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Biografía

George W. Bush

Seguridad Democrática

N. 1946

17 min de lectura42 documentos
Nacimiento6 de julio de 1946
FallecimientoSin fecha registrada
RolesGobernador de Texas (1995-2000) · Presidente número 43 de los Estados Unidos (2001-2009)
Lugar principalColombia
Período históricoSeguridad Democrática2002–2016
03

La biografía

Presidente número 43 de los Estados Unidos entre enero de 2001 y enero de 2009, George W. Bush ocupa en la historia reciente de Colombia un lugar que ningún otro mandatario extranjero de su generación reclama: fue quien convirtió el Plan Colombia, heredado de Bill Clinton, en el andamiaje operativo, doctrinal y jurídico de una alianza bilateral sin precedentes en América Latina. Bajo sus ocho años en la Casa Blanca, la asistencia militar estadounidense al país superó los 8.000 millones de dólares, las FARC y el ELN fueron designadas "narcoterroristas", se fusionaron formalmente las agendas antidrogas y contrainsurgente, y se selló un vínculo estratégico con Álvaro Uribe Vélez que aún condiciona la relación entre Bogotá y Washington. Su presidencia coincidió con la fase más intensa del conflicto armado colombiano y con la transformación del país en el mayor receptor de ayuda militar estadounidense fuera de los grandes teatros de Medio Oriente.

02

Línea de vida

  1. 2000

    Elección presidencial y contacto previo con Colombia

    Leer contexto

    Bush ganó las elecciones presidenciales de noviembre de 2000 tras un largo y disputado escrutinio resuelto por la Corte Suprema. Andrés Pastrana había visitado Texas en octubre de 1999 para cultivar contactos con el entonces gobernador, apuesta que facilitó el acceso diplomático con la nueva administración.

  2. 2001

    Reunión con Pastrana y herencia del Plan Colombia

    Leer contexto

    El 27 de febrero de 2001, Bush recibió a Pastrana en la Casa Blanca, siendo el colombiano el cuarto jefe de Estado en reunirse con el nuevo presidente. La agenda incluyó la relación bilateral y el desarrollo del Plan Colombia. Bush mostró inicialmente reticencia a invertir más recursos en el plan heredado de Clinton.

  3. 2001

    11-S y refundación doctrinal: designación de las FARC como narcoterroristas

    Leer contexto

    Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Bush firmó la National Security Presidential Directive 18, que amplió la misión estadounidense en Colombia más allá del antinarcóticos para incluir operaciones contrainsurgentes. Por decisión personal, las FARC y el ELN fueron designadas 'narcoterroristas', fusionando formalmente ambas agendas.

  4. 2002

    Legislación HR 4775 y consolidación del marco legal contrainsurgente

    Leer contexto

    En agosto de 2002, el Congreso estadounidense promulgó la ley HR 4775, que autorizó el uso de recursos militares del Plan Colombia contra organizaciones terroristas y no solo contra el narcotráfico. La fórmula 'campaña unificada contra narcotráfico y organizaciones terroristas' se convirtió en estándar de toda la legislación posterior de ayuda militar a Colombia.

  5. 2002

    Alianza con Álvaro Uribe y alineación estratégica plena

    Leer contexto

    La llegada de Uribe a la presidencia colombiana en agosto de 2002 completó el cuadro. Bajo el marco post-11S, ambos gobiernos alinearon sus discursos en torno al 'narcoterrorismo', abandonando el lenguaje del conflicto político. La fuerza pública colombiana pasó de 279.000 efectivos en 2002 a más de 430.000 hacia 2008.

  6. 2007

    Visita de Uribe a Crawford y paquete de ayuda

    Leer contexto

    En marzo de 2007, Uribe visitó a Bush en su rancho de Crawford, Texas, y obtuvo el compromiso de un paquete de 750 millones de dólares de ayuda para ese año, aunque el Congreso demócrata recortó después la cifra en un 15% y exigió mayor proporción de recursos sociales sobre militares.

  7. 2008

    Operación Fénix y Operación Jaque: cúspide operativa de la alianza

    Leer contexto

    El 1 de marzo de 2008, Raúl Reyes murió en la Operación Fénix en territorio ecuatoriano, desnudando la permeación de la doctrina de guerra preventiva de Bush en las fuerzas armadas colombianas. Meses después, la Operación Jaque liberó a Íngrid Betancourt y otros rehenes con coordinación de inteligencia estadounidense.

Un tejano en la Casa Blanca

George Walker Bush nació en New Haven, Connecticut, el 6 de julio de 1946, aunque su vida adulta lo ancló a Texas, y particularmente a las llanuras de Midland, donde su padre —George H. W. Bush, futuro presidente— construyó su fortuna petrolera. Esa doble condición, la del hijo de la élite nororiental criado como tejano, definió su estilo político: modales del oeste, redes del este, catolicismo cultural evangélico y una desconfianza declarada hacia el establecimiento diplomático de Washington.

Su vida previa a la política careció de aventuras. No hubo servicio en Vietnam ni experiencia empresarial deslumbrante; sí hubo, en cambio, un problema de alcoholismo del que él mismo dio cuenta y del que salió, según su propio relato, gracias a la conversión religiosa y al matrimonio con Laura Welch. El contraste con la biografía de su gran aliado colombiano es notable: mientras Uribe creció rodeado por la guerrilla, el narcotráfico y el paramilitarismo —fuerzas que marcaron a su familia—, Bush recorrió una vida acolchada donde el mayor obstáculo fue el que él mismo se puso encima. Esa distancia biográfica no impidió la sintonía política; en algunos aspectos, la facilitó.

