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Una historia del territorio

Florencia

Florencia no fue planeada: fue acumulada.

17 min de lectura50 fuentes

En el punto exacto donde la cordillera Oriental se rinde a la llanura, donde el río Hacha baja todavía frío de las estribaciones andinas y se topa con el pulso caliente del Orteguaza, se levanta Florencia. Capital del departamento del Caquetá, es la ciudad más grande del piedemonte amazónico colombiano y, con 258.280 de los 401.849 habitantes que el censo de 2018 registró en su departamento, concentra en su casco urbano más de la mitad de la vida caqueteña. Reducirla a cifras administrativas es perderla: Florencia es, sobre todo, una bisagra. Bisagra entre el Estado andino que la fundó a comienzos del siglo XX y la selva que nunca ha terminado de gobernarse; bisagra entre los ciclos extractivos —caucho, pieles, madera, ganado, coca— que la poblaron sin darle desarrollo estable; bisagra entre las guerras que la atravesaron y la sociedad que, en sus propias palabras, "se ha hecho sola". Entender Florencia es entender cómo Colombia construyó (y no construyó) su frontera amazónica.

La ciudad que mira a dos mundos

Florencia se asienta en el flanco oriental de la cordillera, en ese quiebre geográfico donde el país andino se desploma hacia la llanura amazónica. El departamento del Caquetá se extiende desde ese piedemonte hasta la selva profunda, cubriendo entre 88.965 y 90.185 kilómetros cuadrados según la medición que se consulte —una superficie que lo coloca entre los mayores del país— y limitando con Meta y Guaviare al norte, Guaviare y Vaupés al oriente, Amazonas y Putumayo al sur, Cauca y Huila al occidente. Por ese territorio corren los ríos Caguán, Orteguaza, Yarí y Apaporis, todos afluentes del gran Caquetá, y todos históricamente más útiles como caminos que las carreteras: durante buena parte del siglo XX fueron el principal medio de comunicación regional.

Esta condición doble —ciudad andina por su respaldo cordillerano, ciudad amazónica por su frente selvático— define casi todo lo que puede decirse de Florencia. Es la puerta por donde entra el país al Caquetá y por donde sale la selva hacia el país. La vía Neiva–Florencia, tendida durante el Conflicto Colombo-peruano de 1932–1933 como necesidad militar, sigue siendo la arteria principal que la conecta con Bogotá a través del Huila, y ese cordón umbilical explica gran parte de su dinámica: hacia el occidente, la capital; hacia el oriente, la frontera abierta. La proyectada carretera al pie de la cordillera, que uniría Florencia con Villavicencio y quizá hasta Arauca, articulando por fin el eje llanero-amazónico, seguía anunciándose como obra pendiente cuando ya se la señalaba como condición para integrar los Llanos y asegurar el abastecimiento de carne del país. Buena parte del siglo pasó, y el proyecto quedó en el papel.

Antes de la ciudad: los pueblos del piedemonte

Cuando en 1902 llega la orden capuchina al Caquetá, no encuentra un territorio vacío. El piedemonte estaba habitado por pueblos indígenas cuya diversidad lingüística delata una historia larga: grupos de lengua tucano occidental ocupaban las tierras entre el río Napo y las riberas del Caguán; los Andaquíes, de filiación chibcha, tenían presencia en el área que hoy rodea a Florencia; los Omoas, de lengua caribe, y los Paminuga, con idioma independiente, completaban un mosaico donde ninguna sola cultura dominaba. La colonización civil española nunca había logrado consolidarse en estas tierras: el modelo de encomienda fracasó, la explotación aurífera de Mocoa resultó poco rentable, los caminos eran precarios y la fuerza de trabajo indígena, incontrolable. Durante siglos, el piedemonte del Caquetá permaneció como territorio marginal para el poder blanco y central para sus habitantes originarios.

Eso cambió, brutalmente, con el caucho. Desde finales del siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX, la extracción del hule convirtió a la Amazonía occidental en escenario de una violencia extrema. La Casa Arana —la empresa peruano-británica que operó a caballo entre Loreto y el Putumayo colombiano— ejerció sobre las comunidades indígenas de la región un régimen que combinaba despojo, tortura, asesinato y exterminio. Los pueblos Uitoto (Murui) y Koreguaje fueron sometidos a servidumbre por deudas hereditarias: las obligaciones del trabajador pasaban a sus hijos, que a su vez las heredaban a los suyos, en una forma de esclavitud transgeneracional que borró aldeas enteras. El pueblo Murui, buscando escapar de esa maquinaria, remontó el río Caquetá hacia territorio koreguaje, con quienes hasta entonces habían sido enemigos, y allí construyeron una convivencia forzada por el terror compartido. Un episodio recogido por los misioneros y relatado por Manuel Quintana ilustra el mecanismo: un agente cauchero con treinta hombres armados de carabinas persiguió por el Caquetá a canoas de Uitoto fugitivos, mató e hirió a varios y confiscó el caucho y los víveres que llevaban. Cuando en 1917 se reportaba que los peruanos controlaban la franja del Putumayo desde la frontera brasilera hasta Güeppí, ese control no era comercial: era militar, era servidumbre, era el rastro de un sistema que dejó al piedemonte demográficamente diezmado antes de que el Estado colombiano tuviera allí cualquier cosa parecida a una presencia.

