras para consultar: fue avanzar y, más adelante, ofrecer compensaciones.

El proyecto tenía además una fragilidad económica notable. El costo inicial proyectado, 600 millones de dólares, terminó en 800 millones. La capacidad instalada, 340 megavatios, arrojó un costo real por kilovatio instalado de 2.350 dólares, muy por encima del rango de proyectos eficientes en el mundo, situado entre 1.100 y 1.350. La eficiencia territorial fue igualmente pobre: 21,7 hectáreas inundadas por cada megavatio producido, sobre un total de 7.400 hectáreas anegadas por un embalse cuya presa alcanzó 73 metros de altura. La financiación fue mixta —52 % estatal, el resto privado— a través de la Empresa Multipropósito Urrá S.A. ESP, constituida como sociedad anónima de servicios públicos.

En términos técnicos, Urrá I era un mal proyecto: caro, ineficiente y ambientalmente costoso. Sostenerlo requería tanto la captura del mecanismo de consulta como, más tarde, la eliminación de quienes lo impugnaban.

1993–1997: primeras demandas y despliegue del territorio armado

Los embera-katío iniciaron acciones legales contra la construcción de Urrá desde 1993. Interpusieron demandas, tutelas y solicitaron audiencias públicas ante distintas instancias del Estado. La estrategia combinaba el litigio con la deliberación pública: se trataba de forzar al Ministerio del Medio Ambiente, al Gobierno de Ernesto Samper Pizano primero y al de Andrés Pastrana Arango después, a reconocer que la Ley 99 se aplicaba también a un proyecto ya en marcha.

Mientras el litigio avanzaba, el paisaje militar del alto Sinú y sus corredores cambiaba de forma acelerada. Hacia 1994 se conformaron, bajo la iniciativa de los hermanos Castaño —con Fidel Castaño Gil como figura central—, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), que en 1996 emprendieron un proyecto de expansión paramilitar de alcance nacional. Ese proyecto abarcaría Urabá, Córdoba, Sucre, Chocó, Magdalena, Antioquia, los Llanos Orientales y el Catatumbo, y constituiría la base estructural de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), formalizadas poco después bajo el mando de Carlos Castaño Gil.

El nudo de Paramillo fue decisivo en esa estabilización. La región funcionaba como corredor fluvial y terrestre entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar, y albergaba economías ilegales que financiaban a las estructuras armadas. Un excomandante de las AUC lo formuló con crudeza: en una región sin vías internas, quien controla el territorio controla también la economía. El control paramilitar del alto Sinú no era, por tanto, un accidente: era la condición material de sostenimiento de las ACCU y luego de las AUC.

Las Convivir —cooperativas de vigilancia rural creadas bajo marco legal— fueron utilizadas por las estructuras paramilitares, según el testimonio de Salvatore Mancuso ante la Comisión de la Verdad, como "bisagra entre la institucionalidad y la autodefensa ilegal". Carlos Castaño encomendó a Mancuso la creación del Bloque Norte de las AUC, y esa articulación entre lo legal y lo ilegal le facilitó la tarea.

A finales de 1996 e inicios de 1997, miles de habitantes de Córdoba, Urabá y el norte del Chocó sufrieron bombardeos, masacres, desapariciones de líderes comunitarios, asesinatos selectivos y desplazamientos masivos. En esa oleada actuaron de manera conjunta las Fuerzas Armadas de Colombia y grupos paramilitares.

En 1997, en ese mismo clima, los paramilitares asesinaron al profesor Alberto Alzate Patiño, de la Universidad de Córdoba, por su oposición al proyecto de la represa Urrá I. Fue el primer homicidio directamente asociado a la resistencia contra la obra. La violencia dejaba de ser un contexto general y comenzaba a apuntar, con precisión, a quienes sostenían el litigio.

La sentencia T-652 y la vía indemnizatoria

En 1998, tras años de tutelas y audiencias, la Corte Constitucional profirió una decisión que debió haber sido el punto de inflexión: reconoció los derechos fundamentales de la comunidad embera-katío del alto Sinú y ordenó medidas de protección específicas en relación con el proyecto Urrá. El fallo, sin embargo, no detuvo la represa. Lo que hizo el Estado —a través de la rama ejecutiva y de decisiones judiciales posteriores— fue sustituir la consulta previa, tal como la ordenaba el artículo 76 de la Ley 99, por un resarcimiento monetario de los perjuicios ocasionados.