Gobernador de Texas desde 1995, Bush llegó a la presidencia tras las elecciones de noviembre de 2000, en un escrutinio largo y disputado que solo se resolvió por decisión de la Corte Suprema. Fue, desde el inicio, un presidente sin mandato popular contundente, cuyo horizonte cambiaría radicalmente menos de nueve meses después, la mañana del 11 de septiembre de 2001.

Los orígenes de la relación con Colombia: herencia y anticipación

La política estadounidense hacia Colombia no comenzó con Bush. Su padre, George H. W. Bush, ya había incrementado de manera notable la asistencia militar al país en el marco de la "guerra contra las drogas" y ordenado en 1989 la invasión de Panamá —la Operación Causa Justa— para capturar a Manuel Antonio Noriega. Cuando el hijo llegó a la Casa Blanca, existía por lo tanto una tradición familiar y republicana de involucramiento militar en la región andina bajo el paraguas antinarcóticos.

La herencia inmediata, sin embargo, era demócrata. El Plan Colombia había sido concebido por el presidente colombiano Andrés Pastrana el 8 de junio de 1998 como parte de su Plan de Desarrollo, y acogido por Bill Clinton en diciembre de ese año. La política estadounidense hacia Colombia venía atravesando etapas discernibles: entre 1995 y 1998 predominó una estrategia antinarcóticos con operaciones antisubversivas como elemento subsidiario, sin asociar formalmente a la guerrilla con las drogas; entre 1999 y 2001, con el respaldo público al diálogo del Caguán, Washington construyó una estrategia mixta que combinaba componentes antinarcóticos y militares y que se cristalizó en el Plan Colombia.

Pastrana anticipó la transición. En octubre de 1999 viajó a Texas y cultivó contactos con el entonces gobernador Bush, apuesta que él mismo reivindicaría después como decisiva. Cuando el republicano ganó las elecciones, Colombia ya tenía un respaldo bipartidista al Plan Colombia asegurado en el Congreso estadounidense, un logro diplomático que suavizó la transición hacia una administración cuyas prioridades regionales estaban todavía por definirse. El 27 de febrero de 2001, apenas iniciado el mandato, Pastrana fue el cuarto jefe de Estado en reunirse con Bush en la Casa Blanca, después de los mandatarios de México, Canadá y el Reino Unido. En la agenda: la relación bilateral, el desarrollo del Plan Colombia y los asuntos comerciales.

El nuevo presidente, sin embargo, mostraba reticencia. Bush no era, en 2001, un entusiasta del compromiso colombiano; consideraba discutible invertir más recursos de los contribuyentes estadounidenses en un plan diseñado por sus antecesores demócratas. El primer semestre de la administración discurrió, en lo que a Colombia respecta, sin sobresaltos ni innovaciones mayores. Todo cambió en septiembre.

11-S y la refundación doctrinal del Plan Colombia

El 11 de septiembre de 2001 fue, para la política estadounidense hacia Colombia, un punto de inflexión doble. En Washington, reordenó las prioridades del gobierno Bush y le dio a la Casa Blanca un marco conceptual —la guerra global contra el terrorismo— dentro del cual conflictos previamente autónomos podían reencuadrarse como piezas de una misma batalla. En Bogotá, cerró el ambiente internacional que había permitido a Pastrana negociar en el Caguán: si las organizaciones vinculadas al narcotráfico podían ser calificadas como plataformas del terrorismo mundial, no había espacio para conversar con ellas sin ceder terreno frente a la nueva doctrina. Hacia finales de 2001, el gobierno Pastrana había entendido que el camino de negociar en medio de la guerra estaba clausurado.

Bush firmó entonces la National Security Presidential Directive 18, que amplió explícitamente la misión estadounidense en Colombia más allá de las operaciones antidrogas para incluir operaciones contra organizaciones terroristas. La directiva abrió el uso de recursos —entrenamiento, equipos, helicópteros— a fines contrainsurgentes de manera declarada, sin necesidad de mantener la ficción antinarcótica que había caracterizado el diseño original del Plan. En agosto de 2002, el Congreso estadounidense promulgó la ley HR 4775, que incorporaba en la legislación el lenguaje autorizando el uso de recursos militares del Plan Colombia contra organizaciones terroristas y no solo contra el narcotráfico. Esa fórmula —campaña unificada contra narcotráfico y organizaciones terroristas— se convertiría en estándar de toda la legislación posterior de ayuda militar estadounidense al país.

Por decisión personal de Bush, las FARC y el ELN fueron designadas "narcoterroristas" después del 11-S. La calificación tenía antecedentes: en 1982 el embajador estadounidense en Bogotá, Lewis Tambs, ya había hablado de "narcoguerrilla" sin pruebas concluyentes, y la teoría se había ido consolidando durante dos décadas como justificación doctrinal para fusionar objetivos antidrogas y contrainsurgentes en el marco de la guerra de baja intensidad. Lo que Bush hizo fue convertir esa doctrina en política oficial y en categoría jurídica operativa.

Los efectos fueron inmediatos. Un oficial de inteligencia militar colombiano describió después la diferencia: la cooperación estadounidense en inteligencia ordinaria antes del 11-S había sido "muy mala"; la que llegó bajo el paraguas de la guerra contra el terrorismo fue "de primer orden" y "decisiva". Entre 1999 y 2002, la ayuda al Plan Colombia totalizó unos 2.000 millones de dólares, de los cuales el 80% se destinó a fines militares: 18 helicópteros Black Hawk, 42 helicópteros Huey de combate y entrenamiento contrainsurgente para tres batallones especiales de élite del ejército colombiano.