La fundación misionera: 1902 y la Convención

Florencia nace en 1902, y no es casualidad que ese sea también el año en que el presidente José Manuel Marroquín firma con el Vaticano la Convención de Misiones. Ese pacto entregó a las órdenes religiosas —capuchinas en el sur amazónico— una autoridad prácticamente soberana sobre los territorios de misión: gobernar, policiar y educar a los nativos, controlar la educación pública, disponer de baldíos para promover la colonización, todo con un subsidio oficial de 75.000 pesos anuales. Los funcionarios civiles quedaban obligados a someterse a los prefectos apostólicos. En el piedemonte caqueteño esto significó que el primer Estado real fue una sotana.

Los capuchinos, encabezados desde 1905 y hasta 1928 por el prefecto apostólico Fidel de Montclar, se convirtieron en intermediarios entre el Estado colombiano —ausente, lejano, incapaz— y las poblaciones indígenas y colonas del sur. En medio del horror cauchero, su posición fue ambigua: presentes durante los peores años de la Casa Arana, ejercieron funciones cuasi-gubernamentales que iban del registro civil al reparto de tierras. Fue en ese marco que se levantó Florencia, primero como caserío, luego como núcleo administrativo, siempre bajo la doble tutela de la misión y de una república andina que la veía como avanzada. Fray Doroteo de Pupiales y Marceliano Canyes Santacana están entre los nombres capuchinos que la memoria local ha conservado. Rafael Reyes, que había recorrido la Amazonía como cauchero antes de ser presidente, entendía la geografía del piedemonte mejor que casi ningún gobernante de su tiempo, y su figura aparece como referencia ineludible de esa temprana articulación entre poder central y frontera.

Durante las primeras décadas del siglo XX, Florencia creció despacio, como un pueblo de intercambio en la ruta que conectaba Puerto Asís, Puerto Leguízamo, La Tagua, Florencia, Neiva y Bogotá: un circuito comercial que canalizaba pieles, caucho residual y víveres, y que fue intervenido más intensamente que la ruta alternativa por Mocoa y Pasto. La naviera estatal Navesur, luego Navenal, comenzó a operar en 1934 —con unidades derivadas del Conflicto Colombo-peruano— transportando mercancías y personas por los ríos Putumayo y Caquetá, y contribuyendo a fijar el papel de Florencia como cabecera del comercio regional.

La gran colonización: Violencia y frontera

Si el siglo XX empezó para Florencia con misioneros y caucho, su punto de inflexión demográfica llegó a mediados de siglo con la llegada masiva de campesinos. La Violencia bipartidista, que entre 1946 y 1958 destruyó cerca de 393.648 parcelas y expulsó a miles de familias de sus tierras, empujó hacia el Caquetá y el Putumayo a colonos procedentes sobre todo de Nariño y Tolima, los dos departamentos con las mayores tasas de expulsión campesina entre 1950 y 1960. Muchos venían huyendo de la persecución conservadora; otros, de la contraofensiva estatal contra las llamadas "repúblicas independientes"; otros más, simplemente del hambre. En 1953, tropas del Ejército expulsaron a campesinos de sus fincas y estos abrieron trocha desde el Caquetá hasta la Sierra de La Macarena; después, cuadros vinculados al Partido Comunista organizaron nuevas "columnas de marcha" que llevaron el frente colonizador aún más al oriente. Un colono que llegó hacia 1958–1959 a lo que hoy es la vereda Santander, en el corregimiento de Tres Esquinas, fundó una finca de cincuenta hectáreas: es el patrón típico, la unidad familiar tumbando monte para hacerse a un pedazo de tierra.

El período 1947–1967 concentró un tercio (34,6%) de los colonos vinculados al Caquetá, cifra que revela el peso de La Violencia como impulso migratorio, aunque el flujo continuó con igual intensidad en la década siguiente. Florencia fue, para todos ellos, el primer puerto: allí se aprovisionaban, allí vendían lo que producían, allí bautizaban a sus hijos y desde allí volvían a internarse en la selva. La ciudad creció al ritmo de esa colonización dispersa, no por planeación urbana sino por acumulación de recién llegados.

El Estado intentó intervenir. La Ley 20 de 1959, en el marco del Plan Nacional de Rehabilitación y Socorro, organizó colonias oficiales en baldíos para reubicar a los refugiados de La Violencia; unas 3.000 personas adquirieron parcelas bajo su amparo, pero sus disposiciones resultaron insuficientes. La Ley 135 de 1961 creó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, INCORA, al que se le encargó adjudicar tierras por parcelación, colonización y titulación de baldíos, además de dirigir colonizaciones especiales y acompañar la colonización espontánea. Durante los años sesenta, el INCORA dirigió efectivamente la colonización del piedemonte oriental de la cordillera, superponiéndose a los flujos ya en curso. Los números crecieron: entre 1962 y 1971 el promedio anual de predios adjudicados fue 2,71 veces mayor que en el largo período 1931–1971 (14.562 frente a 5.362 por año), y la tierra adjudicada casi se duplicó (521.175 frente a 283.572 hectáreas anuales). Pero adjudicar no era desarrollar. Los programas gubernamentales de acompañamiento —crédito, asistencia técnica, mercadeo— fracasaron sistemáticamente, produjeron la quiebra de cientos de colonos y desataron en las capitales amazónicas movilizaciones que bloqueaban ciudades para exigirle soluciones al Estado. Florencia vio pasar por sus calles esas marchas.

