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Una historia del territorio

Alto Sinú

El Alto Sinú es una de las geografías más cargadas de la historia colombiana: una cuenca cerrada y húmeda que desde tiempos prehispánicos funcionó como mundo aparte, primero como cabecera del universo zenú y sus sofisticados sistemas hidráulicos,…

19 min de lectura46 fuentes

El Alto Sinú es la parte alta de la cuenca del río Sinú, en el sur del departamento de Córdoba, encajonada entre las serranías de Abibe y San Jerónimo y coronada al sur por el Nudo de Paramillo. Administrativamente corresponde en su mayor parte al municipio de Tierralta, con proyecciones hacia Ituango en Antioquia y hacia los municipios vecinos del sur cordobés. Es, a la vez, cuna hidrográfica —allí nacen el Sinú y el San Jorge, sobre suelos ígneos y marinos, para descender luego a la llanura del Caribe—, resguardo del pueblo emberá-katío, embalse hidroeléctrico inaugurado en el año 2000, retaguardia histórica de guerrillas y sede escogida para negociar la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia. En ese apretado paréntesis geográfico se sedimentaron capas sucesivas de ocupación y violencia que hacen del Alto Sinú uno de los nudos más densos de la historia territorial colombiana reciente.

Un territorio encajonado

El río Sinú nace en el cerro de León, a 3.200 metros de altitud, en las estribaciones del cerro de Paramillo. En su tramo alto, antes de llegar a la Cerrazón de Urrá —el estrecho geológico que separa la montaña de la llanura—, discurre entre dos cordilleras: la serranía de Abibe al occidente y la de San Jerónimo al oriente, ambas ramificaciones del mismo nudo. Dentro de esa hoya se forman los dos grandes afluentes del alto Sinú, el río Verde y el río Esmeralda, que se le unen antes del angostamiento de Urrá. El resultado es una cuenca cerrada, húmeda y montuosa, con vocación de mundo aparte.

El Nudo de Paramillo, donde este relieve alcanza su punto culminante, es más que un accidente altimétrico. De él se desprenden el Sinú y el San Jorge, cuyos suelos aluviales generan uno de los geoecosistemas más fértiles del Caribe colombiano. Funciona también como una estrella de corredores fluviales y terrestres que conecta Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar. En su interior no existen vías internas formales por las cuales el Estado pueda transitar con presencia continua. Esa doble condición —fertilidad aguas abajo, aislamiento y conectividad clandestina aguas arriba— estructuró, desde antes de la Colonia, las posibilidades de quien quisiera controlar la región. Quien dominara el nudo dominaría los flujos.

Esa misma topología encerrada entre Abibe y San Jerónimo fue identificada muy temprano como óptima para levantar una gran represa en el sitio de Urrá, con la salvedad —anotada por los mismos técnicos— de que había condicionantes económicos y ecológicos que atender. La historia posterior demostraría cuán livianamente se dijo esa salvedad. La cabecera del Sinú funcionaba como despensa hidrológica del Caribe y, al tiempo, como frontera interior de un país que apenas la nombraba en sus mapas de gestión: un territorio del que dependía la fertilidad de la llanura sinuana sin que sus propias condiciones internas —caminos, escuelas, presencia administrativa— hubieran sido nunca prioridad.

Antes de los conquistadores: el mundo zenú

A comienzos del siglo XVI, cuando los españoles llegaron a esta parte del Caribe, encontraron la región de los ríos Sinú y San Jorge organizada en tres cacicazgos: Fincenú, en el valle del Sinú, con centro en los alrededores de la Laguna de Betancí; Pancenú, en la hoya del río San Jorge; y Cenúfana, en la zona del bajo Cauca y el Nechí. El Alto Sinú era, así, la cabecera de un mundo mucho más vasto y articulado de lo que sugiere hoy su condición de periferia.

Los zenúes desarrollaron uno de los sistemas hidráulicos prehispánicos más notables del continente. Extraían limos del fondo de las ciénagas y los acumulaban en diques alargados —los camellones— sobre los cuales levantaban viviendas, cultivos de yuca y frutales, y estanques donde criaban pescado. En la cuenca media y baja del San Jorge, entonces llamado Jegú, esos camellones convivían con canales que combinaban drenaje, riego y piscicultura. Con el tiempo esas obras se hundieron. El resultado fue la desaparición gradual de un paisaje construido durante siglos y la pérdida de la infraestructura agrícola que había sostenido a una población densa en tierras que, sin esa gestión del agua, oscilan entre la inundación estacional y la sequía.

La orfebrería fue otra de las marcas del mundo zenú. Los orfebres mezclaban oro con plata —lo anotó el cronista Fernández de Enciso— y producían filigranas, anillos para la nariz, collares y efigies rituales cuya función era simbólica y religiosa, no monetaria. Los textiles y las redes de pesca reproducían patrones geométricos que parecen dialogar con el paisaje natural. La sociedad zenú tenía rangos bien definidos, visibles en la diferenciación de los entierros, aunque la estructura política capaz de organizar y sostener las obras hidráulicas resulta más difícil de leer en el registro material.