Bush y Uribe: la alianza que definió una época

La llegada de Álvaro Uribe Vélez a la presidencia colombiana en agosto de 2002 completó el cuadro. Uribe se negaba a reconocer la naturaleza política de las guerrillas —las llamaba "terroristas" y "dragones"— y rechazaba negociar sin cese al fuego unilateral previo. Su discurso duro resonaba con los sectores más halcones de la administración Bush, y la coyuntura post-11S proveyó el marco global para que ambos proyectos encajaran con naturalidad.

Bajo Uribe, los documentos gubernamentales y los discursos oficiales abandonaron el lenguaje del "conflicto político o armado" para referirse exclusivamente a la "amenaza narcoterrorista", una fórmula perfectamente alineada con la visión estratégica de la Casa Blanca. La Política de Seguridad Democrática, lanzada poco después de su elección, incorporó objetivos como la consolidación del control territorial del Estado y la eliminación del narcotráfico y los cultivos ilícitos, e involucró por primera vez —o al menos con una intensidad inédita— a todo el aparato estatal, no solo a las fuerzas militares y de policía, en el combate contra los grupos armados ilegales. La modernización militar había comenzado bajo Pastrana en 1999, pero fue con Uribe cuando la doctrina y los recursos se articularon en una operación única y coherente.

En 2003 se lanzó el Plan Patriota, la operación contraguerrillera más grande desde la década de 1960, dirigida contra las FARC en la antigua zona de distensión del Caguán y en el sur del país. Para sus detractores, se trataba de una simple continuación del Plan Colombia bajo otro nombre, esencialmente antisubversiva más que antinarcóticos, y la evidencia operativa mostraba que la distinción entre ambas misiones, ya tenue desde antes, se había vuelto casi imperceptible.

La alianza personal Bush-Uribe se consolidó en encuentros de alto perfil. En marzo de 2007, Uribe visitó al presidente estadounidense en su rancho de Crawford, Texas, y obtuvo el compromiso de un paquete de 750 millones de dólares de ayuda para ese año, aunque los congresistas demócratas —que habían recuperado la mayoría— recortarían después la cifra en un 15% y exigirían que se destinaran más recursos a programas sociales en lugar de militares. El general Mario Montoya Uribe, comandante del Ejército, describiría el apoyo estadounidense como principalmente moral y político, y a Estados Unidos como el "principal aliado" de las fuerzas militares colombianas. Desde el otro extremo del espectro, publicaciones críticas como Más allá del Embrujo, editada por la Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, presentaban a Uribe como el principal puntal de la política estadounidense en América Latina durante la era Bush.

Los indicadores militares acompañaban el discurso. La fuerza pública colombiana pasó de 279.000 efectivos en 2002 a más de 430.000 hacia 2008. Las capturas y bajas en combate de mandos guerrilleros se multiplicaron: Raúl Reyes, miembro del Secretariado de las FARC, murió el 1 de marzo de 2008 en la Operación Fénix contra un campamento en territorio ecuatoriano, incidente que abrió una crisis diplomática con Quito y Caracas y desnudó hasta qué punto la doctrina de la guerra preventiva de Bush había permeado las fuerzas armadas colombianas. Pocos meses después, la Operación Jaque liberó a Íngrid Betancourt, a tres contratistas estadounidenses y a once policías y militares que las FARC mantenían secuestrados: la coordinación técnica y de inteligencia con agencias estadounidenses, discreta durante años, quedó a la vista en el balance oficial de la operación.

Fumigaciones, desplazamientos y crisis humanitaria

La guerra bilateral tuvo geografías precisas. Las fumigaciones aéreas con glifosato, componente central del Plan Colombia desde su origen, se concentraron en departamentos como Putumayo, Caquetá, Nariño y Norte de Santander. Los datos recogidos por la Personería Municipal del Valle del Guamuéz documentan que las aspersiones afectaban no solo cultivos de coca sino también potreros, plátano y otros cultivos lícitos. Los residentes de 67 de las 100 veredas del municipio se consideraron afectados, y las enfermedades registradas —dermatitis, impétigo, abscesos, dolor abdominal, diarreas, infecciones respiratorias agudas— convirtieron a la política antinarcóticos en un problema de salud pública en las zonas rurales.

En 2002, las fumigaciones en Tibú, Norte de Santander, asperjaron más de nueve mil hectáreas. Ese año Tibú se convirtió en el primer municipio expulsor de población del departamento; 13.571 personas huyeron de Norte de Santander, de las cuales más de nueve mil cruzaron la frontera con Venezuela, alimentando una crisis humanitaria transfronteriza que el reconocimiento oficial en Bogotá demoraría en asumir. En el Catatumbo y el Valle del Guamuéz, las comunidades campesinas y los pueblos indígenas —entre ellos los Motilón Barí— soportaron el grueso de los daños ambientales, sanitarios y sociales de una política diseñada en Washington y ejecutada en cielos colombianos.

La Ley Leahy, aprobada en el Congreso estadounidense, establecía en teoría un mecanismo de sanción: la asistencia militar podía negarse a unidades en las que se detectaran violadores de derechos humanos no sancionados. En la práctica, su aplicación fue selectiva y no impidió que el flujo de recursos continuara mientras se acumulaban denuncias sobre ejecuciones extrajudiciales y colaboración con grupos paramilitares. Los reclamos del Congreso norteamericano —particularmente sobre asesinatos de sindicalistas— llevaron a que la Fiscalía colombiana destinara recursos para investigar los 200 casos más sonados. La violación de derechos sindicales y la impunidad ante los asesinatos de sindicalistas fueron el tema que más enrareció, en la fase final del gobierno Bush, la negociación del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos, particularmente por la oposición de la AFL-CIO, la Confederación Sindical Internacional y el Partido Demócrata. El TLC, firmado durante la administración Bush, no sería ratificado por Washington sino hasta 2011, ya bajo Barack Obama.