Detrás de esas cifras hay un fenómeno geográfico y ecológico que también quedó marcado en el paisaje: el piedemonte, incluidas las zonas más próximas a Florencia, fue deforestado a gran velocidad para convertirse en fincas ganaderas y de cultivos comerciales. El bosque retrocedió selva adentro, y esa frontera móvil —que aún avanza— es una de las herencias materiales más duraderas del ciclo colonizador.

FARC en el Caguán, FARC en Florencia

Sobre ese sustrato de colonización sin Estado, sin titulación segura, sin caminos, sin escuelas ni hospitales, prendió la insurgencia. Las FARC entendieron temprano la lógica del territorio caqueteño: en el Bajo y Medio Caguán, donde el Estado apenas llegaba, establecieron los frentes 14 y 15, encargados de supervisar operaciones en los municipios de Cartagena del Chairá, San Vicente del Caguán y Solano. Desde allí, extendieron su influencia hacia el Alto Caguán y hasta Florencia misma. Pero la ciudad, con su guarnición militar y sus circuitos comerciales, resistió mejor la penetración: las acciones urbanas de la guerrilla —trabajo electoral a través del partido UNO, intento de organización sindical y estudiantil— fracasaron. Los turbayistas siguieron dominando los concejos locales; la fuerte presencia de fuerzas de seguridad hizo casi imposible la organización política abierta. Florencia era, para las FARC, una plaza difícil rodeada de un mar rural que sí podían ocupar.

Ese doble estatus —capital que resiste, campo que se somete— definió la geografía política del conflicto en el Caquetá durante décadas. Manuel Marulanda Vélez y Raúl Reyes, los comandantes fundadores, movieron sus estructuras por estas selvas con la libertad de quien conoce el mapa mejor que cualquier oficial. La zona de distensión que el presidente Andrés Pastrana concedió a las FARC entre 1998 y 2002, con epicentro en San Vicente del Caguán y Los Pozos, colocó al Caquetá en el centro de la atención nacional e internacional: allí se instalaron los diálogos, allí llegaron las delegaciones, allí también los secuestrados. Cuando el proceso se rompió, el impacto sobre Florencia fue inmediato.

Diciembre de 2000 dejó una herida particular: entre Florencia y Puerto Rico fue fusilado Diego Turbay Cote, congresista, junto con su madre y sus escoltas. En la misma arremetida contra el poder local cayeron el gobernador Jesús Ángel González —primer gobernador del Caquetá elegido popularmente asesinado por un grupo armado—, el alcalde de Puerto Rico José Lizardo Rojas y su sucesor John William Lozano. La institucionalidad departamental fue decapitada. Ingrid Betancourt y Clara Rojas, secuestradas en febrero de 2002 tras la ruptura de los diálogos, harían del nombre del Caguán una referencia mundial durante los años de su cautiverio. Guillermo León Valencia, expresidente que había gobernado en los sesenta cuando la colonización dirigida se aceleraba, pertenecía a una época en que estas tierras eran promesa; a comienzos del siglo XXI eran ya cicatriz.

Tras el fracaso de la zona de despeje, el presidente Álvaro Uribe implementó el Plan Patriota con apoyo militar estadounidense, dirigido específicamente contra el corazón caqueteño de las FARC. La política contrainsurgente y los programas de desmovilización individual —anunciados en 2003— afectaron el reclutamiento guerrillero al punto de que las FARC llegaron a suspender la incorporación de nuevos combatientes por la baja calidad de los aspirantes. San Vicente del Caguán, Planadas, Mesetas y Florencia figuraron en esos años como núcleos de un conflicto que combinaba guerrilla, paramilitares y fuerza pública.

La avanzada paramilitar y la ciudad sitiada

El resurgimiento paramilitar, alimentado por el fracaso de los diálogos de Pastrana y por la lógica contraofensiva que asumieron las Autodefensas Unidas de Colombia, alcanzó también a Florencia y su entorno. Hubo intentos de tomar por asalto el piedemonte. Uno quedó documentado con particular crudeza: cuando los paramilitares llegaron al pueblo, este parecía vacío de civiles. La guerrilla, aparentemente advertida con antelación, los esperaba con superioridad numérica. En menos de una hora los expulsaron, dejando alrededor de diez bajas paramilitares en el terreno. Aquel episodio confirmó lo que ya se sabía: el Caquetá no era Antioquia ni Córdoba; aquí la instalación paramilitar tuvo que hacerse por otras vías —urbanas, selectivas, silenciosas— más que por el asalto abierto.

Esas otras vías dejaron su registro. Entre 1997 y 2004 se documentan casos de desaparición forzada en el municipio de Florencia, con víctimas de distintas edades, en su mayoría hombres, aunque también con casos de mujeres. Los años 1998, 1999, 2000, 2001, 2002, 2003 y 2004 aparecen todos con registros. En algunas zonas rurales, la población civil quedó atrapada entre guerrilla y paramilitares, estigmatizada como aliada de uno u otro bando, y esa estigmatización se tradujo en ejecuciones. El barrio Las Malvinas y otros sectores populares de Florencia se poblaron en esos años con oleadas de desplazados que huían de los combates rurales, muchas veces con la ropa que llevaban puesta.