Se ha calculado, a partir de argumentos económicos, ecológicos y geográficos —incluida la presión demográfica que suponen los sistemas de riego—, que la población zenú pudo acercarse al millón de habitantes antes de la conquista. Cuando Pedro de Heredia entró a la región en 1534, ese mundo ya estaba en retroceso: los indios hablaban de epidemias recientes, seguramente propagadas por contactos indirectos antes del arribo directo de los españoles. La conquista, en el Sinú como en casi toda América, llegó a un territorio ya diezmado.

Pese al colapso demográfico, comunidades descendientes de los zenúes sobrevivieron y siguen registradas hoy. Su presencia perduró en aldeas y resguardos que la administración colonial y republicana fue registrando de manera intermitente, y desde allí se abrieron las líneas de continuidad con el mundo campesino e indígena que encontrarían, siglos después, los primeros cronistas europeos que remontaron el río.

La frontera antioqueña y la formación de la hacienda

En el siglo XIX el francés Luis Striffler, residente en la región, dejó constancia de que Montería y el pueblo indígena de Cereté eran considerados el último poblado "civilizado" antes de entrar al territorio emberá del Alto Sinú: la línea entre la llanura mestiza y la montaña indígena atravesaba, ya entonces, este mismo paisaje. Aquel deslinde no era solo etnográfico. Era también fiscal, sanitario y militar: hasta ahí llegaban los caminos reales, las boticas, la jurisdicción efectiva de la parroquia y de la alcaldía. Lo que empezaba río arriba era otra cosa, y a esa otra cosa acudirían, en los cien años siguientes, madereros, cazadores de caucho, prospectores de oro y hacendados con sus cuadrillas.

Entre finales del siglo XIX y buena parte del XX, el actual departamento de Córdoba recibió un flujo persistente de colonizadores antioqueños y costeños, acompañado por la incursión de compañías extranjeras interesadas en bosques, maderas finas y extracción de oro. El Alto Sinú, con su selva húmeda y su ribera fértil, fue una de las fronteras naturales de esa expansión.

Un hito habitualmente citado es la compra en 1913, por la familia Ospina de origen antioqueño, de la hacienda Marta Magdalena a antiguos propietarios franceses. Con ella, y hacia 1920 con otras propiedades como Santa Helena y Cañaflecha, se instaló en el Alto Sinú un tipo de hacendado forjado en la minería y el comercio antioqueños, que trastocó las relaciones sociales tradicionales y abrió caminos de modernización en la estructura agraria. Tucurá, Tierralta, Juan José, Montelíbano y Uré se convirtieron en sitios fronterizos donde se encontraban —y chocaban— terratenientes antioqueños, colonos antioqueños, sinuanos y sabaneros que llegaron casi al mismo tiempo. Esa geopolítica de colonización se leyó, en clave regional, como una progresiva "antioqueñización" del Sinú que habría culminado con la secesión de Córdoba de Bolívar y la creación del nuevo departamento en 1951.

El costo social de esa expansión hacendataria fue alto. En el Alto Sinú y en el San Jorge se documentaron masacres campesinas perpetradas por pájaros a sueldo de propietarios generalmente conservadores —los apellidos Parra, Atencia y Marchena aparecen recurrentemente en los registros— con el objetivo de ampliar haciendas como Chimborazo, Venecia, La Esmeralda, Guadalajara y La Florida. La violencia bipartidista se anudó con la usurpación de tierras y produjo una capa nueva de agravios sobre un terreno donde el reparto nunca había sido claro. Muchos campesinos que huían de la Violencia liberal-conservadora encontraron en el Alto Sinú refugio y tierra para colonizar; algunos de ellos alimentaron, desde finales de los años cincuenta, un reducto guerrillero liberal dirigido por Julio Guerra que se negó a desmovilizarse en la pacificación general.

La frontera funcionó, así, en dos direcciones simultáneas. Hacia adentro absorbía colonos, guerrilleros liberales sin amnistía, familias desplazadas de otros departamentos; hacia afuera exportaba madera, ganado en pie y oro aluvial. Los pueblos ribereños del Sinú —Frasquillo, Crucito, Saiza, Batatas— se poblaron con esa mezcla, mientras el título de la tierra permanecía casi siempre en manos de las haciendas grandes. La disputa por la propiedad, más que por el uso, definió el fondo agrario sobre el que se montarían las guerras siguientes.

El EPL y el Nudo como retaguardia insurgente

Cuando el Ejército Popular de Liberación hizo presencia en la región sinuana a partir de 1965 —consolidándose formalmente en Córdoba desde 1967—, la cuenca del Alto Sinú estaba ya cargada de conflictos agrarios: masacres campesinas, usurpaciones de hacendados, colonos sin títulos, un antiguo reducto guerrillero liberal todavía activo. La aparición del EPL no fue el resultado de una decisión abstracta, sino la consecuencia de esa acumulación.

En diciembre de 1967, la hoya hidrográfica de los ríos Sinú, Manso y Tucurá fue declarada por el EPL zona de guerra. El Nudo de Paramillo se convirtió, desde entonces, en el centro de despliegue de sus operaciones político-militares. Esto instaló al EPL como el grupo guerrillero con presencia más temprana y consolidada en Córdoba, aunque entre los años sesenta y setenta también aparecieron las FARC. La selva cerrada, los corredores fluviales, la ausencia de vías estatales: la misma topología que había amparado a la guerrilla liberal amparó ahora al proyecto maoísta del EPL. Con el paso de los años, el ELN y las FARC-EP extendieron su presencia hacia el Bajo Cauca, el norte, Nordeste y occidente antioqueños, el sur de Bolívar y el sur de Córdoba, dibujando un continuo de retaguardias que superaba con creces los límites subregionales.

