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Una historia del territorio

Mocoa

Mocoa encarna la paradoja de las capitales de frontera interna: ejerce una capitalidad formal heredada de la geografía misional y del decreto administrativo, pero convive con una realidad económica que siempre gravitó hacia el sur, hacia Puerto Asís…

17 min de lectura34 fuentes

En el punto exacto donde la Cordillera Oriental deja de ser cordillera y se despeña hacia la llanura amazónica, entre los ríos Mocoa, Mulato y Sangoyaco, y bajo la mole del cerro Patascoy, se asienta la ciudad que da nombre y capital al departamento del Putumayo. Mocoa es, en la geografía colombiana, un umbral: no pertenece del todo a los Andes de Pasto ni a la selva de Puerto Asís, sino a esa franja de piedemonte en la que el país se pliega sobre sí mismo. Esa condición liminar explica su historia mejor que cualquier otro atributo. Desde el siglo XVI, proyectos sucesivos intentaron fijarla como bisagra útil, capital administrativa o punto de control; ninguno lo consiguió del todo. La ciudad continúa siendo lo que fue: una puerta que el Estado colombiano nunca terminó de cerrar ni de asegurar, y cuya vulnerabilidad quedó desnuda la madrugada del 1 de abril de 2017, cuando tres de sus ríos se salieron de cauce y arrastraron consigo alrededor de 315 vidas.

La ciudad que empieza donde termina la cordillera

Mocoa se localiza en la subregión del piedemonte o Cuenca del río Caquetá, en el llamado Medio Putumayo, que comparte con los municipios de Villagarzón y Puerto Guzmán. Es una zona de transición: los últimos contrafuertes andinos se deshacen aquí en colinas húmedas, ríos torrentosos y suelos inestables que anuncian ya la selva. Al noroccidente, cruzando el páramo, está Pasto; al sur, siguiendo unos ciento cincuenta kilómetros de carretera trazada sobre tierra, Puerto Asís y el corredor petrolero del Bajo Putumayo; al oriente, la Amazonía sin rutas terrestres.

Esa posición no es neutral. Mocoa no es un lugar al que se llegue: es un lugar por el que se pasa, o al que se desciende desde el altiplano para seguir bajando hacia la selva. Durante décadas la conexión con el resto del país se redujo a tres opciones difícilmente equivalentes: la trocha peligrosa a través de la Cordillera Oriental, una pista aérea en Puerto Asís o quince días de navegación fluvial hasta Leticia. La carretera de tierra que une Mocoa con Puerto Asís y la vía a Pasto —cuya solemne inauguración quedó registrada en la iconografía oficial del período 1880-1912— han sido, más que rutas, promesas repetidas de integración. La precariedad vial es un dato estructural, no una anécdota: define quiénes llegan, qué economías prosperan y qué actores logran instalarse.

En términos administrativos, la ciudad es sede del gobierno departamental, del Comando Departamental de Policía, del Distrito I de Policía y de un Batallón de Infantería. Es, sobre el papel, el centro nervioso del Putumayo. En la práctica, esa capitalidad ha convivido siempre con una realidad económica que se le escapa hacia el sur: Puerto Asís primero, y después los municipios petroleros de Orito, Valle del Guamuez y San Miguel, concentraron población, capital y flujos migratorios que Mocoa nunca alcanzó a retener. Puerto Asís, en particular, se consolidó como centro económico y político en permanente competencia con la capital, disputándole una hegemonía que Mocoa ejerce con más título que fuerza.

Los orígenes: oro, encomienda fallida y país de la canela

La fundación de Mocoa suele atribuirse al capitán Pedro Agreda hacia 1551, en el marco de las expediciones españolas que, desde Pasto y Quito, se lanzaron a buscar El Dorado y el llamado país de la canela en las estribaciones amazónicas. Aquellas entradas abrieron los primeros caminos hacia el piedemonte, y en ese mismo impulso fundaron pueblos como Ecija sobre la ribera del río San Miguel y Espíritu Santo del Caguán en la orilla del río Guayas, cerca de lo que hoy es Puerto Rico. Mocoa fue uno más de esos enclaves, y quizá el más prometedor a corto plazo: el oro del piedemonte suscitó grandes esperanzas entre los conquistadores.