Cuando llegó la desmovilización paramilitar, no se cerró el ciclo: la Sipol reportó bandas emergentes vinculadas a la reorganización del narcotráfico, y en el municipio de Milán —corregimiento de San Antonio de Getucha— la misión de la OEA verificó la presencia de una estructura militar liderada por un mando medio desmovilizado del Frente Sur de los Andaquíes del Bloque Central Bolívar. Indepaz identificó al Grupo Operación Rastrojo. La violencia se transformó, no desapareció.

El polvo blanco: coca y economía de la coca

Entender Florencia sin la coca es imposible. Entre 1977 y 1987, el cultivo se introdujo con fuerza en el Caquetá, Putumayo y Guaviare, y desató un nuevo ciclo de colonización con migrantes procedentes de todo el país. El patrón se repetía —bonanza extractiva atrayendo gente, gente abriendo selva, selva volviéndose finca— pero esta vez el producto era ilegal y las cadenas de comercialización quedaban bajo control de actores armados. Las FARC operaron en el Caquetá a través de múltiples frentes con influencia en los municipios rurales, y el Frente 49 fue señalado como el encargado de manejar las finanzas departamentales, con rutas de salida de la droga hacia Brasil, Huila y Putumayo. El jornal en la economía cocalera superaba consistentemente al de la economía agraria legal, y esa diferencia —brutal, cotidiana— explica la persistencia del cultivo entre familias que en cualquier otra circunstancia habrían sembrado plátano, maíz o cacao.

Florencia no era zona de siembra, pero sí de circulación: por sus calles pasaban las utilidades, los insumos, los intermediarios. La ciudad se benefició —contradictoriamente— de la bonanza cocalera en construcción, comercio y servicios, mientras cargaba con la estigmatización nacional de ser capital de un departamento cocalero. Cuando en 2016 las comunidades campesinas cultivadoras se movilizaron contra la política antidrogas centrada exclusivamente en la erradicación —sin combatir toda la cadena—, esas movilizaciones expresaban una lógica económica que Florencia conocía de primera mano: mientras el mercado ilegal pagara más que el legal, y mientras el Estado no ofreciera alternativas viables, la coca seguiría siendo la única opción real para miles de familias del piedemonte.

La secuencia histórica es clara y triste. Caucho, quina, pieles, maderas, coca: cada bonanza extractiva atrajo gente, produjo violencia, no dejó desarrollo estructural. Florencia creció al ritmo de esas bonanzas seriales, sin acumular capacidad para superarlas.

Red urbana, red humana

En medio de todo eso, Florencia se articuló con un tejido de lugares que hay que nombrar para entenderla. Al norte y sur, sobre el propio río Hacha o cerca de él, La Montañita y Belén de los Andaquíes forman parte de su órbita inmediata: pueblos de colonización antigua, hoy municipios de segundo orden que gravitan hacia la capital. Al oriente, San Vicente del Caguán y Puerto Rico dominan la vasta cuenca del Caguán y fueron durante décadas el corazón de la presencia fariana; con ambos, Florencia mantiene una relación de dependencia mutua y desconfianza histórica. Al occidente, subiendo la cordillera, Neiva y el Huila son la conexión con el país central. Al sur más lejano, el Parque Nacional Natural Serranía de los Churumbelos —en el límite con el Cauca y el Putumayo— recuerda que este piedemonte forma parte de uno de los corredores biológicos más ricos del planeta, aunque la conservación siempre haya cargado en desventaja frente a la deforestación.

Personajes locales y nacionales dejaron huella en esa red. Manuel María Albán aparece en la memoria del Caquetá como referencia temprana. Los capuchinos catalanes, entre ellos Marceliano Canyes Santacana, contribuyeron al registro etnográfico y lingüístico de la región. Rafael Reyes había recorrido estos ríos antes de la Presidencia y quedó atado, en la memoria política, a la primera visión de una Amazonía articulada al proyecto nacional. La lista podría alargarse; lo esencial es que Florencia nunca fue una ciudad aislada: fue nodo de una red de relaciones que iba de Bogotá al Putumayo, del río Hacha al Yarí, de la sotana capuchina al fusil guerrillero.

Lo que se sostuvo: comunidad y memoria

Sería incompleto —y falso— cerrar el retrato de Florencia con el paisaje del conflicto. Porque en paralelo a las guerras y a la coca, la sociedad caqueteña construyó algo. Un líder comunal florenciano dejó dicho que la organización comunal sobrevivió a más de cincuenta años de conflicto, y esa frase resume una historia entera. Las Juntas de Acción Comunal del Caquetá se mantuvieron activas a lo largo de todo el ciclo violento gracias a lo que sus mismos líderes describen como una "convicción de servicio": reuniones que no se suspendían, veredas que se organizaban para abrir un camino o traer un maestro, redes de solidaridad que hacían circular ayuda cuando la institucionalidad no llegaba. Los mismos líderes señalaron el fortalecimiento de la organización social como el mecanismo preventivo más eficaz para que la violencia no se repita.