La forma de la indemnización fue tan importante como su existencia. Se otorgó por familias y no por comunidades. Ese detalle técnico —que podría parecer un asunto de reparto administrativo— desmontó, por dentro, la organización política embera-katío. Los sistemas de propiedad y producción del pueblo embera son colectivos: la tierra, el bosque, el río, las decisiones sobre siembra, caza y pesca pertenecen al conjunto de la comunidad, no a la unidad doméstica. Repartir la reparación en unidades familiares fragmentó la cohesión política, introdujo desigualdades internas y dejó a las nuevas generaciones sin el marco material que sostenía la memoria colectiva. Las alteraciones culturales más graves —pérdida del respeto hacia los mayores, debilitamiento de la medicina tradicional reemplazada por una medicina occidental de deficiente cobertura, abandono del cultivo propio de alimentos básicos— se aceleraron a partir de ese momento.

Simultáneamente, Urrá negoció con la población campesina afectada. Más de 1.100 negocios de compra de tierras fueron celebrados, y aproximadamente 400 familias campesinas solicitaron reubicación en lugar de compensación monetaria, lo que dio lugar a un proceso descrito como "una especie de reforma agraria". Los reasentamientos no evitaron que buena parte de los pobladores originales fueran desplazados por la combinación de la inundación y la presión armada.

La consulta previa, en este primer tiempo, fue neutralizada por vía institucional: el Estado la reconoció formalmente, luego la reemplazó por dinero, y ese dinero llegó fragmentado de modo que erosionaba la capacidad de la comunidad para sostener la resistencia colectiva.

El río partido y el ecosistema roto

Cuando Urrá I comenzó a operar, en julio de 2000, el impacto sobre el río Sinú fue inmediato y estructural. La presa interrumpió por completo la ruta migratoria del bocachico, dejando poblaciones aisladas aguas arriba y aguas abajo del frente de presa. Los desoves de peces reofílicos —los que dependen de corrientes rápidas para reproducirse— se perdieron aguas arriba, con consecuencias inmediatas sobre el potencial reproductivo de la especie.

La dorada o charúa, Brycon sinuensis, endémica de la cuenca y con preferencia por las partes torrentosas del alto Sinú documentada por los estudios de marcaje y recaptura de Otero y colaboradores en 1986, quedó categorizada a nivel nacional como Casi Amenazada (NT). La pérdida de sus áreas de desove y la interrupción de sus rutas migratorias se cuentan entre las amenazas que pesan sobre ella.

Aguas abajo de la presa, las poblaciones naturales de bocachico mostraron empobrecimiento genético y la aparición de linajes exógenos, posiblemente asociados a los programas de repoblamiento. Esos programas, cuando carecen de regulación estricta de la pesca, terminan reduciendo la diversidad genética porque los alevinos liberados provienen de muy pocos parentales. En el embalse, en cambio, los repoblamientos combinados con manejo pesquero regulado tuvieron resultados satisfactorios: se recuperaron poblaciones, aunque en un ecosistema artificial distinto del río original.

El Acuerdo 013 del 14 de diciembre de 1999 del Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura (INPA) estableció como área de reserva pesquera el tramo entre el sitio de presa y Pasacaballos, 12 kilómetros aguas abajo, prohibiendo allí toda actividad de aprovechamiento. Era, en la práctica, una admisión oficial: la construcción había alterado el equilibrio del río a tal punto que se requerían prohibiciones específicas para evitar el colapso pesquero en el tramo inmediato.

Para los embera-katío, la afectación del río no era un asunto ambiental separado de su cultura: era su cultura. El bocachico y la dorada no eran solo alimento; eran parte del sistema simbólico y ritual que ordena la vida en el alto Sinú. Romper el ciclo migratorio del pez equivalía a romper el ciclo cultural del pueblo.

Karagabí: 1999–abril de 2000

Entre 1999 y comienzos de 2000, la resistencia embera-katío alcanzó su punto de mayor visibilidad. Kimy Pernía Domicó y Alirio Pedro Domicó, entre otros líderes, articularon un discurso público que combinaba la denuncia jurídica con la defensa cultural. Kimy Pernía viajó a Canadá, a Europa, a foros internacionales, y en Bogotá se sentó frente a funcionarios del Ministerio del Medio Ambiente, entonces liderado por Juan Mayr Maldonado, para exigir el cumplimiento de la sentencia T-652 y la protección del territorio.