Del lado de las comunidades campesinas e indígenas del Alto Sinú, la presencia del EPL trajo desplazamientos masivos hacia los cascos urbanos de Tucurá y Tierralta. El pueblo que había sido refugio de la Violencia se convertía, dos décadas después, en trampa de una nueva guerra. Las veredas más altas —las que rozan el Nudo, las que miran hacia Ituango o hacia el San Jorge— quedaron atrapadas entre los cobros de los frentes guerrilleros, las incursiones del Ejército y una economía cada vez más dependiente del monte: caza, pesca, cultivos precarios en claros abiertos a machete, y desde los ochenta el asomo, primero tímido y luego decidido, de la hoja de coca.

Los Castaño y el paramilitarismo del sur de Córdoba

Sobre ese cuadro se montó, desde finales de los ochenta, la Casa Castaño. Fidel Castaño Gil dirigió inicialmente los grupos paramilitares que emergieron entre Córdoba, Sucre y Bolívar como respuesta armada a la presencia guerrillera, en una región marcada por el conflicto histórico entre campesinos sin tierra y grandes ganaderos. En apenas dos meses al comenzar 1988, coincidiendo con elecciones locales, fuerzas paramilitares cordobesas, samarias y de Puerto Boyacá cometieron al menos siete masacres en Urabá y Córdoba contra la izquierda que había brotado en esos pueblos.

En 1990 Fidel Castaño se sometió a la justicia junto con trescientos de sus hombres y entregó varias haciendas, lo que produjo una disminución transitoria de la violencia paramilitar en el sur de Córdoba. Ese episodio, hoy medio olvidado, indica algo: el paramilitarismo no era una fatalidad geográfica, era un proyecto político con márgenes de negociación. Que la violencia recrudeciera después no obedeció al terreno, sino a decisiones.

Aprovechando el conflicto entre las FARC y el EPL en Urabá, la Casa Castaño se posicionó como actor central en el noroccidente colombiano, incorporó a algunos desmovilizados del EPL —los llamados Comandos Populares— a su proyecto contrainsurgente y consolidó control sobre territorios antes considerados guerrilleros. La guerra de las FARC contra esos Comandos Populares, en Urabá y en el sur de Córdoba, produjo asesinatos y masacres de civiles, muchos de ellos campesinos atrapados entre lealtades que nunca habían escogido.

A mediados de los años noventa los hermanos Castaño conformaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, con apoyo de élites económicas y políticas de la zona. Las ACCU fueron el preámbulo directo de las Autodefensas Unidas de Colombia y marcaron la transición entre la primera y la segunda generación paramilitar. A principios de 1997, Vicente Castaño citó en el Alto Sinú a líderes y comandantes de grupos que operaban en el Bajo Cauca a una reunión donde se les informó que quedaban integrados a las ACCU y se delimitaron los territorios de cada estructura. La región no era ya solo retaguardia: era capital del proyecto.

El Nudo de Paramillo fue estratégico para los paramilitares por las mismas razones por las que lo había sido para el EPL: la estrella de corredores fluviales y terrestres, la ausencia de vías internas formales, la conexión con cuatro departamentos, la posibilidad de controlar economías ilegales sin tropezar con presencia estatal. Un excomandante de las AUC describió esas ventajas con la naturalidad de quien las había usado durante años. En los mismos caseríos donde antes cobraban las guerrillas, ahora cobraban las autodefensas; en los mismos ríos por los que bajaba la madera bajaban, ahora, cargamentos de otra naturaleza.

Urrá: la represa que partió el río

En 1993 comenzaron las obras civiles de la hidroeléctrica Urrá I, construida por el consorcio sueco-colombiano SKANSKA-CONCIVILES sobre el sitio identificado décadas antes como óptimo, en la parte del río encajonada entre Abibe y San Jerónimo. La represa fue inaugurada el 1 de julio de 2000. Inundó 7.400 hectáreas, alcanzó una altura de presa de 73 metros y quedó con una capacidad instalada de 340 megavatios.

Los números del proyecto contaron una historia paralela a la de la obra. El costo real ascendió a US$800 millones, muy por encima de los US$600 millones previstos al inicio; el costo por kilovatio instalado, US$2.350, se ubicó bastante arriba del rango eficiente, que iba de US$1.100 a 1.350. La financiación fue mixta, con el Estado aportando el 52% y el resto proveniente del sector privado, bajo la figura de la Empresa Multipropósito Urrá S.A. ESP. La represa terminó costando más y produciendo menos energía por peso invertido de lo que su propio expediente técnico había prometido.