Esa sociedad es "una sociedad que se ha hecho sola": cincuenta años de esfuerzos locales por construir tejido social en condiciones adversas de selva amazónica y conflicto armado. Las organizaciones campesinas construyeron regulaciones comunitarias para proteger el ambiente y para habitar la Amazonía, junto con repertorios económicos para resistir contextos cambiantes de violencia. En el Bajo Caguán, una pequeña escuela de empoderamiento de mujeres se articuló a una microempresa de cárnicos surgida de un proceso de reconversión laboral de trabajadoras sexuales apoyado desde la Alcaldía de Florencia, que también impulsó iniciativas productivas para jóvenes y mujeres desplazadas. Son gestos pequeños, casi invisibles frente a las cifras del conflicto, pero acumulados a lo largo de décadas configuran otra historia paralela: la de una ciudad que aprendió a coserse los pedazos.

Huella

Florencia entra en el siglo XXI cargando todo lo que fue: la fundación misionera de 1902, el eco lejano del terror cauchero que despobló el piedemonte antes de que ella pudiera crecer, la avalancha campesina de los años cincuenta y sesenta, el fracaso del INCORA, la lenta consolidación de las FARC en el Caguán y su fracasada penetración urbana, la bonanza cocalera, la violencia paramilitar, el Plan Patriota, la desaparición forzada, los desplazados llegando a los barrios de invasión, y —junto a todo eso— la persistencia terca de sus juntas comunales, de sus organizaciones campesinas, de sus mujeres organizándose para reconvertir sus vidas.

Es una ciudad que se explica mejor por sus tensiones que por sus rasgos aislados: capital departamental con debilidad institucional estructural; centro urbano rodeado de un rural que durante décadas obedeció a otras autoridades; puerta de una Amazonía cuya riqueza se ha ido extrayendo por capas sucesivas sin dejarle beneficio estable; sociedad hecha sola, en la doble acepción de la frase: sin acompañamiento del Estado, y por su propio esfuerzo. La lógica extractiva-fronteriza que la moldeó y los episodios de violencia política que la sacudieron no se explican por separado: fueron dos condicionamientos que operaron juntos, uno estructural y otro contingente, y produjeron la Florencia que hoy existe.

Después del Acuerdo de Paz de 2016 y de la desmovilización de las FARC, la ciudad y su departamento entraron en una etapa nueva, aún no consolidada, en la que los viejos actores mudan de forma y los viejos problemas persisten: la coca no ha desaparecido, la deforestación avanza, las bandas post-paramilitares se reorganizan, y las comunidades siguen exigiéndole al Estado lo mismo que le exigían hace cincuenta años. Pero también hay algo distinto: la convicción, dejada consignada por las voces caqueteñas, de que fue la organización social la que permitió sobrevivir, y de que será esa misma organización la que permitirá no repetir. En esa frase, más que en cualquier estadística, cabe la historia larga de Florencia: capital de un departamento hecho a pulso, en el punto exacto donde Colombia se asoma a la selva y no siempre sabe qué hacer con lo que ve.

Conexiones

El territorio en el archivo

Dónde aparece y con qué se relaciona

Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

39 documentos · 50 fragmentos
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Caquetá: una autopsia sobre la desaparición forzadaHelka Quevedo Hidalgo · 2018 · p. 26, 165
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[1]

debe superar varios desafíos. Entre estos está, por ejemplo, ver, encontrar e integrar en los sistemas de información, los expedientes y los procesos ju- diciales, la vida e historia de esas personas que han sido reporta- das como desaparecidas; escuchar y planear su búsqueda con las familias; y dialogar y reconstruir…

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Municipio: Florencia DESAPARECIDO EL 1 DE MAYO DE 2003 Haminton Romero Caicedo Edad: 19 Sexo: hombre Municipio: Florencia DESAPARECIDO 12 DE ENERO DE 1998 Esteban Granja Álvarez Edad: 29 Sexo: hombre Municipio: Florencia DESAPARECIDO EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2000 Elver Rojas Murcia Edad: 27 Sexo: hombre Municipio:…

p. 165
02
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 165
1 cita
[2]

de la cordillera Central. La producción de café es el princi- pal recurso del departamento, a pesar de que su población es mayoritaria- mente urbana. Se cultiva también ca- ña de azúcar, plátano, papa, arroz, frí- jol, etcétera. En los valles del Risaralda y del Magdalena se ha desarrollado la gana- dería vacuna. Los…

p. 165
03
Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 268
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de Caquetá está ubicado al sur del país, en la región amazónica. Limita al norte con Meta y Guaviare; al noreste, con Vaupés; al sur, con Amazonas y Putumayo; y al oeste, con 759 Caso 086 - CI - 02007, «Caso AT - 03, mujer lesbiana, negra y afrodescendiente, vendedora ambulante». 760 Ibíd. 761 Caso 086 - CI - 02007,…

p. 268
04
Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in ColombiaGarry Leech · 2009 · p. 189, 211
2 citas
[4]

municipality of, 150, 160–61 Bojayá River, 151 Bolivia, 178 Bolivia, Colombia, 173–78 Boquiaza, Colombia, 163–65 Brazil, 32, 36 Bucaramanga, Colombia, 198 Bush, George H. W., 30 Bush, George W., 108–109 Bush administration: aerial fumigations and, 2; global war on terror and, 105, 111, 118, 179, 217; troop deployment…

p. 211
[5]