La comunidad tejió, en paralelo, una red internacional de solidaridad. Organizaciones como Global Response, Amnistía Internacional y Survival Internacional documentaron el caso, presionaron por vías diplomáticas y amplificaron la denuncia. Esa red, construida en muy pocos años, mostró que la resistencia embera-katío ya no era un asunto local del alto Sinú: había entrado en la agenda global de derechos indígenas y estándares ambientales de la banca multilateral.

En 1999 la violencia volvió a apretar. Los paramilitares asesinaron al profesor embera Lucindo Domicó, en el contexto directo de la oposición a la represa. El asesinato de un maestro indígena —figura que sostenía la transmisión cultural y política dentro de la comunidad— era un mensaje inequívoco.

Pese a ello, el 23 de abril de 2000, los embera-katío obtuvieron una victoria concreta: lograron la inclusión de nuevos territorios en sus resguardos y la suspensión del proyecto Urrá II, la segunda fase, aguas arriba, que hubiera duplicado el área inundada. Urrá II quedó suspendida. Urrá I, en cambio, se inauguró dos meses y medio después, el 1 de julio de 2000, con Andrés Pastrana en la presidencia.

Esa victoria parcial —Urrá II detenida, Urrá I consumada— define el equilibrio ambiguo del caso. La resistencia embera había demostrado que el litigio funcionaba: la consulta previa, aun capturada, podía frenar un proyecto si se combinaba con presión internacional y organización comunitaria. Y precisamente porque funcionaba, en el otro flanco se estaba preparando la respuesta.

Junio de 2001: la desaparición de Kimy Pernía

En junio de 2001, Kimy Pernía Domicó fue desaparecido forzadamente por las Autodefensas Unidas de Colombia. Salvatore Mancuso reconocería, años después, su responsabilidad directa en la desaparición y el homicidio del líder embera. En su testimonio ante la Comisión de la Verdad, Mancuso explicó que los ataques contra las comunidades indígenas del alto Sinú y el nudo de Paramillo estuvieron orientados a debilitar sus procesos organizativos y a facilitar los espacios de negociación y consulta previa entre esas comunidades, la empresa Urrá y el Estado.

La frase, en su prosa administrativa, dice lo que hay que decir: la violencia no era el efecto colateral de una guerra ajena; era una herramienta funcional al proyecto hidroeléctrico. Se mataba y se desaparecía para negociar mejor.

Mancuso reveló, además, un mecanismo específico de coordinación. El Ejército Nacional compartió con las AUC, en el departamento de Córdoba, censos poblacionales de las comunidades indígenas, señalando a sus miembros como guerrilleros. En un contexto en el que esas comunidades se oponían públicamente a la represa Urrá y en el que la consulta previa había sido incumplida, esos listados operaron como sentencia de muerte administrativa. Ser miembro de una comunidad que resistía la represa se traducía, en el registro militar, en presunción de pertenencia guerrillera; y esa presunción se convertía, en manos paramilitares, en objetivo militar.

La segunda captura de la consulta previa se completa aquí. La primera, institucional, había sustituido el derecho por dinero fragmentado en familias. La segunda, armada, eliminó a los líderes que sostenían el litigio y a los intelectuales —profesores universitarios, maestros indígenas— que producían el discurso público de la resistencia. Alberto Alzate Patiño en 1997, Lucindo Domicó en 1999, Kimy Pernía Domicó en 2001: tres asesinatos en cuatro años, todos directamente asociados a la oposición a Urrá.

Las causas: desarrollo, ley y violencia

Debajo del caso Urrá corren, entrelazadas, tres corrientes.

La primera es estructural: el modelo de desarrollo extractivo colombiano, acelerado por la crisis energética de 1992 y por las reformas de apertura del sector eléctrico. Urrá I no era técnicamente eficiente —lo demuestran las cifras de costo por kilovatio y de hectáreas por megavatio—, pero encajaba en la lógica de generación hidroeléctrica de gran escala que dominaba la planeación energética de la época. La decisión sobre la represa se tomó por razones de renta y urgencia, no de racionalidad técnica.

La segunda es institucional: la Ley 99 de 1993 reconoció la consulta previa el mismo año en que arrancaron las obras de Urrá I. Esa simultaneidad no fue neutra. Convirtió al derecho recién reconocido en un obstáculo que el Estado tenía interés en administrar sin cumplir plenamente. La ruta escogida —sustituir consulta por indemnización individualizada— desactivó el mecanismo desde dentro. La sentencia T-652 de 1998 pudo haber corregido esa desviación; no lo hizo, porque las decisiones ejecutivas y judiciales posteriores mantuvieron la lógica compensatoria.