La red: maquinaria diplomática y militar de la alianza

La ejecución de esta política requería una estructura que trascendía la Casa Blanca. Bush no operó solo: la política hacia Colombia se articuló a través de una red institucional densa que incluyó a su vicepresidente Dick Cheney, a los secretarios de Estado Colin Powell y Condoleezza Rice, y a los embajadores estadounidenses en Bogotá durante su mandato, Anne W. Patterson y William Wood, este último uno de los diplomáticos más activos e influyentes en la relación bilateral reciente.

Del lado colombiano, la interlocución pasó de Pastrana a Uribe sin ruptura de fondo, y se apoyó en un aparato militar cuya cúpula —el general Montoya entre los nombres más visibles— entendió tempranamente que la relación con Washington era el eje sobre el cual pivotaba la modernización de las Fuerzas Armadas. El Comando Sur, con sede en Florida, siguió coordinando en la práctica la lógica contrainsurgente del Plan Colombia, acompañando, formando y asesorando a las tropas colombianas. La presencia de contratistas privados estadounidenses —DynCorp, Northrop Grumman, ManTech y otros— completó un dispositivo en el que la línea entre asesoría civil y participación militar directa se volvió porosa, particularmente en operaciones de fumigación y de rescate de tripulaciones caídas en zona guerrillera.

La red doctrinal era todavía más amplia. La National Security Strategy que Bush presentó combinó el idealismo wilsoniano —la expansión de la democracia liberal— con una visión realista de lucha global contra el terrorismo y con el derecho reivindicado a la guerra anticipativa. Ese documento, que por ley desde 1986 el presidente estadounidense debe presentar anualmente, ofreció el marco intelectual para que la teoría de la narcoguerrilla, gestada en los años ochenta, encontrara su versión más ambiciosa: la fusión total entre lucha antidrogas, contrainsurgencia y guerra global contra el terrorismo, aplicada a un país específico en un momento específico. La analista Arlene Tickner denominaría a este arreglo "intervención por invitación", una categoría que capta la peculiaridad colombiana: no fue un país ocupado ni tutelado, sino un aliado que buscó activamente el involucramiento estadounidense y que en su cúpula civil y militar celebró cada nuevo escalón de compromiso.

La huella judicial: las extradiciones de mayo de 2008

Si hay un episodio que resume las ambigüedades de la alianza Bush-Uribe, es la extradición masiva de jefes paramilitares en la madrugada del 13 de mayo de 2008. Ese día, de manera sorpresiva, el gobierno colombiano levantó la suspensión de extradición que protegía a catorce cabecillas desmovilizados —entre ellos Salvatore Mancuso, Rodrigo Tovar Pupo alias 'Jorge 40', Diego Fernando Murillo alias 'Don Berna' y Hernán Giraldo Serna alias 'El Patrón'— y ordenó su traslado inmediato a Estados Unidos.

La justificación oficial fue que los extraditados seguían delinquiendo desde la cárcel. Desde al menos mayo de 2007, grabaciones telefónicas revelaban que controlaban redes criminales, gestionaban cargamentos de cocaína y ordenaban asesinatos desde sus lugares de detención. Pero la sospecha inmediata, planteada por organizaciones de derechos humanos y de víctimas, fue otra: las extradiciones interrumpían las revelaciones que los paramilitares estaban haciendo sobre sus vínculos con el establecimiento político, con sectores de las fuerzas de seguridad y con el mundo empresarial. Al momento de ser extraditados, varios de los cabecillas no habían completado sus versiones libres ante la Fiscalía de Justicia y Paz. El proceso conocido como parapolítica, que ya había llevado a la Corte Suprema a abrir investigaciones contra decenas de congresistas afines al gobierno, quedaba así privado de una parte esencial de sus testigos.

El detalle jurídico importa. Las extradiciones se realizaron bajo cargos de narcotráfico —un delito común transnacional— y no por crímenes de lesa humanidad o graves violaciones de derechos humanos. No existía un convenio de cooperación judicial entre Colombia y Estados Unidos que garantizara la continuidad de los procesos internos, y las promesas de que los extraditados seguirían colaborando con la justicia colombiana se estrellaron con problemas logísticos y de voluntad política. Amnistía Internacional advirtió que la dimensión real de las violaciones de derechos humanos podría quedar oculta si los tribunales estadounidenses no investigaban a los líderes paramilitares por esos crímenes. Familias de víctimas de masacres como La Rochela, El Salado y Mapiripán vieron aplazarse indefinidamente la posibilidad de reconstruir la cadena de responsabilidades intelectuales que los propios extraditados empezaban a delinear.

En el trasfondo, la extradición había sido usada como instrumento de presión durante el proceso de desmovilización paramilitar: tras la modificación de la Ley de Justicia y Paz por la Corte Constitucional en 2006, el incumplimiento de la cooperación con la verdad y la reparación podía derivar en el juzgamiento bajo la ley ordinaria y en la posibilidad de extradición. El gobierno de Uribe convirtió esa amenaza en política activa. Bush, del otro lado de la ecuación, obtuvo los cabecillas que las cortes federales estadounidenses reclamaban por narcotráfico. Las víctimas colombianas —las de las masacres, los desplazamientos forzados, las desapariciones— quedaron subordinadas a esa jerarquía bilateral.