La promesa duró poco. La colonización civil española en la alta Amazonía fracasó de manera rotunda. La encomienda no logró consolidarse porque no había una población indígena organizada en la escala y densidad que el sistema exigía. Los grupos que ocupaban el piedemonte —de lengua tucano occidental desde el río Napo hasta el Caguán, y probablemente hasta el Guaviare, junto con andakíes, omoas y paminugas— eran demasiado dispersos, móviles y refractarios al trabajo forzado como para sostener una economía extractiva estable. El oro de Mocoa, por su parte, resultó poco rentable: sacar mineral hacia Pasto o hacia Quito, atravesando la cordillera por trochas mal abiertas, consumía casi cualquier ganancia. En una o dos generaciones, el proyecto conquistador había cedido el terreno.

Pero los caminos quedaron. Y por esos caminos, desde el siglo XVII, entraron los misioneros, y desde finales del XIX los caucheros. Mocoa fue, para unos y otros, el punto obligado de descenso desde el altiplano andino hacia las riquezas —espirituales o vegetales— de la alta Amazonía.

Siglos de misión: jesuitas, agustinos, capuchinos

La historia eclesiástica de Mocoa es larga, entrecortada y siempre incompleta. Un padre jesuita habría estado en misión entre 1650 y 1661. Más de un siglo después, entre 1793 y 1803, los agustinos retomaron el trabajo apostólico. Los mercedarios, saliendo desde el Tejar de Quito, organizaron los pueblos de Ramón Nonato y Nuestra Señora de la Asunción y evangelizaron a los indígenas yuríes en la región del bajo Caquetá. Estos ciclos no forman una continuidad sino una serie de intentos discontinuos, cada uno con su fracaso y su reinicio.

El giro decisivo llegó con los capuchinos. En 1905, fray Fidel de Montclar fue nombrado prefecto apostólico del Caquetá y Putumayo, y permaneció al frente de la misión hasta 1928. Bajo su gobierno eclesiástico, la orden convirtió a Mocoa y al Valle de Sibundoy en el centro de un proyecto ambicioso: organizar la evangelización de los indígenas ingá, kamsá, kofán y de los grupos amazónicos más bajos, abrir caminos, fundar escuelas, gestionar la colonización campesina. En 1911 los capuchinos publicaron un extenso informe apologético de su trabajo que fijó una imagen de la región como territorio salvaje al que la Iglesia venía a redimir, y de Mocoa como una de las cabezas de puente de esa redención.

La misión capuchina no fue solo religiosa. Coincidió con el auge del caucho en el Putumayo —con todo lo que aquello significó de violencia contra los pueblos indígenas, especialmente en las caucherías de la Casa Arana sobre el Putumayo bajo— y con el esfuerzo del Estado colombiano por afirmar soberanía en una frontera disputada con Perú y Ecuador. En junio de 1899, una nota diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores mencionaba la Misión de Mocoa a cargo de los Padres Custodios: los misioneros eran, en el lenguaje diplomático de la época, agentes de presencia estatal tanto como de fe. La imagen "Mocoa. Domingo de Ramos", incluida en la iconografía visual de esos años, transmite esa doble condición: un pueblo de piedemonte fotografiado en su rito católico, ofrecido como prueba de que la nación había llegado hasta allí.

De comisaría a capital: el ordenamiento administrativo

El aparato administrativo colombiano tardó en darle forma legal a lo que las misiones venían construyendo. Un acto normativo del 18 de febrero de 1905 reorganizó las intendencias de Casanare, San Martín y La Goajira, y creó las del Alto Caquetá y del Putumayo, iniciando la fragmentación del vasto Territorio Nacional del Caquetá en unidades más manejables. El paso decisivo para Mocoa vino con el Decreto 320 del 7 de marzo de 1912, que creó y organizó una Comisaría especial en el territorio del Caquetá denominada del Putumayo, con capital en Mocoa. Desde entonces —y a través de sucesivas transformaciones que llevaron el Putumayo de comisaría a intendencia y finalmente a departamento— la ciudad ha mantenido, sin interrupción, su condición de cabecera.

Esa condición contrastó siempre con su modestia demográfica. Hacia 1965, cuando el Putumayo era todavía comisaría, el territorio contaba con apenas dos municipios, una superficie de 26.485 kilómetros cuadrados y una población de 30.698 habitantes. Mocoa y Puerto Asís eran entonces los dos únicos centros urbanos significativos, unidos por unos ciento cincuenta kilómetros de carretera de tierra y separados del resto del país por la geografía. La capitalidad de Mocoa no descansaba en su peso económico ni en su población: descansaba en su historia misional y en su posición como puerta hacia la selva, cerca del piedemonte todavía dominado por los indígenas ingá.