La tercera es territorial y armada: el nudo de Paramillo era, hacia mediados de los años noventa, el centro logístico y económico de la expansión paramilitar nacional. Los intereses paramilitares en la región —control de corredores, economías ilegales, articulación con inteligencia militar mediante las Convivir y los intercambios de censos— convergieron con los intereses del proyecto hidroeléctrico. No fue necesario que hubiera una conspiración explícita entre la empresa Urrá y las AUC: bastó con que la eliminación de los líderes indígenas beneficiara a ambos actores para que el resultado fuera funcional a la obra. La violencia, en el alto Sinú, no fue un accidente que interrumpió un proceso legal: fue la otra cara del proceso legal.

Las consecuencias: derecho, río, cultura

Urrá I inundó 7.400 hectáreas, interrumpió las migraciones del bocachico y la dorada, y desplazó a cientos de familias embera y campesinas. La cohesión política embera-katío quedó gravemente dañada por la mezcla de indemnización individualizada, desplazamiento y asesinato selectivo de líderes. Las prácticas culturales tradicionales —medicina, alimentación, respeto intergeneracional— se erosionaron con rapidez. El pueblo embera-katío del alto Sinú entró en el nuevo siglo debilitado en sus formas de reproducción cultural.

Y sin embargo, del mismo caso emergió un legado ambiguo. La sentencia T-652 de 1998, la suspensión de Urrá II en abril de 2000 y la red internacional tejida con Amnistía Internacional, Global Response y Survival Internacional se convirtieron en referentes jurisprudenciales y organizativos para las luchas indígenas y afrodescendientes que vinieron después. La consulta previa, aunque capturada en el caso concreto de Urrá, se fortaleció como campo de batalla jurídico en Colombia gracias, en parte, al precedente que los embera-katío obtuvieron a un costo altísimo.

Sobre el río, el daño no admitía compensación. La reserva pesquera decretada por el INPA en diciembre de 1999 no restauró las migraciones; solo administró un daño estructural. El bocachico aguas abajo mostró empobrecimiento genético; la dorada, endémica, quedó en categoría de amenaza. La productividad histórica de la cuenca —uno de los geoecosistemas más ricos del Caribe colombiano— se redujo. Y el desfase entre el embalse controlado y la desembocadura sedimentaria, ya frágil desde 1938, se profundizó.

Por qué sigue importando

El caso de los embera-katío contra Urrá no es un episodio cerrado de la historia ambiental colombiana. Es el molde en el que se fundieron muchos de los conflictos socioambientales que llegan hasta hoy: hidroeléctricas, minería, agroindustria, hidrocarburos, todos ellos librados sobre el mismo terreno jurídico y con dinámicas territoriales parecidas. La pregunta que dejó abierta —¿puede el Estado reconocer un derecho de consulta y al mismo tiempo permitir que se vacíe por vía indemnizatoria y se cierre por vía armada?— no ha recibido, dos décadas después, una respuesta institucional satisfactoria.

Kimy Pernía Domicó importa porque encarnó una figura precisa: la del líder indígena que combinó litigio, deliberación pública y proyección internacional en un mismo cuerpo político. Su desaparición forzada, reconocida por Mancuso, ilustra el precio que Colombia ha cobrado a quienes han intentado convertir los derechos étnicos escritos en la Constitución de 1991 en derechos ejercidos. El profesor Alberto Alzate Patiño, el maestro Lucindo Domicó y Kimy Pernía forman una serie: la lista de personas asesinadas o desaparecidas por sostener el argumento —jurídico, ético, ecológico— de que los embera-katío tenían derecho a decidir sobre su territorio.

Que Urrá I haya sido, además, un proyecto económicamente mediocre añade una capa incómoda a la lectura. La violencia y la captura de la consulta no fueron el precio pagado por un gran proyecto nacional inevitable: fueron el precio pagado por sostener una decisión que ni siquiera podía justificarse plenamente con la vara del desarrollismo. La renta energética, la urgencia post-1992 y la inercia institucional bastaron para blindar la obra.