Lo que dejó Bush en Colombia

La presidencia de George W. Bush terminó el 20 de enero de 2009. Cuando entregó el poder a Barack Obama, la estructura de la política estadounidense hacia Colombia había quedado moldeada de un modo que sus sucesores encontrarían difícil de alterar. La fórmula "campaña unificada contra narcotráfico y organizaciones terroristas" se había convertido en lenguaje estándar de la legislación de ayuda militar. Las FARC y el ELN seguirían siendo, durante años más, "narcoterroristas" en la clasificación oficial. Colombia era, y siguió siendo, el mayor receptor de asistencia militar estadounidense en América Latina y uno de los diez primeros del mundo.

El balance no admite una sola voz. Para el gobierno colombiano de la época y para la mayor parte del establecimiento estadounidense, la era Bush-Uribe fue la del debilitamiento militar sostenido de las FARC, la recuperación del control territorial por parte del Estado colombiano y la creación de las condiciones que harían posible, años después, el proceso de paz de La Habana bajo Juan Manuel Santos. Para las organizaciones de derechos humanos, sectores del movimiento social colombiano y buena parte de la academia que examinó los costos humanos de la política, fue la fase en que el país profundizó su dependencia militar de Washington, sufrió los efectos ambientales y sanitarios de las fumigaciones, vio interrumpirse procesos judiciales fundamentales para las víctimas y consolidó una alianza que subordinaba la agenda interna a las prioridades de la Casa Blanca. El escándalo de los "falsos positivos" —ejecuciones extrajudiciales de civiles presentados como bajas en combate—, cuyos primeros casos emergerían con fuerza pública en septiembre de 2008 con los jóvenes de Soacha, marcaría a fuego el balance final del período justo cuando la Casa Blanca se aprestaba al relevo.

Bush no inventó el intervencionismo estadounidense en Colombia: su padre lo había incrementado ya en los años ochenta, Clinton lo había institucionalizado con el respaldo al Plan Colombia, y la arquitectura militar bilateral estaba tendida desde antes. Su innovación consistió en convertir en doctrina explícita y en legislación permanente lo que hasta entonces se movía en la brecha entre la retórica antinarcóticos y la práctica contrainsurgente. Encontró un plan diseñado por Pastrana y financiado por Clinton, y le añadió lo que necesitaba para volverse irreversible: un marco global —la guerra contra el terrorismo—, una calificación jurídica —"narcoterroristas"—, un socio local dispuesto a llevar la doctrina hasta sus últimas consecuencias operativas —Uribe— y una fórmula de lenguaje que convertía toda ayuda futura en un instrumento simultáneamente antidrogas y contrainsurgente.

La política de Donald Trump, años después, mostraría hasta qué punto esa arquitectura seguía vigente: la guerra contra las drogas volvió a imponerse sobre la lógica de paz, y el gobierno colombiano, para obedecer los mandatos de Washington, incumplió de manera abierta los acuerdos de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos pactados en el Acuerdo Final de 2016. Los marcos que Bush construyó en 2001 y 2002 seguían operando dos décadas más tarde, sobrevivientes a tres presidentes estadounidenses y a cuatro colombianos.

En la memoria pública colombiana, George W. Bush oscila entre el aliado incondicional que las Fuerzas Armadas reivindican y el arquitecto de un modelo de intervención que las víctimas y los defensores de derechos humanos denuncian. Ese doble registro no es una contradicción: es el reflejo exacto de lo que fue su relación con Colombia. Un presidente que llegó reticente a invertir en el país, que encontró en el 11 de septiembre la clave para reformular una política heredada, que halló en Uribe al socio dispuesto a llevarla hasta el final, y que dejó atrás una alianza más profunda, más militar y más asimétrica que la que había recibido. Su nombre no aparece en el imaginario colombiano con la resonancia que tiene el de Uribe o el de Pastrana, pero fue en Washington, y bajo su firma, donde se decidió el idioma en que el conflicto armado colombiano se contaría al mundo durante los años más cruentos de su fase final.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

42 documentos · 55 fragmentos
01La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · Páginas 286, 2872 citas
[1]

el gobierno Bush”, contó con lujo de detalles los siguientes hechos esenciales: 259 Andrés Pastrana “En noviembre de 2000 hubo elecciones presidenciales en los Estados Unidos y resultó vencedor, después de largos y complejos escrutinios, el candidato republicano y hasta entonces gobernador de Texas, George W. Bush.…

p. 287
[2]

los siguientes hechos esenciales: 259 Andrés Pastrana “En noviembre de 2000 hubo elecciones presidenciales en los Estados Unidos y resultó vencedor, después de largos y complejos escrutinios, el candidato republicano y hasta entonces gobernador de Texas, George W. Bush. Fue entonces cuando comenzaron a dar réditos los…

p. 286
02Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · Páginas 34, 1512 citas
[3]

paradojas se presentan alrededor de esto. La primera, ¿cómo una trayectoria tan diferente puede llevarlos a identi fi carse tanto?. Uribe proviene de un medio con fl ictivo, donde han marcado su destino el cruce y el contacto con la gue- rrilla, narcotrá fi co, paramilitarismo, y en general todas las incer- tidumbres…

p. 34
[36]

del norte’, pero ante las actitudes y propuestas de la ‘ideología’ Bush y sus orientaciones neoliberales y fundamentalis- tas, optó por alejarse de ellas; y si alguien se bene fi ció de los efectos de la política externa americana fue el Presidente Chaávez quien se volvió el multimillonario del planeta y quien…

p. 151
03Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Páginas 65, 692 citas
[4]

concebido por el propio Andrés Pastrana, el 8 de junio de 1998, se trataba de una iniciativa nuclear de su Plan de Desarrollo, resultando acogida por el presidente estadounidense Bill Clinton, en diciembre de 1998, cuando prometió destinar más ayuda militar a Colombia a fin de combatir las drogas y fortalecer la…

p. 65
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la lucha guerrillera como Apiay, en el departamento de Meta, o Tolemaida, en el departamento de Cundinamarca; la base de Putumayo, donde se alojan los batallones de la Brigada XXVII; y la conformación de la Brigada Antinarcóticos del Ejército en el Fuerte Militar de Larandia, en el departamento de Caquetá. Dicho de…

p. 69
04Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Páginas 26, 2502 citas
[5]