Los propios pobladores del piedemonte —Mocoa, Villagarzón, con excepción parcial de Puerto Guzmán— construyeron a lo largo del siglo XX una identidad diferenciada frente a la que se estaba forjando más al sur. Mientras el Bajo Putumayo se identificaba, sobre todo desde los años setenta, como territorio cocalero, los mocoanos se pensaron a sí mismos como algo distinto: pobladores andino-amazónicos, ligados a Pasto y a la tradición ingana, no reducibles al estereotipo del colono de la coca. Esa autopercepción no borró las tensiones —Mocoa recibió y siguió recibiendo oleadas de colonización— pero les dio un marco distinto al que operaba en La Hormiga o en Puerto Asís.

Poblamiento indígena y oleadas de colonización

Antes de la conquista, el piedemonte estuvo ocupado principalmente por grupos de lengua tucano occidental, junto con andakíes, omoas y paminugas. Con el tiempo, y en parte a través del contacto misional, se consolidaron en la zona de Mocoa los pueblos que hoy la habitan como comunidades originarias. Los indígenas ingá, de familia lingüística kechua, ocupan las regiones de Mocoa, Yunguillo, Condagua y Limón en el alto río Caquetá, además del alto Putumayo, Santiago y el Valle de Sibundoy. Los kamsá, cuya lengua no se afilia a ninguna familia mayor, habitan las fuentes del río Putumayo en Sibundoy y San Francisco. Más al sur, los kofán se concentran en el alto río Putumayo entre Puerto Asís y Cuembi, en Adriote y San Antonio de Guamués, y sobre todo en el río San Miguel y el Caño El Hacha, ya en el corredor fronterizo con Ecuador.

Esta geografía étnica es esencial para entender Mocoa. La ciudad no está en un vacío que la colonización venía a llenar: está inserta en un territorio ingano cuya lengua, cuyos vínculos con Sibundoy y cuyas rutas siguen operando bajo la trama administrativa colombiana. La lista de destinos de desplazamiento forzado de población indígena en Colombia incluye a Mocoa como uno de los principales receptores, señal de que la ciudad continúa siendo, al mismo tiempo, territorio indígena histórico y refugio de comunidades expulsadas de sus lugares originarios por el conflicto armado.

La colonización campesina llegó en oleadas. Desde los años cincuenta arribaron nariñenses y huilenses buscando tierra. La transformación más profunda vino entre 1977 y 1987, cuando la introducción del cultivo de coca impulsó un nuevo auge colonizador en el Putumayo, el Caquetá y el Guaviare. A la región llegaron gentes de Nariño, Cauca, Huila y el eje cafetero, atraídas por el jornal alto y por la promesa de una tierra que el Estado no controlaba. Simultáneamente, la industria petrolera había abierto otro frente migratorio. La Texas Petroleum Company se instaló en el Putumayo en 1963 y estableció sus primeros campamentos cerca de Puerto Asís, iniciando la recepción de mano de obra inmigrante que se estabilizaría en Orito, Valle del Guamuez y San Miguel, los tres municipios donde se concentró la explotación de crudo. Los testimonios de la época hablan de colonos que llegaban a la región petrolera y eran expulsados violentamente por la fuerza pública, encargada de proteger las operaciones de Texaco y de Pure Oil Company; algunos contaban que construían sus ranchos de noche para evitar ser desalojados por el Ejército al amanecer.

Mocoa fue receptora de todas estas oleadas —campesina, cocalera, desplazada— sin ser nunca el epicentro de ninguna. Los grandes flujos de dinero y de población pasaron por Puerto Asís, Orito y La Hormiga. La capital creció por sedimentación: colonos que hacían escala en su camino a la selva, indígenas desplazados que buscaban ciudad, empleados públicos, comerciantes, familias que traían a los hijos a estudiar. Ese perfil híbrido —ni cocalero puro, ni petrolero, ni exclusivamente indígena— es lo que sus habitantes reivindican cuando insisten en distinguirse del Bajo Putumayo.

El petróleo, la coca y la competencia con Puerto Asís

La llegada de la Texas Petroleum Company en 1963 cambió el equilibrio del departamento. Puerto Asís, ya beneficiada por el río y por su vocación fronteriza hacia Ecuador, se convirtió en base logística de la operación. El oleoducto transandino, de doscientos kilómetros y dieciséis pulgadas de diámetro, partió desde Orito y cruzó la cordillera hasta el puerto de Tumaco, sobre el Pacífico nariñense. Las baterías de recepción del crudo se instalaron en La Hormiga, en Valle del Guamuez, y en San Miguel. Todo el eje económico del Putumayo se desplazó hacia el sur.