El alto Sinú, hoy, sigue siendo territorio embera-katío. El río Sinú, cortado por la presa de 73 metros en la Cerrazón de Urrá, sigue corriendo hacia Tinajones. Y la consulta previa sigue siendo, como fue entre 1993 y 2001, un campo de batalla: reconocida en el papel, disputada en el terreno, cerrada muchas veces por vías que no aparecen en los textos legales pero que operan con una eficacia que la ley no ha logrado desmontar.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

30 documentos · 38 fragmentos
01Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1301 cita
[1]y la complejidad relativa de ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los…p. 130
02Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 351 cita
[2]en la tenencia de la tierra. Esta misma economía se practica también en la región sinuana, en Córdoba, aunque en ella las zo- nas inundables son menores, excepto en las cié- nagas de Betancí, en Ciénaga Grande y en Tinajo- nes. El río Sinú, que nace en el parque natural del cerro de Paramillo, es la arteria de la…p. 35
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 942 citas
[3]de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…p. 94
[4]de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…p. 94
04Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 2871 cita
[5]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’  n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…p. 287
05Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 2871 cita
[6]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’  n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…p. 287
06Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 307, 3122 citas
[7]agrícolas en gran escala y en menor escala la generación de energía. • Área inundada de 7.400 hectáreas. • Altura de la presa: 73 m. • Capacidad instalada: 340 MW, lo cual significa 21,7 hectáreas utilizadas para producir un megavatio. • El costo inicial concebido para Urrá fue de US $600 millones. Su costo real fue…p. 307
[20]que se compra en los mercados urbanos, con el consiguiente resquebrajamiento cultural. Algunas de las alteraciones culturales más graves que está sufriendo el pueblo Embera son la pérdida de la relación de respeto hacia los mayores, y el debilitamiento de la medicina tradicional -y con ello el olvido de un valioso…p. 312
07Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 3941 cita
[8]momentos culminantes de agresividad como el incendio de Monte- ría en 1779. Su resistencia violenta contra los españoles obligó a estos a formar escuadras de piraguas armadas para 395 Hfiífinfiídi nfic erstrí a cr rórfdónr poder navegar el río Sinú y a enfrentar el bloqueo que en San Bernardo del Viento impidió el…p. 394
08Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 2351 cita
[9]inundación en ambas orillas del brazo principal del río y de sus ramales (caños) en el delta. La parte norte del delta —con el caño salado— parece que fue alguna vez el brazo principal, pero hoy no recibe aguas del río (el nombre lo dice); está cubierto por manglares. Entre los manglares y 236 Eíndice Grst los bosques…p. 235
09Cuatro crisis que marcaron a Colombia: Memorias del fraude bancario de 1982, el apagón de 1992, la debacle financiera de 1999 y las negociaciones con el ELN en 2018Juan Camilo Restrepo · 2022 · p. 57, 622 citas
[10]ahora a comienzos del año entrante. Esto significa inyectarle al país en el breve plazo de 8 meses una capacidad de generación nueva equivalente a una hidroeléctrica como la de Chivor. Entre las diversas acciones que se vienen adelantando para conformar esa capacidad de generación adicional deseo mencionar las…p. 62
[12]crecimiento de la oferta más flexible, que la construcción de hidroeléctricas dejara de ser un monopolio exclusivo de empresas oficiales, que se le diera entrada al sector privado en la construcción de nueva infraestructura generadora, y que fueran los méritos de cada proyecto y no las presiones políticas o el falso…p. 57
10Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 2621 cita
[11]framework, fostering competition, reducing produc- tion costs, and allowing consumers to benefit more from some of these efficiency gains. Electricity Before 1990 public monopolies provided electric service. As a result of significant expansion of electricity-generation capacity between 1970 and 1990 — financed mostly…p. 262
11Estado crítico de la propiedad en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 92 citas
[13]de la comunidad indígena, el Estado, tanto a través del ejecutivo como de la rama judicial, avaló su desconocimiento y en reemplazo impuso un resarcimiento monetario de los perjuicios ocasionados. Debido a que la relación de los indígenas y de las comunidades negras con la tierra no se circunscribe a una relación…p. 9