El impacto ambiental y cultural del embalse fue mayor que su rendimiento económico. La cuenca alta del Sinú es hábitat de especies migratorias que necesitan aguas corrientes para reproducirse, entre ellas el bocachico y la dorada, esta última endémica de la cuenca. Cuando la dorada remonta al alto Sinú prefiere los tramos torrentosos, en cardúmenes que suben cerca de la superficie. La represa, sumada a la pesca indiscriminada, contribuyó a la pérdida de desoves aguas arriba y a la reducción del potencial reproductivo de esas especies. Las autoridades pesqueras reaccionaron con medidas de contención: en diciembre de 1999 el INPA declaró área de reserva el tramo entre el sitio de presa y Pasacaballos, doce kilómetros aguas abajo, prohibiendo allí toda actividad pesquera; en septiembre de 2002 se sumaron nuevas medidas de ordenamiento. Ninguna de esas normas podía, sin embargo, restituir los ciclos migratorios de un río que había dejado de fluir libremente en su tramo alto. La subienda —el momento anual en que los peces remontan el Sinú para desovar y del que dependían pescadores de todo el bajo Sinú, desde Lorica hasta la desembocadura— dejó de ser lo que había sido durante generaciones.

Los emberá-katío frente al embalse

El impacto humano recayó sobre todo en el pueblo emberá-katío del Alto Sinú, cuya presencia en la región venía siendo reconocida al menos desde el siglo XIX, cuando Striffler ya la señalaba, y cuya cosmovisión entiende el territorio no como bien económico sino como parte de un equilibrio simbólico y ecológico integrado a los ecosistemas del río.

Desde 1993 los emberá-katío desplegaron una estrategia de resistencia legal e internacional. Interpusieron demandas, tutelas y solicitudes de audiencias públicas para detener Urrá; no consiguieron parar la construcción, pero el 23 de abril de 2000 obtuvieron dos victorias parciales: la inclusión de nuevos territorios en su resguardo y la suspensión del proyecto Urrá II, la segunda fase de la iniciativa hidroeléctrica. La resistencia se apoyó en redes internacionales —Global Response, Amnistía Internacional, Survival International— que convirtieron el caso emberá en referencia global de la denuncia ambiental y de derechos humanos indígenas.

La derrota, con todo, fue estructural. La indemnización impuesta por el Estado se otorgó por familias y no por comunidades, desconociendo el sistema cultural y organizacional colectivo del pueblo emberá-katío. Ese diseño técnico —presentado como neutro— fracturó la cohesión política interna, individualizó lo que era comunitario y arriesga a la postre la propia continuidad cultural: las nuevas generaciones desconocen ya los sistemas de propiedad y producción colectivos. El artículo 76 de la Ley 99 de 1993, que establece protecciones a la integridad cultural, social y económica de las comunidades indígenas frente a la explotación de recursos naturales, quedó en la práctica incumplido. Tanto por vía ejecutiva como judicial, el Estado avaló el desconocimiento de los derechos territoriales colectivos y sustituyó la garantía de integridad territorial por un resarcimiento monetario individualizado.

A esa violencia institucional se sumó la de los grupos paramilitares. El Tribunal Superior de Medellín estableció en sentencia de 2014 que los pueblos emberá-katío y zenú fueron convertidos en blancos específicos de ataque en las riberas del Sinú y el San Jorge por parte de estructuras armadas ilegales, entre ellas el bloque paramilitar con frentes en el Alto San Jorge, el Sinú y Sanidad. En ese contexto de violencia dirigida, los líderes de la resistencia al embalse quedaron especialmente expuestos. Kimy Pernía Domicó, cabecilla de la lucha emberá-katío contra Urrá y una de las figuras indígenas más visibles de Colombia en los años noventa, encarnó ese cruce trágico entre la resistencia legal contra el megaproyecto y la persecución paramilitar sobre los pueblos indígenas del Alto Sinú. Había recorrido las cortes nacionales, las oficinas de la ministra del Ambiente, los foros internacionales; había hablado ante el Parlamento Europeo. El 2 de junio de 2001 fue desaparecido en Tierralta. Años después, en versiones ante Justicia y Paz, alias Mancuso reconoció la responsabilidad de las AUC en su asesinato y en la ocultación de su cuerpo. Kimy quedó, en el relato emberá, como el nombre que condensa lo que la ley no protegió y las armas cobraron: la resistencia culminada en desaparición.

Santafé de Ralito: la sede de la desmovilización

A comienzos de los años dos mil, el Alto Sinú se convirtió en escenario del ejercicio político más ambicioso —y controvertido— del paramilitarismo colombiano: la negociación de su desmovilización con el Estado. La sede fue Santafé de Ralito, un corregimiento del municipio de Tierralta convertido oficialmente en zona de diálogo. El gobierno estableció allí una zona de 368 kilómetros cuadrados destinada a reubicar a los paramilitares desmovilizados y a albergar las conversaciones formales, que comenzaron en mayo de 2004. Una misión de la Organización de Estados Americanos fue designada para verificar el proceso.

Entre noviembre de 2004 y diciembre de 2005 se desmovilizaron más de veinte grupos de las AUC, con más de 13.000 combatientes, además de cerca de 1.000 miembros del Bloque Cacique Nutibara que se habían desmovilizado antes, en noviembre de 2003. Los principales cabecillas paramilitares —entre ellos Salvatore Mancuso y Carlos Castaño Gil, hasta su muerte en 2004— se concentraron en Ralito. Algunos habrían continuado dirigiendo tropas desde la retaguardia, mientras se entregaban como combatientes personas ajenas a los grupos armados —delincuentes, vagabundos, desempleados— reclutadas a cambio de dinero, y se rendían armas viejas o inservibles.