of, 156 Bojayá, municipality of, 150, 160–61 Bojayá River, 151 Bolivia, 178 Bolivia, Colombia, 173–78 Boquiaza, Colombia, 163–65 Brazil, 32, 36 Bucaramanga, Colombia, 198 Bush, George H. W., 30 Bush, George W., 108–109 Bush administration: aerial fumigations and, 2; global war on terror and, 105, 111, 118, 179, 217;…

p. 189
05
Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 171, 178
2 citas
[6]

su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…

p. 171
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5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…

p. 178
06
Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 28, 60
2 citas
[7]

ruta Puerto Asís - Mocoa - Pasto - Bogotá; el segundo, la ruta Puerto Asís - Puerto Leguízamo - La Tagua - Florencia - Neiva - Bogotá. A diferencia de la vía Puerto Asís - Mocoa, la vía Neiva - Flo- rencia había sido construida en su totalidad durante el Con- flicto Colombo-peruano. Esto hizo que el segundo circuito…

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región en las últimas dos décadas del siglo XX. Igual ocurre al revi- sar estudios académicos e institucionales que, de una parte, se concentran en una configuración territorial a partir de la eco- nomía ilegal de la coca y su relación con los grupos armados y el narcotráfico (Ramírez, 2001; Observatorio de Derechos…

p. 28
07
Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 172
1 cita
[8]

materialice el proyecto de — 171 — í la gran carretera que va paralela a la base de la cordillera Oriental y que ha de unir a Florencia, en el Caquetá, con Vi- llavicencio, en el Meta, o avance hasta el Arauca, el abasteci- miento de carne del país quedará asegurado para siempre y la integración de los Llanos será una…

p. 172
08
Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 77
2 citas
[9]

y demo - gráficos se articulan para transformar los bosques. En el caso de la frontera agrícola, la situación en la Amazon í a es ilustrativa de esta dinámica. Al mirar el mapa de Colombia en Google Earth, la zona amazónica aparece de un verde oscuro (bosque), pero a medida que uno se acerca a la cordillera oriental,…

p. 77
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y demo - gráficos se articulan para transformar los bosques. En el caso de la frontera agrícola, la situación en la Amazon í a es ilustrativa de esta dinámica. Al mirar el mapa de Colombia en Google Earth, la zona amazónica aparece de un verde oscuro (bosque), pero a medida que uno se acerca a la cordillera oriental,…

p. 77
09
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 42
1 cita
[11]

23 6 23. Valle del Cauca 21.245 105,6 42 387 83 11 ii. Intendencias 139.289 1,3 13 69 13 4 1. Arauca 23.490 1 2 25 2 - 2. Caquetá 90.185 1,2 7 25 6 1 3. Putumayo 25.570 2,2 3 17 5 3 4. San Andrés y Providencia 44 380,3 2 2 - - iii. Comisarías 388.900 0,2 4 8 24 1 1. Amazonas 121.240 0,1 1 - 7 1 2. Guainía 78.065 0,1 -…

p. 42
10
Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 6, 21
2 citas
[12]

con parafina para que los empleados disfruten con su desesperada agonía. Hoy en día los pueblos indígenas Uitoto, Coreguaje, Inga y los que llegaron en los últimos años, Emberá Chamí y Paeces, recuperan y fortalecen las costumbres ancestrales en sus territorios, como una forma de resistencia para dejar en el pasado la…

p. 6
[41]

Caquetá. Ángel Ricardo Acosta. Fue asesinado cuando era Diputado el 2 de sep- tiembre de 1987. Natalia Mejía Echeverri. Renunció al INCORA para aceptar la candida- tura a la Alcaldía de Puerto Rico. Fue asesinada el 16 de enero de 1988. Gustavo Artunduaga Paredes. Fue pionero de la aviación en el Caquetá, gerente del…

p. 21
11
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 43
1 cita
[13]

ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…

p. 43
12
El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 416
1 cita
[14]

un siglo. Ni siquiera la muerte liberaba al cauchero, pues sus obligaciones pasaban por ley a sus hijos, que heredaban las deudas de sus padres; las madres desesperadas arrojaban 417 Eí ndi a las hijas a la prostitución. Era, de hecho, una forma de servidumbre bajo la cual el capataz esclavizaba no sólo al hombre,…

p. 416
13
Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 275
1 cita
[15]

de los Andaquíes, también en el departamento del Caquetá, en 1917. 2 Fraile capuchino de origen catalán. Fue nombrado prefecto apostólico del Caquetá y Putuma- yo desde 1905 y permaneció en la región hasta 1928. 3 Jacinto María De Quito, Relación de viaje en los ríos Putumayo, Caraparaná y Caquetá y entre las tribus…

p. 275
14
Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 7, 100
2 citas
[16]