[14]de la comunidad indígena, el Estado, tanto a través del ejecutivo como de la rama judicial, avaló su desconocimiento y en reemplazo impuso un resarcimiento monetario de los perjuicios ocasionados. Debido a que la relación de los indígenas y de las comunidades negras con la tierra no se circunscribe a una relación…p. 9
12Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 2761 cita
[15]y globales9 que contribuyen al cambio social (Princcen 1994; Sethi 1993; Wapner 1994, 1995). En otros países latino americanos como Ecuador, Brasil, México, Bolivia y Nicaragua, los pueblos indígenas y los ecologistas han liderado luchas en contra de compañías madereras y petroleras, programas de desarrollo…p. 276
13Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 2161 cita
[16]esta relación al plantear que Para los pueblos indígenas del departamento [Chocó] el bien- estar está basado en el sentido de pertenencia a la Naturaleza como un legado ancestral de su origen; la Naturaleza y el mundo están constituidos por múltiples espíritus donde cada uno de ellos re- presenta una de las especies…p. 216
14Libro rojo de peces dulceacuícolas de Colombia 2012José Iván Mojica, José Saulo Usma, Ricardo Álvarez-León, Carlos A. Lasso (Eds.) · 2012 · p. 82, 1062 citas
[17]que los programas de repoblamiento carezcan de programas estrictos de regulación de la pesca: liberar alevinos y no controlar la pesca, parece un contrasentido tanto eco- nómico como biológico. Esta práctica con- lleva además a un empobrecimiento gené- tico debido a que los alevinos repoblados provienen de muy pocos…p. 82
[18]pérdida de los desoves aguas arriba (Atencio-García 2000) y la pesca indiscriminada de peces reofílicos con capacidad de reproducirse, se traducen en pérdida de su potencial re- productivo como consecuencia de la cons- trucción de la hidroeléctrica Urrá. Medidas de conservación tomadas El Acuerdo 013 del 14 diciembre…p. 106
15Guía de las Especies Migratorias de la Biodiversidad en Colombia. Peces. Volumen 2Luis Alonso Zapata Padilla, José Saulo Usma Oviedo (Editores) · 2013 · p. 2511 cita
[19]río San Jorge (mu- nicipio de Ayapel), excepto en ambientes torrenciales (Maldonado-Ocampo et al., 2005). Categoría de residencia en Colombia Migrante Local (RNI). C ARTOGRA fí A Sinonimia Othonophanes bolivariensis, Dahl, 1943. Guía de las Especies Migratorias de la Biodiversidad en Colombia 250 Familia Orden…p. 251
16Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 3131 cita
[21]s olidarios y sostenibles, bancos de semillas y acopios de alimentos, en contextos en los que la confrontación armada sitúa a las diversas formas de organización comunitaria en el centro de la sospecha, no ha sido fácil, pero sí definitivo para recomponer la forma de vida campesina. Durante la construcción de la…p. 313
17La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 1581 cita
[22]porque esa las sembré yo». Eso había que hacerlo. (Hombre/adulto/ primer exfuncionario Incora/ Montería/ noviembre 2009) Saber si en el marco de estas negociaciones, Urrá tuvo que ne- gociar otras cosas con los grupos armados es muy difícil de es- tablecer. Pero por el contrario, sí debía negociar con población…p. 158
18Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 1611 cita
[23]Gobierno aprobara 500 millones para la compra de terrenos. Un acuerdo que se quedó en promesa. También saca el espacio para quejarse de los suyos: “Embera ya no es embera puro. Ya no se hace la mazamorra2 como antes. Ahora no se cultiva el arroz sino que lo compra. Antes embera cultivaba en la tierra lo que se comía y…p. 161
19Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 582 citas
[24]tores públicos o privados generan impactos sobre el medio ambiente que afectan de manera negativa a otros actores sociales. Este tipo de actividades genera lo que se denomina conflictos ambientales. De acuerdo con Temper et al. (2015), los conflictos ambientales se definen como movilizaciones en contra de los impactos…p. 58
[25]tores públicos o privados generan impactos sobre el medio ambiente que afectan de manera negativa a otros actores sociales. Este tipo de actividades genera lo que se denomina conflictos ambientales. De acuerdo con Temper et al. (2015), los conflictos ambientales se definen como movilizaciones en contra de los impactos…p. 58
20Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 72, 1762 citas
[26]con los bloques Héroes de Tolová, Córdoba o Sinú, Mineros y Bananero. El nudo de paramillo fue clave para la estabilización del paramilitarismo debido a la presencia de economías ilegales en la zona y a las ventajas para su comer- cialización entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar, lo que permitió la financiación…p. 72