Mocoa quedó al margen de esa economía. Su papel fue más bien el de capital administrativa desde la cual se firmaban permisos, se registraba población y se organizaba la respuesta institucional al boom petrolero. Puerto Asís se consolidó, en cambio, como centro económico y político en permanente competencia con la capital. La rivalidad no era menor: la retórica pública del departamento se organizó, durante décadas, en torno al reclamo de Puerto Asís por un peso administrativo acorde con su volumen económico, y a la defensa de Mocoa de una capitalidad heredada de la geografía misional y no de la geografía del crudo.

La bonanza cocalera, desde finales de los setenta y sobre todo en los ochenta, reforzó esa asimetría. La coca se cultivó y procesó mayoritariamente en el Bajo Putumayo, donde el cruce entre colonización campesina reciente, presencia guerrillera y ausencia estatal creaba las condiciones ideales. Los narcotraficantes promovieron el cultivo en un territorio que ya venía siendo colonizado y le añadieron capital, redes de comercialización y protección armada. El Putumayo entero pasó a ser leído desde afuera como sinónimo de coca, aunque la subregión del piedemonte —Mocoa incluida— mantuviera economías más diversificadas: ganadería, madera, comercio, empleo público.

El Plan Colombia, a partir de 1999, volvió a poner al departamento en el centro de la política nacional. Bajo su marco, la militarización se intensificó. En Orito, el comandante de las 1.200 tropas del ejército allí estacionadas admitió con franqueza que su responsabilidad principal era proteger la industria petrolera: las empresas necesitaban trabajar sin preocupaciones y los inversores internacionales sentirse tranquilos. Ese despliegue no impidió —o quizás precisamente porque no lo pretendía— que los ataques guerrilleros contra la infraestructura petrolera se volvieran un termómetro anual del conflicto: ciento diez en 1999, cuarenta y tres en 2002, otra vez al alza en 2003. Detrás del vaivén se dibujaba una lógica: la fuerza pública se desplegaba donde estaba el crudo, no donde estaba la gente.

Conflicto armado y control territorial

La violencia contemporánea en Mocoa se despliega en varios registros. El primero es simbólico y político: el 11 de marzo de 1984, el M-19 tomó la capital departamental en una operación relativamente fácil. Había instalado un campamento cercano dos días antes y enviado una avanzada de inteligencia para reconocer la disposición de las tropas. La toma pertenece a la memoria nacional de las acciones guerrilleras urbanas de los años ochenta, y funcionó como aviso: la capital administrativa del Putumayo era, en términos de control real, un objetivo vulnerable.

El segundo registro es el del dominio territorial estable. Entre 1991 y 1997, tras la muerte de Gonzalo Rodríguez Gacha, las FARC-EP se consolidaron como el principal grupo armado en la región. Actuaron como una suerte de sindicato armado de los cocaleros: mediaban precios, resolvían conflictos entre colonos, imponían orden en las zonas de cultivo. La violencia contra la población civil se redujo respecto a etapas anteriores. La guerrilla mantenía en el Putumayo dos frentes permanentes —el Frente 32 Ernesto Che Guevara, que desde 2007 se replegó hacia Puerto Guzmán y Puerto Caicedo, y el Frente 48— además de dos frentes con actuación temporal procedentes del Cauca y del Caquetá, el 13 y el 49.

El tercer registro es el de la guerra abierta, detonada por la llegada de los grupos paramilitares hacia el final de los años noventa. Desde 1997, la ofensiva de las FARC-EP coincidió con un aumento de las muertes por eventos de conflicto armado y con el incremento de los secuestros. Desde 1999, todos los municipios del departamento estaban en disputa. La entrada paramilitar buscó cuestionar directamente el control guerrillero sobre las zonas cocaleras del Bajo Putumayo, y desató masacres, desplazamientos masivos y un reordenamiento violento del territorio.

Mocoa, como capital, funcionó durante todo ese ciclo en un doble papel. Fue refugio y sede de las instituciones que intentaban contener la crisis —el Batallón, la Policía, la Gobernación, las oficinas de atención a desplazados— y, al mismo tiempo, parte de una zona de piedemonte —Mocoa, Villagarzón, Puerto Guzmán— que vivió su propia versión del conflicto: corredor de movilización de guerrilla y paramilitares hacia el Bajo Putumayo, escenario de presencia de la fuerza pública, receptor de desplazados. La capital nunca fue arrasada, pero tampoco fue nunca segura.