En el proceso de conformación y consolidación de la actual estrategia estadounidense hacia el conflicto armado en el país podemos distinguir tres etapas: Una primera, desarrollada entre 1995 y 1998, que se caracteriza por una prolongación y profundización de la lucha antinarcóticos con un apéndice más bien…

p. 26
[11]

versión, en septiembre de 1999, el Plan Colombia fue presentado siempre como un proyecto de ayuda exclusiva a la lucha contra el narcotráfico (García, 2001), aunque es claro que en su origen estaba la preocupación por las derrotas sufridas por el Ejército a manos de la guerrilla. Como en aquel momento el gobierno…

p. 250
05Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 3581 cita
[6]

tráfico de drogas, que permitían asegurar además el encadenamiento hacia Norteamérica. En este caso en particular, las políticas de seguridad tienen que ver con la presencia activa de Estados Unidos en la región. Durante la guerra fría, este país construyó todo un dispositivo de seguridad mediante el establecimiento…

p. 358
06Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · Página 2281 cita
[7]

and that they valued freedom in the abstract while distrusting 216 Of Beasts and Beauty intrusive government in their private lives, remained unexamined. Instead, for Reagan, the trouble was out there, and “America” was under assault from dastardly foreign evildoers. Reagan’s “City on a Hill” allusions rekindled the…

p. 228
07Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 4371 cita
[8]

cultivations dominated. With the installation of a radar system from the United States in Vichada, aerial interdictions began against suspected narco-trafficking flights. United States-Colombia Security Cooperation and Plan Colombia Although the hardening of Colombia's antidrug policies stemmed from the upsurge of…

p. 437
08"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · Páginas 57, 602 citas
[9]

Bush firmó una directiva que de forma explícita amplió la misión de Estados Unidos en Colombia más allá de las operacio- nes antidrogas, para incluir operaciones dirigidas a las organizaciones terroristas, expandiendo así el uso de los recursos (capacitación, equipo, helicópteros) para fines contrainsurgentes. La…

p. 57
[35]

y Colombia. Legis- laciones de EE.UU., tales como la Ley Leahy, utilizaban la zanahoria de la asistencia militar –la mayoría de la cual no se centró en los derechos humanos– para incenti- var las sanciones contra los infractores, con la amenaza de negar la asistencia a las unidades en las que se encontraban los…

p. 60
09At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · Página 2951 cita
[10]

fi ce, Uribe openly refused to accept the political nature of the guerrillas, instead calling them “ terrorists ” and “ dragons ” and refusing to negotiate without a unilateral cease- fi re. 91 Aiming to further beef up Colombia ’ s armed forces, Uribe looked to Washington for political and military support from the…

p. 295
10War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · Página 661 cita
[12]

official rhetoric of Plan Colombia to expose the reality behind it. In the words of one report, "It is clear that Plan Colombia's intent is to combat the principal threat to the nation's political and economic elite: the FARC." 16 This conclusion is further supported by the Plan's actual implementation. The Colombian…

p. 66
11El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Páginas 13, 2944 citas
[13]

la Guerra de Baja Intensidad de la Fuerza Aérea y el Ejército de Estados Unidos desarrollaron de manera conjunta lo que un documento interno de la DEA definió como una “estrategia integral de entrenamiento en operativos antinarcóticos para los países receptores [...]” El componente militar de la Estrategia Andina está…

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[14]

la Guerra de Baja Intensidad de la Fuerza Aérea y el Ejército de Estados Unidos desarrollaron de manera conjunta lo que un documento interno de la DEA definió como una “estrategia integral de entrenamiento en operativos antinarcóticos para los países receptores [...]” El componente militar de la Estrategia Andina está…

p. 294
[21]

oficina de Asuntos Andinos en el Departamento de Estado, estima que “según la ley de Estados Unidos, estos grupos deben cometer actos que amenazan los inte- reses nacionales estadounidenses para poder ser incluidos formal- mente en la lista [de grupos terroristas].” 1 En cambio, en 1982 el embajador estadounidense en…

p. 13
[22]

oficina de Asuntos Andinos en el Departamento de Estado, estima que “según la ley de Estados Unidos, estos grupos deben cometer actos que amenazan los inte- reses nacionales estadounidenses para poder ser incluidos formal- mente en la lista [de grupos terroristas].” 1 En cambio, en 1982 el embajador estadounidense en…

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12Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · Página 4541 cita
[15]

un valor cada uno de 2 millones de dólares), de los cuales treinta fueron asignados al ejército y doce a la Policía. 25 De modo general, el Plan Colombia es un conjunto de acciones que busca acabar con la producción ilícita de narcóticos y el negocio asociado a ella, im- pulsar y fortalecer la presencia del Estado en…

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13Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · Página 961 cita
[16]

a la seguridad de EU. Si bien las dro- gas son un pe- ligro, no son la amenaza prin- cipal. Tomando como referen- cia áreas pro- ductoras, lo son más los grupos insurgentes (o terroristas). Las drogas jun- to con otras ac- tividades ilega- les, se alimentan de las ventajas de la globaliza- ción y corres- ponden al…

p. 96
14Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · Página 1421 cita
[17]

end the country’s internal conflict involved not only negotiations with the insurgency but also the development of a massive $7.5 billion development plan that would be financed by the Colombian government and international contributors. The original proposal in the fall of 1998 focused upon social redistribution and…

p. 142
15Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 366, 4222 citas
[18]