[32]ribera izquierda del río San Jorge y en la 303 Informe 1898825-FS-19. Fiscalía General de la Nación. «Estructuras del Bloque Occidental de las FARC EP», 239. 304 Ibíd., 142. 305 Ibíd., 241. 306 Informe 1898825-FS-12. Fiscalía General de la Nación, «Caracterización del Bloque Oriental», 142. parte iii: violencias,…p. 176
21Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 2391 cita
[27](Comisión de Superación de la Violencia, 1992). Esta oleada de violencia paramilitar disminuyó en el sur de Córdoba luego de que Fidel Castaño se sometiera a la justicia 81 En la misma entrevista realizada por Alejandro Reyes, Fidel Castaño ilustraba muy claramente la lógica de la guerra que libraron durante esos…p. 239
22Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1471 cita
[28]liderado por Pablo Escobar, y orientado a forzar al Gobierno a suspender la extradición de narcotraficantes a Estados Unidos. El sucesor de Barco, César Gaviria, ofreció como alternativa a la confrontación terrorista la política de sometimiento a la justicia y aceptó prohibir la extradición en la reforma…p. 147
23Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 731 cita
[29]Tierras y territorios en las versiones de los paramilitares (CNMH, 2012c), Romero (1995 y 2003), Dun- can (2006) y Ronderos (2104) resaltan cómo la denominada Casa Castaño fue central en la transición entre la primera generación y la segunda generación paramilitar, mediante la conformación de las ACCU, a mediados de…p. 73
24La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 431 cita
[30]enviados a Cesar por el ganadero cordobés Sal- vatore Mancuso, cumplían órdenes de René Ríos, alias Santiago Tobón y del exguerrillero Baltazar Mesa Durango (Verdadabier- ta.com, 22 de agosto de 2013, “La historia del “Juan Andrés Ál- varez””). En 1996 el paramilitarismo iniciaba una expansión sin precedentes bajo la…p. 43
25Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 1041 cita
[31]grupos armados bien constituidos 24. Sin embargo, el alcance de estas acciones se limitaba a sus zonas de influencia. Esta característica cambió con la aparición de las ACCU (Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá) en la región de los Llanos Orientales. En 1996 las ACCU, surgidas en 1994, emprendieron la ins-…p. 104
26Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 4111 cita
[33]para la guerra por su localización o por su alto potencial económico asociado a la producción agropecuaria. Además, los pueblos indígenas fueron altamente perseguidos por los paramilitares, incluyéndose dentro de su accionar prácti- cas como asesinato a sus líderes tradicionales; homicidios selectivos; desapa- 13 8 1…p. 411
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 104, 1262 citas
[34]de Córdoba y Urabá (ACCU). Las masacres reaparecieron con una matanza en San Pelayo, subregión del bajo Sinú, el 19 mayo de 1997. Para entonces, las Convivir y las masacres se habían extendido a otros departamentos del Caribe, auspiciadas por las ACCU. El encargado de esta tarea fue Salvatore Mancuso Gómez. En su…p. 104
[35]a mediados de los noventa por decisión del gobierno Samper, y Pastrana la había mantenido. Como se mencionó, secuestros y masacres incrementaban el desplazamiento forzado, que a principios del nuevo siglo ya se había convertido en la mayor crisis humanitaria en zonas como el sur de Córdoba, los Montes de María y los…p. 126
28Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5541 cita
[36]responsabilidad en la desaparición forzada y el homicidio del líder indígena Kimy Pernía Domicó. Mancuso señaló en su testimonio que los ataques dirigidos contra las comunidades indígenas estuvieron orientados a debilitar los procesos organizati - vos y facilitar los espacios de negociación y de consulta previa con la…p. 554
29Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · p. 681 cita
[37]que se describía la región noroccidental de Colombia como «la mejor esquina de América», a finales de 1996 e inicios de 1997 miles de habitantes de Córdoba, Urabá y el norte del Chocó sufrieron bombardeos, masacres, desapariciones de líderes co- munitarios y vecinos, asesinatos selectivos y desplazamiento for- zado.…p. 68
30Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en ColombiaMartha Nubia Bello Albarracín, Andrés Fernando Suárez, Mónica Márquez Ramírez · 2016 · p. 3011 cita
[38]co- munidades. También provoca la percepción de “desorganización y caos traducido en las pérdidas de referentes identitarios, territoria- les y de lazo social” (Lira; Arévalo y otros, 2011, en CNMH, 2014 -c, página 19 - 20), todas estas, expresiones de daños socioculturales. En el daño sociocultural se incluyen las…p. 301