A esas denuncias se sumaron cuestionamientos más profundos: las AUC eran responsables de aproximadamente el 70% de las violaciones de derechos humanos en Colombia y estaban ampliamente vinculadas al narcotráfico. La combinación de impunidad e intereses ilegales convirtió el proceso en objeto de rechazo nacional e internacional. Algunos episodios exhibieron la fragilidad del esquema: el comandante Chepe Barrera, jefe de las Autodefensas del Sur del Magdalena, se resistió a la concentración en Ralito; en octubre de 2004 el Ejército lo detuvo, pero fue liberado mediante una resolución que lo autorizaba como representante del estado mayor y le permitió volver a su territorio mientras otros jefes seguían concentrados en el corregimiento cordobés.

Que Santafé de Ralito fuera el sitio escogido no es incidental: refleja el reconocimiento estatal de la hegemonía paramilitar sobre el sur de Córdoba como un hecho político con el que había que dialogar. La misma región que había sido retaguardia del EPL era ahora escenario diplomático de las autodefensas. Los mismos ríos, los mismos caseríos, los mismos caminos de trocha ahora servían al montaje logístico de una zona de despeje inversa, en la que quienes se concentraban no eran una guerrilla que aspiraba al poder sino un ejército contrainsurgente que ya lo había ejercido de facto sobre buena parte del Caribe rural.

La posdesmovilización y la disputa continuada

La desmovilización no cerró el ciclo. Tras la salida de las AUC, las FARC iniciaron un proceso de recuperación de territorios que antes habían controlado los paramilitares en Córdoba y sus zonas aledañas. En noviembre de 2006 atacaron a la fuerza pública en Tierradentro, corregimiento de Montelíbano, con 400 guerrilleros, dejando 18 policías muertos: el mensaje de que el vacío se disputaba con armas fue inequívoco.

Simultáneamente aparecieron nuevas estructuras armadas —las llamadas bandas criminales posdesmovilización— que continuaron generando victimización en múltiples territorios. Su presencia se sintió incluso en zonas distantes como el archipiélago de San Andrés, donde su llegada coincidió con picos históricos de homicidios en 2010 y 2011. En el sur de Córdoba, entre 2012 y 2014, la disminución de los cultivos de coca coincidió con mayores confrontaciones armadas entre grupos ilegales y la fuerza pública: el alza del precio del oro hizo más rentable la minería frente a la coca, reorientando los circuitos de guerra sin apagarlos. El Nudo de Paramillo, el embalse de Urrá y los ríos Sinú y San Jorge quedaron identificados como territorios estratégicos cuyo control seguía motivando dinámicas militares, económicas y políticas de los actores armados.

La huella humanitaria de todas esas capas es acumulativa. El desplazamiento forzado vació parcialmente veredas y corregimientos, empujó a comunidades campesinas e indígenas hacia los cascos urbanos de Tucurá y Tierralta, y engrosó las periferias de ciudades más lejanas donde las víctimas llegaron con necesidades básicas insatisfechas y expuestas a nuevos hechos victimizantes. El paramilitarismo vació territorios en amplias regiones del Caribe —Urabá, Montes de María, Cesar, Magdalena— y el sur de Córdoba, aunque no siempre nombrado en esa lista, participó de la misma lógica.

Cabecera de deudas

El Alto Sinú muestra cómo la historia de Colombia se escribe por acumulación más que por sustitución. Sobre la cuenca donde los zenúes elevaron camellones y esculpieron filigranas se implantó la hacienda antioqueña; sobre la hacienda, la colonización de campesinos que huían de la Violencia; sobre esa frontera, el reducto guerrillero liberal, luego el EPL, luego las FARC; sobre las guerrillas, la Casa Castaño y las ACCU convertidas en AUC; sobre las AUC, la mesa de negociación en Ralito y las estructuras armadas posdesmovilización; y todo ello atravesado, desde 1993, por la construcción del embalse que partió el río en dos.

Nada de esto obedeció a un destino topográfico. La geografía —el nudo, las serranías, los corredores sin caminos oficiales— ofreció las condiciones; las decisiones políticas escogieron qué hacer con ellas. Indemnizar por familias y no por comunidades a los emberá-katío fue una decisión. Permitir a Fidel Castaño someterse en 1990 con trescientos hombres, sin exigir la desarticulación estructural del proyecto paramilitar, fue otra. Convertir Santafé de Ralito en zona de diálogo antes de esclarecer las responsabilidades por el 70% de las violaciones de derechos humanos del país, otra más. Cada una de esas decisiones dejó su registro en el territorio: en un río sin subienda, en un resguardo fragmentado por indemnizaciones individuales, en un corregimiento donde los archivos del proceso de desmovilización conviven con las fosas que la Fiscalía sigue exhumando.