Documentation Project (NSA). 4. 708 En ese momento era asistente del secretario de Estado; entre 2007 y 2010 fue el embajador estadounidense en Colombia. narcotráfico como protagonista del conflicto armado y factor de su persistencia 367 no mezclar objetivos, buscando equilibrar la asistencia antidrogas «dura» con el…

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[25]

sirvió, entonces, de la militarización de territorios considerados como zonas especiales de orden público y del desarrollo de acciones cívico-militares para atender las necesidades básicas de la población, como medio para ganar su simpatía y, a la vez, realizar labores de inteligencia, obteniendo información a través…

p. 422
16Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · Página 1101 cita
[19]

la Paz, la Prosperidad y el Fortalecimiento del Estado), known as Plan Colombia, 34 was put in place by the administration under Colombian President Pastrana and US President Clinton. This was a six-year strategy (1999–2005) for eliminating drug-trafficking and organized crime, strengthening institutions, and…

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17No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4201 cita
[23]

de inteligencia militar dijo a la Comisión de la Verdad que «en la operación que hacíamos de inteligencia, la ayuda gringa era muy, muy mala para nosotros. Otra cosa fue la guerra contra el terrorismo... ahí sí, nos llegaba gente de primer orden, gente muy comprometida y fueron decisivos en muchas cosas» 1215. 1212…

p. 420
18¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · Página 2491 cita
[24]

contra el terrorismo". Tanto sus alocuciones como los documentos gubernamentales y oficiales sobre el conflicto político o armado en Colombia se hablaba exclusivamente de la "amenaza narcoterrorista". Este discurso se profundizó con los atentados del 11 de septiembre en los Estados Unidos, que alinearon más…

p. 249
19Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · Página 2571 cita
[26]

paramilitares, así como la propia evolución de la sumatoria debili- dad estatal-degradación del conflicto: Un reporte de inteligencia de la CIA [Central Intelligence Agency] para Altos Oficiales de Estados Unidos de una semana después de Bojayá dijo que la tragedia exponía “la inhabilidad de Bogotá para controlar…

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20Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 165, 1662 citas
[27]

divisiones en su interior, cumplió el come- tido básico de desprestigiar en la “opinión” los diálogos en la zona de despeje del Caguán que, según El Espectador, parecían teatro del absurdo o comedia barata. Las AUC también frenaron la propuesta del ELN sobre el despeje de una zona al sur del departamento de Bolívar,…

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[54]

colombianas” (Reyes, 2011, p. 373). Del mismo modo que la extradi ción siempre ha sido temida por los narcotraficantcs colombianos, grupos defensores de derechos humanos y de la oposición criticaron estas extradi ciones porque, como se acaba de ver, reducen la posibilidad de hacer justicia sobre crímenes de lesa…

p. 166
21Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 3241 cita
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mayo de 2002. 441 Una ley de origen parlamentario aprobada en 1986 le exige al presidente de los Estados Unidos que presente «en enero de cada año, coincidiendo con el discurso sobre el Estado de la Nación, un documento denominado National Security Strategy. Este documento constituye la síntesis de un complejo proceso…

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22Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · Página 1821 cita
[29]

las dos administraciones de Álvaro Página 182 Uribe se deben en gran parte al proceso de modernización y trasformación que él inició en 1999, aunque otros opinan que estos logros se deben exclusivamente a la administración Uribe. Aquí la respuesta es que fue un proceso de transformación del aparato militar que si bien…

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23Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · Página 1551 cita
[30]

e l o P m e n t i n C o l o m B i a 1 0 mines the success of those sincerely trying to reintegrate: “These gaps are particularly apparent in the fields of health, psychosocial support, and edu- cation, and many former combatants have no possibility of finding work or pursuing productive projects” (oa S 2006a, 4). As…

p. 155
24Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 951 cita
[31]

artículo de otros tantos artículos plasmados en el libro «Mas allá del Embrujo» (tercer año de gobierno de Álvaro Uribe) editado por Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Bogota, www.plataforma-colombiana.org. 96 Efectivamente, el Plan Colombia, que cuatro años más tarde fue rebautizado Plan Patriota —…

p. 95
25Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 951 cita
[32]

artículo de otros tantos artículos plasmados en el libro «Mas allá del Embrujo» (tercer año de gobierno de Álvaro Uribe) editado por Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Bogota, www.plataforma-colombiana.org. 96 Efectivamente, el Plan Colombia, que cuatro años más tarde fue rebautizado Plan Patriota —…

p. 95
26Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 3142 citas
[33]

en combate. 59 Durante 2006, el Departamento Nacional de Planeación colombiano co- menzó a trabajar en un documento que resumía los resultados positivos de la ayuda extranjera durante los años 1999-2005, y a proyectar actividades de seguimiento hasta 2013. En ocasiones llamado Plan Colombia II, invitaba a gobiernos…

p. 314
[34]

en combate. 59 Durante 2006, el Departamento Nacional de Planeación colombiano co- menzó a trabajar en un documento que resumía los resultados positivos de la ayuda extranjera durante los años 1999-2005, y a proyectar actividades de seguimiento hasta 2013. En ocasiones llamado Plan Colombia II, invitaba a gobiernos…