Thousand Days, but soon after the fighting ceased, President José Manuel Marroquín and the Vatican signed the Convention on Missions of 1902. This agreement granted to the religious orders absolute authority to govern, police, and educate the natives in their mission territories. It also gave them control over the…

p. 7
[25]

excess population from the Departments of Santander, Norte de Santander, and Boyacá was the piedmont region on the eastern side of the Andes, or, in other words, the territories of Caquetá, Arauca, and the Depart- ment of Meta. Lleras Camargo accepted Lebret’s recommendations and began to implement them. 30 The first…

p. 100
15
Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 4
1 cita
[17]

region floundered by the late 1910s, Peru’s and Colombia’s continued to grow. By 1917 the Peruvians were reported to control the portion of the Putumayo from the Brazilian border to the strategic settlement of Güeppí,19 later the site of a key battle during the 1932/33 Peruvian-Colombian war which broke out over the…

p. 4
16
Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 237
1 cita
[18]

de sus 237 Fragmentos para una historia económica y sociocultural de las caucherías en el Putumayo agentes y los castigan de un modo, el más inhumano. Solo por el miedo espantoso que les infunden, logran tenerlos sujetos. No hace mucho que el colombiano Manuel Quintana refirió el siguiente hecho a uno de los…

p. 237
17
Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 83
1 cita
[19]

witotos relatan anti- guos viajes a los Andes, donde personajes en figura de trueno intentaban retenerlos para sacrificarlos y comerlos. El piedemonte estaba ocupado básicamente por grupos de lengua tucano occidental, desdeel río Napo hasta las riberas del Caguán, y posible- mente allende hasta el Guaviare. Los…

p. 83
18
Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 387
1 cita
[20]

Atlas de economía colombiana, 1960. Capítulo 14 387 388 Nueva Historia de Colombia. Vol. III Danza indígena, ilustración a la novela "Toá", de César Uribe Piedrahíta, publicada en 1933, con denuncias sobre matanzas de indígenas organizadas por los caucheros de la selva amazónica. apreciaba un movimiento interno de…

p. 387
19
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 64
1 cita
[21]

forma fraudulenta a precios irrisorios. El total de parcelas perdidas es de 393.648 123. La pérdida de parcelas se concentra en la zona donde más muertes ocurrieron, y donde también, en décadas anteriores, se habían presentado conflictos entre hacendados y colonos campesinos, en particular en el Valle del Cauca,…

p. 64
20
Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 58
1 cita
[22]

niveles y la magnitud de esta resistencia dependieron, asimismo, del tipo de relaciones de producción que caracterizaban a cada región: relaciones y estructura de clase, contingencia política, ritmo de inte- gración de la región al sistema capitalista global y función de las insti- tuciones del Estado. Colombia…

p. 58
21
Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 509
1 cita
[23]

y conflicto La extrema pobreza en muchas regiones campesinas y sectores urbanos, así como la exagerada concentración de tierras en nuestro país, alimentaron el alto número de personas que se aventuraron a colonizar el piedemonte amazónico desde mediados del siglo XX. Dicha ocupación ha consistido en un largo proceso…

p. 509
22
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 48
1 cita
[24]

con las amazónicas 86 y desarro- llaron «ganaderías vacunas y cultivos de plátano y hortalizas» 87, dando comienzo a la reconfiguración territorial y productiva. Un colono campesino le contó a la Comisión su origen y el de su familia: «[Soy] un hijo de colonos por parte de mi padre, quien nació aquí en Florencia,…

p. 48
23
Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 293
1 cita
[26]

y Amazonia sólo se habían adjudicado 6.479 predios, con 317.389 has, predios pequeños para colonos110. O sea que en la primera década de la nueva reforma agraria avanzó significativamente la ad judicación de tierras a colonos, ello se explica en buena parte como resultado de los proyectos de colonización dirigida que…

p. 293
24
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 46
1 cita
[27]

Departamentos en los que la ANUC tenía una fuerza muy importante. En aplicación de la Ley 135 de 1961 el Incora dirigió durante los años sesenta la colonización del piedemonte oriental de la cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura entre el oriente del Meta y Vichada, el sur de Córdoba y en varias…

p. 46
25
La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 28, 56
2 citas
[28]

amazónicas, antiguas válvulas de escape de las guerras de los Andes. Asimis- mo, los programas gubernamentales de apoyo a la colonización fracasaron y produjeron la quiebra de cientos de colonos que no tuvieron más opción que bloquear la ciudad para exigirle solucio- nes al Incora. La violencia y la incapacidad del…

p. 56
[49]

Caquetá. Estrategias de resiliencia de las organizaciones campesinas en medio de la guerra”, analizare- mos las regulaciones comunitarias que han construido las orga- nizaciones campesinas para proteger el medio ambiente y habitar la Amazonía, así como los distintos repertorios económicos que han implementado para no…

p. 28
26
Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 67
1 cita
[30]

Quindío 539.904 471.910 67.994 12 Chocó 534.826 243.194 291.632 31 Casanare 420.504 295.434 125.070 19 Caquetá 401.849 258.280 143.569 16 Putumayo 348.182 174.539 173.643 13 Arauca 262.174 172.634 89.540 7 Vichada 107.808 25.833 81.975 4 Guaviare 82.767 45.991 36.776 4 Amazonas 76.589 37.047 39.542 2 San Andrés y…

p. 67
27
At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 230, 243
2 citas
[31]

close this chapter with an analysis of the FARC ’ s counter-hegemonic social compact vis-à- vis cocalero farmers and workers as well as the social contradictions of the coca labor regime in the Caguán. Agrarian Development and the Rise of Fedegán ’ s Despotic Cattle Regime in the Caguán, 1963 – 1978 The Caguán region…

p. 230
[33]