Contra la imagen de un territorio meramente sometido, cada capa generó su propia resistencia: la guerrilla liberal que se negó a desmovilizarse, los campesinos que denunciaron a los pájaros, los emberá-katío que llevaron el caso Urrá a las cortes y a las redes transnacionales, las comunidades que aún reclaman verdad ante la Comisión y los tribunales. El río partido en Urrá aguarda una restauración ecológica que no se ha emprendido; el resguardo emberá-katío exige el cumplimiento efectivo de decisiones judiciales que llevan más de veinte años; las familias desplazadas de Saiza, Batatas, Crucito y Frasquillo esperan retornos que no se completan. Cabecera del Sinú, cabecera también de deudas.

Conexiones

El territorio en el archivo

Dónde aparece y con qué se relaciona

Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

36 documentos · 46 fragmentos
01
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 94, 139
4 citas
[1]

de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…

p. 94
[2]

de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…

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[8]

sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…

p. 139
[9]

sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…

p. 139
02
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 40, 147
2 citas
[3]

campesinado. En las sabanas del departamento de Sucre, su capital, Sincelejo, es un balcón anclado en la Sierra Flor, desde donde mira al mar Caribe y a la Serranía de Coraza. En los días descapotados, Coveñas, Tolú y toda la línea costanera del golfo de Morrosquillo y el archipiélago de San Bernardo parecen al…

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raizal asume que por esa vía el archipiélago quedó ligado al conflicto armado, aunque las dinámicas confrontacio- nales derivadas de este estuvieran referidas al territorio continental. Así lo manifestó a la Comisión de la Verdad un líder raizal de San Andrés: «Las bandas criminales 335 Entrevista 241-PR-00336.…

p. 147
03
Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 35
1 cita
[4]

en la tenencia de la tierra. Esta misma economía se practica también en la región sinuana, en Córdoba, aunque en ella las zo- nas inundables son menores, excepto en las cié- nagas de Betancí, en Ciénaga Grande y en Tinajo- nes. El río Sinú, que nace en el parque natural del cerro de Paramillo, es la arteria de la…

p. 35
04
Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 130
1 cita
[5]

y la complejidad relativa de ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los…

p. 130
05
Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 72, 176
2 citas
[6]

con los bloques Héroes de Tolová, Córdoba o Sinú, Mineros y Bananero. El nudo de paramillo fue clave para la estabilización del paramilitarismo debido a la presencia de economías ilegales en la zona y a las ventajas para su comer- cialización entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar, lo que permitió la financiación…

p. 72
[24]

ribera izquierda del río San Jorge y en la 303 Informe 1898825-FS-19. Fiscalía General de la Nación. «Estructuras del Bloque Occidental de las FARC EP», 239. 304 Ibíd., 142. 305 Ibíd., 241. 306 Informe 1898825-FS-12. Fiscalía General de la Nación, «Caracterización del Bloque Oriental», 142. parte iii: violencias,…

p. 176
06
Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 325
1 cita
[7]

tros que indiquen una integración para la construcción y el mantenimiento del sistema. En el fondo, según todos los datos disponibles hasta ahora, parece que se trataba de una población rural cuyos restos materiales están muy super- ficialmente dispersados. Fue una sociedad de rangos bien definidos, al juzgar por la…

p. 325
07
Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 61
1 cita
[10]

tiempo que los indios de la parte norte del Panzenú no disponían entierro solemne para un jefe. Desde cuando se fue- ron hundiendo poco a poco las inmensas obras de rectos canales para criar pescado y altos camellones para sembrar yuca y fruta- les —que construyeron los geniales ingenieros zenúes en la cuenca media y…

p. 61
08
Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 286
1 cita
[11]

de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…

p. 286
09
Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 37
1 cita
[12]

riego, lo que indica la presión de una densa población; la existencia de especialistas orfebres —que mezclaban, según Fernández de Enciso, el oro con plata—, la presencia de especialización regional y de un activo comercio sugieren un desarrollo económico notable. El más importante especialista, Gordon, sostiene con…

p. 37
10
Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 287
1 cita
[13]

–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’  n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…

p. 287
11
Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 287
1 cita
[14]

–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’  n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…

p. 287
12
La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 34, 94
2 citas
[15]

armados que han aparecido y desapare- cido en la región, pero cuya presencia los ha perpetuado en la memoria de la colectividad. El Departamento de Córdoba recibió durante muchas décadas un flujo importante de colonizadores antioqueños y de la costa Caribe, quienes le dieron una configuración socio-demográfica un poco…

p. 34
[18]

de María a inicios de los años ochenta, y el paramilitarismo apareció a me- diados de los años noventa para disputar el territorio. Presencia guerrillera en Córdoba Las subregiones del Alto Sinú y San Jorge en el departamento de Córdoba han sido una histórica zona de asentamiento de grupos insurgentes; fueron…

p. 94
13
Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 157, 246
2 citas
[16]

recogido por Antolín Díaz, y de seguro don Francisco tuvo centenares de compadres y ahijados (rechazó la compra de doncellas). Pero en muchas partes los colonos pobres llegaron a "temerle más a los hombres que a las fieras del monte". Se sabe que, como Berástegui, en la plantación francesa de Tucura, en el Este…

p. 157
[17]

del alto Sinú y San Jorge con la llegada casi simultánea de terra- tenientes antioqueños y colonos antioqueños, sinuanos y sabane- ros. Tucura, Tierralta, Juan José, Montelíbano y Uré, sitios fronte- rizos de este choque y encuentro de estas gentes disímiles, fueron teatro de masacres campesinas realizadas por…