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27Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · Página 932 citas
[37]

militar de Estados Unidos hacia Colombia superó los USD 8000 millones, lo que convirtió al país en el mayor receptor de asistencia estadounidense en América Latina y uno de los diez primeros en todo el mundo. Colombia ha logrado pasar de ser receptor de seguridad a brindar actividades de capacitación, asesoramiento y…

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militar de Estados Unidos hacia Colombia superó los USD 8000 millones, lo que convirtió al país en el mayor receptor de asistencia estadounidense en América Latina y uno de los diez primeros en todo el mundo. Colombia ha logrado pasar de ser receptor de seguridad a brindar actividades de capacitación, asesoramiento y…

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28El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · Página 3511 cita
[39]

piel como: dermatitis, impétigo, abscesos, dolor abdominal, diarreas, infección respiratoria aguda, presenta- dos a partir de la realización de fumigaciones en la zona (…) de las 100 veredas que existen en el Valle del Guamuéz, municipio con el mayor número de habitantes en el departamento, después de Puerto Asís y…

p. 351
29El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · Página 3511 cita
[40]

piel como: dermatitis, impétigo, abscesos, dolor abdominal, diarreas, infección respiratoria aguda, presenta- dos a partir de la realización de fumigaciones en la zona (…) de las 100 veredas que existen en el Valle del Guamuéz, municipio con el mayor número de habitantes en el departamento, después de Puerto Asís y…

p. 351
30Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 1801 cita
[41]

Pueblo y la Asociación Co- munidad Motilón Barí sobre la contaminación de fuentes de agua de consumo humano y animal, así como las afectaciones en la sa- lud, en los sembrados de palma y en la seguridad alimentaria; lo que fue reconocido por el mismo gobierno mediante la entrega de mercados (Defensoría, 2006-a.…

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31Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 2411 cita
[42]

se mantienen en la impunidad, aunque la Fiscalía ha destinado recursos para investigar los 200 casos más sonados, atendiendo los recla- mos del Congreso norteamericano. Este es uno de los temas que más ha enrarecido la negociación del Gobierno colom- biano con Estados Unidos en torno al tlc por parte de los sindicatos…

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32La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · Página 1301 cita
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de los cultivos y las ru- 67. "La banda que heredó el imperio de Jorge 40", Verdad Abierta, octubre 21 de 2008. 261 LA ECONOMÍA DE WS PARAMILITARES G · C 68 tas en esos departamentos, a los que sumaron uaviare y asanare; familiares de Macaco han reorganizado sus redes de narcotráfico en el valle del Aburrá alrededor…

p. 130
33Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · Página 1071 cita
[44]

paramilitares En la madrugada del 13 de mayo de 2008, y de manera sorpresiva, el Gobierno colombiano levantó la suspensión de extradición de los líde - res paramilitares desmovilizados (incluidos Salvatore Mancuso, Jorge 40, Don Berna, y once cabecillas más) y ordenó su traslado inmediato a Estados Unidos. La gráfica…

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34Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 2341 cita
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internacional como un recurso para reforzar su poderío frente a los paramilitares. La amenaza de la extradición no fue el único recurso con el que contaba el Gobierno para hacer presión sobre los paramilitares. Desde cuando los jefes paramilitares depusieron las armas, fueron con fi nados en centros de reclusión. A…

p. 234
35Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · Página 4301 cita
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de la fuerza pública fueron necesarios para el traslado de los 58 paramilitares» detenidos en La Ceja a la cárcel de máxima seguridad de Itagüí. El ministro del Interior, Carlos Holguín, dijo que se iban a fugar y por eso la súbita movida. Además explicó que seguían delinquiendo desde la cárcel. No obstante, y aunque…

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36Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · Página 2671 cita
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excomandan- te del Bloque Élmer Cárdenas. Para dar cuenta del impacto que tuvieron las extradiciones en el cubrimiento del proceso de Justicia y Paz, a continuación daremos cuenta de cómo el énfasis que le dieron los medios a la voz del victimario determinó lo que se decía sobre el proceso y su &'* Verdad Abierta,…

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37The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · Página 2441 cita
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closed following the accusation that it was operating as the political wing of Don Berna’s Oficina de Envigado drug network. 17. Along with other thirteen leaders of the paramilitaries, Don Berna was extradited to the United States in May 2008. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:30:29 PM…

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38Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · Página 621 cita
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as well. In June 2006, t he Peace and Justice Law of 2005, introduced by President Álvaro Uribe and approved by Congress as a way to facilitate demobilization of the AUC, was modified: the Constitutional Court ruled that if paramilitary leaders did not fully cooperate in telling t he truth about their criminal…

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39Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 3481 cita
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“colabore efec- tivamente con la verdad, la justicia y la reparación en los términos establecidos en la Ley 975 de 2005 ” 613. Esa decisión sería noti fi cada al Juez Único Especializado de Sincelejo el 10 septiembre de 2007. El 12 de mayo de 2008, El Ministerio del Interior y Justicia orde- naba la entrega de Hernán…

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40Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 4792 citas
[51]

a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…

p. 479
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a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…

p. 479
41«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · Página 341 cita
[53]

Justicia. De este modo, la dimensión real de las violaciones de derechos humanos cometidas a lo largo de los años por los paramilitares, así como el papel fundamental desempeñado por las fuerzas de seguridad, funcionarios públicos y destacadas personalidades de la política y del mundo empresarial en estos delitos,…

p. 34
42¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · Página 1291 cita
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en la que Estados Unidos necesariamente involucraría a Colombia como punta de lanza de una “coalición”. Las probabilidades de que un conflicto de estos sea de corta duración son extremadamente bajas. Hay otro efecto, quizás menos visible, pero con un gran peso potencial sobre la probabilidad de recaer en un nuevo…

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