Aureliano Martínez y Manuel María Rojas, entre otros funcionarios y líderes locales que administraron la Comisaría, la Intendencia y luego el Departamento en distintos momentos, encarnaron el desafío permanente de gobernar desde Mocoa un territorio cuya economía y cuyos armados estaban en otra parte. Gobernar el Putumayo desde su capital ha sido, durante buena parte del siglo XX y lo que va del XXI, un ejercicio de administración simbólica más que de control efectivo.

La madrugada del 1 de abril de 2017

En la noche del 31 de marzo al 1 de abril de 2017, una lluvia extrema sobre las cuencas altas de los ríos Mocoa, Mulato y Sangoyaco desató una avalancha que arrasó buena parte del casco urbano. Los tres ríos se desbordaron simultáneamente. El agua, cargada de piedra, lodo y árboles, bajó desde las laderas del piedemonte y atravesó barrios enteros, muchos crecidos precisamente en las márgenes de los cauces por falta de suelo urbanizable seguro. El saldo aproximado fue de 315 muertos y más de un centenar de desaparecidos. La tragedia colocó a Mocoa, por primera vez, en el centro de la atención nacional e internacional, aunque por razones que ninguna autoridad hubiera querido.

El desastre no fue un accidente meteorológico aislado. Entre 2005 y 2015, cerca de cuatro millones de personas se vieron afectadas en Colombia por desastres asociados a la variabilidad climática, y el país es particularmente vulnerable en zonas inundables y en las laderas inestables de las cordilleras. Mocoa reúne todas esas condiciones a la vez. La ciudad crece sobre suelos geológicamente jóvenes. El piedemonte tiene pendiente pronunciada. Las cuencas responden a la lluvia amazónica con caudales explosivos. Y por encima de esa geografía se acumularon tres factores hechos por mano humana: la deforestación de las cabeceras, la urbanización sobre las rondas hídricas y la ausencia histórica de infraestructura de protección.

La avalancha reveló, además, otra cara de la precariedad estatal. La respuesta institucional llegó tarde, con logística improvisada, y dejó a la vista una capital departamental que, más de un siglo después de haber sido erigida por decreto, seguía sin contar con la infraestructura básica de gestión del riesgo. Los mismos caminos precarios que habían frustrado la conquista aurífera del siglo XVI complicaban ahora la entrada de socorro y maquinaria. La reconstrucción, prolongada y desigual, dejó al descubierto las asimetrías internas del propio Mocoa: quién tenía título de propiedad y quién no, quién podía reclamar y quién había llegado a la ciudad huyendo de otro desastre —el del conflicto armado— sin cómo probar su presencia previa.

Una ciudad umbral

La historia de Mocoa puede leerse como una sucesión de proyectos externos que intentaron aprovechar su posición de bisagra sin lograr fijarla. La conquista buscó oro y encontró caminos que no podía sostener. Las misiones católicas construyeron durante siglos una infraestructura religiosa que fue también, a su modo, presencia estatal en la frontera. La administración colombiana la nombró capital de comisaría en 1912 y luego de departamento, sin dotarla nunca de los recursos ni de la conectividad que ese rango exige. La economía del caucho, del petróleo y de la coca pasó a su lado, concentrándose en Puerto Asís, en Orito, en La Hormiga. La guerra la usó como corredor y como puesto. La ayuda humanitaria llegó tras el 2017 y volvió a irse.

La imagen documental de la ciudad se armó desde afuera, en capas superpuestas. Primero las crónicas de conquista, que la mencionaron como plaza aurífera. Luego los informes misionales, desde el del jesuita anónimo del siglo XVII hasta los balances capuchinos de comienzos del XX. Después las notas diplomáticas de finales del XIX, que la incorporaron al discurso de soberanía en la frontera con Perú y Ecuador. Vinieron las publicaciones oficiales del período 1880-1912, con imágenes como la "Solemne inauguración del camino nacional de Pasto a Mocoa" o el "Domingo de Ramos". Y en el siglo XX se sumaron la memoria del caucho, la del conflicto armado y la del desastre de 2017. Cada capa dejó su sedimento de nombres —fray Bartolomé de Igualada entre los primeros misioneros, fray Fidel de Montclar en el período capuchino— y una lista más larga y menos visible de líderes ingana, colonos, funcionarios y víctimas dispersos en los archivos regionales. Frente a la lectura que reduce al Putumayo entero a la secuencia de sus bonanzas, los mocoanos han sostenido en cambio una identidad de piedemonte que no cabe en la fórmula del extractivismo. Las comunidades ingá, kamsá y kofán, presentes en el territorio desde antes de cualquiera de esos ciclos, siguen recordando —a través de sus organizaciones, su lengua y sus prácticas rituales— que Mocoa no empezó en 1551 ni en 1912.