p. 246
14
Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 276
1 cita
[19]

y globales9 que contribuyen al cambio social (Princcen 1994; Sethi 1993; Wapner 1994, 1995). En otros países latino americanos como Ecuador, Brasil, México, Bolivia y Nicaragua, los pueblos indígenas y los ecologistas han liderado luchas en contra de compañías madereras y petroleras, programas de desarrollo…

p. 276
15
Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 216
1 cita
[20]

esta relación al plantear que Para los pueblos indígenas del departamento [Chocó] el bien- estar está basado en el sentido de pertenencia a la Naturaleza como un legado ancestral de su origen; la Naturaleza y el mundo están constituidos por múltiples espíritus donde cada uno de ellos re- presenta una de las especies…

p. 216
16
Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 307
1 cita
[21]

agrícolas en gran escala y en menor escala la generación de energía. • Área inundada de 7.400 hectáreas. • Altura de la presa: 73 m. • Capacidad instalada: 340 MW, lo cual significa 21,7 hectáreas utilizadas para producir un megavatio. • El costo inicial concebido para Urrá fue de US $600 millones. Su costo real fue…

p. 307
17
Estado crítico de la propiedad en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 9
2 citas
[22]

de la comunidad indígena, el Estado, tanto a través del ejecutivo como de la rama judicial, avaló su desconocimiento y en reemplazo impuso un resarcimiento monetario de los perjuicios ocasionados. Debido a que la relación de los indígenas y de las comunidades negras con la tierra no se circunscribe a una relación…

p. 9
[23]

de la comunidad indígena, el Estado, tanto a través del ejecutivo como de la rama judicial, avaló su desconocimiento y en reemplazo impuso un resarcimiento monetario de los perjuicios ocasionados. Debido a que la relación de los indígenas y de las comunidades negras con la tierra no se circunscribe a una relación…

p. 9
18
Libro rojo de peces dulceacuícolas de Colombia 2012José Iván Mojica, José Saulo Usma, Ricardo Álvarez-León, Carlos A. Lasso (Eds.) · 2012 · p. 106
1 cita
[25]

pérdida de los desoves aguas arriba (Atencio-García 2000) y la pesca indiscriminada de peces reofílicos con capacidad de reproducirse, se traducen en pérdida de su potencial re- productivo como consecuencia de la cons- trucción de la hidroeléctrica Urrá. Medidas de conservación tomadas El Acuerdo 013 del 14 diciembre…

p. 106
19
Guía de las Especies Migratorias de la Biodiversidad en Colombia. Peces. Volumen 2Luis Alonso Zapata Padilla, José Saulo Usma Oviedo (Editores) · 2013 · p. 34, 251
2 citas
[26]

and Fisheries 14: 403–414 Zona de cría Zona de alimentación Zona de desove 7 6 5 8 3 4 9 10 11 1 2 Putumayo Caquetá Negro Japurá Juruá Ucayali Mamoré Maranon Purus Beni Ica Amazonas Madeira Napo VENEZUELA COLOMBIA ECUADOR PERÚ BOLIVIA BRASIL 1. Belén, 2. Manaos, 3. Leticia, 4. Iquitos, 5. Vila Bittencourt, 6. La…

p. 34
[27]

río San Jorge (mu- nicipio de Ayapel), excepto en ambientes torrenciales (Maldonado-Ocampo et al., 2005). Categoría de residencia en Colombia Migrante Local (RNI). C ARTOGRA fí A Sinonimia Othonophanes bolivariensis, Dahl, 1943. Guía de las Especies Migratorias de la Biodiversidad en Colombia 250 Familia Orden…

p. 251
20
El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 56
1 cita
[28]

guerrillas cuando, en tercer lugar, se adoptó el paramilitarismo como alternativa para contrarrestarlas. Con el trascurso del tiempo, durante más de medio siglo, la presencia gue- rrillera se ha transformado y reconfigurado. Una de sus particularidades con- sistió en que, como proyectos armados, extendieron su…

p. 56
21
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 70, 181
2 citas
[29]

masivo de las comunidades campesinas e indígenas de la región del Alto Sinú a las zonas urbanas de Tucurá y Tierralta. En Urabá, se dieron tensiones con sindicatos y organizaciones alineadas con el Partido Comunista, o con juntas de acción comunal y organizaciones sociales que estaban ligadas a dinámicas…

p. 70
[46]

de la década del 2000, como lo prueban las cifras de áreas cultivadas. Durante 2005 se cultivaron 10.574 hectáreas de coca, con un rango similar hasta 2012. En el 2013 los cultivos disminuyeron a 3.090 hectáreas, y aumentaron drásticamente tres años después, cuando sumaron 13.326 hectáreas 501. Los cultivos de coca…

p. 181
22
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 110
1 cita
[30]

produjeron confrontaciones con otros grupos insurgentes o con los reductos de la desmovilización de estos; en dichas disputas, el campesinado también cayó víctima de las balas. Tal es el caso de la guerra contra los Comandos Populares 229 y otros desmovilizados del EPL en regiones como Urabá y el sur de Córdoba, que…