Caguán, where they established their fourteenth and fi fteenth fronts to oversee operations in the frontier municipalities of Cartagena del Chairá, San Vicente del Caguán, and Solano. They also began engaging in actions in the Upper Caguán region, including the department capital in Florencia. Like the M-19, the FARC…

p. 243
28
Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 114
1 cita
[32]

la zona del Bloque Oriental no solo se encontraba el corazón de las Farc-EP, sino lo que se podría considerar su zona de movilidad más confiable a nivel nacional y la zona más segura con que contaron las Farc-EP. Mapa 19. Municipios atacados por las Farc-EP en el 2001 Página 114 Fuente: Fundación Paz y Reconciliación…

p. 114
29
Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 256
1 cita
[34]

del municipio de San Vicente del Caguán, para hacerles un juicio político. Tras ser liberados, indicaron que los guerrilleros les habían solicita- do comunicarle al gobernador Jesús Ángel González su deber de cumplir los compromisos con la población. 140 Al poco tiempo, este gobernador caería asesinado, con lo cual se…

p. 256
30
Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 175
1 cita
[35]

a Revived Settlers’ Movement Like the reform period, the counterreform period in Cartagena del Chairá can be seen as having several outcomes. From 1992 to 1998, while counter- reform weakened an already failing settlers’ movement and its electoral expression, coca expansion brought new population to the area and…

p. 175
31
Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 127
1 cita
[36]

municipios de San Vicente del Caguán, Planadas, Mesetas y Florencia (Gráfica 8; Gráfica 10 del Anexo). Esta apuesta militar tuvo como respuesta una política contra- insurgente estatal que centró sus esfuerzos en esta guerrilla, con lo que vino cierta debilidad de las FARC en el proceso de recluta- miento, incluso…

p. 127
32
La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 55
1 cita
[37]

Durante este periodo los diferentes grupos armados generaron estrategias de expansión territorial que dieron lugar a corredores geográ fi cos que resultaron centrales en las dinámicas militares y económicas del con fl icto, algunas conectadas con el control de zonas cocaleras y de narcotrá fi co. En la coyuntura del…

p. 55
33
Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 368, 372
2 citas
[38]

pegaron a cilindros. Ella murió reventada por un cilindro. Cuando yo me 368 ISAZA, EL CLAN PARAMILITAR LAS AUTODEFENSAS CAMPESINAS DEL MAGDALENA MEDIO di cuenta, pues yo también quedé como entre bobo y tonto, ya pailas. La mataron en un campamento. Ella tenía 15 años. (CNMH, MNJCV, 2014, 28 de octubre) Las frustradas…

p. 368
[39]

por allá. (CNMH, MNJCV, 2014, 28 de octubre) Nos fuimos a meter a Florencia. Duramos más de ocho días bregando ahí pa’rriba, peleando con esa gente bregando a sacarlos. Nos tomamos el pue- blo. Y duramos una hora en el pueblo, y nos sacaron. Se nos metió toda esa gente. Eso parecían hormigas. Eso nos llegó…

p. 372
34
Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 641
1 cita
[43]

cualquiera de las localidades de la región. La lógica de la inversión del Estado en infraestructura logra crear un efecto de “inaccesibilidad” para sus habitantes que se percibe, paradójicamente, como ausencia del Estado. Extracción y explotación El aprovechamiento de las legendarias riquezas de estas regiones ha…

p. 641
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Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 290, 298
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quien mayor incidencia tiene en el abandono de tierras, porque cuenta con una mayor presencia. El dispositivo de la guerrilla de las Farc consiste en dos columnas móviles. Una de ellas la Teófilo Forero, encargada del narcotráfico en el departamento del Huila 320. Hay también un interfrente (Caguán), con influencia en…

p. 290
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ahora no se les ha dado terreno. Ese será un programa especial en el que hay que tener la precaución de no otorgar tierras en áreas de influencia de la guerrilla, afirma el funcionario del Incoder. Rearme paramilitar Sobre el rearme paramilitar, algunos entrevistados expresaron que hay presencia de las Águilas Negras,…

p. 298
36
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 168
1 cita
[45]

ocurrencia 22.075 35.937 51.792 56.793 54.169 49.085 diálogos de paz en medio del conflicto, retos y persistencias (2010-2021) 169 Aún hoy, para la población campesina el jornal que se paga en la economía cocalera representa ingresos superiores a los de la economía agraria legal: «Vea, hay personas de la juventud,…

p. 168
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No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 372
1 cita
[47]

no manejaban. »La guerrilla llegaba al caserío, hacía el análisis, la famosa autocrítica: “Cómo nos dejamos golpear así, se nos metieron los paracos. [...] No, es que debe haber sapos aquí, tiene que haber sapos, pero no sabemos quiénes son”. Entonces la guerrilla hacía exactamente lo mismo, cogían a cualquiera: “Es…

p. 372
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Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 307
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[48]

de tierras y comunidades. Pese a esto, las JAC han crecido y se han mantenido en su «convicción de servicio». Un líder de Florencia, Caquetá, le dijo a la Comisión sobre el tema: «Mire que, sin embargo, la organización se mantiene y la tendencia es a fortalecerla. Y, dentro de este quehacer de la memoria histórica,…

p. 307
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Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 239
1 cita
[50]

hasta han formado una pequeña escuela de empoderamiento de las mujeres en la región del Bajo Caguán. Beatriz es la cabeza visible de todo este proceso, lidera la con secución de recursos, maneja los presupuestos, proyecta el trabajo y, si le queda un rato libre, mete sus manos para ayudarle a Magola a empacar las…

p. 239