Bajo todos esos proyectos hubo, y hay, una geografía tozuda: ríos que cargan cuando llueve, cordillera que se despeña, suelo joven que no aguanta cimientos pesados, distancias que ninguna carretera termina de acortar. Y hubo, y hay, actores locales —indígenas ingana, kamsá, kofán; colonos nariñenses y huilenses de tres generaciones; funcionarios departamentales; comerciantes; víctimas del conflicto y del desastre— que negociaron con cada nuevo proyecto sin dejarse reducir a él. Mocoa nunca se dejó cerrar. Esa es, quizá, su forma particular de existir en la historia colombiana: no como capital consolidada ni como periferia olvidada, sino como umbral. Un lugar que el país ha querido usar muchas veces y que sigue estando, con obstinación, a la entrada de la selva.

Conexiones

El territorio en el archivo

Dónde aparece y con qué se relaciona

Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

25 documentos · 34 fragmentos
01
Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 182
1 cita
[1]

y EH nacionales. De Profamilia, Encuesta Nal, de Demografia y Salud, 1995. Homicidios Nacional, 2003, procesado por Observatorio Programa Presidencial de DDHH y DIH, Vicepresidencia dela Repiblica y Pérez Preciado. Otros: DNP, Misién Social, proyecciones 1990-2015 del Dane. La capital La ciudad de Mocoa fue fundada en…

p. 182
02
La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 34
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[2]

Cubeos, entre otros. Pero es- tos pueblos fueron objeto de un sistemático proceso de extermi- 35 1 De los Andes a la selva: la conquista de la Manigua. Geografía de la colonización en el Caquetá nio y reducción. La inserción del espacio amazónico en la nación comenzó con las exploraciones e incursiones de los…

p. 34
03
Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 83
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[3]

witotos relatan anti- guos viajes a los Andes, donde personajes en figura de trueno intentaban retenerlos para sacrificarlos y comerlos. El piedemonte estaba ocupado básicamente por grupos de lengua tucano occidental, desdeel río Napo hasta las riberas del Caguán, y posible- mente allende hasta el Guaviare. Los…

p. 83
04
Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 144
1 cita
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colonizaci ó n que a la desenfre nada conquista, enganch ó otros vecinos e indios para la jornada. Luego se dirigi ó y atraves ó la Cordillera Oriental y siguiendo con ingentes penalidades las vertientes orientales de la cordillera hacia el sur, alcanz ó Mocoa, ascendi ó la cordillera y lleg ó a Pasto con su ej é…

p. 144
05
Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 242, 246
2 citas
[5]

de Sibundoy durante la mayor parte de los siglos coloniales”. Asimismo, dan cuenta de la “misión de un padre jesuita en Mocoa entre los años de 1650 y 1661”; en cuanto a los Mercedarios manifiestan que “saliendo desde el Tejar, Quito, organizaron los pueblos de Ramón Nonato y Nuestra Señora de la Asunción y…

p. 242
[6]

descripción elaborada unos años antes de que se formara la socie- dad Arana, Vega y Larrañaga (en 1903) y previa a la formación y consolidación de la Casa Arana, cuyos sistemas coercitivos y de terror contra los indios (la flagelación, la mutilación, la incinera- ción, la retención en cepos, el tiro al blanco, entre…

p. 246
06
Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 14, 275
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[7]

de los Andaquíes, también en el departamento del Caquetá, en 1917. 2 Fraile capuchino de origen catalán. Fue nombrado prefecto apostólico del Caquetá y Putuma- yo desde 1905 y permaneció en la región hasta 1928. 3 Jacinto María De Quito, Relación de viaje en los ríos Putumayo, Caraparaná y Caquetá y entre las tribus…

p. 275
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del Sibundoy al lado de Gregorio Hernández de Alba 302 Imagen 67. Solemne inauguración del camino nacional de Pasto a Mocoa 303 Imagen 68. Mocoa. Domingo de Ramos 305 Índice de gráficos Gráfico 1. Grabados del Papel Periódico Ilustrado 60 Gráfico 2. Objetos por tipo 1880-1912 136 Gráfico 3. Objetos por tipo 1882-1891…

p. 14
07
Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 28, 291
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1905 (febrero 18), “Sobre reor- ganización de las intendencias de Casanare, San Martin y La Goajira, y creación de las del Alto Caquetá y del Putumayo”, Bogotá, Imprenta Nacional. Colombia, (1912), Decreto 320 de 1912 (marzo 7), “Sobre creación y organización de una Comisaría especial en el territorio del Caquetá…

p. 291
[22]

región en las últimas dos décadas del siglo XX. Igual ocurre al revi- sar estudios académicos e institucionales que, de una parte, se concentran en una configuración territorial a partir de la eco- nomía ilegal de la coca y su relación con los grupos armados y el narcotráfico (Ramírez, 2001; Observatorio de Derechos…

p. 28
08
La masacre de El Tigre. Un silencio que encontró su vozGonzalo Sánchez G., Martha Nubia Bello Albarracín, Andrés Cancimance López · 2011 · p. 22, 34
2 citas
[9]

Visitada 6 de octubre de 2009. 4:00 p.m. 34 La masacre de El Tigre, Putumayo de Alzate” con sede en Mocoa y Batallón Plan Especial Energético Vial No.11 “Capitán Oscar Giraldo Restrepo” con sede en Puerto Asís 37. Y la Brigada Móvil No. 13 está conformada por los Batallones de Contraguerrillas Números 87, 88, 89 y 90…

p. 34
[14]

del resto del Departamento, sin embargo, no hay que desconocer que esta zona fue un corredor estratégico para la movilización y entrada de grupos de guerrilla y paramilitares hacia el Bajo Putumayo. Una situación similar ca- racteriza a la zona del Piedemonte o Cuenca del Río Caquetá (Medio Putumayo) 3. En estas…

p. 22
09
Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 22
1 cita
[10]

of internal travel: Putumayo Department lies along the north bank of the wide and slow Putumayo River, an important tributary of the Amazon. Its only two significant towns, Puerto Asís and Mocoa, are linked to each other by a 150-kilometre north–south dirt road and to the outside world either by air (one strip in…

p. 22
10
Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 43
1 cita
[11]

620..670 18.97 Norte de Santander 21.490 421..230 19.60 Santander 32.070 872.640 27.21 Tolima 22.900 882.650 38.39 Valle del Cauca 20.940 1.823.230 87.06 Sub-Total 608.935 14.591..080 39.39 — 4 2 — Intendencias Arauca 25.650 Caquetá 102.990 San Andrés y Providencia 55 Sub-Total 128.695 Comisarías Amazonas 124.500…

p. 43
11
El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la Amazonía colombiana, sus plantas y sus ritualesRichard Evans Schultes, Robert F. Raffauf · 2018 · p. 72
1 cita
[12]

Ama- zonas y Vaupés. Ahora incluye seis departamentos, por cuanto la comisaría más grande, Vaupés, se dividió en tres para crear dos nuevas entidades: Guainía y Guaviare. Las cuatro comisarías originales, en las cuales se basa este libro, abarcan una extensión de 250. 682 kilómetros cuadrados. Hay pocos centros de…

p. 72
12
El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 322
1 cita
[13]

Maldonado Iberia Iñapari Arequipa Chala Ayacucho Chinchero Cuzco Pisac Ollantaitambo MACHU PICHU Chaullay Shintuyu Urubamba Quillabamba Nazca Palpa Huancavelica San Francisco Huancayo Tingo María Chosica ANCASH Pucallpa Cajamarca Trujillo Chimbote HUASCARÁN Yurimaguas Tarapoto ta. ariñas Tumbes Cuenca B R A S I L C O…

p. 322
13
El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 27, 42
4 citas
[15]

Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…

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Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…

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redujo significativamente. 58 52 Entrevista n.° 22, hombre adulto, San Isidro, agosto de 2011. 53 Vásquez, et. al. Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia, 207. 54 Vásquez, et. al. Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia, 207. 55…

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redujo significativamente. 58 52 Entrevista n.° 22, hombre adulto, San Isidro, agosto de 2011. 53 Vásquez, et. al. Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia, 207. 54 Vásquez, et. al. Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia, 207. 55…

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Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 289
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óke, un grupo independiente, sobreviven en la quebrada Aduche, abajo de Araracuara y también en la región de la Pedrera. Los K ofán, también independientes, se ubican en el alto río Putumayo, entre puerto Asís y Cuembi, en Adriote, en San Antonio de Guamués y principalmente en el río San Miguel y en el Caño El Hacha,…

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Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 178
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5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…

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Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 59
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[20]

empresarial. Y esa coloniza- ción lo que hace es que muchas personas desempleadas o a las que el sueldo no les alcanza, pues se vienen en busca de trabajo en empresas como la Pure Oil Company y Texaco» 119. Pero ese propósito, el de buscar un lugar más próspero, no se cristalizó para muchos de esos nuevos pobladores y…

p. 59
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Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 260
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[21]

pescar, porque en ese sitio tiraban los proyectiles 120, los tiraban a la redonda del pueblo, entonces allá se encontraban nuestros conucos, nuestras comidas» 517. Esta vulneración ha conllevado también procesos de despojo. Al respecto, en 2018 la Agencia Nacional de Tierras (ANT) señaló que, si bien para entonces el…

p. 260
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Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 70
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[23]

(CNMH, 2014, página 303). Toda la etapa de conflicto territorial entre parami- litares y guerrillas se caracterizó por una profunda afectación contra las organizaciones campesinas, cuyos líderes fueron estig- matizados, amenazados y muchos asesinados, hasta obligarlos a huir fuera de la región. 4.4. Actores armados en…

p. 70
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Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in ColombiaGarry Leech · 2009 · p. 141, 157
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[24]

of the wealth derived from the country’s petroleum resources. Although it was clear that Plan Colombia had established favorable economic terms for foreign oil companies, the question remained whether it was also providing the necessary security for oil companies to successfully operate in Putumayo. In order to answer…

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[25]

that Plan Colombia had established favorable economic terms for foreign oil companies, the question remained whether it was also providing the necessary security for oil companies to successfully operate in Putumayo. In order to answer that question, I left the refinery and visited the adjoining military base, where I…

p. 141
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Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 199
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[26]

Y cumplió su objetivo, como lo cumplió la toma de Mocoa. En el Chocó hubo enfrentamientos militares muy duros en los cuales perdimos, lamentablemente, compañeros valiosísimos como Hélmer Marín, La Chiqui, otros... Pero el plan, que consistía en montar una base de operaciones militares en el centro de la cordillera que…

p. 199
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No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 396
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[27]

ilegalmente, torturadas, asesinadas y desaparecidas, 2 de ellas miembros del sindicato Sintragritol. El hecho causó el desplazamiento de 44 familias, aproximadamente 220 personas de las 251 que habitaban Cajamarca para 1999 1156. 1155 Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), De los grupos precursores al Bloque…

p. 396
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Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 130
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[30]

por el contrario, las zonas rurales en su mayoría eran dominadas por las Farc-EP y en las cabeceras urbanas se encontraban miembros de la fuerza pública. Desde 1997 se desató la fuerte ofensiva de las Farc-EP que se tradujo en el aumento del número de muertes en eventos de conflicto armado. Obsérvese cómo el municipio…

p. 130
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Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 201
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[31]

en la zona impactada por tal situación no ha tenido éxito en medio de la complejidad de los conflictos y los factores de violencia e ile - galidad regional. No existen para las víctimas ni la sociedad ga - rantías de no repetición de los graves hechos violentos sucedidos, por cuanto no se han desactivado de manera…

p. 201
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Retos para enfrentar el cambio climático en ColombiaGloria Amparo Rodríguez · 2020 · p. 186
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desastres asociados a la variabilidad del clima, esto es “zonas inundables de las costas y suelos inestables de las altas partes de las cordilleras” (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2010). Así lo confirman las cifras: 4 017 690 de per - sonas se vieron afectadas entre 2005 y 2015 (Unidad Nacional…

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Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Segunda parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 109, 414
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política, los peruanos avanzaron hasta cerca de Mocoa y aun fue, una ocasión, una comi- sión militar al Caguán, a reclamar, por la fuerza unos indios a cin- co días de Altamira. Si el Gobierno se preocupase en reconquistar nuestra soberanía, debe empezar por no aceptar el Convenio de Abril, suscrito en Lima, retirar…

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a todos los co- lombianos para así evitar las guerras civiles. Con la fundación de un Banco Central aliviar la aflictiva extracción de las industrias y hacer bajar el alto tipo del interés con que algunos especula- dores hacían imposible el progreso y la amortización del billete nacional, y si le consta que estas…

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