p. 110
23
Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 57
1 cita
[31]

cultivos de coca en el Guaviare, el sur del Meta y Caquetá. Más tarde llegaron al Valle del Cauca, el Cauca y otras áreas del Tolima, así como a algunas 58 Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico regiones de la costa Caribe, como los alrededores de la Sierra Ne- vada de Santa Marta y…

p. 57
24
Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 187
1 cita
[32]

ensuciarse las manos de sangre por esa plata. Los que se quedaron no tardaron en sucumbir en el fango de las masacres de campesinos pobres, como ellos, y de los asesinatos por encargo. Pero incluso uno que se quedó, “Relámpago”, se negó a ser partícipe del asesinato colectivo de 42 campesinos indefensos en la matanza…

p. 187
25
Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 239
1 cita
[33]

(Comisión de Superación de la Violencia, 1992). Esta oleada de violencia paramilitar disminuyó en el sur de Córdoba luego de que Fidel Castaño se sometiera a la justicia 81 En la misma entrevista realizada por Alejandro Reyes, Fidel Castaño ilustraba muy claramente la lógica de la guerra que libraron durante esos…

p. 239
26
Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 117
1 cita
[34]

en el cual cada grupo involucró a sus bases. Además, le permitió a la Casa Castaño, de la mano de las élites económicas y políticas de la zona (Carroll, 2011), terciar en ese escenario con- troversial y convertirse en un actor central, lo que aprovechó para moldear las percepciones de algunas personas desmovilizadas e…

p. 117
27
Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 73
1 cita
[35]

Tierras y territorios en las versiones de los paramilitares (CNMH, 2012c), Romero (1995 y 2003), Dun- can (2006) y Ronderos (2104) resaltan cómo la denominada Casa Castaño fue central en la transición entre la primera generación y la segunda generación paramilitar, mediante la conformación de las ACCU, a mediados de…

p. 73
28
Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 31
1 cita
[36]

aspectos, el ca- pítulo ofrece los antecedentes de formación de los paramilitares y brinda elementos para comprender la manera como a partir de 1997 aplicaron un plan que buscaba constituirlos en un actor polí- tico de orden nacional y convertirlos en autoridades indisputadas en regiones de su interés. 1. La…

p. 31
29
Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 152
1 cita
[37]

informó a los asistentes, entre los cuales se encontraba Javier Montañéz, que en virtud de la ordenada vinculación a las ACCU, a partir de ese momento quedábamos bajo las órdenes de Carlos Castaño Gil. (FGN, 2007b, p. 11) A principios del año 1997, el señor VICENTE CASTAÑO citó a los líderes y comandantes de estas…

p. 152
30
El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 253
1 cita
[38]

legitimación estatal de la hegemonía paramilitar a nivel nacional, que por obvias razones tiene su “zona de diálogo” en Santafé de Ralito, un corregimiento del mu- nicipio de Tierralta. Un proceso bastante cuestionado a nivel nacional e internacional dada la impunidad rampante. Buena parte de estas dinámicas de tipo…

p. 253
31
Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 192
1 cita
[39]

delincuentes políticos, o sediciosos. Y así quedo establecido en la Ley de Justicia y Paz elaborada por el gobierno tiempo después. Acto se-guido, vendría el apoyo a sus compinches políticos para las elecciones al congreso en el 2002; la “elección” (de Uribe) parapresidente ese mismo año, y para las elecciones…

p. 192
32
Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 192
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[40]

delincuentes políticos, o sediciosos. Y así quedo establecido en la Ley de Justicia y Paz elaborada por el gobierno tiempo después. Acto se-guido, vendría el apoyo a sus compinches políticos para las elecciones al congreso en el 2002; la “elección” (de Uribe) parapresidente ese mismo año, y para las elecciones…

p. 192
33
Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 355
1 cita
[41]

terms of this process, formal talks began in May 2004. The government set up a zone consisting of 368 square kilometers in Santa Fe de Ralito, Cordoba, to relocate demobilized paramilitaries 261 Colombia: A Country Study and conduct the talks, and an Organization of American States (OAS) mission came to verify this…

p. 355
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La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 462
1 cita
[42]

quien también se desmovilizó, llegó a ser diputado del Magdalena, lo que da cuenta de la fuerte incidencia de este grupo de autodefensas en la política de la región (Verdad Abierta, 2008). El proceso de desmovilización de las Autodefensas del Sur de Magdalena estuvo marcado por la resistencia de su comandante Chepe…

p. 462
35
Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 196
1 cita
[43]

las anteriormente descritas. Luego de la desmovilización de las AUC, las FARC iniciaron un proceso de recuperación de territorios que habían sido controla- dos por los paramilitares. Tal fue el móvil del ataque a la fuerza pública en Tierradentro (Montelíbano, Córdoba), el 1 de noviem- bre de 2006, corregimiento…

p. 196
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Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 674
1 cita
[45]

años noventa dejaron un país convulsionado por la crudeza de la guerra. En las zonas donde el paramilitarismo fue ganando el pulso, los territorios fueron vaciados con desplazamientos masivos, como ocurrió en la frontera con Panamá, y el Caribe en las regiones de Urabá, Montes de María y los departamentos de Cesar y…

